La masajista perfecta

Saqué la lengua y la pasé por sus tetas, dibujando una espiral de fuera adentro con el centro en sus pezones, que ya estaban en su máxima expresión, gordos, grandes, duros, guardados en una aureola pequeña y deseosos de las caricias de mi boca. Los gemidos que ella daba eran muy excitantes para mí, a la vez que agarraba sus tetas para pasar los pezones por mi boca.

Hola a todos, este es mi primer relato, así que me deberéis perdonar si no es una maravilla literaria. Antes de nada me gustaría presentarme, me llamo Jorge, tengo 36 años y soy un apasionado de las mujeres maduras de los 40 a los 60, vivo en Madrid que es donde ocurrió lo que voy a contaros.

Trabajo en un estudio de arquitectura, dibujando planos como loco, con mucho estrés y presión por parte de los jefes lo cual me genera mucha tensión en los músculos del cuello y espalda, además de unas obras en casa que me traían por la calle de la amargura así que tenía pensado buscar un o una masajista que me los aliviara, pero por falta de tiempo unas veces y por dejadez otras al final no lo busqué como debía, gracias a lo cual me pasó lo que os estoy relatando.

Estaba chateando en una sala de + de 40 cuando vi que entró alguien con un nick (MasajistaMadrid), que me venía al pelo y me hizo recordar lo que llevaba tiempo necesitando. Le abrí un privado y dio la casualidad (¡maravillosa casualidad!), que era una mujer de 52 años, Eva, masajista semi profesional que daba masajes para redondear el sueldo que llevaba a casa (no supe nunca cual era su otro trabajo, tampoco es que pusiera mucho empeño en saberlo, la verdad). Le conté mi problema, mis contracturas cíclicas en el cuello y los hombros y me dijo que esa era su especialidad, el masaje relajante anti-estrés. Después de acordar el precio quedamos en mi casa para el día siguiente por la tarde/noche, que era cuando a ella le venía mejor.

Seguimos hablando y la noté (aparte de simpatiquísima y muy amable), muy interesada en mi gusto por las mujeres maduras (cosa que supo por mi nick), y por mi experiencia en ese tema, que tampoco es mucha, pero algo tengo para contar. De vez en cuando volvía al tema de los masajes, insistiendo en que me iba a masajear muy bien, por todo el cuerpo y que iba a quedar muy contento y relajado, hasta el punto de recomendarme estar desnudo cuando me diera el masaje, ya que a ella le daba más libertad de movimientos. Yo, siguiendo con el tono de la conversación le dije que no había problema, que aunque no tengo un cuerpo danone (de hecho estoy bastante gordito), no tengo vergüenza en estar desnudo, pero que temía que al sentir sus manos en mi cuerpo, me excitara más de lo debido. Ella se rió con el comentario y me dijo que eso no le molestaba, más bien al contrario, que se sentiría halagada de excitar a un joven como yo. Para no aburriros mucho, a pesar que estuvimos mucho tiempo chateando de muchas cosas así quedó el tema, en una cita para el día siguiente.

Después de otra intensa jornada laboral llegué a casa y lo preparé todo para que estuviera a punto para cuando llegara Eva, me di una ducha a fondo, limpié la habitación, quemé un par de barritas de incienso, y me puse a esperar su llamada. Después de indicarle mis señas para que llegara con su coche me dispuse a esperarla, más nervioso de lo que debería estar ya que el tono de la conversación del día anterior fue bastante más caliente de lo que debería haber sido una simple transacción comercial.

Llamó al portero automático y le abrí la puerta, esperándola en el quicio con una sonrisa que se me cayó al suelo cuando la vi en persona. Y es que esta mujer era una delicia. Más incluso de lo que me había imaginado, y la había imaginado mucho y en diferentes situaciones la noche anterior. No muy alta, pero muy bien proporcionada, alrededor de 1.55 ó 1.60, rubita teñida, con el pelo largo, ojos color café, regordita con muchas curvas, pero sin llegar a ser obesa, con unos pechos grandes, pero no exagerados, piernas fuertes de tobillo fino y un culo precioso (que más tarde me quitaría el sentido). Venía vestida con una especie de traje chaqueta azulón, americana cortita y falda por encima de las rodillas, un top con escote, palabra de honor, azul más claro, medias negras y zapatos planos negros también.

