Un sueño hecho realidad

Parejas Liberales, Trío. Me llamo Alejandro, tengo 50 años y mi esposa Miranda 40, somos un matrimonio solo, es decir no tenemos hijos, mi esposa es Abogada y yo Ingeniero Civil, Miranda, así se llama que por cierto debo decir que es una espléndida mujer, tiene un hermoso cuerpo el cual cuida mucho con ejercicio y un rostro con un lindo color moreno cobrizo muy atractivo, cabello negro y a los hombros y por ende un bello cuerpo muy bien armonizado el cual trata de cuidar a base de mucho ejercicio en el GyM.

Esta historia comienza en septiembre de hace 3 años, en Colombia (precisamente el día de mi cumpleaños) y de regalo le he pedido a mi esposa una noche de pasión como obsequio.

Por ser ese día muy especial, mi esposa me invito a cenar, tomar unas copas y a bailar para celebrar mi cumpleaños, de tal forma que acudimos a un Restaurant-bar céntrico, escogimos una mesa alejada junto a un ventanal, ahí tomamos varias copas de vino y platicamos de nosotros de nuestra felicidad y lo bien que nos sentíamos uno al lado del otro.

Miranda me decía, -esto no es todo… en casa te tengo algo especial, te daré mi cuerpo y todo lo mejor de mí.

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Sala de juntas en llamas (II)

Quería darle más, mucho más placer. La deseaba tener a todo esplendor. Me deleité cargándola piernas en hombros y apoyándola a la mesa. Ella complacida aprobaba cada movimiento con repetidas afirmaciones en variados tonos. No podía dejar de besarla. Hasta que una petición formal me hizo cambiar la estrategia: “con la puntica”, me imploró casi susurrando . Sus deseos eran prioridad.

 

Ella ya estaba entre mis brazos. La apretaba contra mi cuerpo para sentir el suyo rozándome por completo. No dejábamos de besarnos. Nuestras lenguas parecían tener vida propia y saber exactamente lo que querían. Escuchaba su respiración entrecortada, mientras trataba de concentrarme en decirle frases al oído. “Siempre he querido tenerte así…cerquita” Ella sólo se limitaba a sonreír con satisfacción y yo recorría su cuerpo con mis manos. Le apretaba el trasero, acariciaba su cintura hasta a llegar a sus senos.

Decidí no quitarle el vestido de escote en V que tenía anudado al cuello. La besaba a través de la tela. Así podía sentir un roce de sus pezones que estaban completamente activos, esperando que mi boca decidiera marcar su territorio.

Deseaba tanto hacerla sentir mujer. Ella estaba emprendiendo el vuelo al mismo tiempo que acariciaba mi cabello y empujaba levemente mi cabeza hacia su ombligo, el cual besé con locura. Trataba de contener mi desesperación por continuar descendiendo hasta su bajo vientre.

Apoyé mis rodillas en el suelo y subí su pierna izquierda sobre mi hombro. El aroma comenzaba a seducirme. Sabía que ella iba a estar completamente lista para darme una cálida bienvenida. Me pedía, me suplicaba que la devorara con pasión y eso hice.

Sólo que primero jugué con sus ganas y me dediqué a recorrer con ligeros besos y suaves caricias la parte interna de sus muslos. Sentía los jalones de cabello que ella me daba como señal de que acabara con su sufrimiento. Me acerqué lentamente para rozar mi cara contra su fuente de lujuria, que esperaba con ansias ser saboreada con todo el amor merecido. Le correspondí.

Baje con mucha delicadeza el bikini, que no podía dejar de mencionar cuánto me excitó sentir la suavidad de la tela de su ropa interior, y admiré mi presa con apetito. Lucía tan sexy. Eso sumado a la desesperación mostrada por la presión que ella ejercía con sus manos mientras sus dedos estaban sumergidos entre mi cabello, hizo que acelerara mi paso por las vías de la felicidad femenina.

No escatimé. Besos, soplidos suaves, mordiscos leves y mucho movimiento. Mi lengua se convirtió en atleta al subir y bajar con acelerada velocidad. A la par iban sus gemidos, suspiros, gritos. Estaba en completo éxtasis de placer. El brebaje que brotaba de su interior era muestra de lo cuánto estaba disfrutando del momento.

Quería darle más, mucho más placer. La deseaba tener a todo esplendor. Me deleité cargándola piernas en hombros y apoyandola a la mesa. Ella complacida aprobaba cada movimiento con repetidas afirmaciones en variados tonos. No podía dejar de besarla. Hasta que una petición formal me hizo cambiar la estrategia: “con la puntica”, me imploró casi susurrando . Sus deseos eran prioridad.

