¿Sarita con dos Negros?

–          ¿Sarita con dos negros? – preguntó impactada Bea.

–          No exactamente, pero algo así… – le dijo sonriente su amiga Amaranta.

–          ¿Y cómo lo sabes?

–          Me lo contó ella misma…

–          ¡Anda ya!

 

Mientras sus dos amigas hablaban de ella frente al espejo del baño de una discoteca, Sara sonría desde dentro de uno de los urinarios.

Tan sólo había pasado una semana, y aún notaba las consecuencias de lo que ocurrió. Dejó de prestar atención a los cotilleos de sus amigas y se transportó mentalmente hasta los recuerdos de aquella noche.

 

1 SEMANA ANTES…

Sara, a sus veinte pocos años salía cada fin de semana de marcha con un grupo de amigas. Se lo pasaba bien, pero la rutina empezaba a hacer mella en ella. Siempre iban a los mismos locales, tomaban las mismas copas, se emborrachaban las mismas personas y solían ver a los mismos chicos. Estaba un poco cansada de siempre lo mismo.

A la 1 de la madrugada convenció a su amiga Amaranta para ir a otros sitios y luego volver con el resto del grupo.

Saltaron de un garito a otro en su afán por conquistar nuevas tierras hasta que se quedaron más  rato en un lugar de música latina. Ambas chicas eran guapas, y los chicos no pararon de acercarse a ellas.  Algunos de los moscones les preguntaban si eran hermanas, ya que ambas eran muy delgadas y vestían pantaloncito corto y top; Amaranta rubia y Sara morena.

Amaranta se empezó a sentir un poco agobiada y le pidió a su amiga volver con el resto del grupo. Justo en ese momento, Sara bailaba con un chico de color, y le dijo que fuera yendo ella, que ella ya iría cuando acabara la canción.

En cuanto ambos empezaron a liarse, Amaranta les dejó solos y se fue.  El chico, de nombre Ibra, hablaba español con un marcado acento senegalés. Delgado y con los músculos bien definidos era toda una pantera a los ojos de Sara.

Ibra intentó meter mano a Sara, pero ella le paró.

–          Aquí no – le dijo ella con una sonrisa pícara.

–          ¿Aquí no? ¿Eso es que tú quieres? ¡Ven!

El chico la cogió de la mano y salieron del local.

–          ¿Dónde vamos? – preguntó Sara achispada.

–          A donde yo vivo. Aquí cerca – le contestó con una amplia sonrisa llena de felicidad.

Sara envió un SMS a su amiga Amaranta, diciéndole que no la esperara porque estaría con el chico que había conocido. Le rogó  que no dijera nada al resto.

El bloque de pisos de Ibra parecía de protección oficial y estaba muy necesitado de reformas. Aquella primera impresión asustó un poco a la joven Sara, pero tras echar un vistazo a los músculos de su conquista, se quedó más tranquila. Estaba en buenas manos.

El interior del piso no tenía mejor aspecto, aunque no pudo inspeccionarlo mucho ya que Ibra se lanzó a besarla tan pronto como cerró la puerta de entrada.

De repente, unas voces en un idioma desconocido les interrumpieron. Sara se giró asustada y pudo ver como otros dos negros más discutían con Ibra.

–          ¿Qué pasa? ¿Por qué discutís?

–          No discutimos. Ellos amigos: Omar y Salif.

Los chicos le dedicaron una amplia sonrisa de un blanco puro. Omar tenía la cabeza rapada y era enorme. Su cuerpo de oso destacaba por brazos tan anchos como sus piernas. Salif, con su pelo rizado y su bigotito, era muy delgado; No tenía la musculatura de Ibra.

Su análisis se vio interrumpido cuando Ibra pronunció su nombre, y los otros dos lo repitieron.

–          Sara. Amiga. – Le dijo Omar dándole la mano.

Ella se la estrechó, y su blanca extremidad desapareció entre los dedos de aquella manopla oscura.

Ibra le cogió las manos y se las izó para que diera una vuelta. Sara, divertida, giró sobre sí misma lentamente. Los chicos le dedicaron palabras en un idioma desconocido mientras disfrutaban viendo su culito respingón y pequeños pero erguidos pechos girar.

Alguien le dio un azotito en el culo, y ella se giró de golpe cortando el aire con su larga melena morena.

–          ¿Quién ha sido?

–          ¡Yo! – dijo Ibra.

Para sorpresa suya, Omar le dio un pellizo en el culo.

–          ¡Yo! – dijo tras su fechoría.

–          Yo – imitó Salif, tocándole también el culo.

Los cuatro se rieron. A Sara le intrigaba qué pudiera pasar aquella noche. Nunca antes había estado con un chico de color, y en ese momento estaba ni más ni menos que con tres. ¿Protegería Ibra su premio, o lo compartiría siguiendo las costumbres promiscuas que ella pensaba que tenía su pueblo?

Ibra apresó uno de sus pechos entre sus manos y la besó con su enorme lengua.

Sara notó como otras manos le tocaban los pechos hasta que Ibra le subió el top y la dejó en sujetador.  Salif se lo desenganchó sin que ella tuviera tiempo a reaccionar, y Omar le chupó una de sus tetitas nada más emergió de su sujetador.

Rodeada por aquellos tres negros, notaba manos por todas partes. Sus pequeños y rosados pezones desaparecían en una vorágine de dedos que no se detenían ahí, sino que también trabajaban su culito amasándolo como si hicieran pizza.

Ibra tenía uno de sus pechos casi entero dentro de su boca mientras que la marabunta de manos ya no sólo se concentraba en su culo, sino también en la parte delantera de su pantaloncito.

Alguien le estiró de los shorts hacia arriba para marcar más su culito. No contentos con eso, varias manos manipularon la prenda. A medio bajar, le apretaron las nalgas y le dieron un par de azotitos. Salif le dio un beso lo más abajo que pudo, y finalmente Sara se quedó en tanga.

Salif se arrodilló tras ella y le hundió su cabeza entre  las piernas. Sara gimió cuando el chico le besó y mordisqueó por encima del tanga, y se excitó mucho cuando la cálida lengua del senegalés se abrió camino y encontró su hirviente sexo.  Su lengua, tremendamente húmeda, hacía milagros entre sus piernas.

Ibra se bajó el pantalón, y su gran polla negra asustó a Sara.

La chica le quitó la camiseta a su hombre y se deleitó con aquel cuerpo ajeno a la grasa. Acarició su prieto pecho y deslizó sus níveas manos por las cordilleras que eran sus abdominales. Sus manos llegaron al ombligo y se detuvo al ver la pequeña manguera de su amiguito. Riéndose, se inclinó hacia delante y agarró aquel ariete más útil para derribar castillos que para hacer el amor.  Masturbándole con amplios movimientos de su mano, se llevó la punta a la boca y empezó a chupar.  Tenía la sensación de estar en la feria comiéndose una de esas manzanas cubiertas de caramelo. Era sin duda el pene más grande con el que había tratado a sus veinte pocos años. Por un instante se imaginó lo que sería tener ese falo en su interior, pero prefirió desechar esos pensamientos rápidamente  ante la preocupación que le daba poder dar cobijo esa tubería.

Omar contemplaba la escena totalmente excitado.  Aquella chica blanquita estaba de pies, inclinada y con el culo en posición de hacer una sentadilla. La jovencita le estaba chupando la polla a su amigo Ibra con ansiedad mientras que Salif le comía el coño desde detrás.

No queriéndose quedar aparte, el chico se desnudó y se agarró el pene. Si bien no era tan largo como el de Ibra o el de Salif, sí que era más gordo. Se acarició la verga mirando la escena  y notando como vibraba la herramienta erecta en su mano.

Sara, a tientas, agarró con la mano libre el grueso pene de Omar.  Sin mirarlo, lo masturbó con movimientos secos mientras que sus labios seguían ocupados de Ibra.

De repente Sara se detuvo a la vez que la lengua de Salim. Otro miembro del chico estaba reemplazando el contacto con su zona erógena. La chica se agarró a la cintura de Ibra, y puso el culo un poco en pompa. Poco a poco, el afilado miembro de Salim se introdujo en su interior. Aquel no era un chico enamorado ni un amante fiel; ¡Un negro bien salido estaba a punto de follársela! Una vez introducido su miembro al completo, Salim empezó un mete-saca que en pocos segundos alcanzó un ritmo digno de película porno. El culo inmaculado de ella chocaba contra la oscura pared del chico cada vez que se la metía.

Él le agarraba las nalgas, mientras que ella, volvió al antiguo oficio de chupársela a Ibra. Le chupó con la lengua los negros testículos y ascendió hasta coronar con su boca la cima de su glande. En su boca sólo se metía la punta, pero con su mano le masturbaba toda la inmensa polla del chico.

Ambos chicos gemían, mientras que Omar se masturbaba sentado en una silla.

