Mi primera experiencia con Roto y Javier

No tengo ni idea ni porque me interese a ser follado por un perro, pero me interese, empece a devorar información en internet y ver vídeos y confieso tuve buenas erecciones y me pajee, no una si no varías veces, ver esa bola me impresionaba a la vez me causaba temor.

No tengo carencias sexuales afortunadamente me follan y follo soy bisexual si bien pase por todas las etapas de adolescente lo típico pajas en grupo y eso si más ya de joven hasta bien entrado de edad (maduro) solo chicas, dos matrimonios hetero sexual total, conocí una mujer mayor que yo y la tía sabía latín ella me introdujo en el ambiente swinger y comenzaron mis experiencias con tíos, hoy sigo siendo bisexual, sin embargo en estos últimos años voy más con tíos.

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El Trio con Lucia y Jairo

El inicio de mi depravación.
Hola amigos les voy a comentar una experiencia de mi tiempo en el cole, tenía 18 años y fue para mi el mejor encuentro sexual que he tenido hasta ahora.
Durante la mayoría de años en el colegio siempre estuve acompañada de mi mejor amiga Lucía, tenía mi misma edad y éramos inseparables, nos contábamos todo, éramos muy íntimas. Ella había conseguido novio desde hace ya 3 años y estaba enamoradisima, el tipo no me caía bien sin embargo acepto que era muy guapo al igual que Lucía ella tenía un cuerpo de envidia y era muy popular en el colegio. A mi la verdad no me gustaba la idea de tener novio, me gustaba pasarla bien y ya. Cierto día de camino a casa íbamos juntas como siempre, entonces ella me comentó algo que lo cambiaría todo.
Lucia: sabes que Jairo (su novio) me está pidiendo hacer un trío!
Yo: jaja que dañado! Que le dijiste?
Lucía: me quedé fría pero me pica la curiosidad jaja
Yo: estas loca! Vas a permitir que el este con otra!
Lucía: no se, lo tengo que pensar.
Después de despedirnos y llegar a mi casa no pude evitar imaginar ese trío, escenas de eso me rondaban la cabeza y la verdad también me entró la curiosidad. Varios días pasaron con normalidad y no volvimos a topar ese tema hasta un viernes que ella llegó a mi casa para quedarse a dormir y aquella noche en mi habitación…..
Lucía: sabes que me sigue fregando con eso del trío! Me dice que eso quiere de regalo para su cumpleaños

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Salí de mis dudas de bisexual

Yo traia puesto unos bikini muy bonitos, nunca pense que me los quitaria en una discoteca

Hola a tod (arroba) s, hace tiempo mande un relato a marqueze y conoci a mucha gente, pero en especial a Sergio, la primera relación con un hombre que tuve fue con Nico, gracias a el mis dudas bisexuales fueron aclaradas y me enseño tanto del placer entre personas del mismo sexo. El tuvo que irse de la ciudad de Mexico y me quede solo, soy timido y no me aventure hasta que un dia tome valor y fui a un antro gay cerca de la Zona Rosa, fui solo, llevaba puesta una playera un poco ajustada color negra, unos jeans y por debajo de los jeans llevaba mi tanga blanca (la cual me regalo Nico)la encanta tenerla puesta. Llegue al antro y era un mundo desconocido para mi, veia parejas hetero, lesbianas, gay, bisexuales…. busque un lugar en la barra y pedi una cerveza, el ambiente era fabuloso, la musica, la gente, la fiesta, me termine la cerveza y pedi otra en la barra y me atendio un chico guapisimo, tenia ojos claros, cabello rizado hasta la nuca, piel blanca bronceada labios pequeños y por lo que llegue a ver un cuerpazo atletico, le pregunte su nombre y con una voz sensual pero masculina “Me llamo Sergio” si necesitas algo aqui andaré….

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Trio con un pareja de turistas

Era un dia soleado, pero a pesar del calor, era un lindo dia para pasear. Decidi ir a tomar una cerveza a un bar que suelo frecuentar, por el barrio de Palermo. Me gusta porque suele ir poca gente y tienen buena cerveza. Estaba con mi mente en blanco, solo descansando, cuando una voz me hizo reaccionar:

-Hola! – Note un acento que no pude identificar de donde era, pero claramente era una turista.

-Perdona que te moleste – continuo hablando mientras yo estaba concentrado mirandola. Morocha, ojos celestes, y su vestimenta, aunque sencilla, permitia adivinar una silueta maravillosa.

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Aventura en Acapulco I

Hace dos semanas fuimos mi marido y yo a pasarnos tres días a Acapulco, para relajarnos y descansar un poco del exceso de trabajo en que estamos inmersos. Bueno, también para pasarnos unos días placenteros.

Llegamos el viernes como a las once de la mañana, nos dirigimos a un hotel de la costera, nos instalamos y decidimos darnos un baño y bajar a la alberca. Nos bañamos con calma, yo procedí a depilarme, ya que tengo mucho pelo, las piernas, el área del bikini, etc. Cuando mi esposo se estaba rasurando me vio por el espejo y me dijo, ¿no te gustaría que te rasurara todo? Yo le dije que si él estaba dispuesto yo también. Más tardé en contestarle que él en acercarse a mí con la espuma y la maquina de afeitar. Me abrió las piernas y procedió a quitarme todo el pelo. Yo me sentía excitada, porque mientras me rasuraba me acariciaba y me decía que le encantaban mis labios, a mi sinceramente no me gustan tanto, pero a él si. Después me pidió que me diera vuelta para quitarme todos los pelitos cerca de mi ano, me rasuró casi completamente, excepto unos pocos en la parte de arriba de mi rajita, me limpió con mucha delicadeza, me acercó un espejo y me dijo ¿qué te parece el higuito?. Yo me reí, porque en realidad parecía un pequeño higo colgando, ya que tengo los labios un poco grandes. Después de limpiarme, me los empezó a chupar sin tocarme otra parte de mi cuerpo. La sensación era excitante y cuando con su lengua toco mi botoncito me vine casi inmediatamente. Él se separó de mi, me dio un beso, procedió a vestirse para ir a la alberca, dejándome toda caliente. Yo me acaricié mi desnudo coño y confirme lo que ya presentía, nos pasaríamos unos días muy cachondos. No era la primera vez que me depilaba casi totalmente, pero la sensación era como si lo fuera, me sentía súper desnuda.

Me puse un traje de baño de dos piezas discreto, pero el hecho de que mis labios estuvieran directamente en contacto con la tela, me hacían sentir como si todo el mundo se diera cuenta de que estaba con el coño depilado. Estuvimos un par de horas en la alberca, tomando el sol y uno que otro trago. Subimos a nuestra habitación a darnos un baño y vestirnos para ir a comer. Una de las cosas que más me gusta de estar en la playa es que una se puede vestir con ropa muy ligera y ponerse muy sexy. Ese día me puse un vestido floreado de tirantitos, más o menos corto, sin nada debajo, y unas sandalias de tititas. Me sentía excitada, sobre todo porque sentía mis labios como nunca y a pesar del vestido yo me sentía desnuda.

Llegamos al restaurante y estaba a reventar, por un momento dudamos en quedarnos, pero decidimos que si ya estábamos ahí, pues esperaríamos. Nos anotamos en la lista y yo me senté en una banca, junto a una chica que de inmediato me empezó a hacer la plática. Resulto que era de Barcelona y como yo había estado en esa ciudad un par de veces, pues teníamos cosas de que hablar. El encargado de dar las mesas pregunto por alguien y la chica se levantó, se acerco a un hombre que estaba frente a nosotras, le dijo algo y luego se dirigió a mí y me preguntó que si quería podíamos compartir la mesa. Como había demasiada gente antes de nosotros aceptamos de buena gana. Antes de pedir quedamos de acuerdo con el mesero de que serían dos cuentas separadas. Pedimos unos tragos y ya relajados procedimos a disfrutar una de las mejores comidas de que tengo memoria, ya que además de los platillos que estuvieron exquisitos, la platica fue de lo más ameno, y se dio una identificación entre los cuatro que hizo que con toda naturalidad dijéramos cosas que rara vez se dicen con extraños. Nos contaron que estaban de vacaciones, que estarían un mes en nuestro país, en diferentes lugares, que habían llegado un día antes a Acapulco y que estarían diez días. Después la platica derivo a cosas más personales y dijeron que ellos eran muy liberales, mi marido les dijo que nosotros también y yo como por un impulso, le dije a Marcia, que es el nombre de la chica, que prueba de ello era que en ese momento yo no tenía ninguna prenda bajo el vestido. Ella se sonrió y me dijo con discreción que ella tampoco. Con lo cual las dos nos sonreímos con complicidad. Debo decir que Marcia es una mujer atractiva, un poco más delgada que yo, de piel blanca y muy simpática. Su marido, Jorge, sin ser un galán también es de buen ver. Los dos hacen una buena pareja: inteligentes y simpáticos, nada que ver con la idea que mucha gente tiene de los españoles, aunque ellos no se consideran muy españoles que digamos, pero ese es otro tema.

La plática de sobremesa estuvo muy amena, tanto que Alberto, mi marido, que no es muy platicador, charlaba muy relajado con Jorge. Yo por mi parte, me sentía muy bien con Marcia y cada instante con más confianza. Hablamos de todo, de cuestiones culturales y también de sexo. Jorge nos invito a cenar en la casa que estaban rentando, nos despedimos después de darnos nuestros datos y quedamos en que nos hablarían como a las ocho de la noche para ponernos de acuerdo sobre los detalles de la cena, lo cual nos resulto un poco extraño, porque podríamos ahí ponernos de acuerdo, pero no le dimos mayor importancia. Camino al hotel comentamos de lo agradable de la comida y Alberto me preguntó que si me gustaba Jorge, yo le dije que si, pero quien realmente me parecía como si fuese mi amiga de toda la vida era Marcia.

Después de dar un paseo y hacer unas compras llegamos a nuestra habitación y al poco rato sonó el teléfono, contesté y era Jorge que llamaba tal y como habíamos quedado. Le pasé el aparato a Alberto para los pormenores mientras me bañaba por tercera vez en el día. Al salir Alberto me dijo en lo que habían quedado: Jorge le pregunto que si nos gustaba la comida china y que no era necesario que lleváramos nada. Después de darle el dato preciso de la casa y las señas de cómo llegar, le dijo que si no teníamos inconveniente de que la cena fuera formal y de que si estábamos dispuestos a hacer un intercambio. Alberto le dijo que todo estaba bien, pero que eso del intercambio no estaba seguro. Déjenme decirles que nunca hemos hecho un intercambio y nunca he visto a Alberto cogerse a otra mujer, el dice que no le interesa mucho, yo tengo mis dudas, pero bueno, nunca habíamos estado con otra pareja, sólo en tríos con otros hombres. Total que quedaron en que se dejaría que las cosas fluyeran. Alberto me preguntó que qué pensaba yo de todo eso, yo le pregunte que si le gustaba Marcia y el me contestó que si, pero que no tanto como verme a mí con ellos.

Llegamos a su casa como a las diez de la noche, vestidos de manera más o menos formal. Alberto iba de saco, sin corbata y yo llevaba un vestido color rojo oscuro, escotado, largo y bastante transparente, con forma como de bata, se amarra con unas cintas y se le hace una abertura adelante que llega casi hasta la ingle. Me puse una tanga que me regaló Alberto, pequeña por el frente y de cintas transparentes que la hace a una verse casi desnuda, salvo el pequeño triangulo y unas sandalias altas con solo dos tiritas, una en el tobillo y otra en el frente. Me sentía excitadísima vestida así, tanto que no me importaron mucho las miradas de las pocas personas que me vieron salir del hotel. Al llegar, nos recibió Jorge, el si vestido más formalmente, un traje de lino color hueso, después de mirarme de arriba abajo y decirme que me veía muy linda nos invitó a pasar. La casa esta por el camino a Puerto Marquéz y tiene una hermosa vista a la Bahía. Jorge había contratado un servicio para la cena. La mesa estaba puesta y un mesero nos ofreció de tomar. Jorge nos dijo que tenía cava y aceptamos. Marcia llegó un rato después y estaba radiante, llevaba un vestido gris plata con brillos, corto, de tela muy delgada que hacía que se le notaran los pezones, se veía que estaba tan excitada como yo, porque los tenía muy parados. Nos dimos dos besos y después de los mutuos halagos nos dirigimos a la terraza. Como Marcia iba por delante me di cuenta de lo más sorprendente de su vestimenta, el escote era realmente profundo, se le veía el nacimiento de las nalgas y le quedaba muy bien.

Después de cenar, Jorge despidió al mesero y puso música. Marcia me saco a bailar, yo no soy muy buena para el baile, pero me deje llevar por ella. Jorge puso música lenta, Marcia me abrazó y me pegó a su cuerpo. Yo le pase los brazos por la espalda desnuda y la empecé a acariciar. No era la primera vez que estaba con una mujer, cuando tenía 18 años tuve relaciones con una amiga y a pesar de que me gustó, no se volvió a repetir. Ahora casi veinte años después estaba acariciándome con una mujer y frente a dos hombres que nos miraban con excitación. Nos empezamos a besar y a acariciar por todo el cuerpo, ella no traía nada debajo y yo sólo la pequeña tanga. Marcia me quito el vestido y seguimos bailando, pero ahora yo casi desnuda, me besaba mis pechos y me acariciaba las nalgas. Me quito la tanga y al verme casi totalmente depilada me paso la mano por mi raja y se sorprendió al sentir mis labios colgando. Yo le dije al oído es un pequeño higo para que te lo comas. A esas alturas yo ya estaba mojadísima, ella se puso en cuclillas y yo abrí las piernas para que me chupara. Me encanta que me chupen el coño, y Marcia me enseñó lo delicioso que es que te lo chupe una mujer. Me vine ahí frente a todos, mientras oía que Jorge y Alberto nos decían lo bien que lo hacíamos. Jorge le dijo a Marcia que se quitara el vestido y la saco a bailar mientras yo me fui a sentar junto a mi marido, que estaba calientísimo, lo digo por como tenia la verga de parada. El me empezó a acariciar mientras veíamos como Jorge y Marcia se acercaban y Jorge la volteaba y la tomaba de la cintura inclinándola hacia nosotros. Yo me levanté y la abracé mientras su marido se la metía por atrás. Mientras se la cogía yo la besaba por todo el cuerpo y me puse en cuclillas para besarle el clítoris y de paso darle una que otra lamida a la verga de su marido. Marcia se vino diciendo “que rico Diana, que rico”, lo cual a mi me gusto mucho.

Marcia me tomó de la mano y me llevó a su recámara, ahí nos retocamos el maquillaje y nos arreglamos el pelo y me dijo: Diana, vamos a darnos gusto y vamos a darles gusto a estos dos, les encanta ver, pues que vean y se calienten y tu y yo vamos a gozar. Saco del closet dos mini vestidos de color, pero totalmente transparentes, nos los pusimos y salimos otra vez a la terraza, nos veíamos como dos putas, pero eso sí no estábamos vulgares, ya que los vestidos eran muy bonitos y muy finos. Alberto y Jorge charlaban muy amigablemente, después Alberto me dijo que hablaban de nosotras, de lo calientes que somos, de nuestras experiencias, etc. Al vernos llegar, nos abrazaron, nos besaron, nos dieron la vuelta y nos invitaron una copa. Marcia me tomo de la mano y me llevo al sofá y ahí me dijo, con una sonrisa, que quería volver a comerme el higuito. Yo le dije que también quería comerle coño, le pidió a su marido que trajera unas colchas para ponerlas en el piso y ahí nos empezamos a chupar mutuamente hasta que las dos nos venimos. Después Marcia se volteó y me paso una pierna por delante y otra por detrás y me pegó su coño en el mío y empezamos las dos a tallarnos ante las miradas de nuestros maridos. Que delicia se siente coño contra coño y más así como yo estaba, sin pelo, sentía los labios húmedos de Marcia y sus pelitos que me raspaban. Nos vinimos escandalosamente, nos abrazamos y nos besamos.

Mientras estaba abrazada a Marcia sentí que una manos me acariciaban las nalgas y unos dedos que jugaban con mi higuito. Jorge totalmente desnudo se encontraba detrás de mi con la verga parada, se recostó sobre las colchas y Marcia de inmediato se llevó la verga de su marido a la boca y se la empezó a mamar, se separó de ella y me invito a mamársela. Entre las dos se la mamamos hasta que se vino, Marcia lo masturbó mientras se venía y se trago todo el semen. Alberto como siempre, sólo observando, el perverso es un voyeur en toda la extensión de la palabra. Yo creo que ya se había puesto de acuerdo con Jorge, porque en ningún momento hubo malestar por su actitud. De hecho también participo, pero a su manera. Después de refrescarnos con unas copas de cava, Jorge me dijo que quería metérmela por el culo. Yo le dije que no era algo que me gustará mucho, pues en algunos momentos me llegaba a doler y no me sentía muy cómoda. Él me dijo que me iba a tratar con delicadeza y que además Marcia me iba a preparar para que no hubiera dolor y si mucho placer. Marcia trajo un lubricante, me hizo poner en cuatro y después de besarme el culo me puso el lubricante metiéndome primero un dedo, después dos y después tres, todo esto mientras me decía palabras cariñosas. Esa Marcia me estaba enseñando a sentir cosas que no había sentido antes. No que no me hubieran hecho lo que ella me hacía, sino la manera en que lo hacía, la ternura con que me hablaba, al mismo tiempo que me tenía allí, toda expuesta, con tres dedos en mi culo y con la otra mano acariciándome el coño, me vine de nuevo y en el preciso instante en que me venía, saco sus dedos y sentí la verga de su marido que entraba hasta adentro de un solo golpe acrecentando mi placer, mientras ella pasaba por debajo de mí y me chupaba el famoso higuito. Después de reponerme le reclamé, en son de broma a Jorge su “delicadeza”. El por toda respuesta me dio la vuelta para ponerme frente a Alberto y me la volvió a meter por el culo, con lentitud y con mucho cuidado, no sentí ningún dolor, ni la primera vez, ni la segunda. Mi marido me besaba mientras Jorge me la metía cada vez con más fuerza. Alberto me metió sus dedos y empezó a hacérmelo mientras disfrutaba muchísimo la verga en mi culo. La caricia de Alberto hizo que me viniera a mares, mi venida me mojo todas las piernas formando un pequeño charco en el piso. Al verme gozar de esa manera, Marcia dijo que ella también quería gozar así. Tomé el lubricante y le hice lo que me había enseñado, Alberto la ayudó a ponerse de pie y la hizo que se inclinara para que Jorge se la pudiera meter, después le metió dos dedos y como a mí hizo que se viniera, no con tantos líquidos como yo, pero si se ve que le encantó.

Nos invitaron a quedarnos a dormir, pero Alberto les dijo, que mejor nos íbamos al hotel para que todos descansáramos mejor. Brindamos por última vez. Marcia y yo no besamos como queriendo seguirle, me regalo el vestido. y me dijo que le había encantado mi higuito. Yo la bese agradecida y en reciprocidad le regalé la tanga que más me gusta, le dije a Alberto que me prestara su saco, para no quitarme el regalo, nos despedimos, quedando para ir a bailar por la noche. Al llegar a la habitación del hotel me le fui encima a mi marido, le quite los pantalones, me le monté y me moví con toda la intención de hacerlo venir, pero la que se vino fui yo, pues sentir su verga me pone caliente y más si ya de por si lo estaba. Alberto me dio la vuelta, me puso en cuatro, me beso el culo y me acaricio con su lengua, como me fascinan sus caricias. Me metió la verga y mientras me decía que se daba cuenta que me estaba encantando que me la metieran por el culo nos venimos casi juntos. Platicamos un poco de lo que había pasado y de lo que nos esperaba. Me dijo que quería que me viera muy guapa para ir a bailar, le dije que me tenía que comprar un vestido, sonrió y nos abrazamos y besamos hasta quedarnos dormidos.

P.D. Me encantaría que me escribieran chicas y parejas.

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Confesando un deseo I: un mundo nuevo surgió

PREAMBULO

Todo partió la noche de un matrimonio al cual mi mujer Elvira y yo fuimos invitados, vivimos en una ciudad de provincia y un viejo amigo de la Universidad nos invitó a tal encuentro. Entusiasmado por ver a mi viejo compañero en ese momento de felicidad, logré que mi mujer se entusiasmara para asistir viajando desde nuestra ciudad a la capital.

Así las cosas, el día del evento viajamos y, gracias a un amigo, pernoctamos en la ciudad a la espera del evento, en la mañana salí a hacer unos trámites y mi esposa, a la peluquería para trabajar en su peinado y en depilación completa, después de la fiesta empezaríamos nuestra propia celebración, ignoraba en lo que iba a empezar a involucrarme en ese momento, quizás ella también.

En la tarde, como a los hombres nos va más fácil, me duché pensando en los muslos suaves y la entrepierna depilada de Elvira, me masturbé pensando en aquello, terminé, me afeité y esperé a Elvira mientras se preparaba, vestido corto para cóctel, medias negras, tacos y escote de espalda y pecho bastante sugerente, nos besamos fuertemente, el deseo fluía y llamamos al radiotaxi que nos llevaría al evento.

Llegamos a la fiesta y luego de la ceremonia civil y religiosa, cenamos y empezó el baile, ella se veía muy hermosa bailando insinuando pero no mostrando, tenía una suerte de energía sexual, un aroma de hembra que a cualquiera le causaba una erección, en un momento determinado le indiqué que iba a buscar unos tragos para refrescarnos a lo que ella accedió quedándose en la pista de baile.

Un whisky y un vodka tónica eran para mí y para ella, con poco hielo y más vodka, respectivamente.

Me acerqué hacia ella con los vasos y, con gran sorpresa la veo bailando con un tipo de manera muy entusiasta, el me vio y con un gesto como de disculpa me cedió el espacio, de la inicial sorpresa y un poco de molestia, un dejo de morbo surgió al verla con otro, brindamos y nos dimos un beso de suyo más entusiasta de los que habíamos compartido, quizás por la obscuridad de la celebración nadie reparó que había introducido mi mano entre sus piernas sobando su calzón y su vulva depilada debajo mientras nos besábamos.

Continuó la fiesta y momentos después decidimos cambiarla al departamento, después del taxi, cerramos la puerta, nos desnudamos mientras íbamos a la habitación, ella me dio una mamada de campeonato continuando con su boca  hacia arriba succionando mi abdomen, mi pecho y luego con mi cuello, con los tragos estábamos excitados, a fondo y la penetré, mientras ella cabalgaba le dije

  • Me volverías loco si me pones los cuernos, verte con ese tipo me ha calentado mucho

Ella se detuvo en su cabalgata me miró y me besó profundamente con su lengua

-Eres un loquillo, como se te ocurre?

Pero su pregunta era de la boca para afuera, continuando su cabalgata hasta quedar llena con mis fluidos, nos quedamos exhaustos en la cama.

Desperté sintiendo sus pechos sobre mi pecho, ella también lo hizo y me miró muy coqueta, desayunamos y en la tarde nos fuimos a nuestra ciudad, eso sí, dejando ordenado el depto. y con un dinero extra de propina para la señora que le hacía el aseo a mi amigo.

COMO CAMBIAN LAS COSAS, LA SORPRESA

Volvimos a nuestra ciudad y, el sexo fue aumentando en su intensidad, aunque ella me dijera que era su puto, que deseaba a otros y que solo estaba por mi cosa conmigo, eso me excitaba más con lo que la intensidad aumentaba con los insultos, una noche, montada encima mío me golpeó con unas cachetadas, me tomó la boca con una mano y me dijo

  • Como putito que eres, no quiero tu carne en mi concha, a partir de ahora la vas a usar con condón, para mi goce….

Sorprendido, no dije nada pero asentí moviendo levemente la cabeza, ese trato me calentaba, me excitaba y pensaba que podía darlo vuelta en cualquier momento.

Tan equivocado estaba

Al día siguiente, compré una caja de condones, siendo pareja única no entendía este cambio, pero comprendí que era parte del juego de mi confesión esa noche, en casa, conversando ella me dijo que era parte del juego y por eso continuamos.

Semanas después, me pidió que sólo tomara su culo mientras lo hacíamos estando ella arriba, sus tetas y boca quedaban vetados como parte de nuestro juego

Tiempo después, tuve que viajar por motivos de trabajo y volvía los fines de semana, su deseo se mantenía pero poco a poco bajaba su fogosidad

Un viernes por la noche, pude viajar antes a mi casa –sí, digo mi casa, todavía- en vez de los sábados por la mañana, llegué en silencio para sorprenderla y compartir, quizás renaciendo nuestra chispa, sentí un ruido acompasado en el living, me acerqué a la habitación, prendo la luz y estaba con un tipo en plena penetración, no gritaba, sólo gemía mientras la montaba lentamente y manoseaba sus tetas y le metía la lengua hasta el fondo de la garganta, la luz no los intimidó, unos segundos continuaron hasta que él se dio cuenta, desmontándola y quedando ambos en la cama expuestos.

-Andrés, disculpa, no quería que fuera así, pero tarde o temprano te lo iba a contar- dijo ella, mientras la miraba entre indignado, sorprendido y…caliente, mi miembro se endurecía a cada rato.

– Elvira, era un juego, sólo eso, no pensé…..decía mientras eran solo palabras vacías, se levantó y con su dedo índice me tapó la boca

– No querías esto? No deseabas verme culeando a otro? No te gusta sentirte puto, un cornudo sometido?

