Cajón del Maipo. Capítulo 1: camino al auto.

Guardaba los últimos atavíos para el fin de semana. Posterior al almuerzo, me tomó toda la tarde elegir cada prenda, cada accesorio, cada objeto que daría forma a mi ser durante esos días. Sonó mi celular, su voz áspera se anunciaba allá abajo. Le indiqué que no demoraría más de 5 minutos y estaría lista. Rápidamente terminé las mudas, me puse los lentes, arreglé un poco mi breve falda, tomé el bolso, la cartera y me apresuré a salir.

Cerré la puerta y emprendí la caminata hacia el ascensor. Los tacos de mis botas hacían eco en aquel  solitario pasillo, mi cuerpo se contoneaba con su carnal repiquetear. Mis caderas se liberaban candentemente con el rítmico taconeo, mis labios al rojo eran manoseados por mis dientes. Era mi proceso de liberación cada vez que salía del closet. Con un dedo llamé el ascensor, cuidando no dañar la uña larga que lo coronaba. Dejé el bolso en el piso aguardando al elevador.

Mientras miraba a ninguna parte, con la cabeza hacia arriba un ring me alertó de la llegada del ascensor. Las puertas se abrieron, y en su interior apareció uno de los bulliciosos vecinos del piso de arriba, por sus prendas iba al segundo piso, al gimnasio. Como siempre me saludó muy animado, mientras me agachaba a recoger el bolso. Sospecho que miró mis piernas, y quizás dejé entrever algo más que ellas, pues a eso que llamaba falda era muy corta. El bulto tras su short lo dejó en evidencia. Lo saludé de beso, se ofreció a cargar mi bolso, a lo cual amablemente me opuse. No quería que mi hombre se pusiera celoso. Sin embargo, apunté mi cola hacia él, y me agaché a dejar el bolso en el suelo. Las puertas cerraron y presioné el -1, para dirigirme al estacionamiento.Al darme vuelta, de reojo noté que su bulto había recibido mi coqueto mensaje. Lo miré sin sacarme los anteojos y le dije que sus fiestas eran muy agitadas. Mientras sonreía maliciosamente me dijo que estaba invitada cuando quisiera, ya que siempre me había negado a ir.

Llegamos al segundo, miró mi bolso, me besó en la mejilla y me deseo buen viaje. No pude dejar de notar su espalda, sus brazos, su cuerpo entero. Ese hombre sabía quién era, y me deseaba.El beatle café que había puesto debajo de mi chaqueta me hizo sentir un poco de calor, debo reconocer que esos breves minutos con mi vecino en el ascensor me habían agitado un poco.

Sonó la campana indicando el -1, las puertas se abrieron y estaba él, con su sonrisa tan varonil esperándome mientras me envolvía con una rápida mirada, me besó tibiamente, tomó mi bolso y nos dirigimos hacia su auto. Caminamos abrazados, el muy pesado me dio un pequeño agarroncito en la cola. Nuevamente el sonido de mis tacos alertaron mis sentidos, sentía que el diminuto colaless negro –como la faldita- no sería suficiente para contener mis impulsos, que cada vez se tornaban más salvajes.Me abrió la puerta, entré y la cerró. Me crucé de piernas, él echó el bolso en el portaequipajes, entró y mientras encendía el motor otro beso, más cálido esta vez, recorrió mis labios. Suavemente tomé su cara y correspondí su amorosa petición.Salimos del estacionamiento, se aproximaba el atardecer de esa fría tarde de viernes. Estábamos comenzando el camino hacia un fin de semana de descanso, y uno que otro arrumaco.

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Mi sueño fantasía

Ella me sonreía lascivamente, mirándome a los ojos bañados en lágrimas, mientras los dientes de las pinzas se clavaban en la blanda carne de mis pezones, y con el peso de los cilindros me los estiraban hacia abajo causando un dolor intenso. Trataba de chillar, sin poder hacerlo por la bola de goma en mi boca que dilataba al máximo mi mandíbula, y ya había perdido la capacidad de tragar la saliva que se escapaba por la comisura de los labios.

