Orgia con Maria Jesus y la profesora

En mi relato anterior conté como las cosas evolucionaban hacía el desenfreno con María Jesús. Yo me daba cuenta, pero no sabía cómo no dejarme arrastrar junto con ella por la pendiente. Las cosas no terminaron bien. Pero antes de ello hubo tiempo para otra orgía desenfrenada. Fuimos unos días de vacaciones a una casa que ella tiene en la playa. Una noche fuimos a jugar al billar  y nos encontramos con mi antigua profesora de universidad. La que había follado conmigo y un compañero en su despacho. Ella estaba con su marido jugando.

María Jesús y ellos se conocen desde hace cuatro años. Nos pusimos a jugar juntos. La profesora se sorprendió de verme con María Jesús. Yo inmediatamente recordé mi aventura con ella. Las dos mujeres estaban muy atractivas. Como era verano, María Jesús tenía un vestido que marcaba sus ostensibles tetas, culo y muslos. Además como siempre se comportaba provocativamente, como un putón verbenero. La profesora, casi una cabeza más baja que María Jesús y más estilizada, y casi diez años mayor, sin embargo era el centro de atención de local. También llevaba un vestido de verano que mostraba bastante. Pero ella era mucho más sugerente que María Jesús. Es que tiene otra clase. Es una mujer en toda clase, mucho más delicada, elegante y bella; definitivamente más atractiva. Más puta aún que María Jesús, pero con más clase.

Después de divertirnos un rato juntos, el matrimonio nos invitó a la hermosa casa que tienen ellos en la playa. De camino a la casa, salieron del local de billares cinco hombres detrás de nosotros.¡¡Y qué pedazos de hombres!!! Con María Jesús nos miramos un poco asombrados. Dos eran unos negros grandotes como de 1.90 dado que eran más altos que yo, había para elegir, porque otro era un mulato, también alto y musculoso, de pelo enrulado, los otros dos eran blancos, tostados por el sol. Al rato se habían sumado a nuestro grupo. La profesora y María Jesús no se sentían incomodas. La profesora dijo algo en secreto a su marido y agarro del brazo al chico mulato e invitó a todos a su casa. Yo viendo que éramos siete hombres y dos mujeres hice un amago de negativa, pensando en que no habría suficiente agujeros para todos, pero María Jesús me dijo que era libre de irme, que ella se quedaba. Decidí quedarme, pero no por María Jesús, sino por la profesora a la que le tenía ganas.

Los hombres que se nos habían sumado también estaban desesperados por follarse a las dos. Junto antes de llegar a la casa, nos encontramos con una puta haciendo la calle. Una chica de Europa del este, Tamara. Nos ofreció sus servicios. Uno de los hombres le mostro cien euros y la invitó a sumarse al grupo. La profesora y su marido accedieron a ello y así el grupo se equilibró un poco.

Al llegar a la casa, los negros estaban calientes por la cara que ponían cuando miraban a las mujeres. Para calentarlos más, al llegar, María Jesús se sentó con los muslos encima de uno de ellos. La profesora estaba sentada con su marido al lado, él con el brazo sobre los hombros de ella, hablándole al oído mientras que Tamara estaba haciendo rueda, sentada, conmigo y los otros muchachos. El ambiente era relajado, el ideal para concretar actos de lujuria.

Al llegar a la casa, el marido de la profesora había puesto música. En un momento, María Jesús se puso de pie y comenzó a contonear su cuerpo al compás de la música. Estuvo unos pocos minutos bailando delante de todos, girando a efectos de mostrarnos su culo y sus grandes tetas. Luego sin dejar de bailar se dirigió lentamente hacia donde se encontraba Tamara. Esta ya estaba desnuda hasta la cintura, la parte superior de su vestido se encontraba arrollada sobre su falda. Tamara se puso de pie, y comenzaron a bailar juntas al compás de la música, María Jesús comenzó a manosear a Tamara y a frotar su lengua sobre las tetas de ésta. Tamara ya sólo llevaba una tanga y medias de rejilla color negro y tacones altos. Ella y María Jesús se contoneaban de píe, delante mío y de cuatro hombres más. La profesora estaba con su marido y con el mulato.