–          ¡Ahora yo! – gritó Ibra.

El chico musculoso se sentó en un sofá que había en el suelo al tiempo que Salim la cogía en volandas. Izándola metiendo sus brazos bajo sus rodillas, la colocó justo encima de Ibra.  Ella, según bajaba, agarró con una mano la polla descomunal de su nuevo amigo y la colocó en la entrada de su vagina. Respiró lentamente varias veces y por fin empezó a meterse aquel tren bala dentro de su túnel sexual.

En cuclillas, Sara sólo pudo hacer el leve ejercicio de mover su cintura arriba y abajo metiéndose lo mínimo de la extremidad de Ibra. Salim se acercó a ella por delante, y en un idioma que ella desconocía le debió de decir algo así como que se la chupara. Sin necesidad de entender las palabras, ella le cogió aquella figurita de portal de Belén que tenía por polla y se la metió en la boca. En la parte alta de cada salto se metía una polla en la boca, y en la bajada otra en el coño. Sara gemía sin parar con tonos agudos.

Desde el suelo, Ibra podía ver como las pequeñas y blancas tetas de Sara saltaban con cada embestida. No le gustaba mucho tener que ver el pene de su amigo por encima de su cabeza, pero en aquel momento le daba igual por el placer que le estaba dando aquella blanquita.

Sara pasó de cuclillas, a sentarse sobre el pene de Ibra y metérselo casi entero. Estaba tan cachonda, que aunque notaba cierta resistencia, disfrutaba con aquella follada. El negro aumentó el ritmo de sus caderas y hasta sus testículos golpearon contra ella.

Salim se inclinó hacia delante, y agarró las nalgas de Sara. Las hizo subir y bajar bien rápido haciendo que se incrustara con furia la polla de su amigo.

–          ¡Qué buena eres follando! – dijo su macho alfa.

El susodicho agarró la agarró por la cintura, y sin necesidad de dejarla en el suelo, la levantó en el aire con la fuerza de sus potentes músculos.  Ella le rodeaba el cuello con sus brazos, y la cintura con sus piernas. En ningún momento se la había sacado de la vagina. La hizo saltar sobre su polla con la fuerza de su cadera. Ella, en éxtasis, saltaba y recibía aquel gran gusano de Dune como si fuera su madriguera.

Al ver que Salim estaba cerca, se descolgó de un brazo, y en el aire, se la chupó como pudo al otro chico.

–          Yo. – Dijo Salim tras intercambiar palabras en Senegalés con Ibra.

Ibra la dejó con delicadeza sobre el colchón del suelo. Ella, a cuatro patas, no tuvo tiempo para cambiar de postura porque Salim e Ibra taponaron sus agujeros vaginal y bucal respectivamente con sus miembros.  No podía creer que se la estuvieran follando dos negros y que le estuviera gustando tanto. Aquello iba más allá de todas sus experiencias sexuales.

Salim hizo amago de metérsela por el culo, pero ella no le dejó. Si dejaba a uno, los otros querrían, y aquello podría ser una destrucción anal.

Ambos chicos se turnaron follándola hasta que en un momento dado, mientras se la chupaba a Salim, notó un tiró en el pene del chico. Sin avisarla el chico había empezado a correrse. Notó el primer chorro de semen impactar en su garganta provocándole una arcada por la presión y cantidad. Al abrir la boca, un borbotón de líquido blanquecino se derramó desde sus labios. Ni corta ni perezosa siguió chupándosela hasta dejarle seco. El chico se alejó justo en el momento que Ibra se la sacaba del coño. De repente notó como un latigazo caliente le golpeó la espalda. Después otro, y otro. Ibra se estaba corriendo sobre su espalda con la fuerza de un camión de bomberos.

Agotada, se levantó para ir al baño y limpiarse junto con Ibra y Salim. En aquel momento se acordó de Omar y su ancho pene. El chico seguía masturbándose y justo cuando ella se acercaba, se corrió derramando borbotones blancos sobre su propio cuerpo. Ella suspiró, más de alivio por no tener que lidiar con aquel cipote que por otra cosa.

 

1 SEMANA DESPUÉS

Bea y Amaranta seguían hablando en el baño de la discoteca. Cuando Amaranta terminó de contarle la  historia que Sara le había contado, la expresión de Bea era muy distinta.

–          ¿Así que al final realmente se folló sólo a dos negros? – preguntó Bea.

–          Se podría decir que sí. ¡¿Te parece poco?!

–          Ufff, vaya con Sarita.

Una vez reunidas con el grupo, tras invitar a Sara a una copa, Bea le pidió ir las dos solas a otro garito. Sara le sonrió, y Bea anheló poder vivir la misma aventura que su amiga.

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El balneario

Bea iba acelerando sus movimientos, impidiendo que Fran se moviera, haciendo todo el trabajo, cada vez aceleraba más y más sus caderas y Fran se deleitaba con sus contracciones hasta que ella aceleró más y más sus movimientos y él se dejó llevar, haciéndola gozar. Los gritos de Lola eran de placer intenso, estaba follándome a la mujer que más deseaba, mis movimientos se hicieron cada vez más fuertes y ella intentaba seguirme, llegar conmigo, estallamos los dos en un orgasmo mutuo que nos dejó tendidos, en la cama.

Mi nombre es Toño y vivo en Madrid, hace 8 años que estoy casado con una mujer valenciana que se llama Bea, ella es una mujer muy independiente y con un fuerte carácter aunque muy aferrada a sus costumbres, formamos una pareja muy actual, hacemos algo de deporte y poseemos cierto atractivo físico. Yo soy moreno, delgado y tengo unos intensos ojos verdes que siempre atrajeron a las mujeres, mi mujer tiene el pelo castaño y rizado es delgada como yo y tiene unas tetas impresionantes. La historia que voy a contarles sucedió la primavera pasada cuando fuimos a cenar con una pareja de amigos Fran y Lola. Fran es un corpulento muchachote moreno y bonachón, su mujer Lola es bajita y con un cuerpo exuberante, labios carnosos, mirada penetrante y muy sensual, una mujer que sin quererlo atrae.

Ellos son amigos nuestros desde la facultad y nuestra relación siempre fue de amistad, aunque Lola me resultaba atractiva yo jamás le comenté esto a Fran y él tampoco me dijo nada acerca de mi mujer, nuestras conversaciones solían dirigirse a temas de deporte, trabajo, sociales, puede que habláramos de mujeres pero nunca de las nuestras y nunca con nuestras mujeres delante. La historia surgió en una cena, Fran se quejaba del stress al que estaba sometido en su trabajo y los demás coincidimos con él sobre las continuas presiones que recibíamos y que nos llevaban a padecer de insomnio, nerviosismo y fatiga. Lola nos comentó que hasta sus relaciones sexuales se habían visto afectadas, Bea propuso pedir una semana libre en nuestros trabajos para retirarnos a un lugar tranquilo a descansar y yo propuse un balneario como cura total, la idea fue muy bien acogida aunque teníamos que conseguir esa dichosa semana en nuestros trabajos, apuntamos a una semana en mayo que tenía un día de fiesta en jueves y que podía ser idónea. Quedamos en llamarnos para ver si salía adelante el plan y así quedó la cosa.

A la semana siguiente las cosas empezaron a marchar sobre ruedas y, aunque con concesiones, conseguimos todos, la semana libre, una de esas concesiones era que Fran debía de trabajar el fin de semana anterior lo que obligaba a retrasar todo al lunes. La semana anterior todo fueron preparativos y deseos de que llegara el día de la marcha, la idea de una semana apartados del mundanal ruido nos tenía a todos muy excitados y prácticamente nos llamábamos a diario, para comentar cosas acerca del lugar adonde íbamos. Por fin llegó el ansiado día y fuimos a buscar a Fran y a Lola a su casa para hacer juntos el viaje, decidimos ir en nuestro coche para evitar gastos innecesarios así que partimos hacia la sierra donde se encontraba el balneario, el viaje fue muy divertido y las conversaciones fueron exclusivamente sobre las actividades en el balneario.

Lola comentó que había unas clases de algo parecido al Taichí y la expresión corporal, una mezcla que todos consideramos extraña, también había rutas de senderismo y sobre todo actividades termales o lo que es lo mismo mucho chorro y muchas burbujas. Cuando llegamos al balneario nos recibió un chico con cara de no haberse excitado en su vida, tal era el rostro pausado que presentaba, y nos dirigió a nuestras habitaciones para que dejásemos el equipaje, nos dijo que podíamos pasar a los baños cuando hubiésemos terminado a darnos un baño de burbujas antes del almuerzo que era a la una del mediodía, el entorno era maravilloso rodeado de montañas y vegetación y las habitaciones eran rústicas, pero con todos los elementos perfectamente cuidados, lo que más nos impresionó fue la cama que medía dos por dos, vaya polvos me voy a echar, pensé.