– Si

Con eso marqué mi destino

  • Te presento a Antonio, somos amigos con ventaja, nunca ha querido negar tu matrimonio conmigo y por de pronto, para afuera somos todos amigos, siendo tú el esposo….después veremos que pase

Me besó y en ese momento me entregué, me desnudé y quise meterme a la cama, negándome ello con su mano sobre mi pecho

-Mira y haz lo que quieras pero no conmigo

Antonio la besó, la montó hacia la cama y la penetró aumentando la velocidad, caliente, impactado empecé a mover mis manos por mi cuello, tetillas, abdomen para terminar pajeandome, era el súmmum del placer y lo excitante lo que veía, él se fue dentro de ella, sin gomas de por medio….nos quedamos dormidos, ellos en la cama, yo al lado….protegido por el pisapies de la cama.

EL NUEVO TRATO

Desperté entumecido, manchado en mis propios líquidos, ellos no estaban, la cama estaba desordenada, sentí que estaban en el comedor tomando desayuno, me duché y al salir, me fui a vestir, faltaba mi ropa interior, boxers, principalmente….me puse pantalones, una camisa y fui al estar

-Andrés, querido, que vienes a desayunar, por esta vez podemos hacerlo pero como Antonio es el dueño de casa dentro de nuestro juego, tu deberás en el futuro desayunar y comer en la cocina, tu ropa interior no es necesaria, la botamos para que sepas que acá no tienes intimidad y si, Antonio

Asentí, sorprendido, sabía que podía decir hasta aquí podemos

  • El domingo cuando te vayas, recuerda que para afuera somos matrimonio y Antonio es un amigo común, pero al llegar, luego de cerrar la puerta debes desnudarte, es para saber cómo andas, que sientes, que deseas, podrás estar conmigo cuando yo lo diga y quizás con Antonio si ambos lo decidimos

Me inquietó ese comentario

  • Acá la idea es compartir, disfrutar pero dentro de los roles que tú mismo has deseado, te pido por favor te saques la ropa, podrás usarla si hay visitas y puedes hacerte el desayuno

Abajo camisa, abajo pantalones, fuera zapatos y calcetines, me vieron con cara de burla y de conmiseracion, Antonio la miró con un dejo de “con este te revolcabas”, él era alto, bronceado, musculado y bien dotado.

Me fui a la cocina a preparar mi café

UNA LUCHA INÚTIL

Y así avanzaban las semanas, trabajaba y llegaba los viernes por la noche, me bajaba del auto, en el porche me desnudaba dejando mi ropa para asumir al entrar (la llave debajo del felpudo) mi rol de esclavo y cornudo….

Los podía ver fornicar de todas las maneras mientras se me permitía masturbarme, después, debía servir los desayunos, preparar el almuerzo y la cena, hacer aseo y ordenar la habitación, algunas veces podía participar en algún trío, con preservativo y sudor como únicas vestiduras.

Un sábado por la mañana me dirigí a la ducha mientras sentía que Antonio estaba en el comedor desayunando y Elvira se había ido al gimnasio.

Pensaba con los ojos cerrados en la condición a la que ella me había reducido, de como salir y de los goces que había experimentado…

Abro los ojos y veo a Antonio observándome, desde afuera, desnudo con un gesto me señala su miembro erecto, duro,afeitado…. apago la ducha, me seco y nos quedamos mirándonos, me hizo un gesto y le seguí a la cama, en mi interior no quería hacer esto, pero Elvira me tenía sugestionado en casa, con lo de la obediencia, pensando absurdamente en que quizás volviese nuestra pasión mostrando mi lealtad y obediencia.

En la cama me sentó, tomó mi cabeza haciendo succionar su pene mientras con las manos le tomaba el culo, no lo había hecho así con un hombre, me atragantaba el deseo y su miembro, continuamos hasta que me empujó, me volteó y con mi saliva de lubricante, previo trabajo de sus dedos, me desvirgó, violado y desvirgado en mi cama, en mi antigua cama matrimonial, era lo último que me quedaba (no sabía que había mas) de a poco aumentó la velocidad hasta que me llenó, quedando ambos sudados, calientes y somnolientos en la cama, mis pezones, mi miembro y mi trasero vibraban de deseo, mi boca también. Antonio se había servido al matrimonio completo.

  • No lo puedo creer- fue lo que oí al despertarme
  • Andrés, Antonio, no me imaginaba lo marica que son
  • Elvira, espera, no es así- traté de decirle….
  • Tu no puedes hablar, esclavo, eres un cornudo, un sumiso, una cosa para mi servicio, por favor esperame de rodillas afuera en el living- salí de la habitación cerrando la puerta asumiendo mi posición en el lugar asignado. Me quedé así, por un buen rato mientra sentía como discutían.

No percibí el paso del tiempo, me molestaban mis rodillas, cuando llegó ella

  • Andrés, veo que asumes ser parte de mi dominio y de Antonio- quise decirle que el se había propasado, abusado de su propiedad pero no podía abrir la boca.
  • En ese sentido, creo que deberás asumir algunas decisiones o esto servirá –mostrando su celular- para demostrar que me has sido infiel pudiendo divorciarme sin dejarte nada….infidelidad homosexual, cualquier juez la entendería para compensarme.
  • No
  • Si, esta semana renuncias a tu trabajo, nos entregas todo tu dinero, cierras la cuenta y te asumes como lo que eres, si el viernes no llegas con eso ordenado, tus padres, los míos, amigos y parientes sabrán en la primera semana,en  la segunda te demando….y te saco con lo puesto, es decir, nada.

Ese viernes llegué con la renuncia a mi trabajo, el cierre de la cuenta y el documento de traspaso de dineros y bienes a Elvira…..ella los destruyó frente a mi, guardó mis documentos de identidad y me hizo mantener nuestra rutina por ultima vez….para empezar a aumentar la intensidad de su control lo peor de todo…..me gustaba

UN NUEVO TRATO UNA NUEVA VIDA

Era demencial, era absurdo para alguien de afuera, pero el deseo me atenazaba al saber que Elvira controlaba todos los aspectos de mi vida, quizás esperando que con ello estuviéramos más conectados física y emocionalmente, dándole cuenta de mi deseo y amor hacia ella. Equivocadísimo estaba.

La miré con deseo, mientras sentía que mi miembro se endurecía al ver como destruía mi vida cotidiana,  al terminar me miró la cara, bajó su visión, dándose cuenta de mi bulto, cambiando su cara a una de burla, me sentí avergonzado y humillado

-Andrés, esto no es un jueguito pajillero, tu has dado cuenta que eres incorregible y piensas que todo es una especie de juego sexual, te equivocaste conmigo, al soltar el deseo de ser un cornudo, un puto cornudo y maricón, abriste en mi el deseo de saltar las convenciones, las reglas y las cosas que parecen “normales”. Antonio, es para mi  goce, tu, para mi servicio y quizás cuando me queden ganas… tu no tienes nada,  –ante mi mirada de sorpresa que evidencié, continuó- Otra cosa, tu no puedes mirarme a los ojos, estas para mi servicio, eres mi todo servicio acá… quedé expuesto delante de ella y Antonio, se acercó a mí, tomó con su mano derecha mis pelotas, y a mis oídos dijo –que desperdicio, le daremos un mejor uso a esta cosa que no mereces.

Me ordenó irme a la pieza de invitados que, para mi sorpresa estaba reducida a un colchón de espuma, dos platos cerealeros y una bacinica…ella detrás mio…. la miré humildemente, dándome ella un golpe en el pecho con el diario de ese día que llevaba enrollado en su mano.

-Otra vez, aprende que no puedes mirarme a los ojos, esta es tu habitación, no saldrás hasta cuando te lo diga, comerás en los platos y la bacinica es para tus necesidades diarias, una vez al día, si me acuerdo, podrás lanzar tus desechos al inodoro…. acá estas para servir, darme placer si me apetece y darte cuenta de lo que te perdiste por tus calenturas huevonas, ahora te pones a lo perrito, si quieres sobre el colchón y espera instrucciones- sentí una mirada burlona de Antonio, quizás una mueca, cerrando la puerta y sintiendo como cerraba con una aldaba que percibí de reojo al entrar a la habitación.

Todo había cambiado…..y debía estar así hasta que ella decidiera, estaba a mil pero no podía hacer nada, mi destino estaba en sus manos, pasando varias horas hasta que se abriera la puerta

EL CAMBIO ES CADA VEZ MAS RÁPIDO

Pasaron las horas, seguía en esa habitación, sentía los ruidos cotidianos de la casa, mientras seguía  a lo perrito sobre el colchón, mejor dicho colchoneta, a la que se había reducido lo que era mi cama matrimonial en mi propia casa, cama matrimonial que usaban Elvira y Antonio si es que no me usaban a mi. Pensaba a mil que es lo que me iba a pasar, que iban a hacerme, de por que aceptaba esto, quizás pensando en hasta donde llegarían mis límites o deseo, pese a la postura, de a poco pasaba de la sorpresa y humillación a sentir un calor en mis manos, mi pecho, mis caderas, mi miembro.

Ni pensarlo, me senté, levanté mis manos tratando de evitar lo inevitable, tomándome la cabeza, las bajé por mi cuello, sudado, más por los nervios, bajé por mi pecho, mis tetillas necesitaban un masaje de manera urgente, la transpiración me lubricaba el pecho, seguí con mi mano izquierda masajeando mi tetillas mientras mi mano derecha, de a poco bajaba hasta mi miembro, mi pene, en un ultimo esfuerzo dirigí mis manos a mis testículos, sobándolos suavemente, pero era imposible, mi mano estaba conectada a mi pene, la masturbación partió con una, después con las dos manos, la eyaculación fue placentera, liberadora, mi cuerpo se relajó, quedándome dormido sobre ese colchón, mi placer era privado, mio, no me lo habían quitado.

Era un sueño profundo, reparador, interrumpido por un golpe frio, inesperado –Despierta, maricón pajero, esa colchoneta es para que duermas no para que la manches con tu moco!!!- Elvira me sorprendió con lo que me dijo, me incorporé, me había lanzado el contenido de un jarro de agua para despertarme.

  • Te había traído este jarro para que lavaras, putito, pero me indigna que hagas lo que tu quieras, por eso, no puedes lavarte por hoy.

Estaba de rodillas mirando al suelo en posición sumisa ante ella, sentía la mucosidad en mis piernas y me avergonzaba que se secara quedando con incomodidad ante mi eyaculación.

  • Disculpa, Elvira….-golpe en mi cabeza, era el jarro de aluminio.
  • Nada de Elvira, nada de tu, putito, a partir de ahora no eres Andrés, eres putito, por ahora, y yo soy Señora, no tienes derecho a decir mi nombre, ni siquiera a pensarlo, Antonio será señor y no te dirigirás a nadie salvo con Ud y cuando tengas permiso mio, sólo mio, Antonio te usa cuando YO quiera, entiendes
  • Si, Señora
  • ¿Cómo te llamas?
  • A…An….putito, Señora
  • Y tu apellido será De Señora, como te llamas ahora?
  • Putito de Señora….
  • Muy bien, pon ese colchón a airear en el patio y haz el aseo de la casa mientras Antonio y yo vamos a trabajar.
  • Si, Señora

Salí de la habitación, llevando mi colchoneta, la puse en un patio que colindaba con la cocina para que el sol lo secara y en la cocina, lavé los platos, las tazas con el resto de café que bebieron Señor y Señora, debía acostumbrarme a decirles así, tomé una escoba y barrí la cocina, dándome cuenta de que en el piso de ella, al lado del refrigerador estaban dos cuecos, uno con agua y otro con restos de pan, jamón y huevos del desayuno, afuera de este con plumón decía en cada uno de ellos “Putito”,  humillado al darme cuenta que había ensuciado con el barrido mi desayuno, me senté y comí esos restos fríos, empolvados y bebí parte de esa agua, la mezcla era repugnante pero al ver los cuencos, se activó el hambre en mi. A eso había llegado, a comer en el suelo de la cocina restos de comida.

Continué con el salón y el comedor, pensaba en lo ridículo de verme en pelotas haciendo aseo en el centro de mi casa.

Después seguí con el balde, escobillón y plumero a las habitaciones, llegué a la que era mi espacio con Señora y empecé mi triste labor, terminando me di cuenta que podía husmear el armario sin problemas, los Señores no estaban, todavía no me convenzo que de un día para otro no podía llamar a mi esposa y su amante con su nombre, lo abrí, nada de mi ropa, vacío, a la espera del guardarropa de Señor, me sentí devastado, eso significaba que Señora me expulsaba de su vida, sólo me reducía a su esclavo, su siervo, su Putito de Señora, me puse de rodillas, llorando silenciosamente.

Me quedé unos momentos y salí de esa habitación, a cada momento me veía más cubierto de mis fluidos, el semen seco de mi masturbación, las lágrimas secas en mi cara, fui al baño, me mojé la cara para limpiarla, pensé en ducharme por lo otro…. recordé lo que me dijo Señora y opté por no hacerlo, esperando su jarrón con agua fría y paños de cocina usados. Continué mis labores y terminé, Señora no me ordenó cocinar así que fui al patio a recoger mi colchoneta, estaba seca por el sol, con la mancha de mi polución, algo de vergüenza me dio, la llevé a la habitación de servicio que me dio Señora, la acomodé dejando la mancha debajo no visible y en ese momento, la necesidad de mis entrañas me remeció, sin necesidad de nada, me acuclillé sobre la bacinica que Señora me dejó y liberé mi vejiga e intestinos en ella, me limpié con unos restos de papel de diario que me dejó en la habitación y tapé el inmundo resultado de m digestión con el resto del diario encima, el problema es que ese día era caluroso, cerré la puerta y esperé a Señores esperando ignorar esos hedores.

Descansé unas horas, despertando con el hedor creciente y el ruido de Señores entrando a la casa, ingresaron, sentí una risas y algunos gemidos acompasados rato después desde la habitación, gritos al final. Sabía lo que pasaba….un par de horas se abrió la puerta, prendió la luz –el interruptor estaba afuera de mi habitación-trastero-baño, antes que lo hiciera estaba en posición sumisa dispuesto a sus órdenes.

-Que mierda, hiciste putito? Huele a carroña muerta, no pensé que de la raja que se culea Señor cuando no estoy salga tanta porquería.

– Perdone, Señora, pero sé que no soy digno del baño de Los Señores

– Muy bien, aprendes rápido, lleva esa inmundicia a la tapa del colector, lo abres, tiras tus cosas –así lo harás de ahora en adelante una vez al día, al anochecer, y limpias la bacinica con la manguera, si quieres y respetas tu culo como no lo respetas con Señor, te limpias con esa agua tu raja. De ahí te vuelves, te tengo un regalo.

Una luz, un rayo de esperanza me pasó por la cabeza pero estaba muy equivocado como se verá. Salí al patio, en pelotas, hacía frío, la noche era obscura, levanté la tapa del alcantarillado, corrían aguas sucias y lancé mis restos, algunas formas salieron de la alcantarilla, quizás alguna cucaracha espero, cerré la tapa y con la manguera limpié la chata y luego mi culo, estaba helada el agua, mis pelotas se contrajeron, me sequé con las manos y fui donde Señora al living

CUESTA ABAJO EN LA RODADA

Recostada sobre su costado estaba ella en el sillón, sus piernas arriba en el borde denotaban que descansaba de su trabajo, se veía igualmente excitante, retomando mi miembro parte de su calor al igual que mis pelotas, me cubrí ante la mirada desaprobatoria de Señora y de inmediato esa cuasi erección cesó.

  • Veo que sigues siendo un calentillo, me gusta, pero debes estar claro que debes ir dejando de pensar en ellos y asumir que estas para MI goce y el de Señor, si YO lo permito, en fin, hueles mal y te necesito pulcro para lo que viene, por esta vez, anda a la ducha y date un buen baño caliente, anda y usa lo que necesites allá.

Agradecido del pequeño premio que me ofrecía SEÑORA, fui al baño, ya me parecían –pese al tiempo de este cambio-  extraños shampoo, jabon y agua caliente, di el agua caliente, esperé que se calentara con vapor y me metí a la ducha enjabonándome cada parte del cuerpo, embadurné mi cabello con  shampoo y al sentir la espuma y el agua me sentí relajado, de a poco retomé la erección recordando a SEÑORA en el sillón y sin darme cuenta tenía mis manos en mis pelotas y pene satisfaciéndome gratamente dentro del vapor, me limpié para secarme con toallas de verdad, no con papeles de diario o trapos como los que deja SEÑORA en mi cuarto

Luego de ese contacto con la vida de persona que tenía, salí y me presenté con Señora quien me esperaba con An…perdón, SEÑOR y una señora con delantal blanco, no entendía que estaba pasando –Putito- me dio vergüenza que me tratara así aunque se fue al rato esa sensación- ella es la señora Martina, está para que estés más pulcro y presentable, para que estés realmente desnudo, por eso, para ayudarte, te pedí que te bañaras.

  • Disculpe, no entiendo
  • Ella va a depilar ese vello y hará que estés más pulcro
  • No, Elvira, esto no puede ser, creo que….Señor se incorporó y me tomó de un brazo inmovilizándome mientras la señora se acercaba como para calmarme
  • Parece que no entiendes cual es tu rol acá, tu has dejado de ser el hombre, el marido de la casa, tu mismo deseaste esto y lo reconociste- me decía mientras Señor me reducía con su fuerza- ahora, irás con la señora Martina y colaborarás en tu depilación del cuello hacia abajo- entendí que no podía resistir aquello, que quizás Ella fuera más condescendiente ante mi entrega y accedí ir a mi pieza, en donde la señora había implementado una camilla con su equipo de ceras depilatorias, acompañado por Señor en todo momento.

El dolor fue impresionante

Al despertar en mi camastro sentí la suavidad de mi piel, la cual me hizo excitar profundamente, pero antes de satisfacerme, esperé que Señora llegara con el balde con agua y el paño, lo dejó mientras estaba y me limpié, las ganas me superaron antes de terminar de limpiarme pero descargué en el resto de agua que tuve que botar en el desague del otro día…..era raro y excitaba sentir el frio en mi piel…. luego de hacer mis acciones del día, Señora me permitió, con su protección participar en sus juegos con  Señor…ambos la penetramos y ante una seña de Señora, Señor me hizo succionar su pene y luego recibirlo en mi ano, como antes de mi esclavitud, pensé que mi actitud estaba siendo recompensada

Me equivocaba.

Continuará

 

 

 

 

 

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Miriam y Laurita, amigas de mi hermana

Todo ocurrió la semana pasada. Cuando regrese el viernes a casa después del trabajo mis padres se habían marchado ya a pasar el fin de semana a la casa de la playa. Yo preferí quedarme puesto que tenía planes para el sábado.

 Nada más llegar a casa me puse cómodo y me senté en el sillón a ver una película erótica, aprovechando que estaba solo. No había hecho más que empezar a masturbarme cuando llamaron a la puerta, así que fui a abrir. Al abrir vi que se trataba las dos amigas de mi hermana. Ellas se llaman Laurita y Miriam, Laurita es bastante bajita, morena y ojos negros, con tetas normales no muy grandes pero un culo espectacular. Miriam es de una estatura normal 1.70, pelo castaño y ojos marrones, unas tetas muchísimo más grande que las de Laurita y también un buen culo ambas llevaban sacos de dormir. Rápidamente me preguntaron por mi hermana y yo le conteste que no había llegado aún, me fijé en Laurita como se había quedado mirando mi polla, aún erecta, rápidamente me voltee y las invité a pasar. Caminé hacía el salón y ellas detrás. Mi erección ya había bajado cuando ellas se sentaron mientras que llamaba a mi hermana, se suponía que ella se iba a quedar en casa de Lorena a dormir.

Al rato llegó mi hermana con dos amigas más Lorena y Natalia, las cinco fueron al cuarto de mi hermana. Me habían fastidiado el plan y estaba algo enfadado pero luego entraron en el salón parecían que habían salido del desfile de women’secret, todas con su pijama a cual más corto y más transparente.

Mi hermana y sus amigas se hicieron dueñas de la casa, pidieron pizzas y encendieron la consola, yo me senté en mi sillón aún enojado pero se me estaba pasando al ver los cuerpos de mi hermana y de sus amigas con ropa ligerita.

Las chicas pusieron el Buzz, un juego de playstation 3 que es como un concurso, cogierón los 4 mandos para poder jugar. Tras varias partidas me invitaron a jugar, ya que para que nadie se quedará sin jugar e hicimos parejas de juego, a mí me tocó jugar con Miriam, Mimi, ella se sentó a mi lado, para compartir mando de juego, mis ojos se quedaron fijos en su escote,  no podía parar de mirar el vertiginoso escote que lucía, no hice nada para evitarlo, las demás no se daban cuenta porque miraban la pantalla. Por supuesto esa partida la perdíamos, Mimi se enojaba conmigo porque se supone que era muy bueno, yo argumenté que era porque no podía tocar el mano así abrí mis piernas para que ella se sentara entre ellas, así yo la abraces por detrás. Puesta ella delante mía podía olerla y sobretodo ver el escote desde arriba debido a su baja estatura, estaba super cachondo y ya que iba a estar acompañado toda la noche iba a arrimar la cebolleta y tocar todo los que pudiera. En esa partida con la cosa que el mando lo tenía ella sobre sus manos yo rozaba sus pechos para darle al botón, la primera veces hacía el gesto algo comedido pero viendo que la reacción de ella bien recibida las siguientes lo hacía más exagerado llegando incluso a mantener las manos cerca del mando rozando sus pechos. Cambiamos de pareja y  mi hermana sacó cervezas para todos, a mi padre le encanta la cerveza y tiene cajas y cajas de botellines por lo que si la nevera estaba llena cuando volviera no habría problema. En esta ronda me tocó jugar con Sofia, sus pechos no eran tan grandes como los de Mimi, pero su cuerpo si era más delgado así que le ofrecí el sitio entre mis piernas pero ella prefirió sentarse sobre mi pierna, yo la abracé por la cintura, tenía sus pechos a la altura de mis ojos y podía ver sus pezones, botoncitos en su camiseta.

Cuando llegaron las pizzas, las pusimos encima de la mesa, mientras que poniamos la mesa. Lorena estaba cogiendo bebidas entre la nevera y la isla del fregadero así que aproveché la estrechez para pasar por detrás suya posando mis manos sobre su cintura y mi paquete por su culo, para ella fue algo normal, a mí parecer mi gesto había sido algo exagerado.

Cuando estuvo todo listo comenzamos a comer y a beber me senté entre Miriam y Lorena. Cuando acabamos de comer, nos quedamos sentados mientras que mi hermana y Natalia hacían sangría. yo aproveché que Lorena hablaba con Laurita para poner mi mano sobre la pierna de Miriam, ella no hice nada por quitarla es más pegó su rodilla a la mía, abriendo sus piernas. llegó la sangría y nos servimos todos. Yo bebía con la mano izquierda ya que la derecha la tenía sobre la pierna descubierta de Mimi. Poco a poco fui bajando la mano, mientras que conversaba con mi hermana y sus amigas. Llegué a la entrepierna de Miriam, y comencé a empujar suavemente en su coñito, ella tenía las pierna totalmente abiertas y podía notar su humedad.

Al rato  Lorena y Natalia las dos amigas de mi hermana se levantaron y fueron a acostarse en sus sacos de dormir  en el cuarto de mi hermana, el resto nos levantamos y fuimos a la terraza donde seguimos hablando y bebiendo, yo cogí una hamaca y laurita viendome tumbado en ella me pidió que me echara para un ladito y ella se puso a mi derecha. Mi brazo le molestaba así que lo saqué ella se puso de lado y rodeé su cuerpo con él, posando mi mano sobre su barriga al poco llegó Mimi y también le apetecía tumbarse en la única hamaca y se puso a mi izquierda de la misma forma que Laurita de lado y yo posé mi mano en su barriga fue cuando llegó mi hermana y viendo que la hamaca estaba ocupada me pidió que doblara las piernas y utilizo mis piernas como respaldo de asiento dándome la espalda. Mi polla estaba morcillona y empezó a crecer cuando comencé a subir mi mano derecha por el cuerpo de Laurita, mientras que mi otra mano bajaba por el cuerpo de Mimi hacía su trasero, mi hermana de espalda a nosotros nos contaba una historia de una constelación, yo estaba más pendiente de la reacción de sus amigas que de lo que ella nos contaba. Mi mano derecha llegó a la axila de Laurita, ese era el punto de no retorno, hasta el momento podía ser algo fraterno pero si empezaba a acariciar su pechos y ella no quería podía ser algo violento. Ella no me dió tiempo de decidir y levantó su brazo por lo que yo comencé a acariciar su pecho por encima de la ropa. Mi mano izquierda había acampado en el trasero de  Mimi, después de lo que había ocurrido en la mesa sabía que ella no me rehusaba, y así estuve un rato acariciando los pechos de Laurita por encima de la ropa, tocando el culo de Miriam y escuchando hablar a mi hermana apoyada en mis piernas. Cuando mi hermana que había bebido más de la cuenta y se estaba quedando sopa dijo que se marchaba, rápidamente nos levantamos todos de la hamaca  y entre Miriam y yo la llevamos a su cama para dejarla dormir. Miriam se fue al aseo y yo volví a la terraza con Laurita y me senté en la hamaca.

Laurita que se había sentado en una silla de la terraza,  se levantó y se sentó sobre mi pierna izquierda y me confeso que yo le gustaba mucho. Mientras decía esto se acercaba lentamente a mi cara para pegarme un buen morreo, yo me quede sorprendido pero la segui el rollo ya que no me disgustaba la situación, y comenzamos a besarnos  seguimos entrelazando nuestras lenguas cuando ella me empezó a meter mano. Me quede sorprendido del todo, pero seguí con el juego, comencé a tocarle el culo por debajo del pantalón, y cuando me quise dar cuenta ella había sacado mi polla del pantalón. Tras esto Miriam apareció en la puerta de la terraza, yo le hice un gesto con la mano para que se acercara, ella con una sonrisa pícara y se sentó sobre mi otra pierna y comenzó a besarme, al poco tiempo Laurita dejó de besarme y se puso de rodillas me abrió las piernas y  comenzó a hacerme una mamada.

