Por fin llegó el momento

Durante muchos años Mary y yo habíamos sido buenos amigos… Inicialmente como compañeros de trabajo y luego como amigos que ocasionalmente se escribían a la distancia. Sin embargo llego un momento en el que las conversaciones eran tan seguidas que la confianza fue aumentando llegando a adentrarnos en pláticas de una profundidad inusual para un par de amigos. Nos contábamos hasta las aventuras más íntimas que ambos teníamos con nuestras respectivas parejas, finalizando siempre nuestras conversaciones con un rubor extremadamente alto en la cara e incluso llegando a provocarme algunas erecciones secretas.

Así transcurrió algún tiempo hasta que nuestras palabras comenzaron a dirigirse a supuestos sucesos que pudieran ocurrir entre nosotros, cosa que, frecuentemente, llegaba a encenderme la lívido… Eso trajo como consecuencia que nos diéramos cuenta poco a poco las muchas cosas y preferencias que teníamos en común… Parecidas fantasías, gustos sexuales semejantes, igual forma de apreciar el amor y el romanticismo y hasta los mismos problemas maritales… En fin… Llegamos a la conclusión que habríamos sido una pareja ideal si la vida hubiera cruzado nuestros caminos con más anterioridad.

Nos imaginábamos como sería estar juntos, las cosas que haríamos, las formas de satisfacernos uno al otro… Eso a su vez,  dio paso a una mutua exploración de nuestros cuerpos,  gustos y sentimientos… Exploración que llevamos a un nivel superior cuando comenzamos a compartirnos fotos… Fotos que podían ser muy normales y comunes como la imagen de su rostro sonriente hasta las fotos más eróticas en las posiciones más sugerentes. No teníamos límites en lo que le solicitábamos al otro. Esto hizo que entre nosotros afloraran sentimientos mutuos de los cuales no hablábamos mucho porque sabíamos la implicación que tenía para ambos ese tema. Llegamos a un punto de nuestra “relación”, en el que queríamos y necesitábamos estar juntos pero el trabajo y nuestras familias no nos permitían hacer un viaje a encontrarnos para desahogar ese sentimiento desbordado de pasión que llevábamos reprimido. En una ocasión ella y su familia vinieron a mi ciudad a pasar unos días de vacaciones y tuvimos la oportunidad de encontrarnos en el mismo hotel donde estaban alojados… Los nervios me desbordaban y al tenerla frente a mi no me contuve y la sorprendí con un beso en los labios… Nos fuimos a una zona apartada y aprovechando la penumbra de la hora estuvimos conversando y nos pudimos dar algunos besos, roces y caricias. Lamentablemente el lugar no se prestaba para nada más, además de los nervios que tenía de que su esposo bajara y nos consiguiera en aquella situación, aunado a que yo tenía el tiempo bastante limitado.

Luego de esa vez solo nos pudimos ver una vez más, en mi carro,  en la cual pudimos descargar un poco la tensión de estar juntos y logramos compartir un poco más nuestros besos, caricias, risas y conversaciones… Sin embargo estos encuentros solo lograban ponerme más desesperado por estar con ella… Así, después de mucho tiempo hablando con Mary por todas las vías posible… email, msm, whatsapp, teléfono, chats… y de conocer todos nuestros sueños, deseos, anhelos, historias, problemas y felicidades, había llegado el gran día de llevar nuestra relación a un nivel más alto…

Mi esposa haría un viaje fuera del país por unos días, era la oportunidad perfecta para viajar hasta su ciudad y desahogar toda esa pasión y morbo que ambos teníamos retenidos durante tanto tiempo… Luego de un viaje de cuatro horas en auto, llegue al lugar en el que habíamos acordado encontrarnos… Un café bastante discreto donde podíamos conversar y relajarnos primeramente. Al entrar al sitio ya ella se encontraba esperándome. Cuando la vi mi corazón dio un brinco de emoción. Me senté a su lado y simplemente me quede mirándola. Es una hermosa mujer de piel clara, pelo negro abundante perfectamente bien peinado, y delicadamente maquillada, de mirada picara, sonrisa amplia y sensual de esas que enamoran, vestía una blusa ligera con un pequeño descote que permitía ver parte de su busto pero dejando el resto a mi incansable imaginación, aunque ya me había deleitado con ellos en infinidad de veces en las fotografías que habíamos intercambiado. Cuando salí de mi letargo y logre articular palabras me acerque a su oído y le susurre…

– Hola muñequita, que hermosa estas

Y ella me contestó como siempre lo hacía…

– Hola novio…

Seguidamente le di un beso en los labios que me pareció lo más delicioso de la vida… Pedimos un café y estuvimos conversando de cosas variadas, de vez en cuando intercambiábamos caricias y roces pero siempre tratando de ser discretos… Teníamos mucho de qué hablar después de tanto tiempo sin compartir un tiempo así juntos en persona… Luego de un buen tiempo conversando, comencé a desviar la conversación hacia el tema por el cual estábamos allí sentados uno al lado del otro.

Acordamos ir a un lugar que ella ya había averiguado, un lugar discreto y apropiado para lo que queríamos. Salimos del lugar, se subió a mi auto y nos fuimos rumbo a un pequeño y discreto hotel de playa a las afuera de la ciudad. En el trayecto casi no hablamos, supongo que los nervios y la emoción del momento nos aturdían. Llegamos al hotel e inmediatamente pasamos a la habitación. Al entrar, yo la deje pasar delante de mí y me quedé viendo su cuerpo que tanto había deseado y soñado poseer y para cerciorarme que aquello que me estaba pasando no era un sueño… Cerré la puerta y y ella se giró hacia mi. En ese momento  pude darme cuenta que yo no era el único que estaba nervioso en aquella habitación… Sin embargo su sonrisa y su mirada tenían una sensualidad única que me encendían. Nos acercamos y nos dimos un abrazo y pude sentir aquel aroma a mujer bonita que me dejo embriagado… Luego nos dimos un beso como siempre habíamos querido darnos. Apasionado, sensual, suave, profundo, lleno de sentimientos y sin presiones, nuestras lenguas danzaban juntas mientras que mis manos acariciaban el rostro más bello que he conocido, metía mis dedos en su pelo y jugaba con él, tocaba sus hombros, brazos y finalmente sus senos. La mezcla de excitación, nervios y el frío de la habitación, habían hecho que sus pezones se marcaran por encima del sostén e incluso de la blusa y pude sentirlos con mis manos. Luego acaricié la piel de su pecho suave como la seda que el descote me permitía y deje colar un poco los dedos dentro de él. Ella pícaramente me susurro…

– Te gustan?

– Me encantan…

– Las quieres?… Me dijo buscando provocarme

– Muero por ellas… Le contesté sin pensarlo

De inmediato se separó un poco de mi y de un solo movimiento se sacó la blusa quedando en brassier lo cual produjo un sobresalto en mi corazón…  Me miró a los ojos mordiéndose el labio inferior y me dijo:

– Son tuyas… Ven por ellas…

No me aguante un segundo más y me abalancé sobre ellos besándolos mientras mis manos buscaban por su espalda para liberarlos de su encierro… Cuando estuvieron libres me pegué a ellos como un desesperado lamiéndolos besándolos, mordiéndolos, pellizcándolos, apretándolos. Sus pezones se habían endurecidos y estaban erectos, desafiantes, incitándome a que los hiciera míos… La emoción no cabía en mi pecho y sus suspiros y gemidos me decían que ella también lo estaba disfrutando… Me tomó la cabeza y me subió a su altura volviéndonos a besar ya esta vez más apasionadamente. Nuestras manos jugaban con el cuerpo del otro. Completamente desenfrenados… De pronto nos calmamos y nos reímos mirándonos fijamente a los ojos, era un sueño de años hecho realidad estar allí los dos juntos…

Se volvió a acercar a mí y comenzó a desabrochar mi camisa al mismo tiempo que me besaba el pecho y susurraba palabras llenas de deseo. Sentía su respiración en mi pecho. Al terminar lanzó lejos mi camisa y sus manos se encargaron de soltar el pantalón el cual cayó al piso dejándome en ropa interior. Comenzó a bajar sus besos hasta que llegó al abdomen y allí la detuve.

Ella quedo un poco sorprendida de que la detuviera en ese momento ya que sabía lo mucho que yo anhelaba tener su boca allí. Me miró a los ojos extrañada y con una mirada de picardía le hice entender que no era el momento… que antes tenía algo para ella.

Efectivamente, la tome de los brazos y la lleve al borde de la cama donde nos seguimos besando y acariciando al mismo tiempo que mis manos se deshacían de su pantalón… Sentir directamente la piel de sus piernas fue una sensación divina… Mientras la besaba, iba acariciando sus piernas y glúteos con una mezcla de amor, pasión, lujuria y morbo. Pellizqué su barbilla con los dientes, bajando las manos por su cuello, deteniéndolas cuando llegue a la parte baja de su espalda. Luego la hice caer lentamente en la cama dejándola acostada con las piernas colgando… Volví a admirar su cuerpo semidesnudo el cual estaba a mi merced… Estaba que explotaba, casi no resistía el impulso de lanzarme sobre ella y poseerla como un endemoniado, pero hice un gran esfuerzo y me resistí a caer en la tentación ya que tenía mucho tiempo para hacer todo lo que quisiera más adelante… Ahora tenía en mente algo que siempre había querido…

Baje lentamente y rocé con mis dedos su vulva aun cubierta por un pequeño hilo dental… estaba caliente y podía sentir su humedad a través de la tela. Ella cerraba los ojos y reclinaba su cabeza hacia atrás para contener los escalofríos que recorrían su cuerpo tras cada toque de mis dedos… Hice a un lado la ajustada tela blanca y allí estaba… Perfectamente depilada, con tres provocativos lunares que siempre había querido ver en persona… Luego de haberla visto cientos de veces en frías fotografías, por fin podía apreciar su calor y humedad… Quería comérmela… Lamerla… Penetrarla, pero no…Le saqué la bluma lentamente, le di un pequeño beso y sin más me levanté… La rodeé, me acerque a su oído y le pedí casi en un susurro

– Te masturbarías para mí?

Instantáneamente pude ver la sangre subir por sus mejillas y tuve el temor de haberme excedido en mi solicitud… Ella cerró los ojos y me dijo en voz baja:

– Por ti hago lo que sea y con mucho placer… Solo te pido una cosa…

– Dime… Le dije un poco sorprendido

– Al final necesitare algo… Ayúdame en el momento que te lo pida… Traje una sorpresa para ti

– Ok… Contesté aparentemente tranquilo pero con el morbo y la curiosidad a toda marcha.

Mientras yo me colocaba en primera fila en un sillón al frente de la cama para observar el espectáculo, ella volvió a cerrar los ojos y su mano izquierda comenzó a acariciar su propio rostro como si necesitara encenderlo, mientras su mano derecha frotaba sus senos, lenta, muy lentamente… Su cuerpo se contorneaba ligeramente a la vez que halaba y pellizcaba delicadamente sus pezones una y otra vez… Luego su mano bajo lentamente hasta posarse sobre su entrepierna y la frotó suavemente… Seguidamente abrió sus labios vaginales con sus dos manos… Eran preciosos… Su interior rosado y totalmente húmedo exigía mi atención…

Con una mano mantuvo la abertura mientras que con la otra comenzó a frotar su clítoris al tiempo que me decía.

– Te gusta??? La deseas???

– La deseo con locura…

– Pues es para ti, siempre lo ha sido y está esperando por ti

En ese momento la punta de uno de sus dedos involuntariamente se humedeció con los fluidos que manaban de su vagina… Ese mismo dedo lo llevo al clítoris y lo frotó con fuerza… Se mordía los labios por las oleadas de sensaciones que estaba experimentando en ese momento, ya que aunque lo había hecho en repetidas ocasiones, nunca había tenido público mirándola y queriendo participar del espectáculo de esa manera. La mezcla de excitación, sensaciones físicas, morbo, y un poco de vergüenza, la estaban llevando lejos…. Comenzó luego introduciendo un dedo en su vagina… al rato dos… tres… hasta que entre gemidos y suspiros logro colar cuatro dedos en su ya dilatado orificio vaginal. Su cuerpo se doblaba por la excitación, sus gemidos eran casi gritos… Me decía lo mucho que me deseaba dentro de ella… En ese momento tuvo un primer orgasmo que la hizo soltar un gemido que fue increíblemente excitante para mí.

Mi pene estaba a punto de reventar… Ya se asomaba por fuera del interior y como si lo que estaba viendo no era suficientemente fuerte, cuando su cuerpo se relajó, me pidió que sacara algo que tenía en su cartera…

Me quede en una sola pieza y con la boca abierta cuando abrí el bolso y vi un brillante consolador de color negro… Esa había sido una de mis fantasías, verla penetrarse en persona, ya que en fotos y videos me había complacido en varias ocasiones… Esto se estaba poniendo aun más interesante y solo estábamos comenzando…

El consolador en cuestión este tenía unas dimensiones bastante inusuales… Yo diría que era solo para mujeres exigentes…

– Guaaaoooo… esto no me la esperaba… Dije completamente sorprendido

Volteé a verla y ya tenía sus piernas levantadas y abiertas dejando su vagina expuesta directo hacia mí… Allí me pidió con voz entrecortada:

– Penétrame por favor… Quiero sentirlo bien profundo…

Mi cerebro iba a explotar… Me acerque a ella casi dando traspiés me coloqué entre sus piernas a escasos centímetros de su orificio… Ella bajo las piernas dejando reposar sus pies sobre mis hombros… Coloque el consolador en su entrada… Podía sentir como se aceleraba su respiración casi tanto como la mía… lo froté varias veces a lo largo de su vagina para empaparlo en los jugos que no dejaban de fluir de su entrada… Lo presioné un poco lo cual abrió su vagina, provocándole un largo y profundo suspiro que se hizo interminable mientras yo hundía aquel grueso aparato en sus adentros… Cuando ya estaba suficientemente dentro, comencé a sacarlo y meterlo suavemente, lento pero aumentando cada vez más la velocidad. Al mismo tiempo comencé a frotar su clítoris hasta llevarla a un estado de descontrol total de su cuerpo y sus gemidos, induciéndola  en un profundo orgasmo que le hizo doblar su espalda hacia arriba apoyando con fuerza sus pies en mi y apretando mis manos con sus muslos. Sus ojos cerrados, todos sus músculos contraídos y un interminable suspiro fueron el reflejo de que estaba teniendo un orgasmo muy intenso…

Cuando logré reaccionar pude ver que el consolador estaba completamente empapado en flujos transparentes… De inmediato lo saque de su vagina… Me quede contemplando cómo le palpitaba… Parecía tener vida… y hambre también… Parecía tener ganas de seguir comiendo… El olor que emanaba de ella era sublime… fuerte… Olía a sexo… A hembra en celo… No aguante la tentación y lleve mi cara muy cerca de ella y respiré ese aroma… ese calor… Solo me faltaba probar su sabor… Pegué mi boca justo en la entrada de su vagina y la penetré con mi lengua todo lo que pude lamiendo todo aquel flujo maravilloso que rodeaba su sexo. Luego subí a su clítoris y lo comencé a lamer con fuerza mientras mi dedo índice entraba en su vagina buscando aumentar su excitación si  es que eso era posible. Mi lengua jugueteaba con su clítoris haciendo que ella gimiera y susurrara palabras inteligibles del placer que sentía. Seguidamente cambié por el pulgar el dedo en su vagina y mi dedo índice lo introduje suavemente en su apretado ano .. Al rato me pidió que fuera mi lengua la que la penetrara y así lo hice… Como si se tratara de un pequeño pene mi lengua comenzó a entrar y salir de su húmeda vagina sin descanso… sin pausas… y sin sacar mi dedo de su trasero el cual parecía gustarle… Aproximó sus dedos al clítoris y comenzó a masajearlo a la vez que yo le daba lenguetazos por dentro y fuera de su cuca… La sentía estremecerse y gozar… Estaba gozando tanto que sus flujos comenzaron a salir nuevamente y escurrían por sus muslos… Gemía… Jadeaba… Se sentía el temblor en sus piernas… Quiso parar las caricias en su clítoris pero yo me apoderé de él con mi boca y volví a penetrarla con dos de mis dedos buscando estimularla aun más… Yo quería llevarla al éxtasis total… Sabía que estaba cerca… Aceleré mis movimientos con mi boca hasta que un fuerte gemido se apodero de su cuerpo y de inmediato supe que estaba teniendo otro orgasmo… Ella trató de separarme pero no lo permití e incluso aceleré aun más mi trabajo en el mismo  momento de su llegada lo que la hizo contonearse toda por unos segundos que parecieron eternos.

