Pepe, mi vecino peludo (final)

Comenzó a penetrarme, su verga era tan gruesa como una lata de desodorante común, abrí la boca y él me besó, ya tenía la cabeza de su pene adentro y seguía moviéndose en círculos, sentí su vello púbico y sus huevos chocar contra mis nalgas y solté un aullido de dolor y de placer, le gustaba ser un poco brusco conmigo, y pensé que así es como un verdadero macho dominante debía de ser.

“Necesito dueño quiero ser de alguien, quiero tener hilos como un títere. Necesito dueño y tú tienes porte, traes el uniforme de lo que soñé. Necesito dueño alguien que sé de cuenta que tengo sed de ser amado por alguien como tú. Que tenga esa luz que hay en tu mirar, necesito dueño eso y nada más.”

Eran las palabras de una estrofa de una conocida canción en México, escritas en una hoja de papel, junto al misterioso paquete que estaba en la entrada de mi casa. La resaca, el no haber dormido bien o incluso mi mente divagando en Pepe, me impidió reconocer la letra y no tenía idea de quién era el autor o autora de esta nota. Tomé el paquete en mis manos con curiosidad, y a punto de abrirlo, un auto tocó el claxon a espaldas mías, -hola Carlos, ¿podemos hablar?- era Ricardo estacionado en la acera de enfrente.

-¿Quieren burlarse de mi otra vez verdad? Ya entendí de que se trata Ricardo- lo miré furioso, tal vez fue la resaca hablando por mí, ya que no tenía el mínimo interés en volver a ser usado como un vulgar juguete. -¡No! Por favor es importante, ¿puedes subir un momento por favor? Sólo será un breve paseo, quiero decirte algo- Sus palabras sonaban sinceras, y además llega el momento en que todo ser humano, siente que no tiene nada más que perder. -Ok, me doy un regaderazo rápido y salgo- le dije sin voltear a verlo, guardé el paquete en un cajón del recibidor, esto tendrá que esperar, me dije a mi mismo.

Al salir de la casa Ricardo me esperaba en la puerta, arreglado hasta la médula, alto y moreno, bien parecido con una camisa de vestir blanca y unos pantalones color caqui, el pelo engomado hacia atrás y tenía una rosa hecha de papel en la mano.

-Es para ti- me dijo extendiendo su mano para dármela, -está bonita, gracias, ¿qué quieres decirme? Le dije en un tono indiferente, pero la indiferencia es lo que menos sentía en ese momento, Ricardo estaba guapísimo y la verdad que me movía el tapete.

-Sube al auto por favor- estando arriba prendió su coche y nos dirigimos a un campo abierto con un pequeño río en las afueras de la ciudad.

– Me gustas mucho, fueron sus palabras cuando abrió la boca por fin, quiero decirte que Pepe anda de novio con una muchacha de su escuela y que solo quiere jugar contigo, estoy aquí para decirte que te olvides de él y así puedas darme una oportunidad a mí-

Mi mente se detuvo por unos momentos, y me sentí el protagonista de una mala película de amor, -no importa él puede hacer lo que mejor le parezca, nunca hubo nada entre él y yo- le dije con un tono tan falso que si esto fuera una obra de teatro escolar, la gente comenzaría a abuchearme por pésimo actor.

-Sé que esto te duele, no tienes que fingir conmigo, pero por favor piensa en lo que te ofrezco, sé que puedo hacerte muy feliz-

-Estaciona aquí el auto quiero caminar un poco ¿esta bien?- le dije mientras aparcaba su auto, cerca de unos frondosos árboles y un camino trazado en la hierba alta.

Enfilamos rumbo a ese camino desconocido, ambos en silencio, y era precisamente como este camino del modo en que me sentía, sin un rumbo establecido, sin saber a dónde me llevaría la vida en esos momentos, y no, no es una sensación placentera.

-¿Puedo abrazarte? Me dijo Ricardo en un tono capaz de derretir hasta el glaciar mas helado del mundo, -puedes, le contesté, no hay nadie aquí-

Olía a loción, y a hombre recién bañado, un aroma fresco y deliciosamente perverso, pasó su brazo detrás de mi nuca y luego bajó hasta mi cintura, y en ese momento me apretó junto a su cuerpo mientras sus labios rozaron delicadamente mi frente, regalándome un tierno y fugaz beso.

Llegamos a un pequeño arroyo, rodeado de matorrales, arbustos y sauces llorones, y de uno de ellos colgaba una llanta de tractor sostenida a una rama por un mecate grueso, la escena parecía sacada de una película tierna y rosa, de esas películas que secretamente todos amamos en el fondo, ya que son el tipo de historias que nos encantaría vivir en carne propia.

Nos tumbamos en el pasto recargados en uno de los árboles, nos quitamos los zapatos y chapoteamos como dos niños traviesos en el agua. Sin decir una sola palabra comenzamos a besarnos y sentí como Ricardo dejó escapar un hondo suspiro del fondo de su pecho y con una sonrisa tocaba mi cuerpo y desabrochaba mi pantalón y camisa, y yo hacía lo mismo.

Se quitó la camisa dejando al descubierto su moreno y profundamente peludo pecho, su olor a hombre limpio paralizó mis sentidos, comencé a sobar su entrepierna por encima del pantalón, y acariciaba sus fuertes pectorales.

Él me tomó con sus dos manos y me llevó un poco más arriba, le encantaba cargarme y sentirse en control de mí, me desvistió por completo y me sentó contra un árbol levantó mis piernas hasta que mis rodillas casi tocaban mi frente y con el culo expuesto comenzó a pasar su lengua por mi agujerito rosa y depilado, pasaba sólo la punta de su lengua dando círculos y pequeños golpecitos que me volvían loco de placer, luego pasó su lengua completa por mi ano, y su excitación comenzó a subir, me daba pequeños mordiscos y hacía el esfuerzo por penetrarme con su lengua a manera de un pequeño pene.

-¿Te gusta mi vida? Me preguntaba jadeando, ¡Sí! Le respondí excitadísimo, que bueno porque hoy haré que goces al máximo-

No me di cuenta cuando ya se había bajado los pantalones y su gruesísima verga apuntaba al cielo.

-Quiero lubricarte bien ya que tendrás que tragarte mi verga entera, quiero hacerte mío otra vez y para siempre-

Cuando por fin se cansó de lubricarme comenzó a penetrarme muy lentamente, su verga mediría unos 17 cms pero era tan gruesa como una lata de desodorante común. Yo abrí la boca en ese momento jalando aire y él me besó profundamente, ya tenía la cabeza de su pene adentro y seguía moviéndose en círculos, en ese momento me dijo que lo perdonara y yo le dije –¿Perdonarte por que? ¡Por esto! Su respuesta vino acompañada con la total penetración de su grueso y moreno miembro, sentí su vello púbico y sus huevos chocar contra mis nalgas y solté un aullido de dolor y de placer, le gustaba ser un poco brusco conmigo, y pensé que así es como un verdadero macho dominante debía de ser.

Luego que pasó la penetración y el dolor también pasaba, Ricardo se convirtió en un hombre tierno y cariñoso pero sin dejar de ser decidido y dominante en sus movimientos y acciones.Hicimos el amor por más de 40 minutos esa tarde en mil posiciones distintas, incluso unas que yo no conocía, cuando por fin se vino lo hizo cargándome en sus brazos contra el árbol y con mis piernas entrelazadas en su cintura, si alguien hubiera visto la escena de lejos vería mis piernas enroscadas alrededor de su cintura y sus musculosas nalgas con sus pantalones y cinturón en sus tobillos, besándome el cuello y con una mano tocándome las nalgas. Yo aceleré mis movimientos y me vine deliciosamente también, bañando su pecho y abdomen de mi blanca leche.

Estaba oscureciendo y debíamos volver, pero Ricardo no quiso perderse la oportunidad de nadar desnudo en el río, terminamos de desnudarnos completamente y nos dimos un chapuzón, nadamos por espacio de 20 minutos, me subió en sus hombros y me aventaba de regreso al agua, yo lo salpicaba y así jugamos como dos niños en una tarde de verano.

Al regresar a la orilla comenzamos a vestirnos pero notamos con cierto asombro que los pantalones de Ricardo ¡no estaban! Los buscamos muy bien dando vueltas y vueltas pero nunca aparecieron –Jajaja ¿Y ahora que hacemos?- Le pregunté al darme cuenta que como Ricardo no usa ropa interior, tendría que irse desnudo de regreso al auto.

Le presté mi camisa y se hizo un nudo en la cintura tapando lo mejor que pudo sus genitales, nos fuimos lo más rápido del lugar, y al llegar al auto, se subió apresuradamente esperando que nadie se percatara de sus macizas y fuertes nalgas al desnudo.

Todo el camino nos fuimos riendo, desconcertados de que si alguien tomó los pantalones de Ricardo probablemente también nos espiaba mientras teníamos relaciones.

La plática hizo que Ricardo tuviera otra erección y entonces me miró con ojos de niño suplicando algo que comer, entonces me incliné y le di una de mis mejores mamadas que he hecho en la vida, Ricardo casi choca contra el alambrado de la carretera en dos ocasiones por el placer que estaba recibiendo y distraía sus ojos del camino, hasta que entre gemidos y jadeos tuvo otro maravilloso orgasmo.

Su semen sabía delicioso era la primera vez que lo probaba y lo tragué gustoso, sabiendo perfectamente que esto complacía enormemente a mi recién proclamado nuevo macho.

En todo el camino de regreso a mi casa quiso volver a tocar el tema de Pepe, pero lo detuve le dije que en ese momento aceptaba su propuesta, ya veremos como resultan las cosas.

-Ok gracias Carlitos no voy a decepcionarte y por favor perdóname aquel día en que te tratamos tan mal-

Mi respuesta fue una sonrisa y un “hasta mañana” al llegar a mi casa.

La mañana siguiente fue un lunes, y todo el tiempo a pesar de estar inmerso en clases, tareas y proyectos, no pude concentrarme, sentía que había hecho algo muy malo, y que le había sido infiel a Pepe.

Estaba distraído en clase de inglés cuando una chica amiga mía me llamó

-Carlos, ¿qué onda como sigue Pepe del accidente? Creo que está mejor, le dije fingiendo que todo estaba bien, ¿sabes? No me acordaba que Pepe y yo fuimos juntos a la secundaria y el otro día me encontré este cuaderno lleno de firmas de mis ex compañeros, y me encontré un recado de Pepe deseándome suerte, ¿quieres verlo?-

-Claro- le respondí al tiempo que tomaba el cuaderno, y leí la parte donde Pepe había escrito años atrás: “para la chica de los ojos cafés, suerte en tu nueva escuela, no olvides nunca a los cuates, ¡nunca cambies kitty! Atte: Pepe villegas”

En ese momento, recordé que la letra escrita en el papel que venía en ese paquete que habían dejado en mi casa, se parecía muchísimo a esta letra ¡era la letra de Pepe! ¡Mi Pepe!

Al salir de clase, salí casi volando a mi casa para descubrir el contenido de ese paquete, -¡lo olvidé por completo!- me dije a mí mismo mientras manejaba el coche a unas cuantas cuadras de mi casa.

Al llegar busqué el paquete y lo abrí apresuradamente y el contenido me desconcertó por completo, era una llave que tenia inscrito en plumón con letra muy pequeña lo siguiente: “salón audiovisual, universidad estatal, Lunes 15, 8:00 PM.”

-¿Será una broma?- pensé en voz alta, no sabía que estaba tramando Pepe pero definitivamente tenía que averiguarlo, aunque Pepe tuviera novia, debía llegar al fondo del asunto.

Al llegar esa noche a la universidad estatal recordé que era donde Pepe me dijo alguna vez que estaba estudiando, y que por causa del accidente tuvo que posponer sus estudios.

Llegue al salón audiovisual, y con el corazón a punto de estallar, metí la llave que Pepe había dejado en la puerta de mi casa.

El lugar estaba oscuro, y apenas se veían los escalones hacia abajo que daban a un pequeño escenario y frente a este muchas butacas vacías, bajé las escaleras y casi llegando al escenario alguien preguntó mi nombre -¿Carlos, eres tu?- S-sí contesté medio sorprendido, en ese momento se encendieron todas las luces y descubrí que el lugar estaba lleno de flores, serpentinas multicolores, pequeños osos de peluche y muchísimos globos, globos por todas partes.

Detrás de las cortinas salió Pepe, caminando sin su bastón totalmente recuperado del accidente, con un pantalón de vestir negro y una camisa del mismo color abierta en dos botones.

-Hola Carlitos, esto es para ti, quiero decirte que en estos meses tristes, tu compañía y tu sonrisa fueron las cosas que más me ayudaron a recuperarme, y por eso siempre te estaré agradecido, sé que me he portado mal contigo, pero en verdad estoy arrepentido y quiero hacer bien las cosas…nene ¿quieres andar conmigo?-

No podía creer lo que estaba escuchando, al ver a Pepe ahí de pie guapísimo, pulcro y con su sonrisa enorme, recordé el Pepe de hace unos años, aquel Pepe que me humillaba me decía groserías y del cual jamás pensé tener en una situación así.

-¿Cómo sabías que iba a venir? Le pregunté evadiendo una respuesta, no sé, me contestó sin dejar de sonreír; sólo estaba seguro que así sería-

Me armé de valor y lo enfrenté: -pero entonces ¿esto será una relación de 3 personas? ¿A que te refieres? Me preguntó extrañado, a que tu tienes novia, ¿y también quieres tener novio?-

-¿Qué? ¿De que estás hablando, quien te dijo que tengo novia?, ¿No te imaginas? Ricardo me lo dijo y me lo aseguró y también me dijo que tu querías jugar de nuevo conmigo-

-¡Ese pendejo! Se dijo a sí mismo enfurecido, ¡maldito traidor! Le confesé hace algunos días lo que tenía preparado para ti, ¡y en vez de apoyarme va y te cuenta una bola de mentiras!-

-Entonces…¿no es verdad? ¿no tienes novia? Le pregunté emocionado casi hasta las lágrimas, ¡claro que no! Lo que te dije aquel día en la pista de bicicletas es verdad, quiero que seamos pareja…mi primer pareja hombre.

Caminé unos pasos hacia él buscando sus brazos, pero no sabía como hacerlo, seguía el temor en mi mente de ser rechazado, y él tampoco sabía por donde comenzar, y ambos al mismo tiempo nos dimos un torpe pero sincero abrazo.

No le confesé en ese entonces el fugaz romance que tuve con su ahora ex amigo Ricardo, por temor a echar a perder esta nueva y frágil relación, así que le hablé por teléfono a Ricardo y le dije que había descubierto el engaño y que por el bien de ambos no me buscara más, le perdonaba su manera de proceder porque me había demostrado que me quería pero que yo quería sólo a Pepe y que por favor respetara eso, enfurecido por descubrir que estaba ahora con Pepe, me dijo que él no me convenía y que a la larga me haría sufrir.

-Yo decidiré eso, no tú- le contesté de una manera cortante y colgué el teléfono.

Mis días ahora estaban llenos de felicidad, Pepe resultó ser un hombre comprometido con la relación, me llamaba por teléfono preguntándome que si estaba bien o me faltaba algo, me invitaba al cine y a los juegos de video en los centros comerciales, a veces pasaba en el nuevo carro de su papa por mí y me llevaba a cenar, me regalaba pequeños detalles como pulseras o llaveros y siempre me tomaba de la mano cuando nos quedábamos solos.

Era Pepe el hombre con quien siempre soñé estar, guapo, peludo, alto y detallista, no fue nada difícil volver a enamorarme de él.

Sin embargo, Pepe a veces no sabía comportarse conmigo, ya que como dije antes yo era su primer pareja hombre, y tenía ciertos detalles que me sacaban de onda, como por ejemplo se ponía nervioso cuando una chica guapa le pedía su teléfono o le preguntaba que si tenía novia y él contestaba que no.

Varias veces lo atrapé mirando el escote de una exuberante mujer o las piernas de alguna adolescente desarrollada, y no podía evitar sentir celos, pero al mismo tiempo me agradaba que esto pasara porque significaba, de una manera extraña claro, que en verdad yo era el único hombre en su vida y que las chicas simplemente volteaba a verlas de vez en cuando.

Un día Pepe llegó a mi casa muy contento diciéndome que me tenía una sorpresa.

-Mis compañeros de la universidad nos invitaron a pasar un fin de semana en las cabañas de las montañas de canoas, ¡quiero que vengas conmigo!- me lo dijo con una sonrisa que abarcaba todo su guapo rostro.

Las montañas de canoas era un bello lugar rodeado de naturaleza, pinos y cascadas, a tres horas de la ciudad en donde vivo. Gustoso acepté y preparé las cosas en la maleta para el siguiente fin de semana.

Llegado el día del viaje nos tocó ir en el carro de un amigo de Pepe en la parte de atrás, y cuando nadie nos veía me apretaba la mano o me acariciaba la pierna, incluso cuando todos bajaron a un mini súper a comprar algunas provisiones, ya casi cayendo la noche, Pepe se acercó y me dio un beso en el cuello, el cual me hizo estremecer de placer. Cuando por fin llegamos a las cabañas, bajamos las cosas y nos instalamos, ya en la madrugada alguien sacó una guitarra y prendieron una fogata en medio del bosque, todos nos sentamos en unas sillas alrededor y tomando unos tragos de tequila, cantamos canciones de una manera tan desentonada que no alcanzábamos a terminarlas sin caer muertos de risa.

De pronto Pepe habló –amigos tengo algo que decirles, este chico que ven aquí conmigo fue un gran apoyo para mí en esos difíciles meses en el hospital, quiero decir que de no haber sido por él no sé dónde estaría en estos momentos, y… además de eso mi amigo Carlos es… bueno, más que mi amigo, él es mi pareja. Un silencio absoluto reinó el lugar, alguien se aclaró la garganta, alguien tosió, y uno más se rascó el hombro con la mirada en el suelo, sin saber que decir mientras los grillos continuaban su perpetuo murmullo nocturno.

Una amiga de Pepe; Sandra, por fin se animó a decir –no interesa que relación tengan ustedes dos, te queremos Pepe, y nos da gusto que estés de vuelta y recuperado, y si Carlos, fue una de las personas que te ayudo a estarlo, se lo agradecemos de igual manera y también…ya es nuestro amigo. Sandra caminó hacia mí y me dio un fuerte abrazo, y uno a unos los 6 amigos de Pepe se levantaron a abrazarnos a ambos y a decir que respetaban nuestra relación y que ellos no tenían ningún problema con eso, con una sonrisa en sus rostros, de repente ya no fuimos tan diferentes para ellos, me sentí aceptado y cómodo. Y de pronto Pepe se inclinó hacia mí y me dio nuestro primer beso, en medio de miradas amistosas, llamas de fogata hipnóticas, luciérnagas y un hermoso firmamento lleno de estrellas. Un beso delicioso, dulce, caliente y tierno, y de pronto así sin más las risas regresaron, las canciones, los tragos de tequila y la celebración de la vida misma.

Esa noche un amigo de Pepe que compartiría nuestra cabaña, le dijo a Pepe que él dormiría en la otra cabaña y con un guiño en su ojo le indicó a su amigo que nosotros necesitábamos privacidad. ¡Y vaya que lo aprovechamos! Al estar solos Pepe se desnudó por completo y se acostó en la alfombra cerca de la cama y me pidió que me acercara a él.Pepe se acariciaba el pecho peludo y se sobaba de una manera masculina pero a la vez inocente sus testículos y pene. Me recosté sobre su pecho también ya desnudo y comenzamos a platicar de mil cosas, en algún lugar del mundo pudimos estas solos y separados, pero hoy estábamos juntos y esa noche llena de risas y orgasmos fue la mejor de mi vida.

Pepe comenzó a acariciarme las nalgas y buscaba con un dedo mi culo, mientras besaba apasionadamente mi boca y jugaba con mis tetillas y mis cabellos. Su olor me embriagaba, un olor masculino con un toque de sudor, no era un olor sucio sino a hombre con un dejo de loción, un macho que enloquecía mis sentidos, comenzó a besar mi cuello y con la punta de la lengua me daba golpecitos y la movía en círculos alrededor volviéndome loco de placer. Luego me tomó de la cadera y en un movimiento rápido me volteó dándole la espalda y pude sentir su verga de 22 cms a punto de reventar dura como una piedra, fuerte y peludo como un oso.

Mordisqueaba mi hombro y cuello, me besaba los lóbulos de las orejas y me metía la lengua en los oídos. Yo solo sentía el roce de su cuerpo peludo contra mi espalda y nalgas, y esa sensación me encantaba Pepe estaba recuperando el cuerpo robusto y fuerte que siempre lo caracterizó y su verga….esa verga que me enloquecía parecía estar más dura que nunca y sus huevos llenos de largos y negros vellos colgaban orgullosos sobre su pierna izquierda.

-Quiero que te des la vuelta- me dijo Pepe con una voz temblorosa llena de placer, yo obedecí y le di la espalda, él se incorporó y se inclinó hacia mis nalgas y abriéndolas con las dos manos comenzó a besar mi culo, le daba pequeños besos y mordiscos luego con la punta de la lengua mojada de saliva, la movía en círculos alrededor de mi culo pero sin llegar a él, yo bufaba de placer y deseo, esto siempre me vuelve loco y despierta mi instinto más animal, cuando alguien sabe manejar su lengua de esta manera en una de las partes más sensibles que es mi culo, me siento cachondo y tan caliente que puedo ser penetrado por completo por las vergas más largas y gruesas.

Enfrente de mí había un espejo y atrás de Pepe había otro, así que yo tenía la visión de sus enormes huevos peludos colgando en medio de sus peludas piernas abiertas mientras lamía mi culo. De pronto su boca me comía por completo el culo y manoseaba mis nalgas, me daba pequeñas nalgadas, luego me acostó boca arriba y puso su verga a la altura de mi boca y sus testículos caían sobre mi nariz y frente, en eso levantó mis piernas y continuó lamiendo y besando mi culo, al tiempo que yo atrapando su verga con mi boca saboreaba 22 cms de placer puro. Me encontré en ese momento tan excitado que le dije casi suplicando: -por favor mi amor, ¡quiero verga! ¡métemela por favor! ¡por favor cójeme te lo suplico!- él por su parte entretenido ahora metiendo dos dedos en mi agujerito me dijo: – no seas impaciente chiquito, claro que te daré verga y no te preocupes que te llenaré de mi verga toda la noche hasta que me supliques que ya no te penetre más-

Yo me retorcía de placer en la cama y seguía suplicando y rogando que ya me hiciera el amor, mientras él con aparente indiferencia a mis súplicas me hacía sufrir. En un instante me puso en posición de perrito y me metió la punta de su verga por unos instantes, y yo me estremecí de gusto, pero en ese momento la sacó, se puso de pie y cruzando los brazos se alejó unos pasos y me veía de una manera retadora.Lo vi alto peludísimo, guapo y fuerte con una verga enorme digna de un actor porno apuntando al techo y unos huevos tan grandes y pesados que parecían mas de toro que de hombre.