Nosotros cinco teníamos las pollas totalmente erectas fuera del pantalón, manoseándoselas. Los dos negros estaban más avanzados en el proceso, estaban en pelotas. Pude notar que las pollas de los negros eran descomunales, al menos de 30 cm. Los dos negros no pudieron aguantarse; separaron a Tamara y María Jesús y se ubicaron uno delante de ella y otro detrás.

Uno le dijo -¡Quiero ver qué tan puta que eres, mámamela! Después de decir esto, se acostó sobre la alfombra boca arriba, sacudiendo su enorme verga. El otro negro, de dos tirones la dejó desnuda. María Jesús no se hizo esperar, sin más se arrodilló encima del cuerpo del negro que estaba acostado, se abrió de piernas y le puso su coño delante de la cara. Mientras lo mamaba, el negro usaba su lengua mojada y caliente para y hundírsela en la vagina, y sus dedos para frotarle el clítoris.

María Jesús actuaba como una depravada. Sacudía la polla del negro en su cara, la dejaba empapada con su saliva, la recorría con su lengua por toda su extensión, ni siquiera las bolas se escapan de sus lamidas y sus succiones. Entonces miró al otro negro y le dijo – Acuéstate acá, junto a él. Después que el negro siguió sus instrucciones quedó de tal manera que al alcance de las manos de ella y de su boca había dos suculentos pedazos de carne negra a las que se dedicó  golosamente a chupar y a masturbar.

Frente a ella estaba yo cogiendo como un animal con Tamara que estaba en cuatro patas y mamaba las pollas dos de los chicos. Por otro lado, la profesora estaba  detrás de mí. Aun vestida, mamaba la polla del mulato que estaba recostado en un sofá, mientras su marido la penetraba. Después de un rato, María Jesús terminó con sus dos tetas bañadas por la leche de los negros. Yo y mi compañero acabamos en la boca y la vagina de Tamara. Y la profesora llego a un primer orgasmo mientras su marido la inundaba con su leche.

Entonces la profesora dio vuelta al mulato y empezó a lamerle el culo mientras masturbaba a su esposo. Enseguida paso a mamar  a su esposo mientras con sus dedos jugaba con el culo del mulato. Luego, acercó la polla de su marido al culo del chico. Y este lo penetró mientras ella la hacía una mamada y se tomaba su leche.

Con la situación mi polla se empino nuevamente. María Jesús entonces me acostó y se arrodilló con las piernas abiertas encima de mí. Tomó con su mano mi polla, la colocó a la entrada de su vagina y se dejó caer lentamente centímetro a centímetro hasta que mi polla terminó enterrándose totalmente en su vagina. Entonces comenzó a contonearse un poco en forma circular lentamente, otro poco hacia delante y hacia atrás. Se levantaba unos centímetros y se dejaba caer nuevamente. Yo tenía mis manos apoyadas en la curva de sus caderas. Y le chupaba sus melones aun manchados con la leche de los negros. Unos de los chicos se había parado delante de María Jesús y está comenzó a mamarle la polla. Pero ella quería más. Llamo a otro chico y le dijo – Chúpame el culito y después métemela. El chico obedeció inmediatamente.

Mientras tanto yo podía ver como los dos negros se alternaban para darle por el culo a Tamara. Esta, a pesar de hacer la calle se negaba a que la penetren completamente. Ante las envestidas de los negros, hacía gestos de dolor y se quejaba. Estos llegaban a meterle algo más que la mitad de sus pollas. Parecía imposible que alguien se tragara esos pedazos enteros, mucho menos por el culo.

Por su parte la profesora estaba en el sofá, completamente desnuda sentada encima del mulato y con la polla de su marido metida en el culo. Mucho mas no pude ya que María Jesús y yo llegamos a un orgasmo simultaneo.  Cuando me repuso, un negro seguía insistiendo con el culo de Tamara, alcanzó a meterle tres dedos. Pero a pesar de ello su polla no entraba mucho más que 20 cm en el culo.

