El dueño de la rotisería

Eugenio tenía unas nalgas blancas, hermosas y firmes por eso arremetí más fuerte contra el interior de esas níveas carnes, cuando mi verga estuvo fuera de su recto pude ver cuan mojada estaba, asimismo pude contemplar como su orificio se había distendido tanto que me dejaba ver el interior rosado de sus intestinos.

Mientras vendía enciclopedias para costearme los estudios vi un anuncio en el cual pedían chico para ayudar en una rotisería, esos libros no me daban mucha ganancia, tenía que caminar mucho y no se vendían en gran cantidad por esa razón dejé ese trabajo aunque la cobranza de mis clientes la seguí haciendo solamente en las horas libres de mi nuevo trabajo. El sueldo no era muy bueno pero era fijo, no tenía que caminar tanto recorriendo barrios enteros sin vender nada y este nuevo trabajo quedaba a una tres cuadras de mi casa. Me contrató Edelmira la dueña porque ese día el marido se había ido de pesca y se había quedado ella sola al frente del negocio.

La mujer un poco gordita, no pasaría los 35 años pero a mí que diablos me importaba el aspecto de mi patrona, me dijo que tenía que ir antes del mediodía para ordenar el lugar donde preparaban los alimentos que repartían otros empleados. Al marido lo conocí al otro día, se llamaba Eugenio, tendría la misma edad que su mujer y aparentaba ser muy macho aunque para estar cocinando era demasiado refinado en su forma de vestir.

Después del mediodía su mujer se iba a atender su casa mientras yo me quedaba solo con Eugenio que preparaba las comidas para la noche. Me fue enseñando como preparar los distintos elementos que él necesitaba para la elaboración de tartas, pascualinas, pizzas y otras comidas rápidas que la gente llevaba para calentar en sus hogares. Edelmira no venía como hasta las 6 de la tarde en que abrían nuevamente el negocio y vendían lo que se había preparado en la tarde, por eso en esas tres horas en que quedábamos solos mientras trabajábamos conversábamos de todo tipo de temas.

Eugenio estaba buenísimo pero nada me hacía pensar en que pudiese suceder algo entre los dos, porque siempre fue muy respetuoso en cuanto al tema sexual aunque hablábamos de él no me daba ningún indicio de que le gustase tener aventuras homo. El empleado de la mañana se enfermó y como no tenían quien elaborase la comida que vendían al mediodía Eugenio tuvo que venir de mañana a hacerla y me pidió a mí que lo ayudase. No iba a aceptar doble horario porque tenía que estudiar pero la paga me convenció y como a los 15 días de estar allí comencé mi nuevo horario.

Cada vez me gustaba más el patrón pero tenía que disimular para que no me descubriese y al echarme me iba a queda sin el dinero que necesitaba. Él estaba acostumbrado a preparar otro tipo de comidas por eso las de la mañana le llevaban más tiempo en los cuales maldecía y puteaba por doquier. El silencio que allí reinaba solamente era alterado por el ruido de los batidos y las fritadas hasta que finalmente Eugenio cansado de maldecir encendía la radio y ponía una música muy estridente.

Un día me dijo que no había podido dormir bien porque andaba caliente y no había podido sacarse las ganas porque su mujer estaba muy cansada y se había dormido sin siquiera dejarlo eyacular sobre ella. Me extrañó que me hiciese una confesión así, aunque habíamos hablado alguna vez de sexo nunca me había contado cosas de su vida íntima en pareja.Mientras me decía eso instintivamente se alisaba la verga por encima del pantalón donde se formaba un bulto que marcaba el muy bello panorama que había allí debajo y dejándome a mí en igualdad de condiciones a causa de esa conversación la cual  estaba cobrando álgidos aromas de excitación. Estábamos a fines de enero, en la calle había mucho calor pero allí con los hornos encendidos era mayor aún y la tensión de su confesión fue aumentando por lo que Eugenio me dijo:

-Perdóname Omar pero estoy transpirando me voy a sacar la remera si querés hace lo mismo.

