Mi hermanita Laila

Mi hermana se puso a cuatro patas y comencé a meterla entre sus piernas como si me la follara a lo perrito. Comencé a meter y sacar apuntando hacia arriba para que mi polla le frotara el clítoris. El placer que sentía era indescriptible, ella gemía sin cesar, noté que me iba a correr se lo hice saber y ella me pidió que se lo tirara en la boca, se lo tragó todo entre gemidos y lametones a mi polla.

Esto que os cuento sucedió hace cosa de unos meses entre mi hermana Laila, de 18 años y yo. Laila es muy bonita, es alta, delgada y con unos pechos del tamaño justo, esos que son grandes pero sin desbordas las manos. Su afición por el deporte le hace tener muy buen tipo. Yo me llamo Jose, soy normalillo, 26 años, alto, no gordo pero tampoco delgado. Vamos del montón.

Cierta noche estaba yo en mi habitación cambiándome de ropa para irme con mis amigos cuando de repente veo que se enciende la luz de la habitación contigua, la de mi hermana. Estas hacen esquina y se puede ver perfectamente quien está dentro de cada una. Me acerqué para ver por la ventana y me encontré con una grata sorpresa.

Mi hermana se estaba cambiando de ropa. La curiosidad pudo más que yo, así que me escondí entre las cortinas y me dispuse a mirar en la seguridad de mi escondite. Laila, que así se llama, comenzó a quitarse la ropa para irse a la ducha. Primero la camiseta, quedándose en sujetador.

Sus tetas estaban bien paraditas dentro de esa prenda. Cuando se quitó el sujetador pude apreciar cuan bonitas eran. Luego fueron los pantalones. Llevaba un tanguita que le quedaba muy bien ya que marcaba la redondez de su culito. Finalmente se quitó esta, quedando totalmente en pelotas. Estaba divina. Mi polla comenzó a cobrar vida con esa imagen. No podía creer que me empalmara mirando mi hermana, pero el caso es que así era. Una llamada de mi madre a Laila la hizo ponerse una bata y salir a ver que quería, con lo que mi festival se quedó allí.

Desde entonces cada vez que veía que ella iba a su cuarto a cambiarse yo me iba al mío y me dedicaba a mirar. Era la inspiración de mis posteriores pajas. Esto me llevó a pensar si ella sería consciente de lo que hacía o si sabría que yo estaba allí, así que decidí regalarle también una sesión de desnudo mío. Un día que sabía que estaba allí fui yo el que comenzó a desnudarse, haciendo ruido y silbando para provocar que se acercara a mirar.

Me despeloté completamente y comencé a acariciarme la polla para que creciera un poco. Efectivamente dio resultado ya que pude entrever como se movían sus cortinas. Estaba seguro que me miraba. Así pues me giré para que pudiera ver bien. Salí de la habitación con una bata y al pasar junto a la suya pude ver como disimulaba haciendo como que buscaba algo.

La cosa funcionaba, tendría que seguir regalándole espectáculos a ver si conseguía que ella también lo hiciera ya que desde el primer día que la vi no podía quitarme de la cabeza el follármela, tenía incluso sueños con ella, se había convertido en una obsesión.

Los días pasaban y nuestros mutuos espectáculos se sucedían, pero la cosa no pasaba de mirar. Tenia que trazar un plan para llegar a más. Así que comencé a pasearme en calzoncillos con la excusa de que iba a ducharme cuando estábamos solos. Me frotaba un poco la polla para que me creciera y así pasear mis erecciones ante su vista. La cosa funcionaba ya que notaba como ella se fijaba en mi paquete cuando hacía esto.

Por otro lado ella comenzó también con esta practica de pasear en ropa interior con la excusa de ducharse. Por supuesto cuando no estaban nuestros padres. Recuerdo un día en que se fue a duchar. Tenía un sujetador muy abierto que realzaba mucho sus pechos y un tanguita de esos que se esconden entre los cachetes.

– Jose, ¿me puedes prestar tu champú?, es que el mío se me ha terminado. – Si claro, está en mi bolsa de deporte. – Gracias. – Vale, pero tápate un poco con algo. Con una toalla medio tapándose me dijo que no que estaba bien. Casi me la pifio. Tenía que ser más prudente.

Esa noche nuestros padres salieron a cenar y nos quedamos los dos solos. Laila dijo que se iba a dormir, que estaba cansada. Yo le dije que me quedaría mirando la tele un rato. Cuando ella entró en su habitación yo me escondí en la mía y volvía a tener una sesión de striptease. Cuando terminó se acostó desnuda y apagó la luz. En eso que yo me disponía a irme de nuevo a ver la tele cuando comienzo a oír gemidos. Sin duda alguna se estaba masturbando. Yo comencé a excitarme, así que me fui a ver si pillaba alguna peliculilla fuerte en la tele con la que pasar el rato.