Yo comencé a quitarme la camiseta y después la camiseta de Mimi dejando el sujetador de Mimi al aire. Laurita se levantó dejando mi polla totalmente erecta y húmeda, y le dije a Miriam al oído “ ahora es tu turno” fijando mi mirada en mi polla,  Miriam siguió con la mamada. Laurita volvió a besarme mientras yo la iba desnudando, cuando deje totalmente desnuda mostrando su chochito rasurado libre comencé a meterle un dedo mientras que le comía sus pechos, sus virginales pechos. Ante los gemidos de placer de Laurita por el dedo que le estaba haciendo y la comida de pechos, Miriam dejó de mamar para desnudarse completamente y ofrecerme sus grandes pechos, entonces comencé a besar y chupar sus pechos mientras que con mi otra mano le hacía un dedo. Estaba haciendo un dedo con cada mano a cada una de las dos amigas de mi hermana. Mi polla estaba que iba a estallar así que paré de hacerle un dedo y me levanté. Cogía de la manos a las dos chicas y me las llevé a mi dormitorio.

Al llegar a la habitación besé a Miriam y luego a Laurita mientras ellas me terminaba de desnudar, luego me tumbé y le dije a Laurita que se pusiese encima mío para meter mi polla en su coño, luego le dije a Mimi  que se subiera encima mío mirando a Laurita y luego se agachó poniendo su coño en mi cara así continuamos un rato yo comiéndole el coño a Miriam y Laurita enfrente metiéndose mi polla en el coño y ambas gimiendo de placer, yo creo que no hubiera podido imaginarlo mejor.

Tras un rato le dije a Miriam y a Laurita que se levantaran, le dice a Laurita que se tumbara y a Mimi que se pusiera a cuatro patas encima de ella, y les ordené que se besaran mientras las miraba, al principio lo hacía algo tímido pero luego comenzaron a comerse la boca la una a la otra, yo me puse detrás y comencé a comerle el coño a Laurita y hacerle un dedo a Mimi mientras seguían morreandose, una vez que mi polla estuvo lista  comencé a penetrar a Miriam mientras ella comía la boca a Laurita, les había descubierto su faceta bisexual.

Continué follandome a Mimi y a Laurita, penetraba a una y luego cambiaba de agujero y penetraba a la otra durante un buen rato, ella con sus pechos pegados uno a otros no hacían más que gemir. Cuando yo ya veía que no podía más les dije que me iba a correr que se pusieran de rodillas para mamar la leche que iba a salir de mi polla. me corri en sus bocas, creo que la vez que más semen he echado. Tras correrme ellas se tragaron todo mi semen y nos juntamos comiéndonos las bocas. Esa noche dormimos juntos y abrazaditos en mi cama. al día siguiente nos levantamos temprano recogimos la ropa y desayunamos, ni natalia ni Lorena ni siquiera mi hermana se enteró de lo que pasó por la noche.

He tenido más encuentros con Miriam y Laurita y también con otras amigas de mi hermana pero eso es otra historia que os contaré en otro momento.

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Tres (II)

Abre los ojos, mira lo que te estás perdiendo.
Eva y yo estamos de pie, nos estamos besando… o algo así. Me hace sacar la lengua y la lame, me lame los labios, me besa la punta de la nariz, me muerde la barbilla y vuelve a por mi lengua, enrosca la suya con ella, muerde mis labios con sus labios y me besa profundamente, como si quisiera devorarme, me deja sin respiración. Sus manos en mi cabeza, revolviendo mi pelo, atrayéndome hacia ella durante ese largo beso y luego bajando a mis pechos. Juega a rozar nuestros pezones, los suyos son grandes y rosados, los míos más pequeños y oscuros. Vuelve a besarme con más pasión si cabe y sus manos bajan a mi culo, me aprieta contra ella, nuestros montes de venus se unen y su calor y el mío, su humedad y la mía, se confunden. Abre mis piernas y encaja su muslo entre ellas, su sexo queda sobre mi muslo, nos masturbamos así, casi bailando y apareces de la nada, besando y acariciando.
Eva me tumba en la cama, me venda los ojos, me ata a las cuatro patas, boca abajo. Coloca un cojín para levantar mi culo. Me siento indefensa y expuesta. Me encanta.
Hay dedos en mi coño, dedos en mi culo, lubricándome. Me siento muy cachonda… Noto lo que parece un dilatador anal realizando su función a la perfección, lentamente pero hasta el fondo. Ahora un vibrador acaricia mis labios mayores y se introduce poco a poco, llenándome.
Estando así, Eva se tumba sobre mí. Sus piernas sobre mis piernas, sus tetas sobre mi espalda y sus dientes en mi hombro cuando la penetras. Cada vez que empujas dentro de ella haces que el vibrador y el dilatador, que se salen un poco debido a la lubricación, se introduzcan más en mí y el cojín bajo mis caderas frota mi clítoris. Cada vez que te paras me matas, sé que te encanta estar un ratito dentro, sin moverte, pero necesito que la embistas para correrme. Eva respira cada vez más rápido, gime en mi oído, y eso me vuelve loca, su placer aumenta el mío y nos corremos casi a la vez.
La apartas de mí, sacas el dilatador y me la metes de golpe en el culo. ¡Oh, Dios! Aún siento las contracciones del primer orgasmo y ya viene el segundo. Te encanta mi culo, como se estrecha alrededor de tu polla y te aprisiona, y además notas la vibración del consolador. Con eso no contabas, eso hará que te corras demasiado pronto, necesitas parar…
Me desatáis entre los dos y vamos a asearnos un poco.
En la ducha Eva se encarga de enjabonarte por delante, yo por detrás. La esponja es suave y hago círculos de espuma en tu espalda, en tus brazos, en tus nalgas… Ella enreda sus dedos en el vello de tu pecho y te besa, luego se entretiene demasiado con tus testículos, tu polla sigue enorme pero has pedido que no te toquemos aún, no sé cuánto aguantaremos. Por mi parte estoy deseando tenerte dentro otra vez.
Volvemos a la cama limpios, algo más relajados y con ganas de seguir jugando.
Nos pides que nos sentemos a los pies de la cama, juntas nuestras mejillas y agarrando tu verga por la base comienzas a “abofetearnos”, a golpearnos los labios. Eva saca su lengua enseguida y te lame cuando tiene oportunidad. Yo no, yo me hago la dura. Vas a tener que metérmela en la boca “a la fuerza”. Eso te ha gustado, intentas meterla un par de veces pero no puedo resistir y te dejo entrar, con los labios más apretados que puedo, eso sí. Y así te diviertes, ahora en la boca de Eva, ahora en la mía, sintiendo las diferentes temperaturas, las diferentes texturas, las diferentes formas de chupar, succionar, morder. Te pierde este juego, mejor volver a cambiar.
Nos pides que nos pongamos a cuatro patas al filo de la cama, las dos muy juntas y empiezas a follarnos alternativamente. Cuando me toca a mí y siento toda tu polla dentro intento retenerla contrayendo todo lo que puedo mi vagina, no quiero que te vayas. No me gusta este juego, creo que gana Eva, estás mucho tiempo con ella y me da la impresión que cuando estás dentro de mí estás deseando volver a sentirla.
Pero es justo, ella es tu regalo. Mi regalo para ti. Un regalo que yo también he disfrutado bastante.
Indico a Eva que se tumbe sobre su espalda, la ayudo a poner sus piernas sobre tus hombros, así podrás penetrarla hasta el fondo. Y me quedo ahí mirándote, viendo como disfrutas, como muerdes tus labios y jadeas, como te mantienes dentro, imagino que haciéndola latir. También la oigo a ella pedirte más y más fuerte, diciéndote cuánto le gusta que la folles. Y veo como al fin cierras los ojos y te abandonas… tus músculos se tensan, tu vello se eriza, tu respiración se para, sientes que casi se para también tu corazón y en un segundo está ahí, latiendo en tu pecho, en tus sienes, en tu vientre, lanzando oleadas de placer y calor que llegan hasta las puntas de los dedos, hasta tu glande hinchado y repleto, y comienzas a descargarte, y a aullar… y todo se vuelve blanco tras tus párpados y ya no sabes ni dónde estás ni te importa. Y ahí estoy yo, para recogerte, para tumbarte y arroparte, y velar tu sueño…

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Orgia con Maria Jesus y la profesora

En mi relato anterior conté como las cosas evolucionaban hacía el desenfreno con María Jesús. Yo me daba cuenta, pero no sabía cómo no dejarme arrastrar junto con ella por la pendiente. Las cosas no terminaron bien. Pero antes de ello hubo tiempo para otra orgía desenfrenada. Fuimos unos días de vacaciones a una casa que ella tiene en la playa. Una noche fuimos a jugar al billar  y nos encontramos con mi antigua profesora de universidad. La que había follado conmigo y un compañero en su despacho. Ella estaba con su marido jugando.

María Jesús y ellos se conocen desde hace cuatro años. Nos pusimos a jugar juntos. La profesora se sorprendió de verme con María Jesús. Yo inmediatamente recordé mi aventura con ella. Las dos mujeres estaban muy atractivas. Como era verano, María Jesús tenía un vestido que marcaba sus ostensibles tetas, culo y muslos. Además como siempre se comportaba provocativamente, como un putón verbenero. La profesora, casi una cabeza más baja que María Jesús y más estilizada, y casi diez años mayor, sin embargo era el centro de atención de local. También llevaba un vestido de verano que mostraba bastante. Pero ella era mucho más sugerente que María Jesús. Es que tiene otra clase. Es una mujer en toda clase, mucho más delicada, elegante y bella; definitivamente más atractiva. Más puta aún que María Jesús, pero con más clase.

Después de divertirnos un rato juntos, el matrimonio nos invitó a la hermosa casa que tienen ellos en la playa. De camino a la casa, salieron del local de billares cinco hombres detrás de nosotros.¡¡Y qué pedazos de hombres!!! Con María Jesús nos miramos un poco asombrados. Dos eran unos negros grandotes como de 1.90 dado que eran más altos que yo, había para elegir, porque otro era un mulato, también alto y musculoso, de pelo enrulado, los otros dos eran blancos, tostados por el sol. Al rato se habían sumado a nuestro grupo. La profesora y María Jesús no se sentían incomodas. La profesora dijo algo en secreto a su marido y agarro del brazo al chico mulato e invitó a todos a su casa. Yo viendo que éramos siete hombres y dos mujeres hice un amago de negativa, pensando en que no habría suficiente agujeros para todos, pero María Jesús me dijo que era libre de irme, que ella se quedaba. Decidí quedarme, pero no por María Jesús, sino por la profesora a la que le tenía ganas.

Los hombres que se nos habían sumado también estaban desesperados por follarse a las dos. Junto antes de llegar a la casa, nos encontramos con una puta haciendo la calle. Una chica de Europa del este, Tamara. Nos ofreció sus servicios. Uno de los hombres le mostro cien euros y la invitó a sumarse al grupo. La profesora y su marido accedieron a ello y así el grupo se equilibró un poco.

Al llegar a la casa, los negros estaban calientes por la cara que ponían cuando miraban a las mujeres. Para calentarlos más, al llegar, María Jesús se sentó con los muslos encima de uno de ellos. La profesora estaba sentada con su marido al lado, él con el brazo sobre los hombros de ella, hablándole al oído mientras que Tamara estaba haciendo rueda, sentada, conmigo y los otros muchachos. El ambiente era relajado, el ideal para concretar actos de lujuria.

Al llegar a la casa, el marido de la profesora había puesto música. En un momento, María Jesús se puso de pie y comenzó a contonear su cuerpo al compás de la música. Estuvo unos pocos minutos bailando delante de todos, girando a efectos de mostrarnos su culo y sus grandes tetas. Luego sin dejar de bailar se dirigió lentamente hacia donde se encontraba Tamara. Esta ya estaba desnuda hasta la cintura, la parte superior de su vestido se encontraba arrollada sobre su falda. Tamara se puso de pie, y comenzaron a bailar juntas al compás de la música, María Jesús comenzó a manosear a Tamara y a frotar su lengua sobre las tetas de ésta. Tamara ya sólo llevaba una tanga y medias de rejilla color negro y tacones altos. Ella y María Jesús se contoneaban de píe, delante mío y de cuatro hombres más. La profesora estaba con su marido y con el mulato.

Nosotros cinco teníamos las pollas totalmente erectas fuera del pantalón, manoseándoselas. Los dos negros estaban más avanzados en el proceso, estaban en pelotas. Pude notar que las pollas de los negros eran descomunales, al menos de 30 cm. Los dos negros no pudieron aguantarse; separaron a Tamara y María Jesús y se ubicaron uno delante de ella y otro detrás.

Uno le dijo -¡Quiero ver qué tan puta que eres, mámamela! Después de decir esto, se acostó sobre la alfombra boca arriba, sacudiendo su enorme verga. El otro negro, de dos tirones la dejó desnuda. María Jesús no se hizo esperar, sin más se arrodilló encima del cuerpo del negro que estaba acostado, se abrió de piernas y le puso su coño delante de la cara. Mientras lo mamaba, el negro usaba su lengua mojada y caliente para y hundírsela en la vagina, y sus dedos para frotarle el clítoris.

María Jesús actuaba como una depravada. Sacudía la polla del negro en su cara, la dejaba empapada con su saliva, la recorría con su lengua por toda su extensión, ni siquiera las bolas se escapan de sus lamidas y sus succiones. Entonces miró al otro negro y le dijo – Acuéstate acá, junto a él. Después que el negro siguió sus instrucciones quedó de tal manera que al alcance de las manos de ella y de su boca había dos suculentos pedazos de carne negra a las que se dedicó  golosamente a chupar y a masturbar.

Frente a ella estaba yo cogiendo como un animal con Tamara que estaba en cuatro patas y mamaba las pollas dos de los chicos. Por otro lado, la profesora estaba  detrás de mí. Aun vestida, mamaba la polla del mulato que estaba recostado en un sofá, mientras su marido la penetraba. Después de un rato, María Jesús terminó con sus dos tetas bañadas por la leche de los negros. Yo y mi compañero acabamos en la boca y la vagina de Tamara. Y la profesora llego a un primer orgasmo mientras su marido la inundaba con su leche.

Entonces la profesora dio vuelta al mulato y empezó a lamerle el culo mientras masturbaba a su esposo. Enseguida paso a mamar  a su esposo mientras con sus dedos jugaba con el culo del mulato. Luego, acercó la polla de su marido al culo del chico. Y este lo penetró mientras ella la hacía una mamada y se tomaba su leche.

Con la situación mi polla se empino nuevamente. María Jesús entonces me acostó y se arrodilló con las piernas abiertas encima de mí. Tomó con su mano mi polla, la colocó a la entrada de su vagina y se dejó caer lentamente centímetro a centímetro hasta que mi polla terminó enterrándose totalmente en su vagina. Entonces comenzó a contonearse un poco en forma circular lentamente, otro poco hacia delante y hacia atrás. Se levantaba unos centímetros y se dejaba caer nuevamente. Yo tenía mis manos apoyadas en la curva de sus caderas. Y le chupaba sus melones aun manchados con la leche de los negros. Unos de los chicos se había parado delante de María Jesús y está comenzó a mamarle la polla. Pero ella quería más. Llamo a otro chico y le dijo – Chúpame el culito y después métemela. El chico obedeció inmediatamente.

Mientras tanto yo podía ver como los dos negros se alternaban para darle por el culo a Tamara. Esta, a pesar de hacer la calle se negaba a que la penetren completamente. Ante las envestidas de los negros, hacía gestos de dolor y se quejaba. Estos llegaban a meterle algo más que la mitad de sus pollas. Parecía imposible que alguien se tragara esos pedazos enteros, mucho menos por el culo.

Por su parte la profesora estaba en el sofá, completamente desnuda sentada encima del mulato y con la polla de su marido metida en el culo. Mucho mas no pude ya que María Jesús y yo llegamos a un orgasmo simultaneo.  Cuando me repuso, un negro seguía insistiendo con el culo de Tamara, alcanzó a meterle tres dedos. Pero a pesar de ello su polla no entraba mucho más que 20 cm en el culo.

Al mirar a la profesora, vi que esta, ya desnuda, se follaba al chico al que antes María Jesús mamaba. Ella estaba sobre él y ponía su culo bien respingado hacia atrás. Apoyando sui pecho sobre el tórax del macho que tenía abajo, quien aferraba sus nalgas con ambas manos. Entonces me acerque a ella y le lamí el ano, después arrimé los dedos a los bordes de su ano y lo abrí lo más posible para facilitar la tarea de penetración. Apoyé mi glande en la entrada. Después de la penetración de su marido, el ano de la profesora ya estaba dilatado y lubricado con su leche.  Fácilmente, centímetro a centímetro mi polla penetró su recto hasta que choqué con sus  nalgas. Su marido estaba junto a nosotros. Ella lo agarraba de la mano y le decía –  qué bien que me están follando, otra vez por los dos lados. También me decía – Chaval, revuélveme bien el culo. Al mismo tiempo movía su cuerpo, ondulando lentamente, logrando entre los tres el ritmo adecuado. Así ella llego al orgasmo y nos dijo – No se corran adentro, quiero tragarles la leche. Y así fue. Uno después del otro nos ordeño las pollas y se tragó todo el semen si desperdiciar una sola gota.

Después de correrme vi que uno de los negros sacaba la polla del culo de Tamara y se corría en su espalda. El otro estaba penetrando por el culo a María Jesús. La penetraba algo más que a Tamara, pero no completamente. Mientras tanto el mulato le comía las tetas y el otro chico tomaba el lugar del negro en el culo de Tamara. Esta agradecida, parecía disfrutar con esta polla de proporciones normales dentro de su ano. El negro, al no poder penetrar completamente a María Jesús por el culo la penetró por la vagina. En dos embestidas se la metió entera y la inundó con su leche. Ella disfrutó de un orgasmo brutal, sacudida por violentas embestidas. El mulato mientras tanto tenía su polla entre las tetas de María Jesús. Así se masturbó hasta que un chorro de leche brotó de la polla dejando parte de las tetas bañadas en semen.

Después de esto, todos nos quedamos descansado y bebiendo. Las mujeres fueron al baño a higienizarse un poco. Cuando volvieron al salón, la profesora se dirigió hacia donde estaba su marido. Se sentó sobre la falda de su marido. Comenzaron a manosearme. María Jesús se puso enseguida como una fiera en celo dispuesta a follar de inmediato. Les dijo a Tamara que nos mamará las pollas, que ella nos follaría de uno en uno. Pero la profesora no acordaba con su plan. Se fue a la alfombra con su marido y se llevó consigo a los dos negros. En la alfombra se montó a horcajadas sobre su marido y le ordenó a los negros que le lamieran el culo. Mientras tanto, yo sodomizaba a Tamara. Las pollas de los otros tres sucesivamente iban pasando al coño o al culo de María Jesús.

El marido de la profesora tenía las tetas de esta frente  su cara y con su lengua friccionaba lo pezones. Los negros le chupaban el culo con desesperación. Tenían ganas de penetrar el tentador culo de la profesora.  Entonces ella le dijo a uno – Métemela en el culo, quiero que me lo partas.  Me encanta que me follen por el culo. Sus palabras hicieron que este perdiera el control. El negro se arrodilló detrás de ella, escupió sobre su polla y sin ninguna clase se miramientos la penetro. Ella contrajo sus músculos y con su culo empujo para que la polla entrase aún más. Increíblemente, en instantes ya se había tragado la polla de 30 cm toda en el ano. Los próximos movimientos fueron muy rápidos. La profesora tenía una terrible calentura. Le decía a su marido que la enloquecía sentir como que su polla y la del negro se tocaban por dentro.  Así siguió disfrutando sometida a una doble penetración hasta acabar.

Al ver como la profesora se tragó la polla del negro entera, María Jesús quiso repetir la hazaña. Tomó la polla del otro negro que estaba sentado masturbándose, y literalmente se sentó sobre ella, intentado tragársela por el culo. Sin embargo, a pesar de sus esfuerzos no lo consiguió. Se le caían las lágrimas, su cuerpo estaba completamente tenso, se partía de dolor, pero solo consiguió comerse 25 cm.

Entonces, la profesora se acercó al negro y le susurro sugerentemente que mejor lo hiciera con ella. El negro se salió del culo de María Jesús y esta comenzó a gritarle puta a la profesora y a rogar que le dieran por culo.  Rápidamente, ocupé el lugar del negro. Mi polla se deslizó por su recto, en dos embestidas completé la penetración. Mientras tanto, el mulato sacudía su pedazo delante de la cara de María Jesús esperando que se lo mamara, pero ella concentrada en el placer que le proporcionaba mi polla en su culo lo tenía un poco abandonado. El mulato le dijo – Mámame la polla, puta, que me muero. Ella abrió su boca y él se encargó de metérsela. Los otros dos chicos se satisfacían haciéndole una doble penetración a Tamara.

Yo le di a María Jesús por el culo por un buen rato, pero tanto el mulato tenía ganas de comérselo también. Con movimientos rápidos intercambiamos lugares, corriéndonos los dos de forma sucesiva dentro del culo de ella. Una vez terminamos, nos reemplazó el marido de la profesora. Pero este comenzó a penetrarla con los dedos y luego con su polla.

Mientras tanto la profesora le lamía y chupaba el glande de la polla del negro que se había llevado. Con una mano además masturbaba al otro negro. Entonces ella sentó al primer negro en un sillón y se metió sola la polla en el culo. Cerró los ojos y se tragó los 30 cm de un solo empujón. Su cuerpo se tensó completamente y ella esbozó una sonrisa entre sus labios. Entonces ordenó al negro que la cogiera de sus piernas y se parase. Así la polla le entraba aún más. Increíblemente la más pequeña de las tres mujeres, las otras dos le sacaban casi una cabeza y eran más macizas, era la única capaz de tragarse semejante polla. Pero no solamente eso. En la posición que estaba quedaba el agujero de su vagina completamente expuesto. Sobre él se abalanzo el otro negro. Entonces, parados los dos le hicieron una doble penetración. Era increíble ver como esa mujer se podía tragar al mismo tiempo semejantes pollas. Las mismas deberían estar desgarrándola completamente. Sin embargo ella parecía feliz, disfrutaba como una loca. Al correrse los dos negros dentro de ella, la profesora tuvo un orgasmo en que momentáneamente se desvaneció. Tras unas convulsiones que parecían un ataque de epilepsia, sus ojos se desorbitaron. Los negros la depositaron en el sillón. Su marido se acercó a ella y ella se abrazó fuertemente a él, dándole un beso en la boca.

Al volver en sí, la profesora se sentía en la gloría, Y María Jesús estaba corroída por la envidia. Había tenido otro orgasmo con la polla del marido de la profesora en su culo, y chupando a dos de los chicos que bañaron nuevamente sus tetas de leche. Tamara seguía siendo el recurso de los que no encontraban lugar en la profesora o en María Jesús.

María Jesús que no soportaba ser el centro de atención dijo que quería más polla por el culo.  Entonces la profesora y el marido se acercaron a ella. La pusieron en cuatro patas y comenzaron a lamerla. Mientras el la penetraba con sus dedos, la profesora hizo que María Jesús le chupase y ensalivase los suyos. Luego tomo el lugar de su marido. La penetró por el culo con tres dedos, los movía en forma de círculo, luego hacía adentro y afuera. Con la otra mano hurgaba en la vagina de María Jesús. Al rato, los cinco dedos estaban dentro del culo. Y con una serie de embestidas, que sacudieron el cuerpo de María Jesús, ambas manos estaban dentro del cuerpo de María Jesús. Los siete hombres miramos el espectáculo. Mientras, nos íbamos pasando a Tamara de uno a otro. María Jesús grito – ¡Me rompes! y la profesora metió su brazo casi hasta el codo en el culo de María Jesús. Al mismo tiempo con la otra mano le pellizcaba el clítoris. María Jesús seguía gritando – ¡Me matas, puta, me revientas toda! Así la profesora la hizó llegar al orgasmo. María Jesús estaba completamente sudada. La profesora tenía su brazo manchado de mierda y sangre del culo de María Jesús. Entonces la cogió de los pelos, le dio vuelta la cabeza y de dijo límpiame con la lengua. Has tenido lo que te mereces puta, cuando aprendas tendrás pollas como yo. Después de que María Jesús le limpiase la mano, ésta con un violento empujón la tiro de espaldas al piso. Entonces se puso en cuclillas sobre la cara de María José y le dijo – puta de mierda estoy tan caliente que me voy a mear. Y le meó en la cara, María Jesús completamente fuera de esa abrió su boca para tragar parte del meo.

Después un agotamiento inmenso se apoderó de María Jesús. Sim embargo, los hombres aún estábamos calientes. Un negro se puso a sodomizar a Tamara. Estaba ya tan fuera de sí que esta vez no reparo en los ruegos de ella y acabo desgarrándola. Después de él el otro negro hizo lo mismo. Las lágrimas brotaban de los ojos de Tamara y la sangre lo hacía de su culo. Por otro lado, la profesora chupaba alternamente mis tetillas y las del mulato. También masajeaba nuestros penes. Así nos puso fuera de sí. Entonces no dijo. A hora les toca hacer de putas. Nos hizo arrodillar junto a ella y nos puso a mamar a su marido junto con ella. Luego se acercaron los otros dos chicos. Entonces ella se quedó con su marido y nosotros pasmos a ocuparnos de los chicos. La situación me calentaba. La verdad es que disfrutaba chupando una polla. Después de un rato, ella nos dijo – ahora los mamare hasta exprimirle las pollas y ustedes sentirán lo que es correrse con una polla en el culo. Sentó a los chicos en el sillón y sin demasiados prolegómenos terminamos ensartados por el culo. Los chicos estaban tan calientes, que repararon en que ramos hombres. Entonces se puso en cuatro y nos mamó a los dos.