No quise hacerlo porque se me iba a notar mucho el bulto pero a él no le importó que yo notase que él estaba con la verga dura. Al rato me dejó solo para ir al frente del negocio a buscar manteca, la cual estaba en una heladera que había allí y a través de un espejo vi como me miraba  las nalgas sobándose la verga un buen rato lo  que me hizo pensar que en cualquier momento la iba a sacar para pajearse pero no tuve suerte porque volvió con la manteca diciendo:

-¡Apúrate que tenemos que hacer todas esas comidas!

Se puso a amasar mientras yo picaba cebolla pero a los pocos minutos pasó por atrás de mí para agarrar agua tibia, al pasar me rozó con su dura verga y al notar que mi culo dio un respingo me dijo:

-¡Lo tenés muy entrenadito! Dispara al sentir una verga dura…

Ni que decir que me puse rojo como un tomate, no solamente por la vergüenza que sentí sino por la excitación que esa rozada y esas palabras me produjeron. Ninguno de los dos hizo más comentarios sobre este incidente laboral que a cualquiera le podía suceder al estar dos personas en un recinto estrecho y uno tuviese que pasar por detrás del otro para tomar las cosas que necesitaba para continuar con su trabajo. Estiró en silencio la masa para preparar las tartas y cuando hubo terminado pasó nuevamente por detrás de mí para ir hasta al baño a lavarse las manos. Nuevamente percibí el roce pero esta vez su verga estaba medio morcillona por haber perdido la erección total que había tenido un rato antes. No me dijo nada de que esta vez no di un salto separando mi culo de su verga y siguió hacia el baño, por la tardanza que puso en retornar al trabajo supuse que había hecho algo más que lavarse las manos.

Mientras estaba en el baño pensé que tal vez sería placentero tener un encuentro sexual con él, aunque fuese mi patrón  y estuviese casado no me importaba si podía disfrutar de un buen rato de lujuria. Por culpa del ácido de la cebolla mi cara estaba empapada de lágrimas y mis ojos enrojecidos, lo cual no me impidió notar que al volver  mi patrón tenía la bragueta abierta por donde se asomaba un matorral impresionante de vellos negros los cuales seguían hasta su pecho. Al verme tan absorto mirando esa abertura me gritó:

-Qué mirás tan embobado, dale terminá con la cebolla  que hay que hacer el relleno…-Sí, ya está lista… miraba que tenés unos pendejos muy negros…-¡Ah! ¿Te interesan? Querés ver, en la raíz de la verga tengo muchos más…

Y sin esperar mi respuesta desprendió el botón de su pantalón dejando caer el jean hasta el suelo, dejándome ver todos su atributos porque él muy ladino en el baño se había quitado los calzoncillos esperando que yo me tentase y metiese mi mano por la bragueta que a propósito había dejando sin cerrar.Realmente este tipo parecía un mono cosa que le hice saber mientras él se acariciaba la enorme verga con una mano  y con la otra me hacía señas de que me acercase. Y al ver ese trozo de carne creciente entre su mano mi aparato inmediatamente perdió la noción del tiempo y de lugar para adquirir su dimensión máxima la cual me molestaba por estar atrapado adentro de mis vestimentas. Para que me iba a hacer el difícil, me acerqué para acariciar esa pelambre púbica comentando que era mucha cantidad, pero mi anfitrión me tomó la mano para llevarla hasta su erecto amigo y me lo hizo apretar al mismo tiempo que me decía:

-Dale, pajeame rápido porque está por llegar mi mujer para abrir el negocio… estoy muy caliente…

