En un bosque de Jalapa

La estuve mamando casi 20 minutos, me dolía la mandíbula, hasta que me dijo, A ver, párate, me pegó hacia un árbol y me dijo abrázalo, abracé el tronco del árbol y se puso atrás metiéndome la verga, empezó a cogerme empujándome y raspándome contra la corteza del árbol, en unos minutos se vino dentro de mi.

Esta historia es una de muchas veces que he ido al bosque a masturbarme.

Me gustaba mucho ser exhibicionista cuando quería ir a masturbarme, me iba la playa o a algún bosque cercano y me desnudada, escondía mi ropa y caminaba hasta encontrar algún lugar especial, me la jalaba y regresaba, a vestirme y terminaba mi diversión.

Pues un día de esos fui a comprarme al súper unos dildos caseros, me compré unas calabazas enormes en la punta,  muy anchas,  y más delgadas en el rabo,  medían como 20 cms.,  también compré vaselina,  cremita y me fui a Jalapa a una carretera donde hay un bosque padrísimo, estacioné el coche, me puse unos shorts blancos chiquitos y pegados sin calzones y una camiseta, me dirigí hacia el bosque y después de caminar un rato empecé a oír agua de algún riachuelo así que seguí al ruido del agua y ahí me desnudé y escondí mi ropa, me acosté en el suelo, me embarré vaselina y crema en el culo metiendo los dedos dentro, y empecé a probar las calabazas metiéndolas en mi culo poco a poco pues estaban enormes, sacaba una y me metía la que seguía de tamaño, agrandando cada vez la entrada de mi ano,  hasta que probé la más grande, medía unos 8 o 10 con de ancho, y unos 20 o más de largo,  me dolió todo pero cuando entró se sentía delicioso, quedaba afuera de mi culo el rabo, me paré y en cada paso sentía delicioso como rozaba mis nalgas.

Siempre me pongo como tareas o castigos de caminar hasta que vea alguna gente o encuentre un camino, o lo que se me ocurra, esa vez me dije que hasta que no encontrara a alguien no pararía de caminar, onda Forest Gump, pues así me fui caminando desnudo y no veía a nadie, pasaron como dos horas sintiendo en cada paso como se movía aquel chipote metido en mi culo, del cual ya me había acostumbrado, pero se seguía sintiendo delicioso, en eso empezó a llover, primero suave y luego una tormenta, parecía que estaba abajo de una regadera de presión, el camino se convirtió en lodo y me resbalé varias veces, se quitó la lluvia de repente pero estaba todo embarrado de lodo y seguía yo en mi tarea de ver a alguna persona para poder regresarme, y masturbarme a gusto, pues iba caminando y en eso detrás de mi dos tipos que ni siquiera llegué a oír.

Montados a caballo se me acercaron, y me dijeron que hacía, que eso estaba muy mal, se bajó uno y se asomó por mis nalgas, pues se veía el pedazo de rabo de la calabaza, traía un machete en la mano y me preguntó que traía ahí metido, con muchísimo miedo y pena le inventé que estaba haciendo una promesa, de ir desnudo por el bosque con una calabaza metida en el culo, pero que ya había terminado, fue a dejar su machete a su caballo y yo salí corriendo, pero el que estaba montado me alcanzó y se me puso enfrente con el caballo y me alcanzó el otro a pie,  me dijo que me quitara esa cosa del culo, y obedecí.

La saqué y salieron muchos líquidos como babas con algo de sangre, aventé la calabaza lejos y él fue a recogerla y me dijo, A ver agáchate, y así llena de tierra y piedritas que traía pegadas la puso en mi entrada y la empezó a meter, hasta que volvió a entrar, te gustan estas mariconadas, pinche puto, le dije que sí, pero que era una promesa que tenía que cumplir, ah, que bien, me dijo:

A ver agáchate –para que sea una promesa tiene que doler, y me empezó a azotar las nalgas y me metía toda la calabaza con los golpes hasta que volvía a salir y me pegaba de nuevo en medio para que entrara otra vez y así estuvo un buen rato hasta que me dijo, A ver, dame una mamada, y se empezó a sacar la verga,  me hinqué y me la metí a la boca, olía a meados yo creo que tenía una semana de no bañarse casi me vomitaba.

