Los cuernos de Blanca

Era una noche de estas que tus amigos estaban tan borrachos que se ponían a desvariar, y me marché.

Caminando por la calle hacía mi casa me encontré de frente a siete amigos, cuatro chicas y tres chicos, que estaban de celebración ya que gritaba “viva” y esas cosas. Cuando me crucé con ellos una chica rubia muy mona que llevaba una camiseta blanca de “Love NY” con diamantes que le estaba holgada dejando ver su sujetador negro y unos vaqueros ajustados, me miró fijamente y con su labios de color carmín me dijo.

– Mi prometido es un cabrón.- se notaba que estaba algo borracha, al igual que sus amigos, lo cuales se habían adelantado y dos de sus amigas estaban detrás ya que una de ellas se estaba quitando los zapatos ya que con la papa no podía andar.

– Ya será menos.- le respondí mientras que ella se agarraba a mi brazo para no caerse.

Me contó su historia:

– Llevábamos 5 años saliendo, 3 viviendo juntos, nos casamos este año dentro de 3 meses, y ayer me entero que me ha puesto los cuernos con media empresa. Que me los llevaba poniendo desde el primer día. Unos cuernos detrás de otros, ¿te lo puedes creer?

– Vaya, no serḉa verdad niña, tu sabes que las terceras personas mucha veces mienten.

– No lo creo. Por eso he salido con mis amigos para celebrar mis cuernos. ¿Cómo te llamas? – me preguntó ella.

– Simón.

– Yo soy Blanca.- dijo ella dándome dos besos mientras que sus amigos seguían delante parados liándose un cigarro y sus amigas habían empezado a andar hacia nosotros.

– Vente a tomar algo, Simón.- Dijo una de sus amigas, ya descalza, había estado escuchando la conversación.

– Venga, sí. tómate algo, que la chica necesita consuelo.- dijo la otra chica

– Venga, sí. Tómate algo – volvió a decir Blanca .

Como era temprano y no tenía nada que perder, me fui con Blanca y sus siete amigos.

En la discoteca la música estaba muy fuerte y era espantoso. Conseguimos entrar y llegar a la barra donde invité a Blanca a una copa y conseguimos mantener una conversación. Estuvimos analizando lo que sabía y como era su prometido, yo actuando de abogado del diablo.
Por el volumen de la música tuvimos que hablar muy de cerca, mi boca casi tocaba su oreja, notaba su aliento en la mía y supongo que ella el calor de la mía, rozamos mejilla con mejilla, poco a poco de manera más natural. Como dije, estaba borracha y confusa: necesitaba que alguien le diera una visión neutra. Sacarse sus problemas, sus dudas y sus amigos no eran muy buenos ya que siempre barrieron hacia ella y no le darían la visión que le podría dar yo de sus problemas. Ella necesitaba sentirse guapa, y lo era, necesitaba sentirse deseada, necesitaba que alguien hiciera divina y no mortal, ella quería perderse una noche siendo mortal para encontrarse, y ser diosa.

Ella aprovechó mi cercanía para sentir el contacto de mi piel, el calor de mis palabras en su cuello. Yo sentía su olor en mi nariz, me dejé guiar, comencé a jugar con su lóbulo, rozándolo con mis labios mientras le hablaba, y ella se dejaba rozar, y acercó su cuerpo a mí, sus pechos entraron en contacto con mi pecho, girando poco a poco la cabeza, dejando de ser la prometida y convirtiéndose en sí misma. En ese sensual cortejo, ella me acercó su cuello, yo no lo dudé y comencé a besarlo despacio, suave, lo humedecía con la punta de mi lengua.
Ella se separó por un momento, fue cuando aproveché, que tenía su cara enfrente para besar sus labios, su labios de color carmín. Y ella se dejó besar, nuestros labios se juntaron y nuestras lenguas comenzaron a jugar. posé mis manos en su cintura, a ella le había cogido de sorpresa el beso, una mano la tenía en la barra y el otra mano se había quedado aprisionado entre nuestros cuerpos.
Ella me dio en el hombro un toque y dejamos de besarnos, bajo el rostro, no por arrepentimiento de lo que había sucedido sino para asimilar lo que estaba ocurriendo, era deseada por otro hombre que no era su novio.

Después de tres copas y varios besos tomamos un taxi. Nos fuimos a mi casa. Nada más entrar en mi casa Blanca se descalzó y comenzó a andar por ella buscando mi dormitorio. Cuando la encontró se sentó en la cama, demostrado donde quería que fuera el final de la noche.

Me miraba desde la cama invitándome a unirme a ella. Yo me puse delante de ella, le acaricie la cara, ella besó mi mano, y luego bajé la mano por su cuerpo rozando su cuello, ella se dejaba acariciar, su pecho, su cintura acabado en su pantalón. Con mis ojos clavados en los suyos posé mis manos en su pantalón vaquero. Comencé a desabrochar sus botones uno a uno mirándole a los ojos. Ella lo quería así no veía remordimiento en su ojos, fui sacando su pantalón hasta que salió por su pies luego fui metiendo, muy despacio, la mano debajo de sus tanga hasta alcanzar su sexo. Su coño estaba húmedo, más de lo que esperaba. Posé mi mano en la entrada dispuesto a acariciarlo, ella abrió la piernas para facilitar la caricia, poco a poco metía mis dedos en su coño y ella se apretaba los labios con los dientes pidiéndome que mis dedos fueran más lejos. Su rostro era una mezcla entre el deseo y la ira, entre las ganas y el luto supongo que tenía a su novio en mente.

Blanca me miró, comenzó a desabrochar mi pantalón, luego bajó mi cremallera y sacó mi polla de mis boxers. Acaricio mi polla de arriba abajo y luego abriendo la boca comenzó a comerme la polla, hacía desaparecer mi polla en su boca, mientras la humedecía más y más. Deje de meterle dedos y ella me cogió del culo e hizo que me moviera hacia ella, metiendo mi polla más adentro de su boca, Yo balancee mi cuerpo para follarme su boca de color carmín ella seguía comiéndome la polla. Me comía la polla y yo le fui acariciando los pechos luego le levanté la camiseta y le desabroche el sujetador. Me quité mi camisa quedándonos lo dos desnudos y saqué mi polla de su boca.

Ella se tumbó en la cama y yo me tumbé a su lado. Nos besamos una vez más mientras que nuestra manos acariciaban el cuerpo del otro luego me incorporé y le abrí las piernas. Le metí poco a poco mi polla, haciendo que mi cuerpo poco a poco cayera sobre su cuerpo, ella suspiró cuando estuvo toda dentro.

Mi polla en su coño comencé a follármela, ella gemía con cada golpe de mi polla dentro de ella, disfrutaba follándome su coñito húmedo y caliente. Daba cobijo a mi polla mientras que mi polla entraba y salía de su coño. Mis manos estaban encima de la almohada mientras ella acariciaba mi pecho bajando hasta mi trasero y apretando fuertemente con su manos llegando a arañarme el culo de la presión que estaba haciendo, gritando de placer.

“ Déjame arriba” me dijo ella y sacando mi polla de su coño me tumbé a su lado, ella se puso encima mío colocando mi polla dentro de su coño y poco a poco se la metió dentro soltando el mismo suspiro cuando estaba dentro, luego comenzó a mover las cadera hacia adelante y atrás, yo coloqué mis manos en su rostro pero ella me bajó las manos hasta sus pechos. Comencé a besarlos y a pellizcarlos algo que le causaba mucha excitación que era lo que yo pretendía. Aumentaba el ritmo de sus caderas sobre mi polla, y yo le mordía los pechos o cogía sus pezones con mi dientes y le daba bocado con los labios en sus pechos llegando a hacerle pequeños chupetones.

Ella seguía dándole caña a mi polla y yo dejé de acariciar sus pechos para únicamente morderlos mientras que ponía mis manos en su culo, en su redondo y pequeño culito, apretándolo contra mí con mis manos, abriéndole las cachas e incluso comencé a meterle un dedo en su ano. Ella seguía gimiendo y no hizo ninguna desaprobación de lo que mi dedo le hacía en su ano por lo que humedecí el dedo y se lo fui metiendo en el culo. Ella cabalgaba sobre mi polla y yo le metía un dedo en su ano mientras que nuestras respiraciones se solapan una con la otra llegando ella a gritar de placer.
Ella tuvo un orgasmo brutal el cual la dejó sin fuerzas, yo con cuidado la deposité sobre la cama.Ella se dio la vuelta dándome la espalda, creía que se había terminado cuando ella me abrió su culo y me dijo susurrando “ Métemela por el culo, por favor”, “ pero ten cuidado, que soy virgen… se lo había prometido a mi novio pero…” Coloqué mi polla en la entrada de su ano y comencé poco a poco a metérsela, le metía la punta y la sacaba, le metía la punta y algo más y la sacaba, le metía la punto y algo más y la sacaba, poco a poco mi polla entraba en su culo hasta que finalmente entró toda sacaba un poco lo justo para que no se cerrará el ano y luego empujaba muy fuerte, Blanca gritaba de placer ante cada acometida mía “ más fuerte” me dijo y la tomé de la cintura y comencé a follármela más fuerte, cada embestidas con más fuerza hasta que finalmente me corrí algo dentro de ella pero el resto fuera llenándola de semen.

