Isabel y Pamela

Hace unas semanas retome contacto con una amiga antigua, Isabel, tomamos unos tragos juntos y me propuso recordar viejos tiempos organizando una fiesta con un grupo de amigos. Quedamos en vernos para su 43 cumpleaños en un bar de copas y que yo iría con algunos amigos. Isabel es una mujer muy atractiva y además insaciable. Con el agrandamiento de culo y pecho que se hizo hace no mucho hay pocos hombres que se le resistan.

El día acordado fuimos al encuentro de Isabel con Carlos y Héctor, dos de mis amigos. Mientras estábamos esperando a Isabel conocimos a una pareja, Manuel, un chico bastante joven y con horas de gimnasio y Pamela, una brasilera que debía tener unos 38 años, bronceadísima, y el cabello rubio largo. Sus pechos no eran muy grandes, pero sus contorneadas nalgas hacían que nosotros la mirásemos de reojo.

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El regalo de mi mujer

Mientras que ellas me cogían yo hacía lo imposible para no acabar ya que sabía que acabando mi pene se iba quedando sin fuerzas. Me montaron reiteradamente y yo pude mantener toda mi leche hasta que en una de esas la brasilera se sentó con su ano abierto por sus manos sobre mi pene y dejó penetrarse completamente por mi palo, yo podía sentir el calor de su ano con mi pija.

 

Después de haber logrado cumplir las fantasías más oscuras de mi esposa, y haberla hecho gozar como nunca, llego el momento de cumplir mis propias fantasías. Aunque reconozco que unas de mis fantasías era compartir a mi esposa con otros hombres, cosa que ya había hecho, pero la otra la que realmente me involucraba era la de tener unas cuantas mujeres, toda una noche, para mí solo, incluyendo a mi esposa. Es que yo no podría gozar si ella no está, estoy muy acostumbrado a compartir todo en la vida con ella.

Semanas después del maratón sexual que tuvo mi mujer con los cinco strippers, yo le insinúe a ella que quería cumplir una vieja fantasía mía que consistía en estar con varias mujeres en la misma cama, poder entregarme y que ellas hagan de mí lo que quisieran. Ella me dijo que le dejara todo en sus manos que cuando menos lo esperara ella me iba a dar la sorpresa. Pasaron los días, pasaron las semanas y un día cuando llegué a mi casa después del trabajo, abro la puerta principal y me encuentro que estaba todo oscuro, comienzo a llamar a mi mujer y no respondía, solo veía una tenue luz que provenía de nuestra habitación, sin dudarlo me dirigí hacia allá.

Cuando entro estaba toda iluminada por velas, era una imagen bastante misteriosa y me causaba hasta un poco de miedo. Me senté en la cama y entraron dos chicas de unos 20 años, vestidas completamente de cuero vinílico súper ajustado al cuerpo, bien como me gusta a mí y en las manos traían unas sogas. Ellas me recostaron en la cama con mucha violencia, sentándose una en mi pecho aferrándose a mí con sus fuertes piernas y atándome las manos al respaldo de la cama, la otra se encargó de mis piernas atándolas una a cada extremo de la cama. Mientras me hacían todo eso me decían que me iban a violar salvajemente. Yo sinceramente estaba temblando de miedo ya que no sabía lo que me esperaba, pero a la vez me excitaba mucho la idea de que ellas dominaran la situación, era algo que nunca había experimentado.

Me dejaron fuertemente atado y aparecieron dos mujeres más, vestidas igual pero con unas máscaras de cuero en la cara, traían unos pequeños látigos en la mano y comenzaron a pegarme en mi cuerpo despacio pero incrementando la intensidad. Yo estaba todavía con la ropa puesta así que no me lograban lastimar, pero entró una quinta mujer, que era de piel negra y cabello enrulado tenía un cuerpo muy delgado pero unos grandes pechos y una cola bien paradita, realmente tenía un cuerpo hermoso, después cuando habló comprobé que era brasileña. Ella traía una navaja y un gran bolso.

