Sexo consentido en el ascensor

Mi nombre es Bob Saget, soy viudo y tengo 3 hijas, y vivíamos en  un piso de 10 plantas.

Una mañana bajaba en el ascensor para ir a mi trabajo cuando el ascensor se paró en la planta quinta. En el entraron mi vecina junto con su hija, la última vestida con una falda por encima de las rodillas, una camisa blanca ceñida a su cuerpo que le hacía un pecho voluptuoso. Tenía la edad de mi hija mayor, las saludé y me puse detrás del ascensor para que pasaran. Mi vecina se quedó en la puerta mirando como se cerraban. Seguimos bajando pisos, yo con la mano en la barra del ascensor cuando Yahira se echó hacia atrás y  posó su trasero encima de mi mano, se había dado cuenta que mi mano estaba allí pero no había hecho amago de echarse hacía adelante. Atraído por el deseo y le morbo comencé a acariciar su trasero. Ella no hacía amago de apartarse y eso me puso muy cachondo. Llegamos a la planta baja y salió la madre para abrir la puerta de la calle  luego la hija que me miró de forma picante y tras dos segundos salí yo del ascensor. Al salir del portal yo iba a una dirección contraria a ella pero me paré para mirar como Yahira caminaba mirándome y sacándome la lengua de forma provocativa sin que su madre la viera.

Estuve todo el día pensando en lo que había pasado en el ascensor y el descaro de la muchacha y en el tacto de ese trasero, espera con ansia llegar a casa y coincidir con ella en el ascensor aunque solo fuera un momento. Cuando llegué a mi casa por la tarde no me la crucé y mira que estuve haciendo tiempo en el coche a ver si la veía venir por la calle para entrar con ella en el bloque pero solo ví a la madre entrar.

A la mañana siguiente salí a la misma hora y estuve subiendo y bajando en el ascensor un buen rato hasta que coincidí con la madre y la hija. La madre me saludó y ocupó su lugar, la hija se puso delante mía como el día anterior. Cuando se cerraron la puertas del ascensor comencé a tocarle el trasero y ella a balancear su trasero sobre mi mano, incluso le metí la mano por debajo de la falda para tocar su bragas y su cachas, todo ello en los 20 segundos que tardaba en bajar el ascensor desde su planta hasta la planta baja. Como el día anterior ella se fueron por un lado y yo por el otro., Yahira me lanzó un beso sin que su madre se diera cuenta.

A la mañana siguiente fui más inteligente y paré el ascensor en un piso por encima de ellas así que cuando escuché que ellas salían de la casa lo activé volviendo a coincidir con madre e hija pero esta vez no me iba a conformar con un toque a su trasero sino quería llegar mas lejos así que con mi abrigo tapé mi brazo y mi mano cuando madre e hija subieron no me eché a un lado sino que me quedé en la parte trasera del ascensor pero en el centro. La madre se quedó mirándome a la cara de espalda a la puerta del ascensor y su hija de lado. Comencé a hablar con la madre.

– Buenos Belen, parece que se va el frío.

– Si, Bob eso parece.- mientras que hablaba con ella con mi mano oculta bajo el abrigo comencé a tocarle el pecho a Yahira por encima de su camisa, cosa que a ella le hizo propinar un salto, y ante la pregunta de la madre de que le pasaba ella dijo que había sido un repelús y la madre volvió a seguir la conversación conmigo. Yahira también se valentonó y comenzó a tocarme la polla por encima de mi pantalón, con sus manos tapadas por mi abrigo que ocultaban nuestras manos a su madre. Entre el tacto de su pecho por encima de la camisa y su manoseo mi polla se puso morcillona, lo suficiente morcillona en esos 20 segundos para que no pudiera salir del ascensor y cuando llegamos a la planta baja, ella salieron y yo puse mi abrigo encima de mi polla y dije que me había olvidado las llaves del coche. Yahira que había dado ya tres pasos fuera. dijo que se le había olvidado algo. La madre le echó la bronca mientras que yo apretaba el botón para que no se fuera el ascensor sin ella, “ te espero fuera, no tardes” terminó diciendo y se fue a la calle, Yahira se montó en el ascensor sola conmigo con una sonrisa la misma que por dentro tenía yo. esperamos a que se cerrara la puerta y una vez cerrada nos empezamos a besar como dos leones comiéndose a una gacela.

Yo le puse mis manos en su trasero ya por debajo de su falda y ella puso sus manos en ambos lados de mi cara. Mi lengua entraba en su boca y la hacía suya, su lengua buscaba cobijo en mi boca la cual le daba asilo.

Con las ansias no nos habíamos dado cuenta que el ascensor estaba subiendo y que llegó a una planta. Nos separamos cuando escuchamos la campana de aviso que estaba en una planta. No había nadie, miramos y era mi planta. Cuando dije que se me había olvidado las llaves no me había acordado que había pulsado el botón y con la excitación se me olvidó. Pulsé la planta baja y cuando el ascensor se puso en marcha lo paré. Nos volvimos a besar con menos lujuria pero con más deseo. Sabía que no me la podía follar ahí con su madre abajo esperando así que la dejé de besar y hice que la cabeza de Yahira se bajara y se pusiera de rodillas saqué mi polla de mi pantalón y le dije “ no tenemos mucho tiempo”  ella comenzó a hacerme una mamada fantástica. Me acariciaba con una mano los huevos y con la boca me daba placer pero teníamos prisa así que la tomé de la parte trasera de su cabeza y comencé a empujar su cabeza contra mi polla haciendo que su nariz chocara contra mi cuerpo. A ella parecía que le daban arcadas pero al poco dejó de darles, yo estaba disfrutando pero tenía miedo que alguien llamara al ascensor y averiguarán que estaba parado así que le tomé su cara por ambos lados y comencé a follármela por la boca, apretaba culo para que mi polla entrara hasta el fondo de su boca como si de su coño se tratara, ella apoyaba mis movimientos con su lengua humedeciendo mi polla más, tanto placer hizo que me corriera en su boca. Esa boca no daba a basto para contener tantas cosas mi polla, su saliva y mi semen y algo de todo ello se le salio manchando de saliva y semen el suelo del ascensor. Ella se tragó todo el semen que se quedó en su boca y luego lamió lo que se había quedado en mi polla luego se relamió el cual se le quedaba en la comisura de los labios mientras se levantaba del suelo del ascensor  mientras yo guardé mi polla en mi pantalón y ella se colocó bien la ropa, yo activé el ascensor dándole a la planta 1 y me bajé del ascensor, para que no nos vieran salir juntos, no sin antes preguntarle qué a qué hora salía del instituto, ella me dijo que a las 15 y se cerró la puerta del ascensor. Desde la ventana del descansillo del primer piso la vi correr a la puerta donde estaba su madre esperándola.

A las 15 estaba en la puerta del instituto dentro de mi coche y cuando la vi salir le pité y le dije que si la llevaba, ella se subió, se puso el cinturón y yo aceleré. Me la iba a follar. pero eso es otra historia que os contaré en otro momento.

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Los Olores de Bernardita

Esto sucedió hace mucho tiempo atrás, era un domingo en la tarde en junio, cuando conozco a Bernardita , una mujer madura, guapa y atractiva. En esa vez, ella andaba acompañada de su mamá, aun lo recuerdo cuando se presenta me dice su nombre y me saluda, lo primero lo que miro es su culo embutido en un ajustado jeans azul oscuro de tiro alto, sus nalgas se aprecian largas y piernas cortas, tiene unas grandes abultadas tetas, cadera anchas, ella es bonita “Quede encantado”.