Comencé la coreografía improvisada, dominada por el ritmo de sus exigencias y multiplicadas por un “asííííí” que empezó a invadir mi cabeza. Me llenó de satisfacción. Ella estaba tocando el cielo, acariciando las nubes, haciendo eco de su sentir en aquel espacio que siempre será nuestro. La sala de juntas donde sus quejidos se fijaron a las paredes para siempre. No podíamos parar.

El debate entre el gusto y la desesperación había comenzado. Pedía más y yo la complacía. Mi cuerpo se cargaba de una cristalina energía para continuar navegando hasta que apareciera el cortante grito sonoro, para ir activando lentamente la versión relajada de ese cuerpo de realeza erguido sobre mí.

El convencido anuncio de la llegada estaba naciendo. Mi extrema alegría se manifestaba con la coreografía de toda mi boca, ensayada hace ya unos minutos. Aumentaba la tensión de sus muslos. Las patadas no se hicieron esperar. Una serie de chispas de corriente se apilaban en su cadera haciendo tambalear todo su cuerpo. Ella grita “¡qué delicia!”. Frase que marcó con sello de confesión aquel encuentro.

Acto seguido, cada músculo se vence. Cae como marioneta sobre mis brazos y me dice al oído “me leíste el pensamiento”. La aprieto con más fuerza y un poco desconcertado. Mi cuerpo acurrucar su placer y empiezo a negociar con besos las futuras caricias de los minutos posteriores. Ella capta el mensaje y se desliza con premura hasta en suelo. Creo que llegó mi hora de volar.

 

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La experiencia más erótica de mi vida

Hacía algunas semanas que iba a aquellas clases de teatro. Tenía muchas ganas de volver. Me sentía tan libre durante aquellos momentos… tan conectado con mi cuerpo, con mis emociones y con los demás, tan vivo… además allí hay chicas guapísimas. Cuando llegué, la clase acababa de comenzar: unas 20 personas sentados el uno frente al otro en la penumbra mirándose, simplemente, con amor, escuchando la cálida, pausada voz de Alba, la monitora.

Me enchufé a una chica guapísima francesa, una rubia de ojos verdes en cuyos ojos me derretí. La invité a entrar a través de los míos, que se habían convertido en espejos que la reflejaban a ella, pequeñita en mis pupilas. Era impresionante verme en las suyas y, daba un poco de vértigo. Cuando acabó el ejercicio, nos fundimos en un abrazo.

Así fue pasando la mañana, entre risas, miradas cómplices y huidizas, abrazos y sonrisas. Entre bastidores. Recreando el juego de la vida a través de nuestros propios personajes. El último ejercicio me tocó con Silvia. Estaba radiante. Los cabellos cobrizos le caían desordenadamente por los hombros. Sus ojos brillaban, y la poca luz que se filtraba a través de las persianas relucía en su piel ligeramente sudada por el ejercicio. Sus pezones se transparentaban a través de la camiseta amarilla con un ligero escote. No llevaba sujetador.

Me miró. Le sonreí. La sensual voz de Alba comenzó a explicarnos el siguiente ejercicio: debíamos, simplemente, cerrar los ojos mientras el otro nos daba besos por todo el cuerpo, donde quisiera. Sonaría una música durante algunos minutos y, cuando acabase, sería el turno de quien permaneció pasivo, del que solo se dedicó antes a disfrutar del momento y sentir en su piel y su alma el contacto de labios juguetones que descubrían por vez primera su textura y sabor.

