En las grutas de Punta Ballena

Yo aprovechaba para besar a Armando, el cual estaba encantado de tener su pija dentro de un culo y al mismo tiempo sentir mis labios sobre los suyos. Cuando los gemidos se aceleraron, me di cuenta de que todo iba a terminar. Tomé la pija de Sergio entre mis manos y lo empecé a pajear. Armando se la sacó y de un solo golpe se la clavó de nuevo y dio un grito. Ahí supe que Armando estaba acabando.

Querido amigo:

Hoy te voy a contar lo que me pasó con un chico de la oficina. Cuando empecé a trabajar allí, hace mucho tiempo, como todo nuevo no tenía amistad con nadie. Hasta que un día empezó la amistad con Armando. Era cerca de Navidad y él me invitó a ir a un shopping para hacer las compras de los regalos. Allí fuimos, tomamos cerveza y recorrimos el shopping. Ya sabes la cerveza lo que tiene es que te da muchas ganas de orinar. Le dije que no podía más que iba a orinar. El me dijo que también tenía ganas. Entramos a orinar, él se quedó con los paquetes de las compras, mientras yo descargaba primero, fue un placer y un alivio descargar todo.

Terminé, me di vuelta y lo vi a él mirándome como en el limbo, casi se le cayeron los paquetes. Tomé los paquetes y le cedí el lugar. El desenfundó una buena verga y orinó. Fuimos al lavamanos, se lavó la verga y vi que estaba muy gorda no parada, pero se acercaba. Se secó, le di los paquetes y me lavé las manos. Cuando salimos me dijo: “No te ofendas, pero se me quiso parar al verte orinar… Me puse nervioso, pero no comenté nada, seguimos por el shopping. Fuimos al estacionamiento, subimos a su auto y él me dijo: “Te dejo en tu casa y después sigo a la mía”. -Te lo agradezco mucho. Le contesté, pensando en lo gorda que se veía la cabeza de su pija. Nos fuimos y en el camino empezó una gran llovizna. Él me dijo: -No puedo conducir con tanta agua cayendo en los vidrios. Mejor estaciono por aquí y tomamos algo mientras esperamos que calme.

Por ahí había un restaurante y nos pusimos a tomar cervezas. No te conté que él tenía en esa época unos 28 años, cabello castaño, ojos verdes, delgado, pero atlético. Como sabes las cervezas aflojan la lengua, empezamos a hablar como nunca lo habíamos hecho en la oficina. Y nos dimos cuenta que teníamos más cosas en común de lo que creíamos. Música, Cine, Libros… Las cervezas aceleraron la desinhibición y empezamos a hablar de sexo, él empezó a hablar de transexuales, que le gustaría probar y cosas así, pero no se largaba mucho. A los dos nos fascinaban esas damas rubias de grandes pechos que imaginábamos que tendrían unas vergas muy placenteras. Al calor de las copas, nuevamente fuimos al urinario, cuando agarré mi campera de la silla, sin darme cuenta le rocé el paquete, que a esa altura le había crecido de nuevo. Me excitó y sólo dije: “Disculpa”. El sonrió y me hizo una guiñada como aprobación.

Nuevamente nuestras vejigas quedaron vacías, y nuestros ojos se recrearon bastante, él tomó su pija en la mano y me mostró la cabeza muy hinchada, pero no dijo nada. Salimos y subimos al auto, arrancó y en el camino volvió a contarme sus fantasías con transexuales. Me preguntó: -¿Te gustó lo que te mostré en el baño? -Sí, le dije- tenés una buena pija, muy cabezona y ahí se zafó él y me dijo que si alguna vez había hecho algo con otro hombre, mintiendo le dije que sí, una vez con un primo, nos masturbamos y él me dijo que con un amigo se habían chupado las vergas. Sentí un cosquilleo en la cabeza de mi pija y esta empezó a latir muy fuerte. El me preguntó si quería volver a hacerlo en ese momento. Yo estaba desesperado, en la oficina no se me había pasado por la mente la idea tener algo con él, pero las cervezas, la conversación o vaya uno a saber qué, me hicieron decirle que sí.

Inmediatamente dobló por una calle lateral y cuando encontró una zona oscura estacionó el auto, la lluvia seguía, pero no tan intensa. Me dijo que nunca lo habían penetrado por atrás y que quería seguir así. Yo estaba tan caliente que aceptaba cualquier cosa. Me dijo que era fanático del sexo oral, que le encantaba sentir un buen pedazo de carne en su boca y que yo tenía un buen pedazo porque lo había visto en el baño, y que tenía muchas ganas de sentir una verga en su boca porque hacía mucho tiempo que no lo hacía. Bajó el asiento y quedamos en un espacio muy cómodo. Nos desnudamos y comenzamos a besarnos, su lengua era suave, estaba muy caliente y tenía el gusto a la cerveza. Jugaba con la mía, sus labios eran tiernos y carnosos, nuestras manos se tocaron y nuestras vergas también. El estaba arriba de mí frotando su pija sobre la mía. ¡Llegó lo mejor!

