Papá y yo somos amantes

Amor filial Hetero, Padre e Hija. Besos muy pequeños, tu miembro dentro de mí, muy lejos se escucha el pitido del tren, es el orgasmo que se anuncia, pueden verse los rieles entre la hierba, por aquí vendrá exigente, el tren más cerca, “te quiero, Loreto” “te quiero, papá”-ya no hace falta silbido, se escucha a la perfección la máquina poderosa ensordeciendo el silencio: Ya viene vida mía, ya llega, amor, ahí está.

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Una bella mujer, un bello sueño

No quiero que termine, no quiero correrme, quiero seguir disfrutándolo, pero no puedo y de repente lo siento, un orgasmo tan maravilloso y tú sigues lamiendo mi vagina y no dejas lugar sin lamer, hasta que yo termino de gemir, mi miras y te acercas, me das un beso y te apoyas en mi pecho, escuchas mi respiración agitada, cierras los ojos y me dices con tu voz tan dulce, es un secreto.

Esta historia es solo un sueño o fantasía, como quieran llamarlo.

Llamaste avisando que habías llegado, fui a abrirte la puerta, te vi solo unos segundos y me gustaste inmediatamente, te invité a pasar, subimos a mi pieza donde nuestras amigas se terminaban de arreglar para ir al cumpleaños, nos llevaste a comprar y de reojo te miraba, eres preciosa, tu carita tan delicada, tus ojos preciosos, esos ojos misteriosos que tanto me gustan, tus labios tan perfectos, y tus pechos enormes y perfectos, tu cuerpo delgado pero preciso y delicado, llegamos a la fiesta y trataba de estar siempre contigo a tu lado, aunque no te decía nada, pero no importaba, tan solo me gustaba mirarte, quería tocarte, besarte entera, hacerte el amor como si fuera la última vez,  me gustaba cuando te reías, cuando mirabas de manera misteriosa, como te movías cuando bailabas, no podía dejar de mirarte, en mis sueños te veía.

En mis sueños, te abrazaba por detrás, tú giras tu cabeza y me miras, me acerco y te doy un dulce beso con miedo a que me rechaces, pero no haces nada, giras tu cabeza y no dices nada, yo te miro esperando algo y tú no haces nada, pero seguimos abrazadas, juntas, te miro varias veces esperando algo, pero nada, de repente inclinas tu cabeza y la apoyas  cerca de mi cuello y ahí te quedas, la gente nos empieza a mirar, pero no te importa, después de un rato tomas mis brazos y los sacas de tu cuerpo, te vas, te sigo con la vista, mi cabeza dice síguela, pero mis pies no se mueven, ya no te veo, ya ha pasado mucho rato y tú no apareces, me dirijo al lugar donde ibas y te encuentro sentada mirando al espacio, tu vista está perdida, estás pensando…

¿En que estás pensando?, no me acerco, no quiero molestarte, pero quiero hacerlo, quiero sentarme cerca de ti, con miedo me acerco y me siento junto a ti, me sientes y bajas la vista, no dices nada, maldito silencio, no sé qué hacer, veo tu mano moverse y se posiciona encima de la mía, me miras y te acercas cierras tus ojos y me das un beso, no escucho nada, solo siento tus labios en los míos, el beso cada vez es más fogoso, te separas y me miras y yo me acerco más y te beso nuevamente, tus labios son deliciosos, me separo, para que respires, pero no dejo de besarte, beso tu cuello, tiernamente lo beso.

Me pides que pare, lo hago y tú te levantas con la respiración agitada, no sabes que quieres, yo sí, me levanto, te tomo por la cintura y nuevamente beso tu cuello, te suelto la capa del disfraz, corro la polera para besarte el hombro, te das vuelta, y buscas mis labios, te acerco a mí y nos fundimos en un beso, bajo a tus pechos y los beso delicadamente, te saco la polera y solo queda tu sostén, miro esos maravillosos pechos que tienes, y solo quiero tocarlos, tú te sacas el sostén, y me tomas la mano y la pones en tu pecho, los besos, los chupo como un dulce o golosina.

Bajo por tu vientre, y vuelvo a subir para encontrarme nuevamente con tus labios, me sacas la polera y los sostenes tan rápido que me sorprende, solo nos quedan los pantalones, unas simples prendas que nos separan de nuestra noche de amor, pero los pantalones desaparecen en un par de segundos, tu rapidez saca los míos y mi deseo de sentirte enteramente sacan los tuyos, estamos totalmente desnudas, besándonos fogosamente, locamente.

Te acuesto en el suelo de beso la panza y bajo, te abro suavemente las piernas y me acerco a besarte en tu preciosa vagina, solo un beso hacen que te muerdas los labios y lo disfrutes esperando algo mas y te lo doy, delicadamente te beso y te chupo la vagina, mi lengua juega con tu clítoris, lo tomo con mis labios, te gusta, te excita, me lo das a conocer con tus gemidos de placer, te tocas los senos, yo continuo con mi labor…

Juego con tus labios vaginales, meto mi lengua en tu vagina, y la saco, lo hago varias veces, te gusta, me tomas la cabeza con tus manos, para que no me aparte de tu vagina y no lo hago continuo, cuando empiezas a gemir más de prisa y me sujetas la cabeza con más fuerza, cuando de repente siento tu cuerpo moverse como si tuvieras convulsiones y me doy cuenta que tienes un orgasmo, continúo chupando y bebiendo todos tus jugos, son deliciosos…

Termino de beberlos todos y subo besando por tu panza hasta tus labios y nos unimos con un beso lleno de amor, me besas por todos lados, pones tus manos en mi cintura y yo mi mano en tu vagina, te empiezo a tocar, tú me pones al lado tuyo sin separarnos, tú te pones arriba y con tu mano empiezas a tocar mi vagina, siento miles de cosas que no puedo describir y se siente tan rico que quiero más mucho más…

Te das cuenta me miras y sonríes, bajas a mi vagina y empiezas a lamer, dejándome con muchas ganas, lo sabes y lo disfrutas, me tomas las manos y alejas de ti, no las sueltas mientras juegas con mi vagina, no dejas que mis manos te toquen la cabeza, paras, me miras y vuelves a mi vagina, pero esta vez vas con todo, lames y chupas con ganas, me succionas y me excita cada vez más…

No quiero que termine, no quiero correrme, quiero seguir disfrutándolo, pero no puedo y de repente lo siento, un orgasmo tan maravilloso y tú sigues lamiendo mi vagina y no dejas lugar sin lamer, hasta que yo termino de gemir, mi miras y te acercas, me das un beso y te apoyas en mi pecho, escuchas mi respiración agitada, cierras los ojos y me dices con tu voz tan dulce, es un secreto. Te levantas, te vistes y te vas, sé que no volverá a suceder, se que solo lo hiciste por mí, pero fue un momento maravilloso que guardaré con mucho amor.

Si quieren compartir y escribir algún comentario pueden hacerlo a mi correo.

Autora: kaliope

kaliope.blue@gmail.com

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Continúa el romance de Clara y Teresa

Abrí mis piernas, ella se paró a los pies de la cama a observar mi humedad, luego se acostó a mi lado y me acarició suave y amorosamente hasta que me corrí en su mano. Toda su mano estaba en mi vagina, y se movía, giraba, entraba y salía. Sus ojos no se apartaban de los míos, su respiración se confundía con la mía. Era como si el tiempo nunca hubiera pasado, una comunión perfecta.

Luego de aquel fin de semana increíble, de un reencuentro que nunca pensé tuviera tanta pasión, me volví a casa. Los siguientes días, fueron interminables, la extrañaba mucho, si bien hablábamos todos los días y nos decíamos lo mucho que nos queríamos y nos hacíamos falta, yo no resistía la soledad. Lloraba en el teléfono como una niña.

Todo lo bueno del reencuentro, se tornó en una pesadilla de soledad y ansiedad sin control.  Una noche la llamé muy tarde, y hablamos hasta la madrugada. Ella no podía dejar su trabajo, y quería que yo me fuera a vivir con ella. Yo estaba confundida, pero la necesitaba mucho, finalmente decidí pedir unas vacaciones para poder pasar más tiempo juntas y ver como funcionaba todo.

Nosotras ya habíamos vivido juntas en nuestra primera etapa, y nunca tuvimos problemas de convivencia, pero ya no éramos las mismas y estábamos muy acostumbradas a las mañas de la soledad.

Yo tenía casi todo listo para viajar, cuando una mañana, tocaron timbre de mi casa y al abrir estaba allí parada mi Tere. La felicidad, me inundó, fue un momento sublime, aquel abrazo, aquel beso no los podré olvidar jamás. Pasamos unos días en mi casa antes de viajar a B.S., hicimos un par de reuniones para que se reencontrara con viejas amistades, visitamos a mi familia, nos escapamos una tarde a un hotelito que solíamos frecuentar en La Paloma. Después de esa semana de sueño, viajamos a su casa, pues tenía que volver al trabajo. Cuando llegamos noté algunos cambios, básicamente tenía un dormitorio nuevo.