Cuando por fin logró reponerse levantó su cara hacia mí y pude ver que estaba enrojecida, sudada, parecía estar transportada a otro mundo… Pero con una sonrisa de satisfacción increíble… Su mirada un poco perdida me daba la aprobación de haber realizado un buen trabajo… Extendió ambos brazos hacia mi pidiéndome en silencio que me acostara a su lado cosa que hice de inmediato… Me tomó de la cabeza y me dio un beso increíblemente divino haciendo que compartiera con ella el sabor de sus flujos que aun tenía en mi boca… Hurgó en mi boca con su lengua apasionadamente sin soltarme de sus manos… Al terminar separó sus labios de los mío y me dijo en voz baja:

– Amor… Eso fue increíble… Jamás había tenido unos orgasmos tan intensos como estos… Gracias!!!

Solo logré responderle con una sonrisa y un pequeño beso en los labios

Pero mi intensión era que no se enfriara su cuerpo… Quería aprovechar ese calor y la electricidad que recorría su cuerpo para que las siguientes sensaciones fueses aun más intensas…

Se dice que la última frontera del placer sexual es el orgasmo y que más allá no hay nada sino empezar de nuevo para volver a sentir ese placer supremo una y otra vez. Pues yo estaba decidido a llevarla nuevamente hasta allá así que aproveche la posición boca arriba en la que había quedado y me deslicé hasta sus pies y comencé a darles un suave masaje que más bien parecían caricias… Ella permanecía con los ojos cerrados pero su sonrisa me indicó su complacencia… La cual se transformó en asombro y placer cuando mi boca atrapó el dedo pulgar de su pie derecho… Lo introduje en mi boca y comencé a hacerle una pequeña felación, cual si de un pene se tratara lo cual provocó que sus ojos se abrieran casi desorbitados cosa que me encendió aun más y pase a lamer y chupar el resto de sus dedos unos tras otro y pasando de un pie al otro.

Así estuve unos minutos mientras ella retorcía sus piernas por las sensaciones que estaba percibiendo en ese momento… Luego fui bajando hasta su tobillo frotando mis labios y lengua  sin detenerme, pasando por la zona trasera de su rodilla y la cara interna de sus muslos… Subí abriendo sus piernas mientras besaba y lamía su vientre, pechos cuello hasta llegar a sus labios los cuales tomé para mí y poseí como un completo enamorado… En ese momento ya mi pene estaba frente a su vagina… El roce de ambos órganos nos hizo estremecer a los dos y ella se sintió sorprendida cuando hice una pequeña presión buscando que mi amigo de toda la vida encontrara el camino de nuestra felicidad… Mary se soltó de mi boca y me susurró al oído…

– Aun no… Quiero mamártelo…

A lo cual yo respondí con un empujón aun más fuerte que aunado a la abundante humedad aun presente en su entrada vaginal hizo que mi pene entrara una buena porción arrancándole un suspiro que le salió del alma clavando su mirada en mis ojos y sus uñas en mi espalda… Me mantuve inmóvil unos segundos que me parecieron una eternidad… Luego, literalmente me deslicé hasta el fondo de su vagina sin ningún obstáculo que me detuviera… Volví a detenerme para sentir su calor y su humedad y ella comenzó a contraer sus músculos internos generando una increíble sensación de calidez y presión sobre mi pene… Era divino… Al cabo de unos instantes comencé a entrar y salir suavemente a lo cual ella respondió con unos suaves gemidos de placer que aumentaban según yo aceleraba y profundizaba mi labor… Acarició mi espalda, yo la bese apasionadamente… Ambos estábamos transportados al paraíso… Las sensaciones nos invadían y desbordaban simultáneamente… Cuando soltaba mi boca sus gemidos se hacían cada vez mas fuertes, intensos y acompasados con el ritmo del vaivén de mi cadera… De pronto sentí que comenzaba a mover la cadera y pensé que estaba queriendo imponer un ritmo propio pero luego me di cuenta que su cuerpo se estaba erizando, sus ojos se cerraron con fuerza y sus manos en mi espalda me halaron con una fuerza inusitada como queriendo introducirme completamente dentro de ella… Yo aceleré la penetración y en mi pecho, pude sentir lo duro que tenía sus pezones, en ese momento que me abalancé contra ellos y los lleve a mi boca…. Justo en ese momento sus gemidos se interrumpieron para dejar salir un grito sordo que salía de lo más profundo de su ser… Yo no dejaba de bombear y chupar sus pezones mientras su espalda se arqueaba por los espasmos que el placer le producía… Justo allí no pude aguantar más y descargué toda mi leche dentro de su vagina afincándome contra ella como queriendo llegarle hasta más allá de donde no podía… Sentía que no tenía pene sino una viga de acero… El mundo se paralizó durante un segundo infinito y gritamos al unísono tratando de liberar ese animal que llevábamos reprimido dentro de nuestro ser… Mi tensión se liberó de un solo golpe mientras que la respiración entrecortada de Mary me decía que aun su orgasmo la tenía poseída… No sé cuanto tardó en recuperar la conciencia tras aquel orgasmo… Lo que sí es cierto es que nunca había visto a una mujer disfrutar tan plenamente su clímax… Me sentí complacido conmigo mismo… Al cabo de unos segundos caí a un lado de ella y nos abrazamos riéndonos de pura picardía y satisfacción.

Así nos quedamos inmóviles unos minutos, abrazados, sintiendo nuestros cuerpos, nuestra piel, nuestro calor y nuestras almas más unidos que nunca… Me levanté de la cama a pesar de su molestia y fui al baño para asearme… Al estar allí Mary me alcanzó y mientras me duchaba se quedó sentada lavándose sus partes íntimas y descargando aquello que yo le había dejando generosamente muy dentro de su vagina… Al salir de la ducha pasé al frente de ella y me detuvo con su mano… Tomándome de la toalla me dijo:

– Para ver… Que llevas allí?

Trató de soltarla pero se lo impedí y con un rápido movimiento me alejé de ella dejándola atrás en el baño y saltando de una vez a la cama… Pude escuchar vagamente sus protestas reclamándome por no haberla pero en un instante puede ver su figura completamente desnuda aparecer en la habitación dirigiéndose a la cama conde me encontraba bajo las sábanas

Se hizo un espacio a mi lado acurrucándose como buscando calor a lo que yo correspondí dándole un cálido abrazo quedándonos inmóviles los dos.

Al cabo de unos minutos mi mano derecha comenzó a acariciar su hombro y a hacerle pequeños roces tratando de estimularla y de activar sus sentidos que al parecer estaban aun un poco aturdidos… Ella se sonrió y comenzó a mover su cuerpo levemente dándome la señal de que le gustaba y que estaba entrando en calor nuevamente… Se volteó hacia mí y mirándome de frente me dijo:

– Ahora es mi turno de hacerte feliz…

Comenzó besándome los labios, mejillas, orejas, cuello… Las descargas eléctricas que estaba sintiendo en ese momento, eran tremendas y todas iban directo a mi zona baja… Siguió alternando besos y lamidas en el pecho mientras su mano derecha iba bajando a la vez que acariciaba mi abdomen hasta llegar a su destino final… Aun tenía puesta la toalla así que introdujo su mano a través de ella y se apoderó de ese trozo de carne que por tanto tiempo había deseado tener para ella… Lo presionó con fuerza como tomándole las medidas y el peso… Los nervios se sentían en su mano pero parecía estar disfrutando la textura de la piel… De pronto de un solo movimiento cambió la posición de su cuerpo colocándose ligeramente agachada a un lado de mi pierna derecha y comenzó a acariciar mis piernas y pies… Luego volvió a subir y me beso apasionadamente en los labios ahora acariciando mi pene por encima de la gruesa tela como queriendo torturarme… Parecía no tener prisa… Más bien parecía tener todo el tiempo del mundo… Yo estaba que quería “algo más” y le pedí que me hiciera feliz con su boca a lo cual ella se negó en silencio con una sonrisa de picardía… Comenzó a bajar de nuevo hasta mi ombligo mientras sus manos seguían acariciándome muy despacio… Luego que le volví a rogar, ella bajo muy lentamente y le dio un suave mordisco a mi pene por sobre la tela… Unos segundos después lo sacó de su encierro para encontrarse cara a cara con él… Su sonrisa era incontenible… Lo estuvo masajeando un rato… retrayendo el prepucio con su blanca manito casi como un juego… Sin quitarle la vista ni un segundo… Finalmente terminó  de soltar la toalla para enfrentarse a mi cuerpo completamente desnudo… 

En ese momento ya mi pene había tomando suficiente consistencia y esta hermosa mujer lo tomó con su mano, para orientarlo directo a su boca… Comenzó a lamer el tronco suavemente por cada lado, con movimientos de abajo hacia arriba… Luego se dirigió a mis testículos introduciéndose uno a la vez en su boca y ejerciendo una succión suave provocando en mí una sensación eléctrica profunda… Luego pasó su lengua desde la base del pene y de vez en cuando frotándola en esa zona mejor conocida como “nies” que tanto nos gusta a los hombres por ser tan sensible… Todos estos movimientos solo pretendían aumentar mi excitación antes de dirigir su caliente boca hasta una zona más sensible… La cabeza  hinchada de mi pene…

Cuando sus labios rozaron esa piel rosada todo mi cuerpo comenzó a vibrar al compás de los pequeños golpecitos que me daba con la punta de su lengua… Me dio unos ligeros mordiscos que alternaba con lamidas las cuales provocaban un estallido monumental en mi mente… Por fin sentí sus labios envolver la punta de mi pene y luego continuar tragando lentamente el tronco, sentía estar penetrando su vagina ya que ella sabía muy bien ejercer presión con los labios, mover su lengua cual serpiente en celo y combinar con un movimiento de entrada y salida a un ritmo bien lento… Era increíble… Me sentía en el paraíso… Su boca era una funda caliente y húmeda hecha a la medida perfecta de mi pene. En ese instante ya mi pene tenía una erección completa… Lo que hacía que mi adorada Mary luchara infructuosamente por introducir mis 19 centímetros de carne en su boca incluso forzando su garganta.

De vez en cuando sus manos ayudaban a estimularme y a aumentar mi placer sosteniendo con una mi pene y con la otra masajeando mis testículos, sumando sensaciones simultáneas… Luego durante un rato se dedicó a darme placer solo a través del glande… La punta de la lengua comenzó a bordearlo una y otra vez hasta detenerse en el frenillo lamiéndolo de arriba a abajo y a veces lamiendo el orificio y tratando de introducir la lengua ligeramente en él, zona esta que me produce grandes sensaciones… De pronto mi mente se tornó más ociosa y me solté de ella y le pedí que se sentara reclinada del espaldar de la cama… Me acerqué y coloqué mi cuerpo frente a ella dejando mi pene justo frente a su boca, la cual abrió al verme tan cerca recibiéndolo casi hasta el fondo de su garganta… Me tomo por mis glúteos y yo comencé una danza de entrar y salir casi como si la estuviera penetrando por la vagina sin poder moverse ya que su cabeza estaba pegada al espaldar de la cama…  Su boca era genial y esta posición en la que estábamos dejándola indefensa hizo explotar mi mente… Estuvimos un rato así hasta que yo mismo me solté y caí tendido hacia atrás  quedando mi pene nuevamente a su merced… Casi se alzó sobre mí apoderándose de él con su mano derecha y su boca nuevamente lo hizo desaparecer… La combinación de sus manos, boca, cabello, gemidos y una que otra palabra desbordada de deseo me hizo sentir que se aproximaba una nueva eyaculación lo cual parecía que era su intención de ya que comenzó a introducirlo bien profundo en su boca y a aumentar el ritmo… Pareció darse cuenta de lo que se aproximaba ya que su mano comenzó a moverse con más velocidad a lo largo del tronco y sacándolo de su boca solo un par de segundos para observarme con esa mirada de morbo que combinada con su sonrisa me volvían loco… Su largo pelo caía sobre mi vientre, testículos y piernas y con cada roce por el vaivén de su cabeza generaban más sensaciones de placer que me torturaban… La tomé por la cabeza aplicando un poco de fuerza como queriendo que no se fuera, cosa que no era para nada necesario ya que ella estaba completamente extasiada y excitada con su labor… De pronto llegó el momento… No me pude contener más… Ella percibió esta sensación y lo soltó solo para decirme:

– Quiero tu leche en mi boca… Quiero tragarla toda…

Esas palabras terminaron de desquiciarme porque era algo que había deseado por mucho tiempo… De pronto sentí que toda mi energía salía disparada a través de mi pene hacia aquella divina boca que la estaba recibiendo con mucho placer y gusto… Y sin hacer el menor asco se tragó toda mi esperma sin dejar escapar una sola gota… Yo estaba alucinando… Mis músculos se contraían y ella tragaba y tragaba toda la leche que salía de mi hinchado pene… De hecho, una vez acabado, comenzó a succionarlo buscando extraer hasta la última gota de semen, dejándolo completamente limpio…

Cuando mi cerebro logró reaccionar, me di cuenta que se había quedado recostada encima de mí con su cara a la altura de mi abdomen… Me acariciaba sutilmente con la punta de sus dedos mi flácido pene que había quedado vacío y agotado pero yo estaba en un estado de satisfacción total… Sin embargo esas pequeñas caricias estaban llegando justo a mi cerebro como descargas de electricidad que me estaban encendiendo… ella se volteo a verme y lentamente fue subiendo y se acostó a mi lado para decirme al oído con una voz entre inocente y viciosa:

– Espero que eso no sea todo lo que tengas para mí

– Por supuesto que no… Le dije… Solo déjame recuperarme unos minutos y tendrás lo que siempre hemos querido

Acto seguido se fue contra mí y tapó mi boca con su boca, con su lengua, besándome con enorme pasión pero a la vez con ternura y una cierta dulzura… Coloco su cuerpo sobre el mío moviéndose con erotismo, tratando de que nuestros cuerpos se sintieran uno al otro en toda su desnuda extensión. No había necesidad de hablar… Para que hablar?? si nuestros cuerpos estaban hablando con ansias y lo expresaban muy bien en total silencio en aquella habitación donde solo se escuchaban suspiros, gemidos y jadeos de inmenso placer. El roce de su piel contra la mía estaba encendiendo nuevamente mi excitación… Mis manos recorrían su pelo, espalda, piernas y finalmente la tomé de los glúteos y los apreté con fuerza, pegándola aun más de mí…  Uno de mis dedos logró hurgar en su orificio vaginal lo cual provocó un estremecimiento en todo su cuerpo. Mi pene, que también estaba tomando cuerpo nuevamente, hacía presión contra su vientre y ella restregaba su cuerpo contra él buscado que alcanzara un mayor tamaño.

