Mi amante piloto

Empezamos a culear, empezamos con la típica misionera, primero despacito hasta que mi chucha se amoldó a su pija, pero después paramos un ratito para tomar cerveza, yo lo sigo como perra caliente, le apoyo mi culo en las bolas, y me la mete pero por atrás, así que empezamos de parados, me agarra las tetas y me entra a sacudir con todo mientras me coge.

¡Hola Mamita!

Me imagino que estabas esperando con la libido a la orden del día por este relato. Te cuento desde el principio. Como ya sabrás con mi marido llevo 6 1/2 años juntos y el tema de la convivencia cuando no hay mucho respeto se ve resquebrajado en los sentimientos. Yo siempre lo entendí y lo ayudé a salir adelante pero él no fue lo mismo conmigo, es un tipo que en muchos sentidos le tiene miedo a los cambios y nos casamos porque sino yo me iba USA por un año y medio y sabía que me perdía para siempre, ya que en New York tenía la posibilidad de hacer carrera y sabía que no volvía más.

Pero vamos a pasar a la parte más suculenta, la que a vos te está haciendo la cabecita desde hace unos cuantos días. Cuando yo comencé a trabajar dio la casualidad de la vida (yo creo en el destino 100%) conocí a un piloto, joven, buen mozo, que venía a comprar al local en el que estoy trabajando.

Yo durante las primeras semanas era un ser apático y el pibe me dijo que desde que me vio se quedó super enganchado y que se propuso hacer lo que sea necesario para llamar mi atención. Pero te cuento que no le dio mucho resultado casi hasta la última semana del mes, en la cual desesperado aprendió algunas frases en español para impresionarme, y te puedo asegurar que fue un día viernes en el cual lo atendí, le vendí cigarrillos y le digo thanks a lo cual responde de nada con acento inglés, y ahí en ese momento fue como si un rayo de luz hubiese entrado a mi vida, desde ese momento venía como cinco veces por día a comprar boludeces, y te podrás imaginar las miradas que nos pegábamos. Para provocarlo más me empecé a vestir con escote y no sabés como me miraba las tetas.

Un día trató de invitarme a tomar algo, pero no le salió bien en castellano, así que le dio como vergüencita y se fue, yo me quería morir, y esperaba que vuelva y me lo diga en inglés, y desapareció como dos días, en los cuales estaba laburando, por supuesto. Los días que está en el hotel va y viene que ya tiene una zanja hecha enfrente del local.

Bueno, otro día empezamos a conversar y le pregunto que que hacía en la ciudad, y me cuenta que necesitaba encontrar lugar para mudarse, y yo ni lerda ni perezosa, le dije que si quería lo acompañaba a buscar, conocía bastante y que él como estaba solo necesitaría el consejo femenino. Ahh, lo que me dejó claro desde el principio fue que era solterito, sisisisissi, y yo de mi parte no lo pude explicar en ese momento, porque no estábamos solos. Así que quedamos para el viernes, que creo que fue el último día del mes, y ese día a la mañana viene re dormidito y lo primero que me dice “I fall in love with you” o sea, estoy enamorado de vos, yo la bombacha la perdí en el Love… me dejó sin palabras pero astuta la mina, le digo que no me puede decir eso ya que no me conoce, pero le digo en inglés que a mí él me gustaba muchísimo, y arreglamos para ir a cenar, entonces me pregunto: que le digo a mi marido, le metí el verso que iba a comer con algunos gerentes de las otras sucursales y el dueño de la cia, soy muy rápida para esas cosas.

Yo uso alianza y anillo de casada, así que me preguntó y le digo que era mejor que lo hablemos en otro lado, porque sabés a veces vos queres decir algo, lo pensas en castellano y lo decís en inglés y suena distinto y él me interpretó, que lo mío venía de onda, y le digo, agarrándole la mano, que no, que me gustaba muchísimo, y no sabés la electricidad que corrió entre nosotros en ese momento, tuvimos la misma sensación de un calor que invadía hasta el último poro de nuestra piel, no hablar de cómo se me puso la nena, ya quería fiesta.

Salimos, yo con la idea de venir para el centro, pero él al otro día tenía que volar así que fuimos a comer por ahí, pero la peor parte fue en la parada del bus, cuando le dije que en realidad estaba casada, fue como un balde de agua helada, no sabes, yo pensé que en ese momento se terminaba todo antes de empezar, yo siempre fui una mina de poner todas las cartas sobre la mesa, cosa que si quieren reprochar después, no pueden porque ya estaban avisados. Y fue ahí, cuando me empezó a hacer las preguntas de que haría yo si a él lo trasladaban de ciudad, que es lo que él podía esperar de mí, yo tratando de que se tranquilizara, le expliqué que soy una mina muy decidida, que lucho por lo que quiero y creo, que con mi marido la cosa no estaba bien y que si todo funcionaba entre ambos, no tenía que dudar que me iba con él, te parecerá una conversación un poco dura para ser la primera, pero fue así, con un montón de planteos re profundos.

