Ni Gorda ni Flaca (Parte 2, Final)

Agustín fue a reemplazar a Carlos en menos de un segundo. Tan rápido fue todo que mi novia no pudo cambiar de posición, o siquiera moverse. Ella seguía con su conchita y cola sobre mi cabeza, pegadas a mi rostro, que quedaba aplastada sobre el sillón, mientras mis amigos se la cogían sin misericordia; todo para mostrarme que ella no era ninguna gordita.

Así que en instantes tuve una segunda pija recorriéndome toda la cara con cada una de las embestidas que le entraban a mi novia. Bruni enseguida comenzó a jadear, y a juzgar por la superficie de verga que se friccionaba en mis mejillas, ésta era bastante más ancha. Igual que los jadeos. Agustín parecía más salvaje que Carlos. La tenía tomada de las nalgas, clavándola como un poseso desde el minuto cero, con velocidad, con violencia. Se ve que la conchita de mi novia le enguantaba bien (es que en serio él la tenía muy ancha) porque a cada rato se frenaba, para calmar la calentura y no acabar, y así seguir cogiéndomela.

En uno de esos descansos Agustín sacó la pija casi en su totalidad, dejando la cabezota de su verga en la puerta, apenas suspendida en el aire. Mi Brunita ronroneó y reclamó la falta de pija con un movimiento involuntario de su pelvis, y la cabezota de la verga de mi amigo fue a caer directamente sobre mi rostro. Estaba muy húmeda, pegajosa y bastante caliente. Sentir esa pija sobre mi rostro me desesperó del asco, pero estaba aprisionado por todo el peso de mi novia y no podía sacármelo de la cara. Agustín, tan borracho como cualquiera de nosotros, se rió un poco y comenzó a hamacarse contra mi novia, como cogiéndola. El problema era que su pija estaba afuera, rozando por completo toda mi cara. Su cabeza se metía apenas unos milímetros en la conchita de Bruni, el resto de pija me lo debía aguantar yo. Agustín se estaba pajeando sobre mi rosto, sin querer, y yo ni siquiera podía hacerme entender para que supiera que le estaba errando.

—Goggig megstgs goggiendo a meggijaaa..

Agustín siguió como si tal cosa, cogiendo la nada, friccionándose sobre mi rostro. En un momento pidió más vodka y Carlos le trajo una botella. Si bien yo estaba atrapado bajo el peso de los cuerpos, mi rostro quedaba libre. Agustín destapó la botella y comenzó a verter tragos en mi boca, forzándome a tomar y tomar.

—Vas a necesitar un poquito de ánimo ahora, cornudo… —explicaba mientras me metía el vodka.

A los pocos minutos dejó de hamacarse sobre mi novia y se me acercó para decir:

—Cuerno, se me secó la pija, voy a necesitar un poco de lubricación para seguir cogiendo…

Yo estaba demasiado alcoholizado para entender por dónde venía la mano. Sentí que en una de las veces que la pija me acarició la cara hacia abajo, al regresar en dirección a mi novia el recorrido fue otro. Y de pronto sentí una carne dura y gomosa penetrar entre mis labios y avanzar dentro de mi boca, provocándome un escalofrío.

No sé ni cómo me di cuenta que era una pija. El alcohol podría haberlo ocultado bien, pero lo que tenía en la boca era indudablemente un buen pedazo de pija. Traté de escupirlo hacia afuera, cerré mis labios, solo que la vergota era tan gorda y ancha, y había calzado tan bien dentro de mí, que realmente se hizo difícil expulsarla. Hasta que por fin lo logré.

—Muy bien, Cuerno, ahora que me lubricaste te la puedo seguir cogiendo…

Aunque yo no entendía, me di cuenta que me habían usado para facilitar la penetración de mi novia.

Le mandó una estocada a fondo.

—Ahhhhhhh… —gimió entonces Bruna.

Otra.

—Ayyy, Diossss… —suspiró, vencida por el placer.

—Se me volvió a secar, Cuerno.