Yo cerré los ojos. Ella empezó. Sus labios rozaron mi cuello y besaron mis pies con devoción, todos y cada uno de mis deditos fueron besados por sus dulces labios. También me recorrió con su boca mis brazos, la punta de los dedos de las manos y, finalmente, succionó con sus labios mi cuello durante unos pocos segundos y me rozó la comisura de los labios con los suyos. Abrí los ojos, la vi, sonreímos, y sabía que me tocaba a mí. Que podría disfrutar de su piel tersa y caliente en mis labios, que su sabor llenaría mi boca, que mi lengua podría, sutilmente, acariciar el lóbulo de sus orejas pequeñitas. Mi primer beso fue en el dedo gordo de su pie derecho, muy dulce, casi rozándolo. Ella suspiró, no se lo esperaba. Tenía un sabor salado. Mi segundo beso fue en el otro dedo gordo, esta vez lo chupé un poco, pero muy sutilmente. Fui subiendo por sus piernas, besé sus rodillas desnudas por delante y por detrás, concienzudamente. Notaba como su respiración se agitaba. Sabía que había ciertos límites tácitos que no debía traspasar, pero sabía jugar y llegar hasta ese límite sin traspasarlo. Mis labios se posaron en la parte de su pecho que quedaba descubierta, arrastrándose lentamente por su piel tenue y caliente que temblaba. Me incorporé, la vi tan indefensa, allí, recibiendo mis besos, con aquel calor, aquella música sensual que rezaba porque no dejase de sonar. Esperé varios segundos. Ella se retorcía, anticipando el siguiente beso. Poco a poco, mis labios se acercaron a su cuello palpitante, que tembló todavía más al recibir primero mi aliento y luego la bienvenida intrusión de mi lengua pícara que, mojada, recorrió en círculos aquella piel desnuda que tanto lo deseaba. Mis labios aprisionaron su piel para luego soltarla. El que debía ser mi último beso fue un roce casi imperceptible de mis labios con los suyos. Ella no pudo evitar gemir. Cuando por fin abrió los ojos, los dos sabíamos que nos íbamos a devorar como animales en pocos minutos en el almacén; después de la clase todo el mundo se iba y nadie nos buscaría allí.

Cuando todo el mundo se hubo ido me cogió de la mano y, discretamente, subimos las escaleras de metal fijándonos en que nadie se hubiera dado cuenta de nuestra ausencia. Cerramos la puerta de un portazo. Mientras nos quitábamos la ropa, nos empezamos a chupar como animales salvajes, yo la cogí por la nuca y y restregué su lengua por mi pezón, moviendo su cabeza de un lado a otro y sintiendo su lengua pequeñita y calientita deleitándose con mi piel sudada, tragándose casi mi pecho, poseída por la excitación. Nuestras bocas se unieron y nuestras lenguas se buscaron casi con desesperación. Me excitaba crear más saliva en mi boca para que ella se la tragase, para que mi fluido entrase en ella, en su boca ,algo que no tardaría en pasar. Le miré a los ojos. Ella miró mi polla con deseo, se moría de ganas de comérmela. Le penetre la boca con mi polla. De golpe. Y empecé a follármela a saco, mi pelvis se movía adelante y atrás a toda velocidad. Ella cerraba los ojos y segregaba más saliva mientras iba gimiendo de excitación, parecía que nos hubiéramos vuelto locos. No quería correrme todavía, y tenía ganas de fundirme con ella. Se dio la vuelta y me ofreció su culo. Me puse un condón y la penetré poco a poco, disfrutando como su calor me envolvía. Comenzamos a follar. Yo ya no sabía dónde estaba, ni quién era ella casi, sólo había calor, deseo y amor. Mi polla la llenaba. No sé cuánto tiempo estuvimos así pero para mi fue un solo instante eterno de dicha. Me fui. Me derrame, me fundí en ella. Cuando acabamos, la miré a los ojos, le enseñé el condón con todo mi semen y dije que quería que se lo tragase. Asintió. Embadurné mi glande con mis jugos y se la ofrecí. Ella, con devoción, como una gatita hambrienta, me la lamió enterita hasta que no quedó ni la más mínima gota de semen, luego me enseño su lengua blanquita, me miró a los ojos y se lo tragó mientras sonreía. Nos besamos y salimos a la calle cogidos de las manos. Hacía un día precioso y soleado, aunque algo frío. Nos miramos y nos fuimos a tomar un café. Aquello era el principio de algo, aunque no sabíamos bien de que. En ese momento, no nos importaba. Sólo sentíamos que habíamos compartido un momento mágico juntos, y que seguramente habrían más. Sonreímos.

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Vida nocturna, vida de pasión: Mi primera salida pública.

Vestía con una pollerita ajustada de color blanco, unos jeans a la cadera, zapatos negros de sugerentes tacos aguja. Creo que él miraba la tirita del colaless negro que coquetamente huía de los márgenes del pantalón y dejaban en evidencia mis gustos interiores. Los nervios me consumían por completo, se me sentía muy observada. De no ser por los lentes de sol que usaba, me habría cortado y no hubiera sido capaz de traspasar el umbral de la puerta. Él me decía que me hacían ver diva, sobre todo con el pollerón con capucha, por el que arrancaba la larga peluca castaña, semi ondulada que tanto me gustaba.
Era la primera salida nocturna y pública de mi lado femenino.

Fuimos a una disco que él había frecuentado varias veces, se notaba porque conocía al guardia de la puerta. El lugar prometía, quedaba en un callejón sin salida, había una humilde puerta con una minúscula arroba de neón fucsia afuera. De la oscuridad pasamos a un festín, buena música y mucha gente. Al entrar sentí que poco a poco comenzaba a ser una hembra.