Me empezó a mover la cabeza y no me quedó otra que aguantar, en eso se salió la calabaza, pues en la posición que estaba hincado la botó mi culo solita, tenía las nalgas ardiendo de aquellos azotes, se la estuve mamando casi 20 minutos, me dolía la mandíbula, hasta que me dijo, A ver, párate, me pegó hacia un árbol y me dijo abrázalo, abracé el tronco del árbol y se puso atrás metiéndome la verga, empezó a cogerme empujándome y raspándome contra la corteza del árbol, en unos minutos se vino dentro de mi, el otro se quedó sentado en el caballo observando, y me dijo, Quédate así abrazado del árbol por un rato,  quiero ver como te salen los mecos de tus nalgas.

Empezó a escurrir y se subió a su caballo,  me dijo, A ver cuando te das otra vueltecita por acá,  y se fueron, cuando reaccioné, no sabía para donde caminar de regreso, empecé a caminar y a pensar que en verdad yo estaba loco, lo que hacía en verdad era locura o calentura, caminé cerca de dos horas  buscando el arroyo y no lo encontraba.

Ya eran como las seis de la tarde y me asustaba que me agarrara la noche, en eso oí un camión y me dirigí a ese rumbo, era la carretera, así que me fui siguiendo desde dentro del bosque la orilla de la carretera, hasta que a lo lejos vi mi coche, pero había otros coches juntos también,  me acordé por donde estaba el arroyo para recoger mi ropa y se oían risas,  así que me fui escondiendo con cuidado a ver si podía ver a alguien,  hasta que vi que eran varios chavos con sus novias.

Estaban en brasier y ellos en calzones se habían metido al río y se les transparentaba todo, estaban todos mojados temblando de frío, traían vasos en las manos y me supuse que estaban tomando, casi era de noche y mi ropa estaba justo al lado de ellos, atrás de unas piedras, en eso una de ellas volteó y me vio y les dijo a los demás,  voltearon todos y yo me escondí, cuando me asomé otra vez vi que iban corriendo con sus ropas en las manos camino hacia sus coches.

Corrí por mi ropa y me puse mi short y mi camiseta, recogí las llaves del coche, esperé a que se fueran ya casi estaba oscuro,  cuando llegué al coche vi que había una botella de ron en el suelo así que la recogí y le di unos buenos tragos, ¿que andaba yo haciendo?…pero que rico…

Autor: pepon2009

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Mi vecina Elvira

Comenzó a mover el culito muy suavemente yo le acariciaba los pezones, le masajeaba sus durísimas tetas con una mano la otra en ningún momento dejó de acariciar su coñito, mi polla comenzó a deslizarse por el agujero de su ano como un pistón, el calor y la suavidad que se sentía eran increíbles, era imposible sentir más placer, ella aullaba de gusto y yo resoplaba como un caballo.

Esta es una historia totalmente real. Mi nombre es Ricardo y la historia se remonta a mis 18 años, con esa edad yo ya era una especie de bicho raro, no es que fuese alto, era más bien bajo aunque bastante fornido, medía 1,68, las niñas decían que era feo, pero… nunca desagradable, siempre fui muy despierto y con facilidad de palabra lo cual solía conquistar pues también me las daba de graciosillo, se preguntarán… ¿Entonces a que viene lo del bicho raro? Pues bien, mi polla ya medía 20 cm. de largo y 5 de diámetro, era la más grande de mi grupo de colegas y me consta que medio barrio y alrededores conocían de oídas mi atributo, alguna niña de vista y alguna otra de tacto aparte de la vista. Vivíamos en un barrio donde las casas eran unifamiliares y chalecitos adosados, sin ser de ricos, si, se vivía bastante bien. Yo vivía en un chalet adosado y en el de al lado vivía un matrimonio bastante joven, Elvira tenía 32 años y Rafael (Rafa para los amigos) 33, él era Capitán de la marina mercante en un barco de la Trasmediterránea por lo cual solo estaba en casa cuando le daban vacaciones y eso era cada seis meses.

