Última cita

Sus gemidos se transformaron en sollozos y lágrimas de dolor corrieron por sus mejillas, su mano rozaba mis testículos mientras masturbaba su coño, ella llevaba encadenando orgasmos uno detrás de otro y cada cual era más largo del anterior. Me suplicó que me corriera en su culo porque mientras sintiera aquella polla metida en su trasero no pararía de excitarse.

Fue nuestro último encuentro pero yo todavía no lo sabía. Quizás ella si lo tenia previsto y por eso hizo que aquellas horas fueran tan inolvidables. Quedamos una mañana pocos días antes de navidad en la Plaza Lesseps para ir a la Casita Blanca y encerrarnos un buen rato en una de sus habitaciones.

Para quien no viva en Barcelona explicaré que se trata de un histórico establecimiento donde alquilan habitaciones a parejas que quieren compartir unas horas de intimidad, sin necesidad de buscar complicadas sistemaciones en casa de alguna amistad cómplice o de correr el riesgo de encontrarse en sus propias casas con todos los riesgos que esto comporta para unos amantes clandestinos.

Tampoco se trata de un hotel donde al llegar en pleno día te van a preguntar con disimulada malicia ¿No llevan equipaje los señores? o al dejarlo pocas horas después: ¿Ya se marchan? En la Casita Blanca saben perfectamente cual es el motivo de tu estancia y rodean tu visita de la máxima discreción.

Entras directamente en el parking con tu coche que en seguida procuran ocultar con unas cortinas y cuando te acompañan a tu habitación, no te vas a cruzar con ningún otro cliente. Lo mismo pasará al marcharte, para la cual cosa tendrás que avisar de tu salida con un timbre que hay en todas las habitaciones para que vengan a recogerte y acompañarte de vuelta a tu vehículo.

Aquel encuentro era un regalo de Navidad que nos hacíamos recíprocamente. En los tres meses anteriores nos habíamos citado siempre a la hora de comer cuando cada uno de nosotros dejaba su trabajo durante un par de horas o al terminar la jornada para tomar un aperitivo en algún bar. El sexo siempre había tenido lugar al mediodía en mi despacho que quedaba deshabitado durante aquellas dos horas. Entre los desplazamientos de ella y las precauciones para no apurar demasiado con el tiempo y evitar ser sorprendidos in fraganti por algún compañero demasiado puntual, nuestros encuentros se limitaban a una hora en la cual intentábamos conseguir el máximo de placer para ambos sin que la prisa nos condicionara demasiado ni que las obvias limitaciones de hacerlo en una oficina fuera un impedimento para conseguir unos orgasmos más que satisfactorios.

Al decir la verdad el lugar tenía su morbo y, haciendo de necesidad virtud, habíamos conseguido que ninguno de nuestros encuentros mereciera ser olvidado. Cuando, normalmente después de media hora de preliminares, se llegaba a la penetración, era una mesa del despacho la que nos servía de apoyo para que ella se tumbara de espalda y yo, de pie, me metiera entre sus muslos abiertos que les aguantaba levantados.  Otras veces la misma mesa le servía para agacharse de pie y ofrecerme otra perspectiva para que yo pudiera separar sus nalgas y buscar con mi verga su sexo húmedo. Cuando la poseía de esta manera podía contemplar detenidamente su magnifico culo y el agujero entre las nalgas separadas era una gran tentación que se me ofrecía, pero la fugacidad de aquellos encuentros no era la adecuada para una sesión de sexo anal que necesita una buena dosis de lubricación y un lento y dulce trabajo de dilatación manual para que no sea demasiado dolorosa e igual de placentera para los dos.

Entonces de vez en cuando me limitaba a meter mi dedo corazón en su culo mientras mi sexo penetraba su vagina y podía sentir mi verga dura al otro lado de sus entrañas ya que las dos cavidades están muy juntas la una a la otra y las separa una pared muy fina (los que hayan tenido la fortuna de penetrar una mujer en una de sus cavidades mientras otro hombre la penetra en la otra entenderán a que me refiero).

Otras veces era ella que me cabalgaba sentado en un sillón de la oficina haciéndose cargo de todo el trabajo para que mi sexo duro y erguido se moviera dentro del suyo. Si piensan utilizar los sillones de sus oficinas para esto (además de sentarse en ellos para trabajar) y tienen poder de decisión al momento de las compras, les aconsejo evitar los modelos con apoyabrazos. Ustedes sabrán como mejor argumentar su decisión sin tener que confesar el motivo real.

También el hecho de tener que hacerlo semidesnudos tenía su encanto. La mayoría de las veces cuando yo acababa eyaculando dentro de su coño o en su garganta, tenía todavía los pantalones bajados a los tobillos. Ella procuraba llevar falda y medias los días que nos íbamos a ver. Lo hacía por practicidad, pero también para alimentar mi fetichismo, ya que se había dado cuenta de cuanto me gustaba una falda levantada y meterme entre unos muslos enfundados en seda negra; que sus pies llevaran unos zapatos de tacón y que sus braguitas quedaran colgando de uno de sus tobillos mientras mi gruesa y dura polla se movía dulce o frenéticamente dentro de ella.

Casi siempre llevaba una blusa con botones que puntualmente acababa abierta dejando ver el sujetador negro de encaje suficientemente fino para que pudiera pellizcar o mordisquear sus duros pezones.

Cuando el encuentro no había sido programado y ella llevaba su ropa habitual era cuando acababa agachada en la mesa; los pantalones a los tobillos, las braguitas bajadas a medio muslo o solo lo suficiente para dejar al descubierto los labios húmedos y abiertos de su sexo.

Pero no eran pocas las veces en que terminábamos completamente desnudos; ella rodeándome con sus brazos y sus piernas y yo bombeando mi verga dentro de su coño suave. Eran los días de máxima excitación, cuando todo lo accesorio era superfluo y se buscaba el máximo contacto de nuestras pieles que en aquellas ocasiones alcanzaban unas temperaturas parecidas a las de un enfermo con fiebre.

