Amigo

Juan es un perfecto amante, pensé que yo se lo había enseñado casi todo y que lo llevaba muy bien a la práctica, él fue muy tierno conmigo, empezó a chuparme el coño, yo le chupé su polla, haciendo al final un 69, cuando ambos nos sentimos preparados, muy lentamente me penetró, llegando al orgasmo casi al mismo tiempo. Levanté la cabeza y vi que mi marido también acababa de correrse.

Llevábamos ya 10 años de casados, y nunca había visto a mi mujer Irene hacerle una mamada a otro hombre, y pensé que me gustaría verlo, como sabía que a ella también le gustaría, se lo propuse y aceptó.

Para ello, que mejor que Juan, este eterno amigo, con el que nos conocíamos tan bien y que teníamos ambos tanta confianza, así que se lo propuse, y no dudó nada en aceptar. Esa misma noche vino a casa a cenar, mi mujer y él se sentaron en el sofá, y yo en una butaca. Irene se puso de rodillas entre las piernas de Juan, comenzó desabrochándole los pantalones y se los bajó hasta las rodillas, ella ya veía el bulto que tenía bajo los calzoncillos, ansiosa como estaba, se los bajó deprisa, pudo ver su miembro, algo mayor y más grueso que el mío, que apuntaba hacia el techo. Yo me saqué mi polla y empecé a cascármela viendo el espectáculo.

Irene abrió tanto como pudo su boca y se lo colocó todo dentro, creía que se ahogaría. Continuó con un ritmo lento y suave que excitó mucho a nuestro amigo, este, adelantándose un poco, cogió con una mano un pecho de mi mujer, que lo agradeció con un murmullo. No contento con esto, introdujo la mano por entre el escote, liberó los pechos de mi mujer del sujetador, y continuó la acción sin que la ropa fuera un estorbo, hasta que se corrió en la boca de Irene.

Ella se subió un poco la falda para poderse sacar las bragas, mientras nos proponía masturbarnos los tres juntos, la habitación olía a sexo. Me senté al otro lado de Irene, ella quedó entre Juan y yo, levantándose un poco la falda y abriendo las piernas, empezó a frotarse su coño violentamente, Juan y yo no parábamos de cascárnosla, yo fui el primero en correrme, Irene la segunda, y a continuación Juan otra vez. Después de esta experiencia, cenamos tranquilamente, comentando lo divertido que había sido, y lo bueno que es tener un amigo para poder compartir estas cosas.

Mi marido acaba de contaros lo que sucedió con Juan, pero quiero daros mi versión. Ya llevábamos diez años casados, más otros cinco de novios, es el tiempo que hacía que no tenía en la boca otra polla que no fuera la de Luis, mi marido. Si tengo que deciros la verdad, no lo echaba a faltar, mi vida con él es muy buena, y sexualmente nos entendemos a la perfección, pero cuando me lo dijo, acepté enseguida, y más tratándose de Juan, este amigo con el que vamos a todos los sitios, es muy agradable conmigo, nos tenemos una sinceridad mutua, cuando sale con alguna chica, nos cuenta todas sus penas y sus alegrías, muchas veces le he dado consejos de cómo tratarlas, qué hacer con ellas, que nos gusta a las mujeres, etc., incluso le he acompañado de compras, escogiendo yo los calzoncillos que tenía que ponerse en las citas con sus novias.

El, por su parte me ha hecho compañía muchas veces que mi marido está de viaje por asuntos de trabajo, pero no penséis mal, sólo compañía, viniendo a cenar o incluso quedándose a dormir en casa cuando Luis no está, para que no me sienta sola. Evidentemente yo si me había masturbado alguna vez pensando en él, y seguro que él también lo habrá hecho pensando en mí, pero ¿qué mujer no lo ha hecho pensando en sus amigos o los de su marido? Algunas veces, como él tiene mucho tiempo libre, me ha acompañado de compras, me gusta ir con él porque tiene más paciencia que Luis, puedo probarme ropa horas y horas, y no sólo no se queja, si no que me aconseja y me dice que me sienta bien o no. Nuestra confianza es tal que algunas veces he ido a comprar ropa interior con él. Muchas de las veces que vamos de vacaciones nos lo llevamos con nosotros e incluso hemos compartido habitación de hotel cuando el presupuesto no nos alcanza para más.

