Cortejo en la Biblioteca

Estaba estudiando para lo exámenes un sábado por la mañana en la biblioteca de mi pueblo, biblioteca que es famosa por no haber ni cristo, lo que la hacía muy tranquila, cuando una chica morena con cara angelical vestida con un chaleco de al vuelo anaranjado que dejaba ver su sujetador negro, una falda corta negra  y unas manoletinas de flores se sentó a una mesa de mí, abrió su portátil tapando su torso, sacó sus apuntes, sus libros, sus bolígrafos y se puso a leer.

Yo seguía estudiando pero de vez en cuando la miraba disimuladamente, supongo que lo que yo llamo disimuladamente ella lo podría llamar acoso ya que en más de una ocasión me pilló mirándola, yo me hacía el distraído, pensativo, dubitativo pero es que me llamaba la atención esa chica, nunca la había visto en mi pueblo, tampoco es que salga mucho por mi pueblo ni vaya mucho a la biblioteca de este pero como necesitaba un lugar tranquilo para estudiar y la biblioteca de mi pueblo me lo ofrecía pues allá que fui. Me estaba picando la curiosidad y el portátil no me dejaba ver su escote que seguro que cuando se inclinaba dejaba ver algo de carne, pero era muy descarado cambiarme de posición para ver el escote así que me sumergí en mis apuntes.

Al rato de estar estudiando por el rabillo del ojo vi que ella se movía, seguramente iría al baño pero el caso es que cuando se levantó se puso la carpeta sobre el pecho  y me dio la espalda puede ver como sus caderas se movían al son de un compás binario, moviendo sus nalgas arriba y abajo, movimiento hipnótico que me estaba generando una erección tremenda. Al rato volvió con una coca cola zero en las manos, que seguro que sacó de la máquina,  y la carpeta sobre el pecho. abrió la lata y comenzó a beber de ella. en una de las veces se le cayó algo de refresco sobre ella y vi como se limpiaba la mancha del escote. el puto portátil me había privado de poder ver como se restregaba el pecho mi compañero de estudio.

Ella jugaba con su zapato a meter el pie y sacarlo del zapato mientras yo no paraba de imaginar cómo sería sus pechos, deseaba ver ese escote era una obsesión lo que tenía. Casi iba a abandonar mi deseo cuando se le cayó un boli y se agachó de lado, no era de frente pero por lo menos había visto el volumen en su costado. Ella giró la cabeza y me pilló mirándola, desde ese momento dejé de mirarla me había pillado mirándole, me quería morir de la vergüenza.

Ella seguía  frente a mí con su portátil abierto, podía verle las piernas ya que llevaba falda, ella cruzaba las piernas de forma sensual y las movía para llamar mi atención. de repente en un momento que no la miraba cambió su portátil de lugar dejándome ver su escote, aunque creo que no me vio la cara sí sé que me estaba buscando ya que desde ese momento comenzó a “arrascarse “el escote disimuladamente, movimiento que hacía que mis ojos fueran a esa zona y más cuando la tenía colorada, resaltando  en su piel blanca.  Me estaba poniendo malísimo y más cuando descruzó su piernas enseñándome sus muslos, de vez en cuando me miraba y yo hacía como que no miraba pero el caso es que la miraba.

Ella se levantó y comenzó a andar yo recorrí su cuerpo de arriba a abajo con la mirada, cuando llegué a su pelo ella se giró, me quedé paralizado ella me guiño el ojo, sonrió  y desapareció entre dos estanterías. Rápidamente me levanté y dejando mis cosas en la mesa comencé a andar buscándola, mi calentón había llegado al máximo, caminé hacía las estanterías pero cuando llegué solo pude ver su manoletinas desaparecer tras una fila de estanterías. Seguía ese pie y llegué a una esquina de la biblioteca donde había un cartel que ponía LENGUA ESPAÑOLA.

Ella estaba allí con una pierna estirada y la otra vertical al cuerpo, su chaleco naranja estaba desplazado dejando ver un pecho que estaba bajo el sujetador negro, “ Veo que te alegras de verme, vas a tocar o no lo que llevas toda la mañana mirando” dijo ella “¿ el que?” le pregunté  “ este cuerpo” y diciendo esto se abalanzó sobre mí y comenzamos a besarnos. Nuestras lenguas parecían luchadores en un ring, ninguna de ellas le dejaba dar un paso a la otra, mis manos fueron a su trasero y poco a poco fueron levantando su falda negra, su manos fueron a mi trasero y lo apretaban contra su cuerpo. Con su falda de cinturón comencé a quitarle su chaleco, quería besar, lamer, comer esos pechos a los cuales deseaba desde que los ví venir hacía mí esa mañana. Ella me quitó la camisa y empezó a jugar con mi cuello, una vez que su chaleco cayó al suelo su sujetador le siguió, ella dirigió sus manos a mi pantalón y sacando mi polla por bragueta dijo “ Follamee, aquí y ahora” no perdí más tiempo y le quite su tanga negro y mientras le comía su pechos le metí la polla en su coño, chocando su cuerpo contra la estantería de  LENGUA ESPAÑOLA, ella se agarró a la estantería de arriba mientras que con las piernas abrazó mi cintura  yo la embestía más fuerte, parecía que la estantería se iba a caer, ambos contenemos nuestros gemidos aunque estábamos solos en esa sala seguro que en alguna otra habría gente, Ella tuvo un orgasmo y soltó un grito,  escuchamos a alguien mandar silencio, ambos paramos y nos reímos pero luego la tumbé sobre el frío suelo de la biblioteca y tras varias embestidas me corrí dentro de ella. Nos vestimos y saló ella primero y al rato salí yo. Cuando llegué a nuestro sitio ella no estaba pero me había dejado una nota. “ HA SIDO EL POLVO DE MI VIDA, TENEMOS QUE REPETIRLO. BESOS M”.

A día de hoy no he vuelto a verla pero todos los fines de semana me paso por la biblioteca por si vuelve.

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La chica de la sala de estudio

La levanté y me senté en el sofá con ella encima dándome la espalda, con mi sexo dentro y moviéndose sobre mí, mientras con una mano le masajeaba un pecho y con la otra le masturbaba. Metí un dedo en su vulva, junto a mi polla y fue entonces cuando Julia se volvió a correr. Yo llegué un momento después, saqué mi verga en el momento justo y mi leche cayó sobre su culo y su espalda.

En principio la sala de estudio de una biblioteca es un lugar para estudiar, un lugar tranquilo y serio donde la gente se aísla entre las hojas de libros o apuntes y se va con la cabeza cargada de las horas pasadas intentando comprender y memorizar textos que no le interesan. Todo esto es la teoría, pero hay veces que, por una de esas vueltas insospechadas que da la vida, incluso un lugar con normas tan rígidas se convierte en el punto de inicio de algo mucho más apasionante.

En una de esas salas de estudio estaba hace un tiempo, mirando las hojas de apuntes para una oposición sin poder concentrarme en ellas, intentando vencer el sueño que hacía que se me bajaran los párpados y la boca se me abriera en un bostezo con el que también colaboraba el tremendo aburrimiento.  Fue este aburrimiento lo que me hizo levantar la mirada de las fotocopias que debía estudiar y concentrar mi atención, casi sin darme cuenta, en el gran número de chicas, muchas de ellas atractivas, que había en la sala. Me dediqué durante unos pocos minutos a escudriñar, una a una, todas las caras que podía ver desde aquel puesto de lectura situado al fondo de la estancia.

Casi doscientas personas se repartían el espacio de aquella gran sala, pero la mayoría de ellas tenían la cara oculta para mí tras los focos fluorescentes que proporcionaban una extraña iluminación casi carente de sombras. Fue esto lo que me hizo desistir de seguir mirando y dirigir una vez más la atención hacia las hojas que tenía delante. Así volví a inclinar la cabeza con la intención de seguir leyendo, cuando me distrajo una vez más el ruido de unos tacones que parecían acercarse desde la puerta, situada en la pared opuesta.

Levanté la cabeza, miré al punto del que provenía el sonido y mi mirada se encontró de golpe con otra mirada que se acercaba cada vez más, llevada por lo que me pareció toda una belleza. Aquella chica debía tener unos 20 años. Era alta (sólo unos centímetros más baja que yo), delgada, pero bien proporcionada y con unos pechos generosos. Pero lo que más llamaba la atención eran sus ojos. Un par de ojos negros y grandes, con pestañas largas y espesas, y enmarcados en una cara que casi parecía la de una niña.