Eugenio estaba totalmente excitado lo noté porque su verga babeaba ya que con su mano se estaba masturbando con muchísimo ímpetu, al ver esa escena de macho caliente no pude contenerme y nos solamente la tomé con mi mano sino que me agaché para comenzar a chupársela de una forma lenta pero él me hizo acelerar los movimientos ya que aumentó el ritmo con metidas violentas dentro de mi boca. En pocos instantes más tuve toda su descarga dentro de mi boca  y agachado allí me pajeé a toda velocidad  con su verga desfalleciente aun dentro de mi boca dejé  un hermoso charco blanquecino sobre el piso. Por suerte nos vestimos rápidamente porque nos interrumpió el sonido del timbre que seguramente había tocado su mujer para incorporarse al trabajo y Eugenio antes de ir a abrir me dijo:

-Mañana hablamos, no digas nada de lo sucedido hoy…

Como si hubiese sido necesario hacer esa advertencia y cuando entró su mujer me encontró muy sumiso agachado en el suelo pasando el trapo por el sitio donde había quedado la huella de mi delito. Mientras ella saludaba yo pensaba si ésta supiese lo que estoy degustando sobre mi lengua y que va deslizándose paulatinamente por mi garganta…Terminé mi trabajo y me fui para mi casa sin siquiera despertar en ella la sospecha que había saboreado la verga de su marido y como no podía dormir pensando en esa  hermosa herramienta tuve que aliviarme varias veces antes de  que el agotamiento me permitiese conciliar el sueño.

Al otro día me presenté en el trabajo con unos minutos de retraso por lo que Eugenio me reprendió diciendo que me iba a castigar.

Pensé que el castigo iba a constituir en un descuento del salario o en hacerme hacer trabajos pesados pero  al ver que se bajaba el pantalón de faena me di cuenta  de cuáles eran sus intenciones. El día anterior por la excitación y la vergüenza no pude disfrutar de la visión de su enhiesta vara de carne la cual era bastante gruesa, midiendo más de 22 cm de carne rosada cubierta de un gran pelambre oscura.

-Como castigo por tu retraso tendrás que chupármela hasta que me saqués toda la leche y cada día que te atrases vas a pagar la misma amonestación.

A continuación se bajó los pantalones ofreciéndome su hermosa reata la cual con más confianza que el día anterior fue devorada por mi ávida boca y en el torbellino de placer en el que nos abandonamos terminamos sobre un sillón que había por allí. Mi patrón quedó abajo conmigo montado sobre él devorándole la polla como dicen en España y en esa pose el panorama de mi culo latiente quedó al alcance de sus ojos este ni lerdo ni perezoso comenzó a chupármelo ferozmente en ese 69 improvisado. Mis gemidos cada vez se agudizaban más porque el placer doble que estaba recibiendo a través de mi lengua y de mi esfínter fue demasiado intenso como para acallar mis sonidos los cuales demostraban lo bien que lo estaba pasando.La verga de Eugenio cada vez latía más dentro de mi boca por eso decidió retirar su arma de allí para hacerme poner boca arriba con las piernas bien en alto.

Por un rato siguió distendiendo mi ano mientras mis manos jugaban con mi pija mojada de precum hasta que sin pedirme permiso acercó su jugosa verga a mí agujero y de un solo empujón la mandó hacia adentro haciéndome gritar muy fuerte por el dolor que eso me produjo. Entre protestas y lágrimas le dije que era un bruto pero él sin sacarla me pidió disculpas diciéndome que hacía como tres días que no la metía por eso le urgía descargarse dentro de alguien. Me tenía a su merced porque mi espalda estaba apoyada sobre el sillón mientras su verga iba y venía dentro de mi ser a toda la velocidad que él ponía para descargarse allí dentro.

Me abandoné a sus movimientos cuando no sentí más dolor, gozando con un placer muy intenso cada vez que esa carne ardiente se introducía en mis profundidades y para no dejar escapar ni un centímetro pasé mis pies atrás de su cintura  atrayéndolo hacia mí con todas mis fuerzas para que su verga latiese más intensamente dentro de mi recto. Eugenio al notar que no dejaba que se moviese porque no quería que su verga se escapase de mi interior me dijo:

-¿Te está gustado? ¿Verdad? -¡Sí! Seguí así… me estás haciendo gozar muchísimo! ¿A vos te gusta también?

