Mis dos primeras veces

Mi prima me cedió su agenda con los clientes. La mayoría de ellos aceptó que yo la reemplazara. Unos me dijeron que yo les gustaba más porque soy más delgada que mi prima. Otros me dijeron que por ser más joven que ella les gustaba más follar conmigo. Otros me dijeron que yo lo mamaba diferente y muy rico. Otros me dijeron que mi sexo anal era mejor que el de mi prima.

Me llamo Camila y tengo un par de amigas que han escrito relatos eróticos y a mí me excita mucho leerlas. Me animé a escribir mi primer relato siguiendo el consejo de mis amigas para escribir cómo me aficioné al sexo y especialmente cuando decidí cobrar por el sexo.

Mi primera vez:

Mi primera relación sexual fue a los 18 años con mi primer novio que tenía 19 y que ya tenía experiencia sexual con dos novias anteriores a quienes él mismo les había quitado su virginidad. Eso me hizo sentir más segura para dejarme desflorar por él. Además yo lo quería y estaba dispuesta a tener sexo. Ésa primera vez ocurrió en la propia cama de mi novio en una tarde en que no había nadie más en su casa. Creo que fue bastante sencillo para juntos porque estábamos muy excitados y yo dispuesta a que me rompieran mi himen porque eso me permitiría seguir teniendo sexo sin límites, tal como una prima mía que también se desvirgó a esa misma edad y cuando terminó sus estudios se casó con un hombre que la llevó a un país europeo para dedicarse al sexo.

La primera vez con mi novio fue muy agradable para mí porque pude chupar su verga como habíamos visto en varios videos porno que él me había mostrado en Internet. Me gustó mucho chupar esa carne dura, al punto que sentí un orgasmo super delicioso de sólo mamar. Mi novio se dio cuenta de mi excitación y pronto se montó sobre mí y me rompió mi virginidad sin que yo sufriera demasiado. Tuve suerte de no quedar preñada porque mi novio eyaculó dentro de mí en dos oportunidades, tuvimos dos coitos. El noviazgo no duró mucho. Volvimos a tener sexo una semana después y mi novio volvió a eyacular dentro de mí, pero cuando le dije que me preocuparía mucho si yo llegaba a quedar preñada el muy imbécil me dijo que era mi problema dejarme preñar. Ese mismo día saliendo de su casa decidí terminar con el noviazgo.

Le conté a mi prima mi angustia y ella me tranquilizó ayudándome hacer las cuentas de mi período. Después me dijo que lo mejor era que no me enamorara y que si me gustaba el sexo lo mejor era que tuviera varios amigos sin compromisos. Duré varios meses sin novio, sin sexo y sin amigos. Hasta que una tarde casi al anochecer vi a mi prima bajar de un lujoso auto muy cerca de mi casa y caminar varias calles, para que no la vieran. Cuando fui a hablar con ella para decirle que la había visto bajar de ese lujoso auto me dijo que me contaría un secreto.

Desde hacía varios meses ella había dejado de tener novio y ahora tenía muchos amigos. Pero ella me aclaró, cuando le pregunté dónde conseguía sus amigos, que en realidad eran clientes. Lo comprendí todo sin que me diera más explicaciones y le pedí que me ayudara a ser como ella. Ella insistió en que parecía menor de edad y eso era muy buscado entre sus clientes. Entonces me propuse conseguir amigos, por lo menos para adquirir experiencia sexual. No fue difícil y siempre buscaba que fueran mayores de 25 años y tampoco me importaba que fueran mayores o incluso casados. Mi prima decía que los casados no sólo tenían más experiencia sino más ganas de sexo.

En pocos meses aprendí a hacer mejor el sexo oral y me inicié en el sexo anal. Mi prima me confesó que los hombres gustaban mucho más del sexo anal que del vaginal porque este lo hacían con sus novias o esposas pero el anal muchas veces ellas no se lo daban y ellos tenían que buscar en otras mujeres ese sexo. Me conseguí un amigo de 30 años, recién separado, y con muchas ganas de sexo. Dos o tres veces a la semana me invitaba a su apartamento de nuevo soltero y teníamos mucho sexo. Me inició en el sexo anal desde la segunda cita que tuve con él. Jamás le cobré dinero, pero me enseñó mucho sexo, especialmente mi iniciación anal. Casi siempre ordenaba pizza a domicilio y comíamos antes de que yo terminara mi visita. Me gustaba que me tratara bien y aunque yo sabía que no éramos novios me gustaba ir a su apartamento a tener sexo. Actualmente sigue siendo mi amigo aunque ya no tenemos tanto sexo, una o dos veces al mes, pero sigo llegando a su apartamento porque me da placer tener sexo con él.

Mi otra primera vez:

Cuando cumplí los 19 ya tenía varios amigos con los cuales tenía sexo sólo por placer. Mi prima decidió casarse con un italiano e irse para Europa. Antes de irse le dije que me regalara sus clientes. Ella se burló de mí y de mi propuesta y me dijo que yo era una buena chica que no debería prostituirme. Le insistí durante varios días pero no me hizo caso. Una mañana le dije que ya me había convertido en prostituta y que no necesitaría de sus clientes. No me quiso creer que entré a trabajar en un burdel de mediana categoría en el centro de la ciudad. Sólo se convenció al día siguiente cuando ella misma le pidió a su novio y futuro esposo que fuera a comprobar si era verdad lo que yo decía.

A las ocho de la noche llegó su novio y me encontró sentada a una mesa hablando con un cliente mientras bebíamos una copa vestida con un atuendo muy sugestivo. Yo no me di cuenta que el novio de mi prima había llegado. Yo fui con mi cliente a la habitación a tener sexo y cuando salí de cumplir con mi deber de prostituta encontré al novio de mi prima sentado a una mesa esperándome. Me sorprendí al comienzo pero después me explicó que mi prima lo había enviado para corroborar si yo en realidad me había metido de prostituta. Le expliqué que me gustaba el sexo y quería además ganar dinero, que me habían recibido para trabajar de una forma muy fácil la misma tarde anterior cuando llegué a pedir trabajo, mientras que cuando fui a pedir trabajo en otras labores en otras empresas me decían que no había vacantes.

El novio de mi prima, que sabía que ella también era prostituta, me contó que precisamente la había conocido en un lujoso burdel en el norte de la ciudad y que se enamoró de ella permitiéndole seguir siendo prostituta, pero también le propuso matrimonio. Actualmente ellos viven en Europa y mi prima me cedió su agenda con los clientes. La mayoría de ellos aceptó que yo la reemplazara. Unos me dijeron que yo les gustaba más porque soy más delgada que mi prima. Otros me dijeron que por ser más joven que ella les gustaba más follar conmigo. Otros me dijeron que yo lo mamaba diferente y muy rico. Otros me dijeron que mi sexo anal era mejor que el de mi prima. Otros me dijeron que mi conchita era más sabrosa porque se la habían comido menos. Otros me dijeron que ya era hora de cambiar de hembra. Otros me dijeron que yo les gustaba más porque soy más bajita que mi prima. Otros me dijeron que les gustaba más mi color de piel.