Encontré una porno en una canal de esos nocturnos, así que sin pensarlo comencé a cascarme una monumental paja. En eso estaba yo dándole al manubrio cuando justo antes de correrme entra mi hermana en la sala y me pilla en plena faena, con tan mala suerte que me corro y uno de los lechazos va y le cae en la pierna.

– Eh, esto, lo siento, no quería molestar. Es que no tenía sueño y me vine a ver la tele. Perdona, te dejo con lo tuyo. – Lo siento, pensaba que estabas durmiendo y yo… – Nada, nada, perdona.

Y se fue a su cuarto. Yo estaba rojo de vergüenza, mi hermana me había pillado en plena faena y encima le tiro un lechazo en la pierna.

Una vez me calmé me dispuse a ir a disculparme, cuando llego a la puerta de su cuarto oigo gemidos. Me acerqué sigilosamente y veo que estaba en la cama espatarrada haciéndose un dedillo. Yo me quedé mirando por la rendija de la puerta en la seguridad del oscuro pasillo. Hizo algo que me dejó de piedra. Tomó los restos del lechazo que dejé en su pierna con un dedo y comenzó a chuparlo mientras con la otra aceleraba el ritmo de su masturbación. Ahora es la mía dije. Así que entré en su cuarto sin avisar y ella pegó un brinco y se tapó con la sábana.

– Pero, ¿que haces, no sabes llamar antes de entrar? – Lo siento, es que yo venía a disculparme por lo sucedido antes, pero… – Ni peros ni ostias, siempre hay que llamar. – Eh, eh, cálmate, que tú tampoco lo hiciste al ir a la sala. – Hombre, claro, solo falta que tenga que llamar para entrar a la sala. – Bueno vale, que no es para tanto.

– ¿Que no es para tanto? – También me pillaste tú en plena faena y no te monté un cirio por ello. Además que no es nada malo masturbarse, que no somos los únicos que lo hacemos. – Ya sé que no somos los únicos, pero no es muy normal que los hermanos se vean haciendo según que cosas.- Bueno y que, no pasa nada, no hay nada de malo en ello, a demás bien que te gusta mirar por la ventana cuando me desnudo. – Eh, eh, para, que tú también lo haces, o crees que no te veo mover las cortinas. – Pues razón de más. – Bueno, quizás. – Pues eso, ya que estábamos los dos en plena faena ya puestos vente al comedor y nos masturbamos viendo la película.

No podía creer lo que acababa de decir, pero el caso es que ella no puso mala cara ni nada.

– Si claro eso es lo que quisieras tú, verme masturbarme. – Claro como si tú no disfrutaras también mirándome a mí, lo que pasa es que eres una puritana mojigata. – Yeee, para, de eso nada, yo soy tan liberal como tú, venga, vamos a la sala, que narices.

En eso que seguimos mirando la peli porno y yo me comienzo a excitar de nuevo, así que ni corto ni perezoso me la saco y me empiezo a masturbar. En eso que Laila también se anima y comienza a masturbarse. Estando los dos en plena faena nos quedamos mirando y le digo…

– Oye, ¿y si nos lo hacemos el uno al otro para que nos de más gustillo?

Tomé la iniciativa y comencé a hacerle un dedillo. Ella pareció resistirse pero a los pocos segundos, quizás por el calentón que llevaba no opuso resistencia.

– Siiii, sigue, sigue, ¡que gusto! – Toma claro, ahora veras, te voy a pegar una comida de coño que vas a flipar.

Antes de que pudiera decir nada comencé con mi frenética actividad provocándole un placer tal que no podía ni renegar. Solo gemía.

– Siii, siiiii, que gusto, que gusto… – Si ummhhh que coñito más rico tienes, y que jugoso, mira como lo tienes de mojado. – Ufff, es fantástico, nunca había sentido nada igual.- Joder, normal, pero yo mira como estoy. Ven ponte en 69 como en la película y así nos daremos placer los dos.

¡Como la mamaba!, que gusto, parecía una verdadera experta. Estábamos los dos como poseídos por la lujuria. Yo estaba por venirme ya, así que se lo hice saber. Ella ya había tenido un orgasmo bestial pero yo no, así que cuando iba a correrme se lo dije y ella coge y aumenta la mamada recibiendo toda mi leche en su boca.

– Joder que corrida, que gusto.- Desde luego, esto hay que repetirlo más veces. – Bueno, bueno, eso ya lo veremos, no se si es buena idea hacer estas cosas. – Coño que si es bueno, es cojonudo, a demás, que hay de malo, sólo es darnos placer el uno la otro, como si nos masturbáramos cada uno por separado, pero con más gusto. – Bueno, bueno, me voy a dormir, ya hablaremos del tema.

