Cuatro en el bar

No parece nada sórdido. Al contrario. Es sobrio. Elegante. Hay un ligero olor a que hace mucho fumaron algún puro, pero ahora el aire es frío. La luz tenue. No es oscuro, ni de día. Deja ver lo necerario y queda oculto lo que está demás. En un extremo de la barra estas tu, con un vestido blanco. Es color hueso y tu cabello rubio brilla bajo el foco que está justo en la curva de la barra. Qué mejor lugar para quedarte. El brillo de cientos de copas, de botellas llenas de dorados líquidos, la madera brilla y tu ahí estás perfecta. Choca el vaso que pedí contra mi barra y tu volteas a verme. No se quién le sonrió primero a quién, pero lo hicimos juntos. Justo cuando me disponía a acercarme a ti, llegó tu amigo. Supongo que es tu amigo, por como te tomó la cara al darte el beso. Igual sabía no tendríamos mucho tiempo. Yo también espero a alguien, así que mientras seguiré admirándote. Me acerco. Logro escuchar tu tono de voz y me gusta. Creo que siento tu perfume. No me importa que él este ahí y te rodee con sus dedos cada vez que puede. Igual te veo. Ha llegado mi cita. Justo se ha sentado entre ustedes y yo. No podía ser más acertada. así podre seguirte viendo mientras la veo a ella. Me fijo en tu vestido. Creo que no llevas sostén. Veo tu culo y creo no llevas tampoco pantys. Ahí siento las manos que me tocan y necesitan mi atención. Ella me besa en la boca y tu nos ves. Quisiera que sus labios carnosos fueran los tuyos y me pagas besándolo a él. Creo que ha comenzado un juego que nos va a llevar lejos. Quién se resiste menos, quien insista más.

Él empezó a tocar tu pierna, mientras ella me tocaba más abajo. Apretaba cada vez más fuerte y pudo sentir como yo estaba muy duro. Tu lo pusiste así mientras ella creía habían sido sus besos. Vi que él metió su mano por debajo de tu vestido y tu te rodaste al borde del banco. Le diste permiso de pasar. De entrar y estar cómodo. Ella levantó mi guayabera para meter su mano dentro del pantalón y descubrir que además de duro estaba muy caliente. Tu me veías y sonreías mientras él recién descubría que no llevabas sostén y trataba de ver tus pezones que ya había notado yo estaban muy duros. Tu piel blanca llena de lunares era hermosa. Podría perderme en ella totalmente. Vi su brazo dentro de tu vestido y tu abir la boca tratando de no escapara un gemido. Estoy seguro ya metió uno de sus dedos dentro de tu cuca. Me pregunto si estas rasurada o llena de unos pequeños vellos rubios como tu cabello. Me miras aprovechando el éxtasis de él. Te gusta que te vea mientras él te penetra. Ella se acerca y con su lengua en mi oreja me pide baje mi bragueta. No lo dudo en hacer. Quiero sentir más y quiero que tu veas más. Saca su mano de su pantalón, ahora pega sus grandes tetas de mi pecho que pareciera fueran a salir de su ajustado vestido y mete su mano sacándome el guevo. Tu has bajado la mirada y suspiras. Sonríes y disfrutas que él te esté metiendo su dedo y que tu puedas ver mi guevo mientras ella lo aprieta y me pajea suavemente. Has dado un pequeño brinco. Creo, por como se pegó a ti y metió más su mano, que ahora no tiene solo un dedo dentro de ti. Quiero imaginar tiene dos o hasta tres de sus dedos abriendo tu cuca y llenándose de todo tu flujo. Eso ha hecho me ponga más caliente. Me gusta verte así. Con tus piernas medio abiertas y el metiéndote mano. Ojalá estuviera esto más oscuro. Quizás podrían suceder más cosas. Yo no me he contenido y uso mi mano para tocarla. Primero agarro su culo, le sobo sus nalgas y ahora meto mi mano y encuentro un pequeño hilo que entra entre su culo. Lo hago un poco a un lado y con la yema de mi dedo índice se lo estimulo. Ella cierra los ojos. Tu mueves tu cabeza para ver qué estoy haciendo y te percatas que por delante no podrás ver. Echas tu cabeza hacia atrás y ves claramente como mi mano está entre sus nalgas. Sabes que estoy metiendo mi dedo en su culo. Otra vez esa sonrisa. Creo estamos a la par. Ambos hacemos mucho para estar en la barra de un bar. No sé si alguien nos está viendo.

Tu me haces una seña para que nos vayamos. Creo que estás muy intimada al igual que yo para despegarnos de nuestros compañeros. Tu le dices algo a él y vas hacia el baño, yo hago lo mismo.

Llego un minuto después y la puerta está cerrada. La fuerzo y tu abres. Me jalas. No dices nada, te levantas el vestido y pones las manos encima del lavamanos. Solo me ordenas que pase el cerrojo de la puerta. Cierro mientras me saco el guevo sin bajarme el pantalón. Tus nalgas son como imaginé. Tu cuerpo es una continuación de tu vestido. Muy blanco. Me pides te lo meta ya. te tomo de la cintura. Me agarro el guevo para penetrarte cuando me pides te coja duro. No dudo en hacerte caso y sientes mi machete entrar completamente dentro de ti. Tu cuca está muy abierta. Sin duda él tenía más de un dedo dentro de ti. Estás totalmente dilatada. Hizo un trabajo perfecto. Abierta y empapada. Te tomo con fuerza por la cintura mientras empujo lo más duro y profundo que puedo. Tu te agarras con fuerza y gritas. No soporto. La pajeada que me dio ella ya me tenía a punto y sentir tu cuca asi me hace querer acabar. Te lo digo y me das permiso. Te aprieto con mis manos abiertas. Empujo mi guevo dentro de ti, me detengo y siento como mi leche empieza a llenarte. No me muevo. tus nalgas están calientes y pegadas a mi. He dejado hasta la última gota de mi semen dentro de ti. Mientras acabas conmigo. No te limpias, yo tampoco. Solo estiramos la ropa y salimos.

A mitad de camino están ellos esperándonos en la barra. Hablan. Te tomo de la mano. Te detengo. Vamos. Salgamos. Te jalo y tu no ofreces resistencia. Salimos del bar. Tu y yo.

