La risa me volvio puta II

Gracias a todos mis lindos fans por pedir esta segunda parte.  No la leas si no has leido la primera.

Me dejaron ir al tocador. Me sentí horrible al ponerme de pie y tratar de agarrar mi ropa cuando Mario me gritó con mucha seguridad “Te vas así desnuda y no demores…”. No fue por el grito, sino porque de mi no salió defenderme. Tenía aun en mi cuerpo los temblores de un orgasmo tan poderoso que hasta ahora estaba entendiendolo, e incluso creo que sonreí un poco, di la vuelta y caminé hacia el baño.

Me miré al espejo y apoyé las manos sobre el lavabo, baje la cabeza y sentí mi mente nublarse por uno segundos. “Me he corrido con dos hombres cosquillanome… cómo puede ser, y cómo es que me he dejado cosquillar por ellos… aunque sean lindos… ” NO!!. Había tenído mi primer orgasmo con chicos antes de tener mi primer pensamiento verdaderamente femenino, y en ese momento sentí una corriente desde la planta de mis pies hsta mi nuca, sentí que algo estaba encajando.

Levanté el rostro y me miré al espejo. 1.70 metros, contextura delgada con el cuerpo tan femenino como un chico de mi edad podría tenerlo. Mi piel blanca como la leche relucía con un resplandor nuevo, y tenía mi cadera ladeada, y una rodilla cruzada sobre la otra. Puede ver con claridad por primera vez a la chica que realmente era, y me gustó.

Con una valentía nueva tomé el pote de crema de rasurar y me embadurne las piernas las partes en que aun tenía pelo, me rasuré, me bañé y sali del baño rumbo a mi cuarto. Desde el pasillo les escuchaba reir, conversar y hasta brindar por su nuevo hallazgo.  Entré al cuarto y busqué una de mis prendas más ocutas, el pequeño short de mezclilla que dejaba el borde inferior de mis ricas nalgas asomarse, me lo calcé hasta donde me dolieron mis femeninas bolitas, y me puse una camiseta cortita, que dejaba una línea de mi barriguita expuesta.

Comprendí por qué guardaba estas prendas sin saberlo, por qué tenía un espejo de cuerpo entero en mi cuarto, por qué cuidaba lo que comía, por qué no podía quitar la mirada de algunas chicas, sin sentir que me excitaba. Yo creía que eso era lujuria, pero era simple y vieja envidia. No deseaba sus cuerpos para sexo, deseaba sustituirlas, y buscarme un macho.

Respiré profundo y caminé así, descalza por el impecable piso de mi depa hasta la sala. pese a la fiesta todo estaba limpio, y al salir nuevamente hubo silencio. “Rogelio, de verdad que me estoy preocupando” dijo Mario. “Esta putita me esta gustando demasiado, si no fuera porque estoy seguro de que es el mariquita del vecino me enamoraba”. “Calma Mario. Putita, ven a sentarte con nosotros”.

Caminé obediente y me senté entre ellos. Me ardían las mejillas y sentía mucho frío en las piernas. Sólo sentarme Mario comenzó a acariciar mis muslos y Rogelio me tomó por la barbilla, como dispuesto a besarme, pero se me quedó mirando. “Sabes Mario, te entiendo, no me llames maricón a mi también pero es que esta demasiado de linda…” y me enterró su lengua hasta la garganta.

Un macho dos veces más fuerte que yo sobandome las piernas, otro más fuerte que el primero, besandome, y yo sin hacer absolutamente nada, con los brazos colgando inmóviles, dejandome hacer, sintiendo como si tuviera una erección para adentro, porque me mojaba y me exitaba mucho, pero mi pene estaba recogido, como el clítoris que realmente siempre había sido.

Mi brazo derecho se movió. Yo no lo mandé, lo juro, pero fue directo a la bragueta de Roge, y la bajé con una maestría que me espantó un poco.  Metí mi mano en sus pantalones y lo que encontré fue sorpendente. Luego de tantos años de sólo conocer mi pene, que es normal (como el tuyo seguramente), tocar semejante tronco de carne fue algo muy nuevo para mi. No había ni la más remota posibilidad de que lo sacara por esa bragueta, así que intenté desabotonar el pantalón, pero Rogelio me agarró la mano, primero suave y lugo haciendo más presión, poco a poco sentía que ya no tenía circulación en mi mano, me separé de su cara y lo miré con duda, miedo, pena, lujuria, que se yo, y noté que sonreía mucho.

“Mario, el plan está funcionando, pasemos a la fase “b”. “Fase b?”, pensé para mis adentros, y en un sólo movimiento comprendí que no habían olvidado lo que solo media hora antes había ocurrido. Mario me tomó nuevamente por las manos y me tiró hacia el. Esta vez no pataleé, sólo miré a Rogelio no con miedo, sino con respeto y una leve sonrisa de complicidad. Sabia que me atormentarían con cosquillas de nuevo, y los reflejos de mi cuerpo eran de escapar, pero de nada servían.