Eran encuentros fugaces pero nunca rutinarios. Siempre había alguna novedad; algo nuevo que se improvisaba sobre la marcha aprovechando cualquier oportunidad. Como aquella vez que, al no haber empezado todavía, tuve que contestar a una llamada telefónica y a ella se le ocurrió meterse debajo de mi mesa, abrirme la bragueta, sacar mi polla y empezar a chupármela mientras yo intentaba concentrarme en la conversación sin que mi interlocutor se diera cuenta de que algo raro pasaba al otro lado de la línea. Enfrente de mi mesa había un espejo de cuerpo entero y podía verle de espaldas, arrodillada entre mis piernas abiertas con la falda levantada hasta la cintura enseñándome su redondo trasero que el tanga color carne dejaba verme casi por completo. Podía ver su cabeza moverse rítmicamente arriba y abajo y, si con la mirada bajaba a mi entrepierna, me encontraba con sus ojos que me miraban fijamente, pendientes de todas mis reacciones a su mamada y con sus labios que sonreían con malicia hasta donde se lo permitía mi gruesa polla metida en su boca.

Para nuestro regalo de Navidad, ambos procuramos cuidar hasta el envoltorio y yo me presenté a la cita vestido con mi mejor traje azul marino, camisa blanca y una corbata de seda roja. Ella llevaba un traje chaqueta negro con una blusa de un color rojo muy vivo convenientemente desabrochada para dejar ver el surco que se formaba entre sus pechos. Los labios pintados de un rojo brillante como las uñas de sus manos.

Para que no pareciera todo muy programado cada uno de nosotros llevó una pequeña sorpresa; así al quedarnos a solas en la habitación, ella sacó de su bolso un frasco de lubricante, con lo cual imaginé que por fin iba a disfrutar con el agujerito de su culo mientras yo extraje de mi maletín unos cuantos metros de cuerda con la cual pensaba cumplir con su fantasía de poder poseer a un hombre atado a una cama.

Una media hora después yo ya estaba completamente desnudo, tumbado en la cama, los brazos y las piernas abiertas, las muñecas y los tobillos atados a los barrotes. Ella, todavía con la ropa interior puesta, acariciaba mi cuerpo, chupaba y mordía mis pezones, disfrutaba viéndome cada vez más excitado, incapaz de moverme, sin poderla ni siquiera tocar; mi espalda arqueándose encima de la cama, mi polla tiesa y dura, el capullo hinchado de un color rojo oscuro.

De vez en cuando se separaba de mí, se ponía de rodillas a mi lado, metía una mano en sus braguitas y yo incorporándome con mucho esfuerzo podía mirar como la movía debajo del tejido entre sus piernas y solo podía imaginar lo que estaban haciendo sus dedos allí debajo. Finalmente se quitó las braguitas y poniéndose a gatas encima mío, las rodillas a los dos lados de mi cabeza, me dejó a la vista justo encima de mi cara, su sexo con los labios rosados, húmedos y abiertos que sobresalían entre los ricitos de su vello negro. Podía sentir una de sus manos agarrando fuerte mi polla y meneándola lentamente mientras la otra acariciaba mis testículos hinchados, pero todo el campo de mi visión estaba ocupado por sus nalgas y sus muslos y su coño húmedo entre ellos. Intentaba incorporarme para alcanzar a lamérselo, pero solo conseguía besarle los muslos, hasta que no fue ella misma abriendo más las piernas a ponerlo al alcance de mi lengua.

Por fin pude sentir en mi boca el sabor acre de sus jugos que llevaba unos minutos oliendo. Mi lengua se movió frenética en sus labios y jugueteó con su clítoris. La oí gemir y jadear mientras mamaba mi verga y sus caderas empezaron a moverse restregando su coño en mi cara. Era como una boca que buscaba la mía y entonces le metí dentro la lengua hasta donde pude. Los gemidos ahogados que salían de su boca llena de mi carne se hicieron más agudos, su sexo empezó a pulsar y a contraerse y sus labios se sellaron a los míos empujando mi cabeza hacia la cama. Mi nariz entre sus nalgas no podía inspirar y al intentar hacerlo con la boca esta se me llenaba con los jugos que chorreaban de su vagina. Empecé a tragarlos para poder dejar entrar también un poco de aire entre un sorbo y otro. Me faltaba el aire, sentía como me ahogaba, la sangre pulsaba en mis sienes y la vista se me ofuscaba. Al mismo tiempo sentía el orgasmo pasar lentamente desde mi columna hasta mis huevos como una corriente, luego subir por mi verga como una descarga que explotó en su garganta.

Mi corrida me salvó de morirme ahogado. Como no pude avisarle el chorro de semen la cogió por sorpresa y también estuvo a punto de ahogarse con mi esperma por lo cual se sacó mi polla de la boca y las siguientes descargas estallaron en su cara. Pude darme cuenta de ello cuando giró su cabeza hacia mí para sonreírme maliciosa. Su cara y hasta su pelo estaban llenos de gotas de esperma.

Sin dejar de sonreírme pero sin pronunciar una sola palabra, desató mis piernas y mis brazos, luego se puso a gatas sobre la cama apoyada en las rodillas y los codos, mirándome por encima del hombro. Me invitaba a cumplir con mi deseo ahora que ella ya había satisfecho el suyo. No me costó mucho trabajo lubricar su agujero ya que los jugos y el sudor llenaban el surco entre sus nalgas. Igualmente puse lubricantes en mis dedos para penetrárselo y dilatarlo dulcemente. Ella acompañaba mi trabajo con unos gemidos de satisfacción mientras se masturbaba con una mano.
En unos minutos no solo su culito estaba listo para ser sodomizado; también mi miembro había recuperado la rigidez adecuada.

Sin demasiado esfuerzo mi capullo consiguió pasar por el estrecho orificio de su culo para encontrarse al otro lado con las paredes blandas y elásticas de sus entrañas calientes que le acogieron dentro de ellas. El resto de mi polla se metió dentro lentamente hasta que mi abdomen se apoyó en sus nalgas. La respuesta de ella a tamaña intromisión fue un largo y débil gemido de dolor. Podía ver su cara de perfil en la cama, apoyada sobre una mejilla. Los parpados apretados por el dolor, la boca totalmente abierta como en un grito silencioso.