Al mismo tiempo su marido la penetraba vaginalmente por detrás.  Así llegamos los seis al orgasmo. Ella abrió la boca y el semen de nosotros dos cayó dentro de ella, luego la cerró para tragar toda la leche.

Luego todos quedamos en una especie de embriaguez y agotamiento. Al rato los cinco hombres se vistieron y se marcharon. Sin antes pagarle los cien euros a Tamara. A María Jesús que estaba en un sillón no podía moverse del dolor le pusieron otros cien euros entre las tetas. A la profesora los negros propusieron darle mil euros. Esta dijo que el que cobraba el dinero era su marido. Entonces los mil euros le fueron entregados a él. Tamara y María Jesús no podían moverse, con lo cual la profesora y su marido las alojaron en sendas habitaciones de invitados. Yo me quede en la casa con ellos. Como permanecimos allí varios días hasta que las dos mujeres se repusieran del todo, termine convertido en el juguete sexual de la profesora y su marido, gozando del placer de follar y ser follado. Esos días fueron el detonante final de mi relación con María Jesús, quien nunca me perdonó que mostrase tan abiertamente mis preferencias por la profesora.

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De acampada

Ellos se empezaron a besar con lengua, se daban un morreo súper erótico. Yo mientras, mamando. Javi, mientras se morreaba, me metía dos dedos en el culo. Seguí mamando un buen rato hasta que se corrió en mi boca. Era la segunda vez seguida y la 3ª esa noche, pero le salieron chorros y chorros de leche caliente. Me salía por la boca y eso que tragué bastante.

Hola a todos los lectores, soy Roberto, mandé un relato en el que contaba mi historia, mi primera vez con un tío, hace ya mucho tiempo, se titulaba “Retomando una amistad”, para quienes estén interesados en conocer mi historia desde el principio.

Si os acordáis, en mi relato anterior os contaba lo que me pasó con Carlos, y os decía que ahí no acabó la cosa. Pues siguió la noche. Lo dejamos después de la follada que me dio, bien, pues eso, después de mamársela y que me la metiese, nos quedamos ahí tirados en la tienda, yo tenía toda la cara con su semen, pegajosa. Él estaba al lado, con la polla flácida y toda húmeda.

Empezamos a hablar. Me contó que tenía ganas de hacerlo conmigo desde el instituto, que al decirle yo que venía se lo preparó todo, lo del pedo, lo de quedarnos solos, y eso. También me dijo que Javier y él solían hacerlo de vez en cuando, no eran gays pero les iba ese juego, esa marcha.

Estuvimos así un rato, hasta que noté que se estaba poniendo otra vez cachondo, se le empezaba a poner morcillona. Yo también empezaba a notar algo ahí abajo. Le dije que si no había tenido suficiente con lo de antes, y él dijo que nada de eso, que había que rematar la faena. Ya sin el corte ni los miedos de antes, me lancé sobre su polla, la agarré y la manoseé, él también agarró la mía. Empezamos a sobarnos las pollas, con vicio. Ese sobeteo me gustó mucho, mano va mano viene. Yo me agaché más y me la metí en la boca, quedando justo para que él hiciese lo mismo, un 69. Y no se cortó, me empezó a chupar los huevos. Yo estaba encima y él debajo. Yo tenía toda su polla dentro y él me chupaba los huevos y la zona que va de ahí al culo. Eso me puso a cien.

Me estaba gustando mucho, notaba su lengua cerquita de mi agujero que aun no estaba recuperado de la follada de antes y eso hacía que tragase su polla con más ansia aun. Ahí estábamos, venga a chupar y gemir, y no nos dimos cuenta que Javier regresó de la marcha. Los otros se debieron meter en su tienda, que estaba unos metros alejada, y él venía hacia la nuestra. Estaba abierta y entró, venía medio borracho, pero tampoco mucho.

No le extrañó mucho lo que vio, porque no dijo nada más que: vaya, ya sabía yo que este cabrón conseguiría comerse ese culo. Yo de momento me quedé cortado, pero a los pocos segundos recordé que me había dicho que también le molaba esto, y le vi que se estaba bajando el pantalón. Ya desnudo, me empezó a acariciar el culo, las nalgas y el agujero, mientras Carlos chupaba toda la zona. Él tenía una polla más pequeña que la mía, y delgadita, estaba descapullado, o sea, operado. Nada que ver con el pollón de Carlos. Yo seguía con la mamada, de la polla de Carlos casi no me entraba ni la mitad, pero yo seguía venga a mamar, y me excitaba que me tocasen y chupasen dos tíos a la vez.

Era demasiado para mi 1ª noche bisexual. Carlos le dijo a Javi que probase, que tenía buen culo y que me entraba muy bien. El enseguida se dedicó a chupar bien mi agujero, y a meter dos dedos. Lo de que me mamase el culo fue algo bestial, me encantó. Al poco tiempo se puso un condón, y me la empezó a meter.

Estaba tan salido que ni me dolió, además, al ser pequeña y finita, no me molestó nada mientras entraba. Tenía a Carlos chupándome los huevos, Javi metiéndomela y yo con la polla de Carlos tiesa en la boca. Le pedí a Carlos que me la chupase un poco. Eso hizo, me la chupó arriba y abajo y ya no aguanté mas, me corrí como una perra, sin avisar, en su boca. Carlos dijo: será cabrón?, conque esas tenemos, eh?, ahora vas a recibir polla de verdad. Se levantó, quitó a Javi de ahí y me la metió sin preparativos, de golpe. No tenía ni condón puesto. Me dolió, pero antes de poder decir nada, Javi me puso la suya en la boca. Se estaban despachando a gusto.

Yo estaba empalmado, no se me bajó a pesar de correrme, de lo salido que estaba. Se puso un condón y siguió follando bien fuerte. Después de un rato, noté como le engordaba la polla dentro de mí, eso me puso aún más, y empezó a correrse en mi culo, lo notaba como golpes de la polla dentro de mí. Javi estaba también a punto y se corrió en mi boca. No daba a basto, corrida en la boca, corrida en el culo.

Estaba súper salido, me sentía la mas guarra del mundo y les dije: ahora yo también quiero un poco, así que me puse de rodillas y los dos me la empezaron a mamar, juntos, uno la polla otro los huevos. Y me puse un condón y les dije que los 2 a 4 patas. Se pusieron y se la fui metiendo a Carlos. Mientras, Javi se metía los dedos. Después se la metí a Javi. Un ratito después, volví con Carlos, quería correrme dentro de su culo. Empujé 4 ó 5 veces y zas, me corrí como un animal en el culo de Carlos. Javi estaba ya empalmado y tocándosela sentado, así que Carlos se acercó y se sentó sobre él, clavándose su polla en el culo.

Yo estaba reventado, pero la escena era súper cachonda, así que me acerqué a Carlos y se la mamé. La tenía casi empalmada. Javi se corrió rápido, y yo seguí con la mamada. Ellos se empezaron a besar con lengua, se daban un morreo súper erótico. Yo mientras, mamando.

Javi, mientras se morreaba, me metía dos dedos en el culo. Yo lo tenía ya al rojo vivo, pero me daba morbazo. Seguí mamando un buen rato hasta que se corrió en mi boca. Era la segunda vez seguida y la 3ª esa noche, pero le salieron chorros y chorros de leche caliente. Me salía por la boca y eso que tragué bastante. Ya nos relajamos. Y pensé en los días que todavía nos esperaban en la sierra.

Pero eso ya os lo contaré en otra ocasión, espero no tardar tanto en continuar como esta vez. Esta historia es real, si alguien quiere comentar algo o charlar conmigo, os espero.

Autor: Roberto

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En busca de sensaciones

De repente sentí su dedo en mi culo, me dolía, pero me gustaba, que sensación tan extraña, mientras me chupaba la verga y metía su dedo poco a poco, sentí su lengua en mi ano, la verdad es que estaba disfrutando muchísimo de eso. La alternaba con sus dedos.

Antes que nada, quiero decir que he leído tantos relatos en esta página que por fin me atrevo a contar algo mío. Bueno soy físicamente, moreno claro, mido aproximadamente 170, pantalón 34, tengo 28 años y tengo una voz muy varonil (bueno es lo que me dicen a cada rato). Me gustan los hombres sólo que desgraciadamente soy algo tímido, no me animo a –por decirlo así.- descararme. Sólo he tenido una experiencia sexual la cual contaré.

Era uno de esos días que no tenía nada que hacer, ya era tarde, como las 6 p.m. creo, estaba yo sentado en una banca mirando el tiempo pasar, como ya era tarde decidí irme a casa, cuando  se me acerca un hombre mayor de 45, yo tenía 25 en ese tiempo, me preguntó algo, sólo por sacar plática, me cayó bien porque estuvimos platicando por casi dos horas, sentí algo raro pues me insinuaba cosas. Al principio me resistía y quería irme, pero pensé “si no es ahora, ¿cuándo será?” y decidí quedarme para ver qué pasaba.

Nos fuimos a su casa, la verdad es que me inspiró confianza por eso acepté, de repente se me acercó y me dio un beso, un beso que en el fondo de mí esperaba desde hace mucho tiempo, yo sólo me dejé llevar, me dejé hacer todo  lo que quería y hacía. Me quitó toda la ropa, y me empezó a mamar la verga, también  subía hasta mi cuello y bajaba de nuevo, me chupó las bubis de una manera que jamás  podré  olvidar, eso me prendió muchísimo.

De repente sentí su dedo en mi culo, me dolía, pero me gustaba, que sensación tan extraña, mientras me chupaba la verga y metía su dedo poco a poco, sentí su lengua en mi ano, ¡ahhh! ¡Qué rico!, le dije. La verdad es que estaba disfrutando muchísimo de eso. Me metió la lengua hasta lo más profundo, la alternaba con sus dedos, de pronto sacó un pene de plástico y me lo metía suave, suave, yo me retorcía del dolor y placer por ser la primera vez que probaba eso, me dolía, pero pedía más, más. El la metía poco a poco hasta tenerla adentro toda, yo gemía. Mientras me la metía, también me la mamaba.

Me preguntó si quería que me metiera su verga, le dije que si, la cual era pequeña, tal vez 10 cm., pero que disfruté, pues era algo nuevo para mí.  Después de 10 ó 15 minutos de mete y saca sentía que se venía, a pesar del condón sentí algo calientito dentro de mí que la verdad se sentía soñado, apreciaba  el cielo. Terminó, pero yo seguía caliente y lo empecé a besar y tocar todo hasta que llegué a  su verga, la cual empecé a mamar desesperadamente, como un loco me decía: ”despacio, con calma”, de repente se le empezó a parar después de tantas mamadas,  me acomodó de tal manera que quedamos en un 69, me pidió que se la metiera, yo obedecí, le daba como si fuese la primera experiencia sexual (que lo era con un hombre, pues he tenido varias mujeres en mi paso).

Recuerdo que cuando me iba a venir le pregunté si podía hacerlo en su boca, me dijo que si, y así lo hice. Después de terminar nos quedamos un rato platicando y quedamos en que seguiríamos viéndonos. Pues a mí me gustó esa experiencia y por supuesto quería repetirla cuantas veces fuera posible, sólo que no fue así, pues en el transcurso de 6 meses que es lo que duró la relación de amigovios, sólo lo hicimos como unas 4 ó 5 veces. Hasta que se terminó dicha relación, pero yo estoy agradecido con él, por brindarme la oportunidad de conocer lo que es tener a un hombre y que lo tengan a uno, ¿ya saben no? ¡En todo y para todo!

Poco después descubrí que en el baño de un mercado muy conocido se podía tener sexo oral y hasta anal tal vez. El caso es que una vez que tenía la necesidad de entrar ahí, me di cuenta que la persona que estaba del otro lado se estaba masturbado, mi curiosidad hizo que me asomara por el hoyo que había, se dio cuenta y me dio a entender que si quería probar, con los ojos asumí que sí. Y él me puso el pene a mi disposición, estaba enorme, lo empecé a mamar hasta sacarle la leche. Y así seguí frecuentando ese lugar sólo que no era suficiente o no lo es.

A la fecha sigo sin encontrar a nadie, estoy seguro que es por lo poco aventado que soy, pues aunque hay veces que me doy cuenta que algunos hombres me miran o me dicen cosas, por miedo a que alguien me mire no les sigo el rollo, pero ahora estoy decidido a estar con alguien.

Bueno muchas gracias por leerme que estén bien.

Autor: Ángel

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Todo Sobre Mi Madrastra

Llamarse Axel tiene un curioso acento ya hecho común, con lo que en su momento me dejó poco conforme.
Con 19 años mi gusto por los deportes se había vuelto muy Cool y los barros en mi cara comenzaban a ceder, por lo que las muchachas se me acercaban, no sin decirme como parte del juego que me veía muy infantil, pues de ser gordo comenzaba a bajar de peso y desarrollar un cuerpo atlético que cada vez les era más atractivo, pese a tener lo que llamaban una cara demasiado inocente protagonizada por mi cabello castaño muy claro y aún un poco rubio y el verde claro de mis ojos con el sudor de mi piel bronceada.
Comencé a hacer abdominales y ejercicios que me dieron un poco más de culo que de tablilla de chocolate en el abdomen. Y sin embargo, Sandra, mi novia me había dicho “chaparro” como si mi virilidad le indignase con esa mirada fría y asesina, que escondía que a lo poco una cita con el estúpido Ricardo, con sus idas a la tienda de ropa y su apariencia de puro maquillaje, el típico junior metrosexual pendiente de cada cabellito que se le caía y con sus pantalones de 300 euros.
Estaba hastiado, pero en el gimnasio sólo podía pensar en dejar esa cabeza vacía, cosa que aprendí a raíz de la muerte de mi madre, que me dejó como exhausto, tan triste pero vacío que no lloré en su funeral, cosa que mi padre me reclamaba con su actitud generosa en apariencia pero pétrea.

Un día estábamos comiendo una comida breve y frugal, una sopa de la fonda de la esquina y me dijo:
-Creo que sería bueno que fueras a una universidad en el extranjero
-No creo que tenga una beca, le respondí.
-Eso es parte de tu flojera, no te has dado cuenta del sacrificio que hemos hecho tu difunta madre y yo por tì.
– Si ella viviera no me querría lejos, propiné
-Tú ni siquiera lloraste por ella, me respondió
-No lo hice porque estaba enojado
-Y recuerdo que esa vez tiraste el café como si fuese orina en el traje negro que traías, dijo esta vez con sorna y no enojado
Sorprendido por su frialdad y entre el miedo del daño que podría hacer en mi relación con èl y un deseo implacable de aplastarlo, de vengar mi frustración con mi última novia aposté:
-Tù la mataste
Me decepcionó su falta de silencio y lo dominante de su mirada, que si se paró fue para darme una decidida cachetada.
-Yo te podría demandar por asesinato y no darte nada en esta casa
-Hazlo
-Pues vete y llévate sólo lo puesto, lo demás me pertenece. En cuanto a tu herencia, tendrás tu cheque pero necesito tramitarlo, pero dudo que te alcance el dinero para mucho.
Me quedé mudo, pero noté que era sincero en la ausencia que había estado reprimiendo, por lo que sentí una mescla de coraje y desatino. Me dio otra cachetada a la que respondí sin pensar con un beso irracional, como pícaro, un beso de enemistad casi golpeado en sus labios.
-Puedes permanecer aquí o puedes irte, pero ahora será diferente, pues veo que hay algo que aún tienes que expresar
-Tuve una decepción amorosa
-Pues ese desafío puede hacerte comprender más sobre esas incomprensibles mujeres, dijo con un brillo en los ojos que sabía que él mismo no podía controlar
-Tu madre estaría orgullosa de tu éxito, pronto será abuela aunque ya no esté
El plato de comida fue devorado por mi hambre. Luego supe que era mi mente evadiendo el estrés psicológico que me causaba ese momento.
Estaba asustado y nada excitado con el recuerdo de la voz de Sandra, de sus labios, de su voz como salida de un manantial suave, y luego cambió la sensación a una agradable picazón al haberla recordado con su coño a mi merced y mis brazos abrazándola al completo. En cierto modo me había amado y si bien tenía un poco de envidia del pene de ese maricòn , sabía que yo era el bueno. Ya la recuperaría, no podía aceptar esta situación.
Silencio. Más silencio. No deseaba seducir a mi padre. Ignoraba lo que quería. No lo podía concebir. Por mi estómago pasaba la decepción y un miedo que era un hecho, la certeza de que algo moría, de que el deseo de venganza me quemaba un poco y de pronto mucho. Mi pene estaba erecto mientras mi corazón quería constreñirse.
Tenía que volver a su vagina, a aquel momento que me había sido arrebatado. Mis muslos excitados comenzaron a masturbarme sentado a ahorcajadas en la silla de madera, y sentían como nunca como un peso excesivo mis pantalones de mezclilla, que parecían tan rugosos como un metal oxidado por mi dolor reprimido.
Los muslos jugaban hasta que mi mano masajeaba por los pantalones bajando el cierre y dejando entrever mi prepucio que acariciaba, rebelde a masturbarme hasta que mi mano fue franca con mi bálano. Era hora de sacar todo mi pene y masturbarme francamente.
Pero atrás estaba de nuevo mi padre.
-Se ve que has tenido una decepción grande, que te va a obligar a hacerlo mejor y ser todo un chico fino
-NO, dije decidido, bloqueado por la vergüenza del momento y por la intensidad de los sentimientos, con el pene aún salido de bragueta del pantalón y la trusa.
-Tienes que evitar esos hábitos y convertirte en el adonis que las chicas merecen. Adonis. Pensé en la posible homosexualidad de mi padre, pues todo pintaba a una especie de engañosa seducción.
– Hay que saber comprender a la mujer desde dentro, sin dejar de ser hombre, y más cuando aún eres joven para llegar a ser bello y guapetòn.
No podía creer esas palabras de un hombre relativamente formal de 46 años, y con esa dulzura casi tierna de quien lamenta el destino de algo que se ha acabado, y al mismo tiempo goza de tener la suerte de su lado.
-Eres lindo Axel, y puedes tener una vida con esas cabronas mujeres que pocos pueden imaginar, siendo un príncipe, un amante silencioso del cual puedo estar orgulloso, que sepa que las tetas y las curvas son más que lo que se ve en la primera apariencia.
-Tienes un secreto, le dije en un reguero de emociones como pocas veces había sentido, entre la excitación y la derrota
-Sí, aunque sólo estaba esperando el momento justo para decírtelo
-Dímelo, dije sudando por el estrés, ya con el pene en su lugar en los pantalones, con un hilo de voz.
-Tienes una nueva madrastra, que es una excelente jugadora, hemos jugado y hemos ganado, y ella es rica con muchas inversiones, lo que te permitiría cómodamente irte a estudiar y olvidarte de mí, ya sabes, limitaciones y rivalidad mutua.
-No lo haré dije
-Entonces tendrás que hacer una muestra de amistad con tu madrastra, quien tiene buenas intenciones para tu futuro y de darte una cultura de una madre refinada.
-Como usted mande le dije, reprimiendo la ira
-Quiero que la seduzcas obedeciéndome, quiero que hagas tu mejor papel
-Sí señor
-Así se dice y vamos a celebrar
Fuimos al cuarto y me pasó ropa nueva que había comprado: Ropa Interior compuesta por unos bóxer negros con dorado y una camiseta ver sache con un polo blanco y pantalones de vestir negros rematados por un saco de lana y una corbata de seda con un estampado oriental.
Fuimos a cenar a un hotel de la ciudad considerado boutique, en donde pedimos caviar y unos steaks de salmón combinados con la música de un grupo por demás conocido que rara vez daba ese espectáculo en cabaret. Luego fuimos a un bar en una terraza, en donde se veían luces fugaces.
-es ese mismo exceso que te permite aprender a torear la soledad, me dijo retornando a su acento paternal
-Es como toda esa gente pasando sin mucho sentido- Me reì.
-Tu presentación será el miércoles – me dijo
Las miradas en la discoteca para las mujeres con sus pechos despampanantes y plenas de erotismo, con sus obligos solícitos y sus bragas prometedoras, en donde me sentí liberado al poder confesar, con la confianza en mi padre de mi deseo por bailar y excitarme. Sobra decir que una de ellas secretamente fue a mi habitación a intercambiar la noche de su cuerpo por dinero, a lo que mi padre sòlo dijo que llevar a los hombres con las prostitutas los iba fogueando como antaño ( a lo que dudé de tal conocimiento en él).
Esa prostituta era esa falsedad, como las burbujas del refresco, pero al mismo tiempo, una falsedad cierta, superficial en todo caso, con la indiferencia y profesionalismo con que me puso el preservativo con sus pies decorados con maquillaje dorado.
Y fue después de un masturbado orgasmo, sin demasiada pena ni gloria, que me di cuenta de que mi padre deseaba algo más, algo diferente al confuso incesto homosexual, aunque había erotismo en lo que deseaba que hiciese con él.
Podía hacer lo contrario, sin embargo me podría en sus manos. Me sentí relajado y abracé a la puta como oso de peluche, feliz por ese desahogo, sintiendo mi sudor complementado con el suyo, en la lujosa y espaciosa habitación, llena de objetos brillantes que le daban un toque poco verosímil al asunto.
No estaba satisfecho pero estaba confiado. No hubo masturbación al día siguiente, pero había un picor que caía desde una consentida frustración. Estaba viviendo el placer de ese momento. Y en el garaje había un nuevo porsche carísimo y un Audi a4 más moderno.
-Ese Audi està destinado a tì me dijo al oído
Pero tienes que actuar a la altura de tus materialistas gustos.
-Sí señor
-Tu madrastra te dará las llaves en su momento
-Sí papá Dije con una sonrisa de cachete a cachete
El día siguiente conocería a esa bruja que nos había hecho ricos, que sin embargo odiaba de antemano. Mi padre me dijo que me tenía un obsequio.
Abrì la caja y encontré una lata de metal como galletera con un prominente adorno de oro, que al quitarlo jalò la tela de lo que era un leotardo de tanga en seda púrpura estampada en relieve con caballos, como el que usan las bailarinas de ballet, pero con un claro espacio para el pene, que se unía con una cápsula independiente que se podía abrir y cerrar por tiras ingeniosamente entrelazadas para orinar, pero que cuando se cerraban constreñían ligeramente los genitales.
-Tu nuevo pijama de lujo, que estrenarás
Me sonrojé como nunca. Me parecía simplemente vergonzante la sola idea.
-Recuerda tu nueva vida
Le obedecí, sintiendo que caminaba hacia un espejo en un abismo.
-Buen chico – me dijo y me dio un beso en la frente empujándome a la cama y tapándome con las sábanas
Mi mente se revelaba, una parte de mí quería escapar de ser ese arlequín en el que me convertiría, pero otra parte aceptaba divertida el juego de poder de la sumisión, en el cual podría aspirar a poseer, por compromiso a mi propio amo. No podía creer que ese hombre fuera mi padre. Pero le admiraba, estaba orgulloso.
Cuando, a medianoche fui al baño, había un frasco de laboratorio que decía con una etiqueta fluorescente pon tu muestra de orina aquí.
Le hice caso y oriné en el frasco, sospechando lo peor.
El día había llegado, para lo que, después de estudiar, me presenté como me habían citado en la dirección de mi nueva madrastra, una gran casa minimalista con un comedor de madera fina de una sola pieza sacada de un árbol colosal arrebatado a alguna lejana selva.
Y allí estaba ella, una chava de 29 años, con pelo rojo como el fuego y ojos negros, con un talante de una piel de una lisura difícilmente descriptible y de casi 1.90 de altura.
Unos pechos firmes aunque no tan abundantes me arrebataron una breve erección que logré disimular.
Sorprendido por la coordinación de las personas que le ayudaban y la amabilidad de ella que rompía con el estereotipo de la “lady” infumable. El desayuno consistía en una ensalada con pescado ( tan extraña en el desayuno) y jugos de frutas multicolores en esa aséptica casa con su estilo minimalista tan sugerente.
Más allá del comedor, se veían varias escaleras que conducían a terrazas que lograban privacidad a pesar de no tener puertas, pues se perdían de vista. A la derecha de donde estaba sentado, la piscina se hallaba en una especie de foso a desnivel con el desnivel propio de la casa en donde continuaba un gran jardín, y era rematada por una pirámide de vidrio de una especie de polarizado que tenía un lujoso azul claro.
Y sobre el agua se hallaba un peculiar basamento en forma de senos femeninos perturbadoramente esculpidos en madera con barniz seguramente a prueba de agua, entre los cuales había una base con dos espacios para pies marcados, desde el cual salían cables de acero delgados pero, a mi juicio capaces de soportar toneladas y de esos cables se sostenían unas bolas de mármol, de las cuales salían unas cadenas recubiertas de plástico amarillo y finalmente unos grilletes que por fuera eran de una felpa blanca parecida a la lana natural, estando de otros dos cables en el sentido opuesto a los primeros un carrete con más cadena plastinada terminado en dos esposas de felpa. Al fondo colgaba un collar de cuero elaboradamente grabado y una pelota de pilates.

La madrastra, llamada Ana era escritora. La conversación versó sobre mundos imaginarios en donde los hombres son recluidos en ciertos centros donde son abordados por amazonas llegada la estación.

