Apretada en el microbus

Tenemos 16 años de matrimonio, mi esposa es menor que yo en 9 años, ella tiene 45 años, pero se encuentra en perfecto estado de conservación gracias a su dieta y a los ejercicios de gimnasia que realiza a diario en casa.

Era un soleado día de verano, salimos juntos del estudio contable de ella para ver a un cliente en un distrito cercano que tenía un problema con la Administradora de Impuestos; ella estaba ese día vestida con un pantalón bluejean bien apretado que hacía resaltar finamente sus hermosos glúteos así como de sus torneadas piernas, y con una polo oscuro con amplio escote que dejaba ver los inicios de sus turgentes senos níveos; estaba tan atractiva que hacía que todos los hombres dirigieran su mirada hacia su hermoso cuerpo en especial a su bello trasero, lo que me excitaba de sobremanera.

Es necesario decir, que siempre he tenido la fantasía de que otro hombre disfrutara del cuerpo de mi mujer en mi presencia, con sutiles roces primero y después con sexo total, haciéndola bramar de placer sin ningún reparo y verla llegar a varios orgasmos espectaculares, para finalmente hacerle yo sus masajes corporales con toda ternura; pero la vez que se le comenté, se sintió confundida y rechazó de pleno la idea, así que nunca más volví a tocar el asunto.
Esa, tarde esperábamos el microbús para desplazarnos, pero no llegaba, así que ya nos íbamos a otra avenida para encontrar otro medio, cuando en eso apareció el carro, pero éste estaba completamente lleno, así que cruzamos de la peor manera la pista y nos subimos rápidamente, ambos nos quedamos casi en el estribo, ella un poco más arriba y yo abajo en el primer escalón, el carro avanzó unos metros más y se detuvo otra vez para que subieran más pasajeros, pero estaba tan lleno que solo pudieron subir dos jóvenes, uno se puso atrás mío y el otro justo detrás de mis esposa, quién estaba agarrada del pasamanos lateral, el joven se colocó de tal manera que rozaba las preciosas nalgas de mi mujer con su pecho y al agarrarse del mismo pasamano del que estaba asida mi esposa, hizo contacto plenamente con sus bellos glúteos, ahora con el antebrazo, levantándolos notoriamente hacia arriba, lo cual me produjo una excitación inesperada, poniéndose erecto mi órgano masculino inmediatamente.

El viaje demoraba más de lo esperado por el tráfico y mi esposa se acomodaba un poco mejor y el joven también, aumentando el contacto corporal con todo el trasero de mi mujer con su antebrazo, comprimiéndolo un poco más que antes, yo totalmente invadido por la excitación, discretamente empujaba al joven para que el contacto entre ambos fuese mejor, consiguiendo mi objetivo; el joven ni corto ni perezoso se acomodó mejor para el contacto con su antebrazo con el medio del precioso trasero de mi mujer, el cual era levantadas deliciosamente, banqueteándose literalmente con las bellas nalgas. Mi esposa me daba la impresión de que disfrutaba también, pues no se movió un ápice (no se podía tampoco con tanta apretadera) para evitar el tocamiento, estaba sonrojada por el calor o por la excitación, no decía ni hacía absolutamente nada, hasta que comenzó a bajar la gente del bus y quedando más espacio terminando el excitante espectáculo para mí.

Finalmente nos bajamos del bus en nuestro destino, le comenté a mi esposa, lo apretados que vinimos, sonrojada y sonriente me dijo que sí, efectivamente estuve bien apretada.

Esa noche gracias a ese extraño suceso, le hice el amor a mi mujer hasta saciarla totalmente, eyaculando todo mi semen dentro de ella. Yo particularmente mejoré mi rendimiento evocando el recuerdo del autobús y por supuesto agarrandole su hermoso trasero durante toda la fornicación.

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Doble Sorpresa en el Bus Nocturno

Sara se introdujo con sus amigas en el bus nocturno como puedo. El vehículo estaba lleno a rebosar en aquellas paradas cercanas a la zona de marcha de la ciudad.

A sus 30 años, había salido con varias amigas de marcha y volvían a sus casas tras una noche loca de fiesta. La joven lucía un vestido corto de verano color coral, muy ceñito y con escote en forma de uve. Sus largas piernas resaltaban, así como su culito redondito marcado por aquella prenda.

El grupo de amigas se percató en seguida de los comentarios de los chicos que poblaban el bus dirigidos hacia ellas. Los ignoraron, y pronto Sara se quedó sola cuando sus amigas se fueron.

El Autobús no estaba tan ello pero seguía sin haber sitio para sentarse.

De repente, notó que alguien le tocó el culo. Aquella noche, más de una vez se lo habían rozado, pero aquello era más un agarre a propósito que algo al azar. Se giró, y una chica rubia con un vestido azul le devolvió la mirada, levantando una ceja e inclinando la barbilla hacia un chico cercano. Sara se dispuso a decirle algo, cuando otra vez notó algo en el culo.

El bus se paró, y entró más gente, quedando la joven apretada entre los pasajeros. En frente tenía a un desconocido que debía de acercarse a los 40 años. Éste le sonrió, y ella desvió la mirada hacia otro lado. El bus se paró, y del ímpetu chocó contra el hombre. Sus amigas se despidieron sin poder llegar hasta donde estaba para darle un beso, y el trayecto continuó.

El desconocido no había hecho por apartarse y seguía pegado a ella. Sara no podía maniobrar hacia los lados o atrás, ya que estaba igualmente encajada.

De repente, notó como alguien le había metido la mano por debajo del vestido y le apretaba la nalga derecha. Se giró como pudo, pero no pudo descifrar quién había sido. El hombre que había tenido antes de frente, se apoyó sobre su culo. La chica pudo notar como el tío se rozaba al ritmo de los vaivenes del autobús. Aquel hombre debía de estar muy excitado, ya que notaba algo muy duro a la altura de su paquete.

El hombre, confiado, le agarró el culo. Ella le rechazó, pero él volvió a la carga insistentemente.
Aquella situación estaba empezando a pasar del agobio a la excitación. Sara rechazaba su mano con cada vez menos ímpetu. En la siguiente parada un asiento quedó libre, y ella, sin pensarlo, se lanzó a sentarse en él.

El hombre la miraba sonriente, y ella decidió concentrarse en el móvil.

Notó un contacto en la pierna y levantó la mirada furiosa hacia el hombre. Para sorpresa suya, éste la miraba sonriente con sus manos claramente visibles. Se giró hacia un lado y pudo comprobar que tenía una fina mano posada suavemente sobre su pierna desnuda. La mano no pertenecía a otra persona sino que a la chica rubia con el vestido azul de antes. Su pelo liso caía hacia un lado y sus rasgos inocentes la sonreían en ese momento. Sara estaba desconcertada. La chica se inclinó hacia ella y le dijo:

–          No te asustes. Hola, me llamo Clara.