Elvira era una mujer escultural, tendría una altura de 1,72 aproximadamente, muy morena con un pelo color caoba brillante, ojos intensamente azules que resaltaban enormemente por lo oscuro de su piel, la naricilla respingona y unos labios carnosos y sonrosados, el cuello largo y unido a el un tronco espectacular, unos pechos talla 100/105 a continuación una cinturita de 65 aproximadamente seguido de unas caderas y un culo de muerte, sus caderas acompañadas del culito medirían no menos de 96 y para terminar el conjunto sus piernas no tenían desperdicio en absoluto, largas… larguísimas, torneaditas, preciosas.

Total, un conjunto de infarto, una chica risueña y muy jovial por añadidura muy amiga de mi madre y el objetivo final de mis pajas, la muy zorra siempre se metía conmigo y si podía pasaba su mano sobre mi paquete riéndose y diciéndome que sabía que en ese lugar existía una especie de tesoro que algún día ella tendría que descubrir, cuando Elvira me hacía eso la paja la tenía que hacer de inmediato o estallaba.

La historia comienza un buen día, en vacaciones de Semana Santa, estando desayunando mamá me dice si al terminar me podría acercar a casa de Elvira, ella tenía un problema con su equipo de música y unas lámparas (Con 18 años yo era tremendamente mañoso y me encantaba la electrónica) En principio protesté, mis amigos y yo teníamos programado un partido de fútbol y mamaá empezó a enfadarse conmigo y al final me amenazó o le hacía ese favor o me suspendía la paga del fin de semana, ante eso y refunfuñando me dirigí a casa de Elvira.

Mi cabreo desapareció en cuanto ella me abrió la puerta. Vestía un camisón muy fino y sobre él una batita haciendo juego, estaba divina, me la quedé mirando con la boca abierta y ella partiéndose de risa me dice…

¿Qué pasa chico? ¿Es que nunca viste a una mujer en ropa de casa en tu vida? He dicho antes que tengo bastante facilidad de palabra y a pesar de estar embobado supe reaccionar… Por supuesto que sí… a mi madre, pero no es para comparar contigo Elvirita, estas tan guapa… en mi vida he visto a una mujer más linda y tan de mañanita… Venga zalamero, acabo de levantarme de cama y tengo que estar horrible. Te juro que estás guapísima Elvira, si tuviera algunos años más tu marido tendría que preocuparse.

Elvira se me quedó mirando… como pensativa, en sus labios bailaba una especie de sonrisilla maliciosa y sus ojos brillaban más que nunca, me ordenó pasar y me codujo al lugar donde tenía el equipo de música, el problema que tenía era muy sencillo de solucionar, solo era el enchufe pero a mi ya solo me importaba estar con ella el mayor tiempo posible, no me cansaba de mirarla.

Oye Ricardito si la cosa es complicada me importa mucho más que trates de repararme la lámpara la necesito mucho más que al equipo de música. Bien miremos la lámpara y luego sigo con el equipo.

La lámpara tenía unos hilos fundidos debido a un corto circuito por lo cual tuve que bajarla no sin dificultad, estaba situada bastante alta, hice las sustituciones correspondientes y lo peor vino después para subirla, la escalerita era bastante corta y yo bastante bajo, entonces ella me dijo…

Tú sujeta la escalerita que no me vaya a caer, como soy más alta no tendré dificultad para colocarla.

