El canguro se folla a la chica que cuidaba

Todo ocurrió hace unos meses. Por motivos de trabajo tuve que salir de mi pueblo e irme a Madrid hacía 10 años, pero con la boda de una prima mía tuve que ir al pueblo. Llegué el Viernes a casa de mi padres donde pasaría la noche y luego el sábado me vestiría e iría a la boda.
El sábado a las 12 de la mañana era la misa, estuve puntual con mi primo Vicente y estuve saludando a la gente que hacía años que no veía, cuando me llamó la atención una chica morena guapisima con el pelo lacio delgada de un 1,70 metros que llevaba un vestido corto morado y un palabra de honor que no dejaba salir a ninguna de sus dos grandes tetas.
– Vince, ¿ esa chica quién es?
– ¿Cuál?
– La morena del vestido morado.
– Ja, ja, ja, ja ¿ en serio no sabes quien es?
– No.
– Es Paula.
– ¿Paula? .- me quedé pensando un poco.- Paula ¿la chica a la que cuidaba cuando tenía 9 años?
– la misma,
– Si que ha crecido,
– Claro, nos ha jodido que han pasado una pila de años.

Tras la ceremonia me fui con mi primo Vicente en su coche a una finca que estaba a las afueras del pueblo, “ Los esparragales” para celebrar el convite, mientras que los novios se hacían la fotos estuve conversando con varios invitados. de repente sentí alguien que me golpeaba en el hombro, al dar me la vuelta me encontré a Paula con una sonrisa de oreja a oreja.
– Hola.-. me dijo
– Hola, Dios que guapa estas.- le dije
– Gracias
– De nada, ¿ dónde está tu novio?
– No tengo novio.
– ¿ Y eso con lo guapas que eres?
– Pues ya sabes en el pueblo poco hay para escoger.
– Bueno y ¿ Qué hay de tu vida?.- le pregunté.
– Pues bien ahora estoy empezando la universidad.
– Me alegro.- a esto se acercó un camarero con una bandeja con varias bebidas, yo tomé una cerveza y Paula tomó otra.
– ¿Bebes cerveza? .- le pregunté.- si cuando te cuidaba y te dejaba beber un buche decías que estaba asquerosa.
– Para que tu veas que las cosas cambian.-
– Pues si.- le dije chocando su copa con la mía.
Llegaron los novios y con ello se acabó el buffet yéndonos dentro del local. En las mesas me fijé que me había tocado en la mesa 6 con mis primos los aburridos mientras que a Paula le había tocado en la mesa 7 con mi primo Vicente. Hablé con mi primo Oscar que estaba en la mesa 7 para que me cambiara el sitio y el accedió sin problema.
En la comida Paula no hacía ascos a nada se bebió el vino blanco que acompañaba al pescado y el vino tinto que acompañaba a la carne, también lo su sorbete de mojito y el de las dos chicas que estaban sentadas a su lado. A la hora de la barra libre se levantó y se fue con sus dos amigas a la barra quedándonos Vicente y yo solos en la mesa al momento volvió a la mesa con una copa llena.
la conversación la llevaba Vicente hablando con la chicas que eran, al igual que Paula, amigas de mi prima.
Sonó una canción de Cristina Aguilera y las tres chicas dejaron sus copas en la mesa y se fueron a bailar.
Estaba con mi primo Vicente bebiendo cuando Paula desde la pista de baile nos saludó efusivamente saltando y haciendo que sus pechos botaban.
– Illo, esa tía buena de 18 añitos quiere montárselo contigo.
– No es cierto.
– Claro que lo es no ves como te mira, escúchame, esas pivitas hacen verdaderas locuras en la cama.
– y eso lo dices por que…
– Porque soy un treintañero que va a bares y está harto de follarse a universitarias, y créeme cuando te digo que esas pivitas universitarias hacen verdaderas locuras en la cama.
– Estoy más cerca de la edad de su padre que de la suya.
– Eso a ellas les mola la figura paterna, los tíos que podrían ser sus padres le chifla y te lo digo porque yo he sido el “papi” de más de una de ellas.
– Estas enfermo.
– Bueno tu te lo pierdes,- hizo un gesto al grupo donde estaba Paula con sus dos amigas y ellas se acercaron.
Al momento las tres chicas se acercaron
– Hola.- dijo una de las chicas rubias.
– Hola respondí yo.
– ¿ de que habláis?.- preguntó Paula.
– De muchas cosas, sobretodo de lo que se divertía cuando se quedaba cuidándote en tu casa de pequeña.-dijo Vicente a lo que las chicas se rieron y se miraban entre ellas- chicas porque no les dejamos para que se pongan al día. Se marcharon a la pista de baile y Vicente me dijo al oído “ Se su Papi”.
Estuve un rato hablando con Paula, recordando anécdotas Paula siguió bebiendo de los chupitos que le traían sus amigas, y la veía muy borracha así que le pregunté.
– Oye Paula ¿cómo vas a volver a casa?
– Pues me iba a ir en el coche de María, pero la muy puta se ha ido.- Se quedó quieta y con voz melosa me dijo.- llévame tú, ¿ me llevarías?.- yo sonreí.
– Vamos vivimos a dos casas el uno del otro.- insistió Paula.- además no sería responsable dejarme coger mi coche en este estado, ¿verdad?.- me dijo torciendo la cabeza y mostrandome su cara angelical. acepté y fui a la barra a despedirme de mi primo y explicarle a sus amigas que me la llevaba a casa por si alguna se apunta. Ellas dijeron que no así que tomé una botellita de agua de la barra y fui a por Paula dándole la botellita de agua para que se le pasara la borrachera.

