Desde que me llamaste

Desde aquel día en que me llamaste, no pude aguantar las ganas de ir a verte. Aquel día, en que llegué por primera vez a Mazatlán, sabía que algo iba a pasar, por lo cual, me llevé ropa interior atrevida. Nuestro primer encuentro fue tal cual me lo esperaba, no nos miramos más que unos minutos y ya estábamos besándonos apasionadamente.

Discretamente nos dirigimos a tu casa y en cuanto cruzamos la puerta, apretaste tu bulto contra mis nalgas, se sintió delicioso. Mientras tanto, tú masajeabas mis pechos y me besabas locamente.

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Un cornudo más en el mundo

Me arrodillé en la cama y ella se puso sobre mí, de tal forma que agarrándola de las nalgas la atraía hacia mí para enterrarle todo lo que podía. Ella cabalgaba sin descanso y con una fuerza que hacia que sus grandes tetas se bamboleen de arriba hacia abajo. Les digo que era todo un espectáculo ver en su rostro el placer que sentía por la culeada que le estaba dando.

La historia que les contaré trata del día que hice amistad con una chica de mi trabajo. Ella laboraba como secretaria en la oficina en que yo realizaba mis labores administrativas. Desde que llegó quedé prendado de ella y mi desilusión se hizo manifiesta cuando me dijo que era casada hace tres años. Más repuesto de la impresión decidí ser su amigo con tal de poder gozar de su presencia y así poco a poco ir ganando su confianza.

Para que se den una idea de la figura que hizo que mi corazón palpitara les diré que tiene 27 años y su piel es blanca como la leche, algo difícil de encontrar ya que la mayoría de las mujeres de mi país son de tez trigueña. Además posee un cuerpo muy bien formado con unos senos que quitan el habla al que la ve y unas piernas torneadas.

Ella siempre acostumbraba a vestir falda, y sus piernas enfundadas en medias de nylon hacían que atrajera la mirada de cualquier varón cuando ella pasaba. Que afortunado debe ser su marido de poder poseer su cuerpo pensaba para mis adentros, sin poder hacer nada para gozarla como yo hubiera querido.

Debido a nuestra amistad me hice su confidente y a pesar que muchas veces tenía que soportar banalidades de mujer, también me contaba los problemas que tenía en su relación conyugal. Eso me ponía en una situación inmejorable ya que me daría la oportunidad de saber cuando era más vulnerable. Luego que terminaba nuestra jornada laboral la acompañaba al paradero donde tomaba el ómnibus que la llevaba a su casa, y ahí aprovechaba para decirle que me gustaría ir un día al cine con ella o a tomar un café. Siempre me respondía que algún día podría ser, y a mi no me quedaba más que resignarme y esperar.

Un buen día la noté muy seria mientras trabajaba y a la hora del almuerzo le pregunté que era lo que le pasaba. Ella me contó que la relación con su esposo se había deteriorado ya que él no era muy cariñoso como a ella le gustaba. En mi mente yo pensaba como desearía darte todas esas caricias que deseas mi amor.

Así pasaron los días y cuando nuevamente la invité a salir me respondió que si, ya que su esposo había salido de viaje y no tendría que llegar temprano a casa. Quedamos para salir el día viernes luego del trabajo. Faltaban aún dos días pero tendría que tener paciencia y eso me daría tiempo para pensar en hacer esa noche inolvidable.

Llegó por fin el ansiado día y cuando temprano la vi quedé impresionado por lo bien que se había arreglado. Tenia puesto un polo de lycra que hacia que sus senos se vean más grandes de lo que eran, y una falda mucho más corta de las que se pone cualquier día de semana. Sus piernas se veían perfectas en esas medias color carne y su cabello lo había recogido en un coqueto moño, dejando su delicioso cuello al aire. Durante el día me deshice en piropos por los cuales ella me regalaba una sonrisa. El día se me hizo interminable hasta que llegó la hora de salir. Le dije que ella mandaba esa noche y que me dijera que quería hacer, a lo que ella me respondió que deseaba ir a un lugar discreto.

Fuimos a un restaurante que yo conocía y al llegar nos situamos en un lugar que no fuera muy transitado. Pedí una jarra de cerveza y prendimos unos cigarrillos para iniciar esa velada tan esperada por mi. Mientras ella hablaba yo me dedicaba a observar sus labios gordezuelos y sus ojos de gata. Luego de beber un par de jarras le volví a preguntar por sus deseos y ella me dijo que lo que me había contado era cierto pero que su marido no era el hombre cariñoso que ella esperaba.

En su voz se notaba el efecto del licor y sus palabras eran más pausadas y llenas de sentimiento. Era el momento de jugármelas y puse en una balanza mi amistad con ella, y mi deseo de tener aunque sea una noche a la mujer de mis sueños. Primeramente tomé su mano cuya tibieza sentí en la mía ya que no me rechazó. Tenerla así de la mano hizo que me provocara una erección inmediata. No se imaginan como deseaba poder comerme a esa hembra ávida de cariño. Le dije que todo ese amor que le faltaba deseaba dárselo yo, y ella me miró a los ojos y me respondió que esa noche no estaba casada y que yo propusiera.

Su respuesta tan decidida me sorprendió y le pedí que saliéramos de ahí hacia otro lugar a lo que ella asintió. No hacia falta hablar más y tomamos un taxi al cual le indiqué una dirección que yo conocía muy bien. Llegamos a un hostal que me gustaba mucho ya que tenía todas las comodidades, apropiado para la dama que me acompañaba. Nos registramos y luego de cerrar la puerta de la habitación ella se quedó mirando la cama y el espejo que había en el techo. Giró hacia mí para decirme algo, pero yo la abracé y la besé en la boca comiéndome sus labios. Sus pechos se apretaban contra el mío y no veía las horas en que la viera sin sujetador mostrándome esas tetas tan deseadas.

Nos echamos en la cama vestidos y en medio de caricias agarré sus piernas subiéndole la falda. Mis dedos tocaron el centro de su calzón notándolo húmedo por la excitación del momento. Con una mano le bajé el calzón dejando a mi vista su concha totalmente depilada. Me arrodillé en el piso y ella quedó al filo de la cama con las piernas abiertas. Empecé a lamerle la concha, chupando su clítoris y labios vaginales, haciendo que ella diera gemidos de placer.

Poco a poco nos desnudamos y estando yo de pie con mi verga totalmente parada me puse a observar su cuerpo níveo. Todo era tal como me lo había imaginado y me eché encima de ella metiendo lentamente mi verga en esa concha hasta ahora vedada. Ella enroscó sus piernas en mi cintura y se puso a moverse como una loca. Que manera de gustarle la verga pensaba yo. Cambiamos de posiciones varias veces hasta que no pude más y un torrente explotó de mi verga, llenándola de mi leche. Mamé sus grandes pezones rozados hasta la saciedad.

Nos seguimos besando y revolcando en la cama hasta que en un momento ella pasó sus piernas por mi cabeza, mostrándome toda su concha a la vez que se inclinaba para meterse mi verga a la boca, y chuparla hasta que se puso dura como un mástil nuevamente. Yo aprovechaba para lamer y chupar la parte interna de sus piernas agarrando con mis dos manos sus poderosas nalgas.

Se metía mi verga hasta la base y recorría toda su extensión con sus labios hasta detenerse en la cabeza, para luego chuparla como si fuera una ciruela. Luego de eso me arrodillé en la cama y ella se puso sobre mí, de tal forma que agarrándola de las nalgas la atraía hacia mí para enterrarle todo lo que podía. Ella cabalgaba sin descanso y con una fuerza que hacia que sus grandes tetas se bamboleen de arriba hacia abajo. Les digo que era todo un espectáculo ver en su rostro el placer que sentía por la culeada que le estaba dando.

De pronto me dijo, Quiero que me des como a una perra, y acto seguido se bajó de la cama y se puso sobre la alfombra en cuatro patas meneando su culo a modo de invitación. Sin hacerme de rogar me bajé yo también, y colocándome detrás de ella le enterré mi verga a la vez que la tomaba de sus caderas. De rato en rato me inclinaba hacia adelante para poder amasar sus tetas y sentirlas entre mis dedos.

Cuando ella vio que yo me venía se salió de su posición y se dio la vuelta para chupármela y esperar a que mi leche saliera. Me agarraba con una mano la verga corriéndola y con la otra mano me acariciaba los huevos, haciendo que eyacule derramándome sobre sus labios y cara. Me la limpio totalmente con su lengua y nos fuimos al jacuzzi para relajarnos de la tirada que habíamos dado.

Ahí desnudos nos lamimos mutuamente sintiendo el agua tibia en nuestro cuerpos y ella no dejaba de masturbarme y yo de masajear sus labios vaginales. Después de esa sesión de amor increíble para mí la dejé cerca a su casa, y desde el taxi vi como se alejaba para entrar en su casa.

Al día siguiente me llamó a hablar en privado y me dijo que la noche anterior había sido muy especial para ella y que deseaba que todo lo que había pasado quedara como un gran recuerdo en nuestras mentes, pero que nunca volvería a pasar ya que no quería que algún día su marido se diera cuenta de ello. Me obsequió una foto que se había tomado y hasta ahora la conservo y miro con añoranza de lo que pasó esa noche.

Accedí a su pedido y de ahí en adelante fuimos amigos solamente pero con la satisfacción de haberme culeado a la más rica de las putas en la cama.

Autor: arielcuento

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Mi vecino Ignacio

Introdujo su sexo en mi húmeda vagina, esta se fue dilatando hasta ajustarse como un guante alrededor de ese maravilloso miembro haciéndome exhalar un quejido, todo mi cuerpo parecía vibrar, Ignacio no aprovechándose de su maravillosa dotación, tratando delicadamente y sin apuros nuestros cuerpos comenzaron ese movimiento divino.

Hola, debo contarles que como mujer me da ciertos reparos en tratar de contar mis experiencias y sobre todo cuando no se trata de una jovencita sino más bien de una mujer madura como yo, de unos cuarenta y tantos, que por cosas de la vida quedé viuda hace 6 años atrás, con dos hijas ya adolescentes, como persona independiente mayores problemas económicos no tengo, aunque hasta ahora no me había dado cuenta de que los años han pasado muy rápido, sobre todo cuidando de las niñas.