Se subió a lo alto de la escalera y yo por poco me desmayo no tenía puesto nada debajo, su coño se veía a la perfección, mi polla comenzó a estirarse a una velocidad insospechada, ella siguió con la labor de colgar la lámpara como si nada y al descender de la escalera se fijó en el bulto tremendo que tenía en la entrepierna…

¡Vaya! Parece que viste algo interesante. (Me dijo señalando el bulto) y todo eso es por mi, estoy emocionada, nunca creí que una viejecita como yo pudiera emocionar tanto a un muchachito. Tú de vieja no tienes nada y además eres un bombón y con el espectáculo que me ofreciste no te extrañe que esto de aquí se pusiera como se puso.

Ella se me quedó mirando con una sonrisa burlona…

Venga, venga adulador ¿Quién te enseñó a tratar así a las mujeres con lo jovencito que tú eres? Bueno olvidemos estas cosas ¿Vale? ¿Quieres un refresco? Te lo tomas mientras yo me doy una ducha y me visto… ¡Ha! Y no mires por el agujero de la cerradura, que tú eres un pillín.

De tonto no tenía un pelo y la indicación la entendí perfectamente, por lo cual me acerqué a la puerta del baño tranquilamente, con la clara intención de que ella se diera perfecta cuenta de que yo estaba al otro lado, entonces ella abrió la puerta, solo tenía puesto el camisón totalmente transparente, las tetas apuntaban directamente hacia mí, los pezones totalmente erectos, se le veía un monte de venus tremendamente poblado pero muy bien depiladito por los lados y parte superior, mi polla intentaba romper el pantalón de lo tiesa que la tenía, ella me cogió de la mano y me dijo…

He pensado que podíamos ducharnos los dos juntitos y así me enjabonas la espalda ¿Qué te parece?Decía eso mientras con su mano acariciaba dulcemente mi pene sobre el pantalón, me quitó la camisa y seguidamente me sacó el pantalón mi calzoncillo parecía una carpa de circo y ella con dos dedos lo bajó un poquito, lo suficiente para que mi polla saliese disparada hacia delante, ella abrió la boca asombrada de lo que veía, no podía creerlo…

¡Menuda polla! En mi vida he visto nada semejante ¡Que maravilla!

Su mano comenzó a deslizarse por aquel tremendo palo, sus dedos acariciaban suavemente las venas que la circundaban y sobresalían como si fuesen raíces de un árbol y su boca como si fuese atraída por un imán se precipitó sobre el prepucio, este casi no le entraba en la boca pero ella la abrió al máximo y comenzó a tragársela poco apoco. Con una mano cogió la bolsa de mis cojones y sus dedos los amasaban suavemente, su otra mano tomó mí polla por el tallo y hacía subir y bajar la piel mientras su boca seguía succionando el prepucio, yo comencé a sentir un gusto infinito, puse mis dos manos sobre su cabeza y le incrusté mi polla dentro de su boca todo lo que pude, entonces comencé a correrme, la leche salía borbotones y en tanta cantidad que por poco se ahoga, con dificultad fue capaz de soltarse y retirar su boca, mi polla seguía escupiendo leche por toda su cara y pelo.

¡Que barbaridad, que manantial de leche, esto es increíble! Exclamó ella ¿Cuánto tiempo hacía que no te corrías cielo? Mientras con la punta de su lengua se relamía los goterones que tenía sobre los labios, mi polla seguía tiesa como un palo de béisbol ella se puso de espaldas a mí colocó sus manos sobre el borde de la bañera y sin molestarse a quitarse el camisón me pidió que se la metiera… pero despacito porque si no le haría daño yo fui obediente y coloqué, la cabezota de mi nabo en la entrada de aquella gruta caliente y como estaba tremendamente excitada y muy mojada comenzó a penetrar en su interior en principio con alguna dificultad pero en cuanto pasó la cabeza lo demás fue como coser y cantar entró hasta el mismísimo fondo, cuando mis cojones tocaron su culo ella no lo podía creer, pasó una mano por abajo y tocó mis cojones como para comprobar que era cierto…

Muévete despacito cariño, no te precipites, déjame sentir esa enorme verga en mi interior.