Bajamos al baño y nos tumbamos placenteramente en una de las bañeras recibiendo un chorro de burbujas, cuando estábamos allí aparecieron Lola y Fran y a mi casi me da un vuelco el corazón cuando vi por primera vez en mi vida a Lola en bañador, no sabía dónde mirar, que cuerpo, tuve que meter la cabeza dentro del agua para aislar mis pensamientos, se colocaron a nuestro lado y nos dijeron que después de comer teníamos unos momentos de relajación, siesta, pensé yo y después iríamos a una clase de Taichí-expresión corporal, nos comía la curiosidad, al salir del agua vi como Fran se hacía el remolón esperando a que saliera Bea, lo cual no me extrañó porque yo también estaba esperando a que saliera Lola y no pude ver la cara de Fran porque estaba absorto en el culo de Lola subiendo las escaleras de la piscina, por un momento pensé que ellas eran conscientes de ello, pero la idea me creaba sentimientos contradictorios.

La comida fue muy ligera, mi idea de la relajación no estaba reñida con un chuletón de ternera, pero la dieta era estricta y consistía en verduras y pescados a la plancha aparte de muchos zumos, nos pusieron un licor, que exceso, sin alcohol, de todas formas no nos importó mucho a ninguno y el bienestar del baño se notaba en nuestra conversación fluida, nuestros lazos estaban ahora más unidos que nunca y la conversación tocaba temas personales y de pareja como antes nunca lo había hecho, sin llegar a hablar de sexo, Bea contó que dormía sin pijama, Lola que se ponía tangas, Fran que tenía una almorrana y yo que afeitaba con brocha y navaja, cosas triviales que hasta ese momento nunca habíamos hablado, llegó el momento de la relajación y nos fuimos a una sala de camillas donde había música oriental muy suave y te ponían muchos zumos, hasta ese momento yo había bebido en un solo día más zumos que los que suelo tomar en todo un año, el caso es que me dormí plácidamente y desperté cuando un sonido angelical me dijo: ¡Toño!

Era Lola que me despertaba para decir que no tuviésemos vínculos afectivos, casi instintivamente Bea se colocó con Fran y Lola conmigo, acto seguido nos pidió a todos que nos colocásemos espalda con espalda y nuestros cuerpos pegados entre sí, que no nos inhibiéramos de sentir el otro cuerpo, sentí el culo de Lola pegado al mío, su espalda, sin complejos totalmente pegados, nos pidió que rotáramos pegando nuestros cuerpos, pegamos nuestras piernas, los hombros, los cuellos, los pechos, iba a explotar, por su parte Fran se estaba poniendo las botas con mi mujer aunque ella tenía cara de pocos amigos y yo estaba un poco mosca con la situación, aunque por otro lado estaba encantado de haberme pegado tanto a Lola, volvía la contradicción. Después de la clase bajamos a las termas y nos dieron unos chorros de agua helada y otro zumo, salimos a dar un paseo por los alrededores del balneario y ninguno de los 4 comentó nada acerca de la clase aunque seguimos hablando en tono jovial y la confianza entre nosotros era mayor, digamos que había funcionado la terapia, antes nuestras conversaciones eran entre los cuatro o bien ellas dos juntas y nosotros dos, pero no era común que yo hablara con Lola y Bea con Fran.

Lola me dijo que estaba harta de zumos, yo coincidí, le dije que un día nos escaparíamos a tomar unas copas, ella me dijo que por supuesto y se fue haciendo de noche, fuimos a cenar el pescadito y el zumo seguimos charlando y nos dirigimos a nuestros dormitorios, la noche fue bestial, el relax del día se tornó en lujuria y desenfreno de noche, aunque no podía quitarme de la cabeza la clase de expresión corporal, mi mujer me dijo que Fran se había pasado un poquito, le respondí que se trataba de desinhibirse, no de cortarse, aunque si veía que se pasaba de la raya ella tenía que frenar, ella me dijo que yo no había frenado mucho y le contesté que estaba un poco paranoica, ¿pero quién engaña a una mujer? El segundo día empezó con un suculento desayuno, la mejor comida del día, y por la cara de Fran y de Lola la noche había sido inmejorable sobre todo por sus ojeras y la sonrisa de oreja a oreja que lucían. Le siguió un baño frío y un paseo con monitor por los alrededores, se me olvidaba el zumo, entablé con el saludable monitor y le pregunté donde podíamos tomar unas copas, me apuntó una discoteca de pueblo con poca gente, música hortera, pero según el eso, es lo que hay.

Volvimos a la hora de la comida y después de una ducha nos fuimos al comedor donde nos esperaba otra nutritiva comida carente de toxinas y también de sabor, Lola estaba pletórica y Bea no paraba de hablar, yo miraba a las dos y me corrían fantasías por mi imaginación que se volvían de nuevo contradictorias, por su parte Fran no quitaba la vista de Bea, quien en algún momento se puso nerviosa con sus miradas, mientras nos dirigíamos a la sala de relajación y tomando un zumo me dijo que la belleza de mi mujer no eclipsaba su inteligencia yo por mi parte le dije que ambos éramos afortunados con nuestras esposas y que Lola era tan agradable como hermosa, jamás habíamos llegado tan lejos en nuestras apreciaciones y eso me volvió a crear sentimientos contradictorios, después de mi siesta y la relajación del resto volvimos a la clase de taichí-expresión corporal, iniciamos los ejercicios de taichí y volvimos a juntar nuestros cuerpos, esta vez mucho más desinhibidos, al finalizar el monitor pidió que realizásemos un masaje a la pareja y pude tocar la nuca de Lola, sus cervicales, su columna, sus dorsales músculo a músculo, hueso a hueso. Mi excitación era desmedida y en muchas ocasiones el masaje se tornó en caricia cosa que ella percibió, pero no dijo nada, estaba tan absorto en percibir su deseado cuerpo que ni siquiera miré a mi mujer y a mi amigo.

Repetimos la rutina diaria y después de la cena y varios zumos salimos a pasear los cuatro, ahora Lola  por la presión colectiva que por sus ganas accedió a recibir un masaje, fui al baño por crema y ella se puso la parte de arriba del bañador, se recostó en la cama y empecé a masajear sus hombros mientras Fran y Lola miraban atentamente, yo les explicaba que músculo masajeaba, como abría los omoplatos, etc., pero le dije que lo mejor es que Lola se pusiera al lado y probara él a imitar los movimientos. La situación se tornó excitante, instructiva y a la vez preocupante y yo quise forzar un poco la marcha frotando circularmente, muy cerca de los pechos de mi mujer, Fran me imitaba más tímidamente, pero a la vez era consciente de la situación, la piel de Lola estaba alterada y ella estaba muy excitada y de repente Bea se levantó y dijo: ¡vámonos a dormir!, cortó por lo sano, todos hicimos como que no pasaba nada, pero con pucheros y nos fuimos a nuestra habitación, cuando llegamos Bea me dijo, que querías follarme allí con ellos delante, cabrón, ¿te crees que soy tonta o qué?

Después de muchos mimos y caricias, tuvimos otra noche de lujuria y desenfreno y aunque ella no lo reconocería nunca, estaba más excitada que de costumbre. El día siguiente amaneció con desayunos, ojeras y sonrisas de oreja a oreja, aparte de más zumos con chorros de agua caliente y fría seguidos de burbujas chispeantes, la situación de la noche anterior no fue comentada, pero el paso que habíamos dado todos, era grande y los temas de sexo surgían en todas las conversaciones, Lola me dijo vaya ojeras que teníais esta mañana, no debisteis de dormir mucho. Yo le dije a Fran: tienes pinta de tener una buena tranca según se ve el bañador, Fran más comedido me dijo que si había dejado contenta a Bea y Bea por su parte seguía manteniendo la distancia, Fran le dijo a Bea que por qué estaba tan fría en las clases de Tai-expresión corporal que era un juego para relajarse y disfrutar más de uno mismo y de los demás, ella dijo que todavía no había encontrado la relajación total, que no se había adaptado, pero que lo intentaría y así fue pasando el día entre charlas, baños, comidas y siesta.

A esas alturas el momento más esperado del día era la clase de expresión corporal, tanta relajación me producía aburrimiento y pegarme al cuerpo de Lola era lo mejor que podía esperar, el monitor propuso ese día rodar abrazados y ese fue uno de los mejores momentos que recuerdo, sin llegar a tocarla con mis dedos percibí todo su cuerpo y noté que ella también acoplaba su cuerpo para sentir el mío, aunque mi deseo era grande mi curiosidad era mayor y observé en algunos instantes a Fran y a mi mujer y por la cara de ella creo que había roto en parte su tabú, en mi interior surgió de nuevo la contradicción. En el paseo nocturno surgían los abrazos, las risas y los coqueteos, los secretos empezaban a dejar de tener cabida entre los cuatro y comenzamos varios juegos pueriles que tenían como fin el contacto físico. Decidimos salir a tomar unas copas a la disco hortera y vestidos para la ocasión, vaqueros y sudadera, salimos a conquistar el pueblo.