-No creo que la quieras, me dijo agarrándose la verga con una de sus manos, no has suplicado lo suficiente chiquitito, así que si en realidad no la quieres me iré a dormir. -¡No! , le grité desesperado muerto de placer y lujuria, ¡por favor! ¡metemelaaaaaaaaaaa! ¡cojéme amor por favor te lo ruegoooooo! -Así mi bebe pídale verga a su macho, que su macho sienta que en verdad lo desean-

En ese momento gateando me acerqué a él y comencé a besarle los dedos de los pies, mientras movía el culo y lo meneaba en el aire. Luego subí a sus huevos y los lamí y bese y chupé por espacio de 10 minutos, y Pepe con los ojos cerrados y las manos detrás de su nuca, mostrando sus peludas axilas jadeaba complacido.

-Quiero que mi macho me coja y me llene de leche de estos huevotes peludos de toro que tiene- le dije en un tono de súplica besando delicadamente sus testículos y viéndolo a los ojos.

Pepe no pudo más hacerse el duro y cargándome me aventó a la cama boca abajo y de pronto sentí la cabeza de su verga entrando totalmente en mi culo, me tomó de las dos manos y apoyó todo su peso en mi mientras me cogía salvajemente, estaba totalmente a su merced, mordía mi cuello y me decía obscenidades mezcladas con palabras tiernas y románticas.Luego se sentó en la orilla de la cama con sus nalgas al aire y sus codos apoyados en la cama y me dijo que me sentara en su verga dándole la espalda.Yo me senté sobre su verga con mis piernas apoyadas en el piso y comenzó a penetrarme y a empujarme tan fuerte que yo saltaba unos centímetros del suelo para volver a caer ensartado en su gruesa verga.

Esto nos provocó tanto placer que comenzamos a venirnos al mismo tiempo él dentro de mi y yo en el suelo. En un hábil movimiento y sin sacar su verga me giró hacia él y me hizo acostarme en su pecho y nos quedamos profundamente dormidos, yo cerca de su axila peluda de largos y gruesos vellos negros, aspirando su aroma a macho dominante.

El fin de semana transcurrió entre besos, paisajes hermosos, largas caminatas por senderos mágicos de maravillas naturales y haciendo el amor cada madrugada por horas eternas, pactadas con treguas de besos delirantes. Al final de la última noche mi Pepe atrapó una luciérnaga en un frasco y me la regaló, diciendo que así como esta luz yo irradiaba su vida de felicidad, fue el mejor halago que me hayan hecho jamás.

Regresamos a la normalidad de la vida cotidiana pero algo diferente había en el ambiente, no sólo el primer beso cambió todo o el segundo o el tercero o los mil, que me regaló ese fin de semana sino que nuestra relación se había fortalecido misteriosamente al paso de unos cuantos dichosos días como si años enteros hubieran trascurrido, olvidándose de avisarnos.

Por ese tiempo decidimos rentar un pequeño departamento con la suma de nuestros salarios de medio tiempo, preparábamos la cena cada noche y luego veíamos películas abrazados y haciéndonos cosquillas. Todo parecía perfecto pero no siempre los cuentos de hadas tienen un final feliz, ¿o si?

Recuerdo aquella noche de invierno como si fuera ayer y a veces hubiera preferido bloquearla de mi memoria. Cuando llegué a la casa Pepe estaba ebrio y aún seguía tomando alcohol, se notaba que alguien había estado ahí con él, yo sin saber que decir avancé lentamente entre el desorden de botellas de cerveza y envolturas vacías de frituras, cuando descubrí lo que parecía ser semen sobre el sofá.

-¿Qué es esto? Le pregunté a punto de enfurecer, ¿quién más estuvo aquí? y sin siquiera inmutarse me contestó con otra pregunta -¿te sigues viendo con Ricardo? -¿Qué dices? ¡claro que no! No te salgas por la tangente, ¿qué estuviste haciendo Pepe? -Ricardo me lo contó todo esta tarde, y además me mostró un audio que grabó con su celular mientras te estaba cogiendo, ¡no puedes negarlo! Estaban cerca de un río ¿verdad? Se oía el agua correr e insectos. -Pepe, yo… me interrumpió frenéticamente, ¡Pues yo me cogí a una puta hace una hora! ¿qué te parece?

Un frío más helado que el ambiente de invierno invadió mi cuerpo, una furia y un odio tremendos comenzaron a surgir dentro de mí. Pepe volvió a decir: -¡esto es una mierda! Fingías ser diferente ¡pero eres igual que todos los putos! Yo creí en ti ¿y así me pagas?-

-Pepe no tienes ningún derecho a juzgarme de esa manera, ¡eso fue cuando Ricardo me dijo que tu te burlarías de mí de nuevo, yo le creí, ¡Jamás pensé que me estaba engañando! ¡yo te amo a ti! ¿no pudiste preguntarme primero antes de ir a revolcarte con una pinche puta? -¡Esto se acabó!- Dijo Pepe tomando una chamarra de mezclilla y dirigirse a la puerta, me lanzó una mirada perdida llena de celos y desamor, y me dijo –¡No vales la pena!- yo con los ojos inundados de lágrimas le contesté. –Cometí un error, pero eso pasó antes de lo nuestro, no me justifico, pero tampoco podré perdonarte lo que acabas de hacer, así que si te vas a ir vete de una vez que no pienso detenerte-

Un golpe seco estrellando la puerta fue su respuesta… y su despedida.

Esa noche lloré de rabia y de desesperación, mordiendo la almohada, extrañando su olor a macho, sus fuertes brazos sujetándome contra su pecho peludo y su sexo fuerte y erecto restregándose contra mis nalgas como todas las noches. No tengo la patente del dolor y del sufrimiento, pero esto dolía demasiado y no sé como pude soportarlo con el paso de los días que solo avivaban mi tristeza.

Una mañana su madre fue a la universidad a buscarme diciéndome que Pepe había dejado la escuela y que se emborrachaba casi todos los días, que andaba en malas compañías y que se había percatado de que ya no éramos más “amigos”. Sus palabras de madre preocupada me desarmaron, y le dije que hablaría con él, con una sonrisa se dio la media vuelta y de pronto voltea hacia mí y me dice: -nunca estuvo mejor que contigo todas sus novias fueron unas niñas perdidas y malas personas, pero tú eres diferente mijo, ayúdalo por favor.

Me quedé asombrado de que ella supiera acerca de nuestra relación, pero siempre supe que a una madre jamás podrás engañarla. Intenté buscar a Pepe muchas veces, pero él siempre me daba la vuelta y me evitaba, incluso en una ocasión al llegar yo al bar donde él estaba con unos amigos, me insultó y se fue del lugar, dejándome solo y desconcertado. No pude hacer más, al paso de los años me di cuenta que nadie vale el esfuerzo ni la pena para dejarte humillar, me quiero y me respeto mucho más a mi mismo. Aun así le dejé una carta con su madre y prometió entregársela y hacer que la leyera en cuanto entrara en razón.

Pasaron casi dos meses desde nuestra pelea y apenas estaba asimilando nuestra separación, cuando una noche de domingo tocaron a mi puerta. Era pepe, con un ramo enorme de rosas, recién re-ingresado en la universidad y con un buen empleo a sus espaldas, no soportó la tristeza y la desesperación de separarse de mí y haciendo un esfuerzo se reformó en muchas sutiles y secretas maneras en su persona, tanto laboral como emocional y me pidió una segunda oportunidad.

No alcanzó a decirme nada, mi amor nunca menguó ni un día, solo lo besé perdonándonos todo el pasado, los errores y las peleas, éramos jóvenes e inexpertos, el sol de un nuevo amanecer nos esperaba y en esta vida si encuentras tu alma gemela no la dejes ir jamás.

El tiempo de pronto nos sorprendió a nuestros casi 40, mi Pe-peludo se había convertido en un hombre guapísimo y tremendamente sexy a sus 39 años, con algunas canas en las sienes, un bigote varonil que hacía derretir a las mujeres y su cuerpo peludo el cual me pertenecía con el derecho ganado de cientos de noches de amor.

Tenemos una casa hermosa y enmarcado en una pared muy especial la carta que lo hizo regresar a mi que dice “el amor no se ruega; se inspira, y si no eres capaz de inspirarlo, será contraproducente suplicarlo, sin embargo he venido solo a este mundo y sin titubear un segundo, sé que me iré de igual manera, pero he encontrado al compañero y al amor de mi vida en este camino lleno de espinas y de muerte, y no quisiera dejarlo ir nunca, así que vuelve a mí amor de mi vida cuando estés listo, que al sentirte conmigo mientras duermo abrazado a ti, sé que no necesito nada más en esta tierra”

Dedicado a ti que estás abierto a descubrir el amor verdadero cual droga sofisticada, en esta loca carrera a la que llamamos vida.

Autor: BABYBOY

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Pepe, mi vecino peludo II

Me decía que siempre que yo pasaba por su casa lo ponía caliente y que se había masturbado miles de veces pensando en penetrarme, jalarme de los cabellos y hacerme gritar, que se moría de ganas de hacerme suyo y fue que aquel día con su amigo Ricardo que me obligaron a tener sexo con ellos, que se dio cuenta lo mucho que gozó con su verga enterrada en mi culito, y mi cara de dolor y placer que puse al penetrarme profundamente con su gruesos 22 cms.

Era una tarde lluviosa a finales de agosto, el mes más caluroso del año, así que la lluvia nos caía de maravilla, estos días me ponen nostálgico y melancólico pero de un modo extraño y deliciosamente feliz, como recordando un gran amor que nunca tuve y haciendo de mi memoria el huésped perfecto para historias de amor prohibidas.

Tomé el periódico del día anterior y me fijé en una noticia sobre un accidente ocurrido en la madrugada. Inmediatamente se dibujó en mi rostro una mueca de asombro y un frío recorrió toda mi espina dorsal, vi las fotos ¡y era el carro del padre de pe-peludo! ¡No podía creerlo! Era demasiada coincidencia, estaba convenciéndome a mí mismo de que era un error cuando continué leyendo y vi que en negritas venía marcado: José Luis Villegas joven accidentado y muy grave internado en el hospital general.

La sangre se me fue a los pies y los sentía de plomo, no podía moverme y mi respiración se volvió agitada, dentro de la penumbra que en ese momento era mi mente, reaccioné y tomé el auto para el hospital general.

Al llegar el ambiente me abrumó, había unos familiares de Pepe llorando inconsolablemente, sentados en unas bancas afuera del segundo cuarto de traumatología, donde llevan a los pacientes de choques y accidentes, reconocí a su madre y le pregunté que como estaba –mal- me dijo sollozando,

-Charly, (como me dice de cariño la mamá de Pepe) parece ser que el auto que lo chocó comprimió su auto, y el asiento le quebró la espalda además de muchas fracturas en otras partes del cuerpo, ¡los doctores piensan que no volverá a caminar!-

En ese momento mis fuerzas me abandonaron y quise caer al suelo a llorar, pero me contuve, me repuse como pude porque además quería verlo pero me dijeron que en unos minutos más lo llevarían al quirófano a practicarle una seria y complicada operación.

Las horas fueron eternas, y para animarme mientras esperábamos como había salido de la operación, me puse a pensar en Pepe antes del accidente, su cuerpo fuerte y macizo, peludo y lleno de vigor, incluso pasó por mi mente el incidente en donde él y su amigo tuvieron sexo conmigo, a pesar de que no era un buen recuerdo debido a la tristeza que me dio el saber que solo sería sexo con el y nunca amor, incluso ese recuerdo me parecía dulce en estos momentos.

Cuando por fin salió el doctor, solo pude recoger fragmentos de su conversación con sus Padres: múltiples fracturas, futuro incierto…lo siento. A partir de ese momento decidí que siempre estaría con él, aunque el no quisiera, iba a animarlo y ayudarlo en su recuperación, no sabía como pero iba a hacerle sentir mejor.

Pasó una semana y por fin salió de terapia intensiva y pude verlo, estaba acostado en su cama con un aparato que le presionaba la cabeza con unos tornillos y bajaba hasta su cuello, tenia una de esas batas de hospital abiertas en el frente, y su hermoso pecho peludo al descubierto, tenía algunos golpes en la cara, pero aún así me pareció el hombre más guapo de esta tierra. Cuando me vio su expresión cambió de triste a enojado, e inmediatamente le dijo a su madre que no quería verme, yo contrariado no tuve más remedio que salir del cuarto sin siquiera decir un: ¡hola! ¿cómo te sientes?.

Tres días después recibí una llamada telefónica de su madre diciéndome que Pepe se quería disculpar conmigo, que aún no aceptaba su condición y le daba miedo no volver a caminar y por ende estaba frustrado y malhumorado. Un vuelco me dio en el corazón y dejé mi clase para ir a verlo al hospital. Esta vez su actitud fue otra y hacia el esfuerzo por sonreír y ser amable, platicamos por espacio de 15 minutos, y poco después su madre tuvo que salir a hablar con la enfermera así que me quede a solas con él.

-Carlos… comenzó a decir, yo, quiero disculparme por lo que te hicimos, en serio yo…

¡Hey, olvídalo no pasa nada, le interrumpí, ahora debes de concentrarte en ponerte bien, te esperan unos días difíciles, tienes que echarle ganas a la terapia física ¡tienes que ponerte bien!-

En ese momento soltó el llanto y una ternura profunda se apoderó de mí, quería abrazarlo así que me acerqué y lo abracé, él descargo todo su pecho en lágrimas y lamentos lastimosos, cuando pudo calmarse me dijo – gracias por haber venido, me gustaría que siguieras viniendo si puedes-

-Claro que lo haré, le dije sonriendo, verás que pronto podrás levantarte de esa cama-

Pasaron los días y las semanas, haciéndole bromas, llevándole presentes, cantándole e incluso una vez me disfracé de payaso para hacerlo reír hasta que lágrimas brotaban de sus ojos.

Un día me contó que ninguno de sus amigos le había llamado, y que sólo una ex novia vino a verlo una vez, pero que jamás regresó. Le daba gusto verme casi todos los días, me había convertido en su único amigo, pero a mi me daba miedo ser eso: solo un amigo. Aun así me decía a mi mismo, que valdría la pena, si nunca surgía nada entre nosotros, si podía verlo caminar de nuevo. Soy una persona bastante optimista, siempre le veo el lado bueno a las cosas, y algo me decía que Pepe volvería a caminar, así que le regalaba libros de motivación personal y espiritual, siempre le decía que declarara que algún día saldría por su propio pie de ese lugar, y eso siempre le sacaba una sonrisa.

Los doctores checaban su progreso y siempre se sorprendían de los avances que Pepe presentaba a cada momento, pronto llegó el tiempo de terapia física, enseñarlo a ponerse de pie y a dar sus primeros pasos otra vez.

Ya podía estar sentado en silla de ruedas y eso lo ponía feliz, su espalda estaba haciéndose cada vez más fuerte y recuperándose.

Un día se me hizo tarde para ir a verlo porque tuve un examen en la universidad, y cuando llegué su cama estaba vacía, una enfermera me dijo que estaba en las regaderas y que insistió en bañarse solo pero que si yo llegaba pasara a ayudarle.

Entré al cuarto de las regaderas y estaba semidesnudo con una toalla cubriéndole solamente los genitales, regulando el agua caliente de las manijas, sentado en su silla de plástico.

Cuando me vio entrar una enorme sonrisa dibujó su rostro, -¡hola que bueno que viniste! Estaba pensando que ya no vendrías ¿me puedes ayudar?- claro repliqué nervioso por verlo desnudo de nuevo.

En cuanto se quitó la toalla un espasmo recorrió mi cuerpo y comencé a excitarme, yo sabía que él se daba cuenta que me ponía cachondo el poder verlo desnudo, siempre lo supo.

Su verga estaba semi erecta y más peludo que nunca, fue cuando me di cuenta que Pepe, se recortaba un poco el vello de su cuerpo, pero ahora estaba totalmente en su estado natural.

Con una sonrisa me dijo que cerrara con seguro la puerta, así nadie podría molestar, titubeando le pregunte – ¿molestar? ¿Que vamos a hacer?, tu sabes que vamos a hacer, tengo muchas ganas de que me la chupes, me dijo jalándose la verga, sus huevos colgaban hasta la silla de plástico y se veían relajados y enormes.

Me quité lo más que pude de mi ropa y me hinqué a mamarle la verga, el chorro del agua caía sobre nosotros, le tomaba los huevos con una mano mientras mordisqueaba delicadamente la cabeza de su pene, pasaba mi lengua por sus ingles peludas, y de vez en vez subía hasta sus pezones rosas y duros, cubiertos de vello negro.

Le pasaba la lengua por su pecho mojado, y él subía los brazos a la nuca para saborear sus axilas peludas, regresaba a su verga y la tomaba delicadamente en mis manos y lamía todo su tronco como si fuera un caramelo, viéndolo a los ojos, le lamía los testículos y con cada pasada de mi lengua él se retorcía de gusto y de placer –ooohh si así nene, pasa tu lengüita por mis bolas- eran sus palabras casi tartamudeando por el placer, sus huevos tenían unos pelitos largos y muy gruesos eran en realidad unos huevos muy peludos.

Sentado en la silla de plástico se inclinó tanto hacia abajo y abrió tanto tus piernas por la mamada de huevos que le estaba dando, que su culo lleno de pelos quedó expuesto a mis ojos, titubeando un momento bajé por ese camino de pelitos de su escroto hasta su ano con mi lengua, y a él pareció no importarle, en cuanto llegué ahí me puse a pasar la punta de mi lengua en círculos por los pliegues de su culito, él solo jadeaba y bufaba como toro, y me decía que se sentía poca madre, tenía los ojos cerrados y los brazos detrás de su nuca con la boca abierta y jadeando de placer, le estaba dando su primera mamada de culo y tenía un sabor a limpio delicioso, ya que se había enjabonado todo su cuerpo, su verga parecía querer reventar la tomaba con una mano y la aventaba contra su abdomen rebotando hacia mi de lo dura que estaba, y todo esto sin dejar de mamar su culo.

Me tomó de la cabeza y me dijo que parara porque todavía faltaba lo mejor.

-Quítate la trusa y agáchate parado dándome la espalda quiero dedearte ese culito- me ordenó, inmediatamente hice lo que me pidió y comenzó a meterme un dedo húmedo en mi colita, yo gemía lo mas bajo que podía y movía mis nalgas en círculos alrededor de su dedo, pronto me metió dos y me decía que mi culito blanco con mis dos grandes nalgas sin pelos lo excitaban mucho, y que también le excitaba mucho ver mi agujerito rosado con pelitos alrededor, me pidió que así como estaba me sentara poco a poco en su verga, yo tenía miedo de lastimarlo así que lo hice con mucho cuidado, pero al estar totalmente penetrado hasta sus huevos me abrazó y me apretó contra él.

Yo tuve que moverme de arriba abajo cogiéndome yo solo con su gran pene dentro de mí, el por su parte me apretaba las nalgas, me mordía el cuello, me decía obscenidades al oído, me decía que siempre que yo pasaba por su casa lo ponía caliente y que se había masturbado miles de veces pensando en penetrarme, jalarme de los cabellos y hacerme gritar, que se moría de ganas de hacerme suyo y fue que aquel día con su amigo Ricardo que me obligaron a tener sexo con ellos, que se dio cuenta lo mucho que gozó con su verga enterrada en mi culito, y mi cara de dolor y placer que puse al penetrarme profundamente con su gruesos 22 cms.

– ¡Me la estás aguantando toda! Todas las viejas que me he cogido lloran cuando les meto la mitad de la verga y ya no quieren continuar, y tú te la estas tragando toda- me dijo al oído casi susurrándome.

Me movía cada vez más fuerte hasta que comenzó a venirse dentro de mi, -ahhhhhh me vengo ¡me vengo!- Y en ese momento pellizco mis pezones y recargó una mejilla contra mi espalda mientras me mordisqueaba, cuando me saqué su verga no podía creer la cantidad de semen que me escurría por las nalgas, habían sido más de tres meses sin soltar su descarga cremosa.

Al instante yo mismo tuve un orgasmo, vaciando mi semen por completo en la regadera de ese cuarto de hospital.

Estaba feliz esta vez había sido muy tierno y cariñoso, incluso sentí en algunas ocasiones sus labios en mi hombro y espalda mientras me cogía.

En ese momento me incliné para darle un beso en la boca y él me rechazó volteando su cabeza, y me dijo –nada de besos, yo no puedo besarte- me dijo en un tono serio -¿y entonces que fue esto? ¿Otra cogida y nada más verdad? Le reclamé molesto, penetrarme no te da asco pero besarme si, ¿sabes que? No puedo ser tu juguete sexual y un día te cases o andes de novio con una mujer, ¡no voy a poder soportarlo! Discúlpame pero no puedo vivir con eso- me vestí rápidamente y lo dejé desnudo sentado en su silla de plástico.

Decidí olvidarme de él que al final de cuentas él sin ninguna dificultad haría lo mismo y se recuperaría, y reharía si vida con una mujer de nuevo.

Yo hacía mi vida lo mejor que podía entre clases, trabajo y exámenes se me iba el tiempo, aún así en las noches extrañaba su aroma masculino, su sonrisa torcida, su barba de tres días, su cuerpo masculino y velludo y sobre todo su simple compañía.

Su madre me mantenía al tanto de su situación y pronto comenzó a decirme que ya aguantaba más tiempo de pie solo sin ningún tipo de apoyo, o que ya daba sus primeros pasos en la sala de recuperación física. Sin querer darme cuenta pasó el tiempo otros seis meses para ser exactos, y yo estaba seguro que Pepe ya estaba casi recuperado por completo.

Había sido casi un milagro que Pepe hubiera resistido tanto y que su recuperación hubiera sido casi completa en tan pocos meses, me daba gusto saberlo bien y haciendo su vida normal de nuevo.

Un sábado por la tarde decidí hacer un poco de bicicleta en un lugar cerca de mi casa donde había una pista, estando ahí reconocí un hombre alto y moreno con unas piernas musculosas vistiendo un short de licra de ciclista dirigirse hacia mí.

-Hola Carlitos, me dijo sonriendo, era Ricardo el amigo de Pepe, hola ¿cómo estás? Bien gracias, ¡que milagro verte! Me dijo sonriendo aún más con sus dientes perfectos, en ese momento me di cuenta de lo guapo que el amigo de Pepe era.