Decía eso moviendo el culo con una sensualidad tremenda, yo alargué mis manos y cogí sus hermosas tetas sobre el camisón, tenía los pezones a punto de estallar de lo tiesos y duros que los tenía, con las palmas de las manos amasaba sus tetas mientras mis dedos oprimían rítmicamente sus pezones, ella comenzó a aumentar el movimiento rítmico de su culo y caderas y a mí me comenzaron a dar calambres por todo el cuerpo, mis cojones parecía que habían entrado en ebullición, comencé un mete saca desenfrenado y comencé a llenarle la vagina de semen justo en ese momento ella lanzó un grito que se debió escuchar en la calle, su culo se movía de una forma desenfrenada y entre alaridos de placer se corrió como nunca se había corrido en toda su vida, en cuanto nos calmamos un poco nos dimos un buen baño, me encantó lavarle su chochito, era encantador, suave y muy agradable al tacto (Era el primero que tocaba)

Ella empezó a calentarse de nuevo, me ordenó sentarme en el fondo de la bañera, colocó una pierna a mi costado y la otra sobre el borde a continuación con los dedos separó los labios de su coño y me ordenó que lamiera, en principio me dio un no se que pero en cuanto lo toque con la punta de mi lengua y aspiraba aquel agradabilísimo aroma que desprendía, coloque mis manos sobre su hermoso culo y comencé a chupárselo con verdadera devoción ¡Sabía a gloria!

Mis labios atraparon entre ellos el clítoris y ya no lo soltaron se lo chupaba y rodeaba con mi lengua, ella gemía desesperadamente, lanzó otro tremendo grito y del interior de su coño comenzó a chorrear una especie de líquido espeso y blanquecino que me dejó asombrado, estaba buenísimo y no le dejé caer ni una sola gota, mi polla estaba nuevamente a mil y se me ocurrió una idea, como ella estaba medio atontada por la tremenda corrida que había tenido la giré suavemente en la bañera, cogí el gel de baño, esparcí una buena cantidad por toda mi polla y a continuación impregné bien su culito, con una mano acariciaban suavemente su chucha, con la otra separé sus nalgas e introduje muy despacito un dedo en su ano, ella al sentirlo dio un ligero respingo pero se dejó hacer.

Ahora tenía dos de mis dedos dentro de su vagina y uno en el interior de su culito, era cuestión de empatar por lo cual le fui introduciendo poquito a poco un segundo dedo en cuanto los dos estuvieron dentro comencé una serie de movimientos con lo cual conseguí una dilatación considerable, ella tenia los ojos cerrados y con las dos manos aferrada al borde de la bañera movía el culo suavemente disfrutando enormemente del placer que mis dedos le estaban proporcionando, fui aproximando la cabezota de mi miembro a la entrada de su culito y en cuanto estuvo a tiro retiré los dedos sustituyéndolos de golpe por la cabeza de mi pene, ella lanzó un grito de dolor e intentó retirarse, como la tenía muy bien sujeta le fue imposible…

¡Sácame eso de ahí hijo puta! Me chilló ella… Por ahí soy virgen, nunca nadie me ha follado el culo. Pues ya va siendo hora, eres ya mayorcita.

Mientras decía eso iba empujando poquito a poco, ella lloraba y se quejaba que le dolía mucho pero poquito a poco se fue calmando y relajando y comenzó a mover el culito muy suavemente yo le acariciaba los pezones, le masajeaba sus durísimas tetas con una mano la otra en ningún momento dejó de acariciar su coñito que cada vez chorreaba más lo tenía totalmente empapado, mi polla comenzó a deslizarse por el agujero de su ano como si de un pistón se tratase, el calor y la suavidad que se sentía eran increíbles, era imposible sentir más placer, ella aullaba de gusto y yo resoplaba como un caballo, de pronto los dos nos arqueamos, retiré hacia atrás mi polla y de golpe se la incrusté al fondo de todo donde comenzó a salir un torrente de leche…

¡Mas! ¡Mas! ¡Rómpeme el culo, que placer! Me estoy corriendo como una burra, esto es increíble… Dame más cariñito mío, que rico es estoooooooo.