Agustín volvió a sacar por completo la pija y esta vez, advertido, me vi venir la vejación. Cerré la boca para que no me entrara nada. Agustín empujó y la cabezota embadurnada con los flujos de mi Bruni me caminó toda la línea de los labios, sin lograr entrar. Ahí Agustín se me acercó y estiró sus manos, y metiéndome unos dedos me abrió la boca a la fuerza. Sentí cómo reacomodó su cuerpo y adiviné que el vergón infame me taladraría. Me entró su pija con tanto ánimo que me la clavó hasta la garganta.

—Muy bien, Ramiro… Así se tiene que comportar un buen cornudito…

El muy hijo de puta comenzó a hacer pequeños movimientos hacia adelante y atrás, siempre adentro. Yo sentía el buche lleno de carne dura y caliente; todo lo que tocaba, no solo con la lengua sino las mismas paredes de la boca, estaba abrazando el vergón de Agustín, así que sentía la piel de la pija recorrerme todo por dentro, un instante hacia afuera, otro instante hacia adentro, y así. Fueron dos minutos de una humillación total, que los efectos del alcohol no lograban esconder.

Gracias a Dios la sacó y volvió a penetrar a mi novia.

—¡¡Ahhhhhhhhhhhhhhhhh…!! —gritó ella, muy fuerte, muy puta.

—El Cuerno te está ayudando, ¿sabés, Bruna?

—Sí… sí… Que ayude, que siga ayudando así aprende cómo tratarme…

Y se la volvió a clavar.

—¡Dios, Dios, Diosssss…!!

—Tomá, puta… —le murmuraba Agustín.

—¡Turro, qué pedazo de pijaaahhh…! —se desinflaba mi novia de calentura.

Y se la serruchaba suave y lentamente.

—Tragá verga, putón… Así… Así…

—¡Uhhhhh…! ¡Síii…! ¡Más fuerte! ¡Dame más duro!

Cada tanto el vestidito blanco se le corría al putón, digo, a mi noviecita, pero Agustín, con las mismas manos que le abría las nalgas redondas y voluminosas, le volvía a subir la falda hasta la mitad de la cola. Y penetraba con más ganas, ya con cierta furia.

—Cuerno, se me volvió a secar.

Esta vez, creo que por el vodka que me habían obligado a tomar, obedecí como un imbécil y abrí la boca.

—¡Muuuuy bien, Cuerno…! —me festejaron mis victimarios—. Así me gusta, que te portes bien y obedezcas a los que se cogen a tu novia…

Yo asentí humillantemente con la cabeza, en un movimiento casi imposible, patético.

—Abrí más grande, Cuerno…

Obedecí y abrí la boca más grande.

—¡Muy bien, Cuerno, muy bien…!

Un segundo después la vergota ancha de Agustín penetraba mis labios y me recorría por dentro toda la garganta.

—Así, Cuerno… ¡Uhhh…! ¡Síii…!

Me bombeaba, el hijo de puta. Me bombeaba adentro con ese gomón asqueroso. No fuerte, más bien suave y tranquilo, como gozando. ¡Me estaba cogiendo por la boca otra vez, como cuando éramos chicos y me castigaban por haberme puesto de novio con Estelita, la gorda del barrio!

—Ensalivá bien, ¿eh? Que ahora voy a romperle ese hermoso culazo a la putita de tu chica.

Bruna levantó la pelvis, dándome un baño de aire, de frescura, que bebí como si fuera oxígeno bajo el agua.

—Mi amor, ensalivalo bien que por fin me vas a hacer la cola.

Y yo chupaba y chupaba, recorriendo con mi lengua la cabeza de la pija y tratando de dejarle la mayor cantidad de saliva posible.

Medio minuto después Agustín dejó de bombear dentro mío y debo reconocer que tuve un minúsculo gesto instintivo, creo que más bien un reflejo, y estiré los labios para retener la cabeza de la pija que abandonaba mi boca. El violador volvió con Bruna. A clavar. Por la concha y a fondo. Hasta hacerla gemir y putear de placer.

Y entonces comenzó a puertear el exquisito orificio de aquella no menos exquisita cola.

—Le vamos a hacer el culo a este putón, ¿eh, Cuerno?

Yo asentía con la cabeza aprisionada, contento como un imbécil. La concha usada de mi novia me aplastaba la cara, y cada vez que Agustín le aprisionaba el orificio de su ano hacia abajo, enterrándole un dedito bien despacio, mi cabeza se hundía bajo ellos.