Pero todo esto que os he explicado no significa para nada que haya habido ningún contacto sexual entre nosotros, ni tan solo me había visto desnuda, ni yo a él, lo más con ropa interior cuando íbamos de compras y entraba en el probador para ver cómo me quedaba una prenda, o compartiendo habitación, cuando nos cambiábamos, eso sí, comentábamos con él hasta las más íntimas cosas de nuestra vida sexual, con la mayor naturalidad del mundo, por todo esto es lo que pensé que él sería la mejor persona del mundo para hacer esto, incluso pensé que si no hubiese sido él, al contárselo podría haberse ofendido.

Mi marido se lo propuso por teléfono, aceptó enseguida, cuando llegó, tengo que reconocer que estaba nerviosa, me había pasado toda la tarde arreglándome, tampoco sabía exactamente por qué, pero incluso me había depilado la ingle, a pesar de que se trataba de que yo le hiciera una mamada, y él no tenía por qué verlo. Me puse un conjunto de ropa interior que sabía que a él le gustaba, porque una de esta veces que fuimos de compras, yo no tenía pensado adquirir nada de ropa íntima, pero él lo vio e insistió tanto en que me lo probara, que acabé por ponérmelo, cuando lo vio puesto dijo que era perfecto, que realzaba mucho mi pecho, además, quiso pagarlo, por lo que en definitiva era un regalo suyo. Mi marido estaba ansioso por empezar, no lo dijo, pero lo noté, él se sentó en la butaca, dando a entender que nos sentáramos juntos en el sofá, como yo también tenía ganas, enseguida sin decir nada me puse de rodillas entre sus piernas, supongo que Juan estaba un poco extrañado por la velocidad con que iban las cosas, pero me gustaba.

Le bajé los pantalones lo más que pude, vi que se había puesto uno de los calzoncillos que yo le escogí una vez, el sabía que me gustaban, pero al ver el bulto que tenía, me sorprendí e impaciente a la vez, quería verlo, por eso tardé tan poco en bajárselos, no sin antes acariciar todo su paquete por encima de ellos, para excitarlo más. Su miembro resultó ser mejor de lo que esperaba, incluso mejor que el que mi mente dibujaba cuando me masturbaba pensando en él, tenía ganas de tenerlo todo en la boca, quince años sin probar otro, añadido a la excitación que ya sentía, me pusieron impaciente. Chupar pollas siempre se me ha dado bien, mis anteriores novios o amantes me lo decían siempre, además él lo sabía, ya que era uno de los cometarios que muchas veces le hacía Luis, y lo de mis antiguos amantes también.

Me esmeré en que él lo apreciara, hice una combinación entre los labios y la lengua que le excitó muchísimo, veo que se incorpora y dirige su mano a mi pecho, yo no lo esperaba, pero me gustó, miré de reojo a Luis para ver qué cara ponía, ya que podía no sentarle bien, pero no, estaba más que contento, además, no quería que aquello se limitara a que yo diera gusto y él recibiera. Por aquel entonces ya tenía mi coño encharcado, vi que Luis tenía la polla fuera y se estaba masturbando, me moví un poco para que pudiera entrar su mano por el escote, él lo apreció enseguida, y no tardó en hacerlo, además, desabrochó el sujetador, cosa que ya me había hecho otras veces, porque soy de estas mujeres que le cuesta llegar a los corchetes, y cuando vamos de compras siempre se lo pido, realmente sabía cómo tocármelas, no me extrañó, yo misma le había dado muchos cursos teóricos de ello, por lo tanto conocía mis gustos.

Se corrió a gusto en mi boca, la llenó toda de leche, era agradable probar otro sabor quince años después, pero creo que nunca nadie me la había llenado tanto. Yo estaba muy caliente, las bragas las tenía que casi goteaban, necesitaba hacer algo, y se me ocurrió continuar un poco más el juego, me las saqué colocando mis manos debajo de la falda, me senté a su lado, le dije a mi marido que se sentara al otro extremo, y les propuse masturbarnos los tres. Sin esperar su respuesta, que además ya sabía, me levanté la falda, abrí las piernas lo máximo que pude y con los dedos de una mano me acariciaba el clítoris, mientras que de la otra mano introduje varios dedos en el coño. Sabía que Juan lo estaba viendo, por lo que pensé que a pesar de acabarse de correr, la vista que tenía sería suficiente para excitarse otra vez, y así fue, el primero en correrse fue mi marido, no me extraña, con el espectáculo que había tenido, después yo, y finalmente Juan. La habitación olía a una mezcla de mis flujos y la leche de estos dos hombres.