-Te presento formalmente a tu madrastra, Ana Dijo mi Padre
-Encantada, Manuel, dijo sin cortapisas
-Sabes que tenemos la misma voluntad
-Sí, así es, rió mi padre con sarcasmo
-Es natural que me odies y es parte de la historia, pues soy la villana, pero lo que hace diferente a esta historia es, que si obedeces te enseñaré a amarme, me dijo Ana, de Frente
– ¿ Traes tu credencial de elector, Mi Hijo?
-¿ Qué te importa?
( Ana se limitió a reír con aires de superioridad)
En otros tiempos, tu padre diría haberte vendido a mí para ser mi juguete. Y despreocupa, lo hago porque te amo. Amo lo que puedes ser. Me convertiré en madre, sin olvidar a tu primera madre, me adueñaré de tu ombligo y tenderé un nuevo cordón umbilical con una mantis y tú a cambio gozarás de muchos privilegios que ni siquiera habías soñado. De todos modos, basta el chantaje.

Le dí a Ana Mi credencial de elector y sacó su celular, apretando sólo un código.

Una puerta al fondo se abrió y salió un hombre en un elegante traje blanco con una credencial. Soy el Doctor Jiménez, abogado y cirujano estético y vengo a comentarle de lo que me dijo su padre, tomando en cuenta que es mayor de edad, y su estado de salud es bueno, a lo cual le encargaremos análisis adicionales y otorgue su consentimiento informado y libre, que dada su naturaleza me otorga poder a realizar bajo mi discreción y arbitrio médico.
Entendí el negocio, la traición de mi padre no era absoluta, pues yo también me entregaba.
Adelante -Dije
Tomó su Celular y activó la grabación
-Repite cinco veces: Doy mi pleno consentimiento a todos estos procedimientos médico-quirúrgicos
-”Doy mi pleno consentimiento a todos estos procedimientos médico-quirúrgicos”

”Doy mi pleno consentimiento a todos estos procedimientos médico-quirúrgicos”
”Doy mi pleno consentimiento a todos estos procedimientos médico-quirúrgicos”
”Doy mi pleno consentimiento a todos estos procedimientos médico-quirúrgicos”
”Doy mi pleno consentimiento a todos estos procedimientos médico-quirúrgicos”
”Doy mi pleno consentimiento a todos estos procedimientos médico-quirúrgicos (:…)”

Un momento. Ana, en un impulso descubrió uno de sus pechos y me lo mostró abiertamente, lo cual me provocó una excitación tal por su talante altivo que asumí lo que estaba haciendo.

El doctor regresó con equipo para tomarme muestra de sangre, lo que fue también toma de iris y de huella digital en un dispositivo electrónico. Era un momento de placer, algo me hacía abandonarme y confiar.
Ahora, formalicemos nuestra unión en esta carta moral, dijo Ana, quien sacó un documento en donde se comprometía a ayudarme de manera vitalicia
-¿qué necesidad tienes de hacerlo?
-Sólo juega tu papel, respondió
Lo firmé con gusto y ese pecho fue lamido por mi joven lengua, aunque fuese de la amante de mi padre, allí, sin pudor delante de él.

Firmé una cantidad de papeles de la que perdí la cuenta. Me estaba entregando completamente. Comencé a llorar, indefenso hecho del cual me avergoncé y el doctor con total frialdad sacó de su maletín el cojín para apoyar mi mano secándome él las lágrimas con la actitud de quien degolló un pollo.

El alcohol fue puesto en mi brazo y la aguja llevó a tubo de ensayo la muestra, implacable

Te amaré por siempre y mamarás de mí, hijo mío, mi obra de arte

Ahora acompáñame a la alberca, hay que estar solos tú y yo como madre e hijo antes de que me case con tu padre, así nos entenderemos mejor. Sacó un estuche de su injustificablemente caro bolso de diseñador y vi un insecto con unos ojos impresionantes hecho en metal brillante con un micro-display similar a la de los nuevos relojes inteligentes pero mucho más pequeño en el cuerpo redondeado del insecto, que tenía en la parte de abajo protegidas por una membrana de vidrio que decía “quirúrgicamente estéril”. Mi padre estaba desabrochando mi camisa, y cuando razoné, un terror como nunca antes había sentido se adueñó de mí.

Con pulso ágil, Ana impuso la mantis sin la membrana en mi ombligo, lo que me hizo sentir que mis entrañas se desgarraban y sangraba algo muy profundo en mí. Y allí estaba la mano de mi padre reprimiendo el grito, mientras las patas de la mantis se cerraban en torno a mi ombligo que escurría sangre y adoptaba una forma triangular, al quedar atrapado en una parte de abertura más fina a la altura de la cabeza, y una parte más gruesa por las patas traseras del insecto simulado. Recordé la escena de tortura de Matrix, pero ahora me parecía muy erótico, mientras el recuerdo de Sandra persistía.

Una vez limpia la herida del ombligo me pidió que la acompañara a solas a la piscina, a lo que accedí entre las lágrimas y con todo el cuerpo a punto de vencerse y temblando. Ya había visto lo que me esperaba en aquel lugar
Recordé lo que me dijo mi hermana ( que debería estar disfrutando en algún centro comercial del nuevo estilo de vida de la familia, sin considerarme a mí o a mi padre “ Eres tan pervertido que podrías querer a tu madrastra” Ahora sentía coraje por todos los momentos en que no había valorado el esfuerzo de mis padres, y yo me sentía el hijo de mi papá con una conexión que difícilmente podía ahondar y explorar.

En cierto modo había perdido libertad, pero sabía que ella me daría libertades que no me había atrevido a imaginar, por lo que le entregué mi cuerpo alegremente: En esa base colgante de la piscina de su gran casa minimalista y modernista me puse las decorativas cadenas en pies y manos, que fueron restiradas por unos carretes para tal fin, dejándome, junto con el bello y artístico collar a merced de mi madrastra, quien sacó un pecho de su atuendo, haciendo que me enamorara de la perfección y firmeza de su teta, mientras mi frustrado falo sudaba a gotas líquido preseminal. Era el elegido.
-Mama de aquí, hijo
Arriba del agua, todo mi cuerpo estaba en éxtasis. Mi ombligo se sentía conectado a lo profundo de mi abdomen y podía sentir, como mi pudendo vibraba, mi pubis era libre de luchar por ser libre, y el placer subía de mis genitales a todo mi cuerpo en esa posición extasiada. Reí con alegría real, con lo más cercano a la felicidad que había conocido
-Gracias madrastra, Gracias Bruja –le dije
-Quiero que sea libre, pero para eso hay que romper ciertas cadenas que se deben imponer primero.
Todo mi cuerpo estaba lleno de goce, hasta mi postura era un salto feliz, mi obligo que había dolido a raudales, agradecía tener la mantis, joya electrónica que me había instalado, como un nuevo cordón umbilical, e hizo conciencia, lleno de un placer liberador del olor de mi propio pene a punto de explotar mientras me acercaba el seno a los labios….y en ese instante sentí un indescriptible orgasmo en todo el cuerpo que me hizo temblar y reír gritando de placer, vibrante desde la base de mi cuerpo y mi ano por toda la pelvis hasta mi garganta, liberando también un chorro de semen sobre su costoso atuendo de seda. Estaba totalmente amarrado, pero estaba volando, sintiendo su sabor de mujer como un hecho que pocos novelistas imaginativos se atreverían a imaginar, una sensación cautivante de admiración por ella, que acariciaba simpáticamente mi cabeza que seguía los movimientos de sus duras tetas que en vez de amamantarme me penetraban y me absorbían, me llenaban de deseo de ser una con ella, disipando el miedo de traicionar a mi padre.
Distraído por ese pensamiento ahora trivial, volví a la realidad en donde estaba sorprendido de cómo fue posible que me hubiera permitido llegar hasta aquí. Había apostado y apostaría una vez más
-¿Me quieres?- Le dije
-Claro que sí, aunque no te habías dado cuenta de eso. Te quiero como a un hijo y mis hijos deben estar preparados para fortaleza superior de la mujer que apaga rápidamente el fuego de los hombres, que se extingue en un segundo sin dejar nada, de manera frustrante. Quiero que encuentres placer en las circunstancias más dolorosas, que yo sea sólo un espejismo entre tantas mujeres y hombres. Quiero que cuando ames, lo hagas como un rey. Y deberás empezar por ser un mendigo. Sus palabras me devolvieron a un estado aterrado. De golpe me ensimismé, aunque me controlé, tenía que demostrar fuerza. Podría denunciarlos por chantaje, pero de poco serviría, además nada se compraba con la oportunidad que ahora tenía, que me llenaba de coraje para seguir en mi propio rumbo. Perdía más de lo que ganaba. Y deseaba dominar, como cuando una Reyna tiene una corte ingente.
Aún elle es esclava de su jerarquía y debe seguirse a sí misma, para no perderse entre su propia importancia.
Ahora se había ido y me había dejado atado con mis pensamientos mustios.
Y Se prolongó la espera con mi falo que volvió, paulatinamente a la erección. Sentía una mescla indescriptible de emoción, curiosidad y riesgo. Me preguntaba de dónde había obtenido tanto dinero y qué había visto en mi padre, cómo le había contado, como mi padre había planeado traicionarme de esta manera…o salvarme. La ira cedía paso al abandono, y sentí, como si fuese algún monje oriental, una calma procedente del vacío. No había nada que hacer….nada.

Así paso un tiempo que no me atrevería a medir, pero fueron como unas dos horas en ese suspenso total….mi silencio no se vio interrumpido por mi padre, sino por el doctor que me informaba que estaba en un buen estado de salud, sin problemas como ácido úrico, creatinina o diabetes…-un poco de colesterol-, dijo -Pero nada que no se pueda corregir con el ejercicio que harás para tener una excelente figura.
Por cierto, hoy tienes una cita a domicilio, para la depilación, puesta de clavos quirúrgicos, circuncisión y anillo de silicona a las 9 de la noche.
La enfermera se limitó a desinfectar el espacio que quedaba en mi nuevo accesorio en el ombligo.
También me dio en la boca pastillas de antibiótico.
Después llegó mi madrastra y dijo que fuéramos al centro comercial a tomar un café.
En el carro decidí probarla con la mirada severa, como de quien tiene un secreto de muerte del otro.
Casi sin darle importancia, estaba manejado el Audi. Algo que me hubiera llenado de emoción me daba casi indiferencia. Tenía todas las dudas y ninguna forma de enfrentar la situación.
Me quemaba por dentro.

Ya en el café de gusto moderno, me impresionó un cuadro de formas abstractas en donde un ojo parecía hecho de cabellos en diagonal, pleno de sensaciones táctiles. Un pastel patéticamente caro recubierto de fresas y hoja de oro comestible fue ordenado por la friolera de 250 Euros
Sin dudarlo se dirigió con el encargado de la galería y lo compró por un fuente monto de dinero.
-Nunca te diste cuenta todo el tiempo que te espié y te desee-
No pude más que un sonrojo que parecía trivial a esas alturas.
No podía hablar, estaba rebasado.
Tomamos el café en silencio, que duró una larga hora.
Fuimos a pasear por las tiendas, en donde cumplió todos mis caprichos, desde de los tenis Nike más caros hasta una edición especial de un conocido celular con carcasa en Oro Blanco y Titanio, pasando por una Laptop Tesla Workstation al precio de un auto compacto, con todas las tarjetas imaginables de video ( recordad la fecha en que sucedió, 2012), Ropa de diseñador entre la que destacó las camisas de Armani, Unas camisetas mandadas a hacer a otro diseñador particular por 1,700 Euros y 2,000 euros de Bóxers los un reloj futurista de 4,000 euros, un cinturón entrelazado de Carolina Herrera de 300 Euros unos audífonos de 1,800 euros. También se encargaron unos lentes y accesorios personalizados que no describiré a detalle por 5,000 Euros.
Puesto me llevé una chaqueta Hermes con una pluma de Dalí de 7,000 Euros que se venía más para un chavo como yo y un anillo de piedras de colores masculinos También me impuso unos aretes de 9,000 Euros a los que se les añadieron unas esmeraldas con mis iniciales que dijo, me serían puestos al hacerme los agujeros en casa También compras de deporte por 6,000 Euros más. No lo más caro del mundo, pero más dinero del que había visto alguna vez junto en persona.
Y desde luego, el corte de pelo, con un simpático estilista con el que conversé un buen rato. Un chico muy conocedor de videojuegos y posgrado en diseño, que, utilizó un champú burbujeante, uno suave, dos muy aromáticos y muchos pasos para dejarme un peinado que elegí con confusos pero harmónicos rizos y levantamientos.
Casi Todo el valor de nuestra hipoteca, gastado así, en unos instantes.
-La haz pillado me dijo en un arranque sospechoso e incomprensible una vendedora.
Toda una fortuna en un solo día. Eso sí, me dio una tarjeta de crédito adicional y me dijo que me sujetara a ella en lo sucesivo, aunque me quedé incrédulo de la línea.
-Eso sí, el banco tiene instrucciones de no dar ni un centavo en efectivo por ningún concepto.
-Así observaré cada paso que das…rió…pero podrás hacer tu vida, ya lo verás.
-Vayamos a tu casa de antes, tu padre la venderá para olvidarse de la deuda.
Le dí una cachetada tan irracional como el beso que le había dado en la boca a mi padre.
Sólo sonrió, lo que me dio una sensación de poder como pocas veces en mi vida.
Fuimos al departamento y la tristeza del recuerdo de mi madre, y las dudas sobre mi padre me cegaron. Vi la ventana abierta y pensé, por un momento fugaz en el sinsentido y la arbitriedad de mi vida. El pensamiento de terminarla era depresivo y al mismo tiempo patéticamente erótico.
Revolví lo principal en la maleta, bajé cerrando la puerta y fui al carro. Había que llegar a la temible cita.
Llegar a la que sería mi casa desde ese día fue interesante, con sus muebles divertidos y únicos en forma de cuerpos humanos jugando libremente en el lujo del espacio inmenso de mármol que resaltaba cuadros antiguos y modernos que fascinaban. Había un cuadro religioso de un ángel violinista mirando desesperado y enojado a una tempestad, en un espacio al otro lado de la alberca que albergaba una biblioteca en espiral en la cual se podrían hacer unos 6 pisos habitables en mi fascinación por el gran terreno que ocupaba esa casa y sus inexpresivos, caras e implacables paredes de mármol aséptico.

Subiendo por ese espacio a la izquierda había una sala con una pantalla enorme de 90 pulgadas y sillones minimalistas recubiertos de verde. Una gran puerta de vidrio polarizado en dorado, como un lingote de oro simple y sin adornos mostraba mi nombre en un display electrónico.
-Pon tu mano
La puerta se abrió por un sistema automático, dejando ver un increíble espacio con terrazas ingeniosamente colocadas a desnivel, de tal manera que había un balcón enorme donde se podía ver la ciudad con una mesita de lectura, un espacio grande encerrado en un domo geodésico de vidrio azul oscuro, una escalara que subía a un espacio de lectura y en la esquina un reluciente trombón conectado a unos tubos de agua, con un respaldo con correas de cuero y barras para agarrarse, que quedaba claro que era el servicio. Viendo más de cerca se podía apreciar un control en una pantalla táctil junto con un perchero.

Ana me explicó, que como en las misiones espaciales, había que atarse de frente para orinar y que el mecanismo se acercara para recibir la orina y luego de limpiarse él mismo y dar los análisis de salud comunes, arrojaba agua a presión por todo el cuerpo del trombón aseando a presión y masajeando ligeramente los genitales. Se lograba privacidad en cada tramo de aquel cuarto por el ingenioso uso de los desniveles. No podía creer que semejante espacio fuera sólo para una persona, con sus armarios de material plástico iluminado como una nave espacial alrededor de todo el cuarto, con su luminoso de madera clara.

Llegamos arriba de una escalerilla a la derecha, a una plataforma donde hubo una imagen que me hubiera hecho orinarme si no hubiese orinado un minuto antes: En una esfera de madera con una pantalla LCD curva que simulaba muchas pantallas llenas de indicadores, había un sillón tipo ginecológico, que podía girar sobre su propio eje y tenía correas para el cuerpo. Era evidente que sería mi cama. En un mueble contiguo se hallaba un sistema como de quirófano de asepsia, de electricidad y de oxígeno. Se habían puesto mantas y cojines que se veían cómodos suavizando la escena. Un último detalle era un carril de nado que salía mágicamente de la sala contigua, y terminaba en otra especie de sala que fungía como estudio con enorme sillón de ruedas de piel y una gran computadora Apple. Y para confirmar mi temor, vi detrás de mí al Doctor.
-Habéis Firmado: “Manifiesto explícitamente, que dadas mis preferencias y aficiones, lo que suceda en cuanto a juegos de manipulación corporal violetos y de cambio que tengan poco o moderado peligro para mi integridad, forman parte de lo expresamente consentido por mí, y en plena potestad de mis facultades y con el arbitrio médico necesario manifiesto mi consentimiento informado para someterme a estas situaciones, renunciado de manera absoluta a denunciar de manera alguna o emprender ninguna acción jurídica relacionada con supuestos tratos crueles, inhumanos o degradantes o por privación ilegal de la libertad de manera ilimitada, salvo cuando la ley indique terminantemente lo contrario”.
Me quedé mudo.
-Ok, en observación de lo anterior, bienvenido vuestros nuevos aposentos, caballero. Cualquier pregunta relacionada con vuestros procedimientos y modificaciones podéis preguntármela ahora.
La excitación indescriptible y trepidante volvió a recorrerme.
¿Cómo lo haréis?
Básicamente, insertaré un clavo transuretral que sostendrá un implante de silicona con grafeno y células de piel cultivadas remplazando parte de tu meato, por lo que abriremos separando tu glande en erección, para que el material pueda ajustarse a tus reacciones, y luego, en lugar de los clavos pondremos una inserción uretral que mantendrá la distancia, aumentará el orificio uretral y será la combinación perfecta para tu piel joven, logrando el efecto de hongo combinado con una cicatriz invisible y la remoción del frenillo, eliminado también la práctica totalidad de la piel restante y podremos un sensor que sustituirá al prepucio mediante una manga de silicona, que a su vez jalará un cable que aumentará el largo de tu miembro. Pocas personas en el mundo pueden acceder a esta sofisticada cirugía, y la hemos llevado a casa sólo para ti.
Deseaba que estuviera mi padre para defenderme, pero tal pensamiento resultaba inútil.
Mi madrastra tomó su celular, y con una aplicación, activó el sensor del accesorio en forma de Mantis ( Para quien no haya visto una la podéis buscar en google) que empezó a emitir unos sonidos como un violín opacado al exterior, mientras podía sentir en todo mi vientre los ruidos que producían….y un piquete eléctrico en mis entrañas desgarrador. Luego sentí una picazón similar a cuando los pies se adormecen pero unas mil veces aumentada en todo el cuerpo que me paralizaba. Luego se calmó. Comprendí que no tenía otra alternativa que obedecerles. Sabía por intuición que el insecto figurado en mi ombligo era una trampa mortal para dominarme. No había alternativa.
-Es la última oportunidad, su madrastra está dispuesta a echar por tierra esto si no es su voluntad.
-Si quiero, dije lleno de conflicto interior y placer perverso.
-Desnúdate
Seguí la orden sin pensar. Mi mente estaba vacía.
Dos enfermeras habían llegado y ya estaba ayudándome a pasar a mi cama, la cual se inclinó y mostró sus reposapiés, los cuales recibieron mis pies y muslos que fueron amarrados con correas de cuero, dejando en la indefensión total mi ano y genitales completos en esa posición de piernas elevadas, separadas al máximo e inmovilizadas. Las chicas vestidas de enfermeras dieron un masaje a mi pecho que me llenó de un placer intenso, e hizo que tuviera una sensibilidad en las tetillas que no había sentido antes.
Luego me pusieron una loción de un fuerte olor que me provocó cosquillas y una sensación de adormecimiento, que se fue convirtiendo en una sensación de burbujeo muy relajante. Fue mágico como mi mente se concentraba en el placer del momento y en lo atractivas que eran después de todo, las chicas. Mi pene, insatisfecho, volvió a hacerse duro y rígido. Un masaje delicioso siguió, aunque sin tocar mi viril órgano, untando un aceite de una untuosidad que me excito y me hizo sudar con la piel abrillantada. Me explicaron que se trataba de un tratamiento multivitamínico. Para complementar me inyectaron en el brazo otra dosis multivitamínica para tener más resistencia en el procedimiento. Después aplicaron una crema de hidratación profunda muy fresca en mi piel, y después una pasada de limpieza con burbujas de oxígeno que salieron de mi propio y sofisticado dormitorio ¡cómo deseaba que esos labios chuparan mi sexo!.
Ahora aplicaban una crema para rasurar en las zonas de mayor bello, para lo cual levanté mis brazos que fueron sujetados por nuevas correas. La zona del pubis y el ano fue incluida pasando una rasuradora eléctrica bien afilada.
Después, el Doctor en persona sacó de mi propia cama que se convirtió en una silla que me tenía casi parado, una pistola de depilar y un faro de luz especial, y se colocó una máscara similar a la de soldar. Venía esa luz que se acercaba, así como un calor intenso que por zonas recorría mi cuerpo. Me colocaron una venda en los ojos para que no los abriera, pero alcanzó a ver que prendían una luz aún más intensa, y me aplicaban un nuevo ungüento que me provocó una sensación intensísima de calor, especialmente cuando lo sentí, de manera indiscriminada en mi ano. Sentía que me iba a quemar, pero era más el placer. Podía haber eyaculado en ese momento un gran chorro, pero tenía que darme mi lugar. Me concentré en no hacerlo, y sentí una sensación de frustración y al mismo tiempo de poder, que sólo era interrumpida por un dolor punzante cuando sentía que pasaba la pistola de depilar por las diferentes regiones de mi cuerpo.
La cama de nuevo era cama, esta vez en posición con el vientre hacia abajo, con lo que pasaron la máquina por la región de mis nalgas y la parte trasera de mis piernas.
Sin darme cuenta, por retener mi excitación eyaculatoria por no haberme podido masturbar auqel día (pese a haber hecho un buen chorro de semen) estaba haciendo tensión y distención muy intensa con el ano, lo que me hizo gemir intensa y decididamente, como la mujer que finge exageradamente un orgasmo…pero esta vez era sincero. Luego me quitaron la venda y vi mi cuerpo ligeramente aclarado por el tratamiento y completamente lampiño, con un tono parejo y lleno de vida, que me parecía hermoso.
-Ahora sufrirás
Ana pasó por mi piel una especie de lápiz destructor de las raíces del vello dándome toques con un dolor que me impulsaba a olvidar todo y salir corriendo. Pero eso era imposible. Pocos dolores eran así. Cada toque era un verdadero infierno. Pero mi polla seguía excitada. Cuando tocó cerca del ano, intenté gritar de pavor pero yo mismo me detuve. Iba a ir al final del destino que yo mismo me había forjado al haber aceptado hasta por segunda vez. No podía concebir revelarme, tal vez de mi padre en un mundo en que realmente no tenía muchos lugares a donde ir o qué hacer. Este sufrimiento horrible era parte del excitante drama de mi vida.
Salí del sillón-cama de operaciones para un breve descanso y apreciar mi belleza. Ese corte me iba muy bien y la piel suave como la nieve me gustaba mucho. Vi atrás la mano de Ana, que aplicaba una base de maquillaje en mi cara y conservaba una sonrisa sutil. No podía leerla del todo, no era totalmente predecible, parecía escuchar lo que le decía y sin embargo imponer su dominio contundente. Pude ver en el espejo como agregaba colores balanceados a mi cara que me gustaron mucho. Esa experiencia de maquillarme ahora me hacía sentir como la persona más importante que pudiera estar en la ciudad.
-Adelante mi héroe, dijo en voz baja para placer de mis orejas.
Por mi propio pie volví al sillón, donde volví a ser atado en posición de mujer que va abortar y fue inclinado atrás el respaldo de las piernas y separado para tener acceso a mi recién depilado ano.
El doctor lo comenzó a acariciar por la superficie teniendo una precisión de digito puntura en los nervios más sensibles lo que trajo sensaciones que no hubiera imaginado en mi virginidad rectal.
Luego comenzó a abrir y cerrar la parte interna de mis nalgas y las dejó para volver a aplicar presión sobre mis muslos, a lo que me resistí para no relajar la pelvis y conservar mi erección. No tocaba mi pene. Sólo mi ano, creciendo mi frustración. Mis gemidos eran casi gritos como una respiración suplicante ante el mar de placer.
De nuevo emití gemidos de verdadera y experimentada puta. Ya no tenía orgullo ni nada que perder. Como si fuera una nueva crema esa quemazón triste me recorrió. Pero el masaje era implacable, los estímulos eran implacables. Me dolía la cabeza y la espalda, dolor que desapareció cuando aplicó un lubricante con un vigoroso masaje. Ahora mi ano urticaba y quemaba, como cabezas de alfileres al rojo vivo. Y lo sentí. Un nuevo placer, que no dejaba espacio para nada más. No había pensamiento ni sentimiento por un momento. Me di cuenta de un orgasmo más prolongado que los otros que había tenido.
Sólo ausencia total, placer total. Era un orgasmo seco con un epicentro fuerte en la próstata que había sido alcanzada por los dedos del doctor. No sabía cuánto aguataría tanto placer y tanto miedo.
Fui dejado con las piernas hacia arriba separadas, el doctor metió y sacó rítmicamente su dedo, hasta que salieron flujos de mi próstata masajeada, sintiendo un alivio tremendo.
Las enfermeras pusieron un spray antibiótico, que urticaba un poco pero muy poco en comparación a la primera sensación. Me di cuenta que, de un cajón que funcionba como autoclave, mi madrastra ya con tapabocas y un pijama quirúrgico sacaba una gran colección de instrumentos cortantes, tijeras, punzones y tubos de distinto tipo.
-Nagggh! , traté de articular, pero cuando iba a gritar un pecho desnudo de mi madrastra entró en mi boca. Era mayor la excitación, todo lo que me estaba pasando me parecía muy erótico, por lo que dejé que sus pezones jugaran en mi boca, mientras mi pene era violado en su sacralidad por una sonda caliente de metal puro. Mi ego estaba destrozado, no me quedaba nada en el mundo. Lloré como un niño desesperado, sin poder distinguir entre placer y dolor, pues cada estertor hacía que mi pulsión creciera. De nuevo mi falo era protagonista de un placer nuevo.
Todo el cuarto vibraba por mis roncos lamentos.
-Me gusta que llores, pues con tus parejas te hará reír. Tu pene será tu vagina….y movió rítmicamente la sonda entrando y saliendo, produciendo un placer que desde la base del pene hasta mi pecho pulsaba de nuevo, listo. Me detuve. Un clavo de acero quirúrgico fue clavado en mi pubis, y de este, con unas pinzas quirúrgicas se puso un anillo en la base de mis depilados genitales doloridos.
Como para prolongar la agonía, de la manera más trivial me comenzaron a hacer manicura, como queriendo prolongar el dolor de esa punzada…una vez que hubieron terminado yo mismo me distraje con lo sinceramente bonito que se veían mis uñas bien terminadas y barnizadas.
Estaba atado, mi cuerpo estaba a su merced y encima me entregaba, me humillaba yo mismo.
Las pinzas quirúrgicas ahora torturaban mis orejas, que no sólo eran perforadas sino eran presa de un alambre elástico que las separaba y servía de soporte para los accesorios que me podrían, el arete de oro y unos extensores.
Tenía más placer que miedo, ante mi inminente circuncisión, pues el sillón tipo ginecólogo me devolvió a la postura sentada normal, y fue puesta bajo mis genitales una charola también de acero quirúrgico.
La sonda fue conectada con el anillo de la base de mis genitales, por una abertura que fue hecha en mi pene que comenzaba con un punzón que comenzó a herir mi prepucio sin anestesia alguna, produciéndome el dolor más grande que había sentido nunca jamás., incluso desde el accidente que había tenido. Un bisturí fue rápido y limpio y afilado, dejando un dolor casi imperceptible que creía lentamente pero era mayúsculo entre mis lamentos roncos y mi cuerpo brillante por la ira y el sudor.
Con unas pinzas largas, mi frenillo fue brutalmente arrancado.
Pero no grité. No tenía fuerzas La sangre comenzó a fluir pero fue atajada por pinzas que cortaban la circulación y mantenían restirado mi prepucio, proceso que se repitió del otro lado de la sonda, que ayudaba a mantener la forma de mi pene. Un anillo de silicona fue puesto, con otro extensor de metal. No había regreso, me estaban modificando de por vida. Y lo disfrutaba. Confiaba.
Muy despacio y con cuidado le cortó la piel, de arriba hacia abajo a la izquierda, luego a la derecha, lo más cerca que pudo al margen del glande, para poner una tira de silicona que haría el efecto del aumento. No pude más con el dolor y me quedé desmayado. Pero sin gritar.
Cuando desperté, la herida dolorosa todavía estaba allí, recogida con más de 10 pequeños clavos que torturaban la base de glande como piquetes de abejas repartidos por toda el área que había cubierto mi prepucio, y mi pene había sido lavado y recubierto con agua caliente lo que lo dejaba sondeado, erecto y desnudo, como una serpiente que había visto en la primaria, despojada por ella misma de su piel para que le creciera otra. Porque todo mi pene era una culebra color sangre brillante, sin piel pero erecta, a punto de explotar y de quemarse. La sensación era cada vez más intensa mientras despertaba, y pude ver con terror como prácticamente no tenía piel. Era solo esa culebra furiosa, agonizante, pervertida. Con toda frialdad mi madrastra me trajo una charola para que vomitara. Ni así la iba conmover. Mi boca fue limpiada Y esta vez sí vi un falo erecto obviamente reprimiendo mi grito de dolor. Lamí su prepucio de fuerte olor. Era el de mi padre.
-Serás fuerte en la vida al beber de la semilla de tu padre, que no pudo beber tu abuelo.
Él solo vestía una bata, y se vería que la bruja, mi madrastra lo había dejado para el final, pues no había podido ver la suerte de espectáculo que habíamos hecho. Sabía que ella me ayudaría a vengarme. Las lágrimas seguían fluyendo, mientras el pene casi ahogándome me hacía sentir el áspero pubis de mi padre junto a mi joven mentón. Fui desatado por el doctor para que me pusiera de rodillas para mamar a mi padre.
-Ya eres todo un hombre, tendrás mucho éxito con las mujeres, Dijo con un placer susurrado y eyaculó en mi boca.
Me pusieron un artefacto como un cinturón de castidad de varillas que detenía la herida del glande y lo empujaba, alargando todo el pene.
Un chorro de champagne estaba en mi boca. Los presentes brindamos.
-Tengo dinero pero mi familia no me quiere. Era todo frialdad. Así necesitaba alguien a quien hacer sufrir hasta que me amara, y me enamorado de tus ojos. Si no éramos de sangre, había que hacer fluir tu sangre, hijo mío.
-Gracias, mamá, le respondí
-No soy la clásica dominante, en verdad quiero que hagas tu vida y eso sólo es posible experimentando el verdadero dolor.
-Tu cita en el hospital será en 2 meses
-Gracias
Las intervenciones fueron un éxito, y en verdad, pude volver a seducir a mi novia, quien se impresionó por mi nuevo aspecto por artificial que fuera y mi nueva perfección con ese cuerpo hermosamente marcado. También mi madrastra pagó la colegiatura de la universidad más prestigiosa de la ciudad, muy conocida pero que no viene al caso su nombre.
Fueron semanas a toda felicidad, pero algo comenzó a atormentarme. Deseaba que mi padre no quedara impune, pese a que amaba a mi madrastra….Tengo de todo, estoy en el placer y el éxito, sólo me falta la venganza.

