Fresa y Plátano 2. Didine.

Hoy nuestra protagonista se había levantado de una manera que normalmente no se había levantado desde hacia mucho tiempo o nunca.

Había tenido el maravilloso y placentero “mañanero” conocido por muchas personas, pero practicado pocas veces en su vida. Soñado por muchas mujeres en el mundo, pero realizado pocas veces en su vida. Normalmente se suele hacer mucho cuando la pareja se esta conociendo, pero con el tiempo de estar juntos, los años, las preocupaciones y el consabido estrés en pareja, pues esos detalles se van perdiendo. Pero hoy era diferente. También era diferente por circunstancias de la vida,  Didine tenia nueva pareja. Si, esas cosas pasan

La nueva pareja de Didine no es que fuera más joven y por eso que le diera su merecido sexualmente hablando, no. Incluso era un poco más mayor que ella. ¿Era a lo mejor, el que llevaban poco tiempo conociéndose y acostándose? No, llevaban ya sus buenos meses siendo una pareja. ¿Seria que desde el primer día se lo estaba haciendo lo del “mañanero”? No, como todas las parejas, cuando se empiezan, tiene ardores sexuales y prueban distintas posiciones y posturas. Debian de conocer el cuerpo de la otra persona para saber hasta donde se puede llegar. Entonces, ¿Cual era el motivo por el que su chico en esos momentos, le había despertado con un “mañanero” tan bueno y especial? Pongámonos en situación.

La pareja actual de Didine es Raymonde, un hombre que no es que no fuera un adonis, porque físicamente era como todos los hombres, normal. Pero tenia una cosa que pocos tenían, o no siempre lo demuestran, y es un apetito sexual desbordado. ¿Desbordado? ¿ Por qué? Bueno, Raymonde como todo hombre que le gusta el cuerpo femenino, pues hace sus cositas a su chica, experimenta, para que ella este digamos ¿qué felizmente bien follada? Bueno, como todo hombre que desea, ama y quiere a su chica, se esmera.

Pero hoy, aparte de haber tenido una noche normalita, sus buenos polvitos entre la pareja, que no vamos a detallar porque no somos cotillas y queremos preservar la intimidad de cada pareja de esta historia o cada protagonista, indico que se levanto casi amaneciendo para esas cosas que hacemos los humanos a cierta edad, si, ya sabéis, esas cosas fisiológicas llamadas “sentarse en la taza del váter y lo demás”. Y claro, tenia hambre, y se fue a la cocina a ver que podría hacer, para poder sorprender a su chica con un buen desayuno.  Abrió la nevera y vio lo típico, leche, fiambre y comida, pero no estaba pensando en un desayuno potente, sino algo morboso. Algo que hacia tiempo no lo hubiera tenido ella en su vida.

Miro en el frutero, y vio algo suculento, como unos plátanos y unas fresas, y si, las fresas estaban fuera, ya que el día de antes, se les había pasado meterlas en la nevera, pero también vino bien que pasaran la noche fuera del frigorífico, porque así se pusieron más dulces.

Cogió tres plátanos, ya que eran dos personas, y como eran canarios, pues ya sabemos el tamaño que tienen. Y miro las fresas. Si, las fresas. ¿Qué se os puede pasar por la imaginación para sorprender al cuerpo de una mujer y encima con las fresas? Valeeeee, muchas cosas, pero Raymonde lo que pensó fue lo siguiente:

“Si sorprendo a mi chica con un masaje de plátanos y fresas en su cuerpo, aparte de matarme por todo lo que pueda manchar, pero eso sera luego, pensara que estoy loco por hacer esas cosas. Genial. Estoy loco por ella, así que hoy va a despertarse con un sabor mezclado de mí, de Fresas y Plátanos”.

Y lo hizo. Fin.

Jajajaja, nooooo, no voy  a ser tan malo de no contarlo, que podría, pero no seria bueno para mi prestigio de contador de historias subidas de tono para mujeres. Esto es lo que hizo Raymonde.

Cogió una bandeja, en la que puso un platito pequeño con 3 plátanos pelados y quitadas todas las hebras que tiene. También puso tres fresas para él y tres para ella, lavadas y sin esa parte de arriba llamada pétalos verdes. Y cogió unas servilletas, por si hacia falta. Se fue al dormitorio a oscuras en donde estaba su amada, tumbada boca abajo y toda estirada y medio abierta de piernas, vamos, durmiendo de lujo como ella solía dormir al lado de su chico. Levantó un poco la persiana para que entrara un poco de luz.

Nuestro protagonista, cogió con una mano, una fresa, y empezó ha dibujar en la espalda de su chica, suavemente un dibujo relajante pero a la vez para estimular sus sentidos, mientras ella estaba durmiendo. Mientras él, con otra mano, iba acariciando los glúteos de ella, para así ir estimulando más el cuerpo de ella. Cuando la fresa llego al principio de su culito,  dejo la fresa dentro de los cachetes, para que no se cayera, porque ahí empezaba el juego morboso de  Didine Y Raymonde.

Mientras con la misma mano que estaba antes jugando con la fresa, cogió del plato un plátano, y con su otra mano, abrió los cachetes del culito de ella, y posando el plátano, lo dejo entre medias, para que ella, notara en esa parte de su cuerpo, el frío de dicha fruta.