Fuimos a comer, todo maravilloso, luego me invita a su habitación y le digo que no acostumbro a encamarme la primera vez que salgo con alguien, y nos fuimos a caminar, encontramos un lugarcito que se usa para picnics bastante solitario y nos pusimos a transar a lo loco, como dos adolescentes, cuando me quise dar cuenta estaba tan mojada, tan excitada y él estaba tan al palo, pero sencillamente no podíamos parar de abrazarnos, besarnos, tocarnos, en ese día no hicimos el amor, pero yo tenía un vestido, el señor me sacó las dos tetas para afuera y me las empezó a chupar de una forma que nunca me las habían chupado, no sabes, mis ojos eran como las máquinas de monedas cuando los cositos esos dan vueltas, me tocaba la nenita, o sea la concha sin pasar más allá de la bombi, y yo ni lerda ni perezosa le toqué su poronga, que ya estaba bien dura, cuando me quiero dar cuenta la saca para afuera, no sabés que flor de pija tiene el hijo de puta, ¡de lo más grande que haya visto! no le podía sacar los ojos de encima, además re gruesa y ni hablar del par de bolas que le colgaban.

Yo no perdí el tiempo y empecé a tocársela y no sabés como se estremecía en mis manos, le comencé a chupar la pija, ¡mamita que delicia! chupaba la cabeza, los huevos y él empezaba a gemir y yo más caliente, le seguí chupando la poronga y él a mí, sin tocarme adentro, solo por arriba de la bombi, ya me estoy calentando recordando todo esto, y bueno después de un rato de franeleo en el que me tuvo como loca, me hizo acabar y yo tratando de contener los gritos, yo le seguí haciendo una paja hasta que me lanzó toda su lechita. No sabés lo bien que me sentí en ese momento. Fue como en las viejas épocas de adolescente cuando te apoyaban en los paredones y toda la sangre corría a lo loco.

Luego de este viernes creo que lo volví a ver el miércoles de la semana siguiente en el cual yo ya tenía la nena que pedía a gritos una poronga, pero no la de mi marido, Ahhhh, desde el momento que lo vi a él algo cambió dentro mío, y las cosas entre mi marido y yo comenzaron a andar peor, así que desde entonces no culeamos ni nada, además era tan aburrido, siempre empezábamos en la cama, siempre él primero arriba, después me daba vuelta, y me tenía que hacer la paja mientras me culeaba para poder acabar porque sino no podía, ni hablar del tema lubricación, cero lubricación con mi marido, no me la sabe chupar, no me chupa las tetas, no me sabe culear y la mitad de las veces no puede mantener la erección, así que me tiene como una puta mal cogida, que más te puedo decir, imagínate lo aburrido, frustrante y tedioso que era.

Bueno, cuando aparece me dice a que hora terminaba y yo le digo que en que habitación estaba, me mandé a la room, me estaba esperando, charlamos como una hora de todo un poco, le eché en cara también que se fue sin despedirse, son cosas que las tenés que marcar en el momento que pasan, nunca tenés que dejar pasar mucho tiempo desde que algo malo sucede, y bueno tomamos cerveza, estábamos sentados en el sillón, pero todo empezó muy despacio, es tan suave para besar, me empezó dando piquitos, tocándome el cuello, la cintura, las piernas, estábamos vestidos los dos, y yo le tocaba la espalda, los brazos, es re peludo, me encantan los tipos así, bien musculosos y grandotes, ¡está tan fuerte nena! nos sentamos en el sillón, yo le levanté la remera, le empecé a besar los pezones, se los mordisquee un poquito baje suavemente con mi lengua hasta su ombligo, abrí delicadamente su pantalón pero sin tocar nada, empecé a besárselo por encima del bóxer, usa bóxer, eso me caliente más, a esas alturas ya estaba sacado, y eso que no estábamos en mayores, nos vamos desvistiendo de a poco, me saca la musculosa que tenía, me saca despacito el corpi mientras me besaba los brazos y las tetas, me las agarra con toda la mano, me las chupa, me las aprieta y yo con las palpitaciones a 1000 por hora, le saco la remera, nos abrazamos, y no sabés lo bien que se siente todo ese bello sobre mis tetas, esa piel tan cálida, tan hermosa y esos músculos bien macizos, ¡estoy loca!.

Me saca el pantalón, yo se lo saco a él y viste cuando empezas a tocar suavemente con las puntas de los dedos, así pasaba mi mano muy despacito por su poronga que ya se salía de la vaina, y él me tocaba la espalda, mientras me besaba… muy romántico, nos vamos a la cama y el pibe de una se me predio chupándomela, ahhhhhhhhhhhh, no sabes, me hizo ver las estrellas a las 5 de la tarde, es la forma en la que me agarra el clítoris con los labios, como me mete la lengua y sin mencionar que bien que me mete los dedos mientras hace todo eso, yo hice lo propio, mi otra posición favorita es la 69, así que lo puse encima mío, abrí bien mi boquita para acomodar su terrible pedazo y se la empiece a comer, así nos quedamos los dos re prendidos chupando.

