A solas con el hermano

Evant me contó sobre una experiencia suya de hace un par de años, cuando yo aún no le conocía.

Por aquel tiempo Evant y su familia vivían en un lugar campestre, de climas cálidos y soles que redundaban en aun más ardor. El lugar era simple, sencillo. Una pequeña cabaña de ladrillos y ventanas pequeñas, de habitaciones justas para quienes vivían allí. Padre, madre, y dos hermanos de confianzas profundas. Petit siempre ha tenido esa frescura. Según la historia que Evant me contó, la puedo imaginar como una flor amarilla silvestre, que se perdía en paseos matutinos entre el verdor de esos campos calientes. Evant también solía buscar espacios tranquilos para hundirse entre libros, extenderse en alguna baja colina y soñar despierto. -“El lugar producía ganas de buscar secretos y placidos rincones, para quedarse desnudo bajo el sol y la tenue sombra que proyectaban las hojas de los árboles sobre la piel”- me dijo Evant, y así lo imaginé. Por lo que puedo comprender, un sitio así debe traer mucho erotismo a la mente, a los ojos, al deseo de esos cuerpos que se dejan embriagar por llamados arquetípicos de la naturaleza.

Fue una mañana, en la que Evant despertó. Buscó temprano algún bocado ligero en la pequeña cocina de la cabaña casa. Su madre y su padre ya estaban despiertos y no sólo eso, más bien, arreglados y listos para dejar el lugar con la soledad apropiada para que cosas que no hubiesen pasado normalmente, tímida y traviesamente pasaran. Ellos se marcharon anunciando que llegarían tarde, que no hubiese preocupación. Y Evant aún no había fraguado nada. Amanecía como todos los días, drogándose con el abundante oxigeno del campo, oyendo la música del riachuelo que jugueteaba serpenteando muy cerca de la pequeña casa.

Evant se dispuso a salir, y echó una mirada descuidada hacia la puerta entreabierta de Petit, la bella hermana durmiente, la juguetona perezosa que nunca se levantaba sino después de las diez cuando vivía plácidamente sus vacaciones. Pero esas piernas descobijadas de la rubia atrapan la atención, yo lo sé y ustedes lo saben, si han leído la historia que en común tengo ahora con ella. Esas plantas de sus pies, rosadas y pequeñas le sembraron a Evant curiosas ganas y deseos desviados. Agradeció por un instante la hermosa soledad que reinaba allí mismo. Y pensó para sí que el día se antojaba demasiado caluroso, que un baño en la tina no caería nada mal.

Evant pensó que sería lindo preparar un desayuno para Petit. Demoró unos veinte minutos, sino es que más, para llevarle buenos sabores en esa ya tardía mañana. Entró en la habitación de Petit y le dijo: ¡Buenas “tardes” señorita!- pero ella, como casi siempre, no le hacía caso al mundo despierto, y sólo se volteó para otro lado, como acomodando las sabanas, el colchón y las almohadas para seguir metida en qué sabe qué sueños. Evant dejó la bandeja en la mesita de noche, y se quedó viendo de nuevo los pies frescos de Petit, sobresaliendo por las telas de colores chillones. Acercó su nariz a las pantorrillas blancas y percibió ese aroma joven de esa hermana haragana, pero en ese momento ella se movió y emitió su “ronroneo”, Evant se puso alerta y se alejó rápidamente, las pulsaciones le engañaban y recuperó veloz su cortesía, diciendo, -eh, buenos días Petit, ¡te traje lo que te gusta! Ella no dijo ni gracias, ni nada. Evant ubicó la bandejita de metal en el regazo de Petit y ella comenzó a comer en seguida, con los ojos aún entrecerrados por una somnolencia que no se desprendía fácilmente de ella; tercamente infundía peso en los parpados de esta mujer joven. Evant se quedó allí, sentado en el borde de esa cama, mirándola comer a un ritmo un poco acelerado, y sin saborear nada. Parecía un sonámbulo que permanece así en horas tardías. Qué deliciosa comedia le parecía a su hermano Evant. Ella ya  terminaba el último sorbo de su bebida de naranja, y en seguida le devolvió la bandeja con los platos sucios a Evant, y como si ese momento no hubiese pasado en la realidad de Petit, ella se dejó caer en la almohada, agarró casi por inercia las cobijas livianas y se cubrió hasta la cara, dejando por fuera solamente su cabello rubio, despeinado por los revolcones del soñar.

Evant se quedó allí, rendido plácidamente. Se encogió de hombros y salió de la habitación.  Dijo para sí: “No tienes remedio” y sonrió alejándose.

Evant no se quedó ocioso, se sentía de buen ánimo para ayudar en los quehaceres de la casa. Se concentraba en aquello siempre y cuando la música estuviera allí haciéndole compañía, y un poco de rock viejo sonaba algo nostálgico a esas horas. Para cuando Evant iba al cuarto de Petit, para ordenar un poco todo, se percató de que Petit ya no estaba. Su hermano tendió su cama de buena manera, y ubicó algunas cosas femeninas y de color rosa en los cajones coloridos de esa habitación que olía a labial de fresa, a esmalte de uñas, a cremas faciales, y a braguitas limpias.

Luego de terminar los quehaceres, a la manera de Evant, o sea, ni tan ordenado, ni tan desprolijo, salió a los verdes prados, con un libro que ya había leído la mitad. Se fue tras la casa, por entre unos arboles que derrochaban frutos al suelo. Y allí cerca estaba Petit, en el arrollo, viéndose la cara en el pequeño reflejo, con sus mini turbulencias borboteando a un ritmo titilante. Los brillos del sol incidiendo en esa agua clara, producían reflejos que se iban a posar en las mejillas de Petit, sus ojos parecían volverse aun más azules, y Evant prefirió acercarse y leer estos momentos, en lugar de poner su atención en paginas que podían esperar.

Petit levantó la mirada al ver los pies de Evant frente a ella y sonriente le dijo un hola. “-¿Disfrutando de las ninfas acuáticas? Le preguntó Evant a su hermana, y ella le respondió con otra pregunta – ¿Tú crees en ellas?- mmm no las he visto, tal vez tú tengas más suerte, quizás tu cara de hada les haga sentirse a gusto. Ella rio y le dijo – pues no he visto una sola, nada más veo mi reflejo. -Entonces si que ya las has visto- le respondió Evant. Y ella le salpicó un poco de esa agua tibia que daba de beber a esos campos de verdes vivos.

De pronto, Evant se sintió bastante confiado, y casi sin pensar, sus instintos tomaron la delantera y hablaron por él. -Oye Petit, ¿te acuerdas que cuando éramos pequeños, nos bañábamos juntos todos los días?-. Claro que lo recuerdo, tú te bañabas con agua muy caliente, y yo, cuando estábamos por terminar el baño, dejaba correr toda el agua fría, y te daba mucha rabia que yo te rociara esa frescura, que para mí era deliciosa. –¡Maldita!- Dijo Evant con una mirada sesgada y una sonrisa de malicia en la cara- Eras una tonta- Yo no soporto el frío, me conoces. Y ella se rio a carcajadas.  –Eh Petit, ¿Por qué no nos metemos a la tina? Pero ella sin mucho interés hizo una mueca de “Bah” no tengo muchas ganas. – Anda, por los viejos tiempos- Y ella le respondió, – Ni tan viejos, que no somos ancianos.- Vamos, anímate- insistió su hermano, y ella cedió despreocupada, y con un “vamos” se le prendió las pulsaciones de doble intensión a Evant.

Evant se apresuró a llenar la tina con el agua caliente que tercamente le fascina. Aunque estuviera en medio de un desierto con el sol abrasando la arena, él se decidiría por llenar la tina con agua evaporándose por la alta temperatura. En esto estaba y entonces salió del baño, fue a su habitación y buscó la primera pantaloneta que encontró en sus cajones, se desnudó y vistió la prenda azul oscuro. Cuando regresó al baño, Petit ya estaba metiendo su pierna izquierda en la tina, le echó una mirada a su hermano y le dijo: – Eres un exagerado, ¿quieres hacer un caldo humano?- Evant se echó a reír y le contestó: – ¡Qué va!, si no es para tanto- y ella le dijo: No, es para ¡tonto!- le dijo ella, haciendo énfasis en el “tonto”.

Evant no esperó más segundos y se adelantó a Petit, que aún permanecía allí, ya de pie en la tina, como esperando a que la temperatura del agua descendiera un poco. Evant se metió en el agua rápidamente y se recostó, dejando a Petit parada en medio de las sus piernas. Evant se quedó viéndola desde abajo, y le dijo: – ¿qué tipo de traje de baño es ese? ¿Una camiseta, y un pantalón corto? Bah, eres una beata. – ¿beata yo?- respondió ella, y Petit soltó una ruidosa carcajada.- Eres muy ingenuo hermanito-. Petit le dio la espalda a su hermano, y lentamente, mientras se quejaba de la alta temperatura del agua, fue agachándose lentamente y se sentó al fin en medio del espacio que quedaba entre las piernas de Evant, que gracias al agua, se sentía cómodo por poder ocultar una erección incipiente, que él cuidaba para que no fuera evidente, tratando de no presionarla sobre el trasero vestido por esos pantalones cortos desteñidos de Petit.

