Un viejo amor, Clara y Teresa

No hicieron falta palabras, toda la pasión, el grande y viejo amor estaban allí entre nosotras. Sonreímos, nos acariciamos, no hubo palabras, hicimos el amor entre suspiros, gemidos y gritos ahogados por besos y lenguas húmedas y traviesas.

Después de Marta, entendí que yo necesitaba otra cosa. Hacía mucho tiempo que no tenía una relación más seria, es cierto que tengo amigos y amigas para conversar, discutir temas de la vida, pasear, viajar. Pero al llegar a casa nadie me espera, y si un día no llego a nadie le importa. Cursi, pero cierto, y a veces siento necesidad de contar con alguien al final de la jornada.

Pensando en todo esto, recordé a mi última relación seria, Tere, una mujer increíble, inteligente, dulce, arrolladora, linda. Mi Tere, tenía unos 10 años más que yo, habíamos tenido un romance hermoso algo así como 12 años atrás. Una relación muy fuerte, ella es una mujer poderosa, que siempre tomaba la iniciativa, a quien le gustaba tener controladas las situaciones.

Nos dejamos por un tema de distancias geográficas, ella dejaba el país por trabajo y yo no podía acompañarla y dejar todas mis cosas aquí. Nos mantuvimos en contacto por un tiempo, incluso nos hicimos algunas escapadas porque nos extrañábamos mucho, pero con el tiempo la distancia nos superó. Decidí buscarla y saber que era de ella. Me costó poco trabajo encontrarla porque seguía trabajando para la misma empresa, y ahora estaba en Buenos Aires. La llamé, hablamos mucho y con mucha naturalidad. Ella estaba sola, y se alegró al saber que yo también. La comunicación entre nosotras siempre fue muy buena, muy abierta y directa. Así fue como el siguiente fin de semana me tomé un buque para ir al encuentro de un viejo amor.

Llegué temprano en la mañana, ella me esperaba en el puerto. Nos fuimos directo a su casa a dejar las cosas y luego salimos a pasear. Caminamos toda la mañana, conversamos, nos reímos mucho. Ella estaba casi igual a como la recordaba, cabello rubio corto, alta y delgada, pero con caderas bien redondeadas, sus senos eran grandes (yo tenía el recuerdo de unos hermosos pezones puntiagudos). No nos olvidemos que se trata de una mujer de 60 años, pero muy coqueta y elegante. Siempre me había impresionado su porte, su manera firme y confiada de caminar.

Almorzamos en un lugar muy elegante, y llegando el momento del cafecito, me miró a los ojos intensamente y me dijo cuanto le alegraba verme. Tomó mi mano y la besó con dulzura. Estábamos cerca de su casa, de manera que caminamos de regreso, hablamos de nuestras vidas y le conté por qué había decidido buscarla. Sonrió, me miró a los ojos y nos besamos en plena calle. Llegamos a su casa, y me fui a descansar al dormitorio asignado. Íntimamente rogué que no me pidiera otra cosa, pues estaba muy cansada y me sentía totalmente vulnerable. Afortunadamente, adivinando mis pensamientos, me dijo que ella también tomaría una siesta, para poder salir en la noche y presentarme a unos amigos.

A la noche nos preparamos para salir, aunque hubiera preferido quedarnos solas en su casa. Sus amigos resultaron personas muy agradables, pasamos una linda velada. Cuando volvíamos en el taxi, nos tomamos de la mano y así hicimos todo el viaje. En el ascensor, nos besamos una vez más, y me susurró que me deseaba. Su cuerpo estaba recostado sobre el mío sus manos en mi rostro, su aliento caliente en mi cuello. Nos abrazamos y sentí que no podría luchar contra aquel alud de sentimientos. Entramos, nos sentamos frente al ventanal, con las luces apagadas, apenas la timidez de unas velas iluminaba la estancia.

Yo sentía miedo, de lo que fuera a pasar, dos mujeres grandes con cuerpos no tan atractivos, tratando de revivir viejas épocas, ¿qué podía salir de todo aquello? Pero no podía articular palabras, mis ojos se llenaron de lágrimas mientras a aquella mujer me besaba y abría mi blusa. Sus manos eran demandantes como años atrás. Desnudó mi pecho, tomó mis senos en sus manos y los besó con devoción. Me besaba, y ahora iba por mi sexo. Su mano me arrancó la ropa íntima, sus dedos se metieron en mi vagina con gran agilidad y firmeza. Entre lágrimas y besos tuve mi primer orgasmo del fin de semana.