Bernardita es una prestigiosa abogada y tiene un magister en estudios internacionales, también tiene un doctorado en Ciencias Jurídicas y Sociales y es docente en economía en una universidad privada.
Aparte de ser rica, atractiva y guapa es una intelectual, “mmm” en ese tiempo ella ha tenido unos 44 años aproximados, ella es soltera y sin hijos.
Después de presentarnos la acompañe al ascensor, mientras esperábamos si dudar me inclino de cintura acerque mi nariz por primera vez  pero antes me asegure que nadie me viera y así fue, puse mi nariz lo más cercano la parte inferior de su culo largo de Bernardita hasta la penetre con mi punta y lo empecé a olfatear snifffff, snifffff, su trasero olía a pescado era extrañamente atrayente, un olorcito que venía de su vagina. Ella se incomoda cuando la penetre mi nariz en su culo, rápidamente  me pongo de pies; al rato llega el ascensor, cuando entrabamos le toqué su culo con el puño cerrado de mi mano derecha le hundo su nalga, “tienes su culo bastante blando y tibio” ella se voltea me mira enojada.
Yo estaba completamente caliente y excitado, en esa noche me masturbé recordando cuando el olor de su culo y cuando se lo toqué.
Después de lo sucedido cada vez cuando me encontraba con ella lo primero que le miraba era su grandioso  culote y  yo sentía como un hormigueo de placer en mi cuerpo y deseaba de oler de nuevo su culo.
Después de siete meses cuando la olí por primera vez, se me dio la segunda oportunidad. La veo llegar en su coche, de color blanco, y pasaron dos horas cuando se me acerca “en ese preciso momento me encontraba solo”.
Tuve deseo y comencé a calentarme siento una sensación escalofrió de placer que me recorría por todo mi cuerpo, ella estaba hay con su enorme culo largo embutido en un ajustado jeans, mientras ella comienza a escribir, se me dio la oportunidad para olfatearle el culo, yo al ver que no había nadie en mi alrededor cautelosamente me acerque agachándome de rodilla y me coloque justo detrás de ella mi cara estaba a escasos centímetros de su trasero que se veía grandioso, luego disimuladamente fui acercando mi cabeza a su culo, como vi que la Bernardita estaba  distraída escribiendo, poco a poco fui acercando más y más mi cara a su culo, decidí colocar mi nariz en la parte central de sus nalgas, comienzo oler su culo snifffff, snifffff todo para adentro, no lo podía créelo que estaba de nuevo hay oliendo. Olía un leve olor a metano es muy suave, su culo irradiaba calor, lentamente fui bajando mi nariz hasta su perineo y comienzo oler su vagina snifffff, snifffff todo para adentro, despedía nuevamente el fuerte olor a pescado esto sería por su fluido matricial, este perfume que cuando lo respiras es extrañamente agradable y excitante.
Nuevamente comienzo oler su culo le olí las nalgas, el canal que separa sus nalgas que olía un leve olor a metano,  otra vez comienzo oler su perineo siento ese tan fuerte olor a pescado la verdad me puso a mil con ese olor de su sexo me puse un adicto de su aroma, comencé a sudar de excitación mi pene se me erecta con un tenue dolor físico en mis testículos, y sentí un intenso calor en mi cuerpo. Olfatee como perro oliéndole el culo de Bernardita, olí de nuevo su perineo sintiendo ese penetrante olor a pescado que emanaba de su vagina, me penetro hasta el cerebro.
 Así que no me arriesgue a que alguien me viera o ella se dé cuenta y me aleje pero ya había olido su olor a pescado de sexo y culo que me encanto indudablemente. Después de haber olido me fui inmediatamente al baño a masturbarme por haber olfateado el culo de Bernardita, hay me desahogue. Posteriormente días y noches hasta el día de hoy me sigo masturbando como loco.
Después de tres semanas vuelvo a ver a la Bernardita, veo su culo embutido en otro jeans, iba hacer lo mismo de la vez pasada pero fracaso porque hay unas personas.
Meses después la vuelvo a verla por última vez, en ese día andaba con una chaqueta de cuero rojo la cual que aparece en la foto, pero esa ve nuevamente le toco su culo, mi mano se pone en una posición que se fue hundiendo por sus nalgas que hervía más aún, ella se voltea y me mira, luego se va para siempre. 
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Atrapada en el ascensor

Yo gozaba con José, me recorría con su lengua y mordisqueaba mis labios. Estaba gozando como nunca, sentía que lo estaba dando todo y ya no me importaba el ascensor ni esa parada tan afortunada. Javi no pudo seguir, se arrodilló y comenzó a lubricar la entrada de mi ano y apoyando sus manos en mis caderas se paró a la entrada y poco a poco fue introduciendo su sexo en mi culo.

Esta historia que os voy a contar me sucedió hace escasamente un año en un edificio de diferentes empresas y oficinas, cuando iba a visitar a una amiga. No me describiré como una chica guapa, sino más bien como una chica del montón, mido 1.71, peso 65 kgs, 25 años, tengo los ojos color miel, melena larga y rizada natural, 90 de pecho y bastante ancha de caderas, por lo que se deduce, tengo un culo objeto de muchas miradas y siempre he recibido palmadas en él, hasta de mis amigas, aunque en mi sincera opinión, es muy grande y respingón.

Bueno dicho esto paso a contaros lo que me sucedió aquella mañana en la que yo estaba de vacaciones. Aquella mañana fui a visitar a mi amiga Raquel, ella trabaja en una oficina en un edificio de Barcelona. Es un edificio lleno de gente a todas horas con amplios halls y ventanales enormes, que desde fuera lucen como si fuesen espejos ahumados. Yo, como no quise ir de sport pero tampoco muy formal, y me puse una faldita de cuadros de aspecto muy juvenil, casi infantil pensé y una camisita blanca entallada.

Ese día me sentía especialmente bien y sentía también como me observaban por la calle, y yo alucinaba porque la falda no era tan corta, pero si me sentaba bastante bien, he de reconocer, crucé andando buena parte de la ciudad pues quería hacer tiempo ya que hasta las 3 no saldría del trabajo, pero me había prometido escaparse un ratito en cuanto yo llegase a buscarla. Eran las 9 de la mañana y me parecía excesivamente temprano, pues hasta las 3 distaban muchas horas.

Llegué al edifico de oficinas donde trabaja mi amiga sobre las 11, y aunque ya había estado otras veces, me pareció tremendamente amplio, superbrillante y decorado con un gusto exquisito. Me dirigí a los ascensores y allí pulsé el botón de la planta 22 donde estaba mi amiga. Me fijé en mis compañeros de ascensor, el chico que iba con su caja de herramientas y en el chico que iba trajeado de pies a cabeza. No había nadie más y era extraño, aunque no demasiado por la hora ya que todavía no habría salido la gente a tomar el café de media mañana, pensé yo. De repente en el 6º piso el ascensor empezó a hacer ruidos extraños y finalmente se paró. Todos nos miramos un segundo antes de apagarse la luz.

¡Qué situación más extraña! Pregunté en voz alta si alguien sabía que habría que hacer en esos casos pues a mí era la primera vez que me sucedía y aparte de no saber donde narices se encontraba el botón de emergencia, estaba bastante asustada. Los que antes me habían parecido atractivos hablaron y yo más me asusté a pesar de sus palabras de ánimo. Si tranquila dijo uno, esto no es la primera vez que pasa en este ascensor, por eso somos muy pocos los que nos arriesgamos. Yo sé perfectamente donde estamos y enseguida vendrán los de mantenimiento. Fue el chico de la caja de herramientas el que dijo, yo puedo hacer algo. Intentó a tientas, pues las luces de emergencia apenas nos arrojaba sombras de nuestras siluetas, abrir la caja de lo que él llamó alimentación principal, y al tocar con unos cables que dijo que parecía conocer, saltó un chispazo. Peor todavía y encima demasiada oscuridad. Pensó que quizá llevaba una linterna, pero la había dejado olvidada en su furgoneta, sin luz, y ninguno fumaba, no podría hacer nada.

