Bastardo con suerte

Bastardo con suerte

La fiesta se encontraba bastante prendida. Sin duda alguna la banda que habían contratado aquel día había resultado una buena elección. Sabían tocar bastante bien, y había que reconocer que los tres chicos atraían bastante las miradas de las mujeres presentes en la fiesta, especialmente el bajista y el guitarrista. Ambos eran de estatura mediana, de piel y cabellos claros y facciones afiladas, ambos delgados y bastante parecidos. Seguramente eran parientes, ya que la forma de diferenciarlos realmente era que el guitarrista tenía el cabello largo, suelto hasta la espalda mientras que el bajista lo tenía corto y peinado como una mohicana.

-Bien ha llegado el momento de tomarnos un descanso -anunció uno de los Bastardos, que era el nombre de la banda.

El público replicó un poco, pero la verdad es que la mayoría eran conscientes de que la banda se merecía un descanso. Llevaba casi dos horas tocando sin parar, y aún les faltaba mucho tiempo por tocar.

-Voy al baño -anuncié a mis amigos antes de dejar mi bebida sobre la mesa en la que nos encontrábamos, algo ligero, solo un poco de vodka con jugo de uva. Sin embargo, aparentemente todo lo que había tomado ya había comenzado a recorrer mi organismo, aunque aún no me sentía mal. Quizás se debiera a que había estado alternando el tomar con el baile.

Llegué al baño del lugar donde nos encontrábamos, el cual se hallaba vacío y me dirigí inmediatamente a los urinarios. Elegí el más lejano, me bajé el cierre y saqué a mi amiguito para que pudiera desahogarse. Mi orina salió en un chorro poderoso con el que me puse a jugar intentando apuntar a un pequeño punto rojo que se encontraba en el urinario. Me pregunté a quién se le habría ocurrido poner un punto como aquél en ese lugar. Apostaba que no era el único que se divertía de esa manera. Quizás eso explicaría porque el baño seguía limpio aunque ya había varios tipos ebrios en la fiesta.

La puerta del baño se abrió mientras mi chorro de orín se detenía. Por fin mi vejiga había quedado liberada. Me dispuse a sacudir a mi pequeño amiguito para asegurarme que ninguna gota de líquido quedaba dentro cuando la persona que había entrado ocupé el urinario que se encontraba justamente al lado del mío. Yo me saqué de onda. Había otros cuatro urinarios libres, ¿por qué escoger ése?

Volteé a ver de manera discreta mientras sacudía mi pene, y me di cuenta que se trataba del bajista de los Bastardos, el cual no se dio cuenta de que lo volteé a ver porque se encontraba muy entretenido viendo como sacudía mi verga.

Mi pene comenzó a reaccionar inmediatamente. El chico me parecía atractivo, y aparentemente estaba buscando algo que con mucho gusto podía darle. Cuando mi polla estuvo semierecta él me volteó a ver directamente a la cara.

-¿Te gusta? -le pregunté mientras comenzaba a masturbarme propiamente.

-Me encantaría tenerla dentro de mí -me respondió con voz varonil mientras estiraba su mano para agarrar mi pene.

Aquello era lo más excitante del asunto. A pesar de que de cerca podías observar que las facciones del chico eran bastante delicadas, nadie hubiera dicho que se trataba de un marica. El chico era machín en su forma de caminar, comportarse y de hablar.

Comenzó a masturbarme con fuerza. Normalmente no me gustaba que lo hicieran así, pero ver su pálido brazo, con la manera en que su mano de piel clara contrastaba con mi amiguito moreno me resultó hasta cierto punto placentero.

-Ven -me dijo mientras me jalaba por el pene hacia el inodoro ubicado en el rincón más alejado del baño-. Tenemos veinte minutos hasta que tenga que volver a subir a tocar.

Veinte minutos me parecían muy poco tiempo. Pero lo mejor sería aprovechar la oportunidad. Quizás si le gustaba lo que le hacía decidiría que nos viéramos después con más calma.

Apenas entramos al cubículo donde estaba el inodoro y cerramos la puerta, el bajista se desabrochó el pantalón y se lo bajó mientras me daba la espalda. Quedé asombrado con aquel blanco trasero peludito que se mostraba ante mí. Había soñado muchas veces con encontrar un trasero así. Bueno, en mis ensoñaciones el tipo solía tener más carne en el lugar (la verdad el bajista de los Bastardos no estaba muy nalgón), pero aún así se veía increíblemente bien.