Clara – Ay Tere que lindo, cambiaste los muebles. Teresa – Mi amor, no te olvides que estamos comenzando una nueva vida. Yo espero que te quedes conmigo para siempre, y que te sientas la dueña de casa. Clara – (sumamente emocionada) Te amo como nunca amé a nadie.

En ese momento me desnudé, y ella al mirarme hizo lo mismo. Luego, durante varios minutos, nos miramos hasta el último rollito, la última arruga. Las miradas eran caricias amorosas que mostraban entrega total y absoluta. Su cuerpo era para mi el más hermoso y deseable del mundo. Mi cuerpo era para Teresa el más adorado y ansiado.

Me acosté en nuestra cama, y abrí mis piernas totalmente, ella se paró a los pies de la cama a observar mi humedad, luego se acostó a mi lado y me acarició suave y amorosamente hasta que me corrí en su mano. Toda su mano estaba en mi vagina, y se movía, giraba, entraba y salía. Sus ojos no se apartaban de los míos, su respiración se confundía con la mía. Era como si el tiempo nunca hubiera pasado, una comunión perfecta. Ella tomó mi mano y la llevó a su sexo, para masturbarla duro, como a ella le gusta.  Primero utilicé mi mano, pero después deseaba comer su sexo y hundí mi cabeza entre sus piernas, hasta que sentí mi rostro bañado por su licor.

Corazones agitados, jadeos incesantes, besos, olor a sexo caliente, nuestra habitación era la gloria.

Después de un rato, nos sentamos enfrentadas y trenzamos las piernas para poder chocar nuestros sexos uno contra el otro. Muy abrazadas, con los pechos apretados, sudorosas y anhelantes, fue un momento maravilloso, un delirio. Era clarísimo que teníamos que seguir juntas y que no haberla seguido la primera vez que se fue del país fue un gran error. A partir de allí formamos una pareja sólida en todos los sentidos. Durante varias semanas vivimos una luna de miel, puede que alguien piense que es una ridiculez: dos veteranas, con mil batallas peleadas, viviendo un romance. No sé, puede ser, pero la verdad es que nos sentíamos de veinte, en todos los sentidos.

Salíamos a bailar, a caminar, nos reíamos sin razón aparente, y reavivamos la pasión. La pasión era por momentos incontrolable, una tarde cuando volvió de trabajar, yo estaba haciendo algunos ejercicios de yoga en el living. Se sentó muy en silencio a observarme y cuando terminé ya no estaba. Me levanté medio sorprendida a buscarla y la encontré en la ducha. La puerta del baño estaba abierta, como la mayoría de las veces, observé su figura mojada, fresca, deseable y no pude contenerme, me quité la ropa y entré a la ducha.

A partir del momento en que rocé su piel, ella giró hacia mí y nos besamos mucho, apretadas una contra la otra.

“Dame toda tu mano”, le pedí. Ella se agachó muy lento, acarició mis piernas, besó mi escaso vello púbico y su mano fue lentamente ubicándose, en mi sexo buscando mi vagina. De a poquito y con un leve y dulce dolor, su mano entera se movía en mi interior, generando en mi ser, oleadas de placer, calor, mucho calor, mi sexo ardía en deseos de ser suya. No quería que se saliera, yo la deseaba como nunca antes.

Finalmente salimos del baño, y yo seguía ardiendo en deseos de ser suya. Me tendí en la cama, abrí mis piernas, y solo tuve que mirarla, para que Teresa comprendiera. Bañó su mano con lubricante y nuevamente guardó su mano en mí. No quería que usara el arnés, quería sentir sus dedos, nudillos, su puño entero en mi interior. Creo que finalmente me desmayé de tanto gozar, cuando desperté era de madrugada y ella estaba dormida sobre mi pecho, su mano olía a mi sexo, estaba sobre mi vientre.

Me volví a dormir, absolutamente feliz, y satisfecha. En la mañana, se fue muy temprano, la llamé pero estaba ocupada y no tenía tiempo de almorzar. Hasta la tarde no nos vimos.

Cenamos temprano y nos llevamos el postre a la cama. Hacía semanas que dormíamos desnudas, y esa noche no fue la excepción. Siempre había querido comer sobre el cuerpo de una mujer, increíblemente nunca lo había hecho.

Coloqué crema batida y frutillas sobre todo su cuerpo, Teresa, no podía parar de reír, pero cambió las risas por suspiros y jadeos cuando comencé a comérmela completita. Uffff, que fiesta, su piel encremada, su sexo húmedo y las frutillas azucaradas. Se retorcía en la cama de placer y yo me sentía a tope. Lo más sabroso fue su coño caliente, ufff ¡que gloria!

Nuestra vida era fabulosa, nos entendíamos tan bien, en todos los sentidos. Cualquier cosa que hayamos pasado, para llegar al reencuentro, sin dudas valió la pena. Aún hoy, luego de años de convivencia, seguimos tan seguras y felices.

Autora: Amandaz

z.amanda@lycos.com

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Vivero del 69

Estaban lanzadas en pos de la pasión, ya habían tenido cada una un orgasmo antes de cambiar de postura y colocarse una frente a la otra, coño contra coño restregándose como dos vulgares perras en celo haciendo la tijera, no podían parar hasta que estallaron las dos al unísono en un orgasmo para después caer rendidas una en brazos de la otra y dedicarse suaves y cariñosos besos.

Al día siguiente era el cumpleaños de su madre y no sabía que comprarle así que decidió como último recurso a las siete de la tarde del viernes ir a un vivero de plantas que la había recomendado una amiga a comprarle alguna planta o algunas flores para regalar a su progenitora. Cuando llegó la dueña del vivero estaba a punto de cerrar el lugar, de hecho detrás de ella cerró la puerta y puso el cartel de cerrado.

La mujer estaba ya metida en la treintena, vestía un pantalón con peto vaquero, solo vestía eso de hecho en uno de los laterales se insinuaba el comienzo de sus pechos. Eva estaba alucinando con la escena, allí sola con aquella mujer que por cierto era bastante bella, su cuerpo se abría hacia abajo como una ánfora con sus rotundas curvas pero de carnes prietas. Eva era bisexual, hacía poco que había comprobado sus tendencias lésbicas y le había gustado la experiencia.

María por su parte aunque alguna vez había tenido sueños eróticos en que se entregaba a los brazos de una mujer nunca se había considerado ni siquiera bisexual. Pero cuando vio a la chica sintió como si fuera una de las protagonistas de sus sueños pero tampoco quería meter la pata no fuera a ser que la chica se sintiera ofendida o acosada y más allí las dos solas. Estuvieron hablando un rato de flores y plantas, la mujer le enseñaba a la joven Eva todo aquello que podía regalar a su madre hasta que en un momento dado cuando estaban en uno de los invernaderos viendo una serie de orquídeas María se agachó y…

Plasshhhh—-sonó en todo el lugar el azote que Eva propinó a la mujer para después acariciar su culo.

María se dio la vuelta primero cuando el azote dispuesta a abofetear a aquella muchacha de escasos veinte años pero cuando se giró en lugar de llevar a cabo su primer impulso la empujó contra la pared y la besó en la boca. Fue como si se liberara de unas cadenas imaginarias que ataban su sexualidad. Ya no era un simple beso ni siquiera apasionado, ahora directamente la estaba comiendo toda la boca. Con las dos manos la magreaba los pechos y retirándose un poco y apartando un mechón de pelo del rostro de la joven la susurró:

¿Por qué no vamos a mi casa que está al lado de los invernaderos y nos pasamos jodiendo toda la noche?

Recalcó la palabra jodiendo, le gustaba como sonaba. Eva cogiéndola de la mano le dijo que no que mejor lo iban a hacer primero entre las plantas. Entonces María elevó a la chica como si de una pluma se tratara y la sentó en una de las mesas con plantas. Allí la besó, primero muy dulcemente y luego más lujuriosamente. Las manos levantaban el top de Eva a la vez que la joven soltaba el peto de la mujer. Luego la mujer le soltó los jeans blancos y se los bajó. La chica solo portaba ahora un pequeño tanga azul celeste que se introducía entre los labios vaginales. La mujer se había terminado de despojar de su pantalón y también se había quedado en ropa íntima, en este caso en unas braguitas minúsculas blancas.

Eran las que le gustaban a su marido, se las había puesto para esa noche recibirle solo llevando esa erótica prenda, pero él la había telefoneado para avisarle de que su llegada se atrasaría hasta el miércoles. María estaba desatada, hizo tumbar a la chica boca arriba en la mesa y situándose entre sus piernas la daba suaves besos por encima de la tela del tanga hasta que cogió con los dientes la goma de la prenda y la empezó a bajar hasta que de un tirón la rompió y se la quitó a la chica.

Eva hizo un mohín de disgusto por la rotura de la prenda pero su coño estaba tan mojado que ya se le había pasado incluso antes de que la mujer le prometiera que al día siguiente le compraría otro tanga en la tienda que ella escogiera. Con la lengua recorría todos los labios vaginales, los mayores y los menores, no dejaba ningún recoveco salvo el clítoris que quería dejar para el final.

