Una lección de biología

Se tumbaron las dos juntas y abiertas de piernas, ofreciéndome sus coñitos para que las penetrara. Yo no me lo pensé dos veces y empecé a meterles mi pene. Estábamos disfrutando de lo lindo, así que estuvimos así un buen rato. Yo estaba a punto de llegar al orgasmo, por lo que cogí sus cabezas y las acerqué para que me comieran todo el semen. Luego nos tumbamos los tres en la cama extenuados.

Hola, me llamo Marcos. Tengo 18 años y os voy a contar lo que me pasó.

Era un miércoles por la tarde. Yo había quedado en mi casa con una chica de clase, Gadea, para explicarle una lección de biología. Ella era una chica que tenía un cuerpo diez, todo hay que decirlo. De cara no era muy guapa; pero lo recuperaba todo con su culito respingón y sus pechos bien formados.

El caso es que Gadea vino a eso de las seis. Yo me ofrecí a guardarle el abrigo. Ella aceptó encantada y se lo quitó. Estaba muy sexy: llevaba un jersey ajustado que le resaltaba todavía más sus pechos y que dejaba al aire su ombligo y unos pantalones también muy ajustados. No pude evitar mirarla y ella se dio cuenta de ello.

La llevé a mi habitación y le ofrecí una silla donde sentarse. Cada uno sacó sus libros y yo empecé a explicarle la lección. De vez en cuando le miraba los pechos y me excitaba cada vez más. Hubo, incluso, alguna vez en la que me volvió a pillar.

Cuando llevábamos una hora, Gadea se levantó y me preguntó a ver si le podía dejar alguna ropa más cómoda que la que llevaba. Yo le respondí que sí, que le podía dejar algún camisón de mi madre, y fui a por el. Le dije que me iba a la cocina para que pudiera cambiarse tranquilamente. Pero ella me contestó que no hacía falta, a ver si no había visto nunca antes a una chica en ropa interior. A mí, claro, no me quedó más remedio que quedarme.

Entonces empezó a desnudarse, hasta quedarse en ropa interior. ¡Y menuda ropa interior! Llevaba un sujetador negro pero casi transparente y un tanguita, también negro. Y cual fue mi sorpresa, cuando me dijo que si ni me importaba, que prefería quedarse así. Yo acepté encantado y continuamos la lección.

Pero al cabo de un rato, ella me sugirió que me quedara en ropa interior yo también. Yo me puse muy nervioso. Ella, al ver esto, empezó a reírse y me empezó a quitar todo. Cuando me fue a quitar el pantalón, me quitó también, no sé si intencionadamente o no, el slip, quedando al descubierto mi pene, el cual llevaba duro bastante tiempo ya. Yo, medio enfadado, medio vengativo, le dije que si ella me había visto a mí totalmente desnudo, yo también debía verla así. Gadea sonrió pícaramente y se quitó todo lo que le quedaba.

Tenía unas tetas más perfectas de lo que nadie pudiera imaginar. Eran redondas, con unos pezones rosados y pequeñitos. Tenía el vello de su coño recortado con la forma de un rayo. Yo me quedé mirándolo fijamente.

Ella me preguntó a ver si me gustaba y yo le dije que sí. Entonces ella se acercó, me tumbó en la cama, y se sentó encima de mí, de tal forma que su coñito quedó encima de mi boca, y dijo que empezara a chupar. Yo saqué mi lengua y empecé a lamerle todo lo que estaba a mi alcance. Tenía un gusto raro, pero yo seguí.

De repente, Gadea se dio la vuelta, se tumbó sobre mí y empezó a comerme mi miembro. Yo estaba a punto de explotar, cuando alguien entró en mi casa: era mi hermana.

Entró en mi habitación (para entonces yo ya estaba pensando en que se chivaría y en que mis padres me castigarían) y nos vio a mi “compañera de clase” y a mí desnudos y tirados en la cama. Pero, en vez de decir nada, se desnudó y se nos acercó preguntando si nos importaba formar un trío. Los dos aceptamos gustosamente.

Entonces, ellas me rodearon y mientras Gadea me volvía a comer mi miembro, mi hermana me ofrecía su coño para que se lo lamiera. Luego, intercambiaron sus posiciones y fue mi hermana la que me lo chupaba (y de que forma). Yo no aguanté más y eyaculé en su boca. Ella se lo tragó todo sin rechistar.

Pararon un momento, pero inmediatamente se tumbaron las dos juntas y abiertas de piernas, ofreciéndome sus coñitos para que las penetrara. Yo no me lo pensé dos veces y empecé a meterles mi pene. Estábamos disfrutando de lo lindo, así que estuvimos así un buen rato. Yo estaba a punto de llegar al orgasmo, por lo que cogí sus cabezas y las acerqué para que me comieran todo el semen. Luego nos tumbamos los tres en la cama extenuados.

Después de un tiempo, mi hermana se levantó, se vistió y se fue de la misma manera que había venido. Gadea y yo nos quedamos solos. Ella sugirió volver a hacerlo y yo acepté rápidamente. Así pues, ella se sentó sobre mí, metió mi miembro en su coño y empezó a cabalgar. Cuando estaba a punto de terminar, ella se sacó el pene y lo metió en su ano. Al principio los dos gritamos un poco de dolor, pero a medida que mi pene se iba adaptando a la abertura, disfrutábamos más. Eyaculé enseguida y los dos nos volvimos a tumbar.

Al rato, ella se levantó y se vistió. Yo hice lo mismo. Luego nos pusimos a estudiar biología de nuevo.

Autor: Marcos

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