Balneario nudista

La polla de Ignacio estaba muy dura. Mi chochito parecía una manguera de agua, así como mi ojete, que estaba dilatado y más, lo estaban viendo pues quedaba a la espalda de la otra pareja. Ellos también gemían de placer. En un momento pude ver la enorme polla del chico. Ella se sentó encima de él mirándonos a nosotros, mientras que la polla de su pareja se sumergía en su húmedo chocho.

Mi marido, que se llama Ignacio y yo que me llamo Sandra somos asiduos de los balnearios. Nos encanta pasar el fin de semana en uno de ellos, la atmósfera nos ayuda a relajarnos del quehacer diario y volvemos como nuevos.

Además, nos ayuda a fortalecer nuestra relación de pareja, pues pasamos mucho tiempo juntos, en todos los aspectos.

Alguna vez, cuando hacemos el amor, nos imaginamos que estamos en un balneario, pero no un balneario normal, sino en uno nudista o mixto.

La idea de exhibirnos y ver a gente desnuda nos estimula mucho… es una sensación de libertad muy bonita

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Una tarde busqué en internet si existía alguno en España. Y lo hay, se encuentra en Almería, concretamente en Las Negras. Reservé por teléfono. Llegó el fin de semana tan esperado. Como somos de Granada, no tardamos excesivamente en llegar. El Hotel-Balneario estaba junto a la playa. Era primavera y no había mucha gente.

Mientras subíamos a nuestra habitación, nos dimos cuenta que la gente iba en albornoz o vestida… quizás nos habíamos equivocado.

Deshicimos las maletas y nos dirigimos al balneario, que se encontraba en la tercera planta; más que un balneario diría yo que se trataba de un spa de esos modernos, los cuales nos gustaban tanto como los tradicionales. Llegamos a la recepción, donde nos indican que existen dos zonas diferenciadas: normal o nudista… no nos habíamos equivocado, menos mal. Evidentemente elegimos la nudista.

Lo primero fue que para esta zona había un solo vestuario. Entramos en el, y había dos chicos desnudos, recién salidos de la ducha. Les saludamos, y nos dispusimos a quitarnos la ropa. Yo me corté, pues no estaba acostumbrada, era la primera vez que utilizaba un vestuario mixto. Mi marido se quitó toda la ropa, dirigiéndose a la zona de duchas. Yo soy de mediana estatura, rubia, tez blanco y tengo unas tetas redonditas, firmes –pero naturales-, con unos pezones rosados. Mi culo es lindo y manejable según mi marido. Ignacio es alto, complexión fuerte, moreno y tiene el mejor pene del mundo –al menos para mí-; mide unos 17 cm en erección.

Mientras me desnudaba, miré a los chicos; tenían unos penes agradables. Cuando ya estaba desnuda se me cayó el reloj al suelo. Me agaché para cogerlo, quedando de espaldas a los chicos. Al incorporarme y darme la vuelta, observé como ambos estaban mirándome… ¡que vergüenza!, seguro que se habían deleitado con mi almejita.

Ellos se habían dado cuenta, pues sus penes estaban morcillones. Yo como si nada cogí mi albornoz y fui a la zona de duchas.

Tras ducharnos, llegamos hasta el spa en sí. Allí había una chica en bañador, que se presentó como monitora. Nos explicó en que consistía el circuito que íbamos a realizar.

Lo primero era una ducha de barro para limpiar nuestra piel. Nos quitamos los albornoces y pasando por un pequeño túnel llegamos a una zona acristalada. Nuestra sorpresa fue descubrir que la zona acristalada daba a la zona de jacuzzis, por lo que tendríamos unos cuantos espectadores. Había unas diez personas, entre hombres y mujeres. Sus miradas se centraron en nuestros cuerpos; y yo que me había depilado todo mi chochito para deleite de mi marido… y de algunos espectadores sin querer. No sabía donde meterme, pero bueno, que éramos consciente de que si veníamos a una balneario nudista no íbamos a estar solos.

Tras salir de la ducha de barro, nos dirigimos a un jacuzzi. Había otra pareja dentro. El agua estaba muy calentita y llena de burbujas. Empezamos a relajarnos. Todo acompañaba, la música, el sol que entraba por las cristaleras, el vapor, etc.

