Me pasó en Brasil

Me puso el condón con la boca, contoneándose por la cama como una gata en celo, luego se sentó sobre mí y se la metió en la vagina de golpe. Empezó a restregarse, a subir y a bajar, yo apretaba sus tetas, se corrió entre fuertes espasmos, me quité el condón y le metí la polla en la boca, utilizaba sus tetas para moverla por la cama, me corrí en su garganta, ella se la comió y se lo tragó todo.

Desde que conocí esta página, la leo de vez en cuando y me gusta conocer sus historias. Por eso me he animado a contar lo que me pasó en Brasil hace 4 años durante unas vacaciones en Salvador de Bahía. Me llamo Vicente, Soy de Valencia, España, alto de 1.94, delgado, las mujeres dicen que soy atractivo.

Para entrar en situación debo decir que el ambiente allí en Brasil es embriagador, sol, calor océano, playas, mujeres etc…

Marché solo para desconectar del trabajo aquí en España y allí iba completamente a mi aire, no paraba, excursiones y playa de día, y discotecas y garitos de noche, un poco de eso que ahora llaman turismo sexual

Al tercer o cuarto día allí ya me había aclimatado totalmente, y ya estaba cansado de tanto fulaneo nocturno y del incordio de taxis y moteles en estas aventuras nocturnas, así como del coste que ello supone. Debo aclarar que está prohibido subir a mujeres a las habitaciones del hotel en que me hospedaba. Era un hotel de 5 estrellas, en primera línea y con todas las comodidades, Era una lástima no aprovecharlo al máximo.

Por las mañanas temprano bajaba a la playa y a la piscina del hotel a espabilarme de la juerga de la noche anterior, ahí observaba a la masajista oficial del hotel como preparaba la camilla y sus cremas para dar masajes de espalda a los clientes del hotel que lo solicitaran previo pago.

La chica llamaba la atención, tenía unos 20 años, era blanca, pero muy morena ya que se pasaba al sol todo el día. Pelo castaño y ojos verdes, no era muy alta pero estaba muy jamona que decimos en España, para nada gorda pero si tenía un culo fantástico y lo mejor de todo, unas tetas grandes y muy bien formadas, que se adivinaban por el contorno de su camisa muy frescas y lozanas. Era muy atractiva e irradiaba sexualidad de la cual ella no era consciente, y esto la hacia aún más apetecible.

Yo me entretenía desde la tumbona con varios rones en el cuerpo observando a la chica como realizaba los masajes a otros huéspedes europeos con toda la profesionalidad médica exigida, como correspondía a los servicios en ese tipo de establecimiento de lujo. Y empecé a idear un plan, una mujer así no se me podía escapar.

En un momento que estábamos los dos solos en la piscina y ella no tenía clientes, la llamo y le indico que se acerque a mi tumbona.

Cuando se acercó obediente y la vi desde la tumbona me gustó aún más, estaba algo sudada y la ropa se le pegaba al cuerpo, los finos shorts exudaban y marcaban todas sus partes íntimas y un culo súper tierno. El fino tanga se adivinaba que estaba escondido entre tanta exuberancia. Su camisa blanca estaba envolviendo como podía sus generosos pechos naturales que parecía que en cualquier momento fueran a reventar y sacar leche.

Su cara era muy linda, y con toda educación y sin dejar de sonreír me preguntó muy dulcemente y en portugués si quería un masaje. Yo le dije sonriendo y en mal portugués que si, pero no en la piscina. Tomaría el masaje en la habitación, ya que tenía problemas dermatológicos con la piel si me exponía mucho al sol. Le mentí.

Se quedó pensando y me dijo que no era la norma del hotel, pero le volví a explicar la excusa y a insistir. Ella accedió, debía dar servicio a los huéspedes y no podía prescindir de ningún cliente por miedo a tener problemas con su trabajo. Me indicó que en ese caso habría un pequeño suplemento por el servicio particular en la habitación. Le indiqué el número de habitación y quedamos para media hora más tarde.

Yo subí a la habitación, me di una ducha fría y abrí todas las ventanas. La brisa y la vista del océano eran increíbles. Yo estaba excitado, había desayunado bien, hecho algo de deporte y me había tomado unas copas, y eran aún las 12 de la mañana. No conseguía quitarme el jet lag del cuerpo

Solo con una toalla enrollada en el culo, me tumbé en la cama relajado a esperarla. Llegó puntual, cargada con sus toallas, aceites y demás potingues, algo extrañada de veme solo con la toallita, pero no dijo nada.

Me indicó que me tumbara de espaldas, y me dio un buen masaje por un rato. Hablamos poco ya que yo no hablo portugués y ella nada de español o inglés. Estaba claro que era una chica sencilla, de algún arrabal de Bahía que trataba de conservar un buen trabajo en un país difícil como Brasil.

Durante el masaje yo descaradamente intenté tocarle las nalgas, ella muy correcta me retiró la mano y siguió a lo suyo.

Cuando acabó con mi espalda, que me la dejó nueva, me dijo que me tumbara cara arriba para proceder a masaje de hombros y piernas. Con el movimiento para darme la vuelta en la cama, la toallita se me había subido algo, y el bulto de mi pene era más que aparente. Al rato me indicó que había acabado y que como me encontraba, yo le dije que muy bien, pero que necesitaba otro masaje a mi pene, Bartolo, señalándoselo, para que todo fuera perfecto 100%.

Ella se ruborizó y me dijo que eso no era posible, algo afrentada, y que se jugaba el puesto. Yo me quité la toallita y le pedí por favor que me la pajeara, que seria un momento, que no lo sabría nadie y que le pagaría servicio doble. Ella dudó, se quedó mirando mi pene morcillón y lo cogió con la mano. Empezó a apretarlo suavemente y a meneármela despacio, el pago del servicio doble y la visión de mi polla la habían convencido.

Yo disfrutaba de ver a esa hermosura pajeándome muy recatadamente, y en un momento coloqué mi mano en su seno acariciando toda su voluptuosidad y apretando suavemente, luego la acaricié por dentro de la camisa, palpando el sujetador y apretando más el contorno de sus pechos.

Ella seguía masturbándome y me dejaba tocar sus tetas y espalda con libertad. Pronto advertí que a ella le daba placer y le gustaba, y que llevábamos el mismo ritmo acompasado de movimientos. En un momento, para facilitar mi sobe de tetas, ella se quitó la camisa y el sujetador y emitió un jadeo.

Sus tetas eran hermosas, gordas y firmes, y colgaban lozanas desafiando a la gravedad con un precioso pezón rosadito ya algo puntiagudo por su excitación. Le cogí las tetas con las dos manos, las apreté y me las llevé a la boca inmediatamente. Ahí estuve besándoselas, estirándolas y apretándoselas, cuanto más fuerte se las apretaba, más notaba que le gustaba y su respiración se hacia más rápida.

Mi pene estaba ya firme y curvado, masajeado con fuerza por mi masajista y cogiendo su máximo tamaño. Estaba en el cielo y ella también. En ese momento con mi mano, envolví con fuerza su pecho y con suavidad dirigí su boca a mi pene, lo engulló todo y chupó con fuerza. Se la metió toda en la boca con avidez y también me masajeaba y besaba los testículos.

En esa posición, con ella al borde de la cama chupándomela, empecé a palparle el culo y el coño.  Rápidamente, le bajé el short y el tanga y le introduje un dedo en su vagina y empecé a moverlo, estaba húmedo y carnoso. Ella se retorcía de placer y me la chupaba con más fuerza, yo la abría y me acerqué su culo a mi cara para poder hacer un 69. Que gusto. A todo esto yo apretaba sus pechos con tanta fuerza que sentía lastimarla, pero a ella le gustaba.

Cuando me faltaba poco para correrme, le dije que se tumbara, y a horcajadas sobre su pecho con mi pene entre sus senos, la indique que me la chupara, mientras que con mis manos abrazaba sus enormes senos y me pajeaba con ellos.

Ella se volvía loca, comiéndome la polla, con sus tetas siendo apretadas y golpeadas con mi pene y con mi mano libre le frotaba la vagina y le metía un dedo. Todo a buen ritmo y jadeando.

Cuando estaba a punto de correrme, saqué mi polla de su boca y le golpeé con ella sus tetas con fuerza repetidamente, a ella le gustaba y buscaba lasciva mi polla con su boca para tragárselo todo, yo me corrí sobre sus senos apretando sus tetas con mi polla. Luego la metí en su boca para que me la limpiara.

Me separé algo sudado y la vi toda excitada, frotándose su coño y metiéndose los dedos en su vulva abierta, con la otra mano se retorcía los senos y me miraba con cara de excitación. Le gustaba mucho, se le notaba a la legua, quizás su noviete brasileño no la cuidaba tanto.

Yo me metí en la ducha para quitarme el sudor y la llamé para que se metiera conmigo en la ducha, allí nos enjabonamos un poco no dejando de manosear sus tetas y apretárselas, luego incliné su cabeza bajo el agua tibia y le metí mi polla en su boca, mientras me movía y la obligaba a tragar más y con más fuerza. Sus senos, ahora brillantes y rojos por su sudor y el agua, colgaban como ubres de rica miel que yo no paraba de manejar.

Cuando ya estábamos más refrescados, me tumbé en la cama y le di un condón.

Me puso el condón con la boca, contoneándose por la cama como una gata en celo, luego se sentó sobre mí y se la metió en la vagina de golpe. Empezó a restregarse, a subir y a bajar, yo apretando fuerte con mis manos sus tetas la ayudaba a coger más fuerza en sus movimientos.

Se corrió entre fuertes espasmos, yo la quité de encima, me quité el condón y le metí la polla en la boca, utilizaba sus tetas como agarraderos para moverla por la cama y cambiarla de posición. Ella se la comió con fuerza y se lo tragó todo.

Al terminar recogió sus cosas, me miró y me dio un buen beso. Yo le pagué con propina incluida. Ella estaba muy contenta y agradecida. Habíamos sido muy discretos.

Tuve “masaje” en mi habitación dos veces diarias durante el resto de mis vacaciones, una por la mañana cuando empezaba ella la jornada y otra al finalizar. Simplemente bajaba a la piscina y concertaba la hora, todo muy discreto y normal. Ella ya sabía lo que había.

No tuve que pagar ningún extra más, Solo la tarifa barata del masaje pues directamente subía a mi habitación y nos poníamos a follar. Ya no tuve que ir más de farra a discos ni garitos.

Me fui ganando su confianza pues me portaba bien con ella y lo pasábamos muy bien, le hacía regalitos e incluso me llevó a su casa una vez. Allí ella vivía con su prima en una pequeña casita con una habitación, y al advertir que me atraía su prima y con mi insistencia después de cenar me organizó un dúplex con ella, no quería que su prima se me beneficiara con exclusividad. Fue estupendo.

Pero eso es otra historia.

Lo pasé genial. Viva Brasil.

La vida es para gozarla, para llenarla de polvazos, y si en algo ayudé a “calentar” la vuestra espero sus comentarios.-

Autor: Vicente

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CESAR Y YO -III- Por: Apasionada

CESAR Y YO -III-      Por: Apasionada

Una tarde cuando me disponía a tomar un taxi, fui sorprendida al  estacionarse junto a mi un vehiculo que era conducido por Cesar, aquel hombre tosco, musculoso, nada atractivo con el que ya había estado en dos oportunidades como se los relate en CESAR Y YO I y II. y con el que tenia mas de ocho meses sin verlo. Me saludo y me invito a subir al auto para llevarme a donde yo fuera, le dije que iba a casa y accedió a hacerlo.

Venía de un almuerzo y había bebido lo suficiente para estar muy animado. Me invito a que lo acompañara a un trago y accedí. Fuimos a un local agradable y una vez instalados iniciamos una amena charla donde alababa mi belleza pero a su vez me decía  que ahora llevaba una relación muy buena con su esposa, y que estaba dedicado a ella en todo sentido, por lo que le felicite. Una vez que salimos se dirigió a mi casa y al llegar le dije:

-Oye quieres bajar?

Respondió:

-Solo lo haré  si me invitas a un trago mas…

Accedí y una vez dentro serví los dos primeros escoceses de lo que seria una tarde apasionada.

Ubicados en la sala y sentados sobre mullidos muebles continuamos la amena charla que traíamos, pregunto por Antonio mi pareja, y le dije que regresaría a casa por la noche. Note que en varias oportunidades en que entreabrí mis piernas, Cesar con disimulo buscaba ávidamente ver por entre mis gruesos muslos y  en una ocasión  que fue a la sala de baño, vi como bajo su pantalón  tenia una fuerte erección. De ese hombre me atrae su porte varonil a pesar de su tosco comportamiento y entonces me propuse seducirlo dándole mas oportunidad de ver por entre mis piernas a las que con mas frecuencia se las abría  mas, aprovechando que vestía una falda de suave tela que me facilitaba  hacerlo simulando que lo hacia accidentalmente.

Pasado un rato me dirigí a la cocina a preparar algunos bocadillos, Cesar llego allí con la excusa de ayudarme y colocándose detrás de mi rozaba disimuladamente mis nalgas con su erguida verga, no lo evitaba hasta que sentí como suavemente subía mi falda hasta quedar mis nalgas al descubierto y de inmediato me abrazo con fuerza por la cintura mientras besaba mi cuello y ahora pegaba y empujaba con fuerza su guebo por entre mis nalgas, un fuerte espasmo de excitación recorrió mi cuerpo y me entregue a sus caricias.

De inmediato me dio vuelta y me coloco frente a él y como un loquito empezó a bajar mi falda y pantaletica, se agacho y abrazando con firmeza mis muslos metió su cara entre ellos y empezó a besar y lamer mi cuca ya muy humedecida por el abundante liquido vaginal, mientras exclamaba: hummm que rico sabe y huele!!!…  Yo acariciaba su cabeza y  se la atraía a mi cuca para que siguiera lamiéndomela, hummm riiico… asiii!!!… asiii!!!… Que rica cucota tienes mi reina!!… La tienes mojadita  mi amor… Si mi papi… para ti… dame asi… asi suavecito papi… asiii…

Luego se puso de pie y alli mismo empezó a abrir mi camisa y soltar mi brasier hasta que saltaron frente a él mis voluptuosas tetas con mis pezones erguidos entre las amplias aureolas que los rodean y agarrándolas con sus manos empezó a masajearlas,  lamerlas y besarlas. Empecé a  abrir su camisa y soltar el cinturón de su pantalón, él termino de quitárselo, metí mi mano por entre su interior y agarre aquella gruesa  verga, ya  húmeda por su liquido preseminal y baje su interior dejándola libre, su cabeza estaba recrecida y brillante con bordes bastante pronunciados que sobresalían y  unas bolas grandes y flácidas que caían entre sus muslos. Papi que caliente y grande tienes hoy ese guebo, riiiiico…

Una vez desnudos, me agarro  por mis  nalgas fuertemente y me pego a su cuerpo, salimos y nos fuimos de nuevo a la sala y allí al ritmo de una suave melodía empezamos a bailar muy juntos  mientras nuestras manos acariciaban con placer nuestros excitados cuerpos, nos uníamos en prolongados y profundos besos donde nuestras lenguas en apasionado encuentro acariciaban nuestros labios y recorrían nuestras bocas. Nuestros sexos húmedos se rozaban, se paso detrás de mi y me agarro con fuerza por mis tetas y con suaves y firmes embestidas su guebo se deslizaba entre mis robustas y redondas nalgas. Siguió besando mi cuello y me condujo al borde del sofá donde hizo que me inclinara sobre él, y mientras me agarraba y masajeaba mis nalgas decía: ahh que rico culazo tienes mi amor… yo solo deseaba que alli mismo me penetrara, sentía mis labios hinchados y mi vagina deseosa de recibir su gruesa verga.

Parado detrás de mi, su verga quedo entre mis muslos que sentían su ardiente y rígida excitación…

-Que riiico culote tienes mi reina… Déjame acariciártelo mi amor…

-Dale papi… asiiii que es tuyo papito lindo… solo tuyo… mi rey… así… pásame el dedito por mi culito asiiiii papi que me excitas… hummm…

Luego abrió mis nalgas y fue acomodando la recrecida cabeza de su guebo entre la rajita de mi cuca y con torpes embestidas buscaba meterlo hasta que lo logro abriéndose paso metiéndolo completo y de inmediato agarrándome por la cintura inicio un metí y saca fenomenal hasta hacerme sentir dolor, sus bolas golpeaban mis muslos y acoplándome a sus movimientos mis nalgas iban de atrás hacia delante rítmicamente hummm… riiico… lo metía y sacaba mientras que abría mis nalgas  y las atraía fuertemente contra su cadera para hacer mas profunda sus embestidas… sigue asi papi, asi… asi… dame duro.

-Mami que divina estas, que cucasa tan rica, la tienes calientita riiica

-Humm que culote tan grande y divino tienes mi vida, dámelo siii?

-Dame fuerte papi, sigue, sigue asi dame duro, no lo saques papi.. sigue así dame fuerte, fuerte, mas fuerte, asi riiico… mmmm.. dame seguido no lo vayas a sacar… dale riiico papi….”

Carlos acariciaba con su pulgar mi culito presionando cada vez mas hasta que lo fue metiendo poco a poco, hummm riico…  Cesar para no venirse dejo de moverse para que lo hiciera yo y empecé a moverme hacia atrás y hacia delante satisfaciendo mis deseo de sentirlo a mi gusto dentro de mi. Seguimos haciéndolo así hasta que me pidió que me volteara y abriéndome bien  coloco mis piernas sobre sus hombros y agarrandome por los muslos  empezó a cogerme divinamente, sentía su verga dura y caliente entrar y salir mientras su recrecida cabeza rozaba toda mi vagina y me tocaba hasta lo mas adentro de mi, sigue así papi, me embestía con fuerza y seguido oyendo el tac… tac… tac… producido por el choque de su verga contra mi cuca y nuestros cuerpos sudorosos.

Dejándose caer sobre mi, muy lentamente seguimos haciendo el amor con suaves movimientos circulares muy pegado rozando riico mi gallito a lo que yo respondía subiendo mi cadera para sentirlo todito dentro de mi, muy acoplados seguíamos hasta que sentí como se recrecía mas su guebo, sabia que estaba por venirse, le dije: papi para un poquito para venirme contigo y asi lo hizo mientras que yo seguí subiendo y bajando mi cadera y así fui sintiendo como se me aproximaba un fuerte orgasmo, mi vagina se contraía aprisionando su verga, Cesar se retorcía demorando lo mas que podía su orgasmo mientras que yo con incontrolados movimientos   aumentaba mis deseo de sexo, sentía que de mi vagina salía mucho liquido caliente que en medio de un intenso  abrazo y fuertes movimientos de ambos empezamos a disfrutar  de un explosivo orgasmo:

“Me vengo ya amor”, siii…, yaaaa….., ya… ufff….,  aahhhh…., asi…., asiii…,  ahhhhhhh…. uuffffff…. yaaaaa…. yaaaaa…. amor…. No aguanto massss…     -Damela todita papi así.. dale asi…, no pares papi…, dame mas…. mas….,  asi…,  duro…, dame duro amor…, asi… asi…ya….yaaa. yaaaaaaa… si asi…duro,  asiii… mas… hummm… me matas… me matas.. riiico…asi… asiii… humm.. hummm…                                                                                                                   -Tómala toda… así … mi vida…  asiii.., hum,.. tómala… que divino.., así… aahhh… uuuffffffff toma mi leche mami…. Tienes esa cuca caliente… riquisima… humm…                                                                                                               -Fuertes descargas de su caliente y espesa leche llenaba toda mi vagina:     -Amor, me quemas por dentro, la siento  calientisima papi, riiico… humm….                                                                                                                                      -Que divino, lo haces preciosa, uffff.. que rica eres cielo. Me la sacaste toda amor.