Después de un largo, dulce y húmedo beso, Mary se dejo caer a un lado quedando sentada a mi lado, aun con la respiración agitada y yo con las palpitaciones cardíacas bastante aceleradas… Nos miramos a los ojos como dos enamorados y nos sonreímos sin decir una palabra. Bajó la vista y miro mi casi erecto pene… Lo tomó en sus manos y me masturbó suavemente presionándolo de vez en cuando con la palma de su mano y una vez que estuvo totalmente inhiesto bajo su cabeza y le dio unas cuantas lamidas y chupadas para “lubricarlo” un poco y se subió sobre mi llevando ella misma mi verga hacia su vagina y deslizándola  completamente dentro de sí. Apoyó sus manos en mi pecho y cuando lo sintió golpeando el fondo de su vagina arqueó su cuerpo hacia atrás y tomó una bocanada de aire que le llenó completamente los pulmones… Casi de inmediato se incorporó de nuevo y comenzó a mover sus caderas en un movimiento circular el cual me pareció divino e increíblemente caliente… Ese movimiento de rotación lo comenzó a alternar con movimientos de subida y bajada muy muy cortos a la vez que presionaba mi pene con los músculos  internos de su vagina… Mis manos tomaron sus senos los cuales se balanceaban frente a mí al ritmo que ella misma les imponía… Los presioné con fuerza… Me encantaban… Eran de buen tamaño y bastante firmes…Ella sabía que siempre me habían enloquecido sus senos… Sentí que sus pezones me pedían que los chuparan y los complací con fuerza a lo que Mary respondía con gemidos de placer y lujuria, tanto así que comenzó a violarse con un ritmo casi frenético pero sin perder el control. El sonido combinado de  su cuerpo chocando contra el mío y el chapotear de mi pene nadando en sus flujos parecía hacerla enloquecer. Casi de inmediato tuvo otro orgasmo que la dejó paralizada con la espalda recta, la cabeza reclinada hacia atrás y los ojos cerrados mordiéndose los labios. Yo quería hacerla estremecer aun más así que tome el control y continué dándole a pesar del poco espacio que me dejo para ello… Esto la enloqueció ya que no se lo se esperaba, lo que hizo que se lanzara sobre mi pecho casi como queriendo fundirse conmigo…

Cuando por fin sus músculos se relajaron, comprendí que el éxtasis había terminado y me detuve… Pero yo aun quería más… Dejé que reaccionara un poco y me zafé de ella colocándola en cuatro en el borde de la cama

Solo me dijo:

– Me vas a matar!!!!

No respondí absolutamente nada… Me coloque detrás de ella y sin la menor contemplación le coloqué mis 19 cm de carne hasta el fondo de su vagina la cual recibió con mucho agrado ya que sus blancos flujos la tenían completamente lubricada y caliente… Comencé a darle una tremenda cogida tomándola por las caderas y embistiéndola con fuerza sin dejar nada fuera…

Así le estuve dando mientras que ella ya no gemía sino que daba gritos de placer mientras me pedía que le diera más… que no parara…

Al cabo de unos minutos en esa posición ella misma se soltó de mí tumbándose en la cama para luego girarse boca arriba… Yo la tomé por las piernas y las levanté hasta que sus talones se apoyaran en mis hombros… No hubo necesidad de apuntar mucho… Ya mi pene parecía conocer el camino, así que volví a penetrarla y seguí cogiéndola con fuerza y haciéndola gritar una vez más…

Así estuvimos cambiando de posiciones durante un buen rato… Le abrí las piernas y se las lleve hasta el pecho… La puse boca abajo acostada completamente en la cama mientras la penetraba casi aplastando su trasero y su cuerpo… Se volvió a sentar encima de mi pero esta vez dándome la espalda… En fin, nos complacimos mutuamente en  todo lo que se nos pudo ocurrir…

Caímos exhaustos, sudados, sonrientes, felices… Mary había tenido un par de orgasmos más… era increíble la facilidad con que llegaba… Nos volvimos a besar pero esta vez no con desesperación sino como una pareja de enamorados satisfechos… Entre esos besos de lengua y caricias ella me dijo algo que yo esperaba escuchar y que ella en muchas ocasiones me había prometido… Fue sublime e increíblemente erótico y excitante escucharla decir…

– Quiero que me penetres por detrás… Sabes que me gusta mucho y siempre he deseado sentirte bien profundo en mi trasero

Solo alcance a balbucear:

–  Siii…. Sabes que muero por hacértelo!!!

Debido a lo generosa que la naturaleza fue conmigo en lo que se refiere al pene, no sabía hasta ese momento lo que era disfrutar del sexo anal más allá de meter, a duras penas, la cabeza en el imposible ano de mi esposa… Así que, como era de esperar, me sentía entre emocionado y nervioso cosa que ella percibió de inmediato y tratando darme confianza me dijo que lo iba a disfrutar al máximo y me pidió que la dejara darme una buena mamada para relajarme, cosa a la que por supuesto accedí con mucho gusto…

Me recosté en la cama y ella se apoderó de mi verga pero yo me fui colando debajo de ella y quedamos en posición para hacer un 69… Mientras Mary me hacía una increíble felación que me dejo aun más erecto, yo lamía su húmeda vagina, mordía sus labios, metía mi lengua en su entrada, lamía su clítoris y comencé a acariciar suavemente su orificio anal haciendo círculos alrededor de él hasta que le introduje la punta del dedo índice y seguí hasta que lo tuvo dentro por completo… Comencé a frotar su clítoris con una mano sin dejar de meter y sacar el dedo que tenía en su trasero… Su respiración fuerte me indicaba que su excitación iba en aumento… Unos minutos después, cuando se sintió lo suficientemente excitada, se levanto, fue a su cartera y sacó un tubo de lubricante que había traído “por casualidad”, colocándose una generosa cantidad en su entrada trasera…. Volvió a la cama y poniéndose en cuatro, de espaldas a mí me dijo…

– Soy toda tuya… Quiero tu pene en mi trasero

Me levanté como impulsado por un resorte… Me coloque detrás de ella… Le restregué mi pene entre sus nalgas y por sobre los labios vaginales… Ella contorsionaba un poco su cuerpo… Luego apunté mi pene a su deseado orificio y lo presioné un poco al tiempo que ella tomaba una respiración profunda como esperando lo que le venía… Para mi sorpresa, la cabeza entró sin ninguna dificultad a pesar que su respiración se agitaba un poco… Evidentemente no había dolor… Me quedé allí unos segundos inmóvil y luego seguí mi camino hacia sus adentros… Mary estaba con los ojos cerrados y enmudecida… Solo se escuchaba su respiración mientras mi pene invadía su recto centímetro a centímetro hasta que la mitad estuvo dentro… En ese momento ella volteó su cabeza hacia mí para verme… Mi cara debe haber sido un poema ya que me miró, se sonrió y me hizo una pregunta de la cual ya ella conocía la respuesta…

– Te gusta?

– Es increíble la sensación… Le respondí

– No te muevas, déjame hacerlo a mí

Dicho eso, comenzó a moverse suavemente de adelante hacia atrás empujando mi verga más y más adentro de su apretado culo… Yo no me movía, solo disfrutaba mientras observaba como mi pene iba desapareciendo hasta que no quedó nada fuera… Cuando sintió que sus nalgas pegaban de mi cuerpo, presionó mi pene e hizo unos movimientos de una manera que pensé que me iba a hacer llegar en ese momento… Que locura era esa sensación, que divinos sus movimientos, que ajustado y caliente se sentía.

Yo necesitaba retomar el control sino iba a explotar apenas comenzado a disfrutar aquel momento, así que la tome de la cintura comencé a entrar y salir de ella en un ritmo que poco a poco fui aumentando y que Mary agradecía con gemidos, contorsiones de su cuerpo y una que otra frase que le salía como:

– Siiii… Asiiiiii…. Dame así… Me gusta… No pares por favor, no pares. Mételo más, mételo mássssss!!!!!

A lo que yo obedientemente accedía y lo empujaba hasta donde no había más para meterle… Así seguí y seguí dándole, de pronto me reclinaba sobre ella y la tomaba por los senos…. Luego bajaba mi mano y frotaba su clítoris dándole una rica masturbada o la tomaba por los hombros y se la empujaba bien duro en ese rico culo que se estaba tragando todo mi verga… Yo estaba extasiado y disfrutando al máximo aquel momento cuando ella de pronto arqueó su cuerpo, soltó un gemido y apenas logré escuchar cuando me dijo:

– Me vengo, me vengo, me vengooooo!!!!!!

Yo seguí penetrándola sin parar mientras ella parecía vaciarse en un orgasmo increíble e interminable…

Cuando por fin se relajó, ella misma se soltó de mí desvaneciéndose sobre la cama…

Un minuto después ella se incorporó y se fue al baño a asearse y yo me fui tras de ella a lo mismo… Yo entré a la ducha y ella se quedó en el bidet… Cual fue mi sorpresa cuando al salir vi, a Mary recostada del lavamanos mirándose al espejo, obstaculizándome el paso con su culo … Al tratar de pasar por detrás de ella hizo un rápido movimiento de cintura hacia atrás … Obviamente su intención era la de buscarme y que allí mismo la volviera a hacer mía… Me pegué de su espalda y le recosté mi pene de su trasero a lo cual ella respondió con unos movimientos adelante y atrás buscando ponerlo totalmente erecto… Luego de unos besos y mordiscos en su cuello mientras mis manos masajeaban sus ricos senos y absorbía su aroma, mi pene logró una dureza suficiente para comenzar el trabajo que se le estaba solicitando… Enfilé mi verga hacia su vagina pero no era eso lo que Mary estaba buscando… Levantó su pierna para darme una mejor vista de su trasero y facilitar el trabajo que ella quería que le hiciera… Rápidamente me ordenó que me olvidara de aquello diciéndome:

– No, no, no… Lo quiero en mi trasero

Ante aquella orden no pude menos que buscar su trasero, el cual permitió la entrada de mi pene sin ningún reparo… Allí estuvimos haciéndolo de pie frente al espejo el cual yo aprovechaba para ver la cara de morbo que ella ponía al sentirse atravesada de esa manera… Realmente disfrutaba el sexo anal… Le encantaba sentir ese carnoso pene dilatándole el culo.  Yo me fui animando cada vez más y se lo hacía con más fuerza agarrándola de las caderas  y embistiéndola mientras ella se sostenía con una mano y se masturbaba con la otra, de esta manera parecía que el placer anal se multiplicaba hasta el infinito.

Luego de unos minutos nos dirigimos nuevamente a la habitación lanzándose a la cama quedando boca arriba y frente a mí… Yo permanecía de pie al lado de la cama con ganas de más… Pude ver su rostro sudado y enrojecido pero sonriente… Me miró dulcemente a los ojos y me preguntó:

– Quieres más??

– Quiero todo, mientras tú me lo quieras dar!!!! Le dije

Dicho esto, alcanzó una almohada, la puso debajo de su trasero, levantó sus piernas y me dijo:

– Mi trasero también quiere más… Esta hambriento y quiere tu lechita!!!!

No puede articular una sola palabra… Solo me acerqué a ella, apunte nuevamente mi pene a su entrada trasera, presioné un poco y se deslizó toda la cabeza con poca dificultad… Luego me acomodé y presione más hasta que ya no se veía nada de mi pene… Durante esos segundos estuvo con los ojos cerrados y los labios apretados… Una vez que la sintió dentro, abrió sus ojos y me miró con una media sonrisa pidiéndome en silencio que la hiciera gozar… Comencé a penetrarla suavemente pero sin detener mi ritmo, la tomé de los muslos mientras ella se apretaba con fuerza los senos y halaba sus pezones… Así estuvimos unos minutos  hasta que recordé que Mary me había comentado en una ocasión que nunca había tenido sexo anal cabalgándolo, así que me acerque a su oído y, sin detener mi cadera, le susurre que la quería encima de mí.

No lo pensó ni un segundo y me dijo que también lo quería… Así que  me tendí en la cama con las piernas extendidas, se subió de frente a mí, tomo ella misma mi pene y lo dirigió a su ano que seguía lubricado y lo presionó con el peso de su propio cuerpo y no se detuvo hasta que lo sintió completamente dentro de si… Luego se inclinó sobre mi pecho, me dio un beso muy apasionado y sin quitarme la mirada de encima comenzó a moverse lentamente metiendo y sacando mi pene a su gusto, al ritmo y a la velocidad que más le hiciera gozar… La tomé de la cintura ayudándola a subir y bajar poco a poco Su trasero apretaba mi verga haciéndome gozar como nunca y lo mismo me decían los gestos de su cara así como sus gemidos…

– Podría estar así todo el día, y toda la noche haciéndolo contigo… Me dijo…

Me incliné un poco hacia adelante y tome con mi boca uno de sus senos y con mis manos sus nalgas las cuales apreté como buscando más espacio para mi verga dentro de su hambriento culo… Esto pareció encenderla más ya que aumentó el ritmo de sus movimientos mientras me decía que no parara, que se los chupara, que la apretara, que la poseyera con fuerza… Esa palabras me enloquecieron, así que unos minutos después me solté y la tendí boca abajo justo en la esquina de la cama con las piernas colgando y el trasero abierto hacia mí… Me incliné sobre ella, sus nalgas estaban completamente separadas, comencé a lamerle tanto la vagina  como el clítoris y el orificio anal, sorbía sus flujos y la penetraba con mi lengua para dejarla bien húmeda.

Ella enloquecida me decía:

– Ya, ya… Penétrame yaaaa… hazme tuyaaaa… ya, ya por favorrr!!!!!

