CESAR Y YO -III- Por: Apasionada

CESAR Y YO -III-      Por: Apasionada

Una tarde cuando me disponía a tomar un taxi, fui sorprendida al  estacionarse junto a mi un vehiculo que era conducido por Cesar, aquel hombre tosco, musculoso, nada atractivo con el que ya había estado en dos oportunidades como se los relate en CESAR Y YO I y II. y con el que tenia mas de ocho meses sin verlo. Me saludo y me invito a subir al auto para llevarme a donde yo fuera, le dije que iba a casa y accedió a hacerlo.

Venía de un almuerzo y había bebido lo suficiente para estar muy animado. Me invito a que lo acompañara a un trago y accedí. Fuimos a un local agradable y una vez instalados iniciamos una amena charla donde alababa mi belleza pero a su vez me decía  que ahora llevaba una relación muy buena con su esposa, y que estaba dedicado a ella en todo sentido, por lo que le felicite. Una vez que salimos se dirigió a mi casa y al llegar le dije:

-Oye quieres bajar?

Respondió:

-Solo lo haré  si me invitas a un trago mas…

Accedí y una vez dentro serví los dos primeros escoceses de lo que seria una tarde apasionada.

Ubicados en la sala y sentados sobre mullidos muebles continuamos la amena charla que traíamos, pregunto por Antonio mi pareja, y le dije que regresaría a casa por la noche. Note que en varias oportunidades en que entreabrí mis piernas, Cesar con disimulo buscaba ávidamente ver por entre mis gruesos muslos y  en una ocasión  que fue a la sala de baño, vi como bajo su pantalón  tenia una fuerte erección. De ese hombre me atrae su porte varonil a pesar de su tosco comportamiento y entonces me propuse seducirlo dándole mas oportunidad de ver por entre mis piernas a las que con mas frecuencia se las abría  mas, aprovechando que vestía una falda de suave tela que me facilitaba  hacerlo simulando que lo hacia accidentalmente.

Pasado un rato me dirigí a la cocina a preparar algunos bocadillos, Cesar llego allí con la excusa de ayudarme y colocándose detrás de mi rozaba disimuladamente mis nalgas con su erguida verga, no lo evitaba hasta que sentí como suavemente subía mi falda hasta quedar mis nalgas al descubierto y de inmediato me abrazo con fuerza por la cintura mientras besaba mi cuello y ahora pegaba y empujaba con fuerza su guebo por entre mis nalgas, un fuerte espasmo de excitación recorrió mi cuerpo y me entregue a sus caricias.

De inmediato me dio vuelta y me coloco frente a él y como un loquito empezó a bajar mi falda y pantaletica, se agacho y abrazando con firmeza mis muslos metió su cara entre ellos y empezó a besar y lamer mi cuca ya muy humedecida por el abundante liquido vaginal, mientras exclamaba: hummm que rico sabe y huele!!!…  Yo acariciaba su cabeza y  se la atraía a mi cuca para que siguiera lamiéndomela, hummm riiico… asiii!!!… asiii!!!… Que rica cucota tienes mi reina!!… La tienes mojadita  mi amor… Si mi papi… para ti… dame asi… asi suavecito papi… asiii…

Luego se puso de pie y alli mismo empezó a abrir mi camisa y soltar mi brasier hasta que saltaron frente a él mis voluptuosas tetas con mis pezones erguidos entre las amplias aureolas que los rodean y agarrándolas con sus manos empezó a masajearlas,  lamerlas y besarlas. Empecé a  abrir su camisa y soltar el cinturón de su pantalón, él termino de quitárselo, metí mi mano por entre su interior y agarre aquella gruesa  verga, ya  húmeda por su liquido preseminal y baje su interior dejándola libre, su cabeza estaba recrecida y brillante con bordes bastante pronunciados que sobresalían y  unas bolas grandes y flácidas que caían entre sus muslos. Papi que caliente y grande tienes hoy ese guebo, riiiiico…

Una vez desnudos, me agarro  por mis  nalgas fuertemente y me pego a su cuerpo, salimos y nos fuimos de nuevo a la sala y allí al ritmo de una suave melodía empezamos a bailar muy juntos  mientras nuestras manos acariciaban con placer nuestros excitados cuerpos, nos uníamos en prolongados y profundos besos donde nuestras lenguas en apasionado encuentro acariciaban nuestros labios y recorrían nuestras bocas. Nuestros sexos húmedos se rozaban, se paso detrás de mi y me agarro con fuerza por mis tetas y con suaves y firmes embestidas su guebo se deslizaba entre mis robustas y redondas nalgas. Siguió besando mi cuello y me condujo al borde del sofá donde hizo que me inclinara sobre él, y mientras me agarraba y masajeaba mis nalgas decía: ahh que rico culazo tienes mi amor… yo solo deseaba que alli mismo me penetrara, sentía mis labios hinchados y mi vagina deseosa de recibir su gruesa verga.

Parado detrás de mi, su verga quedo entre mis muslos que sentían su ardiente y rígida excitación…

-Que riiico culote tienes mi reina… Déjame acariciártelo mi amor…

-Dale papi… asiiii que es tuyo papito lindo… solo tuyo… mi rey… así… pásame el dedito por mi culito asiiiii papi que me excitas… hummm…

Luego abrió mis nalgas y fue acomodando la recrecida cabeza de su guebo entre la rajita de mi cuca y con torpes embestidas buscaba meterlo hasta que lo logro abriéndose paso metiéndolo completo y de inmediato agarrándome por la cintura inicio un metí y saca fenomenal hasta hacerme sentir dolor, sus bolas golpeaban mis muslos y acoplándome a sus movimientos mis nalgas iban de atrás hacia delante rítmicamente hummm… riiico… lo metía y sacaba mientras que abría mis nalgas  y las atraía fuertemente contra su cadera para hacer mas profunda sus embestidas… sigue asi papi, asi… asi… dame duro.

-Mami que divina estas, que cucasa tan rica, la tienes calientita riiica

-Humm que culote tan grande y divino tienes mi vida, dámelo siii?

-Dame fuerte papi, sigue, sigue asi dame duro, no lo saques papi.. sigue así dame fuerte, fuerte, mas fuerte, asi riiico… mmmm.. dame seguido no lo vayas a sacar… dale riiico papi….”

Carlos acariciaba con su pulgar mi culito presionando cada vez mas hasta que lo fue metiendo poco a poco, hummm riico…  Cesar para no venirse dejo de moverse para que lo hiciera yo y empecé a moverme hacia atrás y hacia delante satisfaciendo mis deseo de sentirlo a mi gusto dentro de mi. Seguimos haciéndolo así hasta que me pidió que me volteara y abriéndome bien  coloco mis piernas sobre sus hombros y agarrandome por los muslos  empezó a cogerme divinamente, sentía su verga dura y caliente entrar y salir mientras su recrecida cabeza rozaba toda mi vagina y me tocaba hasta lo mas adentro de mi, sigue así papi, me embestía con fuerza y seguido oyendo el tac… tac… tac… producido por el choque de su verga contra mi cuca y nuestros cuerpos sudorosos.

Dejándose caer sobre mi, muy lentamente seguimos haciendo el amor con suaves movimientos circulares muy pegado rozando riico mi gallito a lo que yo respondía subiendo mi cadera para sentirlo todito dentro de mi, muy acoplados seguíamos hasta que sentí como se recrecía mas su guebo, sabia que estaba por venirse, le dije: papi para un poquito para venirme contigo y asi lo hizo mientras que yo seguí subiendo y bajando mi cadera y así fui sintiendo como se me aproximaba un fuerte orgasmo, mi vagina se contraía aprisionando su verga, Cesar se retorcía demorando lo mas que podía su orgasmo mientras que yo con incontrolados movimientos   aumentaba mis deseo de sexo, sentía que de mi vagina salía mucho liquido caliente que en medio de un intenso  abrazo y fuertes movimientos de ambos empezamos a disfrutar  de un explosivo orgasmo:

“Me vengo ya amor”, siii…, yaaaa….., ya… ufff….,  aahhhh…., asi…., asiii…,  ahhhhhhh…. uuffffff…. yaaaaa…. yaaaaa…. amor…. No aguanto massss…     -Damela todita papi así.. dale asi…, no pares papi…, dame mas…. mas….,  asi…,  duro…, dame duro amor…, asi… asi…ya….yaaa. yaaaaaaa… si asi…duro,  asiii… mas… hummm… me matas… me matas.. riiico…asi… asiii… humm.. hummm…                                                                                                                   -Tómala toda… así … mi vida…  asiii.., hum,.. tómala… que divino.., así… aahhh… uuuffffffff toma mi leche mami…. Tienes esa cuca caliente… riquisima… humm…                                                                                                               -Fuertes descargas de su caliente y espesa leche llenaba toda mi vagina:     -Amor, me quemas por dentro, la siento  calientisima papi, riiico… humm….                                                                                                                                      -Que divino, lo haces preciosa, uffff.. que rica eres cielo. Me la sacaste toda amor.

Mi cuerpo temblaba, Cesar seguía dándome riiico con  prolongadas y profundas embestidas pero mas lentamente hasta que se dejo caer pesadamente sobre mi. Lo abrace con mis piernas y lo mantenía pegado a mi…. quería retenérselo para sentírselo mas tiempo dentro de mi cuca;  Cesar tiernamente besaba mis ojos y mis labios. Sin sacarlo bajo un poquito y empezó a amasar y chupar mis tetas. Nuestros cuerpos estaban mojados por el intenso sudor. Nos acariciábamos con ternura. Me sentía toda mojada por el abundante liquido que me salio y también por su leche que caliente salía de mi cuca. Cesar se pego mas a mi, su verga medio flácida se mantenía dentro de mi cuca, así estuvimos un rato hasta que finalmente nos fuimos separando. Me dijo: Preciosa que rico lo hicimos esta vez, ahora deseo que la próxima me des tu hermoso y  maravilloso culo que tienes cariño. Dámelo preciosa por favor. Ok mi amor así lo haremos. Riquiiiisimo amor mío. Se vistió y se marcho no sin antes darnos un apasionado beso.

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EL CUIDANDERO -I-

EL CUIDANDERO -I-  Por: Apasionada

Nuestra pequeña propiedad ubicada a las afueras de la ciudad, requiere de alguien que haga mantenimiento permanente a la casa y los cultivos, y ese alguien es Domingo, un hombre de 78 años; delgado pero muy fuerte, condición propia de hombres del campo; muy tímido, de poco hablar, reservado, respetuoso y servicial que goza de toda la confianza de mi pareja Antonio, que tiene 65 años y conoce a Domingo desde hace mucho tiempo.

Como les decía en mi relato titulado CESAR CONMIGO, mi pareja trata de cumplir lo mejor que puede sexualmente conmigo,  pero creo que siendo cerca de 25 años mayor que yo, no hacemos el amor con la frecuencia que quisiera. Esta situación me ha generado mucha insatisfacción, fuertes deseos y constante curiosidad por estar con alguien que me haga disfrutar de  relaciones que despierten mi pasión y erotismo adormecidos. Debo señalar que en lo físico mido 1.62, algo rellenita,  blanca de larga y negra cabellera y poseo unos naturales, grandes y provocativos senos que me encanta insinuarlos, cintura delgada y también unas atractivas, redondas y bien pronunciadas nalgas, con  piernas bien conformadas de muslos gruesos y siempre soy objeto de miradas y expresiones insinuantes de los hombres que me rodean, circunstancias que he sabido aprovechar.

Pues bien, pasábamos unos días allí y la soledad y tranquilidad del lugar estimulaba mis fantasías de tener una relación, aunque fuera furtiva y ocasional, con algún lugareño. El pasar de los días fue acrecentando mis deseos intensamente y mis fantasías me excitaban y mantenían  húmeda mi vagina.