Como a los 15 minutos nos desenganchamos, yo ya quería que me culeara así que ante mis súplicas me la mete. No te puedo explicar lo caliente que la sentía, lo que deseaba ese momento, por fin un verdadero macho me estaba penetrando después de tantos años. Pero además era re cuidadoso, yo le había dicho que mi marido había sido el único y su flácida poronga no se podía comparar a la de él (todo mentira), así que me trataba como si fuera una virgencita, un rol que me encanta. Me agarra despacio, empezamos a culear y me pone una almohada bajo la cabeza, a cada rato me preguntaba si estaba bien, y yo a él, me dice que nunca estuvo mejor en su vida, empezamos con la típica misionera, primero despacito hasta que mi chucha se amoldó a su pija, pero después paramos un ratito para tomar cerveza, yo lo sigo como perra caliente, le apoyo mi culo en las bolas, y me la mete pero por atrás, así que empezamos de parados, me agarra las tetas y me entra a sacudir con todo mientras me coge.

Al rato nos vamos al sillón, él se sienta, yo me le siento arriba dándole la espalda, pero no me gustaba así que me le subo arriba de frente, y le empiezo a dar bien fuerte, a estas alturas necesitábamos a alguien que nos apantalle, no sabés como chivábamos, entonces me hace upa, y yo me quería morir… la primera vez que soy culeada en el aire y no sabés lo profundo que me estaba penetrando, después me deposita de nuevo en la cama, me la saca pero yo me la meto de nuevo, me dice que pose prefería, y yo ni lerda ni perezosa me pongo en cuatro y le muevo el culo como una perra en celo esperando por su pija.

Ante semejante provocación me la mete de un golpe y sujetándome por las caderas me empieza a dar con todo, ¡Ahhhhhhhhah! Con cada arremetida me la enterraba bien hasta el fondo, me golpeaban sus bolas contra mi clítoris y me hacía estremecer toda del placer, ¡que manera de coger! así estuvimos culeando sin parar no se por cuánto tiempo hasta que me hizo acabar como 2 o 3 veces, pero no sabes cómo me tuvo, yo constantemente gritando y aullando de tanto éxtasis, cada vez que me la metía me sacudía todo mi cuerpo y mis tetas se bamboleaban de acá para allá, casi me parte al medio con esa flor de pija que tiene…

Luego cambiamos por adelante pero sentados con las piernas entre cruzadas, yo le aprieto la pija con mi concha y me muevo para arriba y abajo, tendrías que haber visto su cara de placer, con los ojos fijos en mi cuerpo y su boca bien abierta gimiendo. Al ratito me anuncia que está por acabar, así que le aprieto la poronga todo lo que puedo y mientras yo estaba acabando una vez más él comienza a gritar y siento como empieza a bombear toda su lechita calentita dentro de mi concha.

Nos quedamos los dos muertos del placer y la agitación, después me abraza, me empieza a besar toda, y se va al baño a humedecer una toalla para secarme y refrescarme, no me digas que no está bien, yo lo que quería era más contacto, sabes, a mi me gusta estar tirada en la cama abrazada con el tipo por un rato, y esto es otra cosa que con mi marido desde hace años que no pasa. La siguiente vez no empezó muy bien porque yo estaba re embalada y le tiré en la cara lo de las dos semanas que se fue y ni siquiera levantó el puto teléfono para decir si estaba vivo, pero bueno, vamos a la parte jugosa del asunto.

Esa tarde que llega al hotel pasa por el local y apenas lo vi no sabés como me palpitaba el corazón. Llamo al cornudo de mi marido y le digo que me iba a comer con algunas amigas que tengo ahí en el hotel, en realidad, yo siempre fui de la clase de persona que hacen más rápidos amigos y amigas que él, así que no es tan difícil creer esto. Por suerte ese día salía temprano así que ni bien terminé mi turno me mandé para su room.

Tan pronto como cerramos la puerta nos empezamos a besar muy suavemente, empezó a acariciarme las piernas, yo estaba con un trajecito con pollera bien ajustada para lucir bien provocativa, él me levantó la pollerita, me empezó a acariciar la nena, yo lo tocaba por encima de la remera, luego se la saqué, le empiezo a acariciar el pecho, las tetitas, se las empecé a besar, nos paramos y me apoyó su bulto totalmente rígido, él me sacó la remera y el corpiño, me empezó a chupar las tetas, yo le saqué el pantalón y ahí estaban los bóxer, guauauauau, le empecé a tocar el amigo por debajo de la pierna del bóxer, el cual estaba mojadito, le saqué muy despacito el bóxer y ahí estaba su poronga bien dura. Me saco la pollera y yo me di vuelta y le pasé mi culo por el bulto, no sabés como me excita eso, entonces me siento en la punta de la cama y al segundo tenía su pija apuntando a mi carita, se la empiezo a chupar toda, primero despacio, le agarré las bolas con una mano y empecé por la cabeza con la lengua y de a poco me la voy metiendo toda en mi boca.

El con sus manos me sacó el pelo de la cara y me sujetaba la cabeza por detrás, entonces tomó el control y me empezó a coger mi boquita como si fuera mi concha, primero suavemente, después aceleró el ritmo, al rato se descontroló y las embestidas eran tan fuertes que su pija pasaba por mi garganta y sus bolas y pelvis golpeaban mi cara con todo. Yo la chupaba tratando de seguirlo y el pibe gritaba del placer, jadeaba como nunca y yo re prendida succionándole el pedazo lo más que podía. Mientras yo estaba completamente mojada y a 1000 grados, después me saca la bombi, me tira en la cama y empieza a hacerme el sexo oral, guau, no sabés como me gusta.

