complaciendo a mi pareja su fantasia con un baile de streptease

Aposté con mi novio un baile erotico, que el deseaba y para  complacerle  fuimos a un local de striper en la isla de margarita.

Llevo puesta una mini falda con algo de volumen  en color negro un top plateado que solo se sujeta al frente por dos pequeños lazos y tacones negros.

Llegamos a un lugar de escenario, barra, luces, sillones por todos lados y música sexy.

Nos encontramos a muchas personas en baile, parejas, grupos se siente buen ambiente

Anuncian un show con participación del público,  solo chicas pueden subir al escenario, es noche de chicas dicen. Solicitan voluntarias  para un baile

El público aplaude

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Amigas borrachas

Amigas borrachas

Como se suele decir las cosas pasan porque pasan no existen las casualidades. Ni siquiera el sexo con amigas.

El otro día iba en el autobús cuando me sucedió esto. Había quedado con mi amiga Anna en el centro así que tomé el autobús para llegar ya que en coche era imposible. Iba ensimismado en mi mundo pensando cuando entró una chica mulata en el autobús que era hermosísima. Ella llevaba una vaporosa blusa amarilla que contrastaba con su moreno cuerpo. Llevaba también unos pantalones que torneaba su culo, un culo completamente respingón y bien formado.
Para mi suerte se puso muy cerca mía y poco a poco me acerqué a ella, hasta que mi polla ya morcillona chocó contra su culo, ella se dio la vuelta, me miró y volvió a mirar al frente, no hizo ningún movimiento de desaprobación así que seguí. En cada vaivén le iba llevando mis polla unos centímetros a la raja de su culo de tal forma que la unión entre el culo de ella y mi polla se acercaba.
La muchacha se estaba poniendo cachonda ya que habiendo sitios libres no se quitaba de delante mía, le gustaba lo que le hacía y eso me daba más morbo, me estaba excitando.
Cada vez que el autobús llegaba a una parada rezaba para que no se bajara y ella no se bajaba.
Llegamos a la última parada, el autobús se desalojó quedándonos ella y yo los últimos, sin apenas movernos, yo para que no se me viera la erección y ella para que se le bajara el calentón. Ella se bajó, después yo comencé a caminar precisamente la misma dirección que ella. Ella caminaba y aprovechaba cada escaparate o cada reflejo para mirar si la estaba siguiendo, y aunque pareciera lo contrario no la estaba siguiendo únicamente íbamos en la misma dirección. Yo aminoré la marcha para que ella pudiera perderse entre la gente y fue lo que hizo a los pocos minutos la perdí de vista entre la marabunta de gente.

Seguí caminando y nada más girar la esquina de una calle en una terracita me la volví a encontrar pero no estaba sola, estaba acompañada de mi amiga Anna.

– Hombre Simón por fin llegas.- Me dijo Anna.
– Esta es mi amiga Jasmine.- Me la presentó Anna, era la misma chica del autobús.

Ambos nos dimos dos besos colorados, por lo que había sucedido en el autobús.
Estuvimos hablando y me estuvo contando de su vida. Ella había llamado a Anna para desfogarse por problemas con su ex novio y demás cosas, y él le había dejado, nos explicó serena, entonces Anna, ella y yo decidimos considerarlo muerto, y brindar por su olvido y su descanso eterno, y celebrar su entierro de bar en bar. Así que allá nos fuimos, y para qué contaros: vasos, vinos, alcohol, chupitos, copas, y risas, alguna que otra vomitona, abrazos y besos de amistad, eterna aquella noche.
Requiescat y brindemos por nosotros y nuestra noche.

Al llegar a la discoteca Boss ya íbamos muy borrachos, y seguro que me sería muy difícil entrar pero mis dos compañeras lo solucionaron con su cuerpos de infarto. La sala de baile estaba llena pero se podía estar muy bien y empezamos a bailar en la pista.

Llevaba un buen rato en la pista bailaba no paraba de rozar a Jasmine, los coqueteos eran cada vez más continuos entre los dos y los roces y parecía gustarles esa sensación porque ninguno nos inmutamos, continuando lo que ocurrió en el bus.
Tal era la situación que en un momento de la música ella se giró y le vi una sonrisa picarona en su cara, me aventure a rodearla por la cintura con mis manos y a besarla en su cuello para luego llegar hasta sus labios prominentes.

Anna seguía bailando a dos metro de nosotros con un chaval mientras que Jasmine me siguió el juego y continuamos bailando, besándonos y estregándose nuestros cuerpos sin parar.

Yo cada vez estaba más cachondo y empalmado y ella se arrimaba más a mi cuerpo súper excitado.

Como ya estaba fuera de mi, me atreví a introducir mis manos por el interior de su blusa amarilla para sobar sus enormes pechos juguetones y ella gemía de placer y se retorcía excitada.

Como había tanta gente bailando, medio borracha y a lo suyo nadie se percató de la escena.
Yo que quería guerra no quise desaprovechar la ocasión y conseguí abrir un poco su pantalón , lo justo para meter cuidadosamente mis dedos entre su tanga y acariciar su pubis lubricado durante un buen rato mientras seguíamos bailando y disfrutando de la música.

De repente llegó Anna y Jasmine sacó mi mano de su pantalón. Las dos empezaron a bailar alrededor mío con mucha sensualidad. No paraba de rozar sus cuerpos contra el mío, colocando sus culos contra mi paquete. Si ya tenían un calentón antes bailando con Jasmine ahora con las dos mi calentón era brutal y creo que fui la envidia de toda la disco por lo menos del chaval que había dejado con dos palmos de narices Anna en la pista. Jazmine sintió como mi paquete estaba cada vez más marcado en el pantalón, y parece que se lo dijo a Anna al oído. Ambas me echaron una mirada picarona. Se notaba que habían decidido algo.
Cada una me cogió de una mano y me llevaron fuera de la pista de baile. No pararon hasta llegar a la entrada de la discoteca, donde estaba el portero.

– Dónde vamos?.- pregunté
– A pasarlo bien.- Dijo Anna mientras que me besaba la boca y Jasmine intentaba introducir su lengua en mi boca también, supongo que todos los tíos de la cola por entrar se pusieron palote viendo como dos pivones le comían la boca a un muchacho.
Paramos un taxi y entramos los tres yo en medio de las dos muchachas.

– A la avenida…- íbamos a la casa de Anna.

En el viaje le comía la boca a Jasmine mientras que Anna acariciaba mi polla por encima de mi pantalón e incluso desabrochó mi bragueta para acariciarla mejor. Luego comencé a comerle la boca a Anna mientras que Jasmine con mi mano se acariciaba los pechos, supongo que el taxista estaba flipando en colores además de enviarme por estar comiéndome la boca con las dos mujeres que pronto iban a ser mías.

Llegamos a casa de Anna, cada una se bajó por una puerta del coche y yo pagué al taxista el cual no perdió detalle del culo y el cuerpo de cada una de mis acompañantes por los espejos retrovisores.

– ¿Cuanto es?.- le dije.
– ….24 euros, amigo.- respondió mientras miraba a mis amigas por el espejo juntas en la puerta del bloque de Anna.
– Tome 25 y quédese con el cambio.- le pagué y salí del coche.
“ Suertudo” escuché mientras que el taxi se alejaba por la calle, me quedé mirando a las dos muchachas a cual más buena.

Subimos a la planta de Anna y entramos en la casa, nada más entrar en el salón Anna me echó en un sofá mientras Jasmine ponía música, luego ellas se pusieron a bailar de la forma más sensual posible. Anna viendo el ruido de la música puso rumbo a la puerta y la cerró con llave imposibilitando la entrada de nadie en su casa, en general a sus compañeros y luego cerrando puertas que daban a las paredes de los vecinos, mientras, Jasmine se movía al ritmo de la música y clavaba su mirada en mí. Al volver, Anna volvió a hablarle al oído, lo que hizo que Jazmine me mirase con cara aún más picarona.
Poco duró esa mirada. Jazmine agarró a su amiga de la cara y le buscó la boca. Ambas empezaron a besarse mientras sus manos se desplazaban por el cuerpo de la otra. En ese momento creí que estaba soñando. Eso no podía pasarle a un tipo normal como yo. Estaba sentado viendo como dos pivones se comían la boca. Era increíble. Mis manos querían irse a mi polla. En serio, necesitaba tocarme. No sé cómo me mantuve quieto, no sin sufrir lo insufrible.
Las manos de Jasmine se fueron a la espalda de Anna. Comenzó a desnudarla, en ese momento, delante mío había veía a mi amiga Anna en ropa interior siendo desnudada por su amiga. Sus tetas eran perfectas, bien colocadas, muy grandes y con unos pezones perfectos, esa información ya lo sabía de otras ocasiones. Ella me miró y comenzó a desnudar a su amiga para hacer exactamente lo mismo. Unos segundos después, su amiga lucía igual que ella, sólo que con un cuerpo con la piel más bronceada y un culo de infarto.
Se acercaron a mi lado y empezaron a desabrocharme el pantalón. Mi polla ya estaba dura como una piedra. Sus manos acabaron en ella y en mis huevos, mientras sus ojos buscaban los míos. Esas miradas me ponían mucho.

Jasmine fue la primera en probar mi polla con la boca. Empezó suave, succionando la, jugando con su lengua de arriba y abajo. Mientras, Anna se había sentado a mi lado en el sofá. De rodillas, sus tetas estaban a la altura perfecta. Mi boca las buscó mientras sus manos llevaron a las mías hasta ese par de preciosidades. Al poco, bajó del sofá y se colocó junto a su amiga. Dos bocas perfectas me estaban haciendo la mejor mamada posible. Chupaban y chupaban y yo, contra todo pronóstico, aguantaba.
De pronto, ambas se levantaron y se fueron al sillón de enfrente, donde abrieron sus piernas y colocaron su coños frente a mí. Capté la indirecta rápidamente.Sus coños eran perfectos. Depilado el de Jasmine y poblado de pelos el de Anna, pero eso ya lo sabía de otras ocasiones, ambos con unos labios preciosos. No pude resistir a lamer primero el de Jasmine y después el de Anna. Jugaba primero con uno para después meterle varios dedos al otro. Pese a que la música estaba alta, pero podía escuchar los gemidos de ellas.
Cuando no pude más, me desnudé y coloqué mi polla frente al coño de Anna . Se la metí con mucha suavidad, y seguí con un ritmo suave, sin prisa, disfrutando del tacto de aquel coño que ya estaba muy húmedo. Su amiga se había subido al sillón y había colocado su coño delante de Anna, poniéndole el coño en la boca. Mi amiga Anna no paraba de pegarle lametones mientras yo iba subiendo el nivel de embestidas en su coño. Acabé dándole mucha caña, hasta le di varios azotes en el culo de Jasmine. Ella disfrutaba como una loca.
Jasmine se cansó de esperar. Se bajó y me empujó al suelo. Instantes después, ella ya estaba encima mío. Saltaba y me cabalgaba dando movimientos de cadera hacia adelante y hacia atrás. Anna se sentó encima de mi cara y colocó su coño delante de mi boca, mientras la suya se fundió con la de su amiga. Era una cadena de placer mutuo yo le comía el coño a Anna mientras que ella le comía la boca a Jasmine y ella recibía mi polla dentro de su coño y yo notaba su húmedo tacto en mi polla. Decidimos cambiar de postura, sentándome yo en el sofá y después sentándose Anna sobre mí. Le di mucha caña. Mientras, su amiga se colocó echada sobre el sillón, con sus manos y su lengua jugando con sus bonitos pechos. Anna tuvo un orgasmo momento que aproveché para sacarle mi polla y meterle la polla a Jasmine. Me la follé embistiéndola con ganas mientras Anna ya le recuperada le comía las tetas llegando ella a tener un gran orgasmo. Yo seguía follándomela y metiéndole al coño de Anna unos dedos cuando noté algo. Me iba a correr y se los dije. Ellas como unas jodidas expertas. Recularon y me pusieron de pie luego ellas se pusieron frente a mí jugando con mi polla. Sus boquinas abiertas pedían leche, y yo se la di. Me pude correr en sus bocas, dándole quizás más leche a una que a otra. Dio lo mismo, pues se besaron instantes después. Dejaron mi polla reluciente, sin una gota de semen. Después nos fuimos al baño agarrados de las manos y nos lavamos en la ducha mientras que nos besábamos y nos tocábamos. Miraba al espejo y veía a un tío desnudo en la ducha con dos pivones desnudas, una mulata y una caucásica y me daba envidia, luego caía que ese tío con esos dos pivones era yo y además me los acababa de follar.
Salimos de la ducha y nos fuimos a la cama de mis amigas seguir follando. Quien lo iba a pensar que me lo iba a pasar fenomenal.