Ella parecía bastante concentrada en el agua, jugaba con sus manos delgadas, haciendo pequeñas olas, sintiendo la resistencia, apreciando cómo se deslizaba la sustancia cristalina entre sus dedos. Y Evant simplemente estaba allí detrás, sintiendo palpitaciones en todo su cuerpo. Concibiendo posibilidades secretamente. Resistiendo la tensión en su pantaloneta buceadora. Entonces Evant agarró un remedo de jabón, que ya casi moría y se atrevió a pasarlo suavemente por los brazos flacuchos de Petit, quien no se inmutó en absoluto; seguía ensimismada con su juego acuático, y este hermano lascivamente considerado agradeció sentir esa suavidad sublime de la piel blanca y absolutamente lozana de esta joven mujer. Se estremecía imaginándose que esta sesión podría alcanzar picos extremos, se imaginaba que quizás existiera la posibilidad de que ella se desnudara. Si tan solo las circunstancias fueran las apropiadas, ella se despojaría de lo que es considerado normal, quizás ella me enseñara su redondo trasero…- Ahh, qué sueños lo míos- pensaba Evant. – eso es pecado.- Pero si tan solo… Y así, en esas reflexiones se pasaban los minutos, temiendo, inventando, fantaseando. Pero volvía a la realidad y todas esas imágenes tan intensas parecían tan irreales. Se conformaría con esa sensación de tocar los brazos de Petit, tan delicados y resbaladizos por la fina capa de jabón que Evant se había aventurado a aplicar. Entonces, sin advertencia alguna, Petit se levantó de la tina, ayudándose de los bordes de dicha tuba. Se puso de pie y justo frente a la cara de Evant, ¡desabotonó su pantalón corto e hizo que este descendiera! ¡Allí estaba ese par de nalgas redondas y firmes! A centímetros de la perpleja expresión y la boca abierta de su hermano Evant, que todos esos minutos relegó esas fantasías al mundo de los imposibles. Evant no perdió el tiempo, y se dedicó a tragar los detalles de la piel del culo de Petit, cada poro fue recorrido por la mirada, cada centímetro de ese trasero perfectamente redondeado y húmedo se le quedó grabado en la mente a Evant. Entonces, no pudiendo resistirlo, pero  entre la timidez y la prudencia,  Evant levantó un dedo de su mano derecha y presiono suave pero firme la nalga que más cerca estaba de su mano. Ella dio un respingo de risa y dijo: ¡Tonto, me haces cosquillas! Lo que hizo que su hermano se relajara, y ahora con su mano completa, apretó la cola de Petit y casi se quedó él sin respiración. Permaneció con la garganta atorada por los repentinos sucesos, y sintió que su pene nunca había tenido tanto tamaño, tenía el orgasmo casi en la punta de su verga, si no hubiera sido porque de manera cauta aún conservaba una fuerte vergüenza que evitaba que llevara su mano dentro de su pantaloneta, ya se habría venido, y se hubiese derramado en el agua de la tina del baño prohibido.

Todo esto pasó en tan sólo unos segundos, que para Evant fueron estirados por la relatividad del suceso. Pero, Evant quiso en un momento comprobar si esto era realidad, y lo hizo a través de una pregunta que se hizo a sí mismo. ¿Ella ha hecho lo que ha hecho? ¿Se tomó a pecho eso de “por los viejos tiempos”, y me enseñará su desnudez en su totalidad? ¿Así, como cuando éramos chicos? ¡En parte ya lo ha hecho! ¿Esto es verdad? La razón abandonaba a Evant, y el cuerpo tenía hambre y curiosidad sensual. Pero para Petit, todo parecía estar en tranquilidad, como si para ella las dimensiones de los normal y lo extraño no tuviesen limites, sino que se difuminaban, dejando tenues sutilezas entre los mundos que difieren. Petit se sentó en la superficie hundida de la tina, y ahora ¡se despojaba tan tranquila de su camiseta mojada!; dejaba la espalda húmeda y blanca descubierta para su hermano  Evant. Y dijo: – Oye tonto, ese jabón no se va a aplicar solo. Y él ni corto ni perezoso, con ese pedazo de dizque jabón, recorrió la figura de esa mujer deprisa, como si en cualquier momento fuera a despertar del sueño. Usó sus dos manos, y no reparó en precauciones esta vez, avanzó por los costados de la rubia muñeca, acarició el abdomen y sintió su dedo índice hundirse en el ombligo de su hermana, subió por las costillas y permitió que sus manos rodearan los bordes de esas tetas pequeñas. Evant aún no sabía como lucían esos pechos, pero sí que absorbió con el tacto, toda la información sobre la redondez de estos. Finalmente recorrió los pezones erectos de su hermana, y ella, ¡Como si nada, como si todo el suceso fuera de lo más normal del mundo! Y eso a Evant le volvía loco, le permitía continuar disfrutando de la realización de su fantasía. Seguiría hasta donde fuese posible, pero de ninguna manera violaría la libertad de su dulcísima hermana.

Evant pensó que podía darse la libertad de quitarse su pantaloneta, y sacó algo de valentía soportándose en la idea de que ella aún no le vería la dura verga que en ese momento él ostentaba. Se puso de pie torpemente, se sacó la prenda y al instante su dureza resorteo y se volvió a sentar en la tina. ¡Qué deseos tenía de meneársela!, ¡de explotar y liberar su semen!; pero se resistía, queriendo aprovechar al máximo la experiencia poco usual que se llevaba a cabo. Y entonces, ella habló, y a Evant el corazón le iba a explotar por la incertidumbre de las posibles palabras que Petit diría. – No creas que me la vas a meter. Me darás la razón de que eres un completo tonto si eso piensas-. Y Evant en medio de un escalofrío intenso le dijo tartamudeando- pe… pero… ¡qué dices! ¡No estaba pensando eso para nada! – y ella riendo estrepitosa y sarcástica dijo: ¡Si, claro! ¿Crees que no he sentido esa cosa dura tocando mi trasero?- (Evant me contó que casi se le cae la cara de la vergüenza). Pero Petit, con esa magia y candor que puede derretir el acero, casi le revienta los sesos a su hermano cuando le dice: Sólo te dejaré hacérmelo por atrás. Y Evant se fue despidiendo de su voz. Ya no habló, sino que tragó hondo y se quedó con el cuerpo tenso y sin saber qué hacer. Petit se salió de la tina, con su típico movimiento felino y Evant con la boca abierta se quedó viendo la evolución que su hermana había tenido, habiendo abandonado sus infantiles formas, que ahora eran remplazadas en la mente de su hermano Evant, con las curvas de una mujer joven de pubis afeitado y suave, de tetas pequeñas pero hermosas, de pezones dulcemente rosados, de piernas delgadas que le hacían lucir más alta de lo que en realidad era. La pequeña Petit, con sus formas sensuales le quitaba el aliento a su hermano y le mataba lentamente.

Ella simplemente se acercó a un cajón y sacó un frasquito de aceite para bebé, regreso pronto a la tina; tenía la cara sonrosada y alegre. Evant sacó fuerzas y abrió de nuevo la llave para llenar la tina de nueva agua caliente y clara.  Ella se metió despacio para no resbalar. Y él le tendió la mano recurriendo torpemente a su usual caballerosidad. Y sin reparos, Petit se arrodilló, posó sus manos femeninas en los bordes de la tina y le ofreció abiertamente el culo levantado a su hermano Evant. Ella tomó el frasquito de aceite y entregándolo le dijo: No te olvides ponerme mucho de esto, no quiero que me duela.  Y Evant seguía atrapado detrás de su voz sin poder decir nada de nada.

Como un autómata, totalmente llevado por la inercia de sus ganas, Evant, abrumado por la torpeza, abrió con dificultad la tapa del frasco. Dejó caer un chorro de ese aceite transparente entre las nalgas de Petit. Evant se animó y puso sus manos en ella, se volvió loco con los chorros de aceite, derramando aquí y allá. Masajeó ese trasero precipitándose en ello. Como tratando de fundir sus manos en la piel de Petit. Lo aceitó todo, teniendo cuidado de aún no entrometerse con ese tierno y rosado ano.

Esa piel brillaba voluptuosa, y ese efecto con el agua, formando gotas sobre esa superficie blanca y aceitosa, llenaba de sensaciones ardientes a Evant. Mientras tanto Petit colaboraba para hundir más a su hermano en la locura, moviéndose muy poco, pero rítmicamente hacia atrás y adelante. Entonces Evant vertió un último hilo aceitoso en sus manos y otro en el ano de la pequeña demente y lo masajeó muy suave con un dedo, dando círculos, presionando milimétricamente. Se levantó dispuesto y puso la punta colorada de su pene palpitantemente hinchada justo en la aún cerrada abertura contraída de ese culo maravilloso. Y tras unos tres intentos tímidos, la hendidura cediendo, fue abriéndole paso a la verga filial que rendía pleitesía a la firmeza de esas nalgas aceitadas. Ella comenzó con su usual y maldito ronroneo, jadeando sutilmente, alternando con esos dulces ruiditos de “ouch”. Mientras ella hacía esto como su ritual erótico personal, Evant se sintió brutalmente pasmado, sintiendo los centímetros hundiéndose uno a uno en ese culo rosa. Él sentía que ya no podía detener la explosión seminal inminente. Quería  sostener su erección al máximo, no quería venirse tan pronto, ¡pero su pene demandaba satisfacción! Se quedó sólo con la punta de su pene allí dentro. No se atrevía a meterlo completamente. La presión, que ese anillito ejercía sobre los rededores de su glande, se sentía bendita. Pero justo en ese momento, una mala pasada vivieron estos amantes prohibidos. ¡Un ruido se escuchó en la entrada de la casita! ¡Evant se despegó de Petit sacando inmediatamente la verga de ese culo amoroso, con la inminente descarga frustrada! ¡No podía ser que hubieran llegado tan pronto a casa! ¡Puta mierda! En un par de segundos se pusieron la ropa. Petit prefirió quedarse en el baño y Evant salió de prisa hacia su habitación, se encerró y se quedó con respiraciones desenfrenadas. Miró hacia afuera por la pequeña ventana y tratando de ver hacia la entrada de la propiedad,  se dio cuenta que no eran sus padres los que habían llegado, sino sólo la señora que cuidaba la casa vecina. Algo quería, pero al ver que el automóvil de sus padres no estaba, seguramente pensó que no había nadie en casa. Al momento vio a la señora partir de vuelta hacia el camino a su salida. Entonces Evant, con las pulsaciones en el cuerpo, y con la orden de sus instintos aún en plena atención, volvió sin pensarlo dos veces al baño. Golpeó impacientemente varias veces. Petit abrió la puerta, ella estaba envuelta en dos pequeñas toallas, una cubría sus pechos, y otra sus caderas con todo lo demás. Evant la miró con cara suplicante, y ella sonriendo le dijo: “¿En dónde nos quedamos?”