Una tarde me dirigí hacia el pequeño cultivo de durazno y observe como Domingo, muy concentrado los limpiaba, sin percatarse de mi cercana presencia  oculta a su mirada y pasado algún tiempo vi como Domingo apoyándose en el tallo de un árbol se soltó el cinturón y se dispuso a sacar su verga para orinar. Se abrió el pantalón y su cremallera, abrió las piernas y con su mano derecha busco entre ellas y  sacó torpe y lentamente  de entre un escaso y amarillento vello púbico que rodeaba unas grandes y caídas bolas, un largo, arrugado y flácido  miembro, surcado por unas pronunciadas venas que terminaba en  una muy abultada, oscura y rojiza cabeza que apuntando al piso dejaba salir un grueso, prolongado y sonoro chorro de orines. Aquella impresionante escena del anciano que mientras orinaba no sostenía su largo y rugoso instrumento al que veía con placidez, me excito rápidamente y sentía como automáticamente me humedecía.  Mi mente comenzó a imaginar como abordar y tener sexo con  aquel anciano. Podría este hombre de prolongada edad  tener sexo?. El resto del día solo pensaba en ello. Debía ser muy prudente y saber escoger la ocasión para saberlo.

Al día siguiente, y como era mi costumbre, me deje puesta la suave y casi trasparente camisa de algodón que uso para dormir, de amplio cuello que me cubría hasta  un poco mas arriba de las rodillas, no tenia puesto ni pantaleta ni sostén; dejándose marcar e insinuar bajo la camisa mis grandes y provocativas tetas,  que con el rose mantenían erguidos mis pezones y resaltaban mis amplias y oscuras aureolas. Sabia que mis firmes, pronunciadas y redondas nalgas igualmente se veían  pegadas a la tela y  dejaban notar entre ellas el espacio que las separa, también mis bien conformadas piernas de muslos gruesos permanecían  pegados a la tela; en fin,  no quedaba mucho a la imaginación de Domingo. Estaba dispuesta a iniciar su seducción y saber si podía aun tener sexo.

Domingo llegaba a las 9am y  después del desayuno le comente a Antonio, que siempre esta centrado en sus lecturas, que pensaba buscar con Domingo en el cultivo algunas hortalizas para preparar una ensalada para el almuerzo, a lo que respondió, sin levantar la mirada del libro que leía, que le parecía muy bien!. Yo ya sentía, entre excitación y nervios, que me humedecía aceleradamente, mientras esperaba por Domingo que demoraba en llegar. Por fin llego!, con tímida voz saludo mientras se dirigía en busca de las herramientas de labranza. Se sorprendió cuando le dije me acompañara a buscar hortalizas, ya que nunca lo hacia y poco me alejaba de la casa, accedió silencioso y nos dirigimos, yo detrás de él, al cultivo distante unos 100 metros de la casa.

Por el trayecto me dijo que había varios tipos de hortalizas y frutales para escoger y ya en el cultivo le dije que yo quería ser quien las sacara y que me indicara  cuales. Me indico unas  y se coloco inocentemente de rodillas frente a ellas para decirme como debía hacerlo,  lo mismo hice yo, pero a propósito me coloque  frente a él en posición acurrucada, como si fuera a orinar, dejando ante sus cansados ojos mis piernas entreabiertas y con movimientos asociados con la recolección de hortalizas fui abriendo cada vez mas mis gruesos muslos  para provocar su atención. Al hacerlo, mi camisa se corría hacia arriba dejando mis muslos cada vez mas a la vista de Domingo, facilitándole la visión aun incompleta a través de mi entrepierna de mi húmeda cuca. En otro momento en que se encontraba sentado detrás de mi, aproveche para inclinarme por un rato hacia delante con las piernas un tanto abiertas para arrancar  hortalizas, con el propósito de que me la viera desde atrás  y por entre mis gruesos muslos y  grandes y redondas nalgas.  Yo disimulaba lo que sucedía mientras él cada vez mas buscaba discretamente ver mi cuerpo lo mas que pudiera, o que yo le dejara ver.

Pasamos así todo el tiempo, me indicaba  a propósito sitios que le facilitaran la visión de mi cuerpo casi desnudo que  con mis posturas insinuantes aprovechaba cada vez mas para excitarlo; Domingo estaba pendiente de mis movimientos y miraba ávidamente como mis voluptuosas tetas de erectos pezones se movían rítmicamente, con cada movimiento que hacia y  buscaba agachándome frente a él que las  viera por entre el ancho cuello de la camisa.

Pude ver como entre su muslo izquierdo y la tela de su pantalón se pronunciaba una fuerte erección, que indicaba tener un guebo  muy largo y grueso destacándose su recrecida cabeza que sobresalía de aquel bulto, al que Domingo trataba permanentemente acomodar de forma tal que yo no lo pudiese ver. Mi curiosidad por palpar su verga rígida hizo que ya para venirnos estando detrás de mi me agache con la excusa de recoger las hortalizas y con mi culo rozaba su verga rígida y caliente mientras Domingo se mantenía quietecito disfrutando de mis insinuantes y disimulados movimientos y posturas.  Domingo no se atrevía a proponerme nada, quizá por respeto, yo tampoco, pero me excitaba cada vez mas la situación. Regresamos a casa y por el camino se me ocurrió decirle que al otro día iríamos a bajar duraznos y recoger algunas uvas y me respondió: Con gusto mi niña.! Al llegar, Antonio…¡aun leía entretenido su grueso libro!.

Al salir de la cocina, busque ver que hacia Domingo,  muy sigilosamente me fui acercando a un viejo y abandonado tanque, que entre arbustos allí existía, donde Domingo iba  siempre a lavarse y fue como pude ver con sorpresa que teniendo sus pantalones sueltos hasta sus rodillas, se masturbaba con fuerza, teniendo entre sus rudas y grandes manos aquel imponente instrumento que apenas si lo podía rodear,  me sorprendió lo largo y muy grueso que era, surcado de pronunciadas venas azulosas que lucían  infladas a punto de estallar, dándole a su verga una forma tosca o rustica.  Sus bolas colgaban y golpeaban rítmicamente sus muslos, me impresiono la recrecida  cabeza con forma de un durazno  de un aspecto rojizo oscuro y brillante a punto de estallar,   que sobresalía  del tronco de aquel maravilloso guebo; el frenesí era acelerado,  y al cabo de unos minutos le vino un gran orgasmo que con una  fuerte y ahogada exclamación de ahhh!!!  ahhh!!!,  dejo salir una potente y abundante eyaculación de leche gruesa y amarillenta que se estrello contra la vieja pared sobre la que estaba Domingo apoyado mientras se masturbaba, siguieron  otras  dos o tres eyaculaciones mas mientras seguía  dándose, el fuerte olor de su leche invadió el ambiente, al final lo soltó mientras  veía extasiado como seguían saliendo unas  viscosas gotas de leche de su adormecida verga, luego lo empezó a exprimir, sacando de su ya flácido  instrumento las ultimas y  viscosas gotas de semen que le quedaba.

Depués paso a lavarse en el tanque y sin secarlo lo introdujo entre su pantalón y se marcho. Mi excitación y curiosidad femenina me indujo a ir al sitio donde Domingo dejo su leche amarillenta que abundante y gruesa aun se mantenía sobre la pared  y  lentamente caía al viejo piso de arcilla formando  un excitante depósito de aquel viscoso y maravilloso líquido  de fuerte olor avinagrado. Estaba totalmente mojada y sentía como mi cuca palpitaba internamente producto de la fuerte excitación que me produjo la masturbación de Domingo. Nunca había visto algo semejante.

Entonces casi automáticamente, me ubique en el mismo sitio en que se masturbo Domingo y empecé a acariciar mi excitada cuca, viendo la abundante leche sobre la pared y el piso que dejo, mientras repasaba mentalmente las imágenes de Domingo teniendo entre sus manos aquel vigoroso guebo que masturbaba; mi boca se llenaba de saliva y cada vez mas abría mis piernas para facilitar a mis dedos las suaves caricias que me hacia primero en los labios humedecidos de mi cuca y luego por mi clítoris erecto que palpitaba de excitación. Lentamente metía y sacaba  mis dedos a mi vagina, muy cerca a mi la gruesa y viscosa leche, cuyo  fuerte olor me excitaba mas y mas, entonces tuve el fuerte deseo de recogerla y lo hice, aun estaba muy caliente y empecé a acariciarme con ella pasándola seguidamente  por mi cuca ansiosa hasta dejarla toda untada y lubricada, hummm.., que riico,  facilitando las caricias  y le prodigue con su caliente leche un largo e intenso masaje  a mis tetas turgentes por el placer.  Toda yo olía a su excitante leche.

Mi deseo de tener sexo era máximo, mi vagina la sentía dilatada ansiosa de ser penetrada y  cada vez se lubricaba mas, y con mis dedos untados de leche , la penetraba con frenesí..  humm.. riicoo.. Tome parte de su   amarillento semen y lo pase por mis labios entreabiertos, su gruesa y viscosa leche de fuerte sabor avinagrado  invadió mi boca y la fui saboreando, mientras que en mi mente me imaginaba mi cuca llena por la leche que ahora saboreaba y con la que me acariciaba.

Mi placer aumentaba y me acariciaba las tetas mis pezones erguidos y tensos que brotaban de las recrecidas y amplia aureolas contraídas por el placer que producían mis caricias y el calido semen de Domingo las sensibilizaba intensamente haciéndome producir riiicas.. palpitaciones en mi pelvis,  luego abriendo bien mis piernas, fui bajando  nuevamente mis manos a mi cuca y con mis dedos  abría mas mi dilatada rajita, apartando mis pronunciados labios menores  dejando expuesta  mi ansiosa entrada a la vagina mientras rozaba suavemente mis clítoris, untándola toda con la  leche dejada por Domingo de quien me imaginaba su potente verga penetrándome hasta causarme daño y luego descargarse todo dentro de mi, siii dentro de mi.

Seguía dándome cada vez mas seguido, riiiiico.., me daba y me daba masss.. y masss.. hummm.. que divino lo siento, riiiico..,  mi mente se nubla  y el fuerte olor y sabor avinagrado de la leche de Domingo hacia mas real el momento en que mis dedos entraban y salían divinamente de mi vagina y acariciaban rítmicamente toda mi cuca, hasta que se me vino un fuerte orgasmo que me hizo contraer  y arquear mi cuerpo hacia adelante y hacía  que abriera y cerrara mis piernas muy seguido, seguida de varios espasmos que hacían que mi cuerpo se retorciera de placer ufff!. De mi vagina salía como si orinara  el liquido caliente  producto del maravilloso orgasmo que experimentaba y seguía hasta que lentamente fue bajando tan riiica sensación  y la sensibilidad de mi cuca no permitía mas caricias y me condujo placenteramente al anhelado momento de sentir ser poseída por Domingo a quien  deseaba intensamente estar con él.

Me incorpore sudorosa y mis piernas temblaban y me dirigí lentamente a la casa dispuesta a darme una refrescante ducha y decidida a poseer a Domingo el día siguiente cuando viniera a la casa.

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El muchacho de los dulces

Él comenzó a tocar mis bolas y mi pene muy suavemente, entonces le dije, hágale con ganas, y tomé su mano y con la mía empecé a masturbarme. Luego acerqué su cabeza a mis bolas y él empezó a lamerlas, entonces le dije, métaselas, y eso hizo, se las metió a la boca, primero una y luego la otra, sin dejar de pasar su lengua sobre ellas.

Cerca de mi casa había un muchacho que vendía dulces en un semáforo, era delgado y alto, de cabello muy corto, pero claro, tendría unos 18 años aproximadamente.

A mi él me atraía mucho y siempre había querido sobornarlo para tener sexo con él.