Con la mano acariciaba los muslos, apretaba los pechos y magreaba todas las zonas erógenas de su joven amante antes de penetrarla con dos dedos. Comenzaba a follarla con dos dedos el coño a la vez que con la lengua punteaba el clítoris y con la otra mano amasaba y apretaba los pechos de la chica.

La chica comenzó a gemir primero de manera muy suave para seguidamente empezar a jadear de manera audible y más tarde salvaje. La mujer ahora estaba entretenida con dos dedos en el coño de Eva y ahora uno en el culo de la chica. María se retiró para bajarse las braguitas contoneándose frente a la muchacha que la esperaba sobre la mesa.

María como una tigresa se subió sobre la mesa colocándose en postura de 69 sobre Eva. Su coño sobre la boca de la chica y su boca lamiendo el clítoris y follándola con dos dedos el coño y con uno el culo. Eva con la lengua lamía toda la vulva de su amante a la vez que la abría las piernas y con un dedo follaba el ano antes de meterla tres dedos en el coño.

Estaban lanzadas en pos de la pasión, ya habían tenido cada una un orgasmo antes de cambiar de postura y colocarse una frente a la otra, coño contra coño restregándose como dos vulgares perras en celo haciendo la tijera. Estaban a mil, no podían parar y cada vez se rozaban más y más rápido hasta que estallaron las dos al unísono en un orgasmo para después caer rendidas una en brazos de la otra y dedicarse suaves y cariñosos besos.

María fue la primera en levantarse y completamente desnuda dio la mano a la chica y la llevó hasta su casa. La condujo escaleras arriba hasta su dormitorio, la hizo ponerse sobre la cama a cuatro patas y que la esperase. Que cerrase los ojos y esperase allí. María tardó un rato. Había ido a por alguna cosa al baño y luego se había quedado observando el grácil cuerpo de la joven. Había vuelto con un vibrador y un arnés el cual tenía dos pollas, una grande que metería en el culo de la chica, otra más pequeña que se introduciría en su propio coño antes de poner en marcha la función vibradora.

De una sola vez metió el vibrador en el coño de la chica poniéndolo en marcha a una velocidad lenta. La chica ahora solo gemía de placer pero de forma pausada. Luego con un poco de gel lubricante embadurnó el arnés y el ano de la muchacha antes de hacerle un suave masaje en el ano e introducirla el dedo muy lentamente y follarla con el. Ahora se puso el arnés y empujando fue penetrándola analmente muy lentamente. Metía unos pocos centímetros y los volvía a sacar, luego metía unos pocos más y volvía a hacer lo mismo hasta que el esfínter de Eva se acostumbró y entonces empezó a follarla con él a la vez que el vibrador del arnés empezaba a realizar su labor.

El vibrador del coño lo puso a tope ahora, lo mismo que el del arnés. Estaba follando a la chica a tope por los dos agujeros a la vez que la apretaba los pechos y la estiraba del pelo y la decía todo lo que la deseaba. La calentura y el placer de las dos mujeres fue creciendo orgasmo tras orgasmo hasta que rendidas de placer cayeron una encima de la otra exhaustas. María retiró el arnés y sacó el vibrador y besándose con Eva se quedaron las dos desnudas dormidas sobre la cama de la casada.

Este es un relato imaginario pero va dedicado a A. Una buena lectora mía a la que le prometí el relato. Si queréis podéis escribirme sobretodo mujeres.

Autor: Picante 100

picante100 (arroba) hotmail.com

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Basquetbolista, culo pequeño

Me da vuelta bruscamente y me abre el culo y lentamente empieza a lamérmelo y mientras eufórico y agresivo grita, puto de mierda te amo, hace mucho tiempo tenía ganas de culparte, hace mucho que quería besarte puto exquisito, luego me empieza a meter sus dedos y de repente siento como una dura y gruesa masa me empieza a invadir, el dolor era insoportable, pero me excitaba demasiado.

Mi nombre es Ismael, tengo 18 años, estoy a pocos meses de salir de la escuela. Desde que llegué a mi escuela hay un chico que me ha llamado la atención, es basquetbolista, tiene un físico de dioses y un culo exquisito. Bueno según lo que he visto en nuestra sala de clases cuando él se cambia de ropa para entrenar.

Cuando llegué, él era un típico chico popular, tenía buenos sentimientos etc. Me encanta, la cosa es que desde mucho tiempo yo no se que pensar, él me hace dudar de mi sexualidad, de repente me busca, pero solo para calentarme.

Luego de haber soñado muchas veces con él y haber creado miles de fantasías con este basquetbolista, me decidí a crear la fantasía perfecta. Es hora de almuerzo, estamos en nuestro salón, él se esta cambiando de ropa y de repente el comienza a sonreír, con esa sonrisa perfecta que me mata, le digo:

– ¿Qué te pasa? – Nada, es que es gracioso- me responde. – ¿Qué cosa? pregunto. – El verte deseándome (con su tono irónico medio caliente, el cual lo caracteriza).

En ese instante me quedé pensando que decirle, se acerca con su short y su musculosa y me dice.

– Da igual, me gusta que lo hagas.

Al pronunciar estas palabras me erecto completamente, estoy rojo, me mira y se percata de que lo tenía parado. Me agarra de la cintura y roza sus labios con los míos, yo no se que hacer, estoy en blanco, luego de desearlo y haberlo imaginado en estas circunstancias por muchos años, él estaba a punto de besarme.

Luego de unos segundos sus manos me afirmaban tan fuerte que aunque intentara escaparme no lo hubiera podido hacer, me afirmaba como si yo fuera lo único que a él le importara, al entender y relacionar lo que estaba sucediendo abro mi boca lentamente y guío sus labios a los míos, él saca su lengua y busca descaradamente la mía, le doy el gusto, él me besa apasionadamente, me muerde los labios descontroladamente, a esta altura la tenía completamente parada, era demasiado, el placer en persona.

El se quita la musculosa y queda su torso desnudo, su perfecto y hermoso torso. Luego me saca la polera y el buzo, después le beso el trozo y voy bajando lentamente, hasta que llego a su abdomen, agarro sus short con mis dientes y se los bajo lentamente, el queda solo en bóxers, me para y me besa de nuevo descontroladamente ahora el si que esta excitado, la tiene demasiado parada es algo impresionante, nunca había visto un pene de grande, (y eso que antes había tenido experiencia con otros hombres).

Me dice susurrando que le quite el bóxer con la boca, accedo y su hermoso culo queda enfrente de mis ojos, es demasiado rico, lo quiero chupar y hacer de todo. Luego se da vuelta y su pene queda enfrente de mi cara, y me dice:

-Agárramela y chúpamela como nunca-, se la empiezo a chupar y masturbar, estaba excitado al máximo y yo igual, era el placer en persona, nunca ninguna persona me había hecho sentir tan caliente, me para lentamente y me besa nuevamente y luego me dice:

– Tú vas a ser mi puto favorito.

Me da vuelta bruscamente y me abre el culo y lentamente empieza a lamérmelo y mientras eufórico y agresivo grita, – puto de mierda te amo, hace mucho tiempo tenía ganas de culparte, hace mucho que quería besarte puto exquisito, luego me empieza a meter sus dedos y de repente siento como una dura y gruesa masa me empieza a invadir, el dolor era insoportable, pero me excitaba demasiado, cada penetrada que me daba, mientras más fuerte más se me paraba, él me gritaba a cada rato.

– Puto de mierda, eres solo mío, te juro que si me entero que otro te probó te rompo la cara mierda.

Me excitaba demasiado, de repente saca su pene de mi culo y me da vuelta bruscamente y me la empieza a chupar desenfrenadamente diciendo:

– Puto de mierda, eres lo mejor que he probado.

Me masturbaba y me la chupaba, me metía el dedo y todo. Los últimos minutos fueron los mejores de mi vida, me fui en toda su cara y me la seguía chupando y diciendo – puto de mierda eres mío, te hice mío, ahora me perteneces, eres solo mío-. Mientras me daba palmadas en el culo, finalmente una fantasía se había hecho realidad.

Autor: Ismael

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Mi primita querida II

Ella comenzó a temblar, estaba teniendo un nuevo orgasmo, las fuerzas le fallaron y cayó acostada dentro del carro y mi pene quedó fuera, le dije que no había acabado y ella se levantó y empezó a mamármelo de una manera muy intensa lo que ocasionó que acabara rápidamente botando enormes cantidades de leche en su boca, la cual no dejó en ningún momento de tragar.

Como recordarán, mi prima y yo vivimos una intensa sesión de sexo oral en su cuarto, mientras vestían a su hija y su hermana se vestía, para irnos a la fiesta familiar que teníamos, pues estaba yo sentado en la sala (acababa de llegar), cuando salieron la mamá de prima, la hermana y su hija, yo les dije que estaba aburrido esperando por ellas, entonces mi prima gritó desde el cuarto que ya ella salía, que le faltaban solo 10 minutos máximo…Yo la acababa de dejar completamente húmeda en su cuarto después de ese tremendo orgasmo.