Cuando consideré que tenía suficientemente lubricado el trasero y totalmente enloquecida la mente, me incorporé y perforé nuevamente ese rico culito que tenía frente a mí… Esta vez no hubo contemplación… la penetré con fuerza… Sin pausas… Una y otra vez… Le di un par de nalgadas… Y ella decía:

– Si, así dame duro… Házmelo con fuerza… Me encanta tu pene!!!!

Mi cuerpo se aplastaba completamente contra el suyo en cada embestida, luego volvía a salir casi por completo y entraba nuevamente con fuerza hasta el fondo lo cual Mary agradecía con gemidos, escalofríos y orgasmos múltiples que le inundaban el cuerpo una y otra vez…

Esa posición era espectacular… Podía penetrarla profundamente, podía acariciar su cuerpo, podía ver sus reacciones, podía darle todo el placer que ella quisiera… Pero llegue a un punto en el que mi orgasmo estaba cerca y no podía aguantar más… Me afinque contra ella tomándola por la cintura, arqueando mi cuerpo hacia atrás y metiéndole todo mi pene hasta lo más profundo de su ser… Descargué todo mi esperma en sus intestinos haciéndola gritar con un nuevo orgasmo que tuvo al sentir que estaba corriéndome dentro de ella… Fue increíble… Sentí que me desvanecía por completo… Que mi energía y todo mi ser salía de mi cuerpo en esa eyaculación… Desee que aquello durara eternamente… Podía sentir las contracciones que la llenaban de gozo y cómo sus músculos tensos apretaban mi pene con una fuerza inmensa. En mi, el orgasmo eran ondas que se expandían por todo mi cuerpo dejándome las piernas flojas y la mente perdida… Esos increíbles segundos quedarían grabados en mi recuerdo y seguramente serían motivo para largas y placenteras sesiones de masturbación al ser rememoradas en el futuro.

Cuando volví en mí, me deje caer sobre ella besándole la espalda sudada, la nuca, las orejas, aspirando y embriagándome con su olor a hembra en celo mezclado con sudor y orgasmos. Finalmente cuando mi pene perdió su fuerza y salió de su trasero, me coloque aun lado de ella y nos besamos dulcemente, totalmente agotados pero a la vez totalmente felices, extasiados y satisfechos.

Así estuvimos alrededor de 20 minutos disfrutando de esa sensación de placer que sabíamos que no se nos iría jamás… Disfrutando de las sensaciones que acabábamos de vivir, así como de su respiración muy cerca de mí, de sus dedos en mi pelo, de sus piernas rozando las mías…

A mi mente llegó en ese momento una pregunta que me atemorizó… ¿Como la iba a sacar de mi mente de ahora en adelante después de aquellas hora vividas en la habitación de aquel hotel? Ya era parte de mí y yo era parte de ella.

Una vez más mis labios se pegaron a los suyos… Los mordí… Mis manos recorrieron su cuerpo… Mi lengua reclamó la suya y ambas se fundieron en un último beso y abrazo que no queríamos que terminara y que no terminaría jamás a pesar de la distancia que estaba a punto de separarnos una vez más.

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Puedes venir, mi esposa no está

Era la primera vez que acompañaba a mi padre a un viaje de negocios. Acepté hacerlo porque el destino era una ciudad en el mar Caribe y el hotel donde nos hospedaríamos era insuperable. Sabía que no pasaría mucho tiempo con él, pues él saldría a trabajar todos los días temprano y regresaría tarde. Pero esto no era un problema para mí, pues me entusiasmaba bastante la idea de pasar el día entre la playa, el gimnasio y la piscina del hotel. Haciendo deporte, tomando el sol, nadando etc.

Llegamos un miércoles, tarde en la noche, y tras registrarnos en la habitación que compartiríamos, nos acostamos a dormir casi inmediatamente. Estábamos cansados. Al día siguiente me desperté un poco tarde. Mi padre ya se había ido. Habían empezado mis días en la playa! Tras una ducha, me puse mi speedo y encima una pantaloneta un poco mas larga. Me puse una camiseta, mis tennis y salí directo a tomar el desayuno y a la playa.

Estaba sentado en las sillas de tomar solo en la playa, cuando vi que se acercaba una familia que se hospedaba en el hotel. Eran el padre, la madre, que se veían relativamente jóvenes, y dos niños pequeños. Se acomodaron en las sillas que quedaban junto a la mía. Yo los observe mientras se acomodaban e intercambiamos un breve saludo. Pasados unos minutos, el padre se acercó a mí para pedirme el favor de tomarles una foto. Por supuesto les ayudé con esto y tras haberlo hecho, ellos se metieron al mar y yo seguí tomando el sol.

Pasó aproximadamente media hora, cuando el padre salió del agua y vino a sentarse a tomar el sol en su silla. La madre se quedó en el agua con los pequeños.

Hola, estás dormido?

Me pregunto el padre

Hola, no, jaja solo tomando el sol

Ok, es que no me doy cuenta por tus gafas oscuras.

Claro claro jaja, pero no, dormí suficiente anoche, no creo que pueda dormir mas hoy – respondí amablemente y quitándome las gafas.

Ok, ok, oye no quiero molestarte, pero te importaría tomarme una foto mas con el mar de fondo?

Claro, no hay problema.

Me incorporé de mi silla mientras él me pasaba su cámara y le tomé la foto.

Ok, sonríe – le dije mientras accionaba la cámara.

Perfecto, gracias.

No hay problema

Mucho gusto, mi nombre es Miguel – dijo él extendiéndome su mano

Mucho gusto, Esteban, también se hospedan en este hotel – pregunte señalando el edificio correspondiente.

Si – estamos de vacaciones – bueno, más mi señora y mis hijos, porque yo en realidad debo trabajar un poco, pero vinimos para que ellos paseen.

Ok, que bien.

Tras esta breve conversación, cada uno volvió a acomodarse en su silla. Yo volví a ponerme mis gafas y Miguel se dedicó a la lectura de una revista.

Yo estaba totalmente relajado con el ruido de las olas, de la gente jugando, del viento. No se cuanto tiempo pasó pero fue un buen rato antes de que la esposa y los hijos de Miguel regresaran a las sillas y se terminara la calma.

Pude escuchar su conversación y me di cuenta que ella y los niños irían a hacer turismo por la ciudad, mientras que Miguel se quedaría esa tarde en el hotel pues quería trotar por la playa y luego trabajar desde su habitación. Tras despedirse de Miguel, la esposa y los hijos se marcharon.

Miguel continuó su lectura por unos minutos y luego mencionó mi nombre en voz baja como tratando de no despertarme.

Esteban

Al escuchar su tono de voz, retiré mis gafas oscuras sonriendo.

Jaja, no te preocupes, no estoy durmiendo.

Ok jaja, quería preguntarte si quieres ir a trotar por la playa, quiero trotar un par de kilómetros.

Claro, me gustaría,…ahora mismo?

Si, vamos de una vez, para poder regresar a almorzar.

OK perfecto, dije mientras me incorporaba en mi silla y acomodaba mis cosas para dejarlas sobre esta. Que amigable era Miguel, pensaba yo, además de tener un físico bastante agradable…

Salimos a trotar por la playa, los primeros minutos no hablamos, mientras nuestros cuerpos se calentaban era importante concentrarse un poco. Mas adelante en el camino, mientras trotábamos, Miguel inició la conversación

Y estás aquí con tu familia? – preguntó con su voz agitada.

Con mi padre – respondí yo en el mismo tono cansado – pero él esta trabajando todo el día

Ok entiendo, lo estás acompañando en un viaje de trabajo?

Si, exacto.

Trotamos una buena distancia y luego dimos la vuelta para trotar de regreso al hotel. La conversación se mantuvo todo el camino, incluso con nuestras voces agitadas. Miguel era un buen conversador, y me hablaba con mucha confianza a pesar de nuestra diferencia de edades. Durante el camino, Miguel constantemente se distraía con las mujeres jóvenes que tomaban el sol, o paseaban en sus bikinis. Era sutil al observarlas, pero era evidente que lo hacia. No hizo ningún comentario al respecto. Solo al final, cuando ya estábamos llegando al hotel.

Este ha sido un buen ejercicio no Esteban? Tanto para el cuerpo como para los ojos jaja

Si jaja, tienes razón – respondí, pensando en los hombres que vi en el camino, aunque obviamente el se refería a todos los cuerpos femeninos que observó.

Debes aprovechar que estás solo en tu habitación Esteban…no creo que te sea muy difícil disfrutarte un culito de esos antes de que llegue tu papa – dijo Miguel a manera de chiste, mirándome y riendo después.

Mi respuesta era solamente de risa, aparentando timidez, pero efectivamente, había pensando mucho en las posibilidades que tendría esos días al estar solo en mi habitación. Y, aunque Miguel nunca lo notara, su amabilidad, y la forma como me comunicaba su excitación sexual por las mujeres que había visto, estaban logrando excitar mi cuerpo y hacer volar mi mente con el suyo. Saber que me estaba comunicando deseos que tal vez nunca le contaría a su esposa, por muy inocentes que parecieran sus comentarios, estaban calentando todas las partes de mi cuerpo…aun más.

Los últimos metros antes de llegar al hotel los recorrimos caminando para relajar un poco nuestros cuerpos después de haber trotado. Ambos nos habíamos quitado nuestras camisetas y de vez en cuando yo trataba de darle una mirada al torso de Miguel. El debería estar entre los35 y 40 años, pero que bien se veía. Era evidente que había hecho, y seguía haciendo mucho deporte en su vida.

Al llegar a las sillas, nos sentamos por unos pocos instantes.

Gracias por acompañarme a trotar Esteban, es un poco aburrido hacerlo solo

Gracias a ti por invitarme, fue un buen ejercicio…Vas a almorzar ahora?

Si, voy a mi habitación a darme una ducha y enviar un par de correos y luego bajo al restaurante. Si quieres almorzamos juntos, ya que los dos estamos solos.

Ok perfecto, entonces nos vemos en el restaurante en una media hora.

Los dos regresamos al hotel y subimos a nuestras respectivas habitaciones.

Mientras caminaba hacia la mía, pensaba en lo bien que me vendría una paja antes de darme esa ducha, estaba muy excitado después de haber hecho ejercicio con Miguel, después de escuchar sus comentarios, observar su cuerpo e imaginarme mil fantasías basado en su amabilidad. Lo había decidido, me haría una paja en su honor, trataría de imaginarme disfrutando el cuerpo de ese hombre.

Entré a mi habitación y me tiré en la cama. Inmediatamente llevé mi mano bajo mi pantaloneta y bajo mi speedo para acariciar mi verga que inmediatamente respondió a mis estímulos. Rápidamente la tenía dura en mi mano, pensando en Miguel. Pasé unos instantes masturbándome suavemente, aun sin quitarme la ropa cuando llegó a mí un pensamiento que me llenó de temor y excitación.

Miguel había dicho que estaría solo en su habitación…por que no intentar acercarme un poco? Que rico seria habernos duchado juntos por ejemplo, en las duchas del gimnasio y haberlo visto desnudo…pero ya era tarde para eso. En lugar de ello llamé a la recepción y pedí que me comunicaran con su habitación.

Alo? – contesto Miguel, inmediatamente traté de controlar mis nervios por lo que estaba a punto de hacer.

Hola Miguel, es Esteban

Hola Esteban

Oye Miguel, parece que hubo un problema con el servicio de limpieza y es apenas ahora que están limpiando mi habitación y el baño. Será que puedo darme una ducha en tu habitación?

Si claro, ven, es la 715

OK, voy para allá

Y lleno de temor por lo que haría, tomé una toalla y me encaminé a su habitación.

Miguel me abrió la puerta amablemente como siempre.

Adelante Esteban, dúchate tranquilo, yo aun estoy escribiendo unos correos y enviando las fotos que me tomaste en la playa, así que tienes tiempo – dijo Miguel mientras abría la puerta y regresaba a sentarse frente a su computador, en un pequeño escritorio que había en su habitación.

Gracias Miguel, que ganas tengo de darme una ducha y pues mi habitación está invadida por el servicio de limpieza jaja

Tranquilo, siéntete como en tu habitación jaja recuerda que mi familia no regresa en toda la tarde.

Tras haber dicho esto, Miguel volvió su mirada a la pantalla de su computador y se concentró en lo suyo.

Yo me senté en la cama. Me quité mis tennis y, tras cerciorarme de que mi verga estuviera menos dura que unos segundos antes en mi habitación, retiré mi pantaloneta quedando solamente con el speedo y mi camiseta.

Hubiera podido ir a la ducha inmediatamente, pero no lo quería así, quería mostrarme un poco delante de Miguel. Incluso desnudo si podía, no me importaba, finalmente el era hombre y no creo que le importara mucho que yo me desvistiera en su presencia. A mi me excitaba solo pensarlo.

Con mi speedo y mi camiseta puesta crucé la habitación hacia la ventana y el balcón mientras comentaba.

Que buena vista al mar tiene tu habitación Miguel.

Sin mirarlo directamente, noté como levanto la vista de su computador para responderme.

Si es bastante lindo despertarse y ver el mar así, tu habitación no queda hacia este lado del hotel?

Si también, pero en el segundo piso, así que no ves tanto del mar como aquí y habiendo dicho esto abrí la puerta del balcón y salí a observar el mar inclinándome en la baranda. En la posición en que estaba, un poco inclinado hacia adelante, le daba a Miguel una buena vista de mi culo cubierto por mi speedo, además trataba de seguir la conversación para que él se fijara, si a él no le producía nada verme semi desnudo, a mi me provocaba toda clase de sensaciones.

Pasaron unos minutos de silencio cuando Miguel, sentado desde su silla, comentó con el tono mas inocente.

Oye Esteban, se ve que te has bronceado mucho, se te ve la huella de tu speedo ya.

En efecto, se alcanzaba a ver un poco del contraste de mi piel bronceada y aquella que alcanzaban a cubrir mi speedo.

Jaja, tienes razón – respondí mientras me volteaba mirarlo, y aprovechando lo oportuno de su comentario para mis propósitos agregué – para acordarme de cual es mi verdadero color de piel debo asomarme al espejo y verme aquí – y acto seguido tomé la parte trasera de mi speedo, descubriendo casi la totalidad de mi culo por unos instantes y fingiendo reírme tras haberlo hecho, pretendiendo que era una broma y no un intento por mostrarme desnudo ante el.

Jajaja Esteban, espero que no te vean desde el balcón de otra habitación, luego van y le cuentan a mi esposa que hay un hombre mostrándome su culo en mi habitación jajaja.

No te preocupes – nadie vio mi culo, solo tu jaja. Respondí mientras entraba de nuevo a la habitación y cerraba tras de mi la puerta del balcón.

Jajaja bueno, dúchate pronto para que vayamos a almorzar, ya casi termino de enviar estas fotos.

Ok si – y pensando rápida y atrevidamente le pregunte – pero te puedo pedir un ultimo favor…ya que yo te hice un favor similar en la playa esta mañana?