Le seguí con la mirada mientras pasaba por mi lado, casi rozándome y se dirigía a dejar su bolso en una de las taquillas. La miré de reojo mientras realizaba esta operación y comprobé que tenía dificultades para cerrarla con la llave. Para mí esto fue una oportunidad que no podía desperdiciar. Sin perder un momento me levanté y le ofrecí mi taquilla que estaba vacía. Ella me dio las gracias con una sonrisa y mientras ponía su bolso en mi taquilla me presenté y le pregunté su nombre. Se llamaba Julia y me dijo que todos los días iba a la biblioteca a la misma hora para estudiar.

Pasé el resto de la mañana mirando a aquella preciosidad más que a los apuntes y los días siguientes abordándola a la menor oportunidad, comprobando que en ocasiones mi mirada se cruzaba con la suya, hasta que al fin, después de unos días, conseguí quedar con ella para vernos ese sábado por la noche.

Aquella noche salí solo y a la hora señalada entré al bar donde habíamos quedado. Allí estaba Julia con un grupo de amigas. Pareció alegrarse al verme e inmediatamente me presentó a sus amigas. Después de eso la invité a tomar unas copas y no había pasado más de una hora cuando nos separamos del resto. Julia me propuso ir a una discoteca que había a pocos metros de aquel bar.  No habíamos hecho más que entrar cuando empezamos a besarnos. Julia besaba muy bien con aquellos labios carnosos y el ambiente y la música de la discoteca parecía volverla más apasionada. A los pocos minutos mi mano estaba en su muslo y no pasó mucho tiempo antes de que acabara colocándose en su trasero.

Ella pareció sorprendida, pero lejos de molestarle, sentir mi mano en sus nalgas le hizo besarme con más ganas, casi con ansia, a la vez que metía la mano bajo mi camiseta para acariciarme el vientre y el pecho. Metí ambas manos por detrás de su pantalón, seguro de que su camiseta impediría a los demás ver lo que hacía mientras apretaba su precioso culo con todos mis dedos, ella se apretó contra mí, me llevó hacia ella apretándome la espalda y debió sentir en su pubis la erección que yo tenía para entonces. En ese momento los besos se volvieron más dulces y metí los dedos entre su tanga y su piel, presioné suavemente y Julia, al sentir mis dedos en medio de sus glúteos, me susurró al oído que fuéramos a otro lugar.

Vivo con mi familia, pero tengo la suerte de tener la casa para mí solo casi todos los fines de semana, así que fuimos allí. Eran las cuatro de la madrugada y en mi edificio sólo viven personas ancianas, niños y matrimonios con hijos que no tienen tiempo para salir por la noche, así que normalmente soy el único al que se puede ver entrar y salir de allí a esas horas. Por eso estaba tranquilo y por ese motivo continuamos allí mismo con lo que habíamos dejado a medias en la discoteca. La besé mientras la llevaba de espaldas contra una pared e inmediatamente aproveché la soledad del portal para desabrocharle el sujetador, Julia hizo lo mismo con mi pantalón y me dediqué a acariciarle los pechos mientras ella me apretaba contra su cuerpo agarrándome del culo.

Su sujetador estaba en el suelo, mi pantalón totalmente desabrochado a punto de caer de mis caderas y las manos de Julia introduciéndose por mi bóxer mientras me mordisqueaba el cuello y yo le subía la camiseta y acariciaba esos preciosos pechos grandes y firmes y apretaba y movía sus pezones entre mis dedos…

Me agaché delante de ella, le desabroché el pantalón, bajé sólo un poco el tanga y dejé al descubierto casi todo su pubis. Lo tenía depilado, excepto una fina línea de vello muy corto, Comencé a lamerle. Primero los bordes de la línea de vello, de abajo a arriba, con lametones largos. Mi polla estaba tan dura que me molestaba tenerla apresada debajo del pantalón, así que la dejé salir. Quedó libre en toda su extensión mientras llegaba más abajo con la lengua. Llegué a meter un dedo en su culito mientras lamía sus labios y su flujo…

Ella se corrió allí mismo, en el portal, después, entramos al ascensor y subimos a mi casa. Fuimos derechos al salón y allí nos desnudamos el uno al otro. Estábamos tan excitados que no nos tomamos tiempo y la ropa desapareció rápidamente mientras nos besábamos. La única excepción fue su tanga. Sin quitárselo, Julia se tiró en el sofá y yo me arrodillé ante ella para continuar con lo que había estado haciendo en el portal, esta vez masajeando su vulva con los dedos. Tenía la palma extendida, dos dedos acariciaban cada labio de su coño y mi lengua se introducía entre ellos.

Julia gemía, se estremecía… y chorreaba. Cuando tuve la palma empapada la aparté, la olí y se la di a oler a ella.

Fue entonces cuando me puse de pie, me coloqué entre sus piernas y sin ceremonias comencé a introducir mi sexo en su rajita. Tenía la verga a punto de estallar y ella estaba tan mojada que entró de golpe haciéndome gritar al sentir el roce de su tanga. Julia dio un gemido y empecé a moverme. Ella estaba sentada con los pies en el sofá para que pudiera penetrarla más a fondo, me cogía los glúteos y me apretaba contra ella a cada movimiento mientras yo le penetraba apoyándome en el sofá y bombeaba una y otra vez sin dejar de besarle el cuello, a cada movimiento sentía su tanga en mi verga y el placer se volvía aún mayor.

Cuando estaba a punto de correrme me separé de ella, la levanté y me senté en el sofá con ella encima. Julia quedó sentada dándome la espalda, con mi sexo dentro y moviéndose sobre mí, mientras con una mano le masajeaba un pecho y con la otra le masturbaba. Metí un dedo en su vulva, junto a mi polla y fue entonces cuando Julia se volvió a correr. Yo llegué un momento después, saqué mi verga en el momento justo y mi leche cayó sobre su culo y su espalda.

Después de eso caímos rendidos en el sofá, abrazados y desnudos, aunque ella aún conservaba puesto su tanta empapado. Se fue en cuanto amaneció, dejándome el tanga de recuerdo.

Han pasado sólo unos días desde aquella noche y nos hemos seguido encontrando en la sala de estudio. Las miradas ahora son más directas, las insinuaciones casi constantes y con un poco de suerte tendré algo nuevo que contar el próximo sábado.

Autor: Edu

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Estudiándote en la biblioteca

Antes de comenzar me gustaría dejar claro que es mi primera aportación aquí, no seáis demasiado duros. Los relatos que escribo en general están enfocados al placer de redactarlos y para un público generalmente femenino, y que les guste los juegos un poco ‘light’. He tenido compañeras que les han gustado bastante, pero es cierto que no es a lo que acostumbra una página de relatos como esta. Espero que lo disfrutéis, y si es así habrá más.

Todo puede prender con la chispa adecuada. Esa era la idea que necesitaba al salir de casa si quería autoconvencerme que yo también tenía posibilidades contigo, no sólo esos chicos perfectos y geniales que se podrían equiparar a ti. Iba a luchar por un día de ensueño, de esos como en los cuentos de hadas, como en esas estúpidas películas que me sacan de quicio… y si quería un día así, debía obligarme a creer las bases de dichos cuentos: el feo gracioso también puede ligar. De hecho, no sólo puede ligar; sino que liga con la chica de ensueño. Así que traté de ponerme medianamente guapo, me calcé la mochila y dándome el último detalle con un toque de colonia; y allá vamos. Salgo de mi casa repitiéndome la idea una vez más… además, ¿qué escenario hay más romántico que una biblioteca? Ea, todo sea dicho. Parece que el destino no estaba conmigo.