Procedí a llamar al esposo de mi otra tía para que nos viniese a buscar… Cuando él llegó ya mi prima estaba lista, lucía bellísima y al verla provocó una gran erección de mi pene y unas ganas enormes de hacerle el amor. Bajamos todos del edificio para montarnos en el carro e irnos a la reunión familiar, todo el camino nuestras miradas se cruzaban como hablando en secreto de la pasión que recorría nuestros cuerpos, yo con solo verla sabía que otra vez estaba húmeda, pidiendo a gritos que la poseyera…

Al llegar todo procedió de forma normal, hablábamos, reíamos, comíamos, bebíamos, bailábamos, todos la pasábamos muy bien en la reunión, cada vez que mi prima y yo bailábamos, sentía como su cuerpo se acoplaba con el mío, como sus senos se volvían parte de mi pecho, era capaz de sentir como su vagina estaba húmeda, cada vez que rozaba con mi muslo y ella se percataba de la enorme erección que crecía debajo de mi pantalón, yo cada vez que podía (que nadie podía vernos) deslizaba mi mano sobre su culo acariciándolo, lo que causaba gemidos de su parte, así continuaba la reunión familiar, pero al caer la noche el licor se fue acabando y hubo la necesidad de salir a comprar más licor, a lo que me ofrecí de ir en mi carro, le dije a mi novia que me esperara, que ya volvía, en eso mi prima también se ofreció a acompañarme, que delicia, una segunda oportunidad para estar solos otra vez…

Nos montamos en mi carro y salimos de compras, teníamos que comprar licor, cigarros, algo de comida, etc, esto indicaba que tardaríamos algo en nuestra búsqueda. Salimos de la urbanización ambos en mi carro sin decir ninguna palabra, al salir de donde ya estábamos algo lejos, paré mi carro en un lugar bastante oscuro, donde nadie pudiese notar que estábamos ahí, al detenerme ella me dijo, Pensé que no íbamos a tener otro momento para nosotros, yo me acerqué y nuestros labios se juntaron, fue un beso muy erótico y apasionado, rápidamente nuestras manos empezaron a recorrer nuestros cuerpos, las mías deteniéndose en sus senos, los cuales acaricié muy suavemente, pellizcando sus pezones haciéndola gemir, mientras ella rápidamente sacaba mi pene del pantalón y me acariciaba toda la cabeza con sus dedos, haciendo un circulo con sus dedos y masturbándome…

Comencé a chupar sus senos y morderlos suavemente, ella me despegó de sus senos y bajó rápidamente a chupar mi pene y ponerlo todo lubricado y muy duro, yo estaba gozando como cuando me lo hizo en su cuarto, deslicé mis manos por su espalda y procedí a meter mis dedos dentro de sus nalgas sobando suavemente su ano y la entrada de su vagina, donde logré meter dos dedos ya que estaba muy húmeda, rápidamente le dije que nos pasáramos al asiento de atrás, ahí le empecé a chupar toda su vagina, pasando la punta de la lengua por toda su rajita deteniéndome en su clítoris, el cual comencé a chupar una y otra vez…

Ella solo gemía, pero sonaban a gritos de placer, lo cual me hizo saber que se iba a correr, metí dos dedos dentro de su vagina mientras seguía chupando su clítoris lo que hizo que explotara en un grandioso orgasmo el cual era acompañado por descargas de fluidos y gritos de éxtasis y placer, al terminar le dije que sentara sobre mi pene que la quería penetrar, ella empezó a cabalgar muy rápidamente, mientras yo chupaba uno de sus pezones y con mi mano iba introduciendo un dedo en su ano, luego dos y luego tres, ella gemía y me besaba.

Ella gritaba cuanto me deseaba y cuanto le estaba gustando lo que le estaba haciendo, en ese momento vino su tercer orgasmo del día. Nos reímos de felicidad y nos besábamos, todo esto sin sacar mi pene de su vagina, yo aun continuaba perforando su ano con mis dedos, a lo que ella me dijo…

Introdúceme tu pene en mi culo, quiero sentirlo todo dentro de mí, yo le dije okey ponte en cuatro patas, abrí la puerta del carro y ella se puso en 4 dándome todo su culo, el cual le pasé mi lengua para lubricarlo, lo que causó escalofríos en todo su cuerpo, me retiré y puse la punta de mi pene en la entrada de su culo, presioné un poco lo cual hizo que la cabeza de mi pene entrara dentro de ella, un profundo grito salió de su garganta…

Dejé que su culo se acostumbrara al ancho de mi pene y volví a empujar, esta vez ella solo gruñó, eso significó para mi termínalo de meter todo, lo cual no dudé en hacerlo, ella volvió a gritar, yo comencé un suave mete y saca…

En ese preciso instante sus gritos cambiaron de dolor a placer y comenzó a decirme que la estaba haciendo muy feliz, que le encantaba todo lo que estaba sintiendo, eso hizo que mi excitación creciera y que empezara a entrar y salir de ella cada vez más rápido, ella comenzó a temblar lo que me decía a mí que estaba teniendo un nuevo orgasmo, inmediatamente las fuerzas le fallaron y cayó acostada dentro del carro y mi pene quedó fuera, yo le dije que aun no había acabado y ella me contestó que eso no era ningún problema, se levantó y empezó a mamármelo de una manera muy intensa lo que ocasionó que acabara rápidamente botando enormes cantidades de leche en su boca, la cual no dejó en ningún momento de tragar.

Ambos terminamos exhaustos, pero debíamos terminar lo que nos habían encomendado, fuimos, compramos todo lo que teníamos que llevar, de regreso, veníamos por todo el camino besándonos y aun muy calientes, pero sabíamos que si nos deteníamos otro momento nuestros celulares empezarían a sonar y eso pudiese levantar algún tipo de sospecha, por lo que decidimos terminar de llegar.

Al llegar descargamos todo lo que traíamos y me metí en el baño a lavarme las manos, para quitarme todo el olor de vagina, ya que eso me podría delatar, pero antes pasé mi lengua por ellas buscando su sabor, me lavé la cara y salí a la reunión a seguir bebiendo, riéndome y bailando, pero teniendo en mente todo lo divino que la acaba de pasar…

Luis González

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En las grutas de Punta Ballena

Yo aprovechaba para besar a Armando, el cual estaba encantado de tener su pija dentro de un culo y al mismo tiempo sentir mis labios sobre los suyos. Cuando los gemidos se aceleraron, me di cuenta de que todo iba a terminar. Tomé la pija de Sergio entre mis manos y lo empecé a pajear. Armando se la sacó y de un solo golpe se la clavó de nuevo y dio un grito. Ahí supe que Armando estaba acabando.

Querido amigo:

Hoy te voy a contar lo que me pasó con un chico de la oficina. Cuando empecé a trabajar allí, hace mucho tiempo, como todo nuevo no tenía amistad con nadie. Hasta que un día empezó la amistad con Armando. Era cerca de Navidad y él me invitó a ir a un shopping para hacer las compras de los regalos. Allí fuimos, tomamos cerveza y recorrimos el shopping. Ya sabes la cerveza lo que tiene es que te da muchas ganas de orinar. Le dije que no podía más que iba a orinar. El me dijo que también tenía ganas. Entramos a orinar, él se quedó con los paquetes de las compras, mientras yo descargaba primero, fue un placer y un alivio descargar todo.

Terminé, me di vuelta y lo vi a él mirándome como en el limbo, casi se le cayeron los paquetes. Tomé los paquetes y le cedí el lugar. El desenfundó una buena verga y orinó. Fuimos al lavamanos, se lavó la verga y vi que estaba muy gorda no parada, pero se acercaba. Se secó, le di los paquetes y me lavé las manos. Cuando salimos me dijo: “No te ofendas, pero se me quiso parar al verte orinar… Me puse nervioso, pero no comenté nada, seguimos por el shopping. Fuimos al estacionamiento, subimos a su auto y él me dijo: “Te dejo en tu casa y después sigo a la mía”. -Te lo agradezco mucho. Le contesté, pensando en lo gorda que se veía la cabeza de su pija. Nos fuimos y en el camino empezó una gran llovizna. Él me dijo: -No puedo conducir con tanta agua cayendo en los vidrios. Mejor estaciono por aquí y tomamos algo mientras esperamos que calme.

Por ahí había un restaurante y nos pusimos a tomar cervezas. No te conté que él tenía en esa época unos 28 años, cabello castaño, ojos verdes, delgado, pero atlético. Como sabes las cervezas aflojan la lengua, empezamos a hablar como nunca lo habíamos hecho en la oficina. Y nos dimos cuenta que teníamos más cosas en común de lo que creíamos. Música, Cine, Libros… Las cervezas aceleraron la desinhibición y empezamos a hablar de sexo, él empezó a hablar de transexuales, que le gustaría probar y cosas así, pero no se largaba mucho. A los dos nos fascinaban esas damas rubias de grandes pechos que imaginábamos que tendrían unas vergas muy placenteras. Al calor de las copas, nuevamente fuimos al urinario, cuando agarré mi campera de la silla, sin darme cuenta le rocé el paquete, que a esa altura le había crecido de nuevo. Me excitó y sólo dije: “Disculpa”. El sonrió y me hizo una guiñada como aprobación.

