El casting de Brenda y Jade

Con varios de mis amigos fuimos a Benidorm a un bar liberal. La entrada para chicos cuesta 30€ e incluye una bebida. Estuvimos un rato pero no había demasiado ambiente así que decidimos marcharnos a buscar diversión a otro sitio. Mientras estuvimos en el bar, en la barra había una pareja. Un hombre corpulento de unos cincuenta subidos y una mujer menuda.  Una MILF de 32 años, que resulto llamarse Brenda. Una gringa que apenas chapurrea el castellano,  delgada que mide 1.60 de estatura, y tiene unos senos exquisitos medianos y duritos, y unas nalgas paraditas. Al salir del bar ellos lo hicieron también. El hombre se nos acercó y nos dijo con acento extranjero, si me dais 20€ cada uno les dejo que le hagan un bukake a mi mujer. Los chupara a todos y luego podéis correros en su cara, pero no quiero ninguna foto ni que nadie se pase de ahí.

Al principio nos sorprendió pero después vimos que el hombre iba en serio. Le dimos el dinero y fuimos todos al baño de una gasolinera. Enseguida ella comenzó a chupársela  a Mario. Poco a poco la cosa se fue calentado, y mis amigos empezaron a animarla “Vamos puta chupa”. Algunos en su turno la agarraban de la cabeza metiéndole sus pollas enteras dentro de la boca, alguno estuvo a punto de hacerla vomitar. Poco a poco todos fuimos corriéndosnos, Brenda se tragó una buena parte de las corridas pero parte del semen estaba en su pelo, sus ojos, e incluso en el escote.

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VERANO: apuestas, novia y desconocidos

Sara bajó del coche acompañada por nuestro amigo Jose, y por mí, Luis, su novio. Tras un día excitante y morboso, nos encaminábamos hacia una terrada donde trabajaba Juanma, un amigo de Jose.

Sara se había cambiado dentro del coche la ropa mojada por un vestidito blanco ibicenco, bien corto y escotado, que me recordaba los cubremanteles que mi abuela tenía en su casa. A través de los agujeritos del tejido se podía entrever la ropa interior de mi chica.

Nuestra chica caminó con dificultad hasta la mesa libre escogida por Jose, justo en medio del restaurante. La causa de estos pasos malogrados no eran unos tacones, sino  los huevos vibradores a control remoto que nuestro amigo había introducido en el coño y ano de nuestra mujer.

Mi novia se sentó acalorada, regalándonos una sonrisa llena de complicidad.

El camarero llegó y antes de pedirnos qué queríamos para beber saludó efusivamente a su amigo.

JUANMA: hombre Joseeee. ¡Qué sorpresa! ¿Y este bomboncito quién? ¿Un nuevo ligue tuyo?

JOSE: más o menos – dijo sin dejar de mirarme maliciosamente.

JUANMA: ¡ya estás tardando en presentármela!

JOSE: Sara, este es Juanma, un amigo a parte de nuestro camarero.

Sara se levantó, y el chico le dio dos besos, de los que yo llamo de ligón de discoteca: cerca de los labios, intensos, y pasándole una mano por detrás del cuello.

Al sentarse de nuevo, el camarero habló de banalidades con su amigo sin dejar de mirar a Sara. Su delgado cuerpo engarzado en aquel vestidito ensalzaba su delgadez, culito respingón, y pechitos. Todo ello dándole un aire de inocencia que no hacía sino incrementar el morbo.

De repente, se oyó el chasquido de un botón y Sara pegó un gritito a la vez que daba un salto. Jose sonrió tras haber pulsado el botón del huevo vibrador ubicado dentro del coñito de mi chica. Ella resopló sin decir palabra. El saltito le había movido el vestido y dejaba a la vista la parte de arriba de su sujetador.

JUANMA: ¿estás bien preciosa? ¿Quieres algo de beber?

SARA: una cerveza por favor.

La chica recordó en aquellos momentos la apuesta que había hecho con Jose: antes de las 0:00 ella sería una gatita sumisa, pudiendo subir su lívido sólo Jose y yo. Si ganaba, Jose sería su esclavo lo que quedaba de semana; si perdía, tendría que cumplir todos los deseos de Jose mientras disfrutara de su hospitalidad.

Tenía que pensar algo y rápido, porque si aquellos dos seguían con el vibrador, iba a perder la apuesta muy rápido. Se le ocurrió ir sacando ciertos temas polémicos para  tener a ambos chicos entretenidos y que se olvidaran de ella. Hablaron de política, de fútbol, de religión y de la diferencia entre hombres y mujeres.

Jose apoyó su mano en su terso muslo muy cerca del comienzo de la parte baja del vestido.