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Mis vecinos

Creo que antes de nada debo presentarme. Mi nombre es Pedro. Soy un chico normal, mido 1’75 peso 80 kilos, llevo la cabeza afeitada, moreno, casado, sin hijos, etc. Centrémonos en la historia que quiero contaros. No sé porque aquella noche quise salir a tomar algo. Mi mujer había ido a Madrid a cuidar a su hermana y sobrinos que habían caído enfermos y yo me quede solo en casa. Supongo que fue el hecho de querer salir de la rutina lo que me llevo a aquel bar de copas. Me apetecía salir a comprobar el ambiente de la noche y las chicas. Uno siempre sale con la ilusión de triunfar una noche aunque luego nunca sucede nada. Aquella noche fue todo distinto. Me pedí una cerveza, me acomode en la barra, y me dedicaba a mirar como bailaban en la pista y a buscar con la mirada alguna interesada. Llevaría unos quince minutos allí cuando vi bailando a mi vecina Eva. Eva es bastante delgada, podría decirse que en extremo,, mide 1’60, rubia, melena larga y una piel perfectamente bronceada. Tiene un culito que incita a tocarlo solo con ver como lo mueve, y unos pechos grandes y bonitos en proporción a su cuerpo. Ella sabe de su deseado cuerpo y le gusta lucirlo con vestidos provocativos y la verdad que lo consigue. Tiene a todos los vecinos masculinos babeando y disfruta con ello pero nunca ha ido mas allá de la simple provocación. Verla allí bailando me pareció divertido, verla fuera del ambiente de escaleras y ascensor al que estaba acostumbrado me pareció interesante. Llevaba un vestido suelto azul celeste de tirantes y unos zapatos de tacón. Me extraño no ver a su marido Esteban. Esteban es castaño, ojos verdes, 1’80, 70 kilos, con buen cuerpo. Él para los vecinos es un ser muy raro tan pronto es la amabilidad en persona como puede que no te dé ni los buenos días. Yo seguía mirando a Eva, su manera de bailar, de moverse, era la atracción de los chicos. De vez en cuando se acercaba alguno buscando el roce, y después de permitírselo unos breves segundos, lo separaba como buscando espacio para seguir luciéndose ante todos y así continuamente. De pronto ella hizo un movimiento de cabeza hacia mí, y nuestras miradas se cruzaron. No tardo un momento en bajar la cabeza y mirar hacia su izquierda. Allí estaba Esteban, disfrutando al igual que yo del espectáculo de su mujer. Parecía relajado, nada celoso, disfrutaba de ver a su mujer tan provocadora. Eva dejo el baile y se acerco a él. Estuvieron hablando un rato, y al momento ella continuo el baile aunque algo menos llamativo. Parece que mi presencia les incomodaba. Yo no quería ser un impedimento para ellos, y además también me fastidiaba perderme el espectáculo ya que por mi culpa se había acabado. Así que decidí ir a saludar a Esteban. Me acerque a él.

– Hombre, Esteban, como estas?
– Ey, Pedro, no te imaginaba por aquí. Donde esta Ana?
Ana es mi mujer, por un momento había olvidado que yo también debería pasar desapercibido para no tener que dar explicaciones. No estaba haciendo nada malo, pero era algo fuera de lo habitual en mi, y al final siempre hay que dar explicaciones. Pero decidí mostrar indiferencia.

– Ana, está en Madrid, una de esas gripes. Ha caído su hermana y los sobrinos y ha ido a echar una mano. Así que aquí estoy. A Eva ya la he visto bailando.
– Si, ella disfruta bailando, yo soy más de apoyarme en la barra y verlo todo desde la barrera.
-Pues, yo ya me iba. Llevo aquí un rato y creo que ya va siendo hora de volver a casa. – pretendía hacer un amago de irme y vigilar mas escondido.
– No te vayas, es pronto. Nadie te espera en casa, tomate algo con nosotros. Venga, yo invito.

Parecía que hoy tenía el día simpático. Había que aprovecharlo, además quizá de este modo se relajaran también y podría disfrutar del espectáculo de Eva sin esconderme.

– Acepto la invitación. Vamos a pedir?
– Espera voy a decírselo a Eva.

Levanto el brazo para avisarla. En cuanto nos vio, vino rápidamente con una sonrisa de oreja a oreja. Pensé que a ella, le incomodaría mi presencia, pero no.

– Que tal Pedro? No te imaginaba yo frecuentando estos lugares. Parecías mas un tipo hogareño.
– Así es, pero aprovechando la ausencia de Ana, decidí recordar viejos tiempos.
– Y que casualidad que hemos venido a dar al mismo bar – advirtió Esteban. La verdad, tenia razón. En la ciudad abundaban los bares de copa, y precisamente este no era de los mas próximos.
– Venga – les dije – vamos a tomar algo juntos.

Nos dirigimos los tres a la barra. Eva iba siempre entre los dos. No era mala elección. Tenerla cerca siempre es agradable. Pasamos el rato charlando de unas cosas y otras, pero note que los roces entre Eva y nosotros cada vez eran más frecuentes. Tanto entre ellos como conmigo. Al principio eran cosas naturales manos en los hombros, en el brazo, en la cintura. Pero cuando esa mano sobre tu hombro acerca sus dedos a tu oreja haciéndote suaves caricias ya empiezas a notar cosas distintas, o la mano en la cintura va lentamente cayendo hacia el culo y se mantiene allí. Pero como digo estas situaciones no tenían nada que ver con cuanto hablábamos. Nuestros temas seguían siendo trivialidades. Mis manos, por supuesto tampoco se quedaron quietas. Jugué a su mismo juego con el mismo disimulo. Eva tenia para los dos, no nos hacía de menos a ninguno, jugueteaba con ambos del mismo modo.
– Vamos a bailar, Pedro. – me dijo Eva, sin ni siquiera esperar a mis respuesta. Para cuando quise entender lo que me había dicho ya me llevaba en volandas a la pista.
– Yo no sé bailar, soy muy torpe para esto.
– Solo tienes que moverte, y agarrarte bien a mí.
Eva bailando no se cortaba ni un pelo. Se rozaba contra mí, y por supuesto yo contra ella. El ambiente se iba calentando. Ya no era mi vecina, era una chica que me estaba poniendo a cien y que deseaba disfrutar con ella. Eso era lo que pensaba yo y lo que pensaba mi polla, que hasta el momento con las caricias y roces
sentido ligeras palpitaciones pero que ahora ya costaba mantenerla en el pantalón. Yo mire a Esteban. Estaba disfrutando del mismo modo que lo vi la primera vez en el bar. Durante el baile nuestros ojos se miraban, nuestros rostros se acercaban y nuestras bocas acabaron por fundirse en un beso. Yo no sabía si era lo correcto, si en ese momento Esteban venia hacia mi corriendo a pegarme o si el fin del mundo había llegado. Solo sabía que estaba disfrutando y que esta mujer besaba como una diosa. Sentía el roce de sus labios, el jugueteo de nuestras lenguas, el deseo de que no acabara. Tras ese beso vinieron unos cuantos mas, ya no se trataba de un impulso, y el hecho de que Esteban no hubiera aparecido separándonos, era porque Esteban ya
cual era el juego. O porque visto lo visto se había ido a casa, pero algo me decía que no. Poco a poco fuimos dejando el baile y acercándonos a alguna pared cercana buscando mas intimidad. Allí seguíamos liberando nuestra pasión y conociendo nuestros cuerpos. Pude sentir ese culo firme y duro, y esos pechos tan blandos y suaves. Ella por su parte, también pudo conocer el tamaño de mi miembro que sin ser muy grande era bastante grueso.

– Lo estas pasando bien, Pedro?
– Por supuesto que si
– Que
Ana de ti en estos momentos?
– Creo que ya tendría las maletas en la puerta de casa. Por lo visto Esteban, no es así.
– Esteban y yo llevamos una relación abierta que se suele decir, pero lo que realmente nos gusta es compartir nuestra presa. – Exactamente así me sentía cazado como un presa. No lo podía haber dicho mejor. – Tú crees que serias capaz de disfrutar con los dos?
– Eva, disfrutar de ti por supuesto. Disfrutar con los dos es más complicado.
– Lo has probado?
– No, no, que va
– No hay que hacer nada que no se quiera hacer. Puede que solo puedas mirar, y vernos. Puede que tu y yo follemos y él quiera besarte y te guste. Nadie está hablando de hacer lo que no quieras. Pero hay que probar.
– No me gustaría que Ana se enterase de esto.
– Ana está lejos, y tu estas aquí. Nosotros nunca contamos nada por eso tu no sabias nada. Por eso nadie sabe nada. Solo te invito a jugar, no hay que explicar nada a nadie. La respuesta es sí o no.
– No es tan fácil. Son muchas cosas.
– Mírame aquí me tienes. Yo te deseo, tú me deseas – eso lo dijo tocando mi polla con su mano – Podemos pasarlo bien. La respuesta es sí o no.
La mano seguía sobre mi polla, y así no podía pensar – si, la respuesta es sí. – Se abalanzo sobre mi comiéndome los morros.
– Lo pasaremos bien.

De nuevo volvía a llevarme a rastras a través de aquel local. Íbamos en busca de Esteban, quien nos esperaba con una sonrisa en la cara. No había oído nuestra conversación pero sabía perfectamente lo que allí se había hablado y cual había sido el final de la charla.

Fuimos al aparcamiento donde tenían su coche. Todo el rato iba de la mano de Eva, parecía un niño con miedo a perderse, con miedo a quedarme solo. Fue ella la que me metió en el asiento de atrás, y la que se sentó conmigo. Se acerco a mi oído y dijo:

– Hoy no somos vecinos, solo somos amantes con ganas de disfrutar.

Estiro la mano hacia mi polla, y bajo muy lentamente la cremallera mientras no dejaba de mirarme a los ojos. Mi vista se alternaba entre la suya y su mano buscando mi polla. Pronto tomo contacto con ella, y nos besamos, mientras su mano seguía moviéndose delicadamente. Mi pene no podía crecer más pero por un momento llegue a pensar que si, que podría llegar a explotar. La mirada de Esteban estaba en el retrovisor. Creo que miraba más hacia atrás que a la carretera, pero no tenia cabeza para preocuparme. Yo solo disfrutaba de Eva, de sus pechos. Ella seguía disfrutando de mi polla, y yo la anima a chupármela. No hicieron falta demasiados gestos, ella lo entendió y quiero pensar lo deseaba tanto como yo. Acerco su lengua a la punta del pene, la pasaba suavemente, lamia la parte externa del pene, volvía a jugar con su lengua. me lo estaba haciendo desear, y lo hacía muy bien. Tras juguetear un tiempo que a mí se me hizo eterno, se lo introdujo en su boca. Sentir ese calor, ese roce con mi polla, esa saliva chorreando por mi pene, era un placer. Apretaba lo justo y suficiente para sentir una maravillosa mamada. Esteban mirándome, Eva sobre mi polla, mis manos acariciando sus pechos. No sabía que me excitaba mas. Eva seguía lamiendo, y la visión de todo aquello me hizo estallar en una corrida que no tuve tiempo de avisar.

– Perdón, Eva. No me ha dado tiempo…
– No pasa nada, Pedro. Esto es placer, y era lo que buscábamos ¿no?. – Todavía tenía restos de mi corrida en sus labios, el resto debía haberlo tragado. Mi mujer nunca me lo hubiera permitido. Pero a Eva no le importo. Todavía con los restos se acerco a mi boca y nos morreamos sintiendo el sabor de mi propio semen.

De pronto, Esteban detuvo el coche. Habíamos a llegado a su casa y a la mía. Pero decidimos entrar en su casa. Ellos lo quisieron así y yo también. Al entrar nos pusimos cómodos en el sofá, nos pusimos unas copas y con Eva, ya desnuda, en el medio empezamos a disfrutar de ella. En un principio, Esteban se encargaba del lado izquierdo, y yo del derecho. Esto no duro más que unos segundos, el resto del tiempo cada uno buscaba su lugar. Esteban prefirió ir bajando, yo me quede entre sus pechos, su cuello, sus orejas y sus labios. Esteban buscaba el ombligo, sus muslos y su coño. Eva simplemente disfrutaba. Disfrutaba de que dos hombres se la repartieran, de sentir placer en cada centímetro de su cuerpo, y de ser la reina de la fiesta. El sofá se nos empezaba a quedar pequeño. Nos fuimos todos a la cama. Esteban y yo nos desnudamos y nos abalanzamos sobre Eva. Comenzamos ordenadamente en el sofá, pero poco a poco Eva iba disfrutando de nuestras pollas, bien con su mano bien con su boca. De vez en cuando cogía alguna de nuestras manos y la dirigía al cuerpo del otro, a la cabeza a la espalda, viendo que le seguíamos el juego y siempre sin dejar de lamer cada centímetro de su cuerpo, se animo a que nos tocáramos nuestras pollas. Para mí fue raro que un hombre me tocara la polla, por otro lado excitante, pero lo mismo sucedió al tocarle yo a él, fue muy raro pero muy excitante. No siento atracción por los hombres pero tocar una polla no me resultaba ajeno. Conocía bien ese instrumento aunque no fuera el mío en ese ocasión el que estaba tocando. Todo fue surgiendo de manera muy suave hasta ir perdiendo el pudor. Ya todo era de todos. Pero yo tenía ganas de follar con Eva, me puse el condón y fui poco a poco buscando la postura y el momento en que mi polla se acercara a su coño. Esteban se encontraba saboreando esa zona de Eva, y al acercar mi polla algún lametón sentí. No importaba, yo tenía un objetivo en mente y lo iba a lograr. Mi polla se encontraba en la entrada de Eva, pero no quise meterla. Quería que la desease dentro. Esteban subió a sus pechos y su boca, mientras yo jugueteaba con mi polla recorriendo su coño, arriba abajo sin introducírsela. Notaba como se humedecía mas aun de lo que ya estaba. Ella gemía, y nosotros disfrutábamos de ello.
– Métemela Pedro, por favor, métemela.

Estaba donde yo quería, ese era el momento de entrar dentro de ella. En aquel momento sentí que sobraba Esteban, pero todo tenía un precio y Esteban era el que yo tenía que pagar por disfrutar lo que ahora disfrutaba. Mi polla entraba y salía, estaba todo muy húmedo. Entraba con mucha suavidad y salía igual. era un placer. Yo sobre ella, entrando y saliendo, entrando y saliendo. Eva me pidió ponerse sobre mí. Me tumbe y ella cabalgaba sobre mí como quien monta a caballo. esteban se giro para quedar frente a ella, y puso sus piernas a los lados de mi cabeza y su polla en mi cara mientras el besaba y se abrazaba con Eva. Y fue en aquel momento en el que yo probé mi primera polla. Llevaba puesto el condón, así que su sabor fue a látex, pero se me hacia extraño tener en mi boca, algo que yo deseaba introducir en los demás. Su polla era más larga que la mía pero más fina. Mientras yo chupaba mi primera polla, Eva seguía disfrutando de su cabalgada, seguía gimiendo y gritando. Y con esta mezcla de sensaciones me volví a correr por segunda vez. Mi polla ya había cumplido. Eva y yo nos abrazamos aun con mi polla en su interior y nos besamos largamente. Me levante para ir al baño, me lave, me mire en el espejo. Tenía la impresión de estar soñando, pero al volver a la habitación, me di cuenta de que no era un sueño, era real. ahora los que follaban era Eva y Esteban. Eva estaba a cuatro patas mientras el bombeaba por detrás. Decidí sentarme en la butaca y verlo todo desde la distancia tocando mi polla flácida. Tenía porno en directo. Esteban cuando estaba a punto de correrse, saco la polla del coño de Eva, se quito el preservativo y se corrió en su boca. Después de todo esto, nos dimos una ducha los tres juntos comiéndonos la boca los unos a los otros, y me pidieron que durmiera con ellos. Y abrazados a Eva nos quedamos dormidos. Habrían pasado dos o tres horas, cuando me desperté. Me levante a mear, cogí mi ropa y me marche sin decir adiós. Creo que me incomodaba la situación de amanecer junto a mis vecinos en su cama. Nunca se ven las cosas igual por la noche que por la mañana. Pero la noche había sido genial.

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El amigo de mi hermana

No sé como empezó la cosa. Yo tenía 18 años y mi hermana Susana y mi prima Andrea 22. La cuestión es que a esa edad uno está con las hormonas revueltas y la polla siempre en estado de firmes. Como yo era muy pardillo, mi única relación con mujeres se limitaba a espiar a mi hermana. La muy puta se divertía torturándome, se paseaba en ropa interior, algún día incluso iba de su cuarto al baño desnuda pasando por delante de mi habitación sabiendo que yo la veía. Sus tetas y sus oscuros pezones me ponían a mil. La negra pelambrera de su coño era como un oscuro mundo prohibido que me llamaba como las sirenas a Ulises.

Me pasaba el día matándome a pajas, rozándome con ella pasando mi dura polla por sus nalgas, desnudándome sin cerrar la puerta para que me viera la polla.

Un día la oí hablando con mi prima:

– Pues Pablo tiene ya una buena polla
– Tendremos que probarla, jaja
– Ya te gustaría a ti jaja

Yo estaba cardíaco escuchando aquello. Deseaba masturbarme delante de ellas, espiarlas, follarlas, que me chuparan la polla…

Me conformaba con masturbarme a solas pensando en ellas.

Cuando ella no estaba me metía en su habitación, husmeaba entre su ropa interior. Olía sus bragas sucias y me masturbaba con ellas.

Un día de esos, sólo y aburrido, me pareció excitante probarme su ropa. Al principio sólo fue su ropa interior. Poco a poco aquello me fue poniendo cachondo. Así me fui atreviendo a vestirme con toda su ropa. No lo veía como algo homosexual, sino como una forma de excitarme pensando en ella. Sin embargo estaba tan obsesionado con ella que llegué al punto de que mi excitación pasó de querer follarla a querer sentirme ella.

Me vestía con su ropa, me maquillaba con sus pinturas, me ponía su bisutería y me masturbaba con ello puesto mirándome al espejo.

A esa edad con el cuerpo aún no desarrollado y como sólo medía 1,70 podía pasar por un chica salvo por el pecho y el pelo. Con el tiempo aprendí a rellername el sostén y a vestirme y maquillarme adecuadamente para parecerme más a ella.
Me imaginaba como una amiga de ella que salíamos juntas y ligábamos con chicos mayores guapos.

Es curioso, pero no me sentía homosexual. Me sentía atraído por ella, pero la idea de ser ella me excitaba doblemente.

Un día ocurrió lo que tenía que ocurrir. Estaba vestido con su ropa y cuando me estaba pintando los labios oí:

– Vaya vaya. Resulta que en vez de un hermanito tengo una hermanita. Qué bien.

Yo me sentí derrumbado. Estaba tan ocupado que no la había oido llegar.

– Mira Andrea que primita tan mona tienes.

Aquello iba de mal en peor. Para mayor desgracia mía habían venido las dos.

Sin embargo parecieron alegrarse en vez de enfadarse conmigo. Yo estaba muerto de vergüenza. Pero ellas me cogieron de las manos y me llevaron a su habitación y me cubrieron de besos y caricias. Aún no sé que es lo que pasó ese día. Sin saber exactamente cómo, Andrea y Susana me adoptaron como una hermanita pequeña, hasta el punto que desde ese día me trataban como una niña. Me probaban su ropa, me maquillaban, se cambiaban delante mía.

Para ellas era como un juego. Me enseñaban a ser seductora como chica, pero disfrutaban viendo como me empalmaba. Supongo que pensaron que yo era gay y por eso no les daba vergüenza desnudarse ante mí. Pero también se reían de mis erecciones:

– Mira la hermanita que polla tiene, jajaja.