El viaje es lo suficientemente largo como par darme tiempo a pensar las cientos de miles de posibilidades que pueden ofrecernos esta tarde, y tan corto como para que no se me ocurra la única forma en la que no todo acabe mal, en la que no me evites o simplemente la que te hará pasar a ti la mejor tarde. Parecía uno de esos superordenadores que estudian todas las posibilidades simultáneamente para obtener la mejor predicción y, cuando empezaba a demostrarme que sí hay alguna pequeña luz que me da esperanza de conseguir algo…  ya estaba en la uni. Nervios. Nervios de nuevo. Se me olvida absolutamente todo lo que me llevo convenciendo. “Tranquilízate… que pareces un jodido crío en tu primera cita. La has visto 100 veces, esta es una más. Que anoche se os fuera de la mano la conversación y os diese por imaginar tonterías que… en fin, para ella era un juego, una conversación divertida. Ni siquiera se va a acordar. No te lo plantees más. Sigue como siempre. No se merece que te conviertas en otro retrasado que se cohibe al tenerla cerca. Demuestra que tú no eres otro de esos ton…”, ‘Ey, ¡pensé que llegaba tarde! Ya me daba miedo hacerte esperar’. Tu voz me sorprendió desde la espalda. ¿Cuánto tiempo llevaba quieto en la puerta de la facultad? Me giré y estabas sonriente, como siempre. De hecho… te habías puesto preciosa. Empezaba a hacer calor, por lo que ya empezó la época de las faldas vaqueras, y con una camiseta básica que te estilizaba… estabas increíble. No excesivamente corta. No excesivamente escotada. Pero sí lo suficientemente atractiva como para… ‘a ver, es que me quedé esperándote. Era fácil saber que estabas llegando detrás de mí… ¿no te diste cuenta de las gradas que han montado con cientos de hombres babeantes que llevan esperando a que vengas toda la tarde? Parece que ya se saben tus horarios de venir a la biblio. Y con esa falda… ¡normal que les merezca la pena esperar toda la tarde!’, te sonreí como un tonto. Cuando estoy nervioso sólo pasan gilipolleces por mi cabeza.. y antes de quedarme en silencio, prefiero que te distraigas con esas tonterías. Me miraste fingiendo odio, ‘¡pero si fuiste tú anoche el que me pediste que a ver si por un día me ponía mona para ir a la biblio, que estabas harto de verme sólo cuando no me arreglo! Así que bueno, me tomaré esa parrafada como un ‘Pues sí que estás guapa, sí’; ¡ya que no te dignas a decírmelo!’. Miré a la puerta para que no pudiese verme la cara. ‘Anda… vamos dentro, antes de que te relacionen conmigo y crean que algo tienes algo malo… ¡Porque cualquiera vendría contigo a la biblio si se lo pidieses! Ya veo la portada del Hola…. Cristiano Ronaldo acepta ir a la biblio con chica jovencita. ¡Serías la envidia de Patricia Conde!’. Pasando mi mano por tu cintura te guié hacia dentro de la facultad, aprovechando para besarte suavemente en la cabeza en forma de saludo. “Mierda… sí se acuerda de la conversación de anoche”, fue lo único que pensé hasta que entramos en la biblioteca propiamente dicha.

Cogimos una mesa bastante apartada porque querías que te ayudase a entender un par de cosas. Me senté a tu lado, colocamos las cosas y establecimos que cuando tuvieses dudas me avisarías mientras yo trataba de actuar cómo si estuviera estudiando. Mi cabeza seguía con sus gilipolleces, por lo que me costó bastante concentrarme lo suficiente como para considerarse estudiar. De vez en cuando me interrumpías para que te explicase algo, y… una de las cosas que adoro de ti, es la ternura con la que haces ese tipo de cosas. Tienes casi tanto miedo como yo a estorbar o molestar, por lo que para llamar mi atención te limitabas a acariciarme un poco la pierna, o el brazo… ‘ey… ¿te molesto?’; y luego me preguntabas. Por suerte me gustan los vaqueros… con algo más finito probablemente hubieras sentido como se me erizaba la piel con ese simple roce. Yo trataba de explicártelo lo mejor que podía entre bromas y gilipolleces; y cuando la biblioteca se empezó a llenar podíamos ver como nos miraban con odio. Decíamos bromas demasiado a menudo y, aunque tratásemos de hablar bajito, entendíamos que eso pudiese llegar a molestar a alguien. Además, poco a poco nos estábamos poniendo más melosos y cariñosos. Mientras te resolvía la duda no podía evitar ponerme a recorrer tu pierna desde la rodilla hasta donde la falda comenzaba; lo que solías corresponderme con sonrisas pícaras. Cuando era consciente de lo que hacía, solía quitar la mano rápidamente con miedo a que te pensases que… ‘mira que eres tonto. Es una pierna, no le tengas miedo, ni siquiera pincha mucho… ¡Que para algo me he depilado! No hace falta que salgas huyendo para no tocarla’, ‘sabes que no es eso… pero, no sé, no quiero que te moleste si me pongo tontorrón con tu pierna. Puedo resultar pesado, lo sabes’. ‘Más que tonto, eres idiota. Idiota perdido. No te preocupes que si resultas pesado ya te lo diré, pero si no te he dicho nada será porque no me molesta… ¿no?’. Ahora era yo el que sonreía pícaramente. No… no quería, pero ese tipo de comentarios despertaban otra parte de mí. ‘Ten cuidado… con este tipo de bromas, puede que reaccione una faceta de mí que… no te guste, la verdad’. ‘Ah, ¿sí? Y… ¿Qué parte es esa? ¿Por qué todavía no me has dejado conocerla?’, cogiste mi mano con la tuya y la apoyaste en tu rodilla suavemente. ‘Sí.. algo la conoces. Como… por ejemplo anoche, nos pusimos a decir tonterías y empezaste a conocer esa parte de mí… creo’. ‘Entonces tendré que pincharte más a menudo, porque anoche me encantaste como nunca’. Tu mano, guiando a la mía, subió un poquito por tu pierna haciendo suaves círculos por la cara interna de tu muslo, soltándome con la escusa que tenías que escribir. ‘Te arrepentirás de esto en algún momento de la tarde…’. Te susurré mientras pellizcaba suavemente tu muslo. Giraste para responderme quedando casi a la altura de mi cuello, ‘me lo estoy ganando a pulso, sería hipócrita no asumir las consecuencias’, y mordiste mi mandíbula apoyando con delicadeza los dientes, casi besándola. No habías conocido mi lado ‘oscuro’ nunca y… estabas despertándolo. Estabas despertándolo demasiado rápido…

Cada vez los que estaban sentados frente a nosotros nos odiaban más, y nosotros empezábamos a controlarnos y no hablar tanto; hasta que se vació una de esas salas insonorizadas para estudiar en grupo. Se me iluminó la cara, señalé a esa sala y te sonreí… no hicieron falta más detalles. ‘Vale, nos colamos pero… tienes que hacer algo por mí si quieres que vaya’. No podía creer que te estuvieran entrando ganas de juegos. Mi imaginación volaba demasiado como para poder levantarme e ir hacia la sala en unos minutos… ‘dime, y lo intentaré’. ‘Me refiero a que me termines de explicar el tema, que no lo entiendo del todo’, decías mirando a los apuntes, ‘¿qué es lo que creías tú?’. Volvía a dibujarse tu sonrisa pícara y, dándome un beso en la mejilla al levantarte fuiste en dirección la sala esa. Yo recogí mis cosas y te seguí algo distraído, incapaz de andar del todo bien. La única que estaba libre era la del final del pasillo, que no sé si es bueno o malo. La ventana no era muy grande y desde abajo no se veía nada, pero cuando pasé antes de entrar vi que era una mesa con solo dos sillas. La mesa era grande, y cada silla se encontraba en frente de la otra teniendo que estirarnos si quisiéramos cogernos de la mano. Cerré la puerta mientras veía como tú te adueñabas del asiento más cercano que daba la espalda a la ventana; por lo que a mí me tocó el asiento alejado. Cuando volvimos a sacar las cosas, me miraste fijamente ‘anda… vamos a estudiar en serio, aunque sea un ratito’, y con una sonrisa te enfrascaste en tus apuntes de nuevo. No, no es posible ponerse a estudiar serio en esas condiciones, y menos con mi mente. No… no es posible que recordases la conversación del día anterior y no te hayas asustado. No… no es posible que… ¿Por qué me da la impresión de que ahora tienes más escote? Es como al estar con menos gente alrededor descuidases más la manía de estarte volviendo a subir la camiseta cada cinco segundos; pero estaba perdiendo el autocontrol y ya no podía evitar mirar demasiado a menudo como el sujetador amenazaba sutilmente con mostrarse mientras… “Mierda, deja de mirar. Va a sentirse incómoda. Mira a los apuntes, a los apuntes; que toca estudiar, ¡Joder!”. Cuando volví a ser consciente, estabas mirándome mientras sonreías… yo no podría asegurar si me había quedado embobado hablando conmigo mismo mientras te miraba el escote o había apartado la mirada antes pero… tu sonrisa me hacía creer que no fui lo suficientemente rápido. ‘¿Puedo pedirte ayuda o molesto algo importante?’, insinuaste mientras mordías la tapa del boli. ‘Si te puedo dar algo que necesites de ayuda… obviamente puedes pedirla’, trataba de guardar la compostura mientras ordenaba inútilmente mis apuntes. ‘Es que no sé hacer este ejercicio’, me pasaste rápidamente y yo traté de explicarte un poco qué había que hacer. ‘En serio, no me entero de nada. ¿Sabes hacerlo tú? Así a lo mejor al verte haciéndolo aprendo yo’. Intentaba explicarte paso por paso mientras tú decías que no te enterabas de nada, y era lógico porque estábamos dejándonos el cuello tratando de explicarlo en medio de la mesa; yo escribiendo ladeado para que tú ladeando la cabeza puedas leerlo. ‘Anda, esto es un infierno, espéra que me pongo ahí’; dijiste cuando te levantabas y te acercabas mientras yo no podía evitar fijarme que, con las manos ocupadas trayendo las hojas, no te habías percatado de que la falda o la colocabas pronto o tal vez… ‘¿me vas a hacer un hueco o qué?’. Joder, si es que es brutal… creo que es imposible borrarte esa sonrisa, y nunca me cansaré de verla. Me eché un poco hacia atrás moviendo la silla y me puse en un ladito, para dejarte sentar a mi derecha. Tú te acercaste y te sentaste en mi pierna izquierda, colocando cada una de tus piernas a un lado de la mía y tratando de acomodarte como podías. La posición remangó un poco más la falda, pero parecía que no te importaba. Ladeaste la cabeza para mirarme, ‘bueno, vuelve a empezar desde el principio, ¡que así seguro que entra mejor!’. Yo trataba de concentrarme en el ejercicio.