La discoteca la conquistamos porque aparte del dj camarero y uno con zapatillas de cuadros, éramos los únicos ahí, cosa que nos animó aunque parezca lo contrario y decidimos beber el alcohol en bruto para desquitarnos de la sobre zumosis, así que arreamos tequila Souza con limón y una pizca de sal y conquistamos la desierta pista, el desenfreno fue tal que tuvimos que salir para evitar el coma etílico, nos dirigimos paseando hasta el balneario y yo aproveché para coger en brazos a mi mujer y luego a Lola, para que no se notara mucho, Fran hizo lo mismo y entre bromas, risas y un pequeño desvío llegamos al balneario.

Con el cachondeo que llevábamos encima y la invitamos a que se pusieran cómodas para darles un masaje relajante, fueron a las habitaciones,  volviendo ambas con un biquini, nos aplicamos crema en las manos y comenzamos a masajear sus hombros, la piel de Lola se erizó totalmente cuando empecé a masajearla, opté por sentirla y explorarla en vez de darle un masaje terapéutico y pude notar su piel, mientras la acariciaba, Fran seguía mis pasos y mi mujer estaba con los ojos cerrados disfrutando de las caricias, decidí acariciar sus costados acercándome a su vientre y la cara de Lola recostada con la boca abierta y los ojos entrecerrados, me hacía desearla, toqué sus costillas acercándome peligrosamente a sus pechos y al mirar hacia mi amigo vi que se apoyaba encima de mi mujer para sentirla totalmente, ella se sobresaltó, pero decidió abandonarse mirándome con cara de placer, acerqué mi mano a la nuca de Lola y la acaricié, noté que volvía su cara hacía mí buscando el contacto y sin poder remediarlo me acerqué y besé su cuello, luego su nuca y girándola lentamente la besé, ese momento fue una explosión de sensualidad sintiendo sus carnosos labios acercarse a los míos y su lengua buscando la mía en un frenesí imposible de parar.

Me tumbé en la cama mirándola fijamente y disfrutando de su belleza mientras mis manos recorrían todo su cuerpo con delicadeza, aprovechando cada minuto, cada rincón de su cuerpo con dedicación, sus pechos se crispaban surgiendo dos duras rocas de su rotundidad, los fui recogiendo en mi mano, mientras los acercaba a mi boca para deleitarme con su dulce sabor, acaricié sus curvas y agarré su culo hundiendo la palma de mi mano entre ambos, tocando ese culo que tanto había deseado, ella gemía de placer y de deseo mientras sus gemidos se confundían con los de mi esposa que estaba abriendo el pantalón de Fran que estaba fuera de sí disfrutando del cuerpo de mi mujer, retiré la parte de abajo del bikini de Lola y empecé a besar sus pies subiendo por su entrepierna en lentos movimientos, haciéndola sufrir en su deseo.

Ella retiró mis pantalones, buscando el trofeo que deseaba, intentaba arrancarlos mientras yo me abría camino hasta su cueva, la besé lentamente agarrando los labios de su vagina entre mis labios y buscando afanosamente su clítoris, ella lanzó un gemido y acercó un dedo a la entrada de mi ano acariciando con la otra mano la base de mi pene, con lentos lengüetazos recorrió todo mi pene descubriendo mi prepucio que estallaba por sentirse dentro de sus hermosos labios, ahora fui yo quien lanzó un gemido de placer, de deseo amplio, mi lengua recorrió su clítoris y jugué con el primero suavemente percibiendo su sabor, su esplendor, su firmeza, luego a medida que crecía la excitación me lancé en una voraz cacería de sus partes íntimas haciéndole que se pegase a mí que se introdujera mi polla más adentro, que gozara a un ritmo frenético.

Sus jugos recorrían mi lengua con un sabor agrio que me excitaba al límite, ella gemía sin parar si ser dueña de sí misma, en ese momento introdujo su dedo en mi ano produciéndome un placer extraño, pero salvaje, aceleré mis movimientos y comencé a follar literalmente su boca, ella no paraba de gemir, de pedir más y más, de repente me sobrevino un estallido salvaje y mi semen inundó su boca, ella se aferraba a mí y lamía mi pene devorándolo, yo estaba vacío y feliz, paramos abrazados a descansar y miramos a nuestras parejas, Fran estaba recostado en la cama y Bea estaba montada a horcajadas sobre él, Bea se movía con movimientos circulares muy lentos y acababa con una penetración total, Fran se desencajaba de placer acariciando sus caderas, alzando su mano a sus pechos fugaces, Bea iba acelerando sus movimientos, impidiendo que Fran se moviera, haciendo todo el trabajo, cada vez aceleraba más y más sus caderas y Fran se deleitaba con sus contracciones hasta que ella aceleró más y más sus movimientos y él se dejó llevar, haciéndola gozar.

Los gritos de Lola eran de placer intenso, estaba follándome a la mujer que más deseaba, mis movimientos se hicieron cada vez más fuertes y ella intentaba seguirme, llegar conmigo, estallamos los dos en un orgasmo mutuo que nos dejó tendidos, en la cama. Después de esto la noche continuó sin freno y los cuatro disfrutamos a tope de nuestros cuerpos, seremos conocidos en el balneario por muchos años porque en los tres días restantes sólo deshicimos una cama y nuestros vecinos de habitación no descansaron lo suficiente, ahora vivimos los cuatro juntos en una casa y aparte de lo que nos ahorramos en vivienda, no paramos de follar. Un saludo a todos y os recomiendo seguir estas experiencias.

Autor: Robinhood

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Mi esposa y mi cuñada

Carmen se sacó mi verga y se la metió por el culo. Mi mujer metió uno de sus dedos en el coñito que acababa de estar vacío. Me iba a correr. Había llegado al punto sin retorno y me vacié en el culo de mi cuñada, al notarlo la muy cabrona cogió la mano de mi mujer para que se esforzase más en su labor. Mi mujer ya la tenía tres dedos dentro y no paraba de chuparle las tetas.

La verdad que estas cosas suelen empezar poco a poco. Que si un día mi esposa dice que se va por trabajo fuera del país y empiezas a notar como su hermana te mira de forma diferente, que si habla más con ella, que si sale más con nosotros, que si nos vamos a Roma y dormimos los tres en la habitación. Esos detalles que no sabes bien si vas, vienes, o como siempre, nada de nada. Uno de esos días, en la piscina de casa estábamos hablando los tres, ellas sentadas y yo tumbado en las piernas de mi mujer, con las gafas de sol y dejando que el sol y el murmullo del agua acabaran con el estrés de la semana, además habíamos quedado con unos primos de mi mujer, muy buena gente, y quería estar despierto y disfrutar de la noche, me apetecía desconectar del mundo.

En uno de esos momentos abrí los ojos y enfrente de mí me encontré la braguita del bikini de mi cuñada y como de ella salía un buen matojo de pelos. Tuve un doble pensamiento, el primero que como llevaba varios años sin novio, la verdad que no me extrañaba que descuidase su aspecto íntimo y el segundo, ¿me dejaría arreglárselo?, ¿y a mi mujer?, ¿y a los dos juntos?  Mi cabeza empezó a volar y a imaginarse un afeitado de coño con su posterior limpieza,… pero cuando estaba metido en mis pensamientos algo me sobresaltó, era mi pene que se estaba hinchando y luchaba por salir del pantalón. Avergonzado, me tumbé de espaldas y me puse a leer una revista, pero sabía que ese vello estaba ahí al lado, acechando y no podía parar de mirar de reojo. Evidentemente mi pene, se convirtió en polla y no había ya forma de pararla, bueno realmente si había, pero digo allí en la piscina, o sea que me levante de un salto y me zambullí en el agua. La verdad que no sé si ellas se dieron cuenta.

Eran las siete de la tarde cuando nos subimos a arreglarnos para salir a cenar. Todos con nuestros bañadores mojados, el aire acondicionado hizo que los pezones de mi mujer y mi cuñada se alborotasen. No podía dejar de mirarlos. Y mi pene volvía a despertar. Mi mujer se dio cuenta y me dijo que sería conveniente que empezásemos a ducharnos. Eso era lo mejor una ducha fría, una buena paja, cenita, unas copas y dejar de fantasear. Yo me metí en mi ducha, mi mujer en la suya y mientras mi cuñada esperaba fuera hasta que una de ellas quedara vacía.

Yo acabé pronto. Estaba muy caliente y no tardé mucho en correrme. Un enjabonado rápido y ya estaba listo, sin embargo ya sabéis como son las mujeres, que si un pelito por aquí, que si el suavizante, la mascarilla del pelo, el secador,… Eternizante. Yo salí muy pronto, tan rápido que mi cuñada no se lo esperaba. Al entrar al salón me la encontré jugando con su almejita, tenía dos dedos dentro. No sabía que hacer, ¿era esta la oportunidad que siempre había deseado?, ¿qué opinaría mi mujer si nos pilla?, ¿querría mi cuñada? En mitad de estos pensamientos mi cuñada se percató de mi presencia.