Antes de que mi prima se fuera para Europa con su esposo, me pasé a vivir en el apartamento donde ella vivía sola. De esa forma tengo la libertad de salir a tener una cita de sexo a cualquier hora o de llegar de una cita de sexo a cualquier hora. No puedo negar que he conocido algunos hombres con quienes tener sexo es un poco humillante y degradante y que llegar a la cama a cumplir con el oficio de prostituta me hace sentir un poco mal, pero también debo reconocer que he conocido muy buenos hombres en todo el sentido de la expresión, no solamente por su físico, no sólo por su verga, sino también por sus sentimientos, aunque muchos de ellos sean casados, separados, divorciados, viudos o simplemente solteros y que con ellos el sexo es doblemente placentero por el sexo y por el dinero.

Autora: Camilita

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La contadora Genoveva

Genoveva sabía cómo moverse, a pesar de haber dejado el oficio hacía quince años, el tiempo trabajando en la casa de citas no era en vano. Sabía en qué punto apretar los músculos de su vagina para aprisionar el falo de Javier y causarle la máxima excitación. Una mezcla de excitación y dolor, cada vez que él pretendía sacar su pene, ella lo mantenía adentro, como si tuviera una tercera mano que estaba dentro, muy dentro de su pelvis.

El día que entró a trabajar Javier a esa empresa tuvo una impresión particular cuando conoció a la contadora Genoveva. Cuando lo invitaron a hacer un recorrido por las oficinas para conocer a todo el personal llegó al área de contabilidad y le presentaron a la gerente, que lo miró de arriba a abajo y mientras lo miraba fijamente a los ojos dijo unas palabras que lo inquietaron:

-Hola, estoy para ser tu servidora cuando quieras. -M-mucho gusto -dijo nervioso Javier.

El gerente general rió un poco y mientras se iban de esa área dijo algo que lo preocupó:

-No sé si tienes novia, pero la Genoveva ya te puso en su mira.

Ella se encargaba de llevar la contabilidad de las dos compañías que conformaban el grupo empresarial. Ella tenía unos 40 y tantos años, y era muy atractiva para su edad, aunque se podía apreciar que de más joven había sido bastante bonita. Tenía rasgos finos y su cuerpo estaba en una forma increíble. De hecho desde el día en que Javier la había conocido no podía dejar de verle las piernas, que lucían muy bien torneadas y con un ligero bronceado que se acentuaba por una pulserita dorada en el tobillo. Pero lo que a Javier le preocupaba de la contadora Genoveva era su descarada apariencia sensual que rayaba en lo vulgar.

Ese día vestía una blusa ombliguera con escote amplio, traía una falda muy corta abierta por un costado que era la culpable de que Javier pudiera ver sus desnudas piernas, e incluso unas zapatillas de tacón descubiertas que bien podían haber salido de algún bar de table dance. No era en sí la ropa en particular sino la combinación con los enormes aretes, el dije de corazón, las 8 pulseras de sus muñecas y el tatuaje removible bajo su ombligo que la hacía verse como toda una prostituta, apariencia que desentonaba con la cuidada seriedad de los trajes sastre del personal que ella tenía a su cargo.

Cuando Javier se retiró de ahí con el gerente fue la primera vez que sentía cómo la mirada de una mujer lo desnudaba y estuvo nervioso por un rato. Durante los siguientes días su adaptación a la empresa fue viento en popa, pues se encargó de hacer la propuesta de un plan de calidad para las operaciones de todo el grupo. Lo único que no iba bien fue acostumbrarse a que cada vez que se encontraba con la contadora Genoveva, lo miraba con ojos de deseo y Javier se turbaba cada vez que trataba de controlar la situación.

-Hola Jorge… ¿dormimos juntos o por qué ya no me saludas? -Perdón contadora… ¿cómo está?… buenos días… -decía Javier, nervioso. – Vas a ver que no me quieres saludar… lo voy a tomar en cuenta…

Javier no podía permitirse tener una aventura con semejante mujer, que a todas luces se veía que ya estaba en la segunda vuelta de una carrera sexual, además de que se casaría en solo 6 meses, y no quería arriesgar la relación con su mi novia. En sólo unos días la comunicación fluyó por toda la empresa a nivel de los empleados de confianza e incluso le hizo algunos comentarios la jefa de recursos humanos.

-Ay Javier, debí contratarte con el sueldo que me pedías, por aguantar a Genoveva lo valdría. -¿Qué quieres decir, Tere?…dijo él. -Ay pues todo mundo se da cuenta que te quiere llevar a su cama… y lo que busca ella lo consigue. -¿Tere cómo crees?… no vine a esta empresa a eso… vine a ejercer una profesión que… – Mira, mira, mira… tú me puedes decir lo que quieras, pero ella no te va a dejar en paz… ¿viste cómo vino vestida hoy? -Sí… sí la vi… -Pues no es casualidad… ojalá que tengas suerte…

Cuando salí de la oficina de recursos humanos la fortuna no le favoreció a Javier al encontrarse con Genoveva… y entonces se dio cuenta de que la contadora iba en serio. Ella vestía una minifalda que una vez más atrajo la mirada de Javier a las piernas de la mujer.

– Hola… buenos días -dijo, para evitar una vez más que lo pusiera en una situación difícil. -Me gustaría saborear tus huevos -dijo Genoveva, haciendo que Javier reaccionara con una inevitable erección. – tienes manchada la camisa, luego, luego se nota que desayunaste. -E… e… este… -Javier siempre eres muy serio conmigo – añadió ella. – Perdón, no es mi intención -dijo Javier, al tiempo que ponía sus manos en frente de su abultado pantalón, aunque ya era evidente lo que le había ocurrido. – Tú me dices cuándo nos vemos saliendo de aquí… hay mucho que enseñarte de lo que aprendió mami en el burdel…

Javier no pudo contestar nada… simplemente sonrió como un tonto mientras ella se alejaba del lugar… No podía creerlo… ella misma le estaba diciendo que era toda una ramera. Claro que se excitaba y muchas veces había fantaseado por conocer a una mujer así de directa… pero en la realidad tenía miedo pues no sabía qué hacer, no podía serle infiel a Gaby que era el reverso de la moneda: hija de una familia decente, participaba en las actividades de la iglesia, vestía con toda formalidad y tenía una imagen intachable en el vecindario.