Al notarlo, ella movió su culito, pero entonces él fue directo a la boca de ella, y besándola, le metió una fresa y un trozo de plátano que tenia en su boca, ya que sabia que esa mezcla le gustaría si se la daba en un beso, y tras darle ese manjar mezclado con la saliva de él, en la boca de ella, le dijo que no se moviera, que solo experimentara las sensaciones que recibiría.

Didine estaba todavía dormida, pero hizo caso a la voz de su amado, por lo que siguió igual. Pero ella ya tenia algo en su cuevecita que empezaba a mojarse, de nuevo, después de una noche que no había estado en ningún momento seco, esa zona.

Raymonde tras comprobar que tanto la fresa pegada ahora en la entrada y el plátano tapando la entrada de su culito, no se caerían, con los cachetes del culo de ella, la giro y abriendole las piernas, le toco con sus dedos sus labios, por lo que notó que estaban empezando a mojarse por dentro.  Acto seguido, cogió una fresa y se la puso entre los labios de ella. Y con un plátano metido en la boca de él, empezó a darle un másaje entre su botoncito y parte de los cachetes de su culito, lo que estaba cerrado. Ella empezó a gemir, le gustaba lo que le estaba haciendo, por lo que él siguió.

Raymonde, ya estaba más que empalmado, estaba con ganas de darle a ella su ración de plátano de carne, pero quiso ser más perverso, quiso que ella se lo pidiera, como muchas veces había conseguido, por lo que en este momento, cogió el siguiente plátano que estaba sin empezar, y abriendo los labios de ella, fue introduciéndoselo, por lo que casi se lo metió entero en su cuevecita, a lo que ella gimió de placer, ya que le estaba metiendo dentro de ella algo que era más frío que lo que él siempre le metía. Pero además le gustaba esa sensación, por lo que dio varios gemidos, y abrió los ojos, viendo a su amado, hurgando con Fresas y Plátanos entre sus piernas. Lo miro y le dijo:

– ¿Qué haces amor mio?

A lo que Raymonde no le contesto, y siguió con lo que estaba haciendo. Como teníamos un plátano medio empezado, se lo puso en su boca, y le dio un masaje en su botoncito. Ella no paraba de gemir, le estaba gustando, por lo que le pedía que siguiera, que le diera más placer y que le metiera lo que quisiera, que estaba a punto de correrse.  Esto a Raymonde le puso más excitado, y entonces hizo lo que nunca había pensado, que fue, meterle dos fresas dentro de su cuevecita, más el plátano que había dentro, y con el resto de fresas, se las puso en sus manos, y aplastándolas contra las tetas de ella, empezó a darle un masaje en ellas.

Didine estaba ya que se agarraba a cualquier sitio de la cama, a las sabanas y a la almohada, por lo que estaba a punto de romper en un éxtasis demencial, pero quería más, por lo que mirándolo a los ojos de él, le dijo:

– Metemelaaaaaaaaaaaaa, méteme la tuya, dentro, quiero sentirla y luego comértela con lo que me has metido. Hazlo yaaaaaaaaaaa que me corroooooooooooooooo.

Y como buen amante, Raymonde le hizo caso. Metió su más que dura y erguida pieza de plátano humano, y empezaron a darse movimientos bestiales, por lo que cada vez que él salia de ella, sacaba un jugo mezclado de las fresas que tenia dentro, del plátano que estaba completamente dentro, de los jugos de ella. La mezcla de texturas dentro de la cuevecita de ella, más la excitación del momento, hizo que él acelerará las embestidas, por lo que ella, ya desinhibida completamente por el placer que le estaba produciendo su chico, llego a hincarle las uñas en la espalda, y gritando como nunca lo había hecho, se corrió, mientras que su amante en ese momento, le decía que estaba a punto de llenarla, pero ella quería ese sabor en su boca, por lo que le dijo que se lo hiciera en su boca.

Cuando sacó su plátano de carne de la cuevecita de ella, la mezcla era de collage culinario, ya que tenia trozos de fresas, mezcladas con el plátano más la corrida de ella, y todo eso se lo llevo a la boca de ella, en donde ella chupo, mamó y saboreo todo, aparte de hacerle con su boca una maravillosa mamada,, y así le lleno la boca con los cuatros sabores del placer. Fresa, Plátano, ella y él. La combinación perfecta.

Una vez que acabaron, Raymonde le dijo que ella había tenido un desayuno especial, pero él todavía no había desayunado, por lo que le obligo a darle lo que ella tenia dentro, es decir. Se puso encima de la cabeza de él, y con las piernas abiertas puso su cuevecita encima de la boca de su chico. Apretó sus músculos de su cuevecita, y empezó a salir ese maravilloso jugo de la cuevecita de su chica.

Cuando acabo de desayunar, le relamió toda la cuevecita, y se abrazaron y se quedaron un ratito dormidos. Ella se despertó, y felizmente, tuvo su mañanero.

Así Didine tuvo uno de los mejores despertares que nunca soñó. Eso si, nada más levantarse se ducharon juntos, y se hicieron un buen lavado interior, hasta que no quedo nada dentro, porque todavía salia un juguillo de la cuevecita de ella, con un sabor dulce a plátano y fresas, jejejeje, pero esto es así, siempre pasa cuando se juega con estas frutas o con cualquier otra.

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Fresa y Plátano 1. Jeanne-rose.