Sin darme una respuesta acometió con más fuerza y allí dentro descargó una interminable cantidad de semen, la cual no pude ver pero supongo que fue muy abundante por la enorme cantidad de movimientos latientes que su verga dio contra mis paredes intestinales. Disfruté tanto que me fue imposible eyacular a pesar de que mi verga estaba completamente pegajosa por el precum que había fluido en cantidades industriales y terriblemente congestionada por el rato que había rozado contra mi mano. Él se desplomó sobre mí dejando su verga semi-mustia dentro de mi recto pero al ver en que condiciones se encontraba mi arma de reglamento me dijo:

-Gozamos como dos animales ¡pero vos aun estás de pija dura!

Y sin que le contestase abandonó mi interior para ponerse a chupármela de una manera tímida, para luego acelerar salvajemente su ritmo y no se detuvo hasta que logró extraer todo el semen que había acumulado en mis vesículas seminales. Pensé que se lo iba a tragar como había hecho yo con el suyo el día anterior pero en cambio me lo lanzó sobre el pecho desparramándolo con su mano. Apresuradamente fue al baño a lavarse porque se había retrasado y las comidas tenían que estar listas antes del mediodía.

-No sé que mierda tenés Omar, ¡me calentás mucho! No puedo contenerme hago cosas que había dejado de hacer desde que me casé…-Realmente me hiciste disfrutar muchísimo, lo movés de una forma fenomenal…-Antes cuando mi mujer no quería por que andaba con la regla ella me pajeaba o me la chupaba pero estos días estará extrañada ya que no la busco porque no me quedan ganas porque vos me dejás con las bolas vacías…

Aunque su mujer llegó temprano no se dio cuenta de nuestras fechorías porque las comidas estaban casi prontas y todo el local sin un rastro de lo que había sucedido allí.

Al otro día era un sábado en cual se cumplía el tercer aniversario  de nuestras feroces encamadas, aunque traté de llegar temprano para no recibir “el castigo” del cual era víctima por mis llegadas tardes, no pude hacerlo porque estaba tan cansado que llegué inmediatamente después de que Eugenio había entrado. Al verlo noté que tenía una cara de agotamiento tremenda  y al verme me dijo:

-Hola Omar, estoy molido no podré castigarte hoy porque mi verga está muerta, anoche mi mujer me la chupó y me hizo acabar dos veces, lo tuve que hacer para que no sospechase… -No hay problema, yo estoy con el culo muy dolorido, fuiste una bestia en metérmela tan de prisa…

Como a la hora de estar cocinando Eugenio pasó por detrás de mí rozándome como lo había hecho el primer día en el cual había comenzado toda nuestra aventura y al ver que mi culo se apretaba contra su verga me dijo:

-¿Todavía querés más guerra?-Sí. Porque me temo que será nuestra última vez porque el lunes  Jacobo se reintegra al trabajo y no podremos estar más tiempo solos acá en la cocina.

Aunque Eugenio estaba molido a causa de lo que había sucedido con su mujer la noche anterior y yo seguía con el ano muy dolorido, esas fueron cosas que  no impidieron  igualmente que nos desnudásemos y sobre el sofá comenzamos un 69 muy lento en el cual me costó lograr que la pija de Eugenio consiguiese la erección suficiente como para producirle algo de placer. Comencé a pasarle mi lengua por su raja hasta que finamente llegué a su ano con lo que me gané alguna que otra protesta pero al ir distendiéndolo con mi lengua ayudada por mis falanges Eugenio no pudo contener sus suspiros de placer pidiéndome que siguiese porque le gustaba mucho y comenzaba a sentir cosquilleos en la verga.