El hombre trajeado, pulsó el botón de emergencia y este ni siquiera sonó, quizá inutilizado tras el chispazo, por lo que decidió llamar por su móvil, pero al estar atrapados entre dos pisos había perdido la cobertura. Pasó el tiempo y nadie aparecía por lo que para hacer menos angustiosa la espera, nos presentamos. El chico del traje se llamaba José Antonio, ¡y era notario! Si apenas llegaría a los 30 años, y me dijo que no, que tenía 36 años, pero que había tenido mucha suerte. El chico de la caja de herramientas se llamaba Javier, y habían llamado a su empresa para solucionar un problema en la fontanería general, e iba a inspeccionar el piso 15 ya que pensaba, había una fuga en las cañerías debido al exceso de consumo en ese lugar. Yo, iba a visitar a mi amiga Raquel que trabaja en Consulting. Hablábamos como si no sucediese nada pero yo temblaba de miedo, ¿y si de repente sucedía lo que yo no quería? Luego me relajé y pensé; va eso solo sucede en las películas.

Hablábamos de nuestros trabajos, del calor que perseguía actualmente a la ciudad… Nos dio tiempo hasta hablar de música, de cine, de como ocupábamos el tiempo los fines de semana y éramos tan diferentes todos…. De repente, noté como una mano se me apoyó en la espalda, era Javier, el chico moreno, y muy alto de apenas 20 años según nos contó, y aunque me estremecí seguí hablando como si no pasara nada. ¡Pum! El ascensor repentinamente se movió como si fuese a funcionar, pero nada.

Fue un golpe seco y yo en la total oscuridad, grité y me aferré a Javier instintivamente. Me cobijó en sus brazos y cuando me di cuenta me separé. No quería que sucediese nada anormal. José Antonio me preguntó si me encontraba bien y yo histérica de nervios empecé a aporrear la puerta y a gritar, ¡no quiero morir aquí! Sacadnos de aquí, estamos encerrados y ambos me calmaron, acercándose a mí y diciéndome que no se me oiría en ningún sitio, que estábamos entre dos pisos y el edificio estaba muy bien aislado, pero que se habrían dado cuenta enseguida de que un ascensor estaba parado y enviarían a los de mantenimiento enseguida a ver que sucedía. Solo podíamos esperar pues era cuestión de momentos que nos sacasen de allí. Me tranquilicé a medias y con esos dos cuerpos de hombre cerca me sentí en una mezcla de excitación y miedo. Javier se acercó a mi un poco más y me abrazó. Sí, me abrazó y yo alucinada le devolví el abrazo y le di las gracias realmente lo necesitaba.

Sin poderlo evitar, le acerqué los labios hasta que pude sentir su aliento en mi garganta y aunque dudé un instante, lo más silenciosamente que pude le besé suavemente. Me importó lo que pudiese pensar José Antonio, el notario, ¿que pensaría de una chica como yo? Y que más da, estaba disfrutando el momento. Javier ni corto ni perezoso me devolvió el beso y jugueteamos con nuestras lenguas, mientras José Antonio carraspeaba. Se sentiría realmente incómodo, y yo dándome el palo con Javier.

Me separé y aunque buscó mi boca no se la volví a ofrecer. Al contrario, no le hacía mucho caso y ya hablaba con José Antonio cuando sentí una mano desde atrás subiendo por mi pierna, levantándome lentamente la falda, y notando el sexo abultado de Javier apoyado en mi culo. Me acaloré instintivamente, pero pensé; no se nos ve. José me hablaba lento, muy dulce y cada vez en un tono más agradable, o esa sensación me dio a mí y sobre todo con mucha paciencia, me explicaba cómo estaba montado el sistema de seguridad y lo poco que tardarían en sacarnos. A todo esto Javier estaba bastante callado, explorando la parte trasera de mi cuerpo, y de repente sentí que me deslizaba mis braguitas blancas de algodón por mi culo y algo caliente que yo pensé sería su mano se acercaba a mi sexo. Era su polla, y lo mejor de todo era que yo lo deseaba, estaba completamente húmeda y necesitaba su sexo encajando en el mío.

Le resultó un poco difícil debido a la postura y que como yo, quería ser discreto y que el notario no se enterase. Cuando ingresó en mi cuerpo, emití un ligero gemido que camuflé luego con tos, aprovechando para echarme un poco hacia atrás y así clavarme en ese pene maravilloso que comenzaba a poseerme lentamente. De repente me di cuenta que José estaba muy cerca de mí y temí que se diese cuenta que estábamos enganchados Javi y yo, allí mismo y ante la duda decidí lanzarme y como si no me diese cuenta me apoyé en su cuerpo, con tan buena suerte que noté como su sexo estaba completamente tieso dentro de su pantalón, me separé enseguida y le dije, uy disculpa, no era mi intención, a lo que él me dijo, pues podría ser tu intención si tu quisieras.

Mientras Javi me bombeaba muy despacio para que no se notara y yo, loca ya como estaba de deseo, de ganas de moverme, comencé a gemir y a moverme con ganas y con fuerza, en círculos sobre su sexo y agachándome la acerqué a la cara y me la introdujo en al boca. Chupé con ganas, de la punta a los huevos y me la tragué casi toda, aunque al apoyarme con una mano pude notar que un buen trozo estaba fuera. Javier me bombeaba ya con soltura y no sé exactamente en que momento ni quien me desabrochó la camisa y me soltó mi sujetador, pero sentí como cuatro manos recorrían mis pechos y mi cuello, enredándose en mis pezones.

Vaya sensación, la de ser dominada por dos hombres. No me había pasado en mi vida y me encantaba la novedad. Cuando noté que el pene de José Antonio comenzaba a palpitar me detuve, a lo que me dijo que siguiese y casi me obligó a comérsela entera otra vez, y como yo estaba disfrutando tanto como él se la terminé de mamar, soltando él sus jugos a borbotones dentro de mi boca sobresaliendo por la comisura de mis labios.

No quise soltarle y seguí chupando, limpiándole su verga y continuando con la mamada, aunque me era difícil ya que controlaba mi cabeza con sus manos y me impedía moverme a mi gusto, pero enseguida noté como se endurecía nuevamente. Javi iba amasando mis pechos y en un momento dado noté como empezaba a lubricar mi ano con sus dedos. Sentí como introducía uno primero, y luego dos y reconozco que me encantó la sensación, instantes después tuve un orgasmo como nunca.

Javi me dio la vuelta y sentí como se agachó buscando mi sexo y lamió mi clítoris como un verdadero experto y me introdujo a la vez un dedo en mi vagina. José Antonio recorrió mi espalda a besos, produciéndome pequeñas descargas de cosquillas y placer hasta que llegó a mi ano. También se agachó y empezó a lubricarlo con la lengua, ummmmmmmm, que rico era lo que me estaban haciendo, y en pocos instantes volví a tener otro orgasmo. Ambos pararon y Javi me bajó la cabeza para que se la comiese, le había tocado su turno y no podía esperar mucho tiempo más.