Acababa de salir del centro comercial, en el cual estaba para la tarea semanal tan bonita de hacer la compra, o dicho de otra manera, surtir su casa de alimentación para el resto de la semana, tanto para ella como para los que vivían con ella. Y tenia el coche bastante lleno.

Si, a veces no es que compremos demasiada comida y alimentos, sino que la gente consume mucho o como podremos ver, nos gusta comer mucho.

Jeanne-rose estaba saliendo del parking del centro comercia,, pensando en si había comprado todo lo necesario para la semana, pero también sabia que si metía la tarjeta de cartón en la maquina, para que se levantara esa mini barrera que hay en la salida de los parking de dichos centros comerciales de alimentación y tiendas de ropa, no podría volver a entrar, hasta esperar una bonita y corta cola de vehículos parados para entrar de más de 50. Si, es que era fin de semana, y en la ciudad en la que ella se encontraba, por muy pequeña que fuera, todo el mundo había tenido la misma idea que ella, de ir a comprar a la misma hora. Casualidades de la vida, suele pasar. Todos nos ponemos de acuerdo en ir a la misma hora, sin conocernos de nada, y sin esperar a que los astros se junten para tener la idea original de ir a esa hora.

Mientras ella estaba a punto de meter dicha tarjetita tan bonita como robusta, más bien parecía un trozo de papel, que de cartulina fina, pensó que no había comprado lo que a ella más le gusta, ya que se acordaba de un relato que leyó una vez, en el cual dos de sus frutas favoritas, se hacían realidad en su mente, y hoy estaba como decirlo, estaba como están las mujeres que necesitan una alegría para su cuerpo, estaba perraca solo de recordar ese relato, y hoy tenia tiempo para hacerlo. ¿Lo haría o simplemente se dedicaría como siempre ha hacer las labores comunes de una mujer adulta?. Pero claro, también tenia detrás de ella como unos 7 coches, por lo tanto, si o si, tendría que seguir hacia delante, porque no podría echar marcha atrás.

Se le puso una cara de fastidio, porque ella hoy quería tener ese momento que toda mujer necesita tener. Disfrutar de su postre favorito y de su momento que le conllevaría a un placer que pocas horas del día le dejarían, pero claro, no lo había comprado, por tanto, no podría hacerlo. Pero pensó que llegando a su casa, había una tienda pequeñita, en la cual la fruta, aunque no fuera del día, estaba buena, y bueno, para un apaño serviría siempre, así que, en cuanto la mini barrera empezó a levantarse con movimientos de arriba y abajo, como que no quería subir, ella metió la primera marcha y empezó a sacar su coche de aquel maravilloso parking que era el del centro comercial.

Dudo incluso de si seguir y quedarse sin antena de radio, porque la barrera aunque estaba casi en ángulo de 90 grados, seguía temblando. Le recordó ese tembleque a cuando tuvo un novio o amante, da igual  que cuando acababa con ella en el acto sexual, le temblaba de la misma manera su herramienta, y caía de la misma manera. Ese recuerdo, le hizo tener una sonrisa y medio carcajada. Que buenas risas le había proporcionado aquel amante, aunque también es verdad, el chico se esforzaba porque ella se quedara contenta, total, era lo que tenia más cerca en aquella época.

Tras unos 20 minutos conduciendo y recordando los buenos momentos que tuvo con aquel hombre, pues digamos que ella sin quererlo, se había excitado, y claro, le faltaba todavía comprar lo que ella llamaba “Mi fruta de calentamiento”, y estaba justo aparcada enfrente de la tienda al lado de su casa, por lo qué cogiendo la palanca de freno de mano de su coche, tiro de ella hacia arriba, y dejo el coche completamente quito. Paro el motor. Cogió de su bolso su cartera, y se salio, abriendo la puerta de su coche, para ir a la tienda, casi veloz, por no decir de otra manera la salida de su coche. Llego a la tienda, y no había nadie, nada más que el vendedor. Le dio las buenas tardes, y le dijo que necesita 3 piezas de la fruta que necesitaba, por tanto, el vendedor se las puso en dos bolsas diferentes, lo normal en distintos tipos de fruta, ya que  Jeanne-rose había comprado Fresas y Plátanos.

Pero le indico al vendedor que necesitaba que los Plátanos estuvieran algo verdes, ya que para su receta culinaria, no podrían estar maduros. Realmente no era por eso. Seamos sinceros, ella los necesitaba que estuvieran lo más verdes posibles. Todas sabemos que un plátano verde ante uno maduro, no se rompe tan fácilmente, mientras se maneja, pero no era cuestión de decirle al vendedor:

– Necesito unos plátanos lo suficientemente duros para que cuando me los meta, no se rompan- Pensó ella casi en voz alta, pero no salio nada de su boca, en este momento, aunque no le hubiera importado que uno de los plátanos de la tienda, fuera del vendedor, total, ya estaba muy necesitada desde hacia semanas, así que, mejor uno de carne que uno de fruta. Pero el vendedor o frutero, era del barrio, y aunque estaba divorciado, era del barrio. Se conocían de mucho tiempo. Bien es verdad, que ella ya había tenido sueños muy mojados con él, pero claro, no es lo mismo en sus sueños, que la ponía mirando para la mezquita que en la realidad, que la pondría mirando para las estrellas. Eso es lo que pensó ella, pero se freno de insinuarse. Por hoy, claro.