Si dime…me imagino, quieres una foto con la vista del balcón? – trató de adivinar Miguel.

No no, jaja no con esa vista precisamente – y tratando de ocultar mis nervios por lo que iba a decir agregué – Mas bien, me tomarías una foto de espaldas donde se vean los dos colores de mi piel? El bronceado y…la parte cubierta?

Miguel lo pensó por unos instantes y luego preguntó con algo de asombro:

Sin tu speedo?

Si, sin el speedo, si no te molesta claro. Es que quiero verla y además puedo hacer algunas bromas con ella jaja – obviamente mi único objetivo era mostrarle mi cuerpo desnudo a Miguel.

Bueno jaja, pero no puedo dejarla en mi cámara, mejor trae tu cámara y te la tomo con ella…

No no te preocupes, me la tomas y me la mandas a mi correo, luego la borras.

Ok jaja, pero no se la muestres a tu papa, o no le digas quien te la tomo ok? Jaja no quiero malos entendidos.

Ya no te preocupes jaja, es solo una foto, no se la mostrare a él obviamente.

Ok bueno. Y diciendo esto, Miguel se levantó de su silla y desconectó la cámara de su computador. Posteriormente, se asomó por la ventana y, para evitar que alguien pudiera ver algo, cerró las cortinas.

Jaja, espero que no llegue mi esposa en este momento, dime como le explicaría si me encuentra tomándole fotos a un joven desnudo en mi habitación…y con las cortinas cerradas jajaja

Jajaja, tu tienes mucha imaginación, no seas tan paranoico.

Uno nunca sabe jaja. OK, ya tengo la cámara lista.

Me quité la camiseta quedándome solamente con mi speedo. Posteriormente me paré de espaldas a Miguel y en un movimiento rápido deslicé mi speedo por mis piernas hasta mis tobillos, exponiendo ante él mi culo y rogando para que mi verga no se fuera a parar, así él no pudiera verla pues yo estaba de espaldas, pero podría notar un bulto exagerado cuando me subiera nuevamente el speedo.

Ok, listo?

Si listo

Miguel tomo la foto. Posteriormente me agaché para cubrirme nuevamente con mi speedo.

Miguel comprobó que la foto hubiera quedado bien y acto seguido me la mostró en la pequeña pantalla de la cámara, con su sonrisa entre amable y maliciosa. Yo reí, para disimular los nervios y la excitación que sentía y hacerle creer que todo era un juego inocente e inmaduro de mi parte.

Ok, voy a enviártela de una vez y la borro antes que alguien pueda verla – dijo Miguel mientras se sentaba nuevamente frente a su computador. Yo me paré junto a él.

Miguel conectó la cámara a su computador y a continuación yo escribí mi dirección de correo electrónico en el suyo – al menos quedaríamos en contacto por e-mail – pensé yo.

Listo, perfecto, ya te la mande y ahora, a borrarla de la cámara.

Listo, gracias Miguel, eres buen fotógrafo jaja – le dije mientras me dirigía a tomar mi toalla para entrar luego a su ducha donde me masturbaría pensando en lo que acababa de hacer.

Bueno, pues tu no eres muy fotogénico jaja – anotó Miguel con su buen humor.

Jajaja, es que no has visto mi mejor ángulo Miguel jajaja

Miguel rió y nos quedamos en silencio por unos instantes.

Jaja, no se si sentirme afortunado o desgraciado Esteban, me la pasé trotando en la playa viendo esas mujeres de tu edad asolearse y pensando en sus cuerpos bronceados y mira, termino viendo un culo joven si, pero es el tuyo jajaja

Jajaja Miguel, deberías sentirte super afortunado, eres el primer hombre al que se lo muestro, y el primero que le toma una foto además.

Bueno eso si, me imagino que tu culo es mas virgen que el de cualquiera de esas muchachas que vimos en la playa jajaja

De eso puedes estar seguro…jamás tocado por un hombre jeje…Pensé que tú ibas a ser el primero con esas ganas que tenias hoy de un culito jaja.

Jaja no no mi estimado amigo, digamos que tendrías que haber sido más sensual…

Más sensual? Estabas esperando que te bailara o algo asi?

Jajaja no, pero hubieras podido tenerlo un poquito mas parado…

Se ve que eres bastante exigente…

Jaja, con la edad te vuelves así, ya uno no va buscando cualquier cosa, sino algo muy bueno…

Con algo de nervios me atreví a decirle a Miguel

Bueno, pues te apuesto que este sería al menos el culo mas duro que hubieras tocado

Tú no tienes ideas de las bellezas que tocado…y que he disfrutado jaja

Decidí ser un poco más directo y le dije:

Pero te insisto, puede que este no sea uno de mujer, pero seria el más duro…

Me acerqué entonces hasta quedar de pie junto a Miguel que seguía sentado frente a su computador.

Dale, siente esto jaja. Le dije mientras me daba la vuelta quedando casi totalmente de espaldas a él.

Jaja Esteban… rió Miguel sin hacer nada…después de unos instantes solo tomo el borde superior de mi speedo y lo levanto un poco, halando hacia arriba mis glúteos.

Jajaja ahora si se ve como uno de esos que yo me comía a tu edad.

Jaja o sea que ahora si estoy sensual?

Bueno pues se ve firme y si este speedo fuera un bikini y tú fueras una mujer jaja…a ver, endurécelo un poco.

Tensioné mis glúteos obedeciendo a Miguel.

Que tal se ve así?

Deberías ser mujer Esteban…dijo Miguel mientras observaba mis glúteos tensionados. Posteriormente los dos nos quedamos en silencio. Tras unos instantes, Miguel llevó su mano a uno de mis glúteos y lo apretó con sus dedos, como midiendo su firmeza.

Me quedé inmóvil en ese momento, tanto por mi excitación y mis nervios como por no arruinar el momento. Sin embargo reía levemente para aparentar estar sereno mientras pensaba que Miguel finalmente se había decidido a tocarme, era una buena señal y yo no me movería de ese lugar hasta que el hiciera algo mas.

El no hablaba, solo mantenía su mano sobre mi culo cubierto por mi speedo.

Tras unos instantes sentí su otra mano posarse sobre mi otro glúteo. Con sus dos manos Miguel abarcaba mi culo completo. Yo mantenía mis glúteos tensionados y me incliné levemente hacia adelante para exponerme mas ante él.

En un momento, Miguel retiró sus manos. Pensé que iba a soltar una carcajada y a terminar todo ese momento, que para mi había sido erótico, con otro de sus chistes

Pero no me moví, fueron solo unos instantes, no sabia que hacía él pues yo prácticamente le estaba dando la espalda todo este tiempo. Tal vez esa ausencia de contacto visual ayudó a que ninguno de los dos se sintiera intimidado. Especialmente Miguel, quien tras esa breve pausa en sus caricias, volvió a llevar una de sus manos a la parte baja de mis glúteos, justo donde empezaba a cubrirme mi speedo.

Levantó un poco el borde inferior de mi speedo e introdujo su mano para acariciar mis glúteos directamente.

Esta vez las cosas estaban tomando un tono definitivamente erótico para los dos. No pude evitarlo y mi verga empezó a crecer, ya no me importaba, era evidente que Miguel me estaba dando una caricia que le causaba algún tipo de placer también.

Miguel acarició mis glúteos, por debajo de mi speedo por unos instantes. Tratando de llevar las cosas un poco más lejos, lleve mis manos a los bordes de mi speedo para bajármelos.

En ese momento, Miguel reaccionó. Con una voz nerviosa me dijo:

Ya Esteban, dejemos ya este juego que no va bien – dijo un poco descontrolado aunque en voz baja. Después anotó con una leve risa nerviosa – corremos el peligro de que nos guste un poco mas de la cuenta jeje

Me di la vuelta para quedar frente a el, el bulto de mi verga estaba un poco mas grande y Miguel lo notó.

Creo que a los dos nos ha pasado un poco lo mismo jeje – dijo Miguel mientras señalaba mi bulto.

A ti también?  – pregunte con una leve sonrisa que pretendía simular una falsa timidez en mi.

Un poco…es que…hace mucho no ponía mis manos en un culo tan joven y firme Esteban, y espero que no pienses mal de mí pero creo que el tuyo me estaba trayendo recuerdos jeje.

No hay problema, nunca había hecho esto Miguel.

Bueno, yo tampoco…y espero que no te sientas mal…y no te ofendas por haberte tocado.

No, no, para nada, es un poco extraño pero interesante…es algo nuevo…

Un breve silencio regresó, ambos estábamos tensos, lo sabíamos, sobretodo Miguel, se notaba un poco confundido también. Decidí romper el silencio haciendo algo altamente atrevido.

Y…creció mucho? Le pregunte a Miguel mientras me inclinaba un poco hacia él y llevaba mi mano a tocar el bulto de su verga. Solamente posé mi mano sobre su bulto y la apreté un poco para sentir su verga. Miguel no podría molestarse mucho, al fin y al cabo yo lo había dejado tocarme el culo. Y en efecto, durante los pocos instantes que duró el contacto de mi mano con su verga, Miguel se notaba sorprendido, pero no opuso resistencia, como aceptando que debía permitirme explorar su cuerpo también.

Solo creció un poco…- respondió él con una voz aun más nerviosa.

Con mi mano pude sentir una semi erección en su verga. Era una sensación única haber sentido su pene, a través de su ropa, un poco duro gracias a las caricias en mi culo.

Al haberme inclinado a tocar su bulto, estaba bastante cerca a Miguel. Casi sin pensarlo, y con movimientos lentos, me acerqué aun mas y me fui sentando en sus piernas.

Esteban que haces…murmuro Miguel sin oponer resistencia.

Sus ojos delataban su sorpresa, pero yo me mostré confiado y seguro. Suavemente me senté sobre uno de sus muslos, y me recliné mirándolo mas como dos amigos que se acercan que como alguien buscando un contacto sexual. Miguel no se movía, solo me miraba serio y con un gesto de nerviosismo. Puso una mano en mi espalda desnuda como ayudándome a sostener. Posteriormente, puse una mano alrededor de sus hombros, y mirándolo a los ojos, tratando de hablar con la mayor serenidad, le pregunte:

Te molesta?

No no, está bien – respondió Miguel con voz nerviosa

Dirigí mi mirada hacia su bulto. Llevé mi mano nuevamente sobre su verga, notando que había crecido más. Esto demostraba que Miguel no estaba totalmente incómodo teniéndome en sus piernas. Él no trató de detenerme, de hecho aceptó que tocara su bulto, permaneciendo inmóvil.

No nos mirábamos. Por unos instantes me dediqué a darle leves caricias a su bulto sobre sus pantaloneta.

Posteriormente sentí la mano de Miguel moverse sobre mi espalda y rápidamente bajar hasta el borde de mi speedo. Una vez allí, introdujo su mano en mi speedo para llevarla a tocar mi culo. No le era del todo fácil por la posición en la que yo me encontraba. Pero aplicando un poco de fuerza y levantando un poco mi cuerpo, Miguel llevó su mano hasta que prácticamente quedé sentado sobre ella, y esta a su vez apoyada sobre su muslo. Sus dedos pasaban por entres mis glúteos, acariciando mi ano, volviendo a pasar una y otra vez.

Yo mientras tanto metí mi mano en su pantaloneta y por primera vez logré un contacto directo son su verga que estaba totalmente dura. Era grande y algo gruesa. La excitación había llevado a Miguel a emitir un poco de líquido preseminal, así que su glande estaba lubricado y mis caricias parecían cada vez más una masturbación.

Continuamos acariciándonos por unos instantes mas, Miguel estaba cada vez mas excitado por las caricias a su verga y las que él me daba en mi culo. Pero no quería limitarme solamente a masturbarlo.

Retiré mi mano de su verga y me puse de pie. Rápidamente, para no perder la intensidad de nuestros momentos, y de espaldas a Miguel, me deshice de mi speedo. Miguel inmediatamente llevó sus manos a tocar mis glúteos. Pero yo volví a sentarme. Esta vez no sobre sus piernas, pero entre ellas, sobre su verga. Mi idea era sobar su verga con mi culo. A Miguel le gustó bastante este movimiento. Al punto que tomó con ambas manos mis caderas y me ayudaba a moverme rítmicamente para darle mas placer a su verga, que aun seguía cubierta por su pantaloneta.

Fueron unos instantes bastante eróticos. Con mis movimientos en esa posición yo estaba invitando a Miguel a penetrarme. El lo entendía, pero al parecer le tomó un tiempo decidirse. Finalmente, en un impulso un poco rudo, Miguel me tomó por la espalda y me levantó poniéndome de pie. Por un instante pensé que él ya había alcanzado el orgasmo con las caricias de mi culo sobre su verga y quería terminar con todo. Pero no fue así. Miguel también se puso de pie y se retiró su camiseta.

Posteriormente caminó hacia una de las maletas que había en la habitación y sacó una crema de manos.

Volvió hacia donde estaba yo y me preguntó con una voz muy firme.

Quieres hacerlo?

No le respondí. Solamente me acerqué a su cuerpo y tomando los bordes de su pantaloneta, la deslicé por sus piernas. Su verga quedó libre y expuesta, totalmente dura, era mas grande de lo que esperaba. Miguel inmediatamente la tomó con su mano derecha para darle unas caricias, mientras terminaba de deshacerse de su pantaloneta.

Sin perder tiempo, me puse de espaldas a Miguel, apoyando mis manos sobre el escritorio de su computador y abriendo un poco las piernas.

Miguel se tomó un tiempo para untar su verga con la crema que había traído. Yo, mientras tanto, me preparaba sicológicamente para el dolor que vendría, y que con gusto soportaría para luego sentir el placer de tener a Miguel dentro de mí.

Tras unos instantes, sentí la mano de Miguel entre mis glúteos. Con algo de prisa, supongo por la excitación, untó mi ano con la misma crema.

– – – – –

Yo no sabía lo que estaba haciendo. Pensé en detenerme en ese momento, pero más podía la excitación. Había conocido a ese joven en la mañana y ahora lo tenía en frente mió, a punto de penetrarlo. Jamás se me hubiera ocurrido que le sería infiel a mi esposa en ese viaje. Ni mucho menos que tendría sexo con un hombre. Pero no podía resistir la tentación. Las cosas con Esteban habían sido un poco extrañas, no se si él era homosexual o solamente quería ensayar nuevas formas de placer. Por mi parte, no quería pensar en eso, jamás me había fijado en un hombre. Pero desde que le tomé la foto a Esteban ese día, viendo su culo tan perfecto, redondo, pequeño, algo se despertó en mí.

No lo pensé dos veces. Tome al muchacho nuevamente por sus caderas, le pedí entonces que abriera un poco mas sus piernas y, con toda mi excitación, pero armándome de paciencia, acerque mi cuerpo al suyo.

No era la primera vez que penetraba un culo virgen y sabia que tomaba tiempo y paciencia, sobretodo por el tamaño de mi verga. Pero valía la pena por el placer de penetrar un cuerpo por primera vez.