José aprovechando la postura, cuando notó mi culo muy cerca de su verga, me la introdujo en mi coñito ultra lubricado de un golpe seco. Menuda estocada. ¡Cómo gemí!, y eso que tenía la polla dura de Javi a punto de reventar en mi boca, lo cual pareció ser la gota que colmó el vaso, nunca mejor dicho. Explotó en una mezcla de grito y gemido lo que me hizo estremecerme y a mi vez empecé a moverme más rápido con el sexo de José y tuve otro orgasmo más.

Uffffff, me sentía cansada pero José no quería detenerse y yo gozaba y gozaba mientras terminaba de lamerle la polla a Javier, ¡que dura y que rica estaba otra vez! ¿Es que son todos los hombres así? Pensé… José le dijo a Javier que se esperase un rato, y que nos dejara a nosotros solos un segundo, con lo cual Javi se separó de mí y quedamos José y yo. Me dio la vuelta y me introdujo su pene de frente, mientras me abrazaba y me besaba el cuello y lamía mis lóbulos de las orejas.

Creí enloquecer, no podía dejar de gemir y jadear, mientras le gritaba que me diese más, más mucho más arañando su espalda con la fuerza de sentirme poseída como estaba. Con esto pude vislumbrar que Javi se estaba pajeando, pues la semipenumbra apenas nos dejaba ver nada, pero le oía.

Yo gozaba y gozaba con José, me comía mis pechos, me recorría con su lengua juguetona y mordisqueaba mis labios. Estaba gozando como nunca, sentía que lo estaba dando todo y ya no me importaba el ascensor ni esa parada tan afortunada. Javi no pudo seguir solo, se arrodilló y comenzó a lubricar la entrada de mi ano y apoyando sus manos en mis caderas se paró a la entrada y poco a poco fue introduciendo su sexo en mi culo. Aaaaaaaaaa dueleeeeee, despacito que soy virgen por ahí.

Cuando la introdujo entera sentí dolor, pero José me estaba matando de placer y esa mezcla de dolor y placer dejó paso a puro y único placer. ¡Dos hombres en mi! No lo había visto ni en la tele, que ricura. Sentía como se movían cada uno a su compás hasta que poco a poco adaptamos nuestros ritmos y conseguimos entendernos. Pensar que sus pollas me llenaban y se rozaban en mi interior me extasiaba, no podía estar más ocupada, acariciando, besando y jugando con las bocas y las lenguas, que delicioso era todo hasta que empecé a sentir como el sexo de Javi palpitaba dentro de mí y les grité: vamos a corrernos todos juntos yaaaaaaaaaaaaaa y los tres nos vaciamos a la vez.

No queríamos soltarnos, estábamos jadeantes, cansados y yo un poco dolorida. Fueron retirando sus pollas y yo gocé ese ligero instante en que salían. Ooohh, que rico ha sido. Chicos me ha encantado me habéis hecho gozar como loca, y dicho esto les di a ambos un beso lento, muy lento y húmedo. Era el premio por ser tan buenos amantes. Me abrazaron y así permanecimos un rato, los tres abrazados sintiendo nuestros cuerpos ya vestidos. ¿Cuánto tiempo había pasado desde el parón?

Un rato después, sentimos ruidos y unas voces preguntaban si había alguien en el ascensor y si nos encontrábamos bien. Todos gritamos que si, que éramos tres y estábamos bien. Enseguida nos sacarían. Les miré en la oscuridad y temí que los de mantenimiento se diesen cuenta del olor a sexo que impregnaba tan estrecho lugar pero estábamos todos bastante recompuestos y llevábamos a un Notario, que nos haría parecer serios a todos, jajajajajaja.

Cuando nos sacaron y vimos la hora, todos flipábamos, eran las 2 de la tarde. José Antonio había perdido su reunión y a Javier lo estaban buscando por todo el edificio muy preocupados. ¡Tres horas de encierro! Madre mía, pero que bien aprovechadas. Cuando se abrieron las puertas todos nos miraban con caras de intriga y no hacían más que preguntarnos que tal estábamos.

Miré a mis dos chicos, realmente eran muy sexys, y con un guiño nos despedimos. Subí en otro ascensor hasta el piso 22 a buscar a Raquel y allí estaba hecha un manojo de nervios. Pensaba que me habría perdido, o que me había pasado algo y cuando le conté lo del encierro en el ascensor me preguntó, ¿tomamos el ascensor estropeado para bajar…?

Muchos besos, Kendra.

Autora: Kendra

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Ascensor Fisgón

Saco la llave del bolsillo y la meto en la cerradura al abrir la puerta te encuentro en el baño, esas braguitas sexis, el sujetador que remarca tus pechos y postrada sobre el lavabo acercándote al espejo para pintarte la raya de los ojos, Con el culo hacia afuera como siempre provocándome y pidiendo guerra.
-Me ducho me arreglo y nos vamos- te digo -a mí no me queda nada- contestas.
Me meto en la ducha mientras tú acabas de vestirte y acicalarte, al salir tú ya estas lista, sólo de verte, ganas me dan de quedarme en casa y pasarlo bien los dos, pero nos esperan.

Llevas puesto este vestido gris de cuello alto de punto, que te llega a medio muslo con unas botas negras y debajo esas medias sujetas con liguero. No se te ve nada, pero deja a la fantasía lo que si se podría ver.
Yo me enfundo mis tejanos ajustados y una camisa negra me peino  y ya estamos listos para salir, aunque no sin antes, echarme esa colonia que a ti te gusta y te pone tanto.
Me dispongo a cerrar la puerta, pasas por delante mío y sin dejar de aprovechar el momento te doy un azote en el culito. Coges aire rápidamente para quejarte pero sabes que no debes hacerlo y en lugar de eso, te giras y metes tu lengua en mi boca, Me gusta que me lo agradezcas.
Cogemos el coche y vamos para Barcelona no podemos llegar tarde a la fiesta de cumpleaños de tu amiga, al llegar no tardamos en aparcar, buscamos la portería y llamamos al timbre, una cámara nos enfoca y nos saludan desde el interfono -hombre Cristina!!!!- nos abren la puerta y llamamos al ascensor.
Tú le das al botón del 6º, se cierran las puertas y el ascensor empieza a subir, me giro para mirarme en el espejo cosa que aprovechas para abrazarme por detrás.
El ascensor se para y se apagan las luces y nos quedamos con la penumbra de las luces de emergencia, esperamos unos momentos y el ascensor sigue sin funcionar.
El primer momento de pánico nos quitamos los abrigos para no sentirnos ahogados, pero poco a poco nos relajamos y todo se normaliza. Tu mano va derecha a tocar en Interfono de alarma, pero rápidamente te la cojo y evito desperdiciar una oportunidad así.
Me acerco a ti por detrás pegándome a tu espalda, notas mi miembro endureciéndose en tus nalgas y mis manos acariciando tus pechos sobre el vestido, el tacto de mis manos nota como tus pezones se ponen duros a lo que me hace suponer que ha sido buena idea.
Deslizo las dos manos por debajo del vestido, recorro tus mulos de arriba abajo tan sólo rozando tu pubis y echándote hacia atrás para que sientas mi polla en tu culo.
Te das la vuelta buscando mi boca pero aprovecho para bajar por tu abdomen hasta llegar a tus braguitas, noto con mi boca que ya están húmedas. Te las bajo y empiezo a comerte el coño estás completamente entregada, tus caderas se arquean hacia delante buscando mi lengua, tus piernas tiemblan, sueltas un gemido y  en ese momento siento un cálido chorro de flujo cayendo sobre mi boca, acabas de correrte.
Subo de nuevo, no sin antes pararme en tus pechos, esta vez eres tú la que se sube el vestido y los dejas al descubierto para qué mi boca juegue con ellos mientras tus manos desabrochan mi tejano.
Metes la mano por el pantalón y descubres que hoy no me he puesto ropa interior, empiezas a agarchate con la intención de meterte mi dura verga en la boca, pero esta vez soy yo el que te va hacer disfrutar  a ti. Te levanto y ya con mi polla fuera te pongo contra el espejo apoyando tus manos en el y empiezo a embestir. La imagen que tenemos delante es muy excitante. Una de mis manos baja hasta tu clítoris, tus caderas hacen un movimiento rítmico, una danza del placer. Con la otra mano te cojo del pelo para tener controladas mis embestidas ya no te puedes escapar, tiro de ti hacia atrás buscando meterla entera dentro de ti. Te muerdes los labios para evitar que se escuchen tus gemidos.
Un último gemido ahogado me indica que te vas a volver a correr y en ese momento de nuevo tus piernas tiemblan, y siento un líquido cálido cayendo por mis testículos. Eso me excita tanto que mi polla acaba explotando dentro de ti, unas últimas embestidas vacían nuestras tensiones.
La luz se enciende y el ascensor empieza a subir, sentimos como tu amiga nos llama desde arriba, rápidamente nos recomponemos la ropa antes de llegar arriba del todo.
Se abren las puertas y tu amiga nos espera.-¿ cómo habéis tardado tanto?-
– el ascensor se paró y no contestaban en el interfono- buena respuesta, yo no habría sabido salir mejor, del atolladero.
– ah, bueno es que ahora la compañía del ascensor ha instalado una cámara ven si hay alguien dentro y actúan más rápido, pero no sé por qué hoy han tardado más de lo normal-
nos miramos con cierto desconcierto, son unos segundos de sonrojo, pero automáticamente nos echamos a reír. -anda entremos y disfrutemos de la velada-