Yo entretanto seguía matándome a pajas. Aquella situación me confundía y me excitaba. Por una parte séntía un enorme deseo por ellas. Andrea tenía las tetas aún más grandes que Susana. Sus pezones eran como madalenas. Además su chochito era rubio lo que me volvía loco. A veces jugábamos como chicas haciendo guerras de almohadas, nos rozábamos, yo les sobaba las tetas y ellas a mí la verga. Un par de veces me corrí sobre ellas y luego nos duchamos las tres juntas.

Lógicamente en ese círculo de amistad ellas hablaban de chicos. De si Juan era muy guapo, Javier muy mono, Pablo tenía un paquete enorme..

Poco a poco me fui integrando tanto que a veces me sacaban de paseo vestida de chica con ellas.

Tengo que aclarar que esto sucedió durante un verano que mi hermana y yo pasamos juntos en un apartamento con mi prima, debido a que sus padres y los nuestros se habían ido juntos de crucero.

Ellas dijeron a su grupo de amigos que yo, Pablo, me había ido a pasar unas semanas a casa de un amigo y que había venido Paula, una prima pequeña de ambas.

La verdad es que pasaba por completo por una chica. La situación me excitaba tanto, por una parte los juegos sexuales con Andrea y Susana. Por otra, estaba tan metida en la pandilla que incluso sus comentarios sobre los chicos empezaron a hacer mella en mí. Empecé a opinar sobre si tal o cual era más guapo, sobre su paquete, etc. Incluso empecé a sentirme atraída por Javier, un chico de 21 años moreno delgado y muy atractivo.

Una noche organizaron una fiesta en el apartamento a la que vinieron varios chicos. La verdad es que fue divertida. Bailé con Javier, bebimos, etc.

En un momento de la fiesta me quedé a solas con Javier.

– Paula, me gustas mucho sabes, creo que eres preciosa.

Yo estaba alucinado. No podía creer que me tomara por una chica. Entonces el me besó. Fue un beso cálido, con lengua. Yo me dejé hacer por él. Su lengua era caliente, húmeda, era mi primer beso y resulta que era otro chico quien me besaba. Entonces empecé a empalmarme y me alejé de él para que no me descubriera. Le dije que tenía la regla y que no quería seguir. Fue una estupidez, pero es lo primero que se me ocurrió. Me encerré en el baño y llamaron a la puerta:

– Paula abre, soy Susana.
– Pasa.
-¿Qué te pasa?
– No lo sé. Estoy confundido, Javier me besó y me excité.
– Eso es que te gusta hermanita. Déjate llevar.

Ella daba por hecho que yo era gay. Pero para mí esta realidad no se había materializado hasta ese momento. Así se lo dije.

– Mira Pablo, esta noche cuando se vayan todos, Mario se va a quedar con nosotras. Mario es un encanto y a veces folla conmigo aunque este liado con Andrea. Vamos a hacer una prueba y así te aclaras. Si disfrutas, ya sabes que eres gay o bisexual. Si no te gusta, dejamos este rollo de disfrazarte de chica para siempre. Pero como no seas gay te advierto que Andrea y yo te daremos una paliza por este tiempo que nos has engañado y te has puesto las botas viéndonos en pelotas.
– ¿Qué clase de prueba?
– Ya lo verás en su momento.

Así estuve nervioso hasta que todos se fueron, salvo Mario. Yo me fui a mi habitación, me vestí con un camísón de Susana y unas braguitas suyas, en parte por rutina, ya que dormía en la cama con Susana como dos hermanas abrazadas, y en parte por la excitación por la prueba que se preparaba.

Al cabo de un rato vino Susana a por mí.

– Ssssshhhhhhh. Ven conmigo sin hacer ruido.

Me llevó a la habitación de Andrea. Cuando llegamos allí Andrea estaba en la cama. Las tres llevábamos camisones parecidos. Nos sentamos juntas en la cama como tres amigas.

– Está buenísimo – Dijo Andrea.
– ¿Dónde está Mario? – pregunto Susana
– Está duchándose, viene en seguida.

Entonces Mario salió del baño cubierto con una toalla a la cintura. La verdad es que era muy guapo. 1,80 delgado pelo castaño corto, piel suave, musculoso pero sin exagerar. Unos ojos verdes preciosos. Un bombón. Noté la presión de mi pene en las braguitas. Afortunadamente había escogido unas más bien prietas para disimular la polla y gracias al camisón no se notaba nada.

– Vaya vaya, que tres preciosades me esperan en la cama. Creo que esta noche lo vamos a pasar bien.

Mario se lanzó contra nosotras y empezó una guerra de sobeteos, besos, metidas de mano, etc. Lógicamente la toalla cayó enseguida y Mario quedó desnudo ante nosotros. Tenía una polla absolutamente empalmada como el doble de la mía (hay que tener en cuenta que yo tenía 18 y el 25). Me pareció algo mágico. Era un pene muy hermoso, largo, absolutamente recto y con una cabeza gordita muy bonita.

Mario y Andrea empezaron a besarse y revolcarse. Mario le quitó el camisón a Andrea y empezó a besarle las tetas y luego a lamerle el chocho. Yo estaba a mil. Ver la lengua de Mario lamiendo ese precioso chocho rubio tan deseado por mí me volvió loco. Andrea estaba preciosa Susana mientras tanto empezó a jugar con la polla de Mario. Le masturbaba, se la mamaba. Mmmmmmmmm ver a Susana chupar esa polla me puso a mil, por un momento envidié a Mario, pero me di cuenta que también envidiaba profundamente a Susana.

– Ven Paula – Me dijo Susana.

– Mario no dejarás solita a mi hermana, mira que mona es.

– Claro que no preciosa ¿qué sabes hacer? Mario vino a quitarme el camisón, pero Susana le dijo.

– Por ser su primera vez no la desnudes, no quiero que me la desvirgues, que es muy joven.

Entonces Mario me tomó por la cabeza y me besó. Fue un beso mas sexual que el de Javier. Me acariciaba el culo y el cuerpo mientras lo hacía. Mario fumaba y su boca sabía a cigarrillos y alcohol. Javier sabía a niño, Mario a hombre Yo estaba loca de excitación.

Entonces Mario se sentó y dijo:

– Venga chupadme las tres la polla.

– Siiiiiiiii – gritó Andrea que fue la primera en engancharse a ese tronco divino.

Yo estaba muerto de deseo, estudié como lo hacía Andrea y luego Susana para aprender.

– Te toca Paula – me dijo mi hermana – Demuestra como mamamos las hermanas López.

Me acerqué a esa barra de carne. La toqué con mis manos con mucho miedo. Estaba dura como el hierro, palpitante, caliente y húmeda de la saliva de Andrea y Susana, lo que me excitó aún más.

– Venga preciosa no la mires más y chupámela.

Susana y Andrea me miraban con curiosidad. Sabía que ese momento no tendría marcha atrás. Si se la mamaba, podría seguir mi juego con las chicas sin renunciar a nada, si no lo hacía todo acabaría y a seguir con el manubrio. Decidí seguir adelante pero sobretodo por una razón: Deseaba más que nada en el mundo sentirme como Susana en ese momento, sentirme como una chica con un hombre, y sobre todas las cosas quería probar esa polla y su semen.

– Ahhhhhhh – gimió Mario al sentir mi boca apretando su polla, mis labios y mi lengua jugando con su verga.

La sensanción era increíble. Esa polla sabía a macho. Mario sujetaba mi cabeza reconociendo implícitamente que yo era quien mejor la mamaba de las tres. Susana y Andrea se sobaban entre ellas y se masturbaban mientras veían a su hermanita-primita mamando la verga a semejante semental.

– No pares Paula sigueeeeeeeeeee

Entonces noté que se estremecía como yo cuando iba a correrme. Su semen brotó y me salpicó el rostro y el camisón. Volví a chuparla hasta que no deje ni rastro de semen. Me encantaba como sabía. Era un manjar exquisito. Andrea y Susana llegaban al orgasmo a la vez.

Fue increíble. Después Susana y yo nos fuimos al baño y Mario se quedó a dormir con Andrea, su novia oficial.

– Bueno hermanita has disfrutado como una loca no?
– Ha sido increíble. Nunca pensé que pudiera ser así.
– ¿Has aclarado tus dudas?
– En parte sí, tengo claro que me gustan los hombres atractivos y quiero seguir siendo tu hermanita cuando estemos a solas, pero…
– Pero ¿qué?
– Pero Andrea y tú, sobre todo tú, me volvéis loco. Creo que me gustan los chicos y las chicas, pero sobre todo me gustas tú.
– No te preocupes, eso es que eres bisexual, yo también tengo sexo con Andrea y es un chollo, los bisexuales disfrutamos por partida doble. En cuanto a lo de que yo te guste eso tiene fácil solución, dijo mi hermanita mientras se quitaba el camisón y sacaba mi polla de mis braguitas …..

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Una noche muy especial con amigos

Era sábado y nos despertó el sol que invadía la habitación. Me acerqué a mi novio para darle los buenos días con un beso en la comisura de los labios. Mientras nos desperezábamos nos acariciábamos el uno y nos besuqueábamos como la primera mañana que despertamos el uno junto al otro hace ya casi ocho años.

Cuando su mano traviesa se deslizó dentro de mi pantalón de pijama y alcanzaba ya mi tanguita, le detuve sonriéndole:

– No te pongas tonto… que si no, volvemos a levantarnos otra vez para la hora de comer…vamos a desayunar y aprovechar la mañana.
– ¿Quién te dice que yo no pensaba aprovechar la mañana?
– Venga, anda… podemos depilarte. – le sorprendí.
– Y eso?
– Sabes que me gustaría verte sin un solo pelo para poder comerte enterito.
– Vale… me has convencido.

Mientras lo depilaba, le propuse invitar a una pareja de amigos a cenar. Ella era una antigua compañera de universidad con la que he mantenido una buena relación desde entonces. Cuando empezó a salir con su actual marido, nos escandalizaba a todas las compañeras contándonos algunas de sus aventuras sexuales: que se pasaban un fin de semana entero sin salir de la cama, que si se la había follado en la playa, en un cine, en el probador de zara, o que si la polla de su novio no entraba en una vaso de tubo y cosas por el estilo.

De vez en cuando aprovecho aquellas confesiones de fiesta de pijama para excitar a mi chico preguntándole si serán verdad todas esas proezas que nos contaba. Me gusta incitar a mi novio para que imagine a nuestros amigos follando como locos. Seguro que no le resulta difícil. Con la treintena recién cumplida, ella cuida su aspecto y le encanta sentirse atractiva, así que siempre resulta bastante provocativa. A diferencia de mí, de piel mucho más clara y con un rostro de niña buena, ella es de tez morena y con su cara siempre perfectamente maquillada y adornada con un diminuto piercing resulta endemoniadamente sensual. Del mismo modo, la blanca piel de mi novio contrasta con el cuerpo bronceado de su marido, y su delgada constitución se pone aún más de manifiesto en compañía de ese cuerpo imponente.

Con todo, pude percibir como el miembro de mi novio, que ya estaba bastante erecto con mis pinzas recorriendo su cuerpo habilidosamente para arrancarle los pocos pelos que le quedaban, respondía favorablemente a mi proposición. Tras completar el trabajito, sonreí al comprobar con satisfacción que su nueva desnudez le confería un aspecto aún más aniñado en el que se sentiría totalmente desarmado.

– Listo… fíjate, pareces un querubín. Levántate y enséñame mi obra de arte. – le ayudé a levantarse y verse frente al espejo.
– Gracias. Mira… tócame… ahora estoy mucho más suave. – me sugirió al tiempo que trató de arrastrar mi mano para posarla sobre su muslo y más arriba.

Aproveché para describir una trayectoria sobre su piel terminando sobre sus nalgas, en las que descargué un ligero azote mientras le ordenaba meterse a la ducha e hidratarse después con leche corporal. Le encanta que tome la iniciativa y le de órdenes pero también conozco su reticencia a las cremas, así que cuando salió de la ducha le estaba esperando bote en mano.

– Toma, ya verás qué suave te vas a quedar después. – le dije con sonrisa picarona insinuándole lo que le esperaba si se comportaba obedientemente.

Le ordené extender la palma de la mano sobre la que descargué una cantidad generosa de leche corporal. Después me senté en el sofá a disfrutar del espectáculo. Se le veía un poco cohibido al principio pero poco a poco comenzó a disfrutar del contacto con su cuerpo, de exhibirse y acariciarse para mí cada vez más lascivamente. Yo, que observaba expectante, recargaba una y otra vez sus manos para que no dejara un solo centímetro de piel sin hidratar. Casi sin darme cuenta empecé a acalorarme y acabé posando el bote de crema entre mis piernas buscando inconscientemente un contacto que aliviara mi excitación.

Al poco rato apretaba el bote sin disimulo contra la entrepierna mientras mi chico empezó a embadurnarse sus genitales y masturbarse frenéticamente. Yo me entregué al placer y me tumbé en el sofá boca arriba, semidesnuda ya, enterrando una mano en mi rajita mientras la otra se entretenía entre mis pechos. No pasaron ni cinco minutos hasta que mi novio tuvo que buscar apresuradamente un lugar donde descargar y lo hizo sobre mi cuerpo. Al notar sus chorros de semen caliente deslizarse sobre mis pechos no pude evitar correrme con él y emitir una serie de gemidos incontrolados.

La tarde la pasamos entretenidos preparando la cena para nuestros amigos que habían aceptado gustosamente la invitación. Dejarían a los niños en casa de la abuela, así que no tendrían prisa en marcharse. Una vez tuvimos todo listo, esperamos impacientes comentando la última vez que los vimos. Aproveché para desvelarle algunos detalles de las conversaciones que había cruzado con mi amiga en el último mes y ponerle los dientes largos… me encanta.

– Parece ser que últimamente están recuperando el tiempo perdido. Aprovechan todos los sábados para dejar los niños con la abuela y tener sesiones maratonianas de sexo – me mordí el labio y le miré tratando de revelar fascinación y un poco de envidia.
– Así que supongo que él ya no estará tan enganchado al porno como antes – algo que molestaba a mi amiga y mi novio lo sabía.
– Bueno, ahora lo ven juntos, aunque los títulos los debe elegir ella, así que se han aficionado al canal gay – ella ya nos había confesado alguna vez que le gustaba ver a dos tíos montándoselo. Me encantaba la idea, pensé que probablemente yo también disfrutaría sorprendiendo a mi chico y logrando que acabara excitándose y follándome en el sofá, mientras la tele enseña sólo cuerpazos masculinos y primeros planos de enormes vergas en plena acción.
– No me lo imagino a él viendo porno gay – la verdad es que nuestro amigo si algo transmite es virilidad pero aproveché para reivindicar el cine gay.
– Pero sí que te los imaginarías viendo porno lésbico no? – intenté pincharle.
– Sabes que no es lo mismo. Para un machito como él, seguramente homofóbico, no creo que le mole ver maricones follando – entrecomilló el término con sus manos para hacerme ver que no compartía ese término.
– Ya… pero ella puede excitarse viendo como dos guarrillas se comen el coño la una a la otra – alegué imitando su gesto divertida.
– Pues hombre, ella… – parecía haberle dejado sin palabras – …probablemente no le importaría ni siquiera participar. – atajó.
– ¿Qué quieres decir? – le pregunté con fingido asombro.
– Ya sabes… no se corta un pelo en hacer comentarios sobre las tías, no le importa reconocer que si ésta está bien buena o ésa tiene un culito tremendo.
– Y qué? Yo también puedo hacerlos y tú sobre los tíos… – recordé por un instante lo mucho que me gusta compartir esos comentarios con él.
– Pues por eso mismo. No le veo a él reconociendo lo bueno que está Brad Pitt o David Vázquez.
– Ah, vale.. así que como tú si lo reconoces, a ti sí te gustaría ver una peli gay e incluso participar en una – le dije con ojos libidinosos. – La verdad es que nunca hemos visto una… habrá que probar… te gustaría? – le deje mudo pero por su acaloramiento estaba claro que no le desagradaba la idea, así que anadí – seguro que sí… me ha contado que los tíos que salen están mucho más macizorros que los que salen en el resto de pelis porno. ¿Qué? ¿te apetecería ver a dos tiarrones montándoselo? – traté de sonar lo más sugerente que pude.

Antes de que pudiera responder sonó el timbre. Eran nuestros amigos. Enseguida estaban poniéndonos al día de los avances de sus hijos y nosotros contándoles las peripecias de nuestro último viaje. Entre risas pasamos a la mesa y estuvimos bebiendo kalimotxos durante y después de la cena. Acabamos volviendo al sofá y conectamos el PC a la tele para enseñarles algunas fotos del viaje.

Después me levanté para recoger los platos, pero antes me acerqué a mi novio y le susurré al oído que pusiera una peli de las que le iban a nuestros amigos. Le deje perplejo mientras desaparecí con mi amiga en la cocina. Aún no sé cómo me atreví a sugerirlo pero supongo que la bebida ayudó bastante. Dudaba si él se atrevería a satisfacer mi petición, pero entonces escuché a nuestro amigo:

– Oye, pedazo de tele… en ésta se tiene que ver el porno de puta madre.

Yo miré con picardía a su esposa y ella me sonrió con complicidad:

– Estos son capaces de poner ahora una porno. ¿Has visto cómo van? – me susurró. – No sé el tuyo, pero mi marido está más salido que el pico de una plancha. Seguro que tiene la polla a reventar después de ver tus fotos en bikini.
– Todos son iguales… – ironicé – … pero bueno, podemos aprovecharnos.
– ¿Qué quieres decir?
– Que yo nunca he visto una peli gay… – dejé que ella sacara sus propias conclusiones.
– ¿qué quieres decir so guarra? – estaba claro que había interpretado que buscaba un show en directo pero fingí ingenuidad.
– Pero si vosotros soléis verlas no? – pregunté ante su mirada escrutadora.
– Ah… te referías en la tele… – su tono mostraba desilusión.
– Pues claro… ¿qué pensabas so guarra? – había logrado dar la vuelta la tortilla… así me sentía más cómoda y ella parece que también.
– Ahora lo vas a ver… – su respuesta me hizo estremecer mientras se encaminaba de vuelta al salón. – …tú sígueme el rollo. – asentí apresuradamente con mi cabeza.

Cuando volvimos de la cocina, les pillamos totalmente absortos en la pantalla donde dos jovencitas aficionadas calentaban al personal delante de su webcams con un tórrido 69.
Nuestro amigo ya estaba frotándose por encima de sus vaqueros su enorme bulto y mi novio le imitaba desde el otro sofá.

– Qué guarros sois… cariño, sólo te falta sacártela y ponerte a pajearte delante de nuestros amigos. – su marido, ni corto ni perezoso, respondió desabrochándose los vaqueros. Ella se rió y se dirigió a mi novio – Al menos quita a estas dos guarrillas y ponnos algo que nos alegre la vista a todos. Busca una vídeo de gays… son los mejores. – mi novio hizo aparecer en pantalla a dos tíos enrollándose en un sofá. Entonces ella le apartó del sofá en el que se encontraba enviándole junto a su marido con una excusa peregrina – anda, vete con el guarro de mi marido, que no queremos que nos pringuéis.
– Eso, eso… déjanos este sofá para nosotras solitas – apostillé cogiendo a mi amiga por el brazo y acercándomela melosamente. Mi novio me miró aturdido por los acontecimientos… él parecía el más modosito, aunque no el menos excitado.

Se dirigió al otro sofá donde nuestro amigo estaba masturbándose sin ningún pudor mostrando su miembro en toda su extensión. Traté de no fijar mi vista sobre aquel pedazo enorme de carne que recorría arriba y abajo suavemente pero era inevitable y el cabronazo lo sabía. Él ya no miraba la escena de la pantalla, sino mis ojos saliéndose de sus órbitas ante aquel pedazo de carne. Exhibía su fantástica polla demostrándonos que todo lo que habíamos oído de él era cierto. Noté la mirada inquisitiva de mi novio pero aún así no pude apartar la vista mientras oía los comentarios de mi amiga:

– Pedazo de rabo… quien pudiera comérselo eh? – supongo que se refería al que se veía en la tele, pero yo asentí pensando únicamente en la que ya estaba devorando con los ojos.

Mi novio introdujo su mano en el pantalón para tocarse pero sin destaparse delante de todos. Seguía cortado por la situación, quién lo iba a decir. Aunque no le culpo, su polla, aún siendo de buen tamaño, no podía compararse con la de nuestro amigo y probablemente la depilación integral le haría sentirse aún más avergonzado que de costumbre.

Los chicos en la pantalla comenzaron a masturbarse el uno al otro y las insinuaciones de muestra amiga no tardaron en llegar:

– Míralos cómo disfrutan los muy cabrones. Me están poniendo a cien – se arremangó la falda hasta la cintura para poder acariciarse – No os gusta masturbar mientras os masturban? – soltó de pronto.

La pregunta fue como una punzada que me hizo temblar al pensar en la posibilidad de acariciar la polla de su marido. No me atreví a contestar ni a dejar de mirar la pantalla. Sin que nos hubiera dado tiempo a responder, una de sus manos se coló debajo de mi falda posándose sobre mi tanguita y con la otra me empujó a acariciarla.

No daba crédito. De pronto, me sentí mareada y vi cómo mis dedos, ajenos a mi voluntad, cobraban vida propia y jugaban con su tanguita, deslizándose arriba y abajo, haciéndolo humedecer y marcando unos labios abultadísimo bajo la tela. Los suyos se movían igualmente hábiles apartando la tela y jugando con mi botoncito empapado arrancándome así los primeros gemidos de la noche. Nuestros chicos alucinaban. Ya no miraban a la pantalla, donde uno de los chicos se agachó y empezó a chupársela a su compañero. Eso me puso aún más encendida y amiga lo notó. Me sonrió y seguidamente desvió su mirada hacia mi novio. Volvió a mirarme y movió su cabeza afirmativamente como si adivinase la idea inconfesable que se cruzaba por mi mente y estuviera dándome permiso para hacer realidad mis sueños. Entonces aquellas palabras salieron de mi boca:

– Pedazo de rabo… quien pudiera comérselo eh? – me dirigí a mi novio y después desvié mi mirada hasta la polla de nuestro amigo.

Mi novio se quedó un segundo observándola embobado antes de que inconscientemente su lengua acudiese a relamer sus labios bajo las tres atentas miradas que le rodeaban.

Nuestro amigo posó su mano libre sobre su nuca y le reclinó hacia él. En los últimos centímetros retiró su mano y le abandonó para que fuera él quien acabara recorriéndolos voluntariamente. Todos estábamos expectantes de saber si se decidiría a probar aquel pollón que brillaba y parecía estar a punto de entrar en erupción y no nos decepcionó.

Fue tremendo ver como la recorría primero con su lengua, la chupaba después como el más sabroso de los helados y acababa engulléndola imitando a los profesionales de la tele. Succionaba, lamía y acabó tragándose todo lo que pudo llegar a atrapar tan pronto el volcán empezó a escupir lava en todas direcciones.

Después, salió corriendo al baño para limpiarse la cara y el cuello dejando a nuestro amigo exhausto en el sofá. Mientras tanto, nosotras no habíamos dejado de frotarnos frenéticamente la una a la otra, pero ella estaba ganándome claramente la batalla. Enseguida logró que me entregara por completo y me abandonara al orgasmo, atrapando su mano entre mis muslos. Ella retiró sus dedos de mi rajita para ocuparse de la tarea que yo antes había abandonado. Mientras se tocaba se la oía eufórica:

– Menudo comepollas está hecho tu novio… se lo ha tragado todo – y dirigiéndose a su marido – ¿te ha gustado cariño? Parece que sí… eh?…
– No ha estado mal… pero a la que de verdad tengo ganas es a tu amiguita – respondió mirándome intensamente y haciendo que el calor volviera a invadirme por completo.
– Es toda tuya… no veas cómo está… – respondió mi amiga y dirigiéndose a mí – venga, que se te ve que tienes unas ganas locas de follártelo.

No supe rechazar esa oportunidad. Me levanté y acabé de desnudarme en medio del salón. No me lo podía creer, iba ser ahí, en nuestra propia casa, donde iba a coronar a mi novio con unos hermosos cuernecitos. Me acerqué y me senté a horcajadas sobre él. Cogí por primera vez ese pedazo de polla y la dirigí a mi sexo palpitante, hambriento. Traté de introducirla poco a poco pero él apartó mi mano para tomar las riendas de la situación y de pronto resbalé sin dificultad, clavándomela hasta lo más profundo de mi ser y haciéndome gemir como nunca. Una de sus manos se apoderó de mi pecho izquierdo mientras sus labios se apoderaban del derecho. El pulgar de su otra mano jugó momentáneamente entre mis labios para introducirse después en mi boca hasta mi garganta. Yo sólo pude sujetarme con ambas manos a su poderoso cuello mientras me movía adelante y atrás y en círculos tratando de disfrutar al máximo de aquel rabo de película. Él me ayudaba, subiéndome arriba y abajo, amasándome el culito. Diosss, qué placer.

Cuando volvió mi novio del baño se encontró a nuestra amiga con su tanguita por las rodillas metiéndose dos dedos como una loca mientras no apartaba la vista de nuestro sofá. Allí estaba yo, su novia, completamente desnuda cabalgando la polla que antes él había chupado. Mi melena se movía violentamente golpeando la cara de mi amante, que resoplaba y trataba ahora de morderme los pezones. Cuando los alcanzaba, lograba hacerme gritar enloquecida:

– Mmmmmm, que rico, me encanta… ahhhhrggg!!!

Empecé a temblar como nunca antes y tuve que aminorar el ritmo. Pero él no quería dejarme descansar, me levantó como a una muñequita y se tumbó sobre mí para rematar la faena, arrancándome más placer del que había conocido hasta entonces. Acabé suplicándole que terminara, pero él no parecía estar por la labor.