Me levanté y ella estaba demasiada cansada para ello.La cogí en brazos llevándola a la ducha la cual abrí encendiendo el agua. Cuando estuvo saliendo el agua caliente la posé en el plato ducha y comenzamos a besarnos,a mojarnos y limpiarnos el sudor y el semen. Veía su cuerpo y los chupetones que le había propinado a lo largo del cuerpo y los arañazos que ella me había hecho, me agaché y comencé a darle besos en su coñito comiéndomelo, metiéndole la lengua y jugando con su clítoris, ella tuvo un orgasmo . Salí de la ducha y tomé una toalla para ella, la sequé su cara, sus pechos y su culo, le abrí las piernas para secarle su coñito, luego ella cogió la misma toalla y comenzó a secarme a mí la cara, el pecho la polla. Soltó la toalla en el suelo y me tomó de la mano, me llevó a mi cama en la cual se tumbó dándome la espalda “ Abrázame” y la abracé. Nos quedamos los dos desnudos abrazados dormidos.

Al despertar, ya no estaba pero había dejado un mensaje en el espejo del cuarto de baño pintado con su pintalabios de color carmín.

“ Muchas Gracias”.

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Cura Cachondo

El cura proseguía gozando de Blanca con singular enjundia, cuando hubo un cambio de estrategia, deshicieron su abrazo y ella sin sacarse la polla, apoyándose sobre el escritorio, inició a subir y bajar sus caderas con movimientos cada vez más rápidos, daba gozo el ver las nalgas estrellarse contra los muslos del padre, tragando aquel jugoso coño el pene del sacerdote.

Regresábamos mi novia Blanca y yo en coche hacia Huelva desde Badajoz, era de noche, era la primera vez que hacíamos ese trayecto, el camino resultaba ser muy tortuoso, ya que habíamos cogido para acortar un atajo que nos recomendaron por la sierra, la cual estaba cubierta por vegetación frondosa, que incluso impedía ver normalmente el cielo. Al rato de circular por la sierra, empezamos a sospechar que nos habíamos perdido, estábamos fatigados, y según parecía perdidos. Durante veinte minutos más continuamos en el camino, hasta que se tornó recto y dar a llegar a un monasterio.

Al llegar a este, me bajé del coche para ver si en el monasterio había alguien que me pudiera guiar, y de camino estirar las piernas y tomar un poco de aire fresco. Segundos después, oí los pasos de mi novia acercándose a mí. Blanca es una mujer hermosa, 22 años, con un gran cuerpo donde resaltaba especialmente su cintura, sus caderas y su bello trasero, su rostro era atractivo, con grandes ojos azules, y una piel entre blanca y rojiza, encuadrada en una copiosa y prolongada cabellera rubia, es más en ocasiones, la habían confundido con extranjera. Llevaba un vestido rojo muy femenino, acinturado y con una caída extensa que le alcanzaba ligeramente la parte superior de sus rodillas.

Nos dirigimos a un costado del templo, donde se apercibía una luz encendida, golpeamos una puerta de madera con la ilusión de que nos escucharan. Al momento, oímos como descorrían la cerradura y nos acercamos a la puerta, esta se abrió y apareció un sacerdote calvo con lentes, con un hábito oscuro.

– Buenas noches, ¿qué desean?- Preguntó el sacerdote. – Disculpe la molestia a estas horas, pero queríamos solicitarle un pequeño favor. Contestó Blanca. – Sí, ¿en qué puedo servirles? – Nos hemos perdido, llevamos muchos kilómetros y no sabemos dónde estamos. – ¿Se han perdido?, dijo, normal, si no conocen la carretera, es fácil despistarse y más de noche. – Sí, dije yo, podía guiarnos, estamos cansados, muertos de sed y hambrientos, queremos llegar a Huelva lo antes posible. – Lo mejor que pueden hacer es quedarse a dormir aquí hoy, y continuar mañana por el día, es mejor en vuestra situación que partáis por el día, que será más fácil, además aquí hay camas de sobra, pues solo estoy yo en el convento.

Después de mirarnos, decidimos hacer eso, y le dijimos que vale, que nos quedábamos. Pasamos, él cerró la puerta y lo seguimos entrando a uno de los cuartos laterales de la iglesia, que tenía el aspecto de una menuda oficina, con muebles bastante sencillos, algunas sillas, un añejo escritorio de madera y un estante con libros debajo de la única ventana. Él nos comentaba que estaba solo porque las demás personas habían tenido que ir a la diócesis a no sé que cuestión y estarían fuera unos días. El cura nos ofreció café, ya que alimentos no tenía, lo que tomamos ambos con sumo gusto, él nos acompañó tomando algo de vino e inicio una alegre plática en la que nos distrajimos por un buen rato. Pronto se acabó el café y el padre nos brindó un poco de vino que era lo único que quedaba, sonreímos y aceptamos. Él fue a por dos vasos y por más vino, el hombre era atrayente en su trato, de mediana estatura, algo obeso, con pocos pelos negros debido a su calvicie, ojos castaños, piel clara y velluda, y con algo de papada, no como yo que era más alto que él, peso normal, moreno, ojos negros y piel tostadita.

La charla continuó, al igual que el consumo del vino, que mezclado con el cansancio del viaje, hizo que nos sintiéramos relajados y cómodos, la conversación y el consumo de vino continuaban, y sin darnos cuenta, los tres estábamos ya algo contentos, empezando a decirnos el sacerdote que era muy común que él estuviera solo en grandes lapsos de tiempo, que nuestra inesperada visita era un bálsamo para su habitual soledad, unido a las durezas que impone la vida religiosa, algunas de ellas durísimas de soportar.

– ¿Cuál es la más difícil? Preguntó Blanca terminándose de beber otro vaso de vino. – El lograr mantener con voto de castidad a este pobre. Respondió él, levantándose la parte delantera del hábito y enseñándonos que no llevaba ropa interior.

Nos quedamos sorprendidos al dejar su paquete al descubierto, por debajo de su grueso y peludo vientre tendía un miembro sumamente rollizo, que contaba con una gran mata de vello púbico que le coronaba, debajo quedaban unos testículos grandes. Según parecía, el hecho de mostrar su miembro con mi esposa ahí presente había causado cierto grado de excitación en ellos, y mi novia comenzó a exponer interés en esa polla, se percibía un brillo en su mirada. Arrimándose al sacerdote con cara de admiración, extendió su brazo derecho y con su mano albergó y mimó sus testículos, lo que produjo que la verga comenzara a erguirse, adquiriendo más longitud y más grosor.

Blanca se acuclillaba frente al padre, flexionando sus piernas y separando generosamente sus rodillas. Esto me dejaba pasmado, más que nada por el hecho de ver a mi esposa manoseándole las bolas a un cura, mostrándole su entrepierna cubierta con unas bragas blancas y aproximando cada vez más su rostro hacia ese pene. Me miró como solicitándome mi consentimiento, y yo dentro de mi asombro, asentí con un liviano movimiento de cabeza. Inmediatamente, sacando su lengua aspiró la pequeña gota de humedad de la punta del glande, exclamando, ¡Delicioso!.

Comenzó a darle lengüetazos a la base de la polla, lamiendo posteriormente el tronco a lo largo, hasta llegar a los testículos, donde se deleitó dándole con la lengua por todos sitios, metiéndose por turnos los testículos en la boca, mientras con su mano derecha le hacía la paja al párroco, el cual se mantenía parado pero plegando con ambas manos el frente del hábito. Ella viajaba con su lengua de forma ascendente, hasta llegar a la enorme cabeza de la verga, la cual engulló, fijando la cara de zorra que tenía en la cara del padre, instante en el que el sacerdote echó su cabeza hacia atrás y abrió la boca en un gesto de gozo. Blanca mamaba gozosamente el cipote, encajando sonoramente cada vez mayores porciones, observando con cara pícara su efecto en el rostro del sacerdote. La verga logró su máximo tamaño y dureza, el cura empezó a flexionar acompasadamente sus piernas metiendo grandes trozos del pene en la boca de mi esposa, deformándole a veces sus cachetes, ella como buena hembra, resistía los embates tragando la ración que le decretaba el padre, ensalivando con sus labios aquella polla.

El párroco comenzó a robar el control del escenario, estiró su brazo izquierdo para levantar el cabello de Blanca y manteniendo la correcta posición para seguir follándosela. La visión de ver a mi novia, acuclillada, con las piernas separadas y dejando ver sus mojadas bragas blancas, mamándosela a un representante de la Iglesia, era una visión muy caliente, esto hizo, que mi polla mostrara actividad, la mezcla de emoción, excitación y nervios había logrado excitarme al máximo, más aun cuando el único ruido que se escuchaba era el húmedo sonido del machacar la verga en la lagrimosa boca de ella.