Me gusta / No me gusta

Se enojó mi novia y miren lo que hizo…

Mi novia y yo vinimos a la Capital para ir a la Universidad. Somos de un pueblo chiquito y venimos saliendo desde la secundaria.
Nos acompañaron nuestros padres y nos dejaron instalados a cada uno en uno pensión en la que les prometieron cuidarnos y controlarnos, cosa que duró los primeros quince días.
Estudiamos carreras diferentes pero las pensiones quedan cerca una de la otra así que todos los días nos encontramos al terminar las clases en un bar, tomamos algo y después la acompaño a su pensión. Pero hace un tiempo le vengo diciendo de encontrarnos en otro lado, es un bar de barrio, con una mesa de pool, un metegol y de día está bien pero a la noche sólo van tipos y yo hay días que salgo más tarde que ella y me tiene que esperar ahí. Me dice que soy un celoso de mierda, que nunca le han dicho nada ni nadie le faltó el respeto pero veo como la miran y me pongo loco, la desnudan con los ojos, está bien, no es para menos, aunque no tendría que decirlo yo, pero es un bombón, una colorada hermosa por donde la mires.
Seguimos discutiendo sobre lo mismo hasta que hace unos días, de esos en que yo salgo tarde, llegué y estaba ella sola y dos tipos jugando pool y el mozo, nadie más.
-Esto no va más- le dije. –Tenemos que buscar otro lugar para que me esperes.
-Ah, otra vez tu celos, terminala querés. Me contestó de bastante mal modo.
-Fijate como te miran, parece que te quieren comer.
-Bueno, deberías estar orgulloso de salir conmigo, en lugar de celarme. Nunca te di motivos.
-Y… la ocasión hace al ladrón no? – Le dije. No fue un buen comentario. Me miró furiosa.
-Así… te vas a arrepentir.
Nunca me había hablado de esa manera, siempre fue una chica dulce y dócil…
Se levantó y fue hacia la mesa de pool.
– No me enseñarían a jugar, mi novio no quiere.
La miraron los dos que estaban jugando más el mozo que los veía jugar, de arriba abajo, me miraron a mí.
-Nosotros no tenemos problema, pero tu novio se va a enojar.
-Ya está enojado, pero se le ira a pasar, supongo
El que había hablado, un tipo de treinta y pico, grandote, me mira y me dice
-Vení, jugamos los cuatro y le enseñamos a tu chica.
-No, hoy no.
-Bueno, entonces jugá vos-, le dice al mozo.
-Ya van a ser las once.
-Un rato, cualquier cosa cerrás la persiana hasta que terminemos.
Empezaron a jugar y el grandote hizo pareja con mi novia, cada vez que ella tenía que tirar se ponía detrás y la arrimaba todo.
Yo estaba furioso pero por otro lado me calentaba ver como los ponía locos y a pesar de eso le dije
-Bueno, ya aprendiste bastante por hoy y además el señor tiene que cerrar.
-Justo ahora que empiezo a divertirme, por otra parte siempre que llega la hora cierra y nos vamos cuando terminamos.
-Si, no hay problema, bajo la cortina y terminamos este partido. Dijo el forro del mozo mirando al tipo grande.
Siguen jugando con el local cerrado y con los vasos de fernet-cola cada vez con más fernet y menos cola, incluso el de mi novia que estaba más que alegre.
-Basta, vamos, ya es tarde.
-Mañana es sábado, y hoy me quiero divertir.
-Y te estás divirtiendo, la estás pasando bien. Le dice el grandote ya muy cerca del cuello de ella y con una mano sobre un muslo que estaba sobre la mesa.
-Si, muy bien. Contesta con una sonrisa que era una invitación.
-Sabés una cosa, Vamos a jugar a algo más divertido. Le dice y tomándola de la cintura la sienta en la mesa.
Yo seguro que iba a reaccionar y lo iba a mandar a la mierda me quedé en el molde. O sorpresa, tomando otro trago le dice
-Si… y a que quieren jugar?
-A lo que tendrías que estar jugando con tu novio pero como está enojado te deja con las ganas. Ella larga una carcajada y yo me levanto
-Me parece que se están pasando de vivos. Vamos
-Tranquilo gaucho, la chica es grande para decidir lo que quiere, si vos te encabronás y te haces el duro con ella bancate el resultado.
La mira a ella y le pregunta
-Y seguimos el juego?
-Se va a enojar mucho.
-No se lo merece?
-Sí, estuviste para la mierda, ahora te jodés. Eso fue para mí.
Le empieza a besar el cuello y los otros dos se acercan. Ella sigue tomando.
-Ellos también juegan. Pregunta ella con mucha picardía.
-El partido lo empezamos los cuatro no? Por que no bajás la cortina de la ventana también. Eso era para mozo, que casi corrió a cerrar y a apagar todas las luces salvo las de la mesa de pool.
A esta altura yo no sé si estaba más enojado, sorprendido o excitado, el bulto en el pantalón ya me molestaba, mi novia, que con el único que había estado era conmigo se preparaba para enfiestarse con tres desconocidos.
Y se estaba enfiestando, ya le metían mano los tres por todos lados. Le sacaron el vaso, la tumbaron en la mesa con las piernas colgando y el grandote que seguía parado frente a ella le abrió el pantalón y empezó a lamerla a medida que se lo bajaba, los otros dos trepados en la mesa le fueron sobando las tetas y levantando la blusa hasta sacársela, a continuación el corpiño. Yo creí que ahí iba a pedirles que parasen, no risas y jadeo de excitación. El pantalón… al suelo, lo único que quedaba era la tanga, los tipos ahí pararon para mirar, acariciándola le piden que se muestre y ella se muestra, se para y da dos o tres vueltas mostrando todo lo que tiene, que no es poco.
-Qué más tenés? –le dicen.
Ella les da la espalda y agachándose como peor de las putas se saca la tanga y se las tira. La ponen otra vez en la mesa y el grande se mete entre las piernas y la empieza a chupar, los otros le lamen las tetas y le dan unos besos de lengua terribles, ella está al borde del orgasmo, yo la conozco bien, el grandote saca su miembro y se lo muestra, ella se lo acaricia y él lo friega contra los labios y el clítoris, creo que ahí tubo el primer orgasmo, antes de que entre y entró, los otros le dieron para que se las chupe y se la fregaron por las tetas. Cambiaron y el grandote se subió a la mesa para ponérsela en la boca mientras los otros se turnaron en cojerla.
-Flaco no vas a venir? Me pregunta uno.
-Si vení y amigos como siempre- me dice ella.
No lo puedo creer, la naturalidad con que lo toma. Y encima a mi me re-calienta, estoy al palo.
Uno de ellos la hace subirse encima montándolo, y los otros se entusiasman con su culo, lo acarician y de a poco le van empujando algún dedo, un poco de saliva, ella se queja y el mozo trae una aceitera de las que son para las ensaladas. Le chorrean una buena cantidad y le meten uno, dos y tres dedos. El grande la llama y la pone en el suelo mirando a la mesa y la hace recostar, le abre los cachetes y se la da por atrás hasta casi acabar y se la pasa a otro que la sube a la mesa en cuatro patas y se la pone también por el culo. El tercero le dice que quiere verle la cara mientras le hace el culo y la pone boca arriba con las piernas en los hombros y se la da. Este no aguanta y acaba, los otros se pajean y acaban uno en las tetas y el grandote se hace tragar.
No se cuantas veces acabó ella pero les aseguro que muchas, la seguían manoseando y ella gimiendo, entonces uno me dice
-Vení porque quiere más, sino llamamos a otro amigo.
-Si, vení, por favor- dice ella. Y yo empacado como un boludo y todo al palo.
-Dejá, llamo al negro.
Y con el celular llama.
-Vení que hay un caramelito, en cuanto? Bueno, ya te abrimos.
Corta y le dice a los otros está en la puerta, vio mi auto y paró para ver que había.
El mozo abre la puerta y entran dos tipos, uno morocho, un poco gordo, yo se que esa clase no le gustan, el otro flaco, canoso, medio barbudo, tampoco es de los que le gustan. La miro está con una mano sobándose las tetas y con la otra el clítoris, no lo puedo creer. Antes de terminar de sacarse la ropa ya está el gordo cojiéndola y el viejo metiéndosela en la boca.
El grande se me acerca y me dice
-Andá y cojela porque si no seguimos llamando amigos hasta la hora de abrir.
Aguanté un rato más pero estaba totalmente excitado.
-Ma si, querés ser puta, se puta. Y lo aparté al viejo y se la di para que me chupe. Nunca me la había chupado tan bien, y muerta de risa. Nos turnamos con el viejo y el gordo para cojerla por todos lados, se acabó el aceite y fuimos por más. Al rato se sumaron los otros dos que se habían calentado de nuevo y ya éramos cinco para turnarnos.
En eso estaba ella montando al gordo y el viejo dice
-Haber nena, ya somos muchos para esperar turno, levantá bien ese culito tan redondo que tenés.
Ella levantó el culo y miró para atrás por sobre el hombro, vio lo que se venía y le dijo
-Despacio por favor que esto no lo hice nunca.
-Aflojate y gozá – le dice el viejo acomodándose detrás y dándole su primera doble.
Eso no me lo quise perder y lo aparté enseguida al viejo y así nos turnamos todos hasta acabar, cuando llegó mi turno me la agarró con las dos manos, la puso toda dentro de su boca y la chupó hasta dejarme totalmente seco.
Todos medio reventados nos vestimos y nos fuimos sin decir palabra. Dormimos veinte horas al hilo.
Al otro día lo hablamos un rato largo y al final nos pusimos de acuerdo…
La próxima vez lo vamos a hacer con otras chicas!!!

Me gusta / No me gusta

El polvo de nuestras vidas

Penetré su ano. Ana suspiró, pero no mostraba signos de dolor, empujé de nuevo, al poco la tenía ante mi, totalmente penetrada por el culo, mi ritmo se acrecentó, mientras la enculaba, jugué con su clítoris, y ella mostró generosamente cuanto aquello la complacía, me incorporé sobre ella, y empecé a encularla con gran vigor,ella no paraba de gemir, terminé corriéndome salvajemente en su ano.