Evant le arrebató las toallas, la tomó del brazo y la metió delicada pero presurosamente en la tina de nuevo. El agua un poco fría ya no le importó en absoluto. –Ponte como estabas por favor- le dijo, y ella obedeció al instante. Él quería tenerla tal como la había tenido antes. Sólo que el susto que acababa de pasar le sirvió de calmante. Le penetró el trasero a Petit que aún lo tenía aceitadisimo.  Y la embistió rápidamente. Le hundió su pene hasta el fondo, y lo sacó casi totalmente, volviendo a hundirlo. Sintiendo en su conciencia todo el recorrido en cada centímetro de esa verga pulsante y venosa, entrando en ese pequeño culo que se dilataba y contraía en un juego de soltar y apretar. Evant se agachó un poco y agarró a su hermana de las tetas, le masajeaba los pezones y la Putita Petit jadeaba sin rastro de vergüenza. Ella comenzó a pronunciar su delicioso mantra que decía: ¡dame, dame, dame! y con esa palabra, haciendo eco en la mente de su hermano, ¡Evant soltó su descarga poderosa y pulsante en las entrañas de Petit, que chillaba placentera! Ella gritaba su propio orgasmo y se tocaba con locura su clítoris sonrosado.

Se quedaron allí como cinco minutos procesando y saboreando los retumbos de sus pecaminosos orgasmos, unidos por la erección que no parecía descender. Jadeando exhaustos de placeres desatados. Lo que pasó después, Evant dice que lo ha olvidado. Que lo último que recuerda es haber visto en la noche la cara de sus padres, los saludó con colores en la cara. Un subidón de sonrojo le llenó el rostro cuando le dio el hola a su madre. Y la vida continuó al otro día como siempre. Con el sol bañando esas tierras que ya estaban teñidas de pecados para siempre.

Alicia Wonders

Me gusta / No me gusta

En la playa y por la tormenta

El placer de su polla clavada en tan placentero lugar, auguraban una bestial corrida, cambiaron de posición, Josema se dedicó a follarlo cara a cara, mientras sus labios se volvían a encontrar. Las manos de Hernán recorrían la espalda, los muslos, los glúteos, la nuca, y tantas partes como podían acariciar del cuerpo de Josema. Cuando no pudo más, Josema descargó todo su elixir en las mismas entrañas de Hernán.

Los negros ojos de Hernán, que hacían juego con su moreno cabello, y cobriza piel se conjugaban perfectamente con el azul perfecto del agua de la playa, y los primeros rayos del sol. Hernán se dirigía como todos los días a la playa a darse su baño matinal. Una de las bellas playas de Venezuela mostraba su agradecimiento por recibir a semejante ejemplar de macho latino. Los negros ojos de Hernán, que hacían juego con su moreno cabello, y cobriza piel se conjugaban perfectamente con el azul perfecto del agua de la playa, y los primeros rayos del sol.

Hernán tenía una pequeñita cabaña al lado de la misma, que aunque era muy sencilla, estaba muy bien ambientada y era confortable. La casa estaba separada por paredes de anea, y tejado de arboles secos. Aparentaba la casa típica que un naufrago construía de una isla perdida en el océano. El joven Hernán, salió corriendo seguido por su perro, que había comprado en su último viaje a España. Allí vivían sus padres, que éste visitaba una vez cada dos años. Cuando se tiró al agua, su cuerpo ya desnudo se contorneó perfectamente haciendo una entrada perfecta en la misma. La experiencia le daba semejante don.

Al minuto el joven muchacho de 23 años, aunque por su precioso cuerpo, aparente de 28 años, hizo aparición a varios metros de la orilla. Cuando Hernán miró hacia la playa, vio como un joven paseaba por la orilla, con la cabeza un poco cabizbaja, pero con un cuerpo perfecto. El muchacho intentó reconocer la cara del extraño, pero su lejanía a la orilla no lo permitió.

Hernán volvió a sumergirse para volver a la orilla, pero cuando llegó nadie se divisaba en la pequeña playa. El joven tomó una toalla cercana al porche de la casa, y se sentó en su hamaca. Tumbó su cara hacia el hombro para que saliese una poca agua incrustada en sus oídos.  En esos momentos se dirigió hacia la parte trasera de la casa, y se introdujo en una pequeña selva, que ocultaba un bello oasis y una cascada realmente preciosa. Hernán soltó nuevamente su toalla, y se metió bajo la cascada, con el objetivo de perder la sal sobre su cuerpo. El agua limpio rápidamente la piel de Hernán, que se estirazó totalmente, acariciando la suavidad de la naturaleza que se desbordaba sobre él. Hernán regresó a su casa, y pudo observar como el muchacho que pasó ante su casa, se volvió por el mismo camino, y ya se perdía en la lejanía.

Hernán se sintió un poco intrigado con respecto a este joven. Él no había tenido nunca pareja, pues cuando era muy pequeñito se había sentido rechazado por la única persona que había querido; una compañera de clases. A partir de ese momento empezó a fijarse en los hombres, que demostraban una mayor fidelidad y amistad hacia él. Las tareas del chico eran dedicarse a sus paseos por la selva, recolectando fruta y pescando en los riachuelos que la surcaban, así como en la playa. La lectura era el único placer que le obligaba a salir de ese paradisiaco lugar. Cada dos semanas, Hernán se dirigía al poblado cercano para comprar algunos libros, que relataban historias de amor entre hombres, aunque eran difíciles de encontrar, de buena de calidad. A los 3 días del primer encuentro con el chico, Hernán cogió su bicicleta tras su baño en la playa, y se dirigió hacia el poblado.

Por cada lugar del poblado que pasaba, la gente saludaba a Hernán, aunque muchos de ellos eran turistas que él no conocía. Pero entre los extraños, Hernán pudo ver un cuerpo familiar. Se trataba de un chico con unos bermudas que ahora se veían claramente. Se trataba del chico que paseaba por la playa tres días atrás. Sus miradas se cruzaron, y sus cejas mostraron simultáneamente curiosidad, sorpresa y duda. Ahora se fijó en sus rasgos. Era un chico de unos 23 años, como él, pero igualmente aparentaba más. Sus cabellos eran rubios, cual rayos del sol, y sus ojos eran azules como el soleado cielo azul de Venezuela. Su mentón era fuerte y perfilado, y sus pechos perfectamente formados por el ejercicio, dejaron alucinado al joven Hernán. Tanto fue la confusión, que el joven Hernán no se percató de un vehículo aparcado cerca de una tienda de bebidas. Cuando volvió a dirigir su cara hacia delante, era demasiado tarde para frenar y la bicicleta se estrello contra el mismo. El joven Hernán cayó fulminado al suelo, para poco después despertar en un bello sueño.

– ¿Estás bien?-, preguntó el joven desconocido.

Hernán empezó a reaccionar lentamente, con sus ojos alucinando ante semejante imagen. Los labios del chico eran carnosos, jugosos, seductores. Hernán se sobrepuso a la situación, e hizo por levantarse, que gracias a la ayuda del extraño lo consiguió. Cuando las manos lo rodearon por la cintura, Hernán sintió un bienestar extraño, incluso tranquilizador. Hernán se sintió seguro en los brazos del chico, pero aun así, cogió rápidamente la bicicleta y se fue. Rodeó la cara hacia atrás y entristeció al ver la cara de decepción del joven extraño. De todos modos Hernán buscaba la seguridad de su casa, y su playa, ya que no estaba seguro, acostumbrado a vivir solo durante largos periodos de tiempo. Cuando llegó dejo caer literalmente la bicicleta junto a la casa, y se tumbo en su hamaca. Las imágenes del chico inundaban los pensamientos de Hernán, que tubo una erección inmediata.

El chico llevó su mano por su cuerpo, y lo acarició sensualmente, mientras con la otra mano masajeó su paquete. Sus ojos se cerraron y revivió los momentos que había pasado en brazos del que ya era su amor imposible. A la mañana siguiente, Hernán despertó feliz, pues había soñado con el extraño extranjero. Y como de costumbre salió corriendo casi desnudo a darse el baño en la playa. Hernán corrió rápidamente, a tirarse de cabeza, pero cuando estaba a punto de lanzarse, giró su cara y vio al muchacho. Hernán intentó detenerse, pero se percató de que estaba a esas alturas totalmente desnudo, y lo que hizo fue lanzarse con más fuerza, aunque consciente de la situación, de la forma más sensual posible. En ese momento, sacó la cabeza por encima del agua, y se quedó mirando al joven, que estaba totalmente quieto junto a la orilla.

– Hola, ¿puedo ayudarte?,- preguntó Hernán. – Hola, soy Josema, no quería molestarte -, dijo un poco ruborizado el chico. – ¿Te encuentras bien?-, volvió a pregunta Josema. – Encantado, yo soy Hernán. ¿Te importaría pasarme la toalla, por favor?-, preguntó Hernán.

Josema se acercó a la toalla y la cogió para alargársela a Hernán, que no tuvo más remedio que salir un breve espacio de tiempo desnudo hasta el chico. La erección de Hernán era bastante obvia, y Josema dirigió su vista hacia otro lugar, para restar fatiga a ambos.

– ¿Quieres pasar?-, dijo Hernán mientras se dirigía hacia la casita. – Yo…, no sé…, no querría molestar -, dijo Josema.

No hubo respuesta de Hernán, pero a pesar de todo, Josema siguió a Hernán, un poco atónito, por la belleza del mismo. Hernán recibió cariñosamente a su perro, revolviendo el pelo del perro en la zona de la cabeza. Pero algo extraño ocurrió, pues el perro, salió directamente a los brazos de Josema, que lo recibió muy calurosamente, acariciándolo y abrazándolo. Hernán miró atónito la situación, ya que su perro era poco sociable, y casi nunca mostraba tanta amistad hacia nadie que no fuera él.

– Es extraño, parece que le gustas -, dijo Hernán. – Me gustan mucho los perritos -, respondió Josema.