-Tere… ¿qué hago? – le dijo Javier desesperadamente a la jefa de recursos humanos – me acosa todo el tiempo… – Ay Jorge… – He tenido casos de chicas acosadas por hombres, pero no de un chico acosado… Dale lo que quiere, yo no diré nada. -¿Qué quieres decir? – preguntó Javier. -Exactamente lo que dije. Que le des lo que quiere. No te va a quitar nada, se van a tranquilizar los dos y asunto arreglado… invítala a cenar después del próximo evento, la llevas a un hotel y te acuestas con ella… -¿Con esa cualquiera? -¿Qué tiene?… vas a aprender mucho de ella… -¿Cómo crees?… no puedo serle infiel a Gaby con ella… -¿Y por qué lo tiene que saber? – No sé… es tan vulgar… ¿sabías que trabajó en un burdel? -¿Y qué tiene?… -dijo Tere, muy seria. Todos tenemos defectos ¿o no? Javier no pudo contestar nada.

Durante toda esa noche estuve pensando qué hacer y me venían a la mente las palabras de Tere… era una situación peligrosa… pero tal vez ella tenía razón. Así que pensé que sería propio invitar a la contadora Genoveva a tomar una copa después de la cena de gala de la convención que se iba a realizar en el hotel Sheraton en fecha próxima. Así pues, llegó el día, y ella llegó a la cena de gala con un vestido más que provocativo, no llevaba sostén, por lo que sus tetas se veían apetitosas con el escote. Tenía la espalda descubierta de una manera grosera, pues la abertura terminaba dejando ver justamente en el nacimiento de sus nalgas. Javier había llegado temprano a la cena, así que se encontraba por ahí merodeando cuando llegó ella acompañada con otras dos compañeras. No intercambiaron palabras durante la cena, pero sí con las miradas mientras nos decíamos salud desde lejos con nuestras copas en la mano.

Javier trató de mantenerse ocupado charlando con los gerentes, pero cuando estaba el baile en su apogeo, se quedó en un momento solo en su mesa, refugiándose en el vaso de tequila con refresco de toronja que bebía, el cuarto de la noche. Genoveva se acercó al terminar de bailar con uno de los gerentes y extendió la mano a Javier.

-¿No me vas a invitar a bailar? -Sí… claro… -respondió Javier ante la insistente contadora.

Desde que pasaron a la pista Javier comenzó a excitarse al ver las miradas de sus compañeros sobre el cuerpo de Genoveva, que a su vez se movía de una manera más que sensual al compás de los ritmos tropicales. Javier no podía dejar imaginar cómo se vería ese cuerpo sin el vestido. Los roces de sus manos con la piel de Genoveva hacían que se siguiera elevando su temperatura. Genoveva se daba cuenta de eso e incluso lo provocaba más pegando su cuerpo al de él, y guiando las manos de Javier hacia sus partes desnudas, hombros, espalda, brazos y cuello. Sin resistir más, Javier tomó a Genoveva por la cintura y besó suavemente el cuello de Genoveva, sin importarle la mirada de la esposa de uno de los gerentes, que censuraba su actitud.

-¿Ya nos vamos? -le dijo ella, al tiempo que le levantaba la cabeza, pues él ya iba besándole la parte alta de los senos. -¡Claro!… dijo Javier, y siguió a Genoveva, que caminó hacia afuera de la pista, llevando de la mano a Javier.

Al salir del salón, Javier pudo percibir las miradas de más de dos de sus compañeros que desnudaron con la mirada a la contadora Genoveva. En eso, sintió un cierto sentimiento de inseguridad al pensar si se encontraba a algún familiar de su novia o alguna amistad. Genoveva hizo un comentario:

-Bueno ¿y por qué te has resistido tanto a acercarte a mi? – me dijo ella en un momento, mientras lo miraba fijamente a los ojos, y aunque quiso hacer lo mismo no pudo pues su mirada era atraída por las tetas de la contadora, ya que su escote casi dejaba ver sus aureolas. -No, no ha sido eso -respondió – lo que pasa es que me gusta mantener mi distancia cuando comienzo a conocer a las personas. -Pues deberías quitarte esas ideas. Tienes ya dos meses en la empresa y si tú hubieras querido desde la primera semana nuestros sexos podrían haberse conocido.  Sintió cómo su mano se posaba sobre mi abultado pene, que excitado ya se encontraba humedeciendo el pantalón.

-No desperdiciemos más el tiempo… ¿vamos a un hotel?

Javier había puesto los pies en la tierra nuevamente, y sintió miedo al estar tan cerca de ceder a las proposiciones de Genoveva. En esos momentos la veía más clara y mentalmente la comparaba con su novia.

-Está bien… pero… esta noche no puedo…- contestó, al tiempo que apretaba el botón del elevador.

Ante esta evasiva, Genoveva tomó la iniciativa nuevamente. -Ven – le indicó ella, al momento en que jalaba a Javier hacia otro de los salones, que tenía la luz apagada, lo que indicaba que estaba vacío.

En efecto, al entrar, Javier pudo alcanzar a distinguir que había sillas y mesas en acomodo tipo escuela, había sido impartido algún curso o seminario, pero ahora el salón estaba desocupado.

-Pero… es que… -decía Javier. -Estamos solos, papacito – dijo ella, sugestivamente.

Ella volteó y Javier entendió que se darían un beso, así fue, sus bocas se juntaron y ella inmediatamente comenzó a jugar con su lengua. Sus manos rápidamente se colocaron en la parte baja de su espalda, y Javier se estremeció cuando sintió que las bajaba hacia sus glúteos. Instintivamente la copió comenzando por su cintura y después las bajó hacia sus muslos para subir su vestido y sentir la tersa piel de sus piernas. Sus manos tocaron grandes áreas de carne, y después se dirigieron hacia su trasero, donde se sorprendió de que ella no llevara pantaletas. Genoveva no desperdició el tiempo y rápidamente se quitó el ajustado vestido en un solo movimiento, quedando de inmediato desnuda ante él a no ser por las sandalias de tacón alto que destalonadas mostraban generosamente la forma de sus pies. Era todo un agasajo ver a la mujer frente a él, y Javier tenía ya la verga completamente erecta e incluso le dolía. Ella lo sabía, y por eso liberó el miembro de Javier desabrochándole el pantalón, que cayó en sus tobillos y luego siguió la trusa.

Su pene tenía un tamaño fuera de lo común y parecía pedir a gritos penetrar inmediatamente a la mujer que lo acompañaba.

-Vamos a ver qué has estado escondiéndole a mami… -dijo Genoveva, mientras comenzaba a darle un masaje al miembro de Javier, que se encontraba ya enrojecido por el roce que había tenido contra la tela de sus prendas.

Genoveva empujó a Javier hacia una de las mesas, con lo que él quedó semi-sentado, por lo que ella fácilmente levantó la pierna como si montara un caballo y de un solo intento se introdujo la verga de Javier hasta el fondo, que no pudo decir palabra, solamente un profundo suspiro.