Cuando estuve lo suficientemente cerca, con una de mis manos ubiqué la punta de mi verga en el ano de Esteban. Empecé a hacer un poco de fuerza para que su cuerpo se abriera para mí, mientras en voz baja le pedía que se relajara.

Esteban relajaba su cuerpo y no se quejaba, lo cual era una buena señal. Tras unos instantes de presión, la punta de mi verga logró abrirse camino en su cuerpo. Apenas sentí que había logrado introducirme un poco, me detuve, esperando a que el cuerpo del muchacho se acostumbrara a mí.

– – –

Ya tenía a Miguel dentro de mí. Ese era mi deseo desde unas horas antes, cuando había trotado junto a él, junto a ese cuerpo tan atractivo. Lo sentía respirar con excitación. Sabía que tenía su verga demasiado dura y era grande, pero no me importaba. Ese primer dolor se disipó rápidamente y mi cuerpo se acostumbró a su verga. No tuve que decirle nada, Miguel volvió a empujar su verga un poco mas, tan pronto como me sintió más relajado. Y en adelante fue mas fácil, la sentí entrar sin parar, milímetro a milímetro fue tomándome, lentamente pero sin detenerse.

– – – –

El placer era único, casi sentí que iba a alcanzar un orgasmo en ese momento. El culito firme de Esteban era estrecho y se estaba abriendo para mí. Sentía su calor, sentía su cuerpo abrazar mi verga y recibirla para darme placer. Llevé mis manos de sus caderas a abrazarlo por la espalda. No me sentí mal por abrazarlo, todo lo contrario, la excitación era mayor al tener su cuerpo pegado al mío. El esfuerzo que Esteban hacía había producido un leve roció de sudor por todo su cuerpo, era casi imperceptible, pero de alguna manera erótico. No me detuve en la penetración, quería introducir toda mi verga antes de que el estrecho cuerpo del joven me llevara a un orgasmo.

– – – –

El abrazo de Miguel fue de alguna manera reconfortante. Mis piernas habían perdido fortaleza por el esfuerzo que hacía, y ahora mi apoyo eran sus brazos.

Tras unos instantes Miguel empezó a mover su verga, a meterla y a sacarla en mi culo. Primero lentamente, después con mas intensidad, la sacaba casi toda y volvía a introducirla mientras mi cuerpo se retorcía de placer. Nunca había experimentado nada parecido. Muchas veces me había masturbado pensando en ser penetrado, pero las sensaciones de mis fantasías no se parecían en nada al placer de tener a este hombre buscando un orgasmo en mi cuerpo.

Una y otra vez, Miguel reconquistaba mi culo con cada movimiento. Mientras tanto, me apretaba con más fuerza, era como si quisiera que nuestros cuerpos se fundieran en uno solo.

– – – –

Pensé que podría controlarme más y llevar las cosas más despacio. Pero estaba moviéndome en el culo de Esteban con más pasión y más velocidad de la que acostumbraba cuando tenía relaciones sexuales. El joven no protestaba, todo lo contrario, suspiraba de placer y de vez en cuando tensionaba su cuerpo, presionando aun más mi verga y haciéndome sentir mayor placer.

Fueron unos instantes de pasión, nuestros suspiros llenaban la habitación. Yo abrazaba a Esteban pero sentía que era el quien me tenía atrapado en su cuerpo. Nunca había sentido tanto placer. Nunca me imagine que los nervios que sentía por estar teniendo sexo con un hombre fueran a ayudarme a aumentar el placer. Sentía que hacia algo prohibido. Regresé a mi juventud, cuando la excitación se daba mas por el temor de estar probando algo nuevo, que por el mismo contacto físico.

No pude resistir mucho tiempo, Esteban me robó todas mis energías y las pocas que me quedaban explotaron en un orgasmo que no había sentido jamás. Mi verga creció un poco mas y finalmente la clave en Esteban tan adentro como pude. Quería que mi orgasmo se diera mientras toda mi verga era abrazada por su cuerpo y que mi esencia se regara en su interior.

– – –

Miguel dobló las piernas y tras un suspiro y un leve quejido que señalaba un gran esfuerzo, empezó a sentir su orgasmo. Yo sentía su verga palpitar en mi interior e inmediatamente reconocí la calida sensación de su semen llenando mi culo. Miguel no dejaba de emitir quejidos mientras seguía embistiéndome con su cuerpo, ahora con movimientos mas lentos, pero mas fuertes, tratando de prolongar su orgasmo.

Esteban – susurró Miguel mientras su orgasmo recorría todo su cuerpo y su verga me llenaba de más y más semen cada vez.

Después de tanta agitación y éxtasis, llegaron unos instantes de absoluta calma. Miguel seguía abrazándome aunque más bien pareciera que había perdido sus fuerzas y estuviera recostado en mi espalda.

Esteban…que hicimos…susurro nuevamente.

Yo no respondí, no tenia respuesta, lo único que hubiera podido decirle es que acababa de entregarle mi virginidad y que la sensación era extremadamente placentera así yo no hubiera llegado a un orgasmo aun.

Pasó casi un minuto en el que permanecimos inmóviles. Finalmente Miguel se incorporó y lentamente sacó su verga de mi cuerpo. Era la última sensación de placer mezclado con algo de dolor que sentí esa tarde. Una vez nuestros cuerpos se separaron, Miguel tomo inmediatamente su pantaloneta y cubrió su desnudez.

Tu también vístete por favor Esteban – agregó en un tono algo exaltado aunque en voz baja y sin mirarme.

Entendí que Miguel no estaba sintiéndose del todo bien tras lo que habíamos hecho. Decidí que lo mejor era dejarlo solo. Me puse nuevamente mi speedo, aprisionando a mi verga que estaba a punto de explotar.

Me puse mi pantaloneta y tomé mi camiseta y mis tennis sin ponérmelos. Salí rápidamente de la habitación dejando a Miguel tras de mi. Llegue al ascensor y no aguanté mas las ganas de sentir el placer en mi cuerpo.

Allí mismo en el ascensor, metí mi mano en mi pantaloneta y tras sacudir mi verga firmemente por unos instantes, empecé a sentir el mayor orgasmo que jamás hubiera tenido.

Los masajes que la verga de Miguel me habían dado, habían hecho crecer mi excitación y mi placer de una forma que no conocía. Mi mano se llenó de semen dentro de mi speedo. No me importó. Dejé que mi verga y mi cuerpo sintieran todo lo que tenían que sentir allí mismo en la frágil privacidad del ascensor del hotel.

Mi orgasmo se extinguió tras unos segundos, pero una sensación leve de placer se mantuvo durante todo el día. Cuando me di una ducha en mi habitación, volviéndome a masturbar a tan solo 5 minutos de haber alcanzado el primer orgasmo en el ascensor. Cuando bajé a almorzar y no encontré a Miguel. Cuando bajé a la cena con mi padre y nos tocó sentarnos en una mesa cerca a Miguel y su familia. Cuando volvimos a encontrarnos, a solas, durante esas vacaciones.

No olvidaré esa primera penetración, ni tampoco a Miguel, quien ha leído este relato que él mismo me animó escribir. Espero que te haya gustado. Espero haber captado tus sensaciones y pensamientos de la manera correcta. Lastima que nuestra relación ahora se base solo en correos electrónicos. A mi me gustaría volverte a ver, volver a hacerte sentir ese placer, pero entiendo que es mejor guardar las distancias. No dejes de escribirme y dentro de poco te mando el relato de nuestro segundo encuentro a solas en esas vacaciones.

Les agradezco por haber leído mi relato y me gustaría conocer sus comentarios.

Esteban

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Mi maestro era muy tímido

Vimos un estacionamiento, se metió, era de eso subterráneos, era de noche y comenzaba a llover, sin embargo él, a pesar del clima, estaba sudando, yo comencé por acariciarle su pierna, su cara, su cabello. Estacionó su auto, lo apagó, volteó hacia mí y solo me miró, me acerqué y con los rostros completamente cerca lo besé. Sentí sus labios jugosos, frescos, tiernos.

Hola amigos:

Esta es la primera vez que escribo y la verdad tengo muchos nervios de lo que estoy haciendo, espero que no me juzguen mal, solo soy una chica traviesa y que quiere divertirse, ustedes me entienden, ¿verdad?

Todo comenzó hace como seis meses, soy una joven universitaria, vivo en una enorme ciudad, tengo muchos amigos y amigas y me gusta estudiar tanto como divertirme, por lo que mis notas son sobresalientes.

Estábamos iniciando ciclo escolar cuando era el primer día a la primera hora, se apareció mi profesor, un hombre joven, delgado, bien formado, blanco, de pelo rizado negro y una hermosa sonrisa. De unos 27 años, yo tengo 19. Entró al aula de clase, se dirigió al escritorio y se presentó, hasta ahí todo parece normal, ¿cierto? Y así, lo vi yo también.

Pasaron los días y la coordinadora de carrera nos informó que debíamos presentar una ponencia sobre algún tema actual e interesante, a mi me entusiasmó la idea, sin embargo mis compañeros de clase no eran muy participativos, así que nadie estaba motivado para participar.

Así continuaron las clases y si en ese momento me hubieras preguntado su nombre te digo que no lo sabía, ¿sabes por qué?  Porque yo a él no lo miraba diferente, para mí era un profe más y ya, claro un profe muy atractivo y nada más.

El tiempo era apremiante, así que teníamos que participar, el profe se acercó a mí y me dijo, quiero hablar contigo, sabes, hablé con la directiva del evento y te propuse como moderadora del evento, quiero que participes. Debo confesar que no me gustó la idea de ser moderadora del evento, pues mis notas avalaban mis capacidades, en fin, me insistió un par de veces más y acepté.

Y ahí comenzó mi verdadera historia, los días iban y venían en los preparativos del evento. Como solíamos quedarnos a trabajar hasta tarde, él amablemente me acercaba en su auto a mi casa, él muchas veces sin saberlo me dejó en la puerta de mi casa.

En una ocasión me invitó a comer, otras a tomar un café y cada vez nuestra cercanía era mayor. Sin darnos cuenta nos involucramos sentimentalmente.
Me platicó que vivía con su padre, solos él y su padre, un hombre mayor y jubilado.

Debo decir que comencé a desear cada vez más su presencia, sus saludos, sus palabras, pero sabía que no era amor, de eso estoy segura, porque cuando lo recordaba solo pensaba en que me tuviera entre sus brazos y me besara, me tocara, me deseara, solo eso.

Un día, llegó por mí, mi novio, los presenté, grave error.

Todo se paralizó, mi profe me reclamó, me dijo que porque lo había hecho, es decir, comprendí que a él también le estaba pasando algo conmigo, y debo confesar que me daba miedo, pero quería vivir esa aventura.

Un día que me acercó a casa iba callado, como pensativo, yo comencé a acariciar su cabello, suave, dócil, le pregunté que si le agradaban mis caricias y me dijo que si y que continuara, él seguía manejando.

Vimos un estacionamiento, se metió, era de eso subterráneos, era de noche y comenzaba a llover, sin embargo él, a pesar del clima, estaba sudando, yo comencé por acariciarle su pierna, su cara, su cabello.

Estacionó su auto, lo apagó, volteó hacia mí y solo me miró, me acerqué y con los rostros completamente cerca lo besé. Sentí sus labios jugosos, frescos, tiernos.

Hasta ese momento no sabía lo que el deseaba, solo nos besamos en esa ocasión, bueno yo ni siquiera comprendí si ya éramos novios o que habia pasado. Tengo que irme después les sigo contando mi historia, créelo te vas a sorprender.

Susan. Universitaria traviesa.

Autora: Susan

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Sexo con un divorciado

El estaba inmóvil abajo y yo permanecía estático arriba. Los dos sabíamos que estaba bien ensartado, entonces comencé a moverme y él comenzó a corcovear como si me estaría domando. Mi esfínter llegaba hasta la mitad de su tronco y caía nuevamente. Sentir ese titánico pene en mis entrañas me llenaba de lujuria. En ese momento lo único que sentía era el placer de semejante penetración.

Nuestro viaje a Tierra del Fuego concluyó. Terminó con una situación inesperada. Nos hospedamos en el hotel de Ricardo, el papá de Matías, un hombre de 45 años, estatura media. Robusto pero no gordo, de buen carácter. El se divorció hace 5 años y se fue a vivir al sur. El día que nos recibió nos agradó su buen humor. A medida que pasaba el tiempo fue creciendo la amistad con él. Uriel, mi “noviecito” de 19 años estaba algo celoso. Decía que nuestro anfitrión me miraba a menudo el culo.

Desde el mismo momento en que Uriel me hizo ese comentario, nació en mí la extraña tentación de provocar a Ricardo. Siempre he sentido placer de despertar en los otros el deseo. Pero nada más que eso. Tengo 24 me llamo Emmanuel, de cabellos negros, cutis blanco y ojos celestes y con los únicos dos que logré una relación estable es con Uriel y con su padre, a quien llamo “44”, el amor de mi vida.

Matías es compañero de facultad de Uriel y fue quien nos invitó a pasar unos días en Ushuaia la capital de Tierra del Fuego. La ciudad más austral del país. En invierno generalmente nieva. El frío nos obligaba a regresar temprano al hotel. Allí anochece temprano. Durante el día estábamos afuera, paseando, conociendo, mientras Ricardo y Matías estaban ocupados en su trabajo. Todas las noches cenábamos los 4 juntos.

Después de cenar, Uriel ayudaba a Matías  en el servicio del hotel, hasta que llegaba el conserje de la noche. Yo conversaba con su papá. Conversaciones informales pero cálidas. Una noche le pregunté: “Ricardo ¿por qué eligió venirse tan lejos? ¿No extraña nuestra ciudad?”. Él respondió: “quedé destrozado con la separación de mi mujer, fue algo que me costó superar, y lo primero que hice fue invertir mis ahorros lejos de ella. Me costó separarme de Matías, es mi único hijo, pero mi impulso fue huir”.

Sentí lástima por lo que me decía. Otra vez le pregunté: “¿y cómo le va aquí? ¿No volvió hacer pareja?”. Me contestó: “al principio fue difícil, después me fui acostumbrando, todavía no hice pareja. Eso no lo descarto ya que la soledad es dura y todavía tengo muchas energías”. Largó una risa. Luego me dijo: “¿y vos tenés novia?” Le dije que no. A él le pareció extraño y me dijo: “¡es raro! Un chico tan lindo que no tenga novia, pero imagino que algunos “jaleos” tenés”. Otra vez nos largamos a reír.

Ricardo estaba con camisa de mangas cortas y noté un tatuaje en su  brazo, le pregunté: “¿y ese tatuaje?”. Otra vez río y subiéndose hasta el hombro la manga de la camisa, me mostró una serpiente que le cruzaba el brazo. Se notaba que se la había hecho hace muchos años. Me contó: “fue una locura de juventud, me la hice al salir del servicio militar”. Le observé el brazo y le pregunté qué era, él me respondió: “una boa… ¿sabes lo que es una boa?” y le respondí: “una víbora gigantesca”.