Agarré a Paula de la cintura y la subí al asiento del copiloto, nada más arrancar ella puso la radio a todo volumen mientras que bailaba en el coche, estaba eufórica para que se relajara le dije que bebiera agua.
– ¿ dónde está la botellita de agua?
– No sé.
– Si la que te dí, creo que en el asiento de atrás.
Se quitó el cinturón y se levantó para coger la botella de agua dejándome ver su tanga azul marino y su culo por el espejo retrovisor, se me fueron los ojos por un momento pero luego volví a mirar a la carretera. Ella encontró una botella y le dió un trago muy grande, cuando me dí cuenta no era agua sino vodka, rápidamente le quité la botella.
– hay que ver la de años que han pasado y aún sigues cuidando de mi.
– Tu sabes, el trabajo de canguro nunca acaba.
– Es gracioso que seas tú quien me lleve en el coche, sabes que cuando era pequeña estaba coladita por ti.
– Nooo.- dije.
Ella acercó su cara a mi cara y dijo,
– Muchas noches me tocaba pensando en ti.
– ¿cómo?.-
– acariciaba mis pechos y pensaba que eran tus manos las que me los acariciaba.- mientras me lo contaba estaba estrujando sus pechos con su manos.
– Quiero que seas el primero…
– ¿ el primero?, ¿ de qué?…Paula la virginidad es algo especial, deberías reservarte para alguien especial.
– Tu eres especial.
– No, Paula yo soy muy mayor para tí, debería ser alguien de tu edad.
– Los niños de mi edad son uno putos pringaos.- decía mientras que jugaba con su pelo mirándome.- vamos nadie lo va a saber solo tu y yo.
– Creo que no es una buena idea.
– ¿No te parezco guapa?
– Muy guapa pero eso no es el problema.
– Entonces crees que soy guapa.
– Si
– Gracias.- diciendo esto se bajó el vestido. Ella no sé en qué momento se había quitado el corchete y al tirar se había abierto la cremallera dejando suelto el vestido lo que hizo que bajara con facilidad, una vez quitado lo dejó caer al suelo del coche. quedándose desnuda únicamente con los tacones y el tanga azul marino. Pude ver sus pechos eran grandes y duros estaban totalmente rectos, señal de su juventud.
se incorporó a mi lado mostrándome sus pechos.
– Vamos, quiero sentir tu cuerpo y que me desvirgues.
– No Paula. No es responsable lo que estás haciendo
– Pero te quiero a tí.- diciendo esto comenzó a abrir mi cremallera buscado mi polla. intenté resistirme pero una vez tomó mi polla pude sentir como se hinchaba en su mano mientras ella lo masajeaba de arriba hacia abajo, después metió su mano hasta mis testículos y los masajeó suavemente mientras que miraba mi cara de placer.
Me abandoné conduje hasta un lugar alejado y oscuro, mientras ella daba cuenta de mi polla yo bajé mi mano hasta sus piernas y comencé a acariciarlas mientras le daba picos en la boca, ella comenzó a recorrer mi cuello, yo con mi mano había echado el tanga a un lado y le acariciaba su clítoris y alternaba metiéndole dos dedos que por la lubricación resbalaban fácilmente hasta el fondo.
Llegamos al descampado de los eucaliptos, lugar de folleteo pero en esta ocasión no había ningún coche. Le dije que nos íbamos a sentar detrás que yo iba a salir del coche y que ella se pasará. Una vez dentro del coche en la parte trasera me desnudé y ella se quitó el tanga y los zapatos. Ella se puso encima mío. Yo guié mi polla a su rajita y comencé a meterle la polla mirándole la cara. Una vez dentro comencé a besar apasionadamente. yo le acariciaba los pechos, la cogía del culo, la estaba sobando por todas partes mientras que ella botaba sobre mi polla repetidas veces hasta que se corrió, entonces le dije que se diera la vuelta. Ella se quedó parada, no entendía lo que yo estaba planeando.
– Me has dicho que quieres que sea el primero,verdad?.
– Si.
– Pues voy a abrirte el culo también.
Se levantó se puso de espaldas a mí, yo apunté mi polla a su trasero y comencé a metérsela, gracias a la lubricación resbalaba como un pescado al poco tiempo estaba dentro. Desde la espalda le cogí los pechos y comencé a meterle y sacarle la polla de su ano, no duré mucho y al momento me corrí dentro de su culo.
Hemos repetido muchas veces cada vez que voy al pueblo, ella se ha hecho un tatuaje en el culo el símbolo de marca registrada el resto del cuerpo es de cualquiera pero el culo es solo mío. Por cierto hace tiempo que no voy quizás en navidad vaya.

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La noche de bodas con Sofía

Mi boda iba sobre el programa. Ningún contratiempo salvo por un retraso del juez de instrucción que debería casarnos. Pero salió todo bien. Muchos invitados a los cuales gran parte no conocía. Mucha familia por parte de mi novia, además da alguno laboral.

El banquete discurrió tranquilo, bueno, todo lo tranquilo que puede discurrir un banquete con 190 invitados. Mi suegro tiene un empresa y entre clientes y empleados, familia y demás, pues eso….150 personas.

Preveíamos ganancias pero estaba por ver. Ana, mi novia, solía beber cuando salíamos, era su “manía”, como ella lo llamaba. Me había prometido que lo intentaría dejar en cuanto nos casásemos, aunque me había pedido que en la boda la dejase a su aire. Eso significaba terminar borracha perdida, como siempre que salíamos a algún evento especial.

Aquella noche iba a ser memorable, la borrachera, me refiero. Ana no había parado de beber Champán y vino y ahora ya estaba con los cubatas. Ella decía que sólo bebía calidad, para mi todo era alcohol y más alcohol.

-Ana, por que no paras ya cielo, que no vamos a poder disfrutar esta noche- dije insinuando que quería que estuviese mínimamente lúcida a la hora del sexo.

-Dejamef, coño que es mi bodaf…- Ya era tarde. -Me engüentro mal, cariñof…- Y con un gesto como si fuese a vomitar, me miro pidiendo ayuda. La saqué de la pista de baile y nos fuimos a los baños. Un gran baño con pequeños departamentos, ya sabéis, para aguas mayores. Entramos en unos de esos y ella se arrodillo inclinando la cabeza hacia el water. Nada ocurrió.