– Aaaaaahhhhhhh.  -¿Ya ves?… eso era todo… ya estás cogiéndote a Genoveva – afirmó ella, en tono tranquilizante, mientras comenzaba a mover sus caderas rítmicamente, causando que Javier se concentrara en observar cómo esta señora ascendía y descendía sobre su miembro en una golosa frecuencia que duró casi un minuto.

El tenía las manos en las caderas de ella, sujetándola, lo único que sabía es que no quería que ella se fuera.

-Ahhh… qué rico…-fue la expresión con la que Javier rompió su silencio al eyacular dentro de ella abundantemente.

Genoveva, sin ninguna consideración, siguió su rítmico contoneo, provocando que el miembro de Javier no lograra relajarse completamente, y poco a poco se volvían a llenar de sangre sus tejidos esponjosos. Genoveva sabía cómo moverse, a pesar de haber dejado el oficio hacía quince años, el tiempo trabajando en la casa de citas no era en vano. Sabía en qué punto apretar los músculos de su vagina para aprisionar el falo de Javier y causarle la máxima excitación. Una mezcla de excitación y dolor, cada vez que él pretendía sacar su pene, ella lo mantenía adentro, como si tuviera una tercera mano que estaba dentro, muy dentro de su pelvis. Justo cuando Javier iba a volver a eyacular, Genoveva se despegó del cuerpo de Javier.

– No sé si tú te quedaste con hambre después de la cena, pero yo sí, mi vida… -dijo, mientras se arrodillaba frente a Javier y su siguiente movimiento fue comenzar a lamerle los testículos. Qué relajante fue para él sentir las caricias de esa caliente lengua. -¿Te han comido alguna vez, mi amor? -preguntó Genoveva a Javier, y después se introdujo entero el miembro del inexperto contador. – ¡Ohhhh, oooooohhhhh! – susurró Javier, mientras a su mente venían sucios pensamientos que había contenido desde que había conocido a Genoveva.

La lengua de Genoveva se convirtió en una serpiente que se enroscaba en el glande, se deslizaba por todo lo largo del órgano, se trataba de introducir por el orificio urinario, y después los dientes de Genoveva eran un martirio al morder suavemente la delicada piel del falo, después bajaba a su escroto y chupaba sus huevos como si se trataran de jugosas frutas, incluso ella misma separó con sus manos las nalgas de Javier para introducir su lengua en el ano, para causar su estremecimiento ante esas sensaciones antes no conocidas.

Genoveva comenzó a chupar frenéticamente la verga de Javier. Una y otra vez la introducía en su boca, su lengua parecía estar hecha para darle placer. Sus labios eran una prisión inclemente. Una vez más hizo que Javier eyaculara, ésta vez dentro de la boca de Genoveva, cuyos labios no se abrieron. Así, se elevó hasta alcanzar el rostro del hombre, que abrió su boca en espera de un jugoso beso. Comenzó a sentir la lengua de Genoveva en la suya, y luego un buche del esperma que Genoveva no se tragó, y aunque Javier intentó zafarse, las dos manos de Genoveva se aferraron a sus mejillas para no separarse.

-¿Qué haces?… reclamó Javier. -Sello nuestras bocas con semen, mi amor. ¿Qué diría tu futura esposa si nos viera?

Javier de repente reaccionó ante las palabras que acababa de escuchar. ¿Cómo era posible que estuviera siéndole infiel a Gaby?  A su mente llegó la imagen de Gaby, bien arreglada, bien peinada, con los labios pintados de carmín y su discretamente maquillado rostro, que contrastaba con la imagen que tenía enfrente: Genoveva, ya despeinada, con el lápiz labial corrido, con semen escurriendo por sus labios, y una expresión de lujuria que no podía esconder. ¿Iba Javier a seguir con esto a tan solo unos meses de su boda? El se levantó bruscamente, tomó a Genoveva por la cintura, y la volteó, para hacerla quedar en cuatro patas encima de una de las mesas del salón. Dirigió su miembro hacia el ano de Genoveva, y lo introdujo, para fundir sus cuerpos una vez más.

-Genoveva… siempre te he deseado… ¡estás buenísima, quiero cogerte siempre! – dijo, mientras bombeaba el trasero de la cuarentona.  -¡Uuuuuuffffffff! – el nuevo orgasmo de Javier lo dejó totalmente sin fuerzas, para caer sobre la alfombra rendido.

Nunca habría podido imaginar el placer que obtendría de la gerente, que una vez más se apoderó de su verga, que poco a poco comenzaba a recuperar la erección.

– ¿Ya ves?… -dijo Genoveva – te dije que estaba para servirte. Javier, aún exhausto, respondió:
-Creo que a partir del lunes tendremos que revisar bien la contabilidad y probablemente nos tengamos que quedar horas extras.

Posteriormente, Javier hizo realidad una de sus más anheladas fantasías: comenzó a comerle el sexo a Genoveva. Siempre había querido conocer el sabor de unos labios vaginales, y en esta ocasión pudo saborear cada uno de los pliegues, cada detalle del pozo de lujuria que le regalaba Genoveva. Al comenzar a lamer el clítoris pudo notar la evidente excitación de ella.

-¡Ahhhh!… así mi amor… así… rápido… -imploraba ella, a lo que Javier respondió con más lengüetazos intensos. -Aaaaahhhhhhh – gritó Genoveva, y después se mordía los labios para contener sus gemidos ante un genuino y profundo orgasmo.

Seis meses después, Javier llegaba a la recepción de su boda, y después de recibir abrazos de familiares y amigos se encontró de pronto con Genoveva, que vestía un conjunto con una falda negra que le llegaba apenas abajo de las nalgas.

-Muchas felicidades, Javier. Espero que ahora que estás casado continúes siendo igual de trabajador como lo has sido conmigo los últimos meses…

Los ojos de Gaby miraron con desconfianza el cálido abrazo que dio Genoveva a Javier.

– Muchas felicidades -añadió Genoveva al dirigirse a Gaby – Genoveva Cuarón, soy gerente del área donde trabaja Javier… no nos habían presentado, pero tal vez podríamos salir un día los tres y conocernos ¿qué te parece?

Las miradas de los tres se cruzaron. Javier se puso algo nervioso, pero el abrazo del siguiente invitado los interrumpió. Los ojos de Javier siguieron la trayectoria de Genoveva. Javier renunció a su empleo al regresar de su luna de miel, y en la semana siguiente tuvo varias ofertas. Al ir a su primera entrevista para entrar a un reconocido despacho de contadores, se presentó ante la directora.

-¿Qué tal? soy Javier Falcón.