Ella nos sonrió gozosamente, vanidosa por su gesto, su rostro estaba muy ensalivado, y con aquel miembro enfrente de su rostro. No aguanté más, la llevé hacia el viejo escritorio acostándola, situé su pierna izquierda en mi hombro, separando como podía la entrepierna de su braga, y le empotré mi polla en su inundada concha, mientras su pierna derecha estaba pegada a la mesa del escritorio. Mi pene entraba y salía fácilmente de ese jugoso coño, estaba más caliente y húmedo que nunca, el párroco logró adaptarse encima de la cara de mi novia, para que ella le retornara a lamer, volviéndole a encajarle la polla. Durante un gran rato conservamos la posición, solo alterada por él, que a veces cogía su verga y con ella azotaba el rostro de Blanca, quien con cierta desesperación esperaba a que se atajara el dulce castigo para retornar alegremente a seguir mamando, viendo como la calva cabeza del padre se llenaba de gotas.

Seguidamente, el cura se acostó en el escritorio y Blanca se colocó encima, se recogió su falda en la cintura, y tomando la verga con la mano derecha la dirigió a la entrada del depilado coño, el padre ayudaba, retirando con la mano sus braguitas hacia la nalga izquierda de ella, gradualmente pero fácilmente se introducía, hasta que solo quedaron los testículos fuera. El sacerdote situó sus manos en cada glúteo de mi novia, abrió ampliamente sus piernas, colocándose Blanca en los huecos, aprisionándola él con sus piernas, ambos quedaron encajados. La sala se inundó de jadeos y olor a sexo, yo me senté en una silla, contemplando la follada y pajeándome, podía ver el rojizo trasero de Blanca manoseado por el padre, quien le apartaba las nalgas abriéndole la hendidura del culo, mostrándome con total lujo de detalle la follada.

Observando como el cura proseguía gozando de Blanca con singular enjundia, continuaba masturbándome, cuando hubo un cambio de estrategia, deshicieron su abrazo y ella sin sacarse la polla, apoyándose sobre sus pies y manos sobre el escritorio, inició a subir y bajar sus caderas con movimientos cada vez más rápidos, daba gozo el ver las nalgas estrellarse contra los muslos del padre, tragando aquel jugoso coño el pene del sacerdote, era ella la que se lo follaba gozosamente, giró su cabeza y fijó su vista alegre en mí, mostrándome con su culo al aire la forma en que se tiraba al cura.

Me acerqué a ellos, situé una mano en las nalgas de Blanca, y ensalivándome el dedo medio de la otra mano recogía parte de los flujos de ellos con los que lubricaba el pequeño ano de mi novia, el párroco volvió a sujetar y separar las nalgas de ella, facilitándome el trabajo, introduje mi dedo en el ano de Blanca, no perturbándose ella, luego le metí dos e igual. Me quité mis pantalones y slip y con cuidado me subí también sobre el escritorio, acomodándome apropiadamente encima del trasero de ella, situé la punta de mi verga en el pequeño orificio y el diligente padre separó más el culo para facilitar la penetración, doblé las rodillas y efectué presión sobre el culo, entraba muy lentamente por la pequeña hendidura de las nalgas, hasta que la penetración resultó perfecta, quedando solo fuera mis testículos, gritando Blanca con ansia gozando de la doble penetración.

Esta enculada era diferente, no era como otras. Gradualmente sincronizamos e incrementamos nuestro martilleo sobre ella, las vergas entraban y salían cada una en su respectivo agujero, mi novia usando sus brazos se empujaba y mecía hacia atrás, deseosa de recibir la mayor ración posible de pollas. Seguimos reventando intensamente a Blanca, el apretado ano me oprimía deliciosamente el pene y a la vez sentía la polla del sacerdote, la cual alcanzó su primera eyaculación, pude sentir a través de mi pene como anegaba de leche la vagina de mi novia, convulsionándose ella, teniendo un gran orgasmo al sentirlo, que crearon pequeñas contracciones de su ano sobre mi polla. La cantidad de semen arrojada fue bestial, su verga ocupaba tan plenamente el coño de ella, que la leche empezó a escurrir fuera, deslizándose por el tronco del miembro, dejando pringoso el todavía embutido cipote, junto con los testículos del clérigo.

Yo continuaba castigando el culo de Blanca como al quitarme yo, él bombeó un poco a mi novia, y enseguida le dijo que se arrodillara para darle su bendición, ella así lo hizo, abrió la boca, sacó la lengua, y el sacerdote restregó la verga en ella, pajeándose a la vez, hasta que empezó a correrse, la primera leche bendita cruzó la cara de Blanca llegando incluso al cabello, después un flujo más lento y espeso que depositó en la lengua de ella, Blanca la metió de vuelta en su boca y lo degustó tragándoselo todo, después ella volvió a tragar la polla del cura, chupándola hasta sorberle los últimos restos de leche.

Después nos vestimos, y nos fuimos a dormir, partiendo el día siguiente hacia Huelva por donde nos recomendó el sacerdote, llegando sin problemas.

Autor: Fary

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Tres días para recordar

Luis intentó penetrar por ahí con su gran verga pero empecé a gritar de dolor porque su verga era demasiado grande, aun así me gustaba mucho ese dolor. Luis se detuvo y me preguntó si debía de contestar y yo le contesté, Bebe, no pares, sentí que no me metió más de la mitad de su verga pero esto me hacía sentir muy bien, así que dejé que me llenara mi culito con su semen.

Hoy el día fue muy hermoso, y me encuentro muy feliz por lo que me pasó, tanto que me he decidido a escribirlo. Pero la historia no comenzó hoy, sino que empezó en la tarde del sábado (hace 3 días). Mi nombre es Lidia, soy una chava que se preocupa mucho por su imagen personal, acabo de cumplir los 19 años el pasado viernes y he sido modelo para la televisora local. Estudio en la facultad de licenciatura en ciencias políticas y me llama mucho la atención la política desde que era muy pequeña quizá por eso mismo no soy la típica niña insulsa de los fresitas como toda la gente con la que me llevo. He tenido varios novios a lo largo de mi vida, a varios los he llegado a amar pero todos ellos han roto el encanto cuando me doy cuenta de que lo único que desean es mi cuerpo y no a mí.

No soy una chava que le gusta presumir por su figura, pero para ser modelo he tenido que ir creando mi figura con extenuantes horas en el gimnasio y con una dieta que sigo como reloj, más que nada mi disciplina me ha hecho tener el cuerpo que tengo. Mi cabello es largo y negro, me llega hasta la cintura y como se cuidarlo bien pues se ve muy liso y suave. Mi piel es blanca totalmente, nunca me ha gustado estar bajo el sol así que no estoy bronceada y mi piel es color blanco lechoso. Mis ojos son color verde claro, mis ojitos son lo que más me gusta de mi misma físicamente. Con respecto a mi cuerpo pues una descripción un poco personal pero ahí va. Soy de estatura normal para una chava (entre 1.65, 1.68) y soy delgada, mis medidas son 88, 59, 91.

Mis senos están muy bien curveados y a pesar de ser algo pequeños son redondos y paraditos, mis pezoncitos están justo en el centro de mis senos. Son pequeños, rosaditos y es una de mis partes más delicadas, en especial porque casi siempre tengo el problema de que se me paran de más y se dejan ver aunque traiga el bra lo cual me llena de pena, pero me gusta la expresión en los rostros de los chavos cuando admiran lo que nunca podrán tener. Mis piernas son largas y atléticas, pero no solo con firmeza, es decir no soy la típica chava llena de músculos. Subiendo más y más arriba esta mi orgullo, mi traserito. Es lo que más le gusta a la gente de mí, quizá porque soy de caderas anchas y lo tengo levantadito, aun así nunca a sido tocado por nadie.

Mi parte más intima y delicada es mi vaginita lugar que por mi suma limpieza siempre tengo bien depilado y como es mi lugar más intimo siempre está limpio, nunca he sido tocada por ningún hombre ahí así que es el santuario prohibido que nadie nunca ha llegado a tocar. Todo esto me ha causado problemas con chavitos que han querido andar conmigo, pero digamos que nunca he sido tan tonta como para dar lo que me parece ser el regalo más preciado para alguien que tiene la mente tan inmadura que ni siquiera intenta conocerme primero antes de intentar algo más.

Era el sábado por la mañana cuando mi amiga Blanca (Mi mejor amiga) me invitó a una convención de comics aquí en Monterrey, porque su novio trabaja para una editorial que hace comics así que nos contrato a las dos como modelos para el stand de su comic. Mi amiga Blanca también es estudiante igual que yo y tiene un cuerpazo quizá mejor que el mío. Ella es de piel morenita, pero no a tal grado que es indistinguible en una sombra. Su cabello es chino y originalmente cafecito oscuro, pero hoy por la ocasión se lo pintó de color rojizo y no se veía nada mal. Como vamos al mismo gimnasio me a tocado bañarme con ella en las duchas así que e visto bien su cuerpo (no con ningún propósito de atracción, sino que simplemente admiro el contorno de su figura). Sus piernas son atléticas y tiene un trasero bonito y bien definido. Pero lo que más me impresiona es que sus senos son muy grandes, creo que debe de medir por lo menos 98 de senos.

Lo mejor es que como ella también hace mucho ejercicio los tiene muy bien delineados y muy paraditos. Sus pezones son muy grandes y morenitos también, le he visto las marcas de las travesuras de su novio alrededor de ellos así que me imagino que es una chava que se divierte mucho con esto del sexo, pero como es mi mejor amiga ella su vida y yo con la mía. Ese día las dos llevamos un traje distinto, vestidas como algún personaje del comic. El traje de ella era un spandex blanco con una línea que le pasa por todo el centro de su ropa. Era de mangas cortas y como era de una pieza le llegaba hasta como dos manos arriba de las rodillas.