Mi cuerpo temblaba, Cesar seguía dándome riiico con  prolongadas y profundas embestidas pero mas lentamente hasta que se dejo caer pesadamente sobre mi. Lo abrace con mis piernas y lo mantenía pegado a mi…. quería retenérselo para sentírselo mas tiempo dentro de mi cuca;  Cesar tiernamente besaba mis ojos y mis labios. Sin sacarlo bajo un poquito y empezó a amasar y chupar mis tetas. Nuestros cuerpos estaban mojados por el intenso sudor. Nos acariciábamos con ternura. Me sentía toda mojada por el abundante liquido que me salio y también por su leche que caliente salía de mi cuca. Cesar se pego mas a mi, su verga medio flácida se mantenía dentro de mi cuca, así estuvimos un rato hasta que finalmente nos fuimos separando. Me dijo: Preciosa que rico lo hicimos esta vez, ahora deseo que la próxima me des tu hermoso y  maravilloso culo que tienes cariño. Dámelo preciosa por favor. Ok mi amor así lo haremos. Riquiiiisimo amor mío. Se vistió y se marcho no sin antes darnos un apasionado beso.

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Vida nocturna, vida de pasión: Mi primera salida pública.

Vestía con una pollerita ajustada de color blanco, unos jeans a la cadera, zapatos negros de sugerentes tacos aguja. Creo que él miraba la tirita del colaless negro que coquetamente huía de los márgenes del pantalón y dejaban en evidencia mis gustos interiores. Los nervios me consumían por completo, se me sentía muy observada. De no ser por los lentes de sol que usaba, me habría cortado y no hubiera sido capaz de traspasar el umbral de la puerta. Él me decía que me hacían ver diva, sobre todo con el pollerón con capucha, por el que arrancaba la larga peluca castaña, semi ondulada que tanto me gustaba.
Era la primera salida nocturna y pública de mi lado femenino.

Fuimos a una disco que él había frecuentado varias veces, se notaba porque conocía al guardia de la puerta. El lugar prometía, quedaba en un callejón sin salida, había una humilde puerta con una minúscula arroba de neón fucsia afuera. De la oscuridad pasamos a un festín, buena música y mucha gente. Al entrar sentí que poco a poco comenzaba a ser una hembra.

Entrados en contacto con el ambiente, y un par de tragos, nos pusimos a bailar… habían más chicas como yo, incluso bailando entre ellas, otras solas. Otras tenían a su hombre, como yo, y otras a más de uno. Mis meneos comenzaron lentamente a ser parte de ese ambiente, me sentía liberando un sentimiento intenso, una catarsis.

A ratos, en las canciones lentas, él me tomaba fuertemente y me hacía sentir su hambre de macho, me besaba y deslizaba sus manos hacia mi cola. No me gustaba que todos me vieran así, pero a la vez me hacía sentir tan puta que solo tenía fuerzas para dejarlo usarme. A ratos, descansábamos en un sofá, con forma de ele… descansaban nuestros pies, pues nuestras bocas, y principalmente sus manos, se movían con ansiedad, con desenfreno, con deseo. A ratos, mientras bailábamos me volvía de espaldas hacia él, y me abrazaba por la cintura, chocando su ser contra mi cola. Sentía un éxtasis, un cosquilleo, un grito interior que me liberalizaba.

Cuando llevábamos aproximadamente dos horas en la disco, suavemente me dijo al oído que la diversión seguiría en otro lugar. Nos levantamos del sofá y nos dispusimos a alejarnos de aquel inolvidable lugar.

Su auto estaba a pocas cuadras, mientras caminábamos oía el repiquetear de mis tacos, candentes, seguros y fuertes. Escucharlos aumentaba mi sentimiento de hembra objeto, sentía como el cuerpo olvidaba su cárcel masculina y se dejaba llevar por los azares de la noche. Él en los lugares más oscuros, me tomaba con su fuerza y me besaba una y otra vez, hasta que a lo lejos se sentía algún auto, u otro transeúnte. No quería llegar al auto, este viaje me resultaba de lo más placentero.  Y es que en esos intervalos de oscuridad, no solo me besaba, me recorría intensamente con sus sabias manos, incluso las metía por debajo del pantalón y abusaba de mi cola. Mi única protección, la tirita del colaless.

Llegados al auto, entramos, el lo encendió… y mientras calentaba el motor, mis manos se fueron a su marrueco, escarbaron… mi boca se fue directo al hallazgo.

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Horas extras

El vigilante sacó su pene. Me puso en cuatro y volvió a meterla fuerte. Yo seguía chupando a Daniel entonces sentí el ritmo a punto de acabar del vigilante decidí ayudarle moviendo mis caderas, también Daniel parecía acabar. Ambos se vinieron al tiempo. Daniel bañándome la cara y la boca y el vigilante bañándome la espalda. Ambos se pusieron frente a mí y los limpié a fondo.

Hola a todos quienes lean este relato que me atrevo a publicar por primera vez. Mi nombre es Juanita pero me dicen Ana o Anita. Tenía 22, soy delgada, rubia de cabello corto, blanca, 1.72, busto normal, piernas fuertes porque hago ejercicio seguido… y la verdad me gusta mucho pasarme la bien con el tema del sexo. La historia que les contaré sucedió hace muy poco y pasó con mi actual jefe de sección. Yo trabajo como diseñadora grafica en una empresa de software y diseño interactivo en una ciudad capital americana. Aunque todavía estudio me logré colar y laborar en esta compañía de lo mejor en este país. Bueno llevo aquí como 3 meses y tengo un jefe bastante malgeniado y patán. Es un hombre maduro de 35 a 38 años. Alto fuerte y de aspecto normal, aunque agresivo sobre todo la mirada). En aquél entonces tenía 20 años.

Desde que empecé a trabajar el jefe (que diremos Daniel) me puso el ojo para sacarme, pues dice que los estudiantes y recién egresados no sabemos nada de nada, así que me tocó bastante duro los primeros días con la presión de él. A mis otros compañeros (todos hombres) les agradó sobremanera mi companía. Todos hicieron casi una fila durante las primeras semanas para coquetearme y tratar de que ocurriera algo de movimiento conmigo, pero yo nada de nada. Me adapté rápido y me puse a trabajar muy fuerte de día y de noche para que el jefe no molestara más. Cada día uno de mis compañeros de sección y de otras me entraban a coquetear, todos me molestaban y no quería nada con nadie, el único que me hacía sudar un poco, y no solo era por la presión, sino por que era el único que me ignoraba desde el plano sexual, era Daniel. El jefe.

A pesar de ser un hombre maduro y todo, me gustaba como se veía de fuerte y ese ceño fruncido me agradaba muchísimo.

Comencé a vestirme más provocativa para ver como le hacía para que el jefe se fijara en mí. No sirvió de nada más que para calentar a mis compañeros que no dudaron en hacerme ofertas indecentes para salir. Una noche en la que trabajé horas extras diseñando un logo para una empresa importante Daniel salió de su oficina y pasó a un lado de mi cubículo. Me vio atareada y se acercó a ofrecerme su ayuda. En la sala de diseño solo estábamos él y yo pues todo el personal había salido desde hacía una o dos horas atrás.

-¿Cómo va eso Ana? -Bien, bien, creo que lo termino en un rato -¿Segura? porque veo que falta bastante. -Pues yo lo termino hoy así me quede toda la noche acá jefe.

El se sonrió por primera vez conmigo. Así que aproveché la oportunidad y le devolví la sonrisa un tanto coqueta.

-¿Por que no me muestras algo para ver si me inspiras?

Le dije y él puso cara de sorpresa. Al tiempo bajé la mirada hacia mis piernas que se veían libres pues llevaba una mini azul turquesa y blusa azul de tiras y botas altas negras. El me miró con algo de calentura y lanzó su brazo sobre mí. Yo alcancé a cerrar los ojos para sentir su brazo fuerte sobre mí, pero no, el tipo tomó el mouse y me empezó a mostrar ejemplos sobre el trabajo. Yo me desilusioné y seguí en el trabajo, escuchando atenta las instrucciones de él. El jefe de seguridad del edificio pasó haciendo ronda y nos vio. Preguntó sobre la hora en que dejaríamos de trabajar y Daniel le dijo que yo me quedaba un rato más. El de seguridad nos dijo que estábamos los tres solos en los edificios pues el turno de impresión no trabajaba esa noche. Seguimos trabajando y un rato después me dijo que se iba ya, que estaba tarde. Acepté. El salió y yo seguí en el trabajo. De pronto, tiempo después, sentí unas manos que me tocaban la espalda haciéndome un masaje. Me asusté y giré. Era Daniel.

-Hola, que susto me has dado -Me regresé porque creo que necesitas más ayuda…¿o no? -Si creo que si… -¿Un masaje? -Ok

Entonces empezó a tocar mi espalda y mis hombros haciendo que me relajara sobre el asiento. Sus manos eran muy buenas. Me concentré en el placer del dolor por la tensión de mis músculos. Luego sentí que una de las manos bajaba y rozaba mis senos sobre la blusa. Abrí los ojos pero seguí quieta. Ahora me tocaba a fondo y yo estaba en shock. Pues aunque esperaba algo de Daniel nunca creí que fuera en ese momento.

-¿Hace cuanto no te dan un buen masaje? -Hace bastante jefe… -Creo que te llegó la hora de hacerte uno completo -¿En serio?

Al decir esto bajó su cabeza y me dio un beso súper húmedo, al tiempo que bajaba mucho más su mano y la metía por mi falda, tocándome los muslos y llegando hasta mi interior. Yo le hice la tarea más fácil girando la silla y quedando frente a él. Daniel se arrodilló frente a mí, levantó un poco mi falda, hizo a un lado mis interiores y comenzó a chupar y lamer mi genital. Yo no paraba de gemir y suspirar. Rápidamente tuve un orgasmo enorme. Le tomaba la cabeza y la apretaba fuerte sobre mi órgano. El solo paraba para darme una mirada y seguir paladeando su lengua en mi clítoris. Comencé a tener otro orgasmo más fuerte que el anterior y lo hice a gritos. Daniel era excelente con la lengua. Tras ese orgasmo caí sobre la silla dichosa, entonces él se puso de pie frente a mí.

-¿Te gustó? -Aja (contesté como tonta) -Baja mi cremallera y saca mi verga. (Me dijo un tanto vulgar)
De inmediato lo hice. Su cambio de ser un hombre caballeroso a ser uno vulgar me excitó demasiado. Bajé el cierre y sin quitarle el pantalón saqué un pene enorme, era largo, un poco grueso. Lo tenía en mis manos.

-Métetelo a la boca putica…

Como si estuviera sonámbula o algo así obedecí. Abrí la boca y empecé a comerme su aparato. El lo disfrutaba al máximo. Hizo que bajara de la silla y quedara de rodillas. Seguía chupando esa verga grande y hermosa, repleta de venas que palpitaban en mi boca.

-Eso es putica, muy bien, muy bien…

Mientras se la chupaba Daniel se quitó el saco y la camisa. De un momento a otro me tomaba de la cabeza y me daba empujones dentro de mi boca con su pene, como si me follara así.
-Detente un momento putica. Quítame el pantalón.

Lo hice de inmediato. Quedó desnudo. Me levantó y sacó mi blusa, bajó mis interiores y la falda la arremangó sobre mi cintura, me dejó con las botas. Me tomó del cabello, jalándolo, y me puso de rodillas nuevamente para que siguiera chupándolo.

-Sigue con tu trabajo oral puta…

Continué mamándole la verga por un rato más. Me sentía muy bien así. Me encantaba su pene. Llevábamos más de media hora así, cuando el mismo sacó de mi boca su aparato. Me hizo levantar y me llevó hasta la sala de espera frente a su oficina.

-Ven que te voy a follar como se lo merece una puta como tú.

Me acostó boca arriba sobre el sofá de la sala de espera abrió mis piernas que tomó con sus manos y puso su vergota en mi entrada. Yo la tomé y la fui metiendo de a poco. Me quejaba y eso le gustaba. De improviso avanzó y la metió toda hasta el fondo. Grité. Se acomodó y empezó a meter y sacar su pene dentro de mí. Lo hacía a una velocidad enorme y con una fuerza gigante.
-¿Te gusta así? ¿No puta? ¿Te gusta?… perra…

Yo no paraba de gemir y de agarrarme de sus brazos fuertes. Sus embates eran tremendos. Unió mis piernas para apretar así su verga en mí. Y con una sola mano las tomaba y con la otra se apoyaba del respaldar del sofá. Me la metía y sacaba como una máquina sexual. Luego la sacó repleta de líquidos míos, pues ya había tenido un orgasmo durante la faena.

-Ponte en cuatro perra que me gusta penetrarlas así, a las putas como tú… Lo hice. El me dio una palmada en las nalgas. Metió uno de sus dedos en mi coñito, lo sacó e intentó meterlo en mi trasero. Yo se lo impedí y él me abofeteó en la cara.

-¡Quédate quieta perra, que voy a hacer lo que yo quiera!

Me quedé helada y quieta. Insistió metiendo uno de sus dedos en mi trasero. Nunca lo había hecho por ahí. Su dedo me molestaba sobremanera y cuando ya lo tenía dentro comenzó a meter otro en mi coñito, el movimiento de ambos me fue excitando cada vez más. Fui moviendo mis caderas al ritmo de sus dedos. Entonces los sacó de su interior y se acomodó para penetrarme. Primero de forma normal por mi coño. La metió toda de una y comenzó a penetrarme fuerte. Yo tenía la cabeza enterrada en el respaldar del sofá. Sus embates me apretaban contra él. Me tomaba de la cintura y me atraía hacia su verga que salía y entraba como un taladro. Sus huevos golpeaban mis nalgas y estaba a punto de un nuevo orgasmo. Se detuvo.

-Ahora vas a saber lo que es coquetear conmigo perra.

Puso su pene en mi entrada posterior y empezó a avanzar. Me dolía muchísimo. El se veía experto en estos menesteres y esperó a que me relajara. Cuando el glande estaba dentro, comenzó nuevamente a empujar hasta tenerlo todo dentro. Allí mismo me tomó del cabello y me alzó la cara, al tiempo que me penetraba sin compasión. Se apoyaba de mi cadera y de mi cabello como si cabalgara a una yegua. Yo estaba en otro mundo sintiendo de todo: dolor, placer, lujuria, éxtasis…

Me metía su pene con todo poder. Sentí que estaba por acabar pues se apoyó sobre mi cadera y su ritmo se aceleró. Dio varios embates más y sentí como inundaba mi traserito. Fue enorme la cantidad de esperma que salía de el. Sacó su miembro y lo limpió con mis nalgas y con mi falda enrollada a la cintura. Se sentó a mi lado y me besó.

-¿Te gustó, perrita? -Si, si me gustó jefe…

El me sonrió y me invitó a que le limpiara la verga. Lo miré y me fui encima de su hermoso pene a lamerlo hasta dejarlo limpio. Mientras lo hacía sentí a alguien detrás de mí. Giré y se trataba del jefe de seguridad que miraba la escena con una cara de vicio increíble.

-¿Que tal la vista José? Preguntó Daniel -Excelente… Respondió el hombre mientras me miraba. Yo estaba congelada sentada desnuda a un lado de Daniel que me sobaba el cuello y se sonreía con José.
-¿Bien rica esta puta? ¿Cierto? -Pues yo la vi muy bien puestecita don Daniel… -Ya sabe que de noche esta empresa es suya con todo lo que tiene dentro…

Al decir esto miré a Daniel y este me sonrió. José se acercó hasta mí al tiempo que se bajaba el pantalón, sacando un pene gruesísimo y empalmado a más no poder, pues había visto todo desde el inicio. Lo tomó en sus manos y me lo ofreció para que lo chupase. Daniel me presionó del cuello y no hice más que abrir la boca e intentar tragarme el paquete del vigilante.

Su verga era más pequeña que la del jefe pero mucho más gruesa. Comencé a lamerlo y darle pequeñas mordidas.

-Eso si, mamita, así. Mírame a los ojos mientras lo chupas… me gusta ver la cara de putas cuando lo maman… Me decía el tipo mientras tocaba mis senos y se iba quitando la ropa. Daniel se sentó frente a nosotros a disfrutar de la escena.

El vigilante era un hombre de unos 45, bajito, pero acuerpado, blanco y calvo. Me detenía en la mamada para quitarse su ropa, hasta quedar completamente desnudo. Seguí mamándolo hasta que él me detuvo, se sentó en el sofá y me invitó a sentarme sobre su verga gruesa. Así lo hice, sentí esa verga abriéndome un poco mi conchita pues el tamaño del grosor era inédito en mi cueva de sexo.
Cuando pude ensartarlo todo el mismo me daba el ritmo para que subiera y bajara. Mientras me chupaba y tocaba los senos. La fricción con esa nueva verga hizo que me excitara mucho y que intentara llegar a un nuevo orgasmo. Aceleré el bajar y subir. Sentía cada vez más esa verga dentro. Abracé al vigilante y comencé a hablar:

-Si, si, que verga hermosa, me gusta sentirla dentro, dentro… si, si…- y me corrí de una forma inusual. Gritando fuertísimo. Arañando al vigilante de tal forma que violentamente me levantó y me puso acostada sobre el sofá. Entonces comenzó a meter y sacar su pene con violencia. Yo le pedía más y más. Parecía que estaba incómodo en el sofá, así que sin sacarme su pene de dentro me puso en el suelo y allí montó mis piernas con las botas sobre sus hombros y me penetró con furia. Luego se apoyó de mis senos y me daba con total violencia.

Yo estaba en otro mundo mientras me penetraba. Daniel se acercó y me ofreció su verga para que se la chupase mientras tanto. La tomé y la mamé mientras era follada.

El vigilante sacó su pene. Me puso en cuatro y volvió a meterla fuerte. Yo seguía chupando a Daniel entonces sentí el ritmo a punto de acabar del vigilante decidí ayudarle moviendo mis caderas, también Daniel parecía acabar. Ambos se vinieron al tiempo. Daniel bañándome la cara y la boca y el vigilante bañándome la espalda. Ambos se pusieron frente a mí y los limpié a fondo.

Después de esto se vistieron. El vigilante siguió en su guardia y Daniel me llevó a su oficina.
-Mira Ana, esto que pasó aquí es entre nosotros. Pueda ser que no te agrade lo que pasó, pero pasó. Así que ojalá y no lo estés divulgando por ahí. Tú estás grabada en video y todos sabemos que tú querías esto desde hace un tiempo. Ya te enteraste porque no hay mujeres en esta sección. No aguantan las horas extras. ¿Me entiendes?

Yo me quedé mirándolo con rabia y algo de morbo ante lo sucedido y ante su confesión. No contesté nada y fui al baño a lavarme y cambiarme. Desde dentro escuché cuando Daniel salió.

Ya vestida, con la falda hecha un desastre, fui hasta mi cubículo, apagué el computador y salí. Al llegar a la puerta el vigilante no paraba de mirarme lleno de lujuria.

-¿Te gustó lo de arriba?

No le contesté nada e intenté salir.

-¿Te gustó o no? -Si, si me gustó pero no quiero hablar de eso… -Pues nadie quiere que hables -No lo voy a hacer. Simplemente pasó y ya. -Eso es así nos gusta a nosotros… -¿Lo hacen seguido? -Solo cuando toca… y con una mamacita así en la oficina toca…

Intenté salir de nuevo, pero el hombre me jaló del brazo y me arrastró hasta la silla de su despacho, me sentó allí. Sacó su verga y me la puso en los labios.

-Entonces no hables y termina de chupar que todavía estoy lleno…

Lo miré y abrí la boca y comencé a comerme esa verga gruesa. Le miraba a los ojos tal como a él le gustaba. Salivaba muchísimo para que se resbalara suave en mi paladar. Bajé su pantalón y me apoyaba de sus caderas para ir y venir con más soltura.

No paraba de insultarme y gemir. Lo pajeé mientras chupaba sus huevos y volvía a lamer y chupar su verga. Me detuve y sin dejar de mirarlo le dije:

-¿Quieres meterlo de nuevo?

El dijo si con un gesto. Me levanté y me apoyé en la pared ofreciéndole mis agujeros de espaldas. Tomé su verga y la apunté a mi coño. El entró con facilidad. Yo estaba mojadisima. Me tomó de la cadera y comenzó a embestir fuerte.

Me estaba partiendo. Me apretaba los senos y seguía metiéndolo. Me encantaba el grosor de esa verga. Yo estaba por reventar en un nuevo orgasmo cuando lo sacó y me jaló del cabello para que me arrodillara. Lo hice y me obligó a abrir la boca y recibir su descarga en la boca. Abrí la boca y la recibí con agrado. La tragué toda. Luego lo limpié y salí de allí.

No volví a trabajar tres días. Luego aparecí, di mi carta de disculpas por no haber ido a trabajar. Daniel me trataba normalmente igual el vigilante. Ya sabía yo que no podía volver a tomar horas extras de noche, a no ser que quisiera pasármela de fiesta. Así ha sido hasta ahora. Cuando deseo hacer horas extras ya saben lo que pasa.

Creo que voy a dejar el empleo. Igual estoy por graduarme y seguro encontraré otro mejor…

¿Qué creen ustedes?

Autora: Juanita Wais

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Mi cuñada y yo

La follé en la mesa, sus tetas se movían como un flan, me corrí dentro de ella, subimos a mi habitación, se sentó en la cama, con el rabo empalmado le dije quiero follarte por la boca, y ella me dijo que le daba morbo hacerlo en la ducha, así que fuimos a la ducha. Mientras el agua recorría mi cuerpo ella daba buena cuenta de mi miembro hasta que me corrí en su boca.

Mi nombre es Andrés y os voy a contar lo que me pasó hace 2 veranos en el chalet de mi hermano y mi cuñada.

Yo tengo 31 años y mi cuñada sobre los 45 más o menos pero se cuida  perfectamente hace gimnasia  y  come lo justo es por ello que cuando se viste para ir a trabajar  como secretaria de una empresa se pone provocativa más de una vez me  pilló “desnudándole” con la mirada.  Cuando se pone el bikini no puedo disimular y la miro como si me la hubiese a comer allí mismo.

Todos los veranos voy a pasar unos 15 días con ellos al chalet, es uno de estos que abajo tiene el comedor con la cocina y arriba los dormitorios, uno de estos días estuvimos cenando con unos vecinos, mi hermano se tuvo que ir a trabajar por que le tocaba guardia, mi sobrino estaba de monitor en un campamento.

Terminó la cena y después nos hicimos unos gintonic, estuvimos charlando hasta las 1 más o menos, los vecinos se fueron y mi cuñada y yo empezamos a recoger la mesa.

Allí estaba ella con un short que se le marcaba sus preciosos pechos ya que no suele llevar sujetador, y eso me pone cachondo, con un pantalón corto que le definía su culito precioso,  y en un momento no pude más, me lancé sobre ella por la espalda y le empecé a sobarle las tetas y restregarle mi paquete  en su culo

De repente se gira y la intenté besar pero sus labios estaban sellados, acto seguido me empujó y   yo pensé en ese momento que me daría un tortazo por lo que estaba haciendo, y  gracias que no fue así.

Veo que se quita el short y deja al aire sus hermosos pechos que los empiezo a tocar y chupar, recordando cuando le veía dar de amamantar a su hijo, mientras ella me desabrochaba las bermudas me coje el rabo y me dice, cuñado quiero que me folles aquí y ahora.

Yo le pregunto, ¿por el chochito o por el culito?, por el chochito responde ella mientras me dice al oído he estado esperando este momento un montón de tiempo mira que has tardado en decidirte yo provocándote y tú seguro que matándote a pajas ¿por qué más de una paja te habrás hecho pensando en este momento?

Yo le dije que si más de una y más de dos, la agarré, la puse encima de la mesa y ahí desnuda de cintura para arriba, le bajé los pantalones y las bragas.

Tiene un chochito depiladito  precioso, le puse un cubito de hielo en la frente y lo fui bajando pasando, por su boca, su pechos y el ombligo  y se lo puse en la rajita, ella se retorcía de placer  y dando una palmada al cubito me dijo, déjate de tonterías y métemela ya…

Eso es lo que hice me, la follé ahí en la mesa, en cada metida sus tetas se movían como un flan de gelatina, hasta que me corrí dentro de ella, subimos a mi habitación, se sentó en la cama para quitarse las zapatillas y yo con el rabo empalmado le dije quiero follarte por la boca, y ella me dijo que le daba morbo hacerlo en la ducha, así que fuimos a la ducha.

Mientras el agua recorría mi cuerpo ella daba buena cuenta de mi miembro hasta que me corrí en su boca y me dice, ahora te toca a ti y así lo hice, le comí el coño mientras le metía el dedo por el culo.

Nos fuimos a la cama y allí estuvimos follando como locos, se me puso encima y le metí la polla en su rajita y empezó a cabalgar mientras le sujetaba las dos enormes tetas que tiene, intenté metérsela por detrás pero no quería.

A la mañana siguiente me desperté y al abrir la ventana vi que  el coche de mi hermano estaba aparcado,  pasé por su habitación y se le oía roncar,  bajé a la cocina a desayunar y ahí estaba ella.

Apoyada en la mesa comiéndose una tostada de mantequilla, con un camisón por encima de las rodillas, nos dimos los buenos días y me dijo, Andrés  lo de ayer fue una estupidez por nuestra parte y espero que lo olvides pronto, esto jamás tenía que haber pasado, yo a tu hermano le quiero y no quiero separarme de él  nunca.

Está bien me olvidaré le contesté, pero tienes que dejarme metértela por el culo, tú estás loco dijo ella tu hermano arriba y tú pensando en metérmela.

Tú sabes muy bien que tu marido cuando le toca guardia duerme de un tirón hasta las dos horas de comer, y tiene morbo eso de follarte y mi hermano arriba.

La cogí, le di la vuelta le levanté el camisón, le bajé el tanga y le embadurné el ojete con la mantequilla, le metí primero el dedo y se la metí poquito a poco hasta que estuvo toda dentro.

Empecé el baile de sambito mientras ella mordía el paño de cocina para no gritar, me corrí en su precioso culo   me dio un beso y cumplí mi palabra y hasta la fecha la he cumplido.

Autor: andres

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La despedida

Seguramente vio mi cara de gusto y de que me acababa en cualquier momento y me preguntó:  “¿querés acabar?”  “sí por favor”.  Entonces se la volvió a meter en la boca y le dio un ritmo increíble. Mi pija no aguantó mucho más y descargó toda su leche en la boca de Rosa que se dedicó a tomarla y a limpiarme la pija con su lengua.

Esta es una historia real y no se parece mucho a las historias que aparecen por aquí. Siempre tuve la fantasía de hacerlo con una mujer mayor y la verdad es que esto más que un relato es una crónica de un sueño realizado.

Todo empezó cuando mis compañeros de trabajo me estaban organizando una despedida puesto que me iba de viaje y por un par de meses no me iban a ver. Todo venía de lo más normal, hasta que por esas cosas que tienen las fiestas se empezó a tratar el tema del sexo y la cosa cada vez se puso más picante y una compañera de nombre Rosa dijo muy suelta de cuerpo que un hombre que la atendiera bien le provocaba siete orgasmos en un solo polvo. Al principio las risas desacreditaron el comentario, pero luego de unos minutos mi compañera desafió a uno de los presentes a subir a una habitación para demostrárselo. El elegido no aceptó, pero dijo que tendría que subir yo por ser el homenajeado. Yo como estaba con unas copas de más acepté y subimos. Hasta aquí la cosa no pasaba de ser una broma y nada más, puesto que tanto Rosa como yo esperábamos que subieran pronto a sacarnos de allí. Así que lo que hicimos fue desarmar una cama y ponernos a gritar como que estuviéramos cogiendo como artistas porno.

Pasado un rato y como nadie subía Rosa se puso a ver por el agujero de la cerradura a ver si alguien venía. Yo como un pasmado me quedé mirándole el culo bien redondo que tenía. Ella se percató de lo que sucedía y cada tanto se levantaba y me miraba y sonreía. Cuando estaba de pie yo lo que hacía era mirarle sus tetas. Unas tetas enormes que miden más de 110 cms., y que conserva intactas a pesar de sus 48 años de edad y de que está un poco pasada de peso, yo en ese momento tenía 24 años y siempre me habían gustado las mujeres de esa edad. Muchas veces me masturbaba pensando en mujeres de 45, 50 o más años. Siempre me gustaron porque creo que son las que mejor saben coger y que además no tienen problemas de miedos o timidez como algunas jóvenes.

Lo cierto es que ahí estábamos y sonrisa va mirada viene, mi mente empezó a ir a mil pensando en lo que podría pasar. En determinado momento me dijo que tenía frío y yo le comenté que yo también, que tenía las manos heladas. Rosa se acercó a mí se paró frente a mí y tomó mis manos. En ese momento un escalofrío recorrió mi espalda y temblando dije: “qué te parece si jugamos en serio”, ella me dijo “¿cómo? ¿Qué querés? Yo repetí “qué te parece si jugamos en serio”, solo que esta vez no la dejé contestar puesto que casi en el mismo instante le di un beso, suave y corto en los labios. Rosa dijo “tengo un hijo de tu edad”. “Y con esto qué” contesté yo. “¡que mi hijo tiene tu edad!”.

En ese momento yo estaba ya sacado y la volví a besar, pero esta vez fue un beso sumamente apasionado. Mi lengua entró y en su boca y buscó la suya. Ella siguió con el juego y nuestras lenguas empezaron a entrelazarse y a recorrerse mutuamente. Así estuvimos un par de minutos, hasta que ella se separó y me dijo “podrían venir y qué hacemos”, yo volví a besarla y empecé a tocarle sus hermosas tetas y su culo. Esas tetas que tantas veces había visto a través de las blusas de seda transparente con las que venía y con las que tantas veces había soñado, ahora las estaba tocando y sobando a gusto.

Luego empecé a levantarle el buzo y a sacarle una de sus tetas del sutién para comenzar a besarla. Ella apenas comenzar a besarle las tetas comenzó a gemir y a gozar y una de sus manos fue hasta mi pija y la apretó fuertemente. Ahí me di cuenta de que la cosa no paraba. Ella terminó de sacarse el buzo y el sutién y comenzó a sacarse el pantalón. Yo me bajé el pantalón y el calzoncillo y mi pija saltó y quedó parada allí pronta para seguir de largo.

Rosa se agachó y comenzó a chupármela, como nunca antes nadie la había hecho. La metía y sacaba de su boca, me pasaba una mano por los huevos, me los chupaba un poco y luego volvía a mi pija la cual se metía casi toda en su boca con total naturalidad. Yo no resistía mucho más y como no quería acabar le pedí que parara. Ella se recostó en la cama y yo me lancé como un desesperado a su vagina que ya estaba totalmente mojada.

Comencé a comérmela como si en ello se me fuera la vida, la besaba, la mordía, metía mi lengua y trataba de que no se me escapara ninguno de sus jugos. Ella estaba jadeando y gimiendo casi a los gritos. En ese momento lo que hice fue meter uno de mis dedos en su concha y comencé a pajearla suavemente. Ella lo recibía adentro con mucho gusto y me pidió: “méteme otro que me muero”. Yo le di el gusto e introduje otro dedo ella se arqueó toda y comenzó a apretarse las tetas y como jadeaba y parecía que iba a acabar metí un tercer dedo en su concha, lo cual fue para ella el éxtasis.

Estuvimos así unos minutos, con mis tres dedos y mi lengua haciendo que Rosa se retorciera de placer hasta que estalló en un gemido y suspiros profundos y mi boca se vio inundada de sus jugos que traté de tomarlos y no dejar escapar nada. Rosa se incorporó me dio un gran beso y me dijo “ahora te toca a vos”. Y lo que hizo fue tenderme en la cama y comenzó a besarme y a tocarme. Me dijo “te gustan mis tetas” “sí ” contesté yo… Entonces se incorporó y puso sus tetas a la altura de mi boca. Entonces dijo: “cómetelas todas, no dejes nada”.

Yo obedecí y me dediqué un buen rato a sobarle y besarle nuevamente sus tetas. En un momento pensé que mi pija iba a reventar y le pedí que volviera a chuparla. Esta vez fue ella quien obedeció y procedió a devorarse mi pija como lo había hecho un rato antes, cuando estaba en lo mejor, se la sacó de la boca y se la puso entre sus tetas y comenzó a hacerme una rusa. Seguramente vio mi cara de gusto y de que me acababa en cualquier momento y me preguntó:  “¿querés acabar?”  “sí por favor”.  Entonces se la volvió a meter en la boca y le dio un ritmo increíble. Mi pija no aguantó mucho más y descargó toda su leche en la boca de Rosa que se dedicó a tomarla y a limpiarme la pija con su lengua.

“¿Te gustó? ” dijo.  “Sí acabé como nunca”. “Ya lo creo tenías un montón de leche y la verdad es que estaba muy rica”.

Yo me tiré sobre ella y quise cogerla de una vez por todas, pero no me dejó me dijo que por ahora era suficiente y que si quería el resto tendría que ser en su casa ya que no quería que nos descubrieran. Si bien ella era divorciada y yo soltero no quería que nadie se entere de lo sucedido porque seguramente los demás querrían cogerla también y no le interesaba mucho que eso sucediera.  Por mi parte yo tampoco quería que eso pasara ya que la quería toda para mí. Así que acepté las condiciones.

Nuestro encuentro en su casa es para otro momento, pero solo puedo adelantar que a partir de ahí comenzamos a coger y la verdad es que nunca cogí con nadie como con ella. Es sencillamente genial y nunca dice que no a nada.

Ya contaré el resto.

Autor: D_beiss

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El placer de mi amiga

Así seguimos hasta que me empezó a meter tres dedos, solté un pequeño gemido que nadie escuchó, hice lo mismo con ella sentía su clítoris deseaba poder tenerlo en mi boca, lo cual es raro ya que me consideraba heterosexual, siguió frotando los dedos dentro de mí hasta que no pude más y empecé a soltar mis líquidos y poco después que yo Andrea se me unió.

Hola me llamo Alejandra, soy una joven de 20 años de edad, me considero con buen cuerpo, pechos grandes, trasero agarrable, caderas medianas. Pero nunca supe que algo así iba a pasar.

Todo empezó en mi preparatoria, recuerdo que era un viernes. En clase de historia en vez de la clase normal nos dieron una presentación en le auditorio sobre el Islam. El auditorio de mi prepa es pequeño y siempre nos separan chicos en un lado y chicas en otro lado.

Bueno la presentación estaba muy aburrida y no se en que estaba pensando cuando se me ocurrió la idea de masturbarme. Así que lo empecé hacer de forma disimulada, metí mi mano lentamente debajo de mi pantalón comencé a frotarme mi vagina.

Luego después de un pequeño rato pasé mi mano bajo mis pantis, estaba a mil por hora, empecé a sudar, la excitación estaba incontrolable. De repente oigo la voz de mi amiga Andrea quien estaba sentada junto a mí

-¿Qué haces?

Me quedé petrificada, saqué mi mano rápidamente, pero había sido tarde, mis líquidos vaginales habían cubierto mi mano. Cuando saqué mi mano, ella la vio cubierta. Mis ojos se abrieron como platos. ¿Qué iba a hacer?  Pero al parecer Andrea tenía otros planes. Bajó mi mano y me dijo:

– Cálmate es natural

Me tranquilicé un poco, pero vi que su mano bajaba a mi muslo, me quedé sin aliento, su mano iba subiendo hasta llegar a la cintura, iba a decir algo, pero me puso un dedo en la boca y dijo:

-Shhhhhhh

No dije nada lentamente metió su mano bajo mi pantalón. Estaba helada y excitadísima al mismo tiempo, tocó mis pantis empapadas, hizo una pequeña sonrisa y sin aviso alguno metió su mano abajo y empezó a frotar su dedo contra mis labios.

Estaba confundida y excitada no sabía que hacer, entonces Andrea tomó mi mano y la llevó a su entrepierna.

La verdad estaba muy confundida, pero entendí el mensaje, metí mi mano bajo su pantalón y empecé a frotarle mis dedos en sus labios.

Mientras tanto ella empezó a penetrarme con un dedo, contuve mis gemidos, no quería quedarme atrás así que tomé un dedo y se lo intenté meter, pero se me había olvidado que aún tenía las pantis, se las bajé y la penetré con un dedo, la verdad fue muy rápido y estuvo a punto de soltar un gemido, pero lo evitó.

Así seguimos hasta que me empezó a meter tres dedos, solté un pequeño gemido que nadie escuchó, hice lo mismo con ella sentía su clítoris deseaba poder tenerlo en mi boca, lo cual es raro ya que me consideraba heterosexual.

Pero siguió frotando los dedos dentro de mí hasta que no pude más y empecé a soltar mis líquidos y poco después que yo Andrea se me unió, saqué mi mano empapada, toqué mi panti empapada, estaba muy caliente y Andrea me dijo:

-Ven a mi casa hoy y seguiremos.

Autora: Alejandra

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En una esquina del bar

Su boca llegó hasta mi polla, besó el prepucio para ir al tronco, chupándolo en toda su longitud, se dedicó a mi polla como una posesa, ya no pude contenerme más. Leticia no tuvo tiempo de sacar mi polla de su boca, mi semen salía a borbotones de mi polla mientras me estremecía de placer dentro de su boca.

Mi nombre es Rafa (o al menos me denominaré así en este relato), y lo que os voy a contar me sucedió durante estas vacaciones de verano. He escrito lo sucedido en colaboración a Bullets, amigo mío, que me ha prestado ayuda para escribir el relato de forma más fácil para leer.

Este verano, como casi todos, me fui en el mes de julio de vacaciones con mis padres a un pueblo de la costa mediterránea a pasar las vacaciones a casa de unos buenos amigos de mis padres de cuando habían emigrado a Suiza allá por los 60 o 70.

Decidí acompañarles en vez de quedarme en casa por vacaciones por dos motivos: primero, donde vivo, en Galicia, el verano es como una ruleta, igual hace un tiempo de sol y playa magnífico, que de golpe viene una semana que casi parece de otoño, lloviznando todo el día. Segundo, en esos días, casi todos mis amigos y compañeros estaban ocupados o ausentes entre una cosa u otra. Además, había cortado hace poco con mi novia, y deseaba distraerme un poco de la ruptura.

Tras el viaje, llegar, acomodarnos en la casa y demás, cenamos en un restaurante cercano todos juntos, yo, mi hermano Carlos, mis padres, sus amigos y Jero y Carla, sus hijos. Ese día ya no hicimos nada más, ni salir por el pueblo ni nada, pues estábamos cansados del viaje y queríamos descansar.

Los dos días siguientes fui a la playa con Carlos, Jero y Carla, y salimos juntos de noche por el pueblo, que tiene bastante movida nocturna, si bien yo me aburría un poco, puesto que el ritmo y gustos para salir de Carlos, Jero y Carla son distintos a los míos.

De todos modos, no había mucho mejor que hacer. Sin embargo, todo cambió a partir de la tercera noche. Cansado ya de los acompañar a los demás, decidí seguir un poco por mi cuenta, y luego volver a la casa. De este modo, paseé un poco por ahí y entré en un bar a tomar una última copa. Cuando estaba en la barra, a punto de beberla, alguien chocó conmigo y casi me hizo dejar caer la copa.

– ¡Lo siento, perdona, he tropezado con una silla! – No importa, no ha sido nada -respondí mientras observaba a la chica que había tropezado conmigo.

Era preciosa, lo que se dice preciosa. Tendría 20 o 21 años, medía algo más de 1:70 m, pelo castaño rubio recogido en una larga trenza, muy esbelta pero también muy bien formada, con unos pechos de tamaño perfecto.

Tenía labios delicadamente sensuales y unos maravillosos ojos verdes. Vestía una falda corta que le llegaba a las rodillas (¡qué piernas tenia!) y una camiseta holgada de ancho cuello, que dejaba ver su bronceada piel-. Siempre que no me rompas nada, puedes tropezar conmigo lo que quieras -añadí.

– Gracias -me respondió con una sonrisa, te tomaré la palabra. Aquí en cualquier momento me tiran al suelo de tanta gente que hay. – Tienes mi palabra, así me llamo, Torcuato Atanasio Bello Espantoso, de que seré tu paracaídas -le respondí levantado la mano como si jurase ante un jurado.
– ¡Hahahaha! ¡Bonito paracaídas que me ha tocado! Venga ya, no te llamarás así en serio, ¿no? -me respondió-. Mi nombre es Leticia. – Encantado. El mío es Rafa.

Aprovecho ahora para describirme. Mido más o menos 1:83 y peso 76 kilos. Tengo 23 años, pelo castaño oscuro y soy tirando a fuertote, pero sin ser un cachas de gimnasio. Uso gafas (encuentro las lentillas un engorro) y no suelo afeitarme con mucha frecuencia, por lo que suelo llevar barba de quizá cinco o incluso siete días. Ese día, afortunadamente, me había afeitado. Nos besamos.

Tras pedir una bebida en el mostrador para ella, me preguntó si quería jugar una partida al futbolín con ella dos amigas, para jugar en equipos de dos. Desde luego, no se me ocurrió decir que no. Tras dos o tres partidas, seguí hablando con ella.

Había venido como yo al pueblo también de vacaciones, pero desde Cantabria, con sus padres y sus hermanos, chico y chica. Había salido ella sola con dos amigas que tenía de anteriores visitas al pueblo, Fanny y Soraya porque sus hermanos habían preferido quedarse a ver una película en la tele que querían ver hace tiempo.

Después fuimos por el pueblo de pub en pub, hablando un contándonos cosas cada uno a los demás sobre nuestras vidas, gustos, preferencias… Yo les conté todo sobre mi sin ocultar casi nada, ni siquiera mi relación rota con mi novia. Leticia, por su parte, me contó que ella hacía ya tiempo que había tenido su última relación. Tras romper, se centró exclusivamente en sus estudios de biología. Ahora mismo estaba a la expectativa de cualquier cosa que surgiera.

– ¿”Cualquier” cosa que surja? -bromee-. Hay gente muuuuuy malpensada que podría interpretarlo pero que muy mal. – No, hombre. Ahora mismo, lo mismo me da iniciar una relación duradera que un simple rollito de dos o tres semanas sin complicaciones, aunque ahora en vacaciones, lo ideal es un rollito corto. – Siento curiosidad por conocer tu concepto de rollito -le dije mientras jugaba con su pelo. Tras tres horas de marcha por el pueblo, risas, diversión y conversación conmigo, parecía estar a gusto en mi compañía, hasta el punto de que de vez en cuando se abrazaba a mí mientras paseábamos. Yo por supuesto, no protestaba.

– Bueno -dijo mientras me miraba pícaramente a los ojos-. Quizá un desconocido guapetón del norte, noroeste, agradable, simpático, servicial, sin novia. – Eso me parece la indirecta más directa que la línea recta entre dos puntos. ¿Me estás haciendo una proposición indecente? – Solo hasta donde tú quieras… y yo consienta, por supuesto. – ¿Y hasta donde me piensas consentir?  – Averígualo.

Estábamos a la altura de otro bar. Fanny y Soraya entraron, pero yo retuve a Leticia y la bese en la boca, con cariño. Ella respondió y me devolvió el beso afectuosamente. Animado, empecé a mover más los labios y la lengua, buscando penetrar entre sus labios y buscar su lengua. Ella también.

Entusiasmado, empecé a acariciarla por sus hombros desnudos, mientras ella abrazaba mi espalda y retorcía mi camiseta, apretándose contra mí, haciéndome sentir su hermoso cuerpo, sus pechos y sus caderas contra mí cuerpo, y como mi polla crecía por momentos. Incluso me pareció que al notar como me crecía, ella se apretaba más a mi, excitándome más. Finalmente, tras un intenso rato de besarnos y acariciarnos, nos separamos.

– Será mejor que entremos o sino Fanny y Soraya saldrán a buscarnos -dijo Leticia.

Dentro del bar, había poca gente. El bar no estaba muy bien situado respecto a la zona de marcha del pueblo, y además, a esa hora, ya había gente que empezaba a marcharse a acostarse. Dentro del bar, nos sentamos en una mesa y pedimos. Mientras nos servían, empezamos a conversar, pero Leticia notó pronto que yo estaba un tanto apagado, intentado controlar la calentura que me había producido nuestro escarceo a la entrada del bar.

– Pareces estar un poco indispuesto -me comentó con un brillo burlón en su mirada-. A lo mejor tendrías que ir al servicio.

Al principio no comprendí, pero después, cuando sus amigas empezaron a reírse por lo bajo, capté el mensaje. “¡Vaya una manera de decirme que vaya a hacerme una paja al servicio!” Sin embargo, tras una pausa en la cuál parecía intentar decidir algo, Leticia murmuró algo al oído de Soraya, que se rió aún más mientras me miraba.

– Creo que necesitarás ayuda -me dijo Leticia sonriendo provocativamente-, será mejor que te acompañe al servicio.

“¡La madre que…!” pensé asombrado”, ¡Al final esta noche follaré y todo!” Fuimos al servicio de chicos, en una esquina del bar. Era una habitación con un retrete y un aseo, pero muy limpio y amplio. Una vez dentro y cerrados, Leticia se echó sobre mi, empezando a besarme y pasar su lengua por todas partes, excitándome sobremanera, mientras yo apenas podía acariciarla, hasta tal punto que había tomado ella la iniciativa con su lengua.

Con su lengua trazó un surco por mi cuello, labios, boca, orejas, parte posterior de las orejas… Ahora ambos nos acariciábamos con más libertad y más descaradamente. Nuevamente sentía como mi polla empezaba a protestar por su confinamiento en mis pantalones, y como a través de la ropa se endurecían sus pezones. Decidido, pasé un mano por debajo de su falda y empecé a acariciar su pierna.

Ella, por respuesta, levantó la pierna apoyándola en el recipiente para las toallitas desechables y levantó mi camiseta para quitármela. Aproveché el momento de quitármela para contraatacar y poder besarla, mientras ella acariciaba mi espalda.

Ahora mi mano bajó su falda acariciaba su muslo, muy, muy arriba, pasando de vez en cuando por su culito. De repente, ella se arrodilló, y empezó a pasar su cara rozando por donde estaba mi polla, masajeándola con ella. A pesar de que aún tenía los pantalones, creí que me iba a correr. Hizo una pausa, y levantando la vista me preguntó:

– ¿Tienes algún condón? Me quedé sin habla. Ella, al ver mi reacción, no pudo evitar reírse. Obviamente, como bien os figuráis, no tenía. – Dime por favor que tú tienes uno, Leti. – No -me respondió. Me pareció decepcionada, sin embargo me sonrió-. Sin embargo, eso no quiere decir que te deje ir así de malito.

Cogiendo mis manos, las introdujo por debajo de su camiseta, directamente hacía sus pechos, que tenían un tacto suavísimo, una vez ahí, empezó dirigir mis manos masajeando sus pechos. Yo, nuevamente animado, me incliné sobre ella y aprovechando el amplio cuello de su camiseta, empecé a besarle los hombros, su cuello, su escote… Ella se sentó sobre mi pierna y empezó a moverse como si estuviera cabalgando, rozando su sexo con ella, mientras introducía una de sus manos dentro de sus braguitas.

Con su otra mano libre, acariciaba mi entrepierna. Impaciente, le quite su camiseta para poder contemplar sus hermosos pechos. Sus dos pezones estaban encarnados como fresas y tiesos como estacas. No perdí el tiempo y empecé a besarlos y chuparlos, mientras ella gemía cada vez más y más.
Entonces sentí como Leticia empezaba a desabrochar los botones de mi pantalón. Jubiloso, sentí como mi polla salía libre al aire y como la mano de Leticia empezaba a jugar con ella, midiendo en principio su grosor y longitud. Mi polla no es ningún prodigio de la naturaleza, pero tampoco desentona: 18 cms de largo y 4,5 de grosor. Satisfecha, empezó a pajearme.

Entonces se echó sobre mi pecho y empezó a trazar un nuevo camino con su boca y lengua, erizándome la piel de gusto y placer. Desde mi cuello, fue bajando en línea recta hacía mi polla. A la altura de mis pectorales, se desvió para chupar mis pezones, lo cual me sorprendió: realmente estuvo bien. Pero ahora sus tetas estaban a la altura de polla, y ahí empecé a ver de verdad las estrellas: acomodando mi polla entre sus tetas, empezó a contorsionarse moviéndolas y jugando con mi bolsa con una de sus manos.

La otra estaba perdida debajo de su falda, mientras que yo únicamente podía acariciar su cabeza mientras boqueaba a causa del placer.

Al fin su boca llegó hasta mi polla. Primero besó el prepucio delicadamente y en el mismo movimiento empezó a chuparlo, para inmediatamente ir al tronco, chupándolo en toda su longitud, al tiempo que con sus dedos apretaba suavemente la base para que la sangre se acumulara más en mi polla sin ser llegar a resultar doloroso o molesto. A partir de ese momento se dedicó exclusivamente a mi polla como una posesa, mientras yo tenía que esforzarme por no hacer demasiado ruido, no fuera a ser que nos echaran o denunciaran por escándalo público. Afortunadamente, a esa hora no había apenas clientes en el bar y nadie vino al servicio de caballeros. Finalmente llegó un punto en el que ya no pude contenerme más.

– ¡Me voyyyy!

Leticia no tuvo tiempo de sacar por completo mi polla de su boca: noté como mi semen salía a borbotones de mi polla mientras me estremecía de placer dentro de su boca, para luego caer sobre su cara, algo sobre su pelo y un poco sobre sus pechos. Yo me dejé caer saciado mientras Leticia contemplaba en silencio el semen sobre sus pechos y limpiaba el que tenía en la cara con la mano.

– ¿Qué te pasa? -le pregunté tras un momento de silencio. – Es curioso. Mi último novio siempre había querido que cuando él se corriera, yo me tragara su leche, pero siempre me negué: me parecía una auténtica guarrada sin sentido, algo como beber meos. Una vez… hace años -continuó explicándome- bebí por error una muestra de orina de mi padre y recuerdo que era asquerosa, vomité todo lo que había comido nada más tragarlo. – ¡Uhffff, vaya palo!

– Si, es lo mismo que sigo pensando. Sin embargo, el semen… -cogió un poco de semen que tenía en su dedo y lo chupó. Pareció saborearlo por un momento-. No es tan asqueroso como creía, una vez que lo tragué, es como sopa. – ¿Sopa? – Si. ¡No llego a los extremos de Mafalda, pero tampoco me gusta! -los dos nos reímos del comentario-. Si lo hubiera sabido, creo que hubiera accedido, solo por complacerlo.

Los dos nos aseamos y vestimos rápidamente y salimos del cuarto de baño, justo a tiempo, pues un cliente se dirigió a los servicios apenas nos sentamos con Fanny y Soraya. Una vez en la mesa tuve que soportar el escrutinio de las dos amigas, que me miraba de forma morbosa, como un juguete sexual que no sabían si usar o no. Además, no dejaban de hacernos preguntas con doble sentido muy explicitas. Aquello me molestaba bastante, pero de vez en cuando sentía que me calentaba. Finalmente, nos fuimos del bar y decidimos que ya era hora de volver cada uno a su casa.

– ¿Quedamos para mañana? -le pregunté a Leticia antes de separarnos. – ¿Qué te parece en ese chiringuito de ahí? -dijo señalando una caseta que había junto a la playa-. Mañana, a eso de las cinco de la tarde, para tomar el sol o dar una vuelta por la playa. – A mi me vale. – De acuerdo. Pero antes de irte, una cosa -se acercó a mi y me dijo bajo al oído-: solo por si acaso, trae condones. Yo sonreí.

– Te juro que no se me olvidarán. – ¿Te gusta que me trague tu semen?  – Me pone cachondo -respondí tras una pausa para pensar la respuesta, pues nunca me lo había planteado en serio-. Pero no tienes por que hacerlo si no quieres. – Rafa, por si no lo sabes, me jacto de ser muy buena amante. No dejaré de serlo solo por un liquido que apenas me sabe a nada. Quizá mañana lo compruebes -me dijo mientras nos separábamos definitivamente cada uno hacía su casa.

De camino a la casa, estaba eufórico: había encontrado una chica estupenda, guapísima, divertida, simpática, que además disfrutaba conmigo de sexo sin complejos y aún disfrutaríamos seguramente más. Lo que yo no sabía es que aquello solo había empezado.

Autores: Morchiba Devilot y Bullets

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Los 18 de Rosalía

Mis amigos parecían estarse cogiendo un pedazo de un carne, una puta barata de la calle. Así estuve observándolos hasta que terminé jalándome la verga y cuando vi que mis amigos cambiaban lugares para pasarse uno abajo con su vagina y el otro atrás a taladrar su culito, me acerqué y metí mi verga en la boca de Rosy, mi querida putita. Ella mordió mi verga más haciéndome venirme en su boca.

Rosalía cumplió 18 años y todos en casa estaban felices su fiesta fue un éxito, todas sus amigas acudieron y la llenaron de regalos. Ella eligió hacer una fiesta solo con amigas evitándose la pena de los grandes trajes, chambelanes y valses pues dijo que siempre había odiado eso. Algo triste en su mirada me decía que había algo más.

Rosalía es mi hermana y ya es toda una mujercita con un muy bien formado cuerpo de 1.65, me daba coraje que los chicos que a ella le gustaban no la pelaban y siempre andaba sin galán, lo contrario de casi todas sus amigas. Ella me decía que pensaba que el problema era que ella era demasiado fresa, demasiado sosa. A mi nunca me ha parecido así, es una nena tan dulce que es mi consentida de la casa.

Yo tengo 21 años, me llamo Pedro y ya voy a la universidad en una ciudad vecina donde tengo que alquilar un departamento junto con un par de amigos, pero como solo tengo clases cuatro días a la semana trato de pasar el tiempo con mi familia. Tengo otra hermana mayor de 25 años y una hermanita de 12, y por supuesto Rosalía, mi consentida.

Tengo éxito con las mujeres, no lo niego, mido 1.79, delgado, soy moreno claro y nada feo, pero nunca he encontrado a la novia perfecta, nunca me he sentido satisfecho y no sé porque, si soy bien caliente, o no saben como besar o son como piedras a la hora del magreo. Por eso trato de no pensar mucho en ello pues siempre he creído que algún día voy a encontrar la mujer perfecta para casarme.

Pero todo esto cambió un día hace meses, después del cumpleaños de mi hermana. Le llevé de regalo un enorme ramo de rosas pues no se me ocurría que comprarle. Cuando se lo entregué se le iluminaron los ojos y su sonrisa era tan grande que creí que nunca iba a dejar de sonreír. Resultó que el regalo fue para mi al verla tan feliz con unas simples flores.

Nunca me lo hubiera imaginado, me dijo, Es el mejor regalo que me han hecho. Por fin soy mujer y por primera vez me regala flores un hombre, se puso a dar vueltas como bailando, abrazando su ramo de rosas mientras yo me reía de las tonterías de mi chiquita. Cuando se detuvo me vio de nuevo, me abrazó y me apretó contra su cuerpo para darme un fuerte beso en la mejilla.

El abrazo duró tanto que me empecé a poner incómodo, podía sentir su pecho contra el mío y claramente sentía su forma y turgencia, sentí el calorcito de su vientre y por un segundo me olvidé de donde estaba y la abracé tan fuerte como ella me abrazaba.

Cuando por fin me soltó y le vi su carita alegre automáticamente me olvidé de lo que acababa de pasar, fue algo pasajero y físico, normal pensé pues no estaba pensando en ella en particular. Luego se volvió a acercar y me dio un besito en los labios, ¡Mi hermanito querido! me dijo y se fue corriendo a enseñarle las flores a sus amigas. Yo me retiré pues no quería importunarla en su fiesta con sus amigas y me fui a beber con mis amigos.

Esa noche cuando llegué a casa ya era muy tarde por lo que lentamente y sin hacer ruido me dirigí a mi recámara en el segundo piso donde cada uno de mis hermanos y yo teníamos nuestros cuartos mientras mis papás tienen su recamara en el primer piso para tener más privacidad. En el segundo piso están el cuarto de estudios, el de la televisión y el cuarto de costura de mamá por lo que las recamaras están separadas una de otra y podemos hacer lo que nos de la gana, incluso oír música a todo volumen.

A pesar de esto, estaba tan tomado que creí que lo mejor era no llamar la atención y sin encender luz alguna llegué a mi habitación. Una vez que entré encendí la luz de mi cuarto y me encerré con llave pues no pensaba levantarme hasta las diez de la mañana. Al darme la vuelta me sorprendí de ver a Rosalía con su carita adormilada sentada en mi cama y viéndome expectante. Vestía la camiseta que usa para dormir y me imagino que bajo ella llevaba los shorcitos de lycra con estampado de conejitos que tanto le gustan. Al verla así con los ojos entrecerrados me dio tremenda ternura y me olvidé de regañarle por estar en mi recamara, despierta a tales horas de la madrugada.

¡Hermanito! me dijo emocionada pero con apenas un hilito de voz. Ay chaparra, le dije tratando de ocultar que estaba tomado ¿Qué haces aquí solita?, vete a dormir chiquita, mañana tienes que abrir todos tus regalos, Que tonto eres Pedro, que no te diste cuenta que mi mejor regalo ya lo había visto? fueron tus flores tonto. Sonriendo me senté en la cama junto a ella y le dí un beso en su mejilla calentita por haber estado dormida un minuto antes. Rosalía, no lo hagas más grande de lo que es, lo que pasa es que no supe que querías que te regalara y fue lo único que se me ocurrió, me da pena contigo, sabes que te adoro y eres mi chiquita, mi hermanita favorita, me perdonas? Rosalía se acomodó sobre la cama para acercarse hincada cerca de mi y mientras me veía a los ojos me decía Que tonto eres Pedro, nunca voy a olvidar las primeras flores que me regaló un hombre, que mejor que hayas sido tú, mi mejor hermano, mi héroe. ¿Como crees que me puedo enojar contigo por eso?

Pero entonces, que es lo que haces aquí a estas horas? Rosalía bajó el rostro y se acomodó el borde de la camiseta sobre sus rodillas. Es que sí me enojé contigo. ¿Porqué te fuiste con tus amigotes? yo quería que te quedaras conmigo y mis amigas, te quería presumir ante ellas. No sabías como me había imaginado que bailaras conmigo para que a ellas les diera envidia. Pero chiquita, me da pena con tus amigas, ustedes son jóvenes y yo ya soy adulto, ¿como crees que me iba a quedar con ustedes? Rosalía frunció el ceño y me vio furiosa, de sus ojos parecía que iba a salir fuego.

Yo no soy chica. Ya cumplí 18 años, que no sabes que ya soy una mujer? Que no sabes que ya puedo tener hombres a mi disposición?… Tras decir esto Rosalía pareció que se había traicionado a si misma. Se dio cuenta de lo que había dicho y bajó de nuevo la vista quedándose callada.

Yo no supe que contestarle, pero no me gusta verla sufrir, la vi que estaba a punto de soltarse a llorar y hasta la borrachera se me bajó del susto.

Rosy, chiquita, perdoname, ya sé que eres una mujer, si me di cuenta, si estas preciosa. Huy los hombres se van a volver locos por ti. Creeme, ya eres toda una mujercita. Solo eso se me ocurrió decirle para levantarle el ánimo, pero esto tuvo un efecto inmediato e inesperado en ella.

Levantando el rostro entusiasmada se me quedó viendo a los ojos con la mirada esperanzada. De verdad Pedro? de verdad crees que soy una mujer? yo le contesté que si sonriendo y ella se me colgó del cuello con un abrazo que me sofocó. De verdad volveré loco a cualquier hombre? tú crees que pueda? me dijo al oído sin dejar de apretarme.

Le contesté que si y le pedí que me soltara riendo. Luego le pedí que se fuera a su cuarto porque estaba muy cansado y tenía mucho sueño. La verdad los ojos ya se me estaban cerrando solos y sabía que al poner la cabeza en la almohada me quedaría dormido. Pero Rosalía me tomó de las manos y me pidió casi rogándome que si se podía quedar a dormir ahí conmigo pues tenía miedo. Yo me quedé extrañado y no sé si fue por el sueño o que pero no supe que contestarle y solo asentí con la cabeza.

Rosalía, feliz de la vida y sonriendo se arropó con mis sabanas y puso su cabeza en mi almohada, cerrando los ojos dispuesta a dormirse. Yo para ese momento, con todas las cosas que estaba haciendo mi hermanita se me fue el sueño a pesar de estar tan cansado. Me recosté junto a ella sin desvestirme y sin taparme, esperando quedarme dormido.

Los minutos pasaban y cada vez tenía menos y menos sueño. No podía dejar de pensar, que sería lo que pasaba por la cabeza de mi hermanita. Porque actuaba tan raro? porque se apoyaba tanto en mi? Seria que de verdad se estaba convirtiendo en mujer y las hormonas estaban haciendo presa de su comportamiento? Sumido en mis pensamientos me puse de lado olvidando que ella estaba ahí, dormida junto a mi. Al hacerlo su cabello quedó cerca de mi rostro. Sonreí para mi mismo, pasé mi brazo sobre su cuerpo y cerré los ojos intentando dormirme otra vez. El olor del perfume de su champú me llegó. Era un champú herbal el que usaba, me hizo gracia pues era la clase de olor que esperaría de una joven mayor, como de mi edad. Me gustaba ese olor, no era solo el perfume, sino algo más, quizá porque como dicen que cada perfume reacciona diferente según la química de la persona. Y mi hermanita siempre olía fresca y dulce, su olor natural mezclado hacia ese perfume tan atrayente. No podía dejar de aspirarlo, algo en él me incitaba a seguir haciéndolo.

Acercando mi nariz a su cabello aspiré con ganas su olor, era delicioso, era embriagante, como que aligeraba mi cabeza. Creí por esto que ya estaba quedándome dormido y como mi hermanita ya lo estaba me quité los pantalones y la camisa quedándome en mis boxers y me metí entre las sabanas. Y de nuevo me acomodé a su espalda para que no tuviera frío pues la veía como acurrucada. La abracé de nuevo y cerré los ojos aspirando el olor de su cabello. Me estaba quedando dormido con el relajante perfume, con el calorcito de su cuerpo, su espalda estaba bien calentita. Me acerqué más a ella y ella, dormida también se acercó más a mí, moviendo su cuerpo hacia atrás.

Me sentía relajado, satisfecho, sintiendo el calorcito de su cuerpo, y me quedé dormido.
Me desperté no se a que horas, había una extraña luz, como cuando va a salir el sol pero todavía no lo hace. Al notar de nuevo el olor del cabello de Rosalía me relajé, podía sentir su calorcito, mi erección contra sus turgente culito y mi mano bajó su camiseta, sujetando uno de sus calientes pechos. En cuestión de segundos, al pasar lista de la situación me dí cuenta de lo que estaba haciendo. Me asusté y lo más lentamente que pude retiré mi mano y me alejé de ella hasta el otro lado de la cama. No lo podía creer, dormido, en sueños estaba magreando a mi hermanita querida y lo peor es que a pesar de estar ya bien despierto mi erección no se amilanaba, seguía tan dura y grande como nunca antes la había tenido. Era inconcebible para mí. Con cuidado me cercioré que Rosalía seguía dormida, al verla con los ojitos cerrados me calmé un poco y me dormí ya de cansado un par de horas después.

Me desperté a las doce, me sentía todo desorientado, al buscar a mi lado en la cama por supuesto no encontré a Rosalía pues era lunes y se había ido a la prepa. Me levanté y puse el seguro a la puerta y me volví a acostar. Por alguna razón me sentía caliente y al mismo tiempo preocupado por lo que había pasado horas antes. Comencé a pensar que seria lo que me pasaba y porque mi hermana se comportaba tan raro. Imaginé que un poco por lo que hacia mi hermana y un poco por estar dormido pasó lo que pasó y que no tenía mucho que ver con ella el que yo me hubiera excitado, pensé que se debió probablemente a su perfume.

Pensé que a lo mejor lo que le hacía falta a Rosy era un novio. Traté de imaginármela con algún compañero de su escuela, saliendo al cine y cosas así. Sin darme cuenta me estaba frotando el pene sobre el bóxer. Me estaba imaginando, sin querer, que el compañero de Rosy, imaginario por supuesto, pues no conocía a ninguno de ellos, me lo comencé a imaginar que le quitaba la blusa a mi hermanita. Quizá eso le hace falta pensé, por lo que no se me hizo raro, ni malo imaginármelo.

Me lo imaginé luego bajándole la faldita hasta los pies, besando su cuerpo en el camino. Luego subiendo, besando su barriguita, su pecho todavía con el bra y luego metiendo su lengua en su dulce boquita. Para ese momento ya me había sacado la verga y me estaba masturbando con fuerza.

Me imaginé a Rosy acostándose lascivamente sobre una cama, llevando puestos solo su ropa interior y sus zapatos escolares. Su compañero entonces se acerca a ella, mientras Rosy se va quitando el bra, liberando sus hermosos pechitos, sus pezones bien parados. El tipo entonces se acerca más a ella y comienza a bajar sus braguitas por las piernas de Rosy.

Si, eso es, pensé, necesita que se la cojan y duro, ya el ritmo al que me masturbaba era frenético, me retorcía en la cama de placer. Entonces me imaginé al tipo poniéndose entre sus piernas dispuesto a meterle su verga a mi hermanita y al acostarse sobre ella me vine yo, cegado por los espasmos, el esperma me botaba de la verga cayéndome en el pecho a chorros abundantes. Estaba tan caliente que los espasmos me duraron un largo rato, mientras yo estaba ahí sobre mi cama con los ojos apretados, imaginándome el cuerpo desnudo de Rosy.

Al volver en mi, me limpié, me di un baño y como ya era la una de la tarde comí algo. Aunque no tenia que irme a la otra ciudad hasta el martes siguiente tomé mi maleta y me fui después de comer sin dar muchas explicaciones en casa. La verdad me sentía sucio y no creía tener el valor de ver a Rosy a los ojos cuando volviera de la escuela. En el camión tuve tiempo de meditar y, quizá justificándome, llegué a la conclusión de que realmente lo que necesitaba mi hermana era un novio para que le bajara los ímpetus. Ya en frío me dolía el pensar que pudiera estar en los brazos de un hombre, pero era lo normal y, me parecía lo mejor. Así que me decidí a buscarle un novio afín.

Ya en el apartamento, en un ambiente diferente me olvidé de todo y me dediqué a preparar trabajos escolares que tenía pendiente, sabiendo que iba a estar solo pues mis compañeros no llegarían sino hasta el mediodía siguiente como era costumbre. Como a las ocho de la noche tocaron a la puerta y en shorts y camiseta como estaba me levanté de la computadora para abrir. Al hacerlo me quedé helado del susto, ahí frente a mi estaba mi hermana Rosalía con un mochila. Me miró de pies a cabeza con una sonrisa pícara. Así que así te la pasas cuando no estás en casa? me dijo y entró sin siquiera pedirme permiso, prácticamente haciéndome a un lado para poder entrar.

No supe que decirle, la vergüenza por lo que había pasado la noche anterior regresó y solo atinaba a verla con los ojos bien abiertos. Parecía como si se hubiera vestido para ir a la playa. Llevaba un short cortado de un pantalón de mezclilla deshilachado que apenas le cubría las nalgas y una blusita de tirantes que le dejaba los hombros desnudos.

Rosalía se dio cuenta que la miraba con atención y bajando su rostro para verse levantó el rostro sonriendo. Es que le dije a mamá que iba un par de días a la playa con unas amigas y sus padres, ahora que los exámenes habían pasado. Me creyó y bueno… aquí estoy. Yo solo la miraba con cara de interrogación. Ella sonrió aún mas, me dijo que esperaba encontrarme en casa esa tarde pues quería platicar conmigo, me dijo tonto estúpido por irme sin necesidad. No te preocupes me dijo, sé que Jaime y Carlos no llegan hasta mañana así que puedo dormir en tu cama. Noté un brillo extraño en sus ojos y algo malicioso en su sonrisa al decir eso. ¿Cual es tu cama para dejar mi mochila ahí? me dijo entrando a una de las recamaras compartidas. En cada una había dos camas y a mi me había tocado compartir recamara con Carlos mientras que Jaime, como lo echamos a las suertes, le tocó tener su cuarto solo.

Le indiqué con la mano mi cama a Rosalía y ella puso su mochila sobre ella. Luego se agachó para abrirla y sacar algo. Al hacerlo, la entrepierna de su shorcito se metió entre sus nalgas y por primera vez pude ver sus bien formadas nalgas, apretadas y suaves a la vez. ¿Que estas viendo hermanito? dijo ella sin levantarse. Yo no pude evitar sonrojarme. ¿No sabes que es malo verle el culito a las hermanitas? te puedes calentar y luego ¿que haces? No podía creer como me hablaba Rosy, y lo peor es que me estaba calentando, esa noche iba tener que masturbarme para poder dormir. Ahora quieres salirte Pedro? me tengo que cambiar. Yo, como un tonto, no pude responder nada, calladamente me salí y Rosalía cerró la puerta tras de mí. Algo más poderoso que yo estaba luchando en mi interior y venciéndome hizo que me agachara y me asomara por el agujero de la cerradura. Tenía que ver su cuerpo completamente desnudo aunque solo fuera una vez, ya había visto prácticamente sus nalgas y había sentido uno de sus pechos, tenía que saciar mi curiosidad y saber como lucía su cuerpo desnudo.

De espaldas a mi Rosalía se quitó los tenis y calcetas y luego lentamente, agachándose poco a poco se bajó los shorts. Para mi sorpresa no traía ropa interior, así que sin aliento pude ver sus rotundas nalguitas en pleno, no podía creerlo, mi hermanita de verdad era una mujer hecha y derecha y me estaba provocando tremenda erección.

Luego se sacó la blusita por la cabeza, llevaba un pequeño brassiere y al poner sus manos en la espalda para abrir el seguro se dio la vuelta y casi me caigo de rodillas al ver la mata de pelos negros y ensortijados que cubrían su pubis. Era lo más hermoso que había visto en mi vida, una verdadera mata tupida en la que cualquiera se perdería y seria la perdición de cualquier hombre. De verdad ella podía volver loco a cualquier hombre y tenerlo a su disposición. Luego levanté la vista justo en el momento en que se sacaba el bra y liberaba sus tetitas, ¡Que visión! sus chichitas tenían un tamaño mediano, tan turgentes y paraditas que daban ganas de comérselas a mordidas, sus pezones estaban parados, oscuritos y se notaba que estaban bien duritos, como a mi me gustan.

Me senté en el suelo sin aliento. Imaginándome el infierno que pasaría esa noche, teniendo a tan apetitosa hembrita a la mano y no poder hacer nada al respecto. Iba a tener que masturbarme por horas hasta poderme dormir. Me levanté de nuevo para asomarme por la cerradura y la vi bailando desnuda, contoneando provocativamente su cuerpo, sus piernas torneadas y fuertes, su barriguita y ombliguito bien formados, su culito apretado, sus pies perfectos y su tremenda mata de vellos púbicos. Tuve que cerrar los ojos unos segundos para aclarar la vista y al volver a abrirlos ella ya no estaba. Moviéndome traté de localizarla pero de pronto vi su rostro cerca de la puerta sacándome la lengua para soltar luego una risita maliciosa que me hizo estremecer, pero de placer prohibido.

¿Que estabas haciendo cochino? me dijo todavía riendo. ¿Te estabas calentando viéndome verdad? Pues para que te lo sepas ya lo sabía y el bailecito fue en tu honor. Rosalía se rió, su risa abierta, franca y excitante, como de mujer con voz de niña, me estaba volviendo loco. Esperate, me dijo más calmadamente, Ya sé que quieres entrar a hacer algo pero todavía no termino de vestirme. Me recargué contra la pared tratando de recuperar la compostura y el aliento, mientras esperaba que mi hermanita saliera.

Cuando por fin salió me quedé con la boca abierta, mi hermana llevaba puesto su uniforme, solo que arreglado para verse más caliente. La faldita tableada más corta, la blusa blanca desabotonada y amarrada sobre el ombligo, dejando su terso vientre al descubierto y sin bra, pues notaba sus pezones paraditos a través de la blanca y ligera tela. Su cabello negro lo llevaba arreglado con dos colitas, llevaba sus zapatos escolares con tobilleras de encajes y estaba maquillada como putita. Mi verga estaba prácticamente luchando por salir de mis shorts y ella lo notó, bajando la vista vio mi bulto y sonriendo satisfecha y nerviosa me dijo que se había vestido así para mí, que se había fijado como se me paraba cuando veía a sus amiguitas con uniforme y ella sabía porque.

Luego, dejando la puerta abierta volvió a agacharse sobre la cama para sacar algo de su mochila. Pude ver como su faldita era lo suficientemente corta para dejar al descubierto sus nalguitas cubiertas por una casi inexistente braga de encajes negros. Ella volvió el rostro hacia mí sin levantarse.

¿No sabes que está mal verle el culito a tu hermanita chiquita? me dijo y yo me apené por mi excitación y traté de disculparme pero antes de que pudiera decir palabra ella me interrumpió. No tontito. Ay hermanito, ¿No sabes que está mal que veas a tu hermanita así, comiéndotela con los ojos, tragándote su culito con la mirada, calentándome a mi también y que no hagas nada al respecto? Yo solo abrí la boca en sorpresa y ella se abalanzó sobre mi besándome y forzando su lengua contra la mía.

Yo sentía como todo mi cuerpo se electrizaba, pero estaba paralizado de miedo y de deseo. Mi verga estaba más dura que nunca, mi cuerpo me pedía corresponder más pero mi mente estaba toda revuelta. El sentir de mi cuerpo contra mis razonamientos me confundía aún más. Rosalía se fue separando poco a poco, bajando la intensidad de sus besos. Pareció darse cuenta de mi actitud y mis dudas. Respirando con dificultad se sentó en el borde de la cama, observándome con mirada preocupada.

¿Qué pasa? me dijo, no evitando hacer un puchero con su boquita roja. El lápiz labial embarrado más allá del límite de sus labios por el tremendo beso que acababa de darme, esto la hizo verse aún más caliente para mí.

Qué te pasa Pedro? repitió al ver que yo no contestaba, asustado y extasiado a la vez de verla en ese estado de calentura y ofreciendo calmar la mía. Mira Pedro, yo creí que ya todo estaba entendido. O que crees que soy una ofrecida nomás porque si? Una gruesa lágrima comenzó a surcar su mejilla. ¿Pues que pasó anoche? yo me quedé esperando que siguieras y no se si te quedaste dormido o que. ¿Porque crees que me quedé a dormir contigo?. Lo que me decía Rosy me iba confundiendo más por lo que tomé el valor de preguntarle a que se refería.

Anoche -me dijo casi molesta- cuando comenzaste a acariciarme, era lo que quería. Mira, esperé a llegar a ser toda una mujer y pudieras considerarme, y poder entregarte todo lo que soy, siempre lo he deseado, no se porque, pero desde que cumplí doce años y comencé a menstruar, mi cuerpo comenzó a cambiar y también mi mente. Mientras hablaba Rosy se frotaba nerviosamente las rodillas y veía alternadamente al piso y los lados. Fue cuando comencé a darme cuenta de como te veía realmente, dejé de solo admirarte para empezar a verte como el hombre guapo que eres, alguien a quien veía todos los días, a quien tenía cerca para siempre ayudarme, apoyarme y protegerme, para abrazarme cuando lloraba. Lo que me estaba confesando me estaba enterneciendo, la verdad no me daba cuenta de que tanto ella me tomaba en cuenta y lo que significaba en su vida.

No te voy a decir, todo lo que creo que sabes -Continuó diciéndome- Pues siempre creí que te dabas cuenta de cuanta atención te ponía, como eres especial para mi, más que mis hermanas o nuestros padres. Y ya que cumplí 18 años yo creí que tú lo esperabas tanto como yo, el momento en que ya podía considerarme mujer y anoche que me acosté contigo, creí que entendías lo que quería y esperé a que hicieras lo que tenias que hacer… O sea, tú sabes Pedro, hacerme mujer de una vez por todas… Nunca me lo hubiera imaginado y contrario a lo que ella pensaba no me había dado cuenta de nada hasta los últimos días. Pero si era verdad entonces todo empezaba a encajar en mi mente. Sus atenciones desmedidas hacia mi, el que no tuviera novio siendo tan bonita, inclusive el hecho de que mi ropa interior desapareciera del cesto de la ropa sucia y apareciera después limpia en mis cajones, cuando yo soy el encargado de lavar mi propia ropa interior.

Chiquita -le dije con voz temblorosa, indeciso todavía- No lo sabia, perdoname pero yo… -ella levantó su mano interrumpiéndome, Y anoche Pedro, cuando te quedaste dormido y me dejaste bien prendida yo creí que te habías quedado dormido porque llegaste tomado, y te perdoné por eso. Así con tu mano quieta sobre mi pecho y sintiendo tu erección contra mi culito tuve que masturbarme imaginando lo que hubieras hecho si no te hubieras dormido.

La imagen de mi hermanita masturbándose junto a mi, en mi cama y con mi mano en su pecho desnudo, fue demasiado para mi, me daba cuenta de que mi hermanita realmente se había convertido en una ardiente mujercita. Sentía mi verga latir en mis shorts -Pero cuando llegué a casa de la escuela y me dijeron que te habías ido, me enfurecí pues me di cuenta que no ibas a cumplirme”- siguió diciéndome ya más calmada, levantando el rostro hacia mí.

Pero eso ya está en el pasado y me obligó a actuar de manera diferente. Primero pensé en vengarme de ti, pero al pensarlo bien me di cuenta que no podría hacer nada para lastimarte. Admito que si cambié mis planes, al ver que te acobardaste, y decidí de todas maneras complacerte calmando tu calentura y al mismo tiempo que me dieras lo que más quiero en la vida, aparte de algún regalito que yo misma me he dado ardida por tu huida, cuando todavía pensaba vengarme de ti. Pero ahora y primero que nada quiero que me des lo que deseo tan ardientemente, que me hagas tu mujercita.

No pude evitar sonrojarme ante las palabras de mi hermana, me estaba retando, y estaba resultando más hembra que yo macho. Al verme apenado ella se rió -Si hermanito te he oído hablar con tus amigos y que a pesar de que a mi siempre me has respetado y te refieres a mi con cariño, como si fuera yo algo dulce y delicado, te he escuchado hablar de otras mujeres y como te refieres a ellas como putitas y mujercitas calientes. No te imaginas como me calentaba oírte hablar así, y deseaba que me vieras como una de esas mujercitas calientes para que calmaras en mi las erecciones que te provocaban mis amigas. -Rosy me vio a los ojos- Te deseo estúpido, que no ves que el que me hagas tu mujer es lo que más deseo en la vida? Yo aceptando para mis adentros lo caliente que estaba por ella bajé el rostro.

Ella me llamó a su lado y yo, obediente como un niño, caminé hasta quedar parado a su lado. Luego vi como su mano temblorosa se acercaba a mi short y lentamente comenzaba a bajarlo. De alguna manera sus palabras me hicieron sentir culpable. El hecho de no haber notado sus atenciones y sus deseos por tanto tiempo y el hecho de haberla hecho sufrir por ello no me lo perdonaba. Y la forma en que ella me lo había dicho, me había convencido de ello. Tenía que recompensarla de alguna manera y en mi calentura y aturdimiento pensé que lo mejor seria dejarla hacer lo que quisiera conmigo. Ya para ese momento lo que ella deseaba era lo mismo que yo quería con todo mi corazón.

Temblorosa de deseo mi hermana bajó mi short hasta que mi verga bien parada salió como resorte de el. Por un momento pareció como dudar tocarlo y levantó la vista hacia mi rostro, tenía como una sonrisa en los ojos pero no en la boca, se veía que estaba muy nerviosa. Yo, para calmarla, le dije que eso, mi erección, ella la había causado y por lo tanto era su dueña y podía hacer con ella lo que quisiera. Al oír esto ella sonrió tímidamente. Tomando mi verga con una mano volvió a levantar el rostro hacia mí y me sonrió más ampliamente, como satisfecha. Se veía hermosa como nunca antes la había visto y en ese momento, al verla como toda una mujer, con su hermoso rostro vuelto hacia mí, sujetando mi erección con ternura, la amé más que nunca.

Con la otra mano recorrió con la punta de los dedos la extensión de mi verga muy suavemente, sentí como cosquillas y mil sensaciones más, creí que en ese momento me iba a venir pero me controlé. Bajé la mirada otra vez hacia ella y la vi riendo satisfecha por la reacción que me había arrancado y abriendo la boca sacó su lengüita y con ella recorrió también mi verga. No puedo describirles lo bien que se sentía aquello, parecía que mi hermana había planeado tanto eso que parecía una experta. Ya completamente concentrada en ello con los dedos de una mano acariciaba mis huevos mientras que con la otra sujetaba mi verga para seguirla lamiendo. Con delicadeza posó la puntita de su lengua sobre mi glande y yo temblé de placer.

Con suavidad abrió su boca y se metió mi glande para comenzar a mover su lengua alrededor de él. Aggghhh estaba conociendo el paraíso, me estaba volviendo loco. Luego alternó el movimiento de la lengua para de vez en cuando sorber mi glande, chupándolo con fuerza. Así, poco a poco, con cada sorbida se metía más y más de mi dura verga en su boquita. Sentía en mi erección su saliva y lo caliente del interior de su boca, los chupetones que me daba y su lengüita moviéndose locamente alrededor de mi verga.

Parate, parate Rosy, le dije conteniéndome para no venirme. Ella se dio cuenta de mi situación y sonriendo se puso de pie y poniendo y entrelazando sus manos en mi nunca comenzó a besarme apasionadamente, nuestras lenguas jugando la una con la otra, saboreando yo su saliva mientras ella bajaba las manos para seguir bajando mis shorts, cuando estos quedaban fuera del alcance de sus manos pues yo no dejaba que parara de besarme, usó sus pies para bajar mis shorts hasta mis pies donde yo mismo los saqué moviendo mis piernas. Entonces con su mano siguió masajeando mi verga y mis huevos.

Tomando valor la separé de mí y le empujé sobre la cama. Ella sonrió al ver que ya estaba más que dispuesto a complacerla en sus caprichos de niña-mujer. Por unos segundos disfruté la imagen que se me presentaba. Mi hermanita vestida como una putita. Con colitas en el pelo, la blusa amarrada al vientre y la falda tan corta que en la forma en que cayó a la cama podía ver sus negras bragas de encajes. Dilo, ¿quieres decirlo verdad? me dijo sonriendo, Yo lo se, de eso se trataba. Dilo, di que me veo como una caliente putita. Ay Rosy -le contesté con el aliento entrecortado y tragando saliva, se me hacía agua a la boca- De verdad, de verdad que te ves bien putita hermanita. Nomás ve como me tienes la verga de dura. Rosalía bajó la vista hasta mi verga y se rió como niña otra vez. Me tenía bien caliente, así que sin pensarlo dos veces me hinqué en la cama, sobre ella, mis rodillas a cada lado de sus caderas.

Lentamente desaté el nudo de la blusa y ví por fin sus bien formados y parados pechos ante mí. Me agaché y me prendí de ellos, mordiendo y besando y lamiendo uno y otro alternativamente. Rosy había cerrado los ojos y gemía quedamente mientras acariciaba mis muslos y nalgas.

¡Pedro, mi amor, que feliz soy!- me decía mordiéndose los labios y moviendo la cabeza de un lado a otro. Me dediqué a morder uno de sus pechos mientras que con los dedos retorcía el duro pezón del otro, Rosy empezó a gemir más fuerte, con la boca abierta y apuntando su barbilla al techo. Con cada nueva caricia iba descubriendo lo caliente que era mi hermanita y no dejaba de sorprenderme.

Quítame las bragas -me dijo. Y yo, muy obediente me desmonté de ella y me bajé de la cama para agacharme y acercar mi rostro entre sus piernas abiertas. Al sentir mi respiración en sus muslos Rosy rió roncamente, por lo que me dediqué a lamerlos hasta que llegué a su braguita. Por sobre la tela de encaje aspiré el olor de su montecito excitado y no pude evitar darle una lamida a la telita húmeda. El sabor, el olor y lo peor, el saber que era la rajita de mi hermanita más querida y que me lo estaba ofreciendo, me puso más caliente, ya no tenía inhibición alguna, tenía ante mi una hembra muy caliente y estaba dispuesto a desahogar en ella todas las fantasías que he tenido sobre putas dispuestas a todo, y evidentemente, mi hermanita era una puta dispuesta a todo por satisfacer su cuerpo.

Más caliente que nunca, de un jalón le arranqué la braguita a mi hermana que gritó de sorpresa y excitación. El roce de la tela le dejó unas marcas rojas en las caderas y me dediqué a lamerlas, besarlas y consentirlas. Rosy, afiebrada, no dejaba de gemir y retorcerse. Luego le abrí más las piernas y me dediqué a admirar esa vulva rosada, palpitante y abierta que se me ofrecía, no tenia mucho vello alrededor de los labios, lo contrario de su pubis, pero lo tenía bien dispuesto, incluso pude distinguir unos finos vellitos dorados en su culito. Ella se dio cuenta de que me tardaba en complacerla y levantó la cabeza para verme. ¿Qué pasa? -me dijo- No te preocupes, aunque nunca he estado con ningún hombre no quise entregarme a ti como una estúpida niñita.

Por eso desde hace tiempo me masturbo, primero me metía lo que encontraba en el baño, cepillos, el mango del trapeador, luego llevaba zanahorias de la cocina, pero nada demasiado grueso para seguir siendo tu virgencita apretada que pudieras desflorar. Por lo que no tengas miedo, mi himen ya no existe y puedes penetrarme como quieras que ya no me va a doler. Imaginármela afiebrada metiéndose cosas, encerrada en el baño me encendió más y decidido le metí un dedo para mojarlo en sus juguitos. Rosy casi gritó de nuevo y jaló las sabanas para morderlas mientras se retorcía de placer. Sacando mi dedo esparcí sus juguitos por toda la vulva y luego me agaché a olerla. Que delicioso perfume de hembra! Que paraíso! nunca voy a olvidar la primera vez que aspiré el aroma de mi hermana directamente de su sexo. Me llenó la cabeza, me intoxicó y me hizo sentirme de su propiedad, su esclavo de por vida.

Afiebrado acaricié su vulva con mis mejillas y luego saqué la lengua para probar el jugo de sus labios mayores. Separándolos luego con mi lengua probé sus labios menores y los succioné ligeramente, metiéndolos en mi boca mientras oía a mi hermana gemir. Como un gatito que toma su leche comencé a lamer al interior de su vulva, sobre la entrada de la vagina y tuve que acomodarme de nuevo pues mi hermana reaccionó levantando sus caderas en el aire, apoyando sus pies en la cama. Con mis manos, muy delicadamente la tomé de las caderas y la empujé hasta que quedara sobre la cama otra vez. Volví a hacer la misma maniobra de lamer la entrada de su vagina y cuando ella estaba a punto de levantar las caderas otra vez la sujeté y la mantuve sobre la cama.

Con mi pulgar sujeté los labios de su vulva a un lado y pude meter mi lengua más profundamente, haciendo círculos con ella en el borde de la entradita de su vagina. Rosalía se quejaba y gemía de placer y seguía tratando de levantar sus caderas por lo que con mi mano libre la sujeté con más fuerza, tratando de concentrarme en meter mi lengua en su apretada vaginita. Pero como Rosy no dejaba de moverse la calentura me hizo enojarme. Calmate puta y déjame cogerte- le grité con la cara roja de deseo.

Para lograr que se calmara, y como mi pulgar ya estaba empapado de sus jugos lo forcé en su culito y Rosy gritó de placer, casi aullaba yo diría y con esto comenzó a moverse de atrás a adelante, muy lentamente, como metiéndose mi dedo, así pude seguir lamiendo su chochito más calmadamente pues ese nuevo movimiento me facilitaba las cosas Con esfuerzo pude meter la mitad de mi lengua en su chochito y noté que tenia un orgasmo por sus contracciones y por que sus juguitos aumentaron en cantidad. Como loco traté de lamer y beberme lo más que pude, y el lengüeteo la hizo enloquecer a ella también, luego me dediqué a complacer su durito clítoris y lo chupé y lamí hasta que supe que le había arrancado otro orgasmo.

Satisfecho de haberla hecho venirse levanté el rostro y pude ver el suyo, sonrojado, su expresión embobada de placer, sus labios turgentes y paraditos, bien rojos, respiraba por la boca y parecía murmurar algo. Me moví sobre ella para acercarme a sus labios para besarla y luego escuchar lo que decía. Al acercar mi oído a sus labios mi temperatura subió al doble pues, muy bajito, casi imperceptiblemente Rosalía repetía solo una frase -Cógeme hermanito, Cógeme hermanito, Cógeme hermanito… Más enfiebrado aún me levanté y buscando que hacer a continuación vi que aún tenía puesta su corta faldita escolar por lo que se la arranqué como lo había hecho con las bragas, luego le arranqué la blusa que solo había abierto para tener acceso a sus pechos y arrojé los pedazos de tela a un rincón de la habitación.

Me solacé todo un minuto de verla desnuda sobre mi cama, a mi hermanita favorita, jadeando, con sus colitas y sus zapatos negros colegiales y sus calcetas adornadas con encajes. Era una fantasía de carne, era un sueño hecho realidad, era una mujer caliente y era mi hermana más querida. Que más podía yo pedirle a la vida? Blandiendo mi dura verga me tendí sobre ella y mordí sus pezones una vez más.-Ahora si amorcito, mi putita, vas a ser mía, vas a ser mi mujer- al decirle esto Rosy abrió los ojos y levantó el rostro para verme con lagrimas en los ojos, sonriendo y mordiéndose los labios. Apunté mi verga a su chochito y para hacerla sufrir de placer paseé mi glande por toda su vulva sin metérsela. Acariciando en círculos con ella su clítoris y empujando de vez en cuando, muy ligeramente, sobre la entrada de su vagina.- Ya cabrón- protestó ella con voz ronca, Cógeme maldito, o voy a explotar de lo caliente que estoy.

Ahora era yo el que se reía de su calentura y desesperación. Pero mi calentura era tan grande como la de ella, por lo que acomodándome le dí un gran beso para luego acomodar mi verga en la entrada de su vagina y lentamente la forcé en su interior, delicadamente, muy dulcemente, por lo apretada que estaba a pesar de su lubricación natural. Cuando sentí que estaba cerca del final de su vagina se la metí de un jalón y los dos gemimos con fuerza, ella casi gritando. Mi cabeza explotó de placer, era como si escuchara las partes más emocionantes del himno a la alegría de Beethoven, retumbando dentro de mi cerebro. Como si el universo se hubiera reducido a nuestros sexos, el de Rosy y el mío, y palpitaran por un segundo al ritmo de las estrellas más brillantes. ¡Que felicidad, que calentura! ¡Que puta es mi hermanita!

Así me estuve moviendo en su vagina por varios minutos, con rapidez como perrito faldero, mi pene chocando cada vez contra su cerviz y ella abrazándome apretadamente con sus piernas, sus zapatos rozando mis nalgas y muslos, enrojeciéndolos, poniéndome por esto más caliente y reforzando mis arremetidas salvajes contra su apretado y delicado chochito, su rozagante chochito.

Cuando sentí que se acercaba mi venida comencé a bajar el ritmo para evitarla y Rosy levantó el rostro con dificultad- No pares – me dijo- ¿Crees que soy pendeja? tengo tiempo tomando pastillas esperando este momento. Vente en mi hoyito, lléname de leche hermanito, cogeme como a una buena puta…aghh – Yo volví a aumentar el ritmo de mis embestidas empujado por sus palabras ardientes mientras ella, mi hermana, no dejaba de hablar y animarme. – Aghhh, cogeme hermanito, cógeme, siiiii argghhhh, no pares, lléname, metémela toda, suéltame la leche cabrón, así…

De pronto no pude más, mi vista se nubló y mi cabeza se llenó con el sonido de los gritos y gemidos de mi hermana que me pedía más y más leche, enloquecida en medio de su propio orgasmo. Al ir bajando de mi venida y sentir nuestros cuerpos ardientes entrelazados comencé a aceptar que yo también estaba enamorado de ella y que esa noche me había enganchado de por vida, que sería y haría lo que ella quisiera, cuando ella lo quisiera.

Más tarde también me ofreció la virginidad de su culito, sacando de su mochila un frasquito de vaselina me la embarró en la verga y luego me dio el frasquito, guiándome me dijo que untara un poco alrededor del ano y que luego con un dedo le metiera otro poco en el recto. Y así esa noche también probé su parte más prohibida en una relación ya prohibida de por si.

Cogimos en todas lo posiciones posibles y a ratos retozábamos jugando como niños sobre la cama. Así estábamos, yo de espaldas a la cama y ella sobre mi, boca abajo, cuando oí un ruido y de improviso entraron mis amigos Carlos y Jaime, mis compañeros de departamento. Traían botellas de tequila en la mano y al vernos desnudos y en tal posición, hermano y hermana, se quedaron atónitos, mudos de sorpresa y me dí cuenta que también de excitación pues el trasero abierto de mi hermanita apuntaba hacia ellos y claramente pude ver el bulto de sus erecciones. Rosalía también lo notó y se rió contagiándome de su risa.- Pasen y siéntense – les dijo risueña indicándoles dos sillas que estaban contra la pared de la habitación.

Luego besándome una y otra vez me explicó que ese mediodía, cuando estaba enojada conmigo, entró a mi email pues hacía tiempo sabía mi clave y siempre checaba mis mensajes y sabía todo de mi vida privada, por lo que aprovechando esto, en mi nombre citó a Carlos y Jaime a esa hora en el departamento y su plan era que ellos se la cogieran y yo los descubriera, pero después cambió de plan y se olvidó de eso. Por lo que ahora solo los dejaría disfrutar del espectáculo pues eso la calentaba horrores y.. -tal vez después… – agregó con una sonrisa picara. – Pero antes cogeme otra vez para que vean lo calientes que pueden ser unos hermanitos – Lo hicimos de nuevo un par de veces, ella estaba súper excitada al saberse observada pero a mi la verdad me cohibía la presencia de mis amigos. Al verlos de reojo de vez en cuando pude ver como seguían bebiendo al mismo tiempo que se masturbaban. Parecían lobos esperando el momento de comerse a mi adolescente putita, pero ella era mía, mi puta personal.

A la tercera vez de hacerlo frente ellos nos quedamos dormidos y no supe más de mí, estaba exhausto y caí rendido en los brazos de Rosy, mi mujer desde ese momento Me desperté más tarde cuando oí gritos y gemidos, todo confundido busqué a mi lado y mi hermana ya no estaba. Me senté en la cama y vi en el piso de la habitación algo que no esperaba ver. Se me hizo un hueco en el estómago al ver como mi hermanita estaba entre mis dos amigos en posición de perrita mientras le hacían una doble penetración. Carlos estaba bajo ella metiéndosela por la vagina mientras Jaime la montaba por detrás metiéndosela por el culo.

Ambos se movían desenfrenadamente, sin compasión taladraban los hoyitos recién estrenados de mi hermana y la imagen hizo que mi verga se pusiera instantáneamente como piedra. Pero como buen macho me enojé y dispuesto a defender a mi hembra, mi propiedad, salté de la cama para separarlos. Pero al hacerlo pude oír los gemidos de Rosy, in equivocadamente de placer, y pude ver su rostro bañado en sudor y lágrimas, sonriéndome extasiada. Por su expresión supe que no la estaban violando, que más bien ella los había alentado y ahora le estaban dando lo que les pedía.

Sin poder hacer más me senté en el borde de la cama a acariciar mi erección mientras veía a mis amigos solazarse con el cuerpo tierno y adolescente de mi hermanita. Todo su cuerpo agitado como un pedazo de madera en un mar picado, llevada por el destino y su calentura. Más que a mi hermana, mis amigos parecían estarse cogiendo un pedazo de un carne, una puta barata de la calle en la que se cobrarían cada peso y centavo que le habían pagado, como si tuvieran derecho a ello, a ella, a su tierno cuerpo. Así estuve observándolos hasta que terminé jalándome la verga con fuerza y cuando vi que mis amigos se ponían de acuerdo y cambiaban lugares para pasarse uno abajo con su vagina y el otro atrás a taladrar su culito.

Una vez que los vi ya tomando su ritmo de bombeo nuevamente, me acerqué y metí mi verga en la boca abierta y jadeante de Rosy, mi querida putita. Ella respondió apasionadamente mamando y mordiendo mi verga más intensamente que antes haciéndome venirme en su boca muy pronto. Cuando terminó de mamarme, aún con mi esperma chorreando por su barbilla me dijo: ¿Verdad que soy una puta de lo peor que puede tener a cualquier hombre a su disposición? – yo solo sonreí y le contesté que sí, dejándola sola con mis amigos.

Ya más calmado físicamente pero aún con la calentura en la cabeza me vestí y me puse a ver la tele en el recibidor, no me podía concentrar pues hasta allá oía los gritos y gemidos de mi hermana y los gritos de Carlos y Jaime que, envalentonados por mi ausencia, se dedicaban a calentarla con sus palabras, llamándola por todos los nombres despectivos que se les ocurría, desde puta hasta perra y exigiéndole las posturas más inverosímiles y que complaciera diferentes partes de sus cuerpos con su lengua. Despajes de una hora de estar escuchando eso no pude soportar más y salí a la escuela. Pero aunque entré a una clase no pude concentrarme y solo pensaba en Rosy, mi hermana, y lo que le hacían mis amigos en el departamento.

Después de dos horas de merodear por la universidad sin hacer nada decidí volver al apartamento, pues me imaginaba que para entonces ya habrían terminado. Al entrar ahí me sorprendí el silencio del lugar cuando horas antes parecía un burdel o un local de orgías. Sobre la mesita del recibidor encontré una nota sujeta por una lata fresca de cerveza que aún transpiraba de fría. Tomé la cerveza, la abrí y me senté en el sillón a leer la nota mientras sorbía la cerveza que por alguna razón en ese momento me pareció deliciosa.

La nota era un mensaje de mis amigos: Gracias hermano, estuvo cabrón el regalo que nos diste, siempre que nos necesites para algo sabes que estaremos a tu disposición. Carlos y Jaime. Sonreí para mi mismo pensando que cada uno de ellos tenia más de una hermana de buen ver y hallaría la forma de que me recompensaran de igual forma.

Luego, animado por beberme toda la cerveza, me levanté para ir a mi habitación. Ahí, la visión que tuve nada más cruzar la puerta hizo que se me parara la verga de nuevo. mi hermana estaba completamente desnuda, su cabello enmarañado cubriéndole el rostro, despatarrada, las piernas muy abiertas y el sexo aún escurriéndole esperma. Me acerqué y me hinqué junto a ella, parecía dormida y tenia también semen desparramado sobre sus hermosos senos. Me empecé a jalar la verga cerca de su rostro y, aparentemente por el movimiento, ella se despertó.

¡Hermanito! – me dijo como dormida- Que lindo es despertar satisfecha y a tu lado. -Bajó la vista a mi verga y me vio masturbándome y sonrió – Y que lindo es que me quieras así. Quiero que te vengas en mi cara, creo que me lo merezco, pues dejé a tus amigos hacerme todo lo que quisieran a cambio de que te cedieran la habitación individual y así tuviéramos más privacidad tú y yo… – Eres una puta de lo peor. le dije sonriendo y me vine derramando mi esperma en sus labios, nariz y ojos. y me acosté a dormir a su lado mientras ella se relamía.

Tiempo después a mis espaldas ella siguió acostándose con ellos a cambio de dinero, pero yo me dí cuenta, pues aparte de usar el dinero para sus pequeños lujos, también me compraba caros regalos como estereos y buena ropa, ellos estaban tan enviciados con mi hermanita que no les importaba pagar lo que les pidiera. A mi no me importaba que lo hiciera pues sabía lo que la excitaba eso de sentirse putita y si ella era feliz también lo era yo, siempre que tuviera a mi disposición ese cuerpo suyo tan rico, yo sería feliz.

Esta es una linda e inocente fantasía. Espero que la hayan disfrutado tanto como yo. Pronto les ofreceré una segunda parte.

Autor: Jaguar

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Me follaba a mi tía una experta madura

Mi tío es un obseso con el trabajo y yo me follaba a mi tía todos lo días, era increíble lo bien que follaba, lo hacíamos en todos los sitios, cuando me duchaba entraba ella y lo primero que me hacía era meterse mi polla en la boca, en la cocina ella cocinaba yo llegaba por detrás y le magreaba las tetas, le levantaba la falda y se la metía, mi tía era una auténtica folladora y yo la estaba disfrutando.

Para empezar presentaré a los personajes de la historia (como es de suponer lo nombres los voy a cambiar), la protagonista es mi tía Amalia, ella es prima hermana de mi madre, está casada, tiene alrededor de 50 tacos y dos hijos ya mayores que viven por ahí, es bajita, rubia con un cuerpo un poquito rellenito pero con un culo y un par de tetas que me vuelven loco, ¡vaya tetas que tiene mi tía!; yo me llamo Fede tengo 22 años y soy moreno y con un buen cuerpo pues me gusta mucho jugar a baloncesto y a tenis en mi pueblo.

Todo empezó un verano, yo vivo en un pueblo de Extremadura y en verano suelo trabajar en una de las piscinas de mi pueblo, bien como camarero o como socorrista. Ese verano fue cuando me empecé a fijar en el cuerpo de mi tía, no era un cuerpo de otra galaxia pero ese par de tetas y ese culo me excitaban demasiado y además me daba ese morbo de que era mi tía, bueno pues los días pasaban y yo no paraba de pajearme en la enfermería de la piscina o en el almacén pensando en mi tía y a veces me hacía pajas mirándola por una de las ventanas del almacén,… me ponía supercachondo mi querida tía.

Un día ya pensé en actuar, ya no aguantaba más y estando yo en el bar trabajando metido en la cocina llegó mi tía ella sola a tomarse una cerveza, yo estaba cocinando y ella estaba colocada justamente enfrente detrás de la barra, esta es la mía -pensé- y me puse en la puerta de la cocina pero algo retrasado, solo me podía ver ella, y me empecé a desabrochar lo pantalones y me saque la polla (17 cm.) estaba totalmente tiesa por la ocasión, mi tía se dio cuenta y comenzó a mirarme como me pajeaba con ella delante y no hacía nada para levantar sospechas, yo de vez en cuando apartaba las manos y el mandil y dejaba mi polla para que ella la viese, ya tenía los pantalones por las rodillas y estaba super cachondo, de pronto llegó un señor al bar y me tuve que recoger rápidamente. Ahí terminó todo.

Al dia siguiente vi llegar a mi tía a la piscina y yo me fui a la enfermería para hacerme la paja diaria en honor a ella, pero mi sorpresa fue que ese día se puso enfrente de la puerta de la enfermería, y ahora que hago yo -pensé-, es igual, lo que sea será y nada más. Pasé por delante de ella y la saludé dándole dos besos como un buen sobrino y me metí para la enfermería, como yo estaba muy cachondo no lo dudé y justamente delante de ella dentro de la enfermería me bajé las bermudas dejando al aire mi polla tiesa y dura, sin pensarlo dos veces me empecé a hacer una paja delante de mi tía…

Ella estaba a unos 10 metros más o menos tumbada en el césped, de pronto se levantó y me vio con las bermudas por los tobillos y en mi mano 17 cm. de carne super dura por su culpa; acto seguido ella se levantó y se dirigió hacia mi, yo me tapé y traté de disimular, ella me preguntó qué que es lo que estaba haciendo y yo le dije que nada, que estaba descansando y nada más. ¿estás seguro? preguntó mi tía poniendo su mano encima de mi paquete. yo diría que te he visto haciendo otra cosa, lo mismo que hacías ayer en la cocina, ¿o no?…

Yo me quedé avergonzado y no le contesté, ella seguía con su mano encima de mi paquete y poco a poco movía su mano sobre mi polla.

– Es que no lo puedo aguantar, tía Amalia- Dije. – Me pones muy cachondo y siempre que te veo se me pone dura y necesito pajearme, ayer al acostarme me hice una paja pensando en lo que pasó en el bar. -Pues es una pena que desperdicies esa leche- dijo ella tras pensar un rato.

Y sin decir más metió la mano por dentro de las bermudas y sacó mi polla al aire y apuntando hacia arriba

-Tienes una polla muy grande y muy bonita- me dijo. – ¿Puedo probarla a ver si está más sabrosa que la de tu tío?- continuó diciendo. -Por supuesto…

Era increíble lo que me estaba pasando, y se agachó un poco y comenzó a comerme la polla de una forma como solo una tía de 50 años sabe hacer, me hacía disfrutar en cada movimiento de su boca.
Estuve como unos cinco minutos recibiendo una mamada de mi tía Amalia hasta que la dije que no aguantaba más…

-Haaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhhhhhh- dije en voz baja mientras me corría, ella apartó la boca y puso la mano para que me corriese en su mano, fue una corrida increíble que jamás olvidaré.

-Bueno sobrinito voy a bañarme que me lo he ganado y ya me tengo que marchar para Madrid para seguir con el trabajo- me dijo después de darme su lengua para que la probase.

Al día siguiente no la pude ver y mi abuela me dijo que ya se había ido a Madrid con mi tío. pero…
Al mes siguiente me hicieron una oferta de trabajo desde Fuenlabrada y la acepté porque era muy jugosa.

Mi madre dijo que me fuese a vivir con mis tíos mientras buscaba piso y…acepté sin dudar.
Estuve un par de meses y como mi tío es un obseso con el trabajo me follé a mi tía casi todos lo días, era increíble lo bien que follaba, lo hacíamos en todos los sitios, cuando me duchaba entraba ella y lo primero que me hacía era meterse mi polla en la boca, en la cocina mientras ella cocinaba yo llegaba por detrás y le magreaba las tetas, le levantaba la falda y se la metía sin dudarlo, mi tía era una autentica folladora y yo la estaba disfrutando.

Cuando conocí a la que ahora es mi mujer le conté todo pero en mi presentación cuando me dijo que donde vivía le dije: Vivo con mis tíos y me estoy follando a mi tía…

Me gustaría conocer a mujeres de Extremadura para pasar buenos ratos con ellas, un beso para todas las chicas que lean mi relato y otro para su boquita y su coñito.

Autor: FEDE

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Me la midió y se la tragó entera

Ella metió mi pene en su boca. Giraba su lengua en mi glande dentro de su boca, haciéndome gozar. Metía y sacaba mi verga de sus labios, ella paró y tomó su cinta de medir, empezó a medir mi verga, 23 cm de largo por 5 de ancho y se la volvió a engullir, esta vez la introdujo en su totalidad, así fue como estuvo cerca de 20 minutos mamándome la verga, hasta que mi semen se posó en su rostro.

Yo tenía en ese entonces 19 años, y mi madre me había mandado donde su modista para hacerme unos pantalones.

Mi mamá me dio la dirección y me dijo que la modista se llamaba Erika. Ella la conocía hace unos 5 años y siempre le había hecho arreglos a su ropa. Yo no la conocía, solo sabía de ella por las cosas que me contaba mi mamá.

Llegué a un edifico, la dirección señalaba el 5º piso de unos departamentos antiguos. Toqué el timbre cuando la puerta se abrió y salió una mujer que no superaba los 35 años, de muy buen cuerpo y de bello rostro.

¿Sra. Erika? Pregunté. Si dijo ella, con una voz muy sensual. Pero no me digas señora, dime Erika.

Me hizo pasar a una habitación donde tenía todos los implementos de costura.

¿Así que tú eres Rodrigo, el hijo de Isabel? Si respondí. ¿No me dijo que tenía un hijo tan atractivo? Dijo ella. Yo solo sonreí.

Yo traía la tela en una bolsa. Erika tenía un escote que mostraba la bondad del tamaño de sus pechos, detallando su forma y textura, los que estaban bastante firmes. Una sonrisa maliciosa, y unos ojos color miel que me comían cuando me miraba.

Ok, me dijo, quítate los pantalones y súbete a ese banco. Voy a tomar tus medidas.

Me quité el pantalón y subí a esa banca, quedando mi cintura a la altura de su cabeza. Yo llevaba puestos unos bóxer, calzoncillos tipo short. Primero midió mi cintura. Luego midió el largo de mi pierna. Desde arriba yo podía ver con más detalle sus pechos.

Abre las piernas, y me midió la entrepierna. Sin querer me rozó los testículos lo que me puso muy excitado. Tomó todas las medidas y me dijo que me vistiera.

Terminé de vestirme y me dijo que regresara en dos días más. Después de los dos días, compré una cajita de chocolates y fui a casa de Erika.

Hola me dijo, ¿cómo te va? Bien respondí, te traje un regalito. Humm dijo, me encantan los chocolates.  Bueno, sácate el pantalón. Me lo saqué y quedé en slip muy pequeño, que marcaba el tamaño de mi miembro.

Noté como ella miraba mi paquete mientras trabaja. Ella esta vez llevaba una camisa que mostraba su escote, dejando ver parte de sus pechos.

A ver dijo ella, ponte este pantalón.

Era el pantalón sin terminar. Me quedó bastante bien. Ella dijo que aún faltaba la basta y hacerle unos pinzados. Tomó el alfiletero y empezó a marcar donde debía coser. En eso estaba cuando ella me clavó un alfiler en la cabeza de mi pene, yo salté del dolor, y ella me pedía perdón.

Me sacó el pantalón y me dijo que fuera a ponerme agua en el baño. Me pinchó tan fuerte que asomó un poco de sangre. Ella dijo:

Déjame que te cure, mira que yo fui enfermera.

Y sin dudar, me bajó el slip, quedando mi pene a sus cuidados. La sangre me salía del cuerito, y corría muy poca.

A ver dijo ella en un tono sobre protector, besándome sobre el lugar donde estaba la sangre.

Esto hizo que mi pene se erectase inmediatamente, haciendo brotar un poco más de sangre, a lo que ella respondió introduciendo mi pene en su boca. Giraba su lengua en mi glande dentro de su boca, haciéndome gozar como nunca. Metía y sacaba mi verga de sus labios, que apretaban con fuerza mi glande. Mi pene tenía una erección total, y se veía gigante.

Ella paró y tomando su cinta de medir, empezó a medir mi verga. 23 cm de largo por 5 de ancho. Y se la volvió a engullir, esta vez, la introdujo en su totalidad, llegando a la base de mis testículos.

Me hizo ver estrellas, casi me cogía su cara. Así fue como estuvo cerca de 20 minutos mamándome la verga, hasta que mi semen se posó en su rostro. Me pidió que me vistiera y que fuera a buscar el pantalón en un par de días.

Autor: PipoXXX69

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Carla la mejor amiga de mi hija

Se incrustó la pija en la concha y gozaba de una forma diferente, se había aislado del mundo. Estaba teniendo orgasmos de forma silenciosa, sus suaves gemidos daban cuenta del placer que estaba teniendo, su cuerpo iba y venía sobre la pija. En el momento de acabar ambos sentí el fuego de sus entrañas correr por la verga hacia mi cuerpo y me mordió la boca hasta quedar casi desvanecida.

Sonó el timbre varias veces. No se cuántas porque estaba durmiendo, pero la insistencia me despertó. Miré la hora: las ocho de la noche. Hacia dos horas que dormía vestido en el sillón frente al televisor encendido. Al llegar a casa no estaba ni mi esposa ni mi hija…ahora, viendo la hora me preocupé.
Fui hasta la puerta. Era Carla, la mejor amiga de Ana, mi hija. Ella se encargó de tranquilizarme, diciéndome que había hablado con Anita y que llegarían en una hora.

Carla era como de la familia. Frecuentaba la casa desde hace años, -ahora tenía 18 como Ana- por lo cual, al entrar, fue directamente hacia la planta alta, donde estaban los dormitorios, a esperar a Ana.
Volví a acomodarme en el sillón para dormitar un rato más. Estaba quedándome dormido cuando Carla me llamó.

-Federico, ¿puedes subir?

No se porqué pero acudí rápidamente. Cuando entré a la habitación de Ana, Carla estaba parada frente al espejo, se había quitado la ropa, permaneciendo en tanga y corpiño y estaba de espaldas a la puerta.

Verla así no me sorprendió en lo más mínimo, desde el punto de vista sexual. Como dije antes, la conocía desde hace años, había pasado mucho tiempo con nosotros e incluso había, hasta compartido, vacaciones. Sí, me sorprendió su desparpajo para presentarse de esa manera, algo que nunca había sucedido. La gran confianza que existía entre nosotros, aún no había alcanzado para minimizar aquella situación.

Al darse vuelta, algún gesto mío le advirtió de mi sorpresa, porque rápidamente corrigió: -No tengas miedo…-dijo sonriendo con extrema picardía- me acosan dos problemas graves y vos me podes dar una mano.

Me senté en el borde de la cama de Ana y fingí serenidad.

-¿Qué te pasa?- pregunté -Mi novio Lucas, dice que estoy gorda y no quiere que me ponga esto- aseguró levantando un vestido fucsia que tenía en una mano mientras se dirigía hacia mí.

Permanecí en silencio hasta que se detuvo a medio metro de la cama.

-¿Te parezco gorda?- insistió.

En ese momento sentí una especie de click en el cerebro, lo cual me permitió mirarla como mujer. De ninguna manera estaba gorda. Carla, descalza como estaba, mediría un metro sesenta. Si bien su cuerpo no era el de una modelo top, estaba realmente muy bien proporcionado. Al estar tan cerca, pude ver a través de la tela blanca del corpiño, el diámetro de la parte más oscura de sus tetas, que además, eran de proporciones abundantes y se mantenían erguidas.

Rápidamente descendí con la mirada y me detuve en su vientre chato que se movía agitado por la respiración y continué hacia abajo. La tanga, blanca también, dejaba ver que su sexo estaba depilado y las piernas, sin ser gordas, se dibujaban robustas. No obstante tenían buena forma y altura. Casi adivinando que ya la había observado de frente, giró ofreciéndome la espalda e insistió:

-¿Te parece a ti que yo estoy gorda? -Claro que no- respondí de inmediato -Bueno, pues él, me dice que soy una culona y que, con este vestido tan ajustado, voy a parecer una putita.

Traté de conformarla de alguna manera echándole la culpa a las nuevas tendencias que dicen que las mujeres deben ser esqueléticas y me paré…

-Lo único que puedo decirte es que si vos quieres usar ese vestido, te lo pongas, le guste a Lucas o no- concluí Sin tiempo a reaccionar, Carla saltó hasta abrazarme. -Te quiero Fede, eres un ídolo- repitió varias veces.

Su reacción, tan intempestiva como natural, me dejó sin aire. Instintivamente la abracé, pero mis manos tomaron contacto con un cuerpo casi desnudo y el perfume que emanaba de su cabello rubio inundó mis neuronas de forma letal. Traté de poner la mente en blanco, pero ella volvió a golpear cuando estampó en mi rostro un beso húmedo y sonoro.

Aquella situación empezó a preocuparme. Pensé, qué dirían Ana y mi esposa si entraban en aquel momento, pero más me preocupó darme cuenta que podía tener una erección. Sentí mucha vergüenza por la naturalidad del comportamiento de Carla, lo cual indicaba, que cualquier reacción de mi parte, podría parecerle abominable.

A pesar del esfuerzo no pude evitar la erección. Sentí crecer la pija lentamente y traté de irme. Carla volvió a sorprenderme.

-Perdóname- musitó con su vocecita ronca- a veces me olvido que ya no soy una nenita.

Ahora estaba parada frente de mí, mirándome desde abajo (yo era como quince centímetros más alto) con mucha picardía simulando vergüenza.

-No entiendo- dije algo confundido -Por esto- aseguró apoyando su mano derecha en mi sexo casi duro.

En ese momento sentí las dos sensaciones térmicas más terribles que experimenté en mi vida. Primero un calor invadió mi cuerpo como si me hubiera alcanzado la onda expansiva de una bomba y luego, casi de inmediato, un sudor frío que me llevó a tiritar. Mientras tanto Carla, que no había quitado la mano de mi sexo, comenzó a moverla lentamente con movimientos circulares, al tiempo que sonreía y me derretía con sus ojos celestes.

No pude evitar todo lo que vino después. La osadía de Carla en grado extremo, no me dejó lugar para escapar de lo que, más tarde supe, estuvo totalmente planeado. Como para no darme tiempo a reaccionar, Carla se apoderó de mi boca y ofreció la suya de manera intensa. Tomó la iniciativa en todo sentido. Su boca era dulce, exageradamente dulce y su lengua inquieta como pocas. En un momento, quise adueñarme de la situación pero no me lo permitió…

-Déjame a mi Fede, este momento lo vengo planeando desde hace más de dos años. -Es una locura Carla… -Es mi locura y mi placer…siempre me diste todos los gustos, ¿porque no, este también?

Lentamente me quitó el pantalón y nos tendimos en la cama. Nos besamos durante un buen rato, mientras no paró de tocarme la pija que ya estaba dura como un garrote. Se quitó la tanga y se subió encima de mi en la típica posición del sesenta y nueve. Comenzó a chuparme la verga suavemente con gran destreza y yo a lamerle el coño que estaba húmedo y sabroso. Sentía sus tetas tibias rozándome en el vientre y me desesperé por darle todo el placer que quisiera. Carla se puso la verga en la boca y acarició mis huevos de manera sincronizada.

Ella comenzó a tener orgasmos y sus jugos a bajar sin pausa. El clítoris de Carla creció infinitamente y lo chupé con alevosía hasta que ella dijo basta. Su olor me excitaba como a una fiera y no pude contener el polvazo que me vino en su boca y que ella tragó en su totalidad. Continuó mamando como una obsesa, aun después de haber extraído la totalidad el semen. Por un momento se detuvo y se incorporó. Yo permanecí tendido sobre la cama y ella parada junto a mi.

-¿Tú también piensas que soy culona?- insistió…

La acerqué hacia la cama y me quedé mirándola un instante. La veía desde abajo y sus tetas eran perfectas. Me senté en el borde de la cama y la tomé de las nalgas.

-Ese idiota no sabe nada- le juré.

Muy despacio, Carla se arrodilló hasta quedar ambos a la misma altura.

-Si yo te digo que te amo vas a pensar que estoy loca, ¿verdad? -Y…sí -Piensa lo que quieras, pero con vos tengo un Edipo incurable… ¿entiendes?, no quiero que esto termine nunca, menos ahora que lo conseguí.

Volvimos a besarnos con desesperación y Carla se encargó de que, en pocos minutos, la pija recuperara su tamaño mejor. Esta vez, continuando con su decisión de manejar la situación, se subió a horcajadas sobre mí y lentamente se incrustó la pija en la concha. Ahora estaba de frente a mí. Me miraba con excesiva ternura y se movía tan lento que el movimiento circular de su pelvis era apenas perceptible. Suficiente para mantener la erección de la pija.

-Tócame las tetas bien despacio- me rogó cerrando los ojos y volcando levemente su cabeza hacia atrás.

Apoyé una palma en cada teta y las recorrí suavemente. Eran tibias y los pezones comenzaron a endurecerse. Me di cuenta que gozaba de una forma diferente y que se había aislado completamente del mundo. Estaba teniendo orgasmos de forma silenciosa. Apenas su respiración agitada y suaves gemidos daban cuenta del placer que estaba teniendo. En determinado momento arqueó su cuerpo un poco más, gimió casi desesperadamente y cayó sobre mi cuerpo.

Nos besamos con locura y su lengua me pareció una serpiente enloquecida mientras su cuerpo iba y venía sobre la pija. En el momento de acabar ambos sentí el fuego de sus entrañas correr por la verga hacia mi cuerpo y me mordió la boca hasta quedar casi desvanecida.

Nunca más tuvimos un polvo como aquel. Desde aquella vez pasaron tres años. Hace dos que Carla se casó con Lucas y ella sigue frecuentando mi casa. Al menos una vez cada dos semanas nos encontramos en un departamento que alquilé al efecto. Es una relación distinta; hemos hablado muchas veces acerca de ello, y siempre llegamos a la misma conclusión: cogeremos mientras sintamos esta necesidad.

Autor: bg35x

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La madurita me la mamó en el cine

Ella abrió la boca y se tragó mi verga, era una maravilla como me la mamaba, recorría todo mi tronco y con su lengua acariciaba la cabeza de mi pija que estaba por estallar, ella estaba muy caliente, se contorsionaba y ronroneaba como una gatita en celo, de pronto tuvo un orgasmo, casi salta del asiento del gusto que sentía, le avisé que me corría, acabé y se tragó todo sin dejar ni una gota.

Hola hoy les voy a escribir mi experiencia por que siento que es muy importante que la gente se anime a participar y disfrutar de las nuevas alternativas sexuales que inquietan a nuestra generación y enriquecen nuestra sexualidad.

Soy un hombre de 35 años, muy caliente que debido al cine descubrí opciones que han cambiado mi sexualidad, en los cines pornográficos se presentan situaciones deliciosas que uno no se alcanza a imaginar.

Una tarde entré al Esmeralda Putssy Cat, que está en Bogotá en la carrera séptima con calle 23, me acomodé como siempre a disfrutar de mi película.

Siempre me llamó la atención cuando una pareja entraba poder estar cerca me excitaba el poder ver como se toquetean o que caras hace ella ante las escenas.

Grande sorpresa cuando una pareja se sentó en la fila de al frente, ella de unos 40 años y él de 45, ella parejita buena pierna, llevaba una falda de paño verde y una blusa beis y su chaqueta, la verdad es que me gustó, me gustan las mujeres mayores y esta pareja me pareció agradable.

Yo no les quitaba la vista de encima, esperando en que momento el señor empezaba a meterle la mano bajo la falda.

Cuando la miro ella me estaba mirando y se pasaba la lengua por los labios provocándome y me guiñaba el ojo, me calenté mucho, pero también me asusté por el esposo. Mi sorpresa fue grande cuando veo que él me mira y empieza a sobarle las tetas a su esposa sin quitarme la mirada y ella continua lamiéndose los labios en forma provocadora.

Así transcurrió la película y durante el intermedio ellos continuaron conversando como si nada.
Después comprendí que lo hacían para que nadie más se diera cuenta del asunto.

Terminados los cortos se inicia la película y ella me hace señas para que me siente cerca de ellos. Yo estaba muy asustado pues jamás había vivido algo como esto, pero a la vez me encontraba muy caliente y esta situación del marido me produjo algo que me indujo a pararme y hacerme al lado de ellos.

Cuando me senté me temblaba todo, ellos continuaron en su toqueteo él le sobaba las tetas y me miraba. Ella empezó a deslizar su mano por mi pierna hasta que llegó a mi verga que estaba a reventar. Luego me tomó la mano y la guió hasta sus piernas y abrió esas deliciosas piernas que yo empecé a acariciar llegando hasta su conchita.

Tenía unos calzoncitos abiertos en la mitad por lo que pude meterle los dedos y masturbarla, mis dedos entraban y salían, ella gemía bajito. Me sobaba el paquete, abrió la bragueta y mi miembro saltó como resorte, comenzó a acariciarlo arriba y abajo, mientras yo la masturbaba cada vez más rico, ella se agachó, abrió la boca y se tragó mi verga hasta la campanilla.

Me agarré del apoya brazos del placer, era una maravilla como me la mamaba, recorría lentamente todo mi tronco y con su lengua acariciaba la cabeza de mi pija que estaba por estallar.

Se notaba que ella estaba muy caliente, se contorsionaba y ronroneaba como una gatita en celo, de pronto tuvo un orgasmo, casi salta del asiento del gusto que sentía, le avisé que me corría. Por lo bajo me dijo, dame toda tu lechita, la quiero toda en mi boca, acabé y se tragó todo sin dejar ni una gota, ella me miró a los ojos como señal de agradecimiento, y dejó mi pija de todo rastro de semen.

Antes de acabarse la película me invitaron a acompañarlos y tomar algo. Salimos del cine y entramos en un bar. Hablamos un poco y ellos me contaron que les gustaban los tríos, yo estaba sorprendido por que no sabía que estas cosas ocurrían en la realidad.

Me dieron su teléfono y luego nos vimos una vez más, con ellos aprendí lo que sucede en los sitios de intercambios y de estas tendencias del sexo.

Soy un aficionado a los tríos y he buscado la forma de encontrar estas situaciones pero la verdad es que no es fácil. La gente se cuida mucho y es lógico que así sea. Recientemente puse un aviso en internet para conocer parejas interesadas en el tema y tuve la oportunidad de conocer una pareja a la cual les transmití mi conocimiento en el tema, sitios y experiencias.

Debo reconocer que con ellos estuvimos hablando durante casi dos meses por teléfono. En un par de ocasiones nos encontramos y hablábamos de las fantasías, de las experiencias, entramos a internet a ver fotos.

A un chat para hablar con otras parejas, a esta página a leer historias y entrar en contactos, en el que, por otra parte, conseguimos muchas citas y lo pasamos genial.

Finalmente una noche ellos se decidieron y lo hicimos con ella.

Pero esto es para otra historia.

Autor: elfotografo1

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Machu Picchu III

Su verga lucía erguida, la tomé entre mis manos y me la engullí, apreté los labios, esforcé la capacidad de mi garganta, mientras limpiaba los zumos en el frenillo y miré con deseo a Renato que con los ojos achinados se apoyaba de un brazo. Duró lo suficiente para sentirnos satisfechos, en poca cantidad, Renato descargó su esperma en mi boca, la cual pude contenerla y degustar.

DÍA III

En el tercer día del viaje me vino la resaca moral, jugueteando a la infidelidad con mi novio, engañándonos entre nosotros mismos. Quise poner las cosas en su sitio. Confrontaría a mi novio, Renato, y de eso sabría si mi regreso a Lima seria con novio o soltero. Qué aburrido cuando el drama se acaba con una sosa conversación.

No mencionaré que por la mañana Edgar me pidió que habláramos; tampoco que por la tarde me masturbé pensando en un trío; ni que por el atardecer pensé arreglar mi relación con una sesión del sexo más desenfrenado que haya hecho (que si hubiera pasado, hubiera necesitado algunos alucinógenos, y arrepentido después).

Sí diré que disfruté o al menos traté de disfrutar lo que quedaba de mi estadía en Cusco. Las horas parecieron eternas y el tiempo pasó lento. Fui más allá del Centro Histórico y me aventuré a las pocas recomendables calles transversales. Pasé por el Convento de Santo Domingo, conté los ángulos de la Piedra de los Doce Ángulos, tomé fotos hasta hartarme y caminé por el mercadillo.

Fue ahí donde vi pasar a la amable anciana que días atrás me prometió regalarme prendas de tejido de vicuña. Fue ella quien me reconoció primero, me abordó y muy buena me dijo que me iba a entregar todos los tejidos que había terminado en su casa. Sin muchas ganas la acompañé a su casa. Estando ahí, le pregunto sobre el hallazgo de cerámicas y metales, ella muy calmada me dice que llevó unas piezas a un señor del INC del Cusco que le explicó que los restos hallados no eran de la cultura Inca y que, muy al contrario, descubrimientos así se dan a menudo (créanme, en el Perú levantas una roca y encuentras una cultura precolombina nueva); y aunque las piezas pueden valer algo les pagarían como ganga.

La señora también me dijo que al regresar de la visita al INC, su marido había desaparecido, él y el tesoro que ella descubrió, resulto todo un ladrón. Y así la anciana ahora daba un nuevo giró a su vida.

Me retiré del lugar con ropa nueva, fina y costosa, con más frutas, y despejado. Llegando al hotel, al atardecer, me percató del mensaje de Renato “me voy a la discoteca”. Me di un refrescante baño, en el jacuzzi, obvio, como siempre me demoro aprox. una hora en la ducha, estuve pensativo… no volvería a ese pub-bar-disco-karaoke-barra, que simboliza la lujuria y la perdición…

Bajé al lobby, por un mensaje de la chica de recepción que decía que Edgar quería conversar conmigo, me di con la sorpresa que junto a él también estaba Jonás, el brichero. Conversamos, Jonás tuvo la loable labor de enseñarle el placer que le ofrece otro hombre, y que yo no había concretado, el por qué vinieron juntos a hablarme de su vida privada, pues, había sucedido algo “especial” entre ellos y me buscaron precisamente porque de alguna manera yo los junté.

Quería decirles de los inconvenientes que, pensaba yo, iba a traer a su “relación”, tan solo piensen: un muchacho inexperto con un brichero que se ha acostado con demasiadas personas; pero comprendí en sus rostros que la “relación” era en serio, y que si me atrevía a suspicacias me podrían mandar al diablo. Les hice unas preguntas sin importancia y les di mi bendición y seguimos charlando de cosas más prácticas.

Me abrigué y los tres salimos al centro a andar un rato, matando el tiempo, luego ellos se fueron juntos, no sé dónde, y yo di media vuelta de regreso cuando pasando por el pub-bar-disco-karaoke-barra me encuentro con Renato y, no andaba solo, estaba con la maldita puta siliconeada, esa la carnosa de pechos exagerados. Fue un encuentro frontal, casi chocamos; yo lo vi, él me vio. No dijimos nada, él por no saber que decir, yo por querer decir muchas cosas y no saber que decir primero; pero en cambio la que habló fue la zorra: ¿Quién es, tu hermanito?

¿Hermanito?, nunca sabré si lo dijo por desubicada o con toda la intención de joderme… aunque si me parezco algo menor a Renato; pero esa pregunta era inapropiada y me enfadó.

Debieron verme, parecía un estúpido. Ahí, donde todos me podían ver, vejado por una ramera. Vestido con un pesado poncho, chullo y chalina, en una calurosa noche. Parecía un ekeko.

El silenció me motivo a hacer lo que por instinto me afloró. Di un paso largo y lo besé, fue uno de esos besos con lengua, saliva y baba, obviamente Renato me devolvió el beso. A pesar de que estaba ocupado concentrándome en los labios, pude ver de reojo que la bastarda me miraba con desprecio y miraba a Renato como quien dice “que desperdicio de hombre”, no soportó tanta humillación y se largó.

De regreso a la habitación del hotel tuvimos que hablar.

Les explico, días antes de viajar al Cusco nos peleamos, fue nuestra primera discusión como pareja, apenas dos meses de relación, una de las cosas que nunca se olvidan.
El pleito comenzó cuando, después de hacer el amor, me preguntó acerca de mis ex y otras relaciones antes de él. A qué vino la pregunta, no lo sé; pero yo tratando de ser de mente abierta le conté deliberadamente de todo un poco… mis escasas novias, mis apasionados novios, sexo esporádico, con qué género prefiero, y demás… y creo que fui muy deslenguado, aunque no creo que haya exagerado, lo que pasa es que hablé como si fuera un experimentado chico bisexual, demasiado recorrido, cojo con lo primero que se mueve, y eso a nadie le agrada.

Es mas, yo sé muy poco de las ex y sus otras relaciones; pero es diferente, el antes de mi era hetero, y sus novias apenas oscilaban entre amigas del barrio y de la universidad. Al contrario, conmigo tiene que cuidarse de las mujeres y de los hombres.

Y a raíz de eso, en los días posteriores, se mostró raro, me celaba de todos, y me pedía explicaciones para todo. Hasta que sucedió un hecho desafortunado, justo dos días antes del viaje a Machu Picchu. Renato y yo tenemos horarios diferentes, por lo que solo tenemos la noche para pasarla juntos, la mayor parte nos quedamos en casa a fornicar y luego a dormir. Y esa noche, tonto de mí, llegué al departamento junto a un amigo (que pasaba por problemas muy personales y por eso mismo se iba a quedar a dormir), cuando abrí la puerta me doy con la sorpresa de que mi novio está en el sofá vestido como tenista con bandas, sudaderas, polo sin mangas, zapatillas tenis, pero sin short, mostrando su verga erecta y húmeda… pero la mayor sorpresa se la llevó, claro,  mi amigo que ni siquiera sabia que era gay.

Renato cubrió su virilidad con la raqueta y me exigió una explicación. Qué vergüenza. Mi amigo tuvo que irse, ese día no tuvimos sexo y desde ahí comenzó todo esta maraña sombría de aparentar ser frívolos y estoicos novios que tienen vida por separado y solo se encuentran en la cama. Y por cierto, nunca más volveremos a fingir.

Conversamos seriamente de todo, todo, toditito lo que llevábamos dentro sin decirle al otro. Agradezco que haya sido a los dos mese y no a nuestros actuales 13 meses. Cansados, después de un largo día nos acostamos como dos chiquillos.

Como nuestra primera vez, lo abracé por atrás y él se repegó a mi. Mi mentón en su cuello, aspirando entre sus ensortijados cabellos, y apoyando mi pubis en sus fuertes nalgas. Entre las entrecortadas respiraciones alcancé oír Te amo, Nuca te separes de mí. Frase que de no haberlo dicho él yo lo hubiera pronunciado. Froté mi bulto entre su culo, Renato estiró el cuello para darme su calido beso, mientras mis manos bajan por su musculado pecho hasta poder palpar su dura verga en mis manos. Nos acomodamos entre las sábanas pulcras del hotel, mi lengua recorrió la línea final de su vientre que lleva a los vellos, y tuve ante mi su hermosa, larga, venosa verga.

La metí a mi boca, succioné sus fluidos, regué con abundante saliva y lo conduje hasta mi garganta. Bajé para juguetear con sus bolas, introducía una luego la otra y me engullía las dos. Seguí descendiendo, puntié el perineo y Renato se dio la media vuelta. Mordí suavemente sus glúteos, y con dedicación exacerbada le di, como le gusta, un salvaje beso negro que le hizo bramar de gusto. Me tomó entre sus brazos y besos y fue llegando a mi pinga, desde arriba vi como sus ojos almendrados me clavaban, su pequeña boca se esforzaba en albergar mi pene y uno de sus dedos se perdía entre mis nalgas, al chupar sus labios apretaban rico y su lengua corría rápido por toda la extensión que disfrutaba sin miedo.

Estaba a punto de terminar en su boca. Lo aparté de mí y me fui contra él, un par de fuertes chupadas y se derramó en mi boca. Subí los ojos y vi su rostro satisfecho, Aun no he terminado, le dije y me regaló su más malévola sonrisa. Continuaría pero me acabo de acordar que ya era el día cuarto, el último día en Cusco.

DÍA IV

Sus ojos maliciosos me observaban expectante a lo haría. Viendo su penetrante mirada, alcé sus contorneadas piernas y las apoyé en mis hombros, nos amoldamos en la cama y de un solo tirón me deje caer en su pecho. Mi pinga entró breve y veloz, sintiendo sus músculos anales apretar riquísimo, acompañado del más placentero gemido que le hizo tensar sus músculos y abrazarme con fuerza hundiéndome las uñas en la espalda.

Mientras que paulatinamente subía la cadencia, lo vi mordiéndose los labios y bajando la mano que estaba en mi espalda hasta mi culo, el cual agarró para guiar el movimiento de mi pelvis y después metió uno de sus dedos en mi ano tratando de encontrar la próstata… que muchas veces había hecho lo mismo con él.

Mis vellos púbicos chocaban con sus bolas y la fricción de su pene con mi abdomen literalmente lo masturbaba, a la vez que nuestras bocas no dejaban de acariciarse. Experimentamos chuparnos las lenguas, morder los labios del otro, hundir la lengua, comernos y saciarnos, mientras que las manos ávidas de deseo se pierden en los cuerpos. Cuando mi lengua repasaba su campanilla me pereció que quiso decir algo, que obviamente no entendí, pero supe lo que era cuando sentí su líquido pegajoso y lechoso esparcido por mi pecho y el suyo. Se había corrido, sin tocarse. La eyaculación hizo que por naturaleza  propia reaccioné los esfínteres casi asfixiando mi miembro, que ante ese estimulo no soportó y acabé lanzando semen al interior de mi novio.

Con saciedad, busqué con la ayuda de mi lengua la leche esparcida por su cuerpo, me demoré es cierto, pero percibí que aquello: restregar mi lengua en zonas altamente erógenas, le sobrexcitaba. Morboso, inquieto y con gula también me dediqué a sus pies, pulcros y medianos, chupando dedo por dedo (que paras ser sincero aun no le agarró el chiste); de ahí a sus sensibles tetillas, que como siempre se contrajeron al sentir la humedad de mi lengua y las maniobras de mis labios; y seguí bajando, encontrándome, una vez más, con su verga que lucía erguida y repuesta de la última sesión.

La tomé entre mis manos y me la engullí (y actué como pocas veces he hecho, más por prejuicios tontos, que aun los tengo, que por no saber dar una buena mamada), apreté los labios, esforcé la capacidad de mi garganta (y no me dio arcadas), es más, mientras limpiaba los zumos en el frenillo subí la mirada y miré con deseo a Renato que con los ojos achinados se apoyaba de un brazo para contenerse en la misma postura. Duró poco pero lo suficiente para sentirnos satisfechos, en poca cantidad, Renato descargó su esperma en mi boca, la cual pude contenerla y degustar. Para después darle un calido beso que sellaba un nuevo comienzo.

Ante el agotamiento, ni nos levantamos para ducharnos. Dormir respirando su cuerpo, su esencia, su sudor, el olor a sexo, era lo que necesitaba. Ese viaje a Machu Picchu resultó para renovar los votos, que a los pocos dos mese de relación hacia falta y nos libró de próximos secretos mal guardados. Ahora, con algo más de un año de noviazgo hemos madurado increíblemente.

Para el mediodía ya teníamos todo listo, regresaríamos a Lima. Nos acompañó al aeropuerto Edgar y Jonás, la reciente pareja. Renato poco o nada entendía la conversación, se había perdido de mucho, ya habría tiempo en el trayecto de contarle los sucesos relevantes (el masaje amateur a Edgar es irrelevante, por ejemplo). Nos despedimos de ellos prometiendo volver; pero Renato y yo prometimos nunca más volver. El Cusco representa a esa fase malsana de transición, de lujuria y engaño, de pesadez y vicio; jamás retornaremos.

Ya en el avión a un día de la Navidad, y de la gran cena familiar (que fue un bodrio), entre pasajeros nacionales e internacionales, otra vez nos permitimos dar muestras de afecto, pequeños besos, que terminaron en el baño del avión. Es que ha mi novio no le puedo decir que no, me influye mucho. Con respecto al destino de Edgar, el empleado del hotel, y Jonás, el brichero, la única noticia que tuve de ellos en estos casi doce meses fue una foto (de ellos dos en una catarata en la selva) que me enviaron al correo electrónico, diciendo que se iban a recorrer todo el Perú y luego todo el mundo. Aunque desde entonces tengo mis dudas si seguirán juntos.

Autor: Xabier

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