Después yo ya la quería adentro, así que ni lerdo ni perezoso me la mete, no sabés desde ahí ya empecé a acabar, estuvimos así enganchados un largo rato jugando y gozando de nuestros cuerpos. Luego nos sentamos, él se acuesta y yo empiezo a cabalgarle, en esta pose podes hacer muchos jueguitos como ser que la sacas y la pasees todo a lo largo de tu vulva, y si estás bien lubricada no sabés que linda sensación, y también mientras me la metía me tocaba toda, toda, en especial mis tetas, el pibe miraba, me cogía, me miraba y seguía cogiendo y después me chupó los dedos, espero que no te desmayes, pero si.

Después paramos por unos minutos porque yo no daba más de tanto culear, tomamos un poco de cerveza y volvemos a la cama para seguir con nuestra culeada, Empieza chupándomela y en eso me da vuelta y me la manda de costado, ahí sí que la sentí bien hasta el fondo y con el continuo meta y saca me hizo acabar a mi primero, pero no sabés como me tuvo, cada vez que iba a acabar paraba, me la estaba metiendo de costado, o sea yo estaba de costado, con las piernas abiertas y él arrodillado enfrente mío, me agarraba la cintura y me la enterraba hasta el fondo, yo gritaba, porque soy re gritona pero igual me cuidaba un poquito porque no quería que se me asuste el pibe. Después que acabé, lo acuesto boca arriba, lo empiezo a besar todo, y voy bajando muy despacio hasta la poronga y se la empiezo a chupar.

La tenía agarrada con toda mi mano y al principio la besaba con la boca abierta, después le pasé la lengua de punta a punta, le aprieto un poco las bolas, mientras se la empiezo a chupar un poco más seguido, después sin que se lo espere me la mandé hasta el fondo, y le jugaba un poco con mi lengua y dientes, después le empiezo a hacer la paja mientras se la sigo chupando rítmicamente y le doy y le doy y le doy y el pibe empezó gritar y a estremecerse, nunca me había pasado algo así, yo pensé que le estaba haciendo doler, y no me dice que por favor no pare, que lo hiciera acabar, yo sigo y sabés que ni siquiera me puse a pensar que iba a hacer con la lechita.

Al rato la siento saliendo a chorros que llenaban toda mi boca, pensé que nunca iba a terminar de acabar. Cuando por fin terminó de lanzar toda la lechita que tenía acumulada por las dos semanas de viaje, me reincorporé y mirándolo a los ojos me la tragué todita frente a su mirada de éxtasis, es que cuando realmente está todo bien con tu pareja hay ciertas cosas que ni te las cuestionas, aunque con mi marido siempre me rehusé a tragársela. El pibe después de que lo hice aullar, seguía estremeciéndose y yo de hija de puta que soy le besaba las bolas, el pecho, el palo, todo, todo. Como no querés que quede loquito de amor por mí.

Ese día nos quedamos abrazados en la cama, todo fue bárbaro y espectacular. No sabés lo bien que me viene compartir todo esto con vos.

Muchos besos

Autora: Miriam

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Escena familiar

Uriel comenzó a bombear y en cada envión la barra de su genital, me perforaba el orto. Entraba como un macho en celo. Un cóctel de dolor y placer se apoderó de mí. Firme en mis cuatro patas, recibía los embates de mi chiquillo amante. No pude más,  perdí el control de mi deseo y mojé la alfombra con la descarga de mi esperma. Los brazos de Uriel cruzaban mi cintura, y su culito adolescente se movía hacia atrás y hacia delante, mientras su pene serruchaba los anillos de mi ano.

Desnudos en la cama comenzamos a besarnos. Uriel y yo acabábamos de tener una intensa jornada sexual. Mis manos rodeaban su cintura y las suyas acariciaban mis glúteos. Fue en el beso largo cuando la puerta se abrió de repente. La puerta estaba sin llave, se abrió de golpe, sin previo aviso. Era inútil disimular o fingir. Era tarde cubrirnos. Los dos miramos hacia la puerta y allí estaba 44…su rostro visibilizaba su confusión y desconcierto. Segundos más tarde me sentía apuñalado por la mirada furiosa de su papá, de mi amante.

44 ha sido mi amante durante los tres últimos años. He disfrutado con él toda la experiencia sexual vivida. Desde diciembre último comencé a acostarme con su hijo menor de 19 años, Uriel. Elegí lo peligroso: tener relaciones amorosas simultáneamente con el padre y con el hijo sin que ninguno de los dos supiera acerca del otro. Muchas veces quise cortar esa situación, fui débil, no lo hice y ahora este desenlace inesperado.

44 me miró lleno de furia. La rabia le brotaba de sus ojos verdes. Preguntó: “¿qué es esto?” y antes que dijésemos algo se dirigió hacia mi y con una mano me tomó del cuello y con la otra me abofeteó. Me gritaba: “¿a dónde llevaste a mi hijo? ¿Qué hiciste de él? Miserable”. Iba a golpearme de nuevo cuando Uriel se interpuso entre los dos diciéndole: “¡No papá! No fue Emmanuel el que me llevó a esto. Fui yo. Golpéame a mí si tienes que descargarte con alguien” 44 lo miró y lo empujó fuertemente del pecho haciéndole caer en la cama. El chico se incorporó de inmediato.