– ¿Qué has hecho? Le pregunté, pues trabajando todo normal, ahora que vuelvo a verte recordé aquella noche contigo, ¿sabes? No te he olvidado ni he olvidado lo que te dije, quiero ser tu pareja- yo estaba sonrojado y halagado por su propuesta encontrando las respuestas correctas en mi cabeza, cuando de entre las gradas un joven con un bastón se acercó a nosotros.

Era Pepe enfundado también en un short de licra presumiendo su enorme bulto entre sus peludas piernas, en ese momento Ricardo cambió su cara a una molesta, -Rica, ¿puedes dejarme un rato a solas con Charly? – Le dijo Pepe, y Ricardo se despidió de mí de mala gana y asintiendo se dirigió de nuevo a las gradas.

-Hola Carlos, ¿cómo estás?, bien le dije algo serio, tú te ves muy bien me da gusto que estés recuperándote muy bien, ¡Gracias! Me siento muy bien y pronto dejaré este bastón para siempre, yo, quiero decirte que… en ese momento lo interrumpí, no hay nada que decir me dio gusto verte de nuevo- y tomando mi bicicleta di unos cuantos pasos hacia la salida,

-¡Espera! Me dijo sosteniendo mi brazo derecho, no sé que me pasa, pero he pensado muchísimo en ti y quiero decirte, que desde ese día que estuvimos en las regaderas del cuarto de hospital, algo cambió y… yo no quería dejarlo continuar y le dije: mira Pepe, no revuelvas más las cosas yo estoy bien ahora así como están las cosas, dejémoslo así tu nunca serás para mí ya me quedó claro, sólo quieres cogerme de nuevo y no quiero que vuelvas a lastimarme-

– Esta vez no será así, mira, yo me recuperé gracias a ti, porque me enseñaste muchas cosas me demostraste que me quieres y bueno, pues me hacías reír y quiero eso de nuevo, últimamente me he dado cuenta de muchas cosas, este accidente me sirvió para cambiar mi vida y mi forma de ser, y también cambió mi manera de ver mi sexualidad-

-Pues no te creo, le dije mirándolo enfurecido, la gente no cambia de la noche a la mañana, no quiero enamorarme de ti ¡para que luego descubra que me engañas con una mujer o incluso con otro wey!-

Tomé mi bici y pedaleé lo más rápido que pude, Ricardo al verme tomó su bici y trató de alcanzarme, pero sólo escuché que Pepe le gritó algo y no los vi más.

Muchos de ustedes tal vez piensen que exageré y que debí quedarme y aceptar su propuesta de intentar algo, pero si alguna vez han vivido una situación parecida, sabrán que con una persona que ha sido heterosexual toda su vida y de pronto cambia así como así no es mucho de confiar, ya que son personas muy inestables que en cualquier momento pueden dejarte por una mujer sin explicación alguna así sin más. Y yo no estaba dispuesto a vivir eso nunca.

Mis días en ese entonces eran aburridos y melancólicos, hay una canción del grupo Lu llamada “la vida después de ti” lo cual habla perfecto de los sentimientos que yo tenía en aquel momento, de desesperanza, de fantasmas del pasado y tristeza por un amor que no pudo ser.

Estaba como de duelo, nada me apetecía nada me llamaba la atención, Ricardo fue a buscarme varias veces a mi casa y Pepe dejaba recados en mi celular, pero a ninguno de los dos quería atender, incluso pensé que de nuevo planeaban obligarme a tener sexo con ellos, a estas alturas los tachaba de mentirosos y de hipócritas.

Esa noche decidí irme a un bar con unos amigos y emborracharme hasta decir basta, quería despejar mi mente y olvidarme de Pepe y de Ricardo, no quería estarlos comparando y mucho menos ponerme a pensar en quién me convenía porque aunque todo apuntaba a que Ricardo en verdad tenía buenas intenciones, era a Pepe a quien yo quería.

Mis amigos me hacían bromas diciéndome que me tenían como Pancho Villa, con un viejo en cada orilla (la rima original es con dos viejas en cada orilla, por supuesto) ya medio ebrio estas bromas me causaban mucha gracia, pero en el fondo sabía que la situación no ameritaba reír.

Estaba tan borracho al final de esa noche que un amigo mío me ofreció dormir en casa de sus padres con él, acepté porque estaba cerca del bar y aparte no quería manejar en ese estado.

Mi amigo me contaría después que toda esa noche solo hable de Pe-peludo de cómo me había hecho suyo en dos ocasiones y de que estaba perdidamente enamorado de él, que lo odiaba y lo amaba al mismo tiempo y que después de hacerme el amor no podía ser ya de nadie más.

Cuando llegué a mi casa a la mañana siguiente un extraño paquete me esperaba en la entrada de mi puerta.

Continuará…

Autor: Babyboy

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Pepe, mi vecino peludo

Por la noche algo tratando de penetrar mi culo me despierta, era su amigo el moreno, que me tenía de ladito y estaba detrás de mí, con un movimiento rápido tapó mi boca con su mano, y sujetándome fuertemente una pierna con la otra, me penetró de una manera brutal. Un inmenso dolor recorrió todo mi cuerpo, y lágrimas de dolor rodaron por mi cara, acercó su boca a mi cuello y empezó a besarme, mientras sentía su peludo pecho en mi espalda.

El amor no se ruega; se inspira, y si no eres capaz de inspirarlo, será contraproducente suplicarlo.

Siempre he vivido a unas cuantas cuadras de distancia de él, y siempre he creído que es el hombre más guapo y sexy del mundo, aunque no es la gran cosa que digamos: tal vez 1.75 de estatura un cuerpo normal atlético, con un poco de barriga a pesar de sus 25 años, unos brazos grandes y bien marcados, cara de cabrón, de cejas pobladas, ojos negros grandes y profundos, nalgas fuertes y respingonas, un gran bulto entre sus piernas, y tal vez lo que más me gusta y me derrite de él; un cuerpo cubierto por muchísimo vello negro contrastando con su blanca piel.

Se llama José Luis aunque en la colonia nadie le dice así sino pe-peludo, (una combinación de Pepe y peludo por el vello que cubre todo su cuerpo y que todos notan) y aunque muchos años ignoró mi existencia, la historia que cuento el día de hoy, es el resultado de la aventura increíble que viví con él y de un amor prohibido.

Somos casi de la misma edad, yo me llamo Carlos Fernando y tengo 24 años, y cuando tenía 18 años, allá en mi adolescencia, recuerdo que siempre me gustaba pasar por su casa y verlo retozando en el jardín o lavando el auto de su papá, con unos shorts muy cortos mostrando sus grandes y para ese entonces ya peludísimas piernas, a veces llevaba solo una playera sin mangas o el torso descubierto, mostrando su pecho lleno de espeso pelo negro.

Una vez lo vi echado de espaldas en su jardín presumiendo su peludo torso y axilas, tomando el sol con un minúsculo short que al pasar me pareció ver algo más, así que me detuve a unos cuantos pasos de su casa para inventar un pretexto y preguntar algo para volver a ver esa visión de masculinidad peluda, y para comprobar que mi imaginación no me había traicionado y efectivamente dejaba ver bajo su short sus genitales.

-Buenas tardes- le dije casi tartamudeando, él se quitó los lentes de sol y me miró con esa mirada retadora, ¿qué se te ofrece? Replicó, tenía que inventar algo rápidamente así que le dije que era su vecino y vendía unos boletos para la rifa de un aparato de CD, -en este momento no gracias- dijo contundentemente con su profunda y varonil voz, -bueno, gracias- me quede por unos segundos mirando como regresaba a su posición tomando el solo cuando abrió las piernas dejando salir un huevo enorme redondo y peludo, de esos huevos redondos con el pellejo colgando de tan grandes que son, deseé ser la mujer más puta y más bonita del mundo para lanzármele encima y tomar con mi boca y lamer esos hermosos y peludos huevos.

Al parecer se dio cuenta de cómo me quedé mirando su entrepierna, y sabiendo que tenía al descubierto un testículo solo atinó a decir: -me han dicho que eres el putito de la cuadra, pero a mi solo me gustan las mujeres cabrón, así que nunca podrás tener esto- y en ese momento se sacó la cabeza de su verga por el mismo lado donde se veía su peludo huevo, tenía la cabeza rosita y en forma de torpedo, con circuncisión y muy pero muy peluda.

-Sé que tu mamá y la mía son amigas, pero eso no significa que tú y yo lo seamos, así que lárgate, que ya viste suficiente- me dijo con una voz tornándose enojada, no tuve más remedio que irme casi corriendo de su casa, avergonzado de sentirme descubierto, pero al mismo tiempo excitadísimo, sentía mi propia verga a reventar y sólo me quedó llegar a casa y dedicarle la puñeta más deliciosa de mi vida al recordar la visión de su rica verga y peludos testículos.

A partir de ese día, me daba pena pasar por su casa a la hora que sabía que tomaba el sol o lavaba el auto de su papá, por temor a que fuera a golpearme o maldecirme, pero pudo más mi excitación de seguir viéndole desnudo, así que me las arreglaba para pasar rápidamente por ahí y verlo, él al contrario parecía indiferente a mi presencia y continuaba con sus baños de sol semidesnudo, y casi juraría que siempre esbozaba una pícara y sexy sonrisa, al notar cuando yo pasaba.

Pasó el tiempo y al cumplir los 20 años descubrí que al subir a la azotea de otro vecino podía tener una visión directa a su recámara, hacía abdominales desnudo en las mañanas frente a su ventana y yo veía su velludo cuerpo y su verga larga y peludos huevos colgándole de entre las piernas, cuando terminaba se iba a la universidad, y yo a la mía, y me pasaba el día pensando en su recién desarrollado, atlético y peludo cuerpo desnudo.

Una noche escondido, espiándolo por un agujero que había en la reja de su casa lo vi besándose con una chica de grandes tetas en el jardín, y me enfurecí, no me había dado cuenta hasta ese entonces que no solo me atraía físicamente sino que me estaba enamorando de él, a pesar de haber intercambiado palabras solo una vez, hace tres o cuatro años. Tan ensimismado estaba en mis recién descubiertos sentimientos hacia él que no me di cuenta que la chica había salido por la puerta y de que tenía la sensación de alguien en mi espalda observándome. Giré mi cabeza de entre mi escondrijo y lo vi parado frente a mí con una expresión de pocos amigos, en un rápido movimiento me tomó de mi camiseta y me puso de espaldas a él contra el auto de su padre.

-¿Qué demonios crees que haces maricón?- Na- nada, contesté asustado, acercó su boca a mi oreja presionando fuertemente su paquete contra mis nalgas y me dijo: – ¿querías ver como me cogía a la puta esta verdad? La muy zorra tuvo que irse pero me dejo muy caliente, ¿ya lo notaste?- al tiempo que presionaba su gran y parada verga contra mis nalgas. -Lástima que seas puto, porque tienes unas nalgas riquísimas, si fueras una hembra ya te hubiera dado la cogida de tu vida que tanto has querido todos estos años. Y ahora lárgate que ya te lo dije una vez: nunca podrás tenerme, ¡me das asco!- me empujó contra el piso y caí, algo en ese momento despertó en mi y me di cuenta que a pesar de estar enamorado de él todos estos años, había desperdiciado el tiempo ya que él nunca sería para mí.

Su respuesta había sido más que clara, y muy en mis adentros me conformé con verlo de vez en cuando en la calle o algún centro comercial, pero una noche dos semanas después, decidí ir a hacer un poco de ejercicio al parque que está a 4 cuadras de mi casa, iba ataviado con un short corto y ajustado que dejaban ver mis torneadas piernas y un culo bastante apetecible que atraía varias miradas del lugar. Al terminar de trotar y dirigirme a casa, un carro se acercó peligrosamente a mí y se estacionó rápidamente a tan solo unos pasos de donde yo iba a caminando, un hombre corpulento, alto y moreno se bajó, me tomó por la espalda y me obligó a meterme al automóvil.

Me dijo que no abriera la boca para gritar o algo o me partiría el labio en dos, yo estaba muy asustado cuando reconozco la voz del hombre que iba conduciendo el auto, -hola putito, hoy serás por fin mi mujer como siempre lo habías soñado- ¡era pe-peludo! Rápidamente contesté: – ¿De que se trata esto, que intentas hacer? – nada, sólo darte la cogida de tu vida, pero en vez de una tendrás dos vergas- señalando a su compañero que me tenía amarrado en la parte trasera del auto, el cual estaba sonriendo maliciosamente.

A pesar de lo morboso de la situación estaba francamente asustado, ya que no sabía cuales eran sus verdaderas intenciones y si pe-peludo fuese capaz de hacerme daño. Llegamos a una casa pequeña y con tan solo un colchón viejo en el piso, me obligaron a bajar y a desnudarme apenas entrando a la casa, teniéndome totalmente desnudo me amarraron las manos con una corbata y con otra me la pusieron en el cuello a manera de correa de perro.

-Esta noche serás nuestra perra- dijo pe-peludo al tiempo que se tocaba su bulto y acercaba su cara a la mía, y en ese momento pude sentir su aliento alcohólico.  -Y ahora ponte en posición de perrito con la cabeza en el colchón, levanta el culo y menéalo- fue la orden de pe-peludo, yo con la cabeza hundida en el colchón y el culo levantado me sentía humillado y a su merced, tenía un rato en esta posición y al levantar un poco la vista veo que se habían desnudado de la cintura para abajo, y se estaban jalando sus vergas, la de Pepe ya la conocía pero en ese momento me pareció todavía más grande y más peluda, con una cabeza en forma de torpedo rosita y de un grosor considerable, parejo desde la punta de su verga hasta la base del tronco, la de su amigo era morena y también enorme, con unos huevotes peludos de color casi negro haciendo juego con sus peludas y morenas piernas.

-Levántate putito y saca la lengua y ponte a mamarnos los huevos- acercaron sus entrepiernas a mi rostro y pe-peludo me jaló de los cabellos hacia sus enormes y peludos huevos, un olor a macho en celo inundó mi nariz y un sabor todavía más a hombre cuando empecé a mamar y lamer esos huevos. Era algo que siempre había querido pero no en esta situación, me imaginaba a Pepe declarándome su amor y haciendo el amor toda la noche, en mis más guajiros sueños, pero no de esta manera ebrio, con un amigo e insultándome.

Alternaba los huevos de Pepe en mi boca con los de su amigo, los cuales eran todavía más pesados y grandes no me cabían en la boca cuando el amigo me pedía metérmelos los dos al mismo tiempo, hacía esto mientras ambos se masturbaban y me decían obscenidades.

-Que bien lo hace este puto- le decía su amigo a pe-peludo, en ese momento terminaron de desnudarse sacándose las playeras y dejando ver sus pechos peludísimos.

Me tenían con ambas manos agarrando mi nuca presionando contra sus vergas y huevos ahogándome, en eso Pepe se acostó boca arriba con peludas piernas abiertas y su enorme verga en forma de torpedo recostada en su ombligo, los huevos reposaban en el colchón de lo grandes que los tenía.

-¡Sigue mamando cabrón!- me ordenó al tiempo que tomaba con una mano mi cabeza y me obligaba a mamarle su instrumento. -Si así, que rico se siente, mamas como todo un experto, ¡así mi putito que todavía te falta sentirla en el culo!

En eso sentí unos dedos hurgando en mi culo y después la enorme cabeza de la verga del amigo de Pepe queriendo entrar, la cual no era tan larga como la de Pepe que debía medir unos 22 cms., pero era más gruesa del tamaño de la botella de un desodorante. Cuando Pepe vio eso se levantó enojado y le gritó a su amigo -¡No! ¡Al puto me lo cojo solo yo! A este no le quedo más remedio que retroceder, y conformarse con pasarme su gran verga por entre la raja de mi culo, mientras tanto Pepe regresó a la posición en la que estaba pero esta vez puso su cara a la altura de la mía, yo seguía en posición de perrito y me hizo verle a los ojos ¡que guapo era! Por un momento pensé que me besaría ya que acercó sus labios a los míos, pero en un movimiento rápido levantó un brazo y hundió mi cara en su sobaco peludo derecho, mientras me decía – ¿En serio creíste que te iba a besar maricón? Si quieres chupar algo, ¡chúpame los pelos del sobaco!

Su amigo se masturbaba viendo como pe-peludo me obligaba a pasarle la lengua una y otra vez por su sobaco lleno de largos y negros pelos. Tenía la cara hundida en su axila, cuando su enorme cabeza traspasa mi culo en un rápido empujón, sus 22 cms. de verga ya estaban enterrados hasta los huevos en mi culo, no pude más que gritar pero mi grito se vio ahogado por una maraña de pelos de su sobaco y un olor a macho sudado. Pe-peludo me ordenó seguir lamiendo sus axilas o tendría que darme un golpe en la cara, puso ambos brazos bajo su nuca mientras que moviendo su cadera seguía taladrándome el culo de una manera furiosa, con su vergota.

Mientras yo seguía lamiendo sus sobacos, con lágrimas de dolor resbalando por mis mejillas, su amigo acercó su verga al sobaco de Pepe, la puso reposando en su sobaco derecho y tuve que lamerla también, de pronto su amigo comenzó a jadear más fuerte y a derramar su semen sobre el pecho y la axila de Pepe, -Ahora límpiame los mecos con la lengua- me ordenó Pe-peludo, con una cara de cabrón, sintiéndose dueño de la situación.

Estaba lamiendo los mecos del sobaco de pepe, y lo dejé sin gota de semen, cuando el amigo me puso ahora su verga semi flácida para continuar limpiándosela, mientras Pepe no dejaba de taladrar mi culo, acelerando sus movimientos y diciéndome que le excitaba la mueca de dolor que yo tenía en mi rostro, comenzó a venirse dentro de mi.

-Aaahhhhhhh, Siiiii maricón, ¡ya tienes toda mi leche dentro!- con un movimiento rápido sacó su enorme verga de mí y se recostó sobre su costado dándome la espalda, y me dijo: -esta noche dormirás con nosotros, estoy demasiado borracho- y se durmió, y yo también me quedé dormido.

Por la noche algo tratando de penetrar mi culo me despierta, era su amigo el moreno, que me tenía de ladito y estaba detrás de mí, con un movimiento rápido tapó mi boca con su mano, y sujetándome fuertemente una pierna con la otra, me penetró de una manera brutal. Un inmenso dolor recorrió todo mi cuerpo, y lágrimas de dolor rodaron por mi cara, acercó su boca a mi cuello y empezó a besarme, mientras sentía su peludo pecho en mi espalda.

Me cogía fuerte y sin perder el ritmo, acercó su boca a mi oído y me dijo: -Te voy a quitar la mano de la boca putito, pero no vas a gritar o despertarás a Pepe, y no quiero que nos interrumpa, porque no quiere que yo te coja, siempre me hace lo mismo cuando un maricón le gusta mucho y lo quiere solo para él.

Así que Pepe sentía algo por mí, ¡aunque fuera solo deseo! No importaba, eso me daba una esperanza porque siempre pensé que yo le daba asco y ahora me sentía feliz, pero también me di cuenta que no era la primera vez que hacían esto, traté de olvidar ese pensamiento y así que dejé que su amigo me cogiera como él quisiera, yo estaba en las nubes. Su amigo me cogió de perrito, de lado, aplastándome con todo su peso, con las piernas en sus hombros, me hizo cabalgarlo, poniendo sus brazos detrás de la nuca, mostrándome también sus peludas axilas, y todo esto sin sacarme la verga ni un segundo.

Recordé el sabor y olor de los sobacos de Pepe y eso me excitó así que incliné mi cara y me puse a lamer las axilas de su amigo también. Al parecer esto le gustó mucho ya que acelerando sus movimientos comenzó a venirse también dentro de mí. Al mismo tiempo tuve un orgasmo y me vine en su estómago y pecho.

El amigo de Pepe que se llamaba Ricardo; no sacaba su verga de mi culo, sino que me cargó en sus brazos con su todavía dura verga como piedra dentro de mí, y me llevó a una esquina de la casa y nos sentó a ambos, me abrazo contra su pecho peludo y me dijo: – sé que estás enamorado de Pepe, pero el nunca te hará caso, esto solo fue una cogida para él, pero a mí me encantaste, Pepe no sabe que soy bisexual, y si un día te decides yo SI podría ser tu novio y tratarte como te mereces. Sus palabras me trasmitieron mucha ternura, y me sentía tan cansado que solo sonreí y me quedé dormido sobre su pecho, imaginando que era mi amado Pepe.

A la mañana siguiente Pepe despertó primero que nosotros, y nos encontró yo acostado sobre Ricardo todavía con su verga dentro de mí, y acostados en el piso. Pepe nos gritó… -¡Vístete pinche Ricardo, que tenemos que irnos, y tú maricón, vístete también y no creas que esto volverá a repetirse! -¡Parece que te saliste con la tuya cabrón y te lo cogiste, pendejo!- le dijo Pepe a su amigo mientras le lanzaba una mirada de odio, yo no entendía porque le molestaba tanto si yo solo fui un culo para él y nada más.

Me dejaron a unas cuadras de mi casa, arrancando su carro y desapareciendo entre el tráfico de esa mañana. Por esos días me sentí el ser más desdichado del mundo, oyendo en el estéreo de mi carro “no me enseñaste” de la cantante Thalía, manejando hasta mi universidad, para empezar un día más. A pesar de haber cumplido mi sueño de estar con él, eso no me causaba felicidad, por la manera en que había sido, solo me usó y fui un objeto para él, me sentía miserable y triste por el hecho de saberlo siempre ahí y que jamás podría tenerlo como yo quería.

Sin embargo el destino tenía preparado un giro de tuercas, que uniría nuestras vidas de un modo increíble.

Continuará…

Autor: BABYBOY

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Profesor atractivo de 35 años, busca… IV

Si haber sido un rebelde y obstinado adolescente, me atrajo a ti, y si el ser gay me hizo descubrir este amor tan inexplicable y profundo que siento por ti…entonces si tuviera la oportunidad de hacer algo diferente, no haría nada…lo dejaría exactamente igual, y volvería a cometer los mismos errores, porque se que al final me llevarían a ti.

¿Qué fuerza es lo que hace al hombre ir en diferentes direcciones y al mismo tiempo lo mantiene unido? Eso, eso es la fuerza de su alma.

Mi vida fue otra luego de tu cuerpo, tu piel solía hacerme llorar, lloraba en secreto la pena ardiente de mi ambigua existencia. Nunca quise esto, nunca lo quise para mí, nunca supe resguardarme de tu viento, tu energía, tu alegría me atrapaban….solo quería beberme la espontaneidad de tu alma.

israboston@hotmail.com

La ruta que va a tu cuerpo se apagó…¿cómo pudiste hacerme esto? Al principio…no entendía lo que estaba viendo, ¿cómo pudiste hacerte pasar por Gaby y engañarme todo este tiempo? Yo creí en ti, disculpa no fue mi intención husmear en tu lap top,  no sé que decir….