Le dio dos besos y Sara apenas los lanzó al aire.

–          No me digas que en el fondo no te han gustado un poco los roces de antes.

–          Yo… – Sara se interrumpió cuando Clara desplazó la mano hasta su rodilla. – Verás, no sé si entiendo lo que está pasando.

–          Ja, ja, ja – Clara la miró con picardía. Su pulgar le acariciaba con delicadeza en el punto exacto con el que poner más nerviosa a Sara. – Es muy fácil. ¿Cómo te llamas?

–          Sara.

–          Pues verás Sara. Aquí casi todos van con una copa de más, y a los que veas solos, seguramente se habrán quedado con ganas de pillar cacho esta noche.

–          Sí, pero, ¿y tú?

–          Yo… ja, ja, ja. ¡Yo también! Seguro que todo esto te ha excitado.

–          Uff, no me puedo creer que esté teniendo esta conversación.

–          Bueno, no te pongas nerviosa. Mira lo que voy a hacer. Si te gusta lo que ves, luego te toca a ti.

Clara se levantó, y colocó delante de su nueva amiga. Su precioso torso estaba muy estirado, y más de uno en el bus se la quedó mirando; la chica estaba muy delgada, pero exhibía unos pechos grandes en comparación del resto del cuerpo.  “Operada”, pensó Sara.
Clara echó una ojeada atrás y pudo ver como el hombre mayor que antes había acosado a Sara estaba justo detrás de ella. Clara se inclinó un poco hacia atrás e hizo contacto con su culo contra el paquete del hombre.

Éste miró a Sara, y sonriendo apoyó ambas manos en las caderas de la chica. Se apretó contra aquel culito respingón, y Clara empezó a contonearse ligeramente hacia arriba y hacia abajo.

El desconocido bajó sus manos y apretó las nalgas de su nueva amiga. La escena era cada vez más caliente y justo cuando el tío ya estaba subiéndole la parte baja del vestido desvelando casi sus braguitas, Clara se retiró y se sentó.

–          ¡Vega, te toca!

Sara, sin saber muy bien qué hacía, se levantó. Miró a Clara, y antes de que tuviera tiempo de darse la vuelta, el desconocido se le echó encima. Pegó su cuerpo de frente contra el suyo.

Ella no se movió, pero notó la excitación de él pegada dura contra su vientre. Miró a Clara, y ésta le levantó un pulgar en signo de aprobación. El hombre le besó el cuello sin prisas, hasta llegar a sus labios. Al principio le rechazó, pero al final él terminó abriéndose paso dentro de su boca con su lengua. Los besos eran pasionales, y Sara se dio cuenta que estaba muy excitada. Contoneó su cadera al ritmo con en el que el desconocido movía la suya.

–          Soy Sara, ¿Cómo te llamas? – consiguió articular.

–          Delfín. Estás muy buena Sara.

El hombre subió sus manos hasta agarrar las tetas de la chica. Las juntó, las estrujó y las manoseó ante la atenta mirada de Clara.

–          Te follaría aquí mismo Sara.  – Delfín metió su mano bajo el vestido y empezó a masturbarla por encima el tanga.

–          Ufffff – dijo acalorada.

El autobús se detuvo en una parada.

–          Me bajó aquí. ¿Venís? – dijo Clara al pasar por delante de ellos.

Sin pensárselo, Sara la siguió, y con un bulto en el pantalón, también lo hizo Delfín.

Una vez fuera del autobús, Delfín y Clara se presentaron, y todos se encaminaron al piso de esta.

En el ascensor, la tranquilidad del paseo desde la parada del bus se rompió. Clara cogió a Sara de las caderas de frente y Delfín se pegó a su espalda. Volvió a sentir lo que sería el pene erecto del hombre en su culo.  El hombre le acariciaba los brazos y besaba el cuello mientras que se frotaba contra su culo. La rubia empezó a besarla con mucho morbo.

Entraron en la casa y mientras Clara iba a dejar las llaves y el bolso, Delfín atacó a Sara: la agarró por la cintura, la atrajo hacia sí, y la besó con fiereza. El impulso hizo que poco a poco aquella pasión derivara en que Sara acabara pegada a una pared mientras el lotazo continuaba. Las manos de él subieron desde la cadera a la cintura, y desde allí a los laterales de los pequeños pero bellos pechos de la chica. Estos se juntaron en el escote de su vestido de verano y Delfín hundió su cabeza entre ellos chupando sin parar.

–          Vaya nervios que me has hecho pasar en el autobús – le dijo Sara mientras le palpaba e paquete.

–          Pues ahora te los voy a quitar.

Delfín se empezó a bajar los pantalones y los apartó a un lado.

–          ¿No me esperáis? – dijo Clara con falsa indignación.

–          Sírvete tú misma – le contestó Sara.

Clara se acercó al chico, le bajó los calzoncillos y le agarró el pene. Le besó, y mientras lo hacía se la meneó un poco. La chica se agachó, y su sitio fue reemplazado rápidamente por Sara, quien continuó besándose con él.

La rubia se dedicó a dar lametones a aquella polla volviendo loco a su porteador.

–          ¿Por qué no chupas tú también? – le dijo el chico a Sara.

Ella le sonrió, se arrodilló junto a su amiga, la cual no paraba de chupar con la lengua. Sara se pegó más, y chupó los testículos del hombre, quien tenía en esos momentos los ojos en blanco de puro placer. Cada una empezó a chupar aquel falo por un lado, chocando más de una vez sus respectivas lenguas. Sara rompió aquel combate y  agarrando el pene por la base, se lo metió en la boca. Aplicó una lenta felación mientras que su amiga chupaba los huecos libres que encontraba.  Clara buscó con su lengua la de la otra chica, y ambas acabaron morreándose intercambiando lametones con el pene del chico. Finalmente la rubia se puso a mamar a toda velocidad mientras Sara le chupaba los pezones a Delfín.

–          Yo también quiero que me lo coman – dijo Clara.- Sara, desnúdame…

La aludida obedeció, y le quitó el vestidito azul. Delfín se ocupó del sujetador y dejó al aire unas preciosas y buenas tetas operadas. Sara empezó a bajarle las braguitas, y de repente se quedó quieta dando un gritito.

Ante ella, a medio salir, nacía un pene donde debiera de haber estado un coño en el cuerpo de Clara.

–          Qué… pero…. ¿Tú lo sabías? – preguntó a Delfín.

–          Me lo imaginaba…

–          ¿Y por qué no me dijiste nada?

–          A mí me da morbo, pensaba que tú también lo sabías.

–          Pues…

–          Bueno, ya tendréis tiempo de pensarlo. ¿Me la vais a chupar, o no?

Delfín agarró aquel pene, tan extraño en ese cuerpo tan femenino y se lo ofreció a Sara.