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Cumpliendo fantasías en la pista de baile

Desde niña fui educada de forma conservadora, siempre tratando de cumplir con todos mis deberes, ser una buena estudiante y ser una niña educada de muchos principios. Y así he vivido siempre, obligándome a destacar en lo que hago, mis notas siempre fueron de las mejores y mi imagen era de una joven de seria, responsable y respetuosa. Quizá es por eso que desde que empecé a explorar mi sexualidad, me sentí muy atraída por hacer cosas que contrastaran completamente con esa imagen y mi estilo de vida, aunque mis primeras relaciones fueron de lo más normal, a veces imaginaba lo que se sentiría ser una mujer desinhibida sexualmente, capas de follar con el repartidor de pizzas, solo por caliente. Pero esas cosas las dejaba únicamente para mi imaginación, pues siempre fui muy pudorosa y conservadora en la cama.

Nunca tuve una autoestima muy elevada, pero con el paso del tiempo me fui dando cuenta que mi cuerpo y mi cara era del agrado de los hombres. Cuando caminaba por la calle empezaba a sentir su mirada llena de lujuria y eso me provoca una sensación muy gratificante. Me sentía deseada. Cosa que realmente no me preocupaba pues tengo novio y con él me basta, pero no podía evitar sentir algo con las miradas de los demás hombres.

Cuando le confesé esto a mi novio, su reacción fue una mezcla de celos y excitación que lo llevo a proponerme probar mis técnicas de seducción bailando para provocar a otro hombre en un antro, ya que a él le gusta mucho verme bailar y a mí me encanta hacerlo, además el desde hace mucho tiene la fantasía de verme haciéndolo con otro, cosa que no quiere hacer más que en su imaginación, igual que yo no quiero cumplir mi fantasía de hacerlo con un desconocido, por más que me excite, pues solo le pertenezco a mi novio y eso me encanta , además de que me daría mucho miedo hacerlo.

Entre miedo, morbo y excitación, decidimos intentarlo una noche, y para la ocasión el me pidió que me vistiera de lo más provocativa, me hizo ponerme un vestido exageradamente corto de un color rojo brillante, con un escote muy pronunciado y gran parte de la espalda descubierta, con unos tacones altos que acentuaban aún más mi bien formado trasero y mis piernas largas, me maquille un poco más provocativa que de costumbre sin ser vulgar y salimos a la fiesta.

Al llegar al antro mi novio me soltó la mano, sin apartarse de mí, como dejándome libre para empezar seducir a quien quisiera pero sin perderme para continuar cuidándome, cosa que me hizo sentir muy bien. Desde ese momento yo ya había empezado a sentir las miradas de varios hombres sobre mí. Mi vestido resulto muy eficiente pues hasta podía sentir la envidia de algunas mujeres que sabían que no lucirían tan bien en un vestido así. Entonces empezó el ambiente, tras unos cuantos tragos yo estaba muy enfiestada y como ya había notado la mirada de más de un par de tipos sobre mí, esto me motivó a subir el calor de mis movimientos.

Mi novio estaba como a dos metros de mí, solo moviéndose un poco para pasar desapercibido mientras cuidaba de mí, cuando un tipo alto de piel clara, cabello oscuro, con un cuerpo bastante bien trabajado que se dibujaba sobre una camisa verde justo a la medida y unos vaqueros ajustados, se acerca a bailar conmigo suelto pero con mucho contacto.

El tipo me pregunto si venia sola, le dije que venía con mi novio pero que a él no se le daba muy bien el baile y prefería verme a mi hacerlo, que de hecho le gustaba mucho verme bailar. A lo que él respondió “¡perfecto, entonces a disfrutar todos!”. Yo estaba bailando como nunca, aun podía sentir la mirada de otros hombres fija en mí, y eso me impulsaba a exagerar aún más mis movimientos, me sentía tan sexy que hasta yo tocaba mi cuerpo, mi cabello y mi cara con lujuria cada vez más cerca de mi compañero.

Entonces pude sentir como acomodaba su muslo entre los míos… se movía muy bien, casi como si fuera gay, pero su cara varonil, la forma en que me miraba con sus ojos claros y el bulto que empecé a sentir cada vez que se pegaba a mí en su baile, hizo que empezara a descartar esa teoría.

No lo pude evitar y me deje llevar un poco más, él puso su mano en mi espalda y comenzó a bajar a mis nalgas, me asuste y volteé a ver a mi novio, el cual había notado esto y me buscaba con la mirada como para saber si aprobaba eso o era momento de tomar medidas, pero pude ver en el esa cara de lujuria y excitación que solo yo le puedo provocar, mezclados con unos celos que sé que lo tenían luchando, y mientras luchaba su erección crecía más, mientras que yo al verlo celoso me puse aún más caliente pues sabía que en parte lo estaba disfrutando. Yo le sonreí como diciéndole que estaba bien, saber que estaba cuidando todo detalle me hizo perder el miedo, y de repente solo pude sentir excitación, así continúe bailando. Después de algunas canciones las caricias empezaron a pasar por mis muslos, y yo acariciaba sus fuertes brazos, su espalda y su abdomen… cuando me habla al oído con una voz grabe y suave, y me dice que si quiero ir a otro lugar.

En ese momento olvide el miedo, estaba tan excitada con sus caricias y su baile, que lo único en lo que pude pensar era en la fantasía de mi novio y la mía haciéndose realidad, pero no quería hacerlo sin consultárselo, así que fui hacia él y le dije lo que me había propuesto. El me preguntó que si que era lo que yo quería hacer, a lo que le respondí “lo que tú quieras”, él me sonrió y me dijo, está bien, pero no me apartare de ti ni un instante, yo estaré presente cuidándote y contemplándote. Le sonreí y regrese entusiasmada a la pista de baile, el chico estaba esperándome junto con un grupo de gente que parecían ser sus amigos, le toque el hombro y lo aparte. Le dije que la condición era que estuviera mi novio conmigo todo el tiempo, que él estaba de acuerdo con esto y no participaría, solo estaría para cuidarme. Después de una explicación un poco más larga que esa el tipo lo entendió y accedió sin mucho rodeo.

Salimos del antro y nos separamos, yo y mi novio seguimos su carro a su departamento. Era un departamento pequeño pero muy bonito y limpio, el lugar lo compartía con otros estudiantes pero estarían encerrados en sus cuartos, así que nos hizo pasar al suyo, cerró la puerta y sin más me tomo la cabeza con delicadeza y me dio un largo beso con los labios abiertos, bajó sus manos a mis hombros para después recorrer mi espalda, donde se encontró con el cierre de mi vestido, lo bajó mientras sus besos seguían la misma tendencia hacia el sur, alternando entre mordiscos y besos en mi cuello y hombros. De repente mi vestido ya había caído al suelo, y sus manos estaban desabrochando mi sostén.

De pronto me tenía con mis piernas oprimidas con el borde de su cama… como indicándome que me acostara, antes de ceder yo me acerque a mi novio que estaba recargado en la pared observándolo todo, le tome la mano le di un beso dulce en los labios… lo mire como buscando nuevamente una aprobación, el sonrió y entendí que todo estaba bien… me aleje lentamente de él estirando la mano que le había tomado… hasta que lo solté y me acosté en la cama para recibir al otro hombre. El cual se puso sobre mí, estiro mis brazos, me tomo de las manos y empezó a besar todo mi cuerpo. Yo me retorcía de placer cuando se levantó de la cama para buscar el condón, entonces yo no pude evitar mirar a mi novio sonriéndole enamorada como el primer día, y a la vez excitada como nunca, sin pensarlo estaba mordiendo mis labios inferiores de lo ansiosa que estaba por sentir a un desconocido dentro de mí y pude ver en la cara de mi novio una mescla de celos, morbo y lujuria que le estaban causando que las rodillas le empezaran a temblar de la excitación, el bulto en su pantalón quería encontrar una salida.

Mi mirada ahora estaba fija en algo igual de sorprendente para mí, que era el cuerpo del joven desconocido, si creía que con ropa se veía bien, desnudo era mucho mejor, su pene estaba tan erecto que casi apuntaba al cielo con el tamaño más generoso que yo haya visto jamás, nunca me había sentido así después de ver uno, desde que lo vi solo quise tragármelo quería sentirlo saborearlo y llevarlo a tantos orgasmos que lo dejaría completamente vacío de la última gota de semen. En ese momento casi le pido hacérmelo sin condón para sentir su piel, pero por suerte mi novio estaba ahí para evitar que hiciera algo de lo que después me pudiera arrepentir.

Me baje de la cama y me puse de rodillas frente a él, no me quede con las ganas de metérmelo en la boca para saborearlo, aunque por su tamaño fue bastante difícil y creo que solo pude llegar hasta la mitad cuando ya estaba teniendo arcadas, así que continué lamiendo y besando sus enormes testículos como una perra bebiendo agua, mientras lo miraba fijamente a los ojos y el acariciaba mi cabello. El ya no resistió más y me levanto con sus enormes brazos y me recostó en la cama. Mi novio le recordó que usara condón, el chico obedeció colocándoselo desesperadamente.

Después de restregar su miembro por fuera de mi vagina por un tiempo mientras me acariciaba los pechos, me lo metió completo de un solo golpe y no pude evitar gritar. El dolor que me produjo me distrajo de sus palabras con las que elogiaba mi cuerpo y mi forma de bailar, solo escuchaba palabras pero no podía concentrarme en las oraciones, era el dolor más placentero que hubiera sentido en mi vagina. El dolor fue desapareciendo y solo sentí placer, y un libido desbordante por la situación. Después de un suave y prolongado comienzo, el tipo me cambió de posición, me puso en cuatro al borde de la cama, mirando hacia donde estaba mi novio y me la metió de nuevo con la misma agresión que la primera vez pero ya no había dolor. Mi novio se acercó a mí y me beso en la frente mientras se tocaba su miembro que estaba justo en frente de mi cara. Empezó a masturbarse viéndome disfrutar, y de vez en vez cortaba el ritmo para evitar eyacular (lo notaba por sus caras) y se detenía para acariciarme y besarme mientras el desconocido me cogía como animal. Mi novio me decía que me amaba justo cuando no pudo retener su eyaculación que fue casi inmediata desde que empezó a tocarse, y a partir de ahí se dedicó únicamente a contemplarme y acariciarme, hasta que yo también arremetí en un fuerte orgasmo que me saco un fuerte grito que seguro hasta los vecinos pudieron escuchar.

Sin darme cuenta mi orgasmo llego cuando mientras yo estaba tomada de las manos de mi novio, apretándolo muy fuerte. El tipo continuo por al menos 10 minutos más, en los cuales me provoco 3 orgasmos de los cuales dos llegaron juntos de golpe al final y me dejaron completamente tirada con mi trasero levantado ligeramente por unas almohadas que en algún momento él había colocado. Al verme rendida y notar que estaba más que satisfecha, el tipo saco su enorme miembro de mi dilatada vagina, se quitó el condón y liberó un largo orgasmo que baño de su semen mi espalda escurriendo por en medio de mis nalgas. Acabo rendido acostado sobre mi espalda sudada de tanto placer.

Al poco tiempo el tipo se apartó, y nos dijo que nos daría un tiempo mientras iba a darse un baño. Lo cual me pareció de lo más prudente. Después de un rato de estar acostada de lado, casi inconsciente, con los ojos cerrados disfrutando de las secuelas del sexo, sentí el cuerpo de mi novio que se había acostado junto a mí, abrazándome desde atrás, comenzó a besar mi espalda, y sus brazos me rodearon, me volteé para mirarlo a los ojos, y con un tono dulce me pregunto si me había gustado, yo le respondí con la cabeza llena, pues de golpe me llego toda la vergüenza, y él me dio un beso en la frente, me contestó con un “qué bueno mi amor”, a mí me gustó mucho verte disfrutar.

Nos levantamos de la cama, me ayudo a cambiarme y salimos del cuarto, al salir nos encontramos al chico en la cocina tomando agua… nos ofreció un vaso, le agradecimos por la noche y nos fuimos.

El camino a casa no fue largo, pero el silencio daba la idea de que lo era, empecé a preocuparme, pero cuando llegamos, el solo se acostó en la cama conmigo y me dijo que todo estaba bien y me pidió que le contara con detalle todo lo que había sentido y pensado desde que entramos al antro, mientras le contaba notaba como aunque fingía estar relajado su excitación volvía a llevarlo al límite, cuando lo noté le toque su bulto y bromee con él, le dije que era un pervertido, pero que me encantaba. Me dijo que si yo quería lo volveríamos a hacer. Sonreí y él empezó a desnudarme mientras me comía a besos para hacerme el amor, como solo él sabe que me encanta.

Al terminar nos quedamos dormidos abrazados y el día siguiente comenzó tan bien como este terminó.