Espero que entiendas lo difícil que todo esto ha sido para mí, no fue fácil aceptar, esto que me devoraba las entrañas. No tiene caso decírtelo porque ya lo sabías ¿no es así? “Gaby” debió contártelo, mi ex esposa descubrió mis verdaderas inclinaciones, no pude salvar mi matrimonio. Luego de eso viniste tú, una fuerza inexplicable me avisó que eras mi destino, pero ahora….

Tú… no, ¡nunca quise esto! Pero yo confíe en ti…no me busques por favor, es muy duro, solo fui tu juguete, no puedo confiar más en ti.

Viniste, trajiste la calma y encendiste mi cuerpo, fuiste matando poco a poco lo muerto, me hubiera gustado ser…tu última memoria terrenal, pero hoy te desconozco, no quiero volver a verte, aléjate de mí Gabriel, yo sabré encontrar mi camino, aunque para ti puede ser muy tarde.
Sergio D.

No necesito describir, cómo estas punzantes palabras, hirieron haciendo jirones mi destrozado corazón. Quise salir corriendo a buscarlo, pero no sabía a dónde, y mis lágrimas humedecieron con manchas oscuras la nota, desbaratando sus calcinantes palabras.

Fue el peor fin de semana que jamás haya vivido nunca.

El lunes el director de carrera me informó que debido a un imprevisto, Sergio se había regresado a su ciudad natal, Monterrey, y que ya estaban buscando sustituto. En ese momento, corrí al centro de cómputo y de inmediato tecleé un correo electrónico a mi amado Sergio.

Quisiera explicarte tantas cosas, pero sé que este no es el momento, nunca fue mi intención lastimarte, si. Inventé a Gaby, con el único motivo de conocerte más a fondo. Y si gracias a ella nos unió el destino, me gustaría que fuese real para conocerla y abrazarla con todas mis fuerzas, porque nunca terminaría de agradecerle.

Por favor…. dime dónde estás, no te alejes así,  podemos remediarlo… pero si es tu deseo alejarte ahora, lo respetaré apretando los dientes, y si algún día decides regresar te suplico:

¡Déjame lloverte en colores! ¡Quiero morirme en tus brazos! ¡Estoy desesperado! Te amo…

Gabo.

Luego de esto, jamás recibí respuesta….

Los meses se me escapaban del calendario con mucha prisa, pronto llegó el invierno y las hojas de los árboles caían por el intenso viento helado, y sus inertes cuerpos en el suelo hacían entristecer mi alma, al igual que su inesperada despedida que aún calaba hondo. Por fuera era una persona normal, pero por dentro aún buscaba la manera de enseñarle a mi corazón a decir adiós.

A un año de terminar mis estudios me ofrecieron la oportunidad de tomar una vacante en la ciudad de México, y continuar simultáneamente la carrera en otra institución.

¿Tenía alguna razón para quedarme? Probablemente muchas, pero no encontraba ninguna.

Así que con tan solo unas cuantas valijas, una despedida con familiares y amigos, y tu recuerdo, encendí el auto y emprendí el largo camino hacia mi nuevo hogar, y por momentos siento que el sentimiento me asfixia, quiero detener el auto, pero ya es muy tarde, no tengo a donde huir de tu presencia.

El día tampoco me ayuda, frío y lluvioso, no hay nada que no me recuerde a ti, ese hermoso árbol viejo, los ríos transparentes como espejos que adornan el camino, me siento muy solo, ¡te necesito!

Y ahora al doblar en una curva se vislumbra una presa, tal vez sea nueva no viene en el mapa, debo cruzar un frágil puente donde algunos obreros tratan de hacer su trabajo a pesar de la fuerte lluvia, y el nivel del agua se ve peligrosamente alto, no quiero acordarme de ti, ¿por qué simplemente no te vas y me dejas solo? Es claro que jamás podré volver a verte.

Vengo pasando esa presa a mi izquierda, ya pronto todo pasará y estoy seguro que encontraré ese camino para volver a ser feliz, no se ha terminado nada, la vida se compone de pérdidas y despedidas.

¡No! ¡Debo retroceder! ¿Qué estoy haciendo? Debo luchar por él, estoy girando el volante, las llantas rechinan, ¿qué es ese sonido? ¡un derrumbe! Una enorme piedra golpea mi auto,  las personas allá afuera me gritan algo ¡no puedo escucharlos! Trato de tomar de nuevo el control del auto, pero ya es tarde, me estrello contra un frágil barandal, la caída es rápida, el auto flota unos segundos después del impacto.

¡Estoy asustado! Otra roca cayendo de pronto, hace golpearme la cabeza contra la puerta, recuerdos…inundan mi mente como el agua inunda la cabina de mi auto, el día que debía presentar un examen final esos últimos días de verano, la ocasión que Sergio llegó con Lila a esa fiesta, la noche en que le confesé mi amor por él, un joven rescatándome de esa alberca cuando tenía 11 años…pierdo la conciencia, solo alcanzo a ver unos brazos ¿es…Sergio? Y una luz mucha luz…..

Tenías razón…. mi última memoria terrenal fuiste tú…

Despierto confundido con una venda en mi cabeza y un dolor punzante en mi brazo derecho, mi madre esta ahí y se alegra tanto de verme conciente que avienta una taza de café negro al piso y me abraza sollozando. Mi mamá me cuenta que estuve 4 días en un coma inducido, los doctores dijeron que si había alguna lesión cerebral ésta sanaría más rápido si me encontraba inconsciente.

Y ahora un profundo sueño, me devuelve a los brazos de Morfeo, sólo quiero dormir, y no sé cuando volveré a despertar. Por fin después de dos semanas inconsciente, recupero el sentido, algunos amigos están ahí, mis padres por supuesto, un primo lejano, e ingenuamente busco el rostro de Sergio de entre la gente, ¡que tonto! ¿Por qué razón estaría él ahí?

En eso suena el teléfono de mi habitación mi madre contesta y enseguida me pasa el auricular, -¿hola?- pronuncié esperando una respuesta, pero del otro lado sólo se oía estática y un sonido sordo y seco, y ahora la línea se corta y yo cuelgo el teléfono.

Pasan unos minutos y suena un celular, la melodía me es familiar y mi padre me lo pasa de entre mis cosas, leo el nombre del que llama en la pantalla y… ¿será posible? De pronto el eco de las felices voces que toda la tarde inundaron mi cuarto de hospital, se callan en mi mente al saber emocionado que Sergio me estaba llamando.

Su voz denotaba alegría por saber que estaba bien, tuvo que regresar por una papelería al instituto y alguien le contó de mi accidente y que estaba convaleciente en ese hospital.

-Sentí inmediatamente que debía llamarte, o preguntar…como estabas, no sabes la angustia que sentí al enterarme, ¿ya estas mejor? ¿puedo ir a verte?-

No supe que contestar, el amor de mi vida me había vuelto a buscar, a pesar de todas las cosas malas que había hecho, y ahora pedía verme.

-Cla-claro que sí, es lo que más quiero en el mundo- le contesté emocionado y me prometió visitarme el lunes a primera hora, mi espíritu se llenó de regocijo.

El día lunes amanece sereno en el hospital, la tenue luz del nuevo día entra por mi ventana, escuchando “The reason” de Hoobastank en mi reproductor portátil, me siento afortunado de despertar al nuevo amanecer y que la vida me haya brindado la oportunidad de tal vez…regresar con él.

Mi madre durmió aquí toda la noche y está cansada, antes de despedirse se sienta en mi cama y platicamos un poco y cuando está a punto de retirarse, Sergio entra puntual por la puerta y siento que el corazón me estalla de felicidad, tan sólo quiero abrazarlo.Mi madre lo saluda y después de un rato nos deja solos, Sergio se sienta en el mismo lugar que hacía unos minutos estaba sentada mi madre sobre mi cama, y comenzamos a platicar de trivialidades y de mi accidente.

-Me cuentan que me rescataron esos obreros que trabajaban en el puente, solo recuerdo haber caído y golpearme la cabeza, uno de ellos se lastimó una pierna y estaba hasta ayer en este mismo hospital, y fue el que le contó todo a mis padres. -Que afortunado fuiste de que alguien vio el accidente y te rescató, si el lugar hubiera estado solo, tal vez ahora no la contabas Gabo, ¡que contento estoy de que estés bien!-

Suena el celular de Sergio y éste se incorpora para contestar, y el sonido de unas llaves se escucha caer al piso. Al terminar su llamada Sergio recoge las llaves y reconozco que son de mi madre debió haberlas olvidado, mi profesor esta a punto de entregármelas pero algo en un llavero llama su atención, y perplejo con una cara increíble de asombro me pregunta impresionado:

-¿Porqué tu madre tiene una foto en este llavero conmigo?- me pregunta impactado, -¿qué dices? ¿Quién eres tú?- le pregunto aún más extrañado que él, -¡Soy este chavo que está en medio de tus padres con las manos sobre este niño! ¿Eres tú? Gabo…. ¿eres tú? -¿Qué? ¡Enséñame eso!- y al pasarme el manojo de llaves busco impaciente el que contiene el llavero con la foto de Sergio -¡SÍ! ¡Soy yo! ¿Tú eres este chavo que tiene sus manos en mis hombros? ¡Tú me rescataste! ¡Esto es increíble!-

La enfermera de pronto nos interrumpe para cambiarme el suero y nos dice divertida: -haciendo campo chicos, ¿les comió la lengua los ratones? Parece que vieron un fantasma, ¿qué estoy tan fea?-

Y al unísono Sergio y yo soltamos una gran carcajada, haciendo que la enfermera se quedara intrigada del motivo de nuestra risa. La realidad supera la fantasía, vivimos en un mundo pleno de coincidencias y sucesos inexplicables que la ciencia jamás podrá catalogar en alguna disciplina. Seguimos sin palabras, tan solo sonriendo y temblando de impresión por semejante coincidencia, la vida esta llena de sorpresas.

-¡Debí haberte reconocido!, ¡por eso sentía que ya te conocía de algún lugar! -Este mismo llavero lo tengo yo, sólo que se me perdió cuando me mudé a esta ciudad y no lo encuentro, debe estar por ahí en alguna caja. -Sí, recuerdo que mi madre mando hacer dos copias, pero honestamente, lo había olvidado por completo, ¡aún no puedo creerlo!

Decidí no ahondar más en el asunto del llavero y recitarle la gran coincidencia cósmica que este extraño suceso me parecía y que deberíamos estar completamente seguros que el destino nos quería juntos, por que sé perfectamente que él sentía lo mismo. Al despedirse, sólo atina a abrazarme y a decirme que pronto todo estará bien, y que me llamará cuando este de regreso a mi vida normal. Al pasar los días mi recuperación se vuelve completa, y es tiempo de regresar a casa.

Suena el teléfono una tarde aburrida de sábado, viendo algún tonto programa de caricaturas y contesto:

-¿Hola?, ¡que onda peque! ¿Cómo sigues?- me pregunta Sergio del otro lado del teléfono -¡eit! Ya mejor gracias, ¿qué onda?- nada peque, me voy a quedar unos días aquí y pensé que sería bueno que nos viéramos, ¿quieres ir al cine?- estaría muy bien, ¡y que bueno! Porque estaba algo aburrido- ok ¿a las 7 te parece bien que pase por ti?, si está perfecto, a esa hora nos vemos- y en cuanto cuelgo el teléfono y sintiendo estallar mi corazón de gusto, me levanto a tomar un baño y a cambiarme porque falta una hora para que Sergio llegue.

Al llegar Sergio luce guapísimo, con su ya clásico corte casi a rapa, sus ojos miel, una camisa negra ajustada al cuerpo que hace lucir muchísimo sus bien trabajados y velludos brazos, y por primera vez al acercarme más a él con una enorme sonrisa, noto unas indiscretas canas en los vellitos de su sexy barba de 3 días, él es un sueño….es perfecto para mí, lo que siempre había deseado.

Siento en su trato una calidez diferente, me trata como un valioso tesoro, y lo demuestra, me sonríe, me mira a los ojos de vez en cuando mientras maneja, me provoca, me toca una pierna, me acaricia el rostro.

Llegamos al cine la película no es tan buena, pero la compañía lo vale, y cuando estamos a mitad de la proyección Sergio me guiña el ojo y me dice que lo acompañe, yo sigiloso y discreto lo sigo de cerca. Entramos al baño y me besa de pronto, me succiona la boca con fruición, me muerde delicadamente, y siento por un momento que su beso esta sellando algo y que los pedazos de mi alma se juntan y se separan al mismo tiempo llevándome con tan solo un beso a otro tiempo y otro espacio, no se porqué pero inmediatamente me viene a la mente la playa.

Cuando termina el beso muy a mi pesar, Sergio me abraza y me sonríe se acerca a mí y me dice al oído: -siempre quise hacerlo en el baño de un cine nene, por favor, ¡cúmpleme mi fantasía!-

Y sin más lo tomo de la mano y lo dirijo hacia uno de los últimos cubículos del baño, y el se deja guiar como un niño, cierro la puerta lo empujo levemente y lo hago sentarse en la taza, le abro la bragueta y me pongo en cuclillas, saco su grueso mástil de carne dura y palpitante, huele a hombre y a jabón y eso me vuelve loco.

Comienzo la mamada, despacito, suavemente, sintiendo su gruesísima cabeza traspasar más allá de mis labios, el roce de sus pelos rebeldes púbicos en mi nariz me hace delirar, ahora tomo sus pantalones y los bajo hasta las rodillas peludas de mi amante, acaricio los huevos y los lamo, los huelo los siento, y Sergio avienta la cabeza para atrás, está en el más puro éxtasis.

Me dice suavemente que no quiere venirse todavía que quiere penetrarme, pero yo  no obedezco y continuo frenéticamente con mi deliciosa mamada a su verga, Sergio no resiste más y tratando de impedir que siga con mi tarea, toma mi cabeza con sus manos y trata de apartarla de su verga pero yo me impongo y mamo más fuerte su pene peludo y de pronto, borbotones de una espesa y cremosa leche de macho, salen disparados contra mi boca, mis labios y mi garganta, yo los bebo goloso, relamiendo mis labios, sintiendo en mi paladar la pastosa y salada consistencia de mi premio.

Sergio reprime un fuerte gemido, se muerde la boca con su puño cerrado, y lo veo convulsionarse masculinamente debido al placentero orgasmo.

Al terminar de tragarme todo su semen hasta la ultima gota, lo beso tiernamente en la boca y el me corresponde tomándome con sus fuertes brazos y haciendo que me siente sobre su dormida verga.

Comienza a dedearme con uno de sus dedos ensalivados, busca mi culo y al abrir un poco mi pantalón lo encuentra, tibio y cerrado al tacto, palpitante y suave.

Sergio no deja de besarme mientras ya son dos los dedos que hábilmente introduce en mi hambriento culo,  para ese entonces su verga ya esta de nueva cuenta tiesa como el acero, y babeante y resbalosa por los líquidos pre- seminales que mi maduro amante produce a montones. Un río de precum recorre en un hilo todo el grueso pene de mi amante, desde la gruesa cabeza hasta el gordo palo, llegando a su vello negro y grueso.

Si decir palabra Sergio empuja suavemente hacia abajo y mi culo es perforado por esa masa gruesa de carne y yo me quejo un poco, me está haciendo algo de daño, un dolor punzante recorre mi ano, y trato de sacarla y Sergio espera paciente a que el dolor pase para intentarlo de nuevo, ahora después de unos momentos estoy listo, y me siento de golpe en toda su verga hasta sentir la calidez de sus peludas pelotas como base de mi caliente asiento.

El vaivén de la cogida empieza lento, pero va creciendo y ganando intensidad y fuerza, se oyen de pronto unos pies entrar al baño, Sergio y yo nos detenemos en seco, con los corazones estallando de nervios, pero sólo es un señor que orina y vuelve a irse, a esta hora casi todos están en la función, tenemos suerte. El placer que esa peluda verga me da es irremplazable y exquisito, con los ojos casi en blanco comienzo a venirme a chorros sobre el pecho desnudo y peludo de Sergio, él por su parte acelera los movimientos y se viene un poco también dejando mi caliente agujerito lleno de otra pequeña ración de leche masculina. Nos besamos apasionadamente, y con una sonrisa comenzamos a vestirnos y al salir un poco nerviosos de que alguien haya visto algo, miramos a todos lados y al mirarnos juraría que estamos pensando lo mismo: parece ser que nos gusta coger en lugares públicos.

No fue la última ocasión en que tuvimos relaciones en un lugar público, ese fin de semana me invitó a ir a la ciudad de Monterrey, y en el trayecto del camino a bordo del autobús y ya siendo de madrugada, le hice otra espectacular mamada en los asientos de hasta atrás, en esta ocasión aprovechando que la poca gente que viajaba con nosotros iba en los asientos delanteros y completamente dormida, Sergio se desnudó por completo reclinó su asiento hacia atrás poniendo sus manos detrás de su nuca y disfrutó intensamente de la mamada que le estaba regalando, yo recorriendo con una de mis manos su peludo abdomen y pecho, y con la otra masajeando y sosteniendo sus peludos y grandes testículos, succionaba velozmente su grueso y peludo palo.

Tan sólo iban como 7 personas a bordo y al ir tan alejadas y completamente dormidas, Sergio dejó escapar un gemido un poco más fuerte anunciando su venida.

-Aahhhhhhhh, ¡chiquito mío! Tómate toda la lechita nenito rico, Ahhhhhh así, sí, que no quede gota chiquitito, mmm pásame la lengua por la cabecita, ¿te gustan mis mecos amor? Lámeme los huevos amorcito, ahí tengo lechita, no desperdicies nada, Mmmm ¡sí! Que rico se siente, déjame las bolas peludas bien limpias papi-

Tiempo después me dijo que había sido una de las mamadas más placenteras de toda su vida, y yo le confesé que me estaba volviendo adicto a sus mecos.

Pasé un inolvidable fin de semana en su compañía, nos divertimos, fuimos a bailar, hicimos el amor muchísimas veces y cantamos de la manera más desentonada juntos en un karaoke de la ciudad en compañía de unos amigos suyos.

Al pasar el tiempo y debido al accidente, decidí quedarme en mi ciudad y continuar y terminar mis estudios, Sergio por su parte se quedó a vivir en su ciudad natal y consiguió otro empleo allá, pero me visitaba religiosamente todos los fines de semana, o a en ocasiones era yo el que lo visitaba, para nosotros el estar separados no era una opción, continuamos juntos y comprometidos.

Pronto pasó el tiempo y me gradué de la carrera de ingeniería, y decidí mudarme a Monterrey para hacer mi vida allá con el amor de mi vida. La noche de graduación después de convivir con mis familiares y amigos graduados, salimos a un bar cercano y por supuesto mi maduro novio fue con nosotros. Fue una noche que jamás olvidaré.

Estando instalados en ese bar de ambiente gay, una de las meseras se me acerca de pronto y me dice que un joven sentado en la mesa de atrás quiere conocerme y me manda una nota, yo contrariado se la muestro a Sergio, y éste al leerla ríe divertido, y me dice que porque no voy a decirle que estoy comprometido y voy a casarme, yo le digo –claro eso es lo que voy a hacer…y confundido le pregunto: ¿cómo que voy a casarme?… ¿contigo?- y me contesta: -claro ¿por qué no? Estoy totalmente enamorado de ti, ¿no es lo que quieres?- y-yo si, pero bueno nunca había pensado en eso-

De pronto el joven se levanta de su asiento y camina hacia mí y teniéndolo frente a frente me dice enfrente de todos mis amigos que están sonrientes y a la expectativa.

-Esta canción es para ti-  y sacando una guitarra de debajo de nuestra mesa comienza a entonar una romántica canción, yo confundidísimo volteo a ver a Sergio quien tiene una pequeña caja en su mano y al abrirla un finísimo y sobrio anillo de oro sale reluciente.

-¿Quieres casarte conmigo bebé?- yo lo abrazo lleno de felicidad y comprendiendo que todos incluso el joven de la guitarra estaban de acuerdo para llevarme ahí y que Sergio me hiciera la propuesta, le susurro un suave pero firme sí sintiendo el olor de su elegante loción que me vuelve loco.

Los aplausos no se hacen esperar, y una de las meseras anuncia por la bocina que una pareja acaba de comprometerse y nos desea muchas felicidades.

Es como un sueño vuelto realidad, nunca pensé que pasaría.

El día de la boda llega, y nos miramos a los ojos en silencio, sintiendo nervios y alegría mientras nos arreglamos para la ceremonia, y yo recordando los últimos meses preparando el gran evento, me encuentro soñando despierto, haciendo cuentas de como es que todo terminó de esta manera tan feliz, mil cosas pudieron separarnos, desde sus prejuicios, hasta mi pasado, pero nada fue tan fuerte como ese gran cariño que descubrimos que vivía en nosotros.

La ceremonia es sencilla y rápida, no fue tan complicado como lo esperaba, y al mirar a Sergio puedo adivinar, que es pésimo para este tipo de eventos, porque está sudando y muy nervioso, pero cuando todo termina sonríe aliviado y lleno de júbilo.

Mi amigo Gerardo preparó un pequeño discurso, y preparó también una proyección de diapositivas con muchas de nuestras fotos juntos, y al final al proyectar una imagen ampliada del llavero donde aparezco yo siendo un niño con un joven Sergio tomando mis hombros, mi amigo habla de magia, destino y coincidencias hermosas de la vida, dejando boquiabiertos a todos los presentes del lugar.

Nuestros más cercanos amigos están ahí y algunos familiares que saben de lo nuestro, un DJ, algunos conocidos y por supuesto los infaltables “colados” la fiesta transcurre serena y en armonía, y al quedar solos mi esposo y yo bailamos un dulce y lejano vals que alguien dejó en la pista de el equipo de música.

Mi esposo….nunca creí posible algún día llamar a alguien así, es increíble, una sensación intoxicante, yo que decía que jamás haría esto y ahora estoy casado con un buen hombre que me sabe querer, no cambio este momento por nada del mundo.

*Comencé a trabajar poco después de mi maravillosa luna de miel, y al poco tiempo me encontraba al igual que mi adorado esposo iniciando mi carrera como docente.

El tiempo pasó inexorablemente y diez años después de nuestra ceremonia de compromiso, nuestras vidas son lo que debían ser, la felicidad nunca se fue de nuestra casa, y Sergio y yo nos disfrutábamos igual o más que antes, y en el aspecto sexual, bueno… de vez en cuando nos portábamos traviesos invitando a nuestra alcoba a alguno que otro chico guapo que aceptaba alocarse una noche con nuestros calientes cuerpos.