Giró y puso su pija cerca de mi boca, me acomodé y metí ese trozo de carne dentro de mi boca, era delicioso o así me lo pareció debido a la calentura. El devoró la mía como un profesional, apretándome la base donde se une con los huevos. Me lamía allí esa zona entre la pija y el culo. El seguía gozando de ese manjar, mientras yo disfrutaba de una mamada de campeonato, la devoraba de la desesperación que tenía por chupar una pija. Me lamió las bolas una por una y más empujaba su pija contra mi garganta. Era una ricura rosada, muy dura, que me calentó muchísimo.

Rompimos el 69 y él se puso entre mis piernas, tomó mi pija y se la tragó toda, bajaba y subía con rapidez, mi excitación creció, si podía haber más calentura y empecé a respirar muy fuerte y a gemir, él se dio cuenta que pronto saldría mi leche, sacó la pija de la boca y me dijo: -Me caíste bien desde que llegaste a la oficina, pero no me animaba a decirte nada por miedo a que te enojaras y que en la oficina se dieran cuenta sobre mis gustos sexuales. Así que dame toda tu leche. Lo que dijo me calentó más, mientras él se volvió a tragar mi verga hasta la garganta, siguió con ese sube y baja, apretándome la base y lamiendo todo como si fuese una golosina, no aguanté más y largué chorros de leche recién hecha en el fondo de su garganta.

He de reconocer que mis novias y amigos nunca me la chuparon así apretando tanto la base, lo cual me obligó a gemir de dolor y placer. Llegó mi turno, él se sentó frente a mí, separó las piernas, me apuntó a la cara con esa verga regordeta y cabezona y yo me la tragué hasta el fondo de mi garganta, le hice lo mismo sube y baja apretando los huevos, lamiendo todo lo que mi lengua encontraba en su paso, llegué casi hasta el agujero de su culo, sentí que respiraba agitado y me dije está por largar la leche, tragué hasta el fondo y la saqué de inmediato de mi boca, dio un alarido y la leche empezó a salir a borbotones de esa cabeza gruesa y rosada y me cayó en la cara. Sus piernas temblaban, me dio un beso, me lamió los labios y la cara sucia por su semen. Me limpié lo poco que quedaba en mi cara, no dijimos nada, nos vestimos, encendió el auto y me llevó hasta mi casa. AL despedirnos me dijo: -“¡Guacho, me encantó! ¿Podemos hacerlo más seguido? -Claro, cuando quieras… Fue mi respuesta.

Desde esa época lo hicimos muchas veces. El se casó y me hizo poner de novio con la hermana de su esposa. Una vez me invitó a ir a la casa de la playa de su suegro. En el verano fuimos los cuatro a Punta Ballena, allí tiene la casa su suegro Todo el mes de enero lo pasamos allí. Pasamos quince días disfrutando de las playas, haciendo el amor, él a su esposa y yo a mi novia. Pero no aguantábamos más, sólo nos dimos algunos besos y algunas lamidas en las tetillas o nos tocamos las pijas, por arriba de los shorts. Ellas eran muy unidad y los cuatro íbamos para todos lados juntos. La esposa de Armando preparaba unos manjares bárbaros y su hermana no se quedaba atrás. Armando me decía que no aguantaba más, que estaba desesperado por chupármela y que yo se la chupase a él. Yo le respondía que a mí me pasaba lo mismo, que deseaba sentir su lengua entre la mía y sentir su verga en mi boca.

Una tarde fuimos los cuatro a la playa de las Grutas. Los invité para dar una vuelta y conocer las grutas. Su esposa y su hermana no quisieron ir porque dijeron que las piedras eran muy afiladas y resbaladizas y no querían darse un golpe o un raspón. Yo pensé: “Esta es la mía” Con Armando nos fuimos, llevamos una cámara por si había algún paisaje hermoso para fotografiar. Subimos y bajamos piedras y más piedras, vimos triángulos de agua turquesa muy bonitos y los fotografíamos.

Finalmente vimos una gruta, yo bajé primero y Armando me tendió la mano para que lo ayudara a bajar. Allí tropezó y cayó empujándome contra una de las paredes de la gruta. Con sus manos apoyadas en la pared me tenía aprisionado. Pasé mis brazos por su espalda, nos abrazamos y unimos nuestros labios con desesperación incontrolable después de una quincena de abstinencia. Bajé mis manos y las metí dentro de su short tocándole las nalgas y apretando mi pija sobre la suya, que ya estaba dura. El empezó a sacarme la malla y yo se la quité a él. Ya desnudos en esa gruta en la cual entraban rayos de sol, nos empezamos a acariciar las pijas duras, mientras nos besábamos, luego Armando se sentó en una piedra y yo en cuatro patas me puse entre ellas y me tragué su pene hasta el fondo de mi garganta. El gemía y me acariciaba la pija y los huevos. Después él ocupó mi lugar y me retribuyó de igual forma.