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Baile en lo del amigo de mi novia…

Hola a todos los lectores, esta historia que les voy a contar es real, sucedió el fin de semana pasado…

En primer lugar cabe describirnos a mi y a mi novia, yo soy un tipo alto, normal en aspectos físicos, simpático, tranquilo 19 años. Ella es más baja que yo (1.67) es delgada, rubia y de ojos celestes, con una figura hermosa, y unos pechos considerables y 18 añitos. El hecho de que mi novia tenga un cuerpo tan increíble, siempre atrae comentarios y miradas cuando salgo con ella, la quieren cargar, etc. Esto siempre me ha molestado, pero bueno, ella siempre me dijo que lo tomara como un elogio, ya que ella era mía y de nadie más…Si, claro…

Un día, un amigo de ella nos invitó a su casa ya que hacía una fiesta, a lo que accedimos contentos. Llegada la noche,  ella estaba vestida con una camiseta blanca muy ajustada ( que en combinación con esas tetas era un abuso a la mirada ) y una calza de cuero negra, abajo unos tacos altos y brillo labial, estaba hecha una zorra. Llegamos a la casa y para mi sorpresa ella era la única mujer de la fiesta, los demás eran amigos suyos, que demás está decir que al entrar todos los ojos del lugar fueron a parar a su figura, tan rica y llena de curvas. Esa calza le levantaba las nalgas de una manera increible, estaba para partirla ahí mismo…

Destapadas las botellas, sonando la música, la gente bailando. Empecé bailando con ella, pero al rato ya me habían pedido que la prestara para bailar, a lo que dije que sí, no iba a ser tan egoísta no?

Yo me fui a tomar algo a los sillones, mientras ella bailaba con el grupo, vi como su culo se pegaba a todos ellos, bailaban muy apretados, el lugar era chico y hacía mucho calor. La perdí de vista un momento, fui al baño.

Cuando volví ella estaba bailando de forma muy sexy, con un tipo adelante de ella, y uno atrás, el de atrás la estaba pasando más que bien ni que hablar, refregando su paquete en ella, lo cual a mi me dio un enojo increible. Enseguida la agarré y le dije que carajo estaba haciendo:

-Basta amor, no va a pasar nada, relajate y toma unos tragos, es un baile, que querés que haga que baile a dos metros de lejos de ellos??

-Ok. pero no te sobrepases mucho…

Demás está explicar que la situación me calentaba de sobremanera, ver a mi novia, siendo deseada, ver como se la devoraban con la mirada, sus pechos rebotando con la música, su colita brillante y paradita, estaba adentro de una película…

Luego de tomar unos tragos, ya estaba medio borracho yo, me recosté en el sillón, y vi como bailaba con el dueño de casa, este le agarraba las nalgas  con violencia, sin verguenza alguna de que yo estuviera ahí para mi sorpresa, y la apretaba contra su bulto, que ya no estaba para nada disimulado. Yo seguía tomando, y ya estaba derramado sobre el sillón.

En eso se aproxima otro tipo por atrás, y apolla su paquete en las nalgas de mi novia, a lo que esta responde resfregándole el culo. Buena zorra mi novia eh? el anfitrión ya estaba sobando las tetas de mi novia sin preocupaciones, mientras le comía la boca de un beso, escucho que ella me dice a la distancia:

-Mi amor perdoname por lo que va a pasar pero no puedo más, vas a ser un buen cornudo hoy!

Yo no entendía nada, estaba súper borracho, viendo como se apretaban a mi novia de a unos cuantos, a ella con una cara de gozo indescriptible, ya casi gimiendo.

A decir verdad siempre pensé que esto terminaría así, esos tipos siempre hablaban por chat con ella, de forma muy cariñosa, lo cual me daba curiosidad, ella respondía de la misma forma, pero nunca le dí importancia, mi novia siempre fue muy provocativa, y aunque no deseara serlo, su figura ya lo es de por sí, es irresistible, provoca erecciones por donde va…

Ya le habían quitado la camiseta, y todos iban bailando con ella por turno, manoseándole el culo, metiendo mano en sus tetas, acariciándola, besándola, y yo ahí tirado como un boludo. En eso un tipo le baja la calza y le empieza a acariciar la concha por encima de su tanga blanca, la cual estaba empapada por supuesto, ella comenzó a gritar mi nombre y a pedir perdón, pero explicaba que no podía más, a esto los tipos le decían que se callara, que la iban a dejar bien satisfecha, que era una puta tremenda, y además hacían algún que otro chiste sobre mi.

Todo sucedió rapidísimo, la música a todo volúmen, ellos bailando, mi novia derritiéndose por su conejo, y el tipo que estaba detrás de ella, bajándole la tanga, casi arrancándola, y al mismo tiempo sacaba una verga gigante, la cual introduce de una en mi novia. La empezó a cojer bien fuerte, ella gritaba, mientras sudaba, y a su vez recostaba sus pechos en el que estaba adelante de ella, mientras le daba un fuerte beso.

Este mismo hombre sacó su verga, y mi novia bajando poco a poco se la comenzó a mamar, los que estaban a su alrededor hicieron lo mismo, y ella iba agarrando cuanta chota podía, y las pajeaba, mientras gemía tan fuerte que se podía escuchar casi al son de la música.

Yo ya estaba dormido,  no sabía nada de lo que estaba pasando, ella siguió cogiendo con sus “amigos” toda la noche, se la montaron, les chupó la verga a todos uno por uno, con esa lengua tan roja y tan mojada que ella tiene

Todos tocaron sus tetas, las amasaron , jugaron con ellas… Sus nalgas tan hermosas y llenas de carne fueron objeto de besos, mordidas , lenguetadas, manoseos, etc, durante el acto. Ella fue una auténtica puta, se folló a todos sus amigos con gran deseo, me hizo unos cuernos gigantes a mi, y yo enfrente de ellos, con el calzón lleno de leche, excitadísimo, y sin entender porqué…

Cómo se todo esto?

Al día siguiente nos fuimos, yo saludé a todos, con un poco de verguenza, pero los saludé, y en el auto le pedí que me contara absolutamente todo, le dije que estaba todo bien, pero que tenía que saber cuanto antes que había pasado…

Me dijo todo con lujo de detalles, me contó como llenaron de leche sus tetas, su concha, su culo, su boca… Como su amigo, el que nos invitó , la ayudó a bañarse luego de eso mientras se daban un polvo entre ellos… cuando estaba terminando de contarme pudo notar mi bulto lleno de sangre, tremendamente erecto… y con cara incrédula me preguntó: Te excita todo esto??

yo le respondí que no podía más de las ganas de cojerla, a lo que me dijo que parara el auto a un lado de la autopista.

FIN

Espero les haya gustado, es mi primer cuento, comenten!!!!

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Primera cita con Paola

Ella comienza a chupármelo con más ganas, con las piernas abiertas me está dando una de las mamadas más ricas que me habían dado,  con parte de mi miembro en su boca se detiene y me mira fijamente a los ojos y comienza a moverse lentamente sintiendo como parte de mis jugos están en su boca mientras los saborea, se lo saca de la boca y comienza a masajearlo con las manos.

Ella se llama Paola, tiene 24 años de edad, buen cuerpo, delgada, linda y con unos ojos que brillaban, la conocí hace tiempo a través de un amigo en común que me la presentó en una fiesta en su casa… desde que la vi ese día me gustó y decidí pedirle su número de teléfono pero no la llame hasta dos semanas después. Ella era algo tímida, educada, conservadora por lo que hablé con ella ese día. Venía de buena familia y trabaja como gerente de compras en la empresa de su familia.

El caso es que la llamé para ver en que estaba y para invitarla a cenar a un restaurante en la playa, a lo cual ella dudó en aceptar mi invitación porque no me conocía bien, pero luego de unas cuantas llamadas por teléfono y hablar un poco decidió darme la oportunidad de salir y quedamos de ir un viernes en la noche.

Cuando la pasé a buscar ella vestía un vestido corto, negro, muy sexy, que le dejaba ver sus piernas bien formadas, pegado al cuerpo y escotado por delante y en la espalda, con unas zapatillas negras, yo llevaba una camisa de salir y un pantalón de tela blanco y zapatos. En el camino todo fue formal, hablando de temas normales de la vida, de cosas cotidianas para ambientarnos un poco y llegar al restaurante.

Ya en el decidimos pedir una botella de vino, conocernos mejor en persona, hablar de la vida en general, pedir la cena y aprovechar de una buena conversación, pero que a la vez yo estaba hipnotizado con lo linda que estaba, a la vez con lo imposible que se veía tenerla a pesar de estar tan cerca.

Luego de la cena le pregunté si quería ir a una disco que estaba cerca, de bailar algo y ella me dijo que sí, que está bien y nos dirigimos hacia allá. Ya cuando llegamos y entramos estaba llena de gente, pero no conocíamos a nadie porque está algo lejos de la zona donde vivimos, bebimos un par de tragos y nos pusimos a bailar… la música era un reguetón bien suave que estaba sonando y por toda la gente que había en el sitio nos obligaba a bailar bien pegados.

Mientras bailábamos yo me pegaba más a ella y la miraba a los ojos y cada vez más bailábamos al ritmo de la música ella pegándose a mí y yo a ella con mi muslo entre sus piernas levantando un poco la falda mientras me pegaba más a ella. Así pasó el tiempo en la disco bailando mientras hacía cada vez más calor y estábamos sudando pero seguíamos ahí porque ninguno de los dos se quería ir.

Ya que estaba oscuro, y nadie nos conocía, estábamos cerca de una pared, la puse entre mi cuerpo y la pared para poder movernos mejor,  ella abrió un poco más las piernas y mi muslo, sentía el calor de su entrepierna bailando conmigo, mientras notaba como la temperatura de nuestros cuerpos iba aumentando y pude notar, por la humedad del vestido, por el calor, como sus pechos estaban duros y seguíamos bailando olvidándonos del mundo,  me decido a cambiar de posición,  voltearla y ponerla de espaldas a mi mientras me pego por atrás, mis manos acarician sus caderas, su abdomen mientras me arriesgo a besarle el cuello desde atrás donde noto un pequeño gemido, seguimos así un buen rato sintiendo el calor de nuestros cuerpos dejándose llevar.

Poco a poco mis manos se deslizan por su cintura bajando a sus muslos desnudos mientras decidimos no parar y deslizo mi otra mano de su cuello por todo su cuerpo, rozando levemente sus pechos, sintiendo su dureza, bajando por su abdomen hasta detenerme en la parte baja dejando mis manos ahí y ella sintiendo mi dureza desde atrás pero sin querer despegarse de mí, poco a poco la mano que acaricia sus muslos va acariciando poco a poco el interior de sus muslos sintiendo el calor de su entrepierna pero sin llegar a tocarla… y así nos quedamos un buen rato hasta que le doy nuevamente la vuelta y la pego a mi dándole un beso sin despegarnos por un buen tiempo.

Acaba la canción nos miramos y le digo que nos vayamos de ese lugar y ella acepta…

Así que la tomo de las manos y me la llevo del lugar, nos metemos en el carro y ella trata de decirme entre excitación y culpa que eso no estaba bien, que ella no es así, yo la interrumpo besándola en los labios y ella trata de pararlo pero la excitación le gana a la culpa y seguimos besándonos en el carro y donde cada vez mis manos buscan su cuerpo y mi boca su cuello, ella trata de impedirlo pero parte de ella quiere seguir, yo en el auto sigo desnudando su cuerpo y bajando de su cuello a su pecho el cual era de buen tamaño y firme, comienzo a besarlo poco a poco sintiendo la dureza de sus pezones y como se ponen cada vez que sentía el aliento de mi boca…

Yo cada vez más caliente comienzo a chuparle los pechos con muchas ganas… mientras le miro a la cara de excitación y a la vez no creer que eso estaba pasando, pero sin poder parar… Sigo así un buen rato y seguimos besándonos ya ella con sus pechos desnudos tomo una de sus y la acerco a mi cuerpo mi pecho el cual ella no se atrevía a tocar…no sé si por tímida o por poca experiencia pero sigo ayudándola a tocarme bajando poco a poco por mi cuerpo mi abdomen… hasta ponerla por encima de mi pantalón donde ella me siente bien duro….ella trata de quitar la mano y yo con un poco de fuerza insisto en que la deje ahí… ella tímidamente comienza a acariciarme por encima del pantalón mientras yo busco su boca con mis labios y comienzo a besarla… y sin darse cuenta ella ya estaba masajeando mi entrepierna sola…

Yo decido desabrochar mi pantalón y sacármela del pantalón a lo cual ella dice que no, que ya está bueno, que nos vayamos de ahí que estamos en un parqueo, yo no le hago mucho caso y sigo besando su cuello, ella no se atrevía a mirar mi entrepierna dura y caliente … al parecer por vergüenza de lo que pasaba y yo comienzo a besarle el cuello poco a poco, bordeando su cuello con besos separo su cabello y paso a su nunca poniéndola en una posición de tener que inclinar la cabeza hacia abajo para ver mi entrepierna dura con la cual aun masajeaba suavemente con sus manos…

Poco a poco con besos y con caricias la voy bajando hasta que sin darse cuenta ya tenía mi pedazo de carne duro caliente y mojado en su boca, comiéndoselo despacio algo nerviosa pero con ganas de chuparlo…. Sintiéndolo en su boca duro caliente y mojado, sintiendo su textura y su forma.