A mis 30 años la vida me parecía plácida y feliz, un ambiente que había ayudado a construir con mi esposo Sergio el amor de mi vida.

Una tarde después de cenar en un romántico restaurante de esos que tienen terrazas alejadas y privadas, y unas finas luces de cascada decoran y alumbran las ramas secas de un viejo árbol, hacemos sobremesa contándonos chistes y cosas que habían pasado en la semana, Sergio que a sus 45 años lucía impresionantemente sexy y guapo.

-Dime Gabo, ¿eres feliz conmigo? ¿Con esto que tenemos? ¿te arrepientes de algo?-después de una larga pausa y mirando sus bellos ojos, que alguna vez no tuvieron esas patas de gallo que tanto me gustan de él le contesto entusiasmado: -Si haber sido un rebelde y obstinado adolescente, me atrajo a ti, y si el ser gay me hizo descubrir este amor tan inexplicable y profundo que siento por ti…entonces si tuviera la oportunidad de hacer algo diferente, no haría nada…lo dejaría exactamente igual, y volvería a cometer los mismos errores, porque se que al final me llevarían a ti.

Una hermosa sonrisa se dibuja en su maduro rostro, y en ese momento pienso que es el hombre más sexy del mundo.

-¿Y si algo me pasara? ¿Volverías a hacer tu vida? Recuerda que soy 15 años más viejo que tú-

Le tomé de una mano y con la otra la acaricié suavemente y le dije: -no tienes porque preocuparte por eso amor, no quiero pensar en eso ahora-

-Lo sé tan sólo quiero que seas feliz siempre Gabo, no importa que pase, recuerda que la vida es para adelante ¿Ok amor?-

-Ok papi-

Y continuamos la velada deshaciendo toda idea de probabilidades nefastas en nuestro destino, nos teníamos ahora y eso era todo lo que importaba.

Y una tarde de septiembre, al llegar a casa después del trabajo, todo lucía terriblemente normal, la olla del té de Sergio haciendo su característico ruido del agua en ebullición, el reloj del gato Félix en la cocina moviendo de un lado a otro sus ojos, el olor a canela y menta de las escaleras, y a lo lejos el sonido constante y adormecedor de la lavadora haciendo su trabajo.

Subí las escaleras cansado, llamando a Sergio y desajustando mi corbata, y al abrir la puerta de la recámara, nada en este mundo pudo haberme preparado para lo que vi.

Sergio estaba boca abajo tirado en la alfombra con los ojos abiertos y un pequeño hilo de sangre escapaba de su cabeza, el tiempo se volvió agonizantemente lento, no podía pensar ni respirar, y por unos segundos mi cerebro no pudo decodificar en sentimientos humanos la escena que se presentaba ante mis ojos. Un paro cardíaco fulminante fue lo que los doctores forenses me dijeron, no sufrió en absoluto y al caer golpeó su cabeza en el buró de noche y se hizo esa herida.

Sergio nunca quiso un funeral asistido por muchas personas que a final de cuentas no sienten lo que los familiares directos sienten: el sentimiento más atroz de pérdida que puede alguien experimentar en la vida. Así que no realicé ningún funeral que Sergio no hubiera querido y en lugar de eso hubo una breve reunión en mi casa con las cenizas presentes de mi amado.

No pude derramar ni una lágrima, el amor que siempre sentí por él lo demostré a cada segundo de mi existencia y estaba contento y satisfecho con los años felices que la vida había decidido darnos, nunca me enojé o golpeé la pared, él se había ido tranquilo y estaba seguro que tan lleno del mismo amor inagotable que yo le profesaba.

Pero un día, guardando sus ropas y recuerdos en un viejo baúl, caí de rodillas por primera vez en semanas llorando lastimosamente su partida, todo fue tan repentino que me tomó por sorpresa y recordé al abrazar una almohada que todavía olía a él que muchas personas presienten su muerte y ahora estaba seguro que mi amado esposo, así lo sentía aquella noche en que cenamos en ese bello restaurante.

Todo estaba decidido así desde un principio, me dije a mi mismo al recordar momentos felices con él, las personas pueden ir y venir de tu vida sin dejar huella, pero otros salvan tu existencia de muchas maneras y siempre, siempre estarán contigo.

Pasaba el tiempo, y de repente  al ir caminando serio y meditabundo hacia la casa que había compartido tantos años con él, y que ahora ya me lastimaba regresar, sentí una extraña presencia y un fuerte olor de la misma loción que Sergio usaba, me giré volteando la cabeza en la dirección en que ese aroma provenía y al no ver a nadie, sonreí en secreto, estaba seguro que mi nene seguía por ahí, cuidándome.

Cinco años después de tu partida, mirando fijamente el atardecer en el mar, en algún lugar diferente del que me vio nacer, y muy lejos de aquel lugar donde compartimos diez años de nuestra vida,  por fin siento que ya no puedo llevarte tanto conmigo, mi alma ahora es llenada con un sentimiento de libertad mi amor, aunque sé muy bien que nunca podrás irte del todo.

Te dejo ir….por ahora, porque estoy seguro que algún día volveré a ver tu sonrisa….cuento con eso.

Y ahora escribiendo un anuncio para encontrar a alguien con quien después de muchos años de duelo pueda compartir un sentimiento parecido al que compartí contigo, no encuentro otras palabras para empezar, más que aquellas que te unieron definitivamente a mi vida:

Profesor atractivo de 35 años busca…..

“Si te inscribiste en el libro del amor y tienes fe, ya que la biblia así te lo dice, entonces tú crees en el poder curativo de la música y del amor y cómo éste puede salvar tu alma mortal…ven y enséñame a bailar lentamente”

Extracto de la canción American pie de Don Mclean.

FIN

*Nota: esta es una versión sin la narración de la luna de miel, envíame un correo si deseas leer la versión con la luna de miel incluida.

Autor: BABYBOY

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Profesor atractivo de 35 años, busca… III

Con cada rebote por una piedra, la verga de Sergio se hundía más en mi culo, mi amante gemía calladamente porque mi apretado culo le estaba provocando fuertes y placenteras sensaciones e inclinándose nuevamente hacia mi oreja me susurró que exprimiera su verga con el culo, ya que pronto me llenaría el culo de leche.

¿Qué fuerza es lo que hace al hombre ir en diferentes direcciones y al mismo tiempo lo mantiene unido? Eso, eso es la fuerza de…

Ocurrió poco después de cumplir los 11 años, mis padres debieron descuidarse y no se percataron cuando resbalé y caí en la parte profunda de una alberca en ese balneario de la ciudad de Monterrey, al que habíamos ido de vacaciones.

Recuerdo estar sumergido y tocar el fondo con mis pies y tratando inútilmente de aferrarme a algo que pudiera sacarme a flote, cuando de pronto unos brazos cálidos me sujetaron fuertemente y me jalaron hacia ellos, y al sacarme a la superficie, mis pulmones inhalaron abruptamente el aire que se les había negado, confortando súbitamente mi atormentada alma. Debieron pasar tan solo unos segundos, pero me pareció una eternidad, mi entera y corta vida pasaron ante mis ojos por unos segundos, y cuando alcé la mirada lo primero con lo que me topé fue con la sonrisa y los ojos alegres de un guapo joven de veintitantos años con un pequeño lunar debajo de uno de sus ojos.

Cuando me incorporé al lado de la piscina donde este joven me había rescatado, no pude evitar contemplar absorto la fina capa de vello que su incipiente juventud le regalaba en el pecho a este bello ejemplar masculino. Y casi inmediatamente descubrí en ese momento que yo no era un chico como cualquier otro….yo era….bueno, diferente.

Mi madre corrió en llanto a abrazarme, haciendo que una pila de gente se amontonara curiosa alrededor nuestro, y mi padre le daba las gracias a este taciturno pero bello joven que me había rescatado. Al poco rato y en motivo de agradecimiento, mis padres invitaron a comer a este chico en un puesto de comida rápida del balneario, y por insistencia de mi madre al terminar la comida, le pidió al joven dejarse retratar con ellos y conmigo en uno de los puestos de recuerdos que había en el lugar, mi progenitora mandó hacer dos copias y le entregó una de las fotos al joven, enmarcada en un cursi llavero con forma de corazón.

Creo que fue el momento más embarazoso de mi vida.

Es curioso las cosas que vienen a tu mente en momentos de crisis, y éste sin duda era uno de ellos, porque no podía sentir mis manos del frío que me rodeaba, y mis pies comenzaron a entumirse y sólo unos segundos antes de perder la conciencia y dejar de luchar, los brazos que me sacaron de aquella piscina, parecían ser los mismos que ahora me sacaban del auto inundado, y esa blanca e intensa luz se encendió de pronto….

-¡Enciende la luz Saúl!- le gritó el hombre que me tenía amagado con su mano sobre mi boca y con su otra mano sobre mi pecho presionándolo, a otro chico que se encontraba en una alejada recámara de la casa donde festejaba mi cumpleaños.

Y cuando esa intensa luz se encendió obligándome a entrecerrar por un momento mis ojos, pude girar la cabeza un poco y darme cuenta que el tipo que me sujetaba era Luis, mi celoso ex – amante. Luis me empujó frente a la cama donde se encontraba su amigo Saúl semidesnudo, y éste me sujetó rápidamente de nuevo, mientras Luis comenzaba a desnudarse.

-Sé lo que intentan hacer, pero no creo que su plan les funcione, ¡estamos en la casa de Gera, mi mejor amigo! ¿en verdad creen que me van a obligar a tener sexo con ustedes en la casa de mi mejor amigo sin que él se entere y venga a ayudarme?- les dije con un aire retador muy seguro de mis palabras. -Es que nadie piensa obligarte a tener nada que tú no quieras putito, sé que te encanta mi verga- respondió Luis sacándose su erecto y peludo miembro del pantalón.

E inmediatamente su amigo acercó una botellita de Poppers a mi nariz, haciendo que un inusual y rápido efecto se apoderara de mí, poniéndome muy caliente. Me hizo inclinarme ante él y acercó mi cabeza con una de sus manos a su entrepierna y un aroma a macho sudado penetró mi olfato, Luis era testosterona pura. Alcancé a sacar mi lengua y lamí un peludo y gordo testículo y Luis dejó escapar un fuerte gemido de placer. Mí lengua recorría golosa aquellos dos gordos y peludos testículos cuando de pronto la puerta se abrió.

-¿Qué hacen aquí?- preguntó Gera mi mejor amigo, al darse cuenta que mis agresores se vestían rápidamente.

Yo intenté incorporarme pero resbalé y Gerardo me tomó por los brazos ayudándome a ponerme de pie. Mi amigo al comprender la escena de pronto les dijo: -Ustedes no tienen invitación cabrones, ¡lárguense de aquí o le hablo a la policía! Los dos tipos ya listos salieron por la puerta, pero antes Luis se detuvo y me dijo, que esto todavía no acababa, que ya me las arreglaría con él mas tarde, a final de cuentas no estaría por siempre en la casa“del mariquitas” de mi amigo.

Y al final Luis espetó: -No te hagas el que no te gusta pinche putito, mi verga te fascina, ya nos veremos después-

Gera intentó preguntarme que había pasado pero sin dejarlo hablar tan solo pregunté: -Sergio, ¿dónde esta Sergio?- mmm está en el jardín platicando con los del salón, ¿quieres que….?- no alcanzó a terminar su frase, cuando yo saliendo por la puerta, me dirigí a buscar desesperado al dueño de mis desvelos.

Me acicalé un poco en el baño y después lo llamé al salir al jardín. Él percatándose de mi presencia, al salir por la puerta trasera, me sonrió tímidamente, pero aún siendo indiferente y estoica su sonrisa, hizo entibiecer mi interior, y un hondo suspiro salió de lo profundo de mi garganta. Estaba a punto de hablar pero mi profesor me interrumpió: -¡Felicidades Gabrielito! ¡muchos días de estos! terminó de decirme dándome un fuerte y cálido abrazo. Algo en su abrazo me intrigó, no era el Sergio de antes, sin embargo tampoco era diferente. Y en ese momento mi mente divagó pensando que mientras más cambian las cosas, más siguen igual.

-Este…. mmm…yo quiero decirte que….

Ambos estábamos ansiosos y nerviosos, y Sergio notando que yo tenía menos vulnerabilidad que él ante la adversidad de poder enfrentar el declararme gay  abiertamente, él aún no sinceraba sus sentimientos, así que interrumpiéndome secamente mi amado profesor me dijo: -¿Quieres ir a montar en bicicleta mañana?-

-Claro- contesté cambiando mi sonrisa a una serena y llena de alegría.

La fiesta siguió su curso normal llena de risas tímidas y secretas, señales recíprocas de ternura  y miradas que lo decían todo, y por un momento olvidé el mal rato que me había hecho pasar Luis y su amigo Saúl, o eso trataba de convencerme a mí mismo….¿en realidad ya no deseaba a Luis y su masculina presencia? El haber saboreado el aroma intimo de las peludas bolas de Luis me decía otra cosa.

Al día siguiente con un cielo nublado y melancólico sobre nuestras cabezas, Sergio y yo emprendimos la marcha hacia las llanas praderas que conducen a la cuenca de un río, para ejercitarnos un poco en bicicleta y admirar el bello paisaje. Ninguno de los dos quería tocar el esquivo tema que ambos sabíamos tendríamos que hablar tarde o temprano, y el camino de terracería, plantas y pequeños animales salvajes eran testigos de nuestro silencio.

Por fin el hielo se rompió gracias a una pequeña piedra que no vi y me hizo caer de la bicicleta de montaña, provocando unos raspones sin importancia, pero un gran hoyo en la parte trasera de mi licra de ejercicio, y cuando me levanté dándole la espalda a Sergio éste rió al darse cuenta que debajo de la descosida tela no traía ropa interior, así que lo primero que vio fue la raja de mi culo en todo su esplendor.

-Jajaja ¿no usas ropa interior, o sólo querías provocarme?- Sergio rió de buena gana al comprobar que estaba yo desnudo bajo la delgada capa de tela de la licra.

Yo ruborizándome no le di importancia al suceso subiéndome de nuevo a la bicicleta, y me di cuenta que por primera vez y sin tener la mínima intención de provocar a un hombre, me había apenado de enseñar mi bien formado trasero y la raja de en medio. El camino se hizo entonces placentero, delicioso y tremendamente disfrutable, y yo gozaba y reía plenamente de cada comentario o chiste de Sergio y sentía que un hermoso vínculo amenazaba en formarse.

Y entonces venida de lejos, anunciando a la pradera su refrescante caricia, la lluvia bajó suavemente hacia nosotros, y aumentando su potencia, nos obligó a refugiarnos bajo las protectoras y verdes ramas de un hermoso y antiguo árbol. Un fuerte e impetuoso viento nos golpeó proveniente del norte, el frondoso árbol no era suficiente abrigo para enfrentar el violento temporal, así que Sergio me abrazó fuertemente y al sentir la calidez de su cuerpo, el vacilante dejo de su masculina loción y el roce de su delicioso aliento sobre mi cuello, me sentí libre, protegido, y lleno de un intenso afecto que emanaba de cada fragmento enamorado de mi piel.

Y así como llegó, el temporal comenzó a amainar repentinamente, y al descubrir que el peligro había pasado, ambos quedamos sorprendidos, por un extraño y reconfortante sentimiento que impedía que nos separáramos. Sergio me miró a los ojos alejando su varonil rostro del mío y me dijo suavemente en medio de la serena y verde pradera, y el taciturno cielo triste y gris:

-Es algo indescriptible, pero siento que ya nos conocíamos de otra vida o… algún otro lugar, y no quiero que esta paz y ternura que brindas a mi alma desaparezca nunca…-Tienes una sonrisa que me recuerda memorias de mi infancia, donde todo era brillante como el más azul de los cielos, y desde que te conocí y miré tus ojos por primera vez, me recordaron a mi mejor amigo de cuando tenía 12 años y corríamos a ese lugar especial, una ranura en el tronco de un árbol enorme, donde solíamos escondernos y protegernos en días malos como éste, o cuando nuestros padres nos reprendían y huíamos de casa.

-Él era menor que yo, y sus padres lo trataban muy mal, yo sólo quería protegerlo….como sólo quiero protegerte a ti…esa necesidad me trasmites, y yo…yo quiero hacerlo, quiero que….me dejes cuidarte, o tan sólo…déjame estar contigo, por favor bonito…-

Sus hermosas palabras hicieron delirar con un fuerte temblor hasta el mas recóndito de mis huesos, y mis ojos se humedecieron de una inmensa felicidad, mi corazón desbordaba amor, un fuerte, grande y sincero amor. Volvimos a abrazarnos pero ambos sabíamos que al soltarnos, no volveríamos a ser los mismos nunca más. La lluvia comenzó a tomar fuerza nuevamente, y decidimos jugárnosla y correr hasta la carretera, tomando nuestras bicicletas con una mano y con la otra cubriéndonos con unas ramas secas nuestras cabezas.

Era muy peligroso montarnos en las bicicletas y pedalear hasta la ciudad, así que protegiéndonos bajo otro árbol que estaba al lado de la carretera, hacíamos la señal de “aventón” a cada auto que pasaba, con la esperanza de que pudieran llevarnos de regreso. Luego de varios intentos por fin una camioneta grande de dos cabinas y con la parte trasera llena de cosas como bicicletas, kayaks, remos, casas de campaña y artículos de cocina se detuvo y el conductor un joven como de veintitantos años, se ofreció a llevarnos.

Sergio y yo subimos nuestras bicicletas en la parte trasera de la camioneta haciéndoles espacio entre tantas cosas, y al intentar subirnos en los asientos traseros de la camioneta descubrimos que había muchísimas cosas mas, dejando libre tan sólo un asiento, por lo que tuve que sentarme y viajar encima de las piernas de Sergio. En la cabina había dos chicos jóvenes, más el conductor, que según nos dijeron venían recorriendo México, acampando en cada bonito lugar que encontraban, estaban algo amontonados, pero muy alegres, y al quedar claro el lugar donde nos bajaríamos, que estaba a mas de una hora de distancia (y por el temporal, sería un poco mas largo) los chicos volvieron a subir el volumen de su música y a ocuparse de sus asuntos.

De pronto siento los dedos de Sergio acariciando suavemente la raja de mi desnudo culo a través del agujero que tenía en mis shorts de ejercicio, arrancándome un leve suspiro y haciendo apretar mis dientes. Continuó disimuladamente masajeando mi culo, hasta ir cada vez más adentro, deteniéndose solo para ensalivar discretamente sus dedos, y vigilando que los chicos siguieran en su rollo.

La parte trasera de la camioneta estaba algo oscura y las cosas que teníamos al lado por montones ayudaban a darnos refugio para el excitante encuentro sexual que Sergio y yo íbamos a vivir por primera vez. En un hábil movimiento Sergio bajo su licra hasta los tobillos y pude sentir la tibieza de su gruesa verga palpitar dura como piedra por entre mis desnudas nalgas. Pude sentir también la maraña de necios y abundantes pelos negros de su pubis que cosquilleaban en mi trasero.

Sergio frotaba callada y disimuladamente su verga por mi raja, fingiendo mirar distraído por la ventanilla, y yo haciendo mi parte vigilaba que los chicos no se dieran cuenta de nuestras acrobacias sexuales. Mi maduro amante encontró una botellita de aceite para bebé entre las cosas de los vacacionistas, y humedeció su palpitante y peludo pene erecto. Se inclinó suavemente en mi oreja derecha y susurró apenas con un sonido perceptible:

-¿Quieres que te la meta aquí delante de estos chavos bebé?- mi respuesta fue un callado gemido que traducido del idioma del deseo, podría interpretarse como un sonoro y desesperado ¡sí!

Sentí la punta de sus dedos lubricar con el aceite de bebé mi culo,  e introduciéndolos uno por uno me hacía casi llorar de placer, un muy reprimido gemido anunció de pronto la punta de su gruesa cabeza penetrar mi dilatado culo.

-¿Todo bien, chavos? Ya falta poco más de media hora para llegar- preguntó girando la cabeza uno de los chicos que venían en la cabina, y yo ahogando un fuerte gemido, con mi cara roja y mi mirada perdida, contesté un tímido “si, gracias”, y volviendo a girar su cabeza a su lugar el joven regresó a su música con sus amigos, sin imaginarse que yo estaba totalmente penetrado por la gruesa verga de mi maduro compañero.

Con cada rebote por una piedra o un tope del camino, la verga de Sergio se hundía cada vez más en mi atormentado culo, y mi amante ayudaba a esto con sus suaves pero firmes movimientos de pelvis que me tenían en la gloria.

Sergio gemía calladamente porque mi apretado culo le estaba provocando fuertes y placenteras sensaciones e inclinándose nuevamente hacia mi oreja me susurró que exprimiera su verga con el culo, ya que pronto me llenaría el culo de leche. Mi amante se había transformado en una fiera salvaje, que solo vociferaba palabras cachondas y un sin número de ¿te gusta nene? ¿te gusta mi vergota en tu culo verdad? Y yo solo podía disimular cuanto podía, ya que el nerviosismo de ser descubiertos me tenía algo preocupado, pero totalmente caliente.

-Uh ¿hace calor no chicos?- preguntó Sergio de pronto a nuestros compañeros, quitándose la camisa y dejar al descubierto el rebele vello de su masculino pecho. -Si, es por el bochorno de la lluvia- contestó uno de ellos con cara de interrogación.

Ahora Sergio estaba totalmente desnudo en la parte de atrás, y recargando uno de sus brazos por encima del asiento, pude sentir el aroma masculino de su axila transpirada. Los vellos de su pecho me hacían cosquillas en mi espalda desnuda, ya que Sergio también disimuladamente me había levantado la parte trasera de mi playera, y su verga erecta no perdía un ápice de dureza, mientras seguía taladrando mi culo, y el poseedor de semejante herramienta para coger, miraba distraído por la ventana, como si nada estuviera sucediendo.

Los chicos se detuvieron en un mini súper a comprar bebidas y nos preguntaron que si queríamos algo, a lo cual contestamos que no, y bajando ellos tres de la camioneta, estoy seguro que se extrañaron de que no hubiéramos querido bajar y estirar las piernas, viendo que también estábamos “misteriosamente” llenos de sudor.

En cuanto se bajaron de la camioneta, y aprovechando que la lluvia seguía cubriendo nuestra excitante sesión sexual en medio de extraños, Sergio giró mi cabeza y me besó apasionadamente al tiempo que con sus manos abría más mis piernas y aceleraba sus movimientos. Yo echando mi cuerpo y mi cabeza hacia atrás del asiento, comencé a tener un orgasmo, y mi semen escapaba filtrándose a través de la delgada tela de mi licra, y en ese momento mi maduro amante, vació toda su leche en mi interior con un fuerte y gutural gemido, al tiempo que mordía ferozmente mi cuello, dejándome la marca de sus dientes.