Mi nombre Jordi, tengo 33 años y vivo en Barcelona. Soy lector habitual de la sección de relatos eróticos y hoy me he decidido a escribir sobre la aventura sexual más apasionada y salvaje que yo haya vivido jamás. Todo lo que voy a escribir es real y ha ocurrido durante el mes de agosto del año pasado .Trabajo en una oficina de una pequeña empresa en Barcelona, y durante el mes de agosto, transcurrieron dos semanas en las que yo era el único que acudía a mi trabajo, el resto de compañeros se hallaban disfrutando de unas merecidas vacaciones.

Cada mañana nuestra primera actividad consiste en bajar al bar de la esquina a desayunar… yo, aunque en solitario, seguí practicando nuestra sana costumbre… pero tuve que cambiar de Bar, ya que nuestro local habitual, había cerrado también por vacaciones. Así es que entré en mi nuevo bar y me senté en una mesa a ojear, despreocupadamente, la prensa diaria. Esa mañana era yo el único cliente. No había mucho trabajo, así que no era urgente el volver apresuradamente a la oficina. Entró una mujer. Dos clientes…Sin poder evitarlo, sin más, empecé a seguirla con la mirada, era el tipo de mujer que sin que uno sepa muy bien porque, despierta sus más recónditos y atávicos instintos, y ahora recuerdo que desde el primer momento en que la vi, solo una palabra recorría mi cabeza: “sexo”.

Primeramente se dirigió hacia la barra, de espaldas a mí, con lo cual pude devorarla con la mirada, sin miedo a ser descubierto. Calzaba zapatos blancos de tacón, acabados en una larga punta. Vestía unos pantalones tejanos, que debo decir, le dibujaban un trasero espléndido, y añado, que ella también sabía moverlo muy bien. En la parte de arriba un jersey fino de color negro, bastante ceñido. Su cabello era rizado de color castaño con mechas más claras. Pidió en la barra, se volvió y vino a sentarse en una mesa justo enfrente de la mía.

Ahora si podía ser descubierto, pero sinceramente, no me importó, volví a estudiar su cuerpo, sus movimientos, realmente ella me excitaba. Le calculé unos cuarenta años aproximadamente, eso si, muy bien llevados, pero tenía esa cara de mujer experimentada en la vida, que al menos a mi, me da mucho morbo. Ojos despiertos y mirada, diría yo, divertida, alegre, de mujer desenfadada. Tez morena, marcadamente bronceada. Llamaron también poderosísimamente mi atención sus pechos. Eran de un tamaño bastante considerable, muy bien puestos para su edad, alzados, y tal como he dicho antes llevaba un jersey ceñido, sin sujetador, que le marcaba notoriamente los pezones. Os digo, que me puse tieso en ese mismo instante.

Hago un inciso para deciros sobre mi, que aunque más joven, he vivido lo mío, estoy rodado vaya, curtido, y leo bastante bien entre líneas. Tengo novia aunque actualmente reside en el extranjero y nos vemos unos pocos días cada dos meses. Soy de carácter abierto, bastante seguro, decidido, afable, simpático, es fácil entablar conversación conmigo y físicamente normal, no muy alto, de complexión fuerte, me gusta mucho practicar deporte. Cara de bueno y ojos claros…Así es, que ella se sentó delante de mi, de lado, ofreciéndome enteramente su exquisito perfil. Contemplé, disfruté, de sus zapatos de tacón, de sus piernas, de sus pechos, de sus erguidos pezones, de sus finas manos…A esas alturas ella ya se había percatado de que había llamado mi atención, y yo de que ella me había fichado.

El camarero le sirvió un zumo de frutas y se retiró. Sin más ella se dirigió a mí, para comentarme lo vacía que estaba la ciudad y la poca gente que quedábamos en el centro, rápidamente entablamos animada conversación. Hablamos de vacaciones, de trabajo… en media hora ya sabía como se llamaba, que era divorciada, tenía 42 años, estaba de vacaciones, pero en dos días se iba de viaje a la islas con una amiga, tenía un hijo de 15, que estaba veraneando con su ex-marido. Debo admitir que a medida que me iba hablando, los ecos de la palabra “sexo” iban resonando a lo largo y ancho de mi cabeza, y de que me costaba horrores no desviar mi mirada hacia sus atributos delanteros. Ella lo sabía. Yo le conté que estaba trabajando, que era el único esos días en mi oficina, y que mis vacaciones debían esperar hasta setiembre.

Ella, a la que llamaremos Ana, me escuchaba con atención, sabiéndose excitante y sensual. Ella me siguió el hilo, así que a esas alturas ya ambos sabíamos que es lo que había. Yo me hallaba completamente erecto, el problema iba a ser mío a la hora de levantarme, por suerte, mi camisa estaba por fuera del pantalón. Le pregunté sobre sus planes para el día, y ví claramente que no tenía mucho que hacer, o al menos, nada que no pudiera hacerse en otro momento. Así que me decidí a atacar, educado, correcto pero decidido…

– Ana, sabes perfectamente que desde que has entrado en el Bar, no he podido dejar de mirarte. – Sí, lo sé. ¿Te gusto? – Sabes que sí. Desde el primer momento me has atraído. – Tú también (me confesó) Pedí la cuenta.

– Acompáñame Ana.- ¿A donde? – Ven conmigo mujer y sonreí…y vino, y yo me la subí a la oficina. – ¿Seguro que estás solo? Me preguntó ella. – Seguro Ana.

La hice pasar a una sala de reuniones que está únicamente amueblada con una mesa redonda y unas pocas sillas. Me acerqué a ella, en esos momentos, creo que mi erección era patente a todas, todas … la cogí por la cintura y la atraje suavemente hacía mi. No se resistió. En ese momento ya tuvo que notar mi verga, totalmente tiesa… sin más demora bajé mi mano y la posé en su excitante trasero, y volví a atraerla hacía mi… ella estaba tan excitada como yo…busqué su boca con mis labios, y nos besamos, apasionadamente, mezclamos nuestras lenguas. Sin dejar de besarla, empecé a desabrocharle sus pantalones y se los bajé, lucía unas bragas tipo tanga de color negro que dejaba al aire un culo respingón impresionante. Mis manos gozaron de ese culo en toda su amplitud.

– ¿Tienes preservativo? Inquirió ella.

Yo hombre precavido (vale por dos), siempre llevo uno en la cartera. Empecé a juguetear con ella. Ana estaba completamente mojada, tan excitada o más que yo. Le acaricié los labios de su vagina, y mis manos se deslizaron, por debajo de su ceñido jersey, hacia sus más que deseadas tetas, comencé a pellizcarle suavemente esos pezones, que en esos momentos se encontraban izados, duros, tiesos. Me entretuve largamente sobando esos hermosos pechos, ella no paraba de gemir, suspirar y jadear suavemente.

La imagen era la siguiente, Ana de pie con las manos apoyadas en la mesa, con los zapatos de tacón puestos, los pantalones bajados, el tanga en su sitio, ligeramente ladeado, el jersey levantado en su parte delantera, mostrando sus dos generosas tetas con sus más que ardientes pezones, la espalda arqueada, sus ojos entrecerrados, y su boca jadeante, suplicante. La chupé y la sobé sin tregua, las tetas, el trasero, el ano, las piernas, su vagina, introduciendo mi lengua hasta lo más profundo, jugando, mordisqueando su clítoris.

– Hazme lo que quieras me susurró.

Esa simple frase, nos hizo entrar en una segunda fase de nuestro polvo. Vi claramente el tipo de juego al que quería jugar. Ana deseaba fervientemente, que yo pasara a ser el claro dominador. Entendí el mensaje… y el juego siguió…La tomé por los cabellos y la arrodillé. Ella no hizo ademán de resistencia en ningún momento.

– Chúpamela, Ana.