Un día mientras yo esperaba el bus, él vendía sus dulces al otro lado de la calle y caminaba en mi  dirección conforme los autos se afilaban esperando el cambio del semáforo, ahí es cuando él ofrecía sus dulces.

Yo lo miraba fijamente y cuando caminaba “hacia mi” yo me pasaba la mano por la entrepierna, a ver si él notaba lo que le estaba proponiendo, después de un rato de repetir esto, noté que él miraba constantemente hacia mi, continué tocándome más enfáticamente.

Después de un rato él me hizo una seña, de que fuera hacia él, seguida de un ademán con la mano como de masturbación, y así lo hice.

Cuando me encontré con él me saludó y me dijo, vamos detrás de la estación de servicio, y así lo hicimos.

Cuando estuvimos ahí me preguntó -¿Qué quiere hacer?- y yo le respondí:

-Quiero chupárselo y que después usted me lo mamé a mí.

A lo que él respondió:

– ¿Y cuanto me paga?

Le dije entonces -te doy 15 si me gusta lo llamo después y hacemos más cosas, y le pago más – entonces él me dijo -No, súbale un poquito- entonces le propuse 20 y él aceptó.

Fuimos detrás de unos árboles, cuando vimos que no había nadie yo comencé a tocarle su entrepierna, empecé suavemente y me di cuenta de que era bastante larga, después de unos minutos la sentí dura entonces le dije – mire como se lo voy a mamar, porque así quiero que me lo mame después- y él asintió, mientras se bajaba el cierre de los jeans.

Le bajé los pantalones y empecé a tocarle los genitales a través de los interiores, con fuerza, a veces masturbándolo un poco, después le bajé los interiores y empecé a acariciarle las bolas suavemente. Pasé un buen rato tocándoselas por eso él me preguntó- ¿le gustan mis bolas? A lo que le respondí, si, me gustan mucho, pero me gusta todavía más que me las chupen.

Después de eso le acaricié el pene y lo masturbé un rato, tenía un glande muy rosado y húmedo, lo que me excitaba bastante.

Me arrodillé y empecé a lamerle las bolas, él lo disfrutaba, entonces seguí, luego me metí su pene a la boca y empecé a mamárselo, paraba de vez en cuando para lamerle sus bolas y pasar mi lengua por su glande.

Él gemía suavemente, pues lo estaba disfrutando bastante, de un momento a otro él se vino en mi boca, llenándomela con abundante semen, yo lo saboreé un momento y después lo escupí.

Me paré y le dije – es su turno – y él se arrodilló, me empezó a tocar a través del pantalón, hacía rato que yo tenía una erección, pero es más placentero cuando hay que esperar, él me tocó un rato de esta manera, mi pene se frotaba mucho a través de los jeans y él pasaba su mano a todo lo largo. Luego me bajó el cierre y metió su mano en mis pantalones, palpó mis testículos a través de los interiores como yo lo había hecho con él, me bajó los jeans y siguió el masaje.

Después de un rato me bajé todo dejando al descubierto mis genitales. Él comenzó a tocar mis bolas y mi pene muy suavemente, entonces le dije, hágale con ganas, y tomé su mano y con la mía empecé a masturbarme.

Luego acerqué su cabeza a mis bolas y él empezó a lamerlas, entonces le dije, métaselas, y eso hizo, se las metió a la boca, primero una y luego la otra, sin dejar de pasar su lengua sobre ellas.

Luego llevé mi pene hacia su boca y puse mi glande sobre sus labios, y sobre su cara, después se lo metí, él empezó a chupar lentamente a lo que yo respondí con un movimiento de caderas para que lo hiciera más rápido y más profundo, continuamos así, a veces sacaba mi pene y se lo pasaba por la cara.

Después de un rato le dije – quítate la camisa –  y así lo hizo, toqué un rato sus tetillas, luego pasé mi pene por su pecho y por sus axilas, que tenían poco vello, finalmente se lo metí de nuevo en la boca, con el habitual movimiento de caderas cada vez más rápido, hasta que me vine en su boca, lo llené todo de semen, luego saqué mi pene y seguí viniéndome sobre su pecho, ya para finalizar pasé mi pene cubierto de semen por sus axilas.

Ya habiendo terminado, no pusimos la ropa, él quedó muy empegotado de semen, pero aun así se puso la camisa encima, al final le acaricié de nuevo la entrepierna y le metí el billete de 20 entre los calzoncillos, debajo de los testículos.

Ya para despedirme le di un apretón final y le dije – la próxima vez le doy por el culo…

Autor: Arbey

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Consentirme un poco

Busqué a mi alrededor a ver si conseguía algo que me ayudara a culminar  con ese estado de excitación, conseguí una botella de agua, como pude me quité las tanguitas, y abracé con mis piernas la botella de agua, hasta sentir que mi clítoris rozaba con ella… allí apreté y solté varias veces, con los vidrios abajo y tratando de mantener la compostura me sentía aun más y más caliente.

Hola, es mi primer relato… soy una chica normal… mis amigos dicen que tengo una belleza muy particular, senos pequeños, pero un culito grande y tentador.  La historia que hoy quiero compartir con Uds. ocurrió hace un par de meses atrás.

Estaba en esos días de Down emocional y quería consentirme un poco, me apunté en un paquete de masajes relajantes, que tomaban lugar lunes, miércoles y viernes de cada semana.

El primer lunes era todo un misterio, me indicaron entrar a una pequeña habitación, con una suave música, una camilla, poca luz y allí me pidieron quitarme todo menos mi tanguita y me cubrieron los ojos indicándome que debía quedarme tumbada de espaldas y aguardar a que la persona que me daría el masaje llegara.

Me relajé muchísimo, oyendo aquellas suaves melodías y sintiendo la cálida temperatura de la habitación… escuché la puerta, y comencé a oler suaves fragancias… el ambiente era ideal, delicioso para lo que necesitaba.

Mientras me perdía en el ambiente, unas manos fuertes me trajeron de vuelta a la realidad rápidamente.  Sentía gotas de aceite rodando en mi piel y luego esas manos recorriendo con fuerza cada zona de mi cuerpo, mis brazos, mi abdomen, mis piernas… la zona interna de los muslos, allí comencé a mojarme.

Asumo que él se dio cuenta de este detalle y sin destapar mis ojos, me pidió que me volteara boca-abajo, de nuevo el aceite, las manos por mi espalda, baja espalda, nalgas, piernas, pies, y de nuevo a mi espalda.  Luego colocó alguna sustancia a base de eucaliptus mentolada que me refrescó la piel, pero me avivó el calor interno, cuidadosamente la regó por mi espalda, mis nalgas, mis muslos y el resto de mis piernas… la hora había terminado.  Sin poder verlo, se retiró y posteriormente entró la asistente a indicarme que me vistiera que ya la sesión había terminado.

Salí de allí con dificultad para caminar y con mis tanguitas empapadas, el pantalón tapó varias gotas que no pudieron ser sostenidas por la tanga, me tocó caminar un buen trecho, y sentía que las personas me veían con cara de interrogación, me sentía muy apenada.

El miércoles me fui un poco más preparada, no estaba dispuesta de dejar que mi calentura se quedara camino al estacionamiento.  Así que antes de entrar al masaje, coloqué dos bolas dentro de mi vagina y me tumbé sobre la camilla… así se repitió todo lo anterior, suaves melodías y sintiendo la cálida temperatura de la habitación…

Llegaron nuevamente las manos fuertes, y comenzaron su trabajo, esta vez comencé a mojarme con mucha más rapidez y esas manos me ayudaron un poco pasando de vez en cuando por mi entrepierna y haciendo un poco de presión sobre mi clítoris, siempre sobre la tanguita… se sentía delicioso… me pidió tumbarme bocaabajo y comenzó su trabajo en mi espalda, baja espalda, nalgas, muslos y piernas…mientras con delicadeza pasaba descuidadamente algún dedo entre mis nalgas…

Ese extraño me ponía  a millón, de seguro ya mi tanga mostraba parte de la humedad que no podía contener… procedió a echarme el producto a base de eucaliptus y aprovechó desde la parte posterior de ponerme un poco en la entrada de mi vagina y entre mis nalgas, en mi culito…

Esa sensación de frío y calor junto a las bolas me puso aun más caliente…

No sabía si podía salir de allí sin tocarme aunque fuera un poco…

La sesión terminó,  temblando y poniendo gran fuerza de voluntad, me levanté y me puse un vestido amplio y vaporoso para evitar mojarlo como al pantalón…  nuevamente atravesar el trecho hasta el estacionamiento, sentía que mis mejillas estaban rojas, que allí mismo explotaría de placer…  como pude llegué a mi vehículo y lo encendí… de verdad no podía esperar más, tenía que hacer algo allí mismo…

Busqué a mi alrededor a ver si conseguía algo que me ayudara a culminar  con ese estado de excitación, conseguí una botella de agua, como pude me quité las tanguitas, y dejando las bolas allí adentro abracé con mis piernas la botella de agua, hasta sentir que mi clítoris rozaba con ella… allí apreté y solté varias veces, con los vidrios abajo y tratando de mantener la compostura me sentía aun más y más caliente…

Subí los vidrios hasta la mitad y con mis manos empezó un movimiento más rítmico y rápido de la botella,… el sudor comenzó a correr, las miradas de los transeúntes que pasaban por allí, el movimiento disimulado e intenso… hasta que por fin, sentí la electricidad corriendo por mi cuerpo y todos los espasmos provocados por ese intenso orgasmo que acababa de tener…

Estoy preparándome para llegar temprano el viernes y disfrutar de mi tercera sesión de masajes…

Autora: Travihorny69

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Billar

Abro tus piernas y las puertas del paraíso se abren ante mí. La proximidad ha hecho que la punta de mi polla roce la entrada de tu coño. Siento su calor y su humedad. Inesperadamente tus piernas me rodean con fuerza la cintura y hacen que te penetre de golpe. Me has llevado hasta lo más hondo. Se escapa un gemido de mi boca al experimentar esa sensación.

En su chalet tenía una bodega con una mesa de billar americano. La idea de hacerlo sobre ella rondaba mi cabeza desde hacía tiempo. ¿Recuerdas cuando llegué a tu casa?

– ¡Hola!, se me ha caído una bola de tenis en tu jardín, ¿te importaría cogerla?

Sabía que tu marido estaba de viaje. Le había visto salir por la mañana, con el maletín y la bolsa de viaje. Por lo menos un par de días estaría fuera, al menos así era siempre que salía con la bolsa de viaje. Por eso me había puesto a media mañana a jugar en el pequeño frontón que hay en mi jardín.

– Pasa, tú sabrás mejor donde ha caído.

Pasé por el salón y saliendo al exterior bajé las escaleras hasta el jardín. Allí estaba la pelota entre las arizónicas. La cogí y me dirigí hacía ti.

– ¿Qué estabas haciendo? – Limpiaba la bodega. (Dijiste señalando la puerta abierta que comunica el jardín con ella). – ¿Sabes?, me encantaría jugar una partida de billar. La última que jugamos los cuatro ganasteis vosotros. – Ya sabes que yo sola soy peligrosa. – Por eso, quiero ver como me defiendo contra la fiera que llevas dentro.

Pasamos al billar y me entregaste un palo, ese con el que ya había jugado otras veces, es como si ya me hubiera acostumbrado a él y fuera mío. Y ahora lo que quería y buscaba era que tú también fueras mía, que estuvieras dispuesta para mí siempre que yo quisiera. Los dos sabíamos el tipo de miradas que intercambiábamos en esas veladas que compartíamos a menudo. Con nuestras respectivas parejas por medio, pero a sabiendas de toda la carga sexual que transmitían no dejábamos de lanzarlas. Siempre evitando ser descubiertos, buscando los momentos más sutiles. Hoy sería el día de intercambiar todo lo que quisiéramos sin nadie por medio.