–          Las damas primero – dijo sonriente.

Sara lo agarró, y sin pensárselo mucho más, se lo metió en la boca. Delfín se masturbaba contemplando la escena.

–          ¿Y tú, no quieres probar?

Delfín, curioso, agarró el pene. Era la primera vez que lo hacía en su vida, y se notó extraño sosteniendo uno que no fuera el suyo. Lo notaba duro y pesado, pero a la vez suave en su mano.

–          Vamos, sin miedo.

El chico se lo acercó a la boca, y se lo introdujo lentamente en su interior. Fue muy extraño, como comer una salchicha pero con cuidado.

–          Así, muy bien, lo haces muy bien.

Sara le cogió la cabeza y empezó a movérsela más rápido, empujando con sus manos.

–          ¿Ahora entiendes lo que sentimos las chicas? Ja, ja, ja.

–          Me vengaré – dijo tras sacársela de la boca – te voy a hacer gritar como una perra.

–          Seguro que sí, y a mí también. Sara, arrodíllate aquí…

La chica obedeció, y Delfín y él se pusieron frente a ella.

Sara agarró ambos penes y empezó a masturbarlos en perfecta sincronización. Se metió el pene de Clara en la boca y lo mamó como una profesional. Cambió rápido al de Delfín, provocando un gemido por su parte.

La chica se con ahínco esforzaba en satisfacer a las otras dos personas.

Delfín se separó y colocó su cabeza entre las piernas de Sara. Tras un gemido de ésta, Clara supo en seguida que la lengua del hombre había entrado en funcionamiento de nuevo.

–          Para un poco, que se desconcentra – se quejó Clara.

–          Sí, le voy a dar esto, que le gustará más. – respondió el aludido con una sonrisa maliciosa mientras se agarraba el pene.

–          Vamos al dormitorio – dijo la dueña de la casa.

Una vez los tres en la cama, Delfín ayudó a colocarse  a Sara a cuatro patas. El hombre agarró aquel suave y terso culito y se pegó a él. Su polla rozó una zona extremadamente caliente y pringosa y empujó con la cadera. Sintió como hizo diana y poco a poco su pene se fue introduciendo en la vagina de la joven.

Sara se mordía los labios y miraba para atrás hasta que algo le golpeó en la cara. Sonrió a Clara, y agarró su pene llevándolo hasta la boca.

Se la mamó al mismo ritmo al que Delfín la estaba follando mientras Clara le acariciaba el pelo con cariño.

Delfín aceleró el ritmo y Sara tuvo que dejar de chupar.

–          Ahora me toca a mí, y te pienso follar bien duro.

Cuando el hombre paró, Clara ocupó su lugar. Se la metió muy lentamente, e inició un pausado mete-saca que la volvió loca. Delfín le chupaba las tetas al shemale mientras ésta le masturbaba.

Clara aumentó el ritmo y empezó a follar más rápido incluso que quien antes ocupaba su puesto. Desde su posición, al ver aquel cuerpo tan femenino, parecía más que estuviera cabalgando que no lo que estaba sucediendo.

Sara miró hacia atrás y pudo ver a Delfín de pies sobre la cama y a Clara chupándosela a buen ritmo. Había que reconocer que tenía buena coordinación.  Tenía que reconocer que en aquellos momentos Clara le estaba haciendo disfrutar más de lo que lo hizo Delfín.

–          Vamos a hacer una cosa – dijo Clara parando el ritmo del momento – Túmbate de lado Delfín, luego yo, y la última Sara. Así muy bien – dijo tras estar los tres colocados.

–          ¿Y ahora? – preguntó el hombre.

–          Ahora haremos una escalera de mamadas.

Todos entendieron la idea al momento y pronto Clara se la chupó a Delfín y Sara a Clara.  El hombre movía sus manos de las tetas de Clara hasta la cabeza de Sara disfrutando como un gorrino.

–          Pobre Sara, ahora mismo es la única que no está disfrutando.

–          No te creas, a mí me pone esto.

–          Ja, ja, ja. ¿Sí? Pues a ver si te pone esto – Clara se puso con el culo en pompa. – ¡Chupa!

Sin dudarlo, Sara obedeció y metió la cabeza entre aquellas nalgas. Encontró el ano y lo lamió tímidamente.

–          Más, más.

La chica sintió un frescor en su culo cuando su amiga profundizó más.

–          Eso es, así. Déjamelo bien preparadito… que quiero que aquí el amigo me la meta.

Clara se levantó y empujó a Delfín para que quedara tumbado.

–          ¡Fóllame el culo!

El shemale se encaramó, de espaldas, sobre el hombre. Con cuidado, introdujo el pene de éste en su culo. La chica empezó a cabalgar lentamente.

Sara observó cómo aquel pene tan extraño en ese cuerpo se movía como una rama mecida por el viento. Decidida, agarró aquella polla aún en erección y la masturbó.

–          Joder Clara, ¡qué culo tan apretado tienes!

–          Sí, mmmm, ¡rómpemelo!

El hombre aumentó el ritmo y Sara besó a Clara. Chupó sus tetas disfrutando de la escena, y tras volver a agarrarle el pene, lo dirigió hacia su boca. Era una locura chuparlo, porque el movimiento dificultaba las cosas.

–          Ufff, qué bueno. Ahora tú.

–          ¡Pero no por el mismo sitio!

Los tres rieron y Sara ocupó el puesto de Clara. Estaba muy excitada, y tras meterse el pene de delfín, empezó a cabalgarle rápidamente. Clara la masturbaba, la chupaba y mordisqueaba sus tetita y la besaba con mucha lujuria. En un momento dado, del ímpetu de la cabalgada, el pene de Delfín se salió, y antes de reenganchar, Clara lo agarró y lo chupó a toda velocidad. Las manos del hombre le estrujaron las tetitas con devoción.

–          Venga, no me dejéis así.

–          ¡Claro que no!

Delfín se levantó, y colocó a Sara tumbada boca arriba en la cama.

–          ¡Te voy a follar hasta que te corras!

Agarró su pene, se la metió de un empujón y empezó a follarla como si fuera el último polvo de su vida. Ella gritaba, y pronto sintió un cosquilleo que terminó en un gran orgasmo. Ella se dejó caer con la respiración entrecortada hacia un lado.

–          ¿Qué te parece sin nos corremos en su cara? – Preguntó Clara.

–          Ahora mismo creo que se dejaría hacer cualquier cosa.

Ayudaron a Sara a sentarse contra el cabecero de la cama y ambos se masturbaron en frente suya. De vez en cuando Sara les daba alguna chupadita.

El primero en correrse fue Delfín. Se masturbaba a toda velocidad y un gran chorro salió con fuerza impactando en la barbilla de la chica y salpicando a Clara. El resto se derramó sobre sus pechos. Clara se masturbaba más lentamente, y tras un gemido profundo, un hilo espeso de semen se derramó hacia abajo cayendo sobre los labios de la chica; un segundo sobre sus mejillas y el resto sobre su barbilla.