Mientras yo te explicaba paso por paso y los iba escribiendo en las hojas, tú no dejabas de moverte a través de mi pierna con la escusa de que no encontrabas la postura totalmente cómoda. Yo de vez en cuando perdía el control de mi cabeza y cerraba los ojos disimulando como si tuviese que pararme a pensar en el ejercicio. La falda estaba casi subida de tanto movimiento, y sin poder evitarlo notaba como una parte caliente se apoyaba en mi muslo y me volvía jodidamente loco. La mano izquierda que usaba para aguantar los papeles y escribir mejor la tuve que apartar. Como te movías tanto, cuando te acercabas más a la mesa apoyabas tu pecho en mis brazos y era demasiado la sensación de tu pecho suave haciendo presión contra mi brazo. Además… creo que era cosa mía. pero daba la impresión de que algo duro me hacía cosquillas en en antebrazo, y no tenía sentido pensar que tus pezones habían… aparté la mano y, sin saber dónde apoyarla, la apoyé en tu pierna. Estaba suave. Joder… no sé si era un buen cambio para mi cabeza, pero a ti parecía divertirte la situación. Cada vez que tenía que parar para ‘adivinar cómo seguir el ejercicio’, tú te reías y te movías poniéndote cómoda en mi pierna. ‘Se nota que es un ejercicio duro, ¿eh? Como si hoy no estuvieses lo suficientemente inspirado… así se me caerá un mito, ¡pensé que se te darían bien estas cosas!’. Te encantaba picarme, y más si lo hacías en forma de susurro mientras yo intentaba contenerme como podía. ‘Anda… que yo encima que intento ayudarte…’, te respondía yo sin poder quitarle ojo al ejercicio. Bueno… sin querer quitárselo, porque no sabría controlar dónde miraría sino. ‘Si yo también es lo que intento, ayudarte con la inspiración… ¿o qué te crees? ¡Joder! ¡Qué incómoda estoy! Creo que voy a probar mejor a…’, me pone demasiado cunado me susurras con esa sonrisa. Te levantaste un poco, lo justo como para poder abrir tu pierna derecha y colocarla cada una a un lado de mis piernas, quedando abierta y teniéndote que apoyar sobre mi cadera para sentarte bien. Yo no podía disimular nada ya, pero no parecía molestarte sentir como bajo ti estaba algo exageradamente duro. De hecho, parecías disfrutar mientras te movías tratando de acomodarte. Yo, asomándome por tu hombro para poder mirar los apuntes, era incapaz de evitar echarle un ojo de vez en cuando a tu ropa interior granate que asomaba… no parecía molestarte nada. Yo cada pocos debía concentrarme para mantener la concentración, pero poco a poco iba avanzando en el ejercicio mientras tú no parabas de moverte. ‘Joder… ¿Es imposible distraerte lo suficiente como para que seas incapaz de seguir, o qué? Aunque creo que todavía se me ocurren otras formas…’. No me podía creer que tus manos estuviesen bajando mi cremallera pero… lo estaban haciendo. La mano que se apoyaba en tu pierna apretaba con fuerza, como intentando demostrarme que era real, que… mi botón también estaba desabrochado. Joder… ‘eres rápida’, susurré con la respiración entrecortada mientras mi mano bajaba más y más por tu pierna. ‘Si ya vas a tirar la toalla, paro. A mí que se me ocurrían cosas más divertidas’. La goma de los calzoncillos se estaba levantando poco a poco mientras me hablabas y bajaba suavemente dejando al aire mi… ‘no, es que tenía que cambiar de boli que se quedaba sin tinta, ahora sigo’. Tu mano jugaba con mi miembro que ya estaba afuera y se apoyaba contra la suave tela de tu ropa interior. Joder… iba a explotar, no podía más. ‘No juegues con fuego…’, susurré mientras escribía en mayúsculas en la hoja del ejercicio; ‘tal vez lo que quiera es quemarme…’ contestaste al leer en el papel escrito ‘TE VA A DOLER DE LAS VECES QUE TE VOY A FOLLAR’. Ya todo estaba sobre la mesa. No tenía sentido seguirme con tonterías, así que dejé caer el boli y apoyé mi mano también en tu pierna. Tú jugabas con mi polla mientras yo hacía recorría tu sexo sobre la ropa interior. Te devoraba el cuello mientras suspirabas con delicadeza… ‘Cumple lo que amenazas, y déja de juegos’, dijiste mientras me masturbabas. ‘Cuando te supere y quieras dejar el juego, sólo tienes que avisar… a lo mejor soy demasiado para ti, quien sabe’. Te respondí mientras apartaba tus bragas para poder jugar contigo como tú lo hacías.

Es increíble la sensación de que tu sexo exhale calor y empape el mío sin que ni siquiera estemos follando. Mi otra mano sube debajo de tu camisa hasta llegar a tu sujetador y comprobar que de verdad tenías los pezones erectos. Llevaba demasiado con eso en la cabeza como para contenerme ahora, por lo que simplemente lo cogí entre dos dedos apretándolo hasta que tu boca se abría conteniendo un suave gemido. ‘La necesito ya dentro de mí’, me decías mientras al jugar conmigo la ibas acercando más y más hacia tu sexo; usándolo como lubricante; ‘como no te contengas nos acabarán echando, gemirás demasiado’. Te separaste un poco, para comerme la boca mientras mantenías el ritmo con la mano y ponerte frente a ti. ‘No te flipes… no creo ni que consigas hacerme suspirar’, decías mientras quitabas mi camiseta y te ibas deslizando hasta ponerte de rodillas. ‘¿Te refieres que no conseguiré lo que ya he conseguido? Tú ocúpate de volverme jodidamente loco, y el resto ya se ocupará de ello la pasión que no podré contener’. ‘¿Te refieres a que me preocupe por conseguir lo que ya he conseguido?’, susurraste antes de meterte en tu boca mi miembro ya empapado gracias a ti. Joder… llevaba demasiado soñando con esto. Estuviste unos minutos hasta que tirándote del pelo te levanté. ‘Te dije que gemirías, pero las cosas a mi manera’. Al levantarme te cogí el trasero ya al aire por la falda remangada, y elevándote te apoyé en el borde de la mesa. Subí mis manos por tu cuerpo apoyándote en ella para que te recostaras del todo, mientras aprovechaba para volver a jugar con tu pecho. ‘Trata de contenerte, anda’; dije mientras de rodillas era yo el que te hacía perder el control con mi lengua. Siempre disfruté de estas cosas y… digan lo que digan, estas mesas se diseñaron para eso. No tengo la menor duda. Como mis oídos, que los diseñaron para escuchar como a base de suspiros y gemidos ahogados eras capaz de endurecer más aún mi excitación. En serio, creo que he visto diamantes que se rayarían si ahora mismo los tocase con eso… no entiendo cómo podías volverme tan loco. Y te lo iba a compensar. Sin duda. Otro movimiento de lengua y tu mano era la que cogía mi pelo para que no me separase nunca. ‘Fóllame ya, gilipollas’. ‘A mandar, que para eso estamos’, suspiré mientras levantándome me limitaba a clavártela. Eso sí que estaba hecho para mí, que simplemente se amoldaba como un guante a cada una de mis embestidas mientras con tus piernas me obligabas a quedarme cerca.

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En la biblioteca de mi ciudad

Con mi pija bien dura comencé a frotársela por toda su conchita húmeda y caliente, la excitación era completa y no dábamos más de lo caliente que estábamos. Tomó mi pija con su mano y la llevó a su conchita y muy lentamente, se la empecé a introducir, hasta que se la metí toda, ese momento fue espectacular, sentir mi pija dentro de ella.