Esa mirada tuya me producía excitación. Jugueteabas con el palo entre tus dedos, haciéndolo girar, mientras tus ojos me acariciaban de una manera especial. El juego no había empezado, pero creo que los dos pensábamos en un final apasionante. El triángulo de bolas ya colocado sobre la mesa esperaba a ser golpeado. ¡Empiezas tú! – te dije. Desde el otro extremo de la mesa contemplaba tus movimientos. Apoyaste la mano izquierda sobre la verde superficie a la vez que inclinabas tu cuerpo hacía delante. Los hombros brillaban bajo la luz y la camiseta de tirantes se separaba de tu piel dejando ver las curvas de tu pecho. Concentrabas la mirada en la bola blanca cuando te disponías a tirar, pero un segundo antes de hacerlo me miraste. Yo aproveché esa mirada para ofrecerte el gesto de mi lengua humedeciendo el labio superior. La reacción fue una sonrisa en tu rostro que se quedó mientras bajabas la mirada de nuevo sobre la bola y el extremo del palo.

Un rápido movimiento de tu brazo hizo que la bola saliera disparada. Con la mirada seguíamos los múltiples choques y movimientos esperando que pararan. Sonreí… No has colado ninguna. – Has hecho trampa. Me dices.

La bola blanca ha quedado cerca de donde tú estás. Paso a tu lado rodeando tu cuerpo por detrás y ante mis ojos… tu cuello, esa visión hace que sea imposible reprimir el deseo de besarlo. Eso hago acercándome un poco más a ti. Un beso robado, fugaz, inesperado ha hecho que tus hombros se estremezcan. En mis labios se ha quedado marcado el calor de tu piel y un olor embriagador se ha colado en mi mente. Un olor dulce, conocido, la mezcla de perfume y el excitante olor de tu piel.

Me dispongo a tirar, pero en mi cabeza se mueve el deseo de seguir besándote. Muerdo mi labio inferior en un intento de querer mantener guardado ese ligero contacto que he tenido con tu piel.
Apunto a la bola blanca y dirigiéndola sobre la roja… disparo… ¡Ayysss! En mi espalda a la altura de la cintura, donde la camiseta había dejado un hueco, he notado un suave cosquilleo. Unas uñas han pasado rozando en una caricia desconcertante.

– Ufff, fallé el tiro, no he colado la bola. – Te ríes. Ahora estamos empatados.

El juego continúa, intentamos colar las bolas, pero cada vez prestamos menos atención a la partida. Nos movemos alrededor de la mesa en busca de la posición para tirar y cada vez son más los contactos inesperados, los leves roces de nuestros cuerpos, una vez las caderas, otra un brazo con otro. Las miradas se cruzan, la complicidad y el deseo va en aumento y… lo que en un principio eran contactos inesperados ahora son contactos provocados, buscamos el momento para cruzarnos, tocarnos y mirarnos. Deseo que tu cuerpo pase junto al mío, deseo tenerlo entre mis brazos, apretarlo, estrujarlo, sentir su calor. Es tanto el deseo que en uno de esos acercamientos abro mis brazos rodeando tu cintura abrazándote frente a mí. Aprieto mi cuerpo contra el tuyo aprisionándote contra el borde de la mesa. Con tranquilidad dejas el palo en ella y llevas tus brazos sobre mis hombros abrazando mi cuello.

Nos miramos y el deseo sigue su camino. Comenzamos a besarnos lentamente, los labios flotan uno sobre otro, rozándose, acariciándose. Los cuerpos se aprietan un poco más y es la señal que nos lleva a besarnos locamente, con desenfreno, dejando a nuestras bocas rienda suelta sobre el manjar de los labios, lengua y saliva que tienen delante. Quiero que saques tu lengua para ofrecerme ese piercing que llevas en ella. Y así lo haces cuando te lo pido. – ¡Miaaauu!!, digo excitado, antes de cogerlo entre mis dientes.

Tu respiración se agita cuando tiro de él, cuando tu lengua tiene que salir sometida a mis antojos. Es un pequeño gesto de sumisión y eso te excita. Mi cuerpo responde igualmente acelerándome el pulso. Entre mis piernas siento la dureza de mi polla en aumento. Quiero que tú lo notes también, contagiarte mi excitación. Me aprieto más contra ti, colándome entre tus piernas para sentir el mullido rincón de tu sexo. El piercing prisionero en mi boca y a la vez tú, presa de mí. Llevo mis manos bajo tu camiseta, deslizando las uñas por los costados, subiendo hacia tus pechos, acariciándolos, cubriéndolos con mis manos. Tu respiración jadeante desprende gemidos ahogados cuando mis dedos se aferran a los pezones.

– ¡Levanta los brazos!, te pido.

Subo la camiseta hasta desprenderte de ella. Tú haces lo mismo conmigo y ahora nuestros pechos desnudos se abrazan de nuevo. Volvemos a besarnos, con los ojos cerrados y escuchando el latir de los corazones conseguimos olvidarnos del mundo. Lleno de besos tu cara, tus ojos, tu nariz, tus orejas, mordisqueo el cuello, paso mi lengua lamiendo tu piel, bajando entre tus pechos por un sendero de brillante humedad, chupando los pezones, acariciándolos con los labios, rozando con los dientes, mientras tu cabeza cae hacia atrás en un gesto de ofrenda de todo tu cuerpo. Te cojo con mis brazos para subirte sobre la mesa. Sentada en el borde con las piernas colgando dejas caer las zapatillas al suelo, a la vez que apoyas las manos en la mesa tras de ti. Llevo mis manos a tu cintura para despojarte del pantalón. Tiro de él y del tanga que llevas debajo a la vez que elevas las caderas para dejar que termine de quitártelo.

Así recostada sobre la mesa, con los codos apoyados sobre el tapete verde y las piernas colgando, me miras a los ojos en el momento que abres tus piernas. Quieres ver mi reacción al contemplar de lleno ese oasis que tienes entre tus muslos. Y no puede ser otro que asombro y excitación al ver como estás humedeciendo el borde de la madera. Quiero ponerme entre tus piernas, pero antes de hacerlo, tus pies se apoyan en el borde de mis pantalones. Es un pantalón corto y consigues deslizarlo sin problemas con la punta de los dedos, bajándolo hasta que cae al suelo. El slip azul que llevo marca perfectamente los contornos de mi polla. Fijas la mirada en ese punto y empiezas a imaginar todo lo que podré hacer con esa parte de mí en tu cuerpo.

Estiras una pierna y alcanzas a tocarla con los dedos sobre la ajustada tela del slip. Con la ayuda del otro pie la empiezas a masajear y acariciar, apretándola y moviéndola hasta que consigues ponerla en posición vertical y así comprobar como por el borde del elástico asoma la punta, un capullo hinchado y brillante. Tus dedos recorren el mástil de arriba abajo y en ese movimiento con las uñas vas marcando la piel de mi pubis. Me acerco más, colocándome de pie entre tus piernas. Me inclino sobre ti y mi boca llega solamente hasta la parte inferior de tus pechos. Empiezo a besar esa suave y tersa piel, mi boca se llena de ti, de tu sabor. De puntillas alcanzo a coger uno de los pezones entre mis labios, tiro de él con los dientes a la vez que con la punta de lengua le doy pequeños golpecitos.

El estar recostado sobre ti, hace que en mi vientre perciba el calor de tu sexo y eso hace que me junte más, me apriete a tu cuerpo. Abres las piernas un poco más y la humedad que desprendes moja mi ombligo, noto como fricciona mi piel en la tuya y como palpita tu sexo. Tu cuerpo se estira hacia atrás invitando a mi lengua a recorrer el vientre. Bajo despacio hasta llegar al vello, surcando entre él me adentro en tu carne. Los labios de la vulva están abiertos para mí, me excita mirarlo y olerlo. ¡Hummmmm! Mi lengua se pierde lamiendo entre los pliegues, saboreando ese jugo que sale de ti. Pero hay algo que me vuelve más loco aún. Esa perla que tu cuerpo esconde y que mi lengua descubre como si fuera un tesoro. Pasaría horas unido a ese clítoris. Chupo de el, succiono, acaricio, envuelvo con mis labios, rozo con los dientes. Voy notando como crece, como se endure entre mis labios. Con los dedos retiro hacia atrás la piel que lo cubre. Ahora asoma reluciente, en erección, pidiendo ser acariciado.

Entonces vuelvo a posar mis labios lentamente, mojándolo con mi saliva. Con los dientes lo sujeto con delicadeza sin llegar a apretar, pero impidiendo que se escape. La punta de mi lengua la coloco sobre él. Y así, atrapado como está, decido quedarme inmóvil. Es sensacional notar como palpita, como tiembla. Y en el momento que mi lengua empieza a dar pequeños golpecitos, tu respiración se agita. Eso me excita, tu cuerpo me excita, tus movimientos me excitan, tu olor, tu sabor. Decido seguir con esos golpecitos.

Cada golpecito de mi lengua se ve acompañado de un gemido de tu garganta. Los gemidos van creciendo, porque mi lengua cada vez golpea con más fuerza. Mueves las caderas, pero mis dientes se aferran a ese preciado trocito de carne. Y con ese movimiento haces que los dientes lo aprieten con más fuerza, pero a la vez las sensaciones las sientes con mayor intensidad. Cuando mi lengua, que ya no da golpecitos, sino pequeños latigazos sobre ese clítoris tan duro, de tu boca salen ligeros gritos, mitad grito, mitad gemido. Me vuelve loco verte así, quiero entrar en ti, llegar a tu alma, inundarme de ti.

Tu espalda se arquea, dejas caer la cabeza hacia atrás y mis manos agarran tus nalgas mientras sigo comiendo de ti. Una mano la deslizo hacia delante para introducir dos dedos en tu cueva. Se deslizan suavemente, estás chorreando. Noto como tus músculos los aprietan al entrar. Las yemas de mis dedos buscan un lugar conocido en ese desconocido coño. Un lugar más mullido que el resto, abultado y prominente con la excitación. Lo llaman punto G y es mi perdición. Existe y solo es cuestión de saber donde encontrarlo.

Siento como aumenta de tamaño al presionar sobre él. Muevo los dedos en círculos a la vez que aumento la presión, pequeñas pulsaciones sobre él al mismo ritmo que mi lengua golpea el clítoris hacen que unas convulsiones empiecen a recorrer tu interior. Electricidad que sube desde los tobillos, pasando por tu culo y subiendo por la columna vertebral hasta la nuca, hacen que un increíble orgasmo invada tu cuerpo, el vientre se comprime tratando de aferrarte a él, los músculos de tu coño se convierten en tenazas sobre mis dedos, tu cuerpo se agita como si fuera un caballo desbocado, gritas de placer mientras mi brazo izquierdo sobre tu vientre trata de mantenerte en la mesa. Es increíble contemplar el chorro que mana de tu coño, no se de donde saldrá, pero es un auténtico chorro igual que si estuvieras meando. Se que no es así, porque el sabor es mezcla de dulce y salado. Mis labios se mojan, mi cara se moja y con la boca abierta bebo de ti.

Me levanto llegando a tu cara, quiero besarte y que me beses sabiendo a ti. Besas mis labios, muerdes, devoras. Me acerco a tu oído para pedirte algo.

-Quiero que hagas algo para mí.  – Siiiii… Contestas.

Con mi mano cojo una de las bolas de la mesa, la negra me gusta, la acerco a mi boca y paso mi lengua sobre ella.

– ¡Túmbate, toma! Pasa la bola rodando por tu pecho… vas bajando por tu vientre… y ahora llévala hasta tu sexo… Hmmmm… como me gusta verte hacerlo. – Acaríciate, frota con ella el clítoris…

Yo empiezo a masturbarme al ver lo que estás haciendo. De pie en el borde de la mesa, mi mano siente la erección, la dureza de mi polla, con el deseo incontenible de entrar en ti.