Estábamos respirando agitadamente, cuando los chicos regresaron riendo, y pararon en seco sus risas, al comprobar que un olor a sexo estaba en el ambiente y viendo nuestros rostros ruborizados y sudorosos, hicieron el esfuerzo por continuar como si nada, no sin antes percatarme de que uno de ellos le decía a otro cosas en secreto. Llevábamos poco de estar nuevamente viajando en carretera cuando siento que la verga de Sergio perdía dureza y se encogía, saliendo de mi adolorido culo que comenzaba a estrecharse de nuevo.

Luego de esto Sergio me pidió secretamente que me levantara un poco para subirse de nuevo el short de licra y regresamos a la normalidad, pero ahora reíamos en secreto de nuestra desquiciada y excitante aventura sexual que habíamos compartido.

Al llegar a nuestro destino, Sergio fue el primero en bajar y yo esperé unos segundos para que se pusiera de nuevo la playera y al ir Checo a la parte trasera de la camioneta a buscar nuestras bicicletas, uno de los chicos se volteó hacia mi desde su asiento y me dijo antes de que yo bajara:

-¡Que palote se aventaron! ¿eh cabrones?, me tenían con la verga dura como de piedra y ¡tuve que jalármela y vaciarme en el baño del mini súper!-

Y en eso el chico de al lado lo besó sensualmente y me dieron su tarjeta, despidiéndose y diciéndome que les encantaría que algún día los acompañáramos de campamento. Yo salí con la tarjeta de la camioneta en shock, y cuando arrancaron, le conté todo a Sergio y éste sin más se echó a carcajadas como un chico de secundaria.

Esa noche Sergio me invitó a quedarme en su casa, y pasamos la noche juntos y abrazados después de haber hecho el amor dos veces más, una en el baño y la otra sobre la alfombra de su sala. La suave y fresca brisa, arrulló mi mente, sintiendo la suave fragancia que emanaba del velludo y cálido cuerpo de mi amante que se confundía y mezclaba con el nostálgico aroma a tierra mojada.

Poco después me enteré de que mis padres se iban un mes entero a visitar una tía hermana de mi madre que estaba en el Paso Texas, por lo que me quedaría solo en casa, y  Sergio se le ocurrió que podría pasar ese tiempo viviendo en su casa, así que tomé mudas de ropa y mi lap top y me instalé feliz en la residencia de mi amado novio. Pasamos un verano de lujo, visitando antros, fiestas y reuniones con amigos, comimos del deseo que provocaban nuestros cuerpos desnudos en las noches calurosas y bebimos de la alegría de nuestros corazones recién comprometidos.

La noche de ese viernes, el fin de semana anterior al re-inicio de clases y después de hacer violenta y apasionadamente el amor,  Sergio se pasó largo rato acariciando mi desnudez y yo dormido sobre casi todo su cuerpo, me sentía en el paraíso. Sentí que se incorporó después de un rato al baño, y luego de eso me quedé profundamente dormido, no abrí los ojos sino hasta la mañana siguiente.

Lo primero que recuerdo al abrir mis ojos fue una nota amarilla pegada al monitor de mi computadora, mi somnolencia fue desapareciendo al ir descubriendo señales de que Sergio se había ido para siempre: su closet vacío sin ninguna maleta, su celular apagado y en la cocina el refrigerador sin alimento alguno.

Regresé a la recámara y al leer sus palabras dejadas en esa nota, mi respiración se volvió agitada y mi vista amenazó con nublarse, mi cabeza estallaba en una fuerte migraña de la cual deseaba no salir jamás…

Continuará...

Autor: BABYBOY

israboston@hotmail.com

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Mi chico cubano III

Su pastosa leche inundó mi garganta y mi boca, eran tantos chorros de leche que se me salían por la comisura de mis labios, y un sabor salado y cremoso llenaba mi garganta. Con su verga a manera de cuchara recogió un sobrante de leche que tenía yo en mi mejilla y volvió a introducirla en mi boca, yo relamiendo ese cañón moreno de leche degustaba complacido el sabor de sus mecos.

Me enamoré en Cuba… de sus ojos negros como la noche, y de su cuerpo fuerte y peludo como un toro, de su piel bronceada y de su aroma de macho orgulloso con corazón de gitano.

Esa tarde camino a casa de Nico, recordé el día que hicimos el amor en el acantilado de piedras planas, mi mente se perdió en el recuerdo de sus fuertes brazos, de sus peludas axilas, de su porte de macho cachondo y orgulloso, de su pecho amplio y fuerte, donde me perdía del mundo y era el culpable de mis sueños eróticos y mis anhelantes fantasías.

Nico ya venía desnudo sentado en el bote y jalándose muy rico su peluda y larga verga, sus peludos y gordos testículos colgaban como dos racimos de una fruta extraña y tremendamente cachonda dispuesta a ser mordida.

Cuando llegamos Nico se tumbó sobre mí y sin previo aviso comenzó a penetrarme, su morena tranca no le costó trabajo entrar ya que mi culo venía mojado y muriéndose por ser penetrado por este tremendo macho y su instrumento insaciable, aun así dolió un poco y traté de olvidar el dolor para dar paso al gozo, me mordía la nuca y el cuello, tan deliciosamente que pensé que moriría ahí mismo de placer, su verga cubana entraba y salía de mi dilatado culo, mientras sus gordos huevos chocaban contra mis nalgas, y su pecho peludo se frotaba encendido contra mi espalda.

Nico no paraba de morderme y besarme y decirme cosas al oído como: -¿te gusta mi nenito putico? Esto te mereces por ponerme tan caliente chico, tu culo es una delicia, no me canso de darle verga hasta que pida tregua, toda la tarde has estado contoneándote con ese lindo culo para provocarme, pero ahora vas a ver como te cojo ¡ohhhhh sí!- gemía descontrolado mientras con una de sus manos amasaba uno de mis pezones y con la otra me apretaba mis glúteos.

-Ahh ¡siiii! ¡Dame tu verga papi! ¡Por favor! ¡Te lo suplico! ¡Soy tuyo, ¡hazme sentir tu putito! –le decía con mi voz entrecortada y llena de placer, me sentía el más puto del mundo y un tremendo deseo animal surgía de mi interior, mientras el moreno instrumento de Nico me perforaba el culo.

De pronto Nico sacó su vergota morena de mi culo y cuando intentaba protestar debido a que interrumpió el gozo que estaba sintiendo, puso su lengua en la entrada de mi culo y comenzó a llenarlo de besos, chupetones, lamidas y mamadas, que me dejaban sin aliento, y en eso volvió a meter sin aviso su gorda pinga morena, Nico alternaba su lengua y su tranca en mi culo y yo solo podía arañar la piedra con mis ojos perdidos de tanto placer.

Nico me acomodó de lado y elevó una de mis piernas con su mano, esta posición le encantaba porque decía que le gustaba mucho como mi culo apretaba su verga y era como si estuviera masturbándose con mi colita.

Yo giraba mi cabeza y lo besaba desenfrenadamente y él metiendo su lengua en mi boca me correspondía, como queriendo tocar el fondo de mi alma con cada beso.

Sus embestidas empezaron a ser cada vez más fuertes y Nico aferrado de mis caderas no paraba de taladrarme –¡ohhhhhh! ¡Mi bebito rico! ¿quieres que tu macho te embarace, nenito lindo?-¡siiiii!- le gritaba yo a punto de aventar toda mi leche –¡pues ahí te va mi lefa putico mío! ¡Ahhhhhhhh ahhhhhhh! ¡te estoy preñando amorcito! ¡Aghhhh! ¡que rico!- y casi al mismo tiempo ambos terminamos yo con mi leche en las piedras y él con la suya dentro de mi culo destrozado.

Luego de tan agotadora cogida, y aun sin sacar su verga de mi culo caímos rendidos en un profundo sueño, hasta que la marea nos despertó mojándonos los pies y las piernas.

Iba ensimismado en estos pensamientos, tratando de comprender porque Nico me había alejado así de su vida y mi temor más grande era que ese maravilloso sexo que gozaba con él y el amor que me profesaba, no volviera a experimentarlo jamás.

Llegué a su casa y toqué la puerta varias veces pero no obtenía respuesta, sólo escuchaba los ladridos de Fénix en el interior, y cuando decidí entrar por la puerta semi abierta mi corazón latió descontroladamente lleno de pánico.

Nico estaba sentado en el suelo en una esquina de su modesta sala, con la cabeza en sus rodillas, llorando desconsolado con una tristeza tan amarga que hacía calar los huesos y abrazando con la otra mano a Fénix como si fuera en el mundo lo más preciado que existe.

El perro no se movía y de vez en vez le regalaba unos tiernos lengüetazos, pero al verme caminó a recibirme moviendo su rabo y lamiendo dulcemente mi mano.

-¿Nico? ¿Qué te pasa? ¿Por qué lloras así? ¡Dime que sucede por favor!- le dije mientras me acercaba a él inclinándome de cuclillas y poniendo mi brazo sobre su hombro.

-Es mi madre- por fin contestó después de una larga pausa, -murió esta mañana, está en su recámara, estamos esperando a que el forense venga por ella-

Tan solo de imaginarme la escena hizo erizar mi piel, el cuerpo sin vida de la madre de Nico tendido sobre su cama esperando pacientemente la llegada del médico forense para prepararla para ser enterrada, nunca había visto un cadáver en mi vida y la sola idea de que aquella dulce señora que tantas sonrisas y alegrías me había provocado, estuviera muerta en la recámara de junto hizo helar mi cuerpo y comencé a temblar nervioso, me pareció vivir una mala versión de una telenovela mexicana.

-¿Cómo es posible? ¿Qué sucedió Nico?- ella estaba enferma- respondió suavemente a mis preguntas, secándose las lágrimas –lo sé, ¡pero no pensé que fuera tan grave!- ella siempre quiso negarlo, ya que no era una simple afección del estómago, tenía un cáncer muy avanzado, y ayer después de mucho dolor comenzó a serenarse y lentamente a dejar este mundo-

Las palabras de Nico hablando tiernamente de su madre hicieron conmoverme hasta las lágrimas y caí en su hombro abrazándolo fuertemente, llorando su desdicha como si fuera la mía.

En ese momento Nico habló y me dijo: -Ángel, no sé porque llegaste precisamente hoy, cuando más te necesitaba, y ¡te lo agradezco muchísimo! -quise decir algo pero Nico no me dejó:  -quiero decirte toda la verdad…. el tipo aquel tenía razón si fui jinetero, me dedicaba a buscar turistas para engañarlos y sacarles dinero, no solo me acosté con varios sino que a veces los robaba o les cometía fraudes, y no sé si me creas pero desde la noche en que te conocí, me sentí diferente, y no quise hacértelo a ti,  ¡algo cambiaste en mí, mi Ángel! ¡Después de eso ya no fui el mismo!-

-Shhh- le dije tratando de calmarlo y abrazándolo fuertemente -Nada de eso importa ya mi nene, yo te quiero demasiado, me enseñaste un mundo completamente diferente al mío, me liberaste de mi pasado y pude volver a amar a alguien, ¡por eso siempre te estaré agradecido!-

-Este es sólo un mundo pasajero mi vida, es duro, pero hay que aprender a desprenderse, incluso de la gente que más amamos-

-Ahora lo importante es preparar a tu mami, para darle su último adiós, y acompañarla hacia el lugar de descanso final y celebrar su vida y la dicha que nos regaló a todas las personas que la conocimos, ¿ok?-

Nico asintió con la cabeza, con una leve sonrisa, aunque no podía parar de llorar completamente, si se tranquilizó un poco, nos incorporamos y al poco rato el forense había llegado, hizo su trabajo muy rápido y en menos de 15 minutos se llevó a doña Silvia a la casa funeraria, y Nico observaba todo a veces con cara de angustia y otras con cara de pregunta.

El funeral de doña Silvia pasó sin pena ni gloria, muy pocas personas fueron a darle el último adiós, entre familiares muy lejanos y amigos, y a sepultarla después en el cementerio local.

A pesar de la triste situación Nico se veía guapísimo, con un traje viejo de color negro, que le quedaba a la perfección, camisa blanca y peinado impecablemente, y cuando volteé a verlo, éste miraba ausente el cielo, con una mirada llena de tristeza, cuando de pronto una hermosa ave se posó en una rama y una suave música, serena y melodiosa se despedía de la que en vida había sido su madre.

Por ese tiempo, seguí frecuentando a Nico, varias veces a la semana, y poco a poco fue recuperando su ánimo, y siempre tratábamos de mantener vivo el recuerdo de su madre, contando sus historias y sus chistes y así Nico sentía que su amor por ella siempre estaría presente en su vida, tenía que salir adelante y estaba dispuesto a ayudarlo.

Para mi sorpresa Nico lloró muy poco el duelo a su madre, se repuso en unas cuantas semanas y volvió a la normalidad de su trabajo en el puesto de mercado y pescando con los lancheros y poco a poco volvió a ser el de antes, una vez me confesó que su duelo lo lloraba por dentro y que la gente no tenía la culpa de su tristeza, así que su alegría no menguaba, cada vez admiraba más y más a este bello hombre, por dentro y por fuera que hacía estremecer mi corazón.

Pero al pasar los días Nico no volvió a tocar el tema de nosotros, y si me imaginación no me traicionaba lo notaba distante e indiferente cuando intentaba tocar ese tema, y comencé a pensar que ahora solo me veía como un amigo, esto y el hecho de que la fecha que debía regresarme a México se acercaba me causaba una enorme tristeza.

Una tarde mientras revisaba el correo, me encontré una carta sin remitente y una nota dentro que decía: “nunca me diste la respuesta bebé, te invito a cenar hoy en el café cantante mi Habana, que esta en el hotel Habana libre, te espero a las 9, Nico”

Emocionado me preparé para esa noche responder a mi hermoso machito cubano lo que hacía tiempo estaba pendiente.

Llegue al lugar puntual, y me senté en una de las mesas mientras un cantante en el amplio escenario entonaba una hermosa melodía.

Cuando Nico apareció me quedé sin habla, estaba más guapo que nunca, con el mismo traje con el que fué al funeral de su madre, limpísimo, impecable, sexy y tremendamente varonil, y sin exagerar puedo asegurar que todas las miradas se volvieron hacía Nico cuando éste puso un pie en la puerta.

-¡Hola Ángel! ¡Perdón por el retraso chico, pero se me atravesó un charco!- lo dijo mostrándome sus zapatos llenos de lodo, provocándome una sonora carcajada.

Disfrutábamos la cena y la buena música que llegaba a nuestros oídos, y de pronto tuve la sensación de que Nico era el de antes, ese chico alegre y sonriente que me conquistó en esa cafetería, aquél mágico día.

Cuando el músico tocaba una suave canción con su guitarra, me volví a ver a mi compañero y le dije: -si quiero Nico- él un poco confundido me contestó -¿perdón chico, que dijiste?- con una amplia sonrisa en su boca.

-¿Tú querías la respuesta a aquella pregunta que me hiciste ese día en mi hotel? Pues la respuesta es Sí, si quiero ser tu novio- Nico me miró confundido y tratando de arreglar la situación le dije antes de que me contestara -¡perdón! ¿no era eso lo que querías que te contestara? ¡que pena! ¡lo siento yo… – de pronto con una enorme sonrisa en su rostro y su mano debajo del mantel posándola en mi rodilla me respondió: -ja-ja-ja ¡caíste! ¿verdad que soy muy buen actor? – ahora el confundido era yo, y él al darse cuenta me dijo: -gracias bebé, era todo lo que quería escuchar-

Esa noche mi hermoso novio no dejó de regalarme tiernos guiños y bellas sonrisas, mientras la música se tornaba rítmica y alegre, y muchas parejas empezaron a llenar la pista, una amiga de Nico se acercó a él y lo invitó a bailar, él acercándose a mi oído me dijo: -este baile es para ti mi vida- y los vi bailar desde mi mesa muy divertido, al tiempo que Nico no dejaba de verme susurrando suaves palabras al viento que solo él y yo entendíamos.

Luego de pasar una velada fantástica en ese lugar, Nico me dijo que esa noche me haría el amor y que me llevaría a su casa, ambos pagamos la cena y con una enorme sonrisa me dijo: -ya quiero tenerte en mis brazos bebito, vámonos de aquí que muero por besarte-

Cuando llegamos a su casa mi cubanito me pidió esperar en la sala y que él me llamaría cuando estuviera listo, de rato, Nico me llamó que entrara a su cuarto.

Lo que vi me llenó de deseo y excitación: mi hermoso novio estaba totalmente desnudo recostado en la cama con su moreno cuerpo ardiendo de deseo, acariciando sus huevos y su verga y con su otra mano detrás de su nuca, mostrándome su peludo sobaco.

Yo me lancé sobre él y me desnudé frenéticamente, y cuando descubrí mi redondo culo, Nico posó ambas manos en él mientras metía su lengua en mi boca como queriendo alcanzar mi garganta.

En un hábil movimiento Nico me hizo ponerme de pie y poner mis manos contra una pared muy cerca de su cama e inclinar levemente mi cuerpo hacia delante dejando mi culo al descubierto, en eso él volvió a recostarse boca arriba en la cama y su boca quedo justamente a la altura de mi hoyito, mordiéndome suavemente mis nalgas y hurgando con su lengua en mi culo.

Yo jadeante de placer veía como Nico con una mano masajeaba mis glúteos y con la otra se masturbaba su verga que para entonces ya estaba babeante de líquido y más dura que una piedra.

-Ya tienes ese agujerito que me vuelve loco muy bien lubricado mi vida, ahora acércate aquí y cabálgame que ya no aguanto mas las ganas de que me masturbes la verga con ese manjar de culo que tienes-

Me monté en él como un vaquero monta su caballo salvaje, y mi culo engulló su verga al instante, me sentía pleno, satisfecho, caliente y lleno de mi macho.

-¡ahhhh! ¡Cabalgas mejor que cualquier mujercita chico! Muévete así mi vida, date sentones, ¡eso es chico! Ahora muéveme ese culo en círculos, ¡trágate mi verga bebé!-

Mi moreno cubano me cogía como quería, al ser mas bajo de estatura que él y más delgado, Nico le encantaba poseerme y sentirse en control de mí.

Cambiamos de posición y mi macho me puso boca arriba con mi culo levantado y las rodillas flexionadas contra mi pecho y cuando me la metió de un golpe pude jugar con el vello de su pecho con mis pies.

Luego mi cubanito me cogió con mis piernas al hombro, y con sus dos manos apoyadas en la cabecera de su cama me regalaba la visión de sus peludos y sudados sobacos.

Nico acelerando sus movimientos y embestidas furiosas contra mis nalgas me dijo jadeando:

-¿Qué quieres mi bebe? me preguntó gimiendo de placer –¡tus mecos!-  le contesté -¿dónde los quieres?- volvió  a preguntar, ¡en mi boca papito! ¡quiero comérmelos!- y en un ágil movimiento sacó de mi culo su morena y peluda tranca que lucía brillosa y lubricada, y me la puso en la boca, yo desesperado comencé a mamársela excitadísimo, él jadeando y sin poder terminar su frase me dijo:
-Ahí están nenito ¡trágatelos! ¡Me vengo! ¡Me ven….. ¡Ohhhhh! ¡Ahhh!- y su pastosa leche inundó mi garganta y mi boca, eran tantos chorros de leche que se me salían por la comisura de mis labios, y un sabor salado y cremoso llenaba mi garganta.

Con su verga a manera de cuchara recogió un sobrante de leche que tenía yo en mi mejilla y volvió a introducirla en mi boca, yo relamiendo ese cañón moreno de leche degustaba complacido el sabor de sus mecos.

Unas cuantas gotas fueron a parar en su pelo púbico y en sus enormes y peludos huevos, y yo bajándome un poco hacia ellos los chupé hasta que no quedó una sola gota, pero ahora el sabor se mezclaba con el sudor de su sexo.

Era la 1 de la mañana, y después de un breve sueño Nico me despertó con un beso en la mejilla y me susurró que lo acompañara al pequeño patio trasero, yo tomé mi ropa interior y caminé tomado de su mano siguiéndolo.

Al llegar y salir desnudos a su pequeño patio, Nico se sentó en una amplia silla y con su mano me guió a sentarme sobre sus piernas mientras con un fuerte abrazo, me besaba tiernamente la mejilla.

-Quería que vieras eso- me dijo mi hermoso chico cubano señalando el cielo oscuro, y de pronto unos fuegos artificiales comenzaron a iluminar nuestro charquito de estrellas nocturno. -¿Sabes bebe? Siempre he pensado cuando veo estos fuegos en el cielo, que alguien llegó a la ciudad o alguien esta a punto de irse, y que es la manera en que Cuba les da la bienvenida o la despedida. -Son hermosos- atiné a decir, -siempre me han gustado- le dije emocionado- el hermoso eres tu chico- fueron las dulces palabras de mi novio, y ambos quedamos en silencio contemplando la magia fugaz ante nuestros ojos, y sintiendo el calor de nuestros cuerpos desnudos.

A la mañana siguiente Nico y yo preparamos el desayuno y con mucho cuidado de que los vecinos no nos vieran salimos cada quien a nuestras actividades diurnas.

Ese día en el centro de ayuda, mi jefe inmediato me comentó que mi permiso en la ciudad estaba a punto de expirar, así mismo el tiempo que debía prestar mi servicio social estaba a menos de una semana de terminar, por lo que decidí buscar una solución al problema que presentaría tener que irme: dejar a Nico.

Una idea vino a  mí de repente y lleno de felicidad corrí a ver algunas personas que tal vez podrían ayudarme.

Esa tarde llegué emocionado al mercado local donde mi novio tenía su puesto y en cuanto lo vi le dije emocionado casi susurrando para que nadie excepto él me escuchara:

-¡Tengo la solución amor!- y él con una interrogante en su cara me dijo -¿de que hablas bebito?- me respondió- ¡indagué con uno de mis colegas en el centro de ayuda, y me dijo que una vez necesitó los servicios de un amigo suyo que trabaja en el puerto! ¡Mi compañero me dijo que le pidió de favor subir a bordo a escondidas a una prima suya y pasarla a México en un pequeño barco de carga del que su amigo es capitán!-

-Cree que si le damos algo de dinero, podría pasarte escondido en una bodega y llevarte a México! ¿Qué opinas?- le dije temblando de emoción.

Claramente mi novio estaba emocionado, pude verlo en sus ojos y después de discutir los pros y los contras de venir a México conmigo y de poder arriesgarse a ser sorprendido escondido y tener que ir hasta la cárcel si algo salía mal, mi novio aceptó mi riesgoso pero emocionante plan.