– ¿Desde cuándo llevas ahí?, estaba mirando que debería cortarme esos pelos.

Me había pillado, no sabía cómo reaccionar.

– Deberías ducharte se hace tarde. La mía ha quedado libre. Entretente dentro lo que quieras, que nadie te va a molestar.- Está bien. Pero,…te ruego me comprendas, llevo tanto tiempo sin,… me entiendes. – Yo no llevo tanto y me acabo de hacer una paja en la ducha. La piscina me ha levantado los ánimos. – A mí también se me ha despertado algo.

En eso notamos que deja de sonar el secador.

– Vamos Carmen, que se te va a hacer tarde y no te va a dar tiempo a todo. Le dije con un poco de sorna.

Mi cuñada es cinco años mayor que nosotros y yo supongo que estaba curada un poco de espanto. Vi como se metía a ducharse en el baño de mi mujer. Mientras yo me puse a ver un partidito de fútbol en la tele mientras las mujeres acababan. Al poco tiempo me acerqué a la cocina a por una Coca-Cola y al pasar por la puerta del baño, pude escuchar a las dos partiéndose de risa. ¿Se lo estaría contando?, ¿de que estarían hablando?, ¿la habría cargado?,… Bueno, no era tiempo de preocuparse por el futuro cuando todavía no había llegado.

Acabaron de arreglarse, las dos impresionantes, y salimos a cenar. Llegaron sus primos, realmente era su primo y la novia de él. Cenamos muy a gusto y nos fuimos de copas. Mi cuñada no hacía más que beber, se acercaba a mi mujer, cuchicheaban, me miraban y se reían. De vez en cuando mi mujer me hacía señales como si me fuese a dar unos azotes. Yo sonreía, por no salir corriendo. La noche iba pasando hasta que su primo y la novia se retiraron a su casa y nos quedamos los tres. Estaba acojonado. Mi mujer, Bea, me miró y dijo:

– Creo que debemos irnos nosotros también. – Como tú quieras cariño.- Mi hermana está muy mal, hay que llevarla a su casa.- Pero si está a 35 kilómetros de la ciudad. Mira es mejor que duerma contigo en la cama y yo dormiré en el sofá. Nuestra casa tiene dos baños y dos habitaciones, pero en la otra habitación hicimos un despacho, o sea que no había más camas que la nuestra.- Me parece bien, dijo Bea. Lo dijo en un tonillo, que no supe descifrar en ese momento. La verdad es que estaba acojonado.

Llegamos a nuestra casa, Carmen iba un poco borracha y yo sabía que mi mujer la tendría que desnudar. Entré a mi habitación, cogí un pantalón corto del pijama, me cambié en el baño y me tumbé en el sofá para dormirme. Tumbado desde el sofá, te quedas enfrente de la puerta de la habitación principal, y fue allí y no en otro sitio donde mi mujer empezó a desnudar a su hermana. Carmen quedaba de espaldas a mí y yo veía la cara de mi mujer.

Primero la fue desabrochando los botones de la camisa, después el sujetador, quedando la espalda de Carmen desnuda ante mi, Mi corazón empezó a bombear sangre a un ritmo infernal y mi mente sólo podía pensar en las vistas que mi mujer tenía en ese momento. Se me empezó a poner tiesa. Después la desabrochó la falta, dejándola caer al suelo. Estaba flotando, por qué mi mujer me haría sufrir así. ¿Pensaba acaso que su hermana no era mujer ni yo un hombre? Otra vez su voz dispersó mis pensamientos.

– ¿Me vas a ayudar?, ¿o tengo que hacerlo yo sola? – Espera ya voy.

Todavía no sabía a que tenía que ayudarla, a vestirla, a acostarla. Pero me levanté, con la polla bien dura y me acerqué a la espalda de Carmen

– ¿A que te ayudo? – No te hagas el tonto, has dejado a mi hermana a medias esta tarde y ahora tenemos que ayudarla a acabar lo que empezó.- Eso, dijo Carmen, no podéis dejar que me acueste en estas condiciones. Y se echó a reír

No sabía dónde meterme, ¿me estaban vacilando? Mi mujer se acercó a mí y me empezó a dar un beso muy húmedo. Carmen estaba aprisionada por nosotros dos y Bea empezó a meter la mano entre las bragas de su hermana y el culo, rozándome mi polla. Yo cogí a mi mujer por el culo y empecé a bajarle su pantaloncito del pijama.

– Las braguitas de mi hermana son feas, hazla lo que haces con las mías.

Estaba claro lo que quería. Introduje mis manos entre las bragas y su coñito. Las tenía empapadas. Fue muy fácil romperlas por la costura y dejarla sólo los tres elásticos, uno en la cintura y los otros en cada uno de sus piernas. En ese momento empezó a respirar más intensamente. Estaba tan expuesta que no dudé en agacharme y empezar a mordisquearla el culo. Tenía las dos manos en sus caderas y empecé a notar que las estaba moviendo lentamente. Quería que me la follara. Pero después de tanto tiempo esperando algo así tenía que aprovecharlo lo máximo posible. ¿Hasta dónde estaban dispuestas a llegar? Esa era mi pregunta en ese momento y debían de responderle.

Desplacé mis manos hacia mi mujer y la quité las bragas, ella entendiendo mis actos se quitó la camisetita de tirantes del pijama. Sólo quedaba yo vestido con el pantalón corto y mis shorts. Introduje la mano derecha entre las piernas de Carmen y empecé a masajear los labios a mi mujer. Con el antebrazo notaba la humedad del coñito de mi cuñada. Era un roce premeditado pero que no quería que fuese directo. La otra mano agarraba fuertemente el culo de mi cuñada mientras la mordía. Poco a poco empecé a desplazar mis dedos hasta que uno de ellos se paró en la entrada de su ano. Carmen lo notó y dio un respingo.

– Mételo. No te pares ahí.

Me dijo mientras se frotaba contra mi antebrazo. Me chupé el dedo gordo y se lo metí en el culo.

– Tienes otro agujero. ¡Aprovéchalo! – Carmen ¿qué pasa? – Tu marido que es un cabrón y me está metiendo un dedo en el culo. No sabes cómo me gusta.- Pues a mí nunca me ha apetecido pero viendo tu cara lo voy a probar. Metémelo a mi también Carlos.

Iba a ser la primera vez para mi mujer, si quería volver a repetirlo no tenía que hacerle daño. Metí el dedo corazón en el coño de Carmen. Viéndose masturbada empezó a moverse de un lado para otro, yo seguía agachado a su espalda, oliendo sus fluidos y notando que se iba a correr. Empezó a correrse entre unos espasmos que la daban y pude ver cómo salía como una bocanada de jugos de su coño, manchando el suelo, dejándolo pringoso no dejada de jadear.

Saqué mis dedos, arrugados por la humedad, y le introduje uno a mi mujer en el ano. Carmen se apoyó en los hombros de mi mujer quedándose inclinada y ofreciéndome su chorreante coño. Empecé a chupárselo, mientras estrenaba el culo de mi mujer con uno de mis dedos humedecido por su hermana. Prefería no pensar en lo que estaba ocurriendo.

– Túmbate en la cama. Te vas a dislocar el cuello. Además quiero que me mordisquees el clítoris y así no llegas bien. Dijo Carmen

Me tumbé en la cama, comiéndole aquel manjar a mi cuñada que no paraba de humedecerse. Mi mujer se puso enfrente de ella y empezó a restregar sus pechos con los de Carmen. Y yo la introduje un dedo de cada mano en el culo, la notaba muy excitada, por lo que cambié de coño y le di a mi mujer un masaje con la lengua.

Se retorcía cada vez que le hacía círculos alrededor del clítoris. Carmen lo notaba y empezó a chuparle los pezones. Beatriz empezó a masturbar a Carmen por lo que me centré en el coño de mi mujer. Nunca lo había notado así. Iba a cumplir otro de mis deseos y mi mujer lo sabía.

– Cariño, prepárate que este va por ti.

Empezó a contraerse y expandirse sus paredes, saqué la lengua, abrí la boca y empecé a degustar los jugos de mi mujer. Eran impresionantes, saqué la lengua para chupar mi cara. Las dos se pusieron a mirar mi cara de placer.

– Ahora te vas a follar a mi hermana. Necesita una polla. Dijo Bea.

Me quitaron la ropa, me tumbaron boca arriba y Carmen se metió la polla entre suspiros. La muy cabrona seguía empapada. Mi mujer se sentó detrás de ella rozando su pubis contra el culo de su hermana. Si hubiese tenido polla se la hubiera metido, sólo había que verle la cara.

