El día más feliz de mi vida

Me bajó los pantalones y me dio una mamada que me mandó tres chupadas y me corrí en su boca, pero ella siguió chupándomela de la misma forma que nuevamente se endureció. Pero ahora fui yo el que se agachó y le rasgué el calzón y le empecé a chupar el clítoris, se lo succionaba, lo lamía, así estuve unos 5 minutos y ella se corrió.

Así es, tal cual es el título de este relato, que es 100% real, esto ocurrió cuando me encontraba cursando el 4° año medio en mi colegio, yo tenía en ese entonces 18 años, era un tipo normal de contextura un tanto gruesa pero no obesa, con un pene que estando erecto mide unos 18 a 20 cm y un diámetro de unos 3 a 4 cm con una estatura aproximada de 1,70 m. De decir que yo soy de Chile, la ubicación exacta me la reservo al igual que los nombres reales, por razones obvias.

Como les decía yo cursaba mi último año escolar, y desde que pasé a la enseñanza media y tuve contacto con esta profesora de inglés, a la cual llamaré Beatriz, las mejores pajas fueron en honor a ella. En ese entonces tenía ella aproximadamente unos 38 años, y un cuerpo que cualquier mujer lo quisiera tener, y unas tetas que calentaban hasta un fleto, gustaba siempre de usar escotes y sostenes que le hicieran resaltar aún más su busto; el culo era hecho a mano y las piernas suaves como la seda, y unos labios chupeteros, que de sólo acordarme de ellos se me para el regalón de la provincia.

Bueno como dijo el dermatólogo, vamos al grano, jajaaja…estaba yo en mi último año escolar y ese día me tocaba a tercera hora la asignatura de inglés, era el mes de noviembre, un calor como nunca hubo, entró a la sala de clases y todos nos quedamos con la boca abierta, ella traía puesto una blusa blanca casi transparente una falda corta a medio muslo y una cara de caliente que varios pedimos ir al baño y nos mandamos sendas pajas en su honor. Bueno la clase transcurría con normalidad, cuando de pronto me llama al pupitre, yo me dije que cagada me mandé, fui y cuando llegué ella me dice en voz muy baja que si podía ir a su casa en la tarde ya que quería conversar conmigo y proponerme un negocio, yo sin imaginar nada de nada le dije ningún problema, me citó a las 16:00 a su casa y que no lo comentara con nadie, por el que dirán de la gente. Debo decir en ese entonces yo practicaba hockey en patines y de vez en cuando enseñaba a patinar a los niños y así me ganaba unos pesos.

Llegué a la hora señalada y toqué el timbre, me atendió la empleada, que estaba igual de buena, pero esa es otra historia, y me dijo que la esperara, que estaba tomando un baño, me senté en el living a esperar y en eso apareció ella, y al verla me quedé mudo, estaba más rica que nunca, instantáneamente se me produjo una erección que llegaba a doler hasta los pies. Ella se sentó, cruzó las piernas y me dijo que ella sabía que yo daba clases de patinaje a los niños y que si podía enseñarle a una sobrina que le encantaba el patinaje artístico, a lo cual yo le dije que no tenía problema alguno, pero que sólo podía enseñarle lo básico, ya que lo técnico no me correspondía a mí. Y por esa razón le cobraría la mitad de mis honorarios.

Pasó el tiempo, conversamos de todo y ahí me enteré de que ella se había separado hace muy poco y que de ese entonces no había entablado relación alguna con ningún hombre, lo que me endureció más aún mi verga. Me invitó a tomar café, yo no quería pararme pues se me notaría la erección, pero ella insistió, y yo tuve que apechugar no más, ya se me ocurrirá algo me dije. Y así no más fue, ella se percató de mi erección y me dijo sin ningún tapujo que si acaso ella me había puesto así…así como le dije, ya no te hagas el tonto si sabes a lo que me refiero, y yo insistía en hacerme el de la chacra, con ese bulto en tu pantalón y que además tenía una mancha, yo mudo…

-Si, usted me pone así, ahí me solté, desde 1° medio, y me he masturbado en su nombre… -Pero eso no está bien, puedo ser tu madre… -Sí, pero no lo es, y me empiezo a acercar más donde ella… -Pppero…no sé que pensar… jamás me imaginé que provocaría esto en un jovencito como tú…

Y así no más es, y me acerco decidido a lo que pudiese pasar, y le doy un beso el cual al principio fue resistido, pero como la apreté fuerte, de a poco fue entregándose…

-Hummm, ¿Qué haacessss?…no por favor no lo hagas…aaahhh…

Yo al tiempo que la besaba, le agarré de las tetas y le había subido la falda y la sobaba el coño, que inmediatamente se humedeció.

-Teee eestas aaa…proveeee…chandoo…oo de miiii, oooohhh que rrrriiiiccco…oooo… -Dame tu verga cabrón, que te la quiero comer.

Acto seguido me bajó los pantalones y me dio una mamada que me mandó tres chupadas y me corrí en su boca…pero ella siguió chupándomela de la misma forma que nuevamente se endureció. Pero ahora fui yo el que se agachó y le rasgué el calzón y le empecé a chupar el clítoris, se lo succionaba, lo lamía, así estuve unos 5 minutos y ella se corrió…

-Aaaaaaahhhh, mmmmeeeee cooorrroooo, ¡noooo paareesss! -Vamos metela de una vez, que ya no aguantoo… y bastó que dijera eso y se la mandé a guardar de un viaje, aahhh…caaaabroooonnn, que rico…dale no pareeeeesssss.

Y yo le bombeaba duro y suave, la puse en cuatro y ella me dijo…

-No se te vaya a ocurrir metérmela por el culo, y en ese instante le metí dos dedos en el culo, además de mi verga por el coño… -Uuuuuyyyyy, daaaaalllee noooo pareees, que estoy gozando como cabra de quince, y en un descuido de ella le meto por el culo…-¡Noooo, sácala cabrón me dueeeleeeee!

Y yo firme, se la mantuve un rato para que se acostumbrara…

-Me partiiiiistesss, peeeeroooo dale, quee está rrricccoooo, y yo le dababa duro…

Estuvimos cogiendo por más de dos horas, debo decir que el orgasmo que tuvimos fue al mismo tiempo, y largo además de ruidoso. Nos duchamos, en la ducha me la volví a coger por el culo y por el coño, esta vez me corrí dentro de su coño, esta gracia al parecer tuvo descendencia, nada confirmado. Después de esto, nos vimos un par de veces y nada más.

Espero que les guste. Sus comentarios serán bien recibidos.

Autor: Bufo69

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Amigos íntimos

Cuando la sintió entrar tan de golpe se estremeció dejando escapar un quejido gutural y me miró entre asustada y sorprendida, lo que me enardeció más de lo que ya estaba, se agarró a mí como una lapa, con brazos y piernas y juntó su boca con la mía. Yo correspondí a su abrazo rodeándola con mis brazos bajo su espalda, y a su beso comiéndole la boca y la lengua como si me fuera la vida en ello.

Un viernes por la noche nos encontrábamos mi novia Beatriz y yo en casa de Antonio y Laura, otra pareja de novios amigos nuestros. La velada se iba animando a medida que tomábamos copas. La botella de escocés que habíamos abierto tenía ya más aire que whisky; poco antes, durante la cena, habíamos vaciado otra de Rioja, así que estábamos ya los cuatro bastante alegres, como otras veces había ocurrido cuando nos reuníamos en casa de ellos o en la nuestra. El plan siempre era parecido: algo de comer, unas copas, unas risas, conversación distendida y poco más, hasta que nos entraba sueño y nos despedíamos marchándose a casa los que estuvieran de visita. Como digo, parecía una reunión igual que tantas otras, pero esa noche ocurrió algo que cambió por completo los acontecimientos y de paso la relación que hasta entonces teníamos con esta pareja de amigos.

Estábamos jugando al parchís, y cuando terminamos la primera partida Antonio dijo que así no tenía gracia el juego. Los demás le miramos extrañados sin entender a qué se refería. Continuó diciendo que para darle más emoción y más interés podríamos jugar al parchís pero con prendas. Los tres soltamos una carcajada suponiendo que era otra de sus bromas, pero él, con una sonrisa pícara, insistió en que hablaba completamente en serio y, a modo de reto, nos dijo que si no nos atrevíamos o nos daba corte lo comprendería, pero que a él le parecía una idea magnífica y mucho más divertido que jugar sin otro aliciente que comer fichas. Entre nosotros había mucha confianza, pero nunca nos habíamos planteado jugar a algo así, por lo que la proposición de Antonio nos sorprendió bastante.

Sin embargo a mí me producía mucho morbo la idea y también influía el alcohol que llevaba encima. El caso es que pensé “¿por qué no?,” y dije que estaba de acuerdo. Las chicas nos miraban incrédulas y algo escandalizadas, pero no podían evitar unas risitas sospechosas; parecía que la idea no les desagradaba del todo. Les insistimos un poco quitándole importancia al asunto, pues a fin de cuentas éramos amigos íntimos y no había nada de malo en pasar un rato divertido jugando a algo nuevo. Finalmente aceptaron, con la condición impuesta por Beatriz de dejarlo si la cosa se desmadraba más de la cuenta. Y así fue como empezamos una nueva partida, bien distinta a la anterior.

Las reglas eran simples: quien perdiera ficha tenía que quitarse una prenda delante de los demás, y la partida terminaría cuando quedaran sin ropa todos menos uno, que sería el ganador, aunque implícitamente dábamos por hecho que antes de llegar a ese punto alguien se echaría atrás y el juego acabaría.

Lo primero que hacíamos todos conforme íbamos perdiendo ficha era descalzarnos, pero como era verano y llevábamos poca ropa enseguida hubo que pasar a otras prendas más interesantes. Laura fue la primera víctima, y tuvo que quitarse la camiseta, mostrando sus magníficos pechos cubiertos por un precioso sujetador blanco semitransparente que le daba un toque de lo más erótico. Luego perdí yo y repetí la operación quitándome la camisa. El siguiente fue Antonio, que al perder dos veces seguidas tuvo que desprenderse sucesivamente de la camiseta y el pantalón, quedando en calzoncillos, que eran tipo tanga y le marcaban un paquete más que notable. Mientras se despojaba del pantalón pude notar como mi novia no perdía detalle y le miraba la entrepierna mordiéndose el labio inferior. Precisamente fue Beatriz la que perdió después, y se quitó la blusa dejándonos ver sus estupendas tetas que parecían apuntarnos desafiantes desde dentro de un sugerente sostén negro.

Al cabo de un rato estábamos los cuatro sólo con la ropa interior, y suponía que alguna de las chicas, considerando que el juego ya había llegado todo lo lejos que aconsejaba la prudencia, pondría fin a la partida y todo terminaría en ese momento, pero lo cierto es que nadie decía nada y los cuatro seguíamos tirando los dados y moviendo fichas en silencio. En el fondo yo deseaba continuar, y creo que los demás también porque ninguno hizo nada por parar aquello.

Entonces le comí una ficha Beatriz. Ella puso cara de susto y se tapó los ojos como no queriendo ver la jugada, mientras le entraba la risa nerviosa. Se notaba que le daba mucho corte quitarse el sujetador, pero supongo que no quería ser ella quien estropeara la función, porque después de pensarlo unos segundos, sorprendiéndonos a todos, se levantó del sofá y procedió a quitarse el sujetador, enseñándonos sus tetas con los pezones duros como piedras, lo que delataba su excitación. Entre aplausos y silbidos, y colorada como un tomate, volvió a su sitio continuando la partida. Después perdió nuevamente Antonio, el cual ni corto ni perezoso se puso en pie y se quitó el calzoncillo mostrando una polla de tamaño considerable y en semierección.

Habíamos traspasado el punto sin retorno, ya no había vuelta atrás. Seguimos jugando y Laura perdió otras dos veces seguidas, viéndose obligada a desnudarse completamente delante de todos. Tenía un cuerpo estupendo y llevaba el coño totalmente depilado, detalle que ya se adivinaba a través de sus bragas transparentes y que ahora la hacía parecer aún más desnuda. También era evidente lo excitada que estaba, pues se le notaba un brillo de humedad entre los labios vaginales. Después de desnudarse dio lentamente un giro completo para enseñarnos la parte posterior de su cuerpo, que no desmerecía en nada a la parte delantera, y regresó a su sitio dejándonos boquiabiertos, sobre todo a mí.

El juego estaba caliente de verdad. Pero el remate fue cuando Beatriz volvió a perder y tuvo que quitarse también las braguitas. Mi novia lleva el vello del pubis y la vagina bastante recortado, cosa que pareció agradar a nuestros anfitriones, especialmente a Antonio, que observaba el espectáculo sin pestañear. Y digo espectáculo porque Beatriz, para darle más morbo al asunto, se dio media vuelta mientras se bajaba las bragas, y después de quitárselas se inclinó hacia delante, separando las piernas ligeramente y ofreciéndonos una vista irresistible de su culo y su sexo, a dos metros escasos de nosotros. También pudimos notar que tenía la raja muy mojada. A Antonio se le salían los ojos de las órbitas viendo a Beatriz de esa guisa, y yo tenía la polla a punto de reventar el calzoncillo. No contenta con esto, mi novia acercó una mano a su entrepierna, y en un rápido pero certero movimiento recorrió toda su raja con el dedo medio. Luego se volvió hacia nosotros y mirándonos con descaro se metió el dedo en la boca y lo chupó un par de veces. Se acercó a mí, me dio un beso en los labios y sin decir una palabra volvió a sentarse, pero lo hizo flexionando una pierna y colocándola debajo de su culo, de manera que le podíamos ver perfectamente el monte de venus y el coñito.

El juego en teoría había terminado, siendo precisamente yo el ganador, pero los cuatro sabíamos sin necesidad de decirlo que ninguno quería terminar aún. El ambiente se podía cortar con un cuchillo; nuestras caras eran la viva imagen de la lujuria, y nos mirábamos sin hablar como esperando a que alguien tomara una determinación. Entonces Laura rompió el silencio y dijo mirándome a mí:

-Alex, es una lástima que hayas ganado tú porque nos hemos quedado con las ganas de verte en pelotas-. Aquello era una provocación, y mi novia se encargó de echar más leña al fuego: -Sí, cariño, eres el único que no se ha desnudado. Anda, sé bueno y enséñanos eso que escondes ahí.

Yo había ganado la partida y tenía derecho a negarme, pero la excusa resultaba de lo más infantil según estaba el ambiente. Además, qué diablos, lo estaba deseando. Incluso me sentía un poco incómodo con mis ridículos calzoncillos verdes mientras los demás estaban desnudos. Pero especialmente me excitaba que Laura me viera en bolas. Ya iba a acceder sin más a la petición de las chicas y quitarme la prenda que me quedaba, cuando se me ocurrió una idea mejor. En otras circunstancias jamás se me hubiera pasado por la mente proponer algo así; de hecho me preocupaba el rumbo que podían tomar las cosas si los demás aceptaban, pero pudo más la excitación del momento y, después de pensarlo un poco, finalmente dije:

-De acuerdo, yo me desnudo, pero con una condición: que sigamos jugando…

Casi no me creía lo que yo mismo acababa de decir. Era como si una fuerza interior hubiese hablado por mí. Laura, que parecía la más interesada en mi propuesta, preguntó cómo haríamos para seguir si ya no quedaban prendas que quitarnos, a lo que yo respondí que cada vez que uno perdiera debería obedecer un mandato que le pondría quien le hubiese comido la ficha.

-Pero ¿qué clase de mandatos?-, preguntó Antonio haciéndose el ingenuo.-De la clase que todos estáis pensando-, contesté, y añadí: -Si no os gusta la idea, nos vestimos y damos por concluido el juego. Como vosotros queráis…

Laura dijo que a ella le parecía bien; su novio también estuvo de acuerdo; Beatriz se quedó pensativa un instante, como sopesando las posibilidades que ofrecía aquello, y finalmente aceptó también. Así pues, me levanté del sofá, me bajé los calzoncillos y sin más ceremonia los lancé con un pie hacia mis espectadores, cayendo en las manos de mi novia que haciéndome un guiño se pasó la prenda por la cara y los pechos. Luego me acaricié la polla mirando hacia las chicas y volví al sofá para reanudar aquella alucinante partida de parchís.

Con mi ocurrencia la situación había dado un giro de 180 grados. Lo que empezó como un simple juego de prendas, más o menos atrevido pero inocente hasta cierto punto, llevaba trazas de convertirse en una orgía si nadie lo paraba, cosa que ninguno parecía dispuesto a hacer; antes al contrario, se notaba bien a las claras que los cuatro deseábamos continuar con todas las consecuencias.

Empezamos a jugar de nuevo, todos desnudos y a cuál más caliente. Beatriz le comió una ficha a Laura, y sin vacilar le ordenó:

-Agarra la polla de Antonio y mastúrbale durante cinco minutos.

Sin duda mi chica había entendido perfectamente a qué me refería cuando expliqué las nuevas reglas del juego. Laura se sentó junto a su novio y empezó a hacerle una paja al tiempo que le pasaba la lengua por las tetillas y le acariciaba los huevos con la otra mano, mientras Beatriz y yo observábamos atentamente la operación. Antonio gemía de placer, cada vez más excitado, pues hay que reconocer que su novia sabía hacer una paja como manda el reglamento. Sujetaba la polla de su hombre firmemente aunque sin apretarla demasiado y movía la mano con una cadencia lenta al principio pero acelerando progresivamente. Pasaron los cinco minutos y Beatriz mandó a Laura detenerse justo a tiempo de evitar que Antonio le llenara la mano de semen.

El pobre se quedó al borde mismo del orgasmo, con la polla palpitando en el aire y el glande impregnado de líquido preseminal. Era un poema su cara de frustración por no haber podido correrse cuando estaba ya en puertas. Incluso hizo ademán de terminar el trabajo con su propia mano, pero resistió el impulso, pensando quizás que le venía bien reservar fuerzas y que pronto tendría ocasión de resarcirse con algo mucho mejor que una simple paja.

Volvimos a la partida. El siguiente en perder ficha fui yo, a manos de Antonio. Supuse que me pondría un mandato sencillo, como masturbarme o hacerle algo a mi novia, pero él tenía otros planes:

-Quiero que le comas el coño y el culo a Laura y no pares hasta que se corra en tu boca.

Uf…, eso sí que era jugar fuerte. Demasiado, pensé, para lo poco sorprendida que parecía Laura. De hecho en aquel momento vi claro algo que venía sospechando desde hacía rato: seguramente ellos habían planeado todo el juego con antelación. El tanga de Antonio y el espectacular conjunto de lencería de Laura no parecían lo más habitual para pasar una tranquila velada en casa, ni desde luego conjuntaban mucho con la ropa cómoda y algo usada que ambos se habían quitado poco antes. Tal vez querían tener con nosotros una experiencia de sexo en grupo o un intercambio de parejas, y al no atreverse a proponerlo directamente pensaron en crear una situación propicia con la excusa del parchís y las prendas, para ver si Beatriz y yo entrábamos en el juego.

Sea como fuere, me alegré de la feliz idea que habían tenido nuestros amigos, sobre todo ante la perspectiva de disfrutar del apetecible cuerpo de Laura, por orden expresa de su novio. Se me hacía la boca agua de pensarlo, y ella me miraba con cara de gata en celo. Antonio concretó el mandato diciendo que debía cumplirlo tumbado boca arriba en la alfombra y con su chica arrodillada sobre mi cara y mirando en sentido contrario a mi cuerpo. Laura trajo un edredón grande y lo extendió sobre la alfombra, luego nos situamos en la posición indicada y, sujetándola por la cintura, comencé a comerme la depilada entrepierna de Laurita, que no podía estar más húmeda.

El aroma a hembra caliente que emanaba me trastornó los sentidos. Su rajita destilaba líquidos en abundancia, y yo los saboreaba con gran deleite. Sin prisa pero sin pausa fui pasándole los labios y la lengua por todas partes. Le recorría lentamente el pubis, las ingles, los labios de la vagina, que ya estaban hinchados por la excitación, el clítoris, la raja del coño, metiendo mi lengua tan profundamente como podía, y de vez en cuando dirigía mis chupadas a su agujerito posterior, llenándoselo bien de saliva y de sus propios flujos, lo que sin duda le encantaba, a juzgar por sus espasmos y gemidos de placer. Yo estaba loco de excitación.

Deseaba a esa mujer con todas mis fuerzas, quería tumbarla allí mismo sin esperar más y follármela como un animal salvaje hasta reventar, pero había que acatar las reglas y dejar que el juego transcurriera según lo convenido. Después de un buen rato devorando a placer el coño y el culo de Laura, me dediqué a estimular su clítoris con lengüetazos rápidos e intensos. Eso fue demasiado para ella, pues a los pocos segundos empezó a gemir más fuerte y a agitarse, hasta que le sobrevino un orgasmo tremendo que la dejó exhausta y a mí con la cara inundada de su néctar, desde la nariz hasta la barbilla, y una calentura insoportable. Pero se suponía que estaba cumpliendo un castigo, de modo que, resignado, salí de entre las piernas de Laura que me miraba con agradecimiento por el placer que acababa de darle, me incorporé y regresé a mi sitio.

A continuación tuve una jugada de suerte. Primero le comí una ficha a mi novia, pero fue con un seis, y al volver a tirar le comí otra a Laura. Se me ocurrió ponerles un mandato que sólo de imaginarlo me ponía a cien, pero no creía que ellas aceptaran. Aún así, teniendo en cuenta cómo estaban las cosas, decidí probar suerte, ya que no tenía nada que perder intentándolo. Dirigiéndome a Beatriz, dije:

-Quiero que le hagas una mamada a Antonio mientras Laura te come el coño a ti. Terminaréis cuando uno de los dos llegue al orgasmo.

Estaba convencido de que se negarían a cumplir ese mandato, y ya empezaba a pensar en otro menos osado cuando Laura se puso en pie muy decidida y dijo mirando a mi novia con cara de vicio:

-Vale, vamos a hacerlo. ¿Por qué no? Beatriz nos miró incrédula, pero se notaba que le daba mucho morbo, de hecho aceptó sin poner objeciones. Seguramente aquello le parecía la revancha perfecta después de verme a mí haciéndole un trabajito de lengua a Laura delante de ella. Hasta donde yo sabía, ninguna de las dos había tenido nunca una relación lésbica, sin embargo parecieron tomarlo con bastante naturalidad.