Escuche, un simple ‘Sí’, que repitió varias veces con la respiración entrecortada, mientras con su lengua recorría mis huevos, cogí mi verga con las manos y la introducí entre sus labios. La aceptó con patente excitación, placer y ansia. Empezó a mamármela muy enérgicamente. Reconozco que es algo que me da mucho morbo hacer, sujetar a mi compañera por los cabellos, y empujar su cabeza hacia mi pene, follarle fuertemente su boca y no permitir que se zafe de mis movimientos. Así lo hice con Ana, y eso a ella también la excitó. Me ponía a mil, contemplar su cara, que a su vez, me miraba viciosa, mientras, hambrienta, me la comía.

Fue una mamada maravillosa, pero no permití que terminara… Saqué mi pene de entre sus labios, y la ayudé a levantarse, la situé exactamente en la misma posición, en pie, apoyada con las manos en la mesa, deslice su tanga hacia abajo, y empecé a lamer, a chupar, a comerla entera, entre las piernas, el culo, su ano, su vagina estaba completamente mojada, chorreaba… y Ana no paraba de gemir, de jadear… de forma ahora, bastante, bastante escandalosa…

– Te voy a penetrar…

Entre gemido y jadeo, me pareció escuchar un ‘Por favor’, así es que lo más rápidamente que pude, me coloqué el condón… y me situé detrás de Ana. Mi polla estaba tiesa y dura como un bastón, la tengo bastante gruesa, pero Ana estaba muy dilatada por la excitación y la penetré de un solo y enérgico empujón…

¡Como gimió! Empecé a bombear muy fuerte, muy rápido, Ana no paraba de gemir, cada vez más fuerte, me pedía más y más, yo deslizaba mis manos hacia sus pechos y mientras me la follaba, no paraba de sobarle las tetas y pellizcar sus pezones, estábamos ambos disfrutando, sin duda, de un polvo increíble. En la cima de la excitación, introduje un dedo suavemente en su ano. Observé que eso aumentó sus gemidos, así es que seguí jugando con su hermoso culo …

A ella la excitaba aquello, si cabe todavía más, cada vez que metía un dedo en su ano, gemía y jadeaba más … no era un ano virgen, eso me pareció claro, así es que le saque mi pene, y sin dejar a que terminara un suspiro de frustración, de desesperación, apunte con mi glande hacia su ano, ella lejos de resistirse, se dejo ir completamente sobre la mesa, y con ambas manos se abrió las nalgas.

Eso ya me puso frenético, aunque intenté frenar mi acometida para no dañarla. Después de un par de intentos fallidos, penetré con mi glande extremamente duro, su ano. Ana suspiró, pero no mostraba signos de dolor, empujé de nuevo, al poco la tenía ante mi, totalmente penetrada por el culo, y yo empujaba con movimientos lentos y rítmicos… pero aquello funcionaba de maravilla… así es que poco a poco, mi ritmo se acrecentó, mientras la enculaba, jugué con su clítoris, y ella mostró generosamente cuanto aquello la complacía.

Al poco, me incorporé sobre ella… la sujeté firmemente por las tetas y empecé a encularla con gran vigor … ella no paraba de gemir, de gritar… de pedir más y más … y así terminé corriéndome salvajemente en su ano.

En nuestra breve conversación posterior, ambos admitimos, que había sido el polvo de nuestras vidas.

Al rato, nos despedimos sin más, de eso hace dos semanas, y no he vuelto a saber nada más de ella.
Autor: KdS

Me gusta / No me gusta

En una isla del mediterráneo

Me encanta que me follen fuerte y rápido, salvaje y sin contemplaciones, y notarle tan duro dentro de mí, sudoroso, jadeando y mordiéndome el cuello hizo que volviera a correrme entre gemidos de placer. Cuando él notó los temblores que me produjo mi orgasmo pegó tres empujones aun más fuertes y se corrió dentro de mí.

Fue el verano pasado, en una isla del mediterráneo. Una noche salí con unos amigos. Obsesionados con bailar salsa íbamos a todos los bares que tenían clases gratis… bueno, ellos estaban obsesionados, yo sólo me dejaba llevar, porque a mi la música latina me inspira poco.

Un domingo fuimos a un bar solo por la tontería de las clases. Estaba vacío y allí no bailaba nadie. Estábamos un poco aburridos cuando se acercó a nosotros un mulato impresionante, no era muy alto pero tenía un cuerpo de escándalo y una boca gruesa increíblemente sensual. Nos dijo que era el profesor de salsa, y que si salíamos con el a bailar, para animar un poco el bar.

Como mis amigos sabían más que yo, a mi me tocó bailar con él. Ese día me aficioné a los bailes latinos. Me contó que además de ser profesor de salsa, era DJ en un bar gay, y me dejó caer que la noche siguiente trabajaría allí.

Aunque esa  noche no pasó nada, tenerle  bailando pegado a mí me puso tremendamente caliente, así que cuando volví a casa me masturbé pensando en él. Me tumbé en la cama, abrí mis labios calientes, empapados e hinchados y empecé a acariciarme el clítoris con movimientos circulares, cada vez más fuerte, cada vez con más presión. Luego metí un par de dedos de la otra mano en mi vagina y empecé a moverlos pensando que eran su polla. Tuve un orgasmo fabuloso que me dejó exhausta y empapada en sudor.

Durante el resto del día sólo pude pensar en besar esa boca, probar el piercing de su lengua, lamer los tatuajes de esa piel canela y suave… Uffff, me acuerdo de él y me pongo cachonda de nuevo, mientras escribo noto cómo se me humedece el coño, creo que voy a tener que hacer una parada técnica.

Cuando llegó la noche yo me subía por las paredes, estaba caliente como una perra y mis amigos no salían, así que me fui sola a su bar. No hizo falta que le dijera a qué había ido. El tenía que trabajar, además sus compañeros del bar conocían a su novia, con lo que teníamos que hacer como si no fuera a pasar nada, lo que lo hizo todo más excitante.

Yo me dediqué a hacer amigos y bailar, pero le notaba observándome, lo que hacía que me contoneara para él, más perra cada vez. De vez en cuando nos cruzábamos y él me susurraba al oído cómo me iba a follar cuando cerraran el bar, o llevaba mi mano a su polla para que viera que él estaba tan cachondo como yo.

Por fin cerraron el bar y nos quedamos solos. Bueno, casi solos, porque mientras que él y yo nos fuimos a un rincón en otra parte del bar se quedó otro camarero y un amigo que se dedicó a chuparle la polla con entusiasmo… tener dos gays montándoselo al lado me dio muchísimo morbo.

Llevábamos tantas horas calientes y esperando que empezamos a besarnos salvajemente. Nos quitamos la ropa frenéticos y cuando le vi desnudo superó todas mis expectativas… ver su polla tan dura, brillante de humedad casi me hizo correrme. Se sentó en una banqueta y yo le monté. Tenía el coño tan caliente e hinchado que entró hasta el fondo de un solo empujón.

Empecé a moverme arriba y abajo, restregándome contra él, arañando su espalda, mientras, él mordía mis pezones y cuando su mano fue a mi clítoris palpitante me corrí por primera vez. Después él me levantó, me empujó de espaldas contra la pared y empezó a follarme sujetándome las manos arriba, dominando y marcando él el ritmo. Antes había dirigido yo y ahora le tocaba a mi semental mulato controlar la situación. Su polla entraba y salía de mí con empujones cada vez más violentos.

Me encanta que me follen fuerte y rápido, salvaje y sin contemplaciones, y notarle tan duro dentro de mí, sudoroso, jadeando y mordiéndome el cuello hizo que volviera a correrme entre gemidos de placer.

Cuando él notó los temblores que me produjo mi orgasmo pegó tres empujones aun más fuertes y se corrió dentro de mí. Las piernas no nos sostenían, así que nos dejamos caer al suelo a recuperar la respiración.

Nos despedimos como si no fuéramos a volver a vernos, pero la noche siguiente tuve que volver a por más… aunque esta vez fue en el malecón en vez de en un bar gay.

Autora: Candela

Me gusta / No me gusta

El primer orgasmo

Metí una mano bajo su camisa y comencé a acariciarle el vientre. No miento si digo que saltó sobre la cama literalmente. Con los ojos bien abiertos y una respiración casi de asmática, quedó dura. Lentamente, aun asustada, metió su mano por debajo de su pantalón y se tocó la concha. Sacó la mano y estaba empapada, como si la hubiera metido bajo una canilla. La miraba sin poder creer.