Los tres descansaron durante unos minutos, después se fueron a duchar por turnos.

Una vez todos vestidos, Sara le dijo a Clara:

–          Cualquiera diría lo que escondes.

–          ¡Gracias! Ji, ji, ji –respondió de forma coqueta.

Se despidieron, y cada uno se dirigió a su casa, con la promesa en los labios de volver a encontrarse otro día.

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Un viaje de noche

En un relato anterior había contado ya del inesperado lado exibicionista de mi mujer, y más aún, de cómo había disfrutado ser compartida. Hacía ya varios años que, durante nuestras sesiones de sexo, compartíamos algunas fantasías; esto la calentaba mucho, le gustaba que le fuese describiendo las situaciones con mucho detalle, su imaginación iba haciendo el resto. Una de las fantasías de las que hablábamos con cierta frecuencia era la de tener sexo en un bus, yendo de una ciudad a otra, viajando de noche, mientras los demás pasajeros duermen. Muchas veces habíamos conversado sobre eso, habíamos imaginado muchas veces cómo sería, pero nunca habíamos tenido oportunidad de llevarla a cabo. Luego de mucho tiempo ese día llegó.

Después de muchos años tenía un mes completo de vacaciones, así que planificamos muchas cosas con los críos, como ir de paseo al zoológico, visitar algún club, y cosas por el estilo. Pero decidimos reservar un fin de semana solo para nosotros, para realizar el viaje soñado. Dejamos a los chicos nuevamente con la abuela y tomamos un par de boletos para la ciudad vecina, un viaje de toda la noche para arribar a eso de las 6am. Nos pusimos ropa cómoda; yo llevaba unos pantalones holgados ligeros, frescos y cómodos para viajar, y una camisa de algodón; ella (ella!) llevaba un vestido largo de tela hindú, de esos que se abrochan con botones al frente desde el escote hasta abajo; dejó dos botones sin abrochar, permitiendo que sus hermosos pechos se mostraran provocativos a todas las miradas; debajo llevaba únicamente un brassiere de media copa, que levantaba ligeramente su busto y apenas tapaba los pezones, y para rematar la bendita no llevaba bragas. Era todo un manjar erótico.

Llegamos al terminal, y mientras esperamos nuestra salida pude observar que prácticamente todos los hombres volteaban a ver a mi mujer (mejor dicho, su escote). Ella se había dado cuenta perfectamente de todo y está por demás decir que la calentaba mucho. Llegó el momento de abordar, fue ahí donde me di cuenta de que nuestro bus era de esos que llevan azafatas; y la que viajaría con nosotros no estaba nada mal, no muy delgada, carita de ángel, un hermoso par de piernas que sobresalían por la minifalda negra del uniforme y dos hermosas tetas bien protegidas dentro de la blusa y el chaleco. Abordamos, mi mujer subió primero, yo luego sin dejar de mirar a nuestra hermosa azafata.

Mi mujer avanzaba por el pasillo del bus buscando nuestros asientos, provocando que los hombres voltearan para ver ese culo que se meneaba provocativo hacia la parte trasera del bus. Sí, había comprado los asientos de atrás para poder tener un poco de privacía y comodidad. Cuando el bus partió, ella suspiró profundamente, adivinando lo que vendría.

Para empezar, nos pusieron una película sosa, de esas que te provocan mucho sueño. Casi 30 minutos más tarde nos sirvieron una merienda ligera. Ya serían como las 23:00 cuando todas la luces, incluso la tele del bus, se aparagaron… era nuestra señal!

Esperamos unos minutos, muy ansiosos, ella se restregaba las tetas por encima del vestido, sabía bien que eso me excitaba mucho. Luego de unos 15 minutos de oscuridad decidí ir al baño, de paso que veía si alguien andaba despierto. Me tomé unos minutos para pasar lentamente por el pasillo, aprovechando para ver a todos los pasajeros. Casi todos dormían, solo algunos estaban conectados a su teléfono móvil.

Al regresar del baño, encontré a mi mujer con el vestido abierto hasta la cintura, se había sacado el brassiere y se estrujaba las tetas con pasión. Me senté a su lado y me dispuse a disfrutar del show. Era tremendamente erótico ver sus pechos escaparse momentáneamente por entre los bordes del vestido, iluminados por la tenue luz que entraba por la ventana tapada ligeramente por unas cortinillas. Mi miembro estaba creciendo poco a poco dentro de mi pantalón y era cada vez más evidente. Ella dejó de acariciar su teta izquierda y con esa mano empezó a acariciar mi entrepierna. Subía y bajaba a lo largo de mi miembro, provocando que endurezca más aún. Ya empezaba a doler y pedía a gritos dejar su prisión. Ella, como entendiéndolo, me desabrochó el cinturón, soltó el botón de mis pantalones, abrió el cierre y me dejó así, con el pantalón abierto. Me miraba y se estrujaba las tetas, mientras apretaba sus muslos.

Su mirada se tornada cada vez más lasciva, se estaba calentando mucho. De pronto empezó a esbozar una sonrisa cómplice, y ya no me miraba solo a mi, por ratos miraba hacia el asiento del otro lado del pasillo. Yo no había caído en la cuenta de que al lado nuestro estaba el asiento de la azafata, ella se quedaba ahí mientras los pasajeros dormían. Parece que había estado disfrutando del espectáculo. Cuando volteé a verla, estaba con los ojos entrecerrados, respiraba con dificultad, estaba recostada sobre su lado derecho y su mano izquierda se movía sospechosamente debajo de la delgada manta que la cubría.

Mi mujer se le quedó viendo, hasta que ella abrió ligeramente los ojos. Mi mujer, al ver esto, se inclinó sobre mi, metió su mano dentro de mi calzoncillo y sacó mi pene erguido, lo empezó a acariciar suavemente, apretándolo ligeramente de vez en cuando. Nuestra azafata abrió más los ojos para poder disfrutar mejor del show, retiró su manta y pude ver que se había abierto el chaleto y se estrujaba una teta con la mano derecha mientras se metía la otra mano entre las piernas. Mi mujer se inclinó aún más y engulló mi miembro poco a poco, hasta llegar a tocar mi vientre con su naríz. Aquí empezó a darme una soberbia mamada, mientras nuestra linda azafata se masturbaba viéndonos. Habremos estado en esta posición por casi diez minutos, cuando mi mujer paró e hizo algo inesperado, extendió la mano hacia la azafata, llamándola. Esta última entendió el mensaje, salió de su asiento y se acercó a nosotros. Mi mujer, con el vestido abierto a la mitad y sus pechos saliéndose del mismo, tomó la mano izquierda de la azafata y la puso sobre su teta derecha, y se empezó a estrujar ella misma con la mano de nuestra vecina de asiento. Era hermoso ver la delicada mano de esa jovencita tratando de abarcar el pecho de mi mujer, mientras su otra mano estrujaba su propio pecho.

