Nueve horas follando a la malagueña

Cuando ya llevaba un buen rato gimiendo como una perra le dije que se pusiese a cuatro patas y ella, por supuesto, lo hizo encantada. Tenía un culazo espectacular. Le metí la polla lentamente y comencé a bombearla de nuevo agarrándola por la cintura. La empotré literalmente contra la pared de enfrente de mi cama. Esta pequeña zorrita disfrutaba conmigo.

Historia de un polvazo.

Nos habíamos conocido en el chat y desde el principio hubo empatía. Kris vivía en Málaga con su familia, pero como también tenía familia en Galicia e iba a viajar allí en navidades, decidió hacer amigos de La Coruña. Más tarde habría de descubrir lo que Kris buscaba en mi tierra, y como había pensado en el chat como el modo de encontrarlo.

Después de varias noches chateando, Kris me dijo que se iba a venir ya a pasar las fiestas a un pueblo que queda cerca de mi ciudad y que vamos a llamar Malpika. -dado que este relato se basa en hechos reales, mejor elegir nombres ficticios-. Quedé con Kris en un centro comercial y aunque con cierta timidez, poco a poco fuimos sintiéndonos cómodos el uno con el otro. Comimos juntos y por la tarde estuvimos viendo la ciudad. Kris me decía que estaba nerviosa y que tenía algo que decirme. Anocheció y mientras tomábamos algo la llamaron sus padres porque hacía mala noche y querían saber cuando regresaba a Malpika. Dado que ya eran cerca de las dos cogí mi coche dispuesto a llevarla con ellos.

Kris tenía 28 años y es una de esas chicas no muy altas, pero bastante cachondas, con grandes tetas, vientre totalmente plano y un buen culazo, saliente y duro. Una cara bastante mona completaba a una chica que, sin destacar especialmente, podía tener un estupendo polvo. Poco después comprobaría que Kris era una nena cachondísima, muy caliente, loca por follar. De camino a Malpika Kris me comentó que su hermana Laurita, más pequeña que ella, salía con un chico del pueblo que iba a desvirgarla.

Poco después de éste y otros comentarios Kris me dijo el motivo de su nerviosismo: quería saber si yo la besaría al despedirnos. En realidad ella no sabía como mostrarme las ganas que tenía de follar. Yo por supuesto le dije que al despedirla no. Paré el coche y le di un buen morreo. Durante el morreo, intuyendo que era lo que deseaba, empecé a magrearle las tetazas sobre la blusa. Reaccionó estupendamente, llevando mis manos bajo la blusa para que le acariciase por debajo.

Mientras le sobaba las tetazas a base de bien, notaba sus pezones ponerse bien duros bajo el suje. Kris me dijo entonces, para el coche un poco más adelante. Así lo hice. Nada más parar junto a una nave, en un sitio discreto, continué dándole caña. Ahora ya no me limité a morrearla y tocarle las tetas, sino que levanté la blusa y el sujetador para ver el par de estupendas brevas que tenía bajo éste. Le besé y chupé los pezones mientras comenzaba a acariciarle la entrepierna. Kris se estaba poniendo muy cachonda, así que le desabroché el pantalón para poder acariciar su sexo directamente sobre las bragas. Ahí Cris me detuvo y me dijo: mejor sólo por fuera, es que tengo la regla. Continuamos un poco más, pero al rato la llevé para su pueblo.

Era viernes y durante el fin de semana le pregunté si podíamos vernos el lunes, con la esperanza de que entonces ya no tuviese la regla y pudiese joderla a placer. Kris tenía que atender a su familia, pero quería ver también a una prima que tiene en la propia Coruña, así que no fue difícil que se ofreciese a pasar el lunes a las nueve por mi casa. El padre de Cris, tenía que ver una sucursal de Panesto en La Coruña, así que podía traerla con él.

A las nueve del lunes Kris entraba en mi casa e iniciaría lo que al final se confirmó como uno de los mejores polvos de mi vida y, por lo que me hizo saber, el mejor de su vida. Kris salía con un chico con el que pensaba casarse, pero prefirió no mencionármelo en principio, pero se notaba que necesitaba mucha más polla de la que su novio podía darle, así que yo iba a dársela a conciencia.