—Mi amor, por fin me vas a llenar la cola de pija…

Me hablaba a mí, ¿no?

Le estuvieron dilatando el ano unos cuantos minutos —Agustín y Carlos, que estaba otra vez al palo— masajeándolo y llenándolo de saliva. En un momento Agustín se alzó sobre sus rodillas y fue a alcanzar la cola de mi novia con la pija. Sentí un leve respiro y enseguida el peso de él sobre Brunita me aplastó hasta hacerme doler el cuello.

Sentí más presión hacia abajo.

—¡Ahhhhhhh…! —gritó mi novia, muy fuerte.

—¿Te duele, mi amor…? —Agustín pareció levemente preocupado.

—Ggghhh… Fffgzzss… Ñññ… —me quejé.

—Un poco, sí… Pero seguí…

Más movimientos. Otra vez el dolor insoportable.

—¡Ahhhhhhhhhh…! —ella.

—¿Te la aguantás, mi amor…?

—Sí… Sí… Pero despacio que me estás partiendo…

—Te metí media cabecita, hermosa… Igual no te preocupes que ahora me lubrico un poco más…

Sentí que el peso despareció y revivió mi cuello chamuscado.

—Abrí la boca, Cuerno.

Abrí la boca bien grande.

—Ensalivá.

Y otra vez a tragar esa buena verga… quiero decir, esa verga.

—Ensalivá bien así no le duele a tu novia…

Ensalivé con todo mi corazón, mientras Carlos seguía escupiendo el agujerito de Bruna y lo agrandaba con sus dedos.

Agustín me sacó la pija y otra vez fue a subirse sobre la cola de mi novia. Cuando mi cabeza se aplastó contra el sillón escuché un nuevo grito de mi Brunita.

—¡Ahhhhhhhhhh…!

—Tranquila, mi amor… Me quedo ahí…

—Sí, sí… No te muevas…

En ese instante en que el tiempo se detuvo sentía claramente sobre mi rostro el latir de la cola de mi novia. Llena de pija y a medio romper, el culo de mi amorcito se resistía a la invasión bombeando sangre a la zona dinamitada. Pero mi novia quería que la corrompieran. Quería esa brutalidad hasta los huevos para regalarme vaya a saber qué lección. Sentí cómo se relajó para acostumbrarse a esa verga y re comenzar la penetración.

—Muy bien, Bruna… Dilatá… Así…

—Sí, Agus… pero no me claves todavía…

—Tranquila, mi amor… Tenemos toda la noche para enterrártela como Dios manda…

Carlos seguía escupiendo sobre la penetración, aunque no entraba saliva porque el orificio del ano estaba taponado por la pija de Agustín. Alguno la masajeaba abajo como para excitarla. O distraerla.

—Cornudo, si pudieras ver cómo dilata tu novia con la chota bien adentro estarías orgulloso de ella… Sabe relajar… como si ya le hubieran hecho la cola un montón de veces.

No podía escuchar muy bien lo que me decía mi amigo, que seguro era algo bueno sobre mi Bruni.

—Mgggffhhzziagsss…

Carlos le propuso a mi novia:

—Mostrale al cornudo lo que se va a perder por andar diciendo que estás gordita…

Bruni pareció encenderse, más de venganza que de deseo.

—Sí… Sí… Cornudo hijo de puta, mirá cómo me van a llenar la cola de verga… Mirá bien, cornudo…

—Mfffghhh… SSgghññ…

—¡Clavame, Agustín! ¡Clavame para que el cornudo aprenda a respetarme y tratarme como a la novia ejemplar que soy!

Agustín sonrió, escupió sobre la penetración y le abrió los gajos en un mismo movimiento.

—Sí, bebé… Te la mando hasta los huevos…

—¡Síiiiii…! ¡Por Dioooossss…!

Y comenzó a taladrar.

—Tomá, bebé…

—¡Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh…!

No fue hasta los huevos, por los movimientos que noté. La cosa no estuvo así de fácil, pero tampoco tan difícil para una cola supuestamente virgen, como me había hecho creer hasta ese día Bruna.

—¡Qué buen pedazo de culo que tenés, mi amor!! ¡Cómo te lo estoy gozando…!

—¡Clavame, Agustín! ¡¡Llename de pija!!