Por poco nos caímos los dos fuera de la bañera, la corrida que ambos tuvimos fue increíble, ella se cogió de mi cuello y me besó con pasión y agradecimiento, no obstante el agradecido era yo, una real hembra me había iniciado en las maravillas del sexo en todas sus variantes. Terminamos de ducharnos y al salir de su casa me dijo…

Ricardito, recuerda que mañana tienes que pasarte por mi casa para tratar de arreglarme el equipo de música ¿De acuerdo? Descuida Elvira que así lo haré, te lo arreglaré con muchísimo gusto.

A partir de ese día por una causa o por otra siempre había algo que arreglar en casa de mi vecina.

Autor: Ricardo

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Cogiendo con los electricistas

La verga de Gilmar me recordó a la de un caballo. Los dos me hacían cariños, me besaban en el rostro y lamían mi cuerpo. Gilmar se quedó de rodillas y ofreció su verga para que se la mamara. Yo como pude me la metí en la boca y se la chupé. Fernando mientras abría mis piernas, levantaba mis nalgas y metía su lengua ardiente en mi ano y yo sentí una nueva sensación y me gustó.

Esto que voy a contar aquí me sucedió un tiempo atrás cuando yo trabajaba en una hacienda de camarones. Resulta que de vez en cuando llegaban dos técnicos de la empresa de electricidad para revisar un equipo que quedaba en la hacienda y los tipos eran guapos y jóvenes que no llegaban a tener los 30 años y Fernando y Gilmar siempre andaban bien juntitos y un día vi al morocho Gilmar, darle a Fernando unos pedacitos de naranja en la boca. Eso me dejó antenado. Comenté lo que había visto con Pablo, el gerente y este me contestó. Ah, esos dos son trolos. Deben ser. Y cuando llegaron una vez a conversar con él, les dio a conocer mis observaciones y conclusiones. Yo pensé que ellos se iban a molestar por eso. Pero no. Se sonrieron y agregó uno de ellos: -somos caso y andamos buscando otro para hacer un swing. Hace días que estamos de ojo en este agrónomo aquí-, dijo Fernando, refiriéndose a mí. –Dudo mucho que René acepte hacer swing con ustedes, él no es trolo-, contestó Pablo. –Hmmmm, yo tengo mis dudas-, dijo Fernando y agregó: -Gilmar, tocale el paquete para ver si está excitado-; Gilmar obedeció y rápidamente se aproximó de mí y para mi sorpresa metió su mano en mi pantalón y enfrente de todos tocó mi verga, que estaba dormida. –Está blandita-, dijo Gilmar.

Esos tipos son locos-, yo pensé. Después de ese día los electricistas se quedaron con más confianza conmigo y me hacían bromas eróticas, como por ejemplo, apretarme las tetillas por encima de la camiseta, pasar la mano por mi bragueta, tocarme las nalgas. Debo confesar, todo eso me dejaba loco de deseo. Dejaba mi mente volar y me imaginaba cogiendo con esos dos chamacos. Y el día llegó. Fue un viernes en que el gerente de la hacienda atrasó, mi carro estaba con defecto en el carburador y yo no tenía transporte para regresar a mi casa. Para bien o para mal, los electricistas llegaron. Les pedí aventón. Cuando yo hice eso, ambos muchachos cruzaron maliciosas miradas. Me subí al carro que era una camioneta Toyota con espacio para apenas tres personas. Me cedieron el asiento de en medio. Luego que salimos estos dos cabrones comenzaron con sus insinuaciones. Fernando, que conducía el vehículo, preguntó:

-¿Estás apurado para llegar a tu casa? -No-, contesté. -Es que a nosotros se nos olvidó un equipo en la casa de apoyo y tenemos que regresar a buscarlo. -No hay problema-, dije;