Debo confesarles que durante estos años he estado sola, después de enviudar me dediqué a mi familia y nada más, aunque al pasar de los años pretendientes no han faltado, me considero una mujer afortunada, pues físicamente no me he descuidado, causando ciertas envidias en mis amigas, me ruborizo de cierta manera al tratar de describirme, físicamente soy una mujer de contextura delgada, mis pechos no son realmente mi fuerte, son más bien pequeños, pero bien formados, mis piernas son largas, delgadas, pero bien torneadas, donde si es mi fuerte son mis caderas y un culo con unas nalgas bien hechas.

Para no aburrirlos tanto con detalles, les cuento que conocí a Ignacio, conocerlo más a fondo, pues somos vecinos de departamento, separados por cinco pisos, nos veíamos muy a menudo pues casi siempre estábamos llegando de nuestros trabajos a la misma hora, y el ascensor era motivo para saludarnos y comentar alguna novedad, pero nada más, casado, ya bastante mayor, muy alto, una incipiente calvicie, una barbita entrecana tipo candado, pero sobretodo con una vitalidad bárbara.

Cierto día nos encontramos en el supermercado, donde muy gentil se ofreció en traerme de regreso, ese día yo vestía, como era verano, una falda muy corta, una remera tipo top que dejaba ver mis hombros, no llevaba sostén, bueno ya en el auto durante el trayecto, vi a Ignacio algo nervioso, noté eso si que un bulto considerable asomaba por debajo de la tela de su pantalón, lejos de incomodarme me provocó una risita maliciosa, estos hombres, pensé, traté de distraerme mirando hacia fuera durante el trayecto, pero me di cuenta, que lo que había provocado a Ignacio fueron mis muslos, pues la falda al ser muy corta, al sentarme dejó al descubierto buena parte de ellos.

Llegamos a nuestro edificio, me acompañó hasta mi departamento, ayudándome con los paquetes, lo invité a pasar, no había nadie, pues las niñas se habían ido a pasar ese fin de semana en casa de unas amigas en la playa, se acomodó en el sofá, mientras yo traía las bebidas, y tengo por costumbre sentarme en el sofá con las piernas recogidas, me senté en el otro extremo del sofá, y como de costumbre recogí las piernas, Ignacio se arrellanó en el sillón dejándose notar algo incómodo, apareciendo otra vez ese bulto entre sus piernas, traté de bajar disimuladamente la falda, no era mi intención provocarlo ni nada parecido, pero la falda no cedió un centímetro, entonces me levanté para ir a buscar más hielo, creo que ese movimiento debió haber gatillado toda la situación de aquella tarde, pues me incliné sobre la hielera, él se levanta y se acerca a mí, su actitud no me provocó temor, lejos de rechazarlo, mi mirada lo invitó a seguir.

Me tomó de las manos, Andrea, me dijo, y sus brazos rodearon mi cintura, para atraerme hacia él y darme un beso, de adolescente la situación, pero mis brazos no le correspondieron, sus manos se posaron en mis caderas, y cuando comenzaban a posarse sobre mis nalgas, lo detuve, incómodo se disculpó por la situación, se sentó, y yo me acomodé a su lado, diciéndole que lo comprendía que no se preocupara, que a los adultos les suele pasar también, y porque no, entonces mientras lo trataba de calmar, se acercó como buscando otro beso, mis palabras cesaron y entonces mis labios se entreabrieron, cerré los ojos y pude sentir como me besaba, sus manos lentamente se posaron en mi vientre y echándome hacia atrás, sus manos comenzaron subir lentamente por debajo de la tela, hasta llegar a mis pechos.

Sus caricias eran suaves, me subió la polera y comenzó a pasar su lengua por mis pezones que ya estaban erectos, habían pasado años, sin la compañía masculina, pero mi cuerpo respondió inmediatamente, sus manos comenzaron a recorrer mis piernas por fuera, metiéndolas por debajo de la falda, después comenzó a recorrer y apretar suavemente por la parte interna, entonces yo las entreabrí un poco más, para sentir sus manos en mi vulva pues sus caricias habían surtido efecto me sentía húmeda, tomó una de mis manos y la colocó sobre su entrepierna, mi cuerpo se estremeció, mi respiración se agitó, al tocarlo sentí su cosa dura, comencé a masajearlo por sobre la tela, mientras que el pasaba su mano sobre mi vulva, haciendo a un lado la tanga para tocarme el clítoris, me estremecí completa, sus dedos eran maravillosos, luego él se desabrocha el pantalón y se lo quita, para dejar al descubierto su virilidad, una vigorosa erección, al verlo desnudo me quise abalanzar, quería tocarlo, sentirlo, me quité la polera y la falda, quedándome con la tanga puesta, pues por cierto pudor y además no quería que notara que la abstinencia me había afectado.

Sentados sobre el sofá no acariciamos mutuamente, yo empuñaba su miembro caliente, húmedo, pegajoso, lentamente me dejé quitar la tanga bajando hasta mi entrepierna para recorrer con su lengua mi vulva, haciéndome un comentario que me hizo sonrojar, con respecto a mi vulva, pues es muy carnosa, eso siempre me ha dado vergüenza, hasta colocarme malla en el gimnasio por esa misma razón como que se me notaba mucho, pero me lamió suavemente reteniendo mi clítoris con sus labios dándome un pequeños tirones, haciéndome gemir, mientras producto de mi excitación, yo acariciaba mis pezones, su experiencia y mi ansiedad hizo que me corriera, mojando mi vagina, fue divino, me dejaba llevar.

Lejos de apresurarse, me comenzó a besar los pies, siguiendo por las piernas, los vellos de mi pubis, mi vientre, mis pechos para darme un profundo beso que correspondí, abrazándolo y acariciándole, se puso de pie frente a mí, con su sexo erecto, me di cuenta lo que quería, el tamaño de su sexo me dio pavor debo confesar que por un momento no podría disfrutar de esa masculinidad, lentamente me lo llevé a la boca mis labios aprisionaron su glande, mis manos acariciando ese cuerpo venoso, vigoroso, recorriendo sus piernas robustas, nuevamente me encontraba excitada, lo mismo Ignacio.

Me levanté, subimos las escaleras y nos dirigimos a mi dormitorio, me tendí sobre la cama, abrí mis piernas invitándolo a que me hiciera suya, su glande al descubierto parecía reventar, mientras pasaba su cuerpo por el arco de mis piernas, las elevé un poco más, y lentamente y sin apuros fue introduciendo su sexo en mi húmeda vagina, esta se fue dilatando hasta ajustarse como un guante alrededor de ese maravilloso miembro masculino, haciéndome exhalar un quejido que salió por mi boca entreabierta, una vez que estuvo completo dentro de mi vagina, todo mi cuerpo parecía vibrar nuevamente, Ignacio no aprovechándose de su maravillosa dotación, tratando delicadamente, nos besamos, y sin apuros y muy suavemente nuestros cuerpos comenzaron ese movimiento divino, donde él vigorosamente comenzó a entrar y salir de mi vagina, recorriéndola en toda su longitud.

Dilatada y mojada, mis caderas y mis piernas abiertas hacíamos una danza perfecta, mi vagina estaba muy húmeda, su pene se cubrió de un líquido blanquecino, haciendo un sonido, burbujeante, cada vez que me penetraba, su cuerpo macizo me cubría completa, sus brazos fuertes soportaban el peso de su cuerpo, entregada completamente giraba mi cabeza tratando de ahogar mis gemidos entre las almohadas, entreabriendo mis ojos, mi boca, era divino, había pasado tanto tiempo sin sentir esa sensación electrizante recorrer mi cuerpo, de mi boca ya no salían solo quejidos sino gritos, que inundaban toda la habitación, disfrutaba de ese momento como una jovencita esto lo provocaba agradablemente, haciendo que sus movimientos sean cada vez más rápido, su pene golpeaba hasta el fondo de mi vagina.

Susurraba mi nombre con los dientes apretados, cada vez que me penetraba, haciéndome colocar en cuatro patas como los perritos, quería ver y sentir mi cola, sus grandes manos se posesionaron de mis caderas, recorrieron mis trabajadas nalgas, atrayéndome hacia él, sentí su miembro entrar de una sola estocada por mi húmeda vagina, nuevamente comenzó a mover su pelvis, dándome muy fuerte, se sentía muy rico, muy fuerte haciendo que me corriera un par de veces, le pido entonces que se tendiera, para que yo pudiera montarme encima, me senté encima y comencé a moverme como una posesa, sus manos se posaron sobre mis pechos, apretándolos, luego bajaron por mi cintura, para tomarme por las nalgas como abriéndolas, para ayudarme en ese movimiento de sube y baja mientras yo lo cabalgaba.

Me atrajo hacia adelante y con sus manos me tomó por las nalgas y apretándolas, comenzó a embestirme muy fuerte, siempre él abajo, sus ojos me miraban fijos, sus dientes apretados, como gruñendo noté que se venía, sintiendo como su sexo entraba y salía cada vez más rápido, me apretó contra su cuerpo, sentí su eyaculación, su semen inundó mi vagina, nos quedamos así por un momento, nos besamos, estando aún sobre él, comencé a mover mis caderas suavemente para sentir su pene que aún conservaba su erección quería disfrutar hasta el último instante, nuestros cuerpos sudorosos, terminaron entrelazados sobre la cama, con la mitad de mi cuerpo sobre él, me entregué a las caricias que me prodigaba. Esa tarde volvía a sentirme plena, mujer, mi cuerpo satisfecho, me sentía como una adolescente, más tarde le pediría que me hiciera suya nuevamente.

Sus comentarios serán bien recibidos.

Autora: Andrea

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La mamá de mi amigo

Ella comenzó a moverse rápidamente,  a ese ritmo no duraría mucho sin correrme, ella paró y  despegándose de mí, me llevó a una silla reclinable de las que se usan en la playa para tomar el sol, ahí me recostó y montándose en mí empezó a cabalgarme, hasta que sentí que se corría, yo me sentía en la gloria, ella se movía a cien por hora. Me hizo terminar mientras su ritmo disminuía.

Todo comenzó cuando conocí a Rafael, para abordar esta historia cierta llena de pasión, debo intentar exhalar, y remembrar aquella época, la mamá de Rafael tiene las curvas más agudas y efervescentes que he conocido, el goce que esa mujer me dio no se puede comparar con ningún otro.

La primera vez que la vi fue en su casa, mi amigo y yo como todo buen chico preparatoriano, nos disponíamos a dar término a un trabajo estudiantil esa tarde, cuando entramos a su casa atravesamos por el amplio jardín pasando por una hermosa piscina hasta llegar a la casa, que era espaciosa y llena de ventanas por todos sus muros, era un lugar muy agradable.