Después de unos veinte minutos la monitora nos indicó que fuésemos a la ducha de contrastes (frío-calor). Los pechos se me ponían duros como piedras y a mi marido casi le desaparece su lindo pene.

Luego tocó la sauna. Cuando entramos en ella había dos chicas dentro. Una de ellas también llevaba su chochito depilado, medía como yo, pero tenía unas tetas muy hermosas, era morena. La otra, también morena tenía su pubis con vello, aunque la zona de sus labios vaginales los llevaba depilados, teniendo un pecho parecido al mío, aunque no tan firme. Nos saludaron muy amablemente.
Hacía mucho calor en la sauna y para deleite de mi marido, las gotas de sudor resbalaban por nuestros cuerpos. Como teníamos a las dos chicas enfrente, veíamos perfectamente como sus pezones se relajaban y sus chochitos se iban dilatando por el efecto del calor igual que me pasaba a mí. La polla de Ignacio en cambio, estaba sudadita pero morcillona –algo estaría imaginándose-.

A por nosotros vino la monitora, indicándonos que debíamos pasar a la poza helada. El agua estaba “congelada”. La polla de Ignacio se quedó diminuta y toda mi piel dura como el acero.

La penúltima zona del circuito era el baño turco. Tenía forma circular, con una bancada de mármol. No había nadie cuando entramos y apenas había luz, solo la que entraba por la ventana de la puerta. Mi marido empezó a tocarme, estábamos muy excitados, pues el clima y todo lo ocurrido acompañaban. Sus dedos se hundían en mi suave chochito. Le cogí la polla con la mano y empecé a acariciarle los huevos. Todo ello con la discreción y el morbo de que podía llegar.

Y así ocurrió, pues al mirar a la ventana veo un rostro masculino. De inmediato nos relajamos, yo más fácilmente, pues Ignacio se tuvo que ladear para disimular su polla en erección.

Se abrió la puerta y entraron una pareja joven. Ambos tendrían nuestra edad. Ella era morena, tetas hermosas y llevaba el chochito con un bigotito. Su pareja era alto, fornido y tenía una espectacular polla –yo diría que en reposo unos 16 cm-. No lo pude evitar, pero mis ojos se fueron a ella. El se dio cuenta.

Nos comentaron que habían visto que nos estábamos acariciando, algo que ellos consideraban natural, pues el ambiente era propicio y no había malicia en nuestros actos. Lo veían tan normal, que nos dijeron que si no nos importaba que ellos se acariciasen, invitándonos a seguir haciéndolo nosotros, pues después de vernos a nosotros, ellos se habían excitado también.

Al principio nos cortamos bastante, pues era una pareja desconocida y estábamos todos desnudos en una pequeña sala. Las respiraciones eran cada vez más notables, pasando poco después a suspiros. El vapor y la tenue luz nos ayudaban en esta aventura. La polla de Ignacio estaba muy dura, llena de venas y con unos huevos dilatados por la temperatura. Mi chochito parecía una manguera de agua, así como mi ojete, que estaba también dilatado… y más si pensaba que lo estaban viendo, pues quedaba a la espalda de la otra pareja.

Ellos también gemían de placer. En un momento pude ver la enorme polla del chico, no sé si a su chica le cabría toda.

Ella se sentó encima de él mirándonos a nosotros, mientras que la polla de su pareja se sumergía en su húmedo chocho. Al principio puso cara de situación, pero luego se transformó en una enorme sonrisa de placer.

Nosotros también empezamos a follar, pero como a mí me gusta, a cuatro patas y mi marido metiéndola en el coño, pero por detrás. Me encanta como se balancean mis dos tetas de un lado para otro.

Seguimos jadeando, llegando un momento en el que por el efecto del vapor ya no veíamos nada, solo escuchábamos gemidos y los inevitables “chof, chof”. Casi nos corremos todos a la vez. Fue maravilloso. Nos despedimos y salimos del baño turco.

La última zona era una sala de relajación, donde te ponen música y juegan con distintos aromas y efectos de luz… pero ya estábamos relajados.

Autor: Esone

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