Hola, tú debes de ser Jorge… ¿te pasa algo? ¿Te encuentras bien? –dijo con una media sonrisa en la cara al ver la expresión de la mía. Nnno, perdona, es que no me esperaba que viniera Afrodita en persona a darme un masaje. –dije lo primero que se me ocurrió, intentando no parecer tan tonto como me sentía. Jajajajaaa, venga, venga, no seas zalamero. –replicó ampliando la sonrisa, con una picardía al ver mi reacción al conocerla. Perdona, que maleducado soy, pasa, pasa. Nos dimos dos besos a la vez que ponía su mano en mi cara en un gesto muy cariñoso que a mí me dio pie a poner la mía en su cintura. ¡Esto iba bien! La dejé pasar al hall aprovechando para ver su fantástico culo que me pareció contoneaba con más sensualidad de la normal.

Pasamos al salón, ella delante de mí, y yo sin poder quitar la vista de ese trasero que tanto me había gustado, imaginándome como sería la ropa interior que lo cubría y claro, excitándome ante tal pensamiento. ¿Quieres tomar algo, Eva? Con el calor que hace, lo mismo te apetece una cerveza o un refresco fresquito. Pues sí, una cervecita me vendría genial, gracias, que este calor de Madrid en agosto es terrible. –dijo mientras hacía el gesto de abanicarse con la mano. Siéntate que te la traigo… y yo me tomo otra, que la verdad es que a estas horas apetece. –le dije mientras me dirigía a la cocina para pillar dos cervezas heladas.

Toma, aquí tienes, ten cuidado que está muy fría.

Le di la botella y ella se tomó un buen trago, dando un suspiro de satisfacción según separaba la botella de sus labios.

Huy, perdona, no te he ofrecido un vaso, yo me la suelo beber a morro, que me gusta más así. –le dije. No te preocupes, a mí también me gusta mucho más beber a morro, así se sienten las cosas mucho mejor –dijo con una sonrisa más que pícara, a la vez que cerraba los ojos y pasaba la fría botella por su cuello y la parte del pecho que dejaba a la vista su top-. Bueno, ¿me dices dónde está el cuarto de baño? Necesito usarlo. Por supuesto, por aquí, pasa –le dije indicándole el camino-. Está recién reformado, y ha sido una de las causas del estrés que arrastro, pero al final ha quedado bastante bien.

¡Ummmm, que bonito! …y con una columna de ducha con masaje incluido, ay, estas cosas me van a dejar sin trabajo, jajajjjaa…  Jajajjaaja, no creo que estos aparatos lo hagan mejor que unas manos femeninas –le dije poniendo también una sonrisa pícara-. Si quieres puedes usarla –dije en tono de broma, pero que ella se tomó en serio, o quizá, aprovechó la ocasión que le estaba dando.

Pues mira, si no te importa, la verdad es que me encantaría darme una buena ducha, que llevo todo el día de aquí para allá y me vendría genial. Ummmm, y por lo que veo, has puesto una mampara casi transparente, eh pillín, jajaja. Jajajaja, pues sí, para que negar la evidencia, que con las pocas chicas que pasan por casa, hay que aprovechar. Venga, no seas llorón, que más de una habrá probado esta duchita… -dijo mirándome directamente a los ojos. Pues no –le respondí mirándola también a los ojos-, vas a ser la primera persona aparte de mí que se meta en mi ducha, te lo aseguro. Toma una toalla para cuando salgas, y si quieres puedes usar mi albornoz, que está limpio.

La dejé disfrutando la ducha y esperé en el salón tomando otra cerveza, imaginando lo que podría hacer con ella en el caso de que el masaje fuera por donde yo quería que fuera. Pensé en ir a espiarla mientras se duchaba, pero mi inseguridad y un atisbo de educación me impidieron hacerlo. Después de unos minutos salió de la ducha con mi albornoz puesto, cosa que me gustó mucho, ya que esa tela que tocaba su cuerpo que yo imaginaba desnudo sería la misma que más tarde acariciaría el mío… morboso que es uno.