Durante esa semana que fue una de las mejores de mi vida, Nico y yo preparamos todos los detalles de entrada y como debía llegar al barco, y hacerse pasar por uno de los cargadores de mercancía, y con casi todos mis ahorros pagué “la cuota” para que mi aventurero novio polizonte pudiera atravesar la frontera hacia la libertad.

Una noche antes del gran día y después de haberme acompañado a comprar los boletos de mi vuelo hacia México al aeropuerto “José Marti”,  Nico y yo revisamos todos y cada uno de los detalles de la tarde del siguiente día cuando el barco zarparía, para que nada saliera mal.

Mientras la noche avanzaba miraba entusiasmado a mi Nicolás y casi podía saborear las delicias de poder vivir juntos y hacer una vida llena de alegrías con este macho cubano del que estaba perdidamente enamorado.

Ya siendo tarde mi novio se despidió de mí y me dijo que descansara, con una enorme sonrisa me dijo que mañana sería un gran día y que la emoción no le cabía en el cuerpo, que no dudara que lo que más quería en este mundo no era salir del país al que amaba, sino ser mi compañero de aventuras y estar conmigo cada atardecer de nuestras vidas.

Nico me dijo que sólo debía tomar un último bote de pesca en la mañana, con la esperanza de pescar algo que vender y así  para poder llevarse un dinero extra a México, pero que estaría muy puntual en la tarde del día siguiente en el muelle.

Al salir por mi puerta Nicolás tomó una de mis manos y abriéndola con la otra puso sobre esta un hermoso dije en forma de delfín -era de mi madre- me dijo mirándome a los ojos- cuídalo hasta que yo vaya por él y me reúna contigo, quiero que lo tengas hasta entonces bebé-

Emocionado hasta las lágrimas y disipando cualquier duda de que Nico fuera a arrepentirse de su decisión, lo abracé fuertemente y guardé para siempre en mi memoria el recuerdo de su cuerpo fuerte y su aroma a verano.

Esa noche un fuerte viento azotó la ventana del cuarto de mi hotel despertándome súbitamente.

Me levanté a cerrarla y al mirar afuera recordé la noche en que conocí a Nicolás y también vino a mi mente la misteriosa imagen de aquel hombre tocando la guitarra a lo lejos dedicándome una tierna canción, supe en ese momento que Nico había sido aquel hombre y que a pesar de haberlo escuchado tocar muchas veces la guitarra para mí, nunca me imaginé que fueran la misma persona.

En la tarde del día siguiente llegué dos horas antes de mi vuelo como mi nene y yo habíamos acordado para hablar antes del viaje con el capitán y con él y así ultimar detalles.

El capitán me dijo que todo estaba listo y que debíamos ser muy discretos, y a pesar de que Nico no llegaba me dijo que no había tanto problema y que podían esperar un poco más ya que la noche anterior había caído una pequeña tormenta tropical y que el mar estaba algo picado y debían prepararse un poco más para el viaje.

Esperé y esperé sentado la llegada de Nico, pero mi hermoso chico cubano nunca llegó, cada minuto que pasaba era una puñalada que desangraba de a poco y gota por gota mi desesperado corazón.

Tenía que tomar mi vuelo y tuve que retirarme del lugar con la esperanza de que mi chico Cubano se había demorado un poco y que al llegar a México podría volver a ver a mi lindo novio, ya que tenía mi dirección y le había explicado como llegar a mí.

Pero ese día nunca llegó y la primavera me sorprendió añorándolo una melancólica tarde de domingo.

Años después regresé a Cuba con la esperanza de encontrarte, a ese mismo muelle donde prometiste llegar, e indagando con tus viejos amigos, descubrí que algunos dicen que el mar había reclamado tu vida, y otros que eras feliz con tu mujer e hijos en un pueblo lejano y recóndito, pero nunca quise creer ninguna de esas versiones.

Yo prefiero creer que eres un fantasma morando las viejas calles de tu patria, buscando con tus ojos expresivos de niño grande, el día que yo vuelva a casa.

Mi avión debía salir en una hora así que tuve que retirarme del muelle, y tomando una última mirada al mar y sus misterios, rogué porque Nico estuviera bien, aquel que robó mi corazón, aquel que había visto llorar, aquél quien había bailado para mí, y aquel a quien me había mirado con sus ojos expresivos de niño grande al contarle del mundo de afuera, como queriendo escudriñar de entre mis palabras las estrellas y el significado de la vida, ¡adiós mi amigo! ¡Fuiste el único para mí! ¡Adiós mi amor!

Tocaste mi cuerpo y mi alma, compartiste tus sueños y te llevaste los míos contigo, pero soy un soñador obstinado ¿sabes? nada puede romper mi espíritu.

Y con el dije de delfín en mi mano de pronto unos fuegos artificiales de una fiesta cercana explotaron en el cielo, iluminando por un momento el oscuro callejón que lleva hacia el muelle de la Habana, y entonces comprendí que junto con él, ella se despide, porque toda ciudad se despide cuando sabe que te vas…..

Autor: BABYBOY

israboston@hotmail.com

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Mi chico cubano II

Llegué a mi hotel y busqué entre mi ropa sucia y las sábanas algún rastro de sangre, de aquel que el botones dice que me provocó al penetrarme, pero no encontré ninguno. Pasaron los días, y yo me envolví en un torbellino de trabajo, papeles que llenar, personas que atender, casos que documentar, situaciones tristes que sobrellevar que hacían juego con mi corazón igual de triste y destruido.

La escena era borrosa pero yo la veía perfectamente, era una tarde nublada y cálida, Nico y yo estábamos recostados en la fina arena, y yo admirando a este increíble macho cubano, con su profunda mirada de fuego y su piel dorada como el trópico.

Sonreía tímidamente, al tiempo que comenzamos a caminar por ese bello paisaje de arenas blancas y aguas cristalinas, compartiendo nuestros secretos, nuestros anhelos y una suave y alegre música se escuchaba a lo lejos. De vez en vez nos mirábamos y sin articular palabra sabíamos lo que el otro estaba sintiendo, en ese momento una brisa tibia rozó mi rostro y Nico al mismo tiempo se acercó a mí y al oído me susurró te amo. ¡En ese momento recé por que el tiempo se detuviera! ¡Pero se fue tan deprisa! Y de pronto…

Desperté desnudo apenas cubierto por una sábana, y con un fuerte dolor de cabeza y un malestar general en mi cuerpo, es como si hubiera estado tomando toda la noche hasta emborracharme; ya había amanecido. No sabía que había pasado, mi mente comenzó a divagar y a tratar de recordar lo último que había pasado la noche anterior pero no conseguía recordar más allá del botones del hotel desabrochando su camisa con una sonrisa en su cara. Me vestí rápidamente y fui a la recepción del hotel a preguntar por este tipo, para enfrentarlo y obligarlo a decirme lo que pasó.

-Buenas tardes- le pregunté molesto al mismo gerente que anteriormente tocó a mi cuarto junto con el botones- ¿dónde puedo encontrar al encargado de las maletas? -¡Oh! ¿También a usted le robó algo señor?- ¿perdón? Le contesté desconcertado –ese infeliz fue despedido en la madrugada señor, unos huéspedes se quejaron de que les robaba sus pertenencias, y me inventó la historia de que alguien estaba en su cuarto solo para distraernos de la policía que vino anoche cuando una de las clientas le llamó desde recepción para delatarlo. -¿Pero entonces….?- mi mente confundida seguía divagando con lo que el gerente me contaba.

-No pudieron atraparlo y escapó, le ruego me disculpe por el incidente de anoche y si le faltan algunas de sus pertenencias, hágamelo saber- s-si, no se preocupe, gracias- le contesté retirándome muy confundido hacia mi cuarto.

Entonces que fue lo que pasó con…¡Nico!-  salí al instante de mis pensamientos cuando recordé a mi amante bandido que escapó por culpa de ese maldito del botones, ya habría tiempo de averiguar que había sucedido, ahora mi prioridad era ir al centro de ayuda a reportarme y después buscar a Nico.

Pasé casi toda la mañana pensando en Nico, en lo que acababa de decirme momentos antes de que tocaran a la puerta, me sentía emocionado y a la vez confundido y temeroso de lo que el botones podría haberme hecho, era un sentimiento contradictorio, que hacía jirones mi mente. Estaba a punto de irme a tomar el almuerzo cuando de pronto Nico me llamó desde una de las ventanas deledificio. Mi corazón dio un vuelco y al salir mi lindo cubano estaba sonriendo como si nada hubiera pasado.

-¡Estás bien, chico! Pensé que te habían amonestado anoche, porque al salir vi a la policía y me asusté ¡pero no me estaban buscando a mí!- me dijo con su rostro iluminado de felicidad al ver que no me había sucedido nada y que ambos estábamos bien. -Si lo sé nene, estaban buscando al botones que al parecer robó cosas de algunos huéspedes y vinieron por él, solo que escapó y no lo encuentran, oye quiero decirte también que… -¡Que contento estoy de que nada malo ha pasado Ángel!- me interrumpió dándome un enorme abrazo sincero y cálido, y puede sentir su aroma a macho caliente, que me embriagaba.

-¡Te tengo una sorpresa!- me dijo sonriendo con sus blancos dientes- ¿en serio, que es?- le contesté olvidándome por un instante de contarle que no recordaba que había hecho el botones. -¿Puedes salir un momento a la playa de aquí enfrente?- si claro- le respondí ilusionado, al llegar Nico se acercó a unas rocas y sacó una bolsa de plástico con un hermoso pez multicolores que había capturado esa mañana para mi. -Es para ti- me dijo con una enorme sonrisa extendiendo su mano con el exótico presente-¡gracias esta muy lindo! ¿Cómo lo capturaste?- le pregunté sin dejar de ver a mi nuevo pequeño amigo –En un arrecife que esta muy cerca de aquí, podemos ir el día que gustes ¿sabes bucear? ¡Yo te cuido!- me dijo con su inocente cara de niño bueno, que me hizo enternecer casi hasta las lágrimas, este chico se estaba ganando a pasos apresurados mi corazón.

-¡Lo llamaré mojito!- le dije y ambos reímos de mi ocurrencia, -te prometo que voy a cuidarlo muy bien, ¿puede vivir sin aparato de oxigeno?- le pregunté nervioso-¡claro que si chico, yo tenía uno igual en mi casa que vivía en un frasco y vivió mucho tiempo!

Esa tarde como a las 5 p.m, después de nuestras actividades, Nico pasó por mi al hotel y me llevó a la playa donde un lanchero amigo suyo le prestó su bote, el cual nos transportaría hasta un pequeño arrecife a 20 minutos de distancia. Nico encendió el motor y nos perdimos en el hermoso y azul mar caribe, al llegar al lugar apagó y ancló la pequeña embarcación y se desnudó completamente, parado sobre el bote mirándome fijamente con una enorme sonrisa.

Yo por mi parte sentado y viendo a contraluz este hermoso macho delicioso, con sus músculos hinchados por el trabajo físico y sus peludo cuerpo moreno, me acerqué a él y le di unas suaves mamadas a su verga, Nico tembló un poco y luego tomó mi mano y me ayudó a levantarme, yo haciendo el pudor a un lado, me desnudé también, y ambos nos zambullimos en el hermoso y refrescante mar cristalino.

Nadamos en medio de peces multicolores, exóticos corales, e impresionantes paisajes submarinos, Nico al lado de mi cumpliendo su promesa de cuidarme, no me perdía de vista ni un segundo, me acariciaba bajo el agua y me hacía bromas de que se le acababa el aire y se hundía lentamente fingiendo estar ahogado, su gran pene estaba flácido y su escroto lucía relajado y también enorme Nico me excitaba demasiado, y ahora un delicioso sentimiento de amor fluía de mi hacia él.

Cuando el sol comenzó a ponerse estábamos regresando a la costa pero Nico se desvió un poco y dirigió el bote a un solitario acantilado lleno de rocas planas, donde me hizo el amor de una manera tan espectacular que aún el día de hoy tiemblo de placer al recordarlo. Después de un intenso juego erótico, Nico se recostó desnudo en la piedra lisa y yo sobre él le acaricié su pecho velludo, y jugué con el vello de sus axilas y verga, enredándolo con mis dedos, y esto divertía mucho a mi joven amante que se dejaba hacer. Ya casi al anochecer y después de entregar el bote, Nico me invitó a cenar a su casa con su madre doña Silvia y mientras reíamos por las ocurrencias de tan bella señora, su hijo y yo nos regalábamos pequeñas miradas de dos cómplices amantes secretos.

Pasaron los días entre atardeceres mágicos, y veladas de ensueño al lado de mi amante, mi novio y mi amigo, caminábamos en la playa contándonos nuestros sueños y secretos y cuando sentí una suave brisa veraniega al lado de Nico, tuve la extraña sensación de haber vivido un pequeño deja vú, mirándolo fijamente sonreí y le dije suavemente te amo, él se ruborizó y lleno de emoción me regaló un hermoso abrazo y me dijo –yo también- nunca nos aburríamos de estar juntos.

Una tarde después de trabajar salí del centro de ayuda hacia mi hotel, Nico me había invitado a verlo jugar fútbol con sus amigos ese día, pero antes tenía que cambiarme y darme un baño. De pronto al dar vuelta en una calle dos hombres me sujetan fuertemente del cuello y me arrastran hacia una pequeña vecindad, y me conducen a un poco iluminado pasillo solitario. Cuando uno de ellos le dice:

-¡Tú quédate aquí cuidando que nadie venga chico, en un momento te llamo!-

Al voltear vi que era el botones prófugo de la justicia, que me tenía contra una de las paredes de la vieja y casi en ruinas vecindad. Yo asustado lo enfrenté preguntándole que me había hecho aquella noche y que quería de mí ahora.

-¿Así que quieres saber que fue lo que pasó?, Te violé putico- me dijo poniéndome de espaldas hacia él mientras frotaba su bulto contra mis nalgas. -¿No lo recuerdas? Fue muy fácil adormecerte con una sustancia que traía en un trapo humedecido, no opusiste mucha resistencia, estabas asustado y caíste profundamente desmayado.

En ese momento todos esos recuerdos forcejeando con el botones vinieron a mi mente.

-Primero te quité los calzoncitos que solo llevabas debajo de tu pantaloncito corto- continúo diciéndome al oído las cosas que me había hecho-  y te agarré todo el cuerpo, te pasé la lengua por tu espalda hasta llegar a tu hoyito hambriento, y me dediqué a mamarlo y chuparlo un buen rato, y pude saborear la leche de ese amante tuyo todavía caliente en tu culito. -Luego terminé de desnudarme, mientras me sobaba esta verga- lo dijo al tiempo que soltándome con una mano, y en un hábil movimiento se bajó su pantalón y una cabezona, peluda, gruesa y muy morena verga de unos 19 CMS. saltó hacia arriba

-¡Déjame ir pendejo!- le grité enfurecido al enterarme de todo lo que había hecho conmigo inconsciente- su respuesta fue un empujón fuertísimo contra la pared en la que me tenía sometido que me hizo callar. -Tranquilo putico, ¡a mí me respetas! Cierra el pico que quiero que te enteres de todo lo que hice. -Así me gusta; como esa noche, ¡bien calladito putico! Ja-ja-ja , ok luego de saborear tu rico y apretado culito, le metí un dedo, luego dos y luego tres, ¡qué hambriento es tu culo! Y no necesité lubricante ya que tu amante te dejó bien enlechado, después me subí encima de ti y con mis piernas te separé más las tuyas para pasarte mi vergajo entre tus nalgas, mientras te mordía tus orejitas y lamía tu cuello, ¡ah! ¡Cómo te gocé putico mío! Quise tomarme todo mi tiempo antes de penetrarte-

-Tenía un ratico dándote unos pasones con mi pito en la raja de tu culo, cuando me decidí a meterte la punta de mi verga cabezona, mmmmmm ¡qué apretadito! ¡Y que caliente sensación! Así jugué unos minuticos entrando y saliendo, entrando y saliendo putico, ¡hasta que no pude resistirme más y te la metí toda! -Así que mordiéndote en el cuello comencé a bombearte violentamente, ¡y tu tan calladito! Ja-ja-ja  en un rato más volverás a sentir mi verga perforándote el culo ¡y ahora si estarás despierto! Pero ahora quiero terminar de contarte como te hice mío-

Yo me encontraba desesperado de escapar de este animal cegado por la lujuria que me tenía amagado, ideando alguna forma de golpearlo con algo y escapar, pero por el momento no encontraba nada y estaba a su merced.

-¡Mmmm! ¡Que rico hueles putico!- me dijo acercando su cara a la mía y pasando lentamente su lengua por mi cuello, -¡no como ese día que olías a sexo! Je-je-je ¡y terminaste peor cuando te dejé! Aún recuerdo la sensación de estarte poseyendo, ya tenía un rato cogiendote encima de ti, cuando me levanté un poco y con mis manos levanté solamente tu blanco y respingado culo en el aire, dejándote con la cabeza en la almohada, y seguía y seguía, penetrándote cada vez más fuerte viendo como mi peludo palo de chocolate entraba y salía de tu lampiño culito de leche, ¡mmmm putico! ¡Me estoy excitando mucho solo de acordarme! ¡te la estabas tragando toda glotón!

Entonces con su mano libre desabrochó mi pantalón y me bajó todo y sentí su gruesa verga palpitar ardiendo entre mis nalgas.

-¡Ahhh! ¡Que rico mi putico! ¿Quieres saber como acabé putico?- me preguntaba jalando mi cabeza de los cabellos hasta su cara, y solo podía verlo con mis ojos enfurecidos llenos de impotencia. -Pues ya que me aburrí de esa posición, te saqué la verga de tu culo y te di la vuelta, te puse boca arriba y luego te subí las piernas en mis hombros ¡y volví a ensartarte! ¡Ah! ¡Casi me vengo cuando te sentí de nuevo apretándome la verga!-

-¡La cama solamente rechinaba de las embestidas que te estaba dando! Je-je-je ¡dejé tu culo hecho una miseria! Ya en el momento que estaba por venirme me salí de ti y abrí tu boca con mis dedos y…¿no te imaginas putico? ¡Te metí la verga en la boca y ahí me vine! ¡Oh! ¡Que rico! ¡Me hubiera gustado que estuvieras despierto para que pudieras saborear mi lechita! -Así es putico, te metí el palo por ese rico cualzo que tienes, ¡oh! Cómo gocé con ese hoyito tuyo, todos estaban buscándome pero nunca se imaginaron que me encontraba en el cuarto de un cliente, ¡y menos que lo estaba violando! Ja-ja-ja.

-¿Y Nico? ¿No fue verdad que es tu vecino? ¿De donde lo conoces?- le pregunte tratando de hacer tiempo- ¿ese jinetero? Ja-ja-ja ¡ambos nos dedicamos a perseguir a puticos turistas como tú en nuestros ratos libres y sacar algo de dinero! -¡No es cierto!- Le respondí enfurecido- ¿no me crees? Bueno después de haber usado tu culo de nuevo puedes ir a preguntarle, y hablando de culos….¡Dejé tu culo en tan mal estado que tenías un hilico de sangre por tus piernas! Bueno ahora que ya te calenté con mi narración ¡voy a cojerte de nuevo maricón!

En ese momento pateé hacia atrás con todas mis fuerzas, y la punta de mi talón golpeó fuertemente sus peludos y enormes testículos, y mi atacante se retiró hacia atrás aullando de dolor, yo por mi parte rápidamente subí mis pantalones y salí huyendo.

-¡Me las vas a pagar hijo e puta!- vociferó subiendo sus ropas y  arrancando la carrera por alcanzarme.

El tipo que estaba en la esquina del callejón haciendo guardia, se quedó sorprendido cuando pasé frente a él corriendo a toda velocidad, y al ver que detrás de mí el botones me seguía furioso, éste hizo lo mismo y ambos empezaron a perseguirme por las viejas calles de la Habana. Me encontraba cerca del lugar donde Nico y sus amigos jugaban al fútbol de vez en cuando y recordé que tal vez ya estarían ahí ahora y al dar la vuelta en una calle después de correr como alma que lleva el diablo algunas cuadras, vi que efectivamente Nico y sus amigos se encontraban ahí -¡estoy salvado!- pensé agradecido.

-¡Nico!- grité desesperado, al tiempo que Nico con su camisa amarrada a su cintura y su bello torso desnudo y sudoroso, volteó asustado al verme correr muerto de miedo, él salió corriendo en mi dirección a alcanzarme y cuando llegó a mi le dije jadeando –¡ese cabrón me violó! ¡Y quiere hacerlo de nuevo! ¡Por favor, ayúdame!

Nico enfurecido llamó a sus amigos que obviamente eran heterosexuales y les gritó que el botones me había golpeado y que vinieran a ayudar, al ver que los amigos de Nico eran más que ellos, el amigo del botones escapó en dirección contraria, dejando al infortunado botones solo.

-¿Que le hiciste a Ángel hijo e puta?- le preguntó Nico enfurecido al botones tomándolo salvajemente del cuello con su gran mano.

El botones cobardemente le dijo que yo le había pedido sexo y que era un puto, Nico sabía que yo jamás le mentiría en algo así, además la escena que todos habían visto se trataba claramente de una persecución por su parte y que yo estaba francamente asustado. En eso Nico comenzó a golpearlo fuertemente en la cara y el cuerpo haciéndolo sangrar profusamente, sus compañeros al ver que ya era demasiado lo tomaron de los brazos, alejándolo de él.

-¡Ya por favor chico!- suplicó el botones cubriéndose el rostro y añadió: -¡todo fue mentira chico! ¡Lo engañé, nunca pasó nada! No tuve tiempo de hacerlo, ¡iba a violarlo, pero no lo hice! ¡Lo juro por mi Madre! -¡Ya basta Nicolás!- le gritó uno de sus amigos que lo sujetaba fuertemente, pero Nico estaba fuera de sí, totalmente encabronado, y aventando patadas y groserías al aire, mientras el botones se incorporaba como pudo y salió corriendo del lugar.

No sabía porque pero Nico me miraba de una manera muy extraña que me hacía sentir incómodo, como si yo fuera el culpable de todo, no sabíamos si lo que había dicho el botones era verdad y sólo alardeó en haberme violado, pero estaba bastante seguro que unos momentos atrás si lo había intentado y que yo no tenía ninguna culpa de ello. Cuando las cosas se calmaron un poco los amigos se despidieron de ambos y de fueron a sus casas, ya que comenzaba a anochecer.