Al notar mi indecisión por el miedo que tenía a hacerle daño empezó a incitarme a seguir, pero esta vez no fue con palabras dulces apenas oíbles como cuando la follaba en mi despacho. Empezó a insultarme con una serie de términos que nunca le había oído pronunciar. Lo menos duro que me dijo fue, maldito cabrón, y tampoco mi madre se salvó de los insultos, mientras me urgía a que la enculara, que le abriera el culo, a que se lo partiera o se lo rompiera. No necesitaba ninguna invitación para hacerlo, pero sus palabras me sacaron de dudas y empecé a embestir su culo con furia. La agarré por los hombros para atraerla hacia mí mientras le metía mi verga hasta el fondo y así aumentar la fuerza de mis embestidas.

La agarré incluso del pelo mientras apoyaba las plantas de mis pies en la cama para ponerme encima de su culo y enterrar mi espada de carne en el profundo de sus entrañas. Sus gemidos se transformaron en sollozos y lágrimas de dolor corrieron por sus mejillas, pero podía notar su mano que rozaba mis testículos mientras masturbaba su coño y acabó confesándome entre sollozos y mientras yo no paraba de enterrar mi estaca entre sus nalgas abiertas que llevaba unos cuantos minutos encadenando orgasmos uno detrás de otro y cada cual era más largo del anterior. Me suplicó que me corriera en su culo porque mientras sintiera aquella polla metida en su trasero no pararía de excitarse.

Otra vez sentí la corriente de mi orgasmo subir desde mis testículos hasta mi capullo, esta vez mucho más lentamente. Por unos segundos el placer se quedó suspendido dentro a mi capullo como si quisiera hacerle explotar, luego se rompió en muchas pequeñas descargas de placer, a cada una de las cuales un chorro de mi semen se corría dentro de su culo. Las primeras cortas y rápidas y poco a poco más débiles y espaciadas, hasta que me vacié de todo mi esperma dentro de ella.

Cuando la última gota de semen salió de mi polla, ella seguía con su último orgasmo y yo, entre el deseo de complacerle y hacerle gozar y la excitación que me producía verla y sentirla volverse loca de placer, seguí moviéndola en su culo por unos interminables minutos hasta que ella no terminara definitivamente de disfrutar.

Una media hora después volvíamos a estar vestidos sentados en el borde de la cama a la espera del conserje que nos volviera a acompañar hasta mi coche. Se hablaba de los preparativos para las fiestas y de cuanto nos iban a costar. Luego en la calle nos dimos un beso fugaz y nos felicitamos las navidades con la promesa de volver a vernos después de las fiestas. Pero fue la última vez que le vi.

Este relato es real. El lugar y los personajes también (uno de los dos soy yo). He añadido algunos detalles inventados para que se acercara más a la fantasía con la cual me he masturbado muchas veces desde entonces mezclando la realidad con el sueño.

El final de la historia, lamentablemente, es fiel a lo que pasó.

Me gustaría recibir algún comentario para saber antes de todo si os ha gustado. Si os habéis excitado con ello y si pensáis que vale la pena que vuelva a escribir sobre mis experiencias pasadas.

Si os he aburrido no os preocupéis. Lamentablemente no tengo muchos más recuerdos como este para contar.

Autor: Armand

Me gusta / No me gusta

Posé para mis dos amigos

Me obligan a follarme a montones de chicos. De uno en uno, de dos en dos, de tres en tres. A veces me meten dos pollas a la vez en la boca. A veces ni siquiera me cabe una, de tan grandes que son. Me obligan a dejar que se corran en mi cara y a tragarme su semen. Me dan por el culo cuando les viene en gana. Hacen que me folle un negro tras otro, mientras obligan a mirar a mi novio.

Me llamo Laura. Aunque soy francesa (nací en Lyon), mi madre es española. Hace ya tres años que vivo en Barcelona, y me encanta la ciudad. Tengo 25 años, y trabajo de enfermera en un conocido hospital. Esta historia no ha ocurrido (aún), pero es una fantasía que me contó una vez mi novio y que ahora me obsesiona. El relato lo hemos escrito juntos, pero refleja exactamente lo que piensa la parte más desatada de mí. Esa que sólo sale de vez en cuando, que me libera totalmente y que hace que me sienta maravillosamente femenina. Espero poder hacerla realidad (ya sea con chicos o con chicas, si os soy sincera) algún día, pero de momento me conformo con compartirla, que es algo que ya de por sí me excita mucho.

Para que me podáis imaginar mejor, me describiré (aunque me ayuda mi chico, os prometemos que lo hace sin mentir ni un poquito) como una chica que siempre ha resultado muy atractiva, de piel clara, ojos verdes (heredados de mi madre, que es del norte de España) y cabello castaño y liso. Tengo un tipo muy bueno. Me gustaría tener la tripa un poco más firme, pero soy delgada, de pechos perfectos (eso dice mi chico, pero es lo que más me gusta de mí misma, ya que son ligeramente -muy ligeramente- más grandes que la media, firmes y bonitos) y un culito pequeño pero respingón. Me da un poco de vergüenza describirme con esta chulería, pero mi novio insiste en que me imaginéis, y si olvido la falsa modestia sé que soy muy afortunada con mi físico.

En el verano ya hacía un mes que mi novio se encontraba en otra ciudad por razones laborales. Sabía que su ausencia era temporal, pero aún así los días sin verle se podían hacer muy largos. Para sobrellevar la ausencia, a veces manteníamos charlas telefónicas nocturnas muy calientes. En ellas me decía las ganas que tenía de follarme, y yo le sugería divertida  que se masturbara para calmar su ansiedad. Él me respondía que ya lo hacía, pero que necesitaba inspirarse, por lo que me pedía que inventara historias en las que la protagonista era una versión de mí misma pero con la personalidad –y las vivencias- del personaje más excitante de cualquier película porno.  Al principio mi timidez me lo impedía, pero poco a poco accedí a sus deseos. Tanto le gustaba a mi chico que le relatara las experiencias indecentes que figuradamente tenía en su ausencia que muchas veces, mientras hablábamos por teléfono, se masturbaba hasta el orgasmo.

