La amiga de mi tía

Comenzó a gritar otra vez, se volvió a correr, los jadeos, hicieron que yo sintiera que iba a terminar también.  Saqué mi verga de su vagina, me quité el condón y me senté sobre su vientre.  Puse mi pene entre sus tetas y ella se encargó de apretarlas.  Abrió la boca y con su lengua chupaba la punta de mi pene. Dos o tres movimientos y me corrí sobre sus tetas, su cuello y su boca.

La historia que les voy a contar sucedió hace 10 u 11 años.  Yo tenía 19 años y fui a pasar unas vacaciones a otra ciudad, en dónde tenía una tía y en cuya casa me quedaría.

Mi tía tendría unos 42 años, en ese entonces, y vivía con una amiga suya, de más o menos la misma edad.

Lilly era una despampanante morena, de pelo corto y un cuerpo espectacular.  Era divorciada y según me di cuenta, no tenía novio.

Tenía unas tetas enormes… redondas y firmes que me volvían loco.  Su culo, también firme, se veía bien con pants, bata, pantalones… lo que fuera.  El calor en esa ciudad es impresionante, por lo que siempre andaba con ropa muy ligera que me dejaba ver perfectamente la forma de su cuerpo.

Era muy obvio que me veía como un niño, pues se paseaba por la casa en bata y hasta la llegué a ver en toalla.

Hubo un día que había salido a fumar al patio, y oí su regadera corriendo.  Inmediatamente coloqué una escalera en la barda de enfrente, que me permitió verla bañándose.  Muy apenas la veía del cuello para arriba, pero podía ver como se enjabonaba el cuerpo, y cuando vi que se estaba enjabonando las tetas, sentí que tenía que verlas y por supuesto, tocarlas.

Pasaron los días y no veía como acercármele.  Aunque ya me le quedaba viendo fijamente, con el propósito de que se diera cuenta.  Me volví descarado y le miraba las piernas, el culo, las tetas, y también la cara.  Quería que fuera muy obvio que la deseaba.

Esperaba con ansias el estar solo con ella en la casa, pero hasta el momento no se había dado.

Finalmente una noche salí de fiesta con unos amigos.  Fuimos a una reunión, dónde conocía a una mujer muy guapa, un año mayor que yo.  Después de un rato y de unas copas nos estábamos besando en el patio.  Yo estaba muy caliente y no tenía a dónde llevarla, así que me conformé con que me masturbara un rato mientras la besaba y le mamaba las tetas.  No me dejó metérsela y me quedé con las ganas.

Llegó la hora de irnos y llegué a casa de mi tía.  Algo tomado y muy caliente.  La puerta del cuarto de Lilly estaba abierta y me llamó.  Entré y me comentó que mi tía se quedaría a dormir en casa de otra tía, pues se les había hecho tarde y no quiso regresar sola.  Hice un comentario sarcástico… algo así cómo: “si, seguro se quedó en casa de mi tía”.  Los dos nos reímos y me le quedé viendo en la obscuridad.  No sabía que decir y me di la media vuelta.  No quería salir, así que me armé de valor, me detuve, y le pregunté que si tenía sueño.  Contestó que no, que qué pasaba.  Le pregunté qué les gustaba a las mujeres de un hombre.  Preguntó  porqué la pregunta, y le platiqué que acababa de estar con una mujer, y que no logré mi “propósito”.  La noté muy interesada y me empezó a dar algunos consejos básicos de seducción.  Que el cuello, que los senos, que las caricias, que no me precipitara… etc., etc.,.. Consejos que aún recuerdo y pongo en práctica.

Prendió la luz, se levantó y fue hacia su librero.  Podía ver la silueta de su cuerpo a través de la bata. Me la quería comer en ese momento pero mantenía la calma. Sacó un tomo de “La enciclopedia del sexo”, regresó y se sentó en la cama.  El hecho de que tuviera esa colección en su cuarto me dejó muy claro que no era una santurrona.  Eso y nuestra plática.  Prosiguió enseñándome y dándome todo tipo de tips.  Se le notaba muy tranquila y hablaba con toda naturalidad de temas que me tenían con el pene piradísimo.  Yo hacía todo lo posible por que notara mi estado.

Finalmente terminó, y me dijo: “ya es tarde, ya vete a dormir”. Me levanté y me dirigí a la puerta.  Me armé de valor gracias a la calentura y al alcohol.  De esas veces que sientes que no eres tu.  Di media vuelta una vez más y regresé a un lado de su cama.  Ya estaba acostada y se disponía a apagar la lámpara.

Le pregunté: “¿Me dejarías ver tus senos?”.  Se rió nerviosamente y me preguntó que si era algún tipo de fantasía el estar con una mujer de su edad.  Respondí que era una fantasía estar con ella y que jamás había pensado en la edad. Apagó la luz y me dijo: “Está bien, pero con la luz apagada y sin tocar”. Decidí ser obediente, y a pesar de que la luz estaba apagada, vi el contorno de sus enormes senos.  Me moría por tocarlos, chuparlos, por besarla y por hacerla mía.

Disfruté del espectáculo, y me dijo: “Ya, vete a dormir”.  Me dirigí a la puerta… ¡Una vez más! Y una vez más me armé de valor, regresé, me arrodillé a un lado de su cama y ante su mirada atenta, fija, tranquila… posé mi mano derecha sobre uno de sus senos.  Lo apreté suavemente, después toqué el otro.  Torpemente busqué desabotonar su bata.  Tras unos segundos de nerviosos movimientos, ella sola comenzó a desabotonarla.