Entrados en contacto con el ambiente, y un par de tragos, nos pusimos a bailar… habían más chicas como yo, incluso bailando entre ellas, otras solas. Otras tenían a su hombre, como yo, y otras a más de uno. Mis meneos comenzaron lentamente a ser parte de ese ambiente, me sentía liberando un sentimiento intenso, una catarsis.

A ratos, en las canciones lentas, él me tomaba fuertemente y me hacía sentir su hambre de macho, me besaba y deslizaba sus manos hacia mi cola. No me gustaba que todos me vieran así, pero a la vez me hacía sentir tan puta que solo tenía fuerzas para dejarlo usarme. A ratos, descansábamos en un sofá, con forma de ele… descansaban nuestros pies, pues nuestras bocas, y principalmente sus manos, se movían con ansiedad, con desenfreno, con deseo. A ratos, mientras bailábamos me volvía de espaldas hacia él, y me abrazaba por la cintura, chocando su ser contra mi cola. Sentía un éxtasis, un cosquilleo, un grito interior que me liberalizaba.

Cuando llevábamos aproximadamente dos horas en la disco, suavemente me dijo al oído que la diversión seguiría en otro lugar. Nos levantamos del sofá y nos dispusimos a alejarnos de aquel inolvidable lugar.

Su auto estaba a pocas cuadras, mientras caminábamos oía el repiquetear de mis tacos, candentes, seguros y fuertes. Escucharlos aumentaba mi sentimiento de hembra objeto, sentía como el cuerpo olvidaba su cárcel masculina y se dejaba llevar por los azares de la noche. Él en los lugares más oscuros, me tomaba con su fuerza y me besaba una y otra vez, hasta que a lo lejos se sentía algún auto, u otro transeúnte. No quería llegar al auto, este viaje me resultaba de lo más placentero.  Y es que en esos intervalos de oscuridad, no solo me besaba, me recorría intensamente con sus sabias manos, incluso las metía por debajo del pantalón y abusaba de mi cola. Mi única protección, la tirita del colaless.

Llegados al auto, entramos, el lo encendió… y mientras calentaba el motor, mis manos se fueron a su marrueco, escarbaron… mi boca se fue directo al hallazgo.