JOSE: preciosa, no creas que no me he dado cuenta de tu estrategia de hacernos pensar en otras cosas durante la cena. Si no hemos activado los vibradores es porque estamos ahorrando pilas.

Aquella mano inquisitiva se adentró bajo el vestido y rozó suavemente su ropa interior.

Acerqué mi dedo a su boca y ella se lo introdujo lentamente sin dejar de mirar a nuestro amigo.

En ese momento llegó el camarero y nos cortó el rollo a los tres.

JUANMA: ¡madre mía cómo está el veranito de caliente! Si lo sé me siento con vosotros a cenar en lugar de estar currando como un tonto. ¿Qué plan tenéis para después?

JOSE: habíamos pensado ir a algún lado a tomar algo.

JUANMA: ¡perfecto! ¡me auto-apunto! ¡ja ja ja!  Hoy voy a intentar escaquearme antes y creo que sobre las 12 podré salir. Te llamo y ya me dices donde estáis.

Pagamos la cuenta y nos fuimos hacia un sitio que desde fuera se apreciaba típicamente para giris. De hecho, en la puerta nos recibieron con un saludo anglosajón, y a mi juicio nos hicieron pagar por ser españoles. Dentro, el local estaba lleno hasta la bandera de extranjeros bebiendo y bailando de forma muy animada.

El principio de la noche transcurrió con normalidad, como si de una marcha de amigos del instituto se tratara. Bebimos un par de mojitos, y fue la propia Sara la que casi nos arrastró hasta la pista de baile.

Jose y yo bailamos torpemente frente a los fluidos movimientos de nuestra compañera. Movía su culito de izquierda a derecha con sensualidad, al tiempo que sus pechitos saltaban al mismo ritmo dentro de su vestidito. En uno de estos bailes Jose mantuvo unos segundos el vibrador en marcha, y Sara no pudo evitar llevarse una mano a la entrepierna y seguir bailando de tal guisa. Parecía una perra en celo, y un grupo de ingleses desfasados se dio cuenta y empezaron a gritar alrededor.

Uno de ellos, pelirrojo, empezó a hacer fotos y a compartirlas entre risas con sus amigotes. En su impunidad, este mismo chico bajó la cámara hasta la altura del suelo y disparó varias fotos con flash. Al compartirlo con sus amigos, estos se volvieron locos e intentaron acosar a Sara.

Ésta, viendo el percal, se lanzó hacia nosotros  y se abrazó a mí. Nos morreamos con pasión. Ella estaba muy cachonda.

Jose se pegó a su culito, y tras darle unos besitos llamó a los giris. Le levantó la parte de atrás de la falda a Sara, dejando su culito redondo y perfecto enclaustrado en un tanga, a la vista de todos. Los extranjeros fliparon e hicieorn más fotos.

Nuestro amigo volvió a pulsar el famoso botón, y Sara se llevó la mano a la entrepierna para masturbarse. Desde la posición de los giris se podía apreciar como aquella manita inocente palpaba la parte baja de aquel tanguita.

El flujo eléctrico se detuvo, y Sara se dirigió al centro de la pista huyendo de todos nosotros. Jose notó una vibración en el pantalón, y se alejó para hablar por teléfono.

Seguí a Sara, y la encontré bailando sola desfasada en medio de la discoteca.  Excitada, bailaba como una gogó a sueldo, de forma muy provocativa. Se contoneaba sensualmente al ritmo de la música.

Eran casi las 12 de la noche, y Jose llegó a mi lado junto con Juanma y otro chico, de nombre Carlos, bastante obeso.

JOSE: ahora verás Juanma.

Jose me pidió mi mando, y pulsó ambos botones a la vez. Sara pegó un salto, dejó de bailar y  se llevó una mano a la entrepierna. Aunque no se le podía oir, por sus rictus faciales parecía que estaba gimiendo. Extendió una mano hacia nosotros. Y se pegó a Jose.

SARA: pa… par… para!!! Para o me tendré que follar al primero que pille.

JOSE: me parece bien, j aja ja. Queda poco para las 12. Si paro, pierdes la apuesta. ¿Aceptas?

SARA: s… sí, joder. ¡Pero me quito ya estas mierdas!

Nuestro amigo le dio los mandos y Sara se fue pitando al baño.

Los hombres nos fuimos a hacer una copa, y al poco rato mi chica estaba de vuelta.

Se inclinó a saludar y dar un beso a Carlos. Mientras lo hacía me di cuenta de un gran detalle: ¡no llevaba sujetador!

Me sonrió y me confirmó que se había quitado tanto el sujetador como el tanga, porque le estaban ya escociendo de tanta excitación.