La licenciada Martínez, le devolvió el saludo, mientras se ponía de pie, Javier no pudo evitar mirar hacia las piernas de la Licenciada, que se mostraban generosamente por medio de una entallada falda corta.

-Mucho gusto, Sonia Murillo, estoy para servirte… cuando gustes.

Autora: Susy

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La historia de Cynthia XIX

No había mucha concurrencia pero nuestra presencia, con el halo de intriga del enmascaramiento, causaba expectación. Se había dispuesto que ese día yo no recibiera clientes con cita previa sino que los captara en la barra, por que Leonor conociera el proceso completo del servicio así que me dediqué a coquetear con la clientela allí presente. Poco después partía con uno de ellos hacia la alcoba nº 24.

Ana en la encrucijada

El jueves la situación, en lo referente a Leonor-Ana, empezó a dar un vuelco inesperado, que terminó sorprendiendo hasta a las más experimentadas del burdel. Lo cierto es que yo no esperaba ya encontrármela por allí, pero cuando llegué allí estaba con Princesa, con su antifaz, su peluca rubia y, más que tapando, destacando con lascivia los atributos más eróticos de su cuerpo, uno de los modelitos íntimos de la semana anterior.

Princesa le debía de haber lanzado una de sus teóricas, y en los ojos de Leonor se advertía un brillo nuevo y extraño. Nos fuimos las tres hacia la barra, a captar clientes.

No había mucha concurrencia pero nuestra presencia, con el halo de intriga del enmascaramiento, causaba patente expectación. Se había dispuesto que ese día yo no recibiera clientes con cita previa sino que los captara en la barra, por que Leonor conociera el proceso completo del servicio así que me dediqué a coquetear con la clientela allí presente. Poco después partía con uno de ellos hacia la alcoba nº 24.

Leonor-Ana que me había observado atenta todo el rato, marchó con princesa hacia el reservado anexo, desde el que podía observarlo todo. A estas alturas yo ya actuaba con desenvoltura: después de cobrarle – 30.000, que ya valía mi polvo todo eso -, ya que no venía con cita previa, reía, jugueteaba, me dejaba hacer, hacía, y con mi juventud volvía locos a los clientes. Este quería que le declarara mi amor y me mostrara arrobada ante él y ¿por qué no? Así lo hice mientras me desnudaba él, morosamente, de mis escasas ropas excepto de las medias y me empitonaba a placer; yo mientras lo acariciaba y le lanzaba frases encendidas de amor o más bien de jerga prostibularia, hasta que acabó corriéndose como un energúmeno, aplastándome casi. Pura rutina.

Salí y continuó la cosa. Se nos acercó un mocetón alto, con pinta de estar ducho en estas lides.

-¿Personal nuevo, Princesa? Como vais mejorando, hace tiempo que no venía. – noté a Leonor-Ana súbitamente tensa, muy tensa. – Y ¿esto de las mascaritas? ¿Nueva perversión de la casa? Buen ganado, vive Dios. Y, con perdón de la jovencita, muy especialmente esta señorita del antifaz negro, con la que, si me disculpan, me gustaría departir un rato a solas en caso de que se encuentre libre.

-Pues mucho lo siento, don Eduardo, – salió al quite Princesa – pero resulta que esta señora, doña Leonor de Acebedo y Mirón, no forma parte de nuestro selecto personal y está aquí tan solo para documentarse para un estudio sobre este sector y, para no desdecir, ha decidido vestirse a tono.

Lamento el equívoco.

-No, no, – la contradijo sorprendentemente Leonor – ¿qué mejor forma de documentarme que participar de las actividades? Soy una mujer sin prejuicios. Si este caballero está dispuesto a pagar un precio de acuerdo con mi calidad, por mí no hay inconveniente: será un placer. -Y ¿cuales son sus honorarios, si se puede saber, bella señora? -30.000 pesetas por ser para usted, caballero. Con condón, ya que no lleva usted la pulsera azul, y coito vaginal en la modalidad que quiera.

-Pues para ser una aficionada pretende usted mucho, “señora”, algo así como el doble de la media en esta casa, … y con limitaciones. -Me estreno como puta, se lo aseguro señor, y eso se paga, …y al fin y al cabo la demanda ha sido suya; pero no se apure, por aquí hay chicas preciosas que le aceptarán por el precio medio. -Toma, golfa – y casi le arrojó las 30.000 al tiempo que se la llevaba manoseando sus nalgas. -A la 24, Leonor – tuvo tiempo de gritarle Princesa mientras nos apresurábamos hasta el cuchitril de observación.

Leonor estaba con un aplomo increíble: ayudó a desvestirse al cliente, lo lavó con sus propias manos en el bidé, mientras conversaba animadamente con él.

-Y ¿cómo es que vienes por aquí? Veo por tu anillo que estás casado, y con lo buen mozo que eres seguro que tendrás una mujer preciosa… -Pero bueno, ¿hemos venido a joder o a charlar? -Perdona, perdona, es por mi tesis… hacemos lo que quieras, claro. -Pues mira ya que lo preguntas te diré que casi ni me fijé en ella. Nos casaron los padres, y los de ella y ella misma son un par de meapilas de mierda, y ¿qué esperar de ella? Era capaz de rezar el rosario mientras jodía como si orinara.

¿Cómo puede compararse con el placer de lo constantemente nuevo, profesional, liberado? Cualquiera de las de aquí le daría cien vueltas.

Pero vamos a lo nuestro a ver que sabes hacer, doctora, para tantas ínfulas de dineros.

-Como me quieres, ¿en pelota picada? ¿A medias? -Quítate solo el tanga…

Lo hizo Leonor lentamente, contoneándose, lo mojó en los líquidos vaginales que ya le venían a chorros y se lo tiró a la cara.

Él lo olió despacio, la agarró por la cintura y la tiró sobre la cama:

“Guarra” – dijo, y, agarrándola por las nalgas, la atrajo en vilo hacia su pito, atravesándola. Ella entonces inició un vaivén, aún en vilo, con algo de giro, como los que yo he acreditado en esta casa. Se ve que las cogía al vuelo.

A él le empezó a gustar: – “Así, así, golfa, puta, por la meapilas de mi mujer que no tiene quien la joda”.

Eso enervó a Leonor, que acrecentó su regodeo vaginal en beneficio de su propio clítoris.

“Eso, – dijo – por las cacho imbéciles que se quedan en casa rezando mientras su pobre marido tiene que irse de putas como yo. ¿Te gusta, cabroncete?” – “Eres fenomenal, Leonor o como coño te llames, pero oye ¡te estás poniendo cachonda! No te me corras antes que yo que te doy de leches.” – “¡Calla, mamón, y métemela a fondo que es por donde a ti te gusta, que ya te voy conociendo!”