Yo me siento en el cielo sintiendo como el calor de su boca disfruta de mí y yo de ella y suave pero con ganas, mis manos poco a poco se colocan encima de su cabeza para hacerlo con más ritmo, así duró un buen rato, donde cada vez con más ritmo, sintiendo sus gemidos, mi cuerpo se mueve al ritmo de su boca, cuando estoy a punto de venirme la levanto suavemente dándole un beso intenso en la boca, donde se siente el placer que ella tenía en esos momentos…comienzo a meterle las manos por su vestido a lo cual ella frena y me dice que no, que ya estaba bueno, le digo para ir a un cuarto de hotel en la playa y ella dice que está bien pero que ahí no, en el camino las ganas son muchas y no perdemos tiempo en llegar.

Ya allí la pego a una pared besando su cuello, sintiendo todo su cuerpo en mis manos mientras ella corresponde besándome de la misma manera, suave pero con ganas, mis manos poco a poco acarician todo su cuerpo mientras ella me pega a la pared con ganas, me mira a los ojos y comienza a besarme la boca bajando por mi cuello, se pega a mí y va desabrochando mi camisa poco a poco con sus manos mientras sus labios me van besando y bajando de mi cuello a mi pecho, besando mis pezones, deslizándose hacia abajo y besando mi abdomen, voy sintiendo como el calor de su boca me tiene a mil y sigue bajando mientras nos miramos a los ojos, acariciándome por encima del pantalón que ya está dura y grande nuevamente…

Lo va desabrochando poco a poco hasta que a sacarme mi miembro del pantalón y ella comienza a chupármelo nuevamente con más ganas,  apoyándose en sus zapatillas altas, con las piernas abiertas me está dando una de las mamadas más ricas que me habían dado, mientras que con parte de mi miembro en su boca se detiene y me mira fijamente a los ojos y comienza a moverse lentamente, sintiendo como parte de mis jugos están en su boca mientras los saborea, se lo saca de la boca y comienza a masajearlo con las manos…

Decido levantarla y comenzar a besarla con ganas, dedicarle parte a ella, dándole caricias mientras bajo por su cuello desnudando su cuerpo poco a poco, quitando los tirantes de su vestido, besando sus pechos, sintiendo sus pezones duros con ganas de ser besados, mientras ella siente mi aliento caliente en ellos y mis labios comienzan a besarlos, sentirlos, comerlos, disfrutar de ellos mientras mi otra mano acaricia su cuerpo bajando y subiendo, sintiendo sus pechos, otro pecho deseando ser besado. 

Sigo bajando por su abdomen sintiendo su abdomen en mis labios mientras me pongo de rodillas y comienzo a besarle las piernas, levanto una de ellas y comienzo a besar sus pantorrillas de marfil subiendo poco a poco por ellas, besando sus rodillas mientras sigo subiendo por sus muslos, ella va sintiendo el calor de mi boca cerca de su entrepierna pidiendo que la besen, comienzo a comérsela despacio con ganas… siento como su cuerpo se mueve al ritmo de mis labios y sus gemidos son cada vez más fuertes pidiéndome que no pare y que siga. Yo no me detengo y sigo cada vez más intenso sintiéndola con más ganas cada vez, hasta que comienza a venirse, casi perdiendo el equilibrio y me pongo de pie…

Seguimos besándonos pero yo tengo más ganas y veo la mesa que hay ahí y la llevo a la mesa con besos,  casi desnuda, la pongo de espaldas a mi inclinándose en la mesa y desde atrás comienzo a hacerle el amor, ella me siente duro y caliente mientras cada vez con más ganas comienzo a moverme y ella a gemir nuevamente con ganas de correrse junto conmigo, así pasa un buen tiempo hasta que junto con ella terminamos en un fuerte orgasmo.

Cogemos casi sin poder movernos, nos tiramos a la cama con besos y caricias a quitarnos la ropa lentamente y a hacer el amor con las pocas fuerzas que nos quedaban, lo hacemos lentamente… con pasión… con ganas de sentir nuestros cuerpos, donde con un orgasmo lento pero intenso terminamos los dos sin fuerzas y dormidos, abrazándonos…

Continuara…

Autor: Escritor

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Amelia

Amelia cerró las piernas dejando mi pene totalmente aprisionado entre sus piernas, entre el calor de su concha y la humedad de sus flujos por la excitación mi pene podía moverse a lo largo de su sexo, frotando con mi pene sus labios e imitando el movimiento de la penetración. Era una sensación indescriptible, los dos sumergidos en nuestro mundo de lujuria, rodeados de toda esa gente.

Amelia es una mujer que he conocido en mi ciudad, en la ciudad donde ahora resido. Ella es una mujer mayor que yo, tiene 36 años y yo tengo 27. Es una mujer guapa, imponente, que levanta pasiones allá por donde pasa. Todo comenzó un año en el que yo trabajaba de camarero en una piscina de la ciudad. Era una piscina municipal y allí iba bastante gente para darse sus baños, tomar sus clases de natación, leer algún libro con la música de fondo y también para tomarse alguna copa mientras el calor sofocante imponía el ritmo del verano. Amelia siempre venía con su grupo de amigas, entre las cuáles se encontraba mi jefa. Todas las tardes se juntaban en la terraza para jugar unas partidas al parchís, tomarse sus cafés, alguna que otra copa para rebajar la comida, un poco de charla y también para que sus hijos e hijas se bañaran.

Al principio la relación era muy normalita, un hola, un hasta luego, cosas de ese estilo. Pero el hecho de vernos todos los días en la piscina hizo que entre todos se hiciera una amistad muy sana y bonita. Yo al principio no me había fijado en ella para nada, puesto que era una mujer casada, mayor que yo y con una hija, aunque siempre tenía en cuenta que era muy hermosa y con un cuerpo bastante bonito. Así que cuanto más nos íbamos conociendo más me fijaba en ella, sin querer me quedaba embobado mirándola jugar con sus amigas, hablaba con ella en cuanto tenía ocasión, nos reíamos e incluso empecé a jugar con ellas en sus habituales partidas mientras que mi compañero me hacía el turno y aprovechando que no había demasiada gente a la hora que llegaban.

La chispa saltó el día que cerrábamos la piscina, puesto que todas las amigas se tomaron unas copas de más y esa alegría les hizo meterse en el agua y quitarse a todas el bikini, cosa que a todos los presentes (amigos de las mujeres y los empleados) nos hizo ponernos bastante nerviosos y excitados. Así pues, una vez que se salieron de la piscina con sus bañadores puestos otra vez, fueron detrás de todos para irnos metiendo uno por uno en el agua. Como es normal, yo no me dejé coger de primeras, para darle un poco de emoción y hacer el juego más excitante, pero en cuanto vi que ellas ya perdían el interés me dejé coger y me llevaron hasta el borde de la piscina. Justo en ese momento Amelia, sin previo aviso, saltó encima de mí, por la parte de delante y se situó con sus hermosas piernas alrededor de mi cintura, sintiendo yo el contacto de su piel en la mía y notando un ligero roce entre su sexo y el mío, cosa que hizo despertar el miembro que tenía dormido hasta ese momento. Al notar como crecía mi miembro me tiré yo rápidamente a la piscina para que ninguna de las mujeres presentes lo notase. Claro está que Amelia sí que llegó a notar ese hecho, puesto que una vez que caímos al agua se mantuvo un poco de tiempo más abrazada a mí sumergidos.

Está claro que toda esta situación debió de durar unos 5 segundos, pero me dio la sensación de que se trataba de horas. Aún cuando lo recuerdo me parece que estuve muchísimo tiempo abrazado a ella. Al final todo quedó así aquella tarde y cada uno siguió haciendo su vida como si todo aquello no hubiera pasado, pero yo tenía muy claro que eso había ocurrido y que posiblemente nunca lo podría olvidar, o por lo menos a medio plazo no lo olvidaría.

Pasaron los días y las semanas y aquello se iba quedando como un recuerdo, hasta que una noche la chispa volvió a saltar. Era un sábado noche, yo estaba con los amigos de fiesta, como casi todos los fines de semana. Iba un poco pasado de copas y la euforia me podía, por lo que estaba todo el rato bailando, charlando y divirtiéndome. Una de estas veces que me puse a bailar me di cuenta que justo de espaldas a mi estaba Amelia, vestida con una falda azul clara que le llegaba unos 7 dedos por encima de la rodilla. Una de esas faldas con vuelo, que no son ajustadas, sino que cuando bailas y das una vuelta algo rápido se ve todo, también llevaba una camisa blanca y unos zapatos de tacón. Pues bien, me acerqué a ella por la espalda haciendo como que no la había visto, y justo cuando pasé a su altura mi mano recorrió justo por la parte de arriba donde termina la falda, rozando su espalda de una manera sutil y muy suave.

Este ligero roce hizo que le corriera un escalofrío, porque inmediatamente se dio la vuelta para ver quien había hecho eso, con una cara algo descompuesta debido a la sensación y sorpresa del acto. Justo cuando se dio cuenta de que el culpable de esa agradable sensación había sido yo, esbozó una gran sonrisa a la cual no respondí con otra. Me cogió del brazo, nos dimos un par de besos y nos pusimos a charlar sobre el tiempo que llevábamos sin vernos y de la ilusión que nos hacía ese encuentro. Le pregunté por su marido y me dijo que estaba en la barra, con sus amigos tomándose unas copas y que ella estaba con sus amigas bailando un rato. Al final me despedí de ella y me a la barra donde estaban mis amigos y a pedirme otra copa.

Yo me había quedado un poco alterado por su reacción cuando le pasé la mano y la agradable conversación, cosa que hizo aflorar nuevamente todos aquellos sentimientos y sensaciones que despertó esa tarde en la piscina, así que cuando llevaba medio cubata volví a salir a la pista de baile. Tengo que decir que esa noche había mucha gente bailando debido a que eran las fiestas del barrio, por lo que me costó una barbaridad conseguir llegar hasta ella, aparte de que en ese momento estaban poniendo una de las canciones del verano y todas las mujeres salieron a bailarla. Después de un gran esfuerzo conseguí volver a ponerme detrás de ella, al principio sin hacerle caso para ver si ella se daba la vuelta y me veía, pero ella bastante tenía con esquivar los codazos y pisotones de toda la gente que bailaba. Al final, toda esa multitud hizo que quedáramos unos enfrente del otro. Nos miramos a los ojos y sin decir nada nos dejamos llevar por el movimiento de la masa de gente y empezamos a bailar. La verdad es que no hablamos nada en esos 3 minutos de canción, pero nuestros ojos estaban fijos los unos en los otros y de vez en cuando dejábamos escapar una ligera sonrisa debido a lo excitante de la situación.

En el momento en que terminó la canción una de sus amigas le trajo una copa y ella se dio la vuelta y se puso a charlar con ella. Yo no podía dejar de mirarla y estaba deseando poseerla, no sabía cuanto tiempo más podría aguantar sin tocarla. La medio borrachera que llevaba actuó por mí, así que me puse justo detrás de ella, espalda con espalda, y de forma disimula puse mi mano sobre su culo, de forma muy sutil. Tengo que decir, que en la pista de baile de esa discoteca las luces son muy tenues, por lo que no se ve muy bien dentro de la pista, lo cual no quita que se pueda ver todo si pones atención en ello.

Ella torció la cabeza para ver quien era y yo hice lo mismo para ver su reacción, pero al ver mi cara y saber que era mi mano, reculó un poco más hacia mí y siguió charlando con su amiga. Ahora tenía la mano metida entre su culo y el mío y podía notar toda su nalga en la palma de mi mano. Apreté con fuerza mi mano para agarrar esas nalgas que me volvían loco y aproveché para darme la vuelta.