-Métemelo -me dijo el chico mientras se inclinaba un poco.

-Espera, espera -le dije mientras me sentaba sobre el inodoro y ponía mis manos sobre aquel culo magnífico-. Tienes un culo demasiado bueno como para desperdiciarlo.

Ahí sentado mi cara quedaba a la altura precisa para lo que pretendía. Acerqué mi rostro a aquel culo y lo hundí justamente en la raya que dividía ambas nalgas, mi nariz rozando aquel pequeño agujero que parecía abrirse hambriento. El chico bajista soltó un ligero suspiro cuando la punta de mi nariz hizo contacto con su ano, mientras que yo inhalaba el embriagador aroma que había entre los pelos que rodeaban aquella parte de su anatomía.

Usé mi lengua para recorrer toda su raya, desde detrás de sus testículos, pasando por su delicado agujero hasta llegar al lugar donde terminaba su columna vertebral. Mientras tanto, mis manos acariciaban las piernas velludas del Bastardo, las cuales estaban en una excelente condición.

Volví con mi lengua a su pequeño hoyo y comencé a lengüear la zona. El chico comenzó a gemir con fuerza mientras yo disfrutaba del sabor que tenía. Tenía un sabor ligeramente salado, seguramente resultado del sudor que se había acumulado en la zona después de la tocada que había tenido lugar. Mi lengua pasaba por los bordes de su agujero, el cual se abría hambriento.

-¡Qué bonito agujero tienes! -le dije mientras le daba una suave nalgada.

-Ya métemelo por favor -me rogó con algo de desesperación.

-Te voy a meter, pero otra cosa -le dije mientras volvía a poner mi rostro contra mi trasero.

Ahora mi lengua no se contentó con rozar el agujero, si no que se perdió en él. No me costó gran trabajo meter mi lengua en su interior, ya que el pequeño agujero del amigo parecía estar entrenado para algo así. Él mismo lo abría permitiendo el paso de mi lengua, saboreando el lugar, el cual afortunadamente se encontraba limpio.

Me mantuve un rato así, hasta que sacié mi propio deseo y consideré que ya había pasado algo de tiempo. Desafortunadamente teníamos tiempo limitado, me recordé. Así que saqué mi inseparable condonera, abrí el condón con cuidado y lo coloqué sobre mi pene mientras me acomodaba detrás del Bastardo.

-¿Listo? -le pregunté mientras colocaba la cabeza de mi pene en la entrada de su ano.

Por toda respuesta él hizo un movimiento hacia atrás, con lo cual su ano hambriento se tragó mi pene. La sensación era indescriptible, ya que era como si estuviera metiendo mi pene a toda velocidad en aquel agujero, además de que era superexcitante observar como aquel trasero blanco se acercaba a una buena velocidad a mí, hasta chocar contra mis caderas.

-¡Oh, qué bien! -me dijo, aparentemente satisfecho al tener su agujero lleno de mi polla.

Me dio un ligero apretón con los músculos de su recto, con lo cual me sentí increíblemente bien. Además, comenzó a mover suavemente sus caderas, dándome un masaje excelente.

-¿Te gusta? -me preguntó con voz provocativa.

-Te voy a dar como nadie te ha dado -le dije mientras agarraba su cabello y obligaba a su cabeza a recargarse contra el muro.

En esa posición su trasero quedó más paradito, con lo cual la vista resultó insuperable. Empecé a mover mis caderas hacia adelante y hacia atrás, con lo cual mi pene comenzó a salir y a entrar de manera intermitente en su culito. El Bastardo solo se quejaba suavemente, daba gemidos que me daban a entender que le encantaba tener una buena verga dentro de su recto.

La velocidad de mi mete y saca fue aumentando mientras le metía una mano debajo a mi compañero en aquellos momentos. Tomé su pito entre mis manos, y lo tenía totalmente duro. Tenía un buen tamaño, de aproximadamente diecisiete centímetros.

-Con este pedazo de carne la harías muy bien de activo -le dije al oído, repegando todo mi cuerpo contra él pero sin dejar de meterle y sacarle mi pene.

-Prefiero sentir el culo lleno con el pedazo de otros -me contestó con aquella voz varonil mientras ladeaba la cabeza para que ambos nos besáramos.