– Acaricia tu vulva, recórrela, ábrete un poco más… imprégnala de ti. Ufffff…

Me acerco con mi lengua a besar la bola. Sabe a ti, me encanta, la chupo, la humedezco y sigues acariciándote con ella. Ahora cojo la bola y la llevo hasta el borde de la mesa. Te pido que te acerques tú también al borde y con mis manos, una en cada pierna tuya te traigo hacia mí. La bola se ha quedado debajo de ti. Te pido que te sientes sobre ella y entre los cachetes de tu culo se sumerge la bola. Presiona sobre la entrada de tu culo y eso aumenta las sensaciones en esa zona, a la vez que desplaza tu sexo hacia fuera.

Abro tus piernas y las puertas del paraíso se abren ante mí. Sujetándolas con mis brazos las llevo a mis costados. La proximidad ha hecho que la punta de mi polla roce la entrada de tu coño. Siento su calor y su humedad. Inesperadamente tus piernas me rodean con fuerza la cintura y hacen que te penetre de golpe. Me has llevado hasta lo más hondo… ¡Wuuuaaauuuu! Hhhmmmmmm. Se escapa un gemido de mi boca al experimentar esa sensación. Me tienes rodeado, tus músculos me aprisionan.

Pero aún así empiezo a mover mi cuerpo adelante y hacia atrás. El tuyo fundido con el mío se mueve a la vez. La bola sigue en su sitio y hace que las paredes de tu sexo me rocen con más energía. Tú lo notas también y el placer vuelve a crecer hasta límites insospechados, gemimos como animales cuando una ola de placer sube por mis piernas, concentrándose en el centro de mis testículos.

Siento que voy a estallar y tú lo has debido percibir, porque tus piernas y tus brazos me rodean ahora con más fuerza. Exploto en un chorro de éxtasis, inundando tu interior y eso hace que otro orgasmo recorra tu cuerpo a la vez que el mío. En unos segundos que se vuelven infinitos, quedamos uno a cada lado del otro tendidos sobre la mesa, jadeando, empapados en sudor, llenos de placer.

Ahora solo se escuchan los latidos del corazón retumbar sobre el tapete y unas respiraciones que poco a poco se van suavizando. Sumiéndome en un letargo que poco a poco me hace cerrar los ojos.

El sueño me invade y en él reconozco una bola negra que rueda por mi vientre.

Autor: Robinblue

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El novio de su amiga

Sentía como sus bolas chocaban contra mis glúteos mientras sentía que su pene me atravesaba por completo, sentía que me ahogaba en gemidos de placer,sentí que el mundo se estaba acabando con tanto gozo en ese instante, me cabalgaba, sentía sus gemidos sobre los míos y como palpitaba su verga dentro de mí, terminamos juntos en una explosión que nos inundó de sexo y pasión.

Hace un tiempo escribí un relato del reencuentro con mi ex novio y los cuernos que le puse al actual, ahora quiero contarles como sucedieron las cosas hace ya varios años.

Nana era mi mejor amiga, siempre salíamos juntas y en una de esas farras ligados a dos muchachos espectaculares, iniciamos nuestros respectivos noviazgos, siempre saliendo los cuatro, pero el mío no funcionó. Ella por su parte si logró consolidar una relación con aquel muchacho, aquí como en la historia anterior, también lo llamaré Gato, a partir de ahí salíamos los tres, para mi molestia yo de violinista, pero ella decidía siempre meterme en el viaje.

Un día decidimos invitar a Gato a cenar y él llevaría a un amigo para mí, así que esta vez accedí sin protestar, ya seríamos dos en la orquesta. La cena sería en mi casa la cual ese día estaría sola pues mi madre y mi abuela se irían de viaje de negocios, preparamos una receta genial, perdices en pétalos de rosa (supuestamente afrodisíaco, adivinen, mi amiga quería coronar y en mi casa, pero bueno… mi casa es grande y yo no soy aguafiestas) y dos botellas de champaña.

Lo siguiente era arreglarnos muy hermosas, por ello el día anterior nos habíamos ido de compras ella compró una falda hasta los tobillos, pero con dos aberturas a los lados bastante pronunciadas, unas sandalias y una camisilla de manga corta, entallaba su figura de manera linda, ella no tenía un gran cuerpo, pero se veía genial, compró de lencería un conjunto de Victoria’s Secret negro espectacular, de tanga y sostén de media copa.

Por mi parte yo no tenía interés en especial, pero ella me animó, quizás conocería ahí a mi príncipe azul… decidí comprarme una falda muy cortita de color negro ajustada, una camisilla strapless que dejaba ver mi ombligo, en esa época yo practicaba mucho gimnasio y tenía unas medidas perfectas siempre a envidia de mucha gente, pero nunca me gustó exhibirme, así que mis 90 – 60 –90 eran poco vistos, siempre cubiertos por polos y sudaderas; yo también compré un juego de ropa interior de Victoria’s Secret, era un hilo dental y un strapless negro, el mío con liguero y su respectivo juego de medias, unos zapatos muy sexys y altos, yo le decía que estaba votando mucho dinero a la basura igual nadie importante me iba a ver… igual lo compré todo.

Llegó el momento y tocaron la puerta, llegaron Gato y su amigo llamado Andrés, muy simpático por cierto, pero definitivamente, no era mi tipo, igual les di mi mejor sonrisa y los invité a seguir. Todo estaba lleno de velas y aromas de incienso y esencias que mi amiga preparó, era un ambiente que invitaba a la lujuria… ellos llegaron con una botella de Dubonet la cual bebimos de aperitivo antes de pasar a la mesa en mi sala equipada con grandes sillones cubiertos por cojines, la conversación al principio era acerca de nuestros estudios (estábamos en último año), de que íbamos a estudiar en la universidad, en fin, temas sin importancia, pero a Andrés quien tomó confianza en minutos se le ocurrió “picar” un poco la conversación, preguntando sobre experiencias prohibidas, traiciones y cosas por el estilo. En eso Gato me lanzó una mirada de lujuria, yo estaba frente a él, preguntándome francamente:

– Y que pasó con Alex, ¿por qué no siguieron juntos si hacían una pareja fantástica? – Dijo con una expresión de satisfacción e inspeccionando mis piernas ignorando por completo que al lado estaba la mujer que lo amaba.

Yo le respondí estoicamente:

– A ver Gato, simplemente no nos entendimos – dije mientras cruzaba mi pierna pues me di cuenta de sus intenciones y tenía ganas de jugar con él, yo tenía muy claro que era la pareja de mi amiga, pero… así es la vida yo quería jugar y él comenzó el juego.

Después de unos minutos de charla pasamos a cenar, al parecer la comida los extasió demasiado, tenían una cara de alegría grande, en la mesa yo me senté al lado de Andrés y Nana y Gato al otro lado. Claro él enfrente de mí, no sé en que momento él empezó a tocarme mis piernas con las suyas, y yo me quité un zapato y empecé a acariciarlo también, mientras charlábamos alegremente al sabor del champaña. Yo comencé a coquetear con Andrés y noté que Gato estaba enojado, muy celoso y bebía más y más.

La champaña se terminó y bajé del mini bar una botella de whisky, la noche aún era joven y yo me estaba divirtiendo a costilla del novio de mi mejor amiga. Pusimos música y de desinhibida y loca empecé a realizar un baile exótico muy sensual. Cada movimiento de mi cadera hacía que la falda subiera y permitiera ver el filo del liguero, y al contonear mis brazos lentamente mover mi camisilla tanto que parecía caer permitiendo ver mi busto firme.

Nana moría de la risa viéndome en esas, pero los chicos estaban más excitados de lo que hubiera podido imaginar, sobre todo a Gato se le marcaba un paquete espectacular en su pantalón. Me imaginé lo que iba a disfrutar mi amiga… pues con Andrés yo no hubiera hecho nada, era como un hermano. En eso sonó el teléfono y era la madre de mi amiga, hubo una emergencia en su casa y la requería urgente en casa (un conato de incendio). Me preocupé bastante pues nuestras familias eran muy unidas y me ofrecí a llevarla yo, pero había bebido mucho, Gato no estaba apto para manejar, el único era Andrés, por lo tanto la fiestita privada que ella tenía preparada quedó para otra ocasión.

Le dije a Nana que le daría posada a su novio y después de dejarla en su casa Andrés se iría directamente a la de él. La fiesta se había empañado y el destino era irse a dormir. Ella prometió llamar tan pronto tuviera noticias. Así que Gato y yo nos quedamos esperando su llamada en la sala. Mientras terminábamos la iniciada botella de whisky… él me puso su mano en la pierna y me dijo:

– Estás hermosa esta noche, la verdad es que siempre estás hermosa. – Por favor, no seas adulador tu novia también estaba hermosa, le respondí. – Pero, como puedes compararte con ella, al lado tuyo ella no tiene más que hacer, no sabes cuanto envidié a Alex por tenerte entre sus brazos. – Tú bien sabes que los dos nunca tuvimos nada serio, él era muy mujeriego y yo no soy juguete de nadie, menos plato de segunda mesa, le aclaré por si algo se le ocurría. – Sabes por qué salgo con Nana, me dijo – solo por verte a ti, siempre me has gustado y la verdad es que…

Justo en ese momento sonó el teléfono era Nana diciéndonos que no fue nada grave, le pasé a su novio y se despidieron como tórtolos. En realidad él me gustaba, pero yo respeto lo de mis amigas, en especial lo de Nana.

Le dije que me siguiera al segundo piso a una sala más privada y puse un poco de música, le indiqué donde iba a dormir y finalmente nos dispusimos a terminar la botella. Él no habló más, parecía apenado así que comencé a hablar de cosas sin importancias hasta verlo sonreír, se veía muy bien cuando estaba feliz. En un instante nos miramos de frente y nos confesamos, nos dijimos todo lo que sentíamos, nos besamos como si fuera la última vez, pero cada beso, trajo una caricia y cada caricia nos guío directo a la necesidad de tenernos y sentirnos.

Recordé a Nana, la forma en que ella lo quería pero no importó, lo tomé de las manos y lo guié a la habitación que Nana había arreglado para ellos, tenía pétalos de rosa en la cama, velas y aromas fantásticos. Le dije que se sentara en la cama, y subí el volumen al equipo donde sonaba una sensual y romántica tonada, comencé a contonear mis curvas mientras él se libraba de la ropa sólo dejando sus bóxers, lentamente danzando me deshice de mis zapatos, comencé a girar lentamente desabrochando los botones laterales de mi falda, dejándola caer con suavidad sobre el tapete, comencé a acercame pero sin permitirle que me tocara soltando el único broche que sostenía la camisilla y la dejé caer.

Todo el tiempo que duró el baile no dejé de mirarlo a los ojos, sentí como me comía con su mirada al tenerme cerca me tumbó a su lado y empezó a recorrerme desde el cuello (un punto muy sensible para mí) hasta la punta del pie. Comenzó por retirar las medias y el liguero con su boca, podía sentir su respiración cerca de mi piel, sentía como mi excitación fue creciendo como espuma…

Luego retiró mi sostén y empezó a jugar con mi busto, mordía y lamía mis pezones como si fueran una frutilla, era un placer que me embargaba por todo el cuerpo sentía como su erección crecía con mis gemidos, sentí que su calentura se enardeció cuando arrancó mis tangas de un jalón acercando su boca para disfrutar de los jugos que mi concha comenzaba a emanar, se encontró con un triángulo muy bien depilado, encantándole bastante por la expresión de su rostro.

