Atención personal

Mi amigo ni corto ni perezoso, no esperó dos veces que le dijeran lo mismo, le abrió las piernas y se instaló en su cuca, ella lo apretaba con sus grandes piernas y gemía: que rico, mi amigo le chupó los pezones, le besó el cuello, todos explotábamos e inmediatamente la penetró.

He leído esta página y me parece muy interesante. Quisiera contar una vivencia que me ocurrió hace varios días. No soy precisamente un literato o escritor de tal suerte, que relataré en función del recuerdo que mantengo de esta experiencia inédita, al menos para mí, pues nunca la habia vivido en mis 31 años de vida. Soy peruano, tengo 31 años, mido 1.91, peso 86kilos, cabello negro ensortijado, blanco, ojos miel y soy arquitecto.

Desde hace dos años, convivo con una linda vedette de striptease, ella tiene 24 años, mide 1.82, sus medidas son 90-65-90, tiene un cuerpo espectacular, producto de 4 horas diaria de rigurosa gimnasia. Mantenemos una buena relación entre ambos, respetándose cada uno sus espacios, bien, entro en materia:

El día viernes 9 de julio, a eso de las 8 de la noche, llegué a mi casa en compañía de un amigo y colega, con el fin de elaborar unos planos que debíamos presentar días después. Al entrar, nos encontramos en el pasillo con mi mujer, la cual acabo de describírtela, la misma se encontraba vestida con una micro minifalda negra muy ceñida al cuerpo, la cual dejaba ver sus generosas formas, calzaba zapatos de taco bastante altos, que permitían resaltar más aun su gran estatura. Luego de los saludos de rigor, nos dirigimos al lugar donde trabajaríamos esa noche. Ella se despidió de las empleadas del servicio doméstico y en pocos minutos nos alcanzó, preguntándonos si se nos ofrecía algo, a lo que respondimos: dos coca colas.

Pasaron unos minutos y volvió con lo solicitado, a mi amigo lo noté algo inquieto, pues no le sacaba la vista de su hermoso cuerpo, parecía desnudarla con ella, hecho que no me incomodó, pues no soy celoso, dimos las gracias por su gentileza y ella antes de retirarse agregó, los atenderé personalmente uno a uno. No reparamos mayormente en el contenido de sus palabras.

Mi mujer se retiró, nosotros, empezamos a tratar el tema del proyecto, durante algunos minutos, estábamos enfrascados en nuestra conversación, cuando la puerta se abrió y ella mostrando la cara, nos preguntó: ¿se puede?, ambos respondimos que si, fue en ese el momento de la gran sorpresa.

Mi vedette se apareció en un hilo dental negro y brassier del mismo color, con sus zapatos de tacón, el hilo dental dejaba al descubierto su bien formado trasero, al ver nuestro asombro ella nos dijo:¿se les ofrece algo más? , no nos reponíamos de la sorpresa, y agregó: ¿acaso se les comió la lengua el ratón?

En ese momento dejamos de mirarnos mi amigo y yo, el corazón me latía a mil por segundo y tomé la iniciativa. Avancé rápidamente al lugar donde se encontraba, la tomé de sus nalgas y me agaché para besarle la cuca, le bajé la mini tanga y nuevamente le besé su bella cuca empujándola a un sofá, donde cayó de espaldas, procedí a sacarle su calzón y le metí la lengua hasta el fondo, lamiéndole el clítoris y también se lo mordía.

Ella gemía, me decía que nunca me habia visto tan excitado, tan caliente y abrió sus lindas piernas, me las puso en mi hombro y se la mamé apasionadamente. Mi amigo se acercó para sacarle el brassier, pero ella lo impidió: espera tu turno acotó, él le preguntó: ¿y que hago?, ella burlonamente le respondió: hazte una paja.