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Mi cuarta experiencia

regularmente escribo mis relatos cuando recuerdo mis experiencias y ando muy caliente, pero esta noche solo estoy aburrido y una vez mas motivado por sus emails les cuento.
despues de la super experiencia con david no tuvimos mucho contacto de hecho ninguno, pero un dia coincidimos en el chat y nos pusimos a chatear como de costumbre la conversacion se puso caliente, wao que arte tiene este flaco para calentarme, tanto fue asi que terminamos citandonos, pero esta vez queriamos disfrutar a plenitud y con espacio por lo que decidimos ir a un motel luego de un insolito acuerdo, estaba tan excitado y deceaba tanto volver a vivir una de esas experiencias que me dan ese toque de energia concentrada que acepte, el me dijo que afeitandose el culo se habia hecho una herida y que le dolia mucho y por eso no podia penetrarlo. me dijo: si me dejas penetrarte que quieres hacer tu ? le dije: si te dejo penetrarme pues me dejas correrme en tu boca. y pues extranamente aceptamos, si extranamente porque nunca pense decirle a un chico que era libre de penetrarme, pero a esas alturas ya era un hecho. sali en mi auto en direccion al lugar mientras nos comunicabamos por celular hasta que llegamos al sitio, un pequeno motel pero limpio y discreto, entramos a la habitacion y entre risas nerviosas nos fuimos acercando y comense a tocarlo me excitaba mucho tocar su cuerpo delgado lleno de duros musculos, comence a besarlo y nos fuimos tocando descubriendo como nos iva creciendo el bulto algo que sucedia muy deprisa, es indescriptible como se pierde la razon en encuentros como estos, el comenzo a desvestirse y lo detuve, le dije dejame hacerlo yo y asi vivo al pie de letra mis fantasias, le quite la camisa, y abrase su torso desnudo, le bese mordi, lami el cuello, pecho, abdomen hasta llegar al pantalon el cual fui deslizando luego de morder por encima de la tela su rica y dura verga, finalmente la libere de la presion y mientras la olia y sentia ese calor fulminante en mi cara la devore comence a chuparsela euforicamente dioooossss que locura, lo desnude completo y el a mi comensamos a disfrutar ambos de nuestros cuerpos, besarnos, apretarnos las nalgas, tocarnos el culo, bueno el a mi porque cuando lo intente hacer se quejo que le dolio la herida, nos tumbamos sobre la enorme cama y nos enrroscamos, se mezclaba ese calor masculino de nuestros cuerpos calientes nuestras vergas rosadose mas bien frotandose apretandose como queriendose enrredar, el debido al acuerdo que llegamos comenzo a jugar con mi culo cosa que me recalentaba me puso una almohada bajo las nalgas me subio las piernas y comenzo a lamer mi ojete, a lamer a chupar a morder destrozaba mis sentidos excitandome sobremanera con la mamada de culo que me daba, hicimos un rico 69 yo le chupaba la verga y el me la mamaba a mi, las bolas y el culo comenzo a introducir un dedo me masturbaba por el culo mientras me la chupaba asi estubimos buen rato no se cuantos dedos mas introdujo solo se que despues de ponerme en posicion se puso un condon y coloco su verga en la entrada de mi hoyito, como siempre no es cosa facil aunque el dice que nunca habia visto a un virgen que le entrara una verga tan facil, en realidad creo que ademas de que su tamano no es nada relevante algo que no me molesta mas me agrada, creo que tengo buena capacidad ademas de la conciencia de lo que hago, despues de una escandalosa mamada en el culo finalmente me la coloco entera muy despacio pero entera, no se si siempre se sentira asi puesto que la primera vez no se si por la euforia ni recuerdo como se sintio pero esta vez sentia cada cogida, sentia como me clavaba y no se si todos sienten lo mismo pero mis gemidos salian de cierta sensacion de molestia a la vez sentia placer pero no dejaba de sentir aquella extrana sensacion pero me excitaba el hecho de ser dominado por el joven david, el me embestia como tratando de describir que yo sentia mientras gemia viendome a mi mismo en los espejos detras de la cama me veia la cara mientras era penetrado y gemia y daba punetazos el las almohadas y en el mismo espejo producto de las embestidas de aquel chico apuesto que tambien veia a traves del espejo mientras hacia alarde de sus movimientos, me dijo que casi se corria entonces se retiro y volvimos a las caricias y a otro violento 69 despues de quitarle el condon, luego lo acoste bocarriba y comence a restregar mi culo contra su verga resbalaba debido a la cantidad de lubricante y el estaba jadeando como un animal y la calentura fue tanta y el roce me abrio tanto el culo que introduje su verga esta vez sin condon en medio de la euforia, no le dimos cabida a la conciencia y asi lo cabalgue un buen rato mientras apretaba su linda y masculina cara con mi mano derecha y lo besaba y mordia el cuello, asi fui aumentando cada vez mas la velocidad hasta que me aviso que se queria correr y sin dudas le dije que lo hiciera adentro ya que habia llegado aquel punto pues tambien necesitaba sentir los chorros de leche dentro de mi como habia leido en otros relatos, entonces disfrute su cara, sus espasmos mientras se corria lamento decirles que no senti los chorros como dicen pero el momento fue casi orgasmico para mi, ufff luego de correrse que mientras lo hacia yo acelere el movimiento me quite de encima para que ahora cumpliera su parte me acoste con mi verga bien dura y el comenzo a darme una de sus esplendidas mamadas demore un poco en correrme pero cumplio le avise y le llene la boca de leche porque eso si mis corridas son descomunales le dije tragatela pero david salio corriendo al bano donde casi vomita de las asqueada, alli se enjuago la boca mientras yo en cuatro delante del espejo mirandome el culo puje para disparar mi leche como habia visto en la peliculas porno y asi fue, solte un chorrito disparado que cayo sobre la cama, camine hacia el bano a ducharme y el compartio la ducha conmigo, sin caricias ni besos ni nada, nunca me habia duchado con otro hombre, pero todo acabo ahi, nos vestimos no montamos en mi carro lo deje en el de el y nos fuimos cada cual por su camino, yo de idiota confie y el tambien pero por precaucion el se hizo examenes de hiv y gracias a dios salio negativo, suerte!!! somos chicos sanos, pero a nadie le aconsejo a pesar de la locura que implica el sexo no cuidarse, una vez mas les corroboro que las historias son reales, si me quieren escribir: xaxero@hotmail.com.