Ahí realmente me asusté, yo todavía no veía a mi mujer que con su presencia me tranquilizaría. Me sentía temeroso pero con pasión a la vez por estar con esas mujeres completamente descontroladas, todas vestidas igualmente de cuero, y yo atado en la cama a pura disposición de ellas. Realmente sentí en carne propia lo que sentía mi mujer cuando tuvo sexo con todos esos hombres.

La brasilera comenzó a cortar mi ropa en pedacitos hasta dejarme completamente desnudo, realmente me sentía indefenso y no podía tener una erección ni de casualidad con tanto temor que sentía, no me causaba mucha gracia ver esa navaja tan cerca de mi piel y menos cerca de mi pene. Una de las chicas sacó del bolso, crema de afeitar y la rocío toda alrededor de mi pene, yo adiviné la intención que tenían.

La brasilera tomó con su mano mi pene totalmente flácido, mientras que las otras me afeitaban todo alrededor de mi pene hasta los testículos y el ano siempre lo hicieron muy delicadamente, sentir como rasuraban mi vello me excitaba mucho, seguramente por la zona en donde estaban, además me gustó el tiempo que se tomaron en hacerlo, fue algo muy lindo Una vez que terminaron me limpiaron todo con unas toallas y siempre dejándome atado me brindaron un pequeño espectáculo.  La brasileña y tres chicas más comenzaron a besarse y acariciarse pero de repente todo se tornó violento. La brasilera tomó una de las chicas enmascaradas y comenzaron a desnudarla con fuerzas mientras otra chica que estaba sola comenzó a besar mi pene que aun seguía completamente flácido.

La negra se puso un cinturón con un gran consolador y comenzó a penetrar a la mujer que tenían agarrada entre varias, eso realmente comenzó a excitarme, la negra penetraba a esa mujer con todo tipo de consoladores, y así estuvieron por un largo rato, yo nunca había visto tantos consoladores juntos y menos de esos tamaños. Mientras que mi pene quería ponerse erecto, la hermosísima rubia que estaba conmigo, me dijo que me lo iba a hacer crecer pero dentro de su boca porque ella lo quería sentir ponerse erecto ahí dentro.

La idea me excitó mucho y abriéndola bien grande puso todo mi pene sin dificultad ahí dentro. Mi pene comenzó a crecer pero muy despacio, la rubia no dejaba de succionar el mismo con fuerza sin dejarlo salir un centímetro afuera de su boca, a la vez ella con un dedo comenzó a penetrarme muy despacio en el ano cosa que nadie me había hecho antes, eso me produjo una extraña sensación ya que mi pene inexplicablemente comenzó a parase muy rápidamente.

Yo podía sentir como mi pene buscaba lugar dentro de la boca de la rubia. Ella comenzó a respirar con dificultad y yo sentía como mi pedazo entraba por su garganta, juro que fue la sensación más hermosa que sentí en mi vida, era algo nuevo y único para mí, ella me miraba bien a los ojos mientras yo la penetraba por la garganta, de golpe penetró todo su dedo en mi ano y yo como si hubiera sido una reacción natural de mi cuerpo tuve un orgasmo maravilloso acabándole todo dentro de su garganta.

Ella retiró muy despacio el dedo de mi ano, mientras sacaba mi pene de su boca y no mostró signos de ninguna gota de semen, se lo había tragado todo y con mucho placer. Mientras la Brasilera ya se había cansado de sus actos lesbios, volvió en busca de mí y me dijo “ahora vas a hacer el amor con todas y más vale que puedas porque si no va a ser un dedito lo que te penetren sino esto” y me mostró un gran consolador que llevaba en la mano, yo sin dudar le dije que sí pero que no quería que me penetraran con eso ya que no era de mi agrado, ella al escuchar mis palabras tomó un látigo y me propinó cuatro latigazos muy fuertes y dolorosos diciéndome: “Acá la que manda soy yo así que mejor cállate la boca y obedece”.

En ese momento comprendí lo que era ser sometido, sentir que alguien esta haciendo con vos lo que quiere y la mezcla del temor, placer y dolor daban un resultado de un éxtasis muy placentero que sólo se sentía en ese momento. La brasileña manejaba todo ella le decía a las demás chicas lo que tenían que hacer, yo le tenía miedo pero a la vez me sentía muy seguro en sus manos.