Él me contó que los otros soldados le llamaban “Boa” y por ese motivo se hizo ese tatuaje. Se me ocurrió preguntarle: “¿Por qué lo llamaban boa?”. Él se largó a reír y me preguntó: “¿querés saber por qué me pusieron ese sobrenombre?, en las duchas ellos descubrieron un detalle personal”, entonces se puso de pie se desabrochó el pantalón y se los bajó junto con el calzoncillo y me mostró el pene. Quedé asombrado, perplejo, era la verga más grande que había visto en mi vida.

Mudo por la sorpresa observaba esa pija. Aún flácida medía mucho. Era más larga que la de 44 y Uriel, y era gruesa. Estaba circuncidado, es decir sin prepucio por lo que colgaba pesadamente un glande tremendamente cabezón. Los testículos eran enormes. Tanto su pija como sus huevos eran rodeados de abundante pelo. Mientras estaba atrapado por semejante visión, Ricardo se subió el calzoncillo y se abrochó la bragueta de su pantalón, y con una sonrisa me dice: “¿Entiendes ahora porque me llamaban boa?”. Le respondí: “si, claro, es enorme”

Él me preguntó: “¿y vos cómo estás de caño?”. Le respondí: “todo normal, aunque pequeño a la comparación del suyo”. Yo estaba excitado pero entonces me vengué para devolverle con la misma moneda, le dije: “Yo no tengo ese tamaño adelante, pero tengo un enorme culo. Mi mamá y mi hermana dicen que tengo cola de mujer, y durante mi vida he tenido que soportar los pellizcos de los más confianzudos. Mis compañeros del colegio me llamaban “Patito” ¿quiere saber por qué?”. Me respondió: “si”

Me puse de pie, me bajé el pantalón y el slip y me di media vuelta parando la cola y mostrándole el culo. Él quedó perplejo tanto como yo cuando miraba su verga. Atónito no sacaba la mirada de mis glúteos bien redondos y levantados, casi lampiños, a penas unos pocos bellos y yo sabía que me estaba deseando, hice entonces un movimiento de nalgas. Me subí el pantalón y le pregunté: “¿entiende porque me llamaban patito?” y él respondió: “está claro y tu mamá y tu hermana tienen razón”. Los dos reímos.

Me acerqué a la cocina preguntándole: “¿quiere que tomemos un café?” él me respondió: “bueno, te alcanzo el azúcar”, al levantarse le vi de reojo la bragueta, una punta visible levantaba la tela de su pantalón. A Ricardo se le había parado la boa y yo sentía el placer de haberlo excitado.

Estábamos tomando el café, cuando entraron Uriel y Matías. Comentaban acerca de la discusión de dos holandeses que se alojaban en el hotel. Uriel fue a ducharse y Matías nos saludó dirigiéndose a su habitación. Ricardo me invitó: “¿quieres que veamos una película?”, le respondí que estaba cansado, le agradecí y lo saludé. Fui a mi habitación, estaba excitado con lo sucedido, no podía sacarme de la cabeza la semejante poronga que colgaba entre sus piernas. Disfrutaba haber despertado el deseo en ese hombre.

Era la última noche que estábamos en Ushuaia, debía aprovecharla al máximo y caliente como me encontraba, me desnudé y entre a la ducha donde estaba Uriel. Me recibió debajo de la lluvia, me puso shampoo y enjuagó mi cabeza, y luego me jabonó todo el cuerpo. Estábamos enjabonados, haciendo más delicioso el friccionar de nuestros cuerpos. Nos besamos mientras nos tocábamos el culo, la espalda, y frotábamos nuestros penes erectos. Nos secamos y fuimos a la misma cama.

Con la visión de la boa de Ricardo, me fui a la verga de Uriel y comencé a besársela, comencé a saborear y a chuparle el glande, los testículos, hasta cerca de su agujerito. Uriel gemía, y tantas noches de sexo, nos hizo más confiados y no callábamos nuestros gemidos. Tragaba toda su pija en mi boca y la sacaba rozando mis labios en su glande. Nos incorporamos y nos pusimos en posición cucharita. Uriel detrás me besaba las mejillas, el cuello, y sus rubios cabellos rizados, humedecidos por la ducha me mojaban.

Con mis manos orienté su pene hacia mi esfínter y él clavó la cabeza de su pija adentro, entonces lo detuve, porque yo quería jugar y hacerle gozar, con mis movimientos de culo lograba que su glande entrara y saliera. Mi agujero es el que tenía toda la iniciativa. Uriel mantenía estática su verga dura, y yo con  un corto movimiento vertiginoso de caderas, me clavaba su cabeza y sin que su tronco ingresara volvía a sacar. Así sucesivamente. Uriel me abrazó y largó toda la leche que pudo en mi interior.

Era una manera de compensarlo por los deseos prohibidos que sentía por el dueño de casa. Luego le pedí que también me chupara, y Uriel me dio una mamada ejemplar. Otra vez nos pusimos en posición de cucharita, pero esta vez yo estaba detrás. Le rogué que hiciera lo mismo que le había hecho yo. Dejó entonces que le clave la punta de mi pija y luego comenzó a moverse con un ritmo ideal. Tampoco disimulé los gemidos. Era la última noche en Tierra del Fuego y mi semen se abría pasos dentro de él.

Uriel me contó que Ricardo le había pedido a Matías que trajera una mercadería de un galpón que estaba en una estancia a 50 kilómetros de allí y que fuese acompañado porque solo no podía hacer esa tarea. Uriel me dijo que saldríamos a las 9 a.m. para volver antes de las 1 p.m. Entonces le dije que fuese él con Matías y que yo aprovecharía para limpiar todo el departamento, también aprovecharía de preparar nuestro equipaje ya que a la tarde regresaríamos a nuestra ciudad.

Al otro día, los muchachos desayunaron temprano y partieron. Me quedé un rato más en la cama y luego me levanté para las tareas. Salí de mi habitación en slip, pues en Tierra del Fuego todos los ambientes poseen excelente calefacción. En la casa reinaba un silencio total. Me dirigí a la heladera y me sorprendí cuando desde la habitación de Ricardo salía él también en paños menores. Le dije: “pensé que estaba trabajando en el hotel”. Me respondió que iría dentro de un rato.

Entonces le pregunté: “¿quiere que le prepare el desayuno?”. Me contestó: “desayuné antes que los muchachos, los despedí desde el hotel”. Le volví a preguntar: “¿se siente mal?”. Entonces se puso frente a mi, y me dijo: “seré directo. Me siento excitadísimo con vos. La situación de ayer me dejó caliente, muy caliente”. Su tono era amable y suplicante. Me puse muy nervioso y le dije: “pero…yo no acostumbro hacer eso”.

Ricardo me dijo: “creo que está mal espiar lo que los otros hacen. Pero anoche estaba tan excitado que creí sentir gemidos dentro de la habitación de ustedes, me acerqué a la puerta y confirmé que ustedes estaban gimiendo, estoy seguro que tuvieron sexo, pero no me debes dar ninguna explicación. Únicamente  te pido que me entiendas, soy un hombre solo. Estoy muy excitado y quisieras que me ayudes”. Titubeé, le pregunté que diría su hijo Matías, también le aclaré que Uriel se enojaría mucho.

Me aclaró que él era el primer interesado de que su hijo no se enterase. Ricardo me dijo casi implorándome: “nadie va enterarse, a lo mejor es la última vez que nos veamos en la vida. Tanto para vos como para mi, no será más que un polvo, un gusto más que nos daremos en la vida. Vivimos muy lejos y no tenemos personas en común  sino a mi hijo Matías. Dentro de unas horas partirás y lo que hagamos aquí quedará tan solo en nosotros dos. Se que te impresionó mi verga, a mi me encantó tu culo”.

Él tomó una de mis manos y la llevó a sus genitales. El solo tacto de su miembro me recordó la dimensión que tenía y el deseo se apoderó de mí. Sólo le pregunté: “¿tenés condón?”. Él me respondió: “si tengo condón y también vaselina”. Me llevó de la mano a su habitación y la ansiedad se apoderó de mí y también la incertidumbre de lo que sucedería.

En su dormitorio había una cama de dos plazas. Ricardo se sacó el calzoncillo y se acostó sobre la cama, desde allí me invitó a hacer lo mismo. Me senté cerca de su pene. Continuaba flácido. Otra vez admiré el tamaño de su verga, si así medía dormida como sería cuando despertara. Tomé con mis dedos su miembro y él realizó su primer estremecimiento. Miré atentamente su formidable glande, estaba completamente descubierto. No tenía nada de prepucio.

Le pregunté: “¿por qué te han circuncidado? ¿Es por una cuestión racial?”. Me dijo, “nada que ver, me operaron cuando tenía 16 años, ya que mi prepucio estaba muy ligado y no se rompía solo como es natural. El tamaño de mi pene creció en la temprana adolescencia. Cuando me excitaba se paraba, el glande quería salir pero el prepucio no le permitía, así que eso producía un gran dolor. Después de la operación se acabaron esos problemas.

Fije mi mirada en esa cabezota descubierta, y mis labios se dirigieron a ella, y le di mi primer lamida. Ricardo nuevamente se estremeció. Luego la puse dentro de mi boca y comencé a pasar mi lengua sobre ese glande fabuloso. Mis labios rozaban todos los costados de la extremidad de su pene, y la reacción no se hizo esperar: comenzó a crecer desmesuradamente, en segundos su pene se había parado duro como acero. ¡Era increíble! Una pija monumental. Quedé sorprendido.

A simple vista ese miembro no medía menos de 25 cm. y sus venas hinchadas le otorgaban un grosor que impresionaba. Realmente era una boa, y ahora estaba despierta. Estábamos ambos totalmente excitados. Quise tragar su pene. Metí en mi boca toda su cabeza y llegué a introducir la mitad de su tronco pero su punta tocaba el fondo de mi paladar y me dolió. Me conformé entonces de lamerle los huevos, chupé cada uno de sus testículos. Quería comérselos. Ricardo estaba en el éxtasis.

Expresaba con fuertes gemidos su placer. No disimulaba para nada. Estábamos solos. Entonces gritó: “quiero penetrarte”. La idea de enterrar esa víbora en mi culito me atemorizó, pero me llenó de sensación placentera. Un cóctel de miedo y deseo. Le comenté: “¿la boa quiere comerse el patito?”. Y con la misma picardía exclamó: “quiere engullirlo”. Me alcanzó el condón y me dijo que se lo pusiera. Tomé el preservativo y comencé a ponérselo. Su gruesa verga quedó encapsulada, apretadita.

Ricardo me sacó el slip y acariciando mis nalgas pensó en voz alta: “pensar que por un culito así se destruyó mi matrimonio”, me puso debajo de él y con su lengua comenzó a lamer mi culo. Lo hacía con una habilidad que no parecía un hombre solitario. Metió su lengua en mi agujero, también yo gemía sin escrúpulos. Era tal el placer que no quería que se detuviese, pero él me dijo que debía dilatar mi culo para que no me doliese tanto la penetración.

Comenzó a ponerme vaselina en mi hoyo y a meterme el dedo índice, luego metió el dedo mayor, y cuando ya estaba algo dilatado, me puso dos dedos. Me dolía mucho, pero él me decía que eso previo era necesario. Él era paciente a pesar de que estaba estimulado. Cuando creyó oportuno se acostó mirando al techo, y me pidió que me sentara en su vientre. Le iba obedeciendo como un chico sumiso. Me pidió que me levantara un poco, que lo ayudara. Estaba cabalgando de cara a él.

Levanté la cola y miré para atrás, su pene estaba erguido, totalmente dispuesto. Me fui sentando sobre su verga y él ayudaba con un suave movimiento de cadera. Mi culo completamente dilatado recibió su glande que se abrió paso y no pude impedir gritar.  Él me animó diciendo: “iré despacio, no tengas miedo. Claro que podemos”. Hizo nuevos movimientos de caderas, y sentí que me serruchaban el esfínter. Los anillos del ano estaban estirados en su máxima extensión y el tronco avanzó respetablemente.

Le rogué: “dame tiempo, espera un momento hasta que se acostumbre”. Así lo hizo. Estaba clavado pero faltaba todavía. Cuando él pensó que podía avanzar, hizo otra vez algunos movimientos de cadera y su verga entró un poco más de la mitad. Le rogué nuevamente: “esperá otro poquito. Está entrando. Me duele pero me voy acostumbrando y todo esto me gusta”. Ricardo me tenía de la cintura mientras yo seguía cabalgándole. Finalmente otra vez pujó con su cadera y esta vez la enterró totalmente.

Quedamos unos instantes quietos. El estaba inmóvil abajo y yo permanecía estático arriba. Los dos sabíamos que estaba ensartado enteramente. Entonces comencé a moverme y él comenzó a corcovear como si me estaría domando. Mi esfínter llegaba hasta la mitad de su tronco y caía nuevamente. Sentir ese titánico pene en mis entrañas me llenaba de lujuria. En ese momento lo único que sentía era el placer de semejante penetración.

No pude controlarme más y atravesado como estaba, mientras bajaba y subía esa barra de acero, eyaculé. Mi semen bañó todo su pecho. Cuando él vió que yo había volcado, hizo más intenso el saca y mete, estaba transpirando. Suspiró aliviado mientras derramaba su leche dentro del condón que podía explotar de un momento a otro. Ya calmados, esperamos unos segundos hasta que su pija fuera deshinchándose. Los dos estábamos exhaustos. Me dijo: “gracias” y le dije: “te agradezco también”.

Después él se fue a trabajar al hotel y yo desayuné, limpié la casa y preparé el equipaje.  Me dolía el culo. Matías y Uriel llegaron al medio día. Almorzamos los 3. Ricardo estaba trabajando. A las 3 p.m. Matías nos llevaba al aeropuerto. Fuimos a despedirnos del dueño de casa. Estamos de regreso en nuestra ciudad.

Es extraño. No siento culpa de haberme acostado con Ricardo, y pienso que se debe a que fue un “polvo” ocasional que quedará escondido en la memoria y que provocará algunas pajas en la boa y el patito. Una aventura guardada celosamente en la conveniencia de sus dos protagonistas. Disfruté este paseo por el fin del mundo.

Autor: Emmanuel

Sebastianmemoria@hotmail.com

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Hasta que apareció ella

Raúl alcanzó de nuevo su clímax descargando su néctar en la boca de ella, como tanto había soñado. Bety, complaciente, lo disfrutó hasta el clímax porque sabía la ilusión que a él le hacía. A los pocos minutos, Gustavo alcanzó también su momento, menos abundante por la intensa actividad de la noche, pero igual de satisfactorio.