Estábamos completamente desnudos y calientes, mi mujer es organizadora e inmediatamente, me pidió que me sentara, acto seguido lo hizo sobre mí. Empecé a penetrarla por su gran vagina (es bien abierta, pese a que no ha tenido hijos), ella hacía todo, subía y bajaba a gran velocidad y gritaba, culeame, soy tu puta y ahora vas a ser un gran cornudo, son esas frases que se dicen cuando se está muy excitado. Esta vez se acostó boca abajo, yo le pasé la lengua por el cuello, espalda, por su rica nalga y sus piernas, penetrándola en el acto.

Ella se viró, se puso de espaldas contra la alfombra, volvió a abrir sus lindas piernas y me dijo: culeame, haz conmigo lo que quieras y mirando a mi amigo le expresó: tú también me vas a gozar, ten paciencia, la tomé de las nalgas y se las apretaba con todas mis fuerzas, de pronto ella me dijo: cuando quieras, y acabamos en ese instante.

Me hice a un lado, ella se levantó, se aseó su cuca y cuando salió del baño, miró a mi amigo y le dijo: ven, reviéntame. Mi amigo ni corto ni perezoso, no esperó dos veces que le dijeran lo mismo, le abrió las piernas y se instaló en su cuca, ella lo apretaba con sus grandes piernas y gemía: que rico, mi amigo le chupó los pezones, le besó el cuello, todos explotábamos e inmediatamente la penetró.

Ella se arqueaba desde el suelo, y en pocos momentos (quizás por la excitación), mi amigo se chorreó y la dejó a medias, ella burlándose le dijo: no me digas que eso era todo, lo hizo a un lado, nuevamente se lavó su preciado tesoro y volvió del baño, esta vez me tocó el turno a mí, se puso de lado y la penetré por la vagina (aunque les parezca mentira, no se deja coger por otro lado) yo le decía: que cosa más rica que tienes puta linda.nos pusimos frente a frente, ella se acercó y sentado la penetre, duramos un buen rato así, hasta que nos vino el segundo orgasmo.

Esta vez mi amigo no esperó a que ella se lavara, me hizo a un lado y mi mujer se puso de lado, luego cambiaron de posición, ella encima de él, prácticamente se lo cogía, mi amigo le apretaba las nalgas y le chupaba los pezones erectos, hasta que se vino en pocos minutos. Otra vez volvió a lo de siempre: lavarse la vagina y cuando salió me tocó el turno, abrió sus piernas, me las puso en el hombro y me dijo: cogeme así, lo hice, la penetré con todo, ella me decía: con bolas y todo, no me hagas el amor, culeame, culeate a tu puta, yo le saqué el pene, me masturbé (si se quiere) y le eché toda la leche en su pubis.

Mi amigo seguía impaciente y ella se puso en cuatro, le cogió el pene y se lo colocó en la vagina, mi amigo la penetraba con mucha arrechera hasta que se vino, mi mujer le decía que no tenía autocontrol. Esta vez fui yo el que no la dejó ir a lavarse pues la noté ya muy excitada y me le subí, ella se movía como una batidora, hasta que ambos acabamos.

Estábamos jadeantes y ella se levantó, seguía completamente desnuda, solo con sus zapatos y fue al baño nuevamente. Cuando salió, agarró su linda braga y se la obsequió a mi amigo diciéndole: guárdala como trofeo, esta fue la primera y última vez que me cogiste. Mirándonos a ambos expresó: me los cogí a los dos y lo hicieron bien.

Se retiró del lugar completamente desnuda, antes de marcharse le dijo a mi amigo: dale un beso a mi cuca, pues la has disfrutado. Posteriormente, mi amigo se retiró, fui a la habitación para ducharme (ella ya lo habia hecho) y abriendo sus largas piernas me dijo: dale otra vez. Lo hicimos sin parar un par de veces más y ambos quedamos muy contentos.

Así terminó esta atención inesperada y esta historia inédita, ya que jamás la había vivido.

Autor: Arquitecto.