La brasilera ordenó que me untaran con crema todo mi pene como si fuera un pastel, las chicas tomaron unos pomos que se usan para ponerle crema a los helados y me pusieron por todo mi pene, mis testículos y mi ano, claro es de imaginar lo que sucedió después, ellas todas juntas se encargaron de sacarlo todo con sus lenguas, hasta sentí la lengua de la brasileña como penetraba mi ano en busca de rezagos de crema, luego todas una por una volvían a poner crema en mi pene y lo chupaban como si fuera la ultima vez que tenían un pene en su boca.

Yo trataba de soportar mi orgasmo pero no pude ya que ellas no iban de para de chuparlo hasta no hacerme acabar cosa que hice mientras unas de las chicas pasaba la puntita de la lengua muy despacio por la cabeza de mi pene retirando la crema que por ese momento se mezclaba con mi leche calentita. Ella al ver eso mostró una linda sonrisa y degustó todo sin dejar nada.

Para darme un poco de tiempo para recuperarme la brasileña tomó una vela encendida y dejó caer la cera caliente en mi pecho, lo hacía de a poco, dejando caer pequeñas gotas hasta llegar a mi pene en donde sólo se limitó a dejar caer cera alrededor del mismo, el dolor que me causaban las pequeñas quemaduras era acompañado de placer cuando inmediatamente la cera se secaba y se tornaba fría.

Luego apagó la vela y comenzó a penetrarse en el ano la base de la misma, ella lo metía todo dentro y luego lo sacaba casi hasta afuera, la vela era bastante larga y gordita, realmente esa mujer era capaz de todo. Luego que la brasilera terminó de jugar con la vela mi pene ya estaba erecto otra vez y mientras yo seguía atado, todas se fueron turnando una por una para montarme, pero antes de cogerme me hacían un striptease único, era algo maravilloso realmente las minas tenían un cuerpo espectacular, sólo no entendía porque dos de ellas estaban enmascaradas.

Mientras que ellas me cogían yo hacíia lo imposible para no acabar ya que sabía que acabando mi pene se iba quedando sin fuerzas. Me montaron reiteradamente y yo pude mantener toda mi leche hasta que en una de esas la brasilera se subió a la cama y dándome la espalda se comenzó a sentar con su ano abierto por sus manos sobre mi pene, ella me dijo “ahora vas a saber lo que es coger” y dejó penetrarse completamente por mi palo, yo podía sentir el calor de su ano con mi pija.

Ella comenzó a moverse con toda furia y no se detenía, yo no podía creer la fuerza que tenía esa mujer y claro no pude soportarlo y acabé todo dentro de ella, pero lo más increíble es que ella me pedía más y más y no dejaba de moverse, yo no soportaba el dolor de mi pene que estaba siendo realmente exprimido.

Terminé exhausto y la brasileña sacó mi pene de su ano y le indicó a una de las chicas que pusiera su boca bien abierta detrás de la cola de ella, entonces la brasilera abriéndose con mucha fuerza el ano dejó caer de adentro todo mi semen directamente a la boca de la chica, esa escena fue increíble, yo nunca había visto nada igual, la brasilera le ordenó que tragara todo eso y sin dudarlo la chica lo hizo.

Luego a mi pene le costaba ponerse erecto así que me pasaron una crema íntima y me lo masajearon para que éste vuelva a funcionar, al minuto estaba erecto y mucho más que antes, yo nunca había utilizado este tipo de cremas intimas. Así que ellas me fueron entregando de a una sus lindos culitos que yo fui penetrando muy complacido, esa noche fue interminable perdí la cuenta de cuántas veces las penetré y en cuántas posiciones, lo único que me acuerdo es que yo ya estaba desmayado del cansancio y ellas me seguían poniendo crema íntima para poder endurecer mi pene una vez más, así hasta la madrugada en que todas se marcharon.

Solo se quedó una, que sin saberlo yo era mi esposa, era una de las chicas enmascaradas, ella me desató, me abrazó y se quedó a mi lado. Yo le pregunté quién era la otra mujer enmascarada y ella me confesó que era su mejor amiga, una chica que yo siempre le tuve ganas y mí esposa lo sabía, le pregunté cómo la llevó a que ella hiciera eso y me dijo que ella le había comentado la sorpresa que me iba dar y la amiga le pidió por favor que quería participar.