Jamás pensé que me podría a llegar a ocurrir algo semejante, pero sin duda, repetiría todos mis pasos de nuevo, si tuviera la ocasión de regresar atrás en el tiempo.

Buscaba trabajo bastante desesperado, agarrándome a cualquier puesto que me sirviera para salir adelante, pagar mi alquiler y poder seguir estudiando. Esto no me dejaba mucho margen, y siempre acababa dejando los trabajos porque me exigían más horas de dedicación, con lo que mis estudios se quedarían en vía muerta y no lo podía permitir.

Así pues, me presenté a la entrevista de un puesto de trabajo que había leído en un anuncio del periódico que leo diariamente, en el bar donde me tomo cada mañana mi desayuno. Buscaban un joven para impartir clases de euskera, preferentemente con el titulo oficial de EGA, es decir, el dichoso certificado de nivel lingüístico, que en mala hora no se me ocurrió hacer, y ahora no soy capaz de conseguirlo. Pero no perdía nada acudiendo a la entrevista. Me dirigí a la dirección en la Gran Vía, en uno de esos grandes pisos con puertas de madera de roble macizas. Sin duda, debía ser una academia muy importante, aunque me extrañó no ver ninguna placa.

Cuando se abrió la puerta, y me recibió una mujer atractiva, y me hizo pasar al recibidor, me di cuenta que aquel piso era una casa particular. Y la atractiva mujer su dueña.

Vestía un elegante traje-chaqueta negro casi de corte masculino, sin embargo acentuaba más sus suaves curvas. Caminaba con paso decidido, firme y liviano, como si no llegara a tocar el suelo, aunque el taconeo daba muestras de que era tan terrenal como yo. Me hizo pasar a un lujoso despacho, y sentarme en la silla frente a ella mientras me iba contando que ya no pensaba que fuera a llegar nadie más, pues se preparaba para marcharse. No parecía contenta. Tal como dijo no encontraba la persona idónea para el puesto.

Ella viajaba mucho, acababa de instalarse y por motivos profesionales necesitaba cuanto antes adquirir nociones básicas del idioma, por lo tanto quería un profesor a su disposición que pasara el mayor tiempo posible junto a ella, para ayudarla conversando continuamente y en sus horas de estudio. En todo momento que duró su monólogo no dejó de fumar un cigarro fino extra largo, y a mí que no me agrada el humo del tabaco, trataba de que no percibiera mis gestos mohines, apartando la mirada de vez en cuando. Así pude comprobar que ciertamente estaba estudiando con ahínco, pues en la estantería tenía gran volumen de libros para ello.

Yo expresé cual era mi precaria situación, como estaba estudiando y como me encontraba en un momento de necesidad económica. Ella no dejó de mirarme a los ojos en ningún momento, prestando atención a todas mis palabras, y exhalando bocanadas de humo directamente hacia mi rostro. Me sentía cohibido y humillado por la forma en que me trataba, era su casa, no podía increparle aquella actitud enigmáticamente.

Abrió un cajón de donde sacó un grueso contrato con multitud de artículos, que no me detuve a leer por su letra pequeña, y porque todos los contratos de alquiler se parecen unos a otros. Nada más fírmalo lo recogió para meterlo en un sobre que ya tenía preparado para enviarlo, y lo dejó en una bandeja que había sobre la mesa. Después se sentó en el borde de la mesa junto a mí, estaba rozándome la rodilla derecha con su pierna.

-Veo que no has querido mirar el contrato detenidamente, no se si eres muy sensato, – me dijo fríamente, pero me caes muy bien. Me gustas. -Gracias. -Ahora, necesitas prepararte. Traerte tus pocas cosas, y asearte debidamente, en eso soy muy estricta. Así que te voy a mandar a una amiga mía esteticista para que te depile el cuerpo entero. -¿¡Cómo!?- casi grité dando un pequeño salto en la silla.