Su padre dio media vuelta para salir de la habitación, pero Uriel gritó: “escúchame papá… ¡no te vayas! Olvida tu trabajo por un rato y escúchame, ya que nunca tenés tiempo para mi”. 44 no quería oírlo y su hijo lo amenazó: “papá si te vas, cuando regreses, mi habitación estará vacía. Te quiero, pero esto es importante para mí”. El padre se detuvo, entonces Uriel me solicitó el celular. Hizo una llamada: “¿mamá?…no te preocupes, estamos bien, pero si puedes, vení urgente a casa, te necesito, es un grave problema familiar”. Cerró el celular.

Su padre al salir del dormitorio musitó por lo bajo: “los espero en la cocina”. Uriel se puso su bóxer y me dijo: “pasó lo que tenía que pasar. Hoy nos necesitamos más que nunca. Voy a vestirme”. Salió hacia su habitación. Me puse mis ropas, fui al baño, me lavé la cara y me peiné como pude. Llegué antes que Uriel a la cocina. 44 me miró y moviendo la cabeza la bajó nuevamente. Me preguntó “¿qué sabe él?”, le respondí: “nada”. Luego quedó en silencio y los segundos se hicieron eternos. Reinaba un clima de tensión.

Uriel apareció y nos dijo: “ya llega mamá” y dijo a su padre: “por favor, la esperemos”. Encendió la cocina y calentó agua. Ninguno de los tres decía una palabra. Pocos minutos después llegó Salomé. Miró algo asustada a su esposo y le preguntó “¿qué pasa?”. 44 dijo: “Uriel te llamó. Quiere contarte algo”. Ella buscó con su mirada a su hijo y se dispuso a escucharlo atentamente. Uriel fue directo. “mamá, papá…quiero pedirles perdón porque no fui franco con ustedes.

Mamá, mi padre acaba de sorprendernos a Emmanuel y a mí acostados en la misma cama. Bueno…yo no soy lo que ustedes quisieran que fuera. Soy gay. Desde hace poco tiempo tengo algo más que una amistad con él”. Uriel tartamudeaba al hablar y tragaba saliva a cada rato, prosiguió: “creo que no respeté esta casa y por eso les pido perdón. Hace algunos años sentía confusión por la orientación de mis gustos sexuales hasta que conocí a Emmanuel”- tartamudeó nuevamente.

Hizo un esfuerzo y continuó. “Nos queremos y llevamos adelante una relación que posiblemente los avergüence pero que ya no quiero ocultar”. Vi como 44 estaba abatido y como a Salomé le saltaban las lágrimas, entonces no pude contenerme más y me largué a llorar desconsoladamente. Un mar de lágrimas salía de mis ojos y di fuertes sollozos con la cabeza rendida sobre la mesa. Era incapaz de decir algo. No me salía una palabra. Solo atinaba a llorar con fuerza. Sentí unas suaves manos que me acariciaban los cabellos y la nuca. Pensé que era Uriel. Me equivoqué. Era Salomé.

Ella comenzó a hablar: “yo me imaginaba que algo sucedía. Uriel, hijo mío, desde hace  años que tenía esta sospecha, por eso nuestras largas conversaciones. Tus confidencias a medias. Tus conclusiones llegaban a desconcertarme. Tuve miedo de hacerte una pregunta directa. Tuve miedo de la respuesta. Hoy la tengo. No se que debo hacer, no se cómo debo proceder. Si se y estoy segura que seas quien seas sos mi hijo y que te amo. Estoy orgullosa de tu hombría de bien, de tu honestidad, de tu idealismo. Estoy orgullosa de que eres mi hijo y que mi hijo es una buena persona.

Tendrás que tener paciencia con nosotros. A ser padre se va aprendiendo con el tiempo y hoy tenemos que seguir con ese aprendizaje. Tenemos que seguir aprendiendo a ser padres de Uriel…” Salomé se quebró, sollozó y su hijo la abrazó. Luego ella me preguntó: “Emma ¿tus padres saben todo esto?”. Le respondí que nadie sabía ni lo mío, ni lo nuestro. Le conté a Salomé que sentía terror de decirle a mi familia sobre mi condición sexual. Le conté que mis padres vivían alentándome a tener novia, soñaban con el día que contrajese matrimonio y deseaban tener y malcriar a sus nietos.

Le conté que no quería decepcionarlos y que estaba seguro que la reacción de mis padres, tan conservadores, terminaría en un escándalo. Le dije que no se los iba a decir hasta que llegue el momento en que me atreviese. Salomé me respondió: “Es algo que tendrás que decidir vos y decírselo personalmente”. Hizo silencio y prosiguió: “chicos, vayan despacio, no agilicen los tiempos, estos tienen su propio ritmo. Asumir esto será difícil para ustedes, para tu padre y para mí. Sean discretos”.

Yo estaba algo consolado con las palabras y el gesto de Salomé. Entonces me atreví hablar: “También yo les pido perdón por no respetar su casa y tampoco a ustedes”. La miré a Salomé y me quebré: “perdóname. Siempre te consideré mi amiga y creo que te he traicionado. Es una de las situaciones que hoy me duele más”. Luego miré a 44 y él no me dirigía ni la palabra ni la mirada. También a él le clamé: “perdóname”.