Nuevamente nuestras vejigas quedaron vacías, y nuestros ojos se recrearon bastante, él tomó su pija en la mano y me mostró la cabeza muy hinchada, pero no dijo nada. Salimos y subimos al auto, arrancó y en el camino volvió a contarme sus fantasías con transexuales. Me preguntó: -¿Te gustó lo que te mostré en el baño? -Sí, le dije- tenés una buena pija, muy cabezona y ahí se zafó él y me dijo que si alguna vez había hecho algo con otro hombre, mintiendo le dije que sí, una vez con un primo, nos masturbamos y él me dijo que con un amigo se habían chupado las vergas. Sentí un cosquilleo en la cabeza de mi pija y esta empezó a latir muy fuerte. El me preguntó si quería volver a hacerlo en ese momento. Yo estaba desesperado, en la oficina no se me había pasado por la mente la idea tener algo con él, pero las cervezas, la conversación o vaya uno a saber qué, me hicieron decirle que sí.

Inmediatamente dobló por una calle lateral y cuando encontró una zona oscura estacionó el auto, la lluvia seguía, pero no tan intensa. Me dijo que nunca lo habían penetrado por atrás y que quería seguir así. Yo estaba tan caliente que aceptaba cualquier cosa. Me dijo que era fanático del sexo oral, que le encantaba sentir un buen pedazo de carne en su boca y que yo tenía un buen pedazo porque lo había visto en el baño, y que tenía muchas ganas de sentir una verga en su boca porque hacía mucho tiempo que no lo hacía. Bajó el asiento y quedamos en un espacio muy cómodo. Nos desnudamos y comenzamos a besarnos, su lengua era suave, estaba muy caliente y tenía el gusto a la cerveza. Jugaba con la mía, sus labios eran tiernos y carnosos, nuestras manos se tocaron y nuestras vergas también. El estaba arriba de mí frotando su pija sobre la mía. ¡Llegó lo mejor!

Giró y puso su pija cerca de mi boca, me acomodé y metí ese trozo de carne dentro de mi boca, era delicioso o así me lo pareció debido a la calentura. El devoró la mía como un profesional, apretándome la base donde se une con los huevos. Me lamía allí esa zona entre la pija y el culo. El seguía gozando de ese manjar, mientras yo disfrutaba de una mamada de campeonato, la devoraba de la desesperación que tenía por chupar una pija. Me lamió las bolas una por una y más empujaba su pija contra mi garganta. Era una ricura rosada, muy dura, que me calentó muchísimo.

Rompimos el 69 y él se puso entre mis piernas, tomó mi pija y se la tragó toda, bajaba y subía con rapidez, mi excitación creció, si podía haber más calentura y empecé a respirar muy fuerte y a gemir, él se dio cuenta que pronto saldría mi leche, sacó la pija de la boca y me dijo: -Me caíste bien desde que llegaste a la oficina, pero no me animaba a decirte nada por miedo a que te enojaras y que en la oficina se dieran cuenta sobre mis gustos sexuales. Así que dame toda tu leche. Lo que dijo me calentó más, mientras él se volvió a tragar mi verga hasta la garganta, siguió con ese sube y baja, apretándome la base y lamiendo todo como si fuese una golosina, no aguanté más y largué chorros de leche recién hecha en el fondo de su garganta.

He de reconocer que mis novias y amigos nunca me la chuparon así apretando tanto la base, lo cual me obligó a gemir de dolor y placer. Llegó mi turno, él se sentó frente a mí, separó las piernas, me apuntó a la cara con esa verga regordeta y cabezona y yo me la tragué hasta el fondo de mi garganta, le hice lo mismo sube y baja apretando los huevos, lamiendo todo lo que mi lengua encontraba en su paso, llegué casi hasta el agujero de su culo, sentí que respiraba agitado y me dije está por largar la leche, tragué hasta el fondo y la saqué de inmediato de mi boca, dio un alarido y la leche empezó a salir a borbotones de esa cabeza gruesa y rosada y me cayó en la cara. Sus piernas temblaban, me dio un beso, me lamió los labios y la cara sucia por su semen. Me limpié lo poco que quedaba en mi cara, no dijimos nada, nos vestimos, encendió el auto y me llevó hasta mi casa. AL despedirnos me dijo: -“¡Guacho, me encantó! ¿Podemos hacerlo más seguido? -Claro, cuando quieras… Fue mi respuesta.

Desde esa época lo hicimos muchas veces. El se casó y me hizo poner de novio con la hermana de su esposa. Una vez me invitó a ir a la casa de la playa de su suegro. En el verano fuimos los cuatro a Punta Ballena, allí tiene la casa su suegro Todo el mes de enero lo pasamos allí. Pasamos quince días disfrutando de las playas, haciendo el amor, él a su esposa y yo a mi novia. Pero no aguantábamos más, sólo nos dimos algunos besos y algunas lamidas en las tetillas o nos tocamos las pijas, por arriba de los shorts. Ellas eran muy unidad y los cuatro íbamos para todos lados juntos. La esposa de Armando preparaba unos manjares bárbaros y su hermana no se quedaba atrás. Armando me decía que no aguantaba más, que estaba desesperado por chupármela y que yo se la chupase a él. Yo le respondía que a mí me pasaba lo mismo, que deseaba sentir su lengua entre la mía y sentir su verga en mi boca.

Una tarde fuimos los cuatro a la playa de las Grutas. Los invité para dar una vuelta y conocer las grutas. Su esposa y su hermana no quisieron ir porque dijeron que las piedras eran muy afiladas y resbaladizas y no querían darse un golpe o un raspón. Yo pensé: “Esta es la mía” Con Armando nos fuimos, llevamos una cámara por si había algún paisaje hermoso para fotografiar. Subimos y bajamos piedras y más piedras, vimos triángulos de agua turquesa muy bonitos y los fotografíamos.

Finalmente vimos una gruta, yo bajé primero y Armando me tendió la mano para que lo ayudara a bajar. Allí tropezó y cayó empujándome contra una de las paredes de la gruta. Con sus manos apoyadas en la pared me tenía aprisionado. Pasé mis brazos por su espalda, nos abrazamos y unimos nuestros labios con desesperación incontrolable después de una quincena de abstinencia. Bajé mis manos y las metí dentro de su short tocándole las nalgas y apretando mi pija sobre la suya, que ya estaba dura. El empezó a sacarme la malla y yo se la quité a él. Ya desnudos en esa gruta en la cual entraban rayos de sol, nos empezamos a acariciar las pijas duras, mientras nos besábamos, luego Armando se sentó en una piedra y yo en cuatro patas me puse entre ellas y me tragué su pene hasta el fondo de mi garganta. El gemía y me acariciaba la pija y los huevos. Después él ocupó mi lugar y me retribuyó de igual forma.

En el momento más placentero nos interrumpió una voz que dijo: -¿Puedo jugar con ustedes? ¡Quedamos petrificados! Armando sacó su boca de mi verga, miramos hacia la entrada de la gruta. Allí había un muchacho como de unos 20 años, desnudo y con la pija dura y larga como una estaca. Tratamos de vestirnos, pero con los nervios no pudimos. -Pasaba por acá, los vi tan entretenidos que me dije que podría pasar un buen rato con ustedes. Me llamo Sergio. Se acercó y nos extendió la mano para saludarnos. Armando que era más audaz que yo, alargó la mano, pero no se la agarró. ¡Le agarró la pija! -¡Que pedazo de pija tenés! Le dijo al agarrarla. -Sí, mi amor, contestó el joven. ¿Te gusta? Es toda tuya mide como 22 cm. Quedamos asombrados porque la de Armando es más chica que la mía y la mía mide como 20cm. ¡Esa parecía más grande! Además de larga era gruesa y nos excitó mucho, el muchacho, su verga, su propuesta… Armando se la empezó a apretar y a correrle el prepucio, quería verle la cabeza. Una cabeza enorme y violácea, la lamió y después se la metió en la boca.

Sergio me dijo: ¡Vos chúpame el culo! Agrándamelo bien antes de que tu amigo ponga su pija allí. Yo no sabía que hacer porque con Armando nunca habíamos hablado de penetraciones, nos gustaba el sexo oral. Le pregunté a Armando si él quería cogerlo. Sacó la pija de Sergio de su boca y me contestó que sí. Todo lo que tenía de grande la pija de Sergio, lo tenía de chico su culo, ¡era muy apretado! El estaba parado, Armando sentado en una piedra con la enorme pija que no le cabía en su boca y yo de rodillas trataba de separarle las nalgas. Finalmente se agachó hacia adelante, dejando el culo más a mi voluntad y separó las piernas. Armando seguía con la pija clavada en su boca y con una mano agarraba la mía. Pasé mi lengua suavemente por ese agujero casi cerrado. El chico decía que le gustaba, que metiera más, también gemía que sentía mucho cosquilleo en la cabeza de la pija.