La sencillez de Rafael siempre me ha dado suma confianza al trato, por ello cuando me dijo que después de que termináramos el trabajo iría a recoger a su hermana al colegio, pero que mientras yo me quedara en su casa pera que fuera guardando todas las cosas que habíamos ocupado al estar estudiando, de manera espontánea accedí, pues nunca imaginaría lo que sucedería.

Exacto como lo habíamos planeado él se fue por su hermana al colegio, cuando se hubo ido sentí un desierto total en su casa, pues esta era muy grande y solo me encontraba yo, pero momentos después comencé escuchar ruido en la cocina, así que bajé de la recámara de Rafael, que era donde realizábamos nuestro trabajo, y fui a ver que sucedía.

En ella encontré a una de las más caóticas mujeres, ésta era blanca de pelo negro, con una figura espectacular, cuando notó que alguien la miraba, volteó y me sonrió, entonces como me notó perplejo, ni siquiera la descripción más minuciosa podría dar una idea de lo que miraban mis ojos, ella lo notó y entonces me dijo que Rafael no tardaría en llegar que se lo había encontrado en la puerta y le había dicho que yo me encontraba en casa esperando a que él regresara, que ella era su mamá, yo respondí que estaba bien que solo había bajado porque escuchaba ruidos y pensaba que podría ser otra cosa, a lo que ella respondió:

-Mira te sugiero para que no te aburras mientras regresa Rafael, sal al jardín para que te distraigas un rato.

Así lo hice, cuando me encontraba ya afuera comencé a ver todas plantas que había en el lugar, así fui caminando hasta que llegué a la piscina, ella me llamó la atención pues era grande y tenía un agua tan cristalina que se antojaba darme un chapuzón, en ello sentí que alguien se acercaba y cuando volteé vi que la mamá de Rafael venía hacia mí.

-Veo que se ha antojado el agua, si quieres puedes refréscate, pues en realidad a estas horas ello es muy bueno, yo suelo hacerlo…

Ella se acercó y me dijo:

-Caray, vaya que hace calor…

Comenzó a quitarse la blusa, yo no daba crédito a lo que veía pues me parecía una locura lo que sucedía, repito que esta narración es verídica y no solo escribo como una satisfacción de aliviar mi libido como muchos lo hacen, comenzó a quitarse su falda y luego el brassier y todo lo demás hasta que ya no tenía nada encima, cuando la vi plenamente desnuda y al sentir que estábamos solos tuve una erección al instante, ella lo notó y como ello la excitó más, así que me pidió que me quitase la ropa, pero lo pidió de una forma tan subjetiva que no puede evitarlo, seguí sus órdenes, quedamos desnudos los dos, entonces ella se me acercó y estando de pie como estábamos tomando mi pene se lo introdujo en su vagina, este entró sin dificultad pues estaba sumamente lubricada.

Ella comenzó a moverse rápidamente que sentí que a ese ritmo no duraría mucho sin correrme, ella paró y tomándome de mi mano y despegándose de mí, me llevó a una silla reclinable de las que se usan en la playa para tomar el sol, ahí me recostó y montándose en mí empezó a cabalgarme, vigorosamente, hasta que sentí que se corría, yo me sentía en la gloria, estaba tan excitado que la nalgueaba mientras ella se movía a cien por hora.

Me hizo terminar mientras su ritmo disminuía, yo la tomaba de sus glúteos para penetrarla mejor y que mi semen le penetrara mejor, en ello sentí un flash, me asusté y miré quien era y me percaté que era Rafael que nos había sacado una foto, me había agarrado en pleno éxtasis, y cuando reaccioné de la sorpresa, noté que su mamá y él se miraban sonriendo con complicidad.

Autor: Homero

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La negra madurita y yo

Me tumbé en la cama y ella empezó a cabalgarme, no me lo podía creer una mujerona así encima mío, en la cama de mis padres y jadeando a pleno pulmón, noté que me corría otra vez, así que cambié de posición y me puse yo encima empujando, que placer ella se retorcía de placer mientras yo sudando empujaba con todas mis fuerzas, la llené de leche, que gozada, que maravilla de polvo.

Soy un gran admirador, de la página, sobre todo de la sección de relatos y en especial de la de sexo con maduras, vivo en el norte de España, y desde siempre me han atraído las mujeres maduras, me parecen una delicia… en fin a pesar de eso jamás había estado con una hasta que me pasó lo que os voy a contar ahora.

A nuestro barrio, como a muchos otros barrios, han venido mucha población inmigrante, entre ellos muchos latinoamericanos, entre ellos la mujer protagonista del relato, se llama Mariela, es cubana y tiene 44 años, es separada y tiene 2 hijas una de mi edad, (yo tengo 24 años) y otra menor de 20. La cosa está en que esta mujer vino a vivir justo al portal contiguo al mío y casualidad su balcón da al lado de mi cuarto.

Mariela está muy bien físicamente, tiene unos pechos enormes, tendrá una talla 105 o así esta delgadita, pero tiene un culo de impresión, muy respingón, pero increíblemente tieso, vamos tiene al barrio maravillado, es altita, mide 1,76 y tiene el pelo largo oscuro, vamos una diosa de ébano.
En fin una tarde de sábado estaba aburrido en casa, eran las tres de la tarde y hasta las diez de la noche no había quedado con los amigos, y estaba fumándome un cigarro en el balcón cuando sale Mariela, yo me quedé maravillado mirándola, llevaba puesta una camiseta pegada que le marcaban todo, unos jeans y unos zapatos de tacón alto. Yo seguía mirándola y creo que hasta se me estaba cayendo la baba, ella estaba hablando por el móvil con alguien hasta que en voz alta lo mandó a la mierda, a quien fuera…

Yo me reí y ella en ese momento se percató que la estaba mirando y me empezó a dar conversación.

– Pufff estos hombres como sois, había quedado con un amigo y ya vez me llama a última hora y me dice que se va a quedar en casa porque está cansado y quiere echarse la siesta. Yo me reí y le contesté.

– Hombre, no todos somos así, yo odio las siestas y desde luego hay que ser anormal para quedarse durmiendo la siesta y no estar contigo con el modelazo que llevas hoy. – Muchas gracias mocetón, hay si todo fueran como tu… oye ¿y tú que haces en casa con el día que hace? – Nada, que no tengo plan hasta la noche y estoy aquí pasando el rato, además mis padres se han ido y estoy solo en casa. – Oye me apetece tomarme un café y se me ha acabado, – me dice ella-, ¿Puedo ir a tu casa y tomarme uno contigo así charlamos más cómodos?

Yo ya todo empalmado le digo que sí y así que en nada me fui para la puerta y le llevé hasta la sala donde nos tomamos una taza de café.

– Apenas un momento estábamos los dos totalmente desnudos besándonos… – Hoy tenía ganas de sexo y tu guapito creo que te pongo a cien así que te mereces que una hembra como yo te haga disfrutar… me gusta tu polla y ahora mismo te voy a hacer una mamada de impresión…

Y así fue que mamada, llegué al éxtasis fue así que no duré mucho y enseguida me corrí en su boca, algo que le encantó…

– Quiero que me lamas todo el cuerpo… así lo hice vamos empecé por la punta de los pies hasta la punta de la cabeza… ummm que cuerpo, que culazo duro, duro, no se las veces que lo lamí y lo mordí me estaba volviendo loco.

Que tetas enormes, la manos solo cubrían una parte de ellas, tenía unas aureolas enorme y unos pezones como garbanzos, en fin, después de aquello la tenía otra vez a tope y dispuesto a hacerla gozar…

– Ummm hagamos un 69, ella me puso sobre la cama y se colocó encima de mí, empecé a comerle ese coño, bueno la verdad que no daba abasto, le comía el coño, pero es que no podía resistirme a comerle el culo, así que subía y bajaba como un descosido… ella se la veía disfrutar conmigo… eso si llegó un momento en que de repente subió el ritmo de la mamada, yo me corrí al momento, pero sentí como ella también se corrió ya que sus flujos inundaron mi cara… que gozada, – ¿Que tal te lo estás pasando? – me preguntó, – Quiero que me folles ya, estoy toda caliente y quiero ser penetrada por este blanquito tan cabronazo que me está haciendo gozar…

Así lo hice, primeramente me tumbé en la cama y ella empezó a cabalgarme… no me lo podía creer una mujerona así encima mío, en la cama de mis padres y jadeando a pleno pulmón… noté que me corría otra vez, así que cambié de posición y me puse yo encima empujando… que placer ella se retorcía de placer mientras yo sudando empujaba con todas mis fuerzas…

Aaaaaaaaaahhhhhhhhh, mi mejor corrida… la llené de leche, que gozada… que maravilla de polvo… me quedé exhausto encima suyo mientras ella me acariciaba suavemente. Ay papito estás hecho un semental… me has hecho gozar tranquilo que no será la última vez que goces de mi cuerpo. Y así ha sido después del maravilloso sábado, hicimos el amor en otras ocasiones, en mi cama, en la suya, incluso una vez estando sus hijas en casa, lo que fue un marrón ya que nos pilló su hija en pleno apogeo… desde aquel día decidimos dejar de vernos y hace unos meses ella se marchó a Madrid a vivir… eso si me dejó un bonito regalo de despedida que lo contaré en otra ocasión…

P.D.: espero que os haya gustado… desde aquel día me encantan las maduras un beso a todas y espero vuestro mensajes.

Autor: Aztoratu

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Lo que antecede a la locura

Me convertí en amazona cabalgando su miembro erecto, quería sentirlo muy dentro de mí, arriba, abajo y seguía el vaivén, sentí sus manos apretando mi cuerpo, resbalando con el sudor de mi piel, manoseaba mis nalgas, mis espalda, mis pechos, y yo llena de lujuria y locura seguía cabalgando haciendo lo posible por llegar al clímax de tanta excitación, perdí la noción del tiempo y la razón.

Cada vez que estamos cerca, la respiración se agita, todas las neuronas pierden el sentido… la piel se eriza solo con un roce, él tiene la particularidad de agotar mis palabras y alborotar mis instintos.

Esa noche quedamos en vernos después de las 9, él pasaría por mí… La sola idea de saber que pronto estaría bebiendo de su aliento ya hacía que mi lengua se enredara, a medida que el reloj andaba yo perdía más y más la razón… ¡pero tenía que contenerme!