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Enviar fotos por Whatsapp

Aquella noche estaba solo, de Rodríguez, en casa. Mi novia Sara (de 27 años), se había ido a cenar y de marcha con su amiga Raquel. Ambas eran chicas muy guapas, de cuerpos parecidos, delgadas, poco pecho, pero bien puesto y unos culitos de revista.

Antes de irse, Sara me prometió que me enviaría algunas fotos a través del popular programa de mensajería en móviles “Whatsapp” para que no me aburriera y la esperara contento cuando ella volviera a las tantas.

Me quedé mirándola justo antes de irse: llevaba puesto un top muy escotado y una minifalda que el viento podría haber eliminado con facilidad.

SARA: te quiero Luis – me dijo.

Me dio un beso y se fue.

****

Durante la cena, Sara decidió enviar la primera foto.  Ella y su amiga ya se habían bebido una jarra de sangría, y tenían la risa floja. Rebuscó en su bolso y tras encontrar el móvil,  abrió el Whatsapp y en contactos buscó rápidamente a “Luis” y le dio a “Enviar Foto”. Se hizo un autorretrato y lo envió.

FOTO: hecha por ella misma en la que aparecía sonriendo y apenas se le intuía un canalillo.

A lo largo de la noche fue enviando varias fotos, convencida de que debía de estar poniendo a su novio Luis bien caliente.

FOTO: en un cuarto de baño, sonriente, agachada frente a un espejo mostrando un amplio canalillo.

FOTO: otra frente al espejo mostrando el canalillo

FOTO: hecha por ella misma de lado, en la calle, donde se podían apreciar bien las curvas de sus pechos y su hermoso canalillo.

FOTO: ella y su amiga sentadas en un sofá, con las piernas cruzadas luciendo unas inmaculadas extremidades, sonrientes, con unos cubatas en la mano.

FOTO: las dos bailando en una discoteca atestada de gente una frente a la otra. Por el encuadre era imposible que ellas hubieran hecho la foto.

FOTO: otra foto similar, pero esta vez ambas chicas estaban más pegadas y provocativas. Sara tenía una de las piernas de su amiga entre las suyas, y tenía una mano posada sobre su abdomen.

FOTO: Sara con un chico desconocido. El chico era claramente más joven que ella y lucía una camiseta informal y unos pantalones negros. Su mano estaba encaramada en la cintura de Sara, pero este mantenía un poco las distancias. La foto era de frente, por lo que no  la podía haber hecho Sara. ¿La habría hecho Raquel?

FOTO: Raquel y Sara con tres chicos a los lados. Las dos aparecen sonrientes y apretujadas entre los desconocidos.

FOTO: un primer plano de un autoretrato del escote de Sara, con sus pechos haciendo fuerza contra el top.

FOTO: Sara con un hombre mayor que ella. Aparecía de lado pasando el brazo por detrás del cuello del maromo, y este la tenía bien agarrada por la cintura. En su mano libre Sara portaba un cubata casi vacío.

FOTO: Sara agarrada de frente con un chico guaperillas. Ella llevaba en su mano libre un cubata lleno.

FOTO: Sara de frente con un chico alto y rubio pegado detrás de ella. Las manos de la chica estaban cogidas a las de él.

FOTO: Sara otra vez con el rubio. Él estaba de frente, y ella de lado pegada su cara a su pecho. Otro desconocido se había colocado detrás de ella como si se la quisiese follar para hacer la gracia.

FOTO: Sara de nuevo con el hombre maduro de unas fotos anteriores. Ambos estaban pegados de frente  y ella tenía los ojos entrecerrados.

FOTO: Sara bailando con las piernas bien abiertas y la falda subida hasta casi desvelar sus encantos. Detrás, un chico desconocido  al que apenas se le podía ver la cara la tenía cogida por las caderas jugando al límite con el culo. ¿Se estaría restregando contra ella?

FOTO: Sara de frente cansada o pasada de copas. Detrás, por la ropa, el chico de la foto anterior abrazándola por la cintura.

FOTO: una foto parecida a la anterior pero en la que Sara se destornillaba de risa y subía su falda por una pierna hasta que se le podía apreciar un poco del tanga negro.

FOTO: Sara, con el chico de antes, ambos sentados en un sofá. Ella le besaba en la mejilla a él.

FOTO: una variación de la foto anterior en la que Sara estaba sentada con las piernas cruzadas sobre las rodillas del chico, que la abrazaba por la cintura.

FOTO: Raquel sentada en el mismo sofá con un desconocido al lado. Ambos tenían una mano sobre la pierna del otro.

FOTO: Sara en el sofá, sentada de lado casi casi enseñando el culo. El chico le tenía pasado un brazo por el cuello hasta dejar caer su mano a la altura de uno de sus pechos ¿Se lo estaría tocando?

FOTO: Raquel sentada sobre las rodillas del chico y este con su cara casi pegada a los pechos de ella.

***

Sara estaba en el baño de la discoteca cuando recibió un mensaje. Era de Luis, que por fin contestaba a todas las fotos que ella le había enviado.

MENSAJE: mmm.k fotos! M tienes bien caliente; estas hecha toda una putita

SARA: esta noche seré tu putita

MENSAJE: joder m tienes l polla bien dura, guarra. D donde son las ultimas fotos?

Ella le dijo el nombre de la discoteca.

A Sara le extrañó un poco la forma de escribir de su novio, pero no le dio mayor importancia pensando que debía ser por el calentó.

SARA: dura como las pollas que me han rozado esta noche?? Te pone que te diga eso??

MENSAJE: cojones, te follaria ahora mismo.

SARA: esta noche lo haras!

MENSAJE: no jodas! Con la de pajas que me h hecho imaginandomelo…

Aquel último mensaje le extrañó un poco. Pese a que el alcohol le nublaba un poco la mente, fue hacia el inicio de la conversación y pulsó en el botón “Info” del contacto. Se tuvo que apoyar en el lavabo por que casi se cae. El número de teléfono no coincidía con el de su novio.