Al mirar a la profesora, vi que esta, ya desnuda, se follaba al chico al que antes María Jesús mamaba. Ella estaba sobre él y ponía su culo bien respingado hacia atrás. Apoyando sui pecho sobre el tórax del macho que tenía abajo, quien aferraba sus nalgas con ambas manos. Entonces me acerque a ella y le lamí el ano, después arrimé los dedos a los bordes de su ano y lo abrí lo más posible para facilitar la tarea de penetración. Apoyé mi glande en la entrada. Después de la penetración de su marido, el ano de la profesora ya estaba dilatado y lubricado con su leche.  Fácilmente, centímetro a centímetro mi polla penetró su recto hasta que choqué con sus  nalgas. Su marido estaba junto a nosotros. Ella lo agarraba de la mano y le decía –  qué bien que me están follando, otra vez por los dos lados. También me decía – Chaval, revuélveme bien el culo. Al mismo tiempo movía su cuerpo, ondulando lentamente, logrando entre los tres el ritmo adecuado. Así ella llego al orgasmo y nos dijo – No se corran adentro, quiero tragarles la leche. Y así fue. Uno después del otro nos ordeño las pollas y se tragó todo el semen si desperdiciar una sola gota.

Después de correrme vi que uno de los negros sacaba la polla del culo de Tamara y se corría en su espalda. El otro estaba penetrando por el culo a María Jesús. La penetraba algo más que a Tamara, pero no completamente. Mientras tanto el mulato le comía las tetas y el otro chico tomaba el lugar del negro en el culo de Tamara. Esta agradecida, parecía disfrutar con esta polla de proporciones normales dentro de su ano. El negro, al no poder penetrar completamente a María Jesús por el culo la penetró por la vagina. En dos embestidas se la metió entera y la inundó con su leche. Ella disfrutó de un orgasmo brutal, sacudida por violentas embestidas. El mulato mientras tanto tenía su polla entre las tetas de María Jesús. Así se masturbó hasta que un chorro de leche brotó de la polla dejando parte de las tetas bañadas en semen.

Después de esto, todos nos quedamos descansado y bebiendo. Las mujeres fueron al baño a higienizarse un poco. Cuando volvieron al salón, la profesora se dirigió hacia donde estaba su marido. Se sentó sobre la falda de su marido. Comenzaron a manosearme. María Jesús se puso enseguida como una fiera en celo dispuesta a follar de inmediato. Les dijo a Tamara que nos mamará las pollas, que ella nos follaría de uno en uno. Pero la profesora no acordaba con su plan. Se fue a la alfombra con su marido y se llevó consigo a los dos negros. En la alfombra se montó a horcajadas sobre su marido y le ordenó a los negros que le lamieran el culo. Mientras tanto, yo sodomizaba a Tamara. Las pollas de los otros tres sucesivamente iban pasando al coño o al culo de María Jesús.

El marido de la profesora tenía las tetas de esta frente  su cara y con su lengua friccionaba lo pezones. Los negros le chupaban el culo con desesperación. Tenían ganas de penetrar el tentador culo de la profesora.  Entonces ella le dijo a uno – Métemela en el culo, quiero que me lo partas.  Me encanta que me follen por el culo. Sus palabras hicieron que este perdiera el control. El negro se arrodilló detrás de ella, escupió sobre su polla y sin ninguna clase se miramientos la penetro. Ella contrajo sus músculos y con su culo empujo para que la polla entrase aún más. Increíblemente, en instantes ya se había tragado la polla de 30 cm toda en el ano. Los próximos movimientos fueron muy rápidos. La profesora tenía una terrible calentura. Le decía a su marido que la enloquecía sentir como que su polla y la del negro se tocaban por dentro.  Así siguió disfrutando sometida a una doble penetración hasta acabar.