Yo estaba al medio, testigo de este juego. Así que decidí tomar parte, empecé a acariciarle el culito a nuestra azafata, no era muy grande, pero estaba bien formado, era suave y firme a la vez. Mi mano izquierda subía y bajaba por sus nalgas, las apretaba eventualmente; mientras mi otra mano sostenía mi miembro erecto. Poco a poco mi mano empezó a deslizarse por debajo de su falda y sentí la suave piel de sus muslos; fui subiendo y sentí sus bragas, acaricié sus nalgas por encima de la prenda, metiendo lentamente mis dedos debajo de la suave tela, paseando delicadamente mis dedos a lo largo de la línea que separa sus glúteos.

Estuvimos por unos minutos en ese juego, yo pensé que tal vez mi mujer se animaría a darle un beso a la azafata, pero no; en lugar de eso, se separó, se inclinó sobre mí sin dejar de mirarla y se fue acercando poco a poco a mi tieso miembro. Cuando llegó lo lamió delicadamente por unos instantes, antes de engullirlo. Nuestra azafata contemplaba cómo mi mujer me daba una deliciosa mamada y empezó a desabotonar el chaleco y luego la blusa. Con mucho cuidado y mirando por si algún pasajero despertaba, se abrió la blusa y dejó ver sus hermosas tetas (no tan grandes como las de mi mujer) dentro de un delicado brassiere. Se acariciaba los pechos mientras mi mano ya no se limitaba a su culito, mis dedos estaban metidos dentro de sus bragas y se deslizaban de atrás a adelante, pasando por sus labios vaginales, sintiendo su creciente humedad. Fui metiéndole poco a poco un dedo y ví como su respiración se entrecortaba y temblaba, estaba cerca de tener un orgasmo; así que me tomé mi tiempo y no lo aceleré, quería que esto durase todo lo que pudiese durar.

Mi mujer, mientras tanto, seguía pegada a mi verga, mamando como una bendita. De vez en cuanto levantaba la mirada y gozaba viendo cómo le metía mano a esta linda jovencita. Luego de casi 15 minutos en este ejercicio, se detuvo, tomó de la mano a la azafata, hizo que se inclinada y ella misma hizo que su rostro bajara sobre mi pieza. La jovencita abrió su boca y siguó con la mamada que mi mujer había empezado. Lo hacía muy bien, muy suave, muy erótico, su lengua se movía por toda la superficie de mi glande mientras su boca lo tenía engullido, era como si lo acariciase con un pañuelo de seda… y era magnífico!

Mientras tanto, mi mujer se recostó de espaldas a la ventana del bus y terminó de abrirse el vestido. Empezó a estrujar sus tetas, sabe que me encanta verla hacer eso, y luego fue bajando para acariciar la parte interior de sus muslos y, poco a poco, llegar a su vulva para darle cariño. Se acariciaba los labios por fuera con la mano derecha mientras la izquierda seguía ocupada en sus tetas, mientras contemplaba a la azafata atenderme con maestría. Mi mano izquierda estaba ocupada acariciando las tetas de la azafata, tratando de liberarlas del brassiere, mientras mi mano derecha acariciaba las piernas de mi mujer, llegando hasta sus muslos, y encontrándome de vez en cuando con su mano en su vagina. Estaba chorreando como un caño, quién sabe cuántos orgasmos habría tenido ya.

Por varios minutos seguimos en esta posición hasta que se produjo un cambio. Mi mujer se incorporó ligeramente, sin perder del todo su posición, y acarició el rostro de la azafata, esta dejó de mamarme y se vieron a los ojos. De inmediato, la jovencita metió sus dos manos por debajo de su blusa y desabrochó su brassiere para liberar sus pechos. Al parecer el brassiere no llevaba tirantes, porque salió fácilmente por delante, dejando sus tetas al aire. Luego se inclinó nuevamente sobre mí, pero mi mujer no le permitió seguir conmigo, la tomó de la barbilla con dulzura, y la condujo por encima mío, hacia ella. Ahora la azafata estaba encima de mi mujer; se inclinó muy despacio y rozó sus pezones con los de ella. Era una maravilla ver esas cuatro tetas rozarse y excitarse mutuamente. Mi mujer luego la tomó del cabello y, con suavidad, dirigió su rostro a su pecho. La azafata abrió la boca, y como si se tratara de un dulce, empezó a lamer y saborear sus pezones. Esto me puso a mil. Trataba de encontrar un buen ángulo para seguir disfrutando el show, pero era difícil. Con las piernas de la azafata sobre las mías y su cuerpo semidesnudo prácticamente recostado sobre el cuerpo casi desnudo de mi mujer, no me quedaban muchas opciones. Ni siquiera podía pajearme cómodamente, así que decidí tratar de salir del asiento y contemplar desde arriba. Era una de las cosas más excitantes que había visto, la hermosa figura de la azafata se contorneaba sobre el cuerpo de mi mujer, comiéndole y apretándole las tetas, mientras mi mujer le acariciaba las caderas con las piernas, tratando de rodearla. El culito de la azafata estaba ligeramente levantado, y se veía muy provocativo. Así que me fui metiendo poco a poco, le fui levantando la faldita y cuando se la tenía ya sobre las caderas, le bajé las bragas. Cuando las llevé hasta sus rodillas, ella levantó alternadamente cada pierna para facilitarme el sacárselas. Acerqué mi rostro a su culito y el aroma de sus jugos inundó mi rostro. No pude esperar más y empecé a comerle la vulva desde atrás, mordizqueando suavemente sus labios, metiendo mi lengua en su rajita y lengüeteando desde la vagina hasta el ano. Estaba completamente lubricada.

Me levanté y me coloqué detrás de ella, mi mujer me vio y adivinó lo que iba a hacer. Tomó la cabeza de la azafata y la fue guiando hacia su entrepierna. La jovencita, obediente, fue lamiendo todo el camino desde sus pechos hasta su pubis. Cuando llegó empezó a comerla como si en ello le fuera la vida. Mi mujer se volvía a estrujar las tetas, su punto más sensible, y me miró sonriendo. Yo no esperé más y fui llevando mi glande hasta la entrada de la vagina de la azafata, empecé a empujar suavemente hasta que entró toda. Ella suspiró suavemente. Empecé a bombear con calma para no venirme súbitamente. Los tres estábamos gozando como locos!