A todo esto Gilmar arrimaba su musculosa pierna a mi pierna y deslizaba el dedo meñique por ella. Después toda la mano. Como vio que yo no ponía reparos comenzó a buscar mi tetilla derecha y cuando la localizó la tocó levemente y después me la apretó. Yo suspiré y dije:

-No hagas eso que me dejás trastornado. -Solo te estoy preparando…

Fernando se rió. Llegamos a la casa de apoyo que se localizaba en medio de una plantación de caña. Los dos técnicos se bajaron y me invitaron a ir con ellos adentro de la casa. Yo fui y sabía para qué. Mi corazón latía acelerado imaginando lo que iba hacer. Luego que entré, Gilmar, que era el más ganoso, me empujó contra una pared, me arrinconó y me besó en la boca. Fernando le ordenó que se contuviera y pidió que fuéramos al cuarto. Llegando al cuarto Gilmar me empujó y yo caí en la cama, acostado boca arriba. El morocho se posicionó encima de mí con las piernas alrededor de mi abdomen.

Me besó otra vez. Sentí que Fernando aflojaba la hebilla de mi faja y abría la bragueta. Mi verga saltó semidura. Fernando se la metió en la boca. Que deliciosa sensación fue esa. El beso del morocho, la boca de Fernando, mmmm, me sentí en las nubes. Ambos hicieron un alto para quitarse la ropa. Yo hice lo mismo. Nos quedamos desnudos completamente. Los dos técnicos tenían bellos cuerpos. El morocho era más musculoso y fuerte, pero Fernando tenía un bello rostro, además de un tórax, abdomen y piernas cubiertos de un pelo rubio y fino como si fuera pelito de bebé. Vi las vergas de los chicos. Fernando dentro de lo normal, un bello falo, blanco de cabeza roja, bien duro. Gilmar era un monstruo. Una enorme morcilla morena, llena de venas, acompañada de sendos cojones negros de escroto grueso.

La verga de Gilmar me recordó a la de un caballo. Ambos chicos eran limpios y soltaban un suave perfume. Los dos me hacían cariños, me besaban en el rostro y lamían mi cuerpo. Gilmar se quedó de rodillas y ofreció su verga para que se la mamara. Yo como pude me la metí en la boca y se la chupé. Estaba medio sudada y con olor a meo pero no me importó. Por el contrario, eso me excitó aún más. Fernando mientras abría mis piernas, levantaba mis nalgas y metía su lengua ardiente en mi ano y yo sentí una nueva sensación y me gustó. Tanto que abrí más las piernas.

Entonces Fernando paró el beso negro, colocó una almohada por debajo de mis nalgas y se dispuso a penetrarme. Mi cuerpo ardía en fiebre. Fernando arrimó su verga a mi ano y empujó. Yo abrí mi culito. Fernando metió la cabeza. Mi respiración ahora era agitada, mi verga parecía de piedra de tan dura y goteaba precum. Fernando inició un delicioso masaje de próstata que me hacía ver estrellas. Y pensaba que no me había equivocado con aquellos dos técnicos.

Fernando era muy cariñoso mientras me cogía pues metía su pene con delicadeza mientras besaba mis pies y decía cosas bonitas como que yo era guapo y que tenía un rico culo y que mi olor lo excitaba. Los técnicos me cogían al unísono, uno por la boca y otro por el culo y lo disfrutaban. Yo también. Fernando aceleró las embestidas y avisó que se corría. Se estiró para besar a Gilmar. Y gozó. Yo sentí pues este cabrón rasgó el condón de propósito y me bañó el recto con su semen. Gilmar entonces decidió cabalgar encima de mi verga. Chupó mi verga para lubricarla y después se la acomodó y se la fue metiendo lentamente.