-Estás bien mi cielo- Pregunté preocupado.

-Pues claro que estoy bien, ¿por que no iba a estar bien?- Dijo ella con gesto indignado. Ahí me dí cuenta, de que eso no iba a cambiar. No iba a dejar de beber. Me había casado con ella y con el alcohol. -Miraf ya que estoy aquírf…- Y echando mano a mi pantalón, me bajó la bragueta.

-Pero, ¿que haces?- Pregunté incrédulo. “Estaba a punto de vomitar y ahora me la quería chupar?!”, recuerdo que pensé. Ni me respondió. Me la sacó aún fláccida y se la metió en la boca. Chupaba sin control. No era desagradable, pero tampoco me gustaba mucho. Torpe, se le salía de la boca. A mi se me puso dura, pero por reflejo, más que por placer. Lo hacía con ansia y se la metía hasta la garganta. Se comportaba como una zorra.

-Te gustaf ciellof?- Me dijo sacando la lengua y dando lametazos a lo largo de mi polla. Se la volvió a meter en la boca con ganas de devorarla y cuando empezaba a sentir algo, vomitó. A punto estuvo de hacerlo sobre mi, pero se retiró a tiempo. La ayudé sujetando su cabeza. Mientras terminaba, salí al salón para pedir ayuda. Allí vi a Rocío…creo, una prima de Ana a la que yo no conocía pero me habían presentado esa misma mañana. La invitó su padre. Me daba igual, era familia.

-Perdona, puedes ayudarme, es que Ana no se encuentra muy bien-

-Claro, ¿donde está?- Me preguntó con voz de sorpresa. Era alta, morena y llamativa. Una mujer a tener en cuenta, como diría mi padre. La cogí de la mano para indicarla. Tenía unas manos fuertes.

-En el baño- Cuando llegamos, el espectáculo era deprimente. Ana, estaba dormida encima de la taza del water. -Ana! Ana!, despierta- Esta casi ni se movió. -Te importa si la subimos entre los dos a la habitación. Creo que lo mejor es que se eche a dormir- pregunté.

-No, claro. Vamos- Y entre la prima y yo la cogimos y la levantamos.

Ana, se giró y abriendo los ojos nos miró a una y otro y mirándola a ella dijo algo como Juan…

-Rocío, podrás llegar a la habitación, ella no está ayudando mucho, como de costumbre-

-Sofía, me llamo Sofía y si no te preocupes que si puedo, si me dejan los tacones- Dijo ella sonriendo. Era guapa, muy guapa y con unos ojos marrones muy marcados, no sé si por el maquillaje.

Con cierta dificultad llegamos a la habitación, que por ser la suite nupcial, era enorme. Con dos ambientes. Entramos en lo que era el dormitorio en sí y como pudimos dejamos allí a Ana. Le quitamos parte del vestido y la arropamos. El olor a vómito era…en fin, os hacéis una idea. Tenía el pelo sudado, posiblemente del esfuerzo. Con aquella mujer me había casado. Esa idea no dejaba de repetirse en mi cabeza.

-Creo que así dormirá bien- Dije mirando a Ana.

-No te preocupes, no se acordará de nada mañana- y me sonrió con dulzura.

-Escucha, no quiero volver a la fiesta, estoy cansado y un poco triste. Así que, si no te importa me quedaré aquí, espero que me disculpes- Le expliqué mientras salíamos del dormitorio separado por un gran arco del salón de la suite.

-Disculparte ¿porque?- me preguntó ella-¿Por no acompañarme abajo?- y con un gesto de la mano le quito importancia. -No te preocupes, yo ya estaba pensando en tomarme la última en mi habitación- respondió.

-Bueno, si quieres te invito a la última. El mueble bar de la suite está muy bien equipado- Ella pareció pensar y sopesar las posibilidades.

-Bueno, me da igual aquí que en mi habitación- dijo y se sentó en el sofá. -Así no me la tomo sola-

-Yo también me la iba a tomar solo- Dije -Y eso que estoy casado…-

-Vaya, no ha sonado muy feliz- Me dijo. -Perdona que me meta donde no me llaman-

-Es sólo que no quiero que mis noches terminen así cada vez que salgamos- Dije, señalando la cama y a Ana.

-Ya sabías con quien te casabas. Ha sido así siempre-

-¿Es tu prima, verdad?-

-Lejana, prima segunda, en verdad- respondió. Yo levanté una botella de ginebra mostrando mi elección a la cual asintió sin reparo. Serví dos copas de ginebra con hielo, sin nada más. Me acerqué a ella y le tendí la copa, mientras admiraba sus largas piernas, que parecían surgir de aquel apretado vestido. -Nos criamos juntas en el pueblo. Antes estábamos más unidas, pero algo pasó y perdimos contacto- No quise preguntar ese algo. Me pareció que no quería hablar de ello.

-Me ha prometido dejarlo- respondí mirando de soslayo a la cama.

-No te lo tomes a mal Víctor, pero eso ya lo ha prometido antes- Dijo bebiendo del vaso -No eres el primero, aunque si el más guapo- “Ehh!” pensé, pareció un flirteo. Pero rápido reaccioné, los hombres vemos flirteos donde no los hay, aunque me sonreía muy dulcemente.

-Gracias Sofía. Me lo tomo como un alago viniendo de una chica como tú- Dije admirando su belleza.

-¿A que te refieres “como yo”?- preguntó de repente como muy enfadada.

-Eh… bueno, no te enfades. Me refiero a una mujer tan guapa. Para mi no es normal, recibir halagos tan directos de una mujer de tu talla- Dije señalando su cuerpo a modo de admiración.

-¿lo dices en serio?- Preguntó aún tensa.

-Claro, ¿porqué iba a mentirte?- respondí.

-¿Es que Ana no te ha contado nada sobre mi?- preguntó ella ya calmada.

-Pues no, algo mencionó cuando vio la lista de invitados que le había pasado su padre- Ana y su padre discutieron por algunos invitados que Ana no quería. Sofía era una de ellas.