Comenzó a buscar mi clítoris, al dar con el ese pequeño botón estaba endurecido el comenzó a chuparlo, succionarlo y lamerlo haciéndome vibrar hasta la ultima fibra de mi cuerpo, empecé a llegar en un orgasmo gigante mientras él con su lengua inspeccionaba en el interior de mi vagina sin perder una gota de los jugos por ella producidos.

De momento le quité su bóxer suplicando que me penetrara, me dijo que muchas noches se había masturbado pensando en mi y en mis caricias, soñando como sería que estuviéramos juntos. Se levantó y lentamente comenzó a penetrarme, primero lenta y pausadamente mientras se acomodaba al tamaño de mi vagina, luego empezó a tomar un ritmo enloquecedor…

Sentía como sus bolas chocaban contra mis glúteos mientras sentía que su pene me atravesaba por completo, sentía que me ahogaba en gemidos de placer… sentí que el mundo se estaba acabando con tanto gozo en ese instante.

Antes que él pudiera reaccionar hice que se tendiera en la cama y comencé a clavarme lentamente en su firme y grandioso pene, vi su cara de éxtasis al tenerme encima de él tomándome firmemente de la cintura y el busto mientras me cabalgaba frenéticamente, sentía sus gemidos sobre los míos y como palpitaba su verga dentro de mí… me dijo – nene voy a terminar – le dije que no se preocupara, que me diera toda su leche. A los pocos instantes terminamos juntos en una explosión que nos inundó completamente de sexo y pasión.

Después le regalé para su relajación una mamada espectacular que lo hizo explotar en mi boca degustando su leche hasta la última gota.

Ya eran las dos de la madrugada del sábado, yo iba a estar sola en mi casa hasta el próximo martes… estuvimos juntos todo el fin de semana, haciendo el amor y planes.

Nana nuca supo lo que paso, él le terminó con alguna excusa y comenzamos un noviazgo secreto que solo salió a la luz seis meses después cuando Nana ya estaba “enamorada” de otra persona pero nunca se enteró de cuanto llevábamos juntos, ella pensó que eraalgo reciente… Fue mejor así para no herirla.

Autora: Connie

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Ultimo domingo de enero

Parecía un volcán en erupción, con una mano sostenía su pija y con la otra agarraba la mía. Sus chorros de semen cayeron sobre su barriga y él al tratar de secarse lo corrió hacia abajo y los pendejos quedaron mojados. Seguía apretando mi pija hasta que decidió a chupármela. Me puse arriba de él, con mis piernas aprisionando las suyas y me fui acercando a su boca con la pija en la mano.

Con David, mi compañero de depto., (ya hablaré de él en alguna otra oportunidad), almorzamos y no sabíamos que hacer Se le ocurrió tomar un micro y cruzamos hacia Paraná, allí tomamos otro y terminamos en una de esas playas del Río Paraná, esas playas familiares de río adentro

Bajamos del micro y nos encaminamos a la arena, allí plantamos la sombrilla, bajo la mirada permanente de un chico de unos 26 años que estaba cerca Me molestó bastante, que quería ese tipo que no dejaba de mirarnos. De cuerpo no estaba mal, se había cortado el pelo casi a rape, tenía un pelo muy cortito color castaño, y la barba igual, de dos o tres o sea que pelo y barba tendrían el mismo largo, pero lo que más me llamó la atención fue una raya blanca en la cabeza, ignoro si sería una cicatriz o la marca de una operación?? Me desvestí, siempre bajo su mirada, y me tiré en la arena, de espaldas a él, con el temor de que quisiera provocarnos alegando que nosotros lo mirábamos Pero fue mejor, porque del otro lado había un tipo sentado en una silla de playa mucho mejor!!

Ahí estaba ese tipo, no muy atrayente, de unos 30 o 32 años, pelado, pero con la parte de atrás de la cabeza y los lados afeitados, no sé para que se afeitaba la cabeza totalmente?? No estaba solo, lo acompañaban una mujer y una niña pequeña, que a ella le decía mamá, pero a él no le decía papá. En realidad no supe que relación los unía, porque el tipo no era cariño con ninguna de las dos ni ellas con él.

Lo empecé a mirar, no se movía de la silla, era de un color tostado grisáceo, no me agradó el color. Se levantó y vi que tenía un pantalón corto de algodón y en un lado decía Adidas, se fue al agua se metió por un buen rato.

La mayoría de lo muchachos que había en esa playa eran los típicos argentinos ridículos que se ponen para ir a la playa unos pantalones gruesos, hasta la rodilla o más largos, llenos de bolsillos y todavía abajo calzoncillos de algodón. Querido amigo yo quisiera saber que placer encuentran en estar en una playa horas y horas empapados con esas telas que demoran tanto en secarse.¿? Dime si no es más cómodo ponerse una malla como usan los brasileros o un short de nylon o de alguna tela fina y cortos. Me fui del tema. David comentaba algo de los chicos que veía en la playa y yo seguía mirando al pelado que salía del agua. Se senté en su silla, pero antes se estiró el short, como despegándolo de un bulto chico se envolvió en una toalla y se sentó de frente a mi. Yo seguí mirándolo y él se dio cuenta o tal vez lo hizo así para mirarme. Se sacó la toalla, conversó un poco con sus acompañantes y medio al descuido posó una mano en su bulto.

Empezó a acariciarlo hasta que notó que se había crecido un poco.

David estaba en el agua y el otro ignoro que haría porque estaba atrás mío. El pelado me miraba, bajaba la vista a su bulto que seguía masajeando con sus dedos, hasta que me hizo un gesto con la mirada y la boca, indicando que lo siguiera. Yo me estaba comenzando a excitar de solo ver como se pasaba la mano tan disimuladamente por su bragueta. Me excitó aunque estaba molido porque la noche anterior (sábado a la noche, como no salimos con David, terminamos en su cama teniendo una doble sección de sexo y estaba bastante agotado, pero esa novedad me había despertado el sexo nuevamente) Se levantó y se dirigió a una zona arbolada, yo lo seguí con la mirada, en eso me sacó de mi concentración la voz de David que me preguntaba que miraba tan obsesionado. Le conté de esa extraña proposición en esa playa desconocida y me dijo que si tenía ganas que no la desaprovechara.

El pelado se metió entre unos árboles, pero antes miró hacia atrás como indicándome que era por allí. Se perdió entre esos árboles, me levanté y me dirigí a ese lugar. A los pocos pasos de entrar allí lo vi recostado en un árbol con una mano dentro de su pantalón, moviéndola allí dentro con mucha rapidez. Choqué con una rama, él miró al sentir el ruido y cuando me acerqué simplemente bajó la parte delantera del short y me la mostró como ofreciéndomela.

Sin palabras la miré, era una verga normal unos 18 o 19 cm, pero bastante gruesa y pareja no era como esas pijas que la cabeza es pequeña y se van agrandando hacia la base o como otras cabezonas y después se achican. No, esta era pareja, la cabeza tenía el mismo grosor que toda la otra parte, otra cosa que me llamó la atención fue que al agarrarla y abrirle el agujero para meter mi lengua, vi que tenía un borde parecido a unos labios, sí querido amigo parecía una boca, un borde más oscuro rodeaba ese agujero donde mi lengua se iba a introducir. A indicación suya me agaché y comencé a mamársela, a veces me guiaba empujando mi cabeza hacia atrás o adelante según le apeteciera en ese momento. -Al verte me imaginé que vos serías un experto chupapijas.-fue todo lo que me dijo. Yo seguí entretenido disfrutando de ese caramelo tratando de sacarle todo el jugo posible y deslicé una mano hacia abajo y comencé a jugar con mi verga que estaba muy tensa. Con la otra mano traté de abrirme camino entre sus nalgas, pero me la retiró y la puso sobre sus bolas por las cuales fue descendiendo mi lengua hasta la unión de estas con el ano.

Ahí me detuvo y me dijo: -Adelante haceme lo que quieras, pero atrás no. Recorrí con mi lengua el espacio entre sus dos huevos y seguí buscando otra vez la cabeza de esa arma maciza hasta que sentí que empezaba a latir. El seguía con el short y lo bajó hasta las rodillas, se tiró en la arena, intenté un 69 pero no quiso. -Vení sentate arriba, quiero enterrártela toda hasta que me salga la leche.

-¿Tenés un forro?- le pregunté. Como no tenía ni yo tampoco, seguí chupando hasta que sentí sus gemidos y saqué mi boca de allí. Parecía un volcán en erupción, con una mano sostenía su pija hacia arriba y con la otra me agarraba la mía.

Sus chorros de semen saltaron bastante alto y cayeron sobre sus barriga y él al tratar de secarse lo corrió hacia abajo y todos sus pendejos quedaron mojados. Seguía apretando mi pija hasta que finalmente se decidió a chupármela. Me puse arriba de él, con mis piernas aprisionando las suyas y me fui acercando a su boca con la pija en la mano. Al llegar a sus labios, los toqué con la cabeza, abrió la boca, me pasó las manos por las nalgas y trató de meterme sus dedos, como no entraban los apretó contra mi orifico y los dejó allí mientras se ocupa de darme una buena chupada. Sentí que me iba y se lo avisé, ni siquiera la sacó, me empujó más sus dedos y me hizo caer hacia adelante.

Quedé con las manos apoyadas en la arena más atrás de su cabeza, mi pija fue empujada hacia el fondo de su garganta, mis huevos apretados por una de sus manos y la otra apretando mi culo. Ahí no aguanté más y expulsé todo lo que pude de semen en las profundidades de su garganta. Descansamos un poco, se levantó el short y corrió hacia el agua para lavarse el pegote que tenía y reaparecer cerca de donde estaba la mujer y la niña. Nunca supe quiénes eran, ya que solamente intercambiamos sexo y unas pocas palabras. No era un tipo hablador? O tal vez no tenía nada que decirme solamente le interesó eso que hicimos entre los árboles y nada más?

Cuando volví donde estaba David, noté que el tipo que nos miraba tanto no estaba y supuse que estaría en el agua. David me preguntó como lo había pasado, le conté y le comenté lo extraño que era el tipo que ni me habló. El pelado salió del agua, hizo la misma ceremonia de secado y se fue, al rato apareció con una botella de refresco de naranja y le dieron a la chiquilina, mientras ellos tomaban mate. El tipo que nos miraba, no aparecía, pero bajo su sombrilla estaban dos mujeres un hombre y una niña. Al rato apareció, pero como yo no miraba no supe de donde vino, pero de algo estaba seguro del agua no salió, porque yo miraba en esa dirección y de allí no vino.

Mientras tanto al pelado no lo podía ver bien porque una silla me lo impedía, ignoro si la puso a propósito o quedó al descuido en esa posición, al rato dio vuelta la silla y quedó de espaldas a mí y siguió con su mate y galletas o empanadas o le que fuera que la muchacha sacó de una caja. David me dijo que se iba a bañar un poco antes de comer algo y se fue al agua, casi seguido por los acompañantes del mirón que decidieron irse a remojar un poco. El sol me daba mucho y me cambié de lugar, ¡quedé mirando al mirón! Al estar solo sacó una lapicera y anotó algo en un papel.

Se acercó a mí y sin decirme nada me lo dio y volvió a su lugar. Intrigado, lo abrí y en el papel había escrito: “Vi lo que hicieron entre los árboles. Espero tu llamado. Daniel” E incluía un número telefónico que me pareció que era de Paraná.

David al volver, sacó nuestra merienda y refrescos y nos pusimos a disfrutarla mientras le contaba lo que había hecho Daniel el mirón, que se fue al agua en cuanto llegaron sus amigos.

Nos fuimos a la parada, hicimos la fila y finalmente llegamos a casa, cansados, llenos de arena y con la piel un poco roja y ardiente. Querido amigo, no pude aguantar más y esa misma noche como a las 10 y media llamé a ese número. Me atendió una señora, le pregunté por Daniel, me preguntó quién lo llamaba, pensé él no sabe mi nombre, ¿como va a saber que soy yo? Le dije mi nombre, pero por las dudas no le di ningún detalle de el motivo de la llamada ni de como podía identificarme.