Me fulminó con la mirada, y con una voz fría y dura me explicó que en su casa se vive bajo sus estrictas normas, y no pensaba dejar entrar a ningún energúmeno que le llenara el baño con sus vellos. Tragué saliva como buenamente pude intentando que no percibiera el miedo que comenzaba a dominarme. Posó una mano sobre mi hombro, para luego acariciarme la mejilla tiernamente, como quien trata de calmar a un niño asustado. Sacó una tarjeta con una dirección apuntada, y me explicó como llegar al centro de belleza de su amiga, y que no dudara en ponerme en sus manos. Que se lo agradecería.

Regresé a la tarde, a la hora convenida que me transmitió su amiga la esteticista, pues le había dejado el recado mi nueva anfitriona. Tan solo llevaba una mochila montañera a cuestas, y el recuerdo reciente de las manos suaves que me arrancaban las tiras de cera. Ella decía que lo hacía lo más indoloro posible, pero no podía creer tal cosa, viendo su sonrisa. Sin embargo, he de reconocer que tras todo el tratamiento, y el masaje con aceite hidratante sentía un placer que no imaginaba posible con una sola caricia sobre la piel desnuda. Me volvió abrir la puerta ella, con una actitud mucho más alegre y me hizo pasar al vestíbulo tomándome del brazo, y acariciándome. Se me erizaba la piel tras la nuca, y por mi cuerpo, no me esperaba este recibimiento, pero estaba encantado. Me dijo que dejara la maleta allí mismo, y me fue dirigiendo por el pasillo enseñándome la casa, los dos salones, la amplia cocina, el enorme baño, y los dormitorios. Me asignó uno de los pequeños, con una mesa-estudio y estanterías vacías que me servirían. Luego me indicó los armarios para mi ropa.

-Ábrelos, me ordenó.

Me acerqué al armario más grande, que tenía un pomo dorado en la puerta corredera, y lo desplacé lentamente hacia la derecha, sin pensar que estaría lleno de ropa. Así parecía estarlo, excepto por una falda que colgaba con su percha en mitad de la barra, unas botas altas que había bajo ella. Seguía sin darle importancia, y me siguió ordenando que abriera los cajones, donde encontré en primer lugar una blusa blanca con puños y cuellos rígidos almidonados junto a un corpiño con cuatro ligas, en segundo lugar había unas medias de rejilla, unos guantes de látex negros muy largos, acompañado de un extraño objeto, que parecía ser un consolador, pero añadido a una braga de cuero fino.

Me giré para observarla con cara estúpida preguntado con mi gesto que significaba aquello, mientras ella sin mostrar ninguna, impávida, fría, encendía un cigarrillo, dando una fuerte calada,

-Desnúdate al vientre.

Su mano era cálida y el tacto de su mano agradable, me serenaba. Incluso comenzaba a sentirme algo excitado, y no pude evitar una pequeña erección que ella apreció. Pasó detrás de mí, y yo seguía sin moverme ni articular palabra, ella pasó su mano por mi espalda, rodeando las nalgas, recorrió en círculo mi muslo derecho subiendo por la ingle hasta mi pubis rasurado. Parecía estar comprobando el trabajo de su amiga esteticista, pero yo estaba cada vez más excitado y erecto.

-Estás perfecto. Me susurró al oído. -Gracias. Dije cohibido sin saber como actuar. -Ahora te voy a preparar.

Iba a preguntar a que se refería cuando sentí un fuerte golpe en mi hombro obligándome a arrodillarme en el suelo y me ordenó callarme, abrir la boca y echar las manos hacia a la espalda. Estupefacto, abrí la boca cuando me metía una pelota de goma a cuyos extremos tenía dos cintas que unió muy fuerte detrás de mi cabeza, amordazándome y casi sin dejarme respirar ni tragar la saliva. Me puso unas esposas con las cadenas muy cortas que no me dejaban separar las manos y me forzaban los brazos y los hombros de manera incómoda. Dolorido, de rodillas y amordazado estaba a su merced. Sentí miedo.