Yo sinceramente no las había reconocido porque la luz de las velas no permitía ver bien con claridad.

Así dormimos por un día entero y yo no quise saber más nada de mujeres por un largo tiempo ya que realmente no había quedado nada en el tintero por cumplir, para mí la vida era perfecta, tenía una esposa con la cual hacíamos todo sin ningún tipo de pudor o reproche, pero claro las historias felices siempre tienen sus dramas y lo bueno siempre algún día tiene que terminar y eso nos sucedió también a nosotros, pero eso ya saben, eso es otra historia.

Autor:ALEXXX

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Mi vecina brasileña

Me agarró de la caderas me puso de costado y mientras me cogía fuertemente me seguía también metiéndome el dedo en el culo. Yo gritaba de placer, cuando sentí venirme, él metió todo su dedo grande hasta el fondo del culo y se me vino adentro. Que cosa más sabrosa, siempre pienso que la pija de mi esposo es un manjar.

Nos había costado decidirnos (a mi esposo y a mí) pero al final optamos por irnos de vacaciones a Brasil. Entre tantas ciudades por elegir y playas verdaderamente hermosas nos decidimos por un destino sin par, Angra dos Reís. Sin par…y ahora les contaré porqué.

Por experiencias anteriores, también nos decidimos a llegar a la ciudad y sólo ahí buscar un lugar donde alquilar; las condiciones que ambos queríamos eran: algo íntimo, romántico y con salida a la playa. Llevábamos dos años casados y queríamos pasar unas buenas sex-vacaciones, ¡hacer él amor de todas las formas y todo el día!

Todo el día vimos varias cabañas y departamentos hasta que dimos con un lugar de ensueño, una cabañita hermosamente decorada dentro de un predio rentado por sus dueños quienes vivían en la parte delantera frente a la calle, nuestra casita de madera daba a la playa. Era bellísima, con un dormitorio de cama grande, cortinas finas blancas hasta el piso, bañera a un costado y una salita acogedoramente cómoda. Los dueños (una pareja brasilera) nos resultaron muy simpáticos. Ahí nos quedamos.

Desde el día siguiente comenzamos una ronda de tomar sol, mar y hacer el amor en la casa. Sexo-mar-sol. Mi esposo adora la lencería provocativa, así que cuando estábamos en la cabaña, yo andaba siempre en ligueros o en body transparentes, él siempre aprovechaba para cogerme entre los almohadones de la salita, en la cocina, en la bañera, contra las barras de la cama, yo sin preocupación de cerrar ventanas ya que la casa de los brasileros estaba algo distante y la otra cabaña no tenía ocupantes.

Una noche (de esas calurosamente ricas) me tumbé a la cama a calentarme sola, mi esposo estaba recostado afuera; me puse una tanga negra, unos corpiños transparentes negros y con una mano saqué una de mis tetas y acerqué a mi boca mi riquísimo pezón, con la otra mano, empecé a masajearme suavecito la vulva, haciendo a un costadito la tanga…que caliente estaba!, mis dedos se mojaron rápidamente y con ellos empapaba la entrada a mi culo, un dedo en la vagina, un dedo en el culito, un pezón duro para lamerlo y lamerlo. Ni cuenta me di que mi esposo estaba mirándome, no le hice caso, seguí en mis dedos-penetradas, me pellizcaba los pezones y lo invité a venir a meterme también sus dedos, OH sorpresa!

Mi esposo directamente se agachó y empezó a chuparme suavecito, dándome lengüeteadas fabulosas, ellas se escurrían hasta el culito, ahí volvía a meterme despacito uno de sus dedos. Yo estaba extasiada, chupaba mis pezones, y con la otra mano le tocaba los cabellos. Él se levantó de golpe, ahí estaba ese pene duro y rosadito que yo amo, enorme, furioso, caliente.