—Desde que llegaste a la fiesta con el cornudo que no hago otra cosa que mirarte y desearte este tremendo culazo que tenés…  ¡Te lo lleno de pija, bebé…!

Se hamacaban sobre mí. El turro de Agustín se la iba enterrando más y más con cada embestida, aunque el que debía soportar la peor parte era yo. Bueno, mi novia también parecía dolorida, pero al menos ella gozaba como una puta.

—¡Ya tenés media pija adentro, mi amor…!

—¡¡Síiiiaaaaaaaahhhhhhhh…!!!

Al cabo de una media hora la hermosa y carnuda cola de mi novia estaba taladrada por la verga de Agustín hasta la base, tragándose toda esa pija como si fuera un dedito meñique.

—¡Mi amor! —se entusiasmó Brunita—. ¡Tengo el culo relleno de verga! ¡Mirá, mi amor, mirá! ¡Por fin me estás haciendo la cola!

Bueno, yo no estaba haciendo mucho, más que lubricar a mis amigos para que se la empernen a ella, pero de alguna manera me sentía participe

—¡Dejalo salir, quiero que me vea clavada hasta los huevos!!

Me dejaron salir y medio mareado por el dolor de cuello, me arrodillé ante el sillón, donde a escasos centímetros de mi rostro Agustín perforaba la colita virgen de mi novia. Hacia adentro. Hacia afuera… Hacia adentro… Hacia afuera…

—¡Ahhhhhh…! ¡Ahhhh…! ¡Ahhhh…!

—Ramiro, qué pedazo de puta tenés de novia…

—¡Cornudo, mirá bien! ¡Mirá bien y aprendé a tratar a tu mujer!

Yo estaba como en trance.

—¡Necesito lubricación, Cuerno! —me exigió de pronto Carlos, sin el mínimo rodeo.

Agarré la botella de vodka y le robé un trago generoso. Y abrí la boca como si ensalivar la pija de mis amigos fuera lo más natural del mundo, y mientras al lado Agustín seguía taladrando la cola perfecta de mi novia, Carlos, de pie, me tenía arrodillado entre sus piernas ensalivándolo desde la punta de la pija hasta la base.

—Muy bien, Ramiro… Tragá pija… Tragá pija, cornudo…

Y yo estiraba la cabeza hacia arriba, tratando de cumplir mi parte, cualquiera sea el rol que estuviera cumpliendo.

Estuvimos así unos cinco o diez minutos hasta que Agustín anunció.

—Te acabo, Brunita… Estás demasiado buena para aguantar más…

—Síii… Llename la cola… Llename la cola de leche para el cornudo…

—Yo también me voy… —anunció Carlos. Mi borrachera se disipó unos instantes, abrí los ojos con total sorpresa. Se ve que Carlos se dio cuenta y me tomó la cabeza por los pelos para que no dejara de ensalivarlo.

—Chito, Cuerno… —me advirtió—. Seguí chupándole al macho de tu novia, que es lo que corresponde… —No me dejaba salirme de su pija. Sus manazas me tenía sujeto a ella y mi voluntad no era la más firme. Así que seguí chupando—. Tragá, Cuerno… Tragá pija que enseguida vas a tragar leche…

Yo hacía con la cabeza que no, pero Carlos me sujetaba bien y mis movimientos hacia los costados no alcanzaban a hacerme zafar de la pija, así que seguía tragando carne. De pronto Carlos comenzó a jadear sonoramente.

—Uhhhh… ¡Síiii…!

Mis ojos se abrieron más. Ya estaba sintiendo desde hacía unos minutos una cosa viscosa en la lengua, medio asquerosa.

—Agarrame la pija por el tronco, cornudo… con las dos manos…

Obedecí como un imbécil.

—Pajeame, así… Uhhhh… Sí… Sí, Cuerno, así… ¡Uhhhhhh…!

Estaba de rodillas, tomándole la pija con ambas manos y sosteniéndome con la boca, que iba y venía sobre su tronco en una mamada fenomenal, tambaleándome un poco, aunque sostenido de mis cabellos por el propio Carlos, que me los tironeaba hacia atrás y adelante para guiar a su ritmo la felación a la que me sometía.