Hernán acercó a Josema un vaso con refresco natural de frutas, que él mismo preparaba, y se lo sirvió. Con un poco de duda, Josema cogió el vaso y rozó la mano de Hernán, húmeda por el agua del mar sobre su piel, produciendo un leve mareo a Josema. Ambos se sentaron, pero hubo poca conversación entre ambos. Después Josema se levantó y agradeció la bebida a Hernán despidiéndose, y éste sin motivos para retenerlo, lo despidió, agradeciéndole su visita. Hernán se había enamorado más aun, si cabía la posibilidad, y rogó que le permitieran tener a ese hombre al menos una vez entre sus brazos.

Los días pasaron sin novedad alguna, y Josema no aparecía por el lugar. Pero al quinto día de su encuentro en la playa, Josema regresó. Hernán estaba sentado en la playa, y las olas rompían en sus piernas, con la cara un poco entristecida, y la cabeza inclinada. La ausencia y el recuerdo de Josema producían semejante estado de ánimo en el muchacho. Las olas eran cada vez más fuertes, pues se aproximaba una tormenta. Hernán se tumbo totalmente de espaldas en la playa, y miró hacia el cielo, que empezaba a mostrar las primeras nubes tormentosas. Casi sin darse cuenta, Hernán quedo dormido durante unos minutos, y cuando abrió lentamente los ojos, vio a Josema justamente sobre él. Hernán tuvo una convulsión, debido al sobresalto que le produjo ver a Josema allí.Se levantó muy rápidamente y le saludó.

– ¿Llevas mucho tiempo ahí?-, preguntó Hernán. – No, unos minutos solamente -, respondió Josema. – Pasa a mi casa -, dijo Hernán con total tranquilidad.- No volvía de pasear por la playa, me marcho al poblado, esta anocheciendo -, respondió Josema.

Pero antes de que Hernán respondiera, las primeras gotas comenzaron a caer, y este le indico con la cabeza que pasara a la casa. Josema salió rápidamente a la casa y anuncio su partida al poblado.

– ¿Estás loco?-, dijo Hernán.- El poblado está a 45 minutos de aquí, y las tormentas aquí son muy fuertes y duraderas -, concluyó.

Josema miró fijamente a los ojos de Hernán, que parecía muy seguro de lo que decía.

– Pero yo me tengo que marchar, mi hotel está allí -, dijo preocupado Josema. – Tendrás que quedarte esta noche aquí -, aclaró Hernán.

Ciertamente como Hernán anunció, el agua empezó a caer a mares, y el joven Josema se vio acorralado.

– ¿Qué voy a hacer?-, dijo preocupado Josema. – No te preocupes, que ya nos apañaremos -, dijo Hernán con voz tranquilizadora.

El joven Josema se dirigió hacia la ventana, y miró hacia el mar, y a pesar de ser un ambiente hostil en el exterior, él sintió estar en el mejor lugar del mundo, haciéndole sonreír despreocupadamente.

– Gracias por tu hospitalidad, Hernán, eres muy amable -, dijo Josema. – Te la debía por tu ayuda, y por mi desagradecida reacción en el pueblo -, respondió Hernán.

A partir de ese momento el semblante de Josema cambió totalmente, que se sintió como en su propia casa. Simultáneamente Hernán sintió la reacción de Josema y se sintió igualmente aliviado. La tarde transcurrió totalmente distinta, los chicos hablaban como amigos de toda la vida, contaban chistes, incluso se daban pequeños golpecitos con los puños el uno contra el otro. Eran como dos hermanos, que habían vivido juntos toda la vida. El problema llegó cuando la luz del día se desvanecía, y las luces de las velas se apagaban por el efecto del viento. La temperatura bajó drásticamente en la casa, y llegó la hora de dormir. El perro a esas alturas ya estaba en su cesta, durmiendo plácidamente. Hernán como si a solas estuviera, se dirigió hacia su cama inconscientemente. Y Josema, se quedó un poco avergonzado, pues temía preguntar dónde dormiría. El sofá que tenía Hernán, era además de corto, incomodo y pequeño. Josema giro su cara hacia Hernán y preguntó:

– Oye, Hernán, yo dormiré en el sofá, ¿no? – ¡Que va, en absoluto!, tú dormirás en mi habitación, que hay dos camas -, respondió Hernán.

En esos momentos Hernán sintió rabia de no tener una cama de matrimonio, y haber podido cumplir su sueño de dormir junto a la persona que, ya no le cabía duda, amaba. La ropa que tenía Josema era escasa para el frío que la tempestad acarreaba. Cuando simplemente llevaban media hora acostados, Josema comenzó a tiritar. Estaba tan acostumbrado al calor, que la bajada tan drástica de temperaturas fue insoportable para él. A pesar de todo Josema no se atrevía a decir nada, y colocándose en posición fetal, intentó no molestar a Hernán. Hernán no podía dormir, pensando en aquel hombre que dormía cerca de él, y que durante tantos días había sido inspiración de sus sueños y masturbaciones. Hernán se levantó y se acercó a Josema. Palpando a oscuras, depositó su mano en la entrepierna de Josema, y aunque en un principio no sabía de que se trataba, a los pocos segundos no le cabía duda de lo que ocurría.

– Perdona, Josema, no vi nada -, dijo Hernán.

No hubo respuesta por parte de Josema, que estaba temblando estrepitosamente.

– No pasa nada, Hernán, pero estoy helado totalmente -, dijo Josema.

En ese momento, y sin pensarlo, Hernán levantó la suave sábana y se metió junto a Josema en su cama. Igualmente sin pensarlo, Hernán metió una mano bajo el abdomen de Josema, y con la otra lo rodeo por la otra parte del abdomen, rodeando su cuerpo. Las piernas las enredó con las del tiritoso chico, y juntó su cara con la de Josema. Josema respondió con la misma naturalidad y abrazó igualmente a Hernán. Josema pudo notar como la calidez del cuerpo de Hernán, inundaba cada uno de los poros de su cuerpo, y rápidamente empezó a entrar en calor. Josema era una persona muy friolera, pero el calor de Hernán, calentaba al más frío de los icebergs. Pasados unos minutos Josema estaba totalmente repuesto, pero también se dio cuenta que el rozamiento que le producía el paquete de Hernán contra el suyo estaba teniendo unas consecuencias desastrosas, pues su polla empezó a hincharse rápidamente. Así pues, instintivamente, Josema soltó a Hernán, y se giro dándole la espalda. Hernán se sintió un poco avergonzado e hizo el intento de separarse del huésped. Josema, al notar que se iba a retirar le interrumpió:

– Por favor, Hernán, te importaría permanecer abrazado. Me mantienes caliente.

Hernán respiró aliviadamente, y lo volvió a abrazar fuertemente. Los dos muchachos se sentían ya como pareja, pero ninguno estaba dispuesto a romper momento tan feliz. Josema se quedó momentáneamente dormido, y Hernán, inconscientemente empezó a subir su mano por los pectorales del joven. Hernán se acercó tanto como pudo al cuerpo de Josema, descubriendo la erección que mostraba. Josema supo que Hernán le deseaba, pero el miedo le paralizaba. Finalmente Hernán se quedó dormido, abrazado a ese bello chico. Pero Josema deseaba más que nada en el mundo que Hernán le hiciera suyo, más no se atrevieron ninguno de los dos. Las horas pasaban, y cuando Josema se decidió a volverse y besar a Hernán, este salió suavemente de la cama en busca de su baño. La tormenta había pasado, y los rayos del sol naciente, volvían a iluminar la bella playa. Hernán nuevamente salió rápidamente hacia la misma, y como de costumbre se lanzó a ella. Cuando sacó la cabeza, oyó la voz de Josema, que rasgaba el viento con su llamada al decir “Hernán”. En ese momento Josema se lanzó corriendo con todas sus fuerzas hacia donde estaba Hernán. El corazón del joven empezó a latir con fuerza, y con pasión. Se tiró a la playa y nadó tan rápido como pudo hasta Hernán. Cuando llegó al chico, como un pez caza a otro Josema cogió fuertemente a Hernán por la cintura, y tras un fuerte abrazo, lo besó.

Hernán imaginaba semejante situación, pero nunca creyó que pudiese ser tan satisfactoria. Tras el beso, los dos muchachos se abrazaron fuertemente, sin decir palabra, sin hacer otro movimiento, era como la calma tras la tormenta, tras esa fuerte estampida de sentimientos por parte de Josema, que los dejó exhaustos. Dirigiéndose hacia la playa, los dos muchachos nadaban como delfines en el océano, y al llegar a la playa, volvieron a besarse con pasión. Los labios se mordían, las lenguas se enredaban, las manos se exploraban y los pies se unían en un abrazo sin igual para ambos. La pasión continuó, y Josema, bajó su cara por la mejilla de Hernán, donde depositó un beso tierno, para más tarde dar pequeños mordiscos. Fue entonces cuando llegó a la altura de la yugular, y dio un fuerte mordisco, que hizo a Hernán estremecerse. Poco después la lengua de Josema siguió su camino hacia el pecho lampiño de Hernán. Hernán cerro sus ojos y dejo sus sentimientos y sensaciones resurgir. La boca de Josema recorría sus pechos produciendo un placer insólito al inexperto venezolano.

El sabor a sudor combinado con la sal del mar, enloquecía los sentidos de Josema, que se sentía mejor que nunca antes en la vida. Mientras la boca plasmaba el amor y las ganas de hacer gozar, las manos de Josema y Hernán se cruzaron en mitad del camino del objetivo de ambos; sus paquetes.

Los bermudas de Hernán, y los calzoncillos largos de Josema, querían romperse por efecto de la erección de ambos. Las manos rozaron las pollas de ambos, y la pasión desembocó en otro beso pasional. Poco después, las manos de uno y de otro liberaron las pollas de ambos, dejando al descubierto dos magnificas herramientas. La polla de Hernán mediría en esos momentos perfectamente los 20 cm, de polla larga y fuerte. En cuanto a Josema, su polla era un poco más corta, de unos 18 cm, pero de un grosor más importante que la de Hernán.