Una vez en esa posición y con mi mano todavía enganchada en su mollete, mi otra mano se posó en el otro mollete de su culo. Ahora la tenía cogida de sus dos nalgas y me encontraba totalmente excitado. Esa situación de morbo de que alguien pueda llegar a descubrirte, el hecho de que su marido estuviera en la barra, la cual no podía ver por la cantidad de gente que estaba en la pista de baile y, también, el hecho de que ella me dejara hacer provocó en mi que dejara escapar mis instintos más animales. La gente seguía bailando y yo estaba ya pegado a su culo completamente. Entre su culo y yo no cabía un folio. Mi sexo estaba que se salía casi por encima del pantalón, en mi vida me había notado mi polla tan grande y gorda, parecía a punto de explotar. Así que aproveché para bajar un poco más mi mano y rozar sus muslos por la parte de atrás, notando esa piel suave y tersa, un poco húmeda por el calor de la gente. Coloqué mi miembro justo entre sus dos nalgas para que ella lo notara, ella me movió ligeramente al notar eso y creo que estuvo a punto de huir, hasta que notó como subía la mano que tenía por detrás, hasta llegar por debajo de su falta justo hasta donde empiezan sus nalgas.

Ahí ella dejó de poner la leve resistencia que me dio a entender un segundo antes. Con mis dedos intentaba encontrar el inicio de sus bragas, pero no lo encontraba, subí un poco más para ver si llegaba hasta su tanga, pero tampoco lo encontraba, así que seguí subiendo un poco más la mano hasta que mis dedos tocaron su vagina. Ella había abierto un poco sus piernas para sentir mejor mi miembro justo apoyado entre su culo y mi mano jugando en la entrada de su tesoro.

Mis dedos empezaron a pasar a lo largo de sus labios vaginales. Ella se mojaba por momentos, incluso me llegó a parecer que se estaba meando, pero era demasiado espeso para ser orina. Su amiga se había ido hacia la barra hacía un rato, pero yo me acababa de dar cuenta, y con todo lo que estaba pasando estábamos justo al lado de una viga que hay en mitad de la pista. Mi espalda chocó contra la viga y dejamos de movernos por un segundo. Yo estaba que no podía más, si no me sacaba la polla esta me iba a reventar dentro. Así que desabroché los botones de mi pantalón y saqué mi pene, siempre tapado por las faldas de Amelia. Ella notaba que yo no hacía nada, así que se pensó que todo había terminado y se disponía a andar fuera de la pista de baile, cuando yo la cogí suavemente de la cintura con la mano izquierda, mientras que con la derecha le levantaba la falda justo hasta la altura de mi polla.

Así, mientras que ella reculaba un poco debido a que yo la sujetaba, de una forma rápida puse mi pene en el hueco de sus piernas. Ella se llevó un gran susto, pues no se esperaba que yo hiciera eso, pero yo la seguía sujetando de la cintura y se abandonó a lo que pasara. Amelia cerró las piernas de repente, dejando mi pene totalmente aprisionado entre sus piernas, y entre el calor de su concha y la humedad de sus flujos por la excitación mi pene podía moverse a lo largo de su sexo, frotando con mi pene sus labios e imitando el movimiento de la penetración.

Era una sensación indescriptible, los dos sumergidos en nuestro mundo de pasión y lujuria, rodeados de toda esa gente, algunos conocidos y otros no, con la música a toda pastilla, el calor, el sexo por nuestras venas…, era un cúmulo de cosas que hacían que nos excitáramos de sobremanera. El ritmo de nuestra pseudo-penetración era cada vez más frenético, yo creía que iba a poder aguantar un par de minutos más, pero de repente ella frenó en seco, noté que se ponía muy tensa y que abría un poco las piernas como para que yo sacara de ahí mi pene, pero no me dio tiempo a reaccionar a la situación. Justo enfrente nuestro vi acercarse a su marido, con un cubata en la mano y con una borrachera bastante considerable. Debido a la cantidad de gente que había o la chispa que llevaba no se fijó demasiado en mí, más bien miró a su mujer por encima del hombro y vio mi cara detrás, pero al lado de la mía había un par de cabezas más de la gente que estaba bailando.

El marido se puso delante de ella a bailar y hacer tonterías al ritmo de la música, pero mientras que asimilaba toda la situación, me di cuenta de que yo todavía tenía mi pene entre sus piernas y que mi erección no se había bajado del todo, más bien seguía prácticamente igual que antes. Así que en ese momento, en vez de echarme hacia atrás y salir de allí, lo que hice fue todo lo contrario, empecé a moverme lentamente detrás de Amelia, restregando nuevamente mi pene con su vagina, ella tensa del todo que no sabía que hacer, al principio quieta del todo y con su cara pálida, pero al cabo de unos segundos ella empieza un ligero vaivén, siguiendo el ritmo de la música y sin perder de vista los ojos de su marido. En ese momento ella pega un par de saltitos, como siguiendo el compás de la música y justo en ese momento y debido a mi tremenda erección, cuando cae en ese segundo saltito y deja caer su peso sobre mi miembro, la cabeza de éste se entierra en su vagina. Esto hace que yo me tenga que agachar un poquito más.

Ella cuando lo nota, vuelve a dar otro pequeño saltito, no sé si para que saliera mi punta o para que entrara más, pero al estar mi miembro tan erecto y con la punta ya introducida, lo que consigue al caer otra vez es que mi miembro se introduzca mucho más y yo me tenga que agachar un poquito más. Ya no había marcha atrás, mi miembro estaba dentro de ella, su vagina lo había asimilado perfectamente al estar tan mojada por los juegos anteriores y ahora no podría de dar más saltitos.

Gracias a la viga no me caí al suelo, puesto que la sensación que estaba experimentando, ese placer tan grande que sentía casi hace que me desmaye. A cada saltito que ella daba más se metía mi pene en su vagina y más rara era mi postura. Ella dejó de saltar, se puso de puntillas y mecía su cuerpo hacia atrás y hacia delante, sin parar. Se notaba que ella estaba cerca del orgasmo, al igual que yo, porque ya no coordinaba sus movimientos y se le notaba que no iba al ritmo de la música, sino al ritmo de nuestros placeres. Su marido mientras tanto no se enteraba de nada, estaba bailando con un grupo de hombres que estaban a 3 metros de nosotros.

Yo ya no podía más, cogí a Amelia de la cintura con las dos manos con fuerza y empezamos el ritmo de meter y sacar más rápido que nunca, estábamos a punto de estallar ambos. Ella estaba con los ojos cerrados y la boca abierta, dejando escapar jadeos que eran amortiguados por el ruido que nos envolvía, pero que yo podía escuchar al estar tan pegado. Yo me encontraba prácticamente igual, ambos estábamos fuera de nosotros mismos.

En ese momento noto que ella empieza a convulsionar, a sufrir espasmos en su vagina, cosa que hace que sus labios vaginales opriman con más fuerza mi miembro y lo exprima. Ella se está corriendo y se le escapa un ligero grito, yo empiezo a correrme al mismo tiempo que ella. Noto como sus fluidos empapan mi pene y ella nota como yo la lleno de mi leche. No sé si ella soltó más o menos fluidos que yo, pero aquello era una auténtica catarata de placer. Nuestras piernas temblaban, ella se tuvo que recostar totalmente en mi cuerpo para no caerse. Yo apoyé todo mi peso en la viga para aguantar su cuerpo y el mío, ¡había sido el mejor polvo de mi vida!

Esta postura duró no más de unos minutos, hasta que ambos logramos recuperar ligeramente las fuerzas y el aliento. Cuando saqué mi miembro de su vagina una cantidad de leche y flujos de ella corrieron por sus piernas y mis pantalones. Ella se dio la vuelta, me miró a los ojos durante breves segundo, acercó su boca a mi oído y me dijo: “Gracias por lo que me has hecho, eres un cielo”.

Me dio un beso en la oreja y se fue.

Esa noche ya no la volví a ver…

Autor: Alfonso

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Ángel del deseo

Su culo apretaba y al mismo tiempo ordeñaba mi verga que comenzaba a lanzar ondas de semen al interior de su trasero. Ángel me dijo, mi amor me voy a morir de gusto, me estás quemando las extrañas. Me estás ahogando en tu semen. Y comenzó a temblar como muestra de un nuevo orgasmo. Me mantuve en su interior y mi ángel seguía teniendo orgasmos.

Desde que había hecho el amor por última vez con Erika, quien con sus 18 años era una vorágine en la cama, que no me sentía tan maravillado con una mujer como aquel fin de semana en Londres. Esta historia comienza ese viernes luego del trabajo cuando esa joven, luego que su amigo tuvo que volver apresuradamente a su casa, fue dejada prácticamente tirada en medio de ese wine bar.

Toda su humanidad irradiaba inocencia, pero no era solo esa aura juvenil lo que atraía, sino que además poseía una belleza radiante y angelical, que era imposible no dejar de notarla. Su cuerpo poseía una arquitectura humana, estructura ósea como la llaman algunos, que podía ser el sueño erótico de muchos hombres y mujeres también. Su piel era blanca y más parecía una de esas finas lozas japonesas, que infunden cuidado y temor que se van a quebrar, con solo pensar que se les va a tomar. Sus ojos eran color violeta, sus labios gruesos rojos como una rosa recién abierta en una mañana de primavera.

El cabello negro era como el azabache que hacía resplandecer más sus facciones. Sus senos desafiaban la gravedad y se mantenían erectos sin necesidad de ningún soporte. Tenía una cintura estrecha que realzaba su culo que parecía de una avispa, con unas piernas que parecían haber sido moldeadas para sostener toda esa esplendorosa belleza. Llevaba un vestido de seda negro que se deslizaba como enredaderas por todo su cuerpo al tiempo que le daba un aire electrizante de libertad de movimiento. Con todo eso la convertían en un conjunto, que despertaba la necesidad y el deseo de que hay que tocar, palpar, sentir. ¡Hola! ¿Cómo te llamas? Me atreví a preguntarle sin saber porque lo hice, sobre todo cuando en ese lugar había otras doscientas personas con una decena de hombres que ya la devoraban con la mirada. ¡Ángel!, Me dijo con una voz que parecía que venía del cielo.

Un nombre exacto para alguien que debe venir desde alguna parte muy alta en el universo, allí donde se crea la belleza. Exactamente un nombre para llamar a una persona que nos puede enseñar cómo llegar al paraíso, pensé inmediatamente. Entonces me puedes enseñar el camino a ese lugar le contesté. ¿Que lugar? Me preguntó.

Estúpido yo me dije, se me han confundido los procesos cerebrales de las comunicaciones, porque creo que estoy hablando cuando realmente estoy pensando o estoy hablando sin pensar. ¡No, con ese nombre me tienes que llevar al paraíso!, me apresure a decirle. Pero porque lo hice, fue mi inmediata reacción. Creo que estaba hechizado. ¿Deseas ir a bailar? De nuevo mi arrebato. Era como si el instinto primitivo de cazador se sobreponía a mi normal comportamiento de profesional en el medio del barrio financiero de Londres. ¡Oh si me encanta bailar!

Y ahora que hago, me dije. No esperaba que las cosas se desarrollaran con esa velocidad. Hacia menos de treinta segundos que había cruzado las primeras palabras con ella y en los próximos treinta estábamos en la calle esperando un taxi para irnos a bailar a un club latino. Antes de llegar a ese lugar había ocurrido un cambio en ese Ángel, que era una verdadera rosa inglesa.

¡No te preocupes! me dijo, una vez que nos habíamos instalado en el interior de ese tradicional taxi negro londinense. ¡Me gustan todos los hombres! ¡Adoro cuando estos me desean y tú no lo podías evitar, se te notaba demasiado! ¡Tienes toda la razón, me tenías hipnotizado!  ¡Si ya lo sé!, me respondió. ¡Eso me pasa siempre con los hombres y con algunas mujeres también! ¡Porque soy como una gata que percibe a los machos y una hembra que percibe el deseo! Además me encanta el sexo, porque me mantiene feliz. Pero a diferencia de los felinos yo estoy en celo todo el tiempo…

En ese momento me sentí como una presa a la cual tenían acorralada y mis ínfulas de cazador desaparecieron. Me tenía que rendir. A mí me parece un milagro lo que ha pasado. ¿Qué quieres decir, un milagro? Porque así como tú que dices ser periodista a mí también me gusta escribir. En ese momento desde su pequeño bolso saca un papel y me lo pasa.

“Esa noche estaba tan excitada que eso dos muchachos no eran suficiente para llenarme el cerebro de placer. A pesar que tenía sus vergas, de cerca de veinte centímetros, llenándome tanto mi vagina como el culo. Eso llevaba ya cerca de media hora. Mis orgasmos se habían repetido varias veces, pero aun deseaba más.” Ese era el texto del primer párrafo de una historia que Ángel me pasó para que le diera mi opinión.