Justo en ese momento recibió un nuevo mensaje:

MENSAJE: voy ahora mismo a donde estas a ver si es verdad. Hoy ya no me harás más bromas de que si “el Luisma es tonto”.

SARA: Luisma?

El programa no mostró el doble “check” de que el destinatario había leído el mensaje. El chico estaba en marcha y no era su novio. Se había pasado la noche mandando fotos provocativas a otra persona. ¿Pero a quién?

En seguida le vino la inspiración al pensar en lo de “Luisma”. ¡Claro! Debía de ser un chico con el que coincidió en la Universidad de nombre “Luisma” con el que solía meterse (en plan de coña) haciéndole bromitas del tipo “.. como el Luisma es Tonto”.

Intentó llamarle, pero le saltó el contestador. Le envió otro mensaje explicándoselo, pero él no lo leyó. En un acto irracional, se puso a enviar las fotos a su novio. Al parecer su móvil había mezclado los contactos al intentar unificarlos.

Su novio (el verdadero Luis) no tardó en enviarle mensajes más tiernos, también cargados de erotismo.

Raquel se estaba liando con un chico cuando salió del baño, así que se fue a la barra a por una copa. Estuvo un rato jugando con el móvil cuando alguien le tocó la espalda.

Se giró y se encontró con una cara desconocida que le estaba sonriendo. Él la saludó y Ella se sobresaltó al reconocerle.

SARA: ¡Luisma!

La chica se tapó la boca con la mano sorprendida y él se acercó para darle dos besos.

LUISMA: con todo lo que me has enviado por Whatsapp, más que dos besos te tendría que dar un morreo.

SARA: yo… yo… me equivoqué, no eran para ti sino para mi novio.

LUISMA: ya, al bajar del coche he leído lo último que me has escrito. De cualquier forma, igual que le querías enviar esas fotos a tu novio para darle celos y ponerle cachondo, también le puedes enviar una foto conmigo ¿o no?

Sara lo pensó y realmente podía seguir con el juego que había empezado sin decirle nada a su novio. Para él sería una foto más.  Los dos juntaron se juntaron y Sara extendió el móvil con una mano para hacerse una foto juntos. Luisma le subió la mano y le dijo.

LUISMA: hazla desde más arriba, para que se vea mejor tu escote. Te aseguro que le pondrá más.

Hicieron la foto y ella se la envió a su novio, Luis.

LUISMA: escríbele que estás con un amigo de la universidad.

Ella se rio y así lo hizo. Su novio le contestó en seguida:

LUIS: Seguro que habrás recordado los viejos tiempos…

Sara y Luisma hablaron un rato y se hicieron y enviaron algunas fotos a Luis:

FOTO: ella con un tirante caído.

FOTO: él besándole el cuello.

FOTO: sus piernas.

FOTO: una mano claramente masculina sobre el muslo de ella.

FOTO: ella con la camiseta arremangada desde abajo y él besándole cerca de su ombligo.

Sara y Luisma buscaron a Raquel y la encontraron sola tirada en un sofá durmiendo. Llevaba un buen pedo encima. La chica tenía su faldita bastante subida y se le veía bastante fachada del culo. Sara le hizo una foto y se la envió a su novio diciéndole:

SARA: mira a Raquel que mal que va. ¿No te aprovecharías ahora de ella?

LUIS: me aprovecharía de las dos

Sara le envió otra foto en la que se podía ver a Luisma sonriendo con su cara pegada al culo de Raquel .

LUIS: a ver el que os va a follar a las dos va a ser tu amigo de la Universidad…

En la discoteca, Sara le enseñó el mensaje a Luisma, el cual soltó una carcajada.

LUISMA: venga, añádeme a la conversación, por fa.

Sara le hizo prometer que le enseñaría los mensajes antes de enviarlos, y le añadió. Ahora Luis podría leer lo que Luisma escribiera.

LUISMA: hola luis soy luismal el amigo de la uni de tu novia. sara esta muy buena!!!!!

LUIS: encantado. ¿Te gusta cómo ha salido de marcha?

LUISMA: si muy guarrona. K foto quieres que te mande? Tu pide?

LUIS: una dándoos el lote.

Luisma sonrió a Sara, la cogió por la cintura y tras decirle “lo que tu novio diga…”, lanzó sus labios hacia su presa insertando su lengua como una ballesta húmeda dentro de la boca de ella.

FOTO: de lado. Luisma y Sara muy pegados y besándose con pasión con lengua.

Se fueron a sentar en el sofá, y justo antes de hacerlo, Luisma le apretó el culo a Sara al tiempo que le hacía una foto.

LUIS: seguro que estás deseando follartela.

FOTO: en el sofá sentados, la mano de Luisma apretando la parte de debajo de la minifalda de Sara.

SARA: creo que vamos a salir a dar una vuelta por la calle para que Raquel tome el aire. Un beso cariño. Espero que te lo estés pasando bien con todo este morbo.

FOTO: en la calle, Raquel apoyada en un coche y Luisma levantándole la falda. Se podía apreciar un diminuto tanga blanco.

FOTO: dentro de un coche. Raquel sentada con las piernas abiertas y su tanga luciendo en todo su esplendor.

FOTO: Sara de lado en el asiento de copiloto.

FOTO: Luisma conduciendo.

FOTO: un volante, un pantalón y una mano femenina sobre el paquete.

FOTO: hecha desde el asiento de atrás de un choche. Sara y Luisma besándose bajo la luz roja de un semáforo.

FOTO: dentro de un ascensor, frente al espejo. Luisma sonriente y Sara y Raquel abrazándole por cada lado.

***

Luis estaba tumbado en la cama con el móvil en la mano cuando de repente sonó una llave introduciéndose en la puerta de entrada. Se levantó de la cama, y ante su sorpresa, por la puerta pasaron Sara, Raquel y Luisma riéndose.

Luisma y él se presentaron y le dio dos besos a Raquel, que realmente no estaba tan mal como parecía en las fotos.

Se fueron al comedor a beber una copa y en un lado de la mesa se sentaron Luis y su novia Sara y en el otro Luisma y Raquel.

LUIS: no veas qué cachondo me has puesto esta noche. Me ha costado no correrme de la dura que la tenía.

Sara se sentó encima de él y se besaron.

LUISMA: Luis ¿no te gustaría seguir con el juego del móvil pero en directo?

El chico alargó una mano para coger la de la aludida.

LUIS: ¿tú qué dices cariño?

SARA: vale…

Luisma se levantó, y sin soltarle la mano a ella, se puso de pies en frente. Con la mano libre le acarició la pierna.

LUISMA: ¿vamos?

Sara se levantó, le dio un beso a su novio, y guio a Luisma hasta el dormitorio.

Raquel y Luis se miraron.

LUIS: ¿vamos a ver qué hacen?

RAQUEL: venga.

Luis ayudó a levantarse a la amiga de su novia, e pasó el brazo por encima de los hombros y la guio hasta la habitación.

Una vez allí, se sentaron en la cama donde Sara y Luisma se besaban. Él le acarició la rodilla y pasó su mano con pasión hasta sus pechos que apretó sin ternura.

Raquel sonrió a Luis, y éste le dio un tímido pico que ella cerró con un morreo en toda regla. Cuando miró a la pareja de al lado, Luisma estaba sin camiseta y su novia le succionaba los pezones.

Raquel pasó sus piernas sobre las de Luis mientras se besaban cada vez con más pasión. Sara estaba terminando de desnudar a Luisma cuando Raquel dijo:

RAQUEL: ¡vaya rabote!