Esa tarde como tantas otras sentía la ansiedad de vivir algo diferente, buscando algo distinto, eso que me trasporte a vivir nuevas sensaciones, situaciones límites, poco comunes, en fin algo de adrenalina extra, eso que todos buscamos y tal vez poco encontramos, buscaba eso que bien no sabía que era… pero lo buscaba, vivir esas situaciones que a uno lo hacen sentir vivo, vital y todas esas cosas que condimentan la vida, la hacen ideal, digna de ser vivida con todo.

Por eso, mi intuición hizo que me dirija hacia la biblioteca, donde se que hay hermosas mujeres que trabajan ahí y también hay muchas habitúes del lugar que son dignas de mi admiración, y de paso buscar algún libro como excusa que me haga distraer un poco… Una vez ubicado en mi sala preferida, me puse a buscar algún libro que me seduzca, pero en realidad no encontraba ninguno que satisfaga mi apetito lector, fue entonces que en ese momento ingresó a la sala una mujer hermosa que paralizó mi corazón. Una joven que jamás había visto. En ese momento la sala estaba completamente vacía…

De repente no podía parar de observarla, una mujer tan bella, por donde se la mire, esa mujer con la que he soñado y también el tipo de mujer que despierta las más hermosas y calientes fantasías. Era tan evidente mi interés hacia ella que no podía parar de observarla y no quería se dé cuenta, a todo esto mis ratones se multiplicaban… De golpe sentí su presencia cerca mío, su fragancia muy suave, que la hacía aún más bella y sensual, le daba su toque personal único que sólo podía tener semejante obra maestra hecha mujer. De repente, siento que tocan mi hombro, lo que hace desconectarme en lo que estaba pensando, y cuando lentamente me doy vuelta era ella, y me dice:

-Que era la primera vez que estaba en este lugar y no encontraba el libro que estaba buscando, que si podía ayudarla a encontrarlo.- Entonces le pregunté: -Cuál era el libro que buscaba.- Con una mirada cómplice y risueña, me dijo que buscaba un libro excitante o alguna novela que contenga un gran nivel de erotismo.

Dichos libros se ubicaban en la parte superior de los estantes, lo cual se lo informé y me dijo. ¡Qué pena, así que están arriba de todo! Ni lerdo y perezoso, le dije que no habría problema alguno y podíamos buscarlos… Entonces miré hacia mi lado y busqué la escalera que se encontraba al lado de la puerta de salida y decidí ayudarla… Coloqué la escalera y ella se adelantó y me dijo que subiría y que no quería molestarme, le dije que para mí no era ninguna molestia es más, era un placer ayudarla en todo lo que podía, me sonrió y empezó a su subir la escalera, ella estaba vestida con una pollerita cortita muy sexy de color negra y un top color blanco que no disimulaba para nada sus hermosas curvas. Eso lo divisé cuando antes de subir se quitó su campera de jeans.

Lentamente comenzó a subir por la escalera y yo muy descarado empecé a observarla desde abajo, me estaba excitando por la situación, ella se da vuelta y me dice que no lo encuentra… A todo esto yo miraba y para colmo, divisé muy cuidadosamente que tenía una bombachita blanca, lo cual hizo que me excitase más, porque cuando se movía, abría un poco sus hermosas piernas y se veía… Entonces me dijo: hombre ayúdame que no lo encuentro, por lo tanto, empiezo a subir y quedo casi a la altura de su imponente cola. Y casi sin querer apoyo mi cuerpo sobre ella, y sin disimular la situación me hago el tonto, ante todo esto ella no me dice nada y sigue buscando… Por lo cual yo sigo acomodándome aún más y ella me dice, fíjate por acá que por ahí están y yo le digo que están más allá.

En ese instante coloco, sin querer, mi mano sobre la de ella, cuando divisamos el mismo libro y me dice:

-Es este.- Al mismo tiempo empiezó mi retroceso para bajar y ella, con carita de ingenua me dice: -La verdad es que me encanta buscar libros con vos.- (a todo esto seguíamos arriba). Yo haciéndome el desentendido le digo: -Por qué.- Ella responde: -Por esto.- De pronto siento su cuerpo sobre el mío de una manera que provocó casi una inmediata erección, ella pasándome toda su cola por mi bulto, y cada vez más rápido. Sentía como ella fregaba su cola, por mi bulto ya completamente duro, mi jeans y mi bóxer blanco, explotaban de lo dura que estaba mi pija, a su vez yo miraba, casi desencajado, para todos lados, por si llegase a entrar alguien, era una sensación de placer impresionante y peligrosa. Yo no paraba de apoyarla cada vez más fuerte y ella me tomaba con una mano de mi cuello y no paraba de decirme que siguiera, estaba súper caliente y empecé a darle mordisquitos suaves en una de sus orejitas, y también a chupar desaforadamente su cuello.

En aquel momento le comento si no le gustaría que bajemos y ella me dijo con muchas ganas que sí, y que quería que le haga el amor sobre el escritorio, ambos sabíamos que podríamos ser descubiertos en cualquier momento, pero ya era tanto el grado de excitación, que no podíamos parar y al saber de esta situación límite y que estábamos caminando por una cornisa, más excitados nos sentimos… Empiezo el descenso lentamente ayudándola a ella a bajar, quedo con su cola a la altura de mi rostro y de golpe levanto su mini para observar bien toda su cola y comienzo a acariciar sus cachetes, con mis manos, pasándolas despacito y aumentando la intensidad del manoseo, a todo esto ella se movía y me ofrecía cada vez más su cola, después empecé a tocarla por abajo, tocando su conchita, muy lentamente por arriba de su bombachita diminuta color blanca, pasando mi dedos hasta que luego empecé con toda mi mano…

A todo esto ella comenzó a excitarse cada más y me pedía que le chupara toda su conchita, entonces corrió su tanguita, para un costadito, y empezó a tocarse la conchita, con sus deditos, ofreciéndomela toda para que yo la chupara, me ubiqué desde el otro lado, corrí toda su bombachita y saqué mi lengua sedienta de esa conchita preciosa, comencé a besársela por los costaditos de sus piernas y luego llegué a los labios de su conchita y empecé a pasar mi lengua, muy lentamente… Hasta que llegué a su clítoris, tan húmedo y con esa fragancia especial, tan tentadora, que no pude parar y empecé a succionar su conchita, cada vez más rápido y a comerme su clítoris, como si fuese una frutillita bien coloradita, sentía sus latidos en mi lengua, lo que hacía que la chupara con más intensidad, después pasé mis dientes muy delicadamente y también se lo empecé a hundir para adentro, lo estiré un poquitito como si fuese un chicle, de esa manera seguí chupando su conchita…

Sus gemidos me volvían loco y no podía parar de chuparle la conchita, fue en ese preciso momento cuando me detuve, ella bajo rápidamente de la escalera y se sentó arriba del escritorio… Abrió sus piernas, para invitarme a seguir con lo que estaba haciendo, yo me dirigí hasta allí y ella empezó a sacarse el top que tenía puesto, que no llevaba corpiño abajo, y pude apreciar sus hermosas tetas… Y otra vez siguió el show, esta vez empecé a besar sus piernas y ella me tomó de mi cabeza y me llevó hasta su conchita, mientras yo se la chupaba, ella gemía como loca y apretaba con sus manos sus tetas, a su vez se las acariciaba con mayor intensidad…

Luego me detuve y busqué su cara, ella tomó su top y comenzó a secar mi boca muy suavemente, después me tomo del cuello y nos empezamos a besar con mucha pasión, en un juego interminable de lenguas y muchas caricias, ella quitó mi camisa y empezó a manosearme toda la pija por arriba del jeans, luego volvimos a besarnos y ella seguía acariciándome, mientras yo empecé a bajar mi jeans y ella sacó mi pija por un costadito de mi bóxer blanco, luego bajé con mi cabeza para sus pechos y empecé a pasar mi lengua por sus tetas, mi lengua iba y venía por sus pezones duros y erectos, como mi pija, que ella acariciaba cada vez más rápido y mi boca se devoraba sus tetas.