En pocas palabras todos los chavitos que andaban ahí hacían fila para comprar el comic más que nada para poder ver el hermoso espectáculo de mi amiga. Yo iba vestida con un top rojo, unos shorts azules pegaditos y unas botas rojas altas, de hecho me veía muy cute con ese atuendo aunque cínicamente estaba casi desnuda. A la mitad de la tarde me aburrí y nos dijeron que podíamos pasear por la convención si repartíamos volantes del comic, así que como staff salí a hacer mi trabajo. En cuanto salimos sentí las miradas de todos sobre mí, pero no era una sensación nueva, eran solo un montón de adolescentes comprando comics en stands y pues ninguno era algo que me interesara. De repente vi un área en el lugar que me llamó la atención porque se me hizo extraño ver algo así.

En esta área había muchas personas sentadas en sillas alrededor de una mesa, con unas hojitas y tirando unos daditos medios curiosos mientras platicaban de algo. Me acerqué para hacer como que repartía los volantes y enterarme de que se trataba todo esto cuando vi que había una mesa con unos chavos vestidos de negro oyendo a uno hablar con ellos. Me intrigó todo esta especie de juego y me acerqué, además de que siempre me ha llamado la atención la subcultura gótica pero por el medio en el que yo me desarrollo el ser gótica es algo que mis papás nunca permitirán. Me acerqué y un tipo gordo se me acercó para intentar sacarme plática, pero lo usé para que me explicara de que trataba esto y después me presentó con los que estaban jugando, me trajeron una silla para que me sentara y viera el juego y si yo quería después entrara a jugar.

Me senté al lado del chavo que más me había llamado la atención. Era un chavo que cuando lo vi pensé que tenía aproximadamente 18 años pero cuando lo oí hablar supe que debía de tener como 19 porque decía cosas que los demás no podían decir con tanta pasión igual que él. Tenía cabello largo y negro, le llegaba hasta los hombros y estaba un poco descuidado, pero la verdad eso me gustaba más de porque si lo hubiera tenido sedoso como que un chavo no se preocupa tanto como una chava acerca de su cabello, así que de esa manera sabía que no era gay. Estaba todo vestido de negro con unas bandas de piel que le cubrían todo el brazo y se veían muy bonitas, como las del guitarrista del grupo Morbid (mi grupo favorito después de Rammstein).

Traía unos pantalones negros y ajustados y sobre ellos se dejaban ver unas botas negras de motociclista. Su cara era limpia y cuando lo vi por primera vez noté que sus ojos eran negros y profundos, muy descriptivos. Todos ellos aparentemente estaban jugando un juego de vampiros que es un juego narrativo, yo vi solamente un libro grande que decía  Vampire  y me empecé a sentir bien porque, como lo decía, soy una amante de la cultura gótica y he leído varias obras de vampiros de diferentes autores. Ninguno de los chavos que estaban ahí me veía bien o se preocupaba por que yo estuviera ahí, así que no me sentía muy a gusto entre ellos y no quería estorbar.

En eso este chavo volteó y me vio, lo cual contesté con mi típica sonrisa para que viera que era inofensiva. A diferencia de los demás este chavo no se fijó en algo más antes de mirarme el rostro y eso me sacó mucho de onda. Ese día fue curioso porque me arreglé las uñas durante 1 hora para que se vieran bonitas con unas chispitas de colores plateados que había comprado, ni siquiera mi amiga Blanca me dijo algo acerca de eso y eso me había desanimado un poco. Pero recuerdo bien que lo primero que este chavo me dijo fue que mis uñas se veían muy padres y eso me hizo sentir muy bien y más porque lo había dicho él. Comenzamos a platicar y como que él notó que yo no estaba entendiendo nada y como nadie me quiso explicar él mismo, me empezó a hablar acerca del juego. Me dijo que era un juego de rol y que trataba de vampiros, cosa que ya me había imaginado, pero lo que me sorprendió era la fluidez con lo que me decía cada cosa acerca del juego porque citaba a mis autores favoritos como Stoker, Rice, Byron y nunca había conocido un chavo que le gustaran esas cosas y que compartiera tanto conmigo tan libremente sin estar buscando algo de ante mano.

Le empecé a hacer preguntas y cuando no entendía yo algo movía los ojos como seña de que no captaba lo que me quería decir y él lo volvía a explicar solo por mí. Me hizo sentir muy especial porque fue el único que se me acercó a pesar de que tuvo que dejar de jugar. Cuando yo empecé a hablar con él ya bien, le empecé a hacer preguntas personales, cómo se llamaba. Me dijo que se llamaba Luis y quizá como algo muy tonto me di cuenta que nuestros dos nombres empezaban con  L  y se lo dije, aunque se me hizo algo muy tonto decirlo en el momento él me sonrió y me dijo que yo era una buena persona y me hizo saber que él no quería ser un cualquiera en el futuro porque esa carrera es la de más prestigio en esa universidad. Me di cuenta que él era muy parecido a mí así que eso me gustaba más, el único defecto que le hallé es que no le gustaba Rammstein como a mí, pero le gustaba mucho Morbid y muchas otras bandas de Heavy Metal así que eso me llamaba mucho más la atención.

Recuerdo bien que cuando ya nos íbamos él se puso debajo de la tarima que era parte del stand esperándome y pise mal al bajar los escalones y caí sobre él, solo que su cuerpo amortiguó el golpe porque se vio rápido y me tomó en sus brazos con fuerza antes de caer. Me mantuvo abrazada en ese pequeño momento y levanté la vista para ver sus ojos y darle las gracias, cuando vi su rostro tenía una sonrisa dibujada y me gustó mucho la forma en la cual me preguntó que si yo estaba bien. A lo cual no supe como contestar así que tomé su mano y le planté un beso en la mejilla derecha. En ese momento él me abrazó y me dijo que esa era la mejor recompensa que alguien le pudiera haber dado, lo cual me encantó como cumplido. Después de esto, me acompañó a mi casa y ahí le escribí en un papelito color rosa mi nombre, mi teléfono y mi cuenta de Messenger.

Toda la noche me sentí muy caliente y me acordaba de sus ojos cada vez que cerraba los míos. Como tengo mi cuarto propio que está alejado de los demás, esta vez cerré con candado y me vi en el espejo durante una hora hasta la medianoche, estaba totalmente desnuda. El calor pasaba por todo mi cuerpo hasta que no me pude controlar más. Bajé dos de mis dedos de mi mano derecha y empecé a tocarme la vagina con un movimiento circular sobre mi clítoris, mientras con la otra mano empecé a tocarme el pezón de mi seno derecho. El pensamiento de que Luis podía estar conmigo en ese momento haciéndome suya era lo que me llenaba de lujuria como nunca antes lo había sentido. Me toqué durante mucho tiempo hasta que el movimiento empezó a hacerse como un ritmo acelerado que me producía un gran placer. No sé porque, pero no quise terminar ahí yo sola, así que me detuve de repente y me acosté a dormir.

Mi sueño fue la continuación del final de esta noche porque soñé que yo estaba vestida de negro al lado de Luis y que él me proponía que nos casáramos y durante la noche de bodas tenía mi primer orgasmo. Fue un sueño tan hermoso que lo escribí en cuanto desperté a la mañana siguiente. Luis me daba su calor por todo mi cuerpo y me besaba por todos lados, fue lo más romántico que pude haber sentido en un sueño, tanto que estaba dispuesta a que se hiciera realidad.

Al día siguiente fui de nuevo a la convención, pero esta vez ya no fui por parte del trabajo, sino que fui por mi propia voluntad para buscar a Luis y estar con él un rato, además de que iba con la barra de estaba ahora nada más acompañando a Blanca. Fui vestida esta vez totalmente de negro, con botas altas, un pantalón de cuero negro y un topp negro con rayitas grises que me encontré entre toda mi ropa. Luis no llegaba y empezaba a perder las esperanzas de que llegara así que acompañé a Blanca a que se cambiara en los vestidores. El cuarto estaba vacío y Blanca entró a uno de los vestidores, la verdad me empecé a sentir muy caliente en cuanto me vi en el espejo así que ahí mismo volteé hacia todos lados a ver si no había nadie más y me metí a un vestidor para continuar con mi fantasía de la noche de ayer.

Me bajé los pantalones y empecé a darme placer de nuevo de la misma manera con los dedos, esta vez cada vez más y más rápido. Pensaba en la voz de Luis hablándome al oído y diciéndome que era la mujer más especial de su vida, diciéndome que yo era la única para él y que quería cuidarme eternamente. Después de eso me empecé ya no a solo frotar el clit, sino que ahora empecé a introducirme los dedos, poco a poco y cada vez más rápido. Se sentía muy rico así que continué y empecé a respirar más aceleradamente hasta que llegó el punto donde empecé a jadear sin preocuparme por que me oyera alguien.