JOSE: bueno Sara, déjame recordarte nuestra pequeña apuesta. Has perdido, por lo que cumplirás todos mis deseos en lo que os queda de vacaciones.

SARA: sí, pero los vibradores estos me los quedo yo. ¡Prohibidos!

JOSE: vale. ¿hacemos un último baile antes de irnos?

Nos dirigimos a la pista y Sara bailó un poco más comedida que antes. Jose se colocó detrás de ella, y bailó también restregándose contra aquel culito turgente. Las manos de nuestro anfitrión fuero subiendo de la cintura hasta los laterales de los pechos. Los juntó un poco enseñándoselos a sus amigotes, y los acarició sin reparos.

Juanma pudieron ver en más de un descuido y hueco del vestidito los pequeños y rosaditos pezones de mi novia, lo cual les volvió locos.

Decidimos irnos del local, no sin antes despedirnos de nuestros amigos ingleses.  Sara se sentó en el asiento del copiloto y nos fuimos los 5 hasta el chalet de los padres de Jose.

Una vez dentro, esperamos a Sara en el comedor mientras se aseaba en el baño.

Cuando llegó, se sentó en un puff mientras los chicos reíamos recordando la noche.

JOSE: joder Sara, nos has puesto bien calientes a todos esta noche.

JUANMA: ¡sí! Hasta yo he tenido que irme un par de veces al baño del curro para tocármela tras ver el espectáculo que estabas dando.

JOSE: y no hablemos de nuestro amigo Carlos. Aquí donde lo ves nunca ha estado con una chica y todo lo que sabe de ellas es del porno que ve por Internet.

El aludido sonrió tímidamente.

JOSE: como sabes, has perdido la apuesta, y tienes que cumplir mis deseos el tiempo que os queda aquí.

SARA: ¿no me vas a dar un respiro?

JOSE: pues sí… Porque mi primer deseo es que hagas todo lo que aquí el amigo Carlos te pida.

Todos les miramos…

CARLOS: eh… no sé. Esto es como un sueño. ¿Un striptease?

Dicho y hecho. Jose puso música sensual, y mi novia nos deleitó con atrevido baile que culminó con la vista de su precioso cuerpo a la vista de todos. Sus pequeños pechos, delgado cuerpo, culito respingón y mirada inocente la dotaban de un aspecto pueril que contrastaba con sus 27 años.  Durante el baile, Carlos se había estado acariciando la entrepierna excitado.

JOSE: Carlos ¿Por qué no le echas un poco de este aceite corporal, que Sara tiene ahora mismo la piel muy seca?

Todos nos reímos, pero el chico se tomó la empresa muy en serio.

Sara sacó pecho y Carlos disparó dos chorros del espray sobre sus pechitos. Con miedo, extendió el aceite de forma efectiva. Se volteó, y poniendo su culito en pompa invitó a aquel chico a que siguiera con la labor hidratante.  Apretó varias veces el botón del espray y lo extendió con una mano metódicamente.

JUANMA: ¡por aquí también!

El camarero acercó su mano y la metió entre las nalgas de la chica.  Jose lanzó también su mano, y ella se tuvo que apoyar en una pared para no caerse mientras aquellos tíos le sobaban el culo y le metían mano.

Más sueltecito, Carlos dirigió sus manos a los pechitos de Sara y los amasó como su fueran dos bocinas.

La dejamos respirar un momento mientras nos desnudábamos, y Carlos fue el primero en acercarse. La abrazó con su enorme cuerpo, y ella le besó los labios jugueteando con su lengua como una víbora. Juanma se acercó para morrearla al tiempo que le metía mano en la entrepierna.

Sara sonreía y extendía la lengua para besar a uno y a otro mientras le metían mano. Juanma le masturbaba cada vez más rápido, y ella pronto agarró la pollita erecta de Carlos para hacer lo propio. Mientras, Jose y yo nos turnábamos entre sus pechitos y su culito en un mar de manos.

Nuestra chica se sentó en el sofá, y agarrando el pequeño miembro de Carlos, jugueteó con su lengua sobre su punta como si fuera un helicóptero. El chico gemía, y sonriendo, Sara se metió aquella polla entera en la boca. Se la mamó con rapidez mientras él resoplaba como un toro. Carlos aprovechaba la mamada para tocarle las tetitas y el culo a Sara.

Sorprendiéndonos a todos, Carlos agarró a Sara, se sentó en el sofá y la hizo encaramarse encima suya. Como escaladora de una montaña, Sara atinó a meterse aquel pequeño pene en el coñito y comenzó a cabalgarle como una fiera.

Él gemía y no paraba de apretarle el culito.