Esto sucedió hace ya 15 años: yo tenía 25 y ella 36. Era (es) la hermana de mi mejor amigo, conocida de más de 12 años y con muchísima confianza mutua. Ella separada desde hacía casi 10 años.

Mi amigo abre un café-bar y ella (vamos a llamarla Elsa) lo ayudaba a atender. Como ya dije yo soy muy amigo de ambos y de su familia, así es que a la noche, terminada mis “andanzas” me iba para el bar a tomar algo y a hacerles compañía a quien fuera que le hubiera tocado en suerte quedarse hasta cerrar.

Las bromas de tenor sexual eran muy habituales entre nosotros, pero también las charlas de tono íntimo. Elsa me confesó que, por ser criada por sus padres con aquel concepto de que la mujer sólo cocina, lava, cría a los hijos y satisface todas las demandas de su marido que “es el que trae la plata a casa”, su vida sexual prácticamente no existió. Estaba totalmente convencida que nunca tuvo y nunca tendría un orgasmo. Lo consideraba un mito de sus amigas y conocidas. No sabía lo que era una calentura. Nunca se excitó por una caricia o un beso. En síntesis se consideraba la mujer más fría que podría existir. El sexo no le interesaba ni siquiera como curiosidad.

Una de esas noches de bohemia, charlando nuevamente este tema entre nosotros dos, yo le dije:

– ¡Lo que pasa es que nunca te cogieron bien! – ¿Y que es ser bien cogida? – Y… que te dejen temblando las piernas y con ganas de ¡más! – No. La verdad es que nunca me pasó eso… – Si yo te agarro…- fue mi amenaza. – Ya te dije que no siento nada – fue su respuesta. – Te repito: nunca “supieron” hacerte sentir…

La charla quedó en eso.

Noches después, en tono de broma, surgió nuevamente el tema: esta vez llegó porque me comentó que ella nunca había conocido un hotel alojamiento por horas, que era el lugar que más utilizábamos en esa época para poder coger.

– ¿En serio?- le pregunté. – De verdad – me aseguró ella- Para que iba a gastar plata en un hotel si para mí era lo mismo que me cogieran en cualquier lado: no sentía nada… – Bueno: esta noche, cuando te lleve a tu casa, antes te voy hacer conocer uno- le prometí. – Bueno…- aceptó ella, como una de las tantas jodas divertidas que hacíamos entre nosotros

La cuestión es que ninguno de los dos tenía otra intención que pasara de eso: una diversión, entrar y salir de la cochera del motel en cuestión. Cerramos el bar. Subimos a mi auto y allá partimos, entre risas de las anécdotas provocadas por los parroquianos de esa noche. Al acercarnos al motel, recordé la promesa. Puse el guiño del auto y comencé a doblar, encarando la entrada del motel, entre la risa de ambos. Al estacionar en la cochera que me fuera indicada, paré el motor del auto y le propuse tomarnos el último trago en la habitación, para que ella conociera el interior. Elsa aceptó de buen grado, sobretodo apoyándose en su teoría de que ningún hombre podría hacerle sentir absolutamente nada.

Entramos y luego de pasar varios minutos divirtiéndonos con todas las boludeces, que por lo general tienen estos lugares, nos tiramos en la cama a tomar nuestros tragos y a charlar un rato. Entrando ya en la intimidad le pregunté cuál era su punto G. Ella se sorprendió por la pregunta. No sabía que era y mucho menos que tuviera un punto G. Le expliqué lo mejor que pude que era eso, luego de lo cual a ella no le quedó ningún tipo de dudas: No tenía un punto G, aseguró decididamente.

– Es imposible – dije yo. – Me toquen donde me toquen, no me provoca nada, salvo cosquillas – me dijo. – No lo puedo creer. Cerrá los ojos – le pedí. – ¿Qué querés hacer, loco de mierda? – se asustó ella. – No seas boluda. Confía en mí. Tengo que comprobar que es así.

Elsa cerró lentamente los ojos. Le pedí que se relajara. Que pusiera sus brazos a lo largo de su cuerpo y se relajara. Así lo hizo. Yo me le acerqué a la cara lo más que pude sin tocarla: solo respirándole un poco más fuerte de lo normal, que ella sintiera el aire. En su rostro y en su cuello no sentí que su cuerpo diera ninguna reacción. Por ello seguí con mi exploración. Llegué a sus brazos que estaban desnudos y tampoco pasó nada. Pero al llegar a sus manos sentí que su cuerpo se tensaba todo. Se sentó con tal violencia en la cama que casi me golpea. Estaba desencajada de miedo.

– ¿Que fue eso? – preguntó.

– Ya ves que siempre existe algo que nos dispara los botones. Solo hay que saber buscar… acostate de nuevo. – ¡No!- me dijo asustada en serio. – Acostate que no te voy a hacer nada…

Con mucho recelo y muy lentamente se recostó nuevamente. Le obligué a cerrar los ojos.

Volví a sus hombros y recomencé mi camino hacia las manos. Ya en la altura del antebrazo sentí que comenzaba a tensarse. Al llegar a sus manos las cerró fuertemente en forma de puño. Yo me había sentado sobre sus piernas, así es que, lentamente, comencé a cruzar de un lado de su cuerpo al otro en búsqueda de su otra mano. Al pasar por su vientre hubo otra convulsión: ya teníamos dos lugares: las manos y el vientre Me paré de golpe al pie de la cama y me quedé mirándola. Le soplé los ojos y, sobresaltada, los abrió. Se quedó mirándome con una mueca de real miedo.

– Nunca sentí lo que sentí ahora – me aseguró. – ¿Y que fue? – No estoy muy segura pero era como cosquillas por dentro del vientre.

Yo me convencí que en años de noviazgo y matrimonio, su pareja nunca se detuvo a “jugar” con ella: iba, cogía, acababa y listo. Para que perder tiempo. Por eso ella estaba tan convencida que nunca sentiría nada.

– Bueno… de aquí en más ya es más peligroso el jueguito… ¿Te animas a descubrirte? – le pregunté. – No sé – me dijo – Realmente me da miedo. – OK. Yo empiezo y vos me decís cuando parar… ¿querés?

Luego de dudar bastante, se recostó nuevamente y sola cerró los ojos.

Fui directamente a sus manos. Le obligué a abrirlas y le besé la palma de la mano. El quejido que lanzó me avisó que ya no había barreras. Le empecé a chupar los dedos uno por uno mientras ella forcejeaba para retirarlos de mi boca. Siempre con los ojos cerrados y la boca apretada. Había cruzado sus piernas y veía como las restregaba. Entonces metí una mano bajo su camisa y comencé a acariciarle el vientre. No miento si digo que saltó sobre la cama literalmente. Con los ojos bien abiertos y una respiración casi de asmática, quedó dura. Lentamente, aun asustada, metió su mano por debajo de su pantalón y se tocó la concha. Sacó la mano y estaba empapada, como si la hubiera metido bajo una canilla. La miraba sin poder creer.

– ¿Eso es un orgasmo? – me preguntó. – No tengo ni idea – le dije – ningún orgasmo es similar a otro. Puede serlo. No sé. ¿Querés comprobarlo? Acostate de nuevo.

Ya mucho más relajada se dejó caer de espalda en la cama. Nuevamente me puse a horcajadas sobre sus piernas y volví a acariciarle el vientre y ahora se lo besé, pasándole la lengua desde el corpiño hasta el primer botón del cierre del pantalón. Se retorcía y apretaba fuertemente los labios. Besé sus pezones por sobre el corpiño y luego los busqué con la lengua por debajo de este. Tenía unos pechos pequeños pero unos pezones que, erectos, eran inigualables. Le desprendí el corpiño y comencé a chuparle y morderle, cada vez con más violencia, sus pechos. Ahí tuvo la segunda convulsión fuerte.