Con un dedo traté de abrirlo, para que entrase más mi lengua. Empecé un verdadero trabajo de dedos y lengua hasta que ese hoyo cedió y se fue abriendo poco a poco, cuando ya entraron tres dedos me dijo: ¡Basta! Cambiamos de posiciones. Yo me senté en la piedra, él quedó en la misma posición y me la empezó a chupar, Armando parado se la empezó a meter mientras yo miraba extasiado. ¡Nunca me había imaginado que Armando la metiera tan bien! Ver eso y sentir que el chico le pedía que se la metiese toda y con fuertes golpes, me recalentó. Armando lo hizo así y quedaba arriba del chico que estaba agachado con mi verga en la boca.

Yo aprovechaba la posición para besar a Armando, el cual estaba encantado de tener su pija dentro de un culo y al mismo tiempo sentir mis labios sobre los suyos. Cuando los gemidos se aceleraron, me di cuenta de que todo iba a terminar. Tomé la pija de Sergio entre mis manos y lo empecé a pajear. Armando se la sacó y de un solo golpe se la clavó de nuevo y dio un grito. Ahí supe que Armando estaba acabando. -Bésame que yo también estoy por acabar, le dije. Me metió su lengua en la boca lo más profundo que pudo y casi lo mordí cuando sentí que Sergio se tragaba mi leche. Sergio seguía con una verga clavada en su culo y otra en su boca. Su pija se sentía muy gruesa entre mis manos, se la apreté más y lo masturbé más rápido hasta que tres enormes chorros de leche salieron y cayeron en el piso de la cueva.

Descansamos un rato tirados en el piso de la gruta. Cuando nos despertamos Sergio no estaba. El único rastro que quedaba de él era la humedad que su leche había dejado en el lugar donde había caído. Armando y yo nos besamos nuevamente y nos preguntamos si nos había gustado la nueva experiencia. Lo analizamos y llegamos a la conclusión de que no nos gustan los intrusos en nuestra amistad. Es cierto que gozamos mucho con ese chico, pero más gozamos los dos solos, en un lugar tranquilo y sin apuros.

Así que hasta ahora lo seguimos haciendo los dos. Sexo oral y algún masaje anal con los dedos y la lengua, pero nada más. A Sergio lo encontramos en un shopping, iba con una chica muy acaramelados, no nos reconoció o no quiso darse a conocer. Estimados amigos anónimos espero que esta aventura los haga gozar, es otra más de las tantas que me han ocurrido.

Un abrazo para todos.

Autor: OMAR

omarkiwi ( arroba ) yahoo.com

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Trío lésbico

Chupé, lamí y succioné todo lo que aquella vagina me podía dar, juguitos deliciosos y ella se arqueaba conforme, yo la hacía sentir placer. Mi hermana también se arqueaba conforme Mariana le mordía la vagina al acercarse al orgasmo. Mientras yo chupaba, le sobaba el trasero a mi hermana, quien estaba a mil, y tuvo un pequeño orgasmo en la boca de Mariana, quien se tragó todos sus juguitos.

Hola soy Audrey. Esta vez les escribo para contarles otra historia ficticia.

Todo empieza cuando mi hermana gemela y yo íbamos caminando por las calles y de pronto, se nos apareció una hermosa señorita, se nos acercó y nos empezó a hablar como si la conociéramos desde hace mucho.

Mi gemela y yo, le seguimos la plática, pues parecía muy simpática. Seguimos hablando durante mucho tiempo, hasta que se hizo de noche y era hora de retirarnos. La invité a que nos acompañara a la casa, acabábamos de ganar una amiga así sin más, y esto no pasaba todos los días.

Llegamos a nuestra casa y nos sentamos en la sala, a tomar unas copas, después de un rato estábamos medio pasadas de copas. Fue entonces cuando decidimos ir a dormir, dejé que ella durmiera conmigo y mi hermana fue a su cuarto. Ya después de un rato de habernos dormido, comencé a sentir un roce por mis pechos y mi vagina, pensé que sería la sábana o algo así, pero entonces, abrí los ojos y vi a nuestra nueva amiga Mariana tocando mis grandes pechos.

¿Qué estás haciendo?- le pregunté, mientras me alejaba de ella. Tú sólo relájate y déjame recorrerte toda, quiero tocarte toda.- respondió ella mientras me levantaba la blusa.

Como estaba medio pasada, no hice movimiento alguno y dejé que ella siguiera jugando con mis pechos y comenzara a apretar mis pezones, que estaban duros. Mariana se hincó sobre mis caderas y comenzó a besarme el cuerpo, los pechos, me lamió toda. Noté como poco a poco me fui humedeciendo y entonces comencé a disfrutar las caricias de mi nueva amiga.

Me lamió suavemente mis pezones, lo que los endureció al máximo, lamió mis pechos, todos ellos quedaron ensalivados por completo y después, Mariana bajó un poco y me quitó mi braguita, lentamente, deslizándola por mis piernas, lamiéndome toda, haciendo que mi vagina comenzara a chorrear más y más.

Ya que me hubo quitado todo, comenzó a desnudarse poco a poco, de manera muy sensual. Se levantó de la cama y se paró junto a mí. Yo me senté y comencé a ver como bailaba sensualmente para mí. Se quitó su ropa, poco a poco, sus pantalones, bajó sus braguitas poco a poco y me dejó ver esa hermosa vagina.

Sin dudarlo ni un momento más, me arrodillé y comencé a chupársela, mientras ella continuaba quitándose la playera y desabrochando su sostén. Comencé a lamerle su sexo, era delicioso, empapado de juguitos gracias a mí, metí mi lengua poco a poco y gradualmente mis dedos.

Así, así, sigue, sigue, que me corro, sigue mi amor- gemía ella, mientras yo continuaba con mi labor.

Ella me empujaba la cabeza hacia su sexo y yo lamía frenéticamente cada pedacito que se me ofrecía. La tomé de las caderas y la llevé hasta la cama, me senté junto a ella y comencé a besarla, ella tocaba mis pechos, mientras acariciaba mi vagina con la otra mano y yo hacía lo mismo con ella, nos humedecimos todas, besándonos apasionadas, hasta que finalmente nos quedamos dormidas.

A la mañana siguiente, nos levantamos al mismo tiempo y nos dimos un beso de buenos días. Mi hermana estaba en la cocina, haciéndonos el desayuno. Mi amiga y yo fuimos a donde estaba ella y yo, atrevidamente le conté lo que habíamos hecho ; mi hermana se quedó quieta, sin decir nada, quizá porque le extrañaba que yo tuviera esas tendencias, no sé, pero inmediatamente noté como sus pezones se pararon poco a poco, igual que los míos.

Las dos nos miramos fijamente y nos acercamos la una a la otra, poco a poco, era como caminar hacia mi reflejo. Nuestros cuerpos eran prácticamente iguales, las dos teníamos los pechos grandes y hermosos, bien formados, con un trasero grande también, que era objeto de deseo de muchos hombres y muchas mujeres. Nuestra cara era prácticamente idéntica. Pero ahí estaba yo, parada frente a mi reflejo, viendo mis hermosos pechos.

Mi hermana me tomó de las caderas y yo hice lo mismo, comenzamos a bailar sensualmente, mientras Mariana nos veía y comenzaba a excitarse. Mi hermana y yo comenzamos a tocarnos el trasero, nuestras nalgas eran deliciosas la una para la otra, nos recorrimos nuestros cuerpos, completos, hasta el más mínimo detalle. Aplastando nuestros pechos, y entonces, comenzamos a besarnos tiernamente, tomé a mi hermana por el cuello y le besé los labios, le metí toda mi lengua en esa hermosa boca suya y comencé a saborearla. Ella, por su parte comenzó a masajear mis pechos deliciosamente, tocando mis pezones a cada momento.

Definitivamente era mi hermana, sabía lo que más me excitaba. Mientras tanto, Mariana, nos veía; se había sacado un pecho del brassier y se lo sobaba suavemente, viéndonos a las dos muy apasionadas. Entonces, mi hermana y yo tomamos a Mariana de una mano cada una y la llevamos hasta mi cuarto. Nos paramos frente a ella y le dijimos: Anda, cógenos, que somos tuyas, haznos tus putitas, haznos tus gemelas de cama, cógenos como quieras.

Y Mariana, sin hacerse del rogar, se acercó a mi hermana, la tomó de las caderas y la besó, metiendo su lengua en la boca mientras mi hermana se entregaba totalmente a su nueva dueña.

Se arrodilló y desabrochó el pantalón de mi hermana lentamente, besando sus piernas y besando su vagina a través de sus braguitas. Mi hermana solo gemía levemente. Mariana continuó con su labor y ya que le hubo quitado el pantalón a mi hermana, comenzó a bajar sus medias, era algo excitante, tenía una forma muy sensual de hacer las cosas.

Bajó las medias rozando las piernas a mi hermana, haciéndola excitarse cada vez más y más. A través de su calzoncito vi como comenzaba a humedecerse por los toques de su amante. De un solo jalón acabó de quitar las medias y bajó las braguitas también. Entonces subió y le arrancó la blusa y desabrochó su sostén, haciendo que sus enormes pechos saltaran. La besó un momento y luego, entre las dos me desvistieron.