Puntual llegó, y allí estaba yo lista, en la puerta muriéndome de ganas por devorarlo completo… -Hola, ¿cómo estás?, un corto beso a modo de saludo, las conversaciones habituales, las preguntas pertinentes… y mi piel ardiendo… me pidió que lo acompañara a mirar un nuevo departamento.  Llegamos, todo era blanco, hermoso, muy amplio y bastante acogedor.

Me sirvió una copa y me invitó a seguirlo a una de las habitaciones, allí pensé que por fin comenzaría a dar rienda suelta a mis instintos… pero estaba equivocada, quien le daría rienda suelta a sus instintos era él. Nos besamos apasionadamente, al llegar al punto cuando la ropa estorba, se detuvo en seco y me pidió muy dulce que me quitara la ropa, aquello era extraño, si bien ya habíamos estado juntos muchas veces lo usual era que nos quitáramos la ropa al ritmo de los besos y compartiendo la tarea…  pero ese día, esos no eran sus planes.  Salió de la habitación llevándose con él toda mi vestimenta, solo me dejó la copa y una pícara ¡sonrisa!

Regresó al rato, encendió el aire acondicionado y me llevó a una especie de columpio donde con cuidado ató mis manos a cada lado sobre mi cabeza; por la forma del asiento mis piernas quedaron abiertas y todo mi sexo expuesto, mirando mi cara de sorpresa, me calmó con un beso y me dijo que me relajara y los disfrutara… se fue, dejándome allí sola, en esa hermosa y solitaria habitación…

Sentí que el aire acondicionado estaba bajando la temperatura de la habitación, el frío comenzó a surtir efecto en mí, mis pezones estaban encendidos y ese hilo de aire frío entrando en mi sexo me ponía a mil…

Allí me dejó un buen rato, entre la lujuria y la sorpresa, el frío solo lograba excitarme un poco más… abrió la puerta y allí estaba él, cargado con muchas “sorpresitas” para pasarla bien esa noche, me alegraba mucho verlo, sentí que estaba más cerca la hora de sentirlo… puso un poco de aceite sobre mi cuerpo y comenzó a masajearlo… se sentían muy bien sus manos sobre mí… siempre teniendo cuidado de no rozar mi pecho ni mi sexo, se esmeraba en mis piernas, mi abdomen y mi cuello… era delirante, la necesidad que tenía de sentirlo y el no poder siquiera tocarlo con mis manos… comencé a mojarme a chorros… él seguía muy paciente… luego sentí un spray en mi conejito y luego la sensación de calor que se iba produciendo en el, quise moverme para lograr un roce de su cuerpo… pero no lo conseguí, estaba muy lejos de mis límites.

Decidí dejar de luchar, cerrar mis ojos y sentir… el masaje paró, después de un ruido sentí un roce muy suave y un olor delicioso… ¡eran flores! Pero flores que solo lograban excitarme más, con ellas recorría mis oídos, mis pechos, toda mi entrepierna, mis pies… la sensación era extraña, necesitaba sentir su piel, y estaba allí a pocos centímetros de mi, pero no podía tocarlo, mi excitación estaba en un grado nunca antes conocido por mi… necesitaba sentirlo, él lo sabía y disfrutaba mi angustia, mis ganas, mi desespero… poco a poco las neuronas fueron perdiendo el norte.

Nada era más importante que sentirlo dentro de mí… sentía el calor de mis fluidos chorrear por mis muslos… llegó la hora del chocolate, y poniendo pequeñas dosis sobre los puntos estratégicos y limpiándolos cuidadosamente con su lengua  me hizo delirar…y él, sintiéndose satisfecho con el nivel de excitación al que me había hecho llegar, decidió desatar esas odiosas cintas de seda y dejar libres mis manos, pudiendo cambiar de posición y lanzándome sobre él… de nuevo, truncó mis intenciones, se apartó y se acomodó en un mullido sofá con una sonrisa llena de lujuria y picardía…

De nuevo busqué la forma de colocarme sobre él, quería disfrutar su cara de placer, verlo gozar mientras me poseía, verlo cerrar los ojos y gritar… pero sin darme cuenta me puso de espaldas a él, y apartando mis nalgas se abrió paso dentro de mí, allí me convertí en amazona cabalgando su miembro erecto, quería sentirlo muy dentro de mí… arriba, abajo, arriba, abajo y seguía el vaivén… sentí las gotas de sudor resbalando por mi espalda, sus manos apretando cada centímetro de mi cuerpo, resbalando con el sudor de mi piel, manoseaba mis nalgas, mis espalda, mis pechos, y yo llena de lujuria y locura seguía cabalgando haciendo lo posible por llegar al clímax de tanta excitación, perdí la noción del tiempo y la razón…

Los movimientos se hacían cada vez más rápidos, – sigue, sigue y no pares me pedía… como podía parar si tenía tanta lujuria acumulada… comenzaron latigazos eléctricos a recorrer mi espalda, las gotas de sudor eran más constantes, la sangre se agitó y sentí todo mi cuerpo estallar en un orgasmo muy intenso y estremecedor…  al sentir su leche caliente corriendo dentro de mi… allí quedamos bañados en sudor, exhaustos de tanto placer, dormida sobre su pecho…

Y hoy, días después, aun lo recuerdo y siento como se eriza mi piel, como la electricidad de su lujuria me recorre hasta el fin…

Autora: Traviesa69

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Los viejitos jefes de mi marido

Tomé la torre de carne y la coloqué a la entrada de mi cuevita, temblaba de calentura, ya no pensaba si lo engañaba a Rodolfo, solo quería cogerme semejante verga, la cabeza entró y la cadena de orgasmos fue tremenda, uno tras otro a medida que entraba, mi mojadura lo hacía, justo entró toda, la sentía en mi ombligo y gorda en mi matriz, que placer y seguían mis orgasmos, perdí la cuenta.

Esta historia comienza cierto día de mi vida, me presento, me llamo Susana, 37 años, casada con un esposo que podemos decir de 1 a 10 puntos le damos un 7, muy compañero, hombre trabajador como pocos los hay, llevamos una vida dentro de todo bastante buena comparada con el resto de nuestros amigos, mi marido tiene un muy buen trabajo y yo también

Nuestra vida sexual, porque de esto se basa el relato,  es buena, digamos yo solo conocí tres hombres y con el tercero me casé, nunca al menos le fui infiel hasta el momento que pasó lo que les contaré, un día llega mi marido del trabajo y me dice,  Susy me ofrecieron esto, ¿que opinas?, me relató que de su trabajo lo enviaban a una estancia en una provincia distante a 400 Km. de nuestra provincia, tenía que hacer un gran trabajo en una estancia que sus jefes habían comprado, les cuento algo que me olvidé mi marido Rodolfo, póngameles un nombre ficticio, es arquitecto mayor de obras y ellos querían restaurar la estancia.

En la cena fue todo silencio yo estaba enfurecida separarme de él toda la semana y no poder estar solamente los domingo y se iría nuevamente y el tiempo estipulado de la obra sería casi 4 meses. Definitivamente nuestro matrimonio empezó a caminar muy mal, los tiempo se fueron alargando a la compra de esa estancia se sumaron otras dos y el tiempo del trabajo ya era de un año y más quizás, un domingo que mi marido vino le dije no soporto más esto, él me respondió que no tenía alternativa, que dejara yo mi trabajo y me fuera con él, allá había trabajo, lo pensé y acepté, no quería perder un matrimonio de 15 años, y así fue.

Viajé con él, la estancia era grandísima tipo colonia, una gran o mejor dicho un gigante caserón tipo castillo medieval. Un fin de semana vinieron los jefes de mi marido los 3 con sus respectivas mujeres, hijos, nietos, un almuerzo gigante y muy bien servido. Rodolfo me los presentó a los 3 quizás y no sé porque me impactaron los dos hermanos y el otro no era pariente, los hermanos, José y Luis tenían uno 65 y el otro 70 años, muy bien llevados, un cuerpo de atleta,  musculoso, nada hacía parecer de esa edad, a la tarde estábamos todos en el parque de la estancia y yo tomaba sol en una reposera y llegó Luís, me saludó y se sentó a mi lado, charlamos mucho tiempo y me preguntó que hacía yo le dije que tenía casi cumplidos los estudios de contadora pero no me había recibido, siguió la charla y me dijo que bella era y otras charlitas, yo me sentí un poco alborotada, miraba su cuerpo y corría un no se que en mi estómago, pero no podía aceptar sentir algo por un hombre tan mayor.

Pasaron las semanas y otro fin de semana llegaron los dos solos sin el socio y sin la familia, almorzamos y tras el almuerzo Luis se fue a recorrer con mi marido la obras y se quedó José, era distinto a Luis, este tenía un par de ojos verdes divinos, y un bigote seductor muy bien puesto, me comentó que su hermano le había dicho de mi y sus ojos estaban puestos en mi cuerpo.

Me considero una mujer bella. Soy morena, con el pelo liso y hasta los hombros. Me cuido mucho por lo que mi línea se ha mantenido estupendamente con los años, a tal nivel, que estoy segura que muchas niñas de 20 me envidiarían. Tengo unos pechos medianos, firmes, redondeados con unos pezones grandes, con unas aureolas más que suculentas. Mi culo se mantiene duro y respingón, como en mis años de jovencita colegiala me gusta mantenerme en forma y puedo decir que estoy orgullosa de las horas dedicadas al gimnasio y a correr por la paya y él se fijaba mucho en mis curvas, charlamos y ya estaba oscureciendo, pregunté, ¿se van hoy? No. Me respondió. nos quedamos unos días por una compra de tierras, ahhh, comenté y en ese momento llegó mi marido y Luis.

Los días siguientes empezaba el calor del verano a picar fuerte al mediodía, me puse una bikini pequeña tipo cola lees y me fui a tomar sol, estaba casi dormida cuando siento una voz que me dice, uggg, que cuerpo de diva, perdón sin que te ofendas, era Luís, yo sonreí y no dije nada, charlamos y sus ojos me comían, mis senos se pusieron duros y mis pezones terribles, me fui al agua para disimular y seguí charlando con él y noté en su pantalón su bulto un poco duro y me calenté más, luego llegaron mi marido y José y todo terminó.

Cierta mañana fuimos a la montaña a ver unos campos y fui con Luís, yo llevaba una mini con una remerita cortita y zapatillas por el calor, recorrimos muchos km. y nos detuvimos en un arroyo divino, lleno de árboles y una paz tremenda, nos bajamos él había llevado su equipo de mate, tomamos mate y me dijo, mira Susi, yo tengo que medir unos lotes, si quieres puedes tomar un baño en el arroyo, dormir, hacer lo que gustes, yo tardaré una hora más o menos quizás más ok dije, él se fue y yo me quedé a la sombra, era tanto el calor que me derretía, me arrimé al arroyo, un agua transparente limpia, me mojé la cara y viendo que no llegaba me dije, tomo un baño, quien si no los pájaros o alguna vaca me mirarán, me quité la mini y la remerita y me quedé en sostén media copa y un hilo todo rojo.