Me agarró de la caderas me puso de costado y mientras me cogía fuertemente me seguía también metiéndome el dedo en el culo. Yo gritaba de placer, cuando sentí venirme, él metió todo su dedo grande hasta el fondo del culo y se me vino adentro. Que cosa más sabrosa, siempre pienso que la pija de mi esposo es un manjar.

Pasamos dos días más y una mañana mientras mi esposo estaba en la playa, vino la brasilera a la casita. Yo tenía puesta una tanga pero también mi salida de baño; me dijo que traía para probar lo bien que hace caipiriñas; así que pues la invité a la salita. Nos tumbamos en los almohadones y ella fue a la cocina, trajo dos vasos e hielito, y le metimos a la charla. Hablamos de todas cosas, nuestros trabajos, nuestras ciudades, familiares y bueno, luego tocamos el tema de nuestras parejas.

Con una desconocida no me gusta mucho hablar de intimidades, pero también, con 5 vasos de vodka con limón, casi todas las palabras me hacían gracia.

Ella se recostó más cerca de mí y comenzó a hablarme del marido. La verdad que la miraba de arriba abajo. A ver, la brasilera debía tener unos 38 años, bronceadísima, el cabello rubio largo, sus pechos no eran muy grandes, pero su contorneada nalga hacía que mi esposo siempre la mire de reojo; ese día llevaba una salida de baño de crochet que no dejaba nada a la imaginación, y por debajo una tanga en juego verde. Con la piel bronce y ese pelo largo, resultaba muy atractiva, ¿que más puedo decir?

Así fue como empezó a contarme que el marido no la satisfacía del todo en la cama, y que a ella le calentaban mucho los hombres. Me contaba cómo era su hombre haciendo el amor, y yo me reía a carcajadas. Ella también se reía y en una de esas, me dice que lo que más le gusta son los intercambios de pareja y las cogidas de culo. Yo me puse colorada, y ella inmediatamente remató: Así como el pene de tu hombre, pero también haciéndolo contigo.

Me quedé mirándola, hacía tiempo que ya no experimentaba con mujeres y en tríos, y nunca lo había hecho con mi esposo. Ella se levantó, se recostó al lado mío, y sin dejar de mirarme buscó los labios de mi vulva con sus dedos; al encontrarlos húmedos, inmediatamente me penetró con uno de ellos, y con el pulgar hizo círculos en mi clítoris. Yo la tomé de la cara y la acerqué a mis labios, que besos nos dimos! Era una calentura extrema, nuestras lenguas se amarraban, nuestras manos recorrían centímetro a centímetro de cuerpo ardiente, húmedo, femenino al fin.

Que precioso momento pasamos esa tarde, hacía tiempo que no tenía una  revolcada con una mujer deliciosa, su vulva era enorme, jugosa, le metía tres dedos en la vagina, y ella seguía pidiéndome más, el culo le calentaba muchísimo, le metía mis manos por todos lados, le chupaba los pezones y la brasilera me regaló una de las mejores chupadas femeninas que he tenido.

Nos besamos mucho tiempo y quedamos que al día siguiente a la noche nos encontraríamos los cuatro.

El día amaneció con una llovizna intermitente, así que mi esposo y yo nos tuvimos más remedio que quedarnos en la cabaña. Le comenté que los dueños cenarían con nosotros y que sería bueno que nos deleitara con las sabrosas pizzas que él hace, no, no le dije nada de intercambios, sé que él tuvo experiencias así, no casado conmigo, pero bueno, quería darle una sorpresa.

Con la llovizna que no paraba, a las nueve de la noche aparecieron la brasilera y el marido. Ella llevaba un vestido de lycra súper ajustado blanco, una tanga por debajo y no llevaba corpiño; su pelo largo, unas pulseras de madera y unos zapatos de taco bien alto, color verde.

Estaba guapísima. Mi esposo también estaba de blanco, una camisola y unos pantalones. Yo llevaba un vestido-túnica transparente lila, y me puse una lencería roja, aros y pulseras doradas, descalza. El esposo de ella estaba vestido de negro, y se vino con la camisa desprendida, nada especial, nada de guapo. Cuando el recibí en la puerta, ella me dio un beso en la boca, el marido me lo dio en la mejilla, entraron, y vino mi esposo de la cocina, hicimos las presentaciones, y noté que Mauro miraba a la brasilera sin descaro de arriba abajo.