Justo cuando Carlos estaba a punto de correrse, Sara se zafó de su presa y se acercó a nosotros. Nos la cascó y chupó de uno en uno sin darnos tregua. Al poco, y casi de un salto, volvió a encaramarse sobre Carlos y a follarle.

Ella aumentaba la velocidad  y de repente el hombretón la abrazó e inició unas convulsiones. Aquel chico obeso la estaba germinando como si de un animal de tiro se trataba, y ella no tenía escapatoria. Cuando perdió las fuerzas, Sara se puso en pie, y de su coñito resbaló un hilillo de semen blanco.

Juanma la cogió por el culo y la puso a cuatro patas sobre el sofá. Empezó a bombearle mientras que ella se la chupaba a Jose.

Pedí mi turno, y me la follé también a cuatro patas.

Nos fuimos turnando, y todos nos la follamos en varias posturas, incluido Carlos, que se recuperó al poco.

Cuando los 4 tíos estábamos a punto de corrernos, Sara nos sorprendió levantándose y arrodillándose en el centro del comedor.

SARA: vamos cabrones, bañadme en leche.

Nos acercamos como monos masturbándonos con rapidez, a lo que ella ayudó con sus mamadas y pajas. El primero en correrse fue Carlos, casi seguido por Jose. Chorros de semen cruzaron y dejaron pegajosa la cara de mi novia. Cuando los chicos terminaron, ella todavía les dio una última chupadita.

Mi chica nos pajeó a Juanma y a mí a la vez. Entre gemidos, nos corrimos sobre sus pechitos.

Nos sentamos exhaustos en el sofá, cuando Carlos le dijo:

CARLOS: Sara… me he quedado con ganas de probar lo que es correrse en la boca…

SARA: ¿todavía tienes fuerzas?

El chico se sentó en una silla del comedor, y Sara arrodillada se la empezó a mamar a toda velocidad. Con un sonido de succión se la sacó de la boca para anunciar que el chico ya la tenía dura.

No tardó mucho en correrse sin avisar a Sara, y esta gimió mientras los chorritos de vida de Carlos se estampaban sobre su garganta. Ella no se lo tragó, sino que abrió la boca para que él lo viera y lo dejó caer por la comisura de sus labios.

SARA: ¿así te gusta? ¿así es en los vídeos porno que ves?

CARLOS: no… ¡esto es mucho mejor!

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¡Seré tu putita!

Aquel viernes estaba preparado para disfrutar y descansar solo en casa tras una semana agotadora aprovechando que mi novia Sara (27 años) salía a cenar y de marcha con unas amigas.

Me despedí de ella hasta el día siguiente, ya que se iban a las fiestas del pueblo de una amiga, situado a unos 60 Km, y su amiga las llevaría y traería de vuelta.

Cené pizza, vi una película que a mi novia no le hacía ganas ver y me quedé dormido en el sofá. De repente, un sonido me despertó. Era el teléfono, y mi novia me estaba llamando. Le pregunté si pasaba algo. Mientras ella me explicaba que su amiga la del coche había desaparecido con un ligue y las había dejado tiradas miré el reloj del comedor y pude ver que eran las 06:00 de la madrugada.

Mi novia me pidió por favor que las fuera a buscar, que ya me compensaría, que lo sentía mucho.

Sin rechistar, me fui a buscarlas. Una hora más tarde, las conseguí encontrar en la plaza del pueblo medio dormidas y bastante borrachas.

Durante el regreso Sara y su amiga durmieron. Dejé a la amiga en su casa, y ya pasadas las 8 de la mañana llegamos a la nuestra. Acosté a mi novia, y yo no me pude dormir, así que me puse a jugar a la consola.

Al día siguiente mi novia no paraba de pedirme perdón y me dijo que le pidiera lo que quisiera. Le dije que no era necesario y ella me dijo “¿y si el finde que viene soy tu putita? Cuando lo hacemos me lo pides muchas veces. ¿Qué me dices. ¡Seré tu putita!”. Accedí y no le di mayor importancia, pensando que quizás el fin de semana siguiente, si hacíamos el amor, ella le pondría algo más de emoción al asunto.

* * *

Al viernes siguiente, me encontraba concentrado en la oficina cuando me despistó oír a un compañero cercano soltar la interjección “¡joder!”. Me giré hacia donde él miraba y pude ver a una chica que se acercaba a mí. “¡Qué pibón!”, me dijo mi compañero.

Era una chica de 1.70, pelo largo y oscuro, delgada, no mucho pecho pero resaltado por top rosa anudado al cuello que dejaba ver su vientre plano. La escena la coronaba una minifalda estampada y vaporosa y unos tacones que le daban un aire de femme fatale.

Lo mejor de todo aquello, es que se trataba de mi novia Sara.