No sé cuanto tiempo pasó, pero no importaba. El placer crecía a cada segundo. Estuve a punto de venirme no sé cuántas veces, pero me controlé (nunca creí que podría!). Esta vez fue la azafata la que tomó la iniciativa; dejó de comerse la vulva de mi mujer y se levantó; le extendió una mano y la ayudó a incorporarse, cosa que hizo con dificultad; luego me abrazó, me dio un beso con esos labios llenos de jugos de mi mujer e hizo que me sentara. Luego fue guiando a mi mujer para que se sentara sobre mí, dándome la espalda, tomó mi pene y lo fue guiando a la vagina de mi mujer. Esta al sentir la cabeza en su entrada, se dejó caer y se penetró profundamente. Mi mujer empezó a subir y bajar lentamente, para no hacer mucho ruido y no despertar a algún curioso. Poco a poco fuimos acomodándonos en el asiento hasta que yo estuve con la espalda pegada a la ventana, con mi mujer aún clavada en mi verga, subiendo y bajando lentamente. Nuestra azafata le comía las tetas y metía su mano entre las piernas de mi mujer y le acariciaba el clítoris, de vez en cuando me acariciaba las bolas, también. De pronto, se agachó y metió su cabeza ahí abajo y émpezó a lamerle la vulva a medida que subía y bajada, dedicaba también algunas lamidas a mis testículos y a mi verga. Era fantástico, no sé cómo no me vine en ese momento. Mi mujer empezó a tener orgasmo tras orgasmo, los espasmos se sucedían muy seguidos y tenía que agarrarse fuerte de los asientos para no desvanecerse. Cuando terminó se dejó caer de espaldas sobre mi. Pero ni la azafata ni yo habíamos terminado aún.

Mi mujer se levantó como pudo, cambió de lugar conmigo, pusimos a la azafata en medio de los asientos y yo me quedé del lado de afuera. Ellas estaban cara a cara, semi desnudas, yo detrás de la azafata, rozando mi pene erecto y húmedo contra sus nalgas. Nuestra azafata empezó a empujar su culito poco a poco hacia mi, para sentirme mejor. Poco a poco sus nalgas iban permitiendo que mi pene se fuera metiendo lentamente, hasta que rocé su ano. Un suspiro profundo me hizo notar que le gustaba la sensación. Empecé a empujar suavemente para irla dilatando, fue cediendo poco a poco y primero la cabeza fue entrando muy lentamente. Luego empezó el tronco a penetrar ese ajustado agujerito, ella lo estaba disfrutando tanto como yo. Mi mujer había terminado muy cansada, pero no lo suficiente como para dejar a nuestra acompañante sin atención; empezó a acariciar y a besarle los pezones, muy suavemente, como le gusta que le hagan. Mientras tanto yo bombeaba cada vez con más energía, procuraba hacerlo fuerte pero sin ruido, pero aún así el asiento se movía de un lado a otro. Ya estaba dándole cada vez más fuerte, la excitación de todo lo que había pasado me la tenía muy dura y necesitaba terminar, así que aceleré el ritmo. Mi mujer le estrujaba fuerte las tetas, la azafata estaba que se aguantaba los gemidos como podía, su respiración estaba a mil, y sus piernas temblaban levantadas por encima de los muslos de mi mujer.


Luego de casi diez minutos de darle y darle a ese culito, ella empezó a tener espasmos fuertes, estaba teniendo un orgasmo tras otro; eso me excitó tanto que empecé a llenarle el culo de semen. Bombeaba y botaba semen, no paraba de empujárselo con fuerza, hasta que no pude más y quedé exhausto, aún clavado por detrás.

Los tres nos abrazamos y esperamos a que mi pene se pusiera flácido para sacarlo despacio. Las dos se levantaron con cuidado, cogieron su ropa y se fueron juntas al baño que estaba atrás. Entraron con dificultad pero entraron. Yo me quedé limpiándome como pude con papel sanitario y unas toallitas húmedas.

Cuando regresaron, se sentaron cada una en su sitio como si nada hubiera pasado. Mi mujer me miraba satisfecha, más sobre todo cuando me mostró un papel en el que había anotado el teléfono y el correo electrónico de nuestra nueva cómplice. Parece que esto tendrá segunda parte, qué dicen ustedes?

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De vacaciones con mis sobrinas

Las nalgas de mi sobrina ya se veían bien, el hilo dental estaba metido en sus nalgas y estaban a su disposición, le bajó más el jean y le metió la mano para tocarla toda. Yo estaba que estallaba pero del morbo, seguro le estaría metiendo los dedos en la cuquita y si ella no decía nada, seguro le estaba gustando.

No había querido volver a escribir porque recibí unos mensajes que no eran los apropiados, la gente me dijo que no era verdad lo que les comentaba y en fin, me pareció que no era buena idea comentar nada. Pero Bueno soy un tipo ya de 46 años y he tenido relaciones con mis sobrinas. Todas a gusto de ella, nada de violencia ni nada, simplemente que soy soltero y tengo una buen a posición, tengo mi novia, con la que casi vivimos juntos y no tengo mayores problemas.

Sucedió que me lastimé una rodilla y me tocaba quedarme quieto y no moverme mucho. En esos días de navidad mi sobrina mayor, Luisa, me invitó a pasar unos días en una finca de recreo cerca de la ciudad de Manizales, ella la había alquilado, y como yo no podía moverme mucho, me propuso que entre sus mamá, (mi hermana) y sus otras hermanas, Andrea de 20 años y Daniela de 12 años me ayudarían en mi recuperación. Para ese entonces toda mi familia se enteró de la invitación y mi hermano mayor me pidió el favor de llevarme conmigo a su hija mayor de 19 años a la finca. Yo no le vi mayor problema, le dije que con gusto la llevaría. Me invitaban y no me tocaría hacer mayor esfuerzo. En total íbamos mi hermana que tiene dos años más que yo, sus hijas Luisa que tiene 24 años, profesional y exitosa empresaria, Andrea de 20 años estudiante de derecho, Daniela de 12 años en el colegio, mi sobrina Natalia de 19 años. Yo era el único hombre. Me pareció delicioso.

Como era temporada alta y fue tan rápido no conseguí transporte aéreo y nos tocó ir en Bus hasta Manizales, a 7 horas de Bogotá que es donde vivo. Yo apenas podía moverme bien. Nos tocó ir en puestos separados con Natalia, a ella le tocó al lado un señor de edad que me pareció normal. Cuando llevábamos unas dos horas de camino, era ya de noche, me levanté del asiento y traté de estirar las piernas un poco. Miré hacía donde estaba Natalia y la vi dormida recostada hacia un lado, dándole la espalda a un señor de edad que estaba sentado en el asiento contiguo. Cuando miré bien, el señor estaba también recostado un poco sobre ella, no le di importancia. Pensé que andaba durmiendo también. Unos minutos después me volví a para parar mirar bien y me di cuenta que el señor se le arrimaba bastante y hacía unos movimientos extraños.