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Cena semanal

Me puse entre sus piernas, y con la misma técnica que había hecho correr un ratito antes a Ana, empecé a introducirle un dedo, no me costó nada, estaba muy mojada y dilatada, la fricción de mi pulgar, y las caricias de Ana a los pechos hizo que se corriera bestialmente, nos sentamos en la cama, María totalmente desnuda, Ana con su tanga, y Juan con las bragas de su mujer en la mano.

Quisiera empezar este relato contando que tengo ahora 41 años, y que estoy casado desde hace 18 con Ana, una mujer de mi edad más o menos. Ambos somos lo que se podría definir como una pareja normal, no nos consideramos feos pero tampoco espectaculares, ella tiene unos pechos más bien grandes, mide 1.70.

En lo que se refiere al sexo, mi fantasía siempre ha sido verla a ella haciendo el amor con otro hombre, y ella lo sabe, pero no quería ni entrar a discutir esta posibilidad, por lo demás, nuestras relaciones son totalmente satisfactorias, Tenemos una pareja de amigos, Juan y María, que, con los que compartimos vacaciones y una cena semanal.

Tenemos con ellos mucha confianza, y nos permitimos algunos comentarios subidos de tono, pero nada especial en este sentido Como decía, cada semana aprovechamos un día para cenar juntos, así mantenemos esta relación, ya que de lo contrario nos veríamos solo por vacaciones Esta semana tocaba en casa de Juan y María. Nos preparamos hacia las 8 de la tarde para ir a su casa, Ana se puso un vestido amplio, abierto por delante con una cremallera de arriba a abajo, muy vaporoso, con un escote importante y que le llegaba por encima de la rodilla, y unas braguitas tipo tanga (casi siempre usa tanga), con un sujetador de esos sin tiras a juego, todo ello de color rojo.

Al llegar a su casa, acabamos de preparar la cena y cenamos con una considerable cantidad de alcohol, como era normal, eso nos permitía que después la conversación fuera más picante, explicando chistes verdes o haciendo comentarios sexuales.

Estábamos liados con una charla en la que Ana decía que me conocía tan bien, que solo con el tacto serian capaces de saber si era yo el que le tocaba una mano, o la cara, o no, y los demás decíamos que esto era imposible, y que una simple caricia no podía distinguirse. Entonces María propuso que se tapara los ojos, y que lo probáramos, a lo que ella accedió. Asó que buscamos una venda y María se la puso en los ojos, atada por atrás.

Juan se acercó a ella y le cogió la mano, a lo que ella inmediatamente le cogió el brazo y dijo; “eres Juan”, pero todos gritamos que no valía, ya que ella no podía tocar. María propuso atarle también las manos, ella no quería, pero al final accedió, le tumbo en un sillón de estos que se estiran y quedan como una cama, y la puso la venda y le ató las manos a los brazos del sillón, quedando completamente estirada y le sacó los zapatos Cuando la vi así, mi miembro se puso duro inmediatamente, era una postura que muchas veces habíamos practicado en nuestros juegos sexuales, y el estar con nuestros amigos, me excitaba, además, María dijo que le gustaba hacerlo, ya que allí Juan le ataba de aquella manera alguna vez, sin más comentarios, lo que creo calentó el ambiente en general, ya que Ana dijo “Ahora te quito el sitio yo”.

Empezó de nuevo Juan, esta vez le tocó los pies, de una manera muy delicada, ella dijo que era María, y esta dijo, “¿ves como no es posible que aciertes siempre?”, pero ella disculpó su equivocación porque los pies son poco sensibles, que en la mano no fallaría, Mientras ella hablaba, se iba moviendo, y muy despacito, el vestido iba subiendo, creo que sin que ella se diera cuenta. Seguimos el juego, esta vez le tocamos los tres la mano, y curiosamente solo acertó cuando le tocó Juan, ya que confundió a María conmigo. Repetimos en los brazos, las piernas y la cara, con un éxito similar, pero cada vez tenía el vestido más arriba, además en la posición que estaba, dentro de poco rato se vería claramente su tanga. María vio lo mismo que yo, y con señas me lo indicó, pero yo le dije que callara, que no pasaba nada. En esto que seguimos con más toqueteos, pero al revés, era ella la que tenía que tocar sin desatarse, acercó la mano Juan para que procediera, y falló de nuevo, diciendo que era la mía, pero su vestido ya no ocultaba el tanga, cosa que en señas hice ver a los demás, que reímos, ella preguntó que pasaba, pero dijimos que nada, cosas nuestras.

