En la parada del autobús

Me encontraba en la parada del autobús, hacía mucho calor y había demasiada gente esperando para coger el próximo viaje. Me estaba empezando a agobiar hasta que la vi.

Era la chica más linda que había visto en mi vida: ojos color caramelo, morena con una melena que le llegaba hasta la mitad de la espalda, unas piernas de vértigo y unos pechos increíbles.

Venía vestida con un top amarillo, ajustadísimo. Le hacía unas tetas grandes y firmes. Lo mejor de todo era que no llevaba sujetador por lo que sus pezones se intuían y se marcaban muchísimo, parecía que querían escapar de la presión del top que vestía.
No podía apartar la mirada de aquel escote, y mucho menos de sus pezones. Seguía con la mirada su respiración, como se movía su pecho, daba la impresión que sus pezones cada vez se estaban poniendo más y más duros, igual que mi polla. Cada vez disimulaba menos a la hora de mirarla.

Fue en ese mismo instante, cuando noté que estaba empalmado como nunca antes lo había estado, y mis pantalones estaban a punto de reventar. Alcé la mirada y se cruzaron nuestros ojos. Ella bajó su mirada hacia mi paquete y me dedico una medio sonrisa.

En ese momento no sabía que diablos significaba esa sonrisa. La verdad, es que a mi me sonrojó bastante que me hubiera cazado mirándole sus tetas, y mucho más que se diera cuenta que estaba empalmadísimo.
En ese momento llegó el autobús. Nos pusimos todos a formar la cola para embarcar. Yo bastante avergonzado, fui dejando pasar a toda la gente. No me importaba ser el último. Me sentía algo incomodo con la situación que había vivido, a pesar del grandísimo recuerdo que me iba a quedar, al presenciar y poder disfrutar, aunque fuera solo con la vista unas tetas y unos pezones tan apetecibles.

Me tocaba ir otra vez de pie en el pasillo del autobús, odio tener que viajar así. Aun por encima estaba hasta los topes y no debe funcionar el aire acondicionado. Maldita sea! Solo me consolaba pensar en lo que había visto minutos atrás. Intentaba no olvidarlo, grabarlo en mi penosa memoria para poder desahogarme yo solito al llegar a casa. Que caliente me puso, que paja me voy a hacer al llegar, pensaba. Lamentaba también no tener el valor suficiente para desenfundar mi móvil y haberle sacado unas fotos a aquellas tetitas buffffff.

Llevaríamos dos minutos de viaje cuándo me decidí girar un poco para coger algo de aire. El sombrerito con plumas de los cojones de la señora que tenía justo delante me estaba atosigando demasiado. Al girar la vi a ella otra vez, estaba sentada y mi paquete estaba casi a la altura de su boquita. Sus ojos estaban clavados en mi polla. Levantó la mirada lentamente y mirándome a los ojos mordió su labio inferior con los dientes, con cara de deseo. No pude evitarlo y dejé otra vez que se empalmara, no me importaba en aquel momento quien pudiera verme. Ella bajo otra vez su rostro y note como clavó su deseo en mis pantalones a punto de reventar.

Ya no sabía en que postura ponerme cuando ella de repente se levantó, me agarró por la cintura y me dijo que su parada era la siguiente. Mientras me lo estaba diciendo noté como su pierna se metía entre las mías e hizo un movimiento lento hacia arriba y después hacia abajo. Continuó haciendo sitio por el pasillo hasta la salida del autobús. Yo iba totalmente entregado detrás de ella. Bajamos del autobús. Siguió andando unos metros. Se giró y me dijo que no me quedara atrás. No me había fijado en su culo. Que delicia. Llevaba unos vaqueros ajustadisímos y parecía que su culito se los quería tragar.
Me puse a su lado y no sabía que decirle, llevaba la cabeza bajada, estaba totalmente bloqueado por si se me escapaba la oportunidad. Fue ella quien rompió el hielo: te invito a un café en el bar que está aquí al lado y charlamos, ¿ te parece?. Claro que sí le dije.

Al llegar a la cafetería y sentarnos me sentí más relajado y empezamos a hablar. A los diez minutos más o menos se levantó para ir al baño. No me lo podía creer. Os acordáis de los pantalones ajustadísimos que tenía. Pues su rajita también parecía que quería tragarlos. Se notaba toda la forma de su coñito.
Al volver del baño me comentó que se marchaba para su casa, que estaba cansada de estar todo el día trabajando. Le pregunté si podía acompañarla y su respuesta fue muy clara: Yo ya daba por hecho que me ibas a acompañar.

Llegamos al portal de su edificio y llamamos al ascensor, la luz se apagó. Estaba todo en silencio, solo se escuchaba el elevador llegando a su destino. Entramos y pulsó el 4º piso. Al llegar a nuestro destino sacó las llaves y abrió la puerta. Aún no acabáramos de entrar cuando le empecé a tocar su pelo, me miró y nos besamos. La agarré un poco por debajo de su cintura y la acerqué hacía mi. Empezó a moverse de arriba a abajo otra vez sobre mi polla. Empecé a chuparle el cuello y mientras lo hacía le estrujé las tetas que tanto estaba deseando tocar.
Su respiración era muy fuerte, la notaba muy excitada. Sus pezones estaban erectos, nunca tocara unos tan duros. No podía esperar más y le saqué el top amarillo y ella me arrancó los botones de la camisa. Nos volvimos a abrazar y cruzar nuestras lenguas fuera de nuestras bocas. De vez en cuando ella escapaba con la boca, jugando conmigo, lo que me ponía aun mas cachondo. No pude resistirme a morder con mis labios sus pezones, eran grandes y duros como los imaginaba. Mientras le chupaba uno con la mano le acariciaba el otro. Ella empezó a gemir timidamente. Fue cuando empecé a bajar con mis labios poco a poco. Me paré en su ombligo y su respiración cada vez era más y más intensa. Yo ya estaba de rodillas y tenía su rajita apretada en los vaqueros frente a mí. Me agarró con sus manos y puso mi cara sobre su coñito. Jugué un poco con mi lengua sobre sus vaqueros y su raja. Empezó a desabrocharse los pantalones diciendo que quería sentir mi lengua sobre su coño. Se bajó los pantalones y apartó su tanguita a un lado. Su coñito estaba totalmente depilado y su clítoris asomaba pidiendo a gritos que lo consolaran. Le agarré el culito con las dos manos y empecé a besar lentamente por encima de su clítoris, después hacía un lado, hacia el otro, rozando con mis labios su rajita. Después mi lengua arrancó desde abajo hasta su clítoris lentamente, en ese momento sus gemidos eran más altos. No paré de darle con mi lengua a su clítoris y de vez en cuando le mordía con mis labios tirando lentamente de su cosita y la soltaba para volver a empezar. Cada vez se estremecía más y notaba como se ponía cada vez más húmedo.