-Te voy a enseñar todo lo que necesitaras saber a partir de ahora. Me susurró inclinándose sobre mi espalda y rozándome con su cabello en mis hombros. Me besó, y apartándose un como me puso un collar de cuero muy ancho en mi cuello que me inmovilizaba, y no podía mover la cabeza a los lados, dejándome totalmente rígida la columna.

Después, se puso ante mí ordenándome ponerme firme y yo pensando que deseaba que me pusiera de pie, elevé una rodilla del suelo para apoyar el pie, y me propinó otra tremenda bofetada en la otra mejilla.

-¡Estúpido! Alzó la voz, sin llegar a gritar.

Entonces comprendí que tan solo deseaba que estuviera erguido continuando de rodillas ante ella, y así hice. En ese momento, ella se inclinó hacia mí, echándome el humo a los ojos muy denso, irritándomelos y provocándome lágrimas a propósito. Mientras hacía esto, me pellizcaba los pezones retorciéndomelos, de modo que sentía más dolor, además de la molestia de estar esposado y amordazado. Quería gritar, pero solo podía mugir como una vaca a la que marcan con un hierro candente. Se apartó de mí, para dirigirse a uno de los armarios de cuyos cajones varios aparatos que fue colocando en la mesa-estudio. Se acercó de nuevo con dos cilindros metálicos en cada mano, en cuyos extremos tenían unas pinzas de cocodrilo.

Ella me sonreía lascivamente, mirándome a los ojos bañados en lágrimas, mientras los dientes de las pinzas se clavaban en la blanda carne de mis pezones, y con el peso de los cilindros me los estiraban hacia abajo causando un dolor intenso. Trataba de chillar, sin poder hacerlo por la bola de goma en mi boca que dilataba al máximo mi mandíbula, y ya había perdido la capacidad de tragar la saliva que se escapaba por la comisura de los labios.

De pronto sentí una fuerte descarga eléctrica que me hizo temblar y con el movimiento de mi cuerpo los pesados cilindros tiraban a los lados de mis pezones que sentía desgarrarse. Aquellos pequeños demonios metálicos me estaban martirizando con electricidad mientras mi sádica anfitriona se reía de mí.

Se dio la vuelta y no pude ver que tomó entre las manos, pues me rodeó despacio colocándose detrás de mí, noté como me acariciaba con la punta de un objeto sobre mis hombros, y en hinchados y amoratados. Entonces ella posó su mano en mi cabeza, acariciándome la cabellera y susurrándome al oído palabras que yo no comprendía porque mi mente estaba cansada y quebrada, tan solo podía entender las órdenes cortas y directas que me dictaba.

-Inclínate hasta el suelo. Me ordenó dándome un pescozón en la nuca.

Con el golpe me di de bruces con el rostro en el suelo. Me sentí aliviado pudiendo apoyar los cilindros de modo que no me torturaran con el peso. Sin embargo, ella se percató y me tiró del pelo, mientras me arreaba más fustazos en las nalgas como castigo por mi treta.
-Ahora te vas a enterar. Me amenazó, casi divertida.

Sentí como se desplazaba un poco a través del pasillo alejándose, y regresaba pausadamente al rato. No me atreví a girar el cuello porque me delataría y podría azotarme más. Noté como comenzó acariciarme las nalgas doloridas, que estaban al rojo vivo, pero era extraño su tacto pues parecía que llevara guantes.

Cogió entre sus dedos mi pene que permanecía medio erecto, y colocó un aro metálico empujándolo hasta la base, presionándome el pene lo estranguló y comenzó a hincharse en una fuerte erección como nunca había tenido. Placentera, pero dolorosa al mismo tiempo continuó acariciándome las nalgas, separándomelas, noté caer sobre mi piel un líquido frío y espeso, que iba aplicando sobre mí, entre las nalgas. Inmediatamente me di cuenta que me iba a lubricar para sodomizarme.

Me aplicó el gel sobre el ano con los dedos masajeándome despacio formando círculos, poco a poco sentía como el líquido penetraba entre las hendiduras lubricando las paredes del ano, y actuando como dilatador del esfínter.

Aquello provocó unas extrañas sensaciones sobre mi cuerpo, que ya empezaba a calmarse de los impactos, y estaba palpitando con un dolor sordo y continuo. De alguna manera, sentir la suavidad de sus caricias en mis nalgas y el masaje en el ano, me excitaba. Pero entonces, cuando estaba relajándome apoyó un objeto duro sobre mi ano, y con una fuerte embestida me lo clavó hasta el fondo, hasta golpearme con sus caderas en las nalgas.

Arquee mi cuerpo tensándolo al máximo, y casi perdí el conocimiento, pero ella me tiró del cabello hacia atrás y me susurró al oído como iba a follarme hasta que se cansara.

Durante un tiempo eterno sentí como iba subiendo el ritmo de las penetraciones, con su enorme consolador con protuberancias, sacándolo por completo y volviendo a introducírmelo sin darle tiempo al esfínter a que se cerrara.

Con cada embestida inundaba mi ano con lubricante, el dolor comenzaba a dejar paso al placer, sin poder controlarme eyaculaba mojándome los muslos.

El humo azul del cigarrillo, entre los finos dedos que los guantes de látex negro, que feminizan con sus uñas puntiagudas detalladas, con mi mano inclinada hacia dentro, mientras sujeto con mi otra mano el codo con el brazo pegado al pecho, sintiendo el tacto del látex frotando la seda de la blusa blanca con mangas de tres cuartos, sube recto rompiéndose en volutas.

Estoy sentado con las piernas cruzadas como buenamente me deja la falda de cuero que me aprisiona los muslos, rozándome las pantorrillas con la suavidad de las medias y el entre chocar de los tacones de mis botas altas con brillo charol y puntas finas.

Apartó con los dedos muy lentamente los cabellos de la peluca negra con corte a lo paje que se me pegan a la comisura de los labios hinchados por las punzadas con agujas a las que me ha sometido para darme más volumen con la barra de labios rojo intenso. Abro la boca para lamer las bragas de cuero, donde un dildo anal con pequeño tubo interno inyecta mi propio esperma en el interior de mi ano.

Ahora soy una puta amaestrada.

Autor: David

davidbazaga@hotmail.com

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Bibiana y sus minifaldas

Me escondí para verla salir de la ducha y me dio un espectáculo al quitarse su minúscula y transparente pijama, se desnudó dejando sus preciosas carnes al descubierto, ella comenzó a masturbarse, se retorcía y parecía gemir, se estrujaba las tetas, se puso en cuatro, sus dedos se alternaban entre el culo y la chocha, era hermoso verlo, se vino y terminó su sesión de placer.

Uno de los mayores placeres que se puedan tener en la vida, es descubrir la intimidad de una mujer hermosa, ser un verdadero voyeur, y adentrarse hasta en los secretos más protegidos. Hola, soy Eduardo (caradura101), y hoy no quiero hablar de mi esposa, Carolina, que ya muchos de ustedes reconocen y sueñan con ella, sino que hoy prefiero hablar de mis placeres solitarios, de mi voyerismo y delo hace que una mujer sea hermosa.

Hace un tiempo estuve un par de meses sin empleo, eso me obligó a permanecer en casa, mientras que Carolina seguía trabajando para sostener el hogar. A veces uno cree que una mujer como Carolina no trabajara, sino que todo el día estuviera tirando cono sin su marido, pero no, ella tiene una vida normal y debe trabajar como todo el mundo.