Bea cogió los pechos de su hermana desde abajo, como si los sujetase y empezó a rozar sus pezones con los dedos gordos. Estos estaban bien duros. Carmen para no caerse, se sujetaba en el culo de Beatriz. Mi mujer la dijo algo al oído que yo no pude escuchar. Carmen echó para más hacia atrás uno de sus brazos, al rato mi mujer dio un respingo. Creo que le estaba metiendo el dedo por el coño. El otro brazo lo levantó, agarró a mi mujer por el cuello y empezó a besarla. Sus lenguas se salían de la boca. Carmen empezó a acelerar más el ritmo, y mi mujer también.

Bea estaba estirando uno de los pezones de su hermana. Estaba seguro que se iban a correr cuando Carmen se sacó mi verga, totalmente lubrificada y se la metió por el culo. Mi mujer lo vio y metió uno de sus dedos en el coñito que acababa de estar vacío.

Me iba a correr. No podía aguantar más. Mi cuerpo se estaba tensando. Había llegado al punto sin retorno y me vacié en el culo de mi cuñada, al notarlo la muy cabrona cogió la mano de mi mujer para que se esforzase más en su labor. Mi mujer ya la tenía tres dedos dentro y no paraba de chuparle las tetas. Carmen se corrió otra vez. Mojándome mi ombligo, se saco la poya y empezó a chupármela. Mientras mi mujer empezó a comerse el semen que chorreaba del culo de Carmen.

Me quería morir, jamás en mi vida hubiera imaginado que mi mujer era así de guarra. Me encantaba esta faceta descubierta. Cuando acabó se sentó en la espalda de su hermana, que parecía que quería desgastarme la polla a lametazos.

– Carmen, creo que deberíamos dejarlo ya, echar un pis y dormirnos. – Como quieras.

Carmen dejó de chuparme la polla y se quedó fijamente mirándome a los ojos, con una sonrisilla malévola. De repente empecé a oír un sonido, un fuerte olor se apoderó de la habitación y algo caliente caía sobre mi pene y mis piernas. Miré la espalda de Carmen y estaba llena de orina cayendo por sus costados, resbalando por los pechos y saltando desde los pezones. Sin apartarme la mirada me dijo:

– ¿Y tú? ¿No tienes ganas?

Me cogió de la polla y apuntó a su estómago.

– Méame, humíllame y dejaré que me des por culo cuando quieras.

La verdad, es que no podía aguantarme, entre la bebida de la cena, las copas y el sexo tenía la vejiga a estallar. Vi como salía de mí y como Carmen la movía para que la regase. Mi mujer aplaudía y las sábanas se iban empapando. Yo notaba como caía mi orina sobre de mí tras rebotar en los pechos de Carmen.

– Eso es, sigue así, no dejes nada dentro. Y ahora me toca a mí. Túmbate hermanita que esto te lo dedico por dejarme a tu maridito. Empezó a mamarla mientras intentaba masturbarme de nuevo. Pero si os soy sincero ya era demasiado para mí. Recogimos las sábanas. Pusimos unas limpias en el suelo y nos quedamos dormidos.

Autor: Carlos

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Pequeños vicios

El culo de Elena por fin era mío, ella se masturbaba y notaba pequeñas contracciones que me daban gran placer, cuando le llegó unas más fuertes que supuse eran un gran orgasmo me corrí por fin, inundándoselo con mi leche. Luis metía su lengua en el culo de mi novia, y la hacía disfrutar, Juan Carlos se acercó como un buitre sobre la mía, y vi los ojos de deseo con los que ella lo miraba.

Bien, creo que mi obsesión por Elena comenzó a raíz de una conversación al salir de la facultad hace bastante tiempo. Desde que la conozco ha tenido novio, y siempre me he llevado bien con ellos, lo cual ya sería un buen motivo para que me dejara de interesar, pero es que encima no es demasiado guapa, es bajita y pecosa con un cuerpo rellenito aunque armonioso, con buenas tetas y un culo respingón, quizás un poco grande para su tamaño, pero nunca me la quité de la cabeza. Ella siempre ha sido muy amiga de comentar o más bien de insinuar las cosas que realizaba con su novio, y en una discusión entre risas le dijo a una amiga:

-Anda y que te den por el culo. -No, que te den a ti, Elena. -A mí no que ya lo he probado y se lo que duele.

Esta frase se me ha quedado a lo largo de los años. En esa época yo no había practicado el sexo anal, y imaginarme haciéndoselo a ella, se convirtió en una de mis fantasías favoritas a la hora de masturbarme.

Lo que relato a continuación ha sucedido como 4 años más tarde, y ya hemos terminado la carrera la mayoría de nosotros. Mi novia actual se llama Bea, es un poco callada pero bastante caliente en la cama, es morena, delgada y muy proporcionada, es la típica niña bien. Yo me llamo Víctor y soy moreno y alto, bastante atractivo y siempre voy con la caña puesta a ver si cae alguna niña. Aunque respeto a las novias de los amigos, por supuesto.

Los hechos ocurrieron en carnavales, en las Islas Canarias. Como todos los años la gente del grupo se ve en el kiosco de la facultad donde bebemos y bailamos. Allí estaban también Elena y Luis su novio, un chico muy simpático y agradable, y que físicamente es delgado, un poco bajo y morenito pero con mucho salero. Mi novia se fue a dar una vuelta con su hermana y otras amigas y yo preferí quedarme allí con los amigos. Con la bebida y demás me puse a contarle a todas las chicas de clase lo que me gustaba que me tocaran el culo, que no entendía por que a ellas les molestaba y las invitaba a que lo hicieran, ellas entre risas me lo palmeaban y yo iba a por otra, hasta que le dije lo mismo a Elena, en un momento en el que su novio estaba bailando con otra chica, ella sonrió y empezó a tocármelo con dedicación, a través de la delgada tela del disfraz y muy despacio, mientras me contaba riéndose que su novio no tenía culo. Fue un momento caliente, nos miramos a los ojos, y seguimos cada uno por su lado.

Serian las 6:00 de la mañana cuando decidimos irnos. Luis y Elena nos invitaron a su casa a dormir ya que yo estaba bastante bebido y era mejor que no condujera. Mi novia Bea me convenció y nos encaminamos a su casa que estaba cerca del mogollón. También se quedarían allí Juan Carlos que es un típico cachas, muy creído de si mismo y Lucía su novia, una rubia muy bonita de cara, con los ojos verdes, aunque sin mucho pecho, pero con un culo interesante.

La casa es alquilada y bastante pequeña, no dispone más que de un dormitorio y la cocina está en el mismo cuarto que el salón, por lo tanto Luis y Elena se quedaron en su dormitorio, y las otras dos parejas nos quedamos en un colchón cada una, en el salón.

Yo, por la hora que era, y por el alcohol me empecé a dormir enseguida, pero Bea me despertó y no tardé; en saber por qué. Juan Carlos estaba follándose a su novia Lucía allí mismo. Podíamos ver con la luz del amanecer que entraba a través de la cortina, los movimientos de él sobre ella, y oíamos el ruido de sus cuerpos rozando las sábanas y el colchón. Alargué la mano y toqué el sexo de mi novia. Ella me la intentó quitar pero no la dejé, y puse la suya en mi polla, nos masturbamos y después nos dormimos. Como siempre en estas fechas dormimos hasta media tarde, para después comer algo y volvernos a acostar hasta la hora de cenar. Juan Carlos y su novia se fueron a cenar con los padres de ella y nosotros acordamos prepararnos algo en casa.

Mientras cenamos y con unas copas de vino, no aguanté las ganas y les conté un poco lo que habíamos visto la noche anterior. Y ya se sabe las chicas empezaron con las risitas, y Elena preguntó todo tipo de detalles. Yo aprovechando la ocasión, les conté que todas esas cosas estaban de moda y que en Internet por ejemplo existían muchos sitios en los que se facilitaban los intercambios de parejas. Bueno lo cierto es que se estableció una especie de debate, en el que yo defendía los intercambios, Luis y Bea mi novia estaban en contra por diferentes motivos, y Elena más bien comentaba que ver a otra pareja haciéndolo al mismo tiempo, resultaría morboso.

Llegó la hora de salir, nos disfrazamos y fuimos al mogollón, pero esta vez un poco por el cansancio, o porque no teníamos muchas ganas de ese tipo de marcha, nos fuimos temprano las tres parejas a casa, más o menos a las 2.00 de la mañana, ni siquiera se nos ocurrió decir que esa noche si podíamos ir a nuestra casa. Lo cierto es que daba la sensación de que habíamos cruzado algún tipo de línea de la que no se regresa.