Fue tanto lo que gozó con mis dedos y mi lengua que no pudo aguantar más sin suplicarme que lo penetrase porque estaba por estallar de placer  porque yo seguía lamiendo su miembro alternándolo con lamidas a su ano. Así como lo tenía me apliqué un poco de saliva sobre mi verga y se la clavé sin miramientos haciéndole doler lo suficiente como para penetrarlo lo más profundo que pudiese sin que él protestase.

Él estaba en cuatro patas por lo que fue muy fácil pasar mi mano por debajo de su vientre para tomar su pija la cual estaba a punto de reventar y comencé a pajearlo mientras mi verga visitaba sus profundidades. Después de un buen rato practicando esos menesteres mi verga también dio señales de que quería expulsar una buena ración láctea pero la suya aunque presentaba un aspecto deplorable por lo inflamada que se había puesto  no tenía ningún signo de que aun quisiese eyacular. Eugenio tenía unas nalgas blancas, hermosas y firmes por eso arremetí más fuerte contra el interior de esas níveas carnes, pero antes de que hiciese el movimiento de retroceso le dije:

-Déjame sentar así te sentás arriba mío y me cabalgás mientras me mojas el pecho con tu leche.

Cuando mi verga estuvo fuera de su recto pude ver cuan mojada estaba, asimismo pude contemplar como su orificio se había distendido tanto que me dejaba ver el interior rosado de sus intestinos. Me senté sobre el sillón agarrándolo por las caderas y sentándolo sobre mi verga pude sentir como su enorme arma se apretaba contra mi pecho. No fue necesario que cabalgase mucho porque Eugenio no podía resistir más y se derramó mojándome el cuello y el pecho con su blanquecino néctar mientras aproveché para besarlo en los labios sin que opusiese resistencia porque estaba en el punto más álgido de su orgasmo.

Cuando hubo recobrado la cordura separó mi cabeza de sus labios y me dijo:

-La verdad es que no me dolió para nada, estaba bien lubricado y dilatado, además lograste que me vinieran muchas ganas de ser cogido, pero el beso no me gustó… bueno fue la culminación del placer pero no me agradan los besos de hombres.

Parecía tan apetitoso todo el líquido que había sobre mi pecho que con mi mano lo recogí y terminé chupándome los dedos ante su atenta mirada. Luego de tremenda cogida mi verga no quería bajarse por lo que le pedí que me la chupase un poco para que perdiese su erección y poder guardarla sin que nadie sospechase que aun andaba caliente. Sin contestar nada se puso a hacerlo mientras yo le humedecía su verga la cual permanecía mustia pero inflamada.

Realmente me había cansado mucho la cabalgata y el esfuerzo de demorar tanto la eyaculación me había dejado sin fuerzas pero entre sus chupadas me introdujo un dedo el ano y este fue el detonador que me hizo explotar dentro de su boca. No tuvo más remedio que tragarse mi lechada porque ésta salió con tanto ímpetu y tan cerca de su garganta que no pudo hacer nada para impedir que resbalase por su esófago. Tuvimos que bañarnos rápidamente porque se había hecho tarde y estaba por llegar su mujer a abrir el negocio.

El lunes siguiente llegó el empleado enfermo y no tuvimos más oportunidad de estar a solas para repetir esos tres días de sexo que tuvimos, auque cuando podía me rozaba por detrás y me decía que le gustaría volver a disfrutar de una sesión como las que habíamos tenido.

Ese verano recibí otras raciones lácteas cuando iba a cobrar las cuotas de las enciclopedias que había vendido antes de entrar a la rotisería y que ya narré en otro relato.

OMAR

Autor: Omar

Como siempre espero comentarios en omarkiwi@yahoo.com

Y ahora baja un buen video y a gozarla. Clicka aquí. http://www.videosmarqueze.com/ no te lo prives.

Me gusta / No me gusta