Para animar la situación, le dije a María y a Juan que ahora le tocaría un pecho, y ella le dijo a Ana, “A ver si ahora sabes quien es”, yo me puse a su lado, y muy rápidamente le cogí un pecho, soltándolo en menos de un segundo, entonces ella dijo “ha sido Juan”. Quedamos todos asombrados, ya que no pensábamos que pudiera pensarse nunca que Juan se atreviera, ella insistió, preguntando si había acertado, a lo que Juan le contestó que no, que ya le habría gustado, pero que no, a lo que ella contesto que era tonto, y que solo era un juego. En este momento, su tanga ya era totalmente visible, y todos pudimos ver la mancha que se le había formado en su coño, marca inequívoca de su excitación.

Fue cuando María le dijo a Ana que se la había subido el vestido, y que se le veía el tanga, pero ella respondió “os gusta?” . Quedamos sin saber como reaccionar, pero Juan dijo, a mi si, me encanta, y lo que esconde, seguro que más, Ana respondió que era un pillín….

El ambiente era más que caldeado, quedamos todos sin movernos, pero Ana dijo, pensáis continuar o me dejareis aquí atada, entonces María dijo que ya no había más zonas para probar, que le habían tocado por todas partes, pero ella dijo que solo en las zonas que no tapaba su vestido, y que si molestaba, que se lo abriesen, que era fácil, solo una cremallera.

Uf, como estaba el ambiente, no sabíamos que hacer, en esto que María se acercó a ella, sentándose a su lado, y le desbrochó lentamente el vestido, Todos mirábamos las partes de su cuerpo que iban apareciendo, su escote, el nacimiento de sus pechos, sus pechos completos tapados solo por el sujetador… Se la veía preciosa, con el tanga y sujetador rojo a juego, con sus pechos que parecían salir, y sus pezones rígidos mostraban su calentura.

Entonces ella era la que guiaba, nosotros estábamos cortadísimos, y propuso un juego, que consistía en que los tres le acariciáramos un pecho, y si no acertaba, le quitaríamos el sujetador. Empezó María, que si acertó, luego me tocó a mí, que también acertó, pero Juan no se atrevía, a lo que le volví a tocar yo, entonces ella dijo que era Juan. Ya había fallado, tenía que sacarse el sujetador, pero ella le dijo a Juan otra vez que era un tonto, y que aprovechara, que esta situación no se daría muchas veces, y quiso que se lo sacara Juan. Le costó, primero vencer la vergüenza, a pesar de que los tres le animábamos, y después porque ella atada, y con el vestido solo abierto era difícil llegar a los corchetes, pero lo consiguió, cuando acabó, Ana preguntó a todos si nos gustaban sus pechos, todos contestamos a la vez que si, que nos encantaban.

No se cual de los cuatro estaba más excitado, pero creo que era María, ya que propuso el siguiente juego, que consistía en hacer lo mismo pero con sus tanga. Yo no tenía claro que aceptara, no es lo mismo que te toquen los pechos que el coño, pero ella dijo que si, pero que si acertara, tendría que ponerse ella en el sillón, y entre todos la desnudaríamos. María se puso roja como un tomate, no sabia que decir, pero su marido le dijo que era justo, y que si le gustaba el espectáculo, también podía darlo ella. Al final aceptó, Ella abrió sus piernas a no poder más y dijo, quien va a ser el primero. A empujones conseguimos que Juan se acercara, y con mucha timidez, empezó un trabajo de experto, acercándose, no se si por timidez o por calentarla, muy despacio, primero por su muslo, y muy despacio fue llegando a su coño, de golpe empezó a acariciarla con fuerza, por encima del tanga, ella se movía, agitaba todo el cuerpo, y Juan se iba animando, sus movimientos se convirtieron en gemidos, y violentamente se corrió, cerrando repentinamente las piernas y apretando la mano en su interior.

Todos quedamos callados, ella se estaba reconduciendo de un orgasmo que seguro no esperaba tener al llegar a aquella casa, esperábamos ver si identificaba correctamente a Juan, y ella dijo “María, no sabía que tu marido era tan hábil con los dedos, y por encima del tanga”, todos reímos, y yo le dije a María que se preparara, que creo que le tocaría la siguiente parte del juego a ella, mostraba una actitud mezcla de excitación y vergüenza.

El siguiente fui yo, empecé por apartarle el tanga, dejando a la vista de todos su coño mojado y excitado, María preguntó si era multiorgásmica, supongo que para saber si podría verlo repetido, ella le contestó que si, y que antes de que ella empezara pensaba correrse alguna vez mas. Le introduje un dedo, tal como lo hacía siempre, para que tuviera muy claro que era yo, ya que esta vez lo que quería es que acertara, y poder ver y jugar con María. Con el dedo pulgar le acariciaba su clítoris, mientras que tenía otro dedo dentro, yo sabia que esto le gustaba, y no me equivoqué, en pocos segundos estalló en un sonado orgasmo, incluso temimos que los vecinos nos oyeran, pero que más daba ya. Entonces ella dijo, ya sabes cariño que masturbándome eres el mejor, nadie me lo ha hecho nunca tan bien como tú. Había acertado otra vez. Entonces María le preguntó: “Te han masturbado muchos chicos?”, ella respondió que cinco más, sus antiguas parejas, y que lo que aprendió de ellos me lo enseño a mi, y que por eso sabia tanto. Nunca habíamos hablado con ellos de anteriores amantes, ni nada tan atrevido. En eso que María dijo, “sabéis que durante un año me acosté con una chica?”, quedamos asombrados, nos contó que cuando estudiaba compartía habitación con una chica que era lesbiana, y que se hicieron amantes, yo le pregunté si era bisexual, y me contestó que no lo sabia, pero que con ella había tenido una relación muy placentera. Nos comentó también que en aquella época ya tenía a Juan por novio, y que él lo sabia, y no solo no le importaba, si no que incluso una vez presenció su encuentro.

Vaya cosas que descubríamos, mi mujer contaba cuantos amantes había tenido, y María que era bisexual, o por lo menos que había practicado sexo con una mujer. Ana estaba ya impaciente, quería que un tercero, o tercera le tocara el coño, y conseguir que María fuera desnudada y acariciada por todos. Sin más, le dijo a María que quería probar a una chica, que ella nunca había estado con ninguna, pidiéndole que se acercara y empezara, pero esta respondió que no tenía porque ser ella, que eso tenía que adivinarlo, pero diciendo esto, María se acercó, se puso de rodillas al suelo, y mientras con una mano separaba su tanga, acercó su cara al coño, haciendo maravillas con la lengua, se notaba que sabía lo que hacia, y se corrió brutalmente de nuevo. Ana dijo que de aquella manera, nunca se lo había hecho un chico, y que tenía que ser María. Acertó, como yo, y creo que todos deseábamos, y tanto mi mirada como la de Juan se dirigieron a María, pero Ana dijo que no empezaran sin desatarla, que quería colaborar.

Entre todos le sacamos las cuerdas y el vendaje de los ojos, ella aprovechó para acabarse de sacar el vestido, quedando solo con el tanga.

María estaba muy nerviosa, esperando su turno, nos pidió que fuéramos a la habitación, que estaríamos más cómodos, y así lo hicimos, Ana, casi desnuda, Juan detrás de ella, y yo el último.

Entramos, y los cuatro nos estiramos en la cama, menos mal que era muy grande.

Ella dijo, “Quien empieza?”, Juan dijo que el honor les correspondía a Ana y a mi, y que él miraría, se levantó de la cama y se sentó en una butaca. Entre Ana y yo, empezamos, muy lentamente a acariciarla, a excitarla más si se podía, antes de desnudarla, íbamos jugando con su cuerpo, sin tocar ninguna zona sensible, ella ya no podía más, su cara lo decía todo, estaba súper excitada, yo tampoco podía aguantarme más, quería ver, tocar, acariciar a María, llevaba un jersey muy fino y sin mangas, y unos pantalones de piel, muy ajustados.

Le levanté el jersey, primero descubrí su cintura, después fui subiendo, ya aparecía el borde de debajo de su sujetador, era blanco, sencillo, sin florituras, amagaban unos pechos pequeños, pero que se le marcaba sus pezones, por cierto muy rígidos. Le saqué por completo el jersey, dejando que su sujetador fuera la única pieza que tenía de cintura para arriba, mientras hacía todo esto, Ana la acariciaba, se acercaba a los pechos, le marcaba el contorno del sujetador. Yo la imité, y nos dedicamos cada uno a un pecho, sin que en ningún momento se los tocáramos. Dirigí mi mano a sus pantalones, desabroché el botón y bajé la cremallera, mientras tanto, Ana seguía con sus caricias. Le bajé los pantalones, dejando al descubierto unas bragas blancas, tipo bikini, pero que trasparentaban claramente los pelos del coño, y que estaban ya empapadísimas de sus jugos.

Yo ya no podía más, estaba en una cama desnudando a una mujer junto a mi  mujer, que solo llevaba un tanga, y su marido sentado, mirando, decidí actuar, y empecé a acariciarle un pecho, ella reaccionó con un suspiro, supongo que lo necesitaba ya, con el sujetador en medio, acaricié suavemente un pezón, mientras que Ana hacía lo mismo con el otro, María gemía de placer, y no paraba de moverse. Quería verlos y tocarlos sin impedimentos, así que deslicé mis mano por su espalda, y se los desabroché, ella no paraba de moverse y gemir, en sus ojos se notaba que necesitaba más, Ana le acabó de sacar el sujetador, y yo me abalancé sobre sus pechos, los estrujé entre la mano, se los amasé, le pellizcaba los pezones, mientras sus gemidos eran cada vez más audibles. Tenía ganas de comérselos, y así lo hice, me dediqué a un pezón, mientras Ana hacía lo mismo con el otro.

Pero todos queríamos más, mientras hacía esto, bajé mi mano hasta llegar a sus bragas, eran muy suaves, de algodón, acaricié por encima su coño, ella reaccionó abriéndome las piernas, era un charco, estaba empapadísimo, Ana le preguntó si también era multiorgásmica, supongo que para saber donde podría llegar aquello, ella, entre suspiros dijo que si.

Yo quería tocar directamente su coño, así que abandoné el pecho, dejando los dos para Ana, y me dispuse a sacarle la braga, que cuando estuvo del todo fuera, las lancé a su marido, que lo primero que hizo fue llevárselas a su cara, y olerlas.

Me puse entre sus piernas, y con la misma técnica que había hecho correr un ratito antes a Ana, empecé a introducirle un dedo, no me costó nada, estaba muy mojada y dilatada, la fricción de mi pulgar, y las caricias de Ana a los pechos hizo que se corriera bestialmente.

Una vez repuestos, nos sentamos en la cama, María totalmente desnuda, Ana con su tanga, y Juan con las bragas de su mujer en la mano. Este le pidió a Ana que le diera su tanga, pero ella le dijo que no, se las había ganado.

En eso que María nos mira a todos y nos dice, Os importaría que nos quedáramos Ana y yo un ratito solas, quiero estar con una chica, hace mucho que no lo hago, y quiero un poco de intimidad.