(¡Vaya sorpresa para ambos! De creerse toda la vida anorgásmica pasó a saberse multiorgásmica en cuestión de poco tiempo.) Se “desparramó” en la cama. Me recosté a su lado y me quedé allí, acariciándole la cabeza. Cuando se recuperó, me besó largamente y luego recostó su cabeza sobre mi pecho. Tomé su mano nuevamente y le volví a besar su palma. Con agrado sentí que su cuerpo se tensaba nuevamente. Le llevé la mano hacia mi pija que estaba al palo desde el principio. Ella me acarició por arriba del pantalón. Me bajé el cierre y lo dejé libre al fin. Ella lo acarició muy despacio y yo le empujé la cabeza hacia abajo, dándole una clara señal de lo que quería.

Comenzó con suaves besos en la base de mi pija y en mis bolas y poco a poco fue subiendo hasta llegar a la cabeza roja y turgente. Abrió un poquito su boca y me lo besó. Pasó su lengua por toda la cabeza y sentí que su mano comenzaba a apretármelo casi al límite del dolor. Ahí fue cuando abrió bien la boca y se metió toda la pija adentro y me pegó la mejor chupada que me hubieran hecho hasta ese momento. Casi se ahoga con la cantidad de leche que le largué en la boca, pero luego de recuperarse, siguió chupándola con una dulzura y un cuidado que me hizo volver a calentarme…

Si te gustó esta historia, espero tus comentarios.

Autor: sexobseso

Me gusta / No me gusta

Fiesta con mi amiga

Isabel inició un pausado y delicioso vaivén; arriba, abajo, arriba, abajo. A esas alturas, yo le devolvía con idéntico ardor mis besos a Belinda a la que de las comisuras de los labios, le salían reguerillos de saliva mezclada de los dos. Otra mano, esta de Belinda, se agregó al masaje de mi polla. Las dos se turnaban para pajearme con fuerza, mientras yo las miraba a ambas y buscaba sus bocas.

Tengo una buena amiga con la que he compartido varios de los momentos más cachondos que he vivido en mi ya, dilatada vida de desenfreno y sexo. Con esta amiga, a la que llamaré Belinda, descubrí las excelencias del amor a tres bandas entre mi ex novia, ella y yo.

Contaba yo con 19 añitos, ya veis, casi en la flor de la vida. No había rastro en mi de la barriga cervecera que, con los años me haría conocido entre mí círculo de amigos como “Moby”. Había llegado a Valladolid después de las vacaciones, en Benidor, donde también, y ya os contaré viví momentos de gran intensidad sexual. Llegué de este viaje, con ganas de ver a mis amigos, y también de salir de parranda con Belinda y arrasar la noche.

Así, que comprenderéis mi sorpresa, cuando me la encontré en la estación de autobuses en compañía de mi ex, Isabel. Isa, era una chiquita de ojos verdes, muy bajita, con tetas muy duritas y un culito tentador y delicioso. Salimos durante dos meses, pero lo dejamos como amigos, ya que ella pronto descubrió mi absoluta incapacidad para mantener una relación prolongada cuya motivación excediese del simple aquí te pillo…

Aún recuerdo lo guapas que estaban aquel día. Belinda llevaba un pantalón vaquero amarillo que se le ajustaba de manera provocativa a su culo, uno de los mejores que he magreado en toda mi vida. Lo conjuntaba con una blusa azul de manga corta. Isa, llevaba una falda corta y una camiseta negra que le marcaba los pezones, cosa mala.

Como os decía, sorprendido gratamente, y tras los besos de rigor (en la mejilla a Belinda y un pico a mi ex), procedí a despedirme de mi familia, agradeciendo que se quedaran con mi equipaje, y me fui en su compañía en dirección hacia la Plaza Circular. Me llevaron a un bar de corte bohemio llamado la Luna, que para quien no lo conozca, se encuentra en una bocacalle situada enfrente de los cines Manteria.

Allí, mientras nos tomábamos una cerveza fría, empezamos a hablar de diferentes historias; yo les conté mis aventuras en la playa y de noche, y ellas sus ligues en Valladolid, con lo que la tarde se nos fue pasando de manera distendida y divertida. Tan divertida, que yo no me percaté del juego de miradas que se traían entre ellas, y con suma habilidad, fueron llevando el tema hasta donde les convenía.

Con el sexo como tema principal, me tentaron con la loca idea de que ninguna de las dos creía en mi intrepidez a la hora de lanzarme a una aventura amorosa. Aquello, lejos de mosquearme, me enardeció, y les contesté que me pusieran a prueba.

Belinda quiso que me pegase un beso de película con Isabel. Yo me quedé algo estupefacto, pero reaccioné enseguida y juntando mi boca con la de la chica, nos dimos un morreo de órdago. Nuestras lenguas jugaron entrelazadas y, de paso, aproveché para pasar mi mano por debajo de la mesa, y, subiéndola por su pierna, llegué hasta su coño, donde mis dedos lo rozaron con intensidad. Isabel dio un pequeño gemido en mi boca, al sentir el contacto de mis dedos sobre su entrepierna.

Al fin, dejamos el beso, y al volverme hacia Belinda para mirarla burlonamente me la encontré de cara a mí. Me agarró con fuerza de la cabeza, y sin darme tiempo a reaccionar, me besó con furia, devorándome la boca con auténtica saña. Debo puntualizar, que hasta ese momento, entre mi amiga y yo, nunca había habido nada de tipo sexual, ni siquiera sentimental.

Con la lengua pegada al paladar, y una erección de caballo, recibí aquella caricia lingual asombrado y perplejo.

En esas, mis ojos, que giraban alocadamente en derredor, captaron la mirada de verdadera sorpresa que nos dirigía el camarero, que no se perdía detalle, por lo que seguro que captó el instante justo en el cual, la mano de Isabel me desabrochó la bragueta, botón a botón, y dejó salir al aire mi verga, endurecida y salvaje.

La mano de la chica inició un pausado y delicioso vaivén; arriba, abajo, arriba, abajo. A esas alturas, yo le devolvía con idéntico ardor mis besos a Belinda a la que de las comisuras de los labios, le salían reguerillos de saliva mezclada de los dos. Otra mano, esta de Belinda, se agregó al masaje de mi polla. Las dos se turnaban para pajearme con fuerza, mientras yo las miraba a ambas y buscaba sus bocas. A esas alturas, os podéis imaginar al camarero que seguramente también estaría erecto, observando las maniobras de las dos putas que me estaban masturbando.

Entre el estado de excitación y el tremendo morbo que la situación tenía, me llevaron a susurrar a ambas que estaba a punto de correrme. Y, sorpresa, Isabel se agachó debajo de la mesa y acercando su cara ante mi polla, sentí el calor de su boca cubrir la cabezota, enrojecida y al límite de dureza.

Chorros de leche salieron de mi polla y llenaron la boca de Isabel, que no se retiró de mi rabo hasta que sintió que las últimas gotas caían sobre su lengua. Y lo mejor, cuando se incorporó y tras levantarse de la silla, se acercó a Belinda y la besó en la boca. Seguramente, si unos japoneses hubiesen sacado una panorámica del bar en ese momento, habrían inmortalizado la cara de babosos que se nos quedó al camarero y a mí.

Después salimos del bar con intención de seguir la fiesta en el piso de mi tía, que en aquel momento estaba sin alquilar.

Si os ha gustado esta pequeña historia, una de tantas de mi pervertida vida, mándame tu comentario. Asimismo, recibiré gustosamente cualquier mensaje de chicas o parejas a las que les guste que se las trate como a putas en la cama.

Autor: Nachopla

Me gusta / No me gusta

Casada vip seduce al mecánico

Él la miró, la besó metiéndole la lengua como si fuera su polla y la penetró por el coño, entrando y saliendo. Era la mayor corrida de su vida y su polla entraba y salía de la almeja de Cristina. Fóllame. Córrete, Inúndame de leche. Te deseo seré tu puta y el volcán estalló. Inundó su cavidad, el la metió más adentro, toda, manteniéndola al fondo de su vagina como llenándola toda de lefa hirviendo.

En Barcelona transcurría la mejor época económica. Cada uno a su trabajo, buenos salarios, mucho alcohol en los bares y muchos bancos y autos modernos en las calles. Toda mujer con cultura y estudios es muy preciada y Cristina era una de ellas. Se había casado por compromiso sin amar a su esposo tan solo para concebir a una niña y ser una mujer comprometida. Era Argentina y llevaba 10 años viviendo en Casteldefels.