LUIS (yo): ¡hola cariño, qué sorpresa!

SARA: hola mi amor – me dio un sonoro pico. – Te he traído un tupper con comida, que hoy no te habías traído nada.

LUIS: jo, gracias ¡eres la mejor! ¿Te invito a un café?

SARA: ¡vale!

Nos fuimos a un bar cercano. Antes de irme eché una miradita a mi pasmado compañero y le guiñé un ojo.

* * *

En el bar, Sara se subió a una silla de la barra cruzando sus hermosas piernas. La minifalda se le subió inevitablemente, dejando a la vista casi casi su ropa interior.

LUIS: ¡estás muy guapa cariño!

SARA: ¡gracias! ¿Qué te parece si esta noche nos vamos a cenar un restaurante que me han recomendado? ¿Reservo?

LUIS: ¡vale!

Al rato nos fuimos del bar y mientras lo hacíamos, mire alrededor y me fijé que muchos tíos no quitaban ojo de mi chica.

* * *

La cena transcurrió sin más incidentes que los causados por cómo iba vestida Sara. Mi novia lucía una mini falda aún más corta y vaporosa que la de la mañana, y un top negro con lentejuelas muy escotado. Se podía ver parte de su sujetador, seguramente con relleno, que juntaba sus dos pequeños pechos haciendo un precioso y sexy canalillo. Estaba buenísima.

Al final de la cena, Sara me insistió en ir a una Macro Discoteca cercana, bastante popular entre los turistas. Siempre me he negado a ir porque no me gusta la música, pero esta vez, animado por el vino, acepté.

Me dolió el coste de la entrada, pero una vez dentro me quedé flipando. El sitio está lleno hasta la bandera, todo y que el lugar era enorme. La gente iba muy bien vestida, y más de una vez la vista se me fue a alguna chica tremendamente sexy. Mi novia, tal y como iba vestida, pegaba en aquel lugar. Seguro que lo había planeado todo desde el principio.

Mi chica no perdió el tiempo en gastar la consumición, y nos fuimos a bailar. Sara se movía de forma muy sexy. En un momento dado, se subió a una plataforma, y bailó sola ante los piropos de los chicos cercanos, que le decían todo tipo de guarradas mientras que ella se contoneaba y acariciaba el cuerpo al ritmo de la música. Cuando se bajó, la besé con pasión y le dije que no aguantaba más y que estaba deseando follarla. Ella me sonrió, y me tocó el paquete, que se puso duro como una viga de acero al momento.

SARA: ¿y por qué no me follas? – me dijo sensualmente. Tras estas palabras pasó la punta de su lengua por mis labios de forma provocativa.

LUIS: ¡vamos al baño y verás!

Abriéndonos pasos entre el gentío, llegamos a los baños, en los que afortunadamente no había cola para entrar. Totalmente salido, me metí en el baño de caballeros con mi chica detrás. Sin hacer caso a las protestas de los chicos que había en el servicio, nos metimos en un urinario  empezamos a besarnos con pasión. Iba tan salido que ni si quiera me molesté en cerrar la puerta.

Sara me tenía abrazado por el cuello y nos besábamos como adolescentes. Mis manos se deslizaron con nerviosismo desde su espalda hasta sus tetas, y su culo.

Al sobarle su culito pequeño y redondito, le levanté la falda, y al oír el jolgorio cercano me di cuenta que un puñado de tíos se habían amontonado en la puerta del baño y seguían con atención nuestra pasión. Sara me susurró que “sería mi putita”, tal y como me había prometido, y que “haría todo lo que yo quisiese sin restricciones”.

Tras estas palabras, llevó su mano a mi paquete y empezó a masajeármelo. Sin importarme nada, me saqué la polla al aire y ella empezó a pajearme. La gente gritaba animándonos a hacer más cerdadas. De repente, de reojo vi como la muchedumbre se echaba a un lado, y dos tíos con aspecto de matón (uno latino y otro negro) se acercaron.

NEGRO: arreglen sus ropas y acompáñenos por favor.

Aquella educación distaba de lo que cabría esperar de un matón de discoteca, así que mi novia y yo les seguimos bajo los abucheos de la gente del baño de caballeros.

* * *

Los dos hombres de seguridad nos acompañaron, el negro delante y el otro detrás nuestro hasta una puerta en la que había un cartel de “privado”.  En una pequeña sala de espera llena de cajas nos explicaron que no podíamos hacer lo que habíamos hecho, y que la discoteca tenía un prestigio. Nos disculpamos, y nos pidieron que les acompañáramos a ver al dueño.