Me costaba creerlo aunque un lado de mi cerebro elucubraba, que quizás este fuera uno de esos sueños eróticos de los cuales se despierta todo mojado. Pero la lectura, el perfume y ese Ángel sentada a mi lado habían confundido aun más mis sentidos. Una cosa si estaba clara. La erección que tenía no me la quitaba nadie, sobretodo después que esas manos de largos dedos hace algunos minutos la recorrían suavemente por sobre mi pantalón, mientras leía esa historia titulada: Esclava del deseo.

Me había casado tres veces, divorciado otras tantas. Tenía varias amantes y convivía con una hermosa y ardiente mujer francesa. Pero Ángel, con veinte años, a la cual le doblaba en edad, me tenía arrinconado en ese vehículo un viernes en la noche. Al chofer del taxi por el espejo retrovisor le pude captar una sonrisa que reflejaba que percibía cual era la situación entre sus pasajeros. Momento por favor, es aquí a la vuelta, le dije al chofer al darme cuenta que ya había cruzado el río Támesis y habíamos llegado al club elegido.

Al bajar no sé si el chofer me dijo Que suerte que tiene. Expresando admiración o quizás envidia por mi compañía O que tenga suerte, queriendo decir que necesitaría mucha energía para satisfacer a esa mujer. Porque además Ángel tenía uno de esos perfumes femeninos que no solamente alteran sino alborotan todas las hormonas masculinas y el chofer del taxi también había sido afectado, al punto que después de saltar la luz roja del semáforo más cercano casi atropella a un pobre peatón. Cuando continuaba mirando por el espejo retrovisor el sensual caminar de mi ángel guardián. Todo ello me hacía dudar si era realmente un ser humano o un enviado del cielo.

Lo que sí estaba claro que era una diosa del sexo. Tan pronto comenzó a bailar conmigo en esa pista llena de parejas, en medio de la penumbra, me di cuenta que su vestido poseía una apertura en su frente y ella descaradamente bajo la cremallera de mi pantalón y se colocó mi aparato entre el matorral de su coño. No tenía ropa interior, se había apretado a mí, con movimientos de pelvis se había introducido el pene en su vagina al tiempo que me miraba a los ojos y pasándose la lengua por sus labios. De reojo trate de percibir si las parejas a mí alrededor se habían percatado de esta situación. Todos ellos estaban en su propio mundo quizás deseándose follarse entre ellos mismos.

En ese momento sentí como Ángel comenzaba a estremecerse y cerraba sus ojos. Estaba teniendo un orgasmo, sus piernas se aflojaban y tuve que agarrarla con más firmeza desde la cintura porque se estaba colocando flácida. Pero luego una pequeña sonrisa dibujaba su hermoso rostro y muestras de sudor aparecían sobre su labio superior dándole una visión mucho más erótica. Enseguida abre los ojos y me dice, gracias, lo necesitaba y se pega aun más a mí. Aun conservaba mi erección, el baile estaba por terminar ante lo cual la conduzco lentamente hacia uno de los rincones de la pista. Allí rápidamente se dio vuelta y en un solo movimiento se puso el pene entre sus nalgas luego de haberse levantado su vestido. Que por ser de seda colgaba como una cortina a ambos lados del miembro.

En ese momento coloca una de sus manos por atrás y comenzó a acariciarme desde el capullo a los huevos al tiempo que lo pasaba por el ojetillo de su ano. Una vez que lo enfiló correctamente comenzó a empujar hasta que como un guante de seda su culo fue recibiendo mi verga que ya estaba a punto de explotar. Ángel giraba su cabeza y me miraba a los ojos como una hembra poseída por el deseo y la lujuria para besarme y decirme… Métemela toda por favor que no aguanto más.

Muy pronto mis huevos chocaban con su coño mojado de jugos de amor. Su perfume me volvía loco, mi mano recorría su terso estómago y con la palma de la otra mano le acariciaba por sobre la tela del vestido sus pezones. Su culo tenía propia vida porque se movía como un río desbordado arrasando todas las energías que yo podía tener toda vez que tenía que sostenerla para que no cayera al piso.

En ese momento sentí como si en mi bajo vientre estuviera produciéndose una erupción que se iba convirtiendo en incontrolable. Su culo apretaba y al mismo tiempo ordeñaba mi verga que comenzaba a lanzar ondas de semen al interior de su trasero. Ángel me dijo, mi amor me voy a morir de gusto, me estás quemando las extrañas. Me estás ahogando en tu semen. Y comenzó a temblar como muestra de un nuevo orgasmo. Me mantuve en su interior y mi ángel seguía teniendo orgasmos y deben haber pasado otros quince minutos y otras tres canciones que fueron bailadas por las parejas en nuestra cercanía.

Creo que me he enamorado de ti, me dijo. Por lo menos para mí tú eres mi amor de este momento y así te recordaré por siempre, le contesté.

Autor: Andrés C.

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Club swinger

Marcos cuidadosamente separó mis piernas, su pene se acercaba deliciosamente a mi vagina. Sentí su pene entrar y salir de mi cuerpo infinidad de veces. Su fricción era embriagante. Mi lengua no se detenía. Mara esbozó un pequeño gemido cuando alcanzó su primer orgasmo ayudada por mis dedos en su vagina y mi lengua sobre su clítoris.

Era la segunda vez que visitábamos el club. A pesar de que nuestra primera visita había sido más que positiva esta situación nos ponía algo tenso a ambos. Nos encontramos en tu casa para salir juntos. Apenas llegué noté que observaste que por  la transparencia de mi camisa se veían mis pechos. Sentí el fuego de tu mirada tratando de penetrar mi abrigo.

Rozaste suavemente mis labios con los  tuyos y me susurraste al oído que estaba hermosa. Llegamos y los coordinadores se acercaron a saludarnos. Buscamos un lugar cerca de una pista de baile y nos sentamos. Tomaste mi cara y me besaste tiernamente como soles hacerlo, sentí el sabor de tu saliva más saludable que nunca. Fuiste en busca de algo para tomar para nosotros y te esperé allí sentada, mirando algunas escenas interesantes. Marcos se acercó unos segundos después de que te levantaras y me preguntó si podía sentarse con nosotros. Comenzamos a hablar de obviedad es mientras contaba los segundos que faltaban para que regresaras.

Los segundos se convirtieron en horas para mí. Sin embargo, debo reconocer que nuestro nuevo amigo hizo varios intentos para que la tardanza fuera menos traumática. También se acercó su novia, algo menor que yo, y por cierto muy atractiva. Ellos resultaron muy afectivos entre sí mientras dialogaban conmigo. Me explicaron reiteradas veces que en varias oportunidades solo venían a mirar porque eso los calentaba mucho. El se ofreció a hacerme unos masajes en el cuello para ayudarme a relajarme. Ella insistió, me explicó, que a Marcos no suele gustarle cualquier mujer, y que le habló de mí desde que entramos la primera vez. Que ellos se sintieron muy intrigados por la diferencia de edad y lo afectuosos que éramos entre nosotros.

Sus manos levantaron suavemente mi cabello hacia un costado y sus yemas frías se depositaron sobre mi cuello. Sus dedos se afirmaban sobre cada uno de mis músculos y cada vez descendían más por la espalda. Ella se acercó lentamente hacia mí y me desabrochó el primer botón de la camisa. Ante mi sobresalto, me indicó que era para que Marcos pudiera trabajar mejor. Algunas exhalaciones se produjeron porque la sensación era placentera. Poco a poco sentí como la palma de su mano se acercaba más al comienzo de mis  pechos. Y con la otra sostenía mi cabello. Se acercaba tanto a mí que podía sentir su respiración cerca del lóbulo de la oreja, su respiración algo excitada y caliente.

Ella se dirigió al centro de la pista y te interceptó en tu regreso. Tomó tus manos y te propuso bailar seductoramente. Esa parte no me agradó demasiado, hasta que él tomó mis manos también y me llevó al encuentro con ustedes. Bailamos nosotros dos abrazados mientras ellos se besaban intensamente. Noté tu excitación sobre mi cuerpo, y tu respiración agitada. Tus manos recorrían mi cuerpo con intensidad y rapidez. Comenzabas acariciando mi cabello, seguís con el cuello, los pechos y los muslos. Alternabas esos agradables mimos con deliciosos besos húmedos cargados de calentura. Decidí relajarme y disfrutar de esa fantástica sensación que recorría mi cuerpo entero. Marcos se paró detrás de mí y tomó mi cadera por sorpresa. Te miró y dijo que desde que me vio quiso bailar conmigo y si eso era posible.

Me acercaste hacia él y quedaste bailando con Mara. Ella te tomó del cuello y tardó pocos segundos en comenzar a besar tu cuello y tus manos. Vos respondiste tomando sus caderas y acercándola hacia vos. Marcos bailó conmigo un buen rato hasta que tomó a Mara y mirándonos a las dos dijo: Bailen para nosotros. Nos miramos y pensé ¿porqué no?

Apenas empecé a moverme noté que él buscaba su pene dentro del pantalón y se masturbaba lentamente mirándonos apasionadamente. En vos noté una excitación alevosa a través de tu pantalón. Mara se movía con mucha suavidad y deja ver algo de sus muslos levantando ingenuamente su falda. El baile y ustedes mirando eran un ingrediente perfecto para mi calentura. Comencé a desabrocharme los pocos botones que quedaban prendidos en mi blusa y dejarla caer sobre la espalda. Los movimientos sensuales ayudarían a retirarla por completo. Mara asintió y se sacó su remera. Noté que tenía grandes y firmes pechos. Ahora también vos masajeabas deliciosamente tu pene por fuera de tu pantalón. Ambas pijas sonaban deliciosas, pero el baile era un compromiso. Ya no solo ustedes dos miraban. Varias parejas habían interrumpido su diversión y se tocaban sus sexos mirándonos.

Marcos se paró y tomó mi cintura, lentamente bajó el cierre y deslizó la tela hasta mis tobillos. Luego retiró la falda de Mara. Nos tomó de las manos y dijo: aquí terminó el espectáculo público. Los cuatro nos dirigimos a la sala que los coordinadores nos indicaron. Tomé tus manos con algo de inseguridad pero la situación me excitaba lo suficiente como para no retirarme en ese momento. Acercaste mi cabeza a tu entrepierna. Pude sentir el sabor de semen que se asomaba necesitado de mi saliva. Saboreé cada porción de tu pija. Comencé besando intensamente los testículos y llegué con toda la calentura que recorría mi cuerpo a la cabeza de tu pene que tanto placer me da.

Cerré los ojos y disfruté. Lengua, saliva. Marcos propuso que siguiéramos con el baile, ya que todavía teníamos ropa por retirar. Mara y yo disfrutábamos bailando para ustedes. Tocábamos nuestros pechos sutilmente para contener tanta calentura. Ella se acercó a mi espalda y desprendió mi corpiño y entregó su espalda para que yo la ayuda a ella. La situación me resultó embarazosa pero sabía que a vos esa situación te resultaría por demás caliente. También desprendió lentamente mis ligas, y retiró con la ayuda de besos las medias de mis piernas. Ustedes ya sin ropa se masturbaban gloriosamente mientras miraban.

Ella se apoyaba sobre mi, y yo sobre ella. Nuestras tetas se acercaban y se separaban lentamente al igual que nuestras piernas. Noté que Mara tenía los pezones duros y parados. Cuando quedamos enfrentadas no pude resistirme a la tentación de acariciarlos. Estaban fríos pero sumamente firmes, Mara pasó sus dedos por mi boca buscando saliva y pasó nuevamente sus dedos por los pechos. Solo dijo, muero por sentir tu boca sobre ellos. Mis labios tomaron el calor de sus pezones. Y mi vagina se humedeció inmediatamente. Sentí la turgencia de sus pechos en mi boca y en mis dedos, tanto como sentí sus dedos que lentamente, y después de recorrer, parte de mi cuerpo se acercaban lentamente a mi vagina.

Sentí como sus dedos acariciaban lentamente mis labios. Te llamó y te pidió que la ayudes. Tus dedos calientes estaban dentro de mi concha, y sus dedos friccionaban con experiencia mi clítoris. Marcos se acercó y comenzó a besar mis pechos. Alcancé a ver como mordías sus pezones y acaricias fuertemente su culo.

Acercaste su cabeza a mi vagina y saboreó cada uno de tus dedos dentro de mí. La sensación era deliciosa. Tus experimentados dedos y su experimentada lengua dentro de mi caliente y necesitada concha.

En pocos segundos estallé en un primer orgasmo caliente y profundo. Mara tomó mi cara y me dijo: estabas  deliciosa, te espero. A pesar de semejante satisfacción de placer mi calentura seguía intacta. Me acerqué a su entrepierna y comencé a acariciar su clítoris. Mis dedos recorrían circularmente toda su intimidad. Primero fueron dos dedos que quedaron atrapados en su sexo y luego tres. Mientras entraban y salían mis dedos, sentí que mi cara rozaba con tu deliciosa pija, que caliente y parada como siempre se acercaba a mi boca. Alterné entre tu pija caliente y el clítoris necesitado de Mara. Que placer. Que hermosa sensación.

