Intercambio con ex

Ella tomó su miembro y se penetró e inició un baile suave en varias direcciones: atrás adelante, a los costados que hizo a Adrian suspirar más fuerte, mientras tomaba los pechos de ella, que seguían su danza. Se besaban por momentos y en uno de ellos se recostaron de costado. Ahora los movimientos eran más intensos, él acarició las blancas nalgas de Irma, su vulva y oí que ella se quejaba.

Tengo una esposa coqueta y alegre. Soy mayor que ella pero ella me ama y corresponde mi amor. Tenemos un buen pasar, una hermosa casa, con varios dormitorios en suite, varios perros de raza, un BMW actualizado y viajamos juntos con frecuencia.

Ella se casó muy joven y se divorció pronto. Su ex es un viudo de mi edad, que luego de ella ha tenido otras parejas, tiene hijos de su primer matrimonio y a veces lo vemos ya que él me la presentó cuando éramos socios y entre los tres hay buena relación.

Muchas veces mientras tenemos sexo, cosa a veces poco motivadora para mí; que me ha requerido tratamientos sin mejoría, nos hemos, o mejor, ella ha planteado, tenerlo con terceros. A mi no me enloquecía, pero conozco mis limitaciones y todo lo que a ella le interese me motiva. Nuestra relación es muy buena pese a que a veces es quejosa y agresiva

Un día nos lo planteamos en serio, ¿y con quien sería?

Luego de largos cabildeos Irma me planteó que podría ser con su ex. Tenía un recuerdo amable de su relación anterior, pero ya no estaba enamorada y según decía sexualmente había sido feliz aunque habían tenido poco sexo por sus conflictos.

De vez en cuando venía por casa, cuando estaba en la ciudad y a veces hasta durmió en la pieza de huéspedes. Este mes vendría con su hijo de 16 años y los alojaríamos allí para que realizaran unos trámites. Ella me relevó de hablarlo, solo puso una condición, que yo estuviera presente mientras tenían sexo, ya que quería fuera una cosa de nuestra pareja.

Esto nos puso un poco nerviosos en especial a mi y algo irritable, lo que me hizo sentir culpable ante ella; lo sobrellevé, por suerte el día señalado llegó pronto.

Esa noche cenamos amables y nerviosos los cuatro y mientras Adrian se iba a dormir pusimos música lenta y suave de nuestras épocas mientras tomábamos el último trago en el living. Ambos bailamos con Irma, pero les dejé las últimas piezas solos para que intimaran y lo hicieron muy ensimismados, sin hablar. Subí al cambiador del dormitorio, en un rincón oscuro tenía buena visión de la cama matrimonial y allí habíamos acomodado un sillón. Ellos llegaron a los pocos minutos, Irma pasó al baño por frente a mí y me dio un beso cariñoso y profundo. Creí oír que me decía gracias, por lo bajo.

Salió con un camisolín corto, blanco, casi transparente y mientras Adrian entraba al baño, ella salió de la habitación unos minutos. Al retornar y acercarse a la cama ya estaba Adrian en pantalón pijama. Cincuentón rollizo, me llevaba varios kilos, me pareció muy peludo en la penumbra.
Se abrazaron y besaron apasionadamente, ella acarició su rostro, él buscó sus pechos a través del camisolín, dieron unos pasos de baile, lentos, suaves, hasta llegar a la cama. Él la besaba y exploraba cada vez con más ansiedad, sus manos llegaron a la entrepierna de Irma quien gimió suavemente. Ella también buscó su miembro que abultaba el pantaloncito y ya lo había manchado con una gota redonda. Se sentaron al borde de la cama.

Ambos comentaron algo en susurro y me pareció que miraban hacia adonde yo estaba, me sentí generoso y liberal.

Los besos duraban más y más, se sentía sus lenguas chapotear. Ella acomodó su cuello, él la besó hasta el hombro con su mano en su entrepierna, ella abrió las piernas y se recostó sin soltarlo. Con los pies en el piso aún, él se puso sobre ella, su suspiro me hizo entender que la estaba penetrando.