Bueno, sigo, decía que tuve que permanecer en casa, me levantaba temprano para hacer el desayuno de Carolina, le alistaba la ropa mientras ella se duchaba y después la despedía, y ahí terminaba mi día laboral… como soy abogado, muchos pueden comprender que me gusta mucho leer, así que pasaba buena parte de la mañana leyendo diferentes textos, novelas, cuestiones legales, teatro…etc.

Pero llegaba un momento en que me aburría, encendía el televisor y los que viven en Colombia saben lo que es la TV a las 11 de la mañana, telenovelas baratas donde la mansa paloma resulta serla más puta, pues se la culean tres, queda embarazada de uno de ellos, y ella ni sabe quien es el padre y después de 400 capítulos se supo lo que todo el mundo sabía desde el primer día, que el padre de pepito era el galán que se la comió a la salida del baile de graduación….unos completos petardos.

Pues bien, un día me puse a pasear por nuestro apartamento, me detuve en una ventana, que da al interior del edificio en el que vivimos, y pude conocer a Bibiana, mi protagonista de hoy.

La alcoba de ella daba frente a la ventana en la cual yo estaba ubicado. De pronto vi que ella estaba saliendo del baño, se acababa de duchar, salió completamente desnuda, gotas de agua, como el rocío, caían de su cuerpo. Una mujer alta, con unas tetas grandes, pero bien formadas, paradas, con unos pezones medianos rosados, tenía el vello púbico recortado. Un culo que puede provocar infartos en la calle.

La verdad es que me quedé con la boca abierta de ver que semejante bombón vivía en el mismo edificio que yo… no tuve más remedio que hacerme una paja en su honor.

Fue delicioso, me imaginaba que estaba poseyendo a esa mujer y que ella gemía y gozaba… la conocía desnuda, así que perfectamente podía saber que escondía…. se comenzó a vestir, lo típico, unas tanguitas muy pequeñas, el hilito de atrás se metía por sus rotundos glúteos, se miraba al espejo para ver como le quedaba, pero yo era testigo de que le quedaba de maravilla, un brasier de media copa, que dejaba ver parte de sus hermosas tetas, que las levantaba más de lo que ella naturalmente las tenía.

Así se quedó un buen rato, se sentó arqueando la espalda, lo que hacía que su culo se viera más espectacular y conexo a maquillarse. Ustedes lo podrán decir, no hay nada más hermoso que una mujer bella maquillándose. La tanguita resaltaba ese culazo y yo me comenzaba a venir en mis manos, el semen caía sobre la ventana y la pared… era delicioso.

De pronto sacó el vestido que se iba a poner. Creo que Carolina no usa faldas tan cortas como las de ella, y eso que las de mi esposa son verdaderamente cortas, era una faldita minúscula. No sé que opinen ustedes, pero una flaca debe utilizar de esas falditas ULTRACORTAS, de esas que no esconden nada, pues son las que mejor resaltan las piernas y lo mejor, resaltan el culo.

No entiendo como hay mujeres que no son capaces de utilizar esas faldas, cuando seles ven tan bien, ustedes me entenderán, hay muchos que me escriben e-mails en los que me dicen que sus esposas son un poco reprimidas, que no son capaces de ser atrevidas.

Lo mejor del atrevimiento es no cortarse un pelo en mostrar que lo que uno hace o usa nadie más lo haría. Después se calzó unas botas negras a la rodilla, se veía de fenómeno, no puedo negar que la faldita de Bibiana era muy atrevida, agresiva para ser exactos. Se puso su chaqueta, y se dispuso a salir…. no podía perderme ese espectáculo. Así que me fui corriendo para la portería del edificio, a preguntarle cualquier bobada al portero, para disimular, medio me peiné, y me la encontré en el ascensor…

Estaba hermosísima, era una mujer preciosa… las piernas que no eran demasiado gordas se veían de barbie, mi verga se volvió a parar como homenaje a esa mujer… como me encantaría ver como reaccionaban las demás personas, me imaginaba como se escandalizarían de verla, como murmurarían y ella triunfante dejando de lado la vergüenza y mejor aún mostrando que para una mujer hermosa no hay obstáculo… vaya si uno ve a veces mujeres feas, bien feas, que se atreven a ponerse esas prendas reservadas solamente para las mujeres hermosas.