Uauuu, ¡qué bien me ha sentado esa duchita! –Dijo ella mientras se secaba el pelo con una toalla- …y que albornoz más suave tienes, como te descuides me lo llevo, jajajajaja. Bueno, si te portas bien te lo cambio por algo tuyo –respondí yo mientras le daba otra cerveza recién abierta-. Toma, otra cervecita, ya verás que bien sienta después de la ducha. Ummmm gracias, eres un sol, Jorge –dijo poniendo esa sonrisa que me volvía loco y me daba para imaginar locuras- y gracias también por dejarme usar tu ducha, te lo voy a recompensar con un masaje que te va a dejar relajado como no lo has estado nunca. Uff, pues nada, vamos a ello, que ya tengo ganas. No tengo camilla ni nada parecido, ¿dónde lo harás mejor? Imagino que en una cama porque en el sofá el respaldo no te va a dar libertad de movimientos. Sí, mejor en una cama, supongo que tendrás alguna, ¿no? Por supuesto, vamos a mi habitación.

Me tumbé en la cama boca abajo mientras ella preparaba el aceite de masajes y se ataba el pelo con una cinta en una coleta cuando me dijo:

Bueno, ¿te desnudas o qué? Ya lo hablamos ayer y me dijiste que no te daría vergüenza. Si, si, tienes razón, ya mismo me despeloto. Es curioso, es la primera vez que una mujer me exige que me desnude, jajajaja. Jajajaja, venga, venga, menos cachondeo que no se cómo va acabar esto.

Me desnudé no sin cierto reparo, mientras ella me miraba sin quitarme la vista de encima, a la vez que se mordía el labio disimuladamente. Debido al tono de la charla que estábamos teniendo, mi polla se encontraba en un estado de semi excitación, lo que aquí se conoce como morcillona. Me tumbé boca abajo y ella empezó a masajearme lentamente, echándome el aceite de masaje encima. Los hombros, la espalda, los glúteos, las piernas, etc. Verdaderamente, el masaje, aparte de connotaciones sexuales era genial y me estaba sentando de muerte, así que mis gemidos eran bastante audibles mientras trabajaba mis músculos. Me dijo que abriera más las piernas y así lo hice, y al punto noté como sus manos se entretenían en los cachetes de mi culo, abriéndolos para llegar a mi entrepierna, rozando levemente mis huevos, lo que supuso un gemido más alto de lo normal en mí, a lo que ella me dijo:

Parece que te gusta, ¿eh? Uff, no tienes ni idea de lo bien que lo haces, Eva, ¿dónde has estado toda mi vida? –respondí mientras giraba un poco la cabeza para mirarla.

Al girarme para mirarla, vi que el albornoz que ella llevaba estaba aflojándose poco a poco y pude intuir sus pechos moviéndose al ritmo de sus masajes, cosa que hizo que me excitara ya totalmente. Me moví un poco para acomodar mi polla y que no me molestara, cosa que ella notó y dándome un cachete en el culo me dijo que no me moviera tanto. Se puso en horcajadas encima de mis piernas, sentándose casi en mis pies, lo que me dejó adivinar que no llevaba bragas, ya que sentí su pubis acariciando mis tobillos, que notaron la humedad que salía de aquella zona, acabando de empalmarme del todo.

Ella seguía con los masajes en mis muslos, desde la parte trasera de las rodillas a los huevos, que ya tocaba casi con descaro. Cuando ella pasaba por mi entrepierna, decidí calentar más intensamente su pubis, a lo cual, movía mis pies ligeramente para acariciar su coño que ya notaba mojadito y muy caliente. Ella lo notaba (no podía ser de otra manera), y gemía audiblemente a la vez que dejaba de masajear otras partes, centrándose en mis huevos. Ya decidido a entrar en materia metí mi mano para colocarme la polla mirando al ombligo, en un gesto ostensible para que ella dijera algo. Y lo dijo, vaya que sí lo dijo:

Deja de moverte, que así no hay quien se concentre. …es que me molesta. ¿Qué te molesta? ¿No te gusta el masaje? Sí, sí que me gusta, lo que me molesta es… la polla. …se te ha puesto dura, ¿verdad? Si, y me la tengo que colocar para que no me incomode…pues me lo dices y te la coloco yo.

