Al primer vistazo

Gabriel sintiendo los espasmódicos movimientos de mi pene me dijo como si estuviera poseído por un espíritu insaciable de amor, quiero tu semilla dentro de mi, sus palabras me provocaron una mayor excitación y como por arte de magia una cascada de líquido lechoso inundó el trasero de mi amante, que gemía de placer al sentir como el jabonoso líquido facilitaba el acto sexual.

Desde que lo vi entrar en aquel centro de comercio me cautivó, tuve que dejar el libro que tenía en mis manos para poderlo seguir mejor con la mirada, era un chico alto, de tez blanca, la luz de las lámparas tenues se tornaba encandiladora al chocar con sus rubios cabellos, su porte tan varonil y a la vez tan estético hizo sentirse insegura a mi tan normal sexualidad, nunca había tenido deseo por una persona de mi mismo sexo, pero mis instintos en ese momento me exigían, me imploraban dirigirme hacia aquel joven símbolo de la belleza masculina, cuyo cuerpo solo iba cubierto por unos pantalones cortos azules como sus relampagueantes ojos y una playera blanca que dejaba ver claramente su esbelta silueta.

Me dispuse a seguirlo, y a los pocos metros me pude percatar de que ningún vello, ninguna imperfección contaminaba sus inmaculadas extremidades, lo seguí algunos metros más antes de que se detuviera en la nevería a pedir una malteada, yo no resistí, mi instintivo comportamiento me condujo hasta estar justo detrás de él, al estar lo suficientemente cerca, me desplacé hacia un lado rozando mi entrepierna con su deseable trasero, haciendo parecer que todo había sido un accidente, yo también pedí una malteada al nevero, e inmediatamente después pregunté al joven su nombre mintiéndole al decirle que me parecía conocido, él me contestó con una voz casi musical a ritmo de adagio -Gabriel- más me dijo que no podíamos ser conocidos o él me recordaría. Su altivez me resultó un tanto excitante, y la tomé como un deseo de él por conservar mi charla, entonces le dije – aunque no seamos conocidos podemos charlar verdad – y él me respondió – ¡claro! -.

Nos sentamos a una mesa vacía mientras tomábamos de nuestras respectivas bebidas, después de charlar un rato, donde yo trataba de cortejarlo de la manera más sutil, me atreví a preguntarle si le gustaría acompañarme a mi casa a tomar un trago. Después de unos segundos de pensarlo, me respondió positivamente. Nos levantamos de la mesa después de que le pedí que me permitiera pagar la cuenta, lo cual también aceptó.

Mientras caminábamos hacia mi auto cada vez me convencía más de que yo no tendría ninguna posibilidad de intimar con él, pues su figura y personalidad masculina me hacían perder mis esperanzas. Al fin llegamos al auto y conduje hacia mi departamento.

En el transcurso del camino ambos fuimos presa de un silencio insoportable que me arrebataba mis últimas posibilidades de poseerlo. Al llegar a la casa, le pedí que tomara asiento en el sofá, mientras yo servía algunas copas, me senté junto a él y le di una copa, al beber de ellas, ambos nos quedamos mirándonos a los ojos, esos ojos me absorbieron, me dejaron pasmado, hipnotizado y él después de unos segundos rompió el silencio diciendo – tu mirada me ha revelado tus más íntimos y recónditos secretos, más tengo que estar seguro, necesito que me digas lo que deseas con tu propias palabras, necesito oírlo de tus labios…

Yo con el cuerpo y el pensamiento inmóvil le dije – te deseo, sinceramente desde el primer momento que te vi, tú me hiciste sentirme inseguro de mi mismo, de mi virilidad, nunca había deseado así a un hombre, o cualquier otra persona, más si algún día he de probar mi mismo sexo, he de hacerlo contigo…