Luego le dije que me encantaría que me chupase mi pija, entonces ella seguía sentada se abrió más de piernas y quedamos casi justos, para que yo se la metiese toda, pero ella se inclinó hacia atrás y comenzó a agacharse para chuparme toda la pija, y mientras ella pasaba su lengua por toda mi cabeza yo acariciaba sus tetas, su espalda, su cintura, recorría con mis manos todo su cuerpo y ella se metía toda mi pija en su boca y su lengua me volvía loco, pasaba una y otra vez, no daba más, no veía la hora de metérsela toda y ella, seguía chupando mi pija, su lengua se movía como un sable filoso y hacía estremecer todo mi cuerpo. Acto seguido ella me pidió por favor que la penetrara con alma y vida, nos paramos quedando cara a cara y con mi pija bien dura comencé a frotársela por toda su conchita húmeda y caliente, antes de penetrarla, la excitación era completa y no dábamos más de lo caliente que estábamos, me recosté sobre el escritorio y ella, se subió encima de mí, comenzó a pasarme sus tetas por mi cara…

Después siguió fregando su conchita, por mi abdomen y yo preparaba mi pija con mi mano y mi boca seguía entre sus tetas, luego tomó mi pija con su mano y la llevó a su conchita y muy lentamente, se la empecé a introducir, hasta que le metí toda mi pija en su conchita, ese momento fue espectacular, sentir mi pija dentro de ella, en ese lugar tan caliente y a esta altura muy empapado, se movía con todo y me empezó a cabalgar como una potra en celo, sedienta de su macho. La sensación de placer era indescriptible imposible de definir con palabras, se movía cada vez más, mis gemidos de placer se mezclaban con los de ella. Luego pedí que se levantara y ella se paró al lado del escritorio, en consecuencia yo me paré detrás de ella, besando su cuello, espalda y con mi manos acariciando su cola, luego la tomé por los hombros e hice que se inclinara hacia abajo, acto seguido empecé nuevamente a pasar mi pija re dura y toda colorada por su cola, seguí acariciando su colita con mi pija, y me pidió que se la vuelva a meter toda…

Ahí en ese preciso instante comencé a penetrarla, mis manos se ubicaron en sus tetas y mientras se la metía toda, ella se movía como loca para atrás, para que mi pija entrase aún más… Ella me pedía que la siguiera cogiendo cada vez más fuerte, y me decía:

-Cógeme, bebé, más fuerte, quiero sentirme más dentro de mí, quiero sentir toda tu lechita bien calentita, quiero que me des tu lechita, Por favor.-

Estábamos gozando como locos, a full, era espectacular, seguir cogiendo con ella. Yo no paraba de cogerla y ella me pedía que la siga cogiendo aún más, estaba a punto de explotar, y le dije:

-Ahora, te voy a dar toda mi lechita, toda… no doy más.-

Saqué rápidamente mi pija y le dije:

-¿Dónde amor, donde la querés?

Ella se agachó, se metió mi pija en su boca y empezó a succionármela, toda su boca parecía un exprimidor enfurecido fuera de control, sacó mi pija de su boca, la apoyó entre sus tetas y yo, totalmente entregado, comencé a derramar un chorrito de esperma en sus tetas, mientras gritábamos de placer, seguía apretando mi pija contra sus tetas, para que yo siga descargando todo mi fluido, toda mi lechita, que no paraba de salir, hasta que le di hasta la última gotita. Y quedamos los dos agotados de placer, luego me acerqué le di un beso, en su frente, nos miramos a los ojos, nos reímos y nos dimos un beso final.

Autor: Gere

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Amor extranjero

Comencé a moverme con furia, mis pechos se movían al compás y Alex no dejaba de verme a los ojos, no pude contenerlo más, sentía cómo el calor inundaba mi interior, la mirada de Alex estaba perdida y descargaba en mí toda su energía que de ninguna manera pude contener, sentí mi interior explotar y de nuevo las caricias de mi amor en mi espalda tras bajar poco a poco la velocidad.

Mi nombre es Fernanda, soy intérprete traductor, tengo 25 años y aquí cuento la mejor experiencia de mi vida.

Hace un tiempo estaba yo trabajando en mi tesis de traducción, por lo que tenía que hacer constantes viajes a la biblioteca, trabajar muchas horas en la computadora y buscar la mayor cantidad de información posible para sacar un buen proyecto.

Siempre que mi mejor amiga, Elisa, me veía trabajar me invitaba a salir en un intento desesperado por que cambiara de aires, pero generalmente prefería quedarme trabajando en internet… ese día yo estaba viendo una página de traducción cuando vi uno de esos letreros que salen de publicidad en internet encuentra el amor, hoy ahora, lo ignoré por instinto, pero algo dentro de mi me hizo sentirme muy sola y me di cuenta de que ya me hacía falta algo de compañía.

-¡Qué demonios!- Dije, -vamos a divertirnos un rato… ¿a donde vamos?- Le pregunté a Elisa.

Me contó que ella, su pareja y unos amigos más llevaban algunos fines de semana yendo a este lugar, un rincón musical muy agradable en el centro de la ciudad. Así que dejé papeles, escritos, notas, agendas, y páginas web para arreglarme para salir. Me miré al espejo, por lo menos parecía que no había perdido mi toque, seguía teniendo una bonita figura, no podía negar que en la preparatoria solía ser popular por mi cuerpo, cosa que siempre me molestaba, pues siempre prefería resaltar por el intelecto. Miré mi cara, aún firme, aún tersa, ojos verdes, y mis cabellos castaños que me cubrían los pezones.

Me bañé, me dejé el cabello suelto, me puse una falda sencilla, sandalias y una blusa de algodón un poco transparente, pero cómoda a fin de cuentas. Salimos en grupo, pero no podía evitar pensar en que éramos impares y era la única que no iba con pareja, cosa que me recordó al anuncio de internet.
La cosa se puso peor cuando en ya en el bar comenzaron a cantar trova y los temas de amor y consuelo me llevaron a derrochar unas cuantas lágrimas en el baño de mujeres. Me vi a mi misma en el espejo, con los ojos verdes encendidos por lo rojizo de mis párpados por llorar.

Saliendo del baño pasó algo que atrajo inmediatamente mi atención, un hombre como pocos, atlético, de quijada firme, ojos divertidos (que saben lo que buscan en una mujer), de piel tostada, barba muy cortita y pantalones negros que parecen de cuero por lo ajustados. Me miró a los ojos e interesada le devolví la mirada, intentando sentirme lo más segura de mí misma después del episodio de tristeza… Me miró de corona a los pies, haciendo especial acento en mis pechos y cintura. Los pocos segundos en los que había ocurrido esto terminaban cuando él se dirigía hacia el baño de hombres y yo tuve que seguir mi camino hacia la mesa.

Toda la noche nos estuvimos mirando, pensando en toda fantasía, piel morena, ojos claros… me fascinan los hombres de tintes extranjeros. Pasaron los minutos y él no hacía más que divertirse con sus amigos, canturreando algunas canciones, parecía tener buena voz, aunque no llegaba a escucharlo. Pasó la noche y sin importar cuánta seguridad le transmitía para que se acercara, el hombre no llegó más que a mirarme detenidamente en cada nota de amor.

Harta de mi suerte, me convencí que debería regresar por donde vine y regresar a mi tesis. Salimos del lugar, yo evadiendo todo tipo de comentario y esperando llegar a casa cuanto antes. Llegando no pude contener un aire de tristeza, me sentía realmente sola, nunca pensé llegar a ese punto. Saqué las fotografías de la preparatoria, puse música romántica, una copa de vino y me dispuse a ver las fotos de mi adolescencia. Realmente no habría tenido más que dos novios en toda mi vida, uno demasiado tímido y otro que terminó siendo un cornudo.

Llegó el lunes y tuve que regresar a mi habitual rutina, biblioteca, universidad, trabajo… Me llamaron por teléfono para un nuevo trabajo y acudí a mi cita tras jugar un poco con la supuesta comida que usualmente comía con ansias. Fui a mi cita, supuestamente para traducir el libro de una escritora que lanzaba su debut y quería traducirlo al  español, pues parecía ser extranjera. Su representante me citó en un café para conocerla y así conocer el proyecto por igual.

Cuando llegué, a las cuatro de la tarde, aún era temprano para que el café estuviera lleno, y sólo vi una mesa ocupada con dos hombres, así que esperé a que llegara mi representante. Tras media hora de esperar me llamaron a mi celular y para la sorpresa del que me llamó, el representante era el que estaba sentado en esa mesa cercana junto con otro hombre, pensaba que cuando había dicho Alex se había referido a una mujer, por lo visto, era el nombre del hombre que lo acompañaba, el escritor del libro que traduciría. Saludé a ambos, el representante, Nicolás, era un hombre tranquilo que se veía que trataba a menudo con escritores, pues tenía esa nota cortés e intelectual sin dejar de ser lo que parecía un negociante con bastante labia. Por otro lado, Alex me saludó con un apretón de mano y un marcado acento británico.

Comenzamos a hablar en inglés de lo despistados que éramos y que habíamos perdido ya un buen tiempo esperándonos unos a otros para la cita. Platicamos de la novela, mismo escrito que tenía Alex en un portafolio verde que hacía juego con sus ojos… unos profundos ojos verdes, como si contuvieran un entero bosque salvaje dentro de ellos. Recuperé la atención en lo que me decía, me preguntaba sobre mí misma… sobre mi carrera profesional. Mientras contaba distraídamente sobre mí no dejaba de ver sus ojos… era como si me encontrara a mí misma en ellos, como si me estuvieran absorbiendo el alma.