Por fin llegamos a la casa, aunque la verdad es que hablando muy poco, estábamos nerviosos todos, Juan Carlos y Lucía imagino que sospechaban que los habíamos oído y Luis, Elena y nosotros por la conversación que tuvimos en la cena, Luis como siempre rompió el hielo y se puso a hacer tonterías, nos reímos un rato y al final dijo que esa noche no tenía ganas de quedarse en el dormitorio con Elena, que se quedaba en el sofá. Y se tumbó allí, Elena dijo que no le daba la gana y se puso a su lado. Nosotros ya estábamos acostados en el colchón y quedamos pegados a ellos. Apagamos la luz, pero esta vez no ocurrió nada, Juan Carlos y Lucía se habían cortado con nuestros cachondeos y al rato nos dormimos.

Por la mañana desperté con la claridad que entraba al salón, y la imagen de la mano de Luis, que tocaba el culo de Elena por debajo de sus bragas. Me excité con el espectáculo, y comencé yo también a meterle mano a Bea. Ella reaccionó bien y nos empezamos a calentar. Luis y Elena se animaron al vernos, y vi como ella se quedaba en bragas enseguida. Bea en cambió se quitó toda la ropa pero sin salir de debajo de las sábanas, me subí encima de ella e introduje mi pene en su sexo con mucha facilidad. Yo había perdido la visión de la otra pareja, pero Bea no apartaba la vista de ellos, y en determinado momento también los oí follar, por el ruido del sillón. Miré hacia ellos y vi como Luis sentado en el sillón y mirándonos se dejaba follar por Elena que lo cabalgaba. Por fin podía apreciar aquel culo en todo su esplendor, lo tenía tan cerca de mi cara que vi hasta el ojete. Al mismo tiempo, en el otro lado de la habitación, Juan Carlos y Lucía se habían calentado con lo que sucedía a su alrededor, y se metieron en faena.

Puse a Bea boca abajo y le introduje mi polla por el chichi. Así mirando hacia adelante vimos como se follaba Juan Carlos a Lucía, y la cara de placer de esta. Juan Carlos se quitó las mantas de encima, y pudimos ver su cuerpo musculoso encima de aquella mujer, que aparentaba no tener más de 18 años. Yo estiré mis brazos para atacar desde otro ángulo, y me apoyé en ellos, mientras seguía bombeando y casi sin pensarlo cuando Elena bajaba rozaba con mi hombro su culo. Solo con este roce me dieron ganas de correrme, pero me deje de mover, para aguantar un poco más. Juan Carlos y su novia en cambio parecían protagonistas de una película porno, cambiaban mucho de posición, pero de una forma muy sincronizada y vaya polla que tiene el muy cabrón, así estaba su novia. Al cabo de un rato la puso a cuatro patas, y mojándose con un poco de saliva la punta de su polla, se la metió con suma facilidad en el culo a Lucía.

A mi Bea nunca me había dejado, pero en esta ocasión parecía que la escena le gustaba, y se lo propuse, ella aceptó. Procedí de la misma manera que había hecho Juan Carlos, pero cuando introduje la punta de mi polla, me pidió que se la sacara, que no soportaba el dolor. Elena en seguida nos dijo que así no, que como no tiene el culo acostumbrado hay que hacerlo con más delicadeza, y procedió a enseñarnos.

Agarró un poco de aceite de la cocina, y se la extendió por la polla a Luis, al mismo tiempo que se la untaba en el culo. Después cogiendo la polla de su novio con la mano se la apoyó en el ojete y haciendo movimientos circulares con su culo, se la fue metiendo lentamente hasta que se sentó por completo sobre su novio. Yo no podía estar más caliente con esta escena, pero Bea no quería cooperar, resulta que mis dos amigos sodomizaban a sus novias, y yo no podía realizar mi fantasía.
Luis se dio cuenta de la situación, y con ojos de vicio me dijo que si quería cambiar. Ahora sí que estaba salido, le dije que sí enseguida y me senté en el sillón a su lado. Elena se sacó la polla de su novio y se colocó con el culo en pompa, apoyé mi polla en su ano y entró con una facilidad pasmosa, debido a lo dilatado que estaba. Mientras mi novia me miraba con ojos de rencor y abrazaba a Luis que le besaba todo el cuerpo.

El culo de Elena por fin era mío y no me importaba nada más, ella se masturbaba al mismo tiempo y notaba pequeñas contracciones de cuando en cuando que me daban gran placer, cuando le llegó unas más fuertes que supuse eran un gran orgasmo me corrí por fin, inundándoselo con mi leche. Caímos agotados a un lado y vi como Luis metía su lengua en el culo de mi novia, al mismo tiempo que la masturbaba y la hacía disfrutar, como nunca. Juan Carlos que ya se había recuperado del polvo con su novia, se acercó como un buitre sobre la mía, y vi los ojos de deseo con los que ella lo miraba.
Entonces me di cuenta de que ahora me tocaría pasarlo un poco mal a mí.

Mi novia tocaba la musculatura de los muslos de Juan Carlos mientras le hacía una mamada de infarto, al mismo tiempo que Luis le seguía trabajando el culo. Ella estaba con el culo en pompa y puso a Juan Carlos acostado, insertándose su gran aparato hasta el fondo. Luis mientras le abrió el culo y echándose aceite introdujo su polla pero solo la punta ya que ella seguía dolorida. Así continuaron follando pero poco tiempo ya que Bea no aguantó mucho rato. Comimos algo y nos volvimos a acostar cada uno con su pareja sin comentar nada de lo que había pasado pero también creo que con un cierto sentido de culpa y al mismo tiempo de celos.

Autor: Roque Nublo

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Sexo, alcohol y…ellas

Yo estaba lamiendo su clítoris  mientras que le estaba dando más fuerte y más rápido, notaba como se empezaba a estremecer, quería más y mas, me puse en pie y la besé, estábamos sudando, hacía mucho calor, miré a Ruth y le di un largo beso mientras Bea se corría en mi mano. Hija de puta que orgasmo, hoy me vas a matar, dijo jadeando.

Soy nueva escribiendo relatos, me decidí a subir este porque me gustó como quedó y además refleja la vida de muchos de nosotros. Soy una chica de Málaga, tengo 18 años, morena, y con un cuerpo aceptable, soy bisexual, la verdad es que se me nota bastante por mi forma de ser. En fin este relato en partes es verídico y en otras imaginarias, espero que os guste…

Somos un grupo de amigos, yo soy Sara (aunque no es mi nombre verdadero, ni el de mis amigas), mi ex novia que es Bea; Ruth, Elena y Alba (ellas dos son hetero) y mi querido amigo gay, Germán.
Para mi Bea es mi chica ideal, inteligente, morena, guapa, alta…la envidia de muchas chicas, es mi musa… Ruth también es preciosa, solo que nuestros caracteres chocan mucho.

Entramos en la discoteca de ambiente, todo el espectáculo que me gusta está ahí, todo lo que me atrae se esconde tras esas puertas que deseo abrir y detrás de ellas todo el sexo que puedo imaginar.
Pasamos desviados, el sitio nos causó sensación de placer y buen ambiente a todas, bueno por lo menos a las que nos interesaba. El olor era intenso, a alcohol y sudor, excitaba.

Desfilamos entre la gente que me rozaban y fijaban sus miradas en todos los lados, ¡como deseaba estar ya como ellos! Nos acercamos a la barra y pedimos algo  fuertecito para empezar, fantaseaba con el sitio y todas las chicas que había allí. Noté la primera copa, quería perder el control. Saqué un par de cigarros, los encendí. Fui a avisar a Bea y Ruth (ellas dos eran buenas amigas, aunque como las dos son bisexuales, de vez en cuando son más que amigas) porque estaban bailando y les di uno, me lo agradecieron y bailamos mientras notábamos como la noche empezaba a confundirnos, y cuando ya se tocaban y bailaban de manera excitante me fui, no quería estar ahí.

Fui en busca de Elena y Alba, las encontré en la barra, apagué antes el cigarro, no me gusta fumar delante de ellas, aunque saben lo que hago y dejo de hacer. Las saludé y las pregunté como estaban, ellas no acababan de encajar en ese sitio, pero la música era buena y al fin de al cabo era una discoteca.

-¡Hola! ¿Cómo va eso? ¿Me echabais de menos? -Pensábamos que ya no te acordabas de que estábamos aquí, te veo ya un poco colocada…- dijo Elena con cara de mosqueo. -Bueno ya sabes algo de ayuda nunca viene mal, pero no os quejéis, vosotras estáis bebiendo más que yo. -No compares, ¿Qué vas a hacer ahora?- dijo Alba. -Pues no lo sé, tengo ganas de estar con una chica guapa ¿alguna se ofrece? -Pues no…- se miraron a la vez. -En fin, volveré preciosas- antes de girarme saqué un cigarro, ¿queréis? -Deja esa mierda- dijo Elena.-Yo también os quiero, un beso chicas…

De lejos veo que las otras dos se han dispersado y ya no andan juntas…que extraño…, en fin.