Nos besamos mucho, su mano se apretaba contra mi sexo, yo me abracé a su cuerpo, y de a poco le quité la blusa. De pronto nos despegamos para mirarnos, fue una pausa increíble, no hicieron falta palabras, toda la pasión, el grande y viejo amor estaban allí entre nosotras. Sonreímos, nos acariciamos, no hubo palabras, hicimos el amor entre suspiros, gemidos y gritos ahogados por besos y lenguas húmedas y traviesas. Nos dormimos sobre la alfombra, hechas un nudo apretado. En la mañana, una sensación de paz me invadió. Me sentía liviana como una pluma, no me importaba nada, nada más que estar allí con aquella increíble mujer. Una mujer apasionada como pocas había conocido.

Demoró un rato en despertarse, así que tuve tiempo para imaginarnos juntas en alguna parte del mundo, no importaba donde, pero juntas en la vida, en la misma cama, muy unidas. Mi mente iba demasiado rápido, lo sé, pero no lo puedo evitar así soy yo. Se despertó y se sintió inquieta por su desnudez:

Clara – ¡Ay Tere, ni te molestes en cubrirte, llevo un buen rato observando tu cuerpo, y el mío, no creas! Es claro que eres una mujer hermosa, con un cuerpo de 60, y yo una linda mujer con un cuerpo de 50. Tú me encantas, adoro mirarte, tocarte y todo. Espero que te haya pasado lo mismo. Teresa – (que me miraba sonriente), si alguien me hubiera dicho hace una semana que esto pasaría, lo hubiera tildado de loco soñador. He pasado la noche más notable de los últimos años. No recordaba que éramos tan compatibles. Clara – quiero más, ahora, anda dame un beso.

Me acosté sobre ella, presioné sus senos y comencé a succionar.  Cuando acaricié su sexo, ya estaba muy mojado. Sonreí, gozosa, sentía que le estaba dando placer a una hembra maravillosa. Sus ojos pedían más y más, su lengua estaba ávida de mi piel.  De pronto giramos y ella estaba sobre mí, frotando su sexo duramente contra mi pierna, mientras apretaba mis tetas duras y enrojecidas. Gritó de placer y se derramó sobre pierna. Me miró con lujuria y se inclinó para besar mi sexo, hasta hacerme correr en su cara. Jadeantes, húmedas nos quedamos abrazadas sobre la alfombra donde pasamos la noche.

En algún momento de la mañana sonó el timbre, pero no atendió, nos levantamos en silencio y nos metimos en su cama, muy pegaditas. Luego de otro rato de mimos y caricias, decidí tomar una ducha. Ella preparó café y unas frutas para desayunar/almorzar. Cuando salí del baño el banquete estaba servido sobre la cama. Comimos, nos besamos, conversamos mucho, mucho, tanto que casi se nos hicieron las seis de la tarde y seguíamos en la cama. El timbre volvió a sonar, y esta vez fue a abrir. A pesar de ser domingo, se trataba de un asunto de trabajo que debía resolver, de manera que me quedé sola en el dormitorio, y como demoró un rato, me quedé dormida.

Al otro día cuando me desperté ya se había ido a trabajar, pero un rato después me llamó para disculparse. Yo estaba tan feliz que era imposible que me enojara, así que simplemente me dediqué a esperar su vuelta en la tarde. Ordené un poco el dormitorio, cociné algo para la noche, y me relajé en la bañera. Tanto así, que cuando llegó yo dormitaba en el agua tibia y perfumada. Me desperté al sentir su beso, y su mano que trataba de masturbarme. Ayyyyyy, por favor, que riquísimas sensaciones me provocaba Teresa. Me corrí en la bañera, con su mano en mi sexo, y su lengua en mi boca. ¡Qué placer tan indescriptible! Luego de un rato, pude incorporarme y me dejé abrazar por su cuerpo perfumado, fuimos a la cama. Me recosté y me pidió que cerrara los ojos. Todo mi cuerpo temblaba de tanta excitación, de pronto sentí sus manos separando mis piernas, y luego sus dedos hurgando mi vagina. De inmediato su lengua me lubricaba y sentí algo metiéndose dentro de mí. ¡Que ricooo!

-¿Qué es eso?, le pregunté. -Solo disfruta y mantén los ojos cerrados, amor.

Aquello comenzó a girar dentro de mí, pude reconocer las bolitas entrando y girando en mi interior. Me corrí otra vez, gritando con fuerza. Increíble, simplemente increíble.  Nunca pensé que buscar a Teresa después de tanto tiempo me diera tantas satisfacciones. Pasamos un fin de semana increíble, hablamos de todo, cosas que no había hablado con nadie y en la cama fue sensacional.

Queda para una próxima oportunidad, el resto de mi historia, con Teresa.

Autora: Amandaz

z.amanda@lycos.com

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