El hombre con esa provocación la emprendió a golpes rápidos de pubis y se corrió torrencialmente entre jadeos de fiera entre los que se oían los gritos de placer de Leonor que llegaba al tiempo.

Leonor duchó concienzudamente al cliente, lo vistió y él se despidió con un beso en el cuello y ojos de arrobo. Ella le dijo:

– “El sábado es mi presentación pública en esta casa, subasta incluida; no faltes mi amor.”

Nos había dejado estupefactas. Preciosa le dijo:

-¡Qué bárbaro! Qué calladito te lo tenías. Has estado fenomenal y encima te has corrido. -Es que ese fulano me ha motivado mucho: el sábado que no falte, no os olvidéis de pasarle cita, Princesa ¡Venga la vida es corta! Dadme una habitación para mi sola que la lleno de tíos.

Princesa, asombrada, lo habló con Sirena y decidieron seguirle la corriente.

Le dieron mi 34 y se pasó toda la tarde llevando clientes con tarifas increíbles: sacó unas 150.000 pesetas en cuatro horas, de las que dio al burdel 75.000 y se fue repartiendo cuantiosas propinas en bar, servicios de habitaciones, conserjería, etc.

No le debieron de quedar ni apenas 40.000. ¡Estas histéricas!

Antes de marcharse Leonor-Ana, Princesa le propuso el formato de invitación a enviar a cuatro clientes distinguidos, que, con el primero de hoy y el propio Mario, compusieran la corte de la neófita.

Le sugirió como motivo su “deseo de experimentar por sí misma el morbo de dar placer mercenario”. Leonor entre risas dijo que se dejase de cursiladas y fuera al grano ¡nada de experimentaciones!: Puesta de Puta. Y la original notificación quedó diseñada como aparece a continuación.

La Dirección de… tiene el honor de invitar a Vd. el próximo sábado día 23 a las siete de la tarde a la

Puesta de Puta

De la Exma. Sra.

Dña. Leonor de Acebedo y Mirón, condesa de Suñén

La señora condesa tendrá el placer de follar en público con los asistentes, en el orden que resulte de subasta cerrada.

En ausencia de su esposo, por urgencias de negocio, apadrinará a la neófita en la ceremonia su amante oficial

D. Manuel Francisco González del Páramo.

Se ruega estricta etiqueta y antifaz

Autor: El Filósofo

[Continuará]

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La historia de Cynthia – XVII

Leonor-Ana estuvo algo mejor, pero aún se la notaba muy cohibida, iba algo de prisa, no se demoraba tras cada prenda, no se halagaba el cuerpo ya a la vista pero esa timidez no carecía de encanto, pero sí de lascivia y de procacidad. Princesa fue analizando las cuestiones a mejorar. Le dijo que pensara en algo voluptuoso que la apeteciera, el abrazo de su amante, la penetración de su vagina.

El proceso de perversión

El jueves aguardé a Ana-“Leonor” y a “Princesa” en la consulta de esta última, pero no llegaron hasta las siete; cargadas de bolsas, eso sí, se habían traído media boutique erótica:

-Ya tenemos trabajo para ti este fin de semana, Leonor. Tienes que acostumbrarte a todos estos modelitos, a lucirlos como requieren, como ves en el folleto de las modelos, salvo que te atrevas a mejorarlos, porque el próximo martes vas a tener que exhibirte con ellos en un sitio muy especial donde tenemos que acudir: a un burdel de superlujo…

-¿Qué dices? ¿Estás loca? Ni muerta. -Nadie te va a tocar un pelo, Leonor. Se trata de una terapia de choque para que pierdas el miedo a exhibir tu cuerpo desnudo. Todo objeto sexual se exhibe, una flor por ejemplo no es otra cosa, y una mujer también lo es. Solo una inversión mojigata ha conseguido que algunas mujeres se avergüencen, os avergoncéis de vuestro cuerpo. No se trata de que en el futuro te vayas a dedicar al strip tease, solo de perder la vergüenza a ello … Con antifaz…

-No, no puedo, no seré capaz; es muy pronto. No me pidas eso, por favor… -Leonor, tarde o temprano lo considero imprescindible. Podemos dilatarlo, pero el coste será mayor y el tratamiento durará mucho más. Podemos por ejemplo disponer que tu lo hagas en una habitación frente a una cámara de televisión en circuito cerrado que se transmitirá en directo a los clientes del burdel, mientras otra cámara graba las reacciones de ellos para que tú las vayas observando sobre la marcha en imagen y sonido. Claro, el montaje es caro … Y en todo caso esta parte no se dará por cerrada hasta que no pases la prueba en vivo y en directo. No sé, yo probaría directamente; todas lo hemos hecho, Coral, yo misma … No es tan duro; te puede acompañar Coral, haríais doblete y, con los antifaces, quien os va a conocer…

-Pero es que mi moral … yo soy muy vergonzosa. Quedaría horrible … -Pero se trata precisamente de que superes ese lastre moral. Y no puede vencerse sin un esfuerzo. Traumático, lo reconozco, pero ¿no es traumática una intervención quirúrgica? Se trata de que exhibas con orgullo tu cuerpo – muchas chicas van vestidas hoy de forma más lasciva que las antiguas prostitutas – y de que los comentarios que despiertes no te afecten, que te agrade excitar a los hombres en general sin perder tu aplomo y tu dominio de ti. Si no lo consigues serás siempre un barco a la deriva en el mar del deseo, una víctima, como has sido hasta ahora. Mira dejémoslo así por ahora, tú te lo piensas de aquí al lunes y me contestas si quieres la prueba directa – insisto en que es lo más conveniente – o la indirecta, o no quieres esa prueba en absoluto. En ese último caso yo no tendría más remedio que interpretar, porque estoy firmemente convencida de ello, que tu voluntad de seguir adelante no era lo suficientemente fuerte.

Ten en cuenta que puede haber pruebas aún más comprometidas – no temas, esta no es una formación para la prostitución, te lo aseguro – pero no pueden erradicarse fortísimos prejuicios sexuales sin pruebas fuertes de choque. Vale, tú te lo piensas, no decidas nada aún.

Vayamos con lo de hoy: primero te desnudas ante nosotras como decíamos el otro día, voluptuosamente, mientras Coral te graba en vídeo, después lo vemos y te hago la crítica. Pero primero voy a retocar algo tu maquillaje, tiene que ser más procaz, más agresivo. Coral, date la vuelta mientras le quito el antifaz. Un rojo más vivo en los labios, un cerco más oscuro en los ojos, un matiz dorado en los párpados, y más color en los pómulos; así mucho más … golfa. Mucho más golfa, Leonor, para tu propio placer. Vale, te vuelvo a poner el antifaz, te subes a la cama y yo me pongo de espaldas al espejo de manera que no dejes de mirarme a los ojos y al mismo tiempo te veas en el espejo. ¿Listas las dos? ¡Adelante!