Tras masturbarse mutuamente unos minutos, Hernán tomó la iniciativa, y lamiendo como antes lo había hecho su amante, bajo su cara hasta el miembro de Josema, y abriendo la boca tanto como pudo, tragó la polla de un solo mordisco. Josema soltó un fuerte alarido de placer, que recorrió toda la cala y la playa, animando a Hernán en su tarea de mamarle la polla con más ganas. La polla de Josema era realmente bestial, produciendo inicialmente arcadas en el joven venezolano. El sabor del líquido preseminal, unido al sabor del mar, manifestaba agrado en el rostro de Hernán. Mientras saboreaba la polla de Josema, éste le proporcionaba una placentera paja a la polla de Hernán, así como un placentero masaje a sus testículos.

Cuando Josema no puedo resistirse más, giró su cuerpo rápidamente para caer sobre el escultural cuerpo de Hernán, formando un precioso 69. Josema disfrutaba chupando la polla de su ya estrecho amigo, y continuaba masajeando los testículos de Hernán. En un principio el cuerpo de Hernán rozaba la arena, para tras girarse los dos rítmicamente, terminar Josema bajo el chico, y contra la arena. Después, de un largo tiempo en esa posición, y ya desnudos del todo, los cuerpos se abrazaron nuevamente, girando por la longitud de la playa. Hernán, pasado un breve espacio de tiempo, cogió en brazos a su amante, y lo llevó hasta la casa. Lo tumbó en la hamaca del porche, y se metió en la casa. Cuando salió de la casa, y después de un largo tiempo de búsqueda, Josema constató que había ido en busca de un lubricante.

– Quiero ser tuyo para siempre, amor mío -, dijo Hernán.

Josema, que se masturbaba para no perder la erección, extendió la mano para que Hernán pusiera la crema en cuestión. Una vez que la tuvo sobre su mano, la extendió a lo largo de toda su polla, y después colocándolo en posición 69, metió dos dedos en el casi inexperto agujero de Hernán. Este, mordió sus labios en señal de dolor, y placer a la vez, y mientras le dilataba el ano, masturbó la polla de Josema. Cuando Josema estimó que el ano estaba lo suficientemente dilatado, se levantó de la hamaca, y tumbó a Hernán de espaldas, para después tumbarse con cuidado sobre él. Colocó su glande en la entrada del ano, y pidió permiso para penetrarlo. Hernán tomó aire, y tras llevarse las manos a su trasero y abrírselo para que entrase sin dificultad, dio permiso para que le hiciera suyo. Josema, con mucho cuidado y delicadeza comenzó a hundir su enorme polla en la virgen cueva de Hernán.

Cuando los primeros centímetros habían conquistado el tesoro mejor guardado de Hernán, Josema se detuvo, y cuando notó que el ritmo respiratorio era más calmado, volvía a embestir sobre el joven, el cual parecía cada vez más excitado con la situación. Tras unos 5 intentos, los 18 cm de Josema habían arrebatado la virginidad del venezolano. Pasaron unos minutos, en los cuales Josema besaba la nuca, y mordisqueaba los lóbulos de las orejas de Hernán, y fue cuando comenzó con una cabalgada suave, pero ininterrumpida. Hernán cerró los ojos, y pensó en la imagen que propiciaban, con él tumbado en la tumbona, junto a la playa, mientras era tomado por la persona que amaba.

Inmediatamente que Hernán se relajó, el dolor desapareció totalmente, y empezó a gozar de tan placentero vaivén. Las manos de Josema recorrían la piel del chico, que combinado con el placer de su polla clavada en tan placentero lugar, auguraban una bestial corrida. Pasados 4 ó 5 minutos, cambiaron de posición, y ahora con los pies de Hernán sobre sus pectorales, Josema se dedicó a follarlo cara a cara, mientras sus labios se volvían a encontrar. Las manos de Hernán recorrían la espalda, los muslos, los glúteos, la nuca, y tantas partes como podían acariciar del cuerpo de Josema. Cuando no pudo más, Josema descargó todo su elixir en las mismas entrañas de Hernán.

En ese momento quedó tumbado en esa posición, abrazados nuevamente. Cuando Hernán se recuperó un poco, giró su cuerpo y tumbó bocabajo a Josema. Hernán quiso saber que se sentía siendo le poseedor de tan fabuloso macho, y extendiendo los glúteos hundió su cara en el agujero de Josema. Este, que no se inmutó, extendió sus manos tanto como pudo sobre sus glúteos para facilitar la tarea de Hernán, el cual cogió la crema y se la extendió a lo largo de su polla, de nuevo en total erección. Josema se levantó de la hamaca, y tumbó bocarriba a Hernán. Este puso su polla en perpendicular a su cuerpo, y invitó a Josema a sentarse sobre ella. Este, sin dudarlo un momento, y de una sola embestida, se la colocó en su trasero.

El placer que sintió Hernán era placentero, pero no tanto como haber sido poseído por el hombre que más había amado en su vida. Hernán se sentó, y mientras Josema cabalgaba sobre su polla, este volvía a lamer su pecho, y le masturbaba. Cuando no habían pasado ni 10 minutos, Josema volvió a eyacular sobre el cuerpo de Hernán. Este llegaba al orgasmo, y antes de que se corriera, abrazó con fuerza a Josema, como si nunca más lo fuera a soltar, y poco después, un torrente de esperma se estrelló en las profundidades de Josema. Una vez pasado eso, lo dos chicos cogidos de la mano se fueron hacia la cascada a limpiarse el semen, abrazándose nuevamente. Josema dejó España, para irse a vivir con Hernán, que nunca más estuvo solo. Los dos vivieron en la casa de Hernán durante muchos años, hasta que luego se hicieron otra en una isla cercana donde nadie les molestaba. Fueron felices para siempre.

Este relato se lo dedico a Hernán, para que suba ese ánimo.

Si quieren hacerme comentarios acerca del relato mucho  lo agradeceré… Gracias y hasta la vista.

Autor: AJuanito

Me gusta / No me gusta

Historia

Sentía como mi ano le apretaba la cabecita, apreciaba un palo caliente, el dolor era intenso, pero saber que ese hombre me penetraba hacía desaparecer el dolor un poco y con algunos gemidos de placer acompañaba su tradicional mete saca. Al principio se me salía de culo, pero después él se acomodaba mejor y me hacía gritar con sus embestidas, yo no podía parar de repetir su nombre.

Mi nombre es Andrés, ahora estoy en mi segundo año de universidad y, he decidido contar mis experiencias con los chicos, he de aclarar que hasta el día de hoy me he considerado bisexual, tengo alguna novia de vez en cuando, Pero no dejo pasar la oportunidad de gozarme una buena verga o el culito de algún chico que necesite calor. Como es lógico he de comenzar con mi primera vez, esa ocasión en la que descubrí que entre chicos tenemos formas divertidas de pasárnosla bien.

Fue hace un tiempo, tenía un mejor amigo llamado  Ronald, de mi misma edad, en ese entonces, resulta que a razón de nuestra amistad, nuestros padres también se hicieron  inseparables, así que en unas vacaciones de verano los padres de Ronald, invitaron a los míos a su cabaña en las afueras de la ciudad, la verdad mi madre había oído de un hotel de montaña para enamorados en la provincia y se  lo propuso a mi padre, y cuando ellos se lo comentaron a los Suárez (padres de Ronald), se armó todo el viaje.

Soy de test blanca, cabello levemente rizado, color castaño, de estatura promedio, y por la familia de mi madre heredé una nariz y sonrisa muy coqueta digamos. A Ronald nunca lo vi con morbo o deseo, porque la verdad no había entendido lo que sentía acerca de los hombres, pues me gustaban las chicas e incluso fui muy precoz con el primer beso, o tocarle los pechos a las niñas que gustosas se dejaban, pero veía mi atracción con los chicos como un juego que se quedada en mis fantasías y la Internet. Lo interesante comenzó con nuestra llagada a la cabaña de la familia Suárez, pues Ronald nunca me había comentado de un hermano mayor.

Resulta que Miguel, 4 años mayor que yo, vivía en la cabaña, pues iba a la academia militar de la zona, y se encontraba de vacaciones al igual que nosotros, él era alto, más alto que Ronald y yo, un poco bronceado por los entrenamientos de la academia y con un cuerpo fornido, con tímidos músculos que se le marcaban de vez en cuando. De cara ovalada con labios rosaditos y abultados y unos ojos grises muy profundos y cejas varoniles, con el típico corte de cabello militar.

Era un viernes por la tarde, y nuestros padres se fueron al Hotel de montaña, y nos quedamos solamente los empleados de la cabaña, Ronald, Miguel y yo. No regresarían hasta el lunes próximo, así que sabíamos que nos divertiríamos. Para empezar dormimos los tres en una sola habitación en colchonetas sobre el piso, nos quedamos esa noche, viendo pornografía en la tv por cable, que se vuelve una interesante experiencia grupal, yo sólo apreciaba la linda erección de Miguel, pero trataba de distraerme disfrutando de la película, para no ser tan obvio. Despertamos al siguiente día con el televisor encendido. Luego del desayuno fuimos al corral a ver a los caballos, y Miguel nos invitó a ir a bañarnos a un río cercano, durante el trayecto hablábamos de bañarnos desnudos, pensábamos que era algo loco que podíamos grabar y luego subir a la Red, pero Miguel nos advirtió que el agua era muy fría y que seguramente nos enfermaríamos si nos bañábamos sin nada de ropa.

Al llegar al rio también nos dijo que no estuviéramos mucho tiempo en el agua pues eso seguramente nos afectaría también, nos lazamos al agua, yo traía unos bóxers cuadriculados en color celeste y blanco, Ronald llevaba unos negros ajustados de Calvin Klein, y Miguel traía unos calzoncillos verde olivo con un estampado como número de serie en el borde, ajustados y cortos, que hacían lucir deliciosa su verga acomodada al lado derecho. Después de algunos saltos mortales desde una roca hasta el rio y algunos roces intencionales con Miguel.

Salí del agua para descansar y quitarme el tremendo frío con la luz solar sobre una roca, Miguel hizo lo mismo y se sentó junto a mí, y charlamos de todo un poco, le pregunté por el estampado de su bóxer –tocando con mi dedo el borde de su bóxer, para indicarle – él sólo sonrió, y me explicó – toda mi ropa de la academia lleva este código, pues si se extravía en la lavandería o en las habitaciones, la podré reconocer entre tantas piezas iguales.