Me metí al arroyo y su agua tibia me refrescó mucho, nadé un buen rato y en un momento veo que parado junto al arroyo estaba Luis mirándome, me quería morir de vergüenza, no podía haberme metido así al agua y más siendo un desconocido mirándome, él me dijo, me giro sale tranquila, ok, dije.  Salí y para hacer más rápido me saqué el sostén y me puse la mini y la remera, los pezones se me habían puesto duros, él me miró y se arrimó hacia mí y me dijo, estás hermosa, hace ratito te miraba, sos una diosa, me tomó de mis hombros y yo como bola no reaccionaba, no podía creer lo que sucedía, me tomó con sus grandes manos y me besó, mis ojos se desorbitaban pero no reaccioné y mi lengua se mezcló con la de él y su mano bajó a mi chuchita y en ese momento lo empujé y le dije ¡basta! Soy una mujer casada y corrí hacia el camión, viajamos en silencio hasta la estancia, enrollé lo más que pude el sostén y al llegar estaba mi marido y José, llegamos y yo los saludé, nos preguntaron cómo había estado todo, le dije que muy bien, que me había  tomado un baño en el arroyo mientras esperaba a Luís,  partí, llegué a mi habitación y pensé que todo no había terminado, ya que al no decir a mi esposo lo que sucedió dejé la puerta abierta a una nueva aventura.

Al día siguiente se marcharon y el fin de semana volvieron con su familia, llovía muchísimo, yo estaba en mi habitación leyendo algo cuando siento que laman a la puerta, veo quien era y apareció Luis diciéndome porque no bajaba a tomar el té con unas tortas que habían traído, giré para arreglarme y sentí su mirada a mis espaldas y nuevamente quedé dura, no reaccionaba, me tomó de espaldas y acarició mi espalda, me giró y me besó,  mi boca se entregó, me tocó mi chucha que se había empapado de golpe y levantó mi remera, subió mi sostén y chupó mis tetas, yo volaba, me parecía increíble, hasta que no sé de donde saqué fuerzas y me separé, grité basta o llamo a mi esposo, se marchó, me repuse, me arreglé y bajé a la sala.

Por casi un mes no había pasado nada. Una cierta mañana llegaron los dos. yo estaba tomando sol y cuando los vi me cubrí con una toalla, mi esposo estaba en la obra, José se marchó allá y Luis vino directo a la casa, yo subí a mi habitación,  al ratito tocaron mi puerta, abrí y él estaba parado, me abrazó y me quiso besar pero lo evité diciéndole, basta ya Luís, soy casada y respeto a mi marido, se aparto de mi y se marchó, a la noche cenamos y nos marchamos a dormir, intenté hacer el amor con mi marido pero él estaba cansado y se durmió, era la madrugada y todavía no podía dormirme y sentí unos pequeños gemidos, me levanté, me puse la bata, ya que  dormía solo en hilo, y miré por la ventana y vi una sombra pero no pode ver quien era y seguían los gemiditos.

Salí de mi recámara, bajé las escaleras y llegando a la sala por uno de los ventanales corro la cortina y quedé perpleja estaba Luis y una  mujer de un empleado de la estancia cogiendo con él, no tenía más de 20 años pero esto no me causó estupor, lo que me puso a millones fue el pene tremendo de Luis, ella lo chupaba pero casi no entraba en su boca,  era tremendo, no tan largo si no gordo, me mojé muchísimo y justo él terminó tirándole toda su leche en la boca y en su cara subí a mi recámara y no pude casi dormir pensando en el pene de Luis. A la mañana cuando se despertó mi marido como era domingo lo incité a que hiciéramos el amor y aceptó, parecía todo en mi contra, no me concentraba en lo que hacía, pensaba en el pene de Luis y mi marido terminó y yo miraba el techo, él se levantó, se duchó y abajo lo esperaba Juan para recorrer los campos, Luis se quedaba a hacer el asado, yo bajé, llevaba puesto un vestido cortito y nada más que el sostén y la tanguita.

Luís me saludó y charlamos, yo no podía apartar mi mirada de su bulto, seguramente él se percató porque me dijo, me ayudas a traer algo del galpón, yo fui, sacamos una mesa y cuando me agaché  él estaba mirando mi cola, me dio pudor y me puse roja, él se acercó y me dijo, tranquila, me tomó de los hombros, me elevó y me besó, yo estaba caliente, me chupó el lóbulo de mi oreja, me besó el cuello mi boca y sus manos recorrían mi cuerpo, levantó mi vestido y lo quitó, me desprendió el sostén y tomó mis tetas en sus manos, yo gemía de placer, no podía creer lo que hacía, besó mis pezones y acarició todo mi cuerpo, me sentó sobre la mesa y me acostó besando mis piernas, mis muslos y bajó mi tanguita, la chupó y se la guardó en su bolsillo, separó mis piernas y posó su boca en mi chuchita, que solo tenía un triangulito de vello y pasó su lengua, sus manos tomaban mis tetas y la boca chupaba mi chuchita, yo gemía, separó mis labios y metió su lengua y llegó a mi duro botón, lo chupó, yo gemía y ya llegaba mi orgasmo.

Metió un dedo dentro de mi boca y seguí chupándome, en el momento que aceleró la chupada y yo me venía sentimos la voz de José preguntando, ¿Luis estás en el galpón?, si ya voy, estoy llevando una mesa, José respondió, ok, te esperamos con Rodolfo en la parrilla, me vestí apurada, él se arregló, nos besamos y él partió a la parrilla y yo a mi habitación, al rato bajé y estaban charlando de gran jarana y yo caliente como una brasa del asado.

Pasaron dos semanas y el sexo entre Rodolfo y yo no era bueno, yo me sentía caliente con la verga de Luis y no podía centrarme en la de mi esposo, cierto día llegaron los dos a la estancia, había sido hace 2 días el cumpleaños de  Luis, hubo un almuerzo para todos los empleados de la obra y baile, todo muy lindo, al día siguiente Luis le dice a mi marido que en la ciudad donde nosotros vivíamos y ellos también, había unos materiales que quisiera que los viera, ok, dijo mi marido, viajo a verlos esta tarde,  yo dije, te acompaño Rodolfo y él se negó diciéndome que sería muy cansador, que mejor iba con Rosendo un peón de la estancia así volvía más rápido manejando los dos.

Acepté y se marcharon a la mañana muy temprano, al rato se descolgó una lluvia tremenda, tanto llovía que apenas se veía los campos, sentía miedo de tanta agua, truenos y relámpagos, bajé a la sala y estaban Luis y José, pasamos el resto del día charlando y organizando una cena a la noche para agasajar a Luis, nuevamente cociné ya eran las 10 de la noche y Rodolfo no llegaba, yo estaba preocupada, seguía lloviendo, al rato suena el tel y era mi esposo diciéndole a Luis que el puente del arroyo se había roto y no podía llegar a la estancia, que volvía a la ciudad, lo llamé y charlé con él, me dijo que al menos por tres días tardarían en repararlo, yo sola entre los dos viejos me ponía nerviosa  y a su vez caliente por lo que había pasado con Luis.

Cenamos  y a los postres traje una torta, le puse una vela y cantamos el cumple feliz, no había luz ya que la tormenta era tan grande que había cortado todo en la sala, los relámpagos en los grandes ventanales causaban pánico, solo había un poco de luz de un grupo que iluminaba, tomamos champaña brindamos, luego José puso música y bailamos, luego Luis dijo, ahora me toca, José diciendo los dejo, me marcho a dormir, se despidió y nosotros bailamos una rato más, yo sentía a Luis apoyándome pero me porté como una dama, me despedí de él y subí a mi habitación, me desnudé y me acosté, no podía dormirme y más con semejante tormenta parecía que el cielo se caía,

Me puse la bata y bajé a buscar un vaso de leche, cuando subía me encontré con Luis que salía de su habitación y me preguntó que hacía, le conté y seguí a mi recámara, al ratito siento que golpean, pregunto quién y la voz de Luis que pregunta, ¿puedo? me puse la bata y abrí, él también estaba con una bata azul larga hasta los pies, casi la luz de los relámpagos lo hacía un personaje con su altura y sus bigote,  me dijo yo tampoco puedo dormir.

Se acercó a mí y me tomó los hombros, me besó, yo no respondía, me quitó la bata y me chupó enterita parada, yo temblaba de placer bajo mi tanguita, separó mis piernas y comenzó a chuparme la vagina, en un momento tomé su cabeza con mis manos y lo apreté a mi conchita mojada, me chupó rico y muy suave, me hizo acostar y me chupó toda muy despacito, recorriendo todo mi cuerpo con su lengua, mi espalda, mi vientre, mis pezones, mi vulva, mi botón, tuve un pequeño pero divino orgasmo y él seguía chupándome.

Llegó un momento que lo detuve y desaté su bata, quería tener mi trofeo, su verga, se quitó la bata y llegué a mi trofeo, ella estaba dormida pero divina, gorda, llena de venas, la comencé chupar y fue creciendo, creciendo y creciendo no  lo podía creer, era más grande de lo que había visto, seguí chupándolo e hicimos un 69 de aquellos,  nos chupamos y me vine en su boca, me chupó todas mis jugos y luego se recostó y me dijo súbete.

Me acomodé, tomé la torre de carne y la coloqué a la entrada de mi cuevita, temblaba de calentura, ya no pensaba si lo engañaba a Rodolfo, solo quería cogerme semejante verga, la cabeza entró y la cadena de orgasmos fue tremenda, uno tras otro a medida que entraba, mi mojadura lo hacía, justo entró toda, la sentía en mi ombligo y gorda en mi matriz, que placer y seguían mis orgasmos, perdí la cuenta.

Él bombeaba y bombeaba y yo gemía, cambiamos de posición, él arriba bombeaba y yo meneaba mi cuerpo como una víbora, sudaba entera del placer, ay la calentura y mis orgasmos seguían cuando siento que él llegaba y tuve un orgasmo tremendo, casi me desvanecí, me dormí… Al despertar él no estaba a mi lado, seguía lloviendo, miré la hora, eran las doce del mediodía, se abre  la puerta y entró Luis  trayendo el teléfono, era Rodolfo, le pregunto cómo estaba si estaba bien, y cuando corté  Luis me dijo, gracias por lo de anoche  lo disfruté muchísimo y me besó.