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Tarde ardiente

Era una tarde de verano; hacia calor, mucho calor, lo que por esas fechas de verano no era ninguna novedad. Yo estaba en casa, tumbada en la cama, con un camisoncito de algodón de color marrón chocolate y bordes negros. El camisón se ajustaba a mi piel más aun por el sudor del calor pegajoso. No tenía puesto sujetador ya que el escote era en triángulos y además cuanta menos ropa, con aquel calor infernal, mejor. Sólo llevaba de ropa interior unas braguitas diminutas de color rosa con encajitos, muy cursis, pero con unas transparencias maravillosas.

Compartía piso con unas amigas, y en ese momento estaba sola en casa porque tenía que venir aquella semana para arreglar unos papeles de la universidad, y la soledad de la casa me gustaba…mmm…silencio. Un silencio que sólo se perturbaba cuando ponía música o encendía el televisor. Desde la cama puse música en el portátil y la estaba disfrutando dejando la mente en blanco y dejándome llevar por ella, intentando olvidar el calor, aunque la música que tenía puesta de vez en cuando me hacía mover las caderas de forma sensual.

Estando así, de pronto, sonó el móvil. Puff, quién podría ser, con lo a gusto que yo estaba. Me levanté a cogerlo porque me lo había dejado en el salón, y vi que eras tú el que llamaba. La mueca de disgusto por haber sido interrumpida cambió a una sonrisa radiante mientras contestaba la llamada.
-Hola, mi amor
-Hola, cariño
-¿Qué tal estas amor? Mientras hablaba me volvía a dirigir a mi cuarto para recostarme en mi cama.
-Bien, muriéndome de calor. ¿Qué tal por allí?
-…No, estoy en el piso de aquí…creo que tengo el mismo calor que tu ahora mismo
-¿Estas aquí entonces?
-Si, amor. Tuve que venir para arreglar papeleo y estaba disfrutando de mi casa unos días sin nadie comiéndome la cabeza.
-¿Estás en tu habitación?
-Sí, recostada en mi cama.
-Mmm… ¿qué llevas puesto?
-Un camisón, porque me muero de calor.
Así seguimos hablando un rato y la conversación empezó a calentarse. Tú me indicabas donde querías que me tocara y como quería que lo hiciera y yo obedecía como tu esclava, arrancándome gemidos a través del teléfono. Y cuando estaba a punto de correrme sonó el timbre de la puerta.
-Grrrrrrrr, no puede ser… ¿y yo como abro así?
-Desde luego le va a dar un infarto al que sea y te vea así, cariño – me decías entre risas.
-Voy al baño a adecentarme un momento.
-Anda tonta. Ábreme la puerta, que soy yo.
-Serássss….. – colgué el teléfono.