En una de esas largas charlas telefónicas me pidió que, para calentar sus noches de soledad, me hiciera sacar fotos desnuda por alguna amiga con una cámara de fotos (o incluso un video en el que se viera cómo me masturbaba). A él, claro está, no sólo le excitaría ver las imágenes, sino también imaginarse a una amiga mía (preferiblemente a una que estuviera bien buena) sacándome fotos eróticas. En ese momento estábamos masturbándonos al teléfono y, como estaba muy cachonda, acepté la propuesta, aunque después de hablar con él (y, sobretodo, después de correrme intensamente) me di cuenta de que era una locura, pues me daba vergüenza pedirle a cualquier amiga que me sacara ese tipo de fotos.

A la mañana del sábado siguiente me fui a comprar a las tiendas del Barrio Gótico. Está siempre plagado de guiris, pero ese sábado por fin libraba y me apetecía estar rodeada de gente. Casualmente me encontré con un ex-compañero de trabajo (en realidad un antiguo cardiólogo residente) que era fotógrafo aficionado y que, de hecho, me había llegado a regalar alguna foto que creía que me podía gustar. Creo que cuando trabajábamos juntos él se sentía atraído por mí, pero nunca pasamos del tonteo (y  no porque él no fuera atractivo, sino por que yo estaba muy enamorada del que ya entonces era mi novio). Andrés, que así se llamaba mi ex-compañero, me contó que su novia estaba trabajando en Madrid, y que ahora compartía un piso en el centro con Silvio, un amigo gay que teníamos en común y que era profesor de educación física y entrenador personal en mi gimnasio (el gimnasio estaba al lado del hospital donde trabajo, así que cuando Andrés estaba haciendo la residencia tanto él como yo solíamos ir allí, que es donde conocimos a Silvio). Yo estaba vestida con unos shorts vaqueros bien apretados con los que lucía mi culito y mis piernas, y llevaba una camiseta ceñida que a mi novio le encantaba. Noté que Andrés me admiraba de reojo, pero era un chico muy correcto y nunca me hizo sentir incómoda.

Como hacía tiempo que no nos veíamos, fuimos a tomar unas cervezas, y antes de que me diera cuenta llevábamos dos horas bebiendo y estábamos bastante borrachos. La conversación derivó hacia las fantasías sexuales típicas de los de los hombres y de las mujeres. Andrés, desinhibido por el alcohol, me contó que siempre se había imaginado teniendo relaciones sexuales con dos chicas a la vez. Me reí y le dije que era demasiado tópico, y entonces él me preguntó que si era tan lista le contara cuáles eran las mías. Yo estaba muy cortada para contarle ninguna fantasía propia, así que me escabullí y le conté la fantasía-favor que hace unos días me contó mi novio por teléfono, preguntándole en broma si estaría dispuesto a tomarme las fotografías desnuda él mismo.

Sorprendentemente, en vez de seguir tonteando en broma, me contestó muy seriamente que no era la primera vez que se lo pedían. Le había hecho el favor a un par de amigas suyas, y había quedado muy bien. Yo le miré incrédula, pero él me dijo que si quería podía contar con él, prometiéndome con una sonrisa que era un profesional y que nunca me incomodaría ni me pediría hacer nada que no quisiera. Le contesté enseguida que ni hablar. A mí me daría demasiada vergüenza y mi novio no lo aprobaría. Entonces él me contestó que podíamos hacer fotos muy suaves, solo con lencería, sin llegar a estar desnuda en ningún momento, y no pasar de ahí. “Es como verte en biquini, mujer”, me dijo. La verdad es que Andrés es un tipo muy legal, con mucha elegancia y saber estar, y siempre me había inspirado un sentimiento de mucha confianza. En aquel momento, quizá embriagada por el alcohol, la idea me pareció aceptable, y él me acabó de convencer al decirme que así las fotos tendrían más clase.  Me tiré a la piscina pensando en lo contento que estaría mi novio, y quedamos en preparar la sesión (light, eso sí)  para esa misma tarde. Me despedí de él emocionada, con una mezcla de excitación por la sesión de fotos, anticipando la reacción de mi novio, y al mismo tiempo un poco asustada por la vergüenza que me podría dar que Andrés viera aunque solo fuera en ropa interior.

Lo que quedaba de día lo pasé depilándome completamente (sí, completamente) y  comprando nuevas piezas de lencería (monísimas, os lo aseguro), que luciría en la sesión de fotos programada para las 20:30 de esa misma tarde.

Al llegar a casa el efecto de las cervezas se había diluido completamente, y pensé en que quizá estaba cometiendo una locura. Lo cierto es que me planteé anularlo todo. Me embargaban sentimientos muy profundos de miedo, pero también de emocionante excitación. Me preguntaba que pasaría cuando estuviera en lencería ante Andrés. ¿Como reaccionaría él? ¿Como me sentiría yo desnuda ante un hombre atractivo y posiblemente excitado? ¿Era cruzar una línea que mi novio jamás aceptaría?

Para darme valor me bebí lentamente casi meda botella de vino mientras hablaba por teléfono con él. Le conté que me había encontrado con Andrés, y le expliqué detalladamente en lo que habíamos quedado. Él supuso que era simplemente una historia, quizá más light de lo habitual,  que yo estaba inventando para ponérsela dura, pero le puso tan cachondo (seguramente porque le parecía más probable que las inmoralidades que se me ocurrían en otras ocasiones) que se corrió dos veces durante la conversación.

De nuevo afectada por al alcohol y excitada por la conversación, de reafirmé en la decisión de llevar a cabo la sesión.

Andrés llegó puntualmente a mi piso, y al abrir la puerta me sorprendió muchísimo ver a Silvio, el entrenador personal gay amigo nuestro, con él.  Andrés vio en mi mirada que estaba a punto de echarme atrás, y me explicó rápidamente que era necesario que alguien hiciera las medidas de luz mientras él tomaba las fotos, porque sino quedarían oscuras y con un aire amateur muy cutre. Silvio tiene algo menos de 30 años, es muy atractivo y de un cuerpazo moreno y musculoso. Aunque no tiene nada de pluma, sabemos que es gay porque una tarde nos presentó a su novio, un escritor francés 20 años mayor que él. Antes de que pudiera contestar a Andrés, Silvio me saludó con un beso en la mejilla y entró en el salón. Estuve a punto de echarles de casa desbordada por la nueva situación, pero se me ocurrió que como Silvio era gay no solo no se alteraría durante la sesión (que además, insisto, iba a ser muy suave eróticamente hablando), sino que seguramente su presencia mantendría a raya a Andrés si las cosas se iban de madre.