-Sabía que ella no me había invitado- Dijo sonriendo- Perdona, pero es una vieja historia. Así que ¿me consideras una mujer bella?-

-Eh…si. No me malinterpretes. Quiero a Ana, pero tengo ojos y lo que veo es una mujer con un cuerpo increíble- Y según lo decía me dí cuenta de que a lo mejor me estaba excediendo. Que no sólo hablaba yo, sino que el alcohol me desinhibía.

-Mmm, gracias. Pocas veces recibe una estos piropos- Me respondió. -La verdad, es que me asombré cuando te vi, Ana no suele tener tan buen gusto con los hombres- Dijo mirándome de arriba a abajo. Yo me sentí observado y estudiado. – Ahora veo que te pudo engañar por lo bueno que eres- Dijo mirándome a los ojos. Se acercó a mi y cogiéndome el vaso de las manos me dijo: -¿Quieres que te ponga otra? Necesito enfriarme que esto se está calentando- Sus labios rojos y brillantes me hablaban a pocos centímetros de mi cara. Sus ojos miraban a mi boca. Yo balbuceaba.

-Eh…si, si pon otra…gracias- Ella se levantó e hipnotizado no pude apartar la vista de su cuerpo, que se contorneaba delante de mi. Un ronquido de fondo me recordó que estaba casado y que mi mujer dormía a pocos metros.

-No te preocupes, ella duerme y no se despertará hasta mañana- Estaba mirando a la cama por encima del respaldo del sofá cuando Sofía me habló muy cerca de mi. Me giré y allí la vi, de pie junto a mi ofreciéndome mi vaso.

-Gracias Sofía-

-De nada cielo- Y se sentó en el sofá, esta vez mucho más cerca de mi. Yo estaba nervioso. Se suponía que debería pasar la noche con mi mujer, pero estaba, una vez más borracha como una cuba en la cama. Roncando. -Esta noche debería ser especial para ti- Me dijo Sofía, como si me hubiese leído la mente. -¿Brindamos?- Dijo alzando un poco aquel pesado vaso, lleno de ginebra, la cual, empezaba a hacer efecto. -Por una noche especial!- Y bebió intercambiando una mirada penetrante conmigo. Me puse aún más nervioso. No, no podía estar tonteando conmigo, era la prima de mi mujer y además estábamos en la misma habitación que ella.

-Pero no lo es, especial, me refiero- Dije después de beber un trago de ginebra. -Ahí tienes a mi mujer…- Dije señalando con la mirada el bulto de la cama.

-No lo es, por que tu no quieres que lo sea- Y acercándose a mi me pasó un dedo por mi mejilla. Estaba claro que se me estaba insinuando, pero “no podía hacer nada allí, Ana estaba al otro lado de la habitación”, no hacía más que repetirme eso.

Sin que yo me lo esperase ella se arrimó más y me dio un suave beso en los labios. Yo no me aparté. Sonriendo al notar mi nerviosismo me dio otro más largo mientras deslizaba una mano sobre mi paquete. Me dejé llevar y abrí la boca para ofrecerle mi lengua la cual tomó con ganas. Nuestras bocas se abrieron a un beso apasionado. Hacía mucho que no me besaban así. Ana ya no me besaba así. Sus caricias sobre mi paquete, el cual aumentaba de tamaño por momentos, se intensificaron. Nuestro beso se alargo y mis manos sujetaban ya su cara de una forma delicada. Ella gemía suavemente, y yo ya no pensaba.

Un ruido que venía desde la cama me sacó de mi concentración. Paré el beso y giré mi cabeza en dirección a la cama. Ambos lo hicimos.

-No se despertará, te lo aseguro. Ha bebido para tumbar a un elefante- Me dijo Sofía mientras delicadamente con un dedo giraba de nuevo mi cara para que la mirase a ella. -Voy a darte la noche de bodas que deberías haber tenido- Y tras decir esto me volvió a besar. Yo nunca había sido infiel a ninguna de mis parejas, pero claro está, ninguna de mis parejas había terminado la noche de bodas en la cama borracha.

Ella seguía besándome. Me chupaba el cuello mientras frotaba mi paquete, para volver a mi boca y meterme la lengua.

Debido a los besos y las caricias, mi polla comenzaba a estar apretada dentro del pantalón. Ella lo notó. Y se arrodilló frente a mi. Sentado donde estaba en el sofá, me ofrecía una vista increíble de su escote. No tenía unos pechos muy grandes, pero su canalillo era hipnótico. Me desabrochó lentamente el pantalón del chaqué y sacó mi verga ya dura. Tiró de él y del calzón y me dejó desnudo de cintura para abajo.

-Disfruta y no pienses en nada- Se echó su larga y lisa melena negra hacia un lado con un gesto sencillo y con la mano derecha agarró mi miembro acariciándolo suavemente. Con la otra mano apuró el vaso de un largo trago y sin decir nada más engulló mi polla que desapareció en su boca. A mi se me escapó un gemido que intenté ahogar, pero no pude. Ella me miró y medio sonrió sin sacarse mi pene de la boca. Su vestido ajustado azul eléctrico, resaltaba con su blanca piel. Mientras sus labios se deslizaban por mi pene en un sube y baja repetitivo, pensaba que tenía una figura preciosa e iba muy bien maquillada. No dejaba de preguntarme como una mujer así se había querido acostar conmigo.

Su negra melena no me dejaba ver bien como lo hacía, así que con cuidado y suavemente la aparté. Ella me miró sin sacarse mi verga de la boca y sonrió. Jugaba con su lengua por mi glande y se la volvía a meter. Para un par de veces engullir por completo mi polla. Era toda una profesional. Menuda mamada me estaba dando. Parte del tronco de mi polla estaba rojizo por los restos de carmín que ella había dejado en su frenético sube y baja. Yo cada vez pensaba menos en que mi mujer estaba en la cama de al lado.

-Ahhh, mmmm- Se me escapaban gemidos que intentaba silenciar, pero era imposible.