Les dije que me retiraba a casa. Uriel quiso alcanzarme en su moto, pero le dije que prefería volver solo, en taxi. Suponía que debía hablar mucho con sus padres. Besé las mejillas de Uriel y luego las de Salomé. Cuando me dirigía a saludar a 44, alzó su brazo deteniéndome y evitando mirarme, me dijo un seco: “¡adiós!”. Me retiré, regresé a casa.

Esa tarde recibí la visita de Nicolás, el hijo mayor de 44 y Salomé. Un gran amigo. Solo quería saber como estaba. Quise hablar y explicarle, pero dijo que no era necesario, que su mamá le había contado todo. Me dijo que su amistad seguía firme. Me dijo que me veía mal, que levantara el ánimo. Antes de despedirse me dio un fuerte abrazo y se fue. Dos días pasé desconectado de ellos.

Hoy fui como todos los domingos a la misa. Un muchacho se puso al lado mío. Era Uriel. A la salida, me dijo: “te invito esta tarde a pasear. Necesitamos hablar de lo sucedido”. Convenimos la hora. A las 3 p.m. pasó a buscarme en su moto, no le pregunté a donde íbamos. Me di cuenta en el camino. Íbamos a la cabaña de su tío. La que él mantiene. El rubio iba feliz o al menos eso demostraba. Esa actitud me animó.

Llegamos a la cabaña. Salía humo por la chimenea. Entramos. No había nadie. Echó más leña en el fuego. Él me abrazó y me dice: “¿dejaste de amarme?”, y lanzó la más simpática de sus carcajadas. Uriel comenzó a besarme los labios, el cuello y mientras lo hacía me empujaba suavemente hacia la habitación. Yo le dejaba a hacer. Todo estaba dicho. Me tumbó en la cama y comenzó a sacarme las ropas. Yo estaba desnudo, me besó cada espacio de mi cuerpo. Puso su rostro pegado al mío y me dice: “Ámame”.

Entonces comencé a responder con besos y caricias, mientras él se sacaba la ropa. Desnudos, comenzamos como tantas veces en los últimos meses: a hacernos el amor. Me mordió la orejita y metía su lengua hasta en mis tímpanos. También sentía pasión cuando me mordía suavemente las mandíbulas. Me dice: “lástima que hace frío sino hacíamos el amor en el arroyo, pero esta mañana vine por aquí antes de ir a misa ¿notas caliente el ambiente?, preparé el hogar, prendí leñas…ven”.

Sacó de un costado del living una alfombra grande y pesada. Me dice “ayúdame”, y la pusimos frente al fogón. Era amplia, grande y parecía reconfortable. Allí desnudo se estiró  Uriel y me invitó: “acuéstate a mi lado, ya que hay leña en el fuego, ardamos”. Los dos estábamos desnudos tirados sobre la alfombra. El crepitar de las llamas ayudaba al clima pasional en escena. La tormenta de besos se desató. Teníamos fiebre y sabíamos como calmarla.

Uriel me puso en cuatro patas, como si fuera un perrito, y comenzó a dilatar mi agujero. Yo esperaba impaciente. Después de la convulsiva situación vivida hacía dos días, quería que me ensartara. Quería saciar mi pavura, sintiéndole dentro de mí. El, también estaba inquieto. Ponía sus dedos en mi esfínter y se agachaba a chuparme el culo. Su lengua me arrancaba los gemidos más profundos.

Su glande intentó varias veces penetrarme, pero su dueño evitaba que ingresase. Cuando quiso hacerlo, entró sin problemas. Con la cabeza de su verga adentro, Uriel comenzó a lamerme el cuello, el lomo, los hombros. Comencé a pedirle: “Quiero más, no te detengas, penétrame”. El chico no parecía escucharme, pero estaba incentivado y junto a las lamidas me daba mordidas y chupones. Hasta que con un inesperado movimiento de cadera, depositó parte de su tronco muy adentro de mi esfínter. Grité. Ya no importaba si alguien nos escuchaba.

Fue entonces cuando Uriel comenzó a bombear y en cada envión la barra de su genital, me perforaba el orto. Entraba como un macho en celo. Un cóctel de dolor y placer se apoderó de mí. Firme en mis cuatro patas, recibía los embates de mi chiquillo amante. No pude más,  perdí el control de mi deseo y mojé la alfombra con la descarga de mi esperma.

Los brazos de Uriel cruzaban mi cintura, y su culito adolescente se movía hacia atrás y hacia delante, mientras su pene serruchaba los anillos de mi ano. Iba y venía contra mi cuerpo que esperaba contener su leche.

Aulló como una vez escuché a su padre aullar. Miró hacia el techo y su semen en afiebrada estampida irrumpía en mi interior. Al unísono respiramos aliviados y al instante nos desplomamos en la alfombra. Así quedamos, yo abajo y él arriba. ¿Nos quemaba el calor de la llama de la estufa? ¿O nos quemaba la situación vivida? Sentí que había fuego para mucho tiempo.