Me imaginaba que  iríamos hasta algún despacho cochambroso y descuidado. Ante mi sorpresa nos dirigimos a un ascensor y una vez dentro descendimos. El negro se quedó mirando el escote de mi novia, y después le sonrió sin decir nada.

Bajamos del ascensor y avanzamos por un pasillo cubierto con una elegante alfombra y grandes cuadros a los lados. Al final del mismo, el latino entró dejándonos solos con el negro.

NEGRO: no os preocupéis, no os pasará nada.

La puerta se volvió a abrir, y entramos a un amplio despacho ricamente decorado. Tras un gran escritorio se sentaba un hombre de unos cincuenta y pico años, vestido de marca y con el rostro serio. En un sofá cercano, dos hombres de la misma edad y con pinta de tener pasta sostenían grandes copas de licor en la mano.

El hombre del escritorio se presentó como “Gabriel, el dueño de todo esto”. Nos explicó las graves consecuencias de lo que habíamos hecho, cómo podría dañar la imagen de la discoteca. También nos asustó diciéndonos que estaba en todo el derecho de llamar a la policía, y que si no lo había hecho antes, era porque él se consideraba un hombre razonable, y que antes quería dialogar.

Nos disculpamos y nos excusamos con el calentón que teníamos, pero él negó con la cabeza.

GABRIEL: eso no me sirve. Además, más calentón debéis de tener ahora que no habéis terminado lo que hacíais. Walter, Nico, retiraros por favor. – Los dos porteros de discoteca se fueron.

SARA: por favor, por favor, no llame a la policía. Le contaré la verdad: le hice una propuesta a mi novio de que sería su putita este fin de semana, y creo que se nos fue de las manos.

GABRIEL: ¿su putita, eh?

SARA: sí. Todo es culpa mía. Esta mañana ya he ido al trabajo de mi novio vestida provocativa para calentarle. En la cena le he enseñado el escote todo lo que he podido, y tras mis bailes sexy en la pista de baile, mi chico ya no ha aguantado más.

GABRIEL: entiendo. ¿Y sabes qué?, con todo lo que nos has contado, aquí mis socios y yo no somos de piedra.

LUIS: cariño – intervine yo – Ahora me doy cuenta de todo. Ya que te comprometiste a ser mi putita, tendremos que salir de esta siendo tú mi putita.

SARA: ¿y qué quieres, que me folle a todos estos?

GABRIEL: ja ja ja. No es mala idea. Además, podría compensaros con un pase VIP, si no volvéis a montároslo en mi discoteca.

Mi chica me miró y envalentonada dijo:

SARA: si tengo que ser una putita, a parte de eso quiero también 300 euros.

El hombre se rio a carcajadas. Hizo una llamada para que prepararan dos pases VIP y sacó algo de un cajón.

GABRIEL: toma guapa, 500 euros si empiezas ahora mismo siendo una buena putita y sin cortarte de hacer nada.

Nosotros nos quedamos flipando, pero mi chica se recompuso en seguida.

* * *

Sara cogió los 500 euros, se los metió en el bolso, y sin decir nada, bordeó el escritorio de Gabriel, y echó su silla hacia atrás.  Ágilmente pasó sus piernas a los lados del hombre y se sentó frente a él. El hombre le miró sonriendo de oreja a oreja y Sara cogió su cabeza por la nuca y le besó en los labios lentamente.

Sara contoneaba su culito lentamente. Debía de tener a aquel hombre maduro bien cachondo. Le desabrochó la camisa con parsimonia y se la quitó. Acarició los peludos pezones de aquel señor y los besó con la lengua. Con suavidad, cogió al hombre por la nuca, y guio su cabeza hasta su canalillo. El hombre empezó a chupárselo y a estrujarle las tetitas.  Ahora Sara se contoneaba sobre su montura con más efusividad.

Vi bajar la mano de Sara y acariciar el paquete del hombre por encima de la ropa. Gabriel le hizo levantarse, y se sacó una pequeña y gorda polla al aire. Mi novia le masturbó rápidamente mientras él le comía la boca con pasión.

GABRIEL: chico ¿no te importa que me la coma mi novia?

LUIS: ¡no! ¡ya verá cómo la chupa! – el hombre soltó una carcajada que se interrumpió al momento cuando Sara se lanzó hacia su miembro.

Sin darle tiempo a reaccionar, se arrodilló, agarró aquella polla erecta con una mano y se la chupó rápidamente. El hombre se puso de pies sin que mi novia dejara de mamársela.

GABRIEL: ¡chicos, mirad que bien la chupa!

Pudimos apreciar que mi novia lo estaba danto todo. Se la sacó de la boca, y chupándola de un lado sin dejar de masturbarle nos miró a todos desafiante.

El dueño le pidió que parara, y cogiéndola de la mano, la guio hasta ancho sofá donde estaban sus dos socios.