Era algo complicado, pero conseguimos que nuestras lenguas comenzaran a luchar la una contra la otra, acariciándose salvajemente en un juego que a ambos nos gustaba. Comencé a masturbarlo con fuerza, apretando entre mis dedos su tronco y su glande, recorriendo su prepucio hacia atrás y hacia delante con un dedo mientras el grueso de mi mano masajeaba todo su tronco. Estuvimos así un rato, pero todo lo bueno tiene que acabar en algún momento.

-¡No ma, me vengo, me vengo! -exclamó él mientras apretaba los ojos, y no solo eso.

Empecé a darle más duro cuando dijo eso, y la verdad es que su ano contrayéndose por los espasmos de su orgasmo mientras le metía y sacaba el pito me dieron el mayor placer que había experimentado en la vida. Me vine poco después de que él sacara sus chorros de esperma, los cuales en su mayoría fueron a chocar con fuerza contra la pared, aunque algunas gotas se escurrieron por su pene y de ahí a mi mano.
Me recargué un poco sobre él, dejándole mi pene dentro un pequeño momento. Me encantaba el tacto de su piel, al igual que su olor. Además, también era increíble la textura de su pene mientras iba perdiendo fuerza poco a poco. No pude evitar apretárselo mientras iba perdiendo la erección.

-¡Fue fantástico! -le dije mientras le besaba el cuello.

-Genial -coincidió él-. Es una lástima que tenga que ir a tocar y no podamos darnos la segunda ronda.

-¿Habrá otro descanso, no? -le dije yo mientras comenzaba a sacarle mi pene con cuidado de su culito. Además, la simple visión de mi herramienta saliendo de aquel culito blanco y peludito era digna de contemplarse.

-Supongo que tienes razón -dijo él mientras se daba la vuelta y me besaba.

Definitivamente no podría aguantar a que el siguiente descanso de la banda llegara.

——♂——

Okey, sé que suena algo fantasioso lo de que el tipo era muy varonil, pero yo no pierdo las esperanzas ;)

Me gusta / No me gusta

Mi gusto por los hombres

Empezó primero la puntita, sentí un poco de dolor pero el placer era tanto que lo justificaba, una vez que buena parte estuvo adentro se quedó quieto unos segundos, cuando mi cola se acostumbró empezó un metisaca que me llevó a la gloria, mientras me rompía la cola pude acabar tirando leche como nunca lo había hecho antes, hasta que él me llenó la cola de leche mientras temblaba de gozo.

Soy Ingeniero, me llamo Carlos Horacio, vivo en Argentina.

Siempre me gustaron las mujeres, pero miraba con cariño a los hombres, sobre todo en los baños públicos trataba de mirarles la pija y me gustaba ver cuando la pelaban, ya que soy circuncidado y siempre la tengo pelada. Me entraban ganas de chupárselas, de pelarla y ver como sale la cabeza brillosa.

Estuve casado hasta que mi mujer me descubrió encamado con un tipo y me pidió el divorcio. Las cosas sucedieron más o menos así:

Como comentaba antes me gustan las mujeres pero también los hombres, de esto me dí cuenta hace mucho tiempo cuando en los baños públicos miraba de reojo las pijas de los que meaban al lado mío, pero no me animaba a más… hace un tiempo estaba compartiendo un asado con un grupo de obreros, entre ellos hacían bromas y sobre todo le apuntaban a uno de ellos porque solo le gustaba cogerse hombres y no mujeres, eso me hizo estremecer ya que era una buena oportunidad para cumplir con mi sueño…además tiene un buen físico y es muy agradable como persona.

Era fácil para mí encontrar el lugar y momento para eso, dudé mucho ya que era un paso importante y difícil en mi vida, cuando me decidí y me di cuenta que no habría vuelta atrás lo cité en el estudio con la excusa de ver un trabajo.

Esa tarde estuve muy nervioso esperando el momento que llegara y me hice mil planes de cómo trataría de hacerle saber que tenía ganas de estar con él, también dudaba hasta donde llegaría con este tema, si solo se la chuparía, si me dejaría hacer la cola, todas dudas, sobre todo el tema de la cola tenía mucho miedo de sentir dolor, entonces me dije también depende del tamaño, si es muy grande veo y si es chica por ahí me animo a que me la meta.