Autor: Emmanuel

sebastianmemoria@hotmail.com

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Sexo en la Patagonia

Éramos un macho y una hembra sedientos de sexo que no medíamos ya lo que hacíamos; yo bajé un poco más y encontré una concha que ya se abría sola y fluía de ella el más rico elixir que hacía mucho tiempo no degustaba mientras sentía que vos me envainabas la pija con tu boca y comenzamos el más caliente 69.

De acuerdo a lo que habíamos convenido lograste viajar a la Patagonia sola; cosa que costó bastante trabajo porque tu esposo no quería, pero con el argumento de que debías asistir a esta reunión de trabajo  de la empresa en la que trabajabas pudiste partir para el sur.

Llegaste en una empresa de colectivos a las 21,00 horas,  yo te estaba esperando en la terminal de ómnibus.

Me reconociste en el mismo momento que pisaste suelo patagónico porque habíamos buscado una forma de reconocimiento muy clara… yo también te ubiqué en el mismo momento que apareciste en la puerta para descender, era evidente que eras esa súper hembra que mostraba su figura súper ajustada en esa mini negra que apenas te tapaba uno centímetros más allá de la tanga y esa blusa que ajustaba tus senos que parecían querer escaparse del encierro que les habías impuesto.

Estábamos en mi pequeña  ciudad; en consecuencia nos saludamos muy cordialmente con un apretón de manos y un beso en la mejilla.Te invité a subir a mi coche y de inmediato partimos.

-¿A dónde vamos? – me preguntaste. ¿Cómo hiciste con tu esposa? ¿No sospecha nada?-No te preocupes –  te respondí – En este momento estoy partiendo para un ciudad que está a setecientos km de acá para participar de un congreso.

-¡Noooooo! – Dijiste – ¿todavía tengo que seguir viajando? ¡Estoy cansada!-Es que no vamos a seguir viajando amor – te respondí,  mientras apoyaba mi mano en tus piernas (lucías esa hermosa mini que realzaba tu figura) – nuestro destino está a sólo unos treinta  km de aquí.  El motivo de mi desaparición de casa por dos largos días es un congreso que se realiza allí y al que asisto con un compañero de trabajo. Está todo armado así y no creo surjan inconvenientes. -Ahora te invito a partir para una cabaña que he reservado en el Parque Nacional… ¿Aceptas la invitación mi amor? – te digo mientras corro suavemente mi mano por tu pierna.

-¡Claro que acepto! – me respondes – para eso hice este tremendo viaje mi amor. Creí que era verdad lo del viaje de setecientos km. ¡Que susto!

Fue tan entretenida nuestra charla mientras viajábamos que nos pareció un instante y ya nos estábamos instalando en la cabaña en medio del bosque. Eran las 22,00 hs y aún la noche estaba lejos de llegar, por lo que admiraste un momento el hermoso paisaje que nos rodeaba. Estaba todo previsto. En la heladera encontrarías todo lo necesario para vivir dos días en medio de este hermoso paisaje. Te ayudé a bajar tus efectos personales, te hice conocer cada rincón de “nuestra cabaña”… al frente teníamos un hermoso lago… hacia el fondo el bosque invitaba a las más locas aventuras…

-Tené cuidado con el lobo feroz – te comenté.-¡Ojalá me atrapara ya el lobo feroz! – me respondiste. -Estoy yo para defenderte mi amor – te dije – ¡No le permitiría que te tocara!

Reímos y nos dirigimos a la sala.

-Tomamos una copa – te invité.-Si mi amor – me respondiste.

Nos sentamos en un mullido sillón cada uno con su copa en la mano e hicimos un brindis por el encuentro.

Brindis completo; junto al chin-chin de las copas nuestros labios se unieron en un larguísimo beso… Nuestras manos comenzaron a recorrer los cuerpos… Recorrimos lentamente cada rinconcito, cada curva, como queriendo no dejar detalle sin descubrir en cada milímetro. Tu ajustada blusa desapareció rápidamente  y quedaste solo con el corpiño que parecía querer apresar esos hermosos y  turgentes montes que parecían tus  senos que pujaban por escaparse. ¡Qué hermoso par de tetas! Mientras vos no perdías el tiempo y me quitabas la camisa con una habilidad que demostraba que no era la primera vez que realizabas esta tarea.

Sin desprenderlo, te levanté el topcito y me “prendí” a esos pezones que ya estaban duros como acero y parados cuan largos eran y te los chupé largamente… por momentos te chupaba los pezones… luego recorría con mis labios todas tus tetas, sintiendo como te estremecías y gemías denunciando tu calentura cada vez mayor.

-Amor, démonos una ducha… ¿sí?- te invité.

Así los hicimos por turno.

-¡Prepárate para todo! – te comenté cuando estabas en la ducha.-Siiiiii – me respondiste.-Allí encontrarás todo lo necesario.-Ya lo vi – me respondió – veo que no olvidaste ningún detalle.-Por supuesto – le dije – quiero que esta noche no tengamos ningún imprevisto. Encontrarás allí todo lo necesario para prepararte para una noche de sexo total, mi amor. Hacelo sin apuros que yo esperoooo.