Finalmente atendió el dichoso Daniel, no se acordaba de ningún Omar, le dije si era él el que había estado en esa playa. Cuando comprobé que era él, le dije que era el que recibió su papelito. Me dijo que esperara, que se llevaba el fono para su cuarto y hablaríamos más tranquilos.

Así fue como me enteré de por qué miraba tanto. -Me gustaste desde que llegaste, y al ver que te ibas para atrás de los árboles siguiendo al pelado te seguí y me oculté atrás de un árbol, al ver lo que estaban haciendo me excité tanto que me tuve que hacer una paja pensando que era yo que estaba chupándotela a vos y no él pelado ese, cuando terminaron y se fueron me quedé oculto terminándome la paja y me dije que tal vez tendría suerte contigo. No sabía como entrar en conversación contigo y al verte solo se me ocurrió darte mi teléfono.

-Sí, a mi me molestó tu mirada tan fija en nosotros. -Esa chica es mi novia…., la acepto por mi familia que es muy estricta y me matarían si saben que me gustan los hombres. Me gusta que me la metan hasta las bolas y que me pajeen mientras me la meten y me la sacan…

Ahí lo interrumpí y le dije que yo no era Taxi boy. Al final siguió hablando y me dijo que quería estar un rato conmigo, de dónde era y donde podríamos encontrarnos. Le dije que vivía en Santa Fe, Capital y para sacármelo de encima le dije que lo volvería a llamar. Que te parece amigo, ¿lo llamaré? No me apetece mucho, era atractivo, pero otro más…

Basta por hoy, ya te conté lo último que me sucedió.

De David te lo debo, en otra oportunidad te hablaré de él.

Un abrazo.

Si quieren comentar algo a mi correo.

Autor: OMAR

omarkiwi@yahoo.com

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La caliente directora

La dire se me abalanzó nuevamente encima y bajándome pantalones y calzoncillos, comenzó a besarme las bolas y a chuparme la pija nuevamente. Con algo de dificultad, se me volvió a parar y al rato era otra vez un hierro al rojo vivo. Esta tercera vez, aunque algo más debilitado, volví a eyacularle, en la boca, en la cara, en el cuello y en los pechos, mientras me masturbaba sobre ella.

Era yo un alumno de la escuela privada más importante de la zona en las afueras de Miami, donde vivía con mi familia por entonces. Yo era tímido y un tanto introvertido y trataba de pasar lo más desapercibido posible, lo mismo el grupo de amigos al que pertenecía. Eso motivó que los “ganadores” del colegio, es decir, los que practicaban fútbol, baseball y básquet, y los que tenían a “todas” a sus pies, nos tomaran de “punto”, como se dice.

Recuerdo que el director del establecimiento tenía una esposa realmente hermosa, buena figura, buenas piernas, buenos pechos y buenas curvas, todo muy proporcional. Todo el mundo hablaba de ella y se decían muchas cosas sin demasiado fundamento, una de ellas, que se había acostado con varios de los integrantes del equipo de fútbol y que le gustaban los alumnos. Nada de eso se podía comprobar. Nosotros con mis amigos siempre hablábamos de ella y hasta fantaseábamos.

Yo nunca creí lo que se decía hasta que un día, en el último año de mi preparatoria, lo comprobé en persona.

Se desarrollaba en el colegio el baile anual del Día de la Independencia y los salones estaban colmados de gente, alumnos, padres, profesores y autoridades. Ahí estaba yo con mis amigos, sin poder conseguir una sola chica que quisiera bailar, bebiendo gaseosas y paseándonos de aquí para allá. Yo era delgado, de pelo castaño y vestía de traje. Ahí estábamos con mis compañeros cuando, de repente, una chica se me acerca y me dice que el director me llamaba.

“¿El director?” pregunté y cuando me dijo que así era, me acerqué hasta él, que en esos momentos se hallaba rodeado de profesores, padres y autoridades “García”, me dijo el director al verme, “Tome; estas son las llaves de mi auto. Mi esposa no se siente nada bien y desea regresar a casa. Usted ya tiene registro así que llévela, por favor”. Acepté sin chistar, aunque un tanto incómodo y después de tomar las llaves, me abrí camino por entre la gente hasta la salida. Mis amigos no lo podían creer y me hacían bromas al respecto, pero no les di importancia y de ese modo, salí a los jardines, donde el auto se hallaba estacionado.

Era un gran Mercedes Benz descapotable verde oscuro y allí se hallaba la esposa del dire, con la cabeza apoyada sobre el respaldo y los ojos cerrados. Al verla, me puse tremendamente nervioso ya que estaba más espectacular que nunca, con un vestido negro muy corto que dejaba a la vista sus increíblemente bien formadas piernas. Subí al auto, ella me saludó sin mirarme, lo puse en marcha y sacándolo del estacionamiento, me dirigí a la calle, muy lentamente.

“Toma la autopista que conduce al bosque, que es más corto” me dijo ella y sin decir nada, obedecí.

No podía dejar de mirar sus piernas y su pronunciado escote, aunque lo hacía lo más disimuladamente posible. Total, como ella tenía los ojos cerrados, no se daba cuenta. O al menos, eso creía.

Íbamos por la carretera cuando de repente, comencé a notar que “la dire” se empezaba a subir lentamente el vestido. Comencé a transpirar mientras el corazón me latía como loco. Ella entonces abrió los ojos y me miró a la cara “¿estás nervioso por algo?”, me preguntó. “No señora. Para nada” le respondí, pero era evidente que mentía. Entonces ella se me acercó y me empezó a toquetear el pene, mientras me miraba sonriendo maliciosamente. Yo casi pierdo el control del auto.

“¿Que estás haciendo? Nos vamos a estrellar”, dijo. Yo empecé a tartamudear. “Señora…yo…”. “Tranquilo” respondió ella mientras me bajaba el cierre y metía la mano dentro de mi bragueta “baja un poco la velocidad”.

Obedecí como un autómata mientras ella extraía mi pene y me empezaba a masturbar. Yo intenté apartar su mano pero ella no me dejó. “Tomá ese desvío” me indicó mientras besaba mi cuello. Yo no podía creer lo que me estaba pasando. Tomé el camino indicado y mientras ella me seguía acariciado la pija, en esos momentos dura como un hierro, me dijo que me introdujera en el bosque que se extendía a un costado, a lo largo de la ruta. Así lo hice. Era plena noche y nada se movía en los alrededores.

La “dire” entonces, inclinó su cabeza y me empezó a chupar la pija. Nunca antes había tenido relaciones y aquello era algo increíble. Ella chupaba y chupaba y yo gemía como un descosido, mientras veía las estrellas.

Así estuvimos un buen rato hasta que no aguanté más y eyaculé, litros y litros de leche, todos dentro de su boca. Mientras lo hacía, escuché que ella también gemía de placer y que al hacerlo, se frotaba el clítoris con desesperación.

Creí que iba a perder el conocimiento. No se como arranqué y retomé el camino hasta su casa. Con ella junto a mí, siempre besándome y acariciándome todo.

En los 15 minutos que tardamos en llegar, se me volvió a parar el pedazo con más fuerza que nunca.

La suya era una gran mansión así que, a gran velocidad, ya fuera de mí, cruzamos sus jardines y nos detuvimos frente a la gran puerta.

Se puso en cuatro patas, desde atrás se la metí mientras ella gemía y aullaba de placer, gritaba como una descosida, yo seguía metiéndola y sacándola, sintiendo toda la humedad de su flujo Ella se bajó corriendo y yo la seguí. La alcancé mientras abría con su llave, apretujándole mientras le subía el vestido y le bajaba la bombacha. Se la saqué en el momento que entrábamos y fuimos a dar casi a los tumbos, sobre un gran sofá.

Mirando al mismo se puso en cuatro patas, ya sin su vestido y yo, desde atrás se la metí con fuerza mientras ella gemía y aullaba de placer. Así estuvimos un buen rato, bombeando desesperadamente hasta que ella me pidió que parara un momento.

Cuando se la saqué, roja como un tomate, se sentó sobre el sofá y se abrió de piernas, mostrándome su concha húmeda y roja. No lo pude evitar e instintivamente, hundí mi cara en ella y le metí la lengua hasta lo más profundo mientras ella pedía más y más.

Cinco minutos duró esa increíble chupada de concha hasta que, ya no aguantando más, le volví a meter la pija, esta vez por adelante, bombeando otra vez con desesperación mientras le lamía con fuerza los pezones.

Ella gritaba como una “descosida” mientras yo seguía “metiéndola y sacándola” como un pistón, sintiendo toda la humedad de su flujo, hasta que, como en el auto, volví a eyacular litros de esperma, tanta, que comenzó a chorrearle por la vagina y manchar la alfombra y los pisos sobre los que se hallaba el sofá.

Quedé exhausto sobre ella, sin moverme por un buen rato.

Me vestí y ya me iba cuando la “dire” se me abalanzó nuevamente encima y bajándome pantalones y calzoncillos, comenzó a besarme las bolas y a chuparme la pija nuevamente. Con algo de dificultad, se me volvió a parar y al rato era otra vez un hierro al rojo vivo. Esta tercera vez, aunque algo más debilitado, volví a eyacularle, en la boca, en la cara, en el cuello y en los pechos, mientras me masturbaba sobre ella.

Me fui presurosamente, abandonando esa casa de lujuria y a gran velocidad, regresé al colegio, no sin antes acomodar mi ropa lo mejor posible.

“¿Todo bien, García?”, me preguntó el director cuando le entregué las llaves. “Demasiado bien, señor” le respondí y me fui en busca, no de una gaseosa sino de una cerveza, porque necesitaba un buen trago.

Mis amigos jamás me creyeron hasta que unos días después, estando reunidos en mi casa, la directora me llamó por teléfono…pero esa es otra historia.

Autor: Pascual G. E.

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Colegio

Le digo a Alex que me termine bien adentro donde se sienta todo ese semen. Fui complacido, era el turno de Alex de ser follado. Era un culo parecido al de una mujer por lo que disfruté mucho, no me costó trabajo penetrarlo, mientras Jorge se la mamaba una y otra vez, incluyendo las bolas. Duré unos cinco minutos de darle bien fuerte por el trasero hasta que terminé y él lo sintió.

Bueno amigos ahora les voy a relatar lo que he hecho en el último año que pasé en el cole junto a Jorge.

Él y yo ya lo habíamos hecho una vez en su casa, experiencia que les conté en el otro relato.

Bueno él me mensajeaba y me decía que me tenía una sorpresa y que cuando yo me fui no se pudo resistir y se hizo unas cuantas pajas y su leche no se terminaba; la verdad me excitaba mucho que un hombre me desee.

De ahí se me hacía raro hablar de eso, no podía creer que era realidad.

Cuando nadie nos veía en el cole aprovechábamos la oportunidad para poder manosearnos, él me mandaba cartitas de amor por el cel diciendo todo lo que quería hacerme…

Eso me excitaba tanto que mi pene se erectaba en media clase y nos las ingeniábamos para pedir permiso al profe para salir al baño, él primero y yo luego, cosa que nos encontráramos allá.

El tiempo era limitado así que nos metíamos al baño, nos besábamos con lengua y nos cogíamos las nalgas, yo por debajo del pantalón y luego con un poco de saliva era muy excitante, regresábamos sudando a la clase.

Para suerte nuestra el profe empieza a revisar un trabajo y todo el curso hace cola. Yo me pongo delante de Jorge y le pongo mi culo sin que nadie lo note, ya que había montonera, sentía su miembro recorriendo mi raya de abajo para arriba y yo apretaba mi culo.