Mientras preparaba su cámara y su ordenador portátil, Andrés me dijo que su experiencia le había enseñado que era habitual que una chica en ropa interior se sintiera incómoda o avergonzada al verse observada  por un hombre vestido (ya no digamos por dos). Me dijo que si ellos se quedaban también en ropa interior, el ambiente se relajaría mucho. La verdad es que sí estaba muy nerviosa y me pareció una buena idea, así que me tranquilicé bastante cuando ellos se quitaron el calzado, las camisetas y los vaqueros. Silvio tenía un cuerpo de escándalo y Andrés, aunque basaba su encanto en su seguridad, su clase y su elegancia, no estaba nada mal. Al verlos a ambos en unos atractivos slips negros bastante ceñidos, sentí un ligero cosquilleo.

Mientras yo también me quedaba en un sugerente conjunto de lencería rosa, traté de sustraerme a mi incipiente excitación explicándoles que quería una sesión de fotos con gusto y, aunque excitantes, alejadas de pretensiones pornográficas. Quedamos en que las fotos no serían de desnudos totales sino de posados sugerentes en braguitas y sujetador. Me quedé en ropa interior y empecé a posar para ellos.

En la primera foto aparecía recostada sobre mi cama en actitud recatada exhibiendo mis piernas. En otra me senté de tal forma que quedaba a la vista  una ligera parte de mi tanguita rosa de encaje. En otra me levanté y me puse de espaldas, girando mi cabeza de forma sugerente mientras enseñaba mi culito y mi espalda. Andrés me retrataba en diferentes posturas pero siempre con mucha clase. Cuando acabó la tanda de fotos, me quedé asombrada cuando me las enseñó. Parecían de una revista de moda de altos vuelos. Aparecía guapísima, seductora, sofisticada, sexy… me encantaba el resultado.

Fui al baño a ponerme otro conjunto (un picardías de noche de color oscuro muy insinuante). Todo estaba yendo bien. Andrés era un sol, igual que Silvio. Y además yo también les estaba viendo semidesnudos, lo que cada vez me gustaba más.

En la segunda tanda me animé con posturas un poco más atrevidas. Estaba un poco borracha y había perdido el miedo inicial, por lo que me atrevía a ponerme a cuatro patas, abría un poco más las piernas, me inclinaba hacia delante para que se me viera el escote…A veces me colocaba como una putita y miraba a la cámara, excitándome al pensar lo caliente que pondría a mi novio y, no podía negarlo, al pensar en lo que estaría sintiendo Andrés. Silvio me dio una rosa que me había enviado mi novio, para que jugara con ella pasando los pétalos por mi cuerpo. Andrés hacía fotos sin parar, y cada cinco o seis fotos Silvio se acercaba a mí para medir la luz. Estaban los dos casi desnudos y yo cambiaba de una postura sugerente a otra. La verdad es que me estaba poniendo cachonda. Cada vez les miraba el paquete con menos disimulo (sobretodo a Silvio), y me daba la sensación de que se estaban dando cuenta.

Cuando estábamos a punto de acabar la segunda tanda de fotos, Andrés me propuso que me quitara la parte de arriba del picardías y me quedara en top-less . Era un paso que en principio no quería dar, pero antes de que le contestase me dijo que me podría tapar los pezones con las manos. Ese tipo de fotos aparecía hasta en las revistas femeninas más lights, así que, quizá afectada por mi excitación y por el vino, no le dije nada y me quité el top de seda. Rápidamente me cogí los pechos con las manos para ocultar mis pezones, aunque les había dado tiempo de sobras de verlo todo, lo que sorprendentemente me gustó imaginar. En las siguientes fotos a veces les daba la espalda y a veces me tapaba las tetas con las manos, aunque otras veces dejaba que se viera un poco una aureola para resultar más excitante. Andrés sonrió al verlo, pero siguió haciendo fotos como si nada. En cualquier caso mi técnica estaba provocando un potente efecto secundario; me encanta que me soben las tetas, y la ligera presión de mis manos sobre mis pezones hizo que empezara  a mojar mis braguitas…

Estaba realmente caliente cuando Andrés sugirió que acabáramos la tanda y me cambiara de conjunto. Me levanté con las piernas temblando y le dije que ok. Aquello estaba empezando a írseme de las manos, así que le propuse que la tercera tanda de fotos fuera la última. “Como tú quieras”, me dijo, sin sonar convencido.

Al entrar en el baño me miré al espejo. Estaba espléndida. Me puse cachonda otra vez sólo al darme cuenta de todo lo que estaba haciendo. Pensé en masturbarme rápidamente antes de volver a salir, pero en ese momento vi en el reflejo del espejo que la puerta del baño se había quedado mal cerrada. Me quedé con la boca abierta al ver como Andrés y Silvio estaban embobados mirando las fotos de la última tanda, sobándose la polla dentro de su slip al verme en la pantalla del portátil de Andrés. La sensación que tuve fue indescriptible. Silvio, al que creía hasta ahora estrictamente homosexual, se bajó un poco el slip y sacó una polla enorme, depilada y completamente empinada. Pensando que desde dentro del baño no podía verle, empezó a pajearse compulsivamente observando mis fotos.

Aquello me puso tan cachonda que, sin dejar de mirarle, empecé a acariciarme el coño. La polla de Silvio estaba brillante, y palpitaba con cada sacudida de su mano. Me aparté las braguitas y me metí un dedo susurrando de placer, temerosa de que se dieran cuenta de que les estaba observando. “¡Qué buena está, joder!”, le oí jadear justo antes de correrme. Una convulsión recorrió todo mi cuerpo mientras me mordía el labio para no gemir. Me apoyé en la pared para no derrumbarme en el suelo, mirando todo el tiempo el pollón de Silvio. Le observé unos segundos más y vi que, como estaba a punto de correrse él también, bajaba el ritmo de su masturbación.