Pero ella tan desesperada no estaba. ¿O si? Nooooooo. Mira que sois mal pensadas, que las mujeres hoy en día, tienen sus deditos, sus juguetes y sus cosas para darse placer, así que, no penséis mal, que os veo. Sigamos.

Jeanne-rose esta tarde estaba al menos unas cuatro horitas solita, para ella sola. La gente que vivía en su casa, estaban fuera, y al fin, ella sola. En su casa. En su cama. En su pensamiento.

Llego a casa, coloco todo lo que había comprado, en los distintos armarios, nevera para los productos que necesitaban mantenerse en frío, y al fin llego a su bolsa ultima, la bolsa de la tienda de abajo, de su frutero. La bolsa que posiblemente le daría el placer que nadie, en varios meses le había dado. La bolsa de su pecado. La bolsa de su placer. La bolsa ….. Si, la bolsa de las Fresa y Plátanos. Lo sé y sabemos.

Cogió uno de los plátanos. Lo acaricio, y le dijo en voz baja:

– Hoy, tú y yo, nos vamos a dar gustito, que tal si empezamos en la ducha, que vengo sudada, y sabes lo que me pone estar contigo en la ducha.

Valeeeeeeee, me he pasado. ¿Cómo una mujer de hoy en día, le estaba hablando a un plátano? Bueno, y ¿por qué no? Cada persona habla con quien quiere y de lo que quiera. Ella solo se estaba mentalizando de la maravillosa maniobra debajo del agua, que su nuevo amiguito le iba a proporcionar, por tanto, ¿qué mejor que hacerlo en ese mismo momento?

Jeanne-rose se fue directamente al baño, dejo la puerta abierta, así , si alguno de los que no tendrían que entrar, pudieran venir, y pillarla a ella en plena faena, aunque no seria así, nunca se habían dado prisa en entrar en el casa, así que, ella, quitándose los pantalones, la camisa, el sujetador y las braguitas, y girando el grifo del agua, empezó a tomar la temperatura para su ducha. Y de vez en cuando miraba al plátano, que parecía que estaba feliz, con su nueva amiguita.

Los plátanos no tiene cara, ni sonrisa, pero en la imaginación de una mujer caliente, salida, súper excitada y completamente necesitada de un señor orgasmo o varios, que suelen necesitar más de uno para quedarse a gusto, tienen miles de caras y sonrisas.

Toco con sus dedos, el chorro de agua que salia de la alcachofa de la ducha, para así, saber como estaba el agua de calentita, no ardiendo claro, pero si pasando de tibia a medio calentita. Se miro en el espejo de su baño, y diciéndose a si misma, pronuncio sus palabras mágicas:

– Ahora me voy a dar el homenaje que necesito.

Y levanto un pie del suelo, para entrar dentro de la bañera, que estaba llena  hasta la mitad, con un agua calentita. Paso su otro pie que estaba en el suelo dentro de la bañera, y a continuación, se sentó de cuclillas dentro, para así, poder coger su amigo plátano, que ya estaba más frío que el agua de dentro. Lo mojo para que estuviera impregnado de dicho agua, mientras le iba quitando la piel. Ella era de las que necesitaba pelar bien un plátano, para tragárselo, y ¿por qué no lo iba a hacer de la misma forma, aunque no entrara en su boca, sino en su cuevecita que iba a darle más placer?

Cuando empezó a darse caricias con el plátano pelado, sobre sus pezones, digamos que se le escaparon unos pequeños ruidos de su boca. Le estaba gustando la caricia que le producía esa fruta, y notaba que estaba muy dura. Como a ella siempre le han gustado las cosas sexuales, duras y más que duras, pero a la vez, suaves y enérgicas.

Como estaba sentada en la bañera, y con las piernas cerradas, se echo para atrás para poder ponerse en una postura más cómoda, ya que tenia que hacer uno de los ejercicios más difíciles del mundo, meterse algo por su cuevecita, o dicho de otro modo, darse un placer que solo ella podría dárselo, con su mano, su cuerpo, su imaginación y su recién amigo sexual.

Recordó que cuando leyó ese relato, el autor explicaba como debería de ir introduciéndoselo y claro, ella lo hizo como lo había imaginado. Poniendo en la entrada, separando los labios con los dedos de una mano, y metiendo suavemente la punta, o el extremo del plátano, por lo que ella empezó a sentir dentro de sus labios, algo un poco más frío, pero que entraba perfectamente, y sus paredes iban abriéndose a ese nuevo extraño que estaba explorando a oscuras la nueva cueva.

Cuando metió casi la mitad, abrió los ojos, y vio que si, había conseguido tener un plátano de verdad, dentro de ella, y por un momento pensó que cual seria el placer que le podría producir, pero ni hizo falta pensar mucho, ya que sus paredes empezaron a contraerse, motivado por la sensación de frío dentro, de suave y tierno movimiento, ajeno a lo que hacia ya tiempo que no se metía ella, y además, con el consabido que ella estaba produciéndose un nuevo placer, el placer que había leído en numerosas paginas de libros, y revistas, sobre el placer de masturbarse con un plátano, como fruta, por lo que ella solita empezó a masturbarse. A acariciarse su botoncito, mientras con otra mano se acariciaba sus senos, sus pezones, e incluso se acercaba uno de los pezones a su boca, para poderse estimular mejor ella.