Marcos se me acercó por detrás y cuidadosamente separó mis piernas. Sentí como su pene se acercaba deliciosamente a mi vagina. Sentí su pene entrar y salir de mi cuerpo infinidad de veces. Su fricción era embriagante. Mi lengua no se detenía. Mara seguía acostada con mi cabeza entre sus piernas. Marcos por detrás de mí y vos recostado a su lado, besabas sus pechos. Mara esbozó un pequeño gemido cuando alcanzó su primer orgasmo ayudada por mis dedos en su vagina y mi lengua sobre su clítoris. Apenas acabó se colocó de rodillas y dirigió su lengua fresca sobre tu pene. Ambas pasamos reiteradas veces la lengua sobre tu pija. Saboreamos, y disputamos pequeñas porciones de semen que ese escapaba incontrolablemente. Mara pasaba su lengua por tus testículos y acariciaba tu entrepierna, mientras yo me dedicaba a mi parte favorita.

Sentí varias veces la lengua de Mara fundirse con la mía y el calor de sus labios sobre los míos. Todo ese placer acompañado por la cuidadosa penetración de Marcos fue suficiente para acabar en un segundo y contenido orgasmo. Sentí la tensión en todo mi cuerpo. Y el frío que recorría mi cuerpo.

Mara se colocó abierta de piernas sobre tu cuerpo y comenzó a moverse, a frotarse sobre tu intimidad hasta gemir nuevamente de placer. Para esa altura Marcos había cambiado de posición. Se colocó encima de su mujer y le penetró exitosamente el culo mientras ella seguía frotándose contra vos. Me pediste que colocara mi vagina  sobre tu boca para poder besarme. Nunca sentí tanto placer junto y creo que vos tampoco. Sentí el gemido de Marcos y pude ver su expresión casi al unísono con la tuya. Un nuevo escalofrío recorrió mi cuerpo del que fuiste testigo directo.

Solo segundos después Mara y Marcos se despidieron y explicaron que la ducha la preferían tomar solos. Casi en silencio nos vestimos. La ducha preferíamos tomarla en tu casa. Llegamos, nos duchamos juntos para poder seguir jugando y disfrutando de nuestros cuerpos.

Ambos coincidimos que próxima vez iríamos por más.

Autora: Marian

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El lo es todo para mí

Me dejé llevar por el mismo ritmo, el calor y sobre todo, me acariciaba todo el cuerpo y sin ninguna inhibición juntaba mis senos sobre mi blusa y se los enseñaba, movía mis caderas simulando ser penetrada y en mi cara se dibujaba una sonrisa de satisfacción, me acercaba a él y me sentaba hasta que me dijo que no lo volteara a ver cuando bailara, que me dejara llevar y así lo hice.

Después de leer los relatos que aparecen en esta página, me animé a relatar una de mis vivencias cachondas. Empezaré por decirles que no soy una de las bellezas que describen en la mayoría de los relatos, a veces hasta considero que muchas son producto de la imaginación del mismo autor, pero en fin… cada quien con lo suyo.

Soy baja de estatura, de complexión mediana, cabello castaño oscuro, ojos pequeños de color café, boca grande y carnosa, de piel blanca. ¿Mis atractivos visuales? Un par de senos grandes con su aureola a la medida y unos pezones que se erigen como pequeñas montañas cuando estoy excitada, un culo que es una envidia, muy firme y con un orificio que aprieta ante la presencia de algún invasor y que invita a ser usado, un par de piernas macizas y bien contorneadas y unas manos pequeñas, pero suaves que fueron hechas para tocar… y para terminar, mi boca, carnosa, húmeda y ávida de mamar… Mi nombre es Haydee y soy la amante de un hombre casado que se llama David. Ambos vivimos en California, USA. Él lo es todo para mí y mucho más.

Desde el inicio de la semana sentía a David muy cachondo, sus miradas furtivas me lo decían, su voz baja y pausada me erizaba la piel cuando la escuchaba, todo me hacía pensar que estaba preparando “algo” para ambos y todas mis dudas se despejaron al finalizar la semana, cuando tuvimos una reunión de trabajo, y me envió un correo electrónico dándome indicaciones de que me quitara las bragas para la reunión y que pensara en el transcurso de la misma que no traía y que después de la reunión me fuera a comprar una ropita muy sexy, en una boutique que a él le encanta porque venden ropa y calzado para las chicas que trabajan en los table dance, que le pidiera a la dueña de la boutique que me tomara fotos con una cámara digital y que al finalizar se las enviara por correo. Por supuesto que el sólo leer su correo me tenía más que mojada y excitada. Hice todo lo que me pidió, no sin antes masturbarme en el baño mientras estábamos en la reunión de trabajo lo cual le hice saber en otro correo.

Una vez que llegué a la boutique hablé con la dueña y le pedí de favor que me tomara las fotos con la ropa que me estaba midiendo para que las mismas las viera mi David. Fue todo un alucine, la ropa tan sexy sobre mi cuerpo, las manos de la señora tocando la ropa y mi cuerpo completamente desnudo, la cámara, las poses. En eso estaba cuando llegó otra clienta y tuve que suspender mi sesión fotográfica mientras Lety la atendía. La nueva clienta estaba de lujo, un cuerpo envidiable, rubia de cabello largo y unos grandes ojos color café. Salí del vestidor mientras la rubia se medía ropa y yo paseaba por el local buscando nuevas prendas. Quiero decirles que el vestidor no tiene puerta y es sólo una cortina azul la que lo cubre; sin embargo, estaba tan oscuro, ya que las luces de neón poca luz daban, que la cortina se tuvo que descorrer para que entrara luz y poderse ver bien en el espejo.

De reojo miraba cómo la rubia se cambiaba la ropa y más cachonda me ponía, veía su cuerpo al desnudo, unos senos pequeños, pero firmes, una cintura antojadiza, un coño muy limpito y rasuradito y un culo bien paradito. Mientras se cambiaba y Lety salía a otro local por más ropa para la rubia, me puse a platicar con ella. Así es como me enteré que ella trabajaba en un table dance y que la ropa que compraba era para los “bailes” que hacía a los clientes.

Tan excitada estaba con su plática que le pedí su número de teléfono para ponerme en contacto con ella y darle una “sorpresa” a mi David. Por fin la rubia se fue y yo continué con mi sesión de fotografía… Más alerta… y con la plática con Lety estuve a punto de tirármela y mamarle su coño, claro que yo sentía que Lety no hubiera puesto objeción alguna de acuerdo a lo que me comentaba de su novio y de que algunas veces se cansaba de tanta polla y que era bueno un coño… lo cual me dio ideas en mi cabeza que espero hacerlas a la brevedad.

Terminé mi sesión fotográfica con éxito y ya con cámara en mano me dirigí a un lugar de Internet para enviárselas por correo a David. Me imaginé que su polla se le pararía cuando las estuviera viendo, pero desafortunadamente sólo una pude enviarle porque el archivo estaba muy grande. Las otras las dejé en mi ordenador con todas las indicaciones del caso para que él en su momento las pudiera ver y deleitarse plácidamente. A cada momento me sentía más y más excitada y muy en el fondo sabía que alguna de nuestras fantasías se cumpliría próximamente… y así fue…

Me habló por teléfono y sólo me dijo que me vistiera como la puta que soy, lo cual me enorgullece, que saldríamos a un breve viaje a San Diego, pero después me indicó que podía cambiarme en la carretera, lo cual se me hizo más emocionante. Me fui a casa, hice una pequeña maleta con lo indispensable (aparatitos, preservativo, ropa interior que sabía que no la usaría, pero no estaba de más), y antes de salir me di un último vistazo en el espejo, vi como el rubor cubría mi cara y como mis ojos se empequeñecían más por la lujuria que ya en esos momentos estaba experimentando. Me subí a su coche y mis sentidos estaban alerta, anticipando…

Después de un tiempo me empecé a desnudar, mientras David manejaba el coche y de reojo miraba mi desnudez. Recliné el asiento y abrí mis piernas para poderme acariciar… cerraba mis ojos y movía mi culo mientras mis dedos jugueteaban con mi clítoris. Estaba muy mojada y mi excitación era más evidente a medida que mis dedos acariciaban y mis jadeos eran más fuertes. De repente siento la mano de David que me acaricia mis labios vaginales y que se abre paso para meter sus dedos en mi coño, mis jadeos son más fuertes y empiezo a moverme para que sus dedos entren más, mientras mis manos cogen mis senos y los masajeo para después pellizcar mis pezones… siento como sus dedos entran y salen y termino con un inminente orgasmo, para luego él sacar sus dedos llenos de mí y meterlos a su boca…

Yo continúo, durante todo el viaje… tocándome, acariciándome, viniéndome y dándole a probar de mis jugos… Así, antes de llegar a mi destino me pongo una minifalda, mi tanga y una blusa negra tejida sin brassier abajo y para terminar unas zapatillas de tacón alto, sin medias… mis piernas desnudas. De momento me cohíbo, me siento muy expuesta… pero al voltear a ver a David todo me parece maravilloso, soy su puta y eso es lo único que importa.

David dejó el coche en el estacionamiento y entramos a un table dance para empezar a calentar motores… hacía calor… en el coche venía sudando y eso me hacía sentir más hembra. Ya una vez dentro del antro lo que pasó fue una explosión de sexo y lujuria. Nos sentamos cerca de la pista de baile, viendo cómo las chicas bailaban quitándose la ropa a petición de los interesados, la mayoría hombres, que dejaban dinero colocado en sus tangas. Yo hice lo mío, sentada y con las piernas abiertas dejaba que David metiera sus dedos en mi coño mientras me deslizaba en la mano un billete para solicitarle a la chica que en ese momento bailaba, que se acercara… Una vez frente a mí, le coloqué el billete en su tanga y con toda decisión pasé mis dedos en su coño, dos o tres veces, mientras escuchaba sus jadeos. No me importaba nada, quien me viera, yo disfrutaba como adolescente en su primer baile.

Así estuvimos un tiempo y después salimos a recorrer otros antros. Yo iba dispuesta a todo lo que se me ofreciera, el brazo de David, la cerveza y el calor habían logrado derribar quizás alguna reserva que tuviera de disfrutar… Estaba en el goce total, en la explosión de los sentidos y no dudaría en alcanzar el éxtasis.

Continuamos caminando y entramos a un disco-bar. Había algo de gente y sobre todo gente joven… no quiere decir que uno no lo sea, pero si somos una pareja madura aunque muy liberal. Llegamos y nos sentamos cerca de la pista de baile. Pedimos unas cervezas y estuvimos viendo a las personas que bailaban. David y yo estábamos abrazados y él me acariciaba el brazo, la mano y hasta mis piernas. Después acercó su boca a mi oído y me dijo que quería que bailara frente a él… la verdad que no soy muy buena para el baile, si no es que soy una nulidad para el mismo, pero con las cervecitas encima ya el “hacer” es más fácil. Así que ahí me tienen, en la pista frente a David moviéndome al ritmo de la música…

Al principio tensa, como autómata, hasta que me dejé llevar por el mismo ritmo, el calor y sobre todo, las miradas de David… fueron momentos locamente sensuales… me acariciaba todo el cuerpo y sin ninguna inhibición juntaba mis senos sobre mi blusa y se los enseñaba, movía mis caderas simulando ser penetrada y en mi cara se dibujaba una sonrisa de completa satisfacción… de ven en vez me acercaba a él y me sentaba por momentos, hasta que me dijo que no lo volteara a ver cuando bailara, que no lo buscara, que me dejara llevar… y así lo hice… Cerraba los ojos y me concentraba en el baile, en los movimientos, en mi coño, en mi culo…

Cerca de mí bailaba otra pareja, muy jóvenes, estaban bailando muy juntitos y el chavo pasaba sus manos por el cuerpo de la mujer… deseaba ser yo a la que estuviera acariciando… Y así, me acerqué a ellos y bailé muy junto… El chavo como no queriendo me tocó las piernas y los muslos… muy sutil, como si fuera por accidente y por la proximidad que tenía hacia ellos… Pero después fue más evidente, y dándole la espalda, puse mi culo a disposición de que lo tocara, lo magreara, lo cual hizo sin ningún reparo. David sólo observaba y me guiñaba un ojo y levantaba su dedo en señal de aprobación… Su puta estaba comportándose a la altura que él esperaba.