Yo estaba desnuda y él en bata, llovía como nunca, me besó,  me dejé llevar, nos revolcamos en la cama, chupé su mástil y creció a más no poder,  me hizo poner en 4 y me puso la cabezota, entró apenas pero con la mojadura prontito se dilató, era algo divino, la ponía la sacaba, meta y la sacaba, y yo a punto de explotar, metió un dedito en mi cola mientras bombeaba y yo hervía y dilató mi cola poniendo un gel que había en mi cama. Lo dilató y apuntó su verga en mi ano, cerré los ojos, mordí la sábana y sentí que me entraba un fuego en mi cola, ¡que placer! entraba salía, entraba salía y yo meneaba mi cuerpo y me retorcía de pacer con semejante pija dura y le pedía que la metiera toda, quería tener mi orgasmo y seguía igual y sus dedos en mi botón que explotaba.

Él se detenía y yo rogaba porque me cogiera, en un momento se detuvo,  cambiamos de pose se recostó y me senté sobre tremenda pija y comencé a galopar, sentía que su cabezota golpeaba mi matriz y más calentura, me tomó de la cintura y me dijo, no te muevas, quédate quieta, yo quería morirme, ya tenía el orgasmo en la puerta y siento que alguien toca mi cintura me asusto y giro y veo una descomunal verga igual a la de Luis pero más larga y ¿quién era? José.

Luis me apretó, más sobre su verga y reaccioné cerré mis ojos y seguí galopeando, me agacho sobre su cuerpo y siento la punta de la verga de José en mi culito y entra, las dos colosales pijas llenaron mis agujeros y explotamos los 3 tremendamente, nos quedamos quietos casi 5 minutos sin nada de ruido solo la lluvia que golpeaba los vidrios.

Se salió José de mi cola, me levanté, fui al baño, me lavé y cuando vine estaban los dos esperándome, me puse entre ellos y quería ahora probar bien la de José, la chupé, la puse al palo, la monté y me sacié de ella, luego lo hicimos los tres nuevamente y así llegó la noche.

Cenamos desnudos y seguimos cogiendo a los 4 días llegó Rodolfo, ellos partieron y yo no me podía casi sentar de la cogida pero eso es otra historia porque si les gusta hay más.

Espero comentarios de este relato, besitos y si ustedes lo quieren vuelvo con más besitos.

Autora: Susana

susanarosa02@gmail.com

susanarosa02@live.com

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Culeando a la hija de mi amigo

Le separé las piernas y me hundí en su concha, mi lengua desesperada hizo su trabajo y los gemidos de Majo me lo agradecían, después, a mi lengua se sumaron mis dedos, no pares rogaba Majo, más, pedía entre gemidos, yo quería hacerla volar, chupé hasta sentir como se contorsionaba de placer, sentí su orgasmo en mi boca, su cuerpo tembló y eso me puso más caliente aún.

Fue un martes muy temprano cuando me sorprendió el llamado de un ex compañero de facultad. Por cuestiones obvias no diré su nombre, pero lo llamaré Pedro. El vivía con su familia en Bahía Blanca y me pidió si podía darle una mano a su hija que vendría a la Capital a estudiar, y si era posible, también trabajar para achicar los gastos de la estadía. Por la relación que tenía con Pedro fue imposible decirle que no, me encontré con Majo en la estación de Retiro, nada había quedado de aquella pequeña que conocí, llevaba casi seis años sin verla y ya no era una niña sino una mujer, una mujer con todas las letras.

La acompañé al hotel donde su padre le hizo una reserva, prometí verla al día siguiente para ver unos departamentos cerca de la zona de su facultad e intentar alquilar uno lo más rápido posible.

Nos encontramos en la puerta del hotel donde había pasado la primera noche en Buenos Aires, Majo me saludó con una efusividad y una ternura que me fascinó, estaba hermosa, tenía unos jeans y una remera con un sutil escote, que dejaba la certeza que esas tetas eran hermosas y con el tamaño justo. Su cuerpo no era el típico de una modelito anoréxica, era un cuerpo con formas, increíblemente sexy, una cola que se hacía notar por su hermosa cintura y esas tetas… En todo esto pensaba mientras íbamos hacia la inmobiliaria, al mismo tiempo intentaba reprimir estos pensamientos, no estaba bien lo que pensaba, no porque Majo no mereciera esos pensamientos, sino por la amistad que tenía con su padre.

El señor de la inmobiliaria nos mostró unos departamentos, a Majo uno de ellos le encantó, pero era precisamente el más caro de todos. Me dijo que siguiéramos buscando porque su costo no entraba en el presupuesto que su padre le había dado. Pedro fue siempre tan buen tipo conmigo que ayudarla a Majo a pagar esa pequeña diferencia económica me parecía casi una obligación. Y eso hice, le ofrecí a Majo pagar la diferencia para que pudiera tener ese departamento con la condición que no le diga nada a su padre. Al principio se negó, pero sus ganas y su emoción la hicieron recapacitar y accedió dándome las gracias con un beso acompañado de un fogoso abrazo, abrazo que al realizarlo me permitió sentir esas tetas sobre mi pecho. A esta altura y para ser sinceros mis esfuerzos por dejar de ver a Majo como esa mujer sensual y hermosa eran absolutamente en vano. Majo me gustaba, era una realidad, pero nada iba a hacer para intentar seducirla.

Al día siguiente cerramos todo en la inmobiliaria, una semana después Majo habitaba el departamento y yo me sentía más aliviado, por un lado había ayudado a Pedro y a Majo y por otro lado no tendría que seguir viendo a Majo todos los días, eso era positivo porque cada vez se me hacía más difícil no sentirme atraído por ella, por su simpleza, por su cuerpo, por su simpatía y por su desenfreno adolescente.

Le dije que cualquier inconveniente podía contar conmigo, le dejé mis teléfonos y hasta mi mail por cualquier cosa. Y fue precisamente el mail el que me trajo noticias de Majo, casi un mes después de nuestro último encuentro. En ese mail me contaba lo bien que se estaba adaptando a Buenos Aires y a su facultad, aunque también me decía que muchas veces se sentía sola, sobre todo al regresar por las noches de la facultad.

Demás está decir lo que pensé sobre ese comentario. A ese mail lo sucedieron otro y otro más, casi a diario empecé a tener un reporte de sus cosas, de sus enojos y de sus alegrías. El contacto que en un momento pensé que iba a ser nulo se convirtió en algo diario y cibernético. Los extensos mails empezaron a venir acompañados de fotos, un día me mandó uno en el que me comentaba que tenía el casamiento de una vieja amiga de su infancia…

Me envió dos fotos con dos atuendos distintos, preguntándome cual me parecía más apropiado para esa noche, realmente al ver esas fotos me quedé fascinado, en la primera foto tenía una pollera oscura ajustada al cuerpo y una camisa de un tono claro lo suficientemente escotada como para que entre en erupción cualquier volcán, en la segunda foto se la veía con un vestido negro, más  fino y sutil, pero igual de seductor.

En lugar de contestarle el mail, decidí llamarla, le dije que los dos le quedaban igual de hermosos, así que fuera cual fuera su elección de seguro se robaría todas las miradas de la noche, la escuché reírse al terminar de decirle eso, acompañó la risa con un gracias y me dijo, Con robarte la mirada a vos me quedo conforme, reí nervioso ante su comentario e intenté cambiar de tema preguntándole donde era la fiesta, aunque su frase me había movilizado.

Me dijo que era en Ramos Mejía el sábado al mediodía, que iría con un remis y que intentaría volver de la misma manera. La tentación fue la suficiente como para que no hiciera nada por resistirme… Si querés cuando esté por terminar la fiesta llámame, el sábado voy a pasar el día en una quinta y voy a estar cerca, si cuando termines todavía estoy por ahí te traigo, ¡Buenísimo! Fue su respuesta y nos despedimos.  Al terminar de hablar con Majo me convencí que si ella quería lo mismo que yo, no iba a hacer nada para evitarlo, es cierto, era la hija de un amigo, pero también era una mujer que me atraía mucho y al fin de cuentas, portarse un poco mal de vez en cuando no está nada mal.

Eran las cuatro y pico de la tarde del sábado cuando me sonó el celular por primera, era Majo…

– Joaquín, ¡esto es un embole! – ¿Pero qué pasó? ¿Cómo un embole? – Si, conozco a re poca gente, me voy a ir ya. – Pásame la dirección y te paso a buscar.

Dejé de lado el partido de truco y me fui a buscarla, yo no estaba muy presentable que digamos, tenía unos bermudas, unas ojotas y una remera. Llegué veinte minutos después de haber cortado con Majo, la llamé al celular y salió, había elegido la pollera y la camisa, mientras cruzaba hacia el auto subida a un par de zapatos con unos interesantes tacos me di cuenta lo mucho que me calentaba, quería cogerla, tenerla para mí, disfrutar de ella y darle todo el placer posible. Se subió al auto, le pedí disculpas por mi facha, se sonrió y dijo que estaba lindo, me voy a poner colorado le dije y nos reímos juntos.

Pasamos un rato en silencio, Majo se sacó los zapatos y no pude evitar mirarle las piernas, ella se dio cuenta y me dejó verlas, no había mucho más  para decir, paré el auto unas cuadras antes de subir a la autopista, Majo me miró y nos besamos, nos besamos mucho, nos tocamos, estábamos muy calientes y nuestras manos empezaron a actuar, mientras ella jugaba con sus manos subiendo hasta mi entrepierna yo acariciaba su cintura, su cadera, sintiendo la suavidad de esa pollera, sintiendo sus curvas, decidí parar, nos merecíamos algo más  que un polvo en un auto.

Decidimos ir a su departamento, según Majo, ya era hora de –estrenarlo- llegamos casi media hora después, calientes, excitados por el deseo que nos teníamos, por las caricias y los besos que nos regalamos en cada semáforo, en uno de ellos le acaricié las tetas, tenía los pezones duros, enormes, tanto que la camisa que llevaba no podía ocultarlos…

Entramos al departamento envueltos en nuestros brazos y poseídos por nuestras bocas, por nuestro inmenso deseo, mientras la besaba hice que la camisita de Majo la abandonara, sus tetas impresionaban, eran hermosas, grandes… increíbles, mis manos las liberaron del corpiño que las decoraba, mis besos bajaban por su cuello mientras Majo me sacaba mi remera, llegué a ese par de tetas de ensueño y no pude más  que chuparlas, besarlas, comerlas… me volvían loco y sentir a Majo gemir mientras se las chupaba no hacía otra cosa que darme más  ganas de chupárselas, más  ganas de tener esas tetas siempre para mí.