Entró y después de charlar un poco y decirme que su hermana Laurita ya se había desvirgado con su novio de Malpika, yo comencé a besarla y acariciarla sobre la ropa. Llevaba unos vaqueros gastados y camiseta. Pronto le quité la camiseta no sin antes magrearle sus estupendas tetazas y repasarle el conejito por fuera de la ropa. Le quité la camiseta y el pantalón y la tumbé en la cama. Fui recorriendo sus labios, su cuello y sus tetas besando y lamiendo las zonas más sensibles. Para cuando metí mis manos bajo su tanga azul, su coñito estaba ya muy mojado y caliente. Caray Kris, como vas ¿eh? Le dije, sonrió y me bajó el pantalón para comenzar a chuparme el rabo.

Se notaba que le gustaba lo que hacía porque me dedicó una buena mamada. Yo, para compensarla, le abrí bien las piernas y se la clavé hasta el fondo. Puso cara de gustito y comencé a bombearla a base de bien. Cuando ya llevaba un buen rato gimiendo como una perra le dije que se pusiese a cuatro patas y ella, por supuesto, lo hizo encantada. Tenía un culazo espectacular. El típico culazo de esas nenas pequeñitas, pero con curvas. Seguro que ya sabéis como os digo. Le metí la polla lentamente y comencé a bombearla de nuevo agarrándola por la cintura. La empotré literalmente contra la pared de enfrente de mi cama. Esta pequeña zorrita disfrutaba conmigo diciéndole cosas tipo: te la voy a clavar detrás, igual que sollozaba como una perra en celo cada vez que le azotaba las cachas.

Estuve dándole un buen rato, hasta que se corrió como una loca. Luego, dócil como una perrita se metió mi rabo en la boca y comenzó a pajearme y mamarme la polla. Yo le dije, Kris, estoy cerca de correrme e igual no te va a gustar. Ella respondió: claro que me gusta, así que yo mismo le di las últimas sacudidas enfrente de su boca para correrme y dejar mi semen bajando por su bigotito y labios. Se fue al lavabo diciendo: puaj, puaj. Pero a pesar del puaj, puaj, luego recibiría otra descarga en la boca.

La muy zorra me proponía: si quieres puedes correrte en mis tetas también. Pero no, volví a dispararle en la carita, no sin antes comerle de nuevo las tetas y el coñito.

Ambos reparamos en que un mínimo rastro de su regla hizo que su mano quedase marcada en la pared cuando me la follé por detrás (todavía hay una sombra de recuerdo de aquel fabuloso polvo). Me la follé a cuatro patas, ella encima, debajo, de lado, le di toda cuanta polla quiso y más. Le hice un colacao para que aguantase y, cuando terminamos de follar como locos, comprobamos que llevábamos desde las nueve de la mañana y eran ¡las tres! Pero Kris no veía la hora de dejarlo.

Su próximo matrimonio le hacía tener la sensación de que sus oportunidades de salir sola y montar con otros se limitarían, así que quiso aprovechar todo lo que pudo. Durante el resto de las navidades Kris y yo quedamos todavía dos o tres días siempre con el mismo programa: no quería ni tomar un café, lo que necesitaba más que respirar era follar y follar.

Ahora Kris trabaja también en Palesto en Málaga, pero sigue viajando de vez en cuando a Malpika. Está casada, pero me consta que su furor uterino continúa vigente y, aunque su marido no lo sabe, Kris sueña con poder repetir aquel polvazo de nueve horas que, tal y como me confesó, es el que puebla sus sueños eróticos cuando se masturba para calmar su eterna calentura.

Tal vez Kris y yo volvamos a quedar pronto. Tal vez esta vez acompañe a Kris su hermana Laurita. Quien sabe, tal vez no le importe que su hermanita descubra que no le llega con su marido para calmar sus ganas de sexo. Dado que a Laurita ya se la han follado bien follada y parece que también le va mucho el rabo, tal vez la cachondísima Kris la anime a que se incorpore con nosotros en un nuevo súper polvazo como el que viví con ella y, con un poco de suerte, pueda contároslo en otro relato.

Ojalá que la pequeña Laurita tenga tan poco respeto a su noviazgo como Kris a su matrimonio y pueda follarme a las dos a placer. Si no fuese así, siempre me quedará el recuerdo de aquellas navidades en las que ambos jodimos durante horas y, como no, la sonrisa de la infiel Kris cruzada de parte a parte por mi lefa calentita. Hasta la próxima…

Autor: Buen Chaval

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