Nos acomodamos en los almohadones y mi esposo trajo el vino, picamos algo, charlamos y como la brasilera estaba a su lado, no perdía situaciones o para tocarlo o para arrimarse más. Era de risa, pues mi esposo estaba excitado, pero no sabía que era lo que pasaba. Me hace señas y nos vamos a la cocina. Me preguntó que puta era lo que pasaba, que yo, estaba con un vestido transparente y la brasileña ya estaba por tirarse ahí mismo. (La cocina estaba apenas dividida de la salita por un desayunador)

Yo ahí lo palpé por los pantalones y noté una nada mal verga a medio camino, acerqué mis labios a su oído y le susurré que aquella era una noche de follada entre las dos y él. Lo miré a los ojos y le dije: Si no te gusta, acá se termina.

Él me miró, me abrazó y me empezó a besar apasionadamente, sus manos me apretaban las nalgas y con ellas me empujaban a sentir ya esa verga dura que yo amo.

Lo llevé de la mano a la salita, nos sentamos de vuelta, vinito y un brindis, y la brasileña ya estaba al rato, de cuatro, buscándole la pija a mi esposo para chuparla. Yo me recosté y empecé a tocarme mientras veía la cara de gozo de mi esposo, a la rubia chupándole con el vestido puesto y los zapatos verdes. El marido de ella no hacía ni decía nada, miraba la escena tomando su whisky.

Estaba mi esposo disfrutando de la mamada suave, cuando ella se para, se remanga el vestido hasta la cintura y queda al descubierto su precioso cola-less, se lo pone de costado a su coño y lo monta a mi esposo sobre el sofá.

Sus movimientos eran suaves y mi esposo buscaba sus senos para pellizcarlos, ella se fregaba con una mano la vulva mientras mi esposo la penetraba suavemente; ella solo gemía o decía Si, papi, Cómeme, Cómeme.

Yo estaba mojadísima, me excitaba tanto verle a Mauro coger de esa forma; en eso él la aparta y se arriman a mí, Mauro quería una mamada entre las dos, ambas lamíamos su pene, y él nos metía deditos por la vulva y por el culito. Ambas estábamos tan calientes que luego de besarnos, me recosté sobre los almohadones y ella se puso de cuatro para chuparme, mientras Mauro la penetraba. El marido seguía mirando como si nada y su esposa me lamía femenina y deliciosamente (como sólo una mujer sabe hacerlo).

Mauro de pronto, la agarró fuerte por las caderas y le ensartó la pija en el culo de un golpe. Ella gritó de placer, se levantó lo empujó a la alfombra y al subirse arriba, lo cabalgó furiosamente, esta vez, daba la espalda a mi esposo, quien no dudó en seguir metiéndole el dedo en el culo.

La brasileña se agitaba, su pelo se revolvía y sus senos bamboleaban, la cabalgada era tremenda…

Yo estaba metiéndome los dedos en la vagina con los ojos cerrados, cuando siento otros dedos acariciándome la vulva, veo al marido sacando la lengua para lamerme, me acuesto bien, y el muy goloso me chupa todo el coño y el culo de una manera increíble, me agarró de las nalgas con las dos manos y tenía toda la cara en mi coño mojado.

¡Que chupada! Este tipo capaz que tenía una pija que no andaba, pero una lengua serpenteante capaz de introducirse en mi vagina.

Mi esposo alzó a la brasileña sobre la mesita del centro la acostó con las piernas súper abiertas y la cogía vagina-culo culo-vagina, luego ella le pedía gimiendo que sea más despacio y solo por el culo. Ahí se vinieron ambos. El marido goloso seguía chupándome, y metiéndome el dedo en el culo y en el coño, y cuando sentí venirme el goloso apretó más su cara a mi coño.

Estaba exhausta! La brasileña estaba tirada con las piernas abiertas y mi esposo se acercó para besarme largamente. Nos besamos y besamos, que ya no importaba nada… lloviznaba, y ambos nos habíamos revolcado con gusto.

Cuando nos dimos cuenta, nuestros vecinos se habían ido.

Autora: Ani_carli

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