Esa noche dormí de un tirón, había sido la mejor corrida de mi vida hasta el momento.

La semana siguiente nuestros padres volvieron a salir de cena, así que pensé que se repetiría la sesión masturbatoria del otro día. Cual fue mi sorpresa que al salir de ducharme me encontré a Laila en la sala espatarrada viendo una peli porno y masturbándose. Mi polla se puso como un resorte inmediatamente. Ella se quedó mirando y dijo.

– Jose, Jose, ven aquí, que mi conejito quiere decirte algo. – Pues no lo oigo. – Si, si escúchalo, acerca tu boca y verás.

Comencé a comerle el coño como un poseído, le chupé toda la raja para dedicarme luego a su clítoris. Se retorcía de placer y tras un genial orgasmo se derrumbó presionado su coño contra mi boca.

– Bueno ahora me toca a mí. – Vale, que quieres, una mamadita o una pajilla.- Ya puestos me gustaría que me lo hicieras con las tetas. – Pues acércate y ponla en medio.

Que cubana más magnífica. Me corrí casi al instante llenándole los pechos de leche. Después proseguimos viendo la película y se me ocurrió una idea.

– Laila me gustaría que me volvieras a masturbar, hoy estoy excitadísimo. – Pues acercare y te lo hago. – Si pero es que me gustaría que me lo hicieras de una forma especial. – ¿Que quiere? – Me gustaría que me dejaras masturbarme metiéndola entre tus piernas, como si te follara a lo perrito. – Bueno vale, pero de meterla nada, no me engañes o termino con estos juegos. – No mujer, tranquila que yo no te haría nada que tú no consintieras.

Así pues ella se puso a cuatro patas y yo comencé a meterla entre sus piernas como si me la follara a lo perrito. Comencé a meter y sacar pero apuntando hacia arriba, para que mi polla le frotara el clítoris. El placer que sentía era indescriptible, también para ella que gemía sin cesar. Cuando noté que me iba a correr se lo hice saber y ella me pidió que se lo tirara en la boca, como la escena que estaba en marcha en la película. Se lo tragó todo entre gemidos y lametones a mi polla, me dejó el capullo reluciente.

Mi pija seguía como mástil, se quedó en cuatro, se abrió bien las nalgas, se movió hacia adelante y al retroceder se metió mi polla hasta el fondo. Que placer el sentir su gruta húmeda y caliente envolviendo mi polla. Comenzó a cabalgarme de una forma frenética. Pegaba unos saltos que hacían que la penetración fuera total. Estuvimos así unos minutos hasta que noté que ella llegaba al orgasmo, era fantástico sentir los músculos de su vagina apretar mi polla mientras tenía el orgasmo, así que cuando se calmó aceleramos el ritmo y el que se corrió fui yo.

– Me corro, me corro. – Si, si dame tu leche. Córrete dentro, quiero sentir tu caliente leche en mi interior. – Ahhhhh, si toma corrida, toma. – Aagghhh que gusto.

Fue la mejor corrida de mi vida. Cuando nos calmamos ella se levantó y sobre mí y abrió las piernas.

– Je, je, je, mira como chorrea tu corrida por los labios de mi coño, me encanta sentirla caer y rozar mis piernas. – Pues si quieres te lo vuelo a llenar, que yo me he quedado con ganas de más. – Si ven que, te la chupo para que se te ponga dura y te corres otra vez dentro de mí. – Si, si chupo, chupo. – Agghh, uffff, mira como crece en mi boca, siiiiii, siiiii.

– Venga ponte a cuatro que te la meta. – Si empuja fuerte, empuja, quiero sentir tus huevos rebotar contra mi coño. – Toma, toma. – Que gusto, si no pares. – Es fantástico sentirla entre tus jugos y mi corrida. – Venga dale fuerte y córrete. – Siiiii, siiiii toma mi leche en tu coño, toma.  – Dame, dame, pero no la saques, quiero sentirla dentro. – Ufffffffff. Te lleno el depósito de leche. Aaaggghhh.

Cuando se la saqué fue maravilloso ver las chorreras que salían de su coño. Ella al verlo comenzó a jugar con él metiendo y sacando la corrida con sus dedos mientras mi semiflácida polla jugaba con su clítoris. Así seguimos hasta que se volvió a correr. Que espectáculo más fantástico, digno de una película porno.

Cuando nos relajamos nos fuimos a duchar juntos, allí lo volvimos a hacer para finalmente irnos a dormir cada uno a su cama no sin antes despedirnos a través de la ventana que hizo comenzar esa lujuriosa relación de sexo, porque si algo nos quedó claro era que lo nuestro era sexo, no amor, para el amor ya teníamos nuestras respectivas parejas, pero el placer que sentíamos al follar juntos era mayor de lo que se pueda imaginar.

SALUDOS.

Autor: Xmon

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