Llegó un momento que me agarró y me levantó. Ella también quería darme su ración. Empezó a besarme las orejas y el cuello mientras me pellizcaba suavemente mis pezones con sus dedos, después se los metió en su boca y los chupo con sus labios carnosos. Me sacó el pantalón y sacó mi polla. Nunca la tuve tan dura. Las venas de mi pene parecía que iban a reventar de lo cachondo que me tenía. La agarró con sus dos manos y comenzó a hacerme una paja lentamente mientras la miraba: vaya polla más grande tienes, hoy voy a disfrutar, decía. Abrió su boquita y se acercó lentamente al capullo, lo rodeó y sin cerrar la boquita empezó a moverse como si me la estuviera chupando. Me vas a matar le dije, fue entonces cuando sacó su lengua y empezó a lamer todo mi capullo, lo tenía rojo de lo excitado que me tenía. Subía y bajaba con su boca y de vez en cuando se quedaba en el capullo como si quisiera morrear con el. Nunca me hicieran aquello, era la mejor mamada de mi vida.

Llegó un momento que necesitaba metérsela y así se lo dije. Se levantó, me agarró de la mano y me condujo hasta su habitación. Se tumbó en la cama y abrió sus piernas. Me abalancé sobre ella y empecé a chuparle su cuerpo otra vez. En esta ocasión comencé desde sus tobillos, siguiendo poco a poco hacía arriba, tenía una piel morena y muy suave, se resbalaba por ella. Al llegar a sus muslos, cerca de su raja noté que lo que quería era que le comiera otra vez su coñito. No lo dudé. Después de unos minutos me dijo que quería sentir mi polla entre sus piernas. La complací, pero antes de metérsela jugué un poquito con mi pene, lo agarré y empecé a tocarle su clítoris, frotándolo intensamente lo que la puso muy cachonda.

Ella me suplicaba que se la metiera, que dejara de jugar con ella; le metí solamente el capullo, una, dos, tres veces hasta escuchar lo que quería: metemela toda, ya!!! lo necesito, quiero sentirla. Yo también lo deseaba y empezamos a follar. Estábamos haciendolo muy juntos, abrazados con fuerza, juntando toda la energía en mi pene y en su coño. Estábamos desbocados.
Me aparté un poco y le dije que se pusiera ella encima. Que marcara el ritmo que le gustara, que yo estaba allí solamente para hacerla disfrutar. Me acosté y ella muy despacito la agarró, abrió un poquito su raja y se la tragó enterita. Sus movimientos me hicieron pensar por un momento se haría daño. Todo lo contrario, ella lo tenía más que controlado. Se movía en círculos, hacia delante y hacia atrás sin sacar mi polla de su coño. Que gustazo, nunca me habían follado tan bien.

Se paró y me dijo que quería follar como a ella de verdad le gusta. Se dio la vuelta y se puso en cuatro. Vi su culito y su coñito pidiendo guerra a gritos. No me lo pensé dos veces. Se la metí hasta el fondo, resultó muy fácil ya que estaba muy húmedo. Noté un gemido que un primer momento me dio la impresión de que era un quejido pero enseguida me sacó de dudas: ni se te ocurra parar ahora, me dijo.

Mis manos estaban tocando sus tetas mientras la estaba cogiendo, las fui deslizando poco a poco hasta encontrarme con su clítoris y empecé a frotarlo despacito, pero ella quería que lo hiciera más fuerte, y yo estaba allí para complacerla. Sus gemidos eran muy fuertes y su respiración acelerada. Yo seguía follando su rajita, estaba entregado a la causa. Empezó a gritar y a tener el esperado orgasmo, lo noté por sus movimientos y sus gritos de placer. Fui parando poco a poco y me preguntó:

– ¿ Tú también te corriste?.
– No, le respondí.
– Pues te doy 10 segundos.

Fue entonces cuando apretó sus piernas y su coñito con mi polla dentro y se puso a mover hacia delante y hacia atrás y no pude aguantar más. Me corrí en su coño fuertemente. Que gustazo!!! nunca me había corrido con tanta fuerza. Mi polla estaba durísima y se movía sin control al expulsar el semen. Ella continuaba apretando y moviendose. Quiero toda tu lechita!! me decía, no quiero que te guardes ni una gota.

No acabara aun de correrme y sentí como ella estaba otra vez sintiendo otro orgasmo, lo que incrementó sus movimientos produciéndome el mayor orgasmo que un hombre puede tener.

Aquel día estuvimos toda la noche probando todo tipo de posturas y poniendo en escena las fantasías mas secretas y oscuras que todos tenemos. Fue una noche inolvidable.

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