Volví a tocarlos.  Sentí su piel suave.  Los apretaba suavemente… uno, luego el otro, después a dos manos.  Sus pezones eran obscuros y estaban ya muy duros.  Despacio moví mi boca hacía su pezón izquierdo.  Ella no se movió y no dijo nada.  Comencé a chuparlo suavemente… después alternaba el chupar su pezón con pasar mi lengua por sus hermosas tetas.  Eran talla 40 más o menos.  No las abarcaba con una sola mano.  Las tomaba con las dos manos y las apretaba mientras las chupaba.  Empezar por los senos iba en contra de todo lo que ella me había enseñado minutos antes.  Así que me dirigí a su cuello.  Lo besé y me di cuenta que ella jadeaba despacio.  Puse una mano sobre su vagina, sobre la bata, y la sentí caliente (esto también iba en contra de lo que me había enseñado).  Finalmente me dirigí a su boca y la besé.

Terminé el húmedo beso y me dijo, otra vez, que ya me fuera a dormir.  Pregunté  porqué, y me dijo que ella era un ser humano y que también se había excitado.Decidí no forzar las cosas y me dirigí a mi cuarto.  Dispuesto a masturbarme toda la noche con lo que acababa de vivir.  Dejé la puerta abierta, pues no me importaba.

Quince minutos después entró a mi cuarto, mientras yo estaba acostado con el pene en mi mano.  Traía en una mano uno de los tomos de la enciclopedia del sexo.  La luz estaba apagada pero seguro alcanzó a ver lo que yo hacía.  Me dijo que si no me quería llevar el ejemplar y que se lo devolviera después.  Contesté que no.

Se acercó y se sentó en mi cama.  Tomó mi pene en sus manos y comenzó a masturbarme suavemente.  Despacio por un par de minutos.  Yo por mientras volví a desabotonar su bata.  Volví a ver sus senos y me dediqué a tocarlos.   Ante eso sentí que iba a terminar.  Comencé a jadear fuertemente, para que supiera que iba a terminar, para que se quitara si quería.  Según yo un acto de caballerosidad de mi parte.

Ante mi sorpresa, se agachó, y mientras recargaba sus enormes tetas sobre mi costado, se metió mi pene en su boca.  Fracciones de segundo después me corrí.  Ella seguía pasando su lengua por mi glande y yo me sentí morir.  Siguió chupando y cuando se levantó mi pene estaba totalmente limpio.
Tenía 18 años, así que ni siquiera perdí la erección.  Mi pene seguía en pie de guerra.

Me preguntó si tenía condón.  Si tenía y fui a buscarlo a mi pantalón.  Extendió la mano, se lo di y después de chupármela un par de minutos más, me lo puso.  Se levantó y cuando se iba a quitar la bata, le pedí que se la dejara puesta.  Ya no tenía ropa interior, o nunca tuvo.  Se colocó sobre mí, con la bata puesta, abierta de arriba.  Era una visión espectacular.

Recuerdo su olor a limpia, su piel morena, sus senos erguidos a pesar de su tamaño.  Me miró dulcemente y se dejó caer sobre mí.  Me hizo el amor como nunca en mi vida.  Se movía cada vez más rápido.  Después de un rato se movía muy rápido.  Sus piernas eran duras, por lo que entendí que aguantara tanto tiempo encima de mí… a veces de rodillas, cambiaba a cuclillas, de frente, de espalda, sobre mí, etc.

Yo sólo la veía, tocaba todo lo que podía y cuando acercaba sus tetas o su boca la besaba locamente.
Yo no me iba a volver a venir… podía sentirlo… por el alcohol y por la mamada que al parecer me había vaciado.  Y sabía que no perdería la erección.  Así que para ella fui un regalo… según sus propias palabras más tarde.

Después de mucho rato… comenzó a gritar… se dejó caer sobre mí, sin dejar el mete y saca… respiró cada vez más fuerte, y finalmente explotó.  Sentí como su vagina temblaba alrededor de mi pene.  Comenzó a besarme y vi hasta lágrimas escurriendo por sus mejillas.  La besé mucho rato, mientras seguía dentro de ella.  La seguía tocando mientras ella descansaba desfallecida sobre mí.

La moví suavemente y me coloqué sobre ella.  Comencé a hacerle el amor suavemente, mientras la besaba.  Comenzamos a platicar y a reírnos de la situación.  Mientras seguía penetrándola suavemente.  Muy despacio disfrutando el momento. Creo que me enamoré de ella.  La veía, la besaba, le besaba el cuello, y por supuesto sus senos. Volvió a acelerarse.  Comenzó a jadear fuerte.  Me excité mucho.  Quería acabar.  Comencé a follarla rápido, fuerte.  Me erguí y la levanté para poder penetrarla más y más fuerte.

Comenzó a gritar otra vez… mientras se apretaba las tetas y se mordía los labios.  Se volvió a correr, y el movimiento, la vista, los jadeos, hicieron que yo sintiera que iba a terminar también.  Saqué mi verga de su vagina, me quité el condón y me senté sobre su vientre.  Puse mi pene entre sus tetas y ella se encargó de apretarlas.  Abrió la boca y con su lengua chupaba la punta de mi pene. Dos o tres movimientos y me corrí sobre sus tetas, su cuello y su boca.

Sonrío y se comenzó a limpiar con los dedos y después los chupaba.  Se comió todo.  La besé y quedé recostado sobre ella.  Nos reímos y recuerdo su carita diciendo: “ni una palabra de esto…”

Fue algo muy bonito… mágico.

Al siguiente día ella y mi tía me llevaron a tomar mi autobús.  Después de eso nunca la volví a ver, aunque un par de veces le he preguntado a mi tía por ella, y le pido que le diga que la mandé saludar.

Ahora vive en USA. Aún recuerdo ese día como uno de los mejores de mi vida.

Autor: Nando

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