Me interesé por sus experiencias en la academia y, él me animaba a ingresar el próximo año, me comentó que me encantarían sus compañeros de habitación, pues eran muy “divertidos” –cosa que me pareció sugerente, más no hice caso. Mientras hablábamos de tantas cosas yo no paraba de ver su verga o sus piernas, y él sólo sonreía, simulando no enterarse. Y el tonto de Ronald estuvo tanto en el agua fría, que agarró una buena gripa.

Al regresar a la cabaña, Ronald tenía alta temperatura y malestar, así que Miguel, llamó a sus padres, quienes le dijeron que regresarían el domingo temprano, pero que al momento llamara al doctor, y así lo hizo. El médico dijo que lo dejáramos solo a él en esa habitación para evitar contagiarnos, le dejó los medicamentos a Sofía la empleada de la familia.

Nos mudamos al cuarto que normalmente le correspondía a Miguel, quien me dijo que podíamos poner las colchonetas en el suelo nuevamente, le dije que no; que era demasiado trabajo mover los muebles. Así acordamos dormir en la misma cama. Miguel me expresó, mientras se desnudaba – deberíamos ducharnos con agua caliente para evitar resfriarnos también – yo anonadado por verlo quitarse toda la ropa frente a mí, sólo pude decir – Está bien, dúchate tú, mientras bajo a cenar – El sólo me vio con unos ojos seductores y a la vez intimidantes – Aprovechemos el agua caliente para los dos y, cenamos juntos luego – me dijo. Y o sonreía y le dije que si, entonces él se puso la toalla al hombro y caminó al baño de la habitación.

Yo estaba saboreando sus nalguitas que se meneaban al compás de sus pasos, así que inmediatamente cerré la puerta de la habitación, me desnudé, tomé una de las toallas que había sobre la cama y me dirigí al baño, Miguel me preguntó – ¿Cerraste la puerta de la habitación? –le respondí que si, y entré a la ducha con él, me miraba de pies a cabeza con ojos de pasión, yo, un poco más tímido hacía lo mismo, viendo frente a mí su verga, que se notaba había depilado hace uno días, estaba dura y rica, él me expresó – ¿Te gusta mi verga? –Si, ya no me aguantaba más por vértela –Sabes que en la academia usamos en jabón líquido para enjabonarnos unos a otros.

Mientras abría la llave de la ducha caliente, tomó el jabón líquido y me pidió – Date la vuelta – yo obediente lo hice, comenzó a ponerme jabón en la espalda y con sus manos a esparcirlo, luego bajó a mis nalgas, yo estaba apoyado en la esquina del baño, él se deleitaba tocándome las nalgas, luego pasaba su manos por mi raja, tocándome el culito que se contraía cada vez que él me masajeaba con sus dedos, yo acompañaba su tarea con pequeños gemiditos de placer, a lo que  él me alentaba diciendo – ¿Te gusta que te sobe el culo? ¿Eeeh? Dime – Le respondía que si, con suspiros de placer.

Después me tomó de la cintura y acomodó su verga entre mis nalgas, aún sin penetrarme, sólo se frotaba contra mi cuerpo, y mientras se saciaba de lo caliente de mi raja, con sus manos recorría mi cuerpo, me agarró la verga y comenzó a sobarla, ya estaba dura así que no costó mucho hacerme explotar, con mi semen en sus manos y regado en el piso de la ducha, empezó a besarme el cuello, y nos dábamos apasionados besos, mordía mis orejitas. El me dijo que quería penetrarme ya, a lo que yo respondí – sólo hazlo con cuidado porque soy virgen – En ese momento dijo – me imaginaba, pero no te lo haré aquí, sino que debemos ir a la cama –

Me soltó suavemente y me siguió hasta salir del baño y preguntó –¿ Cómo lo quieres?- le dije que lo tradicional, por ser mi primera vez siempre me lo había imaginado así, entonces él me pidió que me recostara, boca abajo, yo le obedecí, se subió sobre mí, de rodillas en la cama sobre mi culo, me dijo que le chupara un poco el pene para lubricarlo de nuevo, así que me lo puso en la boca, lo chupé, rodeándolo con mi lengua, le quedó envuelto en mi saliva, volvió a su posición inicial y me dijo que respirara profundo, y me lo metió suavemente, sentía como mi ano le apretaba la cabecita, apreciaba un palo caliente, sus testículos se posaban sobre mí y me daban una comezón rica, el dolor era intenso, pero saber que ese espectacular hombre me penetraba hacía desaparecer el dolor un poco y con algunos gemidos de placer acompañaba su tradicional mete saca.

Al principio se me salía de culo, pero después él se acomodaba mejor y me hacía gritar con sus embestidas, yo no podía parar de repetir su nombre, el sudor se hizo presente y nuestros cuerpos brillaban a la luz de la lámpara de la habitación. Cuando ya me relajé, levanté mis caderas para que él pudiera culearme mejor, Miguel lo agradeció aumentado la velocidad de su culeadas, yo, sólo suspiraba y jadeaba a su ritmo, ya para el final se levantó con sus brazos arqueando su espalda, yo elevé mi culo para ofrecerle mejor panorama, me embistió con fuerza, hasta que lanzó una expresión de alivio, y pude sentir su caliente semen inundándome lo profundo del culo, él cayó rendido sobre mí, y  yo sólo sentía mi culo, que acababa de ser invadido por su primer hombre.

Quedé enviciado de esa verga, y su lechita empezaba a salir por mi culito, su verga ya reducida de tamaño, estaba reposando sobre mi culo, y Miguel tenía su pierna derecha sobre mí y con su brazo me acariciaba la espalda. Quizá fue corto, pero fue lo mejor de mi vida, y tuve la suerte de hacerlo con alguien con experiencia y mayor que yo, se imaginan ese espectáculo, Miguel 4 años mayor que yo, obviamente más desarrollado embistiendo mi culo con furia, bañado en sudor, que daba un tono brillante a su espalda y a su vello corporal de sus piernas y algo en el culo.

Esa noche continuó con una ducha, ahora sí para asearnos, luego bajamos a cenar, Ronald estaba dormido por los medicamentos, al día siguiente llegaron nuestros padres, y pasamos ahí en la cabaña una semana más, a escondidas veía a Miguel para practicar mis mamadas y una o dos veces más para que me cogiera el culo, pasé a ser su mujer, seducido por sus deseos y dispuestos a cumplir sus caprichos, completamente su puta.

Autor: Andrés

Me gusta / No me gusta

El hombre de la casa

Sentí como movió la cabeza de mi bicho en su chocha y se dejaba caer sobre mi verga, guiándola con su mano todo el trayecto, hasta yo sentí que sus vellos púbicos estaban sobre mi pelvis y allí comenzó un suave movimiento, como tratando de que mi erección se acomodara a su apretada chocha, sentía como se fue acomodando… a mi madre se le escapó un gemido.

He tenido la oportunidad de entrar a la página, primero solo navegaba para ver las fotos de amateurs y de otros grupos de fotos. Soy Elvis, tengo 24 años, casado, trabajo y estudio al mismo tiempo. Vivo en una pequeña casa de madera junto a la casa de mi madre. La historia que les voy a relatar es para que ustedes los lectores de relatos puedan juzgar lo que es cierto y lo que es una fantasía.

Todo esto ocurre después de que mi padre falleciera en accidente de auto (guiaba en estado de embriaguez.) Mi padre siempre fue un alcohólico. Somos una familia campesina, nada de esas cosas de lujos ni de vida social. Simples campesinos que trabajamos la tierra, que caminamos una 1/2 hora para llegar hasta la carretera para transportarnos al pueblo más cercano. Cuando mi padre falleció todo cambio en nuestras vidas, mi padre era mayor que mi mamá ya que se casaron, más bien se fueron a vivir juntos, cuando ella era apenas una niña y él era mayor, tenía 35 y era un respetado agricultor del área. Fueron nuestros abuelos quienes le obligaron a casarse.

Actualmente mi mamá, que llamaré Adela, es delgada, tiene un cabello largo hasta la espalda y color azabache, su figura era, hasta ese momento, de muy buen aspecto. Socialmente era retraída lo que yo consideré se debía a la constante ingestión de alcohol de mi padre y los bochornos que le  hacía pasar. A pesar de que era un hombre trabajador y teníamos una buena casa y un gran finca cultivada. Yo apenas cumplía los 18 años, soy el mayor de mis hermanos, me siguen 2 hermanas de 16 y 14, y ante la necesitad de dinero tuve que ser ajustes a mi vida. Conseguí un trabajo de seguridad en un edificio de oficinas, era un trabajo nocturno y durante el día estudiaba en la escuela del pueblo. Nada de colegios privados.

Con mi trabajo podía aportar dinero en la casa para mantener a mi madre y mis hermanas. Apenas cubría para las necesidades básicas de la casa. Mi madre hizo arreglos con los campesinos del área para que cultivaran y colectaran en la finca y ayudaba un poco económicamente para completar los otros gastos.

Durante ese primer año de la muerte de mi padre las cosas fueron cambiando en la relación con mi madre. Lo fui notando de poco a poco, primero me dio autoridad sobre mis hermanas. Luego me trataba diferente a la hora de servir la comida, ocupando el lugar y la preferencia en la selección de los alimentos. Lo que más me gustó fue cuando frente a nuestros familiares ella les dice a todos que yo era el hombre de la casa.

Un sábado que estuve libre, planificamos ir a comprar ropas para mis hermanas y otras cosas para la casa. Un amigo me prestó su carro y bajamos del campo al pueblo para conseguir las cosas que necesitamos. Durante el viaje me hablaba de las cosas que mi padre le hizo, no la atendía y  hacía más de 5 años que no intimaban. Que solo los unían nosotros, que éramos la más importante en su vida.