Al ver como la profesora se tragó la polla del negro entera, María Jesús quiso repetir la hazaña. Tomó la polla del otro negro que estaba sentado masturbándose, y literalmente se sentó sobre ella, intentado tragársela por el culo. Sin embargo, a pesar de sus esfuerzos no lo consiguió. Se le caían las lágrimas, su cuerpo estaba completamente tenso, se partía de dolor, pero solo consiguió comerse 25 cm.

Entonces, la profesora se acercó al negro y le susurro sugerentemente que mejor lo hiciera con ella. El negro se salió del culo de María Jesús y esta comenzó a gritarle puta a la profesora y a rogar que le dieran por culo.  Rápidamente, ocupé el lugar del negro. Mi polla se deslizó por su recto, en dos embestidas completé la penetración. Mientras tanto, el mulato sacudía su pedazo delante de la cara de María Jesús esperando que se lo mamara, pero ella concentrada en el placer que le proporcionaba mi polla en su culo lo tenía un poco abandonado. El mulato le dijo – Mámame la polla, puta, que me muero. Ella abrió su boca y él se encargó de metérsela. Los otros dos chicos se satisfacían haciéndole una doble penetración a Tamara.

Yo le di a María Jesús por el culo por un buen rato, pero tanto el mulato tenía ganas de comérselo también. Con movimientos rápidos intercambiamos lugares, corriéndonos los dos de forma sucesiva dentro del culo de ella. Una vez terminamos, nos reemplazó el marido de la profesora. Pero este comenzó a penetrarla con los dedos y luego con su polla.

Mientras tanto la profesora le lamía y chupaba el glande de la polla del negro que se había llevado. Con una mano además masturbaba al otro negro. Entonces ella sentó al primer negro en un sillón y se metió sola la polla en el culo. Cerró los ojos y se tragó los 30 cm de un solo empujón. Su cuerpo se tensó completamente y ella esbozó una sonrisa entre sus labios. Entonces ordenó al negro que la cogiera de sus piernas y se parase. Así la polla le entraba aún más. Increíblemente la más pequeña de las tres mujeres, las otras dos le sacaban casi una cabeza y eran más macizas, era la única capaz de tragarse semejante polla. Pero no solamente eso. En la posición que estaba quedaba el agujero de su vagina completamente expuesto. Sobre él se abalanzo el otro negro. Entonces, parados los dos le hicieron una doble penetración. Era increíble ver como esa mujer se podía tragar al mismo tiempo semejantes pollas. Las mismas deberían estar desgarrándola completamente. Sin embargo ella parecía feliz, disfrutaba como una loca. Al correrse los dos negros dentro de ella, la profesora tuvo un orgasmo en que momentáneamente se desvaneció. Tras unas convulsiones que parecían un ataque de epilepsia, sus ojos se desorbitaron. Los negros la depositaron en el sillón. Su marido se acercó a ella y ella se abrazó fuertemente a él, dándole un beso en la boca.

Al volver en sí, la profesora se sentía en la gloría, Y María Jesús estaba corroída por la envidia. Había tenido otro orgasmo con la polla del marido de la profesora en su culo, y chupando a dos de los chicos que bañaron nuevamente sus tetas de leche. Tamara seguía siendo el recurso de los que no encontraban lugar en la profesora o en María Jesús.

María Jesús que no soportaba ser el centro de atención dijo que quería más polla por el culo.  Entonces la profesora y el marido se acercaron a ella. La pusieron en cuatro patas y comenzaron a lamerla. Mientras el la penetraba con sus dedos, la profesora hizo que María Jesús le chupase y ensalivase los suyos. Luego tomo el lugar de su marido. La penetró por el culo con tres dedos, los movía en forma de círculo, luego hacía adentro y afuera. Con la otra mano hurgaba en la vagina de María Jesús. Al rato, los cinco dedos estaban dentro del culo. Y con una serie de embestidas, que sacudieron el cuerpo de María Jesús, ambas manos estaban dentro del cuerpo de María Jesús. Los siete hombres miramos el espectáculo. Mientras, nos íbamos pasando a Tamara de uno a otro. María Jesús grito – ¡Me rompes! y la profesora metió su brazo casi hasta el codo en el culo de María Jesús. Al mismo tiempo con la otra mano le pellizcaba el clítoris. María Jesús seguía gritando – ¡Me matas, puta, me revientas toda! Así la profesora la hizó llegar al orgasmo. María Jesús estaba completamente sudada. La profesora tenía su brazo manchado de mierda y sangre del culo de María Jesús. Entonces la cogió de los pelos, le dio vuelta la cabeza y de dijo límpiame con la lengua. Has tenido lo que te mereces puta, cuando aprendas tendrás pollas como yo. Después de que María Jesús le limpiase la mano, ésta con un violento empujón la tiro de espaldas al piso. Entonces se puso en cuclillas sobre la cara de María José y le dijo – puta de mierda estoy tan caliente que me voy a mear. Y le meó en la cara, María Jesús completamente fuera de esa abrió su boca para tragar parte del meo.

Después un agotamiento inmenso se apoderó de María Jesús. Sim embargo, los hombres aún estábamos calientes. Un negro se puso a sodomizar a Tamara. Estaba ya tan fuera de sí que esta vez no reparo en los ruegos de ella y acabo desgarrándola. Después de él el otro negro hizo lo mismo. Las lágrimas brotaban de los ojos de Tamara y la sangre lo hacía de su culo. Por otro lado, la profesora chupaba alternamente mis tetillas y las del mulato. También masajeaba nuestros penes. Así nos puso fuera de sí. Entonces no dijo. A hora les toca hacer de putas. Nos hizo arrodillar junto a ella y nos puso a mamar a su marido junto con ella. Luego se acercaron los otros dos chicos. Entonces ella se quedó con su marido y nosotros pasmos a ocuparnos de los chicos. La situación me calentaba. La verdad es que disfrutaba chupando una polla. Después de un rato, ella nos dijo – ahora los mamare hasta exprimirle las pollas y ustedes sentirán lo que es correrse con una polla en el culo. Sentó a los chicos en el sillón y sin demasiados prolegómenos terminamos ensartados por el culo. Los chicos estaban tan calientes, que repararon en que ramos hombres. Entonces se puso en cuatro y nos mamó a los dos.

Al mismo tiempo su marido la penetraba vaginalmente por detrás.  Así llegamos los seis al orgasmo. Ella abrió la boca y el semen de nosotros dos cayó dentro de ella, luego la cerró para tragar toda la leche.

Luego todos quedamos en una especie de embriaguez y agotamiento. Al rato los cinco hombres se vistieron y se marcharon. Sin antes pagarle los cien euros a Tamara. A María Jesús que estaba en un sillón no podía moverse del dolor le pusieron otros cien euros entre las tetas. A la profesora los negros propusieron darle mil euros. Esta dijo que el que cobraba el dinero era su marido. Entonces los mil euros le fueron entregados a él. Tamara y María Jesús no podían moverse, con lo cual la profesora y su marido las alojaron en sendas habitaciones de invitados. Yo me quede en la casa con ellos. Como permanecimos allí varios días hasta que las dos mujeres se repusieran del todo, termine convertido en el juguete sexual de la profesora y su marido, gozando del placer de follar y ser follado. Esos días fueron el detonante final de mi relación con María Jesús, quien nunca me perdonó que mostrase tan abiertamente mis preferencias por la profesora.

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La sauna

Le follaron el culo un montón de veces mientras nosotros nos morreábamos frotando nuestros pechos y vientres el uno contra el otro. En un momento dado, me excitó tanto sentir su cuerpo apretándose contra el mío mientras le daban azotes en las nalgas que tuve un fuerte orgasmo y me corrí con mi polla metida entre sus muslos.

Esta vez era irremediable. Estaba decidido, absolutamente decidido. Tomé tanto valor como me fue necesario, compré las cosas que necesitaba y me dirigí sin pensármelo hasta la sauna aquella, en la que tantas veces había deseado hacerlo.