Mi cuerpo estaba sobre Mario. Sentía su verga caliente y rígida en el centro de mi espalda, y rogelio delante de mi se puso de pie, y se quito toda su ropa. No podía creer lo que sucedía en mi mente. Para mi era un bonbon, su cuerpo mostraba el resultado de ya varios meses en el gimnasio, tenía pelos, como el cuerpo de un hombre debe tener, y su verga en el centro, dura, apuntando hacia arriba, con dos grandes huevos de hombre colgando.

Se volvio a sentar y la oleada de cosquillas regresó. Y mi risa y mis Noes volvieron, mis gritos, mis gemidos  y algo nuevo. Para entonces ya me habían removido el short y la camiseta, mi cuerpo desnudo era de su complacencia, y sobre el mismo sus cosquillas corrian libres, pero ahora roge me estaba metiendo un dedo en mi culito.

Abría las piernas y le grité “has lo que vas a hacer pronto maldito!”, y el se puso de pie. Me puso su pene en la cara, lo bajó a mis axilas y me hizo cosquillas con el. A pesar de ser romo, me retorcí como una cerda por las cosquillitas que me hizo, bajo por mi vientre que también es sensible y acarición mi pene que estaba a todo lo que da para entonces, bajo entre mis piernas, y lo puso en mi entradita. Abrí los ojos y vi como mis piernas lo abrazaban como mis manos apretaban los brazós de Mario, los acariciaban. Ya Mario no me estaba agarrando, por el lado de mi torso sobresalía su verga, nada mala tampoco, y se masturbaba lentamente, me llamó la atención y descuidé lo que hacía roge y eso fue todo lo que el necesitó, un segundo de descuido, para dejarmela ir entera en mi virgen culito.

El grito que di fue desgarrador, como desgarradora fue esa penetración. Me movía en todas direcciones, y mario volvio a mis axilas, con furia.

Mi cerebro no podía procesar tanto. Me ardía y dolía el culo como pocas cosas duelen, me cosquillaban las axilas tan intensamente que dentro del dolor me reía, y no dejaba de retorcerme, patalear nuevamente con los ojos cerrados, sin que la exitación se fuera. Tantas cosas fuera de control que si no fuese por la corrida masiva de hacia un rato me hubiese vuelto a correr, y si no fuera porque la verga más rica del mundo me taponaba el culo, me hubiese cagado también, porque no tenía control de nada.

Rogelio no se movía, y me acariciaba los muslos, el pubis, mi bajo vientre, y luego se movió a mi pene. Lo masturbaba lentamente, y el dolor se fue pasando. Mario soltó mis enrojecidas axilas y me agarró la cabeza, la orientó a su verga dura y goteante, y me la acercó a la boca. Mi boca ya sabía que hacer, y mi siguiente pensamiento claro fue la comprensión de que ya no me dolía el culo, que me estaba gustando la sensación de penetración, y que estaba mamando una verga que me sabía a gloria.

Sentí algo que me golpeaba las nalgas. Era un control remoto de la tele. Miré en esa dirección para quitarlo y noté que la puerta del depa estaba abierta, lo que me preocupó porque a esas horas de la madrugada todo puede suceder en la ciudad. Pero aun, alguien se estaba asomando. Era mi vecina, la chica que tanto deseaba que viniera, me miraba con ojos de espanto, pero no dejaba de hacerlo. Parecía que no quería que los chicos la vieran, pero no quería irse. Algo dentro de mi quizo detener todo y corre tras ella, pero era dentro de mi. Le hice un guiño, y comence a menearmele a rogelio, buscando mas su penetración.

La miraba fijamente a los ojos mientras hacía eso, y sus ojos eran una mezcla de shock con curiosidad. Estaba vestidita de blanco, con un vestidito corto, y tacos altos. Se movió un poco, hizo ruido y se abrió la puerta, lo suficiente como para notar que su mano estaba hurgando bajo su falda, se masturbaba viendo cómo me cogían.  Tenía que yo ser una total PUTA para que la chica de la que me habia enamorado gustase de masturbarse mientras alguien me rompía el culo y otro me hacía cosquillas en los sobacos.

“Mira Mario, parece que estas de suerte, porque ya me estaba cansando de compartir”. Entonces comprendí que la rica verga que estaba mamando unos segundos antes, era la que realmente le daba placer a ella. Me sentí TAAAAN TONTA!, jamás hubiese podido complacerla como él, ¿en qué estaba pensando? una mujer así necesitaba un hombre, miré hacia abajo, y vi mis caderas haciendo círculos, a Rogelio con una cara de gozo insuperable, y me di cuenta que YO NO ERA UN HOMBRE, ERA UNA MUJERC, recien estrenada, pero al fin, mujer.

Mario me soltó, fue donde ella, la levanto en sus brazos y me dijo “Se que hace tiempo miras a mi novia con lujuria, y que creiste que algún día sería algo tuyo, iluso. Pero no te preocupes, ya habrá tiempo para que sean al menos amigas jajajaja”… la puso en el sillón, a mi lado,  y se desvistió también.

Continuará….

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