-¡Hola mi niña!- me grita Bea a la oreja. -Joder que susto me has dado ¿qué haces que no estás con Ruth bailando? -Pues que me gustas más tú, además tienes algo que quiero, y tu deber es darme placer, ¿o no? -Ya veo, vamos vente conmigo. -Venga nena vamos al baño, tengo unas ganas locas de que me lo hagas, además el alcohol me está poniendo a cien… – susurró Bea.

La verdad es que ella también me estaba poniendo a tono. Pasamos entre la multitud hasta llegar a los baños, había mucha gente allí, a si que nos apoyamos en una pared a esperar, pero la verdad es que no nos podíamos estar quietas.

-Nena, no puedo esperar, esto es maravilloso- me dice mientras me besa y empieza a jugar conmigo.
-No me hagas esto cabrona…

La espera pasó rápido y entramos a los baños, eran amplios y bastante oscuros, justo lo que queríamos. Entramos en uno y nos besamos, ahora comenzaba lo bueno, noté como ya empezaba a oprimir su cuerpo contra el mío, a reírse y a moverse.

-Como me pones- esas frases al oído me estaban matando…

No aguantaba más, bajé mis manos por su pecho, y mis besos por su cuello. Percibí que debajo de su falda empezaba a humedecerse (yo estaba peor, ver a una chica como ella, con ese cuerpo y no hacer nada, es difícil) mis dedos llegaron al punto clave, metí lentamente un dedo y…

-Joder nena, mete más, no sigas con el juego que voy a reventar- me encantaba verla de esa manera.

La puse contra la pared con movimientos más bruscos y con la mano izquierda cogí sus dos muñecas para que no se moviera. Ahora la tenía de espaldas toda para mí, con el alcohol y el calentón, me sentía fuera de mi cuerpo. Besé su nuca y su espalda mientras bajaba mi mano, ahora era el momento, metí con todas mis fuerzas dos dedos, entraban muy bien, así que no dudé en dar más rápido y fuerte. Notaba sus gritos y su respiración, y sobre todo su sudor y cuando vi en su cuerpo las convulsiones del orgasmo paré en seco, la giré y continué por delante hasta que su cuerpo estalló en un orgasmo.

-Nena, me fascina la forma en la que te corres, eres genial…te quiero- logré decir después de notarla de esa forma. -Y yo, mi niña- yo estaba a punto de salir del baño, cuando- ¿A dónde crees que vas? Esto aun no ha terminado, me toca disfrutar a mí…

Salimos del baño y vimos como habíamos formado una cola espectacular, yo iba abrochándome un botón de la camisa y ella colocándose el sujetador. Había sido fantástico estar con ella ahí dentro, un sueño, me hizo el amor como nadie lo va a hacer nunca, y me dio todo el placer…

-¿Dónde vas?- dijo Bea. -Pues no lo sé, a conocer el ambiente, ¿tienes dinero? -Bueno, me quedan 6 €, para una copa baratita. -Vale, coge estos 10 y así tienes para algo más- puse el billete en su mano, la besé y me fui.

El sitio era bastante grande como para perderse, las luces no paraban de centellear y la gente no se paraba de mover, saco el móvil y miro la hora, 3:15, vaya todavía es pronto. Me siento en unos sillones del fondo y veo que el ambiente es muy bueno, decisión acertada venir a este lugar. Miles de pensamientos se me pasaban por la cabeza y entre ellos el rato que había pasado en el baño, había sido estupendo. Pero no era el momento de pensar en eso, lo que quería era encontrar a alguna chica guapa por aquí.

3:30 y no me levanto del sillón, tengo un ciego impresionante…Realmente ya me había tomado bastantes copas a lo largo de la noche y antes de entrar habíamos hecho botellón…se me caían los parpados… Veo a alguien que me resulta familiar y cada vez se me acerca más.

-¿Cómo estás tía?- es Germán… el que faltaba. -Bueno he estado mejor otras veces, llevo un ciego que no veo nada. -Fúmate un cigarro conmigo – saca dos cigarros y los enciende, me da uno y sigue hablando. -Ostias tía, yo también voy fatal, pero acabo de enrollarme con un tío que estaba tremendo, ahora está en la barra pidiendo algo, pero pienso irme con él al cuarto oscuro pero YA. -Pues dile que se ponga condón, que tú con el ciego eres capaz de hacerlo a pelo, y nos conocemos. -Ya lo sé, no me cortes el rollo, ah míralo, ahí está, adiós cariño- me besa en la boca y se va.

-Estos gays…-digo en voz baja. Me acabo de fumar el cigarro y me levanto, la verdad es que ya me encontraba mejor.

Cuando me dirijo a la sala de nuevo una persona por detrás me agarra y me dice:

-Sabes me da igual que este Bea aquí, yo también quiero tocarte, no es justo- mete las manos por debajo de mi camisa y me acaricia por debajo del ombligo, yo me giro. -Ruth, lo tuyo y lo mío fue hace mucho, además tú decidiste que era mejor dejarlo. -Ya, pero el alcohol me ha puesto a cien, me iría con otra tía o tío, pero hoy me apetece joderte y ponerte- dijo susurrándome al oído.

Recorrió mi cuello con besos suaves, pegaba su boca a la mía, y empezaba a tocar mi espalda.

-Está bien, para, la cogí, y nos metimos en el baño, casualmente no había cola que esperar. Miré el móvil 4:15…

Comencé a besarla con fuerza, estaba comiéndomela, bajé y besé sus pechos, mordí con suavidad sus pezones, ella gemía y me agarraba el pelo, quería hacerme daño… Suena la puerta, y grita alguien:

-Abre Sara, soy Bea- Ruth sobresaltada se coloca el sujetador y me mira con cara de posesión.
-Genial- abro la puerta, ella entra y la cierra con pestillo – ¿Cómo sabias que estábamos aquí? -Os he visto- dice Bea mientras mira a Ruth.

De repente Bea agarra a Ruth y comienzan a besarse, me miran se acercan y empiezan a besarme a la vez por el  cuello susurrando cosas como: Fóllame, esta noche quiero sexo duro. No me lo podía creer, las besé y comencé a tocar por debajo, metí cada mano debajo de cada una de sus faldas, las tenía una a cada lado, acariciaba sus clítoris por encima de los tangas y ellas se besaban cada vez con más ansia, abrían las piernas, dando a entender que querían más. Estaban húmedas, se tocaban, estábamos eufóricas, necesitábamos sexo…

Cogí a Bea, me agaché y puse su pierna encima de mi hombro, empecé a tocar por encima del tanga y dar besos suaves, se notaba humedecido se había corrido mucho, me encantaba sentir ese olor, aparte el tanga a un lado y por segunda vez en la noche metí dos dedos, pero esta vez del tirón, mientras ella se besaba con Ruth y gemía fuerte. Yo estaba lamiendo su clítoris  mientras que le estaba dando más fuerte y más rápido, notaba como se empezaba a estremecer, quería más y más, me puse en pie y la besé, estábamos sudando, hacía mucho calor, miré a Ruth y le di un largo beso mientras Bea se corría en mi mano.

-Hija de puta que orgasmo, hoy me vas a matar, dijo jadeando, se agarró a mi cuello y lo besó.-Ahora te toca a ti- susurré a Ruth.

La cogí de los hombros, de un golpe la puse contra la pared, mientras Bea se recuperaba del orgasmo y miraba la escena con cara de antipatía. Metí mi mano por debajo de su falda, con la otra toqué su ombligo y subí, acaricié sus pechos, aparté la camiseta y el sujetador y los devoré. Mordí sus pezones con rabia y justo cuando vi que empezaba a gemir fuerte encajé dos dedos de golpe, ella mordió furiosa mi cuello por la mezcla de dolor y placer, eso me dejaría marca.

-Jodete, hija de puta-  me dijo entre dientes.

Yo la agarré del cuello y apreté fuerte contra la pared, y seguí penetrándola cada vez más fuerte, resoplábamos, por detrás Bea empezó a acariciarme y lentamente se iba acercando a mi nuca, yo fui soltándole el cuello a Ruth, y cuando ella empezaba a sentir las convulsiones de un orgasmo, Bea me agarró el cuello y mordió en el otro lado en el que me habían mordido antes.

-Ahhhhhh, ¡Para!- grité, y sentí como Ruth se corría en un intenso espasmo y caía rendida.

Nos quedamos en silencio, a mi me palpitaban las venas del cuello, me miré al espejo y tenía los dos lados completamente morados, incluso un poco de sangre en el que me había mordido Bea. Me encantaba esta escena, tirarme a dos tías, me di la vuelta y salimos del baño. De nuevo miré la hora 5:00. Me quedé sentada en los sofás, saqué un cigarro y empecé a fumar esperando que se me quitara el dolor de cuello que era inmenso.

Vi a ellas de lejos, como si no hubiera ocurrido nada irse a bailar pidiendo copas y riéndose…

Espero que les haya gustado.

Autora: Sara

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