Dicho y hecho, me pasó la mano por debajo y me la cogió agarrándola y apretándola fuerte a la vez que exclamó:

Ummmmm, que pollón tienes Jorge, que dura está -supongo que sería cosa de la situación, porque yo no tengo un pene tan grande como pueda parecer por el comentario. Es que verte con ese albornoz sin nada debajo, y tocándome los huevos como lo haces me has puesto muy burro, cielo. Date la vuelta.

Me giré y se tiró encima de mí a besarme, mientras nos peleábamos con nuestras lenguas mis manos quitaban como podían el albornoz que llevaba, quería acariciar su cuerpo ya sin nada por medio. Ella a horcajadas encima de mí y yo abrazándola, tocando su culo, acariciando sus pechos que me llevé a la boca. Saqué la lengua y la pasé por sus tetas, dibujando una espiral de fuera adentro con el centro en sus pezones, que ya estaban en su máxima expresión, gordos, grandes, duros, guardados en una aureola pequeña y deseosos de las caricias de mi boca. Los gemidos que ella daba eran muy excitantes para mí, a la vez que agarraba sus tetas para pasar los pezones por mi boca. Volvimos a besarnos y aproveché para incorporarme y tumbarla en la cama y decirle:

Quiero comértelo, déjame que te lo coma, estoy loco desde que entraste por la puerta por probar el sabor de tu rajita… siiiiiiiii, cómemelo, lo estoy deseando, mira lo mojado que lo tengo, ¿te crees que no me daba cuenta de cómo me lo sobabas con los pies? Me lo has puesto a tono y tienes que arreglar eso.

La tumbé boca arriba y la besé en la boca, sacando la lengua y bajando hacia abajo, por su cuello, su pecho, sus pezones, su ombligo hasta su pubis. De ahí pasé al interior de sus muslos, saltando su coño que rezumaba de jugos.

No seas malo, cómemelo yaaaaaa, me tienes muy caliente, quiero sentir tu lengua en mi rajitaaaa –decía ella con una calentura máxima.

No me hice de rogar más y pasé lentamente la lengua por toda su entrepierna, como si me comiera un helado, de arriba abajo, desde el pubis hasta casi el culito, entreteniéndome en el clítoris, ya que cuando pasaba por ese botoncito, ella gemía mucho más y notaba como le temblaban las piernas. Seguí así un buen rato, dándole golpecitos con mi lengua en su clítoris, absorbiéndolo hacia el interior de mi boca y frotándolo con mi lengua dentro de ella, ayudándome con la mano que pasaba a ratos por su ano, a ratos introduciendo los dedos en su coño, que ya estaba chorreando de excitación. No sé exactamente cuánto tiempo estuve así, pero imagino que alrededor de 10 ó 15 minutos después, con gritos de calentura total, me avisó que se corría:

Ahhhhh, sii, me voy a correr, sigueee, sigueeeeeeee, chúpamelo, cómemelo, dame mássssss, exclamaba a la vez que empujaba mi cabeza entre sus piernas con una mano y con la otra pellizcaba fuertemente sus pezones. Si, siiiiii, dame tus jugos, déjame que me lo beba todo –respondí yo separando mi lengua de su clit por unos instantes mientras seguía pajeándola con las manos, metiéndole tres dedos en el interior de su coño a la vez que le frotaba el pulgar en el clítoris y metía parte del dedo pequeño en su ano-. Córrete en mi boca, lléname la cara de tu zumooooo.

Dicho y hecho, con unas contracciones en sus muslos y unos gritos que se debieron de oír dos barrios más allá, se corrió llenándome la boca del mejor licor agridulce que he probado jamás y que sólo una mujer madura puede dar. Dejé de frotar aquella zona que por momentos se volvió demasiado sensible y subí a la altura de su cabeza ayudada por sus manos que tiraban de mí hacia arriba para juntarnos en un beso interminable, al principio lento y cariñoso, pero que se fue volviendo febril y cachondo a más no poder en el que le pasé los restos de sus jugos y ella bebió con gusto y mucho morbo.