Volví a besarla y Majo que se veía increíble con el pecho desnudo y la pollera tapando lo único que me faltaba descubrir, decidió tomar las riendas, con su mano desabrochó mis bermudas, las dejó caer, después muy sensualmente, mirándome bajo mi ropa interior, la miré fijo y le dije -termina de ponerla dura…- y ella, obediente y deseosa se puso mi pija en su boca, la chupó suavemente primero, era increíble sentir como iba creciendo mi pija adentro de la boca de Majo, verla chupando con esas tetas enormes colgando era algo increíble.  ¿Te gusta? Preguntó Majo sin sacar mi pija de su boca, Me encanta fue mi respuesta entrecortada y ella aumentó el ritmo, con su mano derecha me agarraba la pija desde el tronco y su cabeza se movía a un ritmo infernal, agárrate las tetas le pedí y con su otra mano se acariciaba los pezones, Así putita… grité en medio de la locura que esa nena me estaba produciendo con su boca.

Se incorporó, le terminé de sacar la ropa, bajé el cierre de su pollera, la dejé caer al suelo mientras nos besábamos, tenía una bombachita hermosa, tipo culote, le hacía una cola tan linda… se la saqué lentamente, mientras se la sacaba acaricié su conchita y mis dedos salieron húmedos, fue imposible resistirme. La acosté sobre un sillón, le separé las piernas y me hundí en su concha, mi lengua desesperada hizo su trabajo y los gemidos de Majo me lo agradecían, después, a mi lengua se sumaron mis dedos, no pares rogaba Majo, más, pedía entre gemidos, yo quería hacerla volar, chupé hasta sentir como se contorsionaba de placer, sentí su orgasmo en mi boca, su cuerpo tembló y eso me puso más caliente aún.

Vení acá me dijo, tomando con una de sus manos su entrepierna y abriendo su concha, me puse arriba de ella, sentir mi pija entrando en ella fue sublime, empecé a darle, suavemente acariciando con mis manos su cuerpo, besándola, alternando su boca con sus tetas, era imposible no volver a chupar esas tetas, era sentir el cielo chupárselas mientras me la cogía. Más  me pedía, más  le daba, estuve un buen rato así, dándole pija, llenándole toda esa conchita increíble…

Me decía al oído lo caliente que estaba, me pedía que la coja fuerte, me volvía loco hablándome así, era boca sucia la pendeja y me volvía loco… increíblemente loco. Me dijo que iba a acabarme a los gritos, le pregunté si quería mi leche y gritó un ¡siiiiiii! largo y profundo. Dame leche por favor, me rogó la muy puta. Le di un poco más y juntos explotamos en un orgasmo increíble, sentir mi pija descargar una gran cantidad de leche en su conchita fue maravilloso.

Los dos agitados y repletos de placer nos quedamos en silencio unos minutos, nos levantamos del sillón y nos fuimos a su cama, nos acostamos y nos dormimos, cuando me desperté Majo no estaba a mi lado, la llamé y apareció en la habitación, desnuda, hermosa, sensual y con ganas de más… sin decir palabra se subió arriba mío, nos besamos, volví a chuparle esas tetas únicas, ella me apoyaba su concha contra mi pija que no dudó en crecer.

Cuando la tuve bien dura, Majo llevó una de sus manos hacia atrás, me agarró la pija y se la puso en la entrada de su conchita, entró suave, pero firme, se sentó literalmente en mi pija y me cabalgó con furia, sus tetas volaban delante de mí, saltaban ante mis ojos, las chupé, las mordí, le agarré los pezones con mis dedos, la volví loca, unos quince minutos después acabó, yo estaba en llamas, quería acabar, le pedí que me saque la leche y ella increíblemente sensual y puta a la vez me agarró la pija y me la chupó…

Cuando estaba por acabar, me dijo lo que más loco me volvió aquella tarde, acábame en las tetas, ¡dame la lechita por favor! Sacó la pija de su boca y me pajeó hasta que mi leche saltó y se derramó sobre sus pechos, sobre esos increíbles pechos, esa nena me llenó de placer, agarró una de sus tetas y se la chupó, era el placer en extremo verla  tomándose mi leche de sus tetas, fue el orgasmo más  hermoso de mis últimos años.

Espero que les guste, cualquier comentario pueden hacerlo.

Majo, espero te guste, Joaquín.

Autor: Joaquín

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Amanecer del año nuevo a puro sexo

Ella comenzó a bajar y metérsela, comenzó a introducirlo más, se agachó y se le salió un poco, volvió a enderezarse e introducirlo, comenzó a subir y bajar lentamente hasta que terminó cabalgando fuertemente, yo mientras tanto le había metido mi mano en la vagina y la masturbaba notando como salían torrentes de sus jugos. Cabalgó hasta que sintió el semen caliente en su culo.

Estimados amigos, anoche he estado chateando con un amigo y me dio ánimos para que les contara como terminó la primera madrugada del año nuevo. Como ustedes abran leído en mi relato anterior, recibí el comienzo del año en un hotel alojamiento, con un amigo disfrutando de una hermosa noche de sexo, lo que me había quedado pendiente era contarles que pasó luego con la chica que nos trajo el champagne a la habitación.

Cuando ella llamó, no recuerdo a que hora fue, él le abrió la puerta como yo lo  había hecho antes, totalmente desnudo, asomó la cabeza para ver quien era y al verla le abrió para que pasara, traía un balde con hielo y una botella de champagne y además una bandeja con un pan dulce cortado en rodajas. Esto en un obsequio de la casa nos dijo. Depositó todo sobre una mesita y yo le agradecí lo que traía dándole un beso en los labios, en esos instantes salió mi amigo del baño al cual había entrado para higienizarse, ella no pudo evitar mirar el hermoso miembro que tiene, que a pesar de tenerlo en esos momentos un poco flojo, se le notaba que tenía un lindo tamaño.

El se acercó y le dio un suave beso en la mejilla, deseándole un buen año, seguidamente las dos nos sentamos en el borde de la cama y él lo hizo en una silla delante nuestro, abrió la botella y sirvió los vasos, ella solo había traído uno ya que había traído dos anteriormente. Comenzamos a charlar y nos enteramos que la chica tenía 40 años (aunque no los aparentaba), que tenía un hijo de 18 y que estaba separada desde hacía muchos años, nos contó que su hijo vivía con los abuelos y como no tenía familia cerca, al estar sola el fin de año, aprovechó para trabajar y ganarse unas extras.
La chica al recordar a su familia comenzó a lagrimear e hizo un ademán como para levantarse e irse, le pedimos que se quedara un rato más, que comprendíamos el momento que estaba pasando y que no perdiera la esperanza de encontrar al hombre de su vida.

En esos momentos mi amigo se había parado al lado mío y tenía su mano apoyada en mi hombro, yo lo tenía agarrado por la cintura con su hermoso miembro a pocos centímetros de mi cara, ella me dio un beso agradeciendo lo que le habíamos dicho y al acercarse vio muy de cerca el hermoso pene a pesar de que la luz de la habitación era tenue, yo había metido mi mano desde atrás por entre sus piernas y le estaba acariciando los huevos, cosa que había hecho crecer su pene. Ella lo observó apoyada en mi hombro y le pregunté cuanto hacía que no tenía algo así, ella contestó con un suspiro que hacía mucho tiempo que no tenía relaciones sexuales, que muchas veces al ver a hombres que ingresaban al hotel e imaginarse lo que harían con las mujeres que los acompañaban, se había metido en el baño para calmarse.

Solté a mi amigo y le pedí que se parara, al verla frente a nosotros le dije que era una tonta, que tenía un lindo cuerpo y que no tenía que desperdiciar su vida por un fracaso matrimonial, notamos que el delantal que tenía nos dejaba ver un lindo par de piernas y se lo dijimos, ella nos agradeció con una sonrisa, me levanté y le desabroché el delantal diciéndole que estaba toda transpirada y que se pusiera más cómoda, se dejó hacer, le saqué el delantal y vimos que tenía unos lindos pechos sujetos por un corpiño y un culote, me le puse detrás y le desabroché el corpiño cayendo al piso, luego le bajé el culote levantando ella los pies para que se lo pudiera sacar.

Mi amigo que se había acostado en la cama, nos miraba sonriente ya con su pene bastante duro, al ponerme frente a ella vi que tenía unos pezones hermosos de más de un centímetro, sus pechos eran un poco más grandes que los míos, bastante firmes y al mirar hacia abajo, observé que tenía un lindo matorral sobre su conchita.

Se lo acaricié y noté que estaba toda mojada, se lo comenté y me contestó que había transpirado mucho y que no había tenido tiempo de darse una ducha, bueno entonces vamos a la ducha, le agarré la mano y nos fuimos las dos hacia el baño. Comenzamos a enjabonarnos mutuamente y me confesó que era la primera vez que hacía una cosa así con una mujer, yo le enjaboné toda la entrepierna y le acaricié la conchita escuchando de ella leves gemidos de placer.

Ella repetía todo lo que yo le hacía, en un momento al quedar frente a ella, la agarré por el cuello y acerqué su cara a la mía dándole un profundo beso de lengua a lo que ella me respondió de la misma manera, eso parece que terminó de descongelarla, se agachó y me besó la vagina acariciándome toda.

Seguidamente nos secamos y salimos del baño dirigiéndonos a la cama donde mi amigo que había visto todo a través de la puerta que habíamos dejado abierta y ayudado por los espejos que rodeaban a la habitación, nos esperaba sonriente y con su pene bastante duro. La acostamos entre medio de los dos y comenzamos a atenderla como correspondía a una invitada, comenzamos por sus pechos, luego me dirigí hacia su conchita, mi amigo le acercó el pene, ella se lo agarró y comenzó a acariciarlo suavemente sin dejarlo de mirar, fue acercando su cara y comenzó a besarlo todo hasta que finalmente se lo introdujo en la boca y comenzó a chuparlo frenéticamente.