Antonio se tumbó en la alfombra, mi chica se puso a gatas mirando hacia él y Laura se tumbó boca arriba a continuación de Beatriz y metiendo la cabeza entre sus piernas. Era lo más salvaje que yo había presenciado nunca. Mi novia comenzó a dar lametones a todo lo largo de la verga de Antonio, que pronto reaccionó poniéndose dura como un palo. A ratos le pasaba la lengua por los huevos y se los metía en la boca, provocando en Antonio profundos gemidos, que aumentaron cuando mi chica le cogió la polla y se la introdujo en la boca, primero la punta y luego, poco a poco, toda entera hasta tocar con la barbilla en sus huevos, y empezó a subir y bajar chupando aquel rabo como sólo ella sabe hacerlo. Mientras, en la retaguardia, Laura no perdía el tiempo y se aplicaba con entusiasmo a lamer y chupetear el ardiente sexo de mi novia, haciendo toda clase de ruidos y chapoteos, y con una maestría que cualquiera hubiera jurado que llevaba toda la vida comiendo coños. De paso, al tener las manos libres, aprovechó para acariciar con la izquierda las tetas de Beatriz y darse placer a sí misma con la derecha, frotándose el clítoris y metiéndose los dedos en la vagina.

Ni que decir tiene que yo, con semejante escena, me estaba poniendo otra vez como un toro. El anterior encuentro con la almeja de Laura me había dejado encendido, pero ver a mi Bea tragándose entero el rabo de Antonio mientras su amiga le devoraba el chocho y se masturbaba era más de lo que yo podía resistir. Como espectador disfrutaba al máximo, qué duda cabe, pero necesitaba participar urgentemente, ya no aguantaba más la calentura. Decidí que era hora de dejar a un lado el parchís y ponernos de una vez a follar los cuatro como leones. Me arrodillé entre las piernas de Laura, le aparté la mano del coño y a la vez que me llevaba sus dedos a la boca le puse la picha en la entrada de su cuevecita, que otra vez estaba empapada de flujo vaginal, y empecé a restregarle el glande por toda la raja.

Ella me recibió con ganas. Era evidente que necesitaba imperiosamente sentir dentro una polla, así que me rodeó con sus piernas y se llevó las manos al chocho para separarse los labios vaginales invitándome a que la penetrara. Yo obedecí encantado. Primero le introduje sólo la punta y se la volví a sacar; así unas cuantas veces, hasta que de repente se la metí entera de un empujón, provocándole una sacudida que la dejó inmóvil durante unos instantes. Luego inicié un mete-saca profundo, lentamente al principio para sentir bien y hacerle sentir a ella el húmedo contacto de nuestros sexos, y luego fui acelerando poco a poco mis acometidas.

El culito de mi novia a pocos centímetros de mi cara era toda una provocación, por lo que me incliné hacia delante y, ayudando a Laura, me dediqué junto a ella a la dulce tarea de comernos a medias el coñito y el trasero de Beatriz. Ésta, al notar que había dos bocas y dos lenguas trabajando su entrepierna, dejó por un momento el pene que estaba chupando y miró hacia atrás. Supongo que vernos a Laura y a mí follando como posesos al tiempo que nos la comíamos a ella debió de ser la gota que colmó el vaso de su excitación, porque en ese mismo momento empezó a correrse con una intensidad como pocas veces la había visto. Sus gritos de placer debieron despertar a los vecinos. Al final, cayó sobre el cuerpo de Antonio, quien la atrajo hacia sí, instándola a cabalgar sobre su polla. Beatriz no se hizo rogar.

Tan pronto como recuperó el aliento, se abrió de piernas sobre la verga de Antonio, la apuntó en la entrada de su coño y se la clavó hasta que sus nalgas se posaron en los testículos de su afortunado amigo, que se disponía a gozar de un polvo memorable. Al verlos, Laura y yo aceleramos nuestro erótico vaivén. Al poco noté que me acercaba al clímax y se lo anuncié a Laura; ella me dijo entre suspiros de placer que no parara, pues ella también estaba a punto. Continué penetrándola con fuerza hasta que empecé a correrme derramando toda mi leche en el interior de la vagina de Laura, que al instante se vino también en un orgasmo sensacional, a la vez que se abrazaba a mí y me besaba con gran pasión.

Mientras descansábamos de nuestro polvo, Laurita y yo observamos a nuestras respectivas parejas follando como si se acabara el mundo. La polla de Antonio entraba y salía del chocho de mi Bea a una velocidad de vértigo y ella se derretía de placer. Era cuestión de segundos que explotaran, y efectivamente, los dos se corrieron con ganas y quedaron abrazados durante un rato, mientras aquella verga salía poco a poco del sexo de mi novia, inundado por el semen de su improvisado amante.
Después de aquello el cansancio nos venció y nos quedamos dormidos los cuatro juntos sobre el edredón en medio de la sala.

II

La luz del sol me despertó a la mañana siguiente con una sensación extraña. Mis pensamientos se debatían entre el remordimiento por lo que había hecho y los deseos de repetirlo; entre la lujuria más salvaje y la punzada de los celos. Mucha gente fantasea con aventuras de sexo compartido e intercambios de pareja, pero para aquellos que nunca hayan ido más allá de la mera fantasía, creedme que no es lo mismo imaginar a tu novia follando con otro que verla haciéndolo de verdad delante de ti. Casi todos, en alguna medida, tenemos asumida respecto a nuestra pareja una cierta idea de posesión recíproca o al menos de exclusividad sexual, y os aseguro que un intercambio, sobre todo si se realiza en presencia unos de otros, no es tan fácil como parece al leerlo en un relato. Cuando todo ha terminado y se apaga la pasión y el desenfreno del momento (y, admitámoslo, cuando desaparecen los efectos del alcohol), le asaltan a uno toda clase de dudas.

Te das cuenta de que muchos de los valores y principios que creías inamovibles se han derrumbado o como mínimo se tambalean. Te replanteas seriamente el significado de tu relación de pareja, te cuestionas si de verdad amas a tu novia o ella sólo es para ti poco más que un objeto de placer, y por supuesto te preguntas cuáles son sus verdaderos sentimientos hacia ti. Todas esas consideraciones me hacía yo mientras percibía a escasos centímetros el incitante olor y el calorcillo de la entrepierna de Laura, lo cual, además de terminar de despertarme, he de admitir que vino a desvanecer casi todas mis dudas y alivió notablemente mis remordimientos. Decidí que por el momento era mejor no atormentarse y esperar a ver cómo se desarrollaban los acontecimientos.

Por lo pronto, la escena que formábamos los cuatro acostados y desnudos sobre la alfombra, entre un montón de cojines, era como para despertar la libido de una estatua. Mi novia estaba hecha un ovillo, acurrucada sobre el pecho de Antonio, que descansaba boca arriba. Laura, también boca arriba y situada detrás de Beatriz, tenía una mano en la cintura de ésta y la otra en mi cabeza, que reposaba entre sus muslos ligeramente separados. Ante tal espectáculo no pude contener una erección inmediata, sin embargo preferí quedarme quieto hasta que los demás se despertaran, pues los tres parecían dormir plácidamente.

Al cabo de un rato mi chica se incorporó y yo hice lo mismo. Me dio un beso de buenos días, me acarició levemente la verga haciéndome un guiño y sin decir nada se fue al aseo. Yo me quedé sentado en el sofá y enseguida se despertaron también Antonio y Laura. Se abrazaron y besaron tiernamente, me dieron los buenos días y sin más se fueron juntos al otro cuarto de baño que hay al lado de su dormitorio.

Después de ducharnos y desayunar, salimos a dar un paseo para despejarnos y de paso hablar un poco de lo ocurrido, pues todos estábamos algo abrumados por la situación. Nuestros amigos confesaron que, en efecto, el juego de las prendas y en cierto modo lo que vino después, lo habían planeado antes de invitarnos a su casa. De hecho nos dijeron que fantaseaban desde hacía tiempo con la idea de tener una experiencia erótica con nosotros y finalmente se animaron a intentar ponerla en práctica de alguna manera, aunque los resultados superaron ampliamente sus expectativas iniciales.

En principio pensaron en algo como un striptease, o tal vez algún juego de caricias y besos entre parejas, para terminar haciendo el amor cada uno con la suya delante de los otros, pero sin llegar necesariamente al intercambio. Primero porque, aunque esa posibilidad les excitaba mucho, no sabían si llegado el momento serían capaces de hacerlo, y segundo porque ni siquiera tenían claro que nosotros quisiéramos tomar parte en esa clase de juegos. Temían ofendernos y poner en peligro nuestra amistad si nos lo planteaban abiertamente, y concluyeron que, para evitar situaciones desagradables, lo más aconsejable era ir poco a poco, crear un ambiente que invitara a iniciar el juego y al tiempo pareciera casual, espontáneo, algo no premeditado. La opción del parchís y las prendas resultaba muy conveniente: si nosotros aceptábamos, el primer paso estaba dado y a partir de ahí podríamos llegar hasta donde quisiéramos los cuatro. Y si no aceptábamos o reaccionábamos mal, siempre podrían salir del paso diciendo que todo fue una broma.

Por nuestra parte, Beatriz y yo también teníamos fantasías parecidas, aunque sólo hablábamos de ello algunas veces mientras hacíamos el amor con el propósito de excitarnos, pero sin personalizar en nadie y mucho menos en Antonio y Laura. Sin embargo, en el fondo yo sí pensaba en ellos. Así lo reconocí y Beatriz confesó que también fantaseaba con nuestros amigos. Los dos admitimos que cuando Antonio sugirió lo de las prendas la idea nos excitó tanto como a ellos, y sólo nos preocupaba que nuestra amistad o nuestras respectivas relaciones de pareja salieran mal paradas si el juego llegaba demasiado lejos.

El juego llegó tan lejos como habéis leído más arriba, y aún avanzó mucho más, pues los cuatro, una vez hechas las aclaraciones pertinentes, decidimos continuar esa misma tarde. Todos deseábamos seguir explorando el territorio que acabábamos de descubrir, y esos deseos eran más fuertes que los temores que aún teníamos. Pensamos que sería buena idea proseguir con nuestras aventuras sirviéndonos del juego ya conocido del parchís y los “castigos” de contenido sexual. Para ello nos comprometimos a obedecer sin excepción todos los mandatos que se nos impusieran, siempre que no entrañasen dolor físico ni resultaran ofensivos o humillantes. Beatriz y yo invitamos a comer a Laura y Antonio en un restaurante cercano, y desde allí nos fuimos a nuestra casa para reanudar los juegos.

Ya en casa, serví unas copas y puse algo de música mientras las chicas iban al aseo para retocarse el maquillaje y, supongo, para hablar con intimidad. Regresaron al rato y los cuatro nos acomodamos en el sofá y los sillones a charlar tranquilamente en espera de acontecimientos. Media hora y un par de copas después, en vista de que nadie se decidía a romper el hielo, Beatriz se levantó del sillón, sacó el tablero de parchís de un cajón y lo puso en la mesita; luego fue a buscar un edredón y, extendiéndolo sobre la alfombra, dijo:

-Juguemos…

Los tres nos miramos con una media sonrisa que lo decía todo, luego nos quedamos viendo a mi novia, que seguía de pie con los brazos en jarras, y soltamos una sonora carcajada. Como no era cuestión de repetir entero todo el ritual de las prendas, decidimos empezar la partida vestidos sólo con la ropa interior, no tanto porque a esas alturas tuviéramos el menor problema en comenzarla desnudos, sino más bien para darles a las chicas una pequeña ventaja inicial, y también, puesto que no había ninguna prisa, para disfrutar el siempre estimulante espectáculo de vernos unos a otros despojarnos de ella.

Al cabo de unas cuantas tiradas sólo faltaban por desaparecer las braguitas tanga de Laura, que disfrutaba como una chiquilla de esa momentánea victoria. Luego ésta le ganó otra ficha a mi novia, quien, al no tener más prendas que quitarse, debía pagar con una penitencia. Beatriz respiró hondo esperando el mandato con ansiedad. Laura se quedó pensativa un momento, y dijo:

-El castigo que te pongo es… que mi novio te depile la entrepierna, siempre que él esté de acuerdo, claro. ¿Tú qué dices, nene?- Y, claro, qué iba a decir el “nene”… pues que sí, naturalmente.

Beatriz hizo un poco de teatro. Fingía no querer someterse al castigo, pero todos nos dábamos cuenta de lo excitada que estaba. En alguna ocasión se lo había hecho yo y puedo asegurar que se pone a cien. Y más cuando luego le doy el “visto bueno” al trabajo comiéndomela hasta que se derrite literalmente en mi boca. Después de hacerse rogar y protestar un poco, Bea se tumbó en el edredón dispuesta soportar la “penitencia”. Entretanto fui al baño a buscar una maquinilla de las que usa ella para esos menesteres, junto con un bote de espuma de afeitar, un barreñito pequeño con agua templada, una esponja, una toalla y una crema hidratante. Le entregué a Antonio todo el instrumental y me senté a ver la operación de rasurado de mi novia. Antonio le abrió las piernas completamente y humedeció toda la zona con agua, empleando sus propias manos. Luego le echó una buena cantidad de espuma y la extendió por el pubis y la vagina. Cogió la cuchilla y comenzó a afeitarle el pubis y las ingles hasta que no quedó ni un solo pelo. A continuación y con mucho cuidado repitió el mismo tratamiento en los labios mayores.

Para evitar herirla con la cuchilla, le estiraba la piel sujetando los labios y poniendo los dedos casi en la entrada de la vulva, que debido a la postura se mostraba abierta como una flor y empapada de flujo vaginal. Cuando terminó por los dos lados, mojó la esponja y retiró los restos de espuma que quedaban. Luego la secó con la toalla y le aplicó la crema hidratante dándole un suave masaje en toda la entrepierna. A esas alturas Beatriz se encontraba en pleno éxtasis y movía las caderas adelante y atrás como si la estuvieran penetrando. Antonio captó el mensaje y, ya sin disimulos, se puso a masturbarla en toda regla. Restregaba los dedos mojándolos en el chorreante coño de Bea y a la vez le frotaba el clítoris. Mi novia se estremecía moviendo todo su cuerpo y aullando de placer. En pocos segundos anunció a gritos:

-¡Me corroo!-, y acto seguido se vio sacudida por un violento orgasmo que casi la hace desmayarse. Los demás nos excitamos hasta límites insospechados y nos entraron unas ganas enormes de seguir jugando. Esperamos a que Beatriz se recuperara y volvimos al tablero de parchís para continuar la partida. Transcurrieron varias tiras sin que nadie perdiera, hasta que mi novia me comió una ficha y al contar veinte hizo lo propio con otra de Antonio. Entonces saltó alborozada en su asiento, miró a Laura con cara de perversa y ésta le respondió con un guiño de complicidad, sonriendo satisfecha. Era obvio que tramaban algo, por lo que empecé a preocuparme, al igual que Antonio que las miraba sin decir nada pero con cara de susto.

-Muy bien, chicos, ésta es la jugada que Laura y yo estábamos esperando-, dijo mi novia corroborando nuestras sospechas sobre una conspiración femenina, y continuó: -Como los dos habéis perdido simultáneamente, vais a cumplir vuestras penalizaciones, por así decirlo, en equipo. Uno de los dos masturbará al otro y, a continuación, el que fue masturbado le hará al primero una mamada. Cada castigo durará cinco minutos, pero si alguno de los dos siente que se va a correr, avisará al otro para que se detenga el tiempo necesario y continúe luego hasta completar los minutos que le falten. Para decidir quién de los dos masturba y quién chupa, lanzaréis un dado cada uno y hará la mamada el que saque la tirada más baja.

Antonio y yo escuchábamos a mi novia sin terminar de creer lo que decía y moviendo enérgicamente la cabeza y el dedo índice en señal de negación. Nos levantamos del sofá diciendo que de ninguna manera íbamos a cumplir semejante mandato. Les ofrecimos hacer cualquier cosa, salir desnudos al balcón, bañarnos en pelotas en una fuente pública o lo que quisieran, excepto eso. Pero ellas, ya en abierta alianza, se mantenían firmes. Alegaron, con toda la razón, que la noche anterior ellas habían realizado sin protestar el numerito lésbico que yo les mandé. Insistieron diciendo que por la mañana se acordó llevar adelante nuestros juegos sin restricciones, lo cual también era cierto.

Para qué engañarse, no teníamos ninguna defensa. Los argumentos de las chicas eran inatacables y lo sabíamos. Nosotros sólo podíamos negarnos a cumplir el castigo sin más justificación que el mero hecho de que no nos apetecía. Era innegable que, tanto Antonio como yo, habíamos aceptado las reglas y en ellas nunca se excluyó el sexo entre hombres. Si no estábamos dispuestos a ello, debimos haberlo advertido en su momento. En mi caso debo reconocer que pensé en ese particular cuando se habló de las reglas a seguir, pero no quise mencionarlo: confiaba en que a nadie se le ocurriera introducir mandatos de esa clase y, además, no quería arriesgarme a que las chicas se negaran también a tener sexo entre ellas, lo cual habría sido una lástima pues me excitaba enormemente. Beatriz y Laura amenazaban ya con abandonar los juegos para siempre si persistíamos en nuestra negativa. Y para demostrar que hablaban en serio, empezaron a vestirse.

-Chicos, es lo justo. Nosotras ya lo hicimos ayer y bien que lo disfrutasteis, ¿no es cierto? Bueno, pues ahora deseamos veros a vosotros haciendo algo parecido-, señaló Laura mientras se abrochaba la falda. -Lo hemos hablado Beatriz y yo hace un rato y las dos tenemos esa fantasía; nos da mucho morbo y nos excita una barbaridad la idea. Venga, no seáis tontos, si sólo es un juego. No vais a dejar de ser hombres por hacerlo. ¿Es que nos vais a negar ese capricho? Después de hablar Laura se hizo un silencio tenso e incómodo. Las chicas observaban desafiantes y Antonio y yo nos mirábamos como si fuéramos víctimas propiciatorias dispuestas para el sacrificio. Estábamos vencidos y lo sabíamos. Si no hacíamos lo que nos pedían, todo terminaría ahí, y ésa era una opción que no nos gustaba a ninguno.

Lo pensé despacio y llegué a la conclusión de que, aunque no me agradaba hacerlo, tampoco era tan grave darle unas cuantas sacudidas con la mano a la polla de Antonio. Lo de la mamada se me hacía inconcebible, pero las posibilidades de librarme eran del cincuenta por ciento. Así que finalmente acepté, confiando en el azar. Y supongo que Antonio se hizo las mismas cuentas, pues también decidió arriesgarse.

Contuve la respiración y crucé los dedos mientras lanzaba el dado a la mesa. Salió un 3. Ya me veía chupando la polla de Antonio, aunque él tampoco parecía tenerlas todas consigo. Tiró el dado y sacó un 2. No pude evitar un resoplido de alivio. Miré a Antonio como pidiéndole disculpas y, encogiéndome de hombros, le dije:

-Lo siento, amigo, esto me hace tan poca gracia como a ti, pero se han empeñado estas dos arpías y no hay más remedio que complacerlas. -Vale, vale, déjalo…, mejor no digas nada-, respondió Antonio avergonzado.

Beatriz tomó otra vez el mando de las operaciones, indicando que debíamos cumplir la penitencia sobre el edredón y que el primero en actuar sería yo, masturbando a Antonio. Así que éste se recostó con las piernas extendidas y apoyándose en los codos, y yo me situé a su derecha. Tenía el miembro totalmente flácido, y yo pensé que su estado no cambiaría por más que yo lo estimulara con mi mano, de manera que me planteé hacerlo sin el menor entusiasmo, más bien de un modo mecánico. Beatriz me mandó empezar mientras ponía en marcha el cronómetro. Tragué saliva y me dispuse a sostener en mi mano por primera vez una verga que no era la mía. Se la cogí tímidamente y empecé a mover la mano despacio. La sensación era extraña, pero no desagradable. Además, me consolaba pensando que eso era una tontería comparado con lo que más tarde le esperaba a él. Al cabo de un minuto, como aquello no se enderezaba, Laura me pidió que le diera más ritmo y más arte a mis movimientos. “Házselo como te gusta que te lo hagan a ti”, fueron sus palabras exactas.

Obedecí de mala gana. Aumenté el ritmo y la presión de mi mano, y el cambio surtió efecto, pues la polla de Antonio comenzó a cobrar vida entre mis dedos. No sabría decir si eso me satisfizo o me avergonzó más de lo que estaba, pero lo cierto es que al poco rato Antonio tenía una erección completa y su respiración evidenciaba que estaba empezando a excitarse.

-Vaya, vaya, eso está mucho mejor-, dijo Beatriz entusiasmada. Las chicas, que de nuevo estaban desnudas, se relamían viendo la escena y acariciaban sus cuerpos dando rienda suelta a sus instintos. Pero lo peor fue cuando noté que mi polla también empezaba a ponerse dura sin remedio. Intenté dejar la mente en blanco pero era inútil. Me estaba excitando, y cuanto más hacía por evitarlo, mayor era mi erección. Laura se percató de ello y le dijo a mi novia en voz alta:

-¿Qué te parece, Beatriz? Tanto protestar hace un momento y mira ahora cómo están los dos. Apuesto a que si les mandas parar no te obedecen.

Concluyeron los cinco minutos y por suerte Antonio logró aguantar sin correrse, aunque después me confesó que no hubiera resistido ni veinte segundos más. Ahora venía la parte más difícil, sobre todo para Antonio. Aquí podría deciros que la situación me molestaba o me producía rechazo, pero mentiría. La verdad es que, por más embarazosa que fuera la idea de que me la chupara un hombre, sentía una extraña excitación que ni yo mismo podía entender. Tenía la verga dura como una barra de acero y sólo deseaba que Antonio cumpliera su castigo. Pero eso no era todo: Antonio exhibía una polla tan tiesa o más que la mía y, viendo su cara, costaba trabajo creer que aquello le desagradara, sino más bien lo contrario. Nadie hablaba, ni siquiera las chicas, que ahora nos observaban con una expectación morbosa. Acaso dudaban que Antonio fuera capaz de cumplir su delicada misión y preferían no ponérselo más difícil con sus comentarios jocosos. O quizá la calentura que las invadía no les dejaba articular palabra.