Como era de noche y estaba oscuro me acerqué más y me doy cuenta que el señor le estaba arrimando sus caderas al culito de mi sobrina pero ella no se inmutaba, estaba profundamente dormida. Yo no distinguía mucho pero el tipo le arrimaba sus caderas a Natalia o mejor le arrimaba su verga a la colita de mi sobrina. No lo podía creer, pensé en armar un escándalo pero también pensé que si una persona hace eso debe estar armada o debe tener algún respaldo para hacerlo. Él no me veía pero yo si podía ver claramente lo que hacía. Le arrimaba la verga a la cola de mi sobrina y se la restregaba un rato, la empujaba y mi sobrina no reaccionaba, estaba dormida. Se estaba dando un gusto con la cola de Natalia.

Si Natalia hubiera tenido una falda seguro ya se la hubiera clavado. La situación me parecía tenaz, pero por culpa de ese morbo me quedé sin hacer nada para ver qué hacía el tipo. Natalia tenía un jean pero como estaba recostaba hacia un lado el jean se le bajaba un poquito y dejaba ver la ranurita de sus nalgas y su panty o hilo dental. Yo no sé mucho de eso. Mi sobrina tiene una cola de película. El tipo estaba a sus anchas. Yo observaba como paralizado. No sabía si mandarme de trompadas o qué. Me quedé quieto a ver qué hacía. Un poco morbosa la situación, obviamente yo no iba dejar que la situación pasara a mayores.

Estaba pensando en eso cuando el tipo se retiró un poco de apoyarse en mi sobrina y comenzó acariciar el culito de Natalia suavemente con una mano, su mano pasaba de una nalga a la otra y se entretenía tratando de meter la mano más abajo. Metía la mano debajo de la cola y como que trataba de tocarle la cuquita desde atrás. Le masajeaba la colita y hundía su mano más abajo. Yo sé que van a decir que soy un depravado, pero me sentía muy excitado viendo eso, tengo que reconocerlo, además no lo iba dejar hacer nada más. Esto duró varios minutos. Pasaba de arrimarle la verga en la colita a tocar con la mano. Lentamente y sin ninguna violencia.

Le estaba dando una manoseada del otro mundo. Pasó de la manoseada a arrimarle la verga y como mi sobrina no reaccionaba, estaba dormida profundamente, se le arrimó más y con una mano la medio abrazó, no podía ver bien que estaba haciendo con la mano. Me imaginé que le estaba tocando los senos y pensé que ahí si mi sobrina iba a gritar, pero no pasó nada, en unos segundo pude ver que su mano volvía y me di cuenta que lo que había hecho era desabotonarle el jean en la parte delantera. El tipo se la estaba jugando, pensé.

Enseguida comenzó a tratar de bajarle el jean. Lo estaba logrando. Empecé a ver que las nalguitas de Natalia se veían más. El tipo se la iba a follar como dicen los españoles. Pensé. “mi sobrina es una imbécil, cómo deja que eso suceda”, las nalgas de mi sobrina ya se veían bien, el hilo dental estaba metido en sus nalgas y estaban a su disposición, le bajó más el jean y le metió la mano para tocarla toda. Yo estaba que estallaba pero del morbo, seguro le estaría metiendo los dedos en la cuquita y si ella no decía nada, seguro le estaba gustando.

Sacó la mano de entre las piernas de Natalia la olió y la chupó, se la estaba gozando toda. En un segundo, sin darme tiempo a nada se sacó la verga y se la arrimó a la cola. Empezó a frotarse contra la cola y sucedió que el bus iba hacer una parada. Se detuvo el bus en un restaurante del camino, prendió las luces de la cabina y se oyó la voz del conductor que dijo que haría una parada de 20 minutos para comer. Inmediatamente vi que el tipo se metió su verga y trató se subirle el jean a Natalia. A duras penas lo logró. Se levantó del asiento y salió hacia el restaurante a comer algo. Mi sobrina seguía profundamente dormida, yo pensaba que se estaba haciendo la dormida. Después me di cuenta que no era así.

Me acerqué a Natalia y traté de despertarla, ella no me respondió. La dejé dormida y le puse encima una chaqueta que llevaba puesta yo. Como pude me bajé del bus y me dirigí donde el señor que ya estaba sentado en una mesa pidiendo algo de comer. Me le senté al lado y le dije en voz baja: “Mire, si no deja a mi sobrina tranquila lo mato. Me he dado cuenta de lo que está haciendo y voy a decirle al conductor y a los demás”, cuando el tipo dio por enterado, salió corriendo y se subió otra vez al bus, yo lo seguí, estaba dispuesto a enfrentarme como fuera, pese a mis dificultades de movimiento.

El tipo recogió unas cosas del asiento y fue y se sentó al final del bus. Yo me senté al lado de Natalia y la traté de despertar, la llamé varias veces y la moví. Ahí reaccionó y me dijo. “ay tío que bueno que estés a mi lado” y se me acurrucó hacía mí. Le pregunté qué era lo que le pasaba que no se despertaba, ella me dijo entre cortada, “tío tengo mucho sueño, lo que pasa es que me tomé una pastilla para dormir porque el viaje era muy largo y no quería pasar el viaje despierta”, me quedé frío, pensé: “niña tonta, si no hubiera estado ahí, se la hubieran culeado tranquilamente”. Hice que sentara al lado de la ventana del bus y yo me iría sentado al lado. Se volvió a recostar dándome la espalda y su colita al lado.

Había transcurrido ya unos tres horas de viaje. Había una completa oscuridad. Le habló a Natalia y ella no contesta, simplemente me dice que la abrazara que tenía frío. Torpemente me le arrimo por detrás y la abrazo. Pasaron unos 20 minutos así y decidí comprobar si estaba dormida, así que le pasé una mano por sus senos disimuladamente y ella no reaccionó, es más soltaba unos pequeños ronquidos, estaba dormida. Le tomé un seno con la mano y tenía unos senos pequeños pero bien firmes.

Mi mano cubría toda su tetica, pasé mi lengua por uno de sus pezones… Que cosa más rica pensaba, el tipo ese se deleitó. Estuve así un rato hasta que sus pezones se pararon un poco. Ya quisiera chupárselos. Bajé mi mano para comprobar si tenía el jean abierto, para mi sorpresa si estaba con el cierre abierto…

Fin de la primera parte, la historia continua, no hemos empezado las vacaciones…

Autor: Nacho

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EN EL BUS UNA ORGÍA TOTAL

Me tenían ensartada, ahora tenía una inmensa verga en mi culo al tiempo de gritarme que era una puta caliente, los demás me decían: puta, zorra, me exigían mamarlos varias veces y dejarme manosear por donde ellos quisieran, que durante todo el trayecto sería la puta de todos, casi 3 horas me penetraron todos por la vagina y por el culo, mamé la verga de todos en varias ocasiones

Hace algunos días tuve la experiencia sexual más espectacular de mi vida. Resulta que de regreso de la Ciudad de México a mi ciudad natal (la cual omito por razones obvias) la cual está a 3 horas de distancia me sucedió algo inolvidable.