Sin ponerme las bragas, eso sí, abrochándome el sujetador, mejor dicho, Juan me lo abrochó, cenamos, comentamos lo ocurrido, Juan confesó que algunas veces después de ir de compras conmigo, había tenido que masturbarse a mi salud, yo le dije que también algunas veces yo también lo había hecho pensando en él, cosa que le gustó. Hablamos de lo bien que me había quedado el pubis depilado, solo dejé una fina tira de pelo en V, apuntando hacia mi clítoris, me levanté, subiéndome la falda hice un pase para que lo vieran mejor.

Después de la cena, le comenté a mi marido, que lo de que él viera como chupaba otra polla estaba muy bien, pero le pregunté si le gustaría ver cómo me chupan a mí el coño, aprovechando que Juan estaba allí, sería un buen momento. Ni que decir tiene que les pareció muy bien a todos, entonces yo me saqué la blusa que llevaba y la falda, quería estar totalmente desnuda, Juan me sacó el sujetador, me dirigí de nuevo al sofá, no sin antes hacerles un pase para que vieran mi cuerpo entero. Yo le exigí que también se desnudara por completo, quería disfrutar de esta maravillosa vista, sin darme cuenta ya estaba en pelotas, me estiré en el sofá con las piernas completamente abiertas, Juan, conocedor exacto de mis gustos (de esto también le había dado clases teóricas), empezó por jugar con mi clítoris y su lengua, mientras que con las dos manos acariciaba mi pecho, y hacía presión en los pezones, después, siguiendo con el juego de lengua, introdujo, primero uno, y después dos dedos en mi coño, moviendo dentro uno de los dedos en forma de gancho para tocar mi ponto G, hasta que me corrí violentamente.

Descansamos un ratito, pero ninguno de los dos se molestó en vestirse, el único que llevaba la ropa era mi marido. La noche había resultado interesante. Entonces fue cuando Juan dijo que cada uno de nosotros había propuesto una cosa, y se había hecho, y que ahora le tocaba a él, yo me temía lo que quería, por lo que me asusté un poco, pero mi marido dijo que era justo, y que propusiera. Juan dudó un momento, supongo porque vio que yo me lo imaginaba, y no había mostrado ninguna alegría, hasta que se lanzó y dijo que quería follarme. Realmente era lo que me temía, no sabía si estaba preparada, una cosa son estos juegos y la otra es dejarme follar, y así se lo manifesté. Mi marido dijo que a él no le importaba si era con Juan, ya que somos muy amigos, y que además sabía que llevaba tiempo sin hacerlo, pero que tenía que decidir yo, Juan dijo que sentía mucho haberse pasado con la proposición, pero yo le dije que no había problema, nos teníamos mucha confianza, tanta como la que yo podía tener para negarme, sin que esto afectara para nada nuestra amistad.

Continuamos charlando largamente, en ningún momento Juan insistió en el tema, además todos estábamos muy contentos, repasamos todo lo que habíamos hecho aquella noche, el buen recuerdo que había quedado, también lo de nuestra amistad, yo les dije que por ningún motivo quería que lo de hoy significara un cambio, y que no sabía si otro día podríamos repetirlo, pero no tenía que ser una cosa habitual, quería continuar teniendo a este maravilloso amigo, que me siguiera acompañando de compras, que siguiera viniendo de vacaciones con nosotros o que viniera a dormir en casa cuando Luis no estaba, para que no me sintiera sola.

Por mi mente pasaban cosas, ¿realmente tenía ganas de follármelo y decía que no por un tabú? ¿Si quería hacerlo, quien mejor que Juan? ¿Se presentaría otra oportunidad como aquella? Entonces me levanté, dirigiéndome al pasillo totalmente desnuda como estaba, cuando llegué a la puesta giré y les dije: ¡seguidme! Entré corriendo a la habitación, cuando llegaron yo estaba completamente estirada sobre la cama, y mirando a Juan le dije: “¡Fóllame!, pero hazlo como un amante, imagina que por un rato soy solo tuya”. Se acercó a mí, me cogió por la cintura levantándome de la cama, y acercó su boca a la mía dándome un cariñoso beso.

Nuestras bocas se abrieron, nuestras lenguas empezaron a jugar, duramos así largo tiempo, me sentía muy bien, Juan es un perfecto amante, además, pensé que yo se lo había enseñado casi todo, y que lo llevaba muy bien a la práctica, Luis se sentó en la silla que tenemos en la habitación, completamente callado, Juan fue muy tierno conmigo, empezó a chuparme el coño, yo le chupé su polla, haciendo al final un 69, cuando ambos nos sentimos preparados, muy lentamente me penetró, llegando al orgasmo casi al mismo tiempo. Levanté la cabeza y vi que mi marido también acababa de correrse.