Me senté en la misma posición que antes había adoptado Antonio y separé las piernas para dejarle espacio. Entonces él se arrodilló delante de mí y observó mi tranca, que para entonces no sólo estaba increíblemente erecta sino que ya empezaba a expulsar por la punta una gruesa gota de líquido transparente. Antonio parecía haber entrado en una suerte de trance hipnótico. Se inclinó lentamente atrapando mi polla con su mano derecha. Lo que hizo a continuación nos dejó a todos estupefactos. Comenzó a presionarla con los dedos desde la base hasta la cabeza, provocando que saliera un reguero de líquido transparente por el orificio de mi amoratado glande. Entonces acercó su boca y le dio varias pasadas con la lengua hasta dejarlo limpio.

No me había recuperado de la impresión cuando vi mi verga desaparecer entre los labios de Antonio, que la engulló hasta donde pudo de un bocado y la retuvo un instante dentro de su boca presionando el tronco con los labios. Volvió a sacarla lentamente pero manteniendo la presión, y cuando sólo le quedaba dentro la punta sentí la caricia de su lengua recorriendo por todas partes la cabeza de mi polla. Repitió la misma operación al menos cinco o seis veces, pero con una lentitud que me permitía sentir plenamente cada uno de sus movimientos y me hacía delirar de placer, aunque intentaba disimularlo a duras penas. Antonio se sacó mi verga de la boca y procedió a pasarle la lengua varias veces, como si fuera un helado. Luego me la inclinó hacia atrás y se entretuvo un rato chupando mis testículos y metiéndoselos en la boca, para volver después a mi polla.

A esas alturas ya no me importaba si aquello me lo hacía un hombre, una mujer o un extraterrestre, sólo podía pensar que me estaban dando una mamada de película. Era claro que mi amigo, por la razón que fuera, se había propuesto hacerme gozar al máximo, y casi me parecía una descortesía permanecer impasible y rígido en lugar de exteriorizar el placer que estaba sintiendo, así que me relajé y empecé a gemir y a mover la pelvis al compás de las chupadas de Antonio, el cual, ya lanzado, subía y bajaba cada vez más a prisa a lo largo de mi verga, metiéndosela hasta la garganta en cada movimiento. Cuando faltaba poco más de un minuto para cumplirse los cinco, sentí que me acercaba peligrosamente al orgasmo y se lo avisé a Antonio antes de que fuera demasiado tarde:

-Antonio, no sigas que me voy a correr-, le dije entre jadeos de placer. Aminoró un poco la velocidad de sus chupadas y pensé que se iba a parar, pero en vez de eso continuó subiendo y bajando lentamente. Con ello evitó que me corriera, sin embargo consiguió mantenerme estable en ese punto inmediatamente previo al orgasmo.

Las chicas no daban crédito a lo que veían. Se levantaron del sofá y se sentaron junto a nosotros para no perder detalle del increíble espectáculo que les estábamos brindando. Yo no sabía cuál era el propósito de Antonio, pues volví a pedirle que lo dejara y él siguió a lo suyo como si no me oyera. Comprendí que estaba decidido a terminar el trabajo. Efectivamente, me sujetó de las caderas y continuó chupando despacio pero presionando mi verga con los labios cada vez más fuerte. En vista de ello, incapaz ya de oponer más resistencia, me dejé ir y en pocos segundos llegué al orgasmo vaciándome en la boca de Antonio, que siguió mamando hasta el final. Cuando notó que había terminado de correrme, sacó lentamente mi polla de su boca manteniendo dentro todo el semen recibido, que era abundante.

Se incorporó, se volvió hacia Beatriz que estaba a su derecha mirándolo alucinada, la sujetó por la nuca, acercó su boca a la de ella y le dejó caer toda mi leche entre los labios. Mi novia recibió la descarga reteniéndola a su vez en la boca y se puso a lamer la lengua y los labios de Antonio, llevándose las últimas gotas de mi semen y de su saliva. A continuación tragó una parte de lo que tenía en la boca y luego se inclinó hacia mí para compartir conmigo lo que quedaba, dándome un morreo tan húmedo y caliente que consiguió excitarme otra vez.

De nuevo nos quedamos los cuatro en silencio, supongo que cada uno trataba de asimilar lo ocurrido. No es fácil describir lo que pensaba y sentía yo en aquel momento. Soy persona de mente abierta y nunca he tenido prejuicios en lo tocante al sexo, y aunque por la imaginación de uno pueden pasar y pasan toda suerte de situaciones, incluso algunas realmente fuertes, puedo asegurar que nunca me había planteado seriamente la posibilidad de participar en algo como lo que acababa de suceder, porque sencillamente no me atrae.

Tengo muy claro que soy heterosexual, pero no es menos cierto que acababa de recibir una de las mejores mamadas que recuerdo, y me las han hecho muy buenas. Cuando Antonio comenzó a chupármela yo estaba tenso e incómodo; mi mente rechazaba aquello y no conseguía disfrutar. Pero al rato decidí relajarme y tomarlo como lo que era: una experiencia nueva, uno más de nuestros juegos. Me concentré únicamente en mi propio placer y me dejé llevar por las sensaciones que estaba experimentando, lo que me permitió gozar de un excelente trabajo oral.

Pero entonces, ¿por qué me sentía así? ¿Qué era lo que me preocupaba? Enseguida lo comprendí. Nuestras aventuras apenas estaban empezando, y si Antonio me había hecho semejante homenaje, no es difícil suponer que muy pronto alguien me mandaría a mí corresponderle del mismo modo. Y cuando llegara esa ocasión, que llegaría sin duda, ¿con qué cara iba yo a negarme? De todos modos procuré apartar de mi pensamiento esas preocupaciones, ya decidiría lo que fuese en el momento oportuno. Entretanto, Laura rompió el espeso silencio que reinaba en la habitación:

-Joder, tíos, es lo más morboso y salvaje que he visto en los días de mi vida. Me habéis puesto más caliente que un volcán. -Pues no te cuento cómo estoy yo, querida-, dijo Bea-. Me he mojado hasta los muslos viendo el espectáculo que nos han dado estos chicos. Vamos a seguir jugando, a ver si tengo suerte y consigo que alguien me alivie pronto esta calentura.

Así, pues, regresamos al tablero de parchís para continuar la partida. Sin embargo, a pesar de haber 16 fichas en circulación, transcurrió más de media hora sin que nadie se comiera ninguna. Por fin la suerte cayó de mi lado y le comí una ficha a mi novia. Mi mandato fue el siguiente:

-Quiero que le comas la entrepierna a Laura hasta que se corra en tu boca, y luego, si ella no se opone, la besarás durante dos minutos para darle a probar su propia miel.

Sabía que estaba jugando con fuego pero realmente me apetecía ver a las chicas en acción y de paso cobrarme una pequeña venganza por la jugada anterior, aunque faltaba por ver si Laura accedía al beso lésbico que les estaba proponiendo. Por el momento ninguna de las dos dijo una palabra, se limitaron a tumbarse sobre el edredón, Laura boca arriba con las piernas muy abiertas y Beatriz delante de ella mirando a su coño. A una indicación mía, mi chica se inclinó sobre el sexo de Laura y empezó a darle suaves y delicadas pasadas con la lengua por los alrededores de la vulva. La afortunada se incorporó apoyándose en los codos para observar lo que ocurría entre sus piernas, y por la expresión de su rostro parecía disfrutar mucho con ello. No era para menos, porque Bea se aplicaba a la faena con gran dedicación.

Tras lamerle repetidamente las ingles, el interior de los muslos y el pubis, empezó a pasar la lengua por los labios externos, hasta que consideró que era el momento de atacar sin contemplaciones el objetivo e incrustó su boca en el sexo de su amiga, que para entonces era un lago de flujo vaginal. Mantuvo un rato los labios pegados al coño de Laura, chupando la raja a conciencia y metiendo toda la lengua en su interior. Después, aprovechando que su compañera levantaba la pelvis acompasadamente, Bea colocó las manos bajo sus nalgas, se las separó y le atacó el otro agujerito. Laura se retorcía de gusto; las caricias de mi novia la estaban enloqueciendo y sin duda la llevarían al orgasmo en muy poco tiempo.

Así ocurrió en cuanto sintió la lengua de Beatriz paseando por su clítoris. Empezó a convulsionarse y a gritar mientras se corría con toda su alma. Pero cuando el orgasmo de Laura comenzó a apagarse, mi novia volvió al ataque lamiendo su botoncito del placer y logró que enseguida encadenara otro más. A todo esto mi polla se puso dura de nuevo, y qué decir de Antonio, que aún no se había corrido en toda la tarde: tenía la verga a punto de estallar y se la acariciaba mientras miraba a las chicas completamente encendido por la lujuria.

Beatriz se separó por fin de la almeja de su amiga y nos miró visiblemente excitada. Tenía la boca, la barbilla y las mejillas impregnadas de líquido vaginal y saliva. Sin necesidad de decir nada estaba pidiendo a gritos que la follaran, pero aún no era su turno. Comenzó a gatear sobre el cuerpo de Laura y acercó su boca a la de ésta para cumplir la segunda parte de mi mandato. Antonio y yo pudimos deleitarnos viendo cómo nuestras novias se fundían en un tórrido beso de lengua, abrazándose y acariciándose mutuamente. Se lamían una a otra los labios, jugaban con sus lenguas e intercambiaban saliva y el jugo sexual de la propia Laura. Fue algo espectacular y caliente a más no poder, pero sólo tenía que durar dos minutos, transcurridos los cuales se separaron y se quedaron mirándonos con cara de viciosas. Antonio y yo no pudimos menos que ponernos en pie y prorrumpir en aplausos y silbidos de admiración.

Decidimos hacer un receso, pues los cuatro, por diversas razones, necesitábamos ir al aseo y también nos apetecía comer algo para reponer fuerzas. Luego volvimos a la mesa y esta vez no tardó mucho en llegar la acción. Mi novia me comió una ficha y se puso de pie muy contenta y sonriente. Pero su sonrisa era maliciosa. Me temía lo peor.

-Bueno, ahora vamos a montar un numerito excitante y morboso de verdad-, dijo Bea, y añadió dirigiéndose a Antonio y Laura: -, aunque hará falta vuestra inestimable colaboración para realizarlo. Ya sé que sólo ha perdido Alex, pero si no participáis vosotros no se puede hacer. Es una escena para cuatro actores que se me ocurrió antes mientras me comía el coño de Laura.

Miedo me daban las ocurrencias de mi chica, dados los precedentes, sobre todo en ese momento, pues parecía haberse apoderado de ella la lujuria más perversa. Se la veía desatada, dispuesta a lo que fuera con tal de gozar al máximo. Mis peores sospechas se confirmaron cuando nos explicó en qué consistía la escena:

-Tú, Alex, debes tumbarte boca arriba; Laura se pondrá encima de ti en la posición del 69, con su sexo en tu boca pero dejando libre tu polla, porque la necesito para mí, je, je, je… Yo me sentaré sobre ti clavándome tu verga en el coño y, a su vez, Antonio se situará detrás de Laura para penetrarla. Y ahora viene lo interesante. Por un lado, Laurita me dará placer con la lengua desde mis tetas hasta mi clítoris; yo me sacaré tu polla de vez en cuando para dársela a probar bien mojadita en mis jugos. Y por el otro lado, Antonio meterá la suya alternativamente en el sexo de su chica y en tu boca, pudiendo correrse donde él prefiera. Cuando tú estés cerca del orgasmo me darás una palmadita en el culo, entonces yo me la sacaré y se la pasaré a Laura para que ella te haga acabar y se trague toda tu leche. ¿Qué, os parece bien?

Esa pregunta, obviamente, no iba para mí sino sólo para nuestros amigos, pues yo no tenía elección. Para mi desgracia, los que podían elegir decidieron prestarse a al capricho de mi novia y a mí no me quedó más remedio que aceptar lo inevitable. No se puede negar que la escena propuesta por Bea era excitante y salvaje como pocas, algo digno de una película de porno duro, pero comprenderéis que yo hubiera cambiado ligeramente la posición de los actores, y entenderéis también que a mí todo aquel invento no me hacía ninguna gracia. Sin embargo, quizá por el morbo de la situación o por la excitación acumulada, la realidad es que estaba ya muy caliente; tenía la verga totalmente erecta y deseaba que las chicas me la trabajaran a modo, y me motivaba especialmente saber que Laura me la iba a mamar hasta el orgasmo y luego se tragaría todo mi semen. Era la única compensación que podía encontrar al embarazoso papel que me tocaba desempeñar.

Me tumbé en el edredón y Laura se colocó a cuatro patas sobre mí como había dicho mi novia. De nuevo tenía el suave y cálido sexo de Laura a mi alcance, pero esta vez no tardaría en acompañarnos un visitante que no me era nada grato. Traté de no pensar en ello y concentrarme únicamente en disfrutar. Mientras Bea y Antonio se situaban en sus lugares correspondientes, aproveché el momento para hundir mi boca y mi lengua en la deliciosa raja de aquella chica que cada vez me gustaba más, al tiempo que ella hacía lo propio metiéndose en la boca y chupando con verdadera pasión mi excitadísima verga. Quizá la situación no invitaba a consideraciones de esa especie, pero en aquel instante me di cuenta de que Laura empezaba a atraerme de verdad.

Estuve tentado de pedirles a Bea y Antonio que nos dejaran solos un rato para entregarnos por entero el uno al otro en la intimidad, pues eso era lo que más me apetecía, pero obviamente no era el momento. Me sacaron de mis cavilaciones, por un lado las manos de mi novia arrebatándole a Laura su golosina e introduciéndola en su coño de una sentada, y por otro la visión de la polla de Antonio acercándose peligrosamente. De inmediato me aparté del coño de su chica para cederle el sitio y él lo ocupó de un solo empujón, penetrándola sin dificultad gracias a lo mojadísima que estaba, lo cual me permitió tener un primerísimo plano de la follada de ambos.

Beatriz empezó a cabalgar lentamente sobre mi verga presionándola con su vagina (sabe que eso me encanta) mientras su amiga, ligeramente incorporada, le comía las tetas. Después Laura se volvió a inclinar, metió la cara entre las piernas de Bea y sentí sus labios y su lengua jugando con el clítoris de mi chica, aprovechando para lamer también el tronco de mi polla cada vez que quedaba al descubierto. Quise devolverle el favor, así que acerqué mi lengua y le lamí el pubis y el clítoris durante un rato. Entonces ocurrió lo que tenía que ocurrir. Mi novia se sacó mi polla del coño para ofrecérsela a Laura, que se la tragó hasta la campanilla, y Antonio, al ver la jugada, se decidió a imitarla: sacó lentamente la verga de su cálido alojamiento y me la puso en los labios. Estaba durísima y totalmente impregnada de la miel del sexo de Laura.

No quise pensarlo más, pues la cosa era inevitable, de modo que cerré los ojos, abrí la boca y le dejé paso a la verga de Antonio. Él empujó lentamente hasta que la tuvo casi entera dentro de mi boca. Tenía, lógicamente, todo el sabor de su novia, por lo que no me importó tanto chuparla y degustarla. Al mismo tiempo sentía la boca de Laura haciendo maravillas en mi polla y decidí repetir exactamente sus mismos movimientos en la de Antonio. Si ella me pasaba la lengua por el glande, yo hacía otro tanto; si ella me la chupaba adentro y afuera, yo también se la chupaba igual a Antonio. Así estuvimos unos minutos hasta que Beatriz se apoderó nuevamente de mi rabo y se ensartó en él para seguir gozando a todo galope. Antonio, que parecía estar muy próximo a correrse, imitó de nuevo la acción que se desarrollaba ante él y sacando su polla de mi boca volvió a clavarla en la vagina de Laura.

La primera en acabar fue mi novia. Se dejó caer sobre mi verga y con ella bien clavada comenzó a balancearse presionando su clítoris contra mi pelvis, hasta que alcanzó un fabuloso orgasmo entre gritos de placer que Laura intentaba ahogar sin mucho éxito besándola en la boca. Acto seguido Antonio anunció que le llegaba su turno. Yo estaba preparado para apartarme en caso de que intentara correrse en mi boca, pero no fue necesario. Tal vez porque no se atrevió a devolverme la moneda o tal vez porque simplemente le apetecía más eyacular dentro de su chica, cosa muy comprensible (yo hubiera hecho lo mismo), la cuestión es que empezó a acelerar el ritmo de sus embestidas y a gemir fuertemente mientras se vaciaba con gran placer en el ardiente y enrojecido coño de Laura, cayendo luego en el edredón completamente agotado.

Ella aún no había logrado correrse pero estaba cerca, y en esas circunstancias sólo había un modo de que lo hiciera. Puse mi boca en su sexo y volví a lamerlo sin importarme ya lo que hubiera en él. Notaba el semen de Antonio escurriendo por su abertura mezclado con los propios jugos de la chica, pero continué comiéndome ese coño chorreante.

Cuando llevaba haciéndolo unos diez minutos, en vista de que aquello ya no bastaba para hacerla llegar al clímax, decidí saltarme el guión. Agarré a la chica por las caderas, la volteé y me giré para invertir nuestras posiciones, por lo que quedé sobre ella cara a cara. Nos miramos un instante sin hablar; Laura tenía el rostro encendido, sus preciosos ojos me pedían que la follara y me lo reiteró abriendo las piernas cuanto pudo y empujando mi trasero con las manos en busca del contacto íntimo, que era justamente lo que yo deseaba. La penetré sin contemplaciones, con furia. Como ya he dicho, su coño era una catarata de líquidos sexuales, así que no parecía probable que le hiciera daño al meterle mi verga bruscamente.

Aun así, cuando la sintió entrar tan de golpe se estremeció dejando escapar un quejido gutural y me miró entre asustada y sorprendida, lo que me enardeció más de lo que ya estaba. Entonces se agarró a mí como una lapa, con brazos y piernas y juntó su boca con la mía. Yo correspondí a su abrazo rodeándola también con mis brazos bajo su espalda, y a su beso comiéndole la boca y la lengua como si me fuera la vida en ello.

El contacto de nuestros cuerpos era máximo, pues mi verga permanecía completamente alojada en su coño hasta tropezar con la matriz. Una vez acoplados, empecé a moverme lentamente, sacando la polla hasta la mitad y volviendo a meterla entera, pero después de unas cuantas acometidas aumenté la velocidad hasta el máximo. Mi polla era ya como un pistón subiendo y bajando a un ritmo enloquecido. Repentinamente, Laura tuvo un orgasmo, pero yo no me detuve, quería que tuviera al menos otro y seguí empujando todas mis fuerzas. Por suerte no tardó mucho en correrse de nuevo, pues yo ya estaba casi al límite de mi resistencia física. Laura quedó entre mis brazos, temblando de placer. Permanecimos un instante así, quietos y abrazados, y luego yo me incorporé sacando mi polla de su sexo y quedé arrodillado frente a ella. Entonces Laura se dio la vuelta hacia mí, acercó la cara a mi verga y, mirándome a los ojos, se la metió entera en la boca.

En ese momento volví a tomar conciencia de que no estábamos solos. Giré la cabeza y vi a Antonio y a Bea que nos observaban atónitos desde el sofá. Me concentré de nuevo en las atenciones que Laura le dedicaba a mi polla, que eran ciertamente exquisitas. Me la chupaba con ansia, la metía en su boca hasta casi atragantarse, luego la sacaba lentamente y la succionaba como si quisiera exprimirla. Una de las veces se la sacó de la boca y me dijo:

-Dame tu leche, Alex, quiero que me llenes la boca de semen y bebérmelo todo hasta dejarte seco.

Y eso hizo exactamente. Yo estaba a punto de venirme y con sus palabras no hizo falta mucho más. Volvió a tragársela y a succionarla con toda su alma, y en pocos instantes me derramé completamente en su boquita. Ella, al notarlo, siguió chupando aún más deprisa sin parar de succionar hasta la última gota. Cuando terminó su trabajo se incorporó quedando en la misma posición que yo y casi pegada a mí, luego abrió la boca para que viera mi semen dentro de ella, la volvió a cerrar y se lo tragó todo. Finalmente la abracé y nos dimos un interminable beso. Fue uno de los mejores y más calientes polvos que he disfrutado en mi vida, y la mamada de Laura me proporcionó un orgasmo sencillamente bestial. Así se lo dije cuando nuestras bocas y lenguas se separaron.

Con esto dimos por terminado aquel encuentro, nos duchamos, nos vestimos y nuestros amigos se despidieron hasta una nueva ocasión. Desde entonces nuestra relación ha cambiado completamente. Siempre que podemos nos reunimos los cuatro y, por lo general, terminamos haciendo locuras parecidas a las que acabo de contar, pero que prefiero dejar para próximos relatos. Por ahora, espero que éste haya sido de vuestro agrado.

Besos y hasta pronto.

Autor: Alex

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Mi amante de siempre

Solté la verga, pero le dije que estaba muy excitada y quería que me cogiera ya, como él quisiera, entonces me dijo que si me iba a coger por todos lados, pero que si también me podía coger por el culo, me sorprendió un poco, porque durante el tiempo que fuimos amantes nunca me cogió por el culo, ni tampoco nunca intentó poner la verga en el culo.

Hola, desde hace mucho tiempo que soy adicta a los relatos de esta página, y a diario me excito leyendo los relatos que envían, ahora me animo a contarles una de mis experiencias sexuales.

Mi nombre es Beatriz tengo 28 años, un poco llenita pero con buen cuerpo, un buen par de tetas, y un trasero grande que me lo elogian mucho, y todos quien cogérmelo, por fortuna me encanta el sexo anal, y disfruto mucho cuando tengo una buena pija adentro de el, estoy casada y lógicamente con amante.

Lo que quiero contarles sucedió hace un par de meses, con un amante que tuve y al que dejé de ver durante un par de años.