Miré a Ana, que asintió con la cara, Juan y yo nos fuimos al salón, comentando la situación muy excitados, pudimos oír sus gemidos, sus gritos, durante una hora larga, no sabíamos que hacer, para distraernos pusimos un video, pero no le prestábamos atención. Al rato, el silencio era total, supusimos que habían acabado, en eso que mi mujer, cubierta con un batín vino al salón, y me dijo, anda, ve a la habitación, María te está esperando, y mirando a Juan le dijo, el se va a follar a tu mujer, ¿no te importa verdad?, es que yo voy a follar contigo.

Autor: AnnaG.

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La mili y la vecina del 5 izda.

María se había puesto una bata transparente que dejaba adivinar un sugestivo sujetador negro de encaje y unas diminutas braguitas. La bata estaba abierta, mi erección fue automática, me dirigí hacia ella y comencé a estrujarla entre mis brazos, ella aceptó mi asalto, me bajé los pantalones, con la mano izquierda aparté su minúsculas braguitas y procedí a penetrarla bruscamente y sin miramientos.

Uno de los pocos recuerdos agradables de la mili fue mi experiencia con la vecina del 5º Izda. Aquel día, yo había salido del cuartel en Vigo, como un toro desbocado, capaz de envestir a todo lo que se pusiera por delante.

Una semana de arresto dentro del cuartelillo tenia toda la culpa. Una semana viendo todos los días caras de hombres mal afeitados. Una semana encerrado sabiendo que no puedes salir y que el responsable de turno se había ido de rositas.

En el camino desde el cuartel hasta el piso de mi tía, no había visto ni una sola tía fea, hasta la quioskera, una señora de cerca 65 años y arrugada, resultaba apetecible, ese día. Una idea fija en mi mente, ducha-ropa limpia-cazar conejo.

Al subir en el ascensor coincidí con la vecina de mis tíos, mis ojos se clavaron en su sugestivo escote y ya no se movieron de allí, atraídos por ese par de imanes. María llevaba una blusita blanca y tenía desabrochados un par de botones, que permitían ver su canalillo y una parte importante de sus blancos pechos; en ese momento me parecieron inmensos, preciosos, golosinas dulces

María lo notaba, porque ya solo me faltaba babear, en mi pantalón mi erección era notablemente manifiesta, maquinalmente metí la mano dentro del pantalón y enderecé mi pene, que había comenzado a molestarme al quedar apretado dentro de la ropa de militar.

María esbozó una sonrisa socarrona y me dijo – ¿Qué os han soltado hoy? -Siii, llegué a balbucir. -Creo, que tu tios no están.-¡Joder! ¿Y donde me voy a sacar esta ropa apestosa? -Si quieres puedes mudarte en mi casa. -¿No será, mucha  molestia? Pero la sonrisa de su rostro indicaba que no. -Anda, ayúdame con las bolsas de la compra, normalmente me ayuda Manolo, mi marido, pero hoy hay fútbol y se ha ido con tus tios a ver el Celta. Ya hemos llegado.

Las puertas del ascensor se abrieron. Tomé las bolsas y la seguí, vista desde atrás María no ofrecía nada excepcional su falda por debajo de la rodilla no me sugería nada, pero el escote de su blusa seguía gravado en mi mente.

Hasta ese día no me había fijado en ella como mujer.

-Déjame las bolsas en la cocina que ya vengo. Dijo- mientras se dirigía a otra pieza de la casa. Ahora, solo pensaba. “Si no están mis tíos como hago yo para conseguir la pasta; mi banco privado estaba escondido en el fondo del armario del dormitorio de invitados y yo no llevaba encima más que 20 duros. Vamos que no tenía ni para un mísero refresco.  -¿Quieres tomar algo antes de nada?

Aquella voz me hizo aterrizar de nuevo y al ver a María que se había puesto una bata transparente que dejaba adivinar un sugestivo sujetador negro de encaje y unas diminutas braguitas a juego. La bata estaba abierta, mi erección fue automática, mi reacción también, me dirigí hacia ella y comencé a besarla y estrujarla entre mis brazos, ella aceptó mi asalto y sin ningún tipo de preámbulo me bajé los pantalones, los calzones, con la mano izquierda aparté su minúsculas braguitas y procedí a penetrarla bruscamente y sin miramientos, el animal que llevaba dentro de mi enjaulado se liberó de todo prejuicio.