Mi hermana bajó mis pantalones y mis braguitas rápidamente y comenzó a lamer mi vagina. Mientras Mariana me retiró mi blusa y mi brassier completamente y comenzó a lamer mis hermosos pechos.

Mis pezones estaban a punto de reventar y Mariana, comenzó a succionarlos como bebé, me excité tanto que me corrí en la boca de mi hermana, quien no había dejado de lamerme. Mariana, era tan excitante, lamía profesionalmente y mi deseo por ella aumentaba cada vez más y más. Entonces, fue cuando mi hermana y yo decidimos que era el momento de hacer gozar a nuestra amante. Las dos nos lanzamos sobre ella y comenzamos a besarla en la boca, le lamimos la cara. Metí mi mano bajo su pantalón y comencé a tallar su vagina, que estaba rebosando en líquidos.

Ahora si te vamos a hacer correrte, mi amor, – dijo mi hermana, mientras le quitaba la blusa a Mariana y nos enseñaba sus hermosos pechos. Yo, por el momento, le había bajado los pantalones y le chupaba su sexo como la noche anterior, esa vaginita que tanto me había encantado de nuevo en mi boca.

Acostamos a Mariana y yo lamí su sexo, metiendo mi lengua y mis dedos al mismo tiempo, mientras mi hermana se había sentado sobre Mariana, dándole de comer su sexo. Chupé, lamí y succioné todo lo que aquella vagina me podía dar, juguitos deliciosos y ella se arqueaba conforme yo la hacía sentir placer. Mi hermana también se arqueaba conforme Mariana le mordía la vagina al acercarse al orgasmo. Mientras yo chupaba, le sobaba el trasero a mi hermana, quien estaba a mil, y tuvo un pequeño orgasmo en la boca de Mariana, quien se tragó todos sus juguitos.

Yo, por mi parte, había hecho que Mariana se excitara a tal grado, que sus pezones estaban gigantescos, la lamí, hasta que de pronto, tuvo un maravilloso orgasmo que me llenó toda la boca de juguitos. Ya que las tres nos corrimos, nos preparamos para la mejor parte del día. Mi hermana sacó un consolador que tenía escondido en sus cajones y se lo dio a Mariana. Las dos nos pusimos en 4 frente a ella, enseñándole nuestras nalgonas y le dijimos:

Ahora sí, preciosa, cógenos a las dos, danos todo.

Y con toda decisión, ella tomó el consolador y de un solo tiro se lo metió en la vagina a mi hermana, quien dejó salir un grito de dolor al principio. Yo veía como se cogían a mi hermana, mientras me masajeaba mi vagina. Mariana comenzó un mete y saca con el consolador, mientras mi hermana se apretaba los pechos con fuerza, para desahogar su gozo. Mariana dejó el consolador dentro de la vagina de mi hermana y comenzó a lamerle el ano, con tal sensualidad que me corrí al momento de ver eso.

1Metió el consolador dentro del ano de mi preciosa hermana, poco a poco, cachito a cachito, hasta que ella se acostumbró a el y entonces, comenzó de nuevo con un mete y saca frenético, que hizo que mi hermana soltara unas lágrimas de dolor. Vi como mi hermana perdía fuerzas poco a poco y entonces, dejó salir un último grito antes de llegar a su orgasmo. Cayó rendida sobre la cama y Mariana le sacó el consolador.

Ahora es tu turno de nuevo, te voy a hacer lo mismo que a tu hermanita- dijo ella mientras me ponía en cuatro.

Lamió mi ano un poco, pero esta vez, no dudó ni un poco en meterlo todo de un solo golpe. El dolor que sentí fue horrible, dejé escapar un grito de dolor, mientras Mariana me agarraba de las caderas fuertemente y comenzaba a metérmelo todo. Fue un dolor intenso, pero muy pronto se convirtió en placer extremo. Mi vagina se humedeció al máximo y mucho antes de que ella pudiera sacarme el consolador, tuve un orgasmo descomunal y me corrí en su mano, llenándola de mi juguito.

Mi hermana y yo nos levantamos al mismo tiempo y tomando el consolador, tomamos a Mariana de las caderas y se lo metimos todo.

¿Querías a tus gemelas, preciosa? Pues aquí están las dos, te están cogiendo ahora.

Y comenzamos a meterle el consolador en la vagina, Mariana se movía rítmicamente con nosotras y nos contagiaba su sensualidad. Mi hermana y yo nos besábamos mientras seguíamos penetrando a nuestra amante. Le metimos el consolador hasta adentro, haciéndola pegar un grito de dolor intenso y después, tuvo su orgasmo.

Mi hermana y yo nos encargamos de limpiarle todo y después, las tres nos quedamos dormidas, Mariana con sus dos gemelas desnudas.

Autora: Audrey

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Para mi hermano, mi virginidad

Luego de unos minutos, donde ya las ganas de que me metiera su polla eran intensas, colocó su pene en mi mojado hoyo y me fue penetrando muy suavemente, con un fuerte dolor pero delicioso, metía y sacaba su polla muy despacio, como si supiera el dolor que me causaba, luego empezó más rápido y el dolor ya era placer. Hasta que de pronto sacó su pene y me mojó mi cuerpo.

Luego de leer algunos relatos en la red, me interesé por revelar uno de mis grandes secretos, aunque como dicen, los fragmentos de un diario son pedazos del alma.

Cuando yo, tenía mis 18 años, mi cuerpo experimentaba los cambios naturales a mujer, donde mis curvas se notaban y mi cola aumentaba tornándose redonda y paradita y mis senos preciosos, yo siempre buscaba tiempo para mirarlos en el espejo y tocarlos sabiendo que es lo más hermoso de mi cuerpo.

En aquella época, nosotros vivíamos en una pequeña casa con mis padres y 6 hermanos todos hombres los cuales eran mayores en edad con más de 10 años, Juancho con quien éramos contemporáneos, pues él me llevaba apenas un año y medio. Por eso siempre compartíamos todo, nuestras vivencias en el estudio y con nuestros amigos. Como la casa era pequeña, dormíamos en el mismo cuarto, pero en diferente cama; donde lo único que poseía para la intimidad personal, era un pequeño vestier para cambiarnos las ropas.

Juancho, desde su cama me decía que quería hablar conmigo pero sin tener que alzar la voz, porque podría escuchar mis padres que dormían en el cuarto contiguo, y empezó a pasarse a mi cama diciendo además, que tenía frío, y se me acercaba tanto a mi cuerpo que escuchaba los latidos de su corazón y empezaba a contarme sus historias que tenía con sus amigas y su novia.

A mí me gustaba escuchar sus historias las cuales cada día eran más eróticas y eso me emocionaba y quería escuchar más, porque cuando mi hermano se pasaba para su cama, sentía calor en mis senos, me los acariciaba y me tocaba mi concha y mi clítoris, hasta humedecerme toda y así podía dormir plácidamente.

En una de sus historias que mi hermano me contó, fue la noche que para mí cambió mi vida. Me decía que le acarició los senos a su novia, que quiso besárselos, pero que ella le impidió que siguiera. De esta manera y ya acostados en mi cama me dijo que mis senos eran similares a los de su novia y que me dejara tocarlos y besarlos.

Yo, asustada pero deseosa de su petición sin pensarlo dos veces, le dije que sí, él me los acarició y besó muy intensamente, parecía que mi hermano se comía el helado de cono más rico, luego él me abrazó pegándome contra su cuerpo, que además por cierto, sentí su polla parada en mi pubis que ya estaba bastante húmedo.

Después de un rato se fue para su cama. No me quedó otra que acariciarme toda, tocar mi conchita hasta saciarme. Fue la primera vez que experimentaba algo tan real con un hombre, aunque era mi hermano.

Fue así como continuaron sus “visitas” a mi cama, con sus historias y besándome mis senitos y arrimando su pene a veces contra mi pubis y otras veces en mi culito cuando se situaba abrasándome desde atrás, hasta que un día, él se había vuelto a pasar a mi cama, mientras yo dormía pero esta vez, se situó por mi espalda dibujando la misma forma como dormía, llamamos posición de cucharas en Colombia, y desperté, pero fingiendo estar dormida lo dejé que hiciera conmigo lo que él quisiera; empezó a tocar mis senos, mis caderas mientras sentía su polla en mi trasero, eso hizo que mi corazón latiera como si se fuera a salir, luego me bajó el pijama y quedé sin nada porque no acostumbro dormir con tangas, a menos que sean esos días difíciles de cada mujer.

Sentí que colocó su polla inmensa y dura, en medio de mis piernas, en un segundo, pensé mucho sobre lo que estábamos haciendo, si tal vez mi hermano sería capaz de penetrarme, si era correcto lo que hacíamos, pero mi cuerpo ya no respondía a nada sino al placer, él empezó a pajearse sobre los labios de mi conchita mojada, mientras que su mano tocaba mi clítoris, yo fingiendo seguir dormida, movía mis caderas lentamente, hasta que Juancho se derramó, y mojó mi conchita, mis piernas y mi cola de una manera deliciosa.