Con él fue que aprendí a disfrutar del sexo anal, mi marido me cogió por el culo tres o cuatro veces pero no lo disfruto mucho, pero con mi amante si me gusta que me meta la verga por el culo, y poco a poco lo he disfrutando, hasta que me gustó y al final soy yo quien le ofrezco mi culo, para que me coja como él quisiera.

Bueno, por cosas que pasaron lo dejé de ver por dos años, pero siempre recordaba la ricas cogidas que nos dábamos, a raíz de que mi marido me empezó a ser infiel, pues decidí desquitármelas y que mejor que con Oscar, le llamé varias veces por teléfono, recordándole lo bien que lo habíamos pasado e insinuándole que me gustaría estar con él, la verdad que moría de ganas de tenerlo otra vez, chuparle la pija y que me cogiera violentamente como lo hacía antes, yo no lo sentía muy animado a cogerme, pero después de mi insisten encía, al fin quedamos de vernos un día sábado e irnos directamente a un motel.

Llegamos al motel y entramos al cuarto, él se acostó en la cama mientras yo me puse a buscar un canal porno en el televisor, estaba en eso cuando sentir que me abrazaba por detrás, se me pegó al cuerpo y pude sentir su pija dura en mis nalgas, empezó a besarme el cuello, y a tocarme las tetas por encima de la blusa, era la primera vez después de dos años que estábamos otra vez en un motel y que íbamos a coger, y por lo dura que tenia la verga se veía que tenía ganas de cogerme ahí mismo parada, él siguió besándome y tocándome las tetas, metió la mano por debajo de la blusa y me estrujaba las tetas duramente como él sabía hacerlo.

No sé en que momento se había sacado la verga del pantalón, pero me agarró la mano y la llevó hasta su verga e hizo que se la agarrara, junto con su mano me hizo que se masajeara de arriba abajo, y claro que yo con gusto se la acaricié, estaba muy dura y podía sentir lo caliente que la tenia, lógicamente para ese momento ya estaba súper mojada y apreté mi culo contra su pija mientras se la seguía acariciando.

Oscar dejó por un momento de apretarme las tetas y desabotonó mi pantalón, bajó el zipper y metió su mano dentro de mi calzón, hasta que encontró mi raja que ya estaba goteando de ganas, abrió los labios de mi vagina y fue metiendo un dedo hasta lo más hondo que pudo, luego me metió dos dedos y así estuvo deliciosamente metiendo y sacando sus dedos de mi raja caliente y húmeda, mientras tanto yo no soltaba su pija y seguía y seguía pajeándolo y apretándosela, la tenia súper dura, tenia tiempos de no tener una pija tan dura y ya quería tenerla adentro de mi raja, que me enterrara toda y que me cogiera como él quisiera, de repente sacó sus dedos de mi vagina, me soltó y tuve que apretarle la verga con la mano para que no se me escapara, entonces me dijo, ” si seguís tocándome así la verga, vas a hacer que acabe, mejor paremos un momento”

Le solté la verga, pero le dije que estaba muy excitada y quería que me cogiera ya, como él quisiera, entonces me dijo que si me iba a coger por todos lados, pero que si también me podía coger por el culo, me sorprendió un poco, porque durante el tiempo que fuimos amantes nunca me cogió por el culo, ni tampoco nunca intentó poner la verga en el culo, y la verdad solo una vez mi marido me había metido la verga por ahí, y me había dolido bastante, y la verdad estaba muy excitada y quería darle gusto en todo, así que le dije que podía hacer conmigo lo que quisiera, que si quería me podía meter la pija por el culo, pero que empezara mamándome la raja, quería sentir esa lengua lamiéndome la pepa como lo hacía antes

Nos terminamos de desnudar y nos acostamos en la cama, empezamos a besarnos y a acariciarnos yo le agarré la pija y le hacía la paja y él metía dos y tres dedos adentro de mi pepa que realmente estaba chorreando de mis jugos, podía sentir como se escurrían entre mis nalgas, si seguía así pronto haría que acabara, yo le seguía apretando la verga y haciendo la paja con fuerza y estaba súper excitada, seria por eso mismo que no sentí cuando saco sus dedos de mi raja y buscó el hoyo de mi culo, cuando me di cuenta ya tenía casi la mitad de su dedo índice adentro del culo.

Inconscientemente apreté las nalgas y él se detuvo, debo confesar que era extraña la sensación de tener algo en el culo, pero al mismo tiempo , y como estaba dispuesta a que me cogiera como él quisiera me relaje un poco, aflojé mis nalgas, seguí acariciando con deseo su verga y le dije que siguiera que se sentía rico, eso lo animó mucho, sentí como su pija palpitaba a cada momento y siguió metiendo el dedo adentro del culo hasta que sentí que lo tenía todo adentro, a partir de ese momento me lo estuvo sacando y metiendo con verdadera pasión, yo sabía que me lo estaba preparando para cuando me metiera la pija por el culo, pero estaba dispuesta a darle el culo, y dejarme coger como él quisiera…

Debo confesarle que mientras estoy escribiendo este relato me excité mucho y estoy muy mojada, y mientras escribo me estoy tocando la raja y metiendo los dedos, me excito mucho recordando esa deliciosa cogida y contándosela a usted, por el momento los voy a dejar con la curiosidad de saber lo que siguió.

Hasta pronto mis amigos, espero sus comentarios.

Autora: Beatriz

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Usada por mi hermano

Sentí como mi hermano guiaba mi mano hacia su pene, donde sin saber que hacer empecé a frotar. Mi hermano jadeaba y babeaba en mi oído y yo solo podía gemir. Un orgasmo increíble me sacudió calando la mano de mi hermano, que no dejó de frotarme. Vaya, la perra de mi hermanita me ha mojado todo…esto supone un castigo duro…una buena inyección para que deje de mojarlo todo.

Me llamo Beatriz y vivo en Madrid. Actualmente tengo 28 años, pero hoy en día aún me excito cuando pienso en todo lo que pude descubrir en mi propia casa gracias a mi hermano Daniel.

Dani era un chico guapo, ojos azules, pelo castaño oscuro, alto, delgado…un chico normal con cierto encanto. En cuanto a mí, tenía una media melena también castaña, los ojos del color del caramelo y un culito respingón. Mis pechos ya se habían desarrollado y, aunque no tenían un tamaño escandaloso, llamaban la atención. La relación que teníamos Daniel y yo era la de dos hermanos normales. Nos llevábamos bien contadas veces, el resto estábamos peleándonos por la paga, el mando de la televisión o chorradas similares.

Como casi todas las mujeres, en cuestiones de salir por ahí y de sexo, yo fui más precoz que Dani, y mientras él disfrutaba con su ordenador yo empecé a salir algunas noches con mis amigas del colegio y a tener mis primeros  roces  con los chicos a los que conocíamos en las discotecas. Más de una noche llegué un poco más bebida de la cuenta y al día siguiente casi tuve que sobornar a mi hermano para que no se fuese de la lengua.

A menudo me preguntaba que demonios haría Daniel en su habitación cuando yo salía los sábados y mis padres se iban de cena. Yo sólo me había besado con dos chicos, tontear con muchos, pero besarme sólo con dos, y ni hablar de meterme mano. Casi no sabía lo que era eso, apenas me había tocado yo misma y cuando lo había hecho, las sensaciones que había tenido me habían desconcertado.

Un día, aprovechando que Daniel había ido a la biblioteca me colé en su cuarto como una espía y comprobé, satisfecha, que tenía su ordenador encendido bajando cosas de Internet. No tenía mucho tiempo, así que me senté y comencé a ojear, directamente, que se estaba bajando. A pesar de que los nombres de las películas fuesen en inglés, no me supuso mucho esfuerzo saber de que iban. Mi hermanito se estaba bajando películas de sexo filial. Movida por la curiosidad, y el morbo, me dirigí a la carpeta donde estaban los archivos descargados y bajando el volumen, puse una en marcha.

Una chica estaba a cuatro patas mientras un chaval la enculaba salvajemente mientras la gritaba en inglés. Fui leyendo los subtítulos y no salía de mi asombro cada vez que leía un. -¿esto era lo que querías, hermanita?. Rápidamente apagué la película y salí de la habitación de Dani notando cierta humedad en mi entrepierna.

Durante días no hacía más que dar vueltas en mi cabeza a la imagen de mi hermano mirando esas películas. ¿Hasta donde podría llegar? Supongo que la excitación natural me hizo querer comprobarlo, estaba en mi cama y sabía que mi hermano me observaba, me metía los dedos  haciéndome más osada, comencé a frotarme el coño y el culo sabiendo que mi hermano seguía mirando en la puerta. Poco a poco observé que no sólo era yo la que estaba siendo más atrevida en aquello, también Dani estaba dando pasos.

A lo largo de los días, Dani iba abriendo un poco más la puerta, para mirar mejor, tanto que un día, al mirarle de soslayo me di cuenta de que estaba con su polla en la mano, masturbándose con fuerza mientras me miraba en la ducha. Se acostumbró a que yo le viese allí de pie, con su tranca en la mano, meneándola como un obseso, y tanto fue así, que un día, me di la vuelta en la ducha y estaba de pie, en medio del baño, a pocos metros de mí corriéndose como un animal en el suelo. Me quedé mirando como se corría sin apartar su mirada de mí, de mis tetas, de mi coño. Dejó que la leche se le cayese por las piernas, machando todo el suelo del baño y sin decir nada, agarró mis braguitas limpias, que tenía preparadas para ponerme, y se limpió con ellas. Después, las dejó en su sitio y salió del baño como si no hubiera pasado nada. Yo, salí de la ducha, y sin pensarlo bien, me puse las braguitas a pesar de estar hechas un asco. La idea de que allí estaba la leche de mi hermano me hacía cosquillas en el estómago y así estuve todo el día, terriblemente excitada (solo que yo aún no sabía lo que era estar cachonda).

Pasaron los días y mis duchas seguían siendo el alimento de sus pajas y yo seguí poniéndome las bragas caladas cada vez que él me las dejaba en el baño. Una noche, estando en mi habitación, oí a mi hermano gemir levemente en la suya. Pensé que estaría masturbándose así que decidí asomarme a ver como lo hacía y si me producía verle esas cosquillas en el estómago y la entrepierna. Había dejado la puerta de su cuarto levemente abierta y me asomé un poco. Aquello me dejó rota. Mi hermano tenía puesta su web cam y a través del MSN se veía otra polla. ¡Mi hermano estaba masturbándose con un tío! La verdad es que pude pensar que era un enfermo, pero por raro que parezca, aquello me hizo ver que mi hermano era un pervertido, un cerdo que me ponía a mil.

Sin poder evitarlo llevé mi mano a mi entrepierna y sin saber que hacía empecé a frotar mi coñito. Aquello era demasiado, empecé a tener espasmos y tuve que hacer esfuerzos enormes por no correrme agarrada a la puerta y gritar como una loca. Me corrí a la vez que él se echaba su leche sobre su vientre y el chico del otro lado de la cámara nos mostraba su culo metiéndose un par de dedos. Me fui a la cama todo lo sigilosa que pude, pero no podía dormir. La imagen de mi hermano me tenía obnubilada y estaba intentando no volver a tocarme, ya que creía que no era lo correcto, cuando oí la puerta de mi cuarto. Levanté levemente la cabeza para ver a Daniel al lado de mi cama, totalmente desnudo y nuevamente empalmado. -Estabas espiándome hace un rato por la puerta de mi cuarto dijo él. Yo asentí sin atreverme a decir mucho más, así que él me miró seriamente y dijo -Deja que me meta contigo en la cama. Me eché a un lado del colchón y él se tumbó a mi lado.

Notaba su pene erecto contra mis muslos desnudos y poniéndose de lado me miró a los ojos mientras posaba su mano en mi coñito mojado. Dani rozó las braguitas caladas y acercó sus labios a mi oído -¿Qué es esto hermanita? ¿Tienes el conejito mojado? Yo volví a asentir cerrando los ojos ya increíbles.

Sentí como mi hermano guiaba mi mano hacia su pene, donde sin saber que hacer empecé a frotar. Mi hermano jadeaba y babeaba en mi oído y yo solo podía gemir. Un orgasmo increíble me sacudió calando la mano de mi hermano, que no dejó de frotarme. -Vaya, la perra de mi hermanita me ha mojado todo…esto supone un castigo duro…una buena inyección para que deje de mojarlo todo. Dani bajó hacia mi coñito palpitante y empezó a chuparlo, abriéndolo con las manos y dejando que su punta rozara mi clítoris. Si no me acabase de correr, lo hubiera hecho en ese momento, pero como acababa de tener un orgasmo, no podía tener otro tan rápido, cosa que aprovechó Daniel para darme unas buenas lamidas.

Sin mediar palabra y ya loco por la excitación de colocó entre mis piernas, entonces me asusté. -No Dani, no lo hagas supliqué. -Solo la puntita Bea, solo te voy a meter mi puntita y te la saco, Dani comenzó a meter la puntita y así estuvo un par de embestidas, cuando sin más me la metió de un solo empujón. Aquello dolió mucho así que cuando iba a gritar mi hermano me tapó la boca con la mano para que no nos oyeran nuestros padres.

-Solo la puntita repetía, mientras me la clavaba como un loco. El dolor dio paso a un placer increíble y me relajé por completo, por lo que Daniel me destapó la boca. -Me has mentido…me dijiste que solo la puntita le decía entrecortadamente. Daniel seguía follándome como un loco y me repetía una y otra vez -hermanita, mi hermanita, te estoy follando. A mi me excitaban sus palabras por lo que le imité como pude -fóllame más hermanito, vamos guarro, que te gusta follarte a tu hermanita.

Aquello debió ser mucho para él porque me miró y me dijo -me voy a correr hermanita, pero me voy a correr en tu cara de niña buena, ¿vale? Yo estaba al borde del orgasmo por lo que accedí sin pensarlo. Un par de empujones más y yo me corrí como una loca dejando toda su polla húmeda de mis flujos, entonces él se salió y se sentó a horcajadas sobre mis tetas, con su pene apuntando hacia mi boca. Mientras con una mano se la meneaba, con la otra me cogía los carrillos. -Abre la boca, saca la lengua. Yo hacía lo que me pedía mientras aplastaba su polla contra mi boca. -Pídemelo hermanita, pídeme mi leche.

Yo le miraba extasiada. -dame tu leche hermanito, pónmela calentita por toda mi cara, dámela en la boquita Y entonces comenzó a soltar chorros de semen mientras me decía, -toma perra, toma puta. Algunos sobre mis labios, pero casi todos en mis mejillas y en mi lengua. -Traga, traga, decía agarrándome la boca. Yo metía la lengua y tragaba todo aquello, mientras, sin tocarme, volvía a correrme de nuevo. Dani me metió el pene en la boca para que se lo limpiase bien, y una vez que lo hice se levantó de la cama. De pie me miró y sonrió, -eres una puta hermanita…esto aquí no acaba… Y sin más, salió de mi cuarto, dejándome así, llena de leche…

Autora: Calabefa

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El adulterio de mi esposa

La polla estaba encajada en el chumino de Beatriz al máximo de lubricación, yo estaba tan empalmado viendo como se follaban a mi amada esposa que tuve que hacer verdaderos esfuerzos para no correrme, aunque ellos si, ellos si que se corrieron, pude hasta ver como a Beatriz se le ponía la carne de gallina en medio de unos espasmos llenos de voluptuosidad y de jadeos que le salían del alma.

No sé qué harían ustedes si alguna vez pillan a su esposa follando con un chico joven. Yo lo que hice fue esconderme para que no me vieran, callarme para que no me escuchasen y asomarme por entre los arbustos para no perder detalle del polvo que se estaban metiendo, aunque les aclaro que aunque hubiese querido hacer algo, lo más probable es que no hubiese podido, porque estaba tan empalmado viendo joder a mi esposa, que dudo incluso que pudiera haberme puesto de pie.

Hola, soy Doroteo, tengo cuarenta y seis años, estoy casado, o mejor dicho felizmente casado, tengo tres hijos, dos chicas de veintiuno y diecinueve años y un chico de dieciséis años. Vivo en Valladolid, una ciudad de tipo medio en la España del interior que cuenta con una población que supera los trescientos mil habitantes, aunque hace pocos meses se inauguró el tren de alta velocidad que nos comunica con Madrid, que dista apenas doscientos kilómetros y el recorrido en el tren se hace en aproximadamente una hora, lo que a buen seguro hará que nuestra ciudad tome mayor relevancia y progrese económicamente.

Profesionalmente tengo una empresa que cuenta con algo más de cien trabajadores, estoy bastante involucrado en la vida y desarrollo de mi ciudad y familiarmente mi esposa es la auténtica “alma máter” tanto de mi familia como de la suya. La conocí en la Universidad, yo estudiaba en la facultad y ella era la hija de los cocineros de la cafetería. Ella era una chica simpática, desenvuelta y guapa. La “jodía” de la chica era tan guapa que tenía encandilados a todos los estudiantes, aunque finalmente fui yo quien me la ligué y quien se casó con ella.

Ya de casados Beatriz se fue haciendo cargo de ambas familias, de la de ella y de la mía, y se diría que cualquier evento o celebración, necesariamente se le consultaba. Para mí siempre fue un apoyo impagable, pues desde que comencé mi vida profesional, hasta la fecha, no he hecho más que subir escalafones, en gran parte gracias a su saber estar en todo momento. A veces, en reuniones de amigos siempre decía que la mujer del Cesar no sólo tiene que ser decente, además tiene que parecerlo. Eso algunos lo entendían como un aviso para que no diesen escándalos y mantuviesen discreción. Ya les digo, un dechado de virtudes.

Pues bien, ocurrió que con motivo del veintidós aniversario de bodas, yo estaba de viaje de negocios y no pudimos celebrarlo, por lo que le propuse que a la vuelta nos iríamos unos días a Canarias. Y ahí fue donde se produjeron los hechos que les voy a relatar.

Nos hospedamos en un hotel de lujo, pero ya saben que hoy en día los hoteleros el único lujo que respetan es el de la ocupación, y con tal de llenar las habitaciones, poco les importa ofrecer las no reservadas a tour operadores a precios de ganga. Y era el caso que en el hotel había un grupo de chicos ingleses que a todas luces se habían aprovechado de una de esas gangas y no hacían otra cosa que beber y meter bulla.

Recuerdo incluso que Beatriz a la hora de la comida y viéndoles lo poco que comían y lo mucho que bebían criticó en privado su actuación. Ese mismo día, por la noche, había una fiesta en la discoteca del hotel. Ambos nos pusimos nuestras mejores galas y bajamos a divertirnos un rato, hicimos amistad con otros clientes y lo estábamos pasando francamente bien. Yo quizás me excedí un poco en la bebida y al notarme algo cargado, decidí salir al exterior para refrescarme algo, aunque no le dije nada a mi esposa, pues estaba entre un grupo de amigos y no parecía que hiciese falta alguna.

Al salir al exterior busqué un templete que tiene el hotel algo alejado del edificio principal. Las luces estaban apagadas y parecía un lugar discreto para respirar un poco de aire puro y que se me pasara algo el mareo.

En esas estaba cuando observé que una mujer acompañada de un hombre salían al rato por la misma puerta que yo utilicé hacía tan solo unos diez minutos. Los vi que se dirigían al lugar donde yo estaba, aunque la poca luz no me dejaba verles, pero según se acercaban, el vestido amarillo de la mujer la delataba, era mi esposa y venia acompañada por un chico bastante joven, me pareció que era uno de los chicos ingleses que tanto alboroto metían.

Yo me quedé sorprendido, porque incluso mi esposa según se acercaba al templete donde yo estaba, no hacía más que mirar para atrás, como cerciorándose de que nadie les seguía. Obviamente si lo que quería asegurar es que yo, su marido, no la viese, pues iba lista, porque estaba justo donde ellos se dirigían.

¿Qué hacer?, me pregunté según se acercaban. Esperarlos y recibirlos, o esconderme entre unos arbustos que rodeaban el templete. Elegí hacer esto último, aunque para decirles la verdad, en ese momento no podría decirles exactamente la razón que me hizo tomar esa decisión, el caso es que me agaché y me escondí entre los arbustos.

Nada más llegar al templete, me quedó muy claro las razones que les traía a ese lugar. El chico, que tendría poco más o menos la edad de mis hijas, ya le había sacado a mi esposa Beatriz las tetas y se las venia sobando y chupándoselas a conciencia. Como pueden suponer yo me quedé paralizado de ver a mi esposa en ese trance y con ese chico, pero la cosa aún ni había comenzado.

La colocó justo al lado donde me encontraba escondido, le metió mano a la entrepierna y le bajó las bragas hasta la altura de las rodillas. Beatriz estaba en ese momento de espaldas, de modo que sus nalgas relucían espléndidamente ante mis atribulados ojos. No estarían a más de tres metros de distancia, de modo que no se me escapaba detalle de todo lo que decían y hacían.

El chico le decía a Beatriz lo buena que estaba y ella le decía la polla tan rica que tenia. Todo eso mientras se besaban, se acariciaban, se tocaban, hasta que Beatriz le dijo algo que me dejó “pasmado”:

-Esta tarde en la piscina me has puesto como una burra, si no es por que mi marido estaba que no nos quitaba ojo de encima, te había follado allí mismo.

Joder, si yo ni siquiera me había fijado que Beatriz estaba en la piscina con un chico, aunque ahora si, ahora si que me estaba fijando, porque justo en ese momento la estaba tumbando en el suelo y se la iba a montar.

La tendió en el suelo, terminó de quitarle las bragas, le abrió un poco las piernas, se encajó entre sus muslos y con bastante delicadeza, se la fue metiendo centímetro a centímetro. Beatriz disfrutaba del momento a tope, se relamía, arqueó el culo y cruzó sus piernas sobre las del muchacho a la vez que sus manos se aferraron a sus nalgas.

Lo tenía atrapado, sus cuerpos estaban aferrados, aunque el chico tomó la iniciativa y en esa misma posición comenzó a metérsela y sacársela. Era un metisaca pausado, arqueaba el culo y lo dejaba caer pausado sobre la barriga de mi esposa, le debía estar metiendo la polla hasta el ombligo, porque lo hacía meticulosamente, con maestría, se la estaba follando con una intensidad extrema, como si el mundo se fuese a acabar, como si fuese el último polvo de sus vidas.