Cerramos el negocio, quedamos en un presupuesto y una fecha. Me fui a mi casa con el recuerdo de su suave mejilla contra la mía en nuestra despedida, luego vi el papel con sus datos, fecha de entrega: 10 de octubre… eso me dejaba con escasas tres semanas para terminar la traducción, todo un reto. Me llevé el libro y comencé a leerlo, nunca me esperé que fuera una novela erótica. Movida por el impulso de dejarme llevar por la novela, la leí por las noches en la cama, imaginándome a Addam a cada página que pasaba, era una fantasía personal que habría de acabar tan pronto terminara de traducir el trabajo. Tras unos días de comenzar a traducirla, recibí una llamada.

-¿Hello?- escuché del otro lado… me quedé atónita por unos segundos mientras cambiaba el casette de mi mente por el de otro idioma.

Comencé a conversar en inglés, era él, no su representante sino él… olvidaba que le había dejado mi número en la tarjeta que le di a su representante, me imagino que se la había dado. Quería aclararme unas cosas de la novela, así que quedamos de vernos en el mismo café donde nos habíamos visto la otra vez. Apenas me dio tiempo de arreglarme, quería ver los avances ese día mismo, Me desvestí para cambiarme la pijama cuando sonó el teléfono de nuevo, era él… preguntaba muy cortésmente si mejor nos podíamos ver en mi lugar de trabajo, pues por lo visto le quedaba más cerca que el dichoso café. Ya que mi lugar de trabajo era una oficina en mi departamento escombré un poco y después de ponerme unos sencillos vaqueros y una blusa del color de sus ojos.

Llegó al poco tiempo, realmente estaba muy cerca. Bajé a recibirlo al portal de entrada, siempre con un trato de colaboradores. Subimos a mi departamento y él pareció sentirse muy incómodo al darse cuenta que se trata de mi casa… traté de reconfortarlo y nos hundimos en el trabajo. Fuera de unas cuantas miradas fugaces no sucedió nada, pero programamos citas cada algún día para ir checando los avances.

La siguientes dos citas pasaron en una semana, a veces me daba cuenta de cómo se me quedaba viendo cuando leía su novela, yo con la mira en la computadora, pensaría que es interés por su novela, pero el hecho de que estuviera en un idioma que él no podía comprender me decía lo contrario. Conforme iba terminando el trabajo las citas se hacían más largas y las pláticas más distantes del tema central de la novela.

Al poco tiempo llegó la última cita, aquella que antecedía a la entrega a su representante, de manera que, acongojada por no saber si seguiríamos viéndonos, me puse la misma falda que ese día en el bar: púrpura, suelta que me llegaba a los tobillos y una blusa blanca que remarcaba mi cintura y lo suficientemente delgada como para que se notara la textura de mis pezones cuando tenía frío. Llegó directamente al departamento. Él vestía un poco más arreglado de lo normal, pantalón de vestir, de esos que muy finamente muestran los típicos glúteos de un hombre de buen cuerpo, una camisa que denotaba lo que parecía ser un cuerpo más atractivo de lo que parecía cuando se vestía de vaqueros y playera. Olía delicioso.

Más sonriente que nunca, le ofrecí un café y me acompañó a la cocina para prepararlo. Busqué el azúcar en la alacena, se había terminado, así que me estiré lo más que pude para alcanzar el bote en lo alto para rellenar la azucarera, se levantó, me imaginé que para ayudarme a bajarlo (era mucho más alto que yo) tomó el azúcar rozándome con su cuerpo, le agradecí y comencé a bajar (pues estaba de puntillas) pero mientras tomaba con una mano el bote de azúcar, con su otro brazo me rodeó la cintura. Parecía que comenzaba una de esas escenas de su novela, sólo que a diferencia de los personajes, yo no era diestra en el asunto y hacía mucho tiempo que no practicaba ese arte.

Me quedé muda, había fantaseando tanto con eso, que realmente nunca pensé que llegara a pasar de verdad. Me giré hacia él con toda mi cintura ocupada por su duro antebrazo y su enorme mano, miré hacia arriba, lo miré a los ojos, más divertidos que nunca que paseaban por mi mirada como surcando mi deseo interior. Al no decir nada, al no quejarme, parecía que le acababa de dar permiso…

Me abrazó con su otra mano ya toda la cintura y me atrajo hacia él, yo estaba muy tensa, pero aún así subí la mirada cuando él buscó mis labios y cerré los ojos para cuando su nariz exhalaba a milímetros de mi cara, sentí sus labios besando los míos, esperando una reacción mía. Con mis labios apreté los suyos, se cayó la última pequeñísima barrera que quedaba entre nosotros y abrí la boca para besarnos apasionadamente. Sus manos eran autoritarias, pero aunque fuertes y enormes, sólo conocía sus caricias. Le acariciaba el pecho, comencé a bajar las manos mientras había hecho lo mismo hacía unos segundos y ahora jugaba con la firmeza de mis glúteos. Me aproximaba a una zona mucho más cálida que la de arriba, pero falta un poco aún para eso. Así que subí mis manos y acaricié su quijada, pronunciada y fuerte, nos seguíamos besando. Con el contacto de sus manos me comencé a sentir pequeña y delgada, pues con su estatura, su espalda y la fuerza que se veía contener, me parecía que mi cuerpo era para él este pequeño deseo manipulable que parecía estar hecho de cristal por la delicadeza con la que me tocaba.

Su mano rozó mi entrepierna y lo besé con mucha más pasión, catalizando la explosión de mi estómago y bajándola hasta donde comenzaba a humedecerme. Nos abrazamos, nos besamos, con fuerza, con una bondad furiosa que gritaba del deseo de arrancarnos la ropa y seguir esto desnudos.
Entretanto me cargó a la tarima donde preparo la comida, haciendo a un lado las tazas, haciendo que una rodara y callera al piso. Su tórax quedaba al nivel del mío y al abrazarlo con mis piernas me di cuenta que también otra cosa suya quedaba justo al nivel de mi clítoris. Le quité la playera, besé el vello castaño de su pecho, le abracé la espalda y mientras él me acariciaba y olía mi cabello.

-Vamos al cuarto-, le dije en inglés.

Él asintió, me besó y me cargó hasta donde él sabía ya era mi cuarto. Me tiró en la cama, pisando la orilla de la falda y sin querer tirando de ella y dejándome en bragas. Con mirada divertida por el nuevo hallazgo, tomó una de mis piernas y comenzó a besarla lentamente, acariciando mi entrepierna sobre las bragas a medida que subía. Mientras tanto yo acariciaba sus hombros, y exhalaba ruidos quedos de ansias. Subió de pronto y me quitó de un solo movimiento la blusa, mientras yo le quitaba el cinturón y le desabrochaba el pantalón, ya más justo por aquello que aumentaba de tamaño en su interior. Los pantalones quedaron encima de mi falda sobre el piso, sus zapatos y calcetines. Subió por completo a la cama acariciando con su nariz, su boca y su delicioso aliento cada centímetro de mi piel.

Con un movimiento se deshizo de mi brassiere, y con pasión acarició y saboreó mis erectos pezones mientras nuestras piernas se entrelazaban, haciendo que una de sus rodillas ejerciera cierta presión sobre mi pubis. Sentí un flujo de sensaciones vibrar de abajo a arriba. Nos besamos, nos abrazamos, nos giramos y quedé arriba de él besándole el pecho, el abdomen y el ombligo. Seguida por el deseo que inspiraban sus ojos bajé un poco más, le quité los calzones y dejé salir su miembro, para entonces totalmente erecto y comencé a acariciarlo con mi aliento, con cada exhalación, haciendo que se estremeciera todo su cuerpo.

Me puse en cuclillas y comencé a besar su glande, suave, terso, firme…él tomó mi cabello y me lo puso en mi espalda para que aquella cortina no le impidiera verme amarlo. Jugué con las texturas, las formas, las temperaturas y los sabores mientras exploraba esa parte de su cuerpo. Él parecía disfrutarlo como nada en el mundo, pero no tenía idea de lo que estaba por disfrutar. Subí de nuevo a su pecho, le besé los labios y mientras él me acariciaba la espalda y bajaba hasta mis glúteos es una caricia continua. En un arranque de deseo contenido, me giró y se puso sobre mí. Entre palabras dulces y respiraciones entrecortadas besaba mis pechos como un loco, bajó a mi vientre, deslizó mis bragas por mis piernas deshaciéndose de ella para con su barba acariciar mi entrepierna y con su lengua probar mi esencia. Sentí explotar mil cosas dentro de mí, acariciaba mis pechos, luego mis piernas, pero no detenía sus caricias con su boca.