En un momento, dejo de sentir ese nuevo amigo dentro de ella, y claro, cuando abrió los ojos lo vio flotando, casi separándose de ella, por lo que le dijo con voz suave y casi audible:

– ¿Donde vas amor, que hoy no me has acabado todavía y tienes que regalarme un señor orgasmo?, así que, para adentro, juguetón que eres.

Y con la mano que tenia en sus pezones, lo cogió y volvió a metérselo, solo que está vez, al sentir como entraba de nuevo, lo utilizo como consolador submarino y empezó a darse placer, mientras su otra mano empezaba a masajearse su botoncito más rápido, hasta llegar a un punto en que sus músculos empezaron a agarrotarse, a dar convulsiones y sin quererlo, pero deseándolo, acelero el movimiento de su mano con su amigo y cuando de su boca salio un grito,  su cuerpo para de convulsionarse, pero su amiguito seguía dentro de ella, por lo que sin pensarlo, se lo saco de su cuevecita, y se lo llevo a su boca.

La mezcla de el sabor de dicha fruta, con su orgasmo, la dejo uno de los mejores placeres que nunca había tenido.

¿Y que pasa cuando una mujer que acaba de tener un orgasmo, con una fruta, y que está aún más caliente que cuando empezó, y que sabe que hay más de esas frutas, y que tiene además cerca de donde están los amigos de su nuevo y afrodisiaco juguete sexual natural, pueden hacerle lo que nadie ni ningún hombre ha sido capaz de hacerle, pero que ella necesita experimentar lo que una vez leyó? Pues muy fácil, que ella, toda caliente, toda excitada, salio de la bañera. Se secó rápidamente del agua que tenia por el cuerpo, para no mojar mucho el suelo hasta su cama. Pero fue totalmente desnuda a la cocina, para coger a sus dos amigos plátanos y a sus tres amigas fresas, o fresones, por el tamaño tan grande que tenían. De paso, por el baño, cogió una de las toallas oscuras que tenia, una negra y otra azul marino. Las extendió encima de la cama, juntas, y se puso boca arriba pero tumbada, y con sus piernas abiertas, y pelo cada fruta, quitándole la piel.

Miro a su amiguito y se lo metió en su boca, haciendo una mamada a dicha fruta que nadie podría entender como una fruta puede dar tanto placer después de haber estado dentro de ella.

Cogió los fresones, y recordó que el autor había explicado como metérselo dentro de su culito, para así poder hacerse un batido rico de fresa y plátano. Y así lo hizo ella. Se relajo. Se dio un pequeño pero suave masaje con dos dedos en su esfínter. Lo relajo y cuando ya le entraban tres dedos, empezó a meter una de las fresas, pero noto que el jugo de dicha fruta, empezaba a lubricar su esfínter, por lo que en ese momento, cogió uno de los plátanos y se lo metió dentro, eso si, recordó que en ningún momento debería de apretar con los músculos anales, ya que se quedaría la parte que hubiera entrado dentro, y solo podría sacárselo con una lavativa y ahora no tenia ganas de jugar a sacarse restos de su ano. Ahora necesitaba darse placer, por lo que continuo con uno de los fresones, entrando dentro de su cuevecita, que ya estaba más que excitada y relajada.

Recordó que también el autor, indicaba que cuando estuviera dentro el fresón en su cuevecita, debería de meterse uno de los plátanos, para así, volver a meter otro fresón, y con esa mezcla solo darse placer con los otras piezas por los labios y botoncito que serian los causantes de dicho orgasmo.

Ella entro en situación, tanto que el placer que empezaba a experimentar, le guío a un segundo orgasmo, sin apenas haberse estimulado, por lo que siguió adelante, hasta conseguir que el plátano que estaba dentro de su ano junto con el fresón, salieran solos y sin romperse dentro. Consiguió que el fresón ultimo que había entrado en su cuevecita, saliera solo, empujado por el plátano que tenia dentro. Y con su ultimo orgasmo, consiguió que su cuevecita expulsara sin apenas haberse roto nada, el primer fresón. Pero claro, aquí hemos contado tres fresones dentro de el cuerpo de ella, y entonces ¿con qué se estimulo ella sus labios para tener ese orgasmo encadenado, si estaban los tres dentro? Bueno, los fresones estaban dentro, pero siempre estuvo fuera el primer plátano, el amiguito que le había dado el primer orgasmo en la bañera, y que ella solita lo había utilizado contra sus labios, contra sus pezones, y el resto, como todas vosotras, utilizó la imaginación.

Desde entonces Jeanne-rose no volvería a ver dichas frutas de la misma manera, eso si, os indico que ella, nada más acabar de darse placer, se tomo sus juguetitos naturales, mezclados con sus jugos de corrida, todos, entraron o se bañaron en su corrida, y ella misma se los comió. Estaba agotada de tanto placer y necesitaba reponer fuerzas. Que ante todo, el autor de estos relatos siempre mira por la alimentación que os podéis tomar, que no os dejare sin recibir alimento, aunque sean lácteos que no son lácteos.