A mi lado Agustín seguía sodomizando a mi novia, que comenzaba a acabar como una puta, influenciada por verme chupando la pija del que fuera su macho un rato antes.

—Me viene la leche, cornudo… Abrí la boca bien grande que me viene…

No sabía qué hacer. Miré a mi Bruna buscando un consejo, pero estaba tan llena de pija y morbo que no me veía. Ya que no lograba zafarme, debí seguirle el juego a Carlos, pero en medio de su acabada iba a escupir todo por la comisura de mis labios.

Carlos se arqueó y gimió como un animal.

—¡¡Ahhhhhh…!! ¡¡Me viene!! ¡¡Me viene, Cuerno…!!

Se dobló sobre sí mismo y sin soltarme los pelos con una de sus manos, fue a tomarme la mandíbula con la otra, no permitiéndome bajarla o ladearla.

—¡¡Sentila, Cuerno…!! ¡¡Ahhhh…!! ¡Acá viene…! ¡Ahhhhh…!

Me moví más fuerte. Me agarró más fuerte.

—Viene, Cuerno, viene, viene, viene, vieneeeee…

—Mfffgggghhh…

—Ahhhhhhh siiiiiiiiiii…

—GGGHHHHH…

—¡¡¡SIIIIIIIII…!!!!

—GGHHHHFFFGGHHH…!!

—¡Te estoy acabando, Cuerno!! ¡¡Te estoy acabando!!

No podía escaparme para ningún lado, y la leche comenzó a invadirme a ráfagas breves y rápidas, y a llenarme toda la boca.

—¡¡Tragá, Cuerno!! ¡¡Tragá la leche del macho de tu mujer!! ¡¡Tragá, putito, tragá!!!

No podía escupirla, y la manaza me aprisionaba. En un momento me di cuenta que si quería respirar, no me iba a quedar otra que tragar. Miré a mi fiel Brunita, la cabeza hacia abajo, los cabellos sudados y pegados a su rostro, jadeando, movida una y otra vez con los violentos topetazos de Agustín, que ya le acababa adentro y se la gozaba a morir. Tragué.

—Muy bien, Cuerno… Así se tiene que comportar un noviecito como vos… —Y volví a tragar—. Mirá, Bruni… Mirá al cornudo cómo toma la leche de tu macho…

Bruni giró, despejó sus cabellos y me vio arrodillado y con el garguero trabajando para tragar lo que me surtía Carlos desde su vergón. Se revolucionó. Y comenzó a agitarse otra vez y a gritar en medio de un orgasmo que le vino repentino, tan solo de verme.

—¡¡Ahhhhhhhh…!! Cornudo, así te quiero ver siempre… Desde ahora vas a tragar pija cada vez que me den… ¡Cómo vas a tragar pija, cornudo…! ¡¡Cómo vas a tragar pijaaaaahhh…!! ¡Por Dioooosss… Síiiiiiii…!!

—¿Escuchaste, Cuerno? —me retó Carlos—. Desde hoy vas a tragar pija de los machos de tu novia…

Arrodillado como estaba, asentí mientras miraba hacia arriba a Carlos, a los ojos, y me quitaba su cabezota rechoncha de los labios, a la vez que me secaba una gota de semen.

Eran las once de la mañana cuando nos fuimos todos a dormir. Ellos a la cama matrimonial, y yo al sillón donde habían estado sodomizando a mi Bruna. A la tarde siguieron y yo debí seguir chupando pija.

Desde ese momento comencé a verla sexy. Es cierto que también desde ese día ella cambió su forma de vestir y algunas costumbres. Empezó a ir al gimnasio y a andar muy atractiva todo el día, no de puta, pero sí sensual, y se permitió hacerse garchar por mis amigos. No solo por Carlos y Agustín, sino el resto de la banda, uno siete chicos más.

Y sí: comencé a tragar pija en forma casi proporcional a los cuernos que me fue poniendo. Pija de sus machos. O como dice ella, de nuestros machos, porque ya no tengo permitido cogerme a mi propia novia: mi única actividad sexual es ensalivar a sus machos para que le hagan la cola o por simple placer de ellos o de mi Bruni.

Eso sí, la buena noticia es que me curé, porque ya no la veo gordita a mi novia Bruni.

Fin (final)

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