No se trataba de entrar y echar un polvo con cualquiera, no. La intención era realizar una de mis fantasías salvajes. De modo que entré, pagué y pasé a los vestuarios. Abrí mi taquilla y –sin prisas- comencé a desnudarme.

Tengo buenas espaldas, torso fuerte y brazos musculosos, de modo que enseguida llamé la atención de algunos hombres. Como si no me diera cuenta de ellos, terminé de quitarme la ropa hasta quedarme desnudo del todo. Entonces, distraídamente, me agaché un par de veces (ofreciéndoles una perfecta vista de mi duro culo y de mis testículos colgando con armonía. Me giré varias veces a propósito, haciendo como que arreglaba la ropa, para que advirtieran que traía afeitado el pubis, los testículos y el pecho. Les miré de reojo y advertí que les gustaba la vista.

Cerré la taquilla, me ajusté la goma elástica con la llave en una muñeca, tomé la bolsa con las cosas “especiales” y me metí en los pasillos de la sauna en busca de una cabina. Es costumbre circular por la sauna con una toalla alrededor de la cintura, para no mostrarse completamente desnudo. Sin embargo yo paseé en pelotas y semi erecto por aquellos pasillos en penumbra, mostrándome sin tapujos ante todo aquel que quisiera mirar.

El resultado fue que comenzaron a seguirme varios hombres. Recorrí todos los pasillos sin prisa y volví sobre mis pasos a recorrerlos de nuevo. Al cruzarme con ellos, algunos dejaban paso pero otros forzaban el roce de cuerpos en busca de un fugaz contacto físico. Alguno incluso fue más lejos y aprovechando el cruce me daba un azotito en las nalgas o posaba suavemente una mano sobre mi sexo y me susurraba algunas guarradas que deseaba hacerme. Yo, como si nada, seguía andando y provocando. Así los estuve provocando varias veces, yendo y viniendo por los pasillos. En un momento dado en que parecieron despistarse, tuve unos segundos de intimidad en los que nadie me veía. Aproveché y me metí en una de las cabinas.

Al poco, les oía pasar y pensé que, probablemente me estaban buscando. Entonces saqué de la bolsa una cadena, la pasé alrededor del cuello y enganché el mosquetón dejándola ajustada. Tomé la otra punta, rodeé con ella mi sexo y también ajusté su mosquetón. La dejé de tal modo que al sacar pecho la cadena se tensara tirando de mi polla y huevos hacia arriba. Seguidamente saqué un liguero muy chiquito y me lo puse, luego las correspondientes medias (de malla) y –como no- los zapatos de tacón altísimo, de aguja. Me miré en el espejo y tuve una gran erección de solo verme.

Saqué unas pinzas de la ropa y las coloqué en mis testículos (seis en total). Y finalmente, pincé los pezones con unas pinzas especiales que había comprado en un sex-shop, de las que pendía una cadenilla metálica.

Volví a mirarme y casi me corro de gusto viendo aquel cuerpo. Salí al pasillo semi oscuro y volví a recorrerlo en dirección al vestuario generando un espectáculo que a nadie pasó desapercibido.
Abrí la taquilla, guardé en ella la bolsa y cuando la estaba cerrando nuevamente, un hombre se acercó a mí, se quitó la toalla y comenzó a restregar su vientre contra mis nalgas haciéndome notar con su polla lo muy cachondo que yo le ponía. Tuve una muy buena erección ante los demás admiradores que, inmediatamente, me rodearon y comenzaron a tocarme por aquí y por allá.

Una mano caritativa tomó mi sexo y comenzó a aplicarle un lento y placentero sube y baja que me obligó a cerrar los ojos y lamerme los labios. Sus suaves caricias en la polla se mezclaban con el dolor de las pinzas en los testículos y eso aún me daba más gusto.

Otras manos agarraban las nalgas, jugaban con las ligas, sobaban las medias… De pronto, alguien aprisionó mis pezones, ya aprisionados de por sí por las pinzas, y los estiró y retorció hasta arrancarme gemiditos de dolor y suspirazos de gusto.