Estábamos los tres muy agotados, entonces mi marido se levanta y le dice a Juan: “Te confío por esta noche a mi mujer, no lo haría con nadie más en el mundo, pero a ti sí, quiero que os lo paséis muy bien, mañana ya os despertaré”, y diciendo esto, salió de la habitación cerrando la puerta. Parecía que había leído mis pensamientos, quería estar a solas con Juan. Dormir, lo que se dice dormir, poco lo hicimos. Cuando mi marido vino por la mañana, hacia las 11, nos encontró follando, justo cuando Luis me penetraba por el culo, evidentemente no lo interrumpimos, además, yo casi ni me di cuenta que él estaba allí.

Se sentó al lado de la cama, y nos preguntó que tal lo habíamos pasado, yo le respondí que si me prometía no enfadarse se lo contaría. “¿Enfadarme? ¿Por qué?” dijo. “Es que Juan se ha corrido por lo menos siete veces esta noche, y yo muchas más”, le contesté. El nos dijo que desde la habitación de al lado se oía perfectamente, y que ya lo sabía, resultaba que ninguno de los tres había dormido. El resultado de aquella noche fue que nuestra amistad no sólo se mantuvo, estaba fortalecida, la única diferencia es que cuando viene a casa a dormir porque estoy sola, las cosas ya no son tan inocentes.

Según Juan.

Cuando mi amigo Luis empezó a salir con Irene, me pareció perfecto, era una chica no sólo atractiva, era muy simpática y aceptaba la amistad que tenía con Luis de manera muy natural. La verdad es que durante este tiempo, muchas veces sentí que estaba demasiado en medio de esta pareja, pero ellos me atraían, jamás noté el menor signo de reproche por su parte. Tal como ha contado Irene, muchas veces salíamos juntos, incluso de vacaciones compartiendo habitación, Irene era mi mejor amiga sin duda, ella me enseñó muchas de las cosas que sé del sexo, me aconsejaba en cada cita que tenía. Yo por mi parte intentaba ayudarla en lo que necesitaba, le acompañaba de compras o iba a dormir en su casa cuando Luis no estaba para que no se sintiera sola. Luis me tenía mucha confianza, no es normal mandar a un amigo a dormir en casa con su mujer cuando no está.

Referente al sexo, lo tenía muy asumido, era mi mejor amiga y la mujer de mi mejor amigo, no quería para nada romper esta mágica combinación. Claro está que cuando veía a Irene en ropa interior yo me excitaba, pero sabía que ella no lo hacía para calentarme, era fruto de la confianza nada más.

Recuerdo que una de las veces que estaba en su casa por la noche a solas, hacía mucho calor, yo me saqué la camiseta que llevaba, quedando solo con los pantalones, Irene llevaba una blusa muy fina y una falda, veía que no usaba sujetador, cosa bastante normal cuando estaba por casa, ella comentó la suerte que tenía de ser hombre y poder estar así, entonces yo le dije que ella también podía, se lo pensó un momento, se puso de pie, e hizo el gesto de sacársela, pero cuando ya le quedaba justo por debajo de los pechos, bajó otra vez las manos, comentando que no era correcto, pero si se sacó las braguitas, dijo que el coño también le sudaba, y así estaría más fresca.

Me gustaba ir de compras con ella, no sabía explicar por qué, pero nos lo pasábamos bien, incluso tengo algunas anécdotas como cuando las dependientas nos tomaban por pareja, ella me tenía tanta confianza que incluso compraba ropa interior, y me dejaba ver cómo le quedaba, o en los casos que probándose ropa, yo me quedaba dentro del probador viendo como se desnudaba y volvía a vestir, eso sí, siempre en ropa interior.

Cuando me llamó Luis y me preguntó si quería que Irene me hiciera una mamada, no me lo creía, tuvo que ponerse al teléfono Irene para confirmarlo, no perdí tiempo en nada, rápidamente me dirigí a su casa, allá estaban los dos, muy contentos, primero pensé que me habían gastado una broma, pero Irene me lo confirmó enseguida cuando se puso entre mis piernas, abriéndome la bragueta, el resto de la historia ya la sabéis.

Autores: pareja-cachonda

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El chico de la moto

David se puso a chupármela. Me calenté muchísimo con la escena que estaba mirando, el de la moto se puso al borde de la cama, el otro siguió chupando, de vez en cuando el de la moto le agarraba la cabeza, la acariciaba y la empujaba contra su cuerpo. Amigo, te diré que no aguanté mucho más, entre las chupadas de David y la chupada de ese tipo, mi verga empezó a latir mientras David aceleraba el ritmo le lancé toda mi leche en su garganta cosa que lo hizo gemir bastante.