Fue muy rico. Esa tarde nos quedamos después del cole ya que en su casa no estaba solo, y para poder estar juntos nos escondimos en la sala audiovisual del colegio.

Cuando no había nadie empezamos a coger, primero con ropa, luego él me bajó los pantalones y me serruchaba en mi bóxer, finalmente me lo quita y me la mete, tan rico que yo gozaba cada instante.

Yo estaba parado contra un escritorio que había y él me cogía bien rico.

Para nuestra sorpresa entra un chico rubio, lo había visto antes pero no lo conocía y se queda asombrado. Jorge lo ve y lo saluda, y me lo presenta.

Resulta que es su amigo con derecho de hace unos meses. No me puse celoso, más bien me excité por lo que imaginaba que haríamos. Jorge le dice que se saque la ropa, y la verdad tenía un trasero redondito con el pantalón del colegio, y su cuerpo ni hablar.

Estábamos los tres ya desnudos y el rubio llamado Alex, pregunta “¿como empezamos?”, a lo que yo le respondo “cogeme a mi primero que me quedé con las ganas de lechecita en mi culo”

Vaya sorpresa que me dio Jorge. Alex era otra sensación al follar, era como si me transformara en su mujer y me hacía el amor tierna y suavemente, mientras tanto Jorge se tiende en 4 en el escritorio y mientras yo soy follado, yo lamo su culito entero.

Él goza igual que Alex. Entonces Alex dice “ya no resisto más voy a terminarte” y le digo que me termine bien adentro donde se sienta todo ese semen.

Fui complacido, era el turno de Alex de ser follado. Era un culo parecido al de una mujer por lo que disfruté mucho.

No me costó trabajo penetrarlo, mientras Jorge se la mamaba una y otra vez, incluyendo las bolas. Duré unos cinco minutos de darle bien fuerte por el trasero hasta que terminé y él lo sintió.

El turno ahora era de Jorge para ser follado, mientras mi pene se restablecía y Alex lo follaba como a una puta…

Yo lo besaba y mordía los labios de Alex, eran dulces, un beso destrampé de varios minutos. Entonces con mi verga restablecida y con Alex a punto de acabar…nos pajeamos y le terminamos en la boca a Jorge, a lo que él responde gustoso “¿te gustó la sorpresa mi vida…?” y yo le digo que sí.

Terminamos con un beso húmedo entre los tres. Gran experiencia, desde ese día los invito a mi casa de vez en cuando y lo hacemos de mil manera diferentes y con el uniforme del cole lo cual me excita mucho.

Espero que lo hayan disfrutado tanto como yo…

En otra les relataré como cogí con un chico en la piscina de mi barrio, la vez en que hicimos orgía con 5 amigos más Alex y Jorge, y la vez que dormí junto a Alex sin que Jorge lo supiera, la noche de graduación de la U: donde me comporté como un regalado y las copas hicieron que tres hombres me follaran, y la vez que lo hice con mi amiga Joselyn y su amigo, en un trío bisexual.

Saludos…

Autor: Grind Grind

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La soledad no es buena consejera

Ana se metió bajo las piernas y la lamió los labios vaginales a la vez que le daba pequeños mordiscos pero en un momento dado sintió como Alicia la penetraba por detrás y con los dedos ayudaba a Ana a que Marta tuviera un orgasmo. Las tres se pusieron a besarse, acariciarse y a tocarse. Estaban las tres entrelazadas bajo las sábanas y tuvieron un orgasmo detrás de otro hasta el agotamiento.

Ana y Alicia eran amigas del pueblo de toda la vida. Se conocían de pequeñas, habían estudiado juntas en la antigua EGB, en BUP, COU y ahora llevaban las dos tres años en la Universidad. Por circunstancias, a Ana sus padres habían considerado que era mejor que estudiara en otra ciudad para así que fuera ganando responsabilidad. Alicia les había propuesto entonces a los suyos lo mismo. Sus padres que no tenían problemas económicos habían accedido.

Era junio, habían estado en la Universidad viendo las notas de fin de curso, las dos habían aprobado todas, eran dos buenas estudiantes. Las dos en su ciudad de origen tenían novio. Su heterosexualidad siempre la habían tenido muy clara. Hoy era el día del orgullo y estaban paseando por el centro de la ciudad cuando vieron una manifestación festiva conmemorativa. No había forma de cruzar y se unieron a la manifa. Las dos iban caminando cuando se encontraron con una compañera de la Universidad.

-No pensaba que entendierais- les dijo Marta. -No entendemos pero no había forma de pasar-respondió Alicia.

Las dos se llevaban muy bien con Marta, reconocían que tenía un culo precioso pero nunca habían imaginado que fuera lesbiana o como mínimo bisexual. Acabó la manifestación y su amiga las invitó a tomar algo en algún bar de ambiente. Alguna chica les tiró los tejos pero ellas riéndose, la bebida había hecho algo de efecto, lo rechazaron.

Al día siguiente por la tarde cogerían el autobús de vuelta a su ciudad y dentro de tres días un avión a las islas para pasar una semana de vacaciones. Llegaron a casa y se fueron a dormir. Por la mañana sonó el despertador a las siete de la mañana.

-Alicia me voy a duchar—dijo Ana.

Ana fue a ducharse mientras Alicia recogía las habitaciones y hacía las camas. Tenía ganas de ir al baño pero estaba su amiga duchándose. No tenían secretos la una para la otra así que entró sin avisar y se la encontró masturbándose con la mano bajo el chorro de agua caliente y tenía un ¡vibrador! En la bañera. Siempre había creído que su amiga era un poco más estrecha que ella pero por lo que parecía no era así. Ella riendo y para meterla prisa la dijo:

-Si quieres te ayudo pero date prisa que me meo—la vaciló Alicia riéndose. -Si quieres me puedes ayudar jabonándome—respondió Ana con la mirada perdida por el placer.

Alicia se metió en la ducha y cogió gel, la fue enjabonando inocentemente la espalda pero Ana con cada paso del gel se pegaba a ella para rozarse contra ella. Se notaba que estaba muy excitada. Ana se giró y se miraron a los ojos y lo que pasó nunca lo hubieran soñado. Se besaron en la boca, un suave y delicado beso primero, casi fraternal pero luego sus lenguas empezaron la más ardiente danza, una danza que las llevaba a acariciarse por todo el cuerpo, a lamerse y sobar sus cuerpos. Todo bajo la ducha caliente. Alicia más experimentada con los juguetitos cogió el vibrador y poniéndolo en marcha lo rozó contra el clítoris de su amiga que empezó a convulsionarse por el placer. Con la otra mano la sujetaba de los pechos, le rozaba los pezones e inesperadamente el vibrador penetró en el coño de Ana.

Por la posición en que se lo había metido en cada acometida rozaba la pared anterior de su vagina con lo que llegar a su punto G no fue una tarea muy difícil. Así que consiguió que su amiga estallase en un orgasmo muy rápidamente. Se aclararon, salieron y se secaron y se volvieron a besar. Esta vez más tranquilamente pero las dos tenían claro que lo que había pasado querían repetirlo muchas más veces. Alicia le propuso a Ana llamar a Marta y que esa mañana tuvieran un trio las tres. Marta no vivía lejos, así que cuando recibió la llamada se vistió rápido y fue corriendo, no se fueran a arrepentir.

Cuando entró las dos amigas estaban vestidas. Se han arrepentido pensó. Pero antes de nada la hicieron sentar y la explicaron.

-Antes de que empecemos te diremos que no hemos cambiado lo que pensábamos sobre nuestra sexualidad pero ayer la juerga contigo, el vacileo, el tonteo ha degenerado en que esta mañana nos hayamos enrollado en la ducha y nos ha gustado. Lo hemos pensado y vemos que el sexo con mujeres nos gusta pero solo será eso. -Vale, de todas formas yo soy bisexual, no soy lesbiana aunque he tenido novia.

Tras eso Ana se levantó y besó a Marta en el cuello. Alicia hizo lo mismo y la besó en la boca, sus labios jugaban, se entrecruzaban y sus lenguas jugaban a un juego muy ardiente. Ahora Ana y Alicia hacían lo mismo teniendo a Marta en medio. Marta levantó la falda de Alicia y le sacó el vestido por la cabeza para luego bajarle el tanga, el culo de Alicia no era pequeño pero estaba muy bien proporcionando y duro.

Ana quitó por su parte la camisa a Marta y la soltó los pantalones. Marta se los acabó de quitar. El tanga de Marta desapareció a la misma velocidad por las hábiles manos de Alicia. Ahora entre Marta y Alicia cogieron a Ana y la llevaron a la cama tras desnudarla. Las tres chicas completamente desnudas en la cama. Ana tumbada boca arriba con las piernas abiertas ofreciendo su depilado coñito a Marta que a 4 patas procuraba comérselo y llevarla al cielo del placer. Alicia se puso tras Marta deseaba poseer ese culo.

Cuando fue comenzó a lamer el culo, al acariciar el coño se encontró con un hilo que salía del mismo. Era un hilo del que estaban unidas unas bolas chinas. A la vez que su lengua se movía en círculos y punteaba cada pliegue del estrellado agujerito con el dedo fue sacando cada bola muy lentamente, poco a poco hasta que no quedó ninguna. Luego con dos dedos la penetró con suavidad y luego con más firmeza.

La estaba follando con los dedos a la vez que con el vibrador de Ana al que había colocado un preservativo la penetraba analmente. En cada acometida frotaba ligeramente el clítoris. Ahora Marta les dijo poneros juntas. Las puso que formaran un excitante 69. Ella se levantó a su bolso y sacó el arnés que había llevado consigo y se lo colocó. El arnés tenía una función vibradora y un pequeño pene que rozaba su clítoris. Se arrodilló y penetró por el coño a Alicia, esta no tenía el coño rasurado sino que tenía una fina tira de vello y unos pechos medianos rematados con dos pezones rosáceos. La fue follando a la vez que Ana la lamía el clítoris.

En la mesita vió unas bolas anales que por lo que le dijeron eran de Alicia y mientras la follaba se las iba sacando y metiendo con delicadeza, cosa que ponía a cien mil a la chica. Alicia empezó a temblar. Se estaba corriendo, un pequeño chorrito de fluido caía de su coño y Ana lo recogía con su lengua.

Ahora cambió de posición y penetró a Ana pero como modo de lubricar el arnés antes de follarla por detrás. Tenía ganas de desflorarla analmente y lo hizo. Se la metió de un solo golpe. La chica se quejó pero con los lametones y las caricias en el coño de Alicia los quejidos se convirtieron en gemidos y casi en aullidos de placer.

La estaba follando a su amiga y veía como sus pequeños pechos rematados en dos pequeños pezones marrón oscuros estaban casi en punta por la dureza de los pezones. La chica se puso literalmente a aullar. Estaba teniendo un orgasmo tan grande que se medio desmayó atrapando con sus muslos la cabeza de Alicia. Marta le pudo sacar a duras penas el arnés del culo y se puso a gatas en la cama.

Ana se metió bajo sus piernas y la lamió los labios vaginales como queriéndoselos secar a la vez que le daba pequeños mordiscos pero en un momento dado sintió como Alicia la penetraba por detrás y con los dedos ayudaba a Ana a que Marta tuviera un orgasmo. Las tres se pusieron a besarse, acariciarse y a tocarse. Estaban las tres entrelazadas bajo las sábanas y tuvieron un orgasmo detrás de otro hasta que el agotamiento las hizo caer en los brazos de Morfeo. Solo el móvil de Alicia les hizo despertar para darse cuenta que solo tenían una hora para llegar a la estación a coger el autobús.

El curso había terminado de la mejor forma posible. Este es un relato imaginario pero si queréis podéis dejarme vuestro comentario.

Autor: Picante100

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