Corrí por el pasillo para abrirte. Nada más abrir la puerta me cogiste entre tus brazos y empezaste a besarme con pasión, deseo, locura, acariciándome a través del camisón, revolviéndome el pelo, agarrándome el culo y apretándolo fuerte. No daba lugar a palabras, sólo nuestros cuerpos hablaban. Exigiéndose más y más el uno del otro. Como pudimos, llegamos a mi cuarto abriendo la puerta de una patada. Todo el camino sin dejar de besarnos. Me pusiste sobre la cama y te apartaste para mirarme; mis labios rojos por tus besos, mi mirada llena de lujuria y deseo, mi pelo alborotado y mis dedos llenos de los jugos que antes me habías provocado por teléfono. Nada mas verlos, te dispusiste a lamerlos hasta no dejar nada para mí.
-¿No me vas a dejar nada?
-Saboréalos en mis labios.
Y así lo hice. Recorrí con mi lengua cada parte de tu boca, saboreándome en ella.
-Mmmm delicioso – te dije.
-Tú sí que estás rica.
Me arrancaste el camisón de un tirón, sacándolo por la cabeza con fuerza, dejándome sólo con mis braguitas.
-Te voy a devorar entera.
-Tú llevas mucha ropa. – Y así, te arranqué la camiseta que traías arrojándola al suelo.
Pasé la mano por tu pecho suavemente, entre tu pelo suave, y bajé hasta tu cinturón el cual empecé a desabrochar para continuar con tus pantalones. Ahora sí estábamos en igualdad de condiciones, los dos sudorosos, con la respiración acelerada y muriéndonos por amarnos.
Te extendí la mano y te atraje a la cama, tumbándome yo primero en ella. Volvimos a entrelazar nuestras lenguas, a recorrer nuestros cuerpos con las manos, deteniéndonos en las partes que sabíamos que nos provocaban más. Tú empezaste a bajar por mi cuello, dejando un rastro de besos por él, hasta que llegaste a mis pechos los cuales empezaste a chupar y lamer con maestría ayudándote de las manos. Yo, mientras gemía de placer, recorría tu espalda con mis uñas y me aferraba a ese culo que tanto me gusta. Abandonaste mis pechos para pasar a mi ombligo, pasando por él tu lengua y jugando con el, mientras me mirabas maliciosamente y tus manos se iban dirigiendo al borde de mis braguitas. Las empezaste a bajar muy lentamente, casi torturándome, hasta que cuando llegaste a las rodillas las sacaste de un tirón. Ya estaba totalmente expuesta a ti, totalmente desnuda, con mi coño lleno de efluvios del placer que estaba sintiendo. Llevaste tus dedos lentamente a mi pequeña perla y empezaste a acariciarla y sin previo aviso introdujiste tus dedos en mí, profundamente. Mmmmmmm, qué sensación; dentro todo era calor, humedad, fuego, lava derramándose en tus dedos. De pronto, tu lengua pasó a estar en mi perla, donde antes habían estado tus dedos. Yo daba gritos, gemía, pronunciaba tu nombre una y otra vez.
-Para, para… mi amor.
Levantaste la cabeza extrañado, sin sacar tus dedos. -¿Estas bien? ¿Qué te pasa?
-Que a esto pueden jugar dos. – te dije mirándote a los ojos y sonriendo con malicia.
Me entendiste perfectamente y sacando tus dedos, que esta vez sí me dejaste lamer, lentamente me permitiste deshacerme de la escasa ropa que te quedaba y nos dispusimos a hacer un fantástico 69. Tú volviste a la miel de mi centro y yo empecé a saborear tu polla, primero lentamente capturando hasta la última gota de líquido preseminal, y luego con más rapidez ayudándome de mis manos para crear fricción y acariciarte los testículos, por los que también pasé mi lengua jugando con ellos.
Estábamos los dos cerca ya de nuestros respectivos orgasmos pero no queríamos corrernos aún. Paramos y me preguntaste:
-¿Dónde están los condones?
-En la mesita de noche, pero no te preocupes…Estoy tomando la píldora.
-De acuerdo.
Así, me pusiste a cuatro patas y me empezaste a acariciar los pechos mientras me besabas el cuello desde atrás. Subiste y me susurraste al oído.
-¿Me deseas mucho?
-Siiiii. Te quiero dentro de mí…
Me penetraste de una sola embestida y los dos gemimos al unísono al producirse el encuentro. Empezamos a movernos de forma ondulante, cada vez más rápido. Tú dándome y yo saliéndote al encuentro. Con una mano agarrada a mi cintura y la otra jugando con mi clítoris.
-No pares, no pares… – te gritaba yo. Tú no podías responderme, sólo entrabas y salías de mí.
Sin previo aviso te saliste de mí y me diste la vuelta, tumbándome boca arriba en la cama y subiendo mis piernas a tus hombros.
-Quiero mirarte a los ojos mientras te corres.- Y de esa manera volviste a llenar mi coño.
La penetración ahora era todavía más profunda y más intensa. Ya todo era rapidez, embestidas feroces, gemidos por ambas partes. Ninguna frase coherente salía de nuestros labios. Y entonces sentí tus latigazos en mi interior, cálidos y abundantes, lo que me hizo estallar junto a ti, gritando de placer. Los movimientos se fueron haciendo más lentos y nos fuimos relajando hasta caer exhaustos enredados el uno en el otro. Abrazados, sólo escuchando nuestra respiración, nos quedamos dormidos.

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Con unas ansias que no entendía: mi primera vez con otro hombre

Viendo que mi anterior relato tuvo una buena acogida, me animo a escribir más experiencias que he vivido, así que empezare por una de las primeras experiencias que tuve con otra persona del mismo sexo.

Esto fue ya hace varios años, para ser exactos cuando estaba en mis 18 y empezaba mi primer semestre en la universidad, ese día salí de clases al mediodía e iba ya hacia el apartamento.

Tome un colectivo, cuando pasamos por el centro un joven se subió al colectivo, la verdad no pensé nada sobre él. Varios minutos después era ya mi bajada, así que descendí del colectivo y empecé a caminar hacia al conjunto en donde vivía en esa época, cuando entraba el joven del colectivo algo menor mío, caminaba junto ami, y me empezó a hablar acerca del clima de ese día, cuando ya llegaba al edificio donde debía entrar, este chico me pidió el favor que le prestara el baño, por que vivía a un par de manzanas de allí y no tenia las llaves del apto, y que tal vez su madre no estuviera, así que viendo esta situación accedí a prestarle el baño.