Sara la miró sonriendo, lo agarró con una mano y se lo llevó a la boca. Fue al grano y empezó a chupársela como si quisiera que él se corriera rápido.

Raquel le quitó la camiseta del pijama a Luis, mientras este le sobaba las piernas como si sus dedos fueran las cuchillas de una máquina corta césped.

Luis se sentó apoyándose en el cabecero de la cama y Raquel, mucho más despierta que antes, se lanzó a su oreja y le susurró:

RAQUEL: ¿te pone cachondo ver cómo se la chupa tu novia a otro, o prefieres que te la chupe yo?

LUIS: las dos cosas. Ven y cómemela.

Raquel le bajó los pantalones y calzoncillo a la vez con torpeza, y tras ponerse frente a él de rodillas se puso a chupársela de la misma forma que su novia lo hacía con aquel, hasta ahora, desconocido.

Luis miraba a su novia y luego a su amiga cómo chupaban polla sin dejar de resoplar de placer.

Raquel se quitó la parte de arriba y el sujetador y se inclinó para que Luis pudiera comerle los pechos. Éste, de reojo pudo ver cómo su novia se ponía a cuatro patas sin nada de ropa y Luisma le despojaba del tanga. Lentamente, el antiguo amigo de la universidad empezó a penetrar a Sara. Entre gemidos, esta alargó una mano para tocar los testículos de su novio y pajearle. Al darse cuenta de que invadían su territorio, Raquel se lanzó ávida a chupar el miembro de Luis.

SARA: Raque, déjame un momento a mi novio.

Raquel soltó aquel pene babeado, y Sara se lo acercó a la boca. Empezó a chuparlo al ritmo de las embestidas de Luisma. Raquel por su parte se puso a morrear a Luis mientras este le masturbaba dando vueltas con la yema de su dedo índice en el clítoris.

RAQUEL: yo también quiero que me follen… estoy muy cachonda… mmmm….

Luis se levantó, la desnudó, y empezó a comerle el coñito empapado a la chica. No duró mucho en tal guisa, porque en seguida se colocó en la famosa postura del misionero y empezó a follar lentamente a la amiga de su novia. Lo de lentamente no era por gusto, sino porque si aumentaba el ritmo se correría en seguida de lo cachondo que estaba.

Mientras ellos follaban, Sara se había desnudado por completo y estaba siendo follada en la misma postura. Su cabeza estaba pegada a la de su amiga  en un momento dado ambas se giraron y se morrearon. Los pequeños pechos de Sara saltaban más que los de Raquel ya que Luisma llevaba un ritmo más acelerado de penetración.

Cambiaron de postura a la vez y ambas chicas fueron folladas a lo perrito. Luis daba pequeños golpecitos en el culo de su novia mientras se follaba a su amiga.

Los dos chicos estaban muy cachondos y más de una vez tuvieron que parar para no correrse.

Ambos se pusieron de acuerdo, y decidieron correrse a la vez. Las chicas se arrodillaron en la alfombra del suelo y ellos se pusieron a masturbarse con las pollas frente a las caras de sus parejas. El primero en acabar fue Luisma, que soltó un buen chorro seguido de otros más pequeños sobre la cara de Sara.

Luis se corrió a borbotones y casi no manchó a Raquel. Sara se acercó a su chico y empezó a chupar su polla limpiándola de restos de semen y comiéndoselos.

***

Todos se limpiaron, Luisma se fue, y Raquel Sara y Luis se quedaron dormidos y exhaustos en la cama, hasta la mañana siguiente…

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Cajón del Maipo. Capítulo 1: camino al auto.

Guardaba los últimos atavíos para el fin de semana. Posterior al almuerzo, me tomó toda la tarde elegir cada prenda, cada accesorio, cada objeto que daría forma a mi ser durante esos días. Sonó mi celular, su voz áspera se anunciaba allá abajo. Le indiqué que no demoraría más de 5 minutos y estaría lista. Rápidamente terminé las mudas, me puse los lentes, arreglé un poco mi breve falda, tomé el bolso, la cartera y me apresuré a salir.

Cerré la puerta y emprendí la caminata hacia el ascensor. Los tacos de mis botas hacían eco en aquel  solitario pasillo, mi cuerpo se contoneaba con su carnal repiquetear. Mis caderas se liberaban candentemente con el rítmico taconeo, mis labios al rojo eran manoseados por mis dientes. Era mi proceso de liberación cada vez que salía del closet. Con un dedo llamé el ascensor, cuidando no dañar la uña larga que lo coronaba. Dejé el bolso en el piso aguardando al elevador.

Mientras miraba a ninguna parte, con la cabeza hacia arriba un ring me alertó de la llegada del ascensor. Las puertas se abrieron, y en su interior apareció uno de los bulliciosos vecinos del piso de arriba, por sus prendas iba al segundo piso, al gimnasio. Como siempre me saludó muy animado, mientras me agachaba a recoger el bolso. Sospecho que miró mis piernas, y quizás dejé entrever algo más que ellas, pues a eso que llamaba falda era muy corta. El bulto tras su short lo dejó en evidencia. Lo saludé de beso, se ofreció a cargar mi bolso, a lo cual amablemente me opuse. No quería que mi hombre se pusiera celoso. Sin embargo, apunté mi cola hacia él, y me agaché a dejar el bolso en el suelo. Las puertas cerraron y presioné el -1, para dirigirme al estacionamiento.Al darme vuelta, de reojo noté que su bulto había recibido mi coqueto mensaje. Lo miré sin sacarme los anteojos y le dije que sus fiestas eran muy agitadas. Mientras sonreía maliciosamente me dijo que estaba invitada cuando quisiera, ya que siempre me había negado a ir.

Llegamos al segundo, miró mi bolso, me besó en la mejilla y me deseo buen viaje. No pude dejar de notar su espalda, sus brazos, su cuerpo entero. Ese hombre sabía quién era, y me deseaba.El beatle café que había puesto debajo de mi chaqueta me hizo sentir un poco de calor, debo reconocer que esos breves minutos con mi vecino en el ascensor me habían agitado un poco.

Sonó la campana indicando el -1, las puertas se abrieron y estaba él, con su sonrisa tan varonil esperándome mientras me envolvía con una rápida mirada, me besó tibiamente, tomó mi bolso y nos dirigimos hacia su auto. Caminamos abrazados, el muy pesado me dio un pequeño agarroncito en la cola. Nuevamente el sonido de mis tacos alertaron mis sentidos, sentía que el diminuto colaless negro –como la faldita- no sería suficiente para contener mis impulsos, que cada vez se tornaban más salvajes.Me abrió la puerta, entré y la cerró. Me crucé de piernas, él echó el bolso en el portaequipajes, entró y mientras encendía el motor otro beso, más cálido esta vez, recorrió mis labios. Suavemente tomé su cara y correspondí su amorosa petición.Salimos del estacionamiento, se aproximaba el atardecer de esa fría tarde de viernes. Estábamos comenzando el camino hacia un fin de semana de descanso, y uno que otro arrumaco.

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Lo hice con mi vecina en el ascensor

Sobre todo el último que alcancé dentro de aquel ascensor, en el que Lorena me pellizcó el abultado clítoris con una mano mientras me saboreaba golosamente, se las ingenió para introducir uno de los dedos de su otra mano en mi estrecho orificio posterior incrustándolo casi por completo en su interior antes de empezar a maniobrar hábilmente, consiguiendo arrancarme un autentico aullido de placer.