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Entre Sueños

Entre Sueños
¿Mi nombre?
No tiene relevancia alguna.
¿Mi familia?
Solo un antiguo recuerdo de mi juventud dejada atrás hace bastante.
¿Mi vida?
Era solo una mujer; una mujer que había sufrido pérdidas profundas pero se había recuperado casi al instante apegando por completo a mi lema personal “Solo mira hacia el futuro” y con él había sobrevivido pero ¿a qué costo?
Estaba por cumplir pronto 30 años de los cuales los últimos dos y contando había estado completamente sola; mi vida era mi trabajo y solo en el me centraba lo suficiente para ser la mejor en mi ramo que era de los más competitivos, algo que iba perfectamente conmigo considerando mi terquedad y necesidad de sobresaltar. Había estado sola tanto tiempo por esa razón aunque realmente cuando me miraba cada mañana en el espejo me convencía de que solo era mala suerte porque de fea no tenía nada; era de rostro de facciones delicadas y elegantes combinado con un cabello rubio inmaculado que se ondeaba levemente después de mojarse, mi cuerpo eran de medidas normales con una cadera que se pronunciaba deliberadamente con mis faldas para el trabajo combinado con mis tacones que me daban los pocos centímetros que me faltaban para ser perfecta pero al parecer no era lo suficiente para ningún hombre, el sexo masculino parecía tenerme miedo y según los rumores estúpidos de la oficina yo era lo que todo mundo llamaba “Una come hombres” aunque jamás he entendido porque el apodo pero qué más da.
Mis ojos miel dejaron de observar mi figura y miraron el reloj que descansaba junto a mi cama gritándome que era hora de partir o mancharía mi impecable curriculum y eso sí que no lo podía permitir; me puse mi saco negro que hizo un perfecto contraste con la blusa blanca que traía puesta y metí celular, llaves y una manzana en mi bolso de mano para luego tomar mi maletín que descansaba sobre el sofá de la sala que fue el último lugar donde me detuve a recordar sino olvidaba algo, en cuanto supe que no salí al mundo feroz donde solo el mejor ganaba y yo quería eso… ser la mejor.
Mi oficina era un mar de gente corriendo de un lugar a otro sin prestar demasiada atención a lo que los demás hacían a menos claro que fueran su competencia directa y eso me gustaba; no tener que detenerme cada tanto a saludar y por supuesto no necesitar buscar escusas rápidas para huir de conversaciones triviales, solo tenía que preocuparme de poder llegar hasta mi oficina privada sin que nadie me pisara que el dolor era infernal con los tacones. Así lo hice y simplemente me concentre en mi trabajo como cada día ¿ahora entienden mi vida? Todo es muy simple en ella pero a veces esa simplicidad llegaba a cansarme y no puedo negarlo, también soy humana y tengo mis necesidades.
Hoy era uno de esos días; donde mi cuerpo exigía un poco de cariño o al menos una cogida que me estremeciera tanto que no pudiera levantarme por una semana pero no hay hombre a mi lado y el conocer a alguien por internet o contratar a un desconocido me parecía de lo más bajo así que a falta de carne… plástico.
Me quite la ropa lentamente lanzándola donde fuera al fin mañana tendría tiempo por la mañana para recogerla, tendría solo una reunión pero era la más importante del trimestre ya que ahí se decidiría si me ganaba una de las cuentas más jugosas del medio o sería una mediocre con cuentas comunes así que era hoy el día perfecto para saciar mis necesidades y olvidar un poco el trabajo, relajarse es importante antes de una gran batalla.
Me senté en mi cama y casi con adoración saque a mi amigo del cajón de la mesa de noche; estaba perfectamente cuidado dentro de una caja negra de metal que mantenía más que higiénica al igual que a mi compañero de soledad porque eso era al final del día, era aquel hombre que sabía cómo hacerme gritar y gemir sin pedir nada a cambio más que un poco de tiempo para que hiciera su labor pero también al final del día era solo plástico frio más barato que un desconocido que no llenaba mis sentir de ninguna manera.
Mi ropa interior voló dejándome completamente desnuda sobre la cama; suavemente comencé a sobarme mis pechos y recorrer mi cuerpo con mis manos dejando que esas simples caricias terminaran de encender la llama que en mi interior habitaba, cuando el momento llego le puse un condón a mi amigo y lo lubrique bien para suavemente comenzar a rozar mi vagina con él; pasaron unos minutos donde este jugueteo se prolongó pero poco a poco la intensidad del roce aumentaba hasta que la punta de mi amigo rozo tentativamente la entrada a mi ser provocando un gemido que alcance acallar mordiendo mi labio inferior con fuerza suficiente para provocar un sangrado pero no paso y me relaje, apreté el botón mágico de mi amigo y este cobro vida con fuerza; por un momento simplemente lo deje rozando mi vagina pero la necesidad de más me apresuro, con la punta comencé a dibujar círculos alrededor de mi clítoris sintiendo como la humedad casi me llenaba de golpe pero no me apresure y lo mantuve ahí el mayor tiempo posible hasta que no pude reprimir un gemido que casi era un ronroneo, era el momento.