Una vez entramos al apto, le dije donde quedaba el baño, él siguió y yo fui al cuarto a dejar mis cosas ,cuando iba a la cocina pase frente al baño y para mi sorpresa estaba la puerta abierta totalmente, y él estaba orinando, tomando con su mano derecha su verga, la cual soltaba un chorro grande y a presión de una orina clara casi transparente, fue una situación al comienzo un poco tensa, pero pase lo vi., me vio, me sonrío y yo seguí hacia la cocina.

Serví 2 vasos de refresco para ofrecerle y él ya estaba en la sala, como si nada hubiese sucedido, yo opte por tomarlo igual, hablamos por unos minutos mas, de otros temas, ya lo estaba acompañando a la salida, y cuando nos dimos la mano para despedirnos……..
Este chico salto sobre mi y me dio mi primer beso a otro hombre, estaba perplejo pero no podía de dejar de saborear su legua e introducir la mía en su boca lo mas profundo que podía. Era increíble estaba allí en la sala del apto besándome apasionadamente con otro chico, comenzamos a acariciarnos todo, pasamos nuestras manos por nuestros rostros, yo fui bajando lentamente por su espalda hasta llegar a su paradito y pequeño culito, el cual empecé a masajear, mientras el se concentraba en desabotonar mi pantalón y bajar el cierre, cuando estábamos así decidimos ir a mi habitación para estar mas cómodos.

Cuando llegamos a la habitación, seguimos besándonos como 2 amantes que hacia mucho tiempo se querían comer, con unas ansias que no entendía, ni me interesaba en ese momento entender.

Fuimos quitándonos toda la ropa cuando volví a reaccionar estábamos desnudos besándonos en la cama, vi su cuerpo algo mas delgado que el mío, y al fin tuvimos el tiempo de detallarnos todo, yo miraba se cuerpo delgado y su verga un poco mas pequeña y delgada que la mía, pero con una erección que parecía que se le iba a reventar allí, cuando vi su rostro el estaba totalmente concentrado en mi verga solo la miraba de pronto bajo su manos y la tomo entre ellas, y bajo su cara lentamente hasta que sentí como su lengua empezó a recorrer mi glande, lo recorría de arriba abajo saboreando mis líquidos preseminales, y ahí me la empezó a chupar de una manera que nunca pensé que se pudiera gozar de esa manera, solo me concentraba en acariciar su cabello y su espalda mientras este chico me daba mi primera mamada por otro hombre, cuando ya estaba a punto de reventarme le pedí que cambiáramos de posición y quedamos haciendo un 69, allí el chapándome la verga, y yo chupando mi primera verga, algo delgada pero con un sabor delicioso un saladito suave con sus líquidos saliendo por esa bella cabecita roja, la cual yo lamia y chupaba como si fuera un bombom, después de besarnos todo y chuparnos todo este chico soltó mi verga y me dijo que estaba por venirse, se la chupe con muchas mas ganas y el de nuevo introdujo mi verga en su boca, dándome unas chupadas como si quisiera que no eyaculara si no que el succionara mi semen, , de repente sentí en mi boca una oleada de un liquido espeso, caliente, salado, al mismo tiempo que su cuerpo se contraía y estiraba, al compás que esos chorros golpeaban mi lengua, no tuve tiempo de saborearlos mas por que en ese momento el chupaba aun con mas fuerza y yo también le inunde su boca de mi semen, mi verga parecía crecer a medida que soltaba cada chorro en su boca.

Cuando al fin se detuvo, nos sentamos uno frente al otro y nuevamente empezamos a besarnos, pasábamos nuestras lenguas de una boca a la otra y así mismo pasábamos nuestras leches, era una mezcla de saliva, semen, excitación y descontrol. Nos besamos por varios minutos mas, acostados uno sobre el otro restregándonos nuestras vergas nuevamente erectas intentado penetrarnos para volver a vivir ese orgasmo pero esta ves solo nos masturbamos uno al otro mientras nuestras bocas no se separaban, y nuestras lenguas estaban mas enredadas una a la otra. Cuando volvimos a sentir esa ida al cielo con ese orgasmo que esta vez fue en nuestras piernas, chorros de semen que iban y venían, fue algo que no se puede describir.

Así paramos por unos minutos, nos duchamos, no juntos por que ya aunque estábamos arrechos nuestras vergas estaban adoloridas por tanto trajín de ese par de horas, ya nuevamente vestidos nos dirigimos a la puerta de entrada del apto, y antes de abrir de nuevo nuestras bocas y lenguas se buscaron, para un beso de despedida que aun recuerdo.

Espero que este relato les agrade y si es así, por favor, comenten sobre él, así continuare relatándoles mas experiencias. Gracias

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