Ella iba hasta el sótano del edificio, en el garaje, así que yo decidí que iría también…ella salió primero del ascensor, y podía ver como su culo apenas estaba cubierto por la faldita…quién inventó la minifalda, para darle una medalla universal al mérito!

Pues resulta que su auto estaba tenía una llanta pinchada, ella se quedó mirándolo como sin saber que hacer… yo me acerqué y le pregunté, tienes algún problema, ella me dijo que sí… el sonido de su voz era como de ángel, una voz suave, sensual…qué excitación la mía.

Le dije que en donde tenía la herramienta y el repuesto de la llanta… ella me dijo que en el baúl del carro, así que ella se fue para atrás del carro, abrió el baúl y se agachó, la verdad no podía evitar concentrar mi mirada… era preciosa su minifalda… y más precioso aún el bultico que se formaba en su pancito, sus nalgas desnudas….era hermoso ver ese espectáculo.

Ven yo te ayudo… le dije al ver su esfuerzo…. aunque prefería su esfuerzo, que hacía que ella tuviera que agacharse… ;pero ante todo soy un caballero. Ella me agradeció con una sonrisa…. que hermosa sonrisa tenía…

Me agaché para poder zafarla rueda, fui quitando las tuercas, bueno… todo el proceso… y ella a mi lado y yo de vez en cuando miraba sus piernas… la falda terminaba un centímetro más debajo de su culito, por eso era la minifalda perfecta…

Muchos de ustedes pensarán que ella en agradecimiento se quitó la tanguita y me la dio húmeda, y que yo me la tiré en ese mismo momento y que el portero del edificio que nos estaba espiando también se la tiró… así son casi todas las historias, pues no, no me la tiré, simplemente le hice un favor, ella me agradeció estrechando mi mano y se fue.

Al día siguiente yo la volvía espiar… nuevamente una faldita ultracorta, nuevamente yo bajé como quien quiere la cosa al garaje, y  casualmente  me encontré con ella, al ella bajar y al yo subir… le dije bromeando, vamos a ver si otra vez está pinchado tu carro.. la acompañé hasta su carro, en el paseo pude ver que la minifalda de ese día era un poco más corta quela del día anterior, es decir, que dejaba apreciar mejor su culo…. y yo soy de los que piensa que si una mujer tiene un culo lindo no debe ocultarlo. Bueno, no era mucho más corta, pues eso sería exagerar y nadie me lo creería…era unos milímetros más corta…

Estaba hermosísima, me encantaba verla… yo quería verla, quería admirar sus piernas y su culo rotundo. Pues al subirse al carro, a ella se le arremangó la faldita dejando ver que su tanguita apenas ocultaba su triangulito de adelante.

El siguiente día me dije, me atrevería a hablar algo más con ella, a preguntarle cosas de su vida, por ejemplo si estaba o no comprometida, era evidente que no vivía con nadie, pero eso no quería decir que no tuviera un novio con el cual compartir su cama.

Me escondí como siempre para verla salir de la ducha, y efectivamente me dio un espectáculo al quitarse su minúscula y transparente pijama, se desnudó dejando sus preciosas carnes al descubierto, yo me la empezaba a masajear para darme una gran paja, pero ella en lugar de entrar a la ducha, comenzó a masturbarse también, se humedeció sus dedos con la boca (y yo me imaginaba como sería una mamada de ella) y después introdujo dos en su chochita, los metía y los sacaba y cada cierto tiempo los saboreaba, me preguntaba que sentiría al saborear sus jugos, sus propios jugos y como sería probarlos, no aguanté mucho y me corrí dando un grito de placer.