Me dio envidia de la pasión que mi esposa derrochaba follando con aquel chico, conmigo creo que nunca folló con tanta intensidad. La polla la debía tener tan majestuosamente encajada en el chumino de Beatriz que se escuchaba perfectamente el choc, choc, del metisaca, lo que significaba que el chocho de mi esposa debía estar al máximo de lubricación.

Aunque a mi me estaba sucediendo prácticamente lo mismo que a Beatriz, estaba tan empalmado viendo como se follaban a mi amada esposa que tuve que hacer verdaderos esfuerzos para no correrme, aunque ellos si, ellos si que se corrieron, pude hasta ver como a Beatriz se le ponía la carne de gallina en medio de unos espasmos llenos de voluptuosidad y de jadeos que le salían del alma.

Al cabo del rato se levantaron, se arreglaron un poco las vestimentas y se dirigieron hacia la puerta de entrada al hotel. Antes de marcharse el muchacho intentó besar en los labios a Beatriz, pero ella no se lo permitió y le dio una explicación que me dejó sorprendido: no es amor, es sexo.

Eso me halagó un poco, aunque la verdad lo que más me halagó fue ver tiradas en el suelo las bragas de Beatriz, que recogí con mimo, las acerqué casi, casi, con devoción a la nariz y pude disfrutar por unos segundos del profundo aroma a chumino que aún desprendían.

Minutos después  aparecí por el salón donde estaba Beatriz. Estaba radiante, disimulaba riéndose con otra clienta tomándose una copa de champaña, como si no hubiera roto un plato en su vida, mantenía con altivez lo de la mujer del Cesar, que además de virtuosa debía parecerlo. Bueno, ella precisamente virtuosa no lo era, pero lo disimulaba a la perfección. Me dedicó la mejor de sus sonrisas, sus ojos derrochaban brillantez, su cara dulzura, sus labios calidez, su cuerpo sensualidad, tenía un culo maravilloso y el chumino lo debía tener encharcado de flujo.

-Dónde te has metido que llevo un buen rato sin verte- me preguntó con todo el cinismo del mundo. Yo le contesté con una explicación inocente y medio creíble y se quedó de lo más satisfecha. Su infidelidad había quedado a buen recaudo, lo que no suponía es que en uno de mis bolsillos se escondían sus braguitas.

La invité a dar por terminada la fiesta y a subirnos a la habitación, lo que aceptó de muy buen grado. Ella ya llevaba la fiesta en el cuerpo. Al subir en el ascensor los dos solos y agarrados de la mano, le di un beso en la boca y ella me la abrió suavemente y sacó su lengua al encuentro de la mía. Eso me halagó, quizás no habría la pasión del sexo que derrochaba con el chico, pero me pareció que si había amor.

A continuación deslicé una mano entre sus piernas y como era de esperar llevaba el chumino al aire.

-No llevas bragas- le dije haciéndome el sorprendido. -Hoy no me las puse- me contestó con rotundidad, aunque desde luego mentía. -Si, si que te las pusiste, te pusiste una tanguita negra. Me sorprendió porque siempre dices que las tanguitas no son nada cómodas-

Ella se quedó sorprendida y no dijo nada. En ese momento el ascensor llegaba a la planta y se abrían las puertas, aunque antes de salir eché mi mano al bolsillo y saqué sus braguitas diciéndole:

-Toma, te las olvidaste en el suelo bajo la pérgola del bar exterior del hotel.

Se quedó lívida, no pudo o no quiso pronunciar palabra. Le pasé la mano sobre su hombro y la invité a salir del ascensor. Me dio pena verla tan desconcertada, de modo que cogí su mano y juntos caminamos por el pasillo en busca de nuestra habitación sin decir absolutamente nada. Al llegar frente a la habitación me adelanté y abrí la puerta, la invité a entrar y nada  más cerrar la puerta se volvió hacia mí y con voz temblorosa me dijo:

-Llevaba mucho tiempo queriendo decírtelo, pero nunca me había atrevido, lo siento mucho, entenderé que quieras divorciarte. -Yo no quiero divorciarme- le contesté con rotundidad y añadí: lo que yo quiero ahora mismo es tumbarte en el suelo y follarte.

Ella no dijo nada, pero se tendió sobre la moqueta rosa de la habitación, se subió el vestido hasta dejar al descubierto su chochito sin bragas y me tendió las manos para recibirme. Yo casi me desplomé sobre ella, busqué afanosamente su boca y le introduje la lengua hasta encontrar la suya y las entrelazamos a la vez que mi atribulada polla penetraba furiosa dentro de su más que lubricado chumino para correrme casi de inmediato.

Los dos nos quedamos en silencio, tendidos sobre la moqueta, abrazados y desnudos, y así, en esa posición, nos dieron las claras del día. Tempranito, sin siquiera desayunar abandonamos el hotel y salimos hacia el aeropuerto en dirección a Madrid. Ya acomodados en un lujoso hotel de la Castellana se abrazó a mí, me miró a los ojos y me contó minuciosamente todas sus infidelidades.

-Habrá más, le pregunté con extrema precaución, aunque ella me contestó con rotundidad. -Probablemente sí, pero sólo si tú lo quieres. Nunca más te lo volveré a ocultar.

Bueno, algo había ganado. Nuestras relaciones sexuales cada vez se espaciaban más y cada vez eran más monótonas. Desde ese día follábamos como si el mundo se fuese acabar, además siempre había el aliciente de que cualquier día mi esposa podría cometer adulterio y yo sería testigo de excepción.

Autor: Pancho Alabardero

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No se como pasó

Se sienta sobre mi verga y se la mete toda y comienza a cabalgarme, la cojo de las caderas y le acaricio el culo, le chupo las tetas y los pezones y me voy al cielo, no puedo más y me corro dentro de ella, se levanta, te gusta mi culo, si mucho, pues métemela por el culo. No puedo creerlo, ya me la he tirado dos veces y ahora quiere otra más, pero con ese culo que tiene no puedo decirle que no.

Realmente no se como comenzar mi historia, es una historia muy fuerte. Todo comienza una tarde de verano muy calurosa. Tengo una compañera de trabajo que se llama Beatriz. Es pequeña, pero la verdad es que es guapa y está muy buena, a mí la verdad me da mucho morbo, siempre me hubiese gustado montármelo con ella.

Lo que nunca hubiera pensado es que eso fuera a pasar de verdad, y más ahora que se ha casado hace poco. Aquella tarde debido a un problema en nuestro trabajo tuvimos que salir una hora antes, y nos dijeron que no nos fuésemos a casa hasta que no fuera la hora oficial de salir. Entonces Beatriz me propuso algo muy inocente al principio.

-¿Qué te parece si nos vamos de compras? -¿De compras? -Sí, a las tiendas de atrás. En la zona en donde estábamos había una serie de tiendas y propuso que nos fuéramos allí.

Llegamos al cabo de un momento y nos pusimos a mirar en los escaparates. Yo al principio no me di cuenta, pero más tarde me fijé. En el reflejo de un escaparate la vi mirándome y no a lo que vendían en la tienda, al principio no le di importancia pero más tarde pude darme cuenta de que se quedaba mirando mi culo. No es por presumir pero tengo un buen trasero y con los pantalones que llevaba se me marcaba mucho. En esto que estábamos mirando otro escaparate y Beatriz va y se acerca a mí y me dice: Pero que bueno estás juanqui.

Yo me quedé a cuadros y no dije nada. En esto que al pasar por una tienda de ropa me dice: Vamos dentro por favor. Yo no sabía de que iba, entramos y me dice: ¿Me ayudas a elegir un bikini? Yo le dije que si, ¿qué podía decirle sino? Elegí uno azul muy bonito y ella se fue a probárselo, entonces me llama y me dice: Pasa y dime que tal me sienta.

Yo entré un poco nervioso y entonces la vi con el bikini puesto y me dieron ganas de echarme encima de ella, como ya os dije está buenísima y más aun con ese bikini, entonces cierra la puerta y me dice: ¿Te gusto? Yo no sabía que decir y casi sin que me oyera le dije que sí. Ella se gira y me dice, Vamos a ver si te gusta esto. Coge y me baja la bragueta y yo retrocedo y ella me dice: No, no, tranquilo. Me la saca y yo la tengo casi como el acero y ella coge y empieza a chupármela…

¡Joder que haces! Le digo, ¡Eres una mujer casada! Pero ella me dice que a su marido no le gusta que se la chupe y que yo la pongo mucho, y que deseaba hacer esto hace mucho tiempo. Yo no puedo gemir ni nada ya que en la tienda hay mucha gente y nos pueden oír. Al final acabo corriéndome en su boca y no puedo más, es fantástico.

Ella se limpia la boca y me dice que vaya a la dependienta y le pida 3 bikinis más para probarse, yo obedezco como un perrito y vuelvo en dos segundos con los bikinis, cuando entro me la encuentro sin la parte de arriba del bikini, tiene unas tetas preciosas, es un sueño verla así. Vamos, me dice, entra rápido, que ahora verás. Yo cierro la puerta y cuelgo los bikinis en la percha y me lanzo a su cuello besándola sin parar, ella gime y gime bajito sin que nos oigan. Yo estoy completamente empalmado y le doy la vuelta, ahora veras, le digo, le quito la braguita del bikini y la penetro por detrás. ¡Aahh!¡Aahh! juanqui que bien lo haces, ¡Ahhh!¡Ahhh! ¡No pares! ¡No pares!

Yo sigo y sigo intentado retrasar el orgasmo para corrernos juntos. Al final nos corremos juntos y ella me dice: como he disfrutado, mi marido no me hace esto. Ahora coge y me sienta en una silla que hay en el probador y vuelve a chupármela hasta que me la pone dura otra vez. No Beatriz no, otra vez no por favor, que estás casada, ¡A la mierda el matrimonio! Me contesta.

Entonces se sienta sobre mi verga y se la mete hasta dentro y comienza a cabalgarme, moviendo sus caderas, yo la cojo de las caderas y le acaricio el culo y le chupo las tetas y los pezones y me voy al cielo, mientras me folla no puedo parar de repetir su nombre, ¡Beatriz! ¡Beatriz! ¡Fóllame, fóllame así, cielo! ¡Aaaah! ¡Aaaah!

Al final no puedo más y me corro dentro de ella. Oye, le pregunto, con las prisas no hemos usado condón, no te preocupes uso la píldora, Ooohh vale, ella se levanta y se da la vuelta, ¿Te gusta mi culo?, si mucho, le contesto, pues ahora házmelo por detrás, métemela por el culo. No puedo creerlo, ya me la he tirado dos veces y ahora quiere otra más, pero con ese culo que tiene no puedo decirle que no.

Me levanto y me froto contra su culo y se me pone dura otra vez, la pongo las manos apoyadas en la pared y se la meto por el culo, empiezo a bombearla dentro y fuera, dentro y fuera, le agarro las tetas y no puedo parar, enseguida me corro y ella se da la vuelta y me abraza. Ha sido fantástico juanqui, que bien lo haces.

Salimos del probador y de la tienda, no ha comprado ningún bikini pero que más da, me la he tirado tres veces, ha sido el sueño de mi vida, nos despedimos hasta el día siguiente y espero que sea igual de bueno que hoy.

Espero que os haya gustado y si os ha pasado alguna vez esto, espero me lo comentéis.

Autor: Predicador1

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Alberto y Beatriz

Comencé mi mete-saca en el chocho de Beatriz. Ahora tenía dos vergas en sus entrañas y que iba a encadenar el orgasmo que terminaba con uno nuevo, Alberto aumentaba el ritmo de su follada en el recién estrenado culo de su mujer, yo apenas me movía puesto que sus embestidas ya provocaban el movimiento suficiente para que mi verga entrara y saliera del chocho  de ella sin apenas moverme.

Soy un hombre de 37 años, vivo en La Paz, Baja California y estoy casado con una mujer de un físico nada fuera de lo común. Lo pasamos muy bien en la cama, practicando toda clase de fantasías dentro de las normas de la prudencia. Nos encanta ver películas XXX, usar consoladores, practicar posiciones etc., pero ella se ha negado rotundamente a realizar cualquier cosa fuera de la pareja. Alguna vez que le sugerí hacer un trío o intercambiar parejas he recibido un NO rotundo a la propuesta.

Yo no quiero obligarla a participar en este tipo de juegos si no quiere, pues se que ella no va ha ceder. Me pregunto: ¿Ella no desea explorar su sexualidad, pero, puede ella obligarme a mí a reprimirme? Desde mucho antes de casarme fui muy caliente y ya de muchacho me masturbaba a diario cuando no tenía una noviecita a la mano y sexualmente tuve muchas experiencias.  Me gusta la sensualidad, la excitación…. crear situaciones de auténtico morbo y disfrutarlas con otras personas en un ambiente de amistad y buen rollo, con respeto, pero con mucho, muchísimo erotismo.

Soy profesional, y por mi trabajo he tenido más de una ocasión para ponerle los cuernos a mi mujer, empezando con mi secretaria, que tiene unas tetas impresionantes y de la que me he enterado  le encanta hacer unas mamadas de campeonato y tragárselo todo…. hasta algunas clientas con falta de cariño que más de una vez se me han insinuado… Pero creo que esas historias tarde o temprano terminan mal y repito que mi relación con mi mujer, en todos los aspectos, es inmejorable…. aunque yo necesito más morbo, más juegos….

Pensando en todo eso llegué a la conclusión de que podría intentar cumplir mi fantasía sin la intervención de mi mujer, contactando alguna pareja o matrimonio que quisiera encontrar a un hombre de físico agradable, limpio, sano, discreto, educado, morboso y con experiencia…. capaz de hacer todo satisfaciendo las expectativas de ambos y me dispuse a poner anuncios en diferentes páginas de contactos.

Como vivo en La Paz, que no es una gran ciudad,  mis posibilidades de contactar con alguien me parecían un poco remotas por la limitación en los medios, pero decidí intentarlo sin demasiada convicción de tener éxito, a través del Internet…Todas las mañanas, al llegar a mi trabajo abría mi correo electrónico sin demasiadas esperanzas… hasta que un día recibí un mensaje que me enviaba un hombre de mi misma ciudad.

…Me explicaba que se habían casado muy jóvenes, después de un largo noviazgo y que ella no había conocido otro hombre más que a él. Que después de unos años de matrimonio, .habían fantaseado con su esposa la posibilidad de hacer un trío con otro hombre, para que ella pudiera saber lo que sería alguien diferente a su marido,  y si bien ella se excitaba mucho con la idea cuando hacían el amor, a la hora de la verdad no se decidía a hacerlo.

Yo le contesté con un mensaje muy amable, diciéndole que para mí sería un honor y, por supuesto, un placer ayudarle a hacer realidad su fantasía, pero que su esposa lo debería tener bien claro antes de nada, para evitar situaciones desagradables… Le conté escuetamente algunas de mis experiencias y que podíamos conocernos sin compromiso y que, si llegábamos a algo, yo desaparecería de sus vidas en cuanto ellos me lo pidieran, sin más explicaciones.

Tras intercambiarnos varios mensajes y viendo que coincidíamos en la forma de ver las cosas (morbo y sensualidad pero con educación y respeto), quedamos los dos solos para tomar un café, conocernos y comentar el tema. Nos vimos en una cafetería del centro de la ciudad, nos sentamos en un lugar discreto y, él, nervioso, me comentó que prefería un hombre casado pues con seguridad sería más discreto que un soltero,  y que tuviera experiencia en el tema para poder manejar la situación con más naturalidad y mucho tino.

Me dijo que su esposa no sabía nada de nuestro encuentro, pero que él quería conocerme y si pensaba que yo le atraería a ella sexualmente, se lo comentaría y le diría que tenía un candidato ideal para realizar su fantasía…. En su opinión yo era el tipo de hombre que podría atraer a su esposa. Yo le comenté que sería ideal crear un ambiente adecuado de complicidad entre los tres para que la situación se diera y fuera lo más placentera posible para todos….

Me mostró una foto de su esposa desnuda, que la había publicado, según me comentó, en Internet sin conocimiento de ella, por el morbo de recibir comentarios eróticos acerca de cómo veían y deseaban a su mujer los cibernautas. Se veía un cuerpo apetecible, ni delgada ni gruesa, trigueña, con unos pechos generosos (talla 90 ó más), melena por los debajo los hombros con ondas largas y muy sugestivas en una cara atractiva y unos labios lo bastante sensuales que dejaba entrever que podría ser muy puta en la cama pero que sabía perfectamente cómo controlarse y ser una señora… no le veía el culo, pero por la caderas que tenía debía tenerlo precioso… Mi verga dio un vuelco dentro del pantalón…

El me comentó que deseaba compartir su esposa con otro hombre, que le excitaba mucho esa fantasía y que quería disfrutar mirando y/o participando…. pero que ella no estaba decidida, aunque tampoco se había cerrado a no hacerlo. Debes tenerlo muy claro, le dije,  porque no me gustaría que tu o ella se sintieran mal, y que esto pudiera repercutir negativamente en su relación de pareja….más aún, si como me dices, es algo que ella lo haría por primera vez. Después de nuestra conversación, Alberto dijo que le comentaría a ella nuestro encuentro cuando estuviese muy excitada… con la esperanza de que se atreviera a intentarlo. El sabía que ella se excitaba con la idea, pero  le faltaba decidirse…. Quedamos en que me enviaría un correo electrónico por la mañana con el resultado de su propuesta y la decisión de su esposa….

Esa noche penetré a mi mujer salvajemente, mientras pensaba en lo que sucedería al día siguiente. Llegando a mi oficina, lo primero que hice fue encender el ordenador y abrir el correo… mi verga sintió un cosquilleo cuando vi que había un mensaje de Alberto… lo abrí… y decía: “La convencí a medias, quiere conocerte… pero dice que no te hagas muchas ilusiones” Inmediatamente me dispuse a contestarle. Le comenté que lo ideal para conocernos era ir a almorzar juntos (yo invitaba)… pero que si ella aceptaba seguir adelante, no era bueno posponerlo y quedar para otro día porque estaría nerviosa hasta que llegara el momento y muy nerviosa cuando llegara el día…

Lo ideal era reservar antes una habitación en un motel u hotel discreto y almorzar en el restaurante del hotel. Le comenté que si la propuesta le parecía correcta yo me encargaría de todo… Si su esposa lo deseaba pero se reprimía, después de unas botellas de buen vino y unos licores seguro que sus prejuicios desaparecerían y se lanzaría…. En el mensaje le incluí mi número de celular.

Pasé aquel día excitado pensando en cómo desarrollar la situación para que ella se sintiera a gusto y se dejase llevar por sus instintos… A la mañana siguiente abrí el correo y allí estaba el mensaje de Alberto… mi verga volvió a dar otro salto de alegría dentro de mi bragueta. Era muy escueto, sólo decía: “Estamos de acuerdo en todo, saludos de Alberto y besos de Beatriz”, incluía un número de móvil y una posdata “Llámanos a mediodía”.

Era la primera vez que ella participaba en un mensaje, ella entraba en escena: “besos de Beatriz”… Pensé en lo de “Llámanos a mediodía”, quizás me pasaría con ella y podríamos hablar… si era así aprovecharía para tranquilizarla y transmitirle confianza. Sobre las dos de la tarde, nervioso, cogí el teléfono y marqué el número que me había dado…. Contestó la voz de Alberto:

– ¡Hola! ¿Cómo estás…? ¿Tan nervioso como yo? Nos reímos a carcajadas… Me comentó que Beatriz prefería ir a cenar, que la noche era más sensual y más propicia para lo que habíamos planeado… y que estaba de acuerdo en conocerme y comentar los tres el tema, aunque sólo se comprometía a eso, el resto quedaba en “ya veremos”.

Intenté transmitirle confianza y le comenté que no debía estar nerviosa, que no iba a pasar nada que ella no deseara, y que si pasaba algo ella lo iba a disfrutar mucho… Se hizo un silencio y pensé que algo iba mal… Volvió a sonar la voz de Beatriz: “Alberto dice que si podría ser mañana…” Mi verga se alegró visiblemente y yo le contesté que me parecía perfecto… Me atreví a tantear su grado de convicción y le dije:

– “¿Beatriz?” – “¿Si?” – “No sé si pasará algo mañana, pero quiero que sepas que me encanta la lencería sexy…” le dije y recibe un primer y húmedo beso donde más te guste. – “Lo tendré en cuenta”, me contestó con una voz relativamente ronca por la excitación… y me pasó con Alberto.
-“¿Qué le has dicho?, se ha puesto roja”, me comentó Alberto riéndose. – “Que te lo cuente ella” le contesté. Concretamos los detalles y quedé en llamarlo en cuanto tuviera las reservas confirmadas…

A la mañana siguiente luego de pensarlo mucho, reservé una habitación en un hotel con unas habitaciones relativamente cómodas, donde se puede escuchar música, tomar unos tragos, entrar en confianza y principalmente sin nadie que nos conozca y decidí optar para la cena por otro lugar también cercano. Una vez decidido y arreglado esto llame a Alberto para comunicarle. Me dijo que Beatriz estaba nerviosa y muy excitada, que yo le había caído muy bien (cosa que me extrañó por lo poco que hablamos) y que él pensaba que había muchas posibilidades de que todo saliera como deseaba…

Yo le comenté que se tranquilizara y la tranquilizara, que en realidad sólo íbamos a cenar juntos y que, por ahora, no pensara en nada más. Que ocurriría lo que tuviera que ocurrir. Quedamos sobre las siete de la noche en el restaurante.  Hasta entonces”, me dijo, y colgó. Llegué al hotel sobre las seis y media, pagué la habitación y pedí que subieran champaña. Tras eso me senté a una mesa apartada y discreta del restaurante a leer la prensa tomando una cerveza e intentando tranquilizarme.

Sobre las siete y cuarto vi entrar a Alberto acompañado de Beatriz. Los dos íbamos de chaqueta y corbata. Ella llevaba un traje de falda y chaqueta sobre una blusa vaporosa con un sólo botón desabrochado (un poco recatada). También pude observar que llevaba medias.