Ummmm, sabes a coño –me dijo ella sonriendo en una pausa de ese beso cojonudo-. ¿Qué habrás estado haciendo?  Jajajjajaa, me has pillado Eva –le respondí entre risas-, resulta que ha venido una masajista a casa y estaba tan buena, que he tenido que comerle el coño, ¿me perdonarás? Ummmm, no sé, no sé, lo mismo si sigues haciendo que me corra a lo largo de esta noche…

Ese y un magreo de Eva en mi polla fue el punto de inicio para otro asalto encima de mi cama, en el que ella tomó el mando de la situación poniéndose encima de mí y recorriendo mi cuerpo como antes hice yo con el suyo, desde arriba, morreándome como una loca y hacia abajo, con mi polla como objetivo final y mientras no apartaba sus ojos de los míos, en los que brillaba una lujuria que nunca he vuelto a ver en nadie. Agarró mi polla que estaba durísima con una mano y acercó su boca al capullo, echándole el aliento a la vez que me masturbaba lentamente, algo que no me habían hecho nunca y que supuso otro punto más en mi excitación, poniéndomela más grande y dura de lo que nunca ha estado. Yo empujaba mi pelvis hacia arriba para que mi rabo tocara por fin su lengua y boca, pero ella en un juego que yo le había hecho antes y que me estaba devolviendo levantaba la cabeza para evitar el contacto.

Ummmm, no me hagas esto, chúpamela ya, que me vuelves loco –le dije yo mientras agarraba su cabeza para empujarla contra mi polla.

Ese gesto parece que le gustó porque sin yo esperarlo, bajó la cabeza de golpe, metiéndose mi polla casi hasta la garganta, comenzando una mamada que jamás en la vida me habían hecho igual, salvaje, bestial, hasta el fondo y chupando fuerte, tanto que parecía que se me iban a salir los huevos. Hice un gran esfuerzo por no correrme todavía y viendo que ella no paraba de chupar y chupar, le dije:

Para, para, que no quiero correrme todavía, quiero follarte antes, cielo –a la vez que me la traje para arriba, colocándose ella encima de mí y de una vez, se metió mi polla hasta los huevos.

Los dos dimos un grito de placer al llegar hasta el fondo de su coño, que por su corrida anterior tenía bien lubricado y empezó a botar encima de mí, cabalgándome primero despacio, disfrutando del momento, echándose hacia delante para que pudiera saborear sus pezones, cosa que hice al instante, dándole chupetones al mismo ritmo que ella me cabalgaba de arriba abajo, haciendo círculos con su culo, de atrás adelante, en fin, moviéndose de todas las formas posibles, como una batidora a máximas revoluciones. Estuvimos un buen rato follando en esa postura hasta que sus gemidos me indicaron que se iba a correr de nuevo, a lo que aproveché para meter un dedo en su ano y acelerar mis lametones en sus pezones que estaban duros como piedras. Con un espasmo y un grito de placer acabó corriéndose encima de mí, con mi polla en lo más hondo de su coño.

Fóllame, fóllame másssssssss… hasta el fondo, méteme más esa pollaaaaa… dameee en los pezooones, que me corro… ayyyy… siiiii… Siiiiiiiiiiiiiiiiiiiii… Aaaahhhhh… yaaaaaaggghhh, Si, si, si, córrete cielo, córrete, ummmmmmm -le dije yo mientas mordisqueaba con los labios más fuerte sus pezones.

Con un suspiro se dejó caer encima de mí, sin querer sacar mi polla de su interior, moviéndose muy despacio, casi imperceptiblemente a la vez que intentaba recuperar el aliento, con unos gemiditos entrecortados y unos espasmos en su coño que yo sentía apretándome la polla cada vez más despacio. Después de unos 5 minutos tumbada sobre mi pecho me empezó a besar de nuevo suavemente, dándome pequeños mordisquitos en las orejas, los pezones, en el cuello… eso hizo que mi excitación no bajara ni un milímetro, cosa que ella notó y empezó a moverse un poco más rápido.

Ummmm, Jorge no te has corrido, y te lo has ganado cielo, ¿quieres seguir follándome o prefieres otra cosa? Si tu chochito aguanta tanto meneo, cariño, me encantaría seguir follando contigo… pero cambiando de postura… ¿me dejarías ponerte a 4 patas? Siiiiiiii, me encanta que me la metan desde atrás… pero no por el culo, ¿eh? Que ya me he dado cuenta de que tienes unos dedos muy traviesos y que te gusta mi culo, pero hay que dejar algo para otros días ¿no?- dijo mientras me guiñaba un ojo. No te preocupes mi vida, sólo haré lo que tú quieras que te haga.