-Veo que te gusta lo que te hago- Me susurró ella con una sonrisa diabólica. Dios! Menuda belleza, como me ponía aquella mujer!

-Lo haces increíblemente bien- respondí mientras ella reanudaba la mamada. -Mmmm, sigue por favor…- Se la sacaba y la restregaba por su escote. Gotitas de saliva mezcladas con liquido pre-seminal se impregnaban en su vestido, pero a ella no la importaba. De vez en cuando se la sacaba de la boca dejaba caer un poco de saliva para lubricarla y me masturbaba un poco. Con la otra mano me acariciaba el ano sin llegar a meter el dedo, suavemente. Me gustaba, aunque era la primera vez que me lo hacían.

-Como sigas me corro…Sofía- Dije bajito para que sólo ella me oyese.

-Y no queremos eso aún, ¿verdad?- preguntó ella sonriendo. – Tengo que decirte algo que a lo mejor no te gusta- me dijo mientras se ponía en pie. Yo no me imaginaba que era. -¿Seguro que Ana no te ha hablado de mi?-

-Seguro. Lo recordaría- dije sinceramente. No sabía a que se refería. Ella lentamente se bajó los tirantes del vestido. Tiró hacia abajo y descubrió unos pechos firmes y redondos. No llevaba sujetador. Yo no podía apartar la vista de ellos. Eran increíblemente redondos y sus pezones oscuros estaban más que erectos.

-¿Te gustan?- Me preguntó mientras seguía bajando el vestido.

-Son preciosos- respondí torpemente. Finalmente empujó el vestido hasta abajo y descubrió un tanga negro que hacía juego con su pelo que cubría ahora levemente sus pechos. Dios que cuerpazo! Estaba poniéndome a mil!

-Víctor, no soy lo que esperas, aunque espero no espantarte- Puse cara de confuso, pues lo estaba. Ella se sentó sobre mi a horcajadas y me volvió a besar. Cogió mis manos y las puso sobre sus esféricos pechos.. No sabía de que hablaba, hasta que retiró el tanga y un brillante y medio fláccido pene apareció ante mi. Me lo quedé mirando y sólo supe decir:

-Pero es imposible. Tu eres una mujer- A ella (o él), no le gustó mucho esa respuesta.

-Veo que no te gusta lo que ves- Yo como única respuesta acerqué una mano y acaricié el pene. ¿Que me estaba pasando? A mi no me gustan los hombres, pero claro está, yo veía a Sofía como una mujer, aún sabiendo que tenía pene.

-Me has sorprendido, eso es todo. No me lo esperaba. No es que no me guste- Expliqué mirándola a los ojos, aunque alguna mirada se me iba al pene. -No quiero que te vayas, me gustas- Dije siendo sincero, deslizando mi mano por aquella tímida polla.

-¿Seguro que quieres que me quede?- Dijo ella. -No quiero que lo hagas por pena- añadió con mirada furiosa.

-No hombre, pena ¿de que?- dije dándome cuenta de que hablábamos muy alto teniendo en cuenta la situación. Admirando su cuerpo dije: -Eres la mujer más hermosa con la que he estado y lo que me acabas de enseñar no cambia eso- Dije admirando su pequeña polla. -Bueno, un poco pero yo te sigo viendo como lo que par ami eres, una mujer- Dije sorprendiéndome a mi mismo de la elocuencia de mis palabras.

-Entonces, ¿quieres que sigamos?- Preguntó.

-Si, ven conmigo- La atraje hacia a mi. Nos besamos de nuevo con más ímpetu que antes. Su pene descansaba sobre mi estomago. Podía sentir sus testículos también. Al separarnos y levantar la vista pude comprobar que seguía siendo la misma mujer preciosa con la que me había besado hacía un rato, así que lo volví a hacer. Nos fundimos en un intercambio de saliva. Ella sorbía mi lengua y yo jugaba con la suya.

-Quiero que me folles, Víctor- Me dijo al oído. -Quiero sentirte dentro de mi- Y comenzó a besarme el cuello. Todo el conjunto me daba mucho morbo. No sé porqué pero no me daba asco ni me producía rechazo el tener una polla sobre mi estómago. Sus palabras habían surtido efecto y mi verga volvía a estar en acción. -Mmmm como la noto. Se ha puesto de nuevo dura- Ella misma echó mano de mi polla y la apuntó hacia su culo. -Despacio cielo, por favor- Me dijo y poco a poco entró sin dificultad. Ella se fue literalmente sentando sobre mi polla mientras se la introducía en su ano.

-Ahhhh, dios que placer…- Gemía mientras comenzaba a moverse. Sus caderas iban hacia adelante y hacia atrás, dando ritmo. Su polla se puso casi erecta. Yo la miraba y pensaba en cogerla, en acariciarla, como a mi me hubiese gustado que me hiciesen, pero no me decidía. Sofía estaba en éxtasis. Echaba la cabeza hacia atrás mientras me follaba. -Cariño, que polla tienes, es perfecta para mi chochito de atrás- Dijo. Por fin de me decidí y agarré con decisión su pene y comencé a hacerle una paja.

-Ahhh, por favor no pares. Sigue tocándome el coño- Decía refiriéndose a su polla. No era muy grande, pero tampoco pequeña. Al mismo tiempo la mía penetraba el apretado culo de Sofía, lo cual me ponía a cien.

-Ehh, Víctor….afferffrf- Sonó la voz de Ana desde la cama. Sofía tal y como estaba se agachó tan rápido como pudo.

-Ha levantado la cabeza….- Me susurró al oído. -No contestes- Me dijo. El respaldo del sofá nos servía de parapeto. No podía vernos. Sofía, tal y como estaba pegada a mi, comenzó a moverse de nuevo. Su pene, presionado por nuestros estómagos se deslizaba entre ellos con cada vaivén de Sofía. Me gemía al oído. -Como siga así me corro cielo-

-Pues correte, no me importa- Ella me miró y me beso para ahogar los gemidos. Noté como un líquido tibio manchaba nuestros cuerpos. Ella me metía la lengua y me follaba más deprisa. Su leche es extendía con cada movimiento. Yo no podía aguantar más. Iba a correrme. -Yo también me corro-

-Hazlo dentro amor. Inúndame de leche el culo – Me dijo sin levantarse por miedo a que Ana siguiese mirando. Nuestros gemidos se quedaban en susurros y nuestras embestidas en meros vaivenes. -Ahh, siento tu leche dentro de mi! Disfruta! Correte!- El orgasmo que me sobrevino fue de los más intensos que he tenido nunca. Me palpitaba la polla dentro del culo de Sofía. El semen…su semen se comenzaba a escurrir por el costado. Ella metía su lengua en mi boca y nuestros labios se entrelazaban en un frenesí desesperado. Yo la agarraba del culo y la apretaba fuerte contra mi. Ella gemía levemente. Sus pechos erectos se apretaban contra mi torso.

Permanecimos así un buen rato, besándonos, tocándonos, apretándonos. No queríamos separarnos. Habíamos disfrutado muchos los dos y queríamos más. Ella levantó un poco la cabeza. Y comprobó que Ana seguía dormida. Así era. Nos levantamos despacio y nos fuimos al baño. Una vez allí cerramos la puerta y volvimos a besarnos. Desnudos, con nuestros penes aún semi erectos.

-Siento como tu leche sale de mi- Y me agarró la polla para hacerme una tímida paja.

-No no no, por favor- Dije apartando su mano con delicadeza. -Está muy sensible- Mire para abajo y me deleité con lo que vi. Tenía todo el cuerpo depilado, y de su femenina figura asomaba su mediano pene.

-¿Que miras?- Me preguntó ella mirándome a los ojos.

-Tu increíble figura…y tu pene-Dije sonriendo.

-Es mi coñito- Dijo sonriendo y me volvió a besar. Yo la agarré del culo y la apreté contra mi. Al separarnos nos dimos cuenta de que estábamos pegajosos por su semen.

-Será mejor que me limpie- Dijo. Agarró una toalla y la humedeció limpiándose la tripa y el estómago. Después se vistió. Yo no dejaba de admirar su belleza y cuerpo. Su pene me tenía absorto. Era preciosa toda ella.

-No creí que me fueses a pedir que siguiésemos- Me dijo mientras terminaba de vestirse.

-Has sido mala. Deberías habérmelo dicho desde el principio- Dije. -Es justo-

-¿Te habrías acostado conmigo si te lo hubiese dicho?- Me preguntó ella.

-Nunca lo sabrás- Respondí yo. Observé como se colocaba el vestido y el pelo mientras se miraba al espejo.

-Tengo que irme, ¿me acompañas a la puerta?- Y tendiéndome la mano me pidió que la acompañase a la puerta de la suite. Salimos del baño y caminamos en silencio a través del salón hacia la puerta de la habitación cogidos de la mano. Aún no me lo creía, me había follado a un transexual. Y me había gustado. Que estaba pasando conmigo, “Yo no era así”. Inmediatamente deseché esa idea, era demasiado homófoba.

-¿Volveré a verte?- Pregunté.

-Vaya esto si que es una sorpresa. ¿Quieres volver a verme?- Dijo con cara de incredulidad.

-Ya lo estoy deseando- Le dije y agarrándola de la cintura la arrimé a mi y nos fundimos en otro beso. Pasional y cariñoso a la vez. -Aún estaré dos días más en el hotel. Tenemos reservada la suite hasta el lunes-

-Lo sé, yo también me quedo una noche más. La boda coincidía con el cumpleaños del abuelo y lo han querido aprovechar- Dijo acariciándome la cara. -Recuerda que yo también soy de la familia- dijo riendo. Y me volvió a besar. -Depende de ti si me quieres ver. Adiós cielo, que duermas bien- Me besó en los labios y salió de la habitación sin decir nada más.

¿Que me pasaba? Acababa de engañar a mi mujer delante de ella, prácticamente y ahora quería volver a hacerlo. No estaba enamorado, o eso pensé. Ana no iba a dejar de beber. No veía ningún futuro a mi matrimonio, si las cosas no cambiaban.

Caminé por la suite nervioso, y excitado a la vez por lo que acababa de hacer. Mi vista se dirigió a la cama donde descansaba mi mujer, tan borracha como para darse cuenta de que la había puesto los cuernos delante de ella. Menudo matrimonio me esperaba.

Espero vuestras preguntas, críticas y opiniones.

 

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Desvirgando a mi con-cuñada

Salimos del local y nos dirigimos a su casa, a las tres cuadras vi un letrero que decía: Motel Luna de Miel. Le pregunté, ¿puedo entrar contigo a este motel? me agarró la mano y dijo, quiero ser tu mujer, entramos al motel, subimos a una habitación donde le hice el amor, donde la amé, donde desde ese instante me enamoré. Le pedí que se casara esa noche y así lo hizo.

Queridos Amigos:

Hace 7 años mi con-cuñada se iba a casar con el hermano de mi esposa. Ella siempre me miraba y se sonreía con una sexualidad que me volvía loco. Antes de que se casara con mi cuñado, Yo di una fiesta por mi cumpleaños en mi casa. Ella llegó a las 2100 vestida en pantalón blusa y saco. Estaba preciosa.

Todos mis invitados estaban tomando y de repente (a la media hora) ella se fue a mi dormitorio. Yo pensé que iba al baño, pero, se demoraba y no salía. Yo entré a mi habitación y ella estaba sentada en la esquina de mi cama llorando. Me acerque y pregunté:

-¿Que te pasa?

Ella me contestó: -¡Yo estoy enamorada de ti!

Me senté a su lado, la abracé y la besé. La besé con un calor y excitación que me quedé con su perfume y lápiz labial en mi cara y ropa. Pero no le hice el amor. Salí de la habitación y ella salió al poco tiempo.