-Cometí el error de casarme muy joven, me dijo, pero lo peor de nuestras vidas resultaron ser los problemas íntimos que se colapsó después del nacimiento de María, (mi hermana menor) Yo, ingenuamente le pregunté a mi madre que entonces ” imagino que hace tiempo nada de nada” Nos reímos…ella un poco nerviosa…

Cuando estábamos por llegar al pueblo pasamos frente a un motel, que son utilizados para amantes para sus citas clandestinas de amor. Nos encontramos de frente a un auto que entraba, casi le impactamos pues cruzó frente a nosotros. Yo entonces le dije, -Esos parece que van con muchas ganas, ¿tú sabes que hacen ahí? Ella bajando la vista me asintió y comenzamos a reírnos en complicidad.

Cuando estábamos comprando ropa para mis hermanas, ya había planificado y sacado un dinero que tenía guardado, pensaba darle la sorpresa a mi mamá para que comprara ropa más juvenil….así que cuando llegamos al área escogí unos vestidos de moda y unos suéteres en combinación y se las llevé. -Quiero que te pongas esto, a ver como te queda. Ella me miró, yo la miré y le acerqué la ropa para que la tomara. Se fue al vestidor a probársela. Cuando salió, se veía más juvenil, un brillo especial salía de sus ojos.

La miré viendo su cuerpo delineado por el vestido y pude notar que mi madre tenía un cuerpo bello y el suéter ajustado  hacía que sus senos se notaran grandes y en armonía con su cuerpo. Cuando levanté mis ojos ella me miraba esperando una respuesta, le dije, -Mami, estás chula, vírate a ver como te queda por detrás. Hummmmm no podía creer, al no ver su rostro tuve la reacción normal de deseo y pasión, sentí un temblor recorrer mi cuerpo según mi vista se fijaba en sus caderas y nalgas ajustadas a una ropa más juvenil de lo que estaba acostumbrado a verla.

-Waaooooo ma’ todo lo que se estaba perdiendo mi pa”. Se reía y parecía más jovial y más divertida, algo desconocía de mi mamá, que fuera pícara. -Pero yo espero que no sea tarde para ponerme al día de esa dieta…jajajajaajajaja. -Y mami, ¿no hubo nadie que te enamorara durante ese tiempo? a lo que ella me aclaró que nunca y si alguien la miraba mucho le retiraba cualquier confianza por respeto a mi padre.

Como del campo se baja temprano subimos antes del mediodía y compramos pollo a la barbacoa y viandas para mis hermanas. Así que después de eso nos montamos al carro y continuar nuestro viaje. Cuando estábamos en marcha le comenté sobre el tipo desesperado que se nos cruzó en el camino para entrar al motel. -Mami, ¿papi nunca te trajo a estos sitios? Ella aceptó que no y que ella perdió la virginidad con mi padre a los tres días de haberse fugado con él. Entonces le dije:

¿Quieres entrar a ver como es por dentro, los cuartos y esas cosas que dicen de espejos? -¿Contigo?, si tú eres mi hijo. A lo que yo le respondí…- Tú dijiste que soy el hombre de la casa, ¿que hay de malo? Además es pura curiosidad entremos y veamos como es eso.

Dicho y hecho cuando llegamos a la entrada del motel entramos (bajo la protesta de mi mamá) busqué una cabaña, según les llaman, que tuviera acceso y lejos del movimiento de los carros que entran y salen. Me metí a una cabaña y salí a bajar la cortina que oculta el carro, regresé y entré a ver como estaba por dentro, todo en orden, dos toallas y dos jabones pequeños encima de la cama, un tv y videocasetera, un radio, todo limpio.

Regresé al auto y abrí la puerta de mi mamá….-Ven, está todo bien. –Tú estás loco, se bajó diciendo, -Pero que vamos hacer nosotros aquí. -Ven, no protestes, piensa que esto es un tour. Sentí como su mano temblaba, estaba nerviosa, pero sus ojos tranquilos y se notaba estaba alegre compartir esto con su hombre de la casa.

Ella miró la cama como centro de la habitación, luces indirectas en el mueble que estaba al lado de la cama, una mesa con dos sillas y una pequeña mesa. Le dije que muchos le llamaban “bañarse con jabón chiquito” cuando van un motel. Y se lo señalé con las dos toallas, entramos al baño y me preguntaba por la pieza al lado del inodoro cuando tocaron por una pequeña ventanilla, fui y pagué la estadía. Mi madre no se movió de donde estaba en el baño y le expliqué sobre el bidet, que era utilizado por las mujeres para lavar sus partes íntimas con agua, te sientas y controlas el agua aquí…

Mi mamá se reía y decía que se parecía una fuente de la escuela…-Ok, déjame sola que voy aprovechar y usar el baño. Me salí y aproveché,  apagué la luz principal y dejé las luces indirectas. Puse el aire acondicionado y me quité la ropa. Sabía que mi madre había aprovechado la experiencia y estaba usando el bidet pues escuchaba su risita de niña traviesa. Abrió la puerta y me vio acostado en la cama. -Oye ¿y no nos vamos a ir?, esto era solo una visita para ver como era. -Ya pagué así que podemos quedarnos aquí por las próximas 4 horas, así que aprovecha y acuéstate que yo voy a dormir un sueño, estoy cansado, salí a las 5:am de trabajar y estoy que me duermo de pie.

Ella se sentó y yo la miraba haciéndome el dormido, recogió mi ropa y la puso en la silla, cuando vio mi ropa interior la subió a la luz del baño para cerciorarse que era mía y luego me miraba. Se sentó y no  hacía más que mirarme, tal vez todos los temores que puede tener una mujer en esta situación pasaban acelerados porque se notaba que estaba meditabunda.

Me volteé, la llamé, -¿Que haces ahí?, ven acuéstate aquí a mi lado, tú nunca has probado el aire acondicionado, se siente friito aunque el que tenemos en casa es natural por la finca y las lluvias de todas las tardes. Ella titubeó pero sentí como se levantó y se paró frente a la cama, como adivinando como estaba yo debajo de la sábana, sabía que estaba desnudo, así que tomó una almohada y se colocó a mi lado sin atreverse a meterse debajo de las sábanas. Me volteé y puse mi cara entre su cuello y su fragancia me envolvió y dormité. No se cuanto tiempo dormí pero cuando desperté mi madre estaba dormida y se había metido debajo de la sábana de espaldas a mi.

Tenía toda su ropa puesta y yo tenía una erección que siempre despierto con ella, así que me pegué a su espalda, ya despierto y puse mi erección entre sus nalgas y me quedé allí abrazado a ella. No podía dormir así que comencé a sentir como mi pene se empalma más y más entre las nalgas de mi madre. Mis caderas empezaron a moverse rítmicamente despacio para no despertarla, en una sentí que ella despertaba y me quedé quieto.

Sentí cuando ella gimió un poco y sus nalgas se apretaron más contra mi erección y su pie me lo colocó detrás de los míos, como para retenerme pegado a ella. Mami llevaba un vestido holgado así que metí mis manos y le fui subiendo para ver su nalgas al desnudo por la cuales pase mis manos acariciándola, no quería que despertara. Otra vez vuelve y como despierta siento que se aprieta más y luego se vira boca arriba, así mis manos en sus caderas fueron resbalando hasta sentir su pelvis, empecé explorando desde su pelvis tomando todo con mis manos y movía los dedos como midiendo el ancho de sus partes íntimas, sentía su vello púbico con una suavidad exquisita y luego traté de tomarla más íntimamente bajando mi mano, esto hizo que mami gimiera un poco y abriera sus piernas un poco como para permitirme acariciarla toda, en eso estuve buen rato y comencé a sentir como se humedecía su ropa interior y un casi imperceptible movimiento de sus caderas.

Yo seguía con mi mano cubriéndola toda y moviéndola de abajo y suavemente hacia arriba presionando un poco en ese movimiento. De pronto sentí la respiración agitada de mi madre, su mano tomó la mía que traté de retirar pero no me lo permitió apretándomela contra su pelvis y guiada por su mano seguí en el moviéndola hasta sentir como mi madre alcanzaba un orgasmo, y sus movimientos involuntarios contra mi mano hasta que fue cesando poco a poco. Se levantó y fue al baño.

-Eaaaaa, rayossss, -¿Que hice?, ahora que venga lo que sea pero a lo hecho pecho. Cuando salió del baño, se sentó en la cama y me dice: -Creo que has conseguido lo que querías, ah. Me has hecho olvidar que eres mi hijo, y si un hombre con necesidades de gozar del placer de una mujer, no debí decirte que  hacía años no me sentía mujer, deseada por un hombre que yo quisiera entregarme. Pero contigo ha sido muy diferente tú has sabido tomar a cabalidad tu obligación de hombre. Y me has demostrado que sigo siendo mujer, no un mueble de la casa como tu papá. Creo que hemos hecho algo que no esta permitido entre madre e hijo pero tú necesitas la atención de una mujer y de ahora en adelante yo seré tu mujer, solo que debemos evitar que alguien se entere y para no arriesgarnos a que nos descubran deberíamos hacerlo en la intimidad de nuestra casa.

Yo asentí y le dije que si quería nos podíamos ir ya. Pero ella levantó las sábanas y miró que todavía mi pene esta erecto, como asta de bandera. – Tú me complaciste a mi, ahora quiero sentir eso pero en mi cuerpo. Quiero sentir ese bicho (polla) dentro de mi, moviéndose hasta que te saque toda esa leche que guardas en tus huevos. Quiero sentir ese chorro de leche dentro de mí, que me hagas gritar de placer.

Mi madre tomó mi miembro entre sus manos y comenzó a explorarlos como quien va comprar algo al mercado. Yo cerré los ojos para sentir mejor sus manos suaves como movían mi piel hacia atrás y me acariciaba los huevos con su otra mano. Uhmmmmmmmmm, decía ella en aprobación, -Que rico Elvis, la verdad que superas por mucho lo que puedo recordar de tu padre. Siento como responde al toque de mis manos y se yergue más, siento como pulsa al movimiento de mi mano, rígido, muy rígido, creo que me puedes lastimar, porque hace tanto no siento nada así dentro de mi…

-Tú quieres, amor. Quieres disfrutar de mí. Quieres penetrarme, mi amor. Yo respondí moviendo mi cabeza.