Querido amigo: No sé que sucede, yo no busco las situaciones eróticas, pero siempre las encuentro, en el lugar menos pensado. Hoy te contaré lo que me sucedió el último domingo.

El domingo último a David se le ocurrió ir a visitar a una prima. Como era temprano y hacía mucho calor, dimos una vuelta por un parque cercano y alrededor de las 18 horas llegamos a la casa de su prima. Una casa dos pisos, de unos cincuenta años pero bien cuidados, con unos diez departamentos. Bajó a abrirnos el hijo de su prima, un chico de unos nueve años, nos hizo pasar a un amplio corredor, subimos las escaleras y nos hizo pasar a un departamento pequeño. Allí había un comedor con una cama marinera, una cocina regular, baño y un dormitorio, todas estas habitaciones daban a un pozo de aire.

Conversamos un rato, pero no pudimos seguir nuestra conversación por los ruidos impresionantes golpes y conversaciones que venían del pozo de aire. Me asomé a ver que sucedía y allí vi a un tipo de unos 25 años tirado en el suelo, martillo en mano tratando de arreglar una moto, y conversaba con alguien que estaba dentro y al cual yo no podía ver. El tipo estaba en short, y pude verle un cuerpo que no me excitó para nada, vulgar, un culo chato y sin forma pero lo que tenía muy hermoso y excitante eran unos pelos que le cubrían el pecho, eran justo lo que me gusta a mí, ni pocos ni muchos. Comenté que era una tipo con una moto y la prima de David, dijo que eso sucedía todos los días. Nos dijo que ya que habíamos venido, teníamos que quedarnos a cenar, se fue con su hijo a hacer las compras para al cena. David y yo quedamos solos en el depto.

Los golpes siguieron, yo me acerqué a la ventana a ver que sucedía aunque ya sabía a que se debían los golpes, pero lo hice más para poder contemplar ese pecho peludo que me había gustado tanto. El muchacho estaba tan ocupado con su moto que ni se dio cuenta de que era observado. Solamente tenía puesto un short de esos cortos, estaba descalzo, sus manos estaban negras por la grasitud de la moto. Se tiró en el piso para tratar de acomodar una tuerca y al separar las piernas por la pierna del short le vi todo su armamento de hombre. Una pija de tamaño regular y unas buenas bolas y mucho pelo ocultaba toda esa parte de su anatomía. Supongo que él ni cuenta se dio que por ahí se le veía todo y ni pensaría que alguien lo estuviera observando. Metió una mano por ahí y se rascó las bolas sin preocuparse de que le podía quedar engrasadas.

Amigo, ya te imaginarás, yo ni me separaba de la ventana y mi mano ya estaba en el bolsillo, acariciando mi pija dura. David me miraba y se reía de mí, pero ni se acercó a la ventana para ver por qué o por quién me había calentado. EL tipo seguía tirado de piernas abiertas mostrando todo, en una mano tenía una llave de esas de apretar tuercas y con la otra sujetaba la tuerca. Vi una sombra, era un tipo de su misma edad que salió por la puerta de la cocina, se dirigió a él, se agachó y por la pierna abierta le metió la mano y le agarró la pija. Yo de mi posición en la ventana podía ver y oír todo. -¡No jodás! que estoy recaliente con esta moto de mierda, no la puedo arreglar. Eso oí que el de la moto le decía al otro. Fue como hablarle a la pared, el otro siguió con su mano allí adentro. Lucharon un poco, el de la moto para quitárselo de encima y el otro para seguir tocándolo. Finalmente pudo bajarle un poco el short, quedaron sus pendejos al aire y la raíz de su pija, todo eso hacía juego con los hermosos pelos que ya le había visto en el pecho.

-¡Dejate de joder! ¡Dejame arreglar la moto tranquilo! Después si querés joda te la voy a dar. Más o menos esas fueron las palabras que oímos, porque David a una seña mía también se acercó a la ventana. Seguimos mirando y el otro tipo seguía cargoseando al de la moto y tironeaba del short. Finalmente el de la moto cedió. -Bueno, vamos al dormitorio, así te dejás de joder y me dejás terminar de arreglar la moto de una vez. Entraron por la puerta de la cocina, que era la única que daba a ese patio. Pero por suerte para mí la ventana del dormitorio daba a ese pozo de aire, desde la ventana del comedor se podía ver, pero de la ventana de la cocina se veía el dormitorio en su totalidad. Agarré a David de la mano y me siguió a la cocina. Desde allí tenía una gran panorámica del dormitorio, porque la ventana estaba casi enfrente y un piso más arriba.