Unos 20 minutos después llegó mi cuñado y me sentí sin ningún sentimiento de culpa. La deseaba a su novia, tenía que ser mía. La boda era una semana después de mi fiesta. Yo era padrino de ella y su madre era la madrina. Pero, resulta que en el lugar que iba a ser la boda, su mamá me pidió que  ayudara a transportar y ayudar a su hija con la comida, arreglos, etc.

Así lo hice desde las 2 de la tarde hasta las 5 de la tarde y ella me dijo que la llevara a su casa para empezar a arreglarse. Salimos del local y nos dirigimos a su casa (solo los dos) A las tres cuadras vi un letrero que decía: Motel Luna de Miel. (Era ahora o nunca) Le pregunté:

-Mi amor, ¿Me amas? ¿Me quieres? ¿Puedo entrar contigo a este motel?

Solo me miró y me agarró la mano derecha y dijo:

-Soy Virgen, no me quiero casar con él, quiero ser tu mujer.

Entramos al motel, subimos a una habitación donde le hice el amor, donde la amé, donde desde ese instante me enamoré. Le pedí que se casara esa noche y así lo hizo. Pero, esa noche se hizo la borracha y no consumó el matrimonio. A la mañana siguiente me llamó mi cuñado a pedirme que llevara a su esposa donde un médico amigo mío.

El me contó que no pudo hacer nada, y que la haga curar de su curda lo más rápido posible. Yo le comenté:

-Cuñado, mejor no venga porque puede que ella tenga vergüenza por lo de anoche, y él aceptó.

Tan pronto ella se subió en mi auto empezó a contarme que no quiere hacer nada con mi cuñado.

-Sexo con él es como una masturbación con mi cara y cuerpo en su mente.

Entendí, y la llevé al motel. Hicimos magia ese día. Nunca paró de decirme cuanto me ama y nunca dejó de gemir de placer. Me enamoré de esta chica y se lo estaba diciendo cuando nos tocaron la puerta. Yo me asusté pensando que en un motel quien puede entrar sin que seguridad los vea. Pero, ella me dijo:

-Es mi mamá y debo irme.

Yo no entendía. Abrí la puerta y la señora entró, me pidió calma y que no iba a hacer problemas ni escándalos. Me dijo que afuera estaba el hermano de ella y que dejara que la llevara a una clínica para que le den un certificado médico y que ella se quedaba conversando conmigo para que nadie tenga sospechas de su hija, ¡Mi Mujer!

Cuando el amor de mi vida salió, se me salieron las lágrimas y me sentía solo. La madre de ella, que estaba en la habitación se acercó, me abrazó y me dijo:

-Usted siempre fue al que ella amó. No llores, soy viuda hace 5 años y siempre quise que mi hija se casara con usted…

La abracé y le pedí perdón. Ella me dijo:

-Déjala ir ella ya se casó, y se casó con tu cuñado. Tú eres divorciado y estás buscando el amor, ¡mírame a los ojos!

La miré y vi una mujer dos años mayor que yo, vi la cara maravillosa de mi amor y me disculpé, me dijo:

-No hay nada que perdonar lo que hizo es maravilloso. Solo una mujer que ama como ella me ama es capaz de perdonar. La amo.

Autor: Eternamente Enamorado

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Samuel y su miembro de ensueño

Por la noche Samuel nos montó a las dos. Nos llevamos la comida a un sitio cercano muy bonito que habíamos descubierto. En esas circunstancias experimenté una sensación de paz y libertad que no había vivido nunca. Por la noche tuve la experiencia sexual más intensa de mi vida. Samuel literalmente se salió. Vaya forma de hacernos el amor hasta dejarnos completamente exhaustas.

Hola a todos. La historia que voy a contaros es real. Sucedió en junio del año 2007. Únicamente daré nombres falsos, pero todas las fechas y datos que doy son reales.

Me llamo Ana y tengo 27 años. Provengo de una buena familia, soy licenciada en empresariales y trabajo en una empresa de marketing. Mido 1,70, soy delgada,morena, ojos marrones y de muy buen ver según todos mis amigos. A los 18 años conocí a Laura, que es mi mejor amiga. Laura y yo casi llevamos vidas paralelas.Estudió la misma carrera que yo, nos echamos novio el mismo año y pusimos la fecha de nuestra boda con una semana de diferencia. Laura también es muy guapa. En el año 2004 conocí al hombre que iba a ser mi marido, Juan y Laura conoció al que iba a ser el suyo, Antonio. Juan era el único chico con el que me había acostado y creía estar muy enamorada de él hasta que sucedió lo que os voy a contar.

Faltaban tres semanas para mi boda y cuatro para la de Laura. Estábamos muy atareadas con los preparativos. El martes Laura me llamó, diciéndome que estaba un poco nerviosa por la boda y me propuso quedar a tomar algo. Yo le dije que podíamos ir a mi casa porque mis padres iban a estar fuera hasta el lunes. Comenzamos tomando unas cervezas y poco a poco nos fuimos cogiendo un puntillo. Al final nos pusimos una copa y empezamos a hablar sobre nuestra experiencia en el sexo, que no era mucha por ambas partes. Yo solo había estado con Juan y ella con solo con Antonio y otro chico más. Estando un poco bebida le pregunté, ¿Cual es tu fantasía erótica que no me has confesado?, y ella contestó, Bueno. Pues la verdad es que me hubiera gustado irme a la cama con un negro.

Me reí. La verdad es que a mi también me atraía el tema. Se lo dije y añadí que ya no iba a poder ser. La conversación siguió por otro lado, cuando de repente Laura me interrumpió y me dijo: “Tía, ¿Qué tal si este fin de semana nos ponemos muy guapas y nos ligamos a dos morenazos para despedirnos de nuestra soltería?” Y yo que estaba bastante contenta le dije: “Vale, pero solo para enrollarnos con ellos”. Y así quedamos para el sábado.