Su vida transcurría solo en el trabajo de hostelería pero era una profesional de Marketing. Su BMW Serie 1 era un tesoro del nuevo euro y su esposo solo tenía un Ford Escort para ir a levantar putas borracho a la Autovía o escaparse a pagar por un travesti al Camp Nou. Ella deseaba mucho más, pero luchaba sola. Miguel era un hombre enfermo, reumático y con adicción a los fármacos y al alcohol. Ella llevaba el control de las finanzas del bar que les rendía muy bien. Casi saliendo de la etapa de inmigrantes ya con papeles ella y su hija, el no lograba su residencia por su escaso nivel de educación y cultura.

Cristina había escuchado de boca de varias clientas – que se sinceraban con dos cañitas – que había llegado allí un argentino que había montado su taller mecánico. Ova era un hombre extrovertido, alegre y muy elegante. A su edad 48, las tenía a todas boquiabiertas. Las saludaba en la calle, era amigo de sus esposos no tomaba mucho alcohol y demostraba ser muy culto. Era un profesional de la publicidad venido a estas tierras a tentar suerte. Solo, con su familia allende el Atlántico.

Un día el BMW de Cristina no arrancó y ella debía viajar ese día a Valencia. Como a las 8 de la mañana se acordó del comentario de sus amigas y fue al taller de Ova a reparar su coche. Era un día de primavera muy cálido y Ova vivía en ese lugar. Ella llevaba un vestido muy corto de fina tela estampada y muy acampanado lo que la hacia notar casi desnuda debajo por el vaivén del ruedo. Con tacos aguja, plataforma y un buen escote ese vestido de color negro a lunares rojos era una pintura.

Ova estaba abriendo el portón del taller cuando ella llegó. Con su overol azul impecable y con el cierre abierto hasta el medio pecho peludo y sus cabellos largos pero limpios, miró con sorpresa a esa hora una mujer. Le comentó que solo al poner el auto en bajada de la calle pudo hacerlo arrancar pero que fallaba. Le dijo que metiera el auto al fondo del taller donde está la fosa. Todo era prolijidad y limpieza parecía un laboratorio. Cristina estaba muy tranquila y cómoda, seducida por las miradas de aquel hombre de su misma edad. Ella aun dentro del auto pero con la puerta abierta, trataba de arrancar el auto mientras él miraba debajo del capot. Solo ver las piernas de esa veterana VIP y como se corría el vestido hacia arriba era como verla desnuda desde la cintura hacia arriba allí sentada.

Él la miró a través del parabrisas y ella lo miraba fijo esperando su orden de encender y apagar. Ova vio la tanga blanca de Cristina como un triangulo fluorescente entre sus piernas desde esa posición. Le indicó una vez más y volvió detrás del capot. Lo cerró y ella seguía en esa pose. No atinaba a salir del auto o quedarse en la butaca. El daba las órdenes y ella obedecía como suele ocurrir en esos casos.

Debo ver la gaveta de fusibles – dijo él. Ella como ignoraba la ubicación no se movió. O usted se queda allí y si no le molesta yo debo revisar cerca de sus rodillas, le indicó. Ella abrumada por su cercanía le dijo- Haga usted lo que necesite. Eso fue la señal del juego que Cristina estaba dispuesta a jugar. Ella olió el perfume Versace muy raro para un mecánico, más para un ejecutivo. Su cabellera estaba casi rozando su pierna y eso la hizo mojarse. Él era muy delicado en el trato. Ella trató de romper el hielo y le preguntó: ¿Usted también es argentino? Vaya casualidad, dijo él, mientras seguía desatornillando una placa de plástico. Lo sabía por mis clientes del bar que tengo aquí. Ojalá todas las mujeres que exportamos fueran como usted dijo él, ¿Porqué?, contestó ella. Porque son muy creídas las argentinas en España deberían ser sumisas como las mujeres de aquí. ¿Sumisas? Dijo ella, ¡Sí! Son muy accesibles y no se creen tan Diosas como nuestras mujeres,- contestó Ova. Pero usted parece la excepción porque desde que entró no baja del auto, ni husmea todo, aunque no le incomoda que yo este aquí viendo la fusilera. ¿No?, Para nada, respondió ella.

En eso, alguien golpeó a la puerta y él miró al costado viendo la entrepierna de Cristina con esa tanga que iluminaba y esos muslos fibrados del gym. Sí! gritó él. Ella le susurraba: Es el correo. Deje la correspondencia sobre el mesón respondió el mecánico. Ok. Buen día dijo el emisario. Ella miraba como se retiraba el cartero y él aprovechó para apoyar su cabeza en el muslo como haciendo fuerza. ¿No le molesta, señora? …perdón. No es problema, dijo ella…Debo ir a Valencia pero, ¿Ud. cree que se arreglará pronto?

Él se levantó y erguido al lado del auto con el bulto cerca de la cara de Cristina le dijo. Mire – mostrándole una pequeña pieza- Es el destellador de luces que está en corto, debemos cambiarlo porque sin balizas le pueden multar. Ok, dijo ella. Lo pediré a Barcelona porque debe ser original BMW. ¿Demorará mucho? Lo que tarden en encontrarlo y traerlo hasta aquí. Será como una hora. En ese momento llegó un joven de aspecto latino que saludó: Buen día. Hola le dijo Ova, Tenía un trabajo para ti pero ya lo tomé yo. Anda Javier, ordenó Ova, ve a Barcelona y busca este repuesto…Ella salió del auto y miraba las instalaciones y los otros vehículos.

Él tardará lo que demora el RENFE en ir y volver, si lo desea y tiene algo que hacer en dos horas estará listo. Ella lo pensó pero su excitación la envolvía, el ambiente y ese pecho en pelo y aquel bello macho argentino la habían conquistado. – No, está bien, espero, total mi viaje es por un solo trámite y hoy es feria para el Bar. Se sentía liberada de su esposo que estaría durmiendo y su hija pasaría todo el día en el colegio. Si usted prefiere puede pasar a mi despacho en el ático y le invito con un café. Con la intención de subir la empinada escalera al amplio salón iluminado en planta alta, él la guió hasta que al llegar al primer escalón le indicó: Pase usted primero adelante. Ella presintió la mirada en primera fila que Ova tendría del culo de Cristina pero la mojaba más aun y él seguía dominando la situación. Cuidado con esos tacones, le indicó él a o que ella contestó, las argentinas somos así de coquetas aunque incómodas.

Ella sintió como el portón del taller se cerraba automático y pensó que él había accionado el cierre. Efectivamente, Ova tenía todo a su disposición para gozar de una hembra que lo turbaba a pesar que nunca imaginó ese despertar. Peldaño a peldaño el culo de Cristina y sus piernas estaban bajo la cercana mirada y la cabeza de Ova que ya denotaba un bulto exagerado en su overol. La tanga se metía entera dentro del culo lo que parecía que ella iba desnuda.

El despacho era amplio y muy confortable, parecía el de un ejecutivo. Un escritorio moderno con un sillón de respaldo alto, dos sillas al frente y un amplio sofá de tres cuerpos enfrente bajo la ventana que daba al taller y lo dominaba todo. Sobre la otra pared, un mueble con video plasma, una biblioteca y revistas mezcladas con libros completaban la escena. Un motel casi en ese lugar. Una cafetera llena de café caliente fue el lugar que Cristina eligió para empezar a dominar el clima. ¿Con azúcar su café? Sí, dijo Ova mientras se sentaba en una silla frente al escritorio. Ella le sirvió y fue a sentarse al medio del sofá.