Se quitó de encima mío y se puso a 4 patas encima de la cama, meneando el culo de manera muy lasciva, echando el cuerpo hacia abajo y elevando ese culo de infarto, provocándome, enseñándome su rajita hinchada y jugosa a la vez que pasaba una mano entre sus piernas para abrir su coño para mí.

¿Te gusta lo que ves? ¿Te parece bonito mi chocho? Dime que te gusta, dime lo mucho que lo deseas, fóllamelo ya, dame con todo, métemela de nuevo, que me has puesto cachonda otra vez… venga cabrón, dame fuerteeeee…

Ese cambio en su actitud, la vista de su coño abierto para mí y su lenguaje directo y obsceno me puso más caliente todavía y sin pensarlo me lancé a comérselo de nuevo, chupando como loco ese chochito rosa y mojado, con los labios grandes y el clítoris hinchado y brillante. Le daba lametones fuertes, desde el clit al culo, metiendo la puntita de la lengua en su rajita que ella seguía abriendo para mi lengua.

Ahhhhh, siiiiiiiiiiiiii, fóllame con la lengua, soy tuyaaaaa, comételo todo, cómete el coño de tu perra caliente… ummmmm, como me pones, dame más, másssssssss.

Le metí tres dedos de golpe en su coño, buscando hueco para meter otro más, masturbándola más fuerte cada vez, más adentro, más rápido… en seguida le pude meter el cuarto dedo de lo caliente y abierto que lo tenía, mientras ella seguía diciendo obscenidades, pidiendo más, entregándose al máximo.

Dame fuerteeeee, méteme la mano entera, rómpeme, reviéntameeeee, ahhhhhh, vas a hacer que me corra otra vezzz, no aguantooo. Ummmm, como me pones, cachonda, eres lo mejor que me he follado nunca, te voy a dar con todo…

Viendo que iba a irse de nuevo, saqué de golpe mis dedos con un sonoro “plop” y rápidamente acerqué la cabeza de mi verga a su rajita que todavía lucía abierta y sin pensarlo se la metí de golpe hasta que mis huevos golpearon su culo. Sin parar un segundo empecé a bombear, muy rápido, muy fuerte, buscando mi placer y también el suyo al dar mis huevos en su clit del vaivén que teníamos. Mi lenguaje también subió de tono, con los típicos excesos de esos momentos, que a ella le gustaba tanto como a mí y que hacían que un polvazo como aquel fuera el mejor de mi vida.

¿Te gusta cómo te la meto? ¿Te gusta mi polla? Dímelo perra, dime cómo te pone que te folle a 4 patas como a un putita cachondaaa -dije a la vez que agarraba de su melena rubia y tiraba hacia atrás de ella para que notara mejor mis embestidas. Siiiiiii, me encanta cabrón, soy tu putaaaaa, tu perraaa, pero no dejes de follarme, que me tienes cachondaaaaa, dame más… más… mássssss, reviéntame, fóllame fuerte cabrónnnnn… vas a hacer que me corra otra vezzz… cabrónnnn, me corrooooooooooo…

En un éxtasis de lujuria y flujos ella se corrió de nuevo dando manotazos en la cama, gritando como loca, moviendo el culo como perra en celo, quedando desmadejada en la cama, dejándome a punto de correrme.

Ummmm, me has dejado a medias, cielo, estoy a punto de correrme, quiero llenarte el coño con mi leche calentita, no me dejes asiiiiiiiiiiii. Ummm, espera un minuto, que me has dejado hecha polvo, y no te corras dentro por favor, yo haré algo para que termines como te has ganado, cielo.

Me salí de ella y dejé que se repusiera abrazándola, arrimando mi paquete a su culito y dándole besitos en el cuello a la vez que le susurraba al oído lo buena que estaba, lo mucho que me gustaba, lo caliente que me ponía oír sus gemidos, beberme los jugos de su orgasmo. Ella me dijo que le había encantado follar conmigo, que nunca se había puesto tan caliente con su marido (ahí descubrí que estaba casada, cosa que me excitó más si cabe), ni con ninguno de los que había follado en su vida antes de casarse. Me contó que con su marido la cosa no iba nada bien, que creía que le era infiel y por eso decidió devolverle la jugada con su primera infidelidad desde que se había casado ya casi 25 años.