El otro tipo era morocho, bajito, regordete, estaba de bóxer, se notaba un bulto bastante grande, el de la moto ya tenía el short por la mitad de las nalgas, así pude ver ese culo sin gracia y chato. El otro se tiró en la cama, levantó las piernas y se quedó en bolas, tenía una pija considerable, es decir muy gruesa pero corta, el de la moto otro se sacó el short y pude verle por primera vez todos sus pelos que le cubrían gran parte de la pija y las bolas. Dijo algo, pero fue tan bajo que desde el piso de arriba no lo pude oír, se puso arriba del otro y con la pija en una mano se acercó a la cara y se le golpeó la boca con ella. Logró meterla y empezó un ir y venir cogiéndole la boca, ¡te juro que desde esa cocina yo podía ver todo! Pude ver como la chupaba y al mismo tiempo se pajeaba, cuando se le puso dura, siguió igual corta pero muy gruesa.

Yo no aguantaba más, David me acariciaba la bragueta hasta que finalmente me la abrió y ¡se puso a chupármela! Me calenté muchísimo con la escena que estaba mirando, el de la moto se puso al borde de la cama con todo el cuerpo sobre la cama y las piernas apoyadas en el piso, y el otro se agachó en el piso entre sus piernas y siguió chupando, de vez en cuando el de la moto le agarraba la cabeza, la acariciaba y la empujaba contra su cuerpo. Amigo, te diré que no aguanté mucho más, entre las chupadas de David y la chupada de ese tipo, mi verga empezó a latir mientras David aceleraba el ritmo le lancé toda mi leche en su garganta cosa que lo hizo gemir bastante. Cuando me tranquilicé, seguí mirando y ¡me encantó lo que vi!

El de la moto seguía en la misma posición, pero el otro se puso de frente a la ventana o sea de espaldas a él y se fue corriendo hasta que se sentó sobre su pubis, le agarró la verga y pude ver claramente como la frotaba entre la suya y sus huevos, se notaba la gran diferencia tanto de largo como de grosor. Ignoro si no se dieron cuenta de que alguien podía verlos o no pensaron en nada, porque estaban tan entretenidos con lo suyo que ni miraban la ventana. Se mojó los dedos con saliva y humedeció la pija del de la moto, que no hacía nada, simplemente permanecía tirado en la cama. Vi perfectamente cuando con una mano levantó sus huevos y su pija, hasta que el de la moto se agarró la pija y la sostuvo firme, aunque parecía estar muy dura. Se levantó un poco y se dejó caer en esa pija que lo esperaba. Seguía con la mano levantando todo su instrumental, así que pude ver como descendía hasta que los pelos del de la moto tocaban sus nalgas. David ya había sacado su pija para afuera y quería que yo le retribuyera con una chupada igual a la que él me había hecho a mí. Pero yo estaba tan entretenido que no quería perderme nada.

Mi pija seguía afuera de mis pantalones y quería levantarse de nuevo. David se quejó un poco, se la sobó diciendo que él también tenía derecho a gozar, hasta que no aguanté más y no queriendo discutir porque quería ver en que terminaba el de la moto con el otro, me bajé los pantalones y le dije que hiciera lo que quisiera pero yo quería seguir mirando. Aceptó de mala gana y se puso atrás mío a lamerme el culo y con una mano me la empezó a tocar hasta que logró que se parara de nuevo. Bueno, no sé si por su mano o por ver como el tipo bajaba y subía de la pija del de la moto.

Ellos seguía en la misma pose, el de la moto había puesto sus manos bajo su cabeza, el trabajo lo hacía el otro. Subía, bajaba se agarraba la pija la descabezaba, se tocaba las bolas, se pellizcaba las tetillas. En fin todo, el otro simplemente se dejaba hacer. Sentí la cabeza de la pija de David apoyada en mi ano, y la metió sin avisarme, en realidad estaba tan absorto mirando que ni le presté atención a sus lamidas y ni noté cando me metió sus dedos ensalivados. Logró meter la mitad de su verga, es como la mía normal unos 20cm, pero un poco más gruesa. Sentí un estremecimiento y un cosquilleo en mi propia pija, que ya estaba bien dura. David me la agarró, empujó y creo que me la metió toda, porque empezó un mete y saca bárbaro.