Con lentitud, como si quisiera torturarme introduje el plástico en mi interior soltando un gemido y lo deje ahí inmóvil disfrutando las vibraciones que golpeaban mis paredes con soltura dejando que la humedad aumentara un poco más; no pude más y comencé ese va y viene con lentitud a la vez que aumentaba la fuerza de la vibración, solo eso necesite para volverme loca y cogerme a mí misma con intensidad hasta que el orgasmo me golpeo con fuerza tumbándome en la cama, respirando agitada y sintiendo como el sudor bajaba suavemente por mi frente pero algo estaba mal, algo estaba fuera de lugar y llamo lo suficiente mi atención para que no volviera a darme cariño… porque con temor me sentía observada aunque estaba completamente sola con las cortinas y puertas cerradas.
El miedo no se fue por más que intente relajarme y convencerme de que estaba completa y totalmente sola pero mis instintos se negaban a creerme así que después de 5 minutos de estar desnuda en mi cama mirando a todos lados con terror me convencí de que no iba a continuar con mi juego así que lo mejor era tomar un baño para relajarme; la ducha tibia ayudo bastante pero esa sensación no se iba por más que lo intentaba y lo mejor que podía hacer era ignorarle, salí y me vestí con una camiseta de tirantes sin sostén y un bóxer ajustado que era bastante cómodo, para distraerme cene un poco de espagueti que me quedo del día anterior y revise mis papeles para convencerme de que todo estaba perfecto.
Eran las 11 pm cuando decidí irme a la cama; como cada noche revise puertas que estaban perfectamente aseguradas al igual que las ventanas, apague las luces de todos lados menos el pasillo que conectaba mi habitación a la sala y cocina; me recosté como siempre olvidando lo que había pasado y me convencí de dormir… mañana era importante.
Algo estaba mal, aun en mis sueños podía sentirlo, podía sentir el aire pesado y como sin que yo lo ordenada mi cuerpo daba la vuelta acomodándose boca arriba; confundida intente abrir los ojos pero para mí miedo no podía y este simplemente aumento cuando sentí como la cobija que cubría mi cuerpo lo descubría a la fría brisa del octubre, comencé a temblar sin poder evitarlo mientras desesperada intentaba con todas mis fuerzas abrir mis ojos pero no podía, simplemente no podía haciéndome rabiar pero de golpe me quede inmóvil aguantando la respiración cuando sentí a algo o alguien acomodándose sobre mi cuerpo… ¡Dios!… grite en mi interior luchando desesperada que se convirtió en casi locura cuando sentí mis manos sujetas con firmeza por la muñeca por arriba de mi cabeza, si hubiera podido moverme sin duda me retorcería con toda la fuerza de la que fuera posible pero la realidad era que estaba indefensa.
Temblaba sin control mientras intentaba concentrarme con todas mis fuerzas en al menos poder gritar porque ni siquiera eso podía hacer, por alguna extraña razón mi cuerpo ya no era mío pero podía sentirlo y eso era peor; alguien respiraba suavemente cerca de mi cuello y podía sentir su mano deslizándose lentamente por mi pierna subiendo por mi cadera hasta mi abdomen donde se metió bajo mi camiseta levantándola poco a poco hasta que su mano rodeo con firmeza mi seno derecho, lo escruto suavemente y yo simplemente no sabía cómo reaccionar o al menos intentarlo pero mi mente se estremeció casi al igual que mi cuerpo cuando una lengua paso casi por mi clavícula hasta subir a mi oído.
-Yo te daré aquello que tanto necesitas –.
Esa voz profunda hizo que mi corazón se detuviera por un segundo y que al siguiente se acelerada alocado; me soltó las manos sabiendo perfectamente que estaba completamente a su merced y con delicadeza me desprendió de mis prendas besando en su camino cada centímetro de piel que descubría; por más que quería no podía evitar excitarme al sentir como sus labios reclamaban mis pezones con un poco de violencia, los besaba con suavidad por momentos pero en cuanto me descuidaba comenzaba a succionarlos con tal fuerza que dolía, al siguiente minuto los lamia con vehemencia mientras sus manos los aprisionaban con firmeza como si temiera que de un momento a otro yo pudiera escapar, un gemido logro escapar de entre mis labios sorprendiéndome y sorprendiéndolo a él pero esto no lo detuvo de hecho lo animo a mordisquearlos con cierta fuerza provocando que más suspiros escaparan de mi boca.
Cuando me soltó después de un largo rato que jugo con mis pechos dejándolos adoloridos de una manera placentera no sabía exactamente que esperar o que debería sentir, lo cierto es que estaba enloquecida y quería mas pero no tuve que esperar demasiado para obtenerlo; mis piernas se abrieron lentamente dejándome a su merced y no pude evitar reprenderme por esperarlo pero no me dejo hacerlo demasiado tiempo porque enseguida su lengua comenzó a lengüetear mis labios interiores como intentando desaparecer todo rastro de mi humedad que salía sin control prolongando el juego; me gustaba no podía evitarlo pero cuando sus labios y su lengua pusieron su atención en mi clítoris simplemente me enloqueció, era simplemente delicioso la forma en que me lamia o mordía con delicadeza pero fiereza sin dejarme ni un momento tomar el aire que tanto necesitaba porque ahora que podía controlar un poco mi voz ya no era tan importante pedir auxilio; estaba mal y lo aceptaba por un placer mayor… y él era ese placer.
Llego un momento en el que simplemente no pude aguantar más y mientras el orgasmo llenaba mi interior grite con todas mis fuerzas…
-Cógeme… ¡Cógeme ya! –.