Mientras tanto yo me había metido entre sus piernas y le estaba dando una linda lamida a su conchita sintiendo como comenzaba a salir una hermosa oleada de flujos de su interior, parecía que no acababa nunca de gozar. Mi amigo le avisó que si seguía mamándosela de esa manera le acabaría en la boca, ella lo soltó y le pidió disculpas, se puso un forro y se puso delante de ella, le abrió las piernas, se las levantó sobre sus hombros y acariciándola la comenzó a coger lindo, yo me puse casi sentada a su costado cerca de su cara y le di un beso, luego comencé a chuparle las lindas tetas que tenía, ella me metió dos dedos en mi conchita que estaba totalmente mojada; al rato se los llevó a la boca para sentir mi perfume, comenzó a gemir cada vez más hasta que en un grito comenzó a tener un orgasmo que según ella había sido el mejor de su vida. Mi amigo siguió bombeando en su interior hasta que se descargó totalmente, luego se subió sobre ella arrodillándose sobre sus pechos y descargó el forro y ella con sus manos lo desparramó por sus pechos y se lamió los dedos sintiendo el sabor de él.

Nos dio un profundo beso a los dos y nos agradeció la forma en que la tratamos el primer día del año. Mi amigo que todavía estaba arrodillado sobre ella, me miró sonriente y yo entendí lo que quería, acerqué mi boca a su miembro y comencé a mamarlo sintiendo la mano de la chica que me acariciaba la cola y mi conchita desde atrás, cuando la tuvo dura, él se acostó de espaldas, me le monté también de espaldas, metiéndome su verga en mi vagina y cabalgando un rato mojándosela toda, la saqué y él la agarró manteniéndola parada. Me fui sentando lentamente metiéndomela por atrás, cuando la tenía casi toda dentro me recosté hacia atrás acariciándome la conchita. La chica al ver esto se puso entre mis piernas y abrió los labios de mi vagina y comenzó a lamerla hasta yo tener un orgasmo enorme, no paraba de saborear mis jugos, ella llenaba su boca y los desparramaba sobre sus pechos.

Mi amigo mientras tanto trataba de bombear su pene dentro de mi culo dado que por la forma en que yo me había acostado sobre él lo limitaba bastante, le pregunté a la chica si alguna vez lo había probado por atrás y me contestó que su ex marido lo había hecho de una forma brutal y que la había lastimado mucho, debiendo ir a ver luego a una doctora para que la curara.

Le ofrecí probar y que ella controlara la entrada, dudó un poco y luego dirigiéndose al delantal sacó un pequeño sobre de gel de los que les dan a los clientes, me pidió que le pusiera un poco y luego se sentó mirando a la cara a mi amigo, le sostuve el pene y ella comenzó muy despacio a bajar y metérsela, estuvo un buen rato para que le entrara la cabeza y luego muy lento comenzó a introducirlo más, en un momento se agachó hacia delante y se le salió un poco, se quedó unos instantes quieta y luego volvió a enderezarse e introducirlo más, se lo metió más de la mitad.

Comenzó a subir y bajar lentamente hasta que terminó cabalgando fuertemente, yo mientras tanto le había metido mi mano en la vagina y la masturbaba notando como salían torrentes de sus jugos.

Cabalgó hasta que sintió el semen caliente en su culo, se quedó quieta un largo rato y luego lo fue sacando muy despacio. Nos quedamos acostados los tres abrazados con ella en el centro y nos comentó lo lindo que la estaba pasando con nosotros, que sería un comienzo de año muy bueno si todo continuaba de la misma manera. Seguidamente nos dijo que tenía que irse dado que le habían pedido a su compañera que la reemplazara por un rato y ya había pasado mucho tiempo.

Nos dirigimos los tres hacia el baño y nos dimos una ducha juntos, la secamos y la acompañamos a la puerta, antes de salir nos dio su teléfono y nos pidió que la llamáramos cuando quisiéramos, que nos recordaría toda la vida. Nosotros volvimos a la cama y nos abrazamos exhaustos por la forma en que habíamos cogido. Personalmente nunca me había imaginado que el primer día del año estaría en un hotel alojamiento disfrutando de un trío con una mujer desconocida.

Alrededor de las ocho de la mañana, salimos de la habitación y nos dirigimos a la cochera, encontrando a la chica que ya había terminado su turno de trabajo, le ofrecimos llevarla, aceptó, al salir antes de llegar a su casa, paramos en una estación de servicio y nos tomamos un buen desayuno para reponer las energías perdidas.

Autora: Ansiosa

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El futbolista y Priscila

Después de gozar  su verga,  pidió sentarme en su pene lo cual hice,  mirándolo cabalgué sobre su verga mientras él chupaba mis pechos. Me mordía toda, me  meneaba  rápido  metiéndome y sacándome  su verga. Sus ojos se ponían chinos  de placer, no soportó, dio un mordisco en mis pechos. Sentí fluidos  dentro de mí. Llenó toda mi cavidad  con su rica lechada.

Hola soy Priscila una linda travestí de 22 años,  peruana, actualmente radico  en Buenos Aires, Argentina. Esto me sucedió cuando fui de vacaciones  a Lima, Perú, cada visita  a Lima suelo visitar muy seguido a unos amigos que viven a 45 minutos de  mi casa (un distrito conocido)

La urbanización tiene casas muy lindas, pero todo el lugar está enrejado. Cuando llego el vigilante siempre me abre la puerta, a  dos casas de llegar  donde mis amigos, vi un moreno de 1.84 cm., cabello rizado, ojos claros, cuerpo atlético,  estaba sentado  escuchando música. Pasé toda sexy con una minifalda chiquita  una remera traslúcida, y mi cabello rubio que jugaba con el viento, el moreno me miró lanzándome silbidos ¡mamacita que ricas estás! Dijo  no hice caso.

Días después volví a pasar, hacia mucho calor, el moreno estaba sentado refrescándose. Estaba sin remera, llevaba puesto solo un short, no dejé de mirar como ese pedacito de  tela presionaba marcando su semejante verga. De pronto se acercó con una cerveza diciéndome: ¿Aceptas un vastito? Respondí no puedo…Seguí mi camino. Parecía  molestarle mi negativa al  insistente moreno, muchas veces al pasar me decía cosas lindas ¡mamacita vas a ser mía! le mostraba una sonrisa, no podía olvidar su cuerpo imaginándolo en short.

Llegó el cumpleaños de mi amiga, esa noche me puse más linda que nunca pensando ver al moreno, me puse  un vestido blanco traslúcido dejando todo a la imaginación. Cuando llegué a la fiesta vaya suerte, no estaba el moreno, Salí cada momento para verlo pero nada, solo sentí una sombra mirándome desde  su segundo piso.

Tres y media de la madrugada debía retirarme,  fui en busca de un taxi, estaba triste por no  verlo. Caminando rumbo al paradero un auto deportivo color plata me cierra el paso. Una voz me dijo ¡por favor linda sube, te llevo! Quedé sorprendida, era el moreno, respondí
¡Yo vivo lejos!  ¡No importa sube igual te llevo!

Subí al auto que estaba lleno de pura indumentaria deportiva, hablamos  bastante, me dijo que le gustaba mucho, tenía un deseo enorme de hacerme el amor, me invitó a su casa para conocernos más, cuando llegamos temía por su familia felizmente no había nadie. Una vez en su casa sacó latas de cerveza, brindamos, hablamos de todo, bromeamos. Habían muchas fotos del jugando fútbol, sorpresa, es futbolista delantero de un clásico e importante club peruano.

Las copas nos embriagaron un poco, me besó tiernamente…No espero más, me bajó el escote del vestido, acarició mis senos para después lamerlos, chuparlos desesperado. El moreno estaba totalmente excitado, mirándome me dijo, te hare cosas bien ricas, pero nunca cuentes esto, menos menciones mi nombre.

Me sentí ofendida traté de marcharme, pero en la puerta me sujetó fuerte diciéndome. ¡No te vayas perdóname discúlpame soy un tonto! Parecía un bebe sin juguete, estaba decidida a irme. Rápidamente se saco la remera, al descuido me cargo, ya camino a su cama sentí rozar en mis caderas un tronco enorme.

No esperé más, una vez  echados en la cama, saqué su hermoso pene,  mide 24 cm., wow…Casi me desmayo, quede sorprendida  en mi vida vi un pene tan grande. El moreno se volvió loco, me mordía toda, mis pechos, nalgas, cuello, labios. Recorría  todo mi cuerpo con su lengua exquisita, sus ojos le brillaban no pudo más  ¡por favor chúpala! Lo complací  pero antes froté su pene sobre mis pechos sin cesar. Luego mamé su verga como un chupetín, mi moreno  no soportó tanto placer, gemía suspiraba… en eso sujetó fuerte mi cabello, pegó un grito, sentí como estallaban chorros de semen dentro de mi boca.

Nos recostamos en la cama llenos de felicidad,  él tras mío acariciándome, besándome, sobando en mis nalgas su pene que aun seguía duro. Sentí sus dedos húmedos de saliva dentro de mí, ingenioso el moreno. Después mis nalgas parecían quebrarse  cuado reacciono el futbolista moreno estaba perforándome, su pene de 24 cm  me dolía mucho,  sentí  como entraba desgarrándome toda.

Que delicia, se tiró sobre mi jalándome al filo de la cama,   lo metía, sacaba violentamente, era un salvaje, no tenía piedad, mi recompensa era verlo gozar. Me decía ¡nunca  en su vida gozo el sexo como lo goza conmigo!

Simplemente fue maravilloso  ver a través del espejo menear su cuerpo, sus  nalgas  sobre  mí. Metiendo y sacando su verga de mi huequito.

Era un placer verlo coger su pene para ponerlo en mi cavidad Mmmmmmmmm…Después de gozar  su verga,  pidió sentarme en su pene lo cual hice,  mirándolo cabalgué sobre su verga   mientras él chupaba mis pechos.

Me mordía toda, me  meneaba  rápido  metiéndome y sacándome  su verga. Sus ojos se ponían chinos de placer, no soportó, dio un mordisco en mis pechos. Sentí fluidos  dentro de mí. Llenó toda mi cavidad  con su rica lechada…

Me quedó mirando a los ojos  besándome me dijo ¡Nunca me dejes, quédate conmigo!

Salimos en su auto llevándome a una casa de playa al sur de Lima, lo pasamos hermoso, iniciamos un lindo romance, Me trataba como una reina complaciéndome en todo.  Esta historia de amor duró hasta saber que es casado.

Por respeto y amor a él decidí alejarme de su vida,  volví a Buenos Aires, lugar donde radico, me comunico con él por  MSN,  me pide que vuelva. Pero es tarde, solo somos grandes amigos.

Desde lo vivido no volví más a Lima hasta el día de hoy.

Autora: Priscila

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