Cuando Nico por fin habló no me gustó para nada lo que salió de su boca: -¿qué pasó en realidad Ángel? ¿Por qué dijiste que te había violado y luego él dijo que no era verdad? -Porque me hizo creer que si lo había hecho- le contesté- ¿recuerdas el día que fuiste por mi al trabajo, y que la noche anterior casi nos sorprenden en el cuarto? Esa noche este pendejo nos estaba espiando por la ventana mientras hacíamos el amor, y cuando huiste por temor a ser detenido, entró junto con el gerente del hotel, y al salir el gerente, el botones regresó y… Algo en un trapo viejo que traía hizo que me desmayara, me forzó a inhalarlo y después de eso…bueno después de eso no recuerdo nada-

Nico de pronto enfureció -¿Pero porque no me lo dijiste antes chico? ¿Y porqué no me dijiste en ese momento que este hijo e puta nos espiaba?- no sé yo…¡así que ahora no sabemos si te violó o no, o si tal vez tu estuviste de acuerdo en tener sexo con él!- Me interrumpió frenéticamente- ¿cómo voy a poder confiar en ti después de esto? Sus palabras me desconcertaban no entendía porque estaba tan molesto, pero yo reaccioné igual de estúpido.

-¿Ah si? No hablemos de confianza porque sales perdiendo Nico, el imbécil me dijo que eras jinetero que de ahí te conocía ¡y que me estas engañando! ¡Que solo quieres algo de dinero y tal vez la oportunidad de que te pueda sacar de la isla, y luego perderte para siempre! ¿Es eso verdad Nico? ¡Contéstame!

Su respuesta fue alejarse y al volverse me dijo: ¡vete por tu camino chico! ¡Que no quiero volver a verte!

Y me dejó en medio de esa calle oscura, con una lágrima de rabia y frustración en mi mejilla, obviamente su orgullo machista tan conocido en los países latinos habló por él y no soportaba el hecho de haber “compartido” lo que es suyo, además lo noté nervioso y sin saber que responder a mis acusaciones, tal vez todo era verdad y Nico solo me estaba usando.

Me fui caminando ensimismado en mis pensamientos, rumbo a mi hotel, mientras los sonidos de mi alrededor me causaban irritación, parejas riendo caminando en el malecón, niños gritando, suaves luces de los automóviles al pasar, ecos y sonidos melancólicos, de fiesta y de arrepentimiento.

Y Nico…

Después de todo llegué a mi hotel haciendo el esfuerzo por concentrarme y buscar entre mi ropa sucia y las sábanas sucias de mi cuarto algún rastro de sangre, de aquel que el botones dice que me provocó al penetrarme, pero no encontré ninguno. Pasaron los días, y yo me envolví en un torbellino de trabajo, papeles que llenar, personas que atender, casos que documentar, situaciones tristes que sobrellevar que hacían juego con mi corazón igual de triste y destruido.

Unos diez días después, fui al mercado local con la esperanza secreta de ver a Nico, y porque mis víveres se habían terminado, pero su puesto estaba cerrado, y al preguntar a sus vecinos si sabían porque la madre de Nico y él no estaban atendiendo su puesto, me dijeron que tenían toda la semana sin abrirlo y que la señora estaba muy enferma en cama.

No pude resistir la angustia por saber del estado de salud de la madre de Nico, ya que la señora, siempre se había portado muy linda conmigo, era una excelente persona, sabia y llena de consejos.

Me enfilé rumbo a la casa de Nico y al llegar la puerta estaba medio abierta, toqué pero nadie respondió y al entrar la escena que vi me dejó helado, con un enorme nudo en mi garganta y muchísimas ganas de llorar…

Continuará…

Autor: BABYBOY

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Mi chico cubano

Cuando por fin tuve toda su enorme verga en mi culo, comenzó a bombearme, Nico se había convertido en todo un macho dominante que me ponía más caliente que el fuego. Nico me cogía delicioso, me tenía acostado boca arriba con una de mis piernas sobre su hombro sintiendo la presión de su larga verga que aprisionaba mi ya dilatadísimo culo.

Y junto con él, ella se despide, porque toda ciudad se despide cuando sabe que te vas…

Era el mes de junio de hace muchos veranos atrás, estaba recién desempacado en la bella isla, aquella de la cual se han escrito tantos poemas, tantas desgracias, tantas añoranzas: la isla de Cuba. El calor era asfixiante, y podía sentir el salitre en la humedad, aquella tarde mágica de verano comenzaba a ceder hacia los negros brazos de la noche, regalándome un espectáculo de fuegos dorados y carmesí más allá del cielo sobre el mar. Recorría el malecón cubano muy cerca de sus misteriosas y viejas calles, más viejas que el mismo tiempo, y muy cerca de su gente que contagiaba su alegría con sus risas y su acento, un acento delicioso del que puede hacer enamorar a más de uno.

Yo un chico mexicano, con tan solo 25 años, dispuesto a pasar cuatro meses enteros realizando mi servicio social, como psicólogo en un centro de ayuda a personas que carecen de una familia o abusadas físicamente.

Iba paseando por ese malecón mágico, escuchando en mi Ipod el principio de la canción “vuelvo a comenzar” del grupo mexicano timbiriche que dice: “Fue la suerte o el azar el Karma o la casualidad, que nos pusieron justo aquí….parece que el destino tiene un plan” Cuando lo vi: alto y moreno con una playera sin mangas que dejaba ver unos brazos grandes y trabajados por el rigor de la isla, y bajo éstos, unas axilas muy peludas de un vello negrísimo, facciones muy varoniles y rudas pero de una belleza extraordinaria, una barbita de tres días con piocha de chivo, un amplio pecho velludo, cabello negro y muy corto, y unos labios carnosos y deliciosos que invitaban a morderlos.

Este hermoso cubano iba cruzando la calle hacia el malecón con una enorme sonrisa y con un perro blanco muy bonito amarrado a una correa, y yo como idiotizado, me quedé ridículamente de pie sin decir una sola palabra admirándolo, cuando de pronto unos niños pasaron corriendo al lado mío alborotando al perro y tirando encima de mí la soda que venía bebiendo.

-¡Chico pero ni siquiera hiciste el intento de moverte! No te preocupes que el perro no muerde- jajaja ¿lo dices por mi refresco? No importa de todos modos ya casi me lo terminaba. -Ven que te invito otro, aquí mismo cruzando la calle hay una cafetería, ¡para que no digan que los cubanos no somos buenos anfitriones!- lo dijo con la sonrisa más increíble del mundo que tardé unos instantes en reaccionar y aceptar gustoso su invitación.

Llegamos al lugar y el rico Cubano ató su perro a un poste y le dijo: -tranquilo fénix que ya vuelvo por ti chico- ¿fénix? Le pregunté en tono de broma,  -¿no es ese un nombre muy dramático para un perro?- Le pregunté esperando una respuesta igual de simpática mientras esperábamos sentados a la mesera, pero en lugar de eso me respondió muy serio – no chico, ese perro me salvó la vida de un incendio, en el cual me quedé atrapado cuando tenía 20 años, y me rescató de una muerte segura, quemándose las patas, por eso me quedé con él y lo nombre de esa manera-

Yo sin decir palabra me quedé admirando este guapo Cubano que parecía más interesante mientras pasaba el tiempo,  ¡y siento que se sabía así de admirado! Ya que en cada ocasión que podía, ponía sus manos detrás de la nuca mientras conversaba, dejándome ver sus peludas axilas, mientras me sonreía pícaramente, y en el momento justo cuando se me cayó una cuchara al piso, abrió sus peludas piernas y me mostró dos peludos y morenos huevos en medio de su short desgastado y lleno de agujeros. Al incorporarme me dijo de la manera más sexy –disculpa por eso pero no uso ropa interior chico, me hace sentirme más cómodo-  ruborizado y excitadísimo sentí una corriente eléctrica recorrer todo mi cuerpo.

-A propósito me llamo Nicolás pero mis amigos me dicen “Nico” mucho gusto chico- el gusto es mío me llamo Ángel, y mis amigos me dicen “cabrón” – se me queda mirando con una inexpresiva mirada y casi al mismo tiempo los dos explotamos en carcajadas.

Al salir del lugar ya en plena noche, Nico me cuenta que su familia vende verduras en un puesto callejero del mercado local, que le gusta tocar la guitarra y que de vez en cuando también se va probar suerte con los lancheros para pescar algo que vender, – “todo un mil usos”- pensé divertido, y es que con la difícil situación que viven en Cuba hay que hacerle a todo.

Caminamos sin rumbo por espacio de una hora sobre aquél misterioso malecón, platicando de su vida y sus carencias, su tenacidad de salir adelante, sus problemas y sus alegrías, y todo con una sonrisa que me embrujaba y sin dejar de mirarme a los ojos, y yo sintiendo la suave brisa marina recorrer mi cuerpo al lado de este guapo mulato, una extraña sensación empezó a apoderarse de mí, y por un momento imaginé que Nico y yo éramos pareja caminando en una cálida noche de verano y que este sentimiento que experimentaba no era otro que la dulce sensación con la que deben sentirse los enamorados. Le deseaba y deseaba estar a solas con él, no quería confundir las cosas, porque tal vez él solo era amable y no quería nada más que mi amistad, o en realidad era uno de esos “jineteros” que andan a la caza de turistas desafortunados para robarles o sacarles unos cuantos pesos.

Cualquiera que fuera el caso Nico nunca tocó un tema sexual,  y enfilando rumbo a mi hotel,  me acompañó hasta la puerta –hasta aquí puedo llegar- me dijo con una enorme sonrisa – los cubanos no se nos permite entrar a los hoteles, pero me encantaría seguir platicando chico- a mi también me gustaría Nico, pero puedes ser mi guía turística mientras me acostumbro a las calles y a la ciudad, ¿qué dices aceptas?- ¡claro que si chico, estoy a tus órdenes!, Muy bien entonces… ¿podríamos vernos mañana en la mañana y mostrarme la ciudad, claro si puedes hacerlo?-

-Claro chico, yo paso por ti  como al mediodía ¿te parece bien? –si a esa hora entonces nos vemos- le dije mientras subía las escaleras de caracol que daban a mi cuarto de hotel.

Esa noche mientras dormía plácidamente semidesnudo, un ruido afuera de mi cuarto me despertó, sonó como un cuerpo tropezando y luego cayendo y al incorporarme de la cama elevé mis ojos hacia la ventana y vi la figura de un hombre observándome y rápidamente huyendo. Hubiera caminado hacia la puerta muy sobresaltado cuando escucho una suave música como de guitarra proviniendo de la otra ventana que da hacia la calle. En la penumbra de la noche, solo vi la silueta de un hombre con una guitarra y al enfocar un poco más la vista pude ver como me saludaba elevando una mano, al tiempo que guardaba su instrumento retirándose del lugar misteriosamente.

A la mañana siguiente Nico pasó por mí un poco más temprano que de costumbre, con una enorme sonrisa en su guapo rostro me pregunto: -¿estás listo para conocer la Habana chico?- ¡estoy listo Nico!-

Mi alegre chico cubano me llevó a la famosa playa de varadero, un lugar sacado del concurso a la mejor postal veraniega, tomada por el mejor de los fotógrafos, un lugar mágico, cálido y lleno de vida que era un verdadero placer para mis ojos. Nico se quitó la playera y las sandalias y corrió como un niño hacia las cristalinas aguas del mar caribe, su dejo de inocencia me cautivaba, era un hombre de 28 años pero a la vez un niño que no quería crecer ni perder su capacidad de asombro y su alegría,  yo imitándolo, jugué con él en las suaves y calmadas olas de sus playas, y en varias ocasiones su holgado short se retraía y podía ver esos enormes huevos morenos que tanto me gustaban de él.

Pasaban los días y las semanas y Nico me mostraba la ciudad después de nuestras actividades matutinas, conocí su puesto familiar y a su madre, una encantadora mujer cubana luchadora y optimista, que contaba siempre una y mil historias que me tenían embobado, Nico solo tenía a su madre y ambos se las arreglaban para subsistir en la isla, a pesar de sus carencias por ser una familia muy humilde, me invitaban varias veces a comer con ellos o a cenar, eran una veladas fantásticas que quedarán guardadas en mi baúl de los recuerdos felices.

Caminábamos en la arena del mar o sobre el malecón ó en esas maravillosas calles con pequeños callejones que no llevaban a ningún lado,  siempre riendo, y en una ocasión casi dos meses después de habernos conocido, una tranquila noche después de cenar en un pequeño restaurante al lado del mar, Nico rozó suavemente mi mano y quiso tomarla, lo noté muy nervioso y asustado esperando ver cual sería mi reacción, yo de inmediato comprendí su intención, y deteniéndome por unos breves segundos le dije: -gracias; gracias por mostrarme tu mundo, me encanta estar contigo-

Pude notar su rostro ruborizado, y como tratando de encontrar palabras que decirme pero no lo conseguía, y fue cuando me animé a más y le dije: -¿quieres pasar un rato a mi cuarto? Sé que lo tienes prohibido pero a esta hora el guardia esta cenando y sería muy fácil entrar sin que nadie lo notara, ven conmigo por favor, quiero saber que es estar abrazado a ti recostados en una cama-

Él un poco sorprendido por mi propuesta pero a la vez con mucha alegría en su rostro me dijo:

-Ok chico me arriesgaré a pasar a tu cuarto, hagámoslo rápido para no ser sorprendidos-

Ya estando adentro nos sentamos en la orilla de la cama y viendo a Nico que riéndose como un niño que está a punto de comerse un caramelo agachaba tímidamente la mirada. No pude contenerme más y lo puse de pie guiándolo tomado de la mano, y me hinqué entre sus robustas, velludas y morenas piernas.

-¡Hacia tanto tiempo que deseaba esto!- le dije desde mi posición en el suelo y lentamente fui desabotonando los botones a manera de cierre de su short de mezclilla y una maraña de necios pelos apareció ante mí y más abajo el enorme principio del tronco de su verga.

Bajé un poco más los pantaloncillos deshilachados y la enorme cabeza morena de su verga saltó rebotando hacia arriba ante mis ojos.

-¡Wow! ¡Que rica está!- le dije asombrado mirándolo hacia arriba y él con una enorme sonrisa en sus labios.

Un aroma a macho increíble inundó mis sentidos cuando comencé a mamar su rica verga como si la vida se me fuera en ello, pasando mi lengua por todos sus rincones, y tratando de que me cupiera entera en la boca pero era muy grande y gorda, debía medir como 20 centímetros y luego bajaba a sus enormes testículos que ya varías veces había visto, lamiéndolos en su totalidad y jugando con los pelitos negros de su escroto.

Nico con las manos en la cintura se dejaba hacer gimiendo calladamente y mordiéndose los labios.

Cuando de pronto Nico anunció: -¡espera bebé! No quiero correrme todavía, quiero saber lo que es poseerte-

-Ok Nico ¡yo también lo deseo!- terminamos de desnudarnos y Nico me indicó que me acostara boca abajo levantando el culo, dándole la espalda, ahora era Nico quien llevaba el mando y eso comenzó a calentarme demasiado.

Sentí de pronto algo húmedo en mi culito y al volverme vi que Nico me mamaba el culo hincado en el suelo y con una mano se pajeaba lentamente su enorme y moreno falo. Yo me retorcía de placer y bufaba enloquecido, Nico se daba cuenta y de vez en vez me mandaba una nalgada fuerte y sonora en el culo. De pronto se incorporó y me dijo que me pusiera de lado, cuando siento la cabeza de su verga intentando perforarme el culo, mientras con una mano sostenía una de mis piernas en el aire y con su boca mordisqueaba mi cuello.

Cuando por fin tuve toda su enorme verga en mi culo, comenzó a bombearme, Nico sabía como hacerlo de una manera riquísima y ahora se había convertido en todo un macho dominante y mandón que me ponía más caliente que el fuego. Nico me cogía delicioso, me tenía acostado boca arriba con una de mis piernas sobre su hombro mientras acariciaba mi cadera, mis nalgas y mi pecho, al tiempo que mordisqueaba unos de mis pies, se acercaba más a mí y me besaba restregándome mi propia pierna sobre mi abdomen y pecho sintiendo la presión de su larga verga que aprisionaba mi ya dilatadísimo culo.

Cuando se levantaba yo lo miraba a los ojos con ternura y pasión desenfrenadas, era ya mi macho, cogiéndome y ahora yo era suyo.

Tanto escándalo debió atraer al botones del hotel, un hombre de unos 30 y tantos años, mulato muy moreno y velludo con una blanca sonrisa, que resaltaba por el color de su piel, y que en varias ocasiones sentía su mirada en el culo cuando me alejaba caminando frente a él, llevaba un rato observándonos escondido en unos arbustos tras la ventana, mientras se sobaba el paquete, yo fingía que no lo veía ya que no quería ser interrumpido de esta riquísima cogida que mi macho me estaba dando.

Le regalé una sonrisa rápida y volví a concentrarme en Nico, sin darle mayor importancia a nuestro espía fisgón.

Luego Nico se separó de mí y tomó mi lugar y me dijo que me montara sobre él pero la pose fue bastante inusual y diferente pero al mismo tiempo cachonda: Nico se acostó boca arriba con las rodillas flexionadas y elevadas dándome la visión de su culazo lleno de ensortijados pelitos negros, como si me estuviera pidiendo que fuera yo el que lo penetrara, y eso pensé pero ¡qué equivocado estaba! Nico adoptó esta posición tan solo para ensartarme en su morena y larga verga y apoyar mis manos sobre sus rodillas, al tiempo que empezó a penetrarme durísimo tanto que hacía elevarme unos centímetros en el aire, yo cabalgándolo y él arremetiendo su cadera contra mis nalgas.

De vez en vez ponía sus manos detrás de la nuca y me enseñaba sus pelos negrísimos de sus peludas axilas, esto me ponía tan cachondo que quise venirme en varias ocasiones.

-¿Te gusta mi vida? Esto es lo que necesitabas un macho hecho y derecho que te hiciera el amor como se debe, ¡y no pendejos que no saben cogerse tan ricas nalgas que tienes! Ahora pásame tu lengua por mi pecho que ya es tu pecho y por mis sobacos que ya me dí cuenta como te gustan mis pelos-

No pude resistirme y me fui encima de esos sobacos peludos pasando mi lengua una y otra vez al tiempo que escuchaba como este machazo gemía como loco de una manera tan masculina que me daba un morbo impresionante.

Luego volvió a incorporarse poniéndome acostado boca arriba de nuevo y me la metió de un solo empujón tan salvaje que me habría hecho gritar de dolor si no fuera que me encontraba totalmente dilatado y excitadísimo. Con una mano alcancé sus huevotes y los manoseaba y apretaba sintiendo sus necios y largos pelos que nacían de su relajado escroto, muy cerca de su verga que estaba dura como el acero.

-Mi vida voy a darte tu lechita ¿quiere su lechita de su macho mi bebé?- me dijo poniendo su sobaco derecho sobre mi cara mientras arremetía su verga con más fuerza. -Siiiiiiiii, ¡dame tu leche papi por favor!- fueron las palabras que alcancé a decirle debido a que me puse a aspirar el masculino aroma de su peluda axila y a lamer cada parte de su sobaco, cuando sin tocarme comencé a tener el mejor de los orgasmos.

-Aahhhhhhhhh ¡mi vida! ¡mi nene! ¡Mi bebé! ¡Aquí esta su lechita! Ahhhh- solamente pude sentir sus convulsiones de placer mientras metía su verga en mi culo de una manera furiosa, y sus gemidos se ahogaban con los míos.

Luego de tan delicioso orgasmo caímos rendidos en la cama, Nico aún con su gran verga enterrada hasta los huevos en mi adolorido culo, mientras me acariciaba el cabello y me regalaba besos en el cuello y boca.

Estuvimos así por espacio de media hora, platicando calladamente, riendo de tonterías, regalándonos besos de antología y caricias interminables en medio de los susurros propios de la noche, nuestros aliados fueron el viento cálido, los grillos y la luna.

Recostados en la cama admiraba el increíble cuerpo de Nico, sus profundos y expresivos ojos negros, su mechón de vellos en el pecho y su cara hermosa y ruda mientras acariciaba su flácida pero no por esto pequeña verga. Luego de un gran silencio Nico por fin dijo: -bebé esto ha sido el mejor sexo que he tenido en toda mi vida, era cierto lo que dicen por ahí- ¿y que es lo que dicen por ahí Nico?- que el sexo sabe diferente cuando lo haces con alguien a quien quieres-

Lo miré con infinita ternura mientras acariciaba su cabello, y él me miró con su increíble sonrisa y me dijo: -Ángel, ¿quieres andar de novio conmigo?

No podía creer lo que Nico me estaba pidiendo, iba a articular palabra cuando de pronto escuchamos que alguien tocó la puerta y nos habló, se identificó como el gerente del hotel y nos pidió salir.

Asustados y sin saber que hacer o responder Nico se vistió rápidamente e intentó salir por la ventana que daba hacia la calle, cuando los golpes en la puerta se hicieron más fuertes, terminé de vestirme y al volverme vi a Nico con un pie en la ventana mirándome angustiado, con una indescriptible tristeza y añoranza en su rostro salté y se perdió en la oscuridad.

Abrí la puerta y el gerente junto con el botones fisgón, entraron rápidamente husmeando los alrededores del cuarto.

-Dígame joven ¿quién más estaba con usted?- na-nadie- contesté un poco asustado –no lo niegue por favor, ¿sabe usted que es ilegal lo que usted y ese rebelde enemigo de la revolución estaban haciendo? -No sé a que se refiere, fingí demencia mientras el botones me miraba con una sonrisa maliciosa. -Ok, no podemos hacerle nada a usted, pero esos rebeldes tienen prohibida la entrada a los hoteles serios y honorables como este, espero que este incidente no vuelva a repetirse o tendré que remitirlo con las autoridades, ¿le quedó claro joven?

Mi contestación fue una mueca y la cabeza casi asintiendo, los dos hombres se encaminaron hacia la puerta y al salir el gerente el botones regresó inmediatamente y me dijo:

-¿Ves esas luces allá afuera? Y al volver vi las características luces de una patrulla de la policía encendidas- son la policía y van a atrapar a ese amante tuyo, yo fui quien le informó al gerente de lo que estaba pasando y  ¿sabes chico? Yo podría ir a decirle a la policía exactamente quien es y donde vive Nicolás-

Un frío recorrió mi cuerpo en ese momento y pregunté: -¿cómo sabes quien era el hombre que estaba aquí?- porque es mi vecino- contestó con una sonrisa burlona – y si no haces lo que yo te diga puedo ir a delatarlo.  Al decir esto comenzó a desabotonar su camisa de uniforme, y a descubrir un pecho peludísimo de vello negro ensortijado. -No, ¿qué está haciendo? ¿Qué es lo que quieres lograr?- Le pregunté francamente asustado. -Ya lo verás chico– fue su respuesta maliciosa con una sonrisa sarcástica en los labios.

Continuará…

Autor: BABYBOY

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