Todas las parejas tienen su historia, pero a menudo una misma historia parece escoger a miles de parejas para renacer una y otra vez. Tal fue la conclusión a la que llegué después de “escuchar” a diversos amigos cibernautas contándome lo que parecía era un mismo relato:

“Tras un intenso noviazgo, pleno de excitantes aventuras sexuales que incluían banquetes en el auto, en un motel o incluso en la casa de alguno de los dos, vino el matrimonio y todo se acabó. Aquellos deliciosos arrumacos en la sala de la casa de ella; aquellos escapes al “limbo”, cuando nadie sabía dónde estaban; aquellos “después de la fiesta y antes de llegar a casa”… Todo, todo aquello se esfumó. Ahora, las cada vez menos frecuentes entregas amorosas parecieran haber perdido la chispa de la pasión…”

¿Porqué ocurre esto? ¿Es la ausencia de lo prohibido la razón del desinterés sexual post-matrimonial? Pareciera que sí, a decir de la historia de Bety y Gustavo, cuya valiosa experiencia relato, permiso previo, para todas aquellas ciberparejas que se hayan identificado con el inicio de este texto y, quién sabe, a lo mejor siguen sus pasos…

Después de dos hermosos años de excitantes aventuras premaritales, Bety y Gustavo decidieron unir sus vidas en “santo matrimonio”. Todo pintaba para una felicidad absoluta, pero algo pasó. Transcurridas las primeras semanas enmarcadas en el disfrute pleno, y aunque el cariño no mermaba, ambos fueron percibiendo un declive en la intensidad de sus relaciones, y como consecuencia de ello, un decremento en la frecuencia de las mismas.

Eventualmente lo hacían, y desde luego, lo gozaban, pero no era como en aquellos tiempos. Faltaba algo. Ambos lo sabían, pero no se atrevían a platicarlo entre sí. Por falta de comunicación, excesiva prudencia o temor a la reacción del cónyuge, ambos permanecieron en ese estado de insatisfacción plena por ¡tres largos años!, hasta que apareció ella, la red. Para Bety, Internet se había convertido en una herramienta que le ayudaba a resolver problemas en su trabajo. ¿Le ayudaría con su problema marital?.

Rápidamente se interesó en los sitios para adultos. En su búsqueda, se tropezó con los molestos y abundantes sitios “gratuitos” que piden los datos de la tarjeta de crédito “para verificar la edad”, lo cual le resultaba frustrante.

Afortunadamente se encontró con esta página ese maravilloso oasis en el ciberespacio. Pudo entonces asomarse a la intimidad de los “esposos en acción” y desarrollar su imaginación con la sección de relatos. Fue entonces que el “Eureka” llegó. Tras leer algunos relatos sobre parejas liberales, comprendió que en la práctica del intercambio de parejas había un peculiar atractivo. Antes de leer relatos sobre el tema, asumía repulsiva la idea de compartir a su marido, pero tras conocer diferentes historias, no pudo evitar reconocer que había algo de mágico en aquella posibilidad. ¿Pero como decírselo a él? ¿Como invitar a su cónyuge a participar en semejante práctica? Sabía, por sus andanzas prematrimoniales, que Gustavo no era el tipo de compañero conservador, pero de eso a proponerle un intercambio, había una buena distancia.

Tras mucho meditar, decidió inducirlo a semejante fantasía de la misma manera en la que ella había sido seducida: a través de la lectura de las experiencias que otros cibernautas compartían. Como parte del juego sexual, lo invitó a que leyeran juntos los relatos. Para Gustavo, aquella invitación resultó muy estimulante, su inteligencia y disposición ayudaron mucho, y pronto la gentil pareja encontró en aquellas lecturas un delicioso aperitivo sexual, así como una nueva forma de comunicación íntima.

Bety reconoció su éxito cuando empezó a notar cómo, en medio de aquellas lecturas que se acompañaban de mutuas caricias, su compañero hacía evidente su mayor grado de excitación cuando el relato tocaba temas como la infidelidad consentida o el intercambio de parejas. Fue entonces que comenzaron a contactar otras parejas liberales “sólo para jugar”, y pronto establecieron correspondencia continua con diversos ciberamigos.

Con las semanas, la fantasía del intercambio fue madurando tras intimar enormemente con una pareja, Norma y Raúl, que parecía tener gran afinidad con ellos: novatos en el asunto; profesionistas ambos; ni Adonis y Venus, ni Cuasimodo y Medusa (“normalitos”, pues); alrededor de los 30; clase media; “buenas gentes”; etc., etc. Durante su carteo electrónico, los dos matrimonios habían establecido comunicación pareja con pareja y, en su momento, ellos con ellas individualmente, alcanzando un alto nivel de intimidad que los animó más temprano que tarde a encontrarse en un bar de la Zona Rosa.

Ese primer encuentro pareció la reunión de viejos amigos íntimos. El beso en la boca con que ellos saludaron a ellas pareció el banderazo de salida para la frenética “inmoralidad” en la que estaban a punto de sumergirse. Sentados a la mesa, las parejas parecían ser Bety y Raúl, y Norma y Gustavo, pues de los flirteos iniciales habían pasado con rapidez a palabras al oído, a tomarse de la mano y hasta acariciarse aún discretamente en las piernas o la espalda. La cara del mesero que les atendía reflejaba extrañeza; no entendía bien a bien lo ahí pasaba.

Pasaron los minutos y con ellos creció la recíproca atracción entre las “nuevas” parejas. Después de una excitante plática y una que otra copa, Gustavo y Norma comenzaron a besarse reemplazando por fin la discreción por el descaro. Las miradas de Bety y Raúl se cruzaron estupefactas, pero tras algunos segundos de desconcierto, una sonrisa se les dibujó en el rostro: el intercambio se había formalizado.

Con ansiedad difícil de ocultar, pidieron la cuenta y las dos parejas se marcharon del lugar anhelantes del futuro inmediato. Bety y Gustavo invitaron a sus amigos a su casa, a la cual se desplazarían en los dos autos, Bety con Raúl y Norma con Gustavo.

La temperatura reinante en aquellos dos vehículos no fue propicia para la paciencia. Aún sin encender los motores y con desvergüenza notoria, Norma y Gustavo se enfrascaron en fenomenal manoseo observable desde el auto en el que sus cónyuges estaban, quienes comprendieron entonces que eran los “decentes” del cuarteto. Sólo se abrazaron y observaron con excitación la frenética escaramuza de sus osados consortes que rápidamente empañaron los cristales del auto.

La “indecencia” no se ausentó una vez que los vehículos se pusieron en marcha. Los indiscretos arrumacos de ambas parejas sorprendían, escandalizaban o divertían a conductores y transeúntes que coincidían con ellos. El colmo pareció llegar cuando Bety y Raúl, aparejados con sus cónyuges por un alto en el semáforo, observaron cómo la cabeza de Norma se meneaba verticalmente en el regazo de Gustavo.

-¡Qué desesperados!-,bromeó Bety…

No pudiendo evitar un ligero ataque de celos, el cual se suprimió rápidamente por la inquietud de los dedos de su circunstancial compañero que, golosos, hurgaban debajo de su falda. Ella entonces, acarició tiernamente y con tela de por medio entre las piernas de su amigo. Para fortuna de la “liga de la decencia y las buenas costumbres”, aquellas dos parejas finalmente llegaron a su destino. El rostro de los cuatro reflejaba excitación y felicidad, pero su aspecto evidenciaba que aquel trayecto había estado libre de pudor. Las manchas de humedad en el pantalón de Gustavo y la blusa de Norma, los pringosos dedos de Raúl y la íntima prenda de Bety, olvidada en el auto, confirmaban esta realidad.

“¿Qué sería lo propio, sentarse a la sala a platicar, o de plano seguir con lo que había comenzado en los autos?” se preguntaba Bety mientras ingresaban a su casa. En esos pensamientos estaba cuando, sin más ni más, su esposo y su amiga se “desaparecieron” sin decir palabra. Después de unos instantes, y tras escuchar “ruidos extraños” provenientes de la recámara de los anfitriones, ella y su compañero confirmaron de nuevo su rezago en materia de “impudicia” con relación a sus parejas. De nuevo sus rostros se iluminaron con una sonrisa, sus miradas se cruzaron y terminaron fundiéndose en febril abrazo.

En el cuarto, Norma y Gustavo llevaban a cabo todas aquellas locuras que por sus mails se habían prometido realizar. Habían fraguado algo así como un guión de triple equis, en el que se sucedían una a una todas aquellas posiciones que soñaban hacer, incluso aquellas, para muchos poco atractivas, que parecen diseñadas para cirqueros. Pero esa era su fantasía, eso era lo que los ilusionaba. Las complexiones robusta de él y menuda de ella, les ayudaron a realizar gran parte de aquellas metas, quizá un tanto frívolas por su excesiva planeación, pero para ellos plenas de satisfacción y placer.

Bety y Raúl se comportaron menos pragmáticos. Más allá de guiones o detalles de posiciones, sus correos se habían impregnado de ternura, erotismo y “mórbida” poesía, y en esas condiciones realizaban su entrega.

Para excitar a su compañero aún más, ella se recostó en el sofá y levantó levemente su falda, dejando al descubierto parte de lo que sabía su principal atractivo. Con satisfacción observó en su compañero un nivel de deseo como hacía mucho no notaba en su marido. Se encendió al máximo cuando Raúl se hincó ante ella y, tras levantar totalmente su falda, se dio a la tarea de recorrer aquel trasero con labios y lengua. Ella recordó entonces las deliciosas sensaciones que una boca amable y sensible puede regalar.

Ilusionada, abrió sus piernas con la esperanza de dirigir aquella boca a sus partes más sensibles. Lo logró. Cuando la gentil lengua se paseó consecuente entre los dos montículos acercándose inevitablemente a su orificio menor, supo que bien había valido la pena aquella riesgosa aventura. Su nivel de gozo creció aún más cuando al tiempo que el húmedo músculo de su temporal amante le picoteaba febril, como queriendo ingresarla, dos prestos dedos incursionaban amables en su orificio mayor, haciéndola alcanzar los máximos límites de gozo posibles. ¡El Edén debería parecerse mucho a aquello!

Raúl no aguantó más. Los gemidos de placer que su esposa y su amigo emitían, sumados a los eróticos gimoteos con los que su compañera en turno evidenciaba su orgasmo, lo excitaron demasiado. Con ansia desmedida desabrochó nerviosamente su pantalón para liberar su viril carnosidad y dirigirla afanoso hacia el excitante portal que instantes antes había albergado a sus dedos. Sujetó entre sus manos la cadera de su compañera, quien amable y agradecida la había levantado, y penetró en aquella complacida y condescendiente mujer.

Para Bety, aquellos momentos fueron conmovedores. Había olvidado lo que eran los orgasmos apoteósicos, plenos de placer, aquellos que en su momento había tenido con su marido pero habían pasado a la historia. Sin embargo, ese día Raúl se los había recordado. Ahora disfrutaba feliz del golpeteo de su compañero sobre su trasero, de la deliciosa fricción que aquella bendita carne ejercía sobre su entrada y de las educadas manos que inteligentes y complacientes se desplazaban sobre sus senos. ¿Qué más podía pedir?

Tras varios minutos de gozo, finalmente ocurrió. Raúl retiró apresurado su ariete y descargó la consecuencia pringosa de su orgasmo sobre el trasero de Bety, como él tanto había fantaseado. Tras limpiar y acicalarse un poco se acomodaron a descansar abrazados en aquella sala, mudo testigo de su impudicia, para esperar a sus cónyuges que, por el silencio reinante, seguramente habrían terminado también… por el momento.

Tras algunos minutos de espera infructuosa, Bety y Raúl decidieron acudir a la recámara donde se encontraban sus compañeros, topándose con un enternecedor cuadro: ambos tórtolos yacían desnudos, abrazados y completamente dormidos, mientras la tele encendida mostraba aún las obscenas escenas de una estimulante película que para el efecto habían puesto sus compañeros. Por tratarse de los más “fogosos” del cuarteto, sus sorprendidos cónyuges no pudieron contener una risa entre burlona y divertida. La película porno les invitó a sentarse en aquella cama y, abrazados, se dieron a la tarea de observar aquellas imágenes.

No pasó mucho tiempo antes de que la excitación hiciera presa de ellos nuevamente. Aún sin perder detalle del filme, las manos de ambos acudieron al mutuo regalo de placer: ella, envolviendo entre sus manos la engrosada carnosidad de su compañero, y sometiéndola a exquisito vaivén; él, incursionando febrilmente entre las piernas de ella, dando lugar a un recurrente roce. Sus bocas se encontraron de nuevo. Ambas lenguas parecían querer trocarse de lugar y se frotaron juguetonas.

A los pocos minutos, la TV había perdido la atención de aquellos amantes, y ahora eran ellos las estrellas de la indecencia. Con una extraña combinación de agitación y ternura simultáneos, Raúl sujetó a Bety por la cabeza y la dirigió a su entrepierna, implorándole atención oral. Complacida por la ansiedad de él, Bety se subió a la cama para desde ahí dar albergue dentro de su boca a la excitada parte de su compañero, procurando frotarle suavemente con labios y lengua, al tiempo que su mano masajeaba con delicadeza la parte que quedaba afuera. Con cierto remordimiento, recordó en ese momento que hacía muchos meses que no atendía a su marido de esa manera. Se prometió a sí misma hacerlo en la próxima oportunidad.

Pronto, aquella emotiva actividad despertó a Gustavo, quien aún adormilado observó con sorpresa la afanosa atención que su cónyuge regalaba a su amigo. Sólo la invitante posición canina de su esposa pudo evitar la aparición de los celos, quienes cedieron su lugar para dar paso a una rápida erección. Con el ansia natural del caso, Gustavo se colocó detrás de su esposa para penetrarla, particularmente motivado por el hecho de saber que esa sería la primera vez que su querida esposa estaría con dos hombres.

Para Bety, aquella situación fue inédita. Apenas meses atrás su mente había sido incapaz de imaginar semejante acto de “indecencia”, pero ahora su cuerpo se regodeaba feliz en las fronteras del deleite, sabiéndose objeto de placer por partida doble, ¡mientras Norma seguía dormida!

Finalmente aquello terminó en lo que tenía que terminar. Raúl alcanzó de nuevo su clímax descargando su néctar en la boca de ella, como tanto había soñado. Bety, complaciente, lo disfrutó hasta el clímax porque sabía la ilusión que a él le hacía. A los pocos minutos, Gustavo alcanzó también su momento, menos abundante por la intensa actividad de la noche, pero igual de satisfactorio.

Aquel “King Size” se convirtió por horas en un hermoso monumento a la “inmoralidad”, soportando y exhibiendo ufano aquellos cuatro cuerpos que desnudos, inertes, complacidos y exhaustos, escandalizaron a la señora del aseo que, temprano como siempre, acudió al día siguiente para realizar las labores de apoyo doméstico en ayuda de Bety.

Más temprano que tarde, tras aquella aventura, los cuatro participantes entendieron que la doble sensación de “engañar” a la pareja y “sufrir su engaño” simultáneamente, representaba una de las experiencias más excitantes para cualquier persona sexualmente libre, y que difícilmente podrían renunciar a esa práctica en el futuro.

Autora: Mónica

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