Se detuvieron y subieron ambos a la cama. Retomaron el abrazo y él la montó, e inició la posesión con ritmo cada vez más intenso. Ahora suspiraban al unísono. Ella lo detuvo y quiso estar arriba.

Me extrañó, esa postura casi no la usábamos nosotros. Sin embargo ella tomó su miembro y se penetró e inició un baile suave en varias direcciones: atrás adelante, a los costados que hizo a Adrian suspirar más fuerte, mientras tomaba los pechos de ella, que seguían su danza. Se besaban por momentos y en uno de ellos se recostaron de costado. Ahora los movimientos eran más intensos, él acarició las blancas nalgas de Irma, su vulva y oí que ella se quejaba:

-No por ahí no, boludo!

Sin embargo desde ese momento se movieron y gimieron más intensamente, suspiraron ambos. Se detuvieron, recostados. Volvieron a besarse apasionadamente. El olor a sexo se hizo intenso y llenó el ambiente. Ya hacía un rato notaba que me estaba calentando y tenía una erección, pero no quise distraerme ni perder detalle de lo que pasaba.

Ella se movió primero, buscó su miembro y empezó a masturbarlo. Se agachó hasta su pene y lo besó primero y empezó a chuparlo, después. Algo comentaron en murmullo. Ella lo increpó. Se recostaron cada uno a su lado, aún agitados. En segundos más Adrian dormía y roncaba.

Irma se levantó, estaba transpirada, me hizo seña de que la siguiera y bajamos de la mano hasta la cocina.

-Esto me lo ha pedido Adrian, discúlpame pero tengo que iniciar al pendejo.

No hablamos. Yo estaba ensimismado y emocionado por lo que había visto y temía sollozar. En la cocina había luz. Allí estaba Adrian solo con un calzoncillo y con tamaña erección. Me miró con sorpresa e ironía. Irma me pidió me quedara en la puerta, parado en la penumbra. Se acercó, murmuró algo a su oído y lo besó. Él estaba como congelado, ausente. Ella buscó su miembro enhiesto y empezó a masturbarlo.

Desde menos de 2 metros, le vi salir líquido seminal… Él pareció despertar, la abrazó, casi con violencia, ella se sacó el camisolín que aún tenía puesto y bajó sus calzoncillos. Él la tomó con un movimiento animal por la cintura, la apoyó en la mesa e intentó penetrarla con fuerza y torpeza,

ella le ayudó tomando su miembro y orientándolo a su concha; ayudada por la lubricación que traía y que se notaba en su vello mojado y pegoteado.

Apoyada en la mesa abrió las piernas y él inicio la penetración con fuerza, con intensidad, profundamente. Por momentos se salía su miembro, de generosas proporciones, por lo que ella le ayudaba a penetrar nuevamente. Ambos jadeaban, ella gemía.

Ella buscaba sus besos, él estaba abstraído por lo que parecía una gimnasia intensa. Él la tomó de ambas nalgas y pareció iniciar convulsiones violentas, Irma gritó, y él empezó a penetrar hasta el fondo en lo que parecía ser una eyaculación enloquecida. En uno de los movimientos volvió a salirse y un chorro de semen mojó la vulva piernas de Irma, ella lo ayudó a penetrar nuevamente, mientras su pene se contraía enloquecido.

Habían enrojecido y transpiraban. De repente Adrian la giró, siempre imperativamente, sin hablar, la hizo apoyarse en la mesa y con su enorme erección que no había disminuido nada penetró su vulva por detrás, hasta el fondo y reinició el mete saca.

Jadeaban, se apresuraban, por momentos no coordinaban los movimientos. Otra vez se salió su miembro, con una importante erección aún y se apoyó en su ano. Ella protestó, se quejó, pero el penetró todo su glande, ella volvió a gritar, ahora de dolor.