GABRIEL: ¿pensabais que me había olvidado de vosotros? ¡disfrutad de ella!

El hombre ayudó a que Sara se sentara en el sofá entre aquellos dos señores.  Se presentaron como Claudio y Víctor.

Mientras Gabriel me ofrecía una copa y nos sentábamos en un sofá próximo, oí a mi chica decirles: “¿sólo vais a mirarme o no os gusto?”.

Al momento, ambos reaccionaron. Víctor le acarició las suaves piernas lentamente, mientras que Claudio lanzó sus grandes manos hasta sus tetitas.

Víctor cada vez rozaba más la entrepierna de mi chica, y desde mi posición podía ver claramente su tanga. Los roces aumentaron, y Víctor empezó a masturbar a mi chica por encima del tanga cada vez más rápido. Ella gemía y Claudio la besaba cuando podía sin dejar de tocarle las tetas.

Mi chica le pidió que parase, y se arrodilló frente al sofá. Los dos hombres se desnudaron completamente con rapidez. Mi chica les dijo que se sentaran lo más juntos posible. Tras sonreírles, agarró sus pollas, y masturbándolas a la vez, empezó a chupar la de Víctor sin dejar de mirarle a la cara.  De vez en cuando se la sacaba de la boca y les masturbaba más rápido. Alternó a la polla de Claudio siguiendo el mismo proceso. Aquellos dos hombres veían claramente las tetas de mi chica por el hueco que formaba su canalillo.

Gabriel les pidió que pararan un momento.

GABRIEL: ¿por qué no te desnudas para que veamos lo buena que estás?

SARA: sólo quedamos en que os follaría, nada de desnudarme…

GABRIEL: qué putilla estás hecha – tras lo cual le lanzó un billete de 100 euros al suelo.

Sara se puso en pie, y empezó a bailar sensualmente.

GABRIEL: si tuvieras más tetas te podría contratar como Gogó.

SARA: si tuvieras más dinero te podría contratar como mi chulo.

Todos nos reímos por aquel cruce de palabras y mi novia continuó su baile sensual.

Gabriel llamó por su pinganillo a Walter, y el negro entró impasible y puso música.

Se sentó en una silla aparte viendo cómo mi novia se contoneaba al son de la música desnudándose lentamente.  Se quedó en tanga, y de forma desafiante se dirigió hasta el escritorio de Gabriel. Se subió encima tumbándose boca arriba con las piernas abiertas.

Los tres señores se acercaron como buitres a la mesa, al tiempo que Gabriel se desnudaba.

Manos de dueños indescifrables recorrían los pequeños y erguidos pechos de Sara mientras Gabriel le quitaba el tanga y empezaba a comerle el coño.

GABRIEL: mmm, que depiladito y durito. Parece el de una adolescente.

SARA: mmm, pues cómemelo bien Tío Gabriel.

Los otros dos hombres se colocaron a los lados de la mesa y Sara le fue chupando las pollas de forma alternativa.

Mi novia pegó un fuerte gemido, y pude apreciar que Gabriel se la había metido y estaba empezando a follársela. El hombre la embestía con energía poniendo una expresión animal en el rostro. Claudio se subió a la mesa, y se colocó sobre Sara, como si fuera a hacer un 69. El hombre le metió la polla en la boca, y con la fuerza de sus caderas, empezó  follársela.

Casado, Claudio se bajó y se puso al lado de Víctor. Sara juntó ambas pollas y se metió sus puntas en la boca.

VÍCTOR: me toca.

Sara se bajó de la mesa, y apoyó con los brazos en la misma. Sin miramientos, Víctor se la metió y empezó a follarla.

Sus pequeños pechos saltaban mientras Sara hacía disfrutar a los otros dos hombres con sus mamadas.

Gabriel se fue tumbó boca arriba en el sofá y llamó a Sara para que le follara. Mi chica fue obediente, y empezó a cabalgarle pegando su cuerpo al del hombre. Los otros hombres se masturbaban con rapidez .

Sara incorporó, y le cabalgó como una amazona. Víctor que se masturbaba muy rápido, acercó su polla a su cara, y soltó lentos chorros de semen que cayeron por las mejillas de Sara.

Claudio, sin esperar a que su amigo terminase, colocó su polla frente a los labios de mi chica, y soltó fuertes chorrazos que cruzaron la cara de Sara.

Gabriel le pidió que se levantase. Colocó su pequeño pene en la boca de mi chica, se la metió, y por sus gritos empezó a correrse dentro de su boca. La cara , barbilla y cuello de mi chica estaban totalmente encharcados de líquido seminal.

SARA: ¿Cariño, he sido suficientemente putita?