Leonor-Ana estuvo algo mejor, pero aún se la notaba muy cohibida, iba algo de prisa, no se demoraba tras cada prenda, no se halagaba el cuerpo ya a la vista pero esa timidez no carecía de encanto, pero sí de lascivia y de procacidad. Princesa conectó la cámara a un televisor y fue analizando con maestría las cuestiones a mejorar. Le dijo que pensara en algo voluptuoso que la apeteciera, el abrazo de su amante, la penetración de su vagina, una masturbación …

Me hizo repetir a mí el strip mientras le iba señalando las diferencias.

-Mira – le dijo – para que comience tu desinhibición real te vas a masturbar ante la cámara. ¿Lo hiciste en casa como te ordené? -Si. Lo hice dos veces: la primera muy torpemente y con muchos nervios: no conseguí llegar; la segunda fue algo mejor y llegué a duras penas, no conseguía relajarme.-Recuérdame que te recete unas pastillas. No tienen efectos secundarios ni producen hábito, pero estimulan el apetito sexual y desinhiben bastante. Vamos a ver empieza con calma.

Seguía muy nerviosa y no iba a llegar a ninguna parte. Princesa la detuvo, la hizo tomar una de las pastillas y me pidió que mientras le hacía efecto la estimulara tanto como fuera capaz. Me tumbé junto a ella y empecé a acariciarla suavemente, en principio lejos de las zonas erógenas, a las que me fui acercando progresivamente, notaba como su ritmo cardíaco se iba acelerando, su aliento era ya un franco resuello e instintivamente me devolvía las caricias. Nos besamos ardientemente. Princesa grababa. Y sucedió lo habitual en los comportamientos histéricos: entró en un trance casi de furor uterino, me llevó la mano a su clítoris, pero yo me situé a sus espaldas abrazándola desde atrás y estimulando sus pezones.

Ella espasmódicamente se lubricó bien el coño y se masturbó enérgicamente con dos dedos, la besé en la nuca cuando se iba en un orgasmo descomunal que la hizo rugir como una posesa. Quedó como en trance.

Cuando se recuperó, Princesa pasó el vídeo y le hizo notar que su comportamiento era realmente patológico, histérico: pasaba del bloqueo completo debido sin duda a la autocensura a una excitación desmedida, inadecuada para un sano disfrute. Que aquí había un pico de su patología que requería ser corregido urgentemente: debía desdramatizar el ejercicio sexual. El sexo debía ser para ella algo normal, habitual, menos excepcional, más consuetudinario: como quien come, bebe o se deleita con un bombón, de la misma manera que lo haría con una lubina o una copa de cava.

Nos ordenó invertir la situación y que fuera ella la que activamente me estimulara mientras yo me masturbaba. Y, aunque fuera para ella una situación (por cierto también lo era para mí, que nunca me había visto envuelta en juegos homosexuales) mucho más anómala – dada la aversión que la educación tradicional ha mostrado hacia la homosexualidad, y muy especialmente la lésbica – sea por la acción del estimulante o por contraprestación agradecida al placer que la había dado, Leonor estuvo francamente bien conmigo y me hizo disfrutar de una masturbación realmente dulce.

Princesa se mostró satisfecha de este progreso: si Leonor no eludía ni aborrecía un tema “moralmente” tan espinoso había esperanzas de superar otros menores, como el suscitado antes. Y así, en caliente, decidió explotar el éxito y nos propuso un episodio completo de cunnilingus mutuo, o 69. Leonor puso cara de susto pero debió pensar que había que cruzar muchos Rubicones y no iba a estar haciendo permanentemente el numerito de la mojigata, así que tras de lavarnos bien ambas, siguiendo paso a paso las instrucciones de Princesa, usamos labios y lenguas con relativa habilidad – quizá yo tuve que salvar algo la impericia de Leonor – y la excitación llegó de nuevo, esta vez más pausadamente, y tuvimos un prolongado y suave orgasmo con la dulzura que solo una mujer sabe dar a otra por su conocimiento de las mutuas sensaciones.

Princesa mostró esta última grabación casi sin correcciones, se ve que el instinto funcionaba sabiamente, y manifestó su satisfacción por la marcha de la “transgresión moral”, que consideró de buen augurio. En todo caso no quiso insistir en el tema aplazado al lunes. Y nos despidió a ambas con sendos besos en la boca. Lo cierto es que para mí había sido una experiencia muy agradable ¿por qué no iba a serlo? Al salir, Leonor, me pasó el brazo por la cintura y se despidió con un largo beso en la boca. ¡Vaya!

Princesa le dio un volante para hacerse un análisis de enfermedades de transmisión sexual para ella y otro para Mario rogándola que se lo hicieran para tener resultados antes del siguiente jueves. Luego Princesa me felicitó efusivamente por lo actuado en los dos días, comentando que tenía un instinto sexológico sorprendente. ¡¡¡Bueno!!!

Cuando llegué el martes al burdel el salón estaba a rebosar de clientes. Se ve que, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, Sirena había echado las campanas al vuelo de que habría strip tease de aficionada, cosa que pone a cien a los puteros.

Por lo que supe la cosa estuvo en un tris de irse al tacho; Leonor-Ana llamó a Mario por teléfono el domingo y le dijo que no pasaba por el aro, que era muy duro y obsceno para ella, en resumen, que no tragaba. Mario la citó esa tarde en su “meublée” de soltero y tuvo que emplear toda su persuasión amorosa y sus potencias y técnicas eróticas: un polvo de fantasía y un cunnilingus lento y morboso que la dejó colgada y sumisa.

-Bueno, pero con cámara – concedió con voz muy débil. -Con cámara o sin cámara pero con desvergüenza, te lo suplico, amor. Yo estaré allí y quiero verte desinhibida, dispuesta a todo … hasta a serme infiel delante de mis propios ojos con cualquier desconocido. Esa será la prueba de que quieres seguir gozando conmigo sin complejos. Si me fallas no sé qué haré …

-¡Mario, Mario! ¿Qué estáis haciendo conmigo? -Sacar un ángel perverso de tu mente y poner en su lugar un demonio maravilloso. ¿No notas cómo ya empiezas a ser otra más dueña de ti, más atrevida, más sensual, más … cachonda? No le debes respeto a nadie, ni a mí. Todo un universo de osadías se abre ante ti.. ¡Agárralo sin miedo!

Poco después de llegar yo llegó Leonor con toda una maleta de lencería y una cara de susto que hacía presagiar lo peor. Princesa llegó y se puso a darla instrucciones: mirar a la cámara siempre, poner cara como de asco – no de miedo; yo la iría asistiendo. Iniciaría con ropa normal pero debajo lencería atrevida, se sobaría pechos, pezones, pubis … se daría vuelta y agacharía para mostrar bien las nalgas partidas por la tira del tanga; acabaría en cueros salvo el antifaz y los tacones; finalizaría con un paseo erótico y algo de barra. Se retiraría para ponerse otra ropa interior y mientras yo entretendría al personal haciendo barra. Y así hasta acabar con toda la ropa.