Estuve un poco así y creo que la mujer se dio cuenta de lo que estaba haciendo su pareja conmigo porque de repente lo jaló fuera de la pista… Claro, antes de irse me apretó las nalgas a su placer. Todas estas escenas las veía otra pareja joven y se veía que estaban muy excitados por lo que sucedía… Tan es así, que el muchacho sacó un billete de 20 dólares y me lo mostró para que me acercara a ellos… Claro que después se cohibieron de su osadía y lo guardaron inmediatamente sentándose en una mesa junto a David. Yo seguí bailando un rato más, buscando más manos que me tocaran… que me acariciaran… pero ya no hubo más… Llegué con David a la mesa y nos besamos largamente… Su lengua entraba en mi boca como si fuera su pene en mi coño… Después salimos de ahí a buscar más aventuras.

Más adelante seguiré contándoles mi gran noche de placer… si gustan envíen sus comentarios. Besos

Autor: Haydee

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Intercambio con ex

Ella tomó su miembro y se penetró e inició un baile suave en varias direcciones: atrás adelante, a los costados que hizo a Adrian suspirar más fuerte, mientras tomaba los pechos de ella, que seguían su danza. Se besaban por momentos y en uno de ellos se recostaron de costado. Ahora los movimientos eran más intensos, él acarició las blancas nalgas de Irma, su vulva y oí que ella se quejaba.

Tengo una esposa coqueta y alegre. Soy mayor que ella pero ella me ama y corresponde mi amor. Tenemos un buen pasar, una hermosa casa, con varios dormitorios en suite, varios perros de raza, un BMW actualizado y viajamos juntos con frecuencia.

Ella se casó muy joven y se divorció pronto. Su ex es un viudo de mi edad, que luego de ella ha tenido otras parejas, tiene hijos de su primer matrimonio y a veces lo vemos ya que él me la presentó cuando éramos socios y entre los tres hay buena relación.

Muchas veces mientras tenemos sexo, cosa a veces poco motivadora para mí; que me ha requerido tratamientos sin mejoría, nos hemos, o mejor, ella ha planteado, tenerlo con terceros. A mi no me enloquecía, pero conozco mis limitaciones y todo lo que a ella le interese me motiva. Nuestra relación es muy buena pese a que a veces es quejosa y agresiva

Un día nos lo planteamos en serio, ¿y con quien sería?

Luego de largos cabildeos Irma me planteó que podría ser con su ex. Tenía un recuerdo amable de su relación anterior, pero ya no estaba enamorada y según decía sexualmente había sido feliz aunque habían tenido poco sexo por sus conflictos.

De vez en cuando venía por casa, cuando estaba en la ciudad y a veces hasta durmió en la pieza de huéspedes. Este mes vendría con su hijo de 16 años y los alojaríamos allí para que realizaran unos trámites. Ella me relevó de hablarlo, solo puso una condición, que yo estuviera presente mientras tenían sexo, ya que quería fuera una cosa de nuestra pareja.

Esto nos puso un poco nerviosos en especial a mi y algo irritable, lo que me hizo sentir culpable ante ella; lo sobrellevé, por suerte el día señalado llegó pronto.

Esa noche cenamos amables y nerviosos los cuatro y mientras Adrian se iba a dormir pusimos música lenta y suave de nuestras épocas mientras tomábamos el último trago en el living. Ambos bailamos con Irma, pero les dejé las últimas piezas solos para que intimaran y lo hicieron muy ensimismados, sin hablar. Subí al cambiador del dormitorio, en un rincón oscuro tenía buena visión de la cama matrimonial y allí habíamos acomodado un sillón. Ellos llegaron a los pocos minutos, Irma pasó al baño por frente a mí y me dio un beso cariñoso y profundo. Creí oír que me decía gracias, por lo bajo.

Salió con un camisolín corto, blanco, casi transparente y mientras Adrian entraba al baño, ella salió de la habitación unos minutos. Al retornar y acercarse a la cama ya estaba Adrian en pantalón pijama. Cincuentón rollizo, me llevaba varios kilos, me pareció muy peludo en la penumbra.
Se abrazaron y besaron apasionadamente, ella acarició su rostro, él buscó sus pechos a través del camisolín, dieron unos pasos de baile, lentos, suaves, hasta llegar a la cama. Él la besaba y exploraba cada vez con más ansiedad, sus manos llegaron a la entrepierna de Irma quien gimió suavemente. Ella también buscó su miembro que abultaba el pantaloncito y ya lo había manchado con una gota redonda. Se sentaron al borde de la cama.

Ambos comentaron algo en susurro y me pareció que miraban hacia adonde yo estaba, me sentí generoso y liberal.

Los besos duraban más y más, se sentía sus lenguas chapotear. Ella acomodó su cuello, él la besó hasta el hombro con su mano en su entrepierna, ella abrió las piernas y se recostó sin soltarlo. Con los pies en el piso aún, él se puso sobre ella, su suspiro me hizo entender que la estaba penetrando.

Se detuvieron y subieron ambos a la cama. Retomaron el abrazo y él la montó, e inició la posesión con ritmo cada vez más intenso. Ahora suspiraban al unísono. Ella lo detuvo y quiso estar arriba.

Me extrañó, esa postura casi no la usábamos nosotros. Sin embargo ella tomó su miembro y se penetró e inició un baile suave en varias direcciones: atrás adelante, a los costados que hizo a Adrian suspirar más fuerte, mientras tomaba los pechos de ella, que seguían su danza. Se besaban por momentos y en uno de ellos se recostaron de costado. Ahora los movimientos eran más intensos, él acarició las blancas nalgas de Irma, su vulva y oí que ella se quejaba:

-No por ahí no, boludo!

Sin embargo desde ese momento se movieron y gimieron más intensamente, suspiraron ambos. Se detuvieron, recostados. Volvieron a besarse apasionadamente. El olor a sexo se hizo intenso y llenó el ambiente. Ya hacía un rato notaba que me estaba calentando y tenía una erección, pero no quise distraerme ni perder detalle de lo que pasaba.

Ella se movió primero, buscó su miembro y empezó a masturbarlo. Se agachó hasta su pene y lo besó primero y empezó a chuparlo, después. Algo comentaron en murmullo. Ella lo increpó. Se recostaron cada uno a su lado, aún agitados. En segundos más Adrian dormía y roncaba.

Irma se levantó, estaba transpirada, me hizo seña de que la siguiera y bajamos de la mano hasta la cocina.

-Esto me lo ha pedido Adrian, discúlpame pero tengo que iniciar al pendejo.

No hablamos. Yo estaba ensimismado y emocionado por lo que había visto y temía sollozar. En la cocina había luz. Allí estaba Adrian solo con un calzoncillo y con tamaña erección. Me miró con sorpresa e ironía. Irma me pidió me quedara en la puerta, parado en la penumbra. Se acercó, murmuró algo a su oído y lo besó. Él estaba como congelado, ausente. Ella buscó su miembro enhiesto y empezó a masturbarlo.

Desde menos de 2 metros, le vi salir líquido seminal… Él pareció despertar, la abrazó, casi con violencia, ella se sacó el camisolín que aún tenía puesto y bajó sus calzoncillos. Él la tomó con un movimiento animal por la cintura, la apoyó en la mesa e intentó penetrarla con fuerza y torpeza,

ella le ayudó tomando su miembro y orientándolo a su concha; ayudada por la lubricación que traía y que se notaba en su vello mojado y pegoteado.

Apoyada en la mesa abrió las piernas y él inicio la penetración con fuerza, con intensidad, profundamente. Por momentos se salía su miembro, de generosas proporciones, por lo que ella le ayudaba a penetrar nuevamente. Ambos jadeaban, ella gemía.

Ella buscaba sus besos, él estaba abstraído por lo que parecía una gimnasia intensa. Él la tomó de ambas nalgas y pareció iniciar convulsiones violentas, Irma gritó, y él empezó a penetrar hasta el fondo en lo que parecía ser una eyaculación enloquecida. En uno de los movimientos volvió a salirse y un chorro de semen mojó la vulva piernas de Irma, ella lo ayudó a penetrar nuevamente, mientras su pene se contraía enloquecido.

Habían enrojecido y transpiraban. De repente Adrian la giró, siempre imperativamente, sin hablar, la hizo apoyarse en la mesa y con su enorme erección que no había disminuido nada penetró su vulva por detrás, hasta el fondo y reinició el mete saca.

Jadeaban, se apresuraban, por momentos no coordinaban los movimientos. Otra vez se salió su miembro, con una importante erección aún y se apoyó en su ano. Ella protestó, se quejó, pero el penetró todo su glande, ella volvió a gritar, ahora de dolor.

Adrian volvió a convulsionar, su miembro se contraía violentamente sin salirse pero estaba eyaculando largamente. Penetro aún más. Ya Irma no gritaba, no acompañaba pero parecía gozar en su quietud. El miembro de Adrian entró más mientras salía líquido del ano de Irma, a borbotones. Nuevas convulsiones, más líquidos, suspiros y quejidos intensos y quietud.
El pene de Adrian aun casi erecto se salió…

Irma se dio vuelta, buscó su boca y lo besó, ahora él la correspondió y se besaron largamente, él pareció descubrir sus pechos y los apretó. Los pezones estaban erguidos, duros, oscuros. Irma apagó la luz superior de la cocina y solo sentí suspiros y el chapotear de los besos recién descubiertos.

Siguieron sin hablar una palabra. Mi erección seguía creciendo. Sentí la mano de Irma luego de un rato, que me llevaba al dormitorio. Pedí que me esperen, entré a la cocina y busqué un sobre de manzanilla, la acompañé. Me dijo en susurro que estaba destruida, feliz pero que sentía rotos sus genitales y su intestino, engrosados, hinchados, doloridos.

La llevé directamente al baño y le preparé el bidet con agua tibia, puse el sobre de manzanilla y la hice sentar, al ayudarla trastabillé.

-Cuidado pelotudo, a ver si te caes, ahora!

Quedamos muy cerca, la besé, penetré en su boca con mi lengua. Saboreé un gusto raro y pensé en los líquidos de Adrian, Adrian más los suyos, en su boca y ahora en la mía.

Ella volvió a musitar gracias. Me pareció que lagrimeaba. Me atrajo hacia ella que estaba sentada. Bajó mi pijama, con una mancha de semen que no recordaba haber expulsado. Tomó mi miembro aún erecto y lo chupó, nunca antes me lo había hecho, me sentí llegar al cielo, perdí la contención, eyaculé en su boca. Mis eyaculaciones son pequeñas; pero ella se enojó.

-¡Avísame tonto!

Pedí perdón. Se paró, se secó y fuimos al dormitorio. Adrian ya no estaba pero la cama estaba desordenada y húmeda, nos acostamos abrazados, acaricié sus pechos y me dormí.

Desperté con algo de luminosidad en la habitación. Irma y Adrian estaban, a mi lado cogiendo con desesperación, ella de espaldas, él arriba, volvía a las penetraciones con fuerza, profundas, con gemidos de ambos, toda la cama se movía. Había un intenso olor a transpiración.

Él ahora la exploraba mientras la penetraba con ansiedad, recorría su cuerpo, apretaba sus pechos, lamía su cuello. Ella tomaba su rostro, mesaba sus cabellos, lo besaba en los ojos, en la boca, en el cuello, mientras sus gemidos eran más y más intensos.

Los movimientos se hicieron más bruscos, dejaron de besarse, se abrazaron con fuerza y ambos se dedicaron a penetrarse. Sentía el gorgotear de sus líquidos y cada vez más agitación. Nuevamente pareció que Adrian tenía convulsiones, ella gritó al sentirlo en su abrazo y en su eyaculación. El olor cambió a un fuerte olor a sexo.

Permanecieron quietos, él arriba, ella abajo, relajándose. El rostro de Irma estaba mojado, transpiraba intensamente y enrojecido. Le pasé un pañuelo por la cara, miró hacia mi lado sin verme, tenía los ojos perdidos.

Adrian empezó más suavemente a poseerla, ella lo acompañaba, lo hizo acostarse y se puso en cuatro patas, el la montó desde atrás. Ella apoyó la cabeza en la almohada, me miró y me sonrió como reconociéndome en un estado de exaltación, me acerqué y la besé. Respondió a mi beso, largamente mientras sentía en su cuerpo las penetraciones violentas de su pareja. Acaricié su rostro.

Cerró los ojos y se dejó ir en un orgasmo con agitación, suspiros y llanto. El olor a sexo era penetrante. Adrian se retiró y se fue, desnudo.

Cuando nos levantamos no estaba. Desayunamos en silencio, sin personal en la casa.

He aprendido cosas que ahora practico. Irma esta más suave, menos agresiva, más cariñosa conmigo.

Ahora que hemos retornado de un viaje soñado a Europa (Paris, Praga, Viena, Budapest) hemos tomado la decisión, ante mi insistencia, de invitar a Adrian en forma habitual y periódica.

Autor: Fernando

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