El mecánico había bajado el cierre hasta la cintura y ella se dio cuenta. Estaba turbada, muy excitada. Se sentó frente a él y su tanga no se podía disimular. Su cuerpo de Gym y esos tacos la mostraban como una perra en celo y efectivamente estaba ovulando, como en su pensamiento lo recordó. Tienes un cuerpo hermoso le dijo Ova. Gracias – señaló ella casi ruborizada de la calentura del momento. ¿Esos pechos y esa cola son tuyas o estás operada?. Esa pregunta fue el detonante, encendió a Cristina que sentía una confianza muy directa de parte de él. Es todo natural, dijo ella. No lo creo- bromeó él. Vi tus piernas en la escalera y son de una adolescente, dijo él. Mira, le señaló ella mostrándole su pierna entera de costado y levantando su vestido. Él se paró, ella seguía en esa pose y él se arrodilló como para observar de muy cerca.

Ella tomó su cabello y empujó su cabeza a su entrepierna a lo que él se metió bajo su vestido y buscó el elástico de su tanga la que bajó con sus dientes hasta sus zapatos. Lamió su dedo del pie y con su lengua subió muy despacio por su pierna por la parte de adentro hasta llegar a su almeja, ella gemía como loca…él la acercó hasta el sillón y ella sentada con sus piernas abiertas le daba de comer el mejor manjar. Todo su coño rasurado y sus jugos con perfume francés muy suave…y él comía del plato y lamía su clítoris como el torno del taller. Ella levantó las dos piernas y apoyó sus pies sobre el sillón…levantó su pelvis con la cabeza de él allí y tirando de su pelo le pedía que siguiera…Que la comiera entera..”Así, haceme tuya soy tu hembra”….decía Cristina mientras se retorcía en el primer orgasmo y vaciaba sus jugos en la boca de Ova que los tragaba cual plato de fetucchini.

Él se paró esperando los temblores de ella y su reacción. Se bajó el overol y quedó desnudo. Su polla era inmensa, como de 23cms y muy gorda. Su glande lucía una cabeza como una ciruela de la mejor calidad. Brillante, venosa, color púrpura ya estallaba. Ella levantó su vestido y lo sacó por sobre su cabeza. Ambos estaban completamente desnudos. Cristina sentada tomó ese mástil hirviente y se lo tragó de a poco pero entera hasta la pared de su garganta sin arcadas, la metía y sacaba de su boca y lamía sus huevos como devorándolos. Tenía a su macho enfrente y lo que más deseaba en su boca.

Ova le pidió casi rogando en su excitación: Abre bien tu boca, esconde los dientes y cómela entera, toda dentro de tu boca, despacio. Muy lento. Esa perra en celo acataba la orden y comenzó un bombeo sensacional mientras el miraba y se preguntaba donde podía guardar en su boca tan grande polla. Sus labios, besaban su pelvis se introducía 23cms e iba por más…

Ova…estaba temblando pero paró su cabeza desde la frente y le señaló. Ven, sacó los almohadones del sillón, los puso sobre el suelo. La acostó de espalda y le dijo: Ahora abre bien tus piernas…¡No!, dijo ella,  Por favor…házmelo por el culo, no puedo, por allí estoy ovulando…

Él la miró, la besó metiéndole la lengua como si fuera su polla y la penetró por el coño, entrando y saliendo..Mientras ella entre dientes…exclamaba: Me preñarás, ¡así!…amor, es hermoso, assiiiii, derrite tu leche en mi concha…hazlo…préñame y Ova vio como el mar con sus olas golpeando y el volcán con su lava se movían en sus huevos. Era la mayor corrida de su vida y su polla entraba toda y salía casi desbocada de la almeja de Cristina. Fóllame. Córrete, Inúndame de leche. Te deseo seré tu puta…Asiii….y el volcán estalló. Inundó su cavidad, el la metió más adentro, toda, manteniéndola al fondo de su vagina como llenándola toda de lefa hirviendo.

La lengua de Cristina no paraba como toda la mañana de lamer sus ojos, su barbilla, su cuello….solo gemía y respiraba profundo…

Autor: Javier

Me gusta / No me gusta

A mi mujer la culearon dos tipos

Cuando le entró toda me decía que sentía un placer muy grande el sentir ese pollón dentro de su culo, a pesar del gran dolor del principio, este lentamente desapareció para ser un placer increíble. Después de un rato acabó dentro de su culo llenándola de semen nuevamente mientras el jefe acababa en su boca tomándose el semen del jefe y pidiéndole más.

Hola me llamo Roberto de 42 años y estoy casado hace 8 años con Mónica de 30 años.

Nuestro matrimonio a sido con altos y bajos, pero todo superable hasta que un día mi mujer llegó a casa de su trabajo muy apenada, le pregunté que le pasaba y me contó que le ofrecieron una jefatura en la empresa en donde ganaría casi cuatro veces más.

Yo me alegré mucho por que hacía falta un extra de dinero, pero me dijo, hay un problema, le pregunté cual, me contó que el jefe le pidió que para tener el puesto tenía que estar con él en la cama.

Yo quería matar a su jefe, pero ella me calmó diciéndome que si yo hacía algo la echarían y sería peor, no lo podía creer, le pregunté que pensaba, ella no lo quería hacer, pero el dinero era demasiado atractivo…

Conversamos el tema casi toda la noche, tenía que dar una respuesta al otro día, decidimos que lo haría, pero me tenía que contar con lujo de detalles, ella me dijo que me contaría todo.

Cuando llegó el día ella estaba muy nerviosa yo también, la acompañé hasta el punto de reunión, era un bar en el centro de Santiago.

Cuando llegamos él estaba sentado esperándola, ella se acercó y él la besó de inmediato en la boca, mi mujer al principio se resistió, pero él algo le dijo y ella se acercó y lo besó.

Se sentaron, él la tocaba por todas partes, yo veía como le metía la mano en su entrepierna y mi mujer habría sus piernas para que el jefe no tuviera problemas de tocarla, mi mujer comenzó a gozar lo que le hacía.

Luego le tocaba sus grandes pechos y sin que le dijeran nada mi mujer bajó su mano y le comenzó a tocar su bulto que estaba duro… se pararon de la mesa y se fueron a su departamento.

Mi mujer me contó después que cuando entraron al departamento del jefe había algo que ella no esperaba, estaba otro hombre, ella quiso retirarse, pero el jefe le dijo que si se iba la despedía…

Ella entró y el amigo del jefe la comenzó a besar, mi mujer me decía que se comenzó a excitar con la situación, el jefe le besaba su culo bajándole sus cola less, quedando a la vista su gran zorrita muy  mojada…

El jefe le metía toda la lengua y ella gemía de placer, el amigo sacó su pene y se lo colocó en la boca a mi mujer y ella sin decir nade lo comenzó a chupar, mientras lo chupaba sintió que el jefe le comenzaba meter su pene por la zorrita y ella abrió sus piernas con sus manos para que entrara más fácil.

Quería que se la culearan con ganas, estaba muy caliente, y deseaba sentir esas dos vergas en todo su cuerpo.

El jefe le daba duro y mi mujer chupando el pene del amigo como toda una experta, el amigo del jefe acabó en su boca, se tomó toda la leche sin dejar una gota, y con su lengua se relamía lo que quedó en sus labios…

El jefe, me dijo, que dio un gran alarido y ella sintió como la llenaba de semen caliente la cuevita pero ella quería más y  se la comenzó a chupar al jefe como una desesperada y el amigo se lo trató de meter por el culo (cosa que a mí nunca me ha dejado).

El amigo empujaba con el enorme pedazo de verga, se la dio a mamar para lubricarla y pujó nuevamente y ella gritaba:

– Métela maricón culeame por el culo, rómpemelo, está virgen, hacémelo pedazos, partime en dos, pareces un puto incapaz…

Cuando le entró toda me decía que sentía un placer muy grande el sentir ese pollón dentro de su culo, a pesar del gran dolor del principio, este lentamente desapareció para ser un placer increíble…

Después de un rato acabó dentro de su culo llenándola de semen nuevamente mientras el jefe acababa en su boca tomándose el semen del jefe y pidiéndole más.

Luego de descansar un rato ella se vistió se las chupó de nuevo y regresó a casa…

Ahora tiene el cargo de jefa, pero me he dado cuenta que está consiguiendo muchas cosas a través del sexo porque todos los viernes llega exhausta y siempre ha comprado algo nuevo…

Pero eso se los contaré otro día.

Comenten a mi relato, gracias.

Autor: Roberto

Me gusta / No me gusta