-Que hermoso trozo- comentó mientras sentía que le entraba. Que culo caliente que el morocho tenía!. Todos los movimientos quedaron por cuenta de él. Con el movimiento de arriba para abajo su morcillona dura se balanceaba y de vez en cuando golpeaba mi barriga. Como podía, Gilmar apretaba mis tetillas con sus dedos. Que rico sentía. Fernando ahora me besaba y su beso era dulce con leve gusto a cigarro. Metía su lengua y descargaba su saliva espesa en mi boca. Yo me la tragaba. Gilmar disfrutaba de mi verga, se la enterraba hasta el fondo mientras decía:

-Que rica verga tenés, agrónomo, parece un hueso de tan dura. Cogeme rico, cabrón…

No me aguanté y eyaculé; Gilmar entonces inició una frenética puñeta y gozó también, bañándome la barriga con su esperma. Descansamos. Yo pensé que solo sería eso. Estaba engañado. Los electricistas querían más. Así sin bañarnos continuamos la joda. Fernando quería ser penetrado por mí. Se puso en cuatro patas y mandó que se la metiera. Yo obedecí. Luego lo tenía ensartado hasta los cojones. Cuando se la metía los testículos míos chocaban con los de él en una deliciosa colisión que no dolía. Gilmar acompañaba la penetración de cerca por debajo de nosotros dos. Como podía lamía nuestros escrotos. Debo reconocer que los electricistas tenían imaginación. Después de unos ocho minutos cogiendo yo me corrí y deposité una buena cantidad de mi leche en el culito del rubio.

Desfallecí. Pero Fernando quería gozar. Mandó que Gilmar lo penetrara. Entonces vi cuán elástico era aquel culo pues se tragó aquella morcillona con la mayor facilidad. Mientras se cogía a Fernando yo besaba a Gilmar y después le ofrecí mi verga. Gilmar me la limpió con su boca. Fernando gozó rápidamente ya que yo lo había excitado antes. Solo faltaba que gozara Gilmar una segunda vez. Mirándome fijamente me dijo:

-Quiero probar tu culito-. Receloso yo contesté: -Dejémoslo para otra vez. -¿Estás con miedo? No te va a doler-, me tranquilizó el morocho; después de pensarlo, contesté:

-Está bien-.

Y me puse en cuatro patas. Fernando trajo un lubricante y metió uno, dos, tres dedos. Me dolió un poco. Después de la preparación el morocho arrimó su morcilla. Presionó, la cabeza entró. Estiró mi esfínter al máximo y yo quise llorar. Estaba angustiado. Fernando llegó cerca y me ofreció su verga para que se la mamara. Yo lo hice y me distrajo un poco. Olvidé el dolor. Gilmar deslizó su polla morena hasta que sus testículos tocaron mis nalgas. Sentí sus pelos. En ese momento preguntó:

-¿Te está gustando?-, como tenía la boca ocupada mamando la verga de Fernando, me limité a mover la cabeza afirmativamente. Fue una señal. A partir de ahí el morocho inició violentos movimientos de metisaca y reventó mi culo. Me sacó sangre. Los tres disfrutábamos como locos, era un placer del bueno. Que joda. Yo sentí que estaba gozando como en sorbitos a cada embestida de Gilmar. Una babita fina salía de mi uretra y la sensación era muy buena. Gilmar gozó después de cogerme como por unos cinco minutos. Fernando también gozó en mi boca. Quería que me tragara su semen. Pero no quise. Lo escupí en el suelo. Descansamos. Los técnicos me besaron con ternura y me preguntaron:

¿Querés ser nuestro caso? -No, no quiero. Soy casado, tengo una familia. -Nosotros también tenemos y eso no nos impide… -Voy a pensarlo-. Prometí.

Me encontré con los electricistas varias veces pero luego tuve que mudar de empleo y les perdí la pista. Pero nunca los olvidé. Hasta ahora disfruto recordando esas cogidas. Y me excito mucho.

Fin.

Por favor, da una nota para mi cuento, mismo que no te haya gustado. Espero tu comentario también.

Autor: Rene

rene2077@hotmail.com

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