Allí en el suelo de su cocina, comencé a empujar, entré en su chocho con cierta dificultad pero de inmediato ella comenzó a dilatarse y humedecerse, a gemir, a pedirme: “más, maas, maaass”.  Con una mano le solté el sujetador y mi boca se apoderó de sus pechos, de inmensas aureolas sonrosadas, sus pezones se pusieron rápidamente duros, yo no paraba de lamerlos y mordisquearlos suavemente.

Mi ritmo era ahora frenético, desbocado, mete, saca, mete, saca. Que necesitado estaba yo de sexo.

Notaba que estaba a punto de correrme y se lo dije – ¡Que me corro! -No pares, sigue, sigue cabrón, sigue…

Ha sido la corrida más larga que recuerdo en años, vacié en su interior a toda presión litros de semen. Toda la agresividad y toda la frustración acumulada de una semana me habían dejado por fin y ahora estaba yo más apaciguado.

María apretaba mis nalgas y no me dejó salir de su interior hasta que mi pene estuvo totalmente flácido. Entonces se levantó tomó un paño, de unos de los cajones de la cocina, limpiándose con él. Se acercó a mí de nuevo y comenzó a limpiarme el pene con su lengua, con suaves lametones; pero con su mano derecha me agarró de los testículos y clavándome ligeramente las uñas me soltó.-“Como se lo cuentes a alguien te capo”. La presión de sus dedos y el incipiente dolor provocó en mí una nueva erección; pero esta vez María tomó el control.

Me hizo tumbarme en el suelo y ella me cabalgó como diestra amazona, apoyando sus rodillas ambos lados de mi cuerpo. Fue imprimiendo un ritmo suave a sus grandes caderas, para ir aumentándolo progresivamente. Con sus manos sujetó mis muñecas y me las puso encima de la cabeza apoyadas en el suelo impidiéndome moverlas y utilizarlas.

La verdad es que a mi no me apetecía moverme demasiado en ese momento y me dejé hacer. Luego puso sus pechos sobre mi cara y me dijo –Cómemelas, chúpamelas.

Casi me ahogo entre sus blancos y dulces pechos, yo me deleitaba besando chupando  mordisqueando, ora pezones,  ora sus  pechos; y estos  comenzaron a moverse vertiginosamente al compás de sus caderas que se estaban acelerando.

Sus gemidos eran ensordecedores y música celestial a un tiempo.

Yo notaba ahora otra vez que me iba a correr, comencé a mover mi nalgas frenéticamente y mordí sus pezones con tal intensidad que María exclamó:”Cabronazo, me haces daño, no pares…”

Y acto seguido clavó sus uñas en mis muñecas produciéndome un dolor insoportable que me hizo retrasar la corrida unos segundos, a ese ritmo frenético.

Yo notaba ahora que mis testículos se iban mojando con los jugos procedentes de su vagina, ya incapaz de saber si eran de María o míos. Luego vino lo inevitable, volví a descargarme en su interior pero esta vez con menos intensidad.

Abandonó su cuerpo sobre el mío y quedamos un rato abrazados los dos, en silencio.
Luego ya más relajados y ante un vaso de licor, me confesó sus miserias, que había discutido con su marido y que hacía más de dos meses que no follaban, por que el viejo verde se había fijado en una tía más joven

Después de tomarme una ducha salí a la calle, mucho más relajado y con cinco mil pelas en el bolsillo, que me adelantó María para mis vicios.

Creo que nunca antes me había fijado en ella como objeto de deseo y placer. Pero como dice el refrán gallina vieja da buen caldo. Nunca antes había contado esta experiencia a nadie y ya iba siendo hora.

Autor: Andre981co

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