Me convertí en una mujer alocada y libre

Empezó a chuparme delicadamente mi clítoris, abrí mis piernas para que su lengua penetrara más fácilmente, él siguió lamiendo, pero al mismo tiempo subiendo las manos por debajo de mi blusa, desabrochó el brassier y comenzó a masajear mis senos, yo ya estaba de a mil, se me olvidó mi marido, mis hijos, mis penas, mis inhibiciones, todo, sólo quería una cosa, tener dentro su pene.

Hola amigos esta es mi historia, es verídica, pero pueden creerla o no, sólo cambio los nombres para darme un poco de tranquilidad, porque mi esposo, algunas veces lee las historias y el es un cornudo, pero no se ha dado cuenta y no quiero que se dé cuenta porque así vivo muy feliz, en mi casa, con mis hijos, mi vida real y también mi vida secreta, siendo libre y feliz, sin dañar a nadie y sin que nadie salga lastimado.

Soy una mujer de 43 años, mido 1.63 cms. más tacones, tengo buen cuerpo, un poco llenita, la gente me dice que soy guapa y si lo creo porque cuando voy por la calle, siempre me voltean a ver, tengo tres hijos. Yo creía que era una mujer tímida, pero me di cuenta que no, después lo entenderán si siguen leyendo. Sufro de depresiones desde hace 10 años y desde hace nueve voy con Adolfo, un doctor que me veía, ayudaba y supervisaba para salir de las mismas depresiones, soy católica y creía que mis convicciones de monógama estaban firmemente arraigadas. Sí volteaba a ver a los hombres guapos, pero hasta ahí, no me hacía fantasías en la mente ni mucho menos trataba de hacerlas realidad.

A raíz de estas depresiones tomo algunos medicamentos que hacían que algunas veces cambiara mi estado de ánimo, por lo que algunos días estoy muy contenta, pero también me ponen algo, como les explicaré, algo caliente, pero me daba pena decirle a mi marido, que me compensara y si era mucha la urgencia pues me masturbaba con la mano o con algunos de los juguetes que me ha regalado mi esposo aunque algunas veces sólo eran ayudas, pero no quedaba contenta. Bueno pues, entremos de lleno a mi historia, esto pasó hace unos seis meses, estaba yendo a la terapia porque había pasado una crisis muy fuerte de depresión y esto nos había separado un poco a mi esposo y a mí, al aumentar los medicamentos pues también aumentaron mis calenturas y tenía que masturbarme a diario y algunos días más de una vez, aparte de tener relaciones con mi esposo más frecuentemente.

Mi marido era el hombre más feliz del mundo, creo, porque me decía que qué me pasaba y qué bueno que yo por primera vez tomaba la iniciativa para tener relaciones sexuales, intentábamos posturas diferentes que yo no había querido probar, ya no era virgen por ningún lado porque mi esposo ya se había encargado de estrenarme. Quiero mencionar que aunque él cree que sólo había tenido relaciones con él, con mis novios anteriores a mi marido había tenido sexo oral, y generalmente yo era la que les mamaba el pene en los coches porque me daba pena ir a un hotel y mucho más en algún otro lugar por lo que buscábamos calles sin mucha iluminación o sin mucho tránsito y me bajaba a chupar, lo único que en esa época nunca me gustó fue tener que tragarme su semen, casi siempre lo escupía en un kleenex (pañuelo desechable).

Pero ya volví a desviarme de la historia original; un día me tocó ir con Adolfo, mi doctor, a la consulta habitual, y yo había amanecido muy caliente, mi esposo, como de costumbre no me hizo caso de quedarse a apagarla porque según él tenía una cita importante en su oficina y aunque me masturbé no pude llegar plenamente (soy multi-orgásmica), bueno pues el caso es que tenía mi cita a las cuatro de la tarde en el Pedregal y como vivo en la zona de Polanco, el tráfico de esta “maravillosa” ciudad, me obliga a salir de mi casa con una hora de antelación, lo que pasó fue que ese día llegué con 20 minutos de anticipación y curiosamente para Adolfo no era su primera cita sino la última antes de comer y como no llegó la cita anterior quería salir a comer temprano porque su siguiente paciente era hasta las siete de la tarde.

Hasta aquí todo era normal como siempre, pasé a su consultorio me senté y comenzó la consulta, el siempre estaba en un sillón sentado enfrente de mí y yo estaba en un sofá con una mesa como de sala entre los dos, le hablé de mis estados de ánimo, de mis peleas con el marido y finalmente le dije que últimamente había tenido un apetito sexual desmedido y que como de mi marido estaba un poco alejada, pues sólo podía desfogarme masturbándome y quería ver cómo podía Adolfo ayudarme en ese aspecto, claro yo me refería a un cambio de medicinas o una disminución de dosis para quitarme esas calenturas, pero él en cambio me dijo: no te preocupes ven conmigo.