-¡Mmmmhhhhhhh!- si esto seguía así me iba a correr de inmediato, así que los aparté con los brazos y volví a los pasillos.

La primera fase de mi plan -el juego exhibicionista con tintes de sadomaso- había sido un exitazo rotundo. Y ahora que los tenía más encandilados que el flautista a las ratas de Hamelin, comenzaba la segunda fase…

Entré en la sala que más me gustaba… Tenía una pared llena de agujeros bien hechos, circulares, con los cantos suavizados, cuya finalidad es meter la polla y dejar que alguien –del otro lado del tabique- te la chupe. Esta circunstancia hacía de la habitación un lugar plenamente morboso. Pero lo que más me excitaba, lo que verdaderamente me atraía de la sala era que en otra pared había cadenas y argollas para atar a alguien y jugar con él.

Me fui directamente al rincón de las cadenas, apoyé la espalda contra la pared, alcé los brazos, abrí las piernas y dije a mis seguidores: -¡Atadme! Cadenas y correas pasaron de inmediato por mis tobillos y muñecas dejándome inmovilizado e indefenso.

-¡Tensar más las cadenas, quiero sentirme estirado, abierto y a merced de cualquier vicioso!-

Sacaron los mosquetones de sus anclajes en la pared y volvieron a ponerlos, esta vez dejándome muy abierto de piernas y brazos. Muy, muy tenso. Tanto que apenas tocaba el suelo con los pies de puntillas.
¿Que qué pasó después? Imaginarlo no es muy difícil… Me la metieron por la boca, me la metieron por el culo, se hicieron pajas sobre mi cuerpo, me azotaron a palmadas los muslos (por dentro, cerca de las ingles), estiraron las pinzas, retorcieron mis pezones, me hicieron pajas, mamadas y todo, todo, todo, todo lo que se les antojó. Naturalmente hubo de todo, se formaron tríos, cuartetos… Se hicieron pajas mutuamente, se la mamaron unos a otros, se dieron por el culo… Hubo varios sesenta y nueve…

¡Fue una orgía espectacular (y yo el anfitrión de ella)! Incluso vino un jovencito aniñado, de piel lampiña y muy suave, al que le dio morbo verme así y quiso estar como yo.

Me lo pusieron cara a cara, apoyados el uno contra el otro y lo ataron a las mismas cadenas que me sujetaban a mí.

Le follaron el culo un montón de veces mientras nosotros nos morreábamos frotando nuestros pechos y vientres el uno contra el otro. En un momento dado, me excitó tanto sentir su cuerpo apretándose contra el mío mientras le daban azotes en las nalgas que tuve un fuerte orgasmo y me corrí con mi polla metida entre sus muslos.

No sé la de veces que nos corrimos, solo sé que cuando todo acabó (por falta de semen en el grupo), todo el mundo se había corrido más de una vez y aquello estaba hecho un verdadero asco.

Cuando nos soltaron, nos fuimos los dos a las duchas y nos refrescamos. Después pasamos a una cabina, me tumbé en la colchoneta y él se dedicó a tocarme con mucho cariño y dulzura. Me acarició con tanto mimo que me sentí en la gloria. Cerré los ojos y me dejé hacer. Él lamió y besó todo mi cuerpo con tacto, con delicadeza. Lo hizo tan a conciencia que, aunque creía que me habían ya ordeñado a fondo, volví a empalmarme.

Él, aprovechando el regalo, se dedicó en cuerpo y alma a estimular mi polla, a lamer mi culo, a ensalivar mis pelotas. En fin que puede que estuviéramos así cerca de una hora. Finalmente, me metió un dedo ensalivado en el culo y mientras me la mamaba empezó a hacerse una buena paja. Al final me corrí en su boca.

Aún hoy (ha pasado ya bastante tiempo), cuando recuerdo aquella bacanal, tengo grandes erecciones y me hago unas pajas riquísimas.

Autor: Ivan

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