Fueron largos veinte a treinta minutos… apareciste hecha una diosa… nos abrazamos en la misma puerta del baño y comenzó una acelerada sesión de caricias y besos, en un instante la poca ropa que nos cubría había desaparecido. Como el sillón lo permitía nos acostamos en el, pero cada uno en posición invertida a la del otro y comenzamos una mutua tarea de recorrer toda la parte del cuerpo ya desnuda besando y chupando cada milímetro…

Me prendí de tu clítoris mientras vos te metías mis huevos juntos a la boca… ¡Que hermosa sensación! No sé cuantos minutos transcurrieron; lo que si era verdad que ya nuestra mutua calentura alcanzaba ribetes nunca imaginados… éramos un macho y una hembra sedientos de sexo que no medíamos ya lo que hacíamos; yo bajé un poco más y encontré una concha que ya se abría sola y fluía de ella el más rico elixir que hacía mucho tiempo no degustaba mientras sentía que vos me envainabas la pija con tu boca y comenzamos el más caliente 69…

Mi lengua me parecía corta adentro de tu concha mientras empujaba mi pija adentro de tu boca hasta tocarte la garganta produciéndote al principio un par de arcadas, luego te habituaste por lo que insistí en empujar la pija y sentí que la cabeza pasaba más allá de tu garganta. ¿Cuánto tiempo estuvimos en esta tarea? Creo que mucho más de media hora. La noche ya había llegado por lo que, antes de continuar cerramos las cortinas que estaban abiertas para evitar la mirada de algún ocasional caminante.

Te tomé en brazos y nos dirigimos al dormitorio donde nos esperaba una enorme cama en la que te deposité de espaldas en el borde… Tendida así, abrí tus piernas… Me metí entre ellas y afirmé la cabeza de mi pija en tu concha… Jugué allí recorriendo desde el clítoris hasta el culo que eran un mar… habías perdido tanto líquido que caían gotas sobre la sábana, y con este juego pareció acelerarse esa hermosa catarata mojándome la pija que también goteaba sin parar.

Estabas tan lubricada que bastó solo una pequeña intención para sentir como entraban mis 21 centímetros adentro tuyo y mis huevos se afirmaban en tu culo. Cogimos largamente en esta posición… Luego puse tus pies sobre mis hombros y me pareció que la pija llegaba hasta tu diafragma… me sentía tan adentro tuyo que te comenté:

-Amor, me quedaría toda la noche adentro tuyo.-Y yo te tendría toda la noche adentro de mí, mi macho querido – me contestaste.-¡Sos una yegua caliente! – te grité.-¡Y vos un macho pijudo! Me respondiste – ¡Cógemeeeee, cógeemeeee! Gritabas.

-¡Siiiiiiiiii mi yegua puta reputa, te gritaba! – mientras seguíamos en un violento entre y saca que sacudía toda la cama que crujía como si se fuera a romper.-Espera – me dijiste y sacando velozmente la pija de adentro tuyo te diste vuelta y te pusiste en cuatro-¡ahora soy tu perrita! – Me dijiste – ¡clávame asíiiiii!-¡Y yo soy tu perro caliente que te va a coger hasta abotonarse!

Sin dudarlo te ensarté de un solo envión haciéndote quejar del golpe que di contra tu culo. En esta posición seguimos la tarea, mientras comencé a frotarte el culo con un dedo que primero lubricaba en tu argolla que parecía un mar. Sentí que tu culo comenzaba a responder abriéndose por lo que aproveché para agregar un dedo más y luego otro que entraron totalmente.

-¡Amooorrr! – Gritaste – ¡Dámela por el culoooooo! ¡Quiero que me culees! – ¡Siiii mi vida! – te respondí mientras sacaba la pija de tu argolla y sin esperar un instante y de un sólo envión te la ensarté toda hasta sentir mis huevos afirmados en tu concha. –  ¡Ahhhhhh! –Gritabas – ¡Que hermoso naboooo! ¡Me llega hasta el estómago mi amor!- ¡Si amor, te la metí toda! – te contesté.

Y entonces comenzamos una serruchada que hacía crujir la cama que yo creo se escuchaba a un kilómetro. Tus gritos se mezclaban con los míos y llenaban el silencio de la noche mezclándose con el murmullo del agua del lago y el sonido de la suave brisa en los árboles. En ese entre y saca algunas veces te sacaba totalmente la pija del culo y te la ensartaba en la concha, volviendo luego al culo… esto te enloquecía porque aullabas como una verdadera perra.

Te pedí que te dieras vuelta y poniendo tus dos piernas en mis hombros tuve a mi disposición tus dos agujeros que comencé a atacar sin piedad ensartándote la pija hasta los huevos en cada uno de ellos… vos ya habías tenido como cinco o seis orgasmos cuando sentí que acababa… Te lo dije y aceleramos  nuestros movimientos hasta que, cuando sentí que acababa te saqué la pija del culo y acabé llenándote de leche las tetas y la cara.

Quedamos un largo rato tendidos en la cama, era ya la una de la mañana. Te invité a ducharnos juntos. Lo hicimos y luego cenamos y charlamos un largo rato. En seguida nos acostamos y, como si recién nos hubiéramos encontrados, nos echamos un tranquilo polvo y nos dormimos abrazados.

Cuando nos despertamos era día total, un sol hermoso nos ofrecía un paisaje verdaderamente sensacional… Miramos la hora… eran las dos de la tarde…

Continuará…

Autor: Mario

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