Alberto me estrechó la mano con una sonrisa y me presentó a Beatriz, que me miró fijamente a los ojos, entre tímida y sensual, y nos dimos un beso en la mejilla. Mirando a Alberto comenté: “La verdad es que en persona es mucho más atractiva que en la foto que me enseñaste”. Ella sonrió sonrojándose y comentó: “Ya sé que me has visto desnuda….”.

Tras las presentaciones nos quitamos las chaquetas y nos sentamos, Beatriz frente a mí y al lado de su marido. En el momento que Beatriz se quitaba la chaqueta estiró los brazos hacia atrás y pude comprobar cómo sus generosos pechos presionaban la suave tela de su blusa y se marcaban bajo el sujetador… Ella se dio cuenta de mi mirada y sonrió entre cortada y halagada…

Intentando que todo transcurriera con normalidad, pedimos la comida y un buen vino. Al poco rato aquello parecía una comida de negocios o de amigos, charlábamos animadamente sobre temas banales, nos reíamos, comíamos y yo no paraba de llenar las copas cada vez que se vaciaban.

Se notaba a Beatriz mucho más relajada, participando en la conversación y disfrutando tanto de la comida como del vino. Mientras hablábamos a veces me miraba como un poco pensativa… Yo estaba seguro de que estaba imaginándose lo que podía pasar dentro de un rato…y no parecía que le disgustase. Alberto y yo nos dirigíamos miradas de complicidad, confirmando que todo se desarrollaba perfectamente, mejor de lo esperado…

Tras cenar pedimos unos cafés y unos licores. Los tres estábamos un poco más alegres de lo normal, pero al mismo tiempo yo notaba cierto nerviosismo por parte de ellos, al darse cuenta que se acercaba el momento de las decisiones. Los licores nos animaron un poco más, la conversación era muy amena e incluso divertida, y decidí dar el primer toque de atención y le pregunté a Beatriz:

– “¿Cómo lo ves? ¿Crees que tengo posibilidades…?” Ella miro a Alberto y él asintió con la cabeza y luego mirándome se sonrió y con una mirada entre tímida y sensual contestó: “¡Tengo miedo ahora, ya no se que decir de lo que podría pasar… estoy muy nerviosa!” (Se notaba excitada….). Ante aquella respuesta me atreví a comentarle: “En la foto que me enseñó tu marido se notaban unos pechos muy sugerentes…. quizás deberías explotar más tus “argumentos”… como vas con la blusa tan abrochada… Esperé su reacción y vi cómo giraba sus ojos, que denotaban los efectos del alcohol, hacia su marido como esperando su actitud. El sonrió y me dijo: “Creo que tienes razón… es lo que yo le digo…”.

Beatriz se sentó recta en la silla y discretamente pasó una mano por la blusa desabrochándose el segundo botón y aprovechando la maniobra para colocarse el cuello. Mientras lo hacía me miró fijamente a los ojos, y presentí que estaba totalmente decidida a entregarse. Quería saber qué se sentía al ser follada por un extraño ante los ojos de su marido… sabía que pronto iba a tener dos vergas a su disposición…. pensé.

Alberto sonrió al ver la reacción de su esposa y comentó: “¿Sólo eso…? Beatriz miró a su marido y le dijo: “Paciencia cariño, que dentro de poco habrá más…”. Y diciendo esto volvió a desabrochar otro botón de la blusa, el tercero, que ya dejaba al descubierto parte del maravilloso canalillo que formaban sus pechos apretados por el sujetador… Me miró fijamente a los ojos y me preguntó: “¿Te gusta lo que ves…?” – “Mucho…” contesté

La miré a los ojos y le dije: “Beatriz, me la has puesto muy tan dura (y pase mi mano por mi verga para acomodarlo disimuladamente ella lo noto por que se le encendieron las mejillas)… y creo que a tu marido también…”. Alberto se rió y me dijo: “¡A su marido también….!” Beatriz metió la mano bajo la mesa discretamente, se la pasó a Alberto por el paquete y exclamó: “¡ A mi marido también…!”. Y nos reímos los tres con sonoras carcajadas…..

– “Creo que será mejor pedir la cuenta y retirarnos a un lugar más discreto e íntimo, me tome la libertad de reservar uno, que aunque es modesto y discreto creo que nos sentiremos a gusto…” comenté con sorna.

– “Estamos de acuerdo, ¿verdad cariño…? le comentó Alberto a su mujer.

Beatriz se quedó en silencio, pensativa. Se le notaba excitada, transpiraba erotismo, se le notaba con ganas de experimentar algo atrevido, algo prohibido, y de compartirlo con su marido… Nos miró a los dos con ojos de gata en celo… Miró a Alberto un poco seria y le dijo: “Cariño, ¿Tienes claro lo que vamos a hacer…? ¿Realmente lo deseas…? Al decir esto Beatriz se ruborizó a pesar de la desinhibición del alcohol, y Alberto le contestó con otra pregunta: “Beatriz, tu ya sabes lo que deseo pero, ¿Y tu, lo deseas…? Dime la verdad”.

Beatriz no contestó, se arregló el escote y cogió su bolso, nos miró y preguntó: “¿Nos retiramos a donde podamos estar cómodos y más a gusto? Mi verga se revolvió dentro de mi bragueta, Alberto y yo nos miramos y nos sonreímos con cara de complicidad. Nos levantamos, y mientras nos poníamos las chaquetas pagué la cuenta.

Nos dirigimos hacia los parqueos donde también ellos habían dejado su vehículo. Se notaba la tensión de la excitación del momento. Los tres éramos conscientes de lo que iba a pasar, y creo que tanto Alberto como yo queríamos que Beatriz se lo pasara lo mejor posible. Yo era consciente de que aquel momento era muy importante para su relación de pareja y sabía que mi actitud podía perjudicarla o unirles más de lo que ya estaba si todo transcurría de forma agradable, natural y con buen rollo.

A sugerencia de ellos decidimos abordar su vehiculo y dejar el mío.  Alberto conducía, Beatriz se sentó a su lado y yo me senté en la parte de atrás. Al entrar en el hostal pedí directamente las llaves y se las di a Beatriz. Seguidamente el camarero nos indicó el camino. Al subir las gradas noté que se le había abierto un poco la blusa, y mi vista se fue hacia sus pechos… Ella se dio cuenta y sonriendo nerviosamente le comentó a Alberto mirándose el escote: “Parece que le gustan…”. A lo que él le contestó: “Seguro que le gustarán más cuando pueda verlos.”. Llegamos y Beatriz abrió la puerta de la habitación con ciertos nervios… Al entrar vieron la botella de champaña y celebraron mi idea.

Me dispuse a tomar las copas y abrir la botella mientras les comentaba que aquel encuentro era digno de celebrarse. Beatriz y Alberto se quitaron las chaquetas y observaron la habitación: había una amplia cama, un sofá doble, un sillón y una cómoda. Beatriz se fue hacia el baño diciendo que quería refrescarse.

Cuando nos quedamos solos Alberto y yo, él me dijo que estaba muy agradecido conmigo por todo lo que había hecho. Yo le contesté, con sorna, que yo le estaba agradecido por todo lo que iba a hacer, y nos reímos a carcajadas. Un poco serio le dije que los dos me parecían buenas personas, que podía ayudarles a hacer realidad sus fantasías y además yo iba a tener el placer de compartir con él a una señora tan atractiva como su esposa…. Alberto se sentó en el sillón y me pidió que me sentara en el sofá doble para obligar a Beatriz a sentarse junto a mí. Teníamos las copas en la mano cuando ella salió del baño. No se había quitado nada de ropa. Alberto le alcanzó su copa y ella, lentamente y con cierta timidez, se sentó a mi lado.

Brindamos y yo solté: “Por vuestro matrimonio, por que lo que pase en esta habitación les una más y sea el inicio de una vida más atrevida y apasionada  juntos”. Beatriz se levantó del sofá, se dirigió hacia Alberto y le dio un beso en los labios diciéndole: “Gracias por confiar en mi cariño… esto lo hago por ti por que te quiero…”. Alberto le contestó: “Las gracias te las debo a ti, por dejarme hacer realidad mis sueños…”.

Beatriz se volvió a sentar en el sofá, se giró hacia mí y me dio un leve beso en los labios y me dijo: “Gracias por entendernos…” Alberto se recostó en el sillón con la copa de champaña en la mano y se dirigió a mí… “Bueno… tu dirás… ¿Qué se hace ahora…?” Yo le contesté con otra pregunta: “¿Qué te gustaría que pasara…?” Alberto respondió con cara de excitado y tímido:

“Ya les he comentado a los dos que, en principio, me gustaría mirar…” Me dirigí a Beatriz, la tenía muy cerca, casi podía notar los latidos de su alterado corazón y olía su sensual perfume. Yo la sentía excitada y nerviosa, esperando… sin saber muy bien qué hacer… Yo quería ir despacio, no precipitar las cosas, disfrutar del morbo de cada momento y que ellos dos no olvidaran aquella tarde en mucho tiempo…

– “Y a ti, ¿Qué te gustaría que pasara…?” le pregunté. – “No lo sé, nunca he estado en una situación como esta me siento más nerviosa que en mi noche de bodas (se notaba excitada), no lo sé, respondió, el experto eres tu”. – “¿Estás nerviosa?” le pregunté, le cogí una mano, que estaba muy fría denotando el nerviosismo que sentía… “Relájate… intenta disfrutar… y a partir de ahora deja de controlarte y da rienda suelta a tus instintos…”

Alberto se dirigió hacia mí: “A Beatriz le encanta que la acaricien… que la besen… tiene unos pechos muy sensibles… “. Y le dijo a ella: “¿Por qué no te pones cómoda, mi amor?”. Beatriz se quitó los zapatos y le dio un buen trago a la copa de champaña, acabándola. Luego se levantó mientras comentaba que se le iba a arrugar la falda, se acercó a su marido y le preguntó si quería desabrochársela… Creo que ella ya sabía la respuesta: Alberto le comentó que prefería que lo hiciera yo. Volvió a llenar su copa sensualmente y se acercó a mi y me preguntó: “¿Me la desabrochas tú…?”

– “Será un placer” le dije mientras ella se colocaba de espaldas a mí y yo llevaba mis manos a su cremallera, que bajé lentamente. Sentía cómo Alberto alternaba su mirada entre los ojos de Beatriz y mis manos. Una vez bajada la cremallera tiré lentamente de la falda hacia abajo y aunque no pude ver su culo porque lo tapaba el largo de la blusa (seguro que ella esperaba que lo descubriera y se lo sobara pero yo quería seguir disfrutando cada instante), sí descubrí unas piernas bien torneadas y bronceadas enfundadas en unas medias de lycra.

Terminé de quitarle la falda y le acaricié suavemente las piernas hasta un poco más arriba de las rodillas. “Preciosas” le comenté mientras yo sentía que se le ponía la carne de gallina. Ella le dio un buen sorbo a la copa de champaña mirando a Alberto quien se levanto y manipuló los interruptores hasta encontrar un tono a media luz, seguidamente el volvió a sentarse, colocó la falda sobre la cómoda y se sentó muy cerca de mí, subió las piernas al sofá y apoyó su espalda sobre mi pecho…  Mi brazo izquierdo quedó tras su espalda, por lo que pasé por encima de su hombro y le cogí una mano, “¿estás mejor, más relajada?” Alberto se había recostado en el sillón y se acariciaba la verga discretamente. Miraba a su esposa, excitado… y a mi me gustaba mucho ir tensando la situación, sin precipitar nada, que las cosas fluyeran naturalmente… Quizás él quisiera que las cosas fueran más deprisa… Rodee a Beatriz con mis brazos, con la mano izquierda le cogí su mano izquierda y las situé bajo su pecho, con la mano derecha le acariciaba distraídamente el brazo derecho… Beatriz temblaba de excitación…

Me dirigí a Alberto: “¿Te gusta lo que ves?”. “¡Mucho!” me respondió… “Sigue por favor”. Al igual que a Beatriz, le pedí que no se cortara y que dejara sus instintos en libertad…

Beatriz apoyó su cabeza en mi hombro y se giró ligeramente mirando a su marido, hasta poner su boca frente a la mía. Primero fue un suave contacto de nuestros labios, luego lentamente fue abriendo su boca y me regaló su lengua, y finalmente terminamos aquel primer beso con cierta pasión controlada, devorándonos mientras yo le acariciaba el estómago con mi mano izquierda y le rozaba (con toda intención) la parte baja de sus tetas…

Ella me agarró la mano y se la colocó sobre el pecho derecho…. Sentí la dureza de mi verga dentro de mi bragueta pidiendo la libertad incondicional… Dejamos de besarnos pero ella mantenía mi mano izquierda agarrada sobre sus senos. Empecé a acariciarle el pecho suavemente y los dos volvimos la mirada hacia Alberto que, descaradamente, se acariciaba el paquete mientras fumaba un cigarrillo…

“Continúa, por favor…” me dijo por toda respuesta… Solté la teta de Beatriz y fui desabrochándole los botones de la blusa muy lentamente mientras miraba a Alberto, que tenía una cara de morbo impresionante y se veía que estaba disfrutando mucho con el espectáculo…

Tras quitarle la blusa, Beatriz quedó en ropa interior… Llevaba un precioso conjunto de tanga y sujetador negros de encaje y transparencias que insinuaban perfectamente sus pezones y los pelos del chocho…   Las medias eran medias… y estaban sujetas por un sensual liguero a juego con el sujetador y el tanga…. Alberto le pidió a su esposa que me dejara ver bien su sensual lencería, ya que era la sorpresa que me quería dar… le pidió que caminara un poco por la habitación…

Ahora tenía una visión impresionante de su cuerpo… Beatriz estaba realmente sensual, en tanga y sujetador, con la copa de champán en la mano y caminando lentamente hasta la cómoda. Dejó la copa sobre el mueble apoyando sus brazos y echando su precioso culo hacia atrás…

Alberto se sobaba el paquete con fruición, se había abierto la cremallera y había introducido la mano en su bragueta acariciándose la verga. Yo me había quitado la corbata, los zapatos y los calcetines y aproveché para desabrocharme el pantalón y dejar que Beatriz notara mi verga hinchada a través de los calzoncillos negros… Ella se dio la vuelta y nos pilló a los dos acariciándonos las vergas por encima del calzoncillo… Abrió los ojos con cara de morbo total… llevó una mano a su pecho derecho y la otra a su chocho   y se acarició suavemente, ya perdiendo totalmente la timidez, y observándonos de manera muy lasciva…

Se dirigió a su marido.. (La bebida también estaba ayudando a desinhibirla) “Cariño, sácatela y déjame ver cómo te la meneas… porque voy a cumplir una de tus fantasías…” Alberto se había quitado la corbata… rápidamente, como para no perderse lo que sabía que iba a pasar, se puso de pie y se desnudó totalmente en un santiamén, volviéndose a sentar con su verga ahora libre entre sus manos, meneándosela lentamente y esperando….

Beatriz lo observaba muy excitada… volvió la vista hacia mí, que me acariciaba el paquete por encima de los calzoncillos, sin quitarme todavía la ropa… Se acercó lentamente y se puso de rodillas frente a mí. Mientras, yo aproveché para despojarme de la camisa…. Mi verga estaba como una roca, tenía a Beatriz frente a mí, con una perspectiva inmejorable de sus tetas todavía dentro del sujetador, sus pezones hinchados se marcaban perfectamente a través de la tela transparente… Una vez terminó hizo ademán de bajarme los pantalones, a lo que yo levanté un poco el culo del sofá para ayudarla en la operación… Tiró mis pantalones hacia un rincón de la habitación y puso sus manos sobre mis muslos, acariciándolos…

A continuación me separó las piernas y se metió entre ellas mientras seguía acariciándome el rabo… “Tienes una buena verga, eh” me dijo… Y agachando la cabeza me mordió suavemente la tranca por encima de la tela de los calzoncillos… Su melena caía sobre mi herramienta y yo quería disfrutar del morbo de verla con mi verga en la boca, y tampoco quería que Alberto se perdiera el espectáculo que tanto tiempo había esperado, así que se la aparté suavemente.

Ella ahora recorría todo el largo de mi miembro (todavía enfundado en el calzoncillo) con la lengua, se había puesto a cuatro patas para ofrecerle una excitante vista de su culo a su marido. Pensé que si seguía así Alberto se iba a perder algo que le daba mucho morbo: ver a su esposa quitarme los calzoncillos y meterse mi verga en la boca. Así que le cogí la cara a Beatriz suavemente y se la aparté de mi herramienta, la puse a la altura de mi boca y le di un beso apasionado de tornillo mientras aproveché para llevar mis manos a los corchetes de su sujetador… no lo solté… esperé su reacción… dejó de besarme y me pidió: “Quítamelo…”. Se lo desabroché y lo dejé así mientras seguía besándola… de reojo veía cómo Alberto no se perdía detalle, tenía la verga hinchada y morada de tanto meneársela y pensé que no tardaría mucho en acabar…

Beatriz se bajó los tirantes del sujetador, se lo quitó y se separó un poco de mí para ofrecerme una visión de sus impresionantes tetas… “¿Te gustan?” me dijo… Las cubrí con mis manos sintiendo la suavidad de su piel, la dureza de sus pezones, el pálpito de su acelerado corazón… Beatriz cerró los ojos disfrutando del momento mientras Alberto nos miraba con los ojos como platos, excitadísimo… Beatriz se pegó a mí apretando sus pechos contra el mío, me dio un beso de campeonato y yo aproveché para alargar mis manos hasta su culo, poner una mano sobre cada nalga y sobárselas a conciencia, apartándolas una de la otra levemente, sabiendo que su marido no se perdería detalle.

Como los tres ya estábamos bastante excitados decidí dar un paso más…

“Estoy seguro que Alberto quiere verte sentada en la cama…” le dije a Beatriz, que me miró con cara de no entender. De todas formas se levantó con sus tetas bamboleantes y se sentó en el borde, y al mismo tiempo yo me acerqué de pie junto a ella, de lado para que su marido no se perdiera detalle de lo que iba a pasar… Acerqué mi verga dura como un palo (todavía encerrada en los calzoncillos) a su cara y ella sonrió y miró a Alberto… puso la mano derecha sobre mi paquete y empezó a recorrerlo de arriba abajo… Después llevó una mano a cada lateral de mis calzoncillos y fue bajándolos lentamente hasta que mi verga totalmente hinchada saltó como un resorte junto a su cara… Me bajó los calzoncillos hasta los pies y pasó la lengua cerca de mi verga para atrapar un hilillo de líquido seminal que se escapaba…

Beatriz, ya totalmente desinhibida agarró mi herramienta con la mano derecha y comenzó a moneármela lentamente mientras con la izquierda sopesaba mis huevos… tenía su boca a pocos centímetros de la cabeza de mi verga.

Miró a su marido con cara de lujuria absoluta y le espetó: “¿Esto es lo que querías verme hacer..no mi amor.? Y sin esperar la respuesta engulló mi verga totalmente y comenzó a mamármela lentamente, con delicadeza… Llevó la mano izquierda de mis huevos a mi culo y acompañó la impresionante mamada con unas caricias a mis nalgas, clavándome suavemente sus uñas… Estaba mamando otra verga por primera vez en su vida. Yo me sentía en el séptimo cielo. Miraba a aquella esposa, aquella señora con cara de niña-bien, mamándome la verga como una experta profesional…

Volví a apartarle la melena suavemente para que Alberto no se perdiera detalle de lo que tanto tiempo había estado esperando ver… Estaba maravillosa, sus tetas se movían al compás de la mamada, sus piernas, enfundadas en aquellas medias negras de lycra y bien abiertas, dejaban ver la minúscula tanga humedecida por la excitación y el morbo del momento que estaba viviendo…

Beatriz seguía comiéndome la verga, su lengua ávida recorría cada centímetro de mi piel. Con la mano izquierda pegó el pene a mi vientre y arremetió contra mis huevos, metiéndoselos alternativamente en la boca y chupándolos, mientras introducía su mano derecha en el tanga y comenzaba a masturbarse lentamente… Podía ver su anillo de casada a través de la tela transparente de las bragas…

Miré a Alberto que seguía meneándosela ahora con un ritmo acelerado, y con la cara roja del morbo de ver a su esposa chupándole la verga a un extraño .. Le hice una señal para que se acercara.

– ¿Te gustaría tener una verga en cada mano…? le pregunté a Beatriz, que estaba ensimismada, con los ojos cerrados sintiendo los dos dedos que se había metido en el chocho   mientras seguía chupándome el miembro… No me contestó.

Alberto se puso de pie y se acercó a donde yo estaba, acercando su verga a la cara de Beatriz, que abrió lo ojos y creyó estar en el “país de las vergas”… sorprendida sacó su mano derecha del tanga y atrapó la verga de su marido.

Dejó de chupar la mía y engulló la de Alberto mientras me masturbaba con su mano izquierda…. Beatriz gemía y temblaba de lujuria, con una cara de golfa impresionante, mamaba y masturbaba alternativamente las dos trancas moviendo acompasadamente el culo en el mismo borde de la cama, intentando sentir más…. Ya necesitaba que alguien se encargara de darle placer a ella… Alberto miraba extasiado a su esposa y le acariciaba el pelo, tanto él como yo jugábamos con sus pechos y sus pezones, acariciándolos, pellizcándolos, amasándolos mientras ella emitía gemidos cada vez más fuertes…

Alberto, mirando a su mujer con la boca llena de verga, me dijo: “¡Quiero ver cómo se lo comes…!”. Al instante ella soltó mi verga y se dejó caer lentamente en la cama, quedando boca arriba con el culo en el borde, los pies colgando y apoyados en el piso. Alberto se acomodó a un lado de su esposa, que no tardó nada en atraparle el miembro y acercárselo a su cara para continuar con la mamada que le estaba pegando…

Yo me arrodillé en el suelo, entre las piernas de Beatriz. Tenía una perspectiva inmejorable: su boca mamando la verga de su marido mientras con las manos le acariciaba los huevos y lo masturbaba, sus tetas parecían dos flanes moviéndose al compás de sus “trabajos manuales”… y abriendo y cerrando las piernas, ansiosa por que le trabajaran el chocho…

No me hice esperar, con las bragas puestas le di unos leves besos en la cara interior de sus muslos que las medias dejaban al descubierto, y ella se revolvió como pidiendo más…exigiendo más….pensé que ya estaba muy caliente y necesitaba correrse pronto… Metí los dedos índices a cada lado de su tanga y comencé a bajarla lentamente. Ella levantó el culo para facilitarme la operación y Alberto miraba extasiado cómo el chochete de su esposa, por fin, quedaba a disposición de otro hombre que no fuera él….