Sonaba como una mujerzuela pero no me importaba porque estaba sintiendo lo más rico que alguna vez pudiera sentir en mi vida. Y en ese momento cuando casi me iba a venir toda, Blanca abrió la puerta del vestidor viéndome agarrando toda mi intimidad. Me sentí muy avergonzada pero no sabía que hacer así que intenté cubrir mi acto y me detuve, pero la mirada de Blanca se me hizo sospechosa porque cerró la puerta detrás de ella mientras me decía que tenía suerte que solo ellas dos estuvieran en los vestidores porque de haber sido alguien más hubieran llamado a la policía por tal acto de exhibicionismo. Me hizo sentir peor eso que me dijo pero cuando me disponía a levantar los pantalones, vi que ella se empezó a quitar su trajecito amarillo de heroína de comics sacando sus enormes senos ante mí. Esto me paralizó toda, yo no era lesbi, pero ella era mi mejor amiga y la verdad siempre había sentido admiración por su cuerpo que en secreto siempre quise tocarlo como si ella fuera un hombre. Blanca me dijo que no tuviera miedo porque todas las mujeres se masturbaban una vez en la vida pero que ella necesitaba enseñarme como debía de hacerlo bien para llegar en el momento de éxtasis. Vi como se desnudó completamente y empezó a masturbarse de una forma tan hermosa que me quedé atónita, su cara era de placer total y esto me excitaba mucho porque era ver la cara de una persona en el momento antes de un orgasmo.

Sus senos brincaban de una manera muy espectacular así que no se que fuerza me poseyó para hacerlo pero me le acerqué y le empecé a besar toda la cara hasta llegar a sus labios. En ese momento mientras ella se masturbaba yo le empecé a agarrar sus hermosos senos con las manos, eran dos melones hermosos y ya muy maduros. Eran suaves y lindos tan lindos que tuve que saborearlos. Bajé hasta chuparle cada centímetro de sus enormes tetas y al parecer esto la excitó tanto que empezó a gemir con fuerza hasta que ella se terminó viniendo a la altura de mi estómago. Cuando volteé a verla vi que sus manos iban directamente hacia mi vagina, pero las quité antes de que llegaran. Ella se enfadó en ese momento y me preguntó porque si yo le ayudé a ella, porque ella no me podía ayudar a mí. A esto yo le contesté que yo no quería que así fuera mi primera vez así que le dije que quizá después en otro momento. Blanca me conoce desde hace mucho así que no se enojó tanto y después de vestirnos nos fuimos de los vestidores.

En cuanto salí me encontré con Luis, lo cual me hizo saber que tomé la verdadera solución, ya que no eché a perderlo todo con mi amiga en vez de con la persona que yo quería estar. Luis estaba vestido con una camisa de vestir abierta que me permitía ver que tenía vello en el pecho, de hecho los dos juntos hacíamos una muy bonita pareja vestidos de negro y se lo dije. Luis me dijo que para él era igual el color con el que yo estuviera vestida porque para él seguía yo siendo yo y eso me hizo sentir mejor aun porque me decía con eso que yo era alguien para él.

Blanca me dijo que ya se iba a ir al concurso de disfraces de la convención, al cual yo ya me había rehusado a formar parte en este día, así que salí con Luis fuera de la convención para platicar y le conté lo que pasó con Blanca, y a diferencia de cualquier otra persona él no se alteró ni dijo nada y me preguntó que si me había hecho daño a lo cual le contesté que no. No quise decirle porque Blanca había entrado a mi vestidor a masturbarse, pero le tomé la mano y le dije que era la mejor persona que yo había conocido en toda mi vida. Luis se sacó de onda y me dijo que él no podía decirme aun nada porque quizá no duraría nuestra relación si el segundo día en el que anduviéramos juntos ya fuéramos novios.

Eso me puso a pensar mucho y quedé pensando en que quería que esto fuera una aventura y quedara como ello, y como no sabía que opinaría él, pues se lo conté francamente. Luis me dijo que estaba bien porque él también ya me había idealizado y no quería que algún día pensáramos en nuestra relación como algo que empezó muy estúpidamente así que los dos aceptamos el reto como una aventura. Platicamos un rato más y descubrí que Luis tenía 18 años y no 19 como yo pensaba, eso me gustaba aun más porque siempre me ha gustado andar con gente más joven que yo. Y entonces después de platicar fuimos adentro a anunciar nuestro noviazgo a Blanca.

Fuimos al lugar donde estaba el concurso de disfraces pero había mucha gente. La gente empezó a correr a la salida por donde nosotros apenas íbamos entrando y Luis me abrazó haciéndome a un lado para que no me golpeara nadie en ese momento. Me apartó de toda la gente y mientras estábamos abrazados lo vi tan tierno intentando protegerme que no tuve otro remedio más que dejarme llevar por mi instinto. Besé a Luis justamente en la boca, su beso me supo a miel destilando del panal. Era lo que los dos queríamos, y ya lo teníamos, sin miedo a que algo pasara. Duramos más de 15 minutos besándonos en ese lugar cuando me empecé a dar cuenta que sentía algo enfrente de mi vagina. Era Luis, estaba realmente levantado dentro de sus pantalones que hasta yo lo podía sentir, fue la cosa más excitante empezar a fantasear con el tamaño de su miembro y más porque nunca había visto uno directamente. Me empecé a poner muy caliente y donde estábamos aproveché que la gente ya se había ido para bajar las manos de Luis hasta mi trasero. Luis se sacó de onda y yo le dije con una voz muy suave en su oído:

-Bebe, nunca nadie las ha tocado, pero tú eres especial para mí así que quiero que sean tuyas hoy mismo.

Luis me besó y me empezó a tocar todo el trasero haciéndome calentar demasiado. Sentía que su pene quería despedazar sus pantalones y los míos hasta llegar a mi rayita. A Luis le valió madres en ese mismo momento y me metió una mano en mi pantalón ajustado de cuero y me empezó a dar con sus largos dedos con uñas pintadas con esmalte negro. Esto era lo que yo quería así que deje que me diera y deje que mis gemidos fueran opacados por nuestro prolongado beso. Y en ese momento, fue la primera vez que tuve un orgasmo, donde me corrí adentro de mis pantalones de cuero. Me sentía muy sucia así que metí a escondidas a Luis al baño de las mujeres y ahí me empezaría yo a limpiar.

Antes de entrar al baño nos encontramos un letrero de fuera de servicio y lo pusimos en el baño para que nadie entrara. De esta forma me bajé los pantalones de cuero para empezar a limpiarme mi conejito húmedo. Luis vio todo el espectáculo que le di y le encantó ver mis pantis de ositos rosas llenas de todo mi jugo, en ese momento me las quité y fui por un poco de papel para limpiármelo, pero justamente cuando me lo iba a limpiar, Luis se me acercó y me empezó a besar desde atrás y empezó a descender hasta llegar a mi vaginita. Luis me subió sobre el lavabo y me empezó a lamer toda la vagina excitándome más y más, me estaba poniendo bien caliente, sentir su lengua una y otra vez limpiándome la rayita era la cosa más rica que yo podía sentir.

En eso Luis se levantó y me empezó a besar de nuevo mientras me masturbaba con una mano y se quitaba los pantalones con la otra. Me hizo venir por una segunda vez entre una gran corriente de gritos y gemidos, que lo excitaban a él demasiado y hacían que mi vagina se lubricara más y más abriéndose a lo ancho. Las olas que salían de mi vagina saltaban por todos lados, haciéndome sentir como la mujer más afortunada del mundo. En eso vi por primera vez un pene, debo de admitir que Luis era delgado, pero su verga era gruesa y larga. Yo quería que él sintiera lo mismo que yo así que me arrodillé ante él y le dije:

– Bebe, voy a hacer que te calientes tanto hasta que ya no puedas más .

Metí su enorme miembro en mi boca como pude y con las dos manos empecé a jalarlo hacia delante y hacia atrás. Mi saliva lo cubrió todo de un momento a otro, mientras Luis me tomaba de mi cabeza con delicadeza y acariciaba mi cabello en ese momento. Luis se veía muy feliz mientras recorría su verga con toda mi lengüita y sentía que se paraba un poco más mientras lo hacía más rápido así que empecé a mamarlo más y más rápido, hasta que un liquidito salió primero cubriendo su cabecita, la verdad no me dio asco tragármelo porque a Luis no le había dado asco tragarse el mío.

Entonces pasó, cuando sentí dentro de mi boca un gran chorro de leche que se disparó dentro de mi boquita y me lo tragué como pude siendo que no sabía muy rico que digamos. Luis se arrodilló hasta llegar a mi nivel y me intentó besar y yo le dije: -No bebe, deja me lavo la boquita primero, porque me ensucié, me dijo que él no me tenía asco de ninguna forma de mí y apasionadamente me tomó y me besó por mucho tiempo.

Luis se quitó la camisa revelando un montón de cicatrices y noté que una de ella decía Lidia y me explicó que el día anterior él se había cortado mi nombre mientras se masturbaba y eso me hizo sentir muy excitada y quizá por la mamada que le di me excité a tal grado que me corrí por una tercera vez. Luis vio que se me notaban los pezones a través de la ropa así que me quitó el top y tiernamente me abrió el bra y empezó a acariciar mis pezoncitos parados. Me empezó a besar el pecho durante mucho tiempo mientras me daba mordiditas y pellizquitos en los pezones y en todo mi pecho.