Luego por más de un mes no volvió a “visitarme”, yo no podía decirle nada porque tenía vergüenza, además supuestamente estuve dormida y no me había enterado de lo que pasó, lo que me daba algo de tranquilidad. Pero una noche volvió mientras dormía, me sacó la pijama me besó mis senos, lamía mis pezones paraditos, me acarició mi cuerpo, luego bajó lentamente besándome hasta llegar a mi conchita, yo disimuladamente abrí mis piernas, y empezó a besarla, a meterme la lengua entre mis entrañas mojadas.

Yo “dormida” empecé a acariciarle su cabeza, su cabello, y le hice un intento de halarlo para que me montara, porque ya no aguantaba más el inmenso cosquilleo, él sin pensarlo se subió y me colocó la punta de su polla en mi conchita haciéndome sentir aún más placer…

Luego de unos minutos, donde ya las ganas de que me metiera su polla eran intensas, colocó su pene en mi mojado hoyo y me fue penetrando muy suavemente, con un fuerte dolor pero delicioso, metía y sacaba su polla muy despacio, como si supiera el dolor que me causaba, luego empezó más rápido y el dolor ya era placer. Hasta que de pronto sacó su pene y me mojó mi cuerpo.

Estuvo allí un rato besándome mis senos, yo no quería que se fuera de mi lado nunca más, luego de un rato se marchó para su cama. Fue algo lindo aunque por fingir que dormía, no pude decirle lo hermoso que pasé esa noche. Esto se repitió varias veces pero nunca le dije nada, porque al día siguiente, era como si no hubiera pasado nada.

Espero guarden en su pensamiento esta historia como algo lindo que me pasó aunque nunca se lo pude decir, y que la virginidad como la mía sea para alguien muy especial.

Ahora he tenido algunas experiencias con amigas que he compartido vivienda, donde la parte que hacía mi hermano conmigo, la desarrollo yo, es decir lesbi muy activa.

Autor: Roxypaz

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Por curioso I

Debo decir que nuestro primer beso no fue muy distinto a besar a una mujer, simplemente tocamos nuestros labios y nos separamos un poco y le dije “¿qué tal?” a lo que me contestó: “Mmm no está mal aunque tenía algo en mente un poco más así” y nos acercamos por segunda vez, en esta ocasión si fue más rico por que los besos eran más eróticos, más húmedos.

Primero que nada quiero decir que este es mi primer relato espero que les guste. Les voy contar algo muy excitante que me pasó uno de estos días, con la ayuda claro, del internet. Empezaré describiéndome (como siempre jeje) soy un chico normal, de 24 años, piel morena apiñonada, mido 1.74, cabello obscuro y ojos cafés. De complexión mediana con buenas piernas y buenas nalgas, labios un poco gruesos y en general normal.

La verdad no me considero homosexual ni bisexual, simplemente me considero una persona cachonda. Me gustan mucho las mujeres, más sin embargo por mi naturaleza cachonda y curiosidad (jeje he ahí el nombre del relato) me calentaba la idea de hacer algo con alguien de mi mismo sexo. Quizá por que era prohibido, por que nunca lo había hecho o por que todos tenemos algo de bisexuales adentro, en fin.

Así que un día puse un aviso en contactos de esta página, decía algo más o menos así “hola a todos, no soy gay ni bi pero me da curiosidad estar con otro chavo y busco a alguien lo suficiente cachondo y discreto, ¿serás tú?”. Pasaron los días y recibí algunos pocos mensajes, más sin embargo ninguno digno de tomarse en cuenta.

Hasta que ese día llegó. Tenía en mi bandeja de entrada un aviso de alguien que decía llamarse Iván y decía así “hola, leí tu mensaje y está interesante, es difícil encontrar en estos días a alguien que se anime a cosas así, yo también necesito de discreción, ¿te gustaría probar conmigo?”. Desde ahí empezamos a mensajearnos para conocernos un poco y saber que era realmente lo que cada uno buscaba, hasta decidimos conocernos. Habíamos acordado una cita en un lugar público, para platicar un rato y ver si había química.

No necesitamos estar mucho tiempo en aquel bar para que la química funcionara, él era también un tipo normal físicamente hablando, medía 1.72mts tez morena clara, algo marcado. Me comentó que en ese momento su casa estaba sola y que podíamos ir allá para estar más relajados,  así que tomamos un taxi. Su casa era en un barrio de clase media, muy bien amueblada y decorada. Al entrar nos instalamos en la confortable sala y seguimos platicando de cosas sin mucha importancia, pero como ya no estábamos en el bar nuestra charla fue irremediablemente tornándose hacia el sexo.

Iván se levantó con el pretexto de preparar unas bebidas y al regresar a sentarse lo hizo más cerca de mí en el sillón de tres plazas. Después de un par de tragos me preguntó “¿y cuando te diste cuenta que se te antojaba intentar algo con un chico?” a lo que contesté “pues mira es algo chistoso, estaba una noche buscando cosas calientes en internet y en un buscador le di la palabra pezones y aparecieron varias direcciones, una era de relatos y le di clic. Empecé a leer el relato pero resultó ser de un tipo que se ligaba a un bellboy en un viaje de negocios, se lo llevaba a un cuarto de hotel y se lo cogía, más para mi sorpresa el relato no me desagradó, simplemente no pude dejar de leerlo, me calentó mucho y desde entonces empecé a fantasear con la idea de llevar a cabo algo parecido”

Él me miraba con una mezcla de complacencia y complicidad. “¿Y tu?” le pregunté “¿como te entró la curiosidad?”, “pues verás, conmigo fue algo relativamente más sencillo, desde chico he hecho deporte he estado en equipos de natación, de soccer, de baloncesto y casi nunca he podido dejar de apartar mis ojos de los cuerpos de los demás chicos, ya sea en las duchas o en las albercas discretamente volteo a ver sus piernas, sus pechos, sus nalgas…sus vergas.

Me imagino como seria tocarlos, acariciarlos y eso me pone a mil”. Para este momento ya nos habíamos terminado nuestros respectivos tragos e Iván se levantó a preparar otros, al volver se sentó casi pegado a mi y sin decir nada puso su mano en mi pierna, nos quedamos callados por un instante y solo atinó a decir “¿puedo?” le sonreí un poco y le dije “claro, ¿para eso estamos aquí no?” la acarició un poco y dijo “ no sabes que ganas tenia de hacer esto desde que te vi entrar al bar, no mentiste con respecto a tus piernas” él seguía acariciando y yo llevé mi mano a su cabello, lo acaricié un poco y fui bajando por su oído, por su cuello, hasta llegar a su pecho por encima de su camisa.

Se sentía rico, durito y caliente. Él esbozó una sonrisa y estuvimos así por un rato. Para estos momentos estaba experimentando una emoción que nunca había sentido, por que al final de cuentas era algo sexual y a la vez prohibido (lo cual hace que todo sepa mejor). Instintivamente mi mano bajó por su pecho hasta su abdomen y empezó a jalar su camisa, intentaba sentir su piel, en eso él me detuvo y dijo “espera, si quieres seguir debes dejarme hacer algo primero” en ese momento no comprendí y después dijo “déjame probar tus labios”.

Nunca habíamos hablado de eso, pero la verdad también se me antojaba. “es que se ven tan ricos” dijo, “ok” le contesté “pruébalos” fue una actitud algo retadora pero estaba tan nervioso que no se como pude contestarle así. Nos fuimos acercando poco a poco y cuando casi se rozaron nuestras bocas nos dio un pequeño espasmo de risa de nervios y al ver que dudó por un segundo le dije “no seas tímido” y lo besé.

Debo decir que nuestro primer beso no fue muy distinto a besar a una mujer, simplemente tocamos nuestros labios y nos separamos un poco y le dije “¿qué tal?” a lo que me contestó: “Mmm no está mal aunque tenía algo en mente un poco más así” y nos acercamos por segunda vez, en esta ocasión si fue más rico por que los besos eran más eróticos, más húmedos.

No me había percatado que al estar besando no abría mi boca, sino que simplemente besaba con los labios, en eso él tomó mi mentón y abrió un poquito mi boca, lo suficiente para meterme la lengua. Mmm debo decir que esto era mucho más rico de lo que había imaginado, sentir su lengua junto a la mía acariciándose era muy caliente.

En eso su mano empezó a acariciar mi pecho y a desabotonarme la camisa, esto me puso a mil en un segundo. Quitó tres botones y pude sentir su mano caliente en mi piel, esto me dio una especie de descarga eléctrica sexual,  con toda su mano acariciaba mi pecho y se detenía a acariciar lentamente mis pezones que son muy sensibles.

En eso se separó y me dijo “oye ¿no quieres ir a mi cuarto para estar más cómodos?” hice un movimiento afirmativo con mi cabeza y el dijo “vamos” pero antes de levantarnos del sillón volteé a mirar su paquete, y por lo que vi vaya que le había prendido lo que habíamos hecho pues se le notaba la verga dura por debajo del pantalón.

Lentamente mi mano se dirigió hacia ella y le di un apretón por encima de la ropa, por su expresión pude notar que casi se viene y solo me dijo “ven, acá estaremos mejor”

Continuará…

Autor: El curioso

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