LUIS: no… ahora me toca a mí.

Me quité los pantalones y  calzoncillos y me lancé sobre mi chica. Se la metí de un golpe. Su interior era un volcán. No le pude besar porque su rostro era una máscara de semen.

La follé con fuerza y me corrí dentro de ella.

Todos nos limpiamos por turnos en un baño que tenía el despacho.

Gabriel nos dio las dos tarjetas VIP y nos dijo que ahora no teníamos escusa para volver.

GABRIEL: y ya sabéis, antes de hacerlo dentro de mi discoteca, venid a verme y pondremos remedio a vuestro calentón. Ja, ja, ja.

–          FIN –

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Mi Historia con Gonzalo – Primera Parte

Y así descubrí mi pasión por el chocolate en rama pero comenzaré por el principio de la historia. Me despidieron del trabajo y no tenía claro que quería hacer de mi vida, así que aproveche y tomé el primer avión a Bariloche (en el Sur de mi país). Me gusta mucho el frío, esquiar, dormir desnuda y sentir el calor de la estufa leña. Me instalé en un hermoso hotel cerca del centro cívico de la ciudad y salí a comer algo.

Lo conocí en el restaurant, se acercó a la barra donde estaba cenando y me preguntó si me gustaba el chocolate; le respondí que si y me dijo que era dueño de una fábrica de chocolate en rama nueva en la zona y que hacían grupos especiales para que los turistas la conozcan, me dio su tarjeta y se fue.

Esa mañana, después de una sesión de masajes (en la que desee que el masajista fuera menos profesional), alquilé un auto, llamé por teléfono a la fábrica de chocolate y fui a conocerla. Llegué y había un contingente de alemanes e ingleses esperando al guía así que me uní con ellos a la espera. El paseo por la fábrica fue muy ameno, nos compartieron chocolate y tomamos licor.

Al final del paseo el guía me llama a parte:

–          ¿De dónde sos? – Me pregunta

–           De Buenos Aires

–          ¿Te puedo invitar a tomar algo? Sos muy bonita – me dice mirándome completa

–          Me encantaría – le respondo con una sonrisa

Quedamos que me pasaba a buscar por el hotel a las 10 de la noche e íbamos a cenar. La cena fue muy linda y divertida, nos la pasamos coqueteando pero ninguno insinuó nada al otro. Fuimos a su departamento a escuchar algo de música y tomar unos drinks.

Puso música y sirvió vino tinto en unas copas, nos sentamos en sillón y empezó a besarme mordiéndome la boca, el cuello, las orejas, la nuca… me sentó arriba suyo y empecé a besarlo y morderlo; cada vez sentía su pija más y más dura. Me levantó la pollera y empezó a tocarme el culo mientras yo me sacaba mi remera y le mostraba el corpiño negro con mis tetas enormes que se querían escapar, me desprendió el corpiño y me chupó y mordió los pezones con desesperación. Sus manos seguían en mi culo y una se deslizaba de a poco a mi concha empapada.

Me acostó arriba de la mesita que estaba entre los sillones y sin sacarme la tanga ni la pollera comenzó a chuparme la concha, primero despacito por los costados… corriendo la bombacha y volviéndome loca y después chupándome el clítoris, mordiéndolo mientras sus dedos se colaban en mi argolla; yo gritaba, le pedía más…

–          Quiero que me ahogues con tu pija en la boca, papito

Saco la verga del pantalón, era hermosa, bien gorda y venosa como me gustan… se la chupe toda, el glande, todo el tronco de la poronga, los huevos… me quería ahogar con su pija… mientras le comía toda la pija me pajeaba con sus deditos.

–          Que rico que chupas, puta… como te gusta la poronga… te voy a garchar toda la conchita empapada y viciosa que tenes.

Me sacó la tanga y me puso en cuatro arriba del sillón y me empezó a coger la concha con mucha fuerza… Que rico que entraba esa pija gorda en mi concha, que manera de gozar y gemir como si no me hubieran cogido en años.

Me senté a arriba de su pija y se la empecé a coger con mi concha… hasta acabarle una y dos veces. Me la saco de la concha y me dijo que quería que se la mamara de vuelta. Se la chupe atragantándome hasta que me lleno toda la carita de leche.

Esa noche dormimos juntos, cancele la habitación del hotel y seguimos cogiendo como dos conejos las dos semanas que me quede en Bariloche; y no solo de coger vive el hombre de comer chocolate en rama también… eso hice por 15 días.

Me llamo Angie, tengo 28 años, soy argentina… y me gusta mucho dejarme hacer de todo. Esta fue la primera parte de mi historia con Gonzalo. ¿Querés que te cuente más?

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