Ya estábamos completamente desnudos cuando Luis se levantó y me ayudó a mí a levantarme y me puso de perrito con el pecho sobre el lavabo. Me empezó a lamer el agujerito de mi trasero y me dijo que estaba hermoso mi trasero. Luis me intentó penetrar por ahí con su gran verga pero empecé a gritar de dolor porque su verga era demasiado grande, aun así me gustaba mucho ese dolor. Luis se detuvo y me preguntó si debía seguir y yo le contesté:

– Bebe, no pares, nooo, nooo no pares, por faaaaavor, nooo, nooo no pares, síguele.

Yo sentí que no me metió más de la mitad de su verga pero esto me hacía sentir muy bien,  así que dejé que me llenara mi culito con su semen por esta vez. Después que terminó, me dio la vuelta, me puso primero un beso en mi vaginita y después de eso me dijo:

– Esto es la muestra de que te amo Lidia.

Le ayudé metiéndome su verga en mi vagina, pero para nuestra sorpresa no cabía, mi agujerito era muy chiquito al parecer. Luis me tomó con su brazo por mi espalda y me dijo al oído: – Hermosa, muérdeme el cuello y lo hice.

Hoy es lunes, Luis está dormido a mi lado en este momento, me hizo tener siete orgasmos en mi primer día con esto del sexo y yo estoy agotadísima. Los dos tenemos una herida que recordaremos con mucho gusto y pues somos novios por ahora sin importar lo que pase mañana. Le comentaré a Luis que si a la próxima se nos puede unir Blanca a nuestras travesuras, después de todo yo no tengo las tetas como ella y será divertido para mi hombre embestir a dos mujeres al mismo tiempo…

Autora: Lidia

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De nuevo se desata la pasión

Él empezó a hacer presión por un lado y ella empezó a gemir con más ganas, y de repente, con gran dificultad, se coló al lado mío dentro de la vagina de mi esposa, podía sentir la piel de su pene junto a la piel del mío y las paredes vaginales estiradas al máximo, mientras ella decía que le encantaba sentir nuestros dos penes en su interior, que era lo que más había ansiado todo este tiempo.

Casi un año hace que mi esposa y yo participamos en nuestro primer trío HMH, el cual fue sencillamente delicioso y ella gozó como nunca antes la había visto gozar, al igual que mi amigo Aníbal y yo.

Desde entonces nuestra vida se hizo prácticamente «normal» y no participamos en ninguna otra clase de relaciones de este tipo, siempre con la esperanza de volver a estar de nuevo con Aníbal, la persona con quien experimentamos nuestra primera vez y con quien hicimos una gran confianza, aunque por supuesto que en la cama seguíamos igual o más apasionados, y en nuestras fantasías siempre estaba él presente, ella imaginaba que era él quien la cogía con su gruesa polla y yo me imaginaba que los veía cogiendo y besándose y me excitaba muchísimo, pero la verdad es que queríamos hacerlo de nuevo en la realidad y los dos nos moríamos de ganas de que volviera Aníbal para gozar de lo lindo del sexo en trío, sólo con él.

El hecho es que múltiples ocupaciones le impedían volver a visitarnos y varias veces había quedado de venir, con lo que mi esposa se ilusionaba y contaba los días para volver a comerse la gran verga de Aníbal, pero siempre surgía un inconveniente de última hora y se volvía a aplazar su regreso. Pero después de tantas vicisitudes y esperas, al fin se llegó el gran día, ¡por fin iba a volver! Mi esposa Blanquita no lo podía creer, de sólo pensar en lo que le esperaba se le humedecía toda la cuquita y yo le decía que si se imaginaba lo que íbamos a hacer, que se imaginara que de nuevo le hacíamos una doble penetración y agarraba una calentura de las que a mí tanto me gustan, que se le pone esa cuca toda babosita, sedosita, se le engordan los labios vaginales y cuando la penetro me acaricia de una manera deliciosa y se siente un calor húmedo definitivamente exquisito, que me hace tener unos orgasmos muy fuertes y ricos, mientras yo me la cojo bien duro, ella por lo general termina dos o tres veces seguidas, cuando nos excitamos imaginando lo que nos espera en el momento que de nuevo estemos con él.

Lo cierto es que esta vez era cierto, él volvía. El día acordado nos llamó y lo confirmó, ya estaba en la ciudad y a las 8:00 de la noche nos pasaría recogiendo en su carro. Ella se encontraba feliz y dichosa y radiante, se acicaló con una dedicación asombrosa, y el resultado fue magnífico: quedó realmente preciosa, con una minifalda a mitad de los muslos, con la cual se veía muy sexy y provocativa, una blusita con una manga destapada y la espalda también a medio descubrir, que le daba un toque de misterio, además era cortita y le dejaba ver su precioso ombliguito, de verdad estaba muy linda, además con unas sandalias altas, de las que tienen tiritas para amarrarse en los tobillos, y unas tanguitas diminutas y además no llevaba sostén. Parecía una chamita (jovencita), aún con sus 33 años encima, de verdad que no los aparentaba para nada.

Como la noche estaba un poco fría, llevaba puesta una chaqueta negra, de pana que le daba un toque de elegancia, majestuoso. En fin, estaba seguro que Aníbal iba a estar encantado de cogerse semejante caramelito de mujer y si a eso le agregamos lo caliente, dispuesta y complaciente que es, cualquier hombre quedaría encantado con mi preciosa mujer, que por algo llevamos 15 años juntos y cada día la quiero y la adoro más y soy muy feliz al lado de ella; por eso me gusta complacerla en todos sus deseos y sus caprichos y este era uno de ellos, el poder disfrutar de dos vergas para ella solita, el placer de ser poseída por otro hombre frente a su marido, cuatro manos dispuestas a acariciarla y a hacerla la mujer más dichosa del planeta.

Sus fantasías de nuevo serían cumplidas, la larga espera había terminado. Como siempre, Aníbal no llegó puntual, pasaron las ocho, nueve, y las diez y no llegaba, ya ella se estaba impacientando, hasta que nos llamó explicando su retraso y que en 15 minutos llegaba y así fue. Cuando salimos del apartamento la miré y llevaba una cara de gusto y de excitación que, como dice la frase publicitaria de las tarjetas, «hay cosas que el dinero no puede comprar» y esa era una de ellas, esa mirada de placer y de gusto, de satisfacción, como cuando uno le regala a un niño el juguete que tanto ha anhelado. En fin, el corazón también me saltaba de excitación y me daba un hormigueo en el estómago, sabiendo lo que venía, salimos a la calle y allí estaba él. Como era muy tarde y no había posibilidad que nos vieran los vecinos, tuve la gentileza de subirla a ella en la parte delantera del auto, junto a él, para que pudieran saludarse como es debido y yo me subí en la parte de atrás, a disfrutar del espectáculo.

Allí mismo él nos saludó, me dio cortésmente la mano y me la apretó con cariño y a mi esposa la besó en la boca, abrazándola con pasión, gesto totalmente correspondido por ella, que prácticamente se abalanzó sobre él y se lo quería comer con la boca, mientras él le decía lo mucho que la había extrañado, las ganas que tenía de cogérsela y todas las veces que se había masturbado pensando en ella, en nosotros. Ella por su parte también le contó lo mucho que lo había pensado, como se imaginaba que él se la cogía con su grueso miembro y lo mucho que también había extrañado sus caricias, sus palabras y por supuesto, su herramienta, siempre dura y dispuesta. Yo desde atrás los veía complacido y excitado, me encantaba verlos así, ansiosos, deseosos.

Mientras iba manejando, ya en camino al motel que siempre íbamos, un paradisíaco motel de montaña, en los andes, precioso, muy bien decorado y el lugar perfecto para la pasión prohibida, Aníbal pasaba sus manos por las piernas de mi esposa, y ella se estremecía y sutilmente abría más las piernas, en claro gesto de complacencia, para facilitarle la labor y lograr que sus dedos llegaran a su rica cuquita, que a estas alturas seguramente estaría encharcada y palpitante, a sabiendas de la cogida tan deliciosa que le esperaba. Él poco a poco logró llevar sus dedos a su vagina, por debajo de la falda, protegida por la pequeña tanguita que llevaba puesta, de color negro, como a él le gusta, y por eso ella se la había puesto, para complacerlo en todos los detalles.

Él hizo a un lado la tela que le estorbaba para llegar a su objetivo y suavemente empezó a acariciarle la pepita y a tomar entre sus dedos los pliegues de sus labios vaginales, suaves, preciosos que los tiene ella, y luego a poner la punta de sus dedos al frente de su ardiente agujero, mientras ella levantaba complacida las caderas, esperando que le introdujera, al menos por el momento, sus dedos en su hambriento sexo. Por fin logró hacerlo y ella exclamó un ¡ahhh! de gusto, que me estremeció de placer a mí también, imaginando el goce que le estaba dando Aníbal con sus caricias, ya que de verdad os digo que disfruto muchísimo cuando ella siente placer y esa es una de las razones por las cuales me encantan estas aventuras sexuales tan prohibidas por la sociedad, para verla gozando y gritando de placer y que mejor que un trío para ello.