Nos besamos de nuevo y entre besos, lenguas y labios me dijo que nunca había probado la leche de un hombre y que hoy quería beber de mi polla, quería conocer el sabor de mi semen, a lo que le respondí que encantado. Estábamos los dos tumbados en la cama boca arriba, ella apoyada en mi pecho, con una mano entrelazada a la mía agarramos los dos mi polla que había perdido un poco su dureza y empezamos a masturbarla, apretándola fuerte (cosa que hace que se me ponga dura en un momento, eso me pone mucho), siguiendo el ritmo que yo marcaba durante unos minutos. Cuando aprendió como me gustaba, soltó mi mano y solo con la suya siguió pajeándome, cada vez más rápido, más fuerte, apretando de vez en cuando como si quisiera estrujarla, lo que hacía que se me pusiera a tope de gorda.

Ella se dio cuenta que estaba cerca de correrme y llevó su boca hacia la punta de mi pene, ayudando la paja que me hacía dándole lametones como si fuera un chupa-chups, metiendo mi capullo en su boca y relamiéndolo mientras que con la mano subía y bajaba.

Ahhhhh, ¡qué bueno! ¡Qué bien lo haces, cielo, vas a hacer que me corra! ¡Me tienes a mil! Ummmm, siiiii, quiero que te corras en mi boca, como antes hiciste tú conmigo, quiero beberteee –respondió mientras aumentaba el ritmo de su mano, acercando más su boca, abriéndola para recibir mi leche recién ordeñada.

En unos instantes y con un escalofrío que recorrió mi espalda noté como mi orgasmo era inminente, avisándole por si quería apartarse, pero ella metió mi polla en su boca para recibir las descargas dentro y no perder una gota. Me corrí como no había hecho antes, lo que a mí me pareció litros de esperma salieron a borbotones de mi glande, notando como Eva absorbía la leche que le estaba dando, tragando lo que podía y soltando lo que no podía tragar, que resbalaba por sus labios, cayendo por su cuello, llegando hasta sus tetas.

Relamiéndose se tumbó junto a mí, que estaba resoplando de la corrida que esta mujer me había provocado. Se abrazó y me besó en la boca, notando el sabor que tenía, cosa que nunca había hecho pero que me encantó al notar en su lengua los restos de mi corrida. Nos seguimos besando un buen rato mientras comentábamos las mejores jugadas.

Uf, cielo, me ha encantado cuando me has puesto a 4 patas y me has cogido del pelo –decía ella mientras me miraba a los ojos-. Nunca me había sentido tan dominada, tan… puta, y que me lo dijeras me ha puesto más caliente, eres un amante excepcional. No cielo –le respondí yo-, la maestra en la cama eres tú, jamás había estado con una mujer tan buena y tan caliente. Y lo de llamarte puta, perdóname, nunca lo había hecho pero me ha salido de dentro, me parecía que era el momento perfecto para usar ese lenguaje, perdona si te ha molestado, la verdad es que no creo que seas un prostituta, sino una mujer caliente y fogosa… que folla como los ángeles, ¡si es que los ángeles follan! Jajajajaja, no creo que los ángeles puedan follar, sin sexo es difícil, ¿no crees? Y no me ha molestado lo que me has llamado, al contrario, me ha puesto como una moto. Yo tampoco lo había hecho así nunca, pero ha sido de los mejores polvos de mi vida. Y el sabor de tu semen… uf, ha sido una pasada, no es un sabor agradable para una ensalada, pero en ese momento me ha parecido lo mejor del mundo, a partir de ahora intentaré probar más veces ese sabor… ¡a ver qué piensa mi marido de eso!

Nos besamos de nuevo, cuando acabamos me miró a los ojos y me dijo que aunque no quería tenía que marcharse. Su marido no estaba en casa, pero aun así al día siguiente tenía que madrugar para ir a trabajar. Le ofrecí ducharse en casa, pero me dijo que quería dormir con mi olor en su cuerpo. Nos despedimos en la puerta, le pedí su teléfono, pero me dijo que ella ya tenía el mío y que me llamaría si volvía a quedarse sola. Cosa que no ha pasado… de momento.