Leonor mantenía su cara ausente despavorida. Princesa le hizo tomar dos de sus píldoras maravillosas y entre las dos la hicimos tenderse en una mesa y la hicimos un intenso masaje enervador. Lentamente se la vio animarse. Princesa hizo señal a los cámaras, uno tomaba a Leonor para la sala y otro tomaba a la jauría de puteros de la sala para una pantalla frente a la bella. Princesa sin contemplaciones la dijo:

-¡Basta ya de dengues, puta! ¡Tienes que ganarte el pan desgraciada!¡Haz que se les ponga tiesa la picha a esos mamones, que tú lo vales so golfa! – la besó largamente en la boca – Cámaras, atentos. ¡¡Adentro!!

Mano de santo. Leonor parecía otra, concentrada en su cuerpo, lasciva, procaz. Lentamente desbrochó la chaqueta y la arrojó con brío hacia su izquierda. Se dio vuelta de espaldas a la cámara e hizo otro tanto con la camisa, que arrojó ahora al lado contrario mientras volvía el rostro con descaro hacia la cámara. La pantalla devolvía un público aún frío, distante; ella no se amilanó, avanzó hasta un primer plano de la cámara y levantó sus hermosos pechos dentro de la enagua roja como dos frutas. Se quitó lentamente por debajo la falda sastre y quedó en enagua escarlata con encajes negros.

-Está buena la jodía – se empezaba a oir. -Ven p’acá y no te escondas detrás de las cámaras, cobarde.
-¿No eres para tocada, puta? A lo mejor nadie te ha sobado bien, capullito, ¡muah! Qué muerdo.

Estas lindezas, el ambiente, las pastillas y el deseo de liberación larvado en ella y alentado  por las prédicas de Princesa y la incitación de Mario pusieron de tal manera a cien toda su sexualidad contenida que con un “¡fuera  cámaras!”, erguida sobre sus tacones de aguja como una reina de burdel, salió en busca de la escalera del salón, al que llegó y atravesando con altanería las masas rijosas de puteros, que aprovecharon para sobarla al paso, subió al estrado de la barra. Los focos iluminaron su ardiente desnudez y ella continuó entre la clientela agolpada a su alrededor hasta completar un strip tease genial. Los billetes se le adherían alrededor del tanga hasta formar círculo.

Salió fuera de sí y yo, tras recoger las prendas desperdigadas, hice mi numerito y mi ratito de barra. Pero la multitud la reclamaba a ella. Salió con otro modelito íntimo y otra peluca rubia y sin antifaz ni pollas. Se arrimó al bar y pidió un vaso de vodka que se bebió de un trago sin rechistar. Princesa se llevaba las manos a la cabeza, pero para Leonor-Ana era su día de revelación y estaba imparable. Se dirigió al poco respetable respetable y pidió un guapo que la ayudara a desvestirse. Hubo casi peleas pero salió uno y entre los dos hicieron un espectáculo casi incandescente. Distinguí a Mario en una esquina: no perdía ojo el muy libertino.

Salió y volvió con un tercer modelo, algo hortera pero muy apropiado para el lugar y el momento, y aquí se empeñó en hacer un strip lésbico conmigo, y tuve que seguirle el humor; estaba imparable. Nos fuimos desnudando entre besos, caricias y rugidos soeces y ofensivos del personal. Y aquí fui yo la que tomándola de la desnuda cintura la atraje a mí y la besé en la boca entrelazando nuestras lenguas con suma lujuria.

Mientras se reponía fui yo la que salí con otro modelito y me esforcé en hacer un strip con estilo profesional de puta, provocativo, sensual …

Tenía que dejar en alto mi pabellón. Aunque el público estaba con Ana, mi mayor experiencia, mi intuición de buena puta y esta vez mi pequeño cabreo por perder mi anonimato me espolearon; a mitad del strip bajé de un salto del estrado y me mezclé con los corros más salidos embistiéndoles con pezones y vulva consiguiendo que me magrearan a tope en un preludio de orgía y uno hasta se la sacó pretendiendo ensartarme. Se la cogí y, agachándome, le di un beso en el capullo y volvía al estrado mientras Leonor-Ana volvía con otro modelo. Ella me dijo que trajera los modelo que quedaban que se los iría cambiando ante el público. Se largó otro chupinazo de vodka y fue componiendo su desfile particular, cada vez más cachonda y salida.

El público, rijoso, andaba al borde de la violación: había mucho personal que quería su oportunidad y achuchaba a la “liberada” Leonor-Ana. Princesa intervino indicando que en cuanto a Leonor se había cerrado la tienda, que el caso obedecía a una terapia sexual que ella dirigía. Pero que estaban en un establecimiento de placer y había chicas suficientes para todos dentro de su orden. Y así se hizo. Los clientes más urgidos pronto encontraron pareja. Los demás debían aguardar. A mí también me excluyeron porque se acercaba el fin de mi jornada. Leonor-Ana se duchó y vistió normalmente y al salir distribuyó las propinas de los strip entre el personal de cantina, cámaras y chicas.

Se acercó por fin Mario que la besó apasionadamente. Ella intentó disculparse pero él la cortó antes de empezar:

-Tengo muy asumido lo que es una terapia para el morbo puritano que te estaba amargando la vida. Lo considero adecuado, sé el sacrificio y esfuerzo de vencerte a ti misma que has hecho y estoy muy orgulloso del resultado. Ni has sido infiel a nadie ni eres peor que antes, y lo más importante: Te amo. Te amo sinceramente.

Ella reclinó su cabeza en el hombro de él y sollozó no sabía si de gozo o de vergüenza. Probablemente no. La tarde era jóven y ellos tenían que sincerarse emocionalmente. Princesa los citó para el martes siguiente con los resultados de las pruebas que les había recetado; pidió a Leonor-Ana que en casa reflexionase y recrease repetidamente en cuanto le fuera posible lo vivido hoy; que repitiese ante el espejo los strip teases y cambios de vestuario; que anduviese desnuda o con ropa atrevida por la casa cuanto pudiera; que alquilara y viera vídeos o DVDs eróticos a diario – si le daba apuro adquirirlos que lo hiciera él y se los pasara; que practicara el sexo sola o acompañada, en diversas posturas cuanto estuviera en su mano o en las de su amante y que no dejara de tomar una píldora diaria de las recetadas por ella.

Cuando se fueron. Princesa se ofreció a llevarme a Madrid y lo acepté.

[CONTINUARÁ]

Autor: El Filósofo

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