Una vez que se las bajé del todo, quedó ante mi cara un cochito delicadamente depilado, sólo con un mondonguito de pelo en forma de triángulo en el pubis y el resto totalmente afeitado… Metí mi cabeza entre sus piernas y pude percibir una agradable mezcla de perfume caro y flujos de hembra caliente. Me dediqué otra vez a besar la cara interna de sus muslos, a pocos centímetros de su chocho hambriento… sabía que Beatriz estaba a punto y que con poco que le hiciera se correría como una loca… y así fue.

Bajó la mano derecha hasta mi cabeza, y agarrándome de los pelos llevó mi cara hasta su sexo mientras me ordenaba: “¡Chúpamelo, cómemelo yaaaa!” Le puse una mano en cada corva de las rodillas y le levanté y separé las piernas hasta casi hacerlas chocar con sus tetas, de esta forma su chocho   quedaba totalmente abierto y a mi entera disposición… Empecé lamiéndole los labios con delicadeza y se revolvió como una posesa…

Alberto le sostuvo una de las piernas, liberándome la mano derecha, lo que aproveché para meterle el dedo corazón en el chocho   y comprobar que aquello era una bañera… Cuando comencé a darle suaves golpes con mi lengua en el clítoris me agarró la cabeza con las manos y se corrió en mi boca mientras emitía unos extraños grititos roncos por tener la boca llena de la verga de su marido, que miraba la situación totalmente empalmado y a punto de correrse…

Seguí dándole caña para hacer que la corrida de Beatriz no decayera, metí mi lengua en su chocho   y se la movía en círculos, la metía y sacaba a modo de miembro, le solté la otra pierna y metí mis manos debajo de sus nalgas levantándole el culo… Alberto le había sacado la verga de la boca, supuse que por el evidente riesgo de la inminente corrida, y ahora se dedicaba a besar a su mujer y comerle las tetas… mientras ella suspiraba y se retorcía de placer…

Yo seguía comiéndole el chocho,   lamiéndoselo, chupándoselo.. Metiéndole primero uno y después dos dedos… Tenía la impresión de que aquel culo era virgen (y pocas veces me equivoco)… y fui bajando mi lengua a todo lo largo del chochito hasta llegar a su ojete… Ella dio un suspiro sonoro al sentir que invadía aquella zona hasta ahora prohibida… pero no dijo ni insinuó nada, mientras yo seguía perforándole el culito con dos dedos. Le lamí el ano haciendo círculos con mi lengua a su alrededor y sentí cómo relajaba sus músculos, señal de placer y aprobación… Seguí comiéndole el culo y finalmente introduje levemente mi lengua en el ano, ensalivándoselo bien. Cada vez que le daba una lamida ella experimentaba unos curiosos temblores de placer…

Volví con mi lengua al chocho   de Beatriz, se la pasaba por todo lo largo, desde arriba hasta abajo como si lamiera un helado, y ella lo agradecía gimiendo y retorciéndose… Quería ponerla a prueba y apoyé la punta de mi dedo índice en el huequito de su culo… Ella hizo un reflejo de apretarlo, pero segundos después lo relajó y yo aproveché para introducirle la primera falange, que entró sin demasiado problema por la cantidad de saliva que le había dejado anteriormente… Como no sentí ninguna reacción negativa continué con mi impresionante comida de chocho   y le introduje la segunda falange…. Beatriz cerró el huequito de su culo con fuerza… Pensé que se había molestado, pero segundos después cerró sus muslos en torno a mi cabeza y me apretó mientras gemía y temblaba… Comprendí que se había corrido otra vez en mi boca y saboreé sus jugos ralentizando el ritmo de la comida de chocho   que le había ofrecido…

No podía ver a Alberto. Pero sabía que él estaba absorto observando mi actuación… Debía tener la verga en carne viva después de tanto meneo y tanta mamada.

Beatriz estaba acostada boca arriba, se había apoyado en sus codos y me miraba con cara de perra… Estaba preciosa, la cara enrojecida de placer, abierta de piernas con el chocho   rezumando jugos… Miró a Alberto, que estaba a su lado, y le dijo con voz ronca: “Cariño, necesito que me tiren ya. ¡Tírenme por favor…!”.

Inmediatamente me puse de pie,  busqué mi chaqueta, cogí dos preservativos y le di uno a Alberto. Esperé que ocupara la posición que ella demandaba… Beatriz se dio la vuelta y se puso a cuatro patas con el culo en pompa hacia los pies de la cama y la cara mirando al cabecero…

Miré a Alberto y le dije: “¡A qué esperas… debes estar a punto de correrte!”. Alberto se puso el condón, se colocó detrás de su esposa y le metió la paloma de un sólo golpe, que Beatriz recibió con un grito de sorpresa y placer… Empezó a tirarse a su esposa casi con desespero, con un mete-saca desenfrenado que ella recibía con una especie de lamentos entrecortados… se estaba corriendo como una loca.

Yo observaba la situación junto a la cama, extasiado por el espectáculo… hasta que Beatriz me hizo una señal para que me sentara en la cama delante de ella mientras recibía la verga de su marido desde atrás. Tardé una milésima de segundo en estar sentado en la cama, con la espalda pegada al cabecero, mis piernas abiertas y la boca de Beatriz en mi verga otra vez…

Beatriz jadeaba, gemía, se atragantaba con mi verga, sus tetas se balanceaban al ritmo de la follada… Quise darle morbo a la situación y me puse a hablar con Alberto… “¿Te gusta culear a tu esposa mientras ves que chupa otra verga…? ¿ te gusta mirar cómo pide verga a un extraño y lo disfruta cuando este se la mete..?. Alberto me respondió con voz entrecortada por el placer…: “Ssiiiiii, ¡me encanta!… me excita muchísimo ver lo puta que es mi mujer… ¡Eres un hombre que si sabe como llenarlas de verga y hacerlas sentir en el cielo!… ¡Quiero ver cómo te la tiras, destrózala con tu verga!”. Beatriz soltó un “¡Aaaaaaaahhhhh..!

Alberto volvió otra vez al mete-saca desenfrenado… Beatriz y yo no nos movíamos, ella se limitaba a chuparme la verga con los impulsos que le estaba dando su marido… que incrementó aún más el ritmo y empezó a soltar toda la tensión (y la leche) acumulada… Beatriz soltó mi verga y se quedó a cuatro patas recibiendo la descarga de su marido… agarraba las sábanas con sus manos… tenía los ojos cerrados y la cara desencajada. Con las embestidas de Alberto sus pechos saltaban mientras ella se corría como una posesa (inolvidable espectáculo)… abrió los ojos y se me quedó mirando… yo alargué mis manos y le atrapé las tetas pellizcándole los pezones… Alberto seguía bombeándole el chocho,   ya a un ritmo menor, terminando con aquella monumental corrida…

Alberto le sacó la verga lentamente, ella dio un extraño gemido mezclado con suspiro cuando notó cómo se le salía… se puso de rodillas en la cama todavía de espaldas a su marido y se giró levemente para darle un beso de campeonato… él aprovechó el beso para sobarle un poco las tetas y pellizcarle los pezones. Beatriz dejó el beso y le susurró a su marido: “Quiero que mires, quiero complacerte y quiero que sepas lo puta que puedo ser con la verga de otro, trataré de ser lo puta que siempre me pediste que fuera con otro hombre mientras hacíamos el amor en nuestra cama … Quédate donde estás para que tengas un primer plano de su verga entrando en mi chocho…

” Cuando Beatriz se giró hacia mí se sonrió al comprobar que ya me había puesto el preservativo… De rodillas como estaba se fue acercando hasta dejar su chocho   a la altura de mi verga. Yo estaba boca arriba con media espalda apoyada en el cabecero de la cama, ella quedó de rodillas sobre mí, ofreciéndome una espectacular perspectiva de su cuerpo desnudo y sudoroso (sólo llevaba las medias y el liguero).

Bajó un poco su cuerpo y colocó su chocho   a la altura de mi verga, con la mano derecha me agarró el miembro y comenzó una suave masturbación, frotándose mi verga dura y caliente por la entrada de su chochito, mientras suspiraba y jadeaba sin parar… Yo no podía más… sentía sus tetas aplastadas en mi pecho… Beatriz me besó con mucha calentura… me metió la lengua hasta la garganta… llegaba el momento de sentir la verga de un desconocido clavado en su chocho   como siempre su marido se lo había pedido y había llegado, sin él saberlo, a ser una obsesión para ella… delante de su marido…, ella penetrada como una actriz porno, en público, una verga, dos vergas,…todas las que él quisiera, “ahora ella estaba dispuesta a todo”.

Dejamos de besarnos y se giró levemente… miró a Alberto que estaba sentado a los pies de la cama con su miembro en la mano… observando detenidamente los juegos de su mujer con mi verga y le dijo:

“¿Cariño… quieres ver lo que has estado esperando tanto tiempo…? ¿Quieres verme follando con él…? ¿Quieres ver cómo me penetra su verga…? Míralo mi amor…. mírame…” Diciendo esto se volvió hacia mí y se quedó mirándome fijamente a los ojos y me dijo mientras me agarraba el miembro con la mano derecha y se lo iba introduciendo lentamente…hoy me estoy convirtiendo en una puta, quiero ser hoy tu puta y haz de mi lo que quieras, déjame disfrutar de tu verga…ahhhhhh”  El momento y la situación tenían un morbo indescriptible. Beatriz sentada a horcajadas sobre mi verga se la metió hasta la empuñadura y se quedó totalmente quieta, sintiendo cómo le llegaba hasta el fondo de sus entrañas mientras seguía mirándole fijamente a los ojos….. Yo tenía el miembro como una roca incandescente, casi me dolía, embutido en un chochito muy caliente y que rezumaba jugos como una esponja….. Pensé que no iba a aguantar mucho en aquella situación…

Sentía a Alberto sentado a los pies de la cama con una perspectiva inmejorable de mi verga entrando en el chocho   de su esposa…masturbándose lentamente…

Alargué mis manos y las puse sobre sus tetas…. Beatriz cerró los ojos y empezó a moverse lentamente … y luego con fuerza, mientras subía el tono de sus gemidos a gritos de placer, saltaba sobre mi verga mientras yo le pellizcaba los pezones y le sobaba los pechos… Ella se dirigió a su marido:

“Alberto… me gusta…. me gusta su verga…. mira cómo me está tirando y lo rico que me lo está haciendo, lo hace ricoooo…….. muy rico, perdóname pero que delicioso había sido tener otra verga en el chocho…  ahhhh…ahhhh me estoy corriendoooo”.  “Sigue mi amor… me gusta mucho mirarte…. Asiiiiii” le respondió él…

Beatriz continuaba moviéndose encima mío, contoneando sus caderas mientras subía y bajaba sentada sobre mi verga. Le solté las tetas y la agarré por las caderas con fuerza para incrementar la intensidad de mis golpes de miembro en su chocho…   Ella se mordía el labio inferior, gemía…

Se echó hacia atrás doblándome la verga y aprovechando para acercar su cara a la de su marido y pedirle que la besara…. Mientras lo hacía le meneó la verga por unos instantes y volvió a quedarse como estaba, saltando sobre mi verga… que estaba a punto de estallar después del combate vivido….
Sentí que no tardaría mucho en correrme… la agarré por los brazos y la atraje hacia mí…nuestros cuerpos quedaron pegados otra vez… sus tetas mojadas por el sudor se apretaban contra mi pecho… Nos besamos…Me iba a correr…

Alargué los brazos y la agarré por las nalgas para incrementar el ritmo y fuerza de los mete – saca… poco a poco fui jugando con su culo hasta poner mi dedo índice derecho sobre su ojete…. y ella dio un gemido…Lentamente, aprovechando las embestidas de mi verga en su chocho,   le introduje el dedo en el culo unos centímetros, lo justo para notar mi rabo en el interior de su chochete…. Ella tensó su cuerpo…. se estaba corriendo una vez más…

Alberto, con la voz ronca por la excitación, exclamó: “Así me gusta cariño, que seas muy puta… me gusta que seas muy perra…” “Me gusta ser tu puta mi amor…. quiero ser tu puta… aaaaaaahggg…..” casi chilló Beatriz…. Le saqué el dedo del culo y la agarré con fuerza por las caderas… Y no pude más….Mi verga estalló en el chocho   de aquella mujer que hacía realidad la fantasía de su marido y, seguramente, la suya propia…y por supuesto también la mía. Normalmente me corro de una forma muy violenta y con mucha fuerza…. Mi verga se pone como una barra de hierro, aumenta aún más de tamaño… y escupe abundante semen…. y tras la enorme calentura que llevaba no iba a ser una excepción….

Beatriz echada sobre mí, pecho contra pecho, se había abandonado y yo manejaba su cuerpo a mi antojo… A pesar del preservativo ella sentía los abundantes chorros de leche caliente que escupía mi verga… por los estertores de placer que demostraba… gimiendo, temblando, chillando, sudando…

Tras la monumental corrida fui bajando el ritmo de la follada lentamente… poco a poco…. hasta sacarle la verga del chocho…  . Beatriz dio un sonoro suspiro cuando sintió su chocho   libre otra vez y se dejó caer en la cama, boca arriba, a mi lado derecho,  Alberto nos observaba con la verga otra vez morcillona en la mano, “¡ Jooooder!” exclamó “¡No sabía que tenía una mujer tan puta…!” “Y más puta voy a ser, cariño… a partir de ahora todo lo que me pidas, ya no tengo miedo Voy a ser tu puta…y luego te voy a hacer un regalo, mi amor…” le respondió Beatriz con la voz entrecortada, recuperándose de su último orgasmo…

“¿Qué regalo…?” le preguntó Alberto…”Ten paciencia… Ya verás… es algo que me has pedido varias veces… pero que nunca te he dado y hoy lo vas a tener….” dijo Beatriz sonriendo con cara de malicia.

Estaba acostada boca arriba, sus tetas todavía se movían al compás de su agitada respiración… Alberto se acercó por el otro lado de la cama, se sentó junto a ella e inclinándose se fundieron en una serie de besos…

“Te quiero…” le dijo Alberto a su esposa mientras le acariciaba los pechos suavemente…. “Yo también te quiero a ti…” le respondió ella…

En vista de la situación, me levanté de la cama y me dirigí al baño con la intención de darme una ducha rápida. Mientras caminaba hacia el baño comenté en voz alta: “Parece que todo ha ido bien… ¿no?… “Ambos giraron su cabeza hacia mí y sonrieron… Alberto comentó: “¿Qué tal te pareció mi hembra, es preciosa, verdad? ¿Lo hicimos bien para ser primera vez?,” “Creo que aprenden demasiado aprisa….” comenté entrando en la ducha y abriendo el grifo…

A los pocos minutos, cuando estaba a punto de salir, entraron ellos en el baño. Alberto se quedó apoyado en el marco de la puerta y Beatriz se quitó las medias y el liguero y se metió conmigo en la bañera… “¿Me enjabonas la espalda…?” me preguntó con cara de putita. Le respondí con otra pregunta: “¿Sólo la espalda…?” “Bueno… la espalda… el culo… las tetas… el cochito…., lo que tú quieras…” susurró Beatriz mirando a su marido que le sonreía desde la puerta….

Pensé en la Beatriz que había entrado en el restaurante hacía unas horas… una atractiva señora casada, recatada, tímida…. que ahora me pedía que le enjabonara el culo y el cochito… y que ya me había entregado aquel jugoso y apetitoso chocho,   se había revelado como una mujer ardiente, morbosa, con muchas ganas de dar y recibir placer sin demasiados prejuicios…

Me llené la mano de gel y empecé a frotarle la espalda… rodeé su cuerpo con mis manos y continué con sus pechos generosos… sopesándolos y pellizcándole los pezones entre la agradable sensación de la espuma y el agua caliente corriendo por nuestros cuerpos… Mi verga se había puesto dura y caliente y aproveché para pegársela a su culo… Ella dio un suspiro y se dio la vuelta sonriendo… Me agarró el miembro y, mirando a su marido que seguía en la puerta de pie masturbándose lentamente y fumando un cigarrillo, exclamó: “¡Parece que pronto empezará el segundo tiempo…!

Beatriz me dio la vuelta y se quedó detrás de mí… Con su mano izquierda llena de espuma me masajeaba la verga y los huevos… y con la mano derecha empezó a enjabonarme la espalda… hasta llevar su mano a mi culo… Me enjabonó bien el culo y de pronto sentí que me pasaba los dedos por mi ojete… Ella sintió cómo me estremecí y me susurro: “Quiero dejártelo limpio para pagarte la deuda que tengo contigo…”. Mi verga oyó aquello y terminó de animarse…

Salí de la ducha y cogí una toalla mientras le comentaba a Alberto… “¿No me habías dicho que ella no tenía muy claro lo de hacer un trío…?… ¡Anda que si lo llega a tener claro!… Nos reímos a carcajadas…

Alberto se introdujo en la ducha con su mujer y yo me fui hacia el dormitorio, encendí un cigarrillo y llené nuevamente las copas de champaña… Al poco rato salieron de la ducha y le acerqué una copa a cada uno… “¡Por esta tarde…! “brindé… “Y por las que vengan en el futuro…” comentó Alberto con cara de potro mirando a Beatriz… ” Y por las que vengan en el futuuuro papacito” le respondió ella con cariño a su marido. Estábamos los tres de pie, desnudos en el centro de la habitación… Sentía a Beatriz un poco acelerada… se tomó la copa de champaña de un trago y se quedó mirándonos a Alberto y a mí con expresión de lujuria… Nos miraba de arriba abajo, deteniéndose en nuestras vergas…

Beatriz exclamó: ” ¡Ahora me toca a mí…!. Ahora los dos van a hacer lo que yo les indique, ¿de acuerdo?” dijo mirando a su marido… Alberto la observaba con cara de curiosidad… “Mi amor… ¿Confías en mí…?” le preguntó ella a su marido mientras cogía el sillón y lo colocaba a pocos centímetros del lado izquierdo de la cama… “Por supuesto” respondió Alberto con una picara sonrisa……… para darle más ánimos.

“Pues siéntate aquí, tócate y míranos….. por ahora, ¿esta bien?” le dijo a su marido mientras lo cogía de la mano y lo sentaba en el sillón… “Te prometo que después tendrás algo especial y lo entenderás todo…., ¿esta bien?” Beatriz me miró y con voz casi autoritaria me dijo: “Acuéstate en la cama boca arriba, cerca del borde por favor…”. Yo miré a Alberto con cara de no entender nada pero hice lo que ella me indicaba…

Se acercó a Alberto, le cogió la cara con las dos manos y mirándole a los ojos le dijo: “Mi amor, primero vas a ver algo que tengo ganas de hacer y te gustará, quiero hacer algo que él hizo conmigo y que yo quiero hacer con él. Él me hizo algo que nunca hiciste y quiero que mires para que después me lo hagas igual… quiero que me lo vuelva a hacer, y quiero hacérselo a él…..”  Luego verás cómo me penetra… y después…. después te voy a hacer un regalo… algo que no te esperas y sé que deseas…. ¿de acuerdo cariño…?” Alberto le respondió: ” Beatriz… ya me has dado más de lo que esperaba… me has hecho muy feliz compartiendo conmigo esta fantasía… Me encantará verte follando con él otra vez…. Hazle lo que quieras…. ¡si él se deja, claro! (dijo mirándome mientras sonreía)… Yo sonreí, acostado boca arriba en la cama fumándome un cigarrillo, y le dije a Beatriz: “Yo tendré algo que decir… ¿no?”.

Beatriz se acercó a la cama… pasó la pierna derecha por encima de mi cabeza y se puso de rodillas sobre mi cara, dejando el chocho   a la altura de mi boca y ella de espaldas al cabecero, mirando hacia los pies… “¡Cómemelo, chúpamelooo…!” exclamó con voz llena de lujuria y tono autoritario.
Tenía su chocho   sobre mi boca y sus nalgas en mi cara… no me hice esperar y empecé a lamerle el interior de los muslos, pasándole la lengua suavemente por la piel… Estiré mis brazos hacia arriba y le atrapé los pechos…

Beatriz empezó a suspirar y se dirigió a su marido, que estaba sentado en el sillón a escasos centímetros de ella: “Cariño, ya me has visto tirar con otro hombre…¿Te ha gustado…?”. “¡Mucho!… me gusta y me excita mucho ver cómo te mete su verga y lo mucho que disfrutas con la verga de otra persona…”.

“¿Sabes una cosa?” decía Beatriz suspirando entrecortadamente, mientras yo ya le daba suaves golpes con mi lengua en el clítoris… “¿Sabes que a mí también me gusta y me excita muchísimo que me mires mientras tengo la verga de otro hombre dentro de mi…?… me gusta tener dos vergas para mí sola….¡Uffffffff…que rico es tener dos machos a la vez …… ahhhhhh! ” Yo le comía todo el chocho   con avidez… sus jugos iban inundando mi boca… y mi lengua no paraba de explorar cada centímetro de su caliente e inundado sexo…

Mientras esto ocurría Beatriz seguía de rodillas sobre mi cabeza… se puso a cuatro patas y me agarró la verga con la mano derecha, empezando a moneármela lentamente… La postura intuía un próximo “69”. “¿Te gusta mirar cómo se la chupo…?” volvió a dirigirse a Alberto, que con voz ronca por la excitación le contestó: “¡Chúpasela!”…

Beatriz no se hizo esperar… engulló mi verga de un golpe y comenzó a mamarme el miembro como si le fuese la vida en ello… Estábamos haciendo un fantástico “69”… Yo seguía comiéndole el chocho   cambiando de ritmo… chupando, lamiendo, comiendo, mordiendo… ella suspiraba con su boca llena de mi tranca gorda, dura, caliente… Beatriz paró su mamada, levantó la cabeza y con voz libidinosa casi me ordenó: “¡Lámeme el culo, mete tu lengua ahí otra vez que me pusiste loca cuando lo hiciste!… Házmelo otra vez…”. Le separé las suaves nalgas con mis manos, le abrí bien el ojete y sin pensármelo más ataqué su culo con mi lengua….