Así estuvo un rato Aníbal acariciando su cuquita, sus piernas, sus senos, de repente se acercaba y le daba un beso, en algún semáforo que nos detuviéramos y ella lo miraba con lujuria y ansiedad, de que de una vez por todas llegáramos al motel, para dar rienda suelta a la pasión desbocada que los tres sentíamos en ese instante. Ella por supuesto no se quedó quieta y respondió a las caricias de su amante visitante buscando con sus manos el objeto de todos sus sueños, el pene de Aníbal que tanto gusto le había dado y que tanto había imaginado volverse a comer y por fin lo iba a tener para ella solita, entre sus piernas.

Ansiosa por volverlo a ver, mi esposa se agachó en la silla en las piernas de nuestro amigo y buscó ansiosamente entre sus piernas la verga de él, bajándole la cremallera al pantalón y haciendo a un lado sus interiores, logró encontrar el pene anhelado, que se encontraba como una roca, grande, grueso, duro, imponente, y que saltó como impulsado por un resorte, mostrando en la cabeza un brillo delatador de lo excitado que se encontraba de imaginar la mujerzota que se iba a comer y que tanto placer le iba a brindar. Al verlo mi mujercita se relamió los labios y se dispuso a besarlo, diciendo lo mucho que le gustaba, lo grande que estaba y cuanto había esperado por ese momento. Al instante ya tenía entre sus labios toda la verga de Aníbal, con una pasión y una furia salvaje, parecía que se lo quisiera comer de verdad, aunque, claro, yo desde atrás, asomado por un lado del asiento de Aníbal, no tenía un campo visual muy grande, pero sí podía ver la preciosa cabellera negra de mi adorada mujercita, clavada entre las piernas de su amante, prácticamente devorándole el güevo, mientras yo, su esposo, me complacía viéndola en esos ajetreos.

Para mí era una imagen supremamente sensual, qué mamada le estaba dando, en plena vía pública, con los vehículos pasando al lado de nosotros, pero la oscuridad y los vidrios semi-ahumados de su auto nos protegían un poco, sin embargo, no nos importaba, si alguien nos veía, mejor, que se excitara también con el espectáculo y que pusiera a volar la imaginación con la escena. Desde allí podía ver como su cabellera se movía con el vaivén de su boca arriba y abajo, como lo chupaba, como un caramelo y Aníbal se deleitaba y exclamaba lo mucho que le complacía sentir esos tiernos labios en su polla, esa caliente boca en su portentoso aparato, que casi no le cabía en la boca, pues se veía el esfuerzo que debían hacer sus labios para albergar semejante cosa tan gruesa, y eso era precisamente lo que a ella más le gustaba, sentirse llena por completo, tanto su boca como pronto su cuca.

Ya cuando íbamos llegando, él le hizo un gesto a ella de que se detuviera, que lo iba a hacer acabar y quería era echarle toda su leche, pero en el coño, hasta dejárselo repleto de semen y eso sería cuando por fin llegáramos al hotel. Ella entonces se levantó y me miró con cara de lascivia, de lujuria, de excitación y me dijo: ummm qué rico está, ¡me muero de ganas de que me coja con ese bichote tan grueso y grande! y me guiñó el ojo con un gesto de complicidad, me le acerqué y la besé con pasión, en su boca húmeda por los jugos lubricantes de Aníbal, que se confundían con nuestra saliva y sabía a puro sexo, era muy excitante, sentirla así.

Entonces me escondí en la maleta del carro, a la cual se podía llegar por el respaldo de las sillas traseras, ya que en estas ciudades tan mojigatas, no permiten a más de dos personas en un motel y cerré la compuerta y los perdí de vista, pero podía escuchar sus jadeos y gemidos, especialmente los de ella, que me excitaban, imaginando qué le estaría haciendo, cómo la estaría acariciando, mientras esperaban su turno en la fila de carros que también se disponían a entrar al motel, muy concurrido a aquellas horas de un fin de semana. Me tenían como loco de la excitación las exclamaciones de ella de gusto, pues ya sin el temor de tener que manejar y acariciarla y seguro que un poco más cómodo por no estar ante mi presencia, se dedicaron a acariciarse y besarse con delirio, con ardor, tratando de compensar un poco el tiempo tan largo en que estuvieron separados y a sabiendas que después que todo pasara de nuevo iban a separarse por otro amplio tiempo, entonces había que sacarle el máximo provecho a aquellos preciosos minutos en que estaban juntos.

Al fin entramos al motel y yo pude salir de mi escondite. Aníbal me entregó las llaves de la habitación, para ir abriendo mientras él cerraba el garaje, me adelanté y atrás venía mi adorada esposa Blanquita, tomada de mi mano y con una cara de vicio que me encantaba. La miré y le pregunté que cómo se sentía, respondió que estaba que explotaba de la excitación y que ansiaba que él se la cogiera y que luego los dos la penetráramos por sus dos agujeros, tal y como tanto lo habíamos soñado, me apretó con ternura la mano y mirándome a los ojos simplemente me dijo: gracias, papi, me haces muy feliz y te quiero mucho, mucho, mucho, a lo que yo le respondí que igualmente la amaba muchísimo y que quería verla gozando como nunca, como una perra en celo, que se sintiera como toda una puta, como una hembra con ganas de macho, que se desinhibiera por completo y que no le diera pena conmigo, que además quería que cada vez que fuera a tener un orgasmo que lo gritara bien duro, que se quejara todo lo que quisiera y con ganas, con pasión, para gozar también escuchándola y disfrutar con su placer ya que eso me vuelve loco y de verdad que me encanta oírla quejarse mientras me la estoy cogiendo o en este caso, mientras se la coge Aníbal.

Nos ubicamos en la habitación descargamos nuestras pertenencias y yo me ubiqué en una silla al lado de la cama, mientras que Aníbal llegó y abrazó a Blanquita con pasión y de nuevo empezó a besarla y a darle lengua con unas ganas terribles, que demostraban lo mucho que también él había ansiado ese momento, mientras mi esposa le correspondía con igual o mayor pasión y yo los veía todo excitado, con el pene a punto de reventar de lo duro que estaba. Entonces él la fue desnudando poco a poco, bajándole su falda mientras le besaba los senos y ella alzaba un pie y luego el otro, para ayudarle en su tarea, mientras le acariciaba la espalda, los brazos o cerraba los ojos para disfrutar de sus caricias. Ella se agachó a sus pies y dirigió de nuevo su atención a su güevo, dispuesta a seguirlo mamando, ya con mejor luz para poder verlo bien. Yo preparé la cámara fotográfica y me dediqué a buscar los mejores ángulos para captar aquellas excitantes escenas, entre mi esposa y su amante, con quien me era infiel, pero con mi consentimiento y de verdad que yo también lo estaba disfrutando.

Así empezó ella a mamárselo con ganas, se lo metía en la boca, le pasaba la lengua por la cabeza de su pene, por el tronco, le acariciaba las bolas con la lengua mientras con la mano lo masturbaba lentamente, hasta que Aníbal no aguantó más y la tomó de la cintura, la alzó, la besó con pasión y la atrajo hacia sí con gran ímpetu, mientras preparaba su colosal herramienta y se la colocaba entre las piernas cerradas de mi muñequita rica (creo que mejor debo decir «nuestra» muñequita, porque debo confesar que varias veces se lo he dicho, la tienes a tú disposición, para que hagas con ella lo que quieras, es toda tuya y por mí no te preocupes, has de cuenta como si no estuviera), y ella con desesperación de sentir su cosota adentro, también colaboraba, pero claro, así parados no es fácil lograr una penetración, entonces él le alzó un poco una pierna y logró que su verga quedara al frente de los labios vaginales de mi amor, brillantes por sus jugos de excitación y la agarró de las nalgas, las cuales apretaba con morbo y pasión.

La empujó sobre su polla, doblando un poco sus piernas y alzándola en vilo logró penetrarla así, parados y cuando ella tuvo la verga de él en su interior, pegó un grito de placer que me estremeció y puso una cara de satisfacción, como para el recuerdo y él empezó a decir, ¡ahh que cuca tan rica, como deseaba tenerla así y darle güevo hasta cansarme, qué delicia! y ella decía: ¡sí papi, así, ensártame con tu güevo tan rico, que me llenas toda y me haces muy dichosa, qué gusto ummmmmm! Mientras yo los observaba desde la silla, me desvestí yo también y quedé con mi pene al aire, totalmente enhiesto, sin habérmelo tocado siquiera, no quería adelantar nada, el placer había que regularlo y teníamos toda la noche por delante, sin embargo sin masturbarme, el pene lo tenía en total erección, palpitante y cabeceando de gusto y excitación, esperando con paciencia mi turno y tomando algunas fotos de las escenas que más eróticas me parecían. Aníbal mientras seguía clavando su voluminoso aparato en la cuca de mi mujer y desde donde yo los observaba podía apreciar claramente como sus labios vaginales se dilataban al máximo, para poder albergar una verga del tamaño de la de Aníbal, no sé muy bien de calcular medidas, pero fácilmente le pongo unos 22 ó 24 cm y realmente muy grueso.