Adrian volvió a convulsionar, su miembro se contraía violentamente sin salirse pero estaba eyaculando largamente. Penetro aún más. Ya Irma no gritaba, no acompañaba pero parecía gozar en su quietud. El miembro de Adrian entró más mientras salía líquido del ano de Irma, a borbotones. Nuevas convulsiones, más líquidos, suspiros y quejidos intensos y quietud.
El pene de Adrian aun casi erecto se salió…

Irma se dio vuelta, buscó su boca y lo besó, ahora él la correspondió y se besaron largamente, él pareció descubrir sus pechos y los apretó. Los pezones estaban erguidos, duros, oscuros. Irma apagó la luz superior de la cocina y solo sentí suspiros y el chapotear de los besos recién descubiertos.

Siguieron sin hablar una palabra. Mi erección seguía creciendo. Sentí la mano de Irma luego de un rato, que me llevaba al dormitorio. Pedí que me esperen, entré a la cocina y busqué un sobre de manzanilla, la acompañé. Me dijo en susurro que estaba destruida, feliz pero que sentía rotos sus genitales y su intestino, engrosados, hinchados, doloridos.

La llevé directamente al baño y le preparé el bidet con agua tibia, puse el sobre de manzanilla y la hice sentar, al ayudarla trastabillé.

-Cuidado pelotudo, a ver si te caes, ahora!

Quedamos muy cerca, la besé, penetré en su boca con mi lengua. Saboreé un gusto raro y pensé en los líquidos de Adrian, Adrian más los suyos, en su boca y ahora en la mía.

Ella volvió a musitar gracias. Me pareció que lagrimeaba. Me atrajo hacia ella que estaba sentada. Bajó mi pijama, con una mancha de semen que no recordaba haber expulsado. Tomó mi miembro aún erecto y lo chupó, nunca antes me lo había hecho, me sentí llegar al cielo, perdí la contención, eyaculé en su boca. Mis eyaculaciones son pequeñas; pero ella se enojó.

-¡Avísame tonto!

Pedí perdón. Se paró, se secó y fuimos al dormitorio. Adrian ya no estaba pero la cama estaba desordenada y húmeda, nos acostamos abrazados, acaricié sus pechos y me dormí.

Desperté con algo de luminosidad en la habitación. Irma y Adrian estaban, a mi lado cogiendo con desesperación, ella de espaldas, él arriba, volvía a las penetraciones con fuerza, profundas, con gemidos de ambos, toda la cama se movía. Había un intenso olor a transpiración.

Él ahora la exploraba mientras la penetraba con ansiedad, recorría su cuerpo, apretaba sus pechos, lamía su cuello. Ella tomaba su rostro, mesaba sus cabellos, lo besaba en los ojos, en la boca, en el cuello, mientras sus gemidos eran más y más intensos.

Los movimientos se hicieron más bruscos, dejaron de besarse, se abrazaron con fuerza y ambos se dedicaron a penetrarse. Sentía el gorgotear de sus líquidos y cada vez más agitación. Nuevamente pareció que Adrian tenía convulsiones, ella gritó al sentirlo en su abrazo y en su eyaculación. El olor cambió a un fuerte olor a sexo.

Permanecieron quietos, él arriba, ella abajo, relajándose. El rostro de Irma estaba mojado, transpiraba intensamente y enrojecido. Le pasé un pañuelo por la cara, miró hacia mi lado sin verme, tenía los ojos perdidos.

Adrian empezó más suavemente a poseerla, ella lo acompañaba, lo hizo acostarse y se puso en cuatro patas, el la montó desde atrás. Ella apoyó la cabeza en la almohada, me miró y me sonrió como reconociéndome en un estado de exaltación, me acerqué y la besé. Respondió a mi beso, largamente mientras sentía en su cuerpo las penetraciones violentas de su pareja. Acaricié su rostro.

Cerró los ojos y se dejó ir en un orgasmo con agitación, suspiros y llanto. El olor a sexo era penetrante. Adrian se retiró y se fue, desnudo.

Cuando nos levantamos no estaba. Desayunamos en silencio, sin personal en la casa.

He aprendido cosas que ahora practico. Irma esta más suave, menos agresiva, más cariñosa conmigo.

Ahora que hemos retornado de un viaje soñado a Europa (Paris, Praga, Viena, Budapest) hemos tomado la decisión, ante mi insistencia, de invitar a Adrian en forma habitual y periódica.

Autor: Fernando

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