En el momento más placentero nos interrumpió una voz que dijo: -¿Puedo jugar con ustedes? ¡Quedamos petrificados! Armando sacó su boca de mi verga, miramos hacia la entrada de la gruta. Allí había un muchacho como de unos 20 años, desnudo y con la pija dura y larga como una estaca. Tratamos de vestirnos, pero con los nervios no pudimos. -Pasaba por acá, los vi tan entretenidos que me dije que podría pasar un buen rato con ustedes. Me llamo Sergio. Se acercó y nos extendió la mano para saludarnos. Armando que era más audaz que yo, alargó la mano, pero no se la agarró. ¡Le agarró la pija! -¡Que pedazo de pija tenés! Le dijo al agarrarla. -Sí, mi amor, contestó el joven. ¿Te gusta? Es toda tuya mide como 22 cm. Quedamos asombrados porque la de Armando es más chica que la mía y la mía mide como 20cm. ¡Esa parecía más grande! Además de larga era gruesa y nos excitó mucho, el muchacho, su verga, su propuesta… Armando se la empezó a apretar y a correrle el prepucio, quería verle la cabeza. Una cabeza enorme y violácea, la lamió y después se la metió en la boca.

Sergio me dijo: ¡Vos chúpame el culo! Agrándamelo bien antes de que tu amigo ponga su pija allí. Yo no sabía que hacer porque con Armando nunca habíamos hablado de penetraciones, nos gustaba el sexo oral. Le pregunté a Armando si él quería cogerlo. Sacó la pija de Sergio de su boca y me contestó que sí. Todo lo que tenía de grande la pija de Sergio, lo tenía de chico su culo, ¡era muy apretado! El estaba parado, Armando sentado en una piedra con la enorme pija que no le cabía en su boca y yo de rodillas trataba de separarle las nalgas. Finalmente se agachó hacia adelante, dejando el culo más a mi voluntad y separó las piernas. Armando seguía con la pija clavada en su boca y con una mano agarraba la mía. Pasé mi lengua suavemente por ese agujero casi cerrado. El chico decía que le gustaba, que metiera más, también gemía que sentía mucho cosquilleo en la cabeza de la pija.

Con un dedo traté de abrirlo, para que entrase más mi lengua. Empecé un verdadero trabajo de dedos y lengua hasta que ese hoyo cedió y se fue abriendo poco a poco, cuando ya entraron tres dedos me dijo: ¡Basta! Cambiamos de posiciones. Yo me senté en la piedra, él quedó en la misma posición y me la empezó a chupar, Armando parado se la empezó a meter mientras yo miraba extasiado. ¡Nunca me había imaginado que Armando la metiera tan bien! Ver eso y sentir que el chico le pedía que se la metiese toda y con fuertes golpes, me recalentó. Armando lo hizo así y quedaba arriba del chico que estaba agachado con mi verga en la boca.

Yo aprovechaba la posición para besar a Armando, el cual estaba encantado de tener su pija dentro de un culo y al mismo tiempo sentir mis labios sobre los suyos. Cuando los gemidos se aceleraron, me di cuenta de que todo iba a terminar. Tomé la pija de Sergio entre mis manos y lo empecé a pajear. Armando se la sacó y de un solo golpe se la clavó de nuevo y dio un grito. Ahí supe que Armando estaba acabando. -Bésame que yo también estoy por acabar, le dije. Me metió su lengua en la boca lo más profundo que pudo y casi lo mordí cuando sentí que Sergio se tragaba mi leche. Sergio seguía con una verga clavada en su culo y otra en su boca. Su pija se sentía muy gruesa entre mis manos, se la apreté más y lo masturbé más rápido hasta que tres enormes chorros de leche salieron y cayeron en el piso de la cueva.

Descansamos un rato tirados en el piso de la gruta. Cuando nos despertamos Sergio no estaba. El único rastro que quedaba de él era la humedad que su leche había dejado en el lugar donde había caído. Armando y yo nos besamos nuevamente y nos preguntamos si nos había gustado la nueva experiencia. Lo analizamos y llegamos a la conclusión de que no nos gustan los intrusos en nuestra amistad. Es cierto que gozamos mucho con ese chico, pero más gozamos los dos solos, en un lugar tranquilo y sin apuros.

Así que hasta ahora lo seguimos haciendo los dos. Sexo oral y algún masaje anal con los dedos y la lengua, pero nada más. A Sergio lo encontramos en un shopping, iba con una chica muy acaramelados, no nos reconoció o no quiso darse a conocer. Estimados amigos anónimos espero que esta aventura los haga gozar, es otra más de las tantas que me han ocurrido.

Un abrazo para todos.

Autor: OMAR

omarkiwi ( arroba ) yahoo.com

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