Entonces ella se levantó y se quitó la ropa interior, un panty color carne, que acomodó en la mesa yo pensé que se desnudaría toda pero no, volvió a la cama y se montó sobre mi. No podía ver sus partes íntimas, tal vez ella no se sentía cómoda, pero aun así tomó mi bicho y se lo acomodó en su chocha, pude sentir como movió la cabeza de mi bicho en su chocha, y mojaba bien la cabeza de mi bicho con su humedad, luego se detuvo y sentí como se dejaba caer sobre mi verga, guiándola con su mano todo el trayecto, hasta yo sentí que sus vellos púbicos estaban sobre mi pelvis y allí comenzó un suave movimiento, como tratando de que mi erección se acomodara a su apretada chocha, sentía como se fue acomodando… a mi madre se le escapó un gemido…

-Mmmmmmmmmmmmmm mmmmmmm, que ricoooooooooooooo bebe. Que rico, coño tanto tiempo, Elvis soy tuya, bebe…no te muevas Quédate quietecito, los movimientos de mi madre comenzaron a ir en aumento estrujando su pelvis contra la mía.

Mi bicho comenzaba a sentir como si se inflara ya estaba presto a soltar su carga de leche…mi mamá lo presentía y como que giraba más alocadamente su caderas, para detenerse un momento y decirme… -Me vengooooooo, bebe…me vengooooooo, tomalaaaaaaa, gózate esa chocha de mami, venteeeeeeee, dame esa leche, dale, venteeeeeeeeeeeee conmigooooo, dámelaaaaaa, quiero sentir que me bañes con tu leche….Sentía las contracciones de la vagina de mi mamá, como ella apretaba mi bicho dentro de ella y no pude evitarlo, sentí como mi pene en un impulso derramaba mi leche dentro de mi madre, mientras ella gritaba, -Asiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii, dámela toda…coño, me vengo también, dale bebe, dámela toda…que rico….gózame mi amor, así… sentía como ella volvía a venirse, como todo su cuerpo temblaba de placer, levanté mis ojos y ella tenía su traje enrollado en su pecho y pude ver su piel blanquísima y sus vellos púbicos negros como su pelo, tenía unas caderas amplias jamás imaginada por mi, pensé que debía ser porque estaba montada sobre mi…

Rendida se acostó sobre mi pecho y pudo sentir como mi corazón latía, -Ya cálmate, sigues siendo el bebe de mami, y serás siempre el hombre de la casa y mi hombre también. Nos arreglamos, salimos y llegamos a casa un poco tarde pero con una felicidad indescriptible, ya no la veía como mi mamá, de ahí en adelante era mi mujer y yo voy a ver como iba hacer para mantener mi lugar de ahora en adelante. Tenía que probarle a ella y a mi mismo si era cierto que soy el hombre de la casa…pero eso lo dejo para contárselo luego…

Autor: Elvis

Me gusta / No me gusta

La isla desierta

Diego te he deseado desde que te vi en el barco por cubierta. Sin más tendido sobre la cama ella se sentó sobre mí, abrió sus piernas y se introdujo mi polla en su coño. Comenzó a mover sus caderas arriba y abajo, fuimos lentamente fundiéndonos en uno solo, sus gemidos y jadeos aumentaron, sentí en mi verga sus jugos, ella me besó largamente mientras le inundaba su conchita con mi semen.

Viajábamos en un crucero, ella morena pelo liso y largo hasta donde termina la espalda, unos preciosos ojoso color miel, mediría alrededor de 1,65 sus medidas calculo que rondarían las 100-63-95, de pechos firmes y redondos, su hermoso culo hacía a cualquier hombre quedarse sin aliento respingón pequeño y redondito, la chica tendría unos 25 años aproximadamente. Vestía una camiseta de tirantes blanca, la cual dejaba ver su apetitoso ombligo y una larga falda azul claro, unos lindísimos zapatos con tacón de aguja blancos.

Yo mido 1,68 de ojos marrones oscuro, pelo castaño tan claro que parece rubio, de cuerpo atlético, vestía pantalones y camisa. Paseando por cubierta descubrí que su nombre era Rocío.

Pasado los días una noche el barco naufragó, desperté en una isla aparentemente desierta; a lo lejos vi un cuerpo, me acerqué y cual fue mi sorpresa al ver que era Rocío. Me incliné sobre ella, le hice masajes de reanimación, después le hice la respiración boca a boca, cuando me di cuenta ella me estaba dando el beso más tierno y dulce de mi vida, ella con su lengua empujaba mis labios hasta lograr entre abrirlos e introducía su lengua en mi boca, la notaba chocar con mi lengua y dientes yo por mi parte hice lo mismo con su boca, mientras le acariciaba sus pechos y ella acercaba mi cabeza a la suya con sus manos. Terminado el beso nos pusimos en pie, teníamos las ropas hechas jirones pero eso no nos importó lo más mínimo, nos presentamos diciéndonos los nombres de cada uno:

-Me llamo Rocío- Dijo ella con la voz más dulce que había oído jamás.-Yo me llamo Diego- Le respondí yo sonriéndola algo avergonzado.

Nos cogimos de la mano y recorrimos la isla entera, nos cercioramos de que era una isla desierta, nos hicimos una pequeña cabaña en la playa, justo en el lugar donde la encontré.

En el primer día de estancia en la isla yo me encontraba durmiendo cuando me desperté muy excitado y lo que vi a continuación me excitó todavía más, Rocío se encontraba sobre mí con mi polla completamente metida en su dulce boquita, me la chupaba como una maestra del sexo arriba y abajo, yo le tocaba sus pechos y le pellizcaba sus preciosos y oscuros pezones ya que ella solo llevaba puesto un pequeñísimo tanga azul claro celeste y yo estaba completamente desnudo que es como ella me había dejado.

– ¡Mmmm sigue cariño!- le dije entre gemidos.

Ella se cambió de postura quedando ambos en la postura del 69, con mis manos la despojé delicadamente de su tanga, ella acariciaba mi polla con sus manos y mordisqueaba mis huevos, mientras yo metía mi lengua en su preciado coñito el cual tenía perfectamente depilado; mi lengua salía y entraba de su coño a la vez que comencé a mordisquearle el clítoris introduje dos dedos en su coño, dentro fuera:

-¡Ooooohhhh, Oooooooh, si mi amor fóllamelo así que rico!- Chilló ella entre gemidos. -¡Rocío! ¡Me corrooooooo!- le grité yo.

Ella al instante introdujo mi polla en su boca y casi a la vez nos corrimos los dos.

¡Aaaahhhh, Aaaahhhh!- Gritamos ambos.

A continuación nos besamos mezclando en nuestras bocas los fluidos de ambas. Ella con voz susurrante y muy excitada me dijo:

– Diego fóllame, te he deseado desde que te vi en el barco por cubierta.

Sin más tendido sobre la cama ella se sentó sobre mí, abrió sus piernas y se introdujo mi polla en su coño. Comenzó a mover sus caderas muy despacio, arriba y abajo, fuimos lentamente fundiéndonos en uno solo, sus gemidos y jadeos aumentaron sentí en mi verga sus jugos, ella me besó largamente mientras le inundaba su conchita con mi semen…

Fui a un lago cercano para disponerme a darme un baño. Cuando sobre una roca me encontré uno de los tangas de Rocío, me quité la poca ropa que llevaba y me lancé al lago. Divisé a mi amada en la lejanía, llegué hasta ella buceando y comencé a besar su culo, entre caricias y tiernos besos fuimos hasta unas rocas cercanas. Ambos nos encontrábamos ya muy excitados, ella muy húmeda y yo con mi polla en su total erección; ella se acariciaba las tetas y se introducía en su coño tres dedos de una vez, yo le abría su culo con mis manos y le metía mi lengua por su ano.

-¡Ooohhhhh, Siiiii, sigue, quiero que me hagas ver las estrellas!- Decía ella, mientras no paraba de masturbarse.

Comencé a meterle un dedo y mi lengua, pasaba mi mano por su culo y la parte baja de su coño el cual ya estaba chorreando de sus jugos vaginales y gracias a estos facilitaban la introducción en mis dedos en su estrecho año.

-¡Aaaahhhh aaahhhh, ssiii que rico me corrooooooo!- Gimió ella.

Rocío tuvo su primer orgasmo del día.

Pasé mi polla por su coño, ella la acarició levemente y mientras la mordisqueaba sus orejas me cogí la polla y le introduje la cabeza en su culo:

-¡Aaaaaaaaaaaaaaaahhhhhhhh!- Gritó ella mientras se le salían las lágrimas por los ojos. -¿Quieres que pare mi cielo?- La pregunté yo algo preocupado.- ¡Noooo mi amor, sigue, rómpemeeee el culo!- Me dijo ella entre sollozos.

Continué metiéndole mi polla hasta que la tuvo toda dentro. Empezamos a movernos, primero despacio para que se acostumbrara su cuerpo a tener esa carne dentro y después más rápido.

-¡Siiiii, dale, ¡sigue! Me encanta sentirme penetrada por ambos sitios. ¡Ooooohhhh, Ooooohhhh!- Se le oía decir entre gemidos y leves sollozos.

Sollozos que al principio eran de dolor y luego de placer.

-¡Córrete mi puta, córrete yaaa!- le grité.

Ella al llamarla puta se excitó aun más y a los pocos segundos tuvimos un orgasmo casi simultaneo.

-¡Aaaahhhh, aaaaahhhhhhh, me corrroooo!- Gritamos ambos entre gemidos, casi tan a la vez que parecía una voz sola.

Yo me corrí en su culo y se lo limpié con mi lengua. Nos besamos y abrazamos, cogimos la ropa y nos fuimos a la cabaña a comer algo.

Así pasamos los días en la isla comiendo, durmiendo, y follando hasta que cuando pasó aproximadamente dos meses de nuestra estancia en la isla un yate apareció y nos rescató, en este yate había una bellísima pareja…Pero esta ya es otra historia si ustedes quieren más.

Esta historia es toda una fantasía…

Autor: Pablo_VAMPIRE

Me gusta / No me gusta