Ella se retorcía y parecía gemir, con la otra mano se estrujaba las tetas y recorría su vientre, era un espectáculo hermoso, de pronto ella se puso en cuatro y metió por detrás sus deditos, me imaginaba si estaría pensando en otro hombre, que la estuviera enculando, sus dedos se alternaban entre el culo y la chocha, era hermoso ver el bamboleo de sus tetas ante sus propias embestidas.

Por fin se vino y terminó su sesión de placer. Entonces se fue a la ducha y salió completamente desnuda, sacó una micro minifalda y se la calzó, pero esta vez no se puso tanguita ni nada interior, simplemente así, desnuda, húmeda por el agua de la ducha, arriba se puso un top, una chaqueta pequeña y sus botas negras de todos los días, sin medias ni pantimedias, es decir, iba en el fondo desnuda. Yo de ver eso, me volví a hacer una paja con todas las de la ley.

Se dispuso a salir y yo al mismo tiempo, volvimos a coincidir en el ascensor, y entonces me atrevía preguntarle como se llamaba, bromeando que nos encontrábamos todos los días y haciendo notar que era una pura casualidad , ella me dijo que Bibiana, le pregunté que en qué trabajaba, y ella me dijo que era auxiliar contable… yo que soy abogado y le tengo fobia a los números, pensé que cómo era posible que una mujer de ese calibre pudiera estar dedicada a algo tan aburrido como la contabilidad.

Le pregunté si vivía sola, disimulando el que nunca hubiera visto a su esposo, me dijo que era divorciada, y que vivía en el edificio hace relativamente poco, uno o dos meses…La felicité por su belleza y le dije que la minifalda le sentaba de maravilla.

La acompañé hasta el carro y ella se subió, nuevamente su falda se arremangó, dejándome ver esa preciosa chochita, no rasurada como la de Carolina, pero no llena de pelos, sino recortadita en la línea de un bikini pequeño. Ella debió notar que yo había visto su chocha, pues me sonrió pícaramente. Me dio un beso en la mejilla y me dijo que ese día llegaría temprano a casa, que si yo estaba dispuesto, podríamos tomar un café (o tomar lo que en Colombia se llama unas onces), yo acepté.

Ella llegó hacia las tres de la tarde, estaba radiante, me contó que le había salido una asesoría contable con una empresa que importa elementos de seguridad, yo me alegré por ella. Me contó parte de su vida, que su esposo la había dejado por una mujer que ni siquiera le llegaba a los tobillos en preparación o en belleza.

No se preocupaba de que su falda, al estar sentada, dejara ver prácticamente los flancos de su culo y que a cada movimiento se le viera su chocha radiante, húmeda, abierta… me imaginé que para conseguir el contrato había que tenido utilizar otras armas además de sus meritos profesionales, pero me pareció que estaba bien… ojalá yo tuviera la oportunidad de ofrecerle un contrato… me dije. Descubrí que ella me provocaba, que me dejaba ver sus delicias como un medio para que me fijara en ella. Ella debió notar mi bulto entre el pantalón… pero no intenté nada.

El resto del tiempo fue igual, la espiaba, salía a su encuentro, me fijaba en sus minifalditas, un día le pregunté si en su ropero lo único que existían eran las minifaldas, y me dijo que no usaba otra cosa, que sabía que le encantaba a los hombres vestida así.

Ustedes se preguntarán si alguna vez culeamos los dos, la verdad que sí, no una sino varias veces, y también vi muchas veces en que hombres amanecían en su casa y antes y después de la ducha gozaban de ella, Carolina nunca lo supo, solamente hasta ahora lo está sabiendo, pues le muestro a ella todos y cada uno de los relatos que publico.

Sé que le encantará, Bibiana sigue siendo nuestra vecina, y quizás ahora que Carolina sabe de su existencia se decida a invitarla a una de nuestras ya regulares sesiones de orgías y tríos…. falta ver que Bibiana también acepte. De eso me encargaré yo, y les prometo contarles.

Autor: caradura101

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