Se veía deliciosa su cuca repleta de güevo, como a ella le gustaba, quejándose y gimiendo de gusto, qué escena, realmente por ver esas imágenes ya podía decir que «eso pagaba la entrada», haciendo alusión a un espectáculo teatral, pero la diferencia es que yo estaba en palco preferencial y estaba presenciando un estreno único e irrepetible: mi mujer poniéndome los cuernos en mi propias narices, con mi total complacencia y con un hombre con una herramienta mucho más grande que la mía, que es de tamaño medio, unos 16 cm y un poco delgada, nada que ver con ese güevo tan grueso de Aníbal y precisamente eso era lo que quería, verla gozar con otro hombre, que le llenara la cuca bastante y que la pusiera a sentir placer ante mis ojos. Ella cuando goza es todo un espectáculo sexual de primera y estaba satisfaciendo mis fantasías y las de ella y Aníbal gozaba sabiendo que se cogía a la mujer de otro, delante de su propio esposo y que la ponía a gozar como nunca y por supuesto que lo excitaba muchísimo la situación.

Así estuvo un rato cogiéndosela, sostenida en los aires los dos frente a frente, pero por supuesto que nadie aguanta mucho rato así, sosteniendo a la mujer, así sea delgada como mi muñeca, que pesa como 48 k y mide 1,65 cm, y sus medidas son aproximadamente 88 de busto, 62 de cintura y 91 de cadera, de verdad que está muy buena, me parece que tiene una figura esbelta y preciosa y en la calle la molestan mucho cuando pasa, lo cual me hace sentir muy orgulloso. Entonces Aníbal, con ella montada encima de él, totalmente unidos por sus sexos y sus bocas, abrazados, ella en una actitud de total entrega, penetrada en su vagina hasta lo más profundo y él como todo un macho cabrío, poseyendo a la hembra con furia y desesperación. Entonces se dirigió a la cama, la depositó allí suavemente y siguió dándole güevo con pasión, alzó sus piernas sobre él y se las colocó en sus nalgas, haciendo presión como para que se lo metiera aún más adentro, si es que eso fuera posible.

Así siguió un rato, enterrándole su vergota en la cuca de mi esposa, alzándole una pierna como para que yo pudiera ver cómo le entraba y entonces se la sacaba por completo y su cuca se cerraba y quedaba un pequeño orificio, escurriendo jugos blancos, espesos, provenientes de los dos, allí mezclados, y su verga se veía desafiante, imponente, mirando hacia arriba, seguro molesta por haber sido sacada del lugar en donde estaba gozando tanto y ella le decía: ¡no la saques papito, métemela bien duro mi amor, hasta el fondo que me encanta! y entonces él volvía a arremeter contra su coño, que tenía que abrirse más de la cuenta para poder albergar en su interior semejante cosota, y se veía que ella lo gozaba de una manera, que impresionaba y que me tenía alelado de placer.

Se podía escuchar cuando entraba y salía, sus jugos chapoteando por el movimiento de sus cuerpos y luego se besaban y él movía las nalgas con desespero, con fuerza, para luego hacerlo más lento y bajar su cabeza a sus senos y se metía un pezón en la boca y ella gemía entonces más duro y luego se metía el otro y ella: aaaay, qué rico, papi, como me haces gozar, me fascina que me comas las tetas, qué gusto. Así estuvo bombeándola un rato, hasta que pude ver como las facciones de mi preciosa compañera se desdibujaban de gusto, y gritó de una manera sensacional, que se venía, decía: aaayy, así, así, Aníbal, que me voy a venir, me vengo, aaaaaggghh y ese grito yo creo que lo escucharon en todo el motel, me dio un estremecimiento de gusto, todavía hoy escribiendo estas líneas recuerdo y se me para el güevo y me excito y ya estoy pensando terminar aquí para darle una buena cogida a mi esposa, mientras le leo lo que escribí, para que se acuerde de lo que gozó aquel día y que esperamos se vuelva a repetir muy pronto, además le mostraré las fotos que tomé aquel día, que poco las vemos, por cuestiones de seguridad.

Bueno continuando, resulta que luego de que ella acabó, él se paró de encima de ella, sin aún terminar y la dejó así, con las piernas abiertas toda cogida y con una expresión de gusto y satisfacción que yo creo que ni chupándose un limón se le quitaría, entonces me hizo señas que quería que yo me la cogiera, porque claro que a él también le gusta mucho vernos cogiendo, entonces yo, con mi verga dura como una piedra me instalé entre las piernas de mi amada, ocupando el sitio que hace poco había ocupado el amante de mi esposa y lo coloqué en la entrada de su mojada vagina, le acaricié los labios con mi polla y lentamente se lo fui metiendo, poco a poco y pude comprobar cómo se sentía un poquito más amplia, claro, después de albergar allí semejante cosota, no era para menos, sin embargo el placer era muchísimo e igual sentía una buena fricción, empecé a moverme y ella me abrazó con desesperación, me atrapó entre sus brazos, me besó con pasión, diciéndome que había sido muy rico y que seguía excitada, que estaba muy rico también mi pene, que la cogiera así, bien duro, como a ella le gustaba y yo, obediente, empecé a darle duro por esa cuca, que chorreaba los jugos de su anterior acabada.

Era tan fuerte la sensación, que en pocos minutos ya sentía que me venía, pero me aguanté y seguí dándole, mientras Aníbal nos miraba con gusto y se masturbaba lentamente, nos tomaba también fotos. Entonces de repente sentí que Aníbal se me acercaba por detrás y que su boca acariciaba las piernas de mi esposa y llegaba a nuestros sexos unidos, lo sentía allí atrás y era una sensación extraña, pero deliciosa, cuando de repente sentí que su cuerpo se acomodaba de manera de poner su verga al lado de la mía. Blanca y yo estábamos cerca a la orilla de la cama y ella estaba boca arriba y yo encima, ella con las piernas abiertas sobre mis hombros y yo clavándola por la cuca.

Entonces él empezó a hacer presión por un ladito y ella empezó a gemir con más ganas aahhhh, así, que rico y el de repente, con gran dificultad, se coló al lado mío dentro de la vagina de mi esposa y yo podía sentir la piel de su pene junto a la piel del mío y las paredes vaginales de la cuca de mi mujer ardiendo, estiradas al máximo, mientras ella se quejaba y decía que le dolía, pero que no se lo fueran a sacar, que estaba gozando mucho y que le encantaba sentir nuestros dos penes en su interior, que era lo que más había ansiado todo este tiempo, tenernos a los dos dentro de ella, y así estuvimos un rato moviéndonos, gozándonos, hasta que Aníbal me dijo que quería que acabáramos juntos, que le avisara en qué momento iba a acabar y yo le dije que estaba a punto y él entonces aceleró sus movimientos, mientras que Blanquita seguía quejándose (ya llevaba como cinco orgasmos seguidos).

No pude soportar más y me vine en una forma salvaje e impresionante que me da escalofríos de sólo recordarme y le dije: ahhh me vengo, mi amor, te voy a dar mi leche y me dijo: ¡sí, qué rico, quiero que me llenen de leche, mis dos machos tan ricos! Comencé a tirar chorros de semen dentro de ella cuando siento que al lado mío salen otros chorros y Aníbal empieza a gritar: ahhh así, que cuca más rica, que delicia, que orgasmo uuufff, ahhh, que rico se siente así entre tres, ummmm, entonces nos aflojamos y nos abrazamos los tres, y así estuvimos un rato, acariciándonos, pero ya como con ternura, mientras descansábamos para seguir con la función y la verdad es que la pasamos de maravilla, ¡qué noche!

Echamos cada uno seis polvos, es decir, ella se tragó 12 lechazos, en su boca, en su culo, en su cuca, que gustazo se dio, le dimos por todos lados, en el jacuzzi, en una silla, en el baño, en la cama y así amanecimos y en la mañana de repente siento que me despiertan unos jadeos y era ella que se lo estaba mamando y yo no me desperté del todo, me hice el dormido a ver que más hacían, él la agarró de las piernas, la sentó encima de él y empezó a hacerla subir y bajar sobre su dura polla, ella a cabalgarlo con ganas y, bueno, así quien duerme, no me quedó más remedio que levantarme, ya con la verga como una piedra y ponerme detrás de ella, acariciarle el culito, meterle un dedo y sentir la polla de Aníbal a través de la piel de su cuca, luego me acomodé y se lo hundí hasta el fondo, ella quejándose y gozando, como una loca, pero de pasión, como una puta en celo, y nosotros dándonos gusto con semejante hembra tan deliciosa.

Bueno, esa fue la última vez que estuvimos con Aníbal y de verdad que los tres la pasamos de maravilla y no vemos la hora de volverlo a repetir, nos dijo que en noviembre volvía y estamos esperando ansiosos que llegue el día (por supuesto que ella es la más ansiosa, que me dice que se muere de las ganas por volver a sentir ese bichote en su interior, que la volvamos a coger entre los dos), y bueno, la verdad es que no nos arrepentimos para nada de lo que hicimos y somos muy felices y nuestra relación anda a las mil maravillas, gozamos más del sexo, nos la pasamos calientes los dos, a veces lo hacemos hasta dos y tres veces al día, casi todos los días hacemos el amor y definitivamente esta relación nos llenó de deseos sexuales y nos ha dado muchas gratificaciones.

Me gustaría que me comentaran que opinan al respecto las parejas que ya lo han hecho o que les gustaría hacerlo, con gusto compartiremos nuestras inquietudes.

Autor: nelsonyblanca

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