– No puedo más…. por favor… por favor…

Gimoteaba mientras mi cuerpo experimentaba sensaciones que no podía controlar en absoluto. Pensaba que en cualquier momento iba a desmayarme, me estaba deshaciendo enterita, pero por otro lado no quería que aquel momento terminase nunca. Es difícil de explicar. Noté aún más preocupación en los ojos de mi novio, que creería que iba a partirme en dos con aquellas embestidas, mientras mi amiga se tronchaba y animaba a su marido a seguir bombeando.

– Así, dale fuerte, cariño… enséñala lo que es un buen polvo… déjala bien folladita… que ésta no ha conocido un orgasmo de primera en su puta vida.

Esas palabras parecieron darle renovadas fuerzas a su marido que incrementó el ritmo y me levantó las piernas poniendo mis tobillos sobre sus hombros. Ahora sí parecía que me iba a reventar y me asusté, aunque me limité a entregar todo mi ser a aquella bestia salvaje. Mi mirada se cruzó con la de mi novio, parecía asustado y tenía los ojos como platos, mientras veía cómo me había abandonado y entregado por completo a mi amante para que me llevara donde él quisiera.

Todo mi cuerpo se retorcía y mordí un cojín, porque ya no me quedaba voz para seguir suplicando. Entonces, miré intensamente a mi chico… tengo aún sus ojos tremendamente abiertos clavados en los míos cuando me corrí por primera vez en mi vida de aquella manera, empapándolo todo con mis fluidos. Por un momento, de hecho, pensé que me había meado encima.

Entonces, él se apartó de repente y me dejó convulsionándome sintiendo como si aún estuviera en mi interior. Parecía estar en un orgasmo continuo. No podía parar de gemir y retorcerme de placer.

– ¿Te ha gustado preciosa? – me preguntó satisfecho pero yo, entre espasmos, fui incapaz de responder. Ninguno de mis músculos parecían obedecerme, se movían incontroladamente, incluso mi lengua entre mis labios que se abrían una y otra vez tratando de coger aire para no desfallecer tras aquel polvo salvaje.

Entonces mi amante miró alternativamente a su mujer y a mi novio y preguntó:

– Veamos… ¿quién es la siguiente?
– Fóllatelo a él… seguro que es aún más zorra que su novia – respondió su esposa Mi novio dio un paso atrás aturdido por las groseras palabras de nuestra amiga y la mirada viciosa de él. – Venga… no te hagas de rogar… seguro que estás deseando que te abra ese culito precioso… ya has visto de lo que es capaz de hacer – efectivamente yo seguía retorciéndome en el sofá dando fe de sus habilidades amatorias – …te va a encantar, mira como en la peli. – en la pantalla uno de los tíos sometía al otro que ponía una cara de perra que no veas.

Mi novio se asustó un poco pero antes de que pudiera reaccionar, él le cogió y empezó a arrancarme la ropa. Cuando por fin, pegado a su espalada, le bajó los gayumbos, descubrió que estaba empapado y le preguntó al oído:

– Te has corrido chupándomela eh?… joder, tío, menuda putita estás hecha… tranquila, te voy a dar lo que estás deseando… te voy dejar temblando como a tu novia… – el muy cabrón sabía que aún no había recuperado el control de mi cuerpo. Estaba como embriagada, borracha, drogada…

Entonces lo empujó junto a su esposa colocándolo a cuatro patas dejando su culito completamente expuesto. Ella aprovechó para propinarle una nalgada.

– Eres virgen? – sin darle tiempo a responder añadió – apuesto a que sí.
– Perfecto… cuanto más estrechito mejor. – se alegró él.
– Cariño, ve con cuidado que no tenemos lubricante.

Pero él ya tenía su polla completamente lubricada con mis jugos, así que no le costó penetrarlo haciéndole ver primero las estrellas y después el cielo. En un momento aquella polla entraba y salía con una facilidad pasmosa del culito de mi chico. Mi novio se corrió enseguida manchando todo el sofá y haciendo partirse de risa a nuestra amiga que no perdía detalle de lo que su marido estaba haciendo con nosotros.
Le animaba y vitoreaba, mientras seguía introduciéndose dos dedos en su coñito a menos de un metro de ellos. Por fin recuperé la capacidad del habla y quise saber cómo lo estaba pasando mi chico… pero sólo era capaz de emitir gemidos y gritos como una loca. Su cara era todo un poema.

– Cariño, estás bien? te hace daño? – y no obtenía respuesta – si te está gustando, muérdete el labio – casi se hizo sangrar.

Me acerqué a él y acaricié cariñosamente su cara sosteniéndole la mirada. No me costó imaginar lo que estaba sintiendo.

– Disfrútalo cariño… menuda polla has escogido para estrenarte – si me había hecho sentir aquello a mí, que sería tenerla abriéndote el culo pensé – te quiero – y le besé con ternura – ¿a qué es increíble? – él sólo movía la cabeza arriba y abajo – Es bestial… parece que te va a reventar eh? – seguía susurrándole hasta que me dirigí a su amante – cómo follas, cabronazo… quiero que le hagas sentir lo mismo que a mí… pártele en dos, quiero verla suplicar como una perra, como has hecho conmigo… rómpele el culito, déjaselo bien abierto.

Y vaya si lo consiguió. Cuando yo creía que ya no era capaz de darle más fuerte, noté como incrementó el ritmo y la profundidad de sus embestidas, justo antes de que derramara toda su leche calentita dentro de mi novio, todo su peso se desplomara sobre él y se quedara resoplando en su cuello mientras mi novio mordía los cojines y se retorcía como antes había hecho yo, sólo que esta vez si encontraba consuelo al sentir su polla aún hinchada en lo más profundo de su ser. Por un momento tuve envidia de aquel momento que estaban compartiendo. Mi novio había logrado que le llenara el culito de semen y en ese momento pensé que yo no descansaría hasta conseguirlo. Quería compartir también aquella sensación.

Mi novio se puso a llorar como una chiquilla recién desvirgada mientras yo le llenaba de caricias y besos en las mejillas. Intentó decirme algo pero sabía bien cómo se sentía así que posé un dedo sobre sus labios y le pedí que disfrutara del momento. Sabía que aún la polla de nuestro amante palpitaba en su interior y quería que lo disfrutara porque yo también pensaba disfrutarlo en algún momento. Oí entonces correrse a nuestra amiga entre jadeos al ver a su esposo deslomado.

– Ufff, estoy un poco mareada – anunció y dirigiéndose a mí – Nos quedamos a dormir si no os importa. Déjalos aquí… seguro que ninguno de los dos quiere moverse en estos momentos.

Tenía razón. Entonces nos dirigimos a la habitación de invitados para preparar la cama. Yo estaba desnuda y mi amiga sólo llevaba un tanga de encaje precioso que le hacía un culito delicioso. Se me pasó la cabeza seguir la fiesta con ella pero en realidad lo que necesitaba era volver a tener la polla de su marido enterita para mí solita. Antes de que pudiera retirarme a mi habitación, mi amiga me puso ojitos de cordera degollada:

– Sabes? no me habéis hecho ni caso… además, creo que me debes algo.
– ¿A qué te refieres? –sabía perfectamente qué es lo que quería.
– Quédate a dormir conmigo – respondió mientras se acercaba y me plantaba un dulce beso en los labios.

No me hice de rogar y nos metimos bajo el edredón abrazadas. Estuvimos un rato dándonos piquitos y suaves caricias, apartándonos los pelos que ambas teníamos pegados a la cara por el sudor y arrancándonos escalofríos al recorrer con nuestras uñas la espalda de la otra.

– Menuda nochecita. – sólo acerté a decir.
– Qué dos putitas estáis hechas… y además ambas estáis muy necesitadas.
– Bueno, es que tu marido está muy bueno… – traté de disculparme.
– Y folla de puta madre eh?… ya os lo había dicho. Seguro que nunca te habías corrido así. A que no?
– La verdad es que no – me sentí un poco avergonzada.
– Tranquila, yo tampoco hasta conocerlo a él… – y añadió – creo que tu novio tampoco… – y ambas nos fundimos en una carcajada.

Aproveché para bajar mi mano hasta su muslo y comenzar un suave masaje a lo largo de su cara interna.

– Siempre me ha gustado hacerte cosquillas.
– Mmmmm… – fue todo lo que obtuve por respuesta.

Poco a poco fui subiendo hasta su entrepierna y empecé a jugar con su rajita. Como me molestaba el tanguita, tiré de él y pronto acabó enredado en sus tobillos mientras mis dedos se empapaban en su coñito caliente y húmedo. Sus labios gemían junto a los míos y nuestras lenguas se entrelazaban con pasión cada vez que mis dedos se perdían en su interior. Al poco rato su espalda se arqueó, sus piernas abiertas se cerraron y su mano se posó sobre la mía manteniéndola cautiva en su rajita. Me agradeció el orgasmo con un profundo beso de buenas noches. Poco después se quedó dormida.

Yo, en cambio, no lograba conciliar el sueño. En pocas horas habían pasado tantas cosas que resultaba difícil creer que aquello fuera real. Pero efectivamente junto a mí estaba mi amiga desnuda, mis dedos aún olían a su sexo, y mi coñito estaba abierto de par en par y ansioso por volver a recibir la verga de su marido.

Cuando aún trataba de decidir si me levantaba al salón en busca de mi nuevo amante o me quedaba allí complaciéndome con mis deditos entre los pliegues de mi piel, vislumbre una sombra en la puerta de la habitación. Por el tamaño no cabía duda, no podía ser mi novio, así que traté de hacerme la dormida mientras mi corazón se aceleraba. Mi respiración agitada me delató y él se acercó a mí susurrando:

– Parece que no puedes dormir… yo tampoco – de nuevo sus dedos jugaban entre mis labios, introduciéndose eróticamente en mi boca. No tardé en chuparlos uno por uno como antes hiciera mi novio con su polla.
– ¿puedo ayudarte? – pregunté inocentemente entretanto.
– Seguro que sí – dijo introduciéndose bajo el edredón lentamente para no despertar a su esposa.

Yo me giré dándole la espalda para hacer la cuchara. Puse mi culo en pompa para facilitarle la penetración. Ambos estábamos desnudos y ansiosos. La quería dentro cuanto antes pero estaba dispuesto a hacerme desesperar.

– ¿qué quieres? – me preguntó notando su aliento sobre mi nuca.
– Fóllame… – le supliqué – fóllame, por favor.
– ¿me has echado de menos? – no necesité responder porque lo comprobó él mismo introduciendo un dedo en mi rajita empapada. – ya veo, te gusta mi polla eh?.. siempre he pensado que eras una viciosilla pero no sabía hasta qué punto.
– Por favor fóllame ya. Necesito tu polla dentro… quiero que te corras y me llenes de leche. – intenté sonar lo más guarra que pude al tiempo que con mi culito empujaba y aprisionaba su mástil contra su cuerpo.
– Menuda zorrita estás hecha… tu amiga durmiendo a tu lado y tú pidiendo guerra a su marido…
– No seas malo… por favor… hazme tuya. – el contacto de su cuerpo me estaba volviendo loca.
– Ya eres mía… y el maricón de tu novio también. A partir de ahora haréis lo que yo os diga. – sentenció.
No me hizo esperar más me la metió de golpe y yo mordí la almohada para no despertar a su mujer. Me tumbó boca abajo y se colocó encima. Esta vez me folló despacio con ternura. Podía notar todo su cuerpo sobre mi espalda tensándose y gozando con cada embestida. Yo le ayudaba subiendo mi culito para que no dejara ni un milímetro fuera de mí, aunque no creo que lo consiguiera. Cuando ya tenía toda la almohada babeada, se despertó mi amiga con gran interés:

– ¿te la estás follando por el culo? – al tiempo que levantaba el edredón para comprobarlo por sí misma. – ah, pues no… qué vicio tienes so guarra. – añadió.
– ¿quieres que te folle el culito? – parece que la idea le había gustado a su marido.
– No… por favor, sigue. – sólo lo había intentado una vez con mi novio y no me gustó demasiado.
– Uyyy… no me digas que a ti tampoco te han follado nunca ese culito – adivinó con sorna mi amiga – cariño, creo que tienes que desvirgar otro culito esta noche.
– Claro… siempre le he tenido ganas a este culito blanco – yo estaba al borde del orgasmo otra vez.
– No tendrás miedo no? – me preguntó su esposa – mira cómo lo ha gozado el maricón de tu novio – ya, pero él ya estaba acostumbrado a nuestro juguetito, pensé – y a mi también me encanta que me lo abra… verdad cari? – pero su esposo estaba demasiado entretenido con mi coñito en ese momento – venga, cari, fóllame el culito para que vea lo fácil que entra.

De pronto se salió de mí y me dejó más caliente que una perra. No sabía dónde meterme o mejor dicho, qué meterme. Ella se puso a cuatro patas y él la enculó sin ninguna dificultad. La propinó algún azote en las nalgas mientras la sometía a un buen ritmo. Al poco rato los gemidos de ambos inundaron la habitación, junto con el golpeteo de sus huevos contra el culito precioso de mi amiga. No lo soporté más y subí a mi habitación a por nuestro juguetito, necesitaba algo dentro ya. Al coger el juguetito de la mesilla, vi el lubricante que uso con mi novio y no pude resistirme. Volví junto a la pareja cada vez más agitada y empecé a jugar con nuestro consolador en mi rajita. Entonces ella me ordenó probar con algo diferente.

– Muy buena idea. Lubrícatelo un poco y luego fóllate el culito. Así estarás más preparada. Ya verás cómo te encanta.

Ante la atenta mirada de mis amigos decidí cubrirlo de más lubricante e introducirlo en mi culito. Hasta esa noche nunca me había gustado pero pronto descubrí el placer al meterlo y sacarlo suavemente de mi agujerito.

– Qué guarrilla estás hecha – me animaba mi amiga – prepárate porque lo vas a necesitar.. ésta es un poco más gorda que esa – no le faltaba razón.

De repente su marido desenterró su polla y se dejo caer sobre la cama. Probablemente quería reservarse para estrenarme el culito. Ella liberada se acercó a mi y tomó mi juguetito con sus manos imprimiendo un nuevo ritmo a las penetraciones. Yo no me había atrevido a meterlo enterito pero realmente era una delicia. Hizo que me pusiera a cuatro patas y ella detrás de mí de rodillas se comportaba aún más salvaje que su marido, azotándome el culito y cogiéndome del pelo para que arqueara aún más la espalda.

– ¿te gusta zorra? – me trataba con dureza, seguramente estaba haciéndome pagar que su marido la hubiera dejado a medias para follarme mi culito.
– Sí… pero prefiero la polla de tu marido – la respondí descaradamente.
– Tendrás que suplicar por ella, zorra.
– Por favor, quiero que me abras el culito – me dirigía a él.
– Chúpasela para ponerla a punto – me ordenó ella al tiempo que me dejaba caer sobre él sin sacar el juguetito de mi agujerito.

Yo me afané en prepararla ante la mirada divertida de él. Estaba claro que estaban disfrutando de lo lindo con mi entrega y total sumisión. Por fin iba poder abrir ese culito que tantas veces le había pillado observando. Estaba tan impaciente que no me dejó jugar con mi lengua apenas un minuto y nos apartó, para colocarme rápidamente como a su mujer y muy lentamente introducirme todo hasta el fondo. Fue increíble… no tenía nada que ver con el juguetito, era mucho más gruesa pero aún así no me hizo daño o al menos yo solo sentí un placer inmenso. Me hizo gritar como una loca. Tanto que mi amiga se levantó de la cama para cerrar la puerta y evitar así que mi novio se despertara y nos interrumpiera.

– Qué escandalosa eres, por dios. Vas a despertar a todo el vecindario. Eres aún peor que el mariconazo de tu novio.
– Pero tu culito está mucho más rico – apostilló su marido.

Tanto ajetreo hizo que transcurrido un par de minutos empezará a bufar como un toro salvaje y sintiera chorros de semen calentito golpeando en mi interior… por fin estaba inundándome de leche. Se dejo caer sobre mi, resoplando sobre mi nuca. En mi rostro se dibujo una sonrisa de satisfacción al poder comprobar lo que debió sentir mi novio pocas horas antes. Su polla aún ardía y escupía fuego en mi culito, su cuerpo empapado en sudor se pegaba al mío y podía notar el intenso martilleo de su corazón sobre mi espalda. Entonces sí me quedé dormida.

Me desperté con una boca sobre mis labios. Era mi amiga dándome los buenos días. Tenía el pelo revuelto con restos recientes de semen y estaba completamente desnuda al igual que yo. Su marido parecía habernos dejado pero en realidad estaba sumergido bajo el edredón para darme su particular beso de buenos días en los labios. Mi amiga me guiñó un ojo y se incorporó.

– Disfrútalo… voy a ver cómo está el bello durmiente – haciendo clara referencia mi novio que estaría aún dormido en el salón.

Empecé a gemir por el excelente trabajo que estaba desempeñando su marido. Sólo pude coger su cabeza con mis manos y apretarle con más fuerza contra mí para hacerle ver lo mucho que me estaba gustando. Eso lo enarboló y su lengua empezó a taladrarme mientras sus labios hacían preso a mi botoncito. Indescriptible… qué gustazo.

Así que cuando mi novio abrió la puerta, pudo contemplarme enteramente desnuda tumbada boca arriba con mis manos aferrando la cabeza de nuestro invitado sumergida entre mis piernas. Las manos de él apretaban fuertemente mis pechos y su lengua recorría todo mi coñito y desde allí se dirigía a mi culito y volvía. Desvié la mirada de mi chico, cerré los ojos y gemí a placer. Quería centrarme en lo que me estaba haciendo.
Mi amiga también había vuelto, había rodeado a mi novio por la espalda y agarraba su miembro masturbándolo mientras con la otra mano jugaba alrededor de su culito. Era muy hábil y acompañaba sus caricias con susurros en su oído:

– Ni te imaginas de lo que es capaz con esa lengua. ¿te gustaría que te comiera tu rajita? Seguro que sí. Mira como disfruta la perra de tu novia… ¿te gustaría despertarte así? – y ante su silencio le metió un dedo – vamos… contesta putita… ¿a qué te gustaría que mi marido te comiera esta rajita de zorra que tienes como hace con la de tu novia?
– Sí, sí… – gritó él corriéndose en ese mismo instante.

Apoyado en el marco de la puerta, con la polla chorreando aún y siendo penetrado ya por dos o tres dedos, vio cómo me repasaban el coñito una y otra vez. Me sentí un poco avergonzada por ambos pero estaba demasiado excitada para parar todo aquello. Mirándole fijamente me convulsioné de repente y volví a desprender una gran cantidad de fluidos corriéndome de aquella manera por segunda vez en mi vida. La cabeza de él emergió y nos sonrío a todos. De nuevo exhibía su polla tiesa como un mástil.

– Buenos días. Veo que ésta también anda caliente eh? Vaya par de guarras tenemos aquí – comentó con su esposa y dirigiéndose a mí – ahora te toca aplicar con tu novio lo que has aprendido. Yo voy a follarme a mi señora esposa a la cocina si no os importa. – y dicho esto desaparecieron cerrando la puerta.

Mi novio se acercó a la cama, me besó y me abrazó.

– Te quiero – me dijo tímidamente. Se sentía seguramente avergonzado al haber sacado de aquella manera todo lo que llevaba dentro.
– Y yo a ti también. – le dije con absoluta sinceridad.
– Has vuelto a correrte – me dijo al comprobar que tenía las piernas empapadas.
– Sí… es increíble, no te parece? – no podía mentirle.
– Desde luego… te ha follado el culo no?
– Sí – respondí tímidamente… ¿cómo podía saberlo?¿nos habría visto?
– Te ha gustado?
– Me ha encantado – admití – aunque supongo que ya te lo imaginabas – le dije mientras acariciaba su culito que palpitaba desde el dedo que nuestra amiga no había terminado.
– Te ha dejado a medias eh? Déjame que te alivie – y colocándole boca bajo empecé a lamerle la espalda hasta llegar a su rajita – joder, lo tienes totalmente abierto – y enseguida apliqué mi lengua alrededor y acabé introduciéndola como antes habían hecho conmigo.
– ¿qué me haces?… mmmmmm, joder qué rico – sólo acertaba a decir.
– Pues ya verás cuando te lo haga él, me ha follado literalmente con la lengua, metiéndomela hasta dentro – dije guiñándole un ojo y seguí con mi tarea.

Después pasé alternativamente de su culito a su polla y acabó corriéndose en mi boca. Entonces me acerqué a él y nos fundimos en un beso. Cuando nos relajamos fuimos conscientes de la suerte que teníamos de poder compartir un amante como el marido de nuestra amiga.

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Nuestro ginecólogo

Esa tardes fría decidí buscar temprano a mi esposa que se encontraba en la cita con el ginecólogo, de paso podría echarle un ojo a esa belleza de enfermera-secretaría que tiene el doctor en el consultorío que es un verdadero bombón.
Llegué a eso de las 4:30pm a la recepción del consultorio, pero para mi decepción, se encontraba desierto. Esperé un momento, pero alcancé a oir unos gemidos en el cuarto de exámenes. Curioso entré lentamente por el pasillo. Cuando me asomé a la puerta lo primero que veo es la belleza de enfermera, sentada sobre el escritorio del doctor, con la faldita arriba y los calzones en sus tobillos, masturbándose esa preciosa cuquita rosada, con un dildo negro de silicón, que se veía muy grande para su precioso botón. Tenía sus teticas al aire, pequeñas, con su aureola rosadita. Todo un sueño, que despierta mi miembro y lo pone a palmitar. Ella nota mi presencia furtiva en la puerta, y ronríe, haciéndome señas para que entre y observe lo que la teiene tan caliente.
Entro sigilosamente y observó en la camilla ginecológica, como mi amada esposa, se encuentra perfectamente ensartada analmente, por nuestro ginecólogo de confianza. Un médico bastante jóven, tan blanquito y delicadito como su secretaria-enfermera. Los pies de mi esposa se apoyan convenientemente en los estribos de la camilla, y la ayudan a subir y bajar su hermoso culo, a lo largo del rubio pene de su doctor. Las bolas del doctor, si afeitar, lucen un bello amarillo rojizo, y ambos hacen ruidos como si estuvieran en pleno ataque de asma.
Sorprendido dejo salir una exclamación involuntaria…Guao!. Lo que sorprende al doctor, perdiendo su concentración y su fantástic erección.
Mi esposa reclama…Mira querido lo que haz provocado!…Tranquila cariño, ya soluciono el problema.
Me acerco a la camilla, extraigo el pene semiflácido y rubio del culito de li amada esposa, en empiezo a mamarlo suavemente, sintiendo esa mezcla entre cobre y cloro, de un glande que acaba de salir del orto de mi pareja.
La enfermera, se acerca y se coloca por debajo de la camilla, sentada en un pequeño banquito, muy cerca observando como le práctico la felatio a su jefe.
El pene de nuestro ginecólogo, quizá por el efecto sorpreza, aún no recobraba su rigidez. Entonces, para no arruinar el momento delicioso que estaba disfrutando mi señora, introduje primero un dedo, luego dos y finalmente, ayudado por la saliva de la dulce enfermera tres dedos en el huequito rosado del culo de nuestro doctor, que auyando y dando alaridos, ahora si recuperaba una completa erección, y un inflado de su glande liso, que sentía en mi boca, junto a sus jugitos saladitos. Lo masturbé un poco. Ensalibé juiciosamente el culito de mi señora, e introduce el pene del doctor nuevamente.
Ambos empezaron nuevamente en meneo salvaje, con el adicional de que mis dedos permanecían dentro de las vísceras de nuestro especialista y yo me acomodaba para chuparme los juguitos del la espléndida cuca de mi señora mientrs era salvajemente culeada.
Mi querida esposa y su doctor me gritaban, me agradecían, me maldecía…!
Mientras, la enfermerita, sacó mi pito del pantalón, los cuales bajó hasta mis tobillos, me lo peló hasta el fondo y empezó a mamar, chupar y morder…se sacó el dildo de negra silicona, perfectamente lubricado con sus jugos vaginales, y en medio de mi excitación, lo fué empujando en mi orto, hasta que quedé totalmente empalado, tiezo adelante y ensartado atrás.
Sentí como mi mujer empezaba a tener fuertes contraciones orgásmicas, y como creo que no hay mejor poesía que llegar juntos, chupé su cuca con entusiasmo, a la vez de apretaba los debos que estaban dendro del culito del doctor, presionando su próstata y sus huevos. MI señora, exploto en jugos sobre mi cara, el doctor llenaba de leche caliente el culo de mi señora, deramándose sobre mi mano y los huevos del doctor, enjuagando el rubio pelo de la enfermerita. Algunos segundos después, sentía ese ardor en el culo y en las bolas, y eyaculaba abundantemente dirento a la garganta de la catirita.
El pene del doctor se desinfló, y él casi queda dormido, en cambio el mío, tal vez aún exitado seguí tiezo. Mi señora se baja de la camilla, el doctor se baja exhausto y la enfermerita se ubica, yo aprovecho el banquito y se la inserto en su vagina, mientras mi señora toma el control del dildo en mi culo y entre ambos empujamos ritmicamente hasta que la niña grita desesperada, recibiendo mi segunda descarga.
Mi señora me saca el dildo del culo, y me lo lame suavemente. La enfermera y el doctor se besan, compartiendo la leche abundante que le vertí en la boca a la enfermera.
Nos recuperamos, y todos sonreímos.
El doctor se acomoda en su escritorio y le pide a su enfermera-secretaría que nos haga una cita de control para dentro de una semana, preferiblemente al final de la tarde.

Sin dudas debemos asistir puntualmente

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