Le pregunté que si platicar con él me ayudaría a quitarme las calenturas, pero él me dijo: mira Mónica tú me acabas de decir que has estado muy caliente, que hoy te masturbaste, pero que eso sólo aumentó tu calentura, si pasas de este lado yo te digo como te quitas la calentura, le dije que si estaba loco y él me respondió: tú quieres una solución, yo te la voy a enseñar, pero necesito que te acerques si yo voy hacia ti lo vas a ver como una agresión a ti y mi ética me lo impide, esto es voluntario si tú vienes de este lado de la mesa te enseño como, sino seguimos con la sesión y tan campantes como siempre, le dije que era mejor continuar con la sesión, pero entonces me empecé a fijar que ya no podía sentarse con las piernas cruzadas y que en medio de esas piernas tenía un tremendo paquete que luchaba por salir de la opresión, seguimos platicando y casi al terminar la sesión que generalmente dura entre 30 y 40 minutos, la recepcionista avisó por el intercomunicador, que como ya íbamos a salir y si Adolfo no disponía de otra cosa, se iba a comer y regresaba a las seis treinta de la tarde, Adolfo le preguntó que dónde comería porque lo más probable es que la alcanzara en unos diez minutos.

Seguimos platicando y cinco minutos después me volvió a decir: bueno Mónica nos vemos en quince días, si todavía sigues con esos impulsos háblame al radio localizador, yo estaba francamente caliente y al ver su paquete me decidí y fui junto a él y le dije: mira mejor enséñame como quitarme esta calentura y respondió: voltéate, dame la espalda y cierra tus ojos. Yo me di la vuelta, cerré los ojos y él empezó tocándome la cabeza y deslizando sus manos por el cuello, me dijo relájate, después me pasó la manos por los hombros, los masajeó, continuó con los brazos, siguió en la espalda y después las piernas (me gusta usar falda sin medias), siempre masajeando, esto en lugar de bajar mi temperatura obviamente la había aumentado (cuando sus manos empezaron a subir subió la falda hasta mi cintura, para ese momento yo ya quería que me cogiera, quería agarrar su pene y chuparlo, él dijo tu tranquila, después me quitó el bikini que uso y procedió a masturbarme con su mano.

Me dio la vuelta empezó a chuparme delicadamente todo mi clítoris, yo abrí mis piernas para que su lengua penetrara más fácilmente, él siguió lamiendo, pero al mismo tiempo subiendo las manos por debajo de mi blusa, desabrochó el brassier y comenzó a masajear mis senos, yo ya estaba de a mil, se me olvidó mi marido, mis hijos, mis papás, mis penas, mis inhibiciones, todo, sólo quería una cosa, tener dentro su pene, no pude contenerme más, lo separé de mí, me quité toda la ropa, sólo me quedé con mis zapatos, le abrí su pantalón, saqué su pene que era más grande que el de mi marido, pero sin ser tan grande como el de mis juguetes, tenía buen sabor, me pidió: no lo chupes mucho que estoy muy excitado y te lo quiero meter, siempre me has gustado, y ahí me hizo suya. Después nos cambiamos, pasé a su baño privado a retocar mi maquillaje -no uso mucho- peinarme y arreglarme; me perfumé y limpié y Salí con un sentimiento de satisfacción y no de culpa como yo habría creído antes.

Tuve que esconderme en el vestíbulo del edificio para no toparme con la secretaria de Adolfo. La llegada tarde a mi casa se la achaqué al exceso de tráfico y a las muchas citas antes de mí y por supuesto mi marido me creyó. Regresé a los 15 días a mi cita habitual y la secretaria me preguntó cuánto tiempo más habíamos tardando, creyendo ver cierta envidia y duda en sus ojos, le respondí que 15 ó 20 minutos, después que ella se había marchado, que era lo que acordamos decir Adolfo y yo, preguntándole el porqué y contestó que Adolfo no había comido con ella ese día, pues se quedó a arreglar unos expedientes que tenía atrasados, lo que le pareció muy extraño; pero como yo respondí rápidamente lo que acordamos, ella se quedó muy tranquila.

Entré con Adolfo a esa cita, otra vez iba caliente, pero no tanto como la anterior, él preguntó cómo andas, yo sólo le dije bien, cerré la puerta, me hinqué, le abrí el pantalón, le saqué el pene y se lo mamé, después de que se vino-cosa que no me costó trabajo porque creo él estaba esperando ese día- y de que me tragué todo el semen-que antes alucinaba y ahora me gusta-sólo me levanté la falda-ya me había quitado el bikini en el baño de los consultorios-y le dije: “ahora te toca a ti cumplirme papacito” y él obedientemente me hizo un tremendo favor con su lengua y dedos, cuando terminó, me dijo: “por favor háblame mañana”.

Y desde ese día ya no voy al sur, él viene a verme todos los lunes en la mañana, desayunamos en Santa Fe y luego nos tomamos toda la mañana en un hotel cercano teniendo sexo, sexo y más sexo, lo único malo fue que tuve que cambiar de doctor porque Adolfo ya no podía recetarme, sólo quiere hacer el amor conmigo. Además aún sin tomar medicinas sigo siendo una caliente y no pueden pasar más de tres días sin que necesite un buen bombero que apague, como les diré, bueno apague mi fuego interior.

Además aprendí que casi cualquier hombre es fácilmente manejable y si uno lo busca puedes llevártelos a la cama sin problema, en estos seis meses he tenido relaciones aparte de con Adolfo y mi marido, con más de diez hombres, entre ellos mi cuñado (el esposo de mi hermana), un amigo de mi marido y uno o dos conocidos del club al que asistimos y si no voy de cacería a algún centro comercial o algún restaurante, sin embargo esas historias no las puedo contar por el momento, porque sólo esta me dejó un recuerdo tan vivido y feliz, las demás sólo son apaga fuegos para mi calentura.

Autor: isareynavn

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