Reponiéndome de mi orgasmo, tuve una idea irresistible. Observándoles por el reflejo del espejo, hice un pequeño ruido fingiendo que cerraba mi estuche de maquillaje. Como esperaba, lo oyeron perfectamente y vi como sus cabezas se giraban hacia el baño. En ese momento aparté mi mirada rápidamente y llevé la vista al frente como si nada. El corazón me latía a mil por hora; Estaba completamente segura de que ahora me estaban observando los dos, recreándose en mi minúsculo tanga y pensando que yo no sabía que podían verme. Evitando la tentación de descubrirme mirando hacia su reflejo, me incliné hacia delante y empecé a bajarme lentamente las bragas. Mientras el tanga, empapado por mi orgasmo, se deslizaba entre mis rodillas, pensé en la imagen que les estaba ofreciendo. Mi coñito totalmente depilado y mi culito virgen apuntaban directamente hacia ellos, mientras que en el espejo podían ver reflejadas mis tetas, que se balanceaban al estar yo arqueada hacia delante.

Cachonda de nuevo, me vestí lentamente con unas braguitas blancas, un conjunto de medias y liguero del mismo color y una minifaldita de colegiala por encima. Decidí seguir sin sujetador. Les dejé claro que iba a salir del baño apagando la luz con tiempo y mirando hacia otro lado al salir. Cuando les observé hicieron como si nada hubiera pasado, como sospechaba. Silvio, que fingía observar el suelo para evitar cruzarse con mi mirada, volvía a tener la polla en los calzoncillos, pero el bulto que se veía debajo delataba su excitación. A Andrés le pasaba igual, pero se limitó a decirme que podíamos seguir. Mientras tanto, yo ya no hacía ningún esfuerzo por cubrirme las tetas. Estaba casi desnuda delante de los dos como si nada, y aunque ellos no hicieron ningún comentario, cada dos por tres sus miradas se dirigían a mis pechos sin que pudieran evitarlo. Me encantaba.

Empecé a posar como una profesional. Me puse a cuatro patas y me levanté la minifalda, mirando traviesa a la cámara. Cuando Silvio se acercaba a medir la luz, podía ver perfectamente la forma de su dura polla debajo de su ropa interior, a escasos centímetros de mí. Me estaba poniendo a cien otra vez. “¿Porqué no simulas que te acaricias un poco por encima de las braguitas?”, me dijo de repente Andrés.

Me quedé cortada. Hasta ahora todo había sido un divertimento muy excitante, pero ahora estaba jugando con fuego y corría riesgo de quemarme. “¿Eso os gusta a los tíos?”, pregunté como una tontita para ganar tiempo. “Nos encanta. Seguro que a tu novio le vuelve loco”. No me lo tuve que pensar mucho. Le dije que fingiría que lo hacía y empecé a tocarme ligeramente. Los ocasionales temblores de mis piernas debían delatar que mi masturbación no era del todo simulada, pero intentaba controlarme lo mejor que podía.

En ese momento la dinámica empezó a cambiar. Andrés dejó de hacerme sugerencias, y empezó a darme órdenes. Me decía que separara las piernas, que me sobara las tetas, que abriera la boca, que me chupara un dedo mirado a la cámara… y que no dejara de tocarme. Yo empecé a obedecerle sin rechistar, mientras Silvio lo miraba todo con el slip a punto de reventar.

“Quítate las bragas” me dijo entonces  en un tono serio, grave, imperativo. Yo me quedé mirándole, pero estaba claro que era una orden, así que me las empecé a quitar. “Así no”, me dijo. “Despacio, sonriendo a la cámara”. Lo hice como me ordenaba. “Ahora date la vuelta y deja caer tus bragas hasta las rodillas. Inclínate enseñándome el culo y acaríciate el ano”. Le obedecí sin rechistar, no fuera que se enfadara. “Bien”, me dijo mientras tomaba fotos sin parar.

De repente apartó la cámara y empezó a quitarse los calzoncillos. Le miré con los ojos como platos, y me dijo que si me desnudaba yo lo mejor era que se desnudaran todos, para que no estuviera incómoda. Tenía la polla totalmente empinada, y unas gotitas de líquido preseminal le resbalaban por el prepucio. Sin embargo, hizo como si todo fuera muy normal y volvió a coger la cámara para seguir tomando fotos.

“Voy a proponerte unas situaciones para que te metas en el papel”, me dijo entonces, mientras yo intentaba disimular mi propia excitación. “Quiero que te imagines que estás en esas situaciones, y así podrás actuar ante la cámara y las fotos saldrán mejor, pero mientras tanto es importante que no dejes de tocarte si no te lo digo, ¿de acuerdo?”. Me limité a asentir con la cabeza. “Estás con tu novio. Le han encantado las fotos. Se arrodilla delante de ti y empieza a comerte el coño”. Mientras me frotaba ligeramente mi sexo húmedo, ahora totalmente expuesto a sus fotos, no pude evitar gemir ligeramente al oírle. Cerré los ojos mientras me masturbaba imaginando la situación.

<<Mi novio me come el coño después de meses sin vernos. Noto como, mientras se masturba con una mano, el dedo meñique de la otra presiona sobre la entrada de mi culito.>>

“Ahora te pide que le comas la polla. Ponte a cuatro patas y cierra los ojos, imaginando que te coge la cabeza y te folla la boca”. Silvio se acercó a medir la luz de nuevo. Él también estaba ya totalmente desnudo, y su enorme pene, completamente duro, quedaba ahora expuesto a escasos centímetros de mí. Yo intentaba no mirarlo, pero no pude evitar notar como se movía arriba y abajo mientras se agachaba a mi lado para hacer las medidas. Cerré los ojos de nuevo imaginando la escena que me había relatado Andrés.

<<La polla de mi novio entra y sale de mi boca, sin que apenas pueda respirar. Noto como gime de placer mientras me tira del pelo, hasta que un potente chorro de semen caliente me inunda la garganta.>>

Cuando abrí los ojos me sorprendí de nuevo. Andrés hacía fotos con una mano, y con la otra se estaba haciendo una paja como si nada. Inmediatamente miré a Silvio, que se acariciaba la polla con las dos manos mientras me miraba tímidamente. En ese momento me desinhibí y me empecé a masturbar profundamente. Ni siquiera me molesté en no gritar cuando me corrí delante de los dos.