Llegó a horario, lo hice pasar, se sentó enfrente mío, seguramente habrá notado mi nerviosismo, empecé hablándole de la obra que tenía que hacer y mi cabeza daba vueltas por otro lado, no coordinaba, hasta que no aguanté más y directamente le cambié de tema comentándole lo oído en el asado….a lo que sonrió y me dijo que era cierto que nunca había tenido sexo con mujeres y que solo le gustaban los hombres, pero que nunca se había dejado coger, solo penetraba y se dejaba chupar la pija, ¡ justo lo que quería ¡

Entonces le conté sobre lo que sentía y lo mirón que era en los baños públicos, se sonrió y me dijo que le gustaría complacerme y que sería el décimo hombre que haría mujer…sentí escalofríos, no sabía que hacer, le pedí por favor la máxima discreción ya que soy un profesional conocido en la ciudad, me tranquilizó y se acercó a mí, me tomó la mano y la colocó sobre su pantalón para que sintiera la pija.

Estaba en mi gloria, no perdí mucho tiempo y le desprendí el cinturón, saqué su pija, la pelé despacito mirándola como se desplazaba la piel hacia atrás y dejaba ver la cabeza brillosa, le di una primera lamida despacio, era mi primera vez y estaba disfrutando, lo miré a los ojos y vi su sonrisa que irradiaba el placer de “hacer mujer a un hombre “como me había dicho antes…era su mayor felicidad también.

Chupé un buen rato de todas las maneras posibles, chupé sus huevos una y otra vez y me saqué las ganas de hacerlo, a medida que me calentaba pensaba que quería más a pesar de que el tamaño de su pija era importante….estaba bien dura, brillante por mis lamidas y a punto.

Entonces como si se hubiera dado cuenta se acercó y al oído me dijo “quiero hacerte la cola “….escalofríos, temor, gusto, no sé que fue lo que sentí, pero no me opuse.
Lo dejé hacer, me sacó la ropa y quedé desnudo por completo, terminó de desvestirse totalmente, y pude apreciar su lindo físico bien musculado, se acercó me dio vuelta y me apoyó sobre el escritorio, todo muy suavemente, arrimó la cabeza de su pija a mi cola y apoyando su cuerpo sobre el mío me dijo que me relajara, que estuviera tranquilo que sabía lo que hacía…

Empezó con suavidad, primero la puntita, a medida que mi cola se relajaba dejaba meter su pija cabezona y gruesa, sentí un poco de dolor pero el placer era tanto que lo justificaba, una vez que buena parte estuvo adentro se quedó quieto unos segundos, mientras me besaba el cuello y la espalda y cuando mi cola se acostumbró empezó un suave metisaca que me llevó a la gloria, mientras me sacudía y me rompía la cola pude acabar tirando leche por todos lados, como nunca lo había hecho antes, hasta que él me llenó la cola de leche mientras temblaba de gozo…

Después se acostó con todo su cuerpo sobre el mío dejándome inmóvil y sacó su pija todavía chorreante….lo ayudé a limpiarse con una servilleta de papel, le di un besito en la punta y nos vestimos…

Luego de este primer encuentro me siguió cogiendo en el estudio, alguna vez me cogió en un albergue transitorio y el mayor atrevimiento fue un día que vino a casa a hacer arreglos en el baño de mi suite, mi esposa salió a hacer unas compras y aprovechamos el momento, teníamos la casa a disposición pero pidió cogerme en la cama matrimonial.

Ahí fue cómo nos encontró Mercedes: desnudos, yo boca abajo con las piernas abiertas, con almohadones bajo mi panza para levantarme bien la cola, el arrodillado atrás mío clavándome, gozando, con la sábana sucia por mi rápida acabada.

Se quedó mirándonos sin decir ni hacer nada, escuchó y vio cuando me acabó dentro de mi cola y cuando sacó su pija vio salir la leche de mi cola…

Cuando me di vuelta la vi parada en la puerta del dormitorio, me miró, dio media vuelta y se fue, quedé muy porque no me esperaba que volviera, no supe que hacer, cuando la volví a ver me dio una cachetada, y me dijo que quería el divorcio.

Destruí mi matrimonio por el gusto a los hombres, ¿pero quien me quita lo gozado?

AUTOR: Carlos Horacio

Me gusta / No me gusta