Te diré que ni nos acordamos de que su prima y el hijo en cualquier momento llegarían y nos iban a encontrar casi en bolas y ensartados. Empecé a disfrutar, y la cabalgata de enfrente era cada vez más rápida, hasta que el de la moto lo agarró de la cintura y lo empujaba hacia arriba y hacia abajo el otro al tener las manos libres se pajeó a todo dar, no sentí su alarido pero vi como se abría su boca y una cantidad impresionante brotó de su verga y le cayó en las mano. David también gimió y sentí que se vaciaba dentro mío. Mi mano aceleró sus movimientos en mi pija y la poca leche que me quedaba pegó contra la cortina de la ventana. No vi más movimientos, quedó sentando sobre la pija del de la moto hasta que este lo tiró para un costado y se le salió. La agarró con su mano y seguía dura, el otro se puso a lamerla pero no se la puso en la boca. Vi las contorsiones de la cara del de la moto y miré otra vez a su pija, empezó a salir la leche mojando la cara y la lengua de su acompañante, que no dejó perder nada se la tragó toda.

David me la sacó, mejor dicho se salió cuando se le bajó, la lavó allí mismo en la pileta de la cocina, me limpió la mía con su lengua y nos vestimos. Yo seguía mirando por la ventana. No hubo besos, ni caricias, solo fue mecánico. Creo que el de la moto no estaba muy conforme con la situación o no tendría ganas en ese momento. Me di cuenta de que gozó pero muy perturbado, el otro sí lo disfrutó mucho.

Sentimos el timbre del portero eléctrico David lo atendió, era su prima que necesitaba ayuda para subir todas sus compras. Bajamos a ayudarle y cuando estábamos nuevamente en el depto. le pregunté a su hijo quien vivía abajo. Me contestó que un matrimonio, pero como yo le dije que había visto a dos hombres y a ninguna mujer. El chico dijo que estaban el marido y el hermano de ella, la mujer cuidaba enfermos y los domingos por lo general no venía. Ya me enteré de como era la relación de los dos tipos.

Cenamos tranquilamente el pollo al spiedo que trajo del super, y lo acompañó con arroz blanco y ensalada de lechuga y tomate. Antes de irnos miré otra vez por la ventana del comedor y vi luz pero no vi a nadie, me deslicé hasta el dormitorio y de allí sí podía ver la cocina. Allí estaba el de la moto lavando los platos, se ve que cenó con su cuñado y no sé si esperaría a la mujer o que iría a pasar.

Querido amigo, nos fuimos para casa, pero como David quedó muy caliente porque no lo quise coger, tuve que complacerlo en casa. Pero esa es otra historia. Recibe un abrazo de tu siempre amigo Omar. Ya sabes donde encontrarme para hacerme comentarios o contarme las cosas que te suceden o a tus amigos.

Autor: Omar

omarkiwi@yahoo.com

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Me cogí a mi suegra

Conduje mi pija hasta su concha que era un mar, y la ensarté de un solo estoque lo que la hizo abrir la boca, pero no profirió ruido alguno; la calentura era demasiada, la situación, el saber que era mi suegra, el hecho de que se presentara así, el lugar y todo lo que se puedan imaginar me hizo que luego de 4 ó 5 metidas y sacadas le llenara la concha de leche.

Tal vez todos los hombres casados y los que no, tengan su fantasía, pero lo que es seguro es que más allí o más aquí todos hemos fantaseado con cogernos a la suegra. Hay veces que solo es un sueño y otras en que se convierte en realidad. A mí se me ha convertido en realidad 3 veces en mi vida: una cuando me desempeñaba en un pueblo del interior y dos desde que estoy en la capital. En una de estas dos veces (la primera) se me dio con mi suegra-suegra, es decir con la madre de mi esposa y luego con la madre de mi compañera.

Yo no he hecho muchos méritos para merecerlo, pero la verdad es que si me ha tocado ser el macho de mis suegras, y lo he disfrutado mucho. La primera vez yo tendría 30 años y ella unos 40 a 45 muy bien llevados, y debido a que con su hija hablaban de los temas amorosos de la joven esta una vez le dijo a su madre que salía con un tipo así y así, que la tenía loca, que le había “besado allá abajo” como se decía antes y que le había encantado; tanto que pensaba hacerlo todas las veces que fuera posible, y por ahí la veterana se empezó a calentar y una semana después se me apareció y solo me dijo:”vengo a ver si lo que me contó mi hija es cierto”, a lo que yo quedé pálido y solo atiné a decir:
No se lo que le dijo.

“Verás he hablado con ella y me ha contado que la atiendes muy bien y que eres un excelente hombre en la cama” Sra; por favor que cosas dice. “Cosas que se que son verdad pues mi hija en eso no me miente, y no te asustes porque yo lo que quiero es acostarme contigo, soy viuda desde hace tres años y no he tenido hombre en ese tiempo, pero luego de la conversación con ella estoy sumamente excitada y espero que le hagas honores a tu fama o saldré por el pueblo a decir que eres un pervertido.”