“Aaaaaaaaaaaggggghhhh…. Asssiiiiiii…”. “Me gussssstaaaa….mi amor….., me gusta que me coman el culoooo…” suspiraba Beatriz dirigiéndose a Alberto. No lo podía ver pero seguro que tenía el rabo como una piedra observando lo que había organizado su esposa…

Le lamí todo el contorno del ojete para terminar metiéndole mi lengua a modo de verga y follarle el culo con ella…Beatriz volvió a la carga y se metió mi tranca en la boca…pero sólo le dio un par de chupadas y la volvió a soltar… se enfrascó en lamerme los huevos, se los metía alternativamente en la boca y los chupaba…

Segundos después siguió lamiendo por la base de mis huevos… y metió su lengua entre los huevos y mi ojete…. Pensé: “¿Lo va a hacer….? ¿Me va a jugar con su lengua el culo…?. Casi antes de que terminara de pensarlo sentí la lengua de Beatriz explorando entre mis nalgas… mi verga se puso aún más tiesa y dura…

Me separó y me levantó las piernas ligeramente y entonces,… entonces metió su lengua con avidez, con fuerza en mi ojete y empezó a lamérmelo mientras suspiraba con fuerza… Yo seguía trabajándome su ano, incluso había apoyado mi índice muy cerca del agujero y se lo acariciaba junto con mi lengua… Los dos suspirábamos por el placer que nos estábamos dando…. “¡mierda que rico, que puta eres!” oímos exclamar a Alberto… Beatriz seguía comiéndome el culo, parecía que le había gustado la novedad… me relamía el ojete, me metía la lengua… incluso sentí una de sus lamidas penetrar ligeramente en mi ano… Yo le correspondí y le introduje la primera falange de mi índice suavemente pero sin parar… Volví a sentir cómo se contraía… para luego volver a distenderse y permitir la entrada en su agujero prohibido…. me di cuenta de cual iba a ser la sorpresa para Alberto… “¡Aaaaaaaaaghhhhh!… “. Volví a sentir cómo vibraba su cuerpo sobre el mío entregándose a un nuevo orgasmo…

Beatriz separó su cara de mi culo, se apoyó en sus brazos y empezó a suplicarme con voz ronca: ¡Fóllame!… ¡Fóllame!… ¡Fóllame!…

Se levantó rápidamente, se giró y se colocó encima mío (cabalgándome de frente), ahora colocando su chocho   sobre mi verga. Sus tetas brillaban por el sudor, me miró una vez más fijamente a los ojos, me agarró la paloma con la mano derecha y de un sólo golpe se lo metió en lo más profundo de sus entrañas…”¡Qué puta soyyy… ¿te gusta amooor, te gustaaaa?, Alberto estaba excitadísimo que no supo que decir¡!” Ella comenzó a saltar sobre mi verga, que entraba y salía con facilidad de su chocho embadurnado de mi saliva y sus jugos…Brincaba sobre mí haciendo que la penetración fuera profunda… casi la golpeaba con mi miembro en sus entrañas… Sus tetas se bamboleaban al salvaje ritmo que le estaba dando a la cabalgata…

” ¡Cariñooooo…..! . ¡Te lo voy a darrrrr… ! ¡Aaaaaaaaghh….! ” Beatriz se dirigía a su marido casi gritando, con la cara congestionada por el placer, excitada por lo que sabía que iba a pasar…Yo seguía con el mete-saca… dada la rapidez y la urgencia de Beatriz no me había puesto el preservativo y ahora podía sentir su chocho   realmente caliente y húmedo… Seguía rompiéndose el chocho   con mi verga, que no tardaría en escupir la poca leche que me quedaba…

Podía ver a Alberto con su verga en la mano dura y roja por la excitación…  Beatriz le gritó: ” ¡Coge mi bolso!…”. Alberto se puso de pie y cogió el bolso de su esposa… “¿Qué hago ahora…?” le preguntó a ella…”Aaaaaaghhh… ¡Saca el bote pequeño y rosado que hay dentro!….” Vi cómo Alberto revolvía en el bolso y sacaba lo que ella le había indicado… en un segundo la expresión de su cara cambió mostrando una amplia sonrisa: ” ¡Vaselina!” ” ¡Ssiiiiii… mi amorrrr! ¡Rómpeme el culo! Es tuyo…. gritaba ella. ¡ Rómpeme el culo…! repetía mientras seguía cabalgándome…

Mi verga casi se salía de su chocho   dada la enorme cantidad de flujo que humedecía todo… incluso lo sentía correr por mis huevos y mis muslos…

Ante los acontecimientos que se avecinaban decidí ayudar a Alberto, puse una mano en cada nalga de Beatriz y se las separé con fuerza, abriéndole el ojete todo lo que pude… ” ¡¡ Ssiiiiii….. ábremelo…. Quiero sentir dos vergas dentro de míiiiiii…….como me lo dijiste aquella vez Alberto como me lo dijiste… Alberto se untó la verga de vaselina y sentí cómo hacía lo mismo con el agujero virgen de su mujer….

” ¿Quieres mi culo…? ¿Quieres culearme por ahí….? ¡Es tuyo, mi amor…! “Estiré mis piernas poniéndolas rectas para facilitar la postura de Alberto…. Beatriz ya tenía la verga de su marido en la entrada de su ojete… su cara se había puesto tensa… las mandíbulas apretadas… me miraba fijamente a los ojos con una expresión entre temerosa y putísima… “Relájate… relájate si no quieres que te duela…” le dije mientras aflojábamos el ritmo de la follada para facilitar la penetración de Alberto… y al instante pude sentir cómo la punta de la verga de su marido se iba adueñando muy lentamente del ano de Beatriz, iba descubriendo aquel reducto virgen del cuerpo de su mujer….

Alberto empujó con suavidad pero con firmeza y… ¡plop! … consiguió meterle la cabeza gorda y dura de su verga en el culo de Beatriz… ¡Aaaaaaaaaaah! gritó ella cuando sintió que su ano perdía definitivamente su virginidad. Alberto paró y se quedó quieto (el también sabia lo que hacia), como esperando que el ojete de su mujer se relajara y se distendiera, acostumbrándose a la presencia del deseado pero doloroso intruso… Yo había parado mi mete-saca para facilitar la penetración de Alberto, pero en vista de que él se lo tomaba con mucha paciencia y delicadeza (era lo mejor), decidí continuar tirándome a Beatriz ahora lentamente para que ella no perdiera el clímax al que había llegado.

Alberto la tenía agarrada por las caderas con la punta de la verga ya dentro del culo de ella, yo le acariciaba los pechos y me movía despacio haciéndole sentir cómo entraba y salía cada centímetro de mi verga… Beatriz tenía una cara que era todo un poema.  Sus facciones eran una mezcla de miedo y lujuria, ansiosa por sentirse penetrada, y bien culeada, también ella quería y tenia derecho a sacar partido de la situación, y calmar lo que tanto había pregonado su marido hasta hacerlo en sus sueños una obsesión ser penetrada por dos vergas a la vez….pero al mismo tiempo temerosa del dolor que aquello podría significar para ella… Alberto le preguntó: ” ¿Estás bien mi amor…?”. “Ssssssiiiiiiiii……, métemela toda…. por favor….métemela toda……ábreme más el culo yaaaaaaa…..” respondió ella.

Beatriz estaba de rodillas apoyada sobre sus brazos, sentada sobre mí y con mi verga ensartada en el chocho,   sus pechos colgaban sobre mi cara… tenía la cabeza de la verga de su marido dentro de su culo… su expresión era de dolor mezclado con expectación…  Le cogí los brazos e hice que no se apoyara en ellos, cayendo su cuerpo sobre el mío… sus pechos se aplastaron contra mi pecho y aproveché para fundirnos en un beso de lengua suave y húmeda… Quería transmitirle seguridad, quería que se relajara… Pasé mis brazos por su espalda y la abracé apretando su cuerpo contra el mío…. De aquella forma su culo se levantó ligeramente y se abrió, facilitando la tarea de su marido. La mantuve así y me dediqué a acariciarle la cara mientras movía mi verga lentamente dentro de su cochito…

Entonces pude ver la cara de Alberto, roja de excitación. Nos miramos y nos transmitimos un sentimiento de complicidad y agradecimiento…

Alberto comenzó a empujar con suavidad pero con decisión… Ella respiraba agitadamente y yo podía sentir cómo la verga de Alberto se abría paso en las entrañas de Beatriz… hasta que sus huevos chocaron con las nalgas de su esposa…. Nos quedamos los tres inmóviles durante unos segundos…

Beatriz, por primera vez en su vida, tenía dos vergas grandes, gordas y duras en lo más profundo de su ser… comenzó a temblar… era como si tuviera frío… pero no… se estaba corriendo…. estaba teniendo un orgasmo sublime, suave, maravilloso…

“¡Madreeeee míiiiiiiiiiiaaaaaaa….cuánto placerrrrrrrrrr…! Exclamó en un susurro.

Sentía la verga de Alberto a través de la membrana que separa el chocho   del culo… Él empezó a moverse lentamente, iniciando un suave mete-saca en el culo de Beatriz, que seguía abrazada a mí con sus tetas aplastadas contra mi pecho y se reponía de su enésimo orgasmo… Me coordiné con los movimientos de Alberto y también comencé mi mete-saca en el chocho   de Beatriz… Ahora tenía dos vergas en movimiento en sus entrañas y estaba seguro que pronto iba a encadenar el orgasmo que terminaba con uno nuevo y quizás más fuerte…  Alberto aumentaba el ritmo de su follada en el recién estrenado culo de su mujer… yo apenas me movía puesto que sus embestidas ya provocaban el movimiento suficiente para que mi verga entrara y saliera del chocho   de ella sin apenas moverme…  Beatriz volvió a apoyarse en sus brazos, separándose de nuestro abrazo y volviéndome a ofrecer sus pechos en mi cara… volví a pegarme a ellos como un niño… chupando, lamiendo, mordiendo… Sus pezones iban a reventar… Beatriz jadeaba, gemía… su cara estaba desencajada de tanto placer… sudaba… el sudor resbalaba por su cara, por sus pechos… por todo su cuerpo, haciendo aún más morboso el momento que estábamos compartiendo…

Podía ver la cara de Alberto… estaba tenso… concentrado en la follada que le estaba ofreciendo a su esposa… pensé que ninguno de los dos aguantaríamos mucho más… Beatriz volvía a convulsionarse… a temblar… tensando los músculos de la cara… sus manos estrujaban las sábanas… se estaba corriendo una vez más…. ” ¡¡Me están rompiendoooooo….. Me están abriendooooo…… me corrooooooooo………aghhhhhhhh………. !! ” Y volvió a desplomarse sobre mí… Alberto fue disminuyendo el ritmo… pensé que sentía la inminente corrida…

Beatriz pensó lo mismo que yo porque se dirigió a su marido con voz entrecortada: “Espera mi amor….. No te corras…. espera…. la quiero en mi boca….. por favor… ” Ella alargó su mano derecha hacia atrás colocándola en el vientre de su marido, que estaba pegado a sus nalgas, con ademán de que le sacara la verga. Sentí como Alberto abandonaba el canal trasero y cómo su tranca se retiraba lentamente…  Una vez sintió su culo liberado del intruso, se sacó mi verga del chocho   y se dejó caer a mi derecha, volteándose y quedando boca arriba sobre la cama…. “Acércate mi amor… ven cariño… dame tu leche…” le dijo a su relativamente asombrado marido quien a la vez se quitaba el preservativo, el había comprobado cómo en aquella tarde su recatada y atractiva mujer se había liberado de una educación represiva y unos prejuicios impuestos y se había revelado como una gran folladora, una gran puta y una gran culeadora… como una mujer decidida a disfrutar de su cuerpo y a dar placer con su cuerpo…

Alberto, con síntomas de cansancio, se acercó al lado derecho de la cama y se colocó de rodillas acercando la verga a la boca de su esposa… Beatriz no perdió el tiempo y la engulló con avidez mientras pasaba la mano derecha entre las piernas abiertas de su marido para acariciarle el culo… Me sorprendió lo perra que se había vuelto al pasarse la verga de su culo directamente a su boca, sin mayor problema… Beatriz alargó la mano izquierda y me agarró el miembro, tirando de él hacia arriba… entendí que quería que me colocara en la misma posición que su marido, y así lo hice…

Estaba acostada en la cama, boca arriba. A su lado derecho estaba Alberto con la verga a punto de explotar en la boca de su esposa, que chupaba, lamía, besaba y relamía la tranca con dedicación… A su lado izquierdo estaba yo, recién colocado y dispuesto a recibir el mismo tratamiento que Alberto…

Ella pasó su mano izquierda entre mis piernas abiertas, al igual que hizo con su marido, y se dedicó a acariciarme el culo…. Me apretaba las nalgas… me pasaba un dedo por la raja… y a mí aquello me gustaba y me estaba excitando mucho….  Alberto y yo nos mirábamos, cansados pero excitados, esperando la inminente corrida y disfrutando de las desconocidas y sorprendentes innatas habilidades de Beatriz… Con las manos ocupadas en nuestros culos, ahora ella alternaba nuestras vergas en su boca buscándolas con sus labios y con su lengua… Sentí un dedo de Beatriz merodeando por mi ojete… Le acariciábamos los pechos…le pellizcábamos los pezones… y ella estaba enloquecida esperando la descarga… ansiosa de leche en su boca… “¡Quiero tener dos vergas en mi boca… juntas! ¡Quiero que me llenen la boca de leche… Quiero tragármela toda…!” Alberto y yo nos agarramos la verga con la mano y se las metimos juntas en la boca de Beatriz… Sentí mi verga junto a la de él y ella abriendo su boca al máximo para poder acaparar los dos miembros al mismo tiempo… Parecía que sus ojos se iban a salir de las órbitas…

Los tres estábamos muy, pero que muy excitados, y tanto Alberto como yo ya teníamos muchas ganas de corrernos y liberarnos de tanta tensión acumulada… Sentí un dedo de Beatriz que volvía a jugar con mi ojete… el dedo fue rodeando mi ano hasta que ella intentó introducirlo y… metérmelo en el culo… Supuse que estaba haciéndole lo mismo a su marido y supuse bien por la cara de gusto que tenía Alberto… No podía aguantar más ni quería aguantar más… Beatriz todavía jugaba con las dos vergas en su boca… y con los dos culos con sus dedos… ” ¡Mira que tu mujer es una linda y sensual putita… !” ¡Mira que eres puta Beatriz…!” exclamé sintiendo el inminente orgasmo… y exploté…

Mi cabeza y mi verga estallaron en una corrida descomunal… Miré fijamente a la cara de Beatriz que, sintiendo mi orgasmo, separó el miembro de su marido y abrió su boca y sus ojos para disfrutar de aquel momento irrepetible… recibió la primera descarga con avidez… pero también la segunda… y la tercera… no dejaba que se escapara una sola gota… y al mismo tiempo que la leche inundaba su boca era tragada hacia su garganta con una avidez impresionante… La cara de Beatriz era puro morbo. Ver cómo su boca recibía y tragaba la corrida era puro morbo…

Mi verga no paraba de expulsar borbotones de leche y yo hacía esfuerzos por mantenerla dentro de la boca de Beatriz y mantener el equilibrio… Alberto, excitado por el espectáculo, acercó el rabo a la boca de su esposa con desesperación… Ella, consciente de lo que ocurría, intentó abrirla más y…
Alberto también explotó… Cuando mi verga ya escupía los últimos chorros, su marido comenzó a descargar, y Beatriz repitió la operación de no dejar escapar ni una sola gota de semen, aquello que logro escapar ella misma lo distribuyo habidamente en sus senos y con sus propias manos,…

Terminada mi corrida me dejé caer hacia atrás exhausto, y me quedé sentado en la cama junto a Beatriz mientras ella seguía engullendo los últimos estertores de Alberto… La imagen era de lo más morbosa: Beatriz, una atractiva hembra de 32 años, estaba acostada boca arriba en la cama totalmente desnuda, su cuerpo brillaba cubierto con una película de sudor… tenía un hombre desnudo a cada lado mientras se pasaba los dedos de la mano derecha por su boca, relamiéndose las últimas gotas de semen con la lengua… Los tres teníamos la respiración agitada y nos quedamos en silencio durante unos segundos, acostados, recuperando el aliento…

Alberto abrazó a su mujer y la besó con un beso de tornillo de lo más sugerente… Yo me senté en la cama, encendí un cigarrillo y se lo pasé a Beatriz, que ya había terminado el beso con su marido… Le pasé otro cigarro a Alberto y yo encendí otro para mí… Nos los fumamos mientras comentamos lo maravillosa que había sido la experiencia. Alberto estaba realmente contento, cansado pero muy contento…  Beatriz se notaba satisfecha y algo sorprendida de sus reacciones tan sensuales y tan morbosas con los dos hombres que había tenido a su disposición aquella tarde… Yo sonreía y les comentaba que estaba muy satisfecho y muy contento por lo bien que había salido todo.  Les comenté que me parecían dos personas extraordinarias y que me alegraba de haberles “pervertido” un poco…. Nos reímos a carcajada… Alberto dijo que le daba mucho morbo ver a su esposa con otro… que había disfrutado mucho… y agradecía mi actitud de tacto y respeto con ellos sin haber renunciado al morbo y a la sensualidad…

Una vez me hube terminado el cigarro me levanté y me fui al baño mientras les comentaba que ahora ellos deberían quedarse acostados, y cuando yo ya no estuviera, deberían follar apoteósicamente recordando la experiencia vivida esta noche… ambos se miraron y sonrieron…

Me introduje en la ducha y abrí el grifo. El agua caliente cayó sobre mi cuerpo y una agradable sensación me envolvió… cerré los ojos y me relajé…luego de terminar salí del baño, Beatriz al verme se levantó de la cama y se dirigió al baño comentando que necesitaba una buena ducha para poder seguir con los ojos abiertos pues los ojos se le cerraban y las piernas le temblaban de cansancio. Una vez que ella desaparecía Alberto me preguntó “Y bien, ¿que te pareció? ¡Uffff…Tienes una esposa volcánica!” le contesté sonriendo… “Es maravillosa, de verdad, todo un volcán…” Me senté en el sillón y encendí otro cigarrillo antes de vestirme.

“Si supieras que nunca había sido así…” me contó Alberto. “Beatriz es una mujer maravillosa, pero hasta ahora, por su educación había sido una mujer muy convencional en la cama… Estoy realmente sorprendido de sus reacciones de hoy… No te puedes imaginar lo alucinado y lo contento que estoy… Creo que se ha abierto una puerta en nuestro matrimonio…. Y lo más importante… es que supimos elegir a la persona adecuada para un buen comienzo y que ese sea un buen augurio..” me confesó Alberto. Yo estaba sorprendido y agradecido por la confianza, os comentarios y las confesiones que me hacía…

“Llevaba años pidiéndole que me dejara culearle el ojete…. No te imaginas lo que significa para mí lo que ha hecho hoy… ¡Regalarme su culito que lo tiene riquito de verdad…!. Continuó. “Sólo hice lo que me pediste y lo que te prometí hacer… nada más…” le contesté… “Además, culearme a tu esposa ha sido una experiencia impresionante y muy, pero que muy morbosa… Yo también te agradezco muchísimo que me lo hayas permitido…” “Y espero que no sea la última vez…” comentó Beatriz con una sonrisa mientras salía del baño… Alberto y yo nos reímos a carcajadas….

Una vez me terminé el cigarrillo miré el reloj, eran las doce y media (poco más de media noche), y comencé a vestirme.

“Han pasado cinco horas y media desde que nos sentamos en el restaurante” comenté. “Cinco horas y media que han cambiado nuestras vidas” subrayó Alberto. “Sí mi amor, esto ha cambiado nuestras vidas, porque espero que repitamos esto de vez en cuando… ¿verdad?” comentó Beatriz.

Yo ya había terminado de vestirme y me dispuse a despedirme…

“Bueno… ya saben lo que tienen que hacer… ahora les toca hacerlo como locos recordando la experiencia vivida y compartida… consejo de quien entiende por que paso por la misma grata experiencia…” les dije mientras me acercaba a la puerta. Ambos sonrieron. Beatriz estaba de pie y se acercó a mí. “Gracias por todo cariño” me dijo…

Alberto se levantó de la cama y se acercó a nosotros estrechándome la mano efusivamente con sus dos manos “Gracias, gracias por todo… A partir de ahora quiero que sepas que te considero mi amigo…” Me dispuse a abrir la puerta. Alberto y Beatriz se miraron… Beatriz se acercó a mí y me dio un último beso en los labios “Gracias por el placer que me has dado… hasta pronto” “Eso, hasta pronto…” repitió Alberto…”Mañana te envío un e-mail… adiós”.

Abrí la puerta, salí y la cerré mientras los dos me miraban de pie,  desnudos, uno al lado del otro…

Después de aquella maravillosa experiencia mantenemos una muy fluida correspondencia vía e-mail en la cual estoy al tanto de ciertas gratas y apasionantes experiencia que les toco vivir y que quieren según ellos enseñarme algunas cosillas que ellos aprendieron..

Alberto me confiesa los cambios que ha experimentado Beatriz en su comportamiento sexual y me comenta que sus vidas han mejorado en ese aspecto. Ahora se sienten más cómplices, ahora comparten un secreto por lo que se sienten más unidos…

Quiero insistir en que este relato es totalmente verídico y que, básicamente, sucedió tal como lo cuento…y lo que me impulsó a escribirlo es el respeto y agradecimiento a esa fabulosa pareja a quienes prometo pronto estar ahí….y esta dedicada a muchas otras que merecen alguien que realmente valga la pena, para empezar esta fascinante actividad erótica de pareja. Quizás el relato me ha quedado un poco largo, pero he querido hacer hincapié en los detalles porque me parecen le dan un morbo especial a la historia.

Autor: Carlos

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