Tras ruidos y gemidos pareció no contenerse, me besó desde el pubis hasta la frente y me miró fijamente cuando acercaba su miembro a mi clítoris. El leve rozar me hizo arquear la espalda misma que abrazó con sus fuertes brazos, besando mis pezones, succionando cual bebé mientras nuestros cuerpos comenzaban a fundirse. Se fue abriendo paso dentro de mí hasta que, llegando a fondo, pareció haber presionado un botón mágico que aceleró aún más las cosas. Ambos explotamos de deseo y aumentamos el ritmo, moviéndonos al unísono, como si nadáramos en sincronía.

El deseo aumentaba a cada movimiento que hacíamos, aumentó la velocidad, se agarró fuertemente de la cabecera, dejando ver sus musculosos brazos, mientras con el impulso se hundía más en mí. Aceleramos el paso hasta que la presión era tanta que era poco el movimiento que me permitía. Lo abracé con las piernas, dejándolo marcar el ritmo de la penetración, mismo que aumentó poco a poco.

Nos besamos con furia y le hice el gesto de voltearse. Se recostó boca arriba y me puse encima de él, mirándolo intensamente a los ojos mientras me sentaba en su miembro. Mi peso sobre su pene logró una profundidad mucho mayor que hizo que mis pezones se irguieran fuertemente, mismos que tras un gemido de placer se llevó a los labios como chupones. Con sus manos aprisionando mi cintura con fuerza comenzaba a moverme hacia donde mejor se sentía. Me incliné hacia él, lo besé, él me besó los pezones antes de que aumentara la velocidad, hasta que el movimiento impidió que siguiera besándome los pechos.

Comencé a moverme con furia, con pasión, mis pechos se movían al compás y Alex no dejaba de verme a los ojos, de repente perdiendo la mirada por el placer del movimiento. Sentía más, y más cada vez más, roce, roce, se hundía, se encajaba, era delicioso, él me movía la cintura hacia delante y hacia atrás como un loco buscando saciar su deseo.

Llegó un momento en que no pude contenerlo más, la sensación aumentó demasiado, el movimiento no se detenía y sentía cómo el calor inundaba mi interior, la mirada de Alex estaba perdida, lo estaba sintiendo, y descargaba en mí toda su energía que de ninguna manera pude contener, sentí mi interior explotar y de nuevo las caricias de mi amor en mi espalda tras bajar poco a poco la velocidad.

Tuve la intención de bajarme, pero me besó los pechos, mis pezones estaban más sensibles que nunca, de manera que de no ser por la suavidad de su contacto, habría sido molesto. Con cariño me giró, quedamos cara a cara, acostados sobre un costado en la cama, comenzó a acariciarme la cintura mientras su pene recuperaba su tamaño normal. Me acarició los pechos con una sonrisa en los labios, me besó, tomándome de la cintura, acomodó mi cabello, me acarició la cara.

-Eres hermosa- me dijo con palabras dulces.

Me acerqué a él, lo besé y le pregunté si quería un café y fui a prepararlo a la cocina mientras escuchaba cómo canturreaba una canción desde la cama.

Tras más sesiones trabajando juntos él se regresó a Inglaterra y yo me fui con él.

Autora: Fernanda

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Estudiando en la biblioteca

Janet se colocó sobre mi estaca dirigiéndola a la entrada de su vagina y se dejó caer sobre la misma introduciéndosela de un solo golpe. Tenía bastante experiencia, gracias a sus dos primos que vivían con ella, que eran mayores y que tenían verdaderas orgías cuando sus padres no estaban. Mientras ella me cabalgaba, mis manos ansiosas recorrían su magnífico cuerpo.

Esto me pasó hace sólo unos días, en el mes de agosto. Me encontraba en la biblioteca pública de mi ciudad, Valparaíso, Chile. La biblioteca está ubicada en un gran edificio antiguo. En la parte de abajo, primer piso, está la sección de referencia, y el segundo piso, el salón de lectura. Generalmente el primer piso se llena de escolares que van a hacer sus trabajos; en el segundo, por lo general hay gente más grande.

Eran como las 4 de la tarde y yo me encontraba consultando libros de geopolítica. Ah, me presento, me llamo Miguel, estudio en la universidad y tengo 23 años.

Bueno, como les decía, llegaron a la biblioteca un grupo de 3 jovencitas de unos 18 19 años…y la mamá de una de ellas, la típica señora que las cuida mientras hace la tarea. En principio, todo esto no tenía mayor importancia, hasta que me di cuenta de una de las niñas, la que se veía más mayor que las demás. Era morena, pelo negro rizado, hasta los hombros, No era bonita, pero tenía una mirada pícara. Lo que destacaba, eran sus tetas, y su culo, grande, redondo, compacto, en sus jeans negros. Ella se sentó frente a mí y la señora, (la mamá, que no era la de ella), de espaldas, así que no tendría interferencias.

Empecé a mirarla de vez en cuando, de tal manera que se diera cuenta, lo que pasó rápidamente, ya que ella se tomaba y arreglaba el pelo y cuchichiaba con sus amigas y se reía, y me miraba de reojo. Pidieron algunos libros y los revisaron, todo esto por espacio de como una media hora, en la cual todo siguió igual.

Al final parece que se iban, la señora se paró, y detrás dos de las niñas, y las otras dos fueron a devolver los libros, y se fueron llevando sus cuadernos en las manos. Pero la morenita, al pasar por el lado mío, disimuladamente me dejó caer un papel.

En el papel decía: “Mañana voy a estar acá, a la misma hora….y solita… Janet”. Con esto, no me quedaba otra cosa que volver a la biblioteca al otro día, como así hice.

Estaba, en verdad sola, en una mesa. Me senté junto a ella, y nos pusimos a conversar de qué hacía, su edad, si pololeaba (novio) qué se yo.

De repente, me dijo que iba al baño y desapareció. Yo conocía los baños y sabía que sólo podía estar una persona a la vez, así que al ratito me levanté y me fui al baño…claro que en vez de entrar al de hombres entré al de mujeres. Abrí la puerta del único retrete y ahí estaba sentada… me miró con asombro, pero yo no le dejé tiempo, la levanté y le besé sus gruesos labios.

Al comienzo se resistió, pero fue cediendo poco a poco; saqué mi lengua apenas lo suficiente para lamer sus labios, humedeciendo suavemente su carnosa superficie a mi alcance. Ella abrió su boca e introdujo su ardiente lengua en la mía. Me separé un poco y con mi mano empecé a tocar su vagina, sintiéndola no solo húmeda, sino más bien empapada de sus flujos, por lo que empecé a darle una rápida introducción, con mi dedo medio lo más adentro que podía procurando rozar su clítoris. Ayudado por ella, le saqué un polerón que llevaba y una blusa, para quedar en la sorpresa que no llevaba sujetador Y procedí a besar los morenos pezones.

Nos dimos vuelta y yo me senté en la taza del retrete donde me saqué mi endurecido y crecido pene. Janet se colocó sobre mi estaca dirigiéndola a la entrada de su vagina y se dejó caer sobre la misma introduciéndosela de un solo golpe. Tenía bastante experiencia, gracias a sus dos primos que vivían con ella, que eran mayores y que tenían verdaderas orgías cuando sus padres no estaban. Mientras ella me cabalgaba, mis manos ansiosas recorrían su magnífico cuerpo, acariciándola toda principalmente sus senos, sus piernas y sus nalgas duras y redonditas.

Por otra parte mi lengua recorría todo el contorno de su seno, su piel era suave alrededor y con cada vez que me acercaba a la punta de la teta sentía que endurecía, un pequeño temblor recorrió todo su cuerpo. Su vagina hervía, era un calor inmenso, su cuerpo se estremecía cada vez más por mis penetraciones, podía sentir los espasmos de su vagina con cada embestida que le propinaba, la calidez de su cueva era inmensa que parecía arder, en su rostro se reflejaba la excitación y el placer que le provocaba, su cuerpo estaba totalmente caliente.

Hasta que por fin ella, pegó un gritito y terminó, segundos más tarde yo derramé abundante espeso semen en su interior. Ella se levantó y me lamió mi pene entero hasta dejarme limpiecito, y me dijo que hiciera lo mismo con ella. Nunca había probado el semen, pero la mezcla de mi semen con sus jugos, me encantó, era un sabor nuevo. Se vistió y se fue.

Al rato salí yo, no estaba en la biblioteca, pero había un papel en mi mesa en que estaba su teléfono. Espero llamarla la semana que viene

Autor: Mzuvic

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