Reconocimiento médico

Comencé a follarla mientras que Nati se puso por detrás de ella sobándole las tetas primero para luego meterle un dedito por el culo con lo que hizo que su jefa alcanzara el placer máximo siendo follada por los dos agujeros, Tere gritaba y sudaba como si de una cerda se tratase, hasta que nos corrimos manando una abundante todavía ración de semen para Tere, que se la tragó toda.

Hola, amigos, mi nombre es Mario, soy soltero y tengo 24 años, os voy a contar una historia que me sucedió hace un año en una clínica de Valencia, la ciudad donde yo vivo.

Por mi profesión de futbolista, tuve que acudir a un centro médico a realizar el habitual reconocimiento médico de cada año, yo iba en pantalón corto y una camiseta ya que era el mes de julio y hacía mucho calor. En el centro médico me recibieron dos chicas, una que era la ayudante de unos 27 o 28 años, de pelo cobrizo largo y liso, con un flequillo que le daba cierto morbo, y otra más madura de unos cuarenta años, morena y de pelo recogido que fue la que se dirigió a mí.

Yo soy moreno, de pelo corto, alto y no soy un hacha con las mujeres pero me considero atractivo, al menos estoy satisfecho en cuanto a mi éxito con ellas. Una vez hecha mi presentación, me dijeron que pasara a una sala de espera que estaba vacía, parecía que aquella tarde no había nadie en la clínica, quizás porque ya era algo tarde. Pasados unos diez minutos, entró en la sala la chica que hacía de ayudante, y me dijo que ya podía pasar.

En el cuarto de la consulta, había una mesa con montones de papeles, bolígrafos, y un ordenador, además de una camilla y numerosos aparatos que se veían en un compartimiento al fondo de la habitación. La chica morena le dijo a su ayudante:

– Nati, prepárale la camilla que ahora mismo voy.

La joven Nati me condujo hacia la parte trasera y me dijo:

– Siéntate en la camilla y vete sacando la camiseta que ahora viene Teresa.

Acto seguido, aparecieron de nuevo las dos, Teresa me informó que Nati estaba de prácticas en su clínica, que lo hacía muy bien y le veía que tenía un futuro prometedor en la profesión. Mientras tanto, Nati comenzó a tomarme la tensión y a hacerme varias pruebas, escuché como Tere le decía a Nati:

– Vamos Nati, hazlo como tú sabes.

Nati comenzó a ponerme unas ventosas por el pecho, y yo que estaba distraído comencé a fijarme en el escote de la bata blanca de Nati, cuando se agachaba a pegarme las ventosas se le veían los pechos y el sujetador blanco que hacía juego con la bata, aquella vista me ponía a mil, y a ella parecía que le gustaba exhibirse porque lo hacía de una manera un poco descarada, mientras Tere había vuelto al despacho y nos había dejado a los dos solos.

Mi excitación se hacía visible en tanto que el tamaño de mi pene había aumentado y me era imposible disimularlo porque solo llevaba un pantalón corto y el bulto era notable. Mientras ella sacaba las ventosas tras comprobar que todas las pruebas eran correctas, tropezaba con la mano en mi pene frotándolo suavemente quizás a propósito.

Yo que estaba cada vez más caliente, agarré la mano de Nati y cogí con ella mi polla que ya estaba como una piedra, ella empezó a frotármela por encima del pantalón corto, hasta que ella empezó a sacarse los botones de la bata con una sonrisa en su boca, quedándose en sujetador y tanga blancos que hacían juego con su bata, y que con su piel morena y cabellos cobrizos le daban un aspecto de autentica diosa del sexo. Cuando la escena subía de tono apareció Teresa y le dijo a Nati:

– Vaya, veo que progresas en tu oficio querida Nati.

Teresa se acercó a mí, me dio un beso en la boca, y a continuación me bajó los pantalones quedando mi pene ofreciéndose a las dos mujeres sedientas de sexo. Nati comenzó a mamarme la verga como una autentica puta, se la metía toda entera en la boca, mordisqueándome los huevos y pasándome la lengua sobre mi capullo lo cual me proporcionaba un placer intenso, mientras tanto, Teresa se despojaba también de su bata quedándose en un conjunto de bragas y sujetador azules, tenía un cuerpo bien conservado para su edad, unas tetas bien duras y unas caderas algo anchas pero sexys. Teresa se acostó en un sofá que había enfrente de la camilla sin las bragas abierta de piernas, enseñando su monte de Venus semi rasurado, y gritó:

– ¡Nataliaaa!

Nati dejó inmediatamente mi polla y se dedicó a comerle el coño a Teresa, que cerraba los ojos del placer gimiendo. Fue entonces cuando me levanté de la camilla y le puse la polla en la boca a Tere que empezó a mordérmela cual bocadillo lo cual me comenzó a ponerla más dura todavía. Los gemidos de Tere eran cada vez mayores ya que Nati comenzó a meterle la lengua en el coño para después comenzar a meterle uno, dos y hasta tres dedos a su jefa. Cuando se cansó de que la follara su ayudante, Teresa me dijo que le apetecía ver como me tiraba a Nati, cosa que ya estaba deseando.

Nati tenía un culo de película, ni le sobraba ni le faltaba nada, sin duda es uno de esos culos que todo hombre desea probar, Tere se sentó en la camilla, yo le aparté a Nati el tanga lo suficiente para comenzar a lamerle el clítoris, poniendo especial atención en su botoncillo, que cada vez que le pasaba la lengua se retorcía de gusto.

Tenía el coño afeitado completamente, lo cual me encanta y me pone más caliente todavía, cuando noté que estaba completamente mojada le di la vuelta para quitarle el tanga y vi que Teresa estaba masturbándose viendo la escena.

A continuación, me senté en el sofá y Nati se sentó sobre mi polla poniéndome sus tetas a la altura perfecta para comérmelas, rápidamente le saqué el sujetador, tenía los pezones pequeños y duros, comencé a mordisquear aquel par de melones mientras ella comenzaba a moverse sobre mi polla, lo hacía como una puta, sabia como moverse para que ambos gozáramos en cada momento lo máximo, hasta que no pudimos más y nos corrimos, a continuación Tere tomó el relevo de Nati y comenzó de nuevo a comerme la polla que ya estaba de nuevo superdura, y me dijo:

– ¿Habrás dejado algo de leche para mi no?

Yo llevaba varios días sin follar ni masturbarme y confiaba en que quedara una buena ración de semen para la puta mayor.

Comencé a follarla mientras que Nati se puso por detrás de ella sobándole las tetas primero para luego meterle un dedito por el culo con lo que hizo que su jefa alcanzara el placer máximo siendo follada por los dos agujeros, Tere gritaba y sudaba como si de una cerda se tratase, hasta que nos corrimos manando una abundante todavía ración de semen para Tere, que se la tragó como si en ello le fuera la vida.

Al cabo de un rato, nos vestimos y nos despedimos, yo aún saliendo por la puerta con la polla tiesa de la gran tarde de sexo que me habían hecho pasar aquellas dos mujeres. Llegué a casa y lo primero que hice fue hacerme una paja recordándolo todo, al día siguiente en el entrenamiento mis compañeros me preguntaron:

– ¿Que tal ese “reconocimiento” Mario?

Y yo les dije viendo sus sonrisas:

– Pues por lo visto son más putas de lo que pensaba…

Autor: Mario

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