El muy seguro de si mismo me confesó que él tampoco había sentido eso nunca, y que nunca había probado su mismo sexo después me dijo abiertamente – vamos a probarnos ahora mismo, no se lo que me ha sucedido, pero estoy seguro de lo que deseo -. Al escuchar estas mágicas palabras, me abalancé sobre él, dirigiendo mi boca hacia sus labios carnosos, él me aceptó apasionadamente pasando sus brazos por arriba de mis hombros, mis manos se dirigieron de su espalda a la parte posterior de sus piernas desnudas, pues no alcanzaban ni un centímetro de tela de su pantaloncillo corto. Sentí de pronto como el afecto de sus brazos se reeditaba con sus piernas, las cuales pasó cada una a un costado de mi cintura, dejando nuestros genitales en roce, solo distanciados por nuestra vestimenta. Detuve un momento mis besos frenéticos para quitarle la playera, al hacer esto, quedó frente a mi un tórax y un abdomen ejercitados y desarrollados por la actividad física, no me resistí… besé y acaricié su pecho lampiño, a lo que él respondía con gemidos suaves producidos por la excitación.

Los ruidos producidos por Gabriel generaron en mi una gran excitación, cuando me di cuenta, ya estaba besando su ombligo, a pocos centímetros de su pantaloncillo. No pude contenerme, puse mi rostro justo enfrente de sus genitales y con ambas manos comencé a bajar sus shorts y sus calzoncillos al mismo tiempo, esto me mostró de cara a un pene hermoso y pulcro, rodeado de escaso pero fino vello rubio al igual que su cabellera, su miembro apuntaba hacia mí en una total erección, como pidiéndome que saciara mi sed con el.

Entonces yo lo tomé con mis manos y acerqué mis labios. Al principio solo besaba la cabeza utilizando también mi lengua, pero no me pude contener a probarlo en su totalidad, introduje lo que pude en mi boca, mientras mis manos acariciaban su bello par de testículos, esto produjo un grito de placer de mi compañero y reaccionó subiendo sus piernas por encima de mis hombros. Estuve así un rato chupando y besando su miembro de momento en que lo besé cariñosamente. En ese preciso momento me percaté de algo increíble… sus rasgos varoniles y masculinos habían desaparecido, estaba con él en la misma posición con la que había estado tiempo atrás con numerosas mujeres en ese mismo sofá, y no era capaz de distinguir la diferencia, salvo que mi actual “compañera” tiene un clítoris enorme y era mucho más ardiente, cariñosa y apasionada que las demás.

Nuestros penes jugaban acariciándose como lo hacíamos nosotros, era el bien contra el mal, la inocencia contra la experiencia. No me pude contener, tomé mi pene y lo dirigí a su entrada, mi compañero se dejó caer suavemente sobre mi con un rostro de excitación incomparable, yo lo tomé por la cintura y los glúteos mientras besaba su boca, su cuello y su pecho, Gabriel subía y bajaba lentamente, saboreando al máximo cada vez.

Así estuvimos durante varios minutos hasta que el se separó de mi, se recostó en el sofá boca arriba y me dijo dulcemente – toma la iniciativa – yo deseoso de seguir poseyéndolo levanté sus hermosas piernas y acerqué mi miembro a su trasero.

Lo penetré de una sola embestida, y él gimió de placer, comencé a hacer movimientos de vaivén, mientras acariciaba su pene y su pecho; acerqué mi boca a la suya en una exhibición de gimnasia y lo besé tiernamente, estos movimientos continuaron y mientras nuestra excitación aumentaba, también aumentaba la rapidez de mis embestidas. Después de unos breves minutos comencé a sentir que venía el desenlace inevitable…

Gabriel como presintiéndolo y sintiendo los espasmódicos movimientos de mi pene me dijo casi gritando, como si estuviera poseído por un espíritu insaciable de amor – derrámate en mí, ¡quiero tu semilla dentro de mi! – sus palabras provocaron una mayor excitación en mi y como por arte de magia una cascada de líquido lechoso inundó el trasero de mi amante, que gemía de placer al sentir como el jabonoso líquido facilitaba el acto sexual.

Estuvimos así durante algunos instantes, y después no se lo que sucedió, despertamos desnudos en la cama, él con su cabeza apoyada en mi pecho. Pero esto presagiaba una continuación de este repentino romance…

Si quieren saber nuestros encuentros posteriores o si te gustó el relato dejen sus comentarios… ¡adiós!

Autor: Benjammx

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