Ni que decir tiene que al día siguiente no tenía ningún tipo de estrés ni tensión en el cuello o espalda… ¿sería por el masaje terapéutico o por el otro tipo de masaje?

P.S. Gracias a todos los que me han leído y me manden sugerencias para mis próximos relatos. Espero que lo voten. Todos los comentarios serán bien recibidos. Gracias a todos y sobre todo a todas, estoy abierto a vuestras experiencias. Sed felices siempre…

Autor: Jordi

Me gusta / No me gusta

Sinceramente estoy desesperado

Me untó bastante saliva en el pene e inició su descenso sobre mi mástil. Poco a poco, se lo fue metiendo, quejándose a cada centímetro. Cuando llevaba casi la mitad dentro de su ano, resbaló accidentalmente y mi pene desapareció completamente en su dilatado esfínter. Mi primo lanzó un grito desgarrador y cual “resorte” se separó de la barra que lo penetraba.

Mi nombre es Arturo, vivo en Venezuela, tengo 24 años, 1,90 mts., de estatura. Ojos y cabello café, atlético, (sin ser musculoso), y la mayoría de las mujeres me encuentran “bien parecido”. Pero tengo un problema gigante.

Mi pene erecto mide 32 cm., con cuatro centímetros de ancho y rematado por una cabeza de unos siete cm., de espesor. Desde pequeño, me llaman “burro” aludiendo al tamaño de mi pene.

Lo cierto es que ningunas prostituta acepta tener relaciones conmigo, luego de ver el tamaño de mi barra. Tal vez para muchos esto sería motivo de orgullo, pero para mi es verdaderamente un problema.

Cuando cumplí 18 años, tuve mi primera experiencia sexual. Aunque yo ya me masturbaba, luego de tener mi primera y única eyaculación nocturna.

Esta fue con otro hombre, un primo, compañero de clases, quien, comenzó a tocarme la pierna y luego agarrarme el “mastranto”,  mientras estudiábamos solos en casa. Naturalmente mi pene respondió a sus estímulos manuales, erectándose a su máxima capacidad. Pero cuando sus labios y su lengua se posaron sobre mi barra, creí desfallecer de la excitación. Por suerte, me había masturbado al despertar, (como lo hacía casi a diario), y pude contener la eyaculación por más de 15 min.

Mi primo, al ver mi miembro en plena erección comprendió el origen de mi apodo, exclamando:

-¡Vaya primo es el miembro más grande que he visto, inclusive en las películas porno!

Dejé que lo siguiera saboreando un buen rato y luego le propuse:

-¿Primo, te gustaría metértelo?- ¡Nos desvirgaríamos los dos!

Luego de pensarlo por unos segundos aceptó, pero bajo la condición de sentarse sobre el, a fin de controlar la penetración.

Me untó bastante saliva en el pene e inició su descenso sobre mi mástil. Poco a poco, se lo fue metiendo, quejándose a cada centímetro. Cuando llevaba casi la mitad dentro de su ano, resbaló accidentalmente y mi pene desapareció completamente en su dilatado esfínter. Mi primo lanzó un grito desgarrador y cual “resorte” se separó de la barra que lo penetraba.

Mi pene estaba cubierto de una mezcla de sangre y heces fecales, las cuales produjeron en mí una gran excitación.

Desde ese día mi primo, se convirtió en mi amante, se ha acostumbrado poco a poco al tamaño de mi pene y se lo mete hasta la base cada vez que tenemos oportunidad. Hoy, nueve años después, algunas veces mi pene aún sale lleno de excrementos del culo de mi primo.

Mi desesperación radica en que quiero tener relaciones con una mujer. Pero las prostitutas más experimentadas se niegan a tener relaciones sexuales conmigo, aún cuando les ofrezca mayor cantidad de dinero por sus servicios.

Realmente el culo de mi primo me gusta, pero quisiera meterlo en un coñito.

Entiendan pues, que un pene grande no siempre es motivo de orgullo para el hombre.

Autor: Arturo

Me gusta / No me gusta