… puede escuchar su risa profunda por mi orden pero suavemente se acomodó sobre mi lamiendo mi cuello, besándolo casi con amor y cuando estaba más que descuidada me beso… me beso como en mi vida me habían besado… me beso con tan lujuria, con tal pasión que estremeció todo mi interior y yo simplemente no pude evitar responder intentando demostrarle todo ese calor que ardía en mi interior, suavemente sus labios se alejaron de los míos y se acercaron a mi oído.
-Tus deseos son órdenes –.
Su voz profunda de nuevo me estremeció, era única e hipnotizante de una manera que no lograba entender pero eso se borró de mi mente en cuanto sentí como me penetraba por completo de golpe; solté un grito, no por disgusto sino por dolor, su pene era enorme hasta el punto que podía sentir mi interior demasiado apretado por suerte mi humedad lo lubricaba bien y por completo; se detuvo solo unos momentos para dejar que mi vagina se acoplara a él pero en cuando lo hizo comenzó ese lento va y viene dejando que todo su pene reconociera mi interior desde el principio, casi como si intentara que me grabada a la perfección como era tenerlo dentro y que jamás lo olvidara porque una vez que mis gemidos comenzaron las embestidas se convirtieron en fuertes golpes hasta mi interior enloqueciéndome con cada una, el sonido de sus testículos golpeando mi trasero era como una sinfonía compuesta junto al sonido húmedo que provenía de mi interior; mi orgasmo no tardo demasiado en llegar pero con asombro sentí como él estaba como si nada, parecía que apenas habíamos comenzado.
El tiempo paso y el seguía embistiéndome con la misma fuerza que al principio, me había cambiado de posición varias veces y mis orgasmo ya habían pasado a incontables, mi cuerpo comenzaba a ser víctima del cansancio y él lo noto provocándole una carcajada que se combinó con perfección con mis gemidos.
-Debe ser hora de terminar –.
Susurro en mi oído y de golpe acelero sus embestidas haciéndolas más fuertes provocándome dolor que era cubierto por un intenso placer que me provocaba los más sonoros gemidos pero con casi con alegría escuche como el respiraba con fuerza gruñendo dejando poco a poco su cuerpo descansar sobre el mío; pude sentir su pecho fuerte y firme respirando al mismo ritmo que el mío, pude sentir su rostro en específico su barba como de una semana rozando contra mi mejilla, pude sentir sus enormes y firmes manos sujetando mi cadera levantándola un poco para poder penetrarme lo más posible hasta el punto que podía sentir como la punta de su pene perforaba mi útero y pude respirar su aroma que era una mezcla rara como de maderas húmedas o ese aroma tan peculiar de tierra húmeda pero sobre todo olía a lujuria pura que me enloqueció al mismo tiempo que mi cuerpo resistía con las fuerzas que le quedaban su eyaculación que sin ningún miramiento dejo por completo en mi interior.
Dejo caer su cuerpo por completo sobre el mío, respiraba agitado pero poco a poco fue normalizándose al igual que la mía; podía sentir como su miembro se encontraba aun en mi interior pero algo no estaba bien porque seguía tan erecto como al principio, con suavidad salió de mi interior y acaricio mi mejilla recostándose a mi lado…
-Fue una noche perfecta… tal vez otro día que te sientas sola regrese a llenar esa hambre que te come por dentro mientras tanto… descansa que volveré por más pronto –.
… y eso fue lo último que escuche antes de caer completamente dormida.
Mi despertador retumbo con fuerza y durante más tiempo a mi lado pero al fin desperté sobre saltada mirando a todos lados, para mi sorpresa la cama se encontraba normal y no había ni una sola pista de que alguien más hubiera estado ahí, tenía mi pijama puesta y corrí a revisar puertas y ventanas pero todo era normal.
¿Un sueño?
Tal vez, no estaba seguro pero me convencí de ello; deje mis estúpidas fantasías cuando vi que hora era y corrí al baño a darme una ducha rápida para luego vestirme a toda velocidad y salir corriendo a mi trabajo.
Cuando atravesé la puerta todo era normal; casi taclee a cualquiera que se atravesara en mi paso a mi oficina y en cuanto llegue revise no haber olvidado nada, bueno, lo implore pero un golpe en la puerta llamo mi atención; al dar la vuelta me encontré con una de mis socias recargada en el marco, me caía bien era una chica amable y trabajadora.
-Maggie es hora –.
Me dijo con una sonrisa en su rostro pero algo llamo la atención de su mirada y me sonrió con picardía mientras entraba completamente a mi oficina cerrando la puerta tras de sí provocando que la mirada sin entender su comportamiento, se acercó con velocidad a mí y suavemente me arreglo el cuello de la blusa y el saco pero gruño.
-Dios, Maggie dile que no te los deje tan marcados… necesitas un poco de maquillaje –.
La mire desconcertada mientras ella sin ningún permiso buscaba entre mi bolsa lo que necesitaba; cuando me extendió el maquillaje la mire con clara confusión y bufo sonriendo; me tomo de los hombros guiándome al espejo que estaba escondido tras la puerta.
-Mira el chupetón que te han dejado… han escóndelo un poco –.
Cuando vi la marca sobre mi piel mi respiración se escapó por completo de mis pulmones, mis piernas temblaron ante su recuerdo y de golpe pude sentir como en mi interior aun ardía por su fuerza… y ahí supe que no fue un simple sueño.

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