Ni hablar que la Sra. tuvo lo suyo y que luego de cogerla bien como se merecía, le destrocé el culo y que se fuera contenta, cosa que así fue pues su hija me lo confirmó al otro día:

“Mamá te manda saludos y dice que te portaste muy bien, que te está muy agradecida y espera que se repita”.

Cuando me cogí a mi suegra-suegra, ya se los conté y les conté toda la historia de ella en mis relatos las memorias de jai y subsiguientes. Pero lo que me pasó con Célica es de novela: después de haberla “punteado” toda una noche en un festival de música al aire libre, se mostró muy recatada hasta no hace muchos días, en que al llegar de visita me dio un beso muy cerca de los labios, tan cerca que sentí su saliva sobre mis labios y mi mente dijo… Te pasaste de la raya, ahora la quedas.

Fue así que al irse repitió lo mismo a escasos metros de su marido y de sus hijas (mi compañera y su hermana) como con naturalidad, pero que en verdad no era así sino que era una invitación. Al otro día yo llegaba a eso de las 18hrs. de trabajar y ella estaba sentada en el living de casa, y cuando la vi me mente se activó y le hice seña de silencio con el índice en la boca, mientras me acercaba despacio y sin hacer ruido por detrás de ella que estaba sentada y sonriéndome mientras me miraba; cuando llegué a su lado le dije al oído: Ahora quiero un beso de verdad.

Ella sonrió más, giró su cabeza y me ofreció su boca, haciéndome calentar al máximo allí mismo y tomándola de la nuca apreté mi boca contra la suya y nuestras lenguas se buscaron afanosas, y juguetearon un rato hasta que se separó y me dijo:”basta por ahora que nos pueden ver”,¿es que hay alguien en casa ? pregunte, “siii” asintió con la cabeza, está Verónica”. No había pasado ni 5 minutos cuando se aparece Verónica y saludándome me dice: No te sentí llegar, voy a la panadería por bizcochos y vuelvo.

Dicho esto salió, y Celica mirándome con una sonrisa se levantó y tomándome de la mano me condujo hacia un corredor que tiene la casa, yo la seguí, estaba caliente y no me pensaba quedar así. No bien salimos del living, me recostó contra una pared y comenzó a besarme con furia, con desespero, con pasión contenida quien sabe desde cuando, y mi lengua buscó la suya, y se encontraron en una danza sin fin mientras mis manos bajaban hasta el ruedo de su pollera y comenzaban a subirla y a acariciar aquellas piernas, y cuando le tuve la falda arrollada en la cintura mis manos se depositaron en sus nalgas y buscaron frenéticas el elástico del calzón y se lo bajé hasta las rodillas…

Bajé el cierre de mi bragueta, le saqué una pierna de la bombacha, le levanté una pierna y con la otra mano conduje mi pija hasta su concha que era un mar, y la ensarté de un solo estoque lo que la hizo abrir la boca, pero no profirió ruido alguno; la calentura era demasiada, la situación, el saber que era mi suegra, el hecho de que se presentara así, el lugar y todo lo que se puedan imaginar me hizo que luego de 4 ó 5 metidas y sacadas le llenara la concha de leche.5, 6 chorros inundaron su vagina, y un aaaagggghhh en suspiro y sin ruido salió de su garganta, dando aprobación a tan corto polvo.

Saqué mi verga aún chorreante, me limpié con su calzón, se lo ayudé a poner de nuevo y ahí recién habló: ¡Por favor que cantidad de leche! Me corre por las piernas, que divino ¿siempre sos asi? y tomando mi cara entre sus dos manos me dio otro beso en la boca y me dijo: ¡Gracias! Espero que se repita. No lo dudes, le dije, pero ahora vete al baño, te higienizas, pero no te pones la bombacha, y cuando estemos todos tomando el té, yo haré como que se me cae algo, me agacharé a recogerlo y quiero que tú abras las piernas y me muestres esa “cosota” divina que ahora no vi…

Desde hoy serás mi hembra y me complacerás en todo o de lo contrario, yo no estaré más para ti. Si mi vida, haré todo lo que me pidas, dónde lo pidas y cuándo lo pidas, serás el compañero de mi hija, mi macho, mi amante, y yo seré tu hembra, tu puta.

Pasó hace pocos días. Solo esperaba la oportunidad para contárselos. Espero les haya gustado, Celica no sabe lo otro con su otra hija y con su nietita la menor, es decir con Verónica y con Sandrita.

Chau.

Autor: Olimarcito

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