Vivo en un pueblo pequeño, y la verdad es que nunca había hecho demasiado caso a los maliciosos cotilleos que circulaban por la calle en la que vivo, respecto a que mi vecina Lorena, de casi 21 años, era lesbiana.

He de reconocer que algunas veces me había dado la sensación de que me miraba con un cierto deseo e interés. Pero como ella nunca me había hecho la más mínima insinuación achaqué mi impresión a haber oído esos rumores, y no le di ninguna importancia.

Ese día iba a visitar mi amiga, y estaba muy contenta porque, gracias al buen tiempo, podía volver a verla después de tanto tiempo. Dio la casualidad de que estrenaba un coqueto sujetador calado con cierre por delante, realmente precioso, que me ayudaba a realzar todavía más mis ya de por sí grandes pechos; que siempre he pensado que eran la parte más atractiva de mi anatomía, dado que es en la que más se fijan todas las chicas que conozco.

Mi vecina iba con unos vaqueros rotos por la rodilla, incluso había un desgaste en la tela por la zona de la nalga que se veía claramente, que le permitía lucir sus largas piernas; y un fino suéter, que lucia como de costumbre sin sujetador. Pues, en verdad, sus pequeños senos apenas necesitan nada que los mantenga firmes.

Les cuento todos estos detalles para que se hagan una idea de lo mal que lo pasé cuando nada más arrancar el ascensor, en el que por suerte bajábamos las dos solas, noté que se me soltaba el cierre del sujetador. Así se lo dije a Lorena, y ésta paro el ascensor de inmediato. Le comenté que tendríamos que subir hasta mi casa a que me lo pusiera bien, pero ella me dijo que lo más seguro es que no hiciera falta llegar a esos extremos.

Después, levantándome la camisa con desenvoltura, coló sus manos hábilmente por el espacio del mismo, para intentar arreglar la incómoda situación allí mismo.

Yo me sentí muy violenta, sobre todo cuando note la leve presión de su rodilla en mi intimidad, bien instalada entre mis piernas separadas, pues mis pantalones eran muy finos y me hacían notar todos sus roces con demasiada intensidad. Pronto sentí su cálido aliento entre mis senos; y, aunque no vi ningún motivo para ello, noté como apretaba suavemente mis pechos, al mismo tiempo que conseguía cerrar de nuevo el sujetador.

Mientras Lorena sacaba sus manos de mi camisa pude notar claramente como se apoyaba, brevemente, en mi sensible entrepierna. La verdad es que no me enfadé lo mas mínimo ante su osadía; al contrario, me sentí bastante excitada con la insólita experiencia. Por eso me puse roja como un tomate y no me atreví a mirarla de nuevo a los ojos. Ni siquiera cuando, a los pocos instantes de arrancar, noté que se me volvía a soltar el sujetador. Al oírme maldecir se imaginó lo que sucedía, volvió a parar el ascensor y, dedicándome una sonrisa de lo más turbadora, introdujo de nuevo sus manos por mi camisa.

Esta vez Lorena palpó de manera rápida, pero claramente posesiva, toda mi intimidad por encima de los pantalones ajustados que usaba aquel día, antes de llegar a mis pechos, que ya temblaban de excitación.

Y, durante todo el tiempo que estuvo por mi camisa levantada, el continuo roce de su inquieta rodilla se hizo tan insidioso que terminé por empapar los bóxers con mis flujos.

Luego, al llegar a la altura de mis impresionantes senos, abrió totalmente el sujetador, aunque no venia a cuento. Dedicó todo el tiempo que quiso a contemplarlos con detenimiento, mientras yo sentía su cálido aliento a escasos centímetros de mi piel más sensible.

Después utilizó las dos manos para, con mucho tacto y unas caricias suaves, volver a introducir uno de los senos dentro de su copa. Como vio que yo no decía nada (aunque mi corazón latía a toda maquina y mi respiración era cada vez más agitada), al introducir mi otro seno en su copa correspondiente, me masajeó a fondo todo el pecho; amasándolo, y estrujándolo, de una forma realmente cariñosa y apasionada.

En vista de mi pasividad aprovechó la estupenda ocasión que le brindaba para acariciar y jugar, dulcemente, con mi grueso pezón; hasta que éste, agradecido, se endureció como una pequeña piedra entre las amorosas manos que lo cobijaban.

Una vez que Lorena hubo abrochado mi sujetador, no puso el menor disimulo en apoyar toda la palma de su mano en mi excitada entrepierna; llegando al extremo de deslizar uno de sus dedos a lo largo de mi húmeda rajita, antes de sacar las manos de mis pechos, con una sonrisa de oreja a oreja. Pues mientras salía sus dedos se deslizaban por encima de mis partes, de un modo turbador.
Después, ya con el ascensor en marcha, me miro fijamente a los ojos, y empezó a oler su mano como si se hubiera probado el mejor de los perfumes. Yo estaba tan cortada que no pude reaccionar, ni siquiera cuando se me volvió a soltar el cierre del sujetador; pero se me debió de notar en la cara, pues ella, sin necesidad de consultarme, volvió a detener el ascensor. Ésta vez, sin decirme ni una sola palabra, se fue directa al asunto.

Lorena sólo se detuvo unos breves instantes en juguetear con mis húmedos bóxers, haciendo que sus hábiles dedos con solo unos movimientos separaran mis labios menores hasta provocar un indecente bostezo, antes de llegar de nuevo ante mis pechos.

En cuanto abrió el sujetador del todo, perdió solo unos momentos en recrearse la vista con el abrupto paisaje, antes de empezar a masajear uno de mis senos con sus largos y hábiles dedos. Su boca, y su lengua, se encargaron de que el otro se convirtiera en un autentico volcán; y pensé, al sentir sus maravillosos mordisquitos en mi pezón, que me iba a correr en cualquier momento.

Pero fue su otra mano, la que introdujo dentro de mis bóxers, para explorarme, la principal culpable de que me corriera como nunca antes lo había hecho, mientras mordía mis manos para amortiguar mis escandalosos gemidos.

Mi viciosa vecina no se conformó solo con eso y, desentendiéndose de mis agradecidos pechos, bajó su cabeza hasta llegar a la altura de mi entrepierna.

Allí, después de bajar mis vaqueros hasta bajarlos por los tobillos, se dedicó a contemplar a su gusto mi encharcada intimidad, generosamente expuesta ahora que por fin podía separar mis piernas mucho más, como ella deseaba.

Pronto se entregó a una larga serie de succiones y lameteos que me hicieron alcanzar una increíble serie de orgasmos que, aun hoy, los recuerdo y me tiemblan las piernas.

Sobre todo el último que alcancé dentro de aquel ascensor, en el que Lorena además de pellizcarme el abultado clítoris con una mano mientras me saboreaba golosamente, se las ingenió para introducir uno de los expertos dedos de su otra mano en mi estrecho orificio posterior; incrustándolo casi por completo en su interior antes de empezar a maniobrar hábilmente, consiguiendo arrancarme un autentico aullido de placer.

Quedé tan floja después de este violento orgasmo que me tuve que apoyar en mi vecina, debido a que mis débiles rodillas amenazaban con doblarse de un momento a otro.

Desde luego ese día no fui a visitar a mi amiga, subimos a su casa y me enseño todo lo que una mujer puede enseñar a otra respecto a los secretos del amor.

Desde entonces cada vez que la veo antes de ir al instituto, no puedo evitar recordar aquel momento de placer junto a ella, y Lorena no logra desviar la mirada de mi cara sonrojada.

Y sólo espero y deseo volver a repetir un día como aquel.

Para cualquier cosa agreguen a:nightmare_@hotmail.es

Espero que le haya gustado.

Autora: YoLiPoP

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