Comencemos: Llegué a la central camionera como a las 11:00 de la noche, compré mi boleto y abordé el autobús; hasta ahí todo parecía ser normal, salvo que observé al interior del camión que a esa hora lucía semi vacío pero que los pocos usuarios eran hombres, ninguna mujer excepto yo; sin embargo en ese momento no le di importancia, tomé mi lugar, saludé a mi compañero de viaje, y me contestó con un, Buenas las tenga señorita, era un hombre corpulento de unos 45 años, bastante atractivo pero que lucía una argolla de matrimonio.

Pensé, Lastima, es casado; así que ignoré (de momento) su comentario, no pronuncié ninguna palabra, y cerré los ojos, fingiendo estar dormida, con el propósito de no mantener conversación con ese hombre que no dejaba de mirarme los senos y las piernas, sentía como me penetraba su mirada, no sabía que podía hacer para evitarlo.

El camión inició su marcha, y mi compañero de asiento, pensando que yo dormía profundamente, con sumo cuidado desabotonó mi blusa, como el autobús estaba en total oscuridad, me dije: A ver hasta donde llega este señor, en cuanto se pase de la raya le doy una cachetada, pero para mi sorpresa no solo quería ver mis senos sino tocarlos, metió su mano en mi sostén y comenzó a masajearlos, luego se agachó y comenzó a lamerlos, para entonces no podía seguir fingiendo estar dormida mis gemidos me delataron…

Me estaba gustando demasiado como ese extraño me mordía los pezones, al tiempo de meter una mano por en medio de mis piernas y con violencia hizo mi tanguita a un lado para meter primero un dedo en mi concha, luego dos y enseguida se agachó aún más para meter su cabeza y comenzó a lamerme; mis gemidos eran cada vez más fuertes… tanto que los demás gritaban ¡Oye préstanos a tu zorrita un rato, compártela con todos!… él me miró y me preguntó ¿Quieres que los demás también te cojan?

Yo estaba tan excitada que de inmediato le dije que Sí. Él me cacheteó… y dijo ¡Lo sabía, eres una puta caliente…!Pues esta noche serás la puta de todos, a todos nos tendrás que satisfacer, y todos te trataremos como lo que eres una puta de mierda…así que desnúdate y comienza a bailar para que todos te manoseemos ¡Órale puta, muévete!

Sin saber como, pero me convertí en la puta y en la esclava de 12 hombres durante 3 horas seguidas… Me desnudé, y empecé a bailar de manera erótica, sentía las manos de todos como me manoseaban, otros se acercaban y me besaban, los labios, el cuello, los senos y hubo quien con gran audacia metía su lengua en mi vagina mientras bailaba… al poco rato, me vi tirada en un asiento, penetrada por varias vergas, tenía una en mi vagina, otra en mi culito y mamaba otra…. miré hacia arriba y vi que varios se masturbaban mientras hacían fila.

Él que me tenía penetrada por la vagina era mi compañero de asiento, mientras lo hacía me recordaba lo puta y lo zorra que era, pero me decía que conmigo se iba a hacer rico, porque a partir de ese momento le pertenecía y me rifaría entre sus amigos o me rentaría con ellos los fines de semana …

Decía, Ay puta tú me vas a dejar mucho dinero, porque sé que a mis amigos les vas a encantar y van a pagar lo que sea por meterte sus vergas calientes, y tú puta vas a complacerlos porque eres mía y me tienes que obedecer, todos te vamos a usar como ahora, y siempre tendrás que estar disponible para lo que yo te ordene, porque además eres mi esclava puta, la que tiene que tener siempre su lengua bien ensalivada para mamarme la verga y la concha bien mojada para que se la meta las veces que se me antoje, ¿eh puta, entendiste?…. a partir de hoy tu vida cambió, a partir de este momento no existe nadie más que yo.

Todo eso me decía y más… mientras mamaba una y otra verga, las cuales se venían en mi boca… otros me penetraban el culo y se venían en él y yo estaba ensartada en la verga de mi nuevo amo o se la mamaba mientras él me decía todo lo que tenía que hacer…

Al escuchar tanto gemido, el chofer del autobús, detuvo su marcha…y al abrir la puerta que divide la cabina del área de usuarios, no podía creer lo que veía, al principio quiso poner orden, pero al ver que nadie le hacía caso, solo dijo “Bueno, pues cuando menos denme a mi chance también para estar todos iguales, y ahora porque yo tengo que regresar a manejar”.

Mi Amo me aventó y dijo, Oye puta… queremos ver como haces feliz al señor conductor… mámale la verga como tú sabes y luego que te viole por donde a él se le antoje… Me levanté del suelo del autobús, y vi como el chofer se quitaba toda la ropa a gran velocidad, se sentó en un asiento y me enseñó su gran verga, Mámala hija de puta, me incliné y de un solo empujón me la metí toda a la boca, la recorrí con la lengua de arriba abajo, mientras lo miraba fijamente a los ojos…estaba disfrutando riquísimo, cada vez esa verga se hacía más grande y caliente y él cada vez gemía más fuerte…

Aay puta, mamas riquísimo, quiero venirme en tu boca para luego penetrarte el culo y la conchita… al poco rato sentí como se venía en mi boca… se levantó y de un solo trancazo me la metió en el culo donde me dio varias embestidas sabrosísimas, y otras cuantas en mi concha.

Todos nos miraban, y gritaban ¡Ya chofer vete a manejar deja aquí a nuestra puta porque todavía faltamos varios de complacer. El chofer complacido, se medio vistió y retomó el mando del autobús.

Para entonces ya me tenían ensartada de nuevo, ahora mi Amo tenía su inmensa verga en mi culo al tiempo de gritarme improperios y de recordarme que le pertenecía y que era una puta caliente que lo iba a sacar de pobre. Los demás me decían: Puta, Zorra y Perra Caliente entre otras cosas, me exigían mamarlos varias veces y dejarme manosear por donde ellos quisieran, que recordara que durante todo el trayecto sería la puta de todos, y así fue, casi 3 horas me penetraron todos por la vagina y por el culo, mamé la verga de todos en varias ocasiones y me comporté como una verdadera puta complaciente.

Al arribar a nuestro destino, todos nos vestimos y mi Amo no me soltó, a partir de esa fecha hace conmigo lo que quiere, basta con llamarme o enviarme un mail para que yo corra a su lado a complacerlo o a complacer a sus amigos quienes le pagan por cogerme, dinero que después disfrutamos mi Amo y yo en ricas cenas o en cuartos de hotel donde pasamos horas y horas cogiendo como degenerados.

Por el momento espero les haya gustado esta anécdota.

Autora: Sharon

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