El sábado, a las 10 de la noche, Laura vino a buscarme a mi casa y tomamos algo allí. Nos habíamos puesto bastante provocativas. A las 12 o así salimos por una zona de bares de la ciudad y nos entraron muchos chicos pero no era lo que buscábamos.

Hacia las tres nos fuimos a bailar a una discoteca y Laura se ausentó para ir al baño. Cuando volvió me dijo “Tía, mira lo que hay en la barra”. Miré y vi a un gigantón negro sentado que estaba tomando algo. De cara era normal, un poco feucho quizás, pero se notaba que era bastante fuertote. A Laura le faltó tiempo para entrarle y me lo presentó. Se llamaba Samuel, era nigeriano y vivía en España desde hace diez años.

Hablaba muy bien español. Al poco tiempo los tres estábamos tomando una copa, hablando y riendo. Cuando Samuel se ausentó para ir al baño Laura me dijo, “Bueno, que te parece” y yo le contesté “Bien, pero tenemos un problema, que solo hay uno”. “Tranquila, deja eso de mi cuenta”. No entendí lo que quería decir. Samuel volvió y Laura le plantó un beso en la boca. Se enrollaron y yo opté por apartarme un poco.

Noté como Laura le decía algo al oído a Samuel y éste asentía. Laura se me acercó y me dijo “Nos vamos tú, yo y Samuel a su casa a tomar algo”. “¿Para que quieres que yo vaya?” Le contesté y Laura me dio una respuesta que me dejo de piedra: “Este semental necesita dos yeguas”. Me quedé sin habla. No pensaba a llegar a más de unos besos, y eso para mi eran palabras mayores. El caso es que ese gigantón me ponía. No me lo pensé mucho y nos fuimos a su casa.

Cuando llegamos Samuel nos ofreció una copa y Laura le pidió que se desnudase delante de nosotras. Samuel se desnudó y la vista nos dejó a las dos sin palabras.

Un cuerpo precioso, unos músculos perfectos y sobre todo… un miembro de ensueño. En ese momento sentí que tenía que tener ese miembro dentro de mí y me abalancé sobre Samuel. Él me desnudó y comenzó a hacerme el amor. El primer polvo que echamos fue antológico. Gemí como nunca lo había hecho. No tenía nada que ver con lo que hacía con Juan. Cuando terminó, Laura se había desnudado completamente. Sacó su miembro de mi vagina y directamente lo metió en la de Laura. No se cuantas veces nos hizo el amor a las dos, pero fueron muchas. No recuerdo a que hora, caí dormida. A la mañana siguiente nos vestimos, nos despedimos de Samuel y nos fuimos. Yo estaba avergonzadísima de lo que había hecho y apenas hablé con Laura. Llegué a casa y me acosté.

El domingo por la tarde quedé con Juan. Me propuso ir a casa de mis padres, pero no me apetecía nada acostarme con él. Le dije que no me encontraba bien y que mejor íbamos al cine o a tomar algo.

El miércoles por la noche Laura me llamó y me preguntó si me arrepentía lo que había hecho. Yo le contesté “Un poco por Juan, pero la verdad es que disfruté mucho”. Entonces Laura me propuso irnos de viaje las dos con Samuel a una casa rural ese fin de semana. Yo me cabreé, le dije que nos casábamos dentro de poco, que no era lo acordado y que no era una buena idea.

Colgué enfurecida y me acosté.

Esa noche soñé con Samuel y me desperté hacia las tres sudando y completamente húmeda. Me masturbé. Al día siguiente al llegar al trabajo llamé a Laura y le dije que iría. En ese momento pensaba que no era una buena idea pero no podía dejar de pensar en Samuel, o mejor dicho, en lo que la naturaleza le había dado a Samuel.

El jueves tuve una discusión muy fuerte con Juan cuando le dije que me iba de viaje con Laura. Le dije que estaba nerviosa y que necesitaba salir, que le vería todos los días de la siguiente semana y poco a poco conseguí aplacarle…

El viernes nos fuimos de viaje los tres. Primero compramos comida para los tres días y después cogimos la carretera. La casa que había cogido Laura estaba en un lugar muy bonito. Era un pantano rodeado de bosques. Era un lugar casi perdido y tras recoger las llaves en un pueblo cercano, no vimos a nadie más.

Cuando llegamos Laura me confesó “He escogido este lugar aposta porque vamos a pasar el fin de semana completamente desnudas en plena naturaleza”. Así que nada más llegar las dos, entre risas, nos desnudamos. Samuel no tardó mucho en imitarnos. Por la tarde dimos un largo paseo por los caminos que rodeaban a la casa.

Por la noche Samuel nos montó a las dos. El sábado fue un día maravilloso. Estuvimos en el pantano y nos llevamos la comida a un sitio cercano muy bonito que habíamos descubierto. En esas circunstancias experimenté una sensación de paz y libertad que no había vivido nunca. Por la noche tuve la experiencia sexual más intensa de mi vida. Samuel literalmente se salió.

Vaya forma de hacernos el amor hasta dejarnos completamente exhaustas. El domingo fue casi tan bueno como el sábado. Por la tarde, Laura y yo dimos un último paseo por el bosque mientras Samuel se vestía y recogía sus cosas. Llegado el momento le dije: “No estoy muy segura de querer casarme con Juan” y ella me contestó “Me pasa lo mismo con Antonio”.

El miércoles rompí con Juan y cancelé definitivamente la boda. Laura no duró más de una semana con Antonio.

Seguimos viendo a Samuel, algunas veces individualmente y otras las dos a la vez. En octubre Samuel se marchó a su país. En febrero de 2008 comencé a salir con un chico. A primeros de abril de 2008 Samuel ha venido a pasar unos días y me llamó. Quedé con él y acabamos haciendo el amor en su casa. Acabo de dejar a mi chico hace unos días.

Toda esta experiencia me ha enseñado a tener una visión mucho más abierta de la vida y el sexo. Antes de lo que pasó yo era una niña pija bastante recatada. Ahora me siento una mujer de verdad.”

Autora: Ana

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