Andrés, sin inmutarse,  siguió subiendo de nivel. “Quiero que te imagines que te amenazamos con publicar estas fotos a no ser que nos obedezcas. Quiero que pienses que te ordeno que dejes que te folle Silvio, y que luego te exijo follarte yo. Tú obedeces  como una putita, temerosa de que las fotos se hagan públicas”. Aquél cabrón consiguió ponerme aún más cachonda. Me retorcía de placer como una poseída mientras observaba como sus manos resbalaban sobre sus penes.

<<La enorme polla de Silvio me penetra con dulzura. Se pone encima de mí y me folla lentamente mirándome a los ojos. Cuando se corre en mi coño, se retira y le deja sitio a Andrés. Él me pone a cuatro patas y me folla salvajemente, hasta que se corre abundantemente en mi espalda.>>

“Eso es. Ahora quiero que te imagines que enseño las fotos en tu trabajo a tus jefes. Ellos te llaman a su despacho, y te obligan a que dejes que te follen allí mismo como la guarra que eres. Tú les suplicas que no lo hagan, pero te empiezan a sobar amenazando con despedirte y con enviar las fotos a todo el mundo si no cooperas”.

<<Mis dos jefes, mucho mayores que yo, me desnudan rudamente. Yo finjo que no quiero, pero cuando notan lo empapadas que están mis braguitas se ríen diciéndome que soy una puta. En un momento dado, después de sobarme y obligarme a chuparles las pollas, y mientras grito de placer cabalgando a uno de ellos, el otro se coloca detrás de mí y empieza a meterme un dedo con lubricante en el culo. Poco después al dedo le sigue la totalidad de su polla. Noto mis dos agujeros llenos, y la coordinación con la que  una polla entra cuando la otra sale. Me corro gritando como una loca, y soy feliz.>>

En ese momento tanto Andrés como Silvio se masturbaban a toda velocidad. Silvio volvió a acercarse para medir la luz, y perdida su timidez no dejó de pajearse mientras estaba junto a mí, jadeando y observando descaradamente como mi dedo entraba y salía de mi coño. La visión de su miembro era intoxicante. Cuando se retiró, su polla me rozó un pecho, y me estremecí de placer. “Métete un dedo en el culo”, dijo Andrés. Yo me habría metido un vibrador entero, así que le obedecí complacida. No era más que una actriz porno a su total disposición.

“Eres una puta”, susurró. “A partir de ahora podemos hacer contigo lo que queramos. Podemos decirte que te folles a nuestros amigos. Podemos decirte que entres en el vestuario del equipo de fútbol y se la chupes a todo el que te lo pida. Podemos obligarte a convencer a una amiga para que deje que le comas el coño, y para que me la chupéis a la vez y compartáis mi corrida. Podríamos decirte todo eso y obedecerías, porque no te queda otro remedio y, sobretodo, porque en el fondo te gusta ser una guarra”, me dijo mientras me metía los dedos a la vez en el coño y en el culito, gimiendo sin ningún recato delante de los dos.

<<Me obligan a follarme a montones de chicos. De uno en uno, de dos en dos, de tres en tres. A veces me meten dos pollas a la vez en la boca. A veces ni siquiera me cabe una, de tan grandes que son. Me obligan a dejar que se corran en mi cara y a tragarme su semen. Me dan por el culo cuando les viene en gana. Hacen que me folle un negro tras otro, mientras obligan a mirar a mi novio, que no puede evitar empalmarse. Me obligan a follar con sus amigas, a dejar que me coman el coño y a lamerles el suyo, y a pasarnos sus pollas de una a otra.>>

Me corrí por enésima vez imaginando una vida de lujuria interminable. A cuatro patas grité, gemí y me retorcí. Cuando, agotada, abrí los ojos, tanto Silvio como Andrés estaban en frente de mí, masturbándose aún, aunque ahora muy lentamente. Sus pollas casi rozaban mi cara. Andrés seguía con la cámara en la mano, fotografiando la escena. “¿Aquí ha acabado todo?”, me pregunté. “La verdad es que ha sido increíblemente excitante, pero aún no he cometido ningún error irreparable. Al fin y al cabo, ni siquiera nos hemos tocado. Podríamos separarnos ahora mismo habiendo compartido una experiencia especial, pero sin haber ido demasiado lejos. Seguramente sería lo mejor”, pensaba mientras sus pollas se balanceaban lentamente delante de mis ojos.

Andrés apartó la cámara de su cara, me miró a los ojos y, con infinita paciencia y el tono condescendiente con el que se habla a las niñas pequeñas, me dijo “¿A qué esperas para empezar a chupárnosla?”.

Sonreí pensando que ya era hora, mientras cerraba los ojos y abría la boquita…

Me (nos) encantaría que nos escribierais para comentarnos si os gusta o no el relato. Es nuestra primera vez, pero no os cortéis con las críticas porque nos ha encantado escribirlo y nos gustaría mejorar y escribir muchos más. Además, si alguna chica o algún chico cree que puede estar dispuesta/o a ayudarnos a cumplir la fantasía del relato, mandadnos un e-mail, por favor (si es con foto mejor).

Gracias a todos. Espero que no os haya parecido demasiado largo.

Autora: Laura

relatosdelaura@gmail.com

Me gusta / No me gusta

Maridito mío

Miguel es un fuera de serie. Si estuviera en le mercado, me lo compraba. Folla de vicio, su verga La usa de taladro. Serviría para sacar petróleo, me abrió las piernas, puso mis pies en sus hombros y empezó a darme caña. A ese hombre no se le acaban las pilas así como así, marido. Le pone una ilusión a eso del metisaca. A cada golpe de riñones parecía que iba a partirme en dos.

Cuando me lo propusiste por primera vez, pensé que me ponías a prueba y reaccioné como debe hacerlo una esposa honesta: “¿Te pone caliente imaginar que me acuesto con otro? ¿Pero te has vuelto loco?”. Mientras protestaba, me estalló por dentro un no sé qué que me alborotó las entrañas. Acostarme con otro…Ser adúltera… El escondido –y en tantas ocasiones rechazado- sueño de toda mujer. Sentir ceñido el cuerpo por unos nuevos brazos nacidos únicamente para mi placer, oler un distinto sudor, sentir el áspero roce de otra mejilla, recibir otra lengua que me explora la boca, chupar una verga que nunca antes se lamió…

Me tocabas, queridísimo esposo, y, ahora lo sé, soñabas que era otro quien me acariciaba los pechos. También yo lo soñaba. Cerraba los ojos y trasformaba tu tacto conocido en el de otros dedos impacientes y gruesos de uñas recomidas y sucias –ignoro la causa, pero me ponía a mil imaginar unas uñas sucias cosquilleando en mi piel-. Me frotaba contigo como nunca antes lo hice, pero hablaste y se diluyó el encanto. Era la voz de siempre, la voz que hace cinco años dijo “sí quiero” mientras la marcha nupcial de Mendelson se desgranaba en el viejo órgano parroquial. El erotismo se tomó vacaciones, la excitación se despeñó bajo mínimos y la aventura se trasformó en rutina de sábado noche.

Insististe en tu fantasía un par de semanas después. Soñabas que me penetraba otro hombre, incluso dos al tiempo, mientras tú nos mirabas. Hablabas y sentí contra el muslo la dureza de tu entrepierna. Era la tuya una erección poderosa y palpitante, espectacular e increíble. Nunca, antes, te había visto tan excitado. Eso me convenció. No hablabas por hablar. No me estabas poniendo a prueba. Es imposible fingir erecciones así. Deseabas realmente que me acostara con otros. No lo dudé. Entré al trapo y potencié tu fantasía.

“Imagina –te dije- que estamos en la barra de un pub y que hay un tío en el taburete de al lado que no me quita ojo”. “Síííí…” te alborotaste. “Yo te daba un codazo con el fin de que no perdieras detalle y luego me inclinaba hacia delante para que él me viera los pechos –llevaba un escote de barca e iba sin sujetador-“. “Sigue…” “El entonces me invitaba a una copa mientras me acariciaba las tetas con la vista”. “¡Más…!”. “Se llamaba Miguel, como el encargado del supermercado que siempre me mira el culo”. “¿Te lo mira?”. “¿Claro que sí! Y yo me contoneo cuando lo veo, muevo las caderas en plan batidora, pero esa es otra historia. ¿O prefieres que el de la barra sea él?”. “Sí, que sea él”.

Fue ese un paso adelante. La fantasía es excitante, pero excita más la fantasía con cara conocida. Antes me sentía húmeda, ahora toda yo era jugo. “Era Miguel, el del supermercado –seguí con la historia-. Nos pusimos a charlar, yo con los pechos en el escaparate, sabiendo que se la estaba poniendo dura”. “¿Se la estabas poniendo dura?” “¡Claro que sí! Las mujeres nos damos cuenta de esas cosas aunque no os miremos el paquete. Tenemos experiencia. A mí me encanta ponérsela dura a los tíos, maridito. ¿Nunca te diste cuenta?”.

Sí, ya sé. Eso fue jugar fuerte, pero dio resultado. Hasta pusiste los ojos en blanco. “¿Te apetecería hacerle una paja a Miguel?”. Contestaste con toda sinceridad: “Disfrutaría haciéndosela”. “¿Te gustaría chuparle el rabo?” “Sí, ¿para qué te voy a mentir?”. Ahora, esposo mío, me sabía dominadora de la situación. Te llevaba por donde me apetecía. “Entonces ¿me pondrías los cuernos? ¿Harías de mí un cabrón?” “Puedes asegurarlo”. “Dímelo”. “¿Decirte qué?”.” Cabrón. Dime cabrón. Me pone muy caliente que me llames cabrón”.

Cásese usted para eso. Tenga dos años novio y cinco marido para, al final de la corrida, averiguar que lo que más le pone es que le llamen cabrón. Una gasta sus buenos dineros en lencería sexy, se pone ligueros, tangas y zapatos de tacones imposibles, y luego resulta que tanto daría ir vestida de lagarterana con tal de decir “cabrón” en su justo momento. Te juro que es para morirse. Es ¿cómo te diría? Para llamarte “cabrón” con toda el alma. Y te lo llamé, claro que te lo llamé, y ahí terminó la fantasía del día porque te tiraste encima de mí como un loco, me clavaste la verga y te corriste en un abrir y cerrar de ojos, antes de dar media vuelta y ponerte a roncar. Menos mal que pude masturbarme a gusto –y nunca mejor dicho- imaginando la polla de Miguel.

A partir de aquella noche supe que era solo cuestión de tiempo. Comencé a vestir tal y como una señora no lo haría nunca. No soy alta, paso ligeramente del uno sesenta, pero estoy bien proporcionada. Gusto. Abandoné con todo el dolor del corazón la talla 36, porque la ropa ya no me entraba, y descubrí entonces que los hombres valoran muchísimo más las hechuras de la talla 38. Comenzaron a silbarme por la calle y a decirme barbaridades. En fin, que no estoy nada mal. Tengo los ojos verdes y el culo respingón. Sé caminar. ¿Los pechos? No son muy grandes, pero sí firmes, de grandes areolas oscuras y pezones que, cuando me excito, crecen como antenas telescópicas. Ni atisbo de celulitis en las caderas; que tengo una suerte que no la merezco. ¿Qué más? Manos cuidadas y tobillos finos, ombliguillo redondo –los tops me sientan de maravilla-, un tanto abultado el monte de Venus y el sexo acogedor, según me dicen. Ni guapa ni fea, pero resultona. O sea, no soy la Adriana Lima, pero seguro que más de uno querría pegarme un buen achuchón. La edad la he dejado para lo último. Cumplí treinta y dos el 2 de junio y soy Géminis. Creo que eso es todo.

Pero volvamos a lo que importa. Como decía, comencé a vestir como nunca lo haría una señora. Tú encantado, cabroncito mío. “Hoy me ha dicho uno que me iba a matar a polvos, como a las cucarachas”. “¿Sí? ¿Y qