Además que me asaltaron me…

El tercer tipo, sacó su verga y mientras yo se la mamaba a uno y el otro me daba por el culo, comenzó a pajearse a mi lado, por lo que no se pero me provocó agarrar su miembro entre mis dedos, al que se lo mamaba acabó dentro de mi boca, el que me estaba dando por el culo, sacó su verga y regó mis nalgas con su semen, y el tercero al que masturbaba se vino entre mis dedos.

Tan recientemente como la semana pasada, tuve que visitar a una pariente mía, que aun vive en un viejo barrio de la ciudad. Más tiempo perdí buscando la dirección, que el que demoré estando en su casa, Ya que como comenzaba a oscurecer, por recomendación de ella misma, me retiré después de cumplir con el compromiso de llevarle un mensaje.

Cuando ya iba de regreso a la parada del autobús, vi que unos tipos mal encarados, se encontraban en la acera por la que yo debía pasar, y como siempre trato de ser precavido, crucé la calle, para bajar por la otra acera. Apenas terminé de llegar al otro lado, no sé de dónde ha salido un chico más o menos de mi edad, que me apuntaba sin preocupación alguna con un revólver. De inmediato me ordenó que entrase por una vieja puerta de madera que me condujo a un solar, en que en algún tiempo debió haber una casa.

Claro que al ver el arma, le obedecí de inmediato, aparte de que clavé la mirada en el piso, para que no se preocupase de que lo fuera a reconocer en otra ocasión. Ya cuando me ordenó detenerme, de inmediato me quitó el reloj, la cartera, y hasta un pequeño crucifijo que llevaba al pecho. Yo pensé que de seguro se conformaría con eso y me dejaría marchar. Pero no fue así, sin demora me exigió que me quitase la camisa, y al entregársela, de inmediato apuntándome aún con el arma me ordenó que me quitase el pantalón. Pensé decirle que no, pero esa arma en su mano me convenció de obedecerle.

Ya estaba yo en interiores, pensando cómo me las arreglaría para llegar a casa, cuando aparecieron un par de tipos más, más o menos de la misma edad que nosotros. Hasta ese momento mantuve la mirada clavada en la tierra, los escuché que saludaban a mi asaltante, y como lo regañaban por estar asaltando tan cerca de su casa. Pensé que quizás después de eso me devolverían la ropa y ya. Pero no fue así, uno de los recién llegados comenzó a caminar a mi alrededor y después le comentó a los otros dos, mejor le damos una buena paliza y lo lanzamos a la quebrada, para que no te denuncie, en ese momento del miedo que sentí, sin poder controlarme me puse a llorar, y hasta me arrodillé implorando por qué no me fueran a matar.

Debió ser el mayor de los tres, el que dándome una cachetada en la cara, me ordenó que me parase, y me quedara callado. Aún gimoteando le hice caso, y uno de ellos me tomó por el brazo obligándome a caminar, retirándonos de la puerta. Hasta que debimos llegar al fondo del solar, donde unos cuantos arboles y matas ocultaban la quebrada. Al detenernos uno de ellos dijo, me gustan esos zapatos, y sin pensarlo dos veces me los quité, y de inmediato dijo y las medias también me gustan, por lo que de igual manera me las quité. El mismo tipo creo que lo hizo por joder, se me quedó viendo los interiores y en tono burlón me dijo que mis interiores también le gustaban, yo me hice le desentendido, pero nuevamente me lo repitió pero ya de manera directa, mira no te hagas el sordo, que te acabo de decir que me gustan tus interiores, así que quítatelos.

El que estaba armado con el revólver, me hizo señas con el arma de que me los quitase, por lo que sin oponer resistencia, me los quité y se los entregué en su mano, pero a penas los tiró al suelo tras él. En ese momento estaba completamente desnudo, muerto de miedo, temeroso de que me fueran a golpear, y con frío. Sumamente  avergonzado, con mis manos ocultaba mi reducido miembro a consecuencia del miedo o del frío que sentía por todo mi cuerpo.

Por un corto rato, entre ellos estuvieron hablando, mientras que yo me quedé de pie, casi dándoles la espalda. En cierto momento sentí que me observaban, y al voltear mi vista hacia ellos, los vi mirándome fijamente y riéndose. Por un instante me quedé quieto, pero de momento como que adiviné que era lo que me pensaban hacer, y lleno de pánico traté de salir corriendo, no había dado ni tan siquiera un par de pasos cuando sentí que los tres me habían caído encima, tirándome contra el suelo. Aunque forcejeé por tratar de soltarme, fue inútil, ya que los tres me tenían sujeto de pies y manos con mi pecho pegado contra la tierra. Y al escuchar el martilleo del arma cerca de una de mis orejas, aún llorando dejé de moverme.

Aún tirado sobre la tierra y sujeto por ellos tres, comencé a sentir que me comenzaron a tocar mis nalgas, por lo que mi mayor temor comenzaba a hacerse realidad. Inútilmente llorando, pedí que se detuvieran, pero fue en vano, como que en lugar de tranquilizarlos mis súplicas los excitaba mucho más. El que tenía el arma en sus manos me comenzó a pasar la lengua por sobre una de mis orejas, y dijo. Bueno ya tú sabes lo que los tres queremos, o te dejas hacer todo por las buenas, o lo hacemos por las malas y encima te damos un tiro. No tuve que decirle nada, el quedarme quieto en un sumiso silencio, respondió por mí.

Casi de inmediato las manos de uno de ellos, continuaron tocando mis nalgas, e introduciendo sus dedos llenos de saliva dentro de mi esfínter, mientras que otro abruptamente separó mis piernas. Aunque me moría de la vergüenza, levanté mi vista para encontrar que frente a mí, el que se encontraba de pie ante mí, sacaba su miembro y se lo pajeaba al tiempo que comenzó a agacharse frente a mi cara. En ese instante sentí que los dedos que se encontraban dentro de mi ano, fueron retirados y casi de inmediato el dolor, producto de la brutal penetración que me estaban haciendo, comencé a sentir entre mis nalgas. El grito que pegué fue tal, que de inmediato me pusieron, un tapa boca, el cañón del arma. Lo que me obligó a callar de inmediato, unas manos me habían  tomaron por mis caderas y con fuerza empujado ese pedazo de carne dentro de mi culo.

Ya el dolor había comenzado a ceder, cuando de momento sentí que me cacheteaban mi rostro y al abrir los ojos veo con mayor asombro que esa verga que momentos antes la pajeaban frente a mí, apuntaba directamente a mi boca, y su dueño me tomaba por el cabello, obligándome a que la aceptase dentro de mi boca, contra mi voluntad. Ya resignado no me quedó más remedio, que dejar que me continuasen usando como les diera gusto y gana. Mi culo era penetrado una y otra vez, al tiempo que el tipo que lo estaba haciendo me ordenó que me moviese, y aunque por mucho que me doliera hacerlo, lo hice. Pero lentamente, algo muy raro me comenzó a suceder, aunque odiaba lo que me estaba pasando, y en mi mente los maldecía infinidad de veces, comencé a sentir un extraño placer, en eso de ser cogido por otro hombre.

No es que lo disfrutase, no era eso precisamente, era el sentirme sometido, vejado y sodomizado lo que comenzó a ser de mi agrado. La verga que tenía dentro de mi boca, me dediqué a chuparla con mayor intensidad, mientras que sin que me lo dijeran, separé más mis piernas, y la penetración fue mayor. Era algo que nunca había ni tan siquiera había pensado en ello, pero me estaba dando cuenta de que me gustaba, todo lo que sucedía. El tercer tipo, sacó su verga y mientras yo se la mamaba a uno y el otro me daba por el culo, comenzó a pajearse a mi lado, por lo que no se pero me provocó agarrar su miembro entre mis dedos, cosa que hice.

Por un buen rato me encontré en esa situación, hasta que al que se lo mamaba acabó dentro de mi boca y parte de mi cara, el que me estaba dando por el culo, al momento de venirse, sacó su verga y regó mis nalgas con su semen, y el tercero al que masturbaba continuamente, se vino entre mis dedos y parte de mi cuerpo. Ellos tres me dejaron tirado sobre la tierra, y a medida que se levantaban se reían de mí. Mientras que yo permanecí tirado en la tierra con mis piernas bien abiertas, sudado y lleno de su semen por todas partes de mi cuerpo.

Traté de levantarme, pero había quedado tan agotado por todo lo sucedido, que un sabroso sueño me venció. De momento siento que alguien me daba con un zapato por las costillas, y abruptamente me desperté. Dos hombres que no sé de donde salieron, me miraban como cosa rara, uno le dijo al otro, no sé si llamar a una patrulla o una ambulancia. En ese momento, lo único que se me ocurrió fue seguir rogando por mi vida, pidiendo que no me matasen, y que no me siguieran haciendo daño.

Los tipos resultaron ser policías, aunque de civiles sin uniforme, al escuchar parte de lo que me había sucedido, llamaron la ambulancia. Según el reporte policial fui víctima de un atraco, y por lo que entendían los asaltantes tenían como modo de operar el sodomizar a sus víctimas para que no hablasen. Como en efecto sucedió, después de recuperarme físicamente de todo lo sucedido, me di cuenta de que emocionalmente, no lo estaba. Internamente deseaba ser nuevamente asaltado y sodomizado, al punto que en ocasiones me ponía a caminar por sitios peligrosos, pero por suerte nada malo me sucedió. Pero al ir donde el psiquiatra que me recomendaron, él rápidamente identificó mi gusto por el masoquismo extremo, como consecuencia de la experiencia que había vivido.

Por lo que aparte de las consabidas pastillas, las cuales no he llegado nunca a tomar, me orientó hacía varios grupos de apoyo, los que fui visitando hasta que encontré uno que se ajustaba a mí. Ya no camino por sitios peligrosos, en lugar de ello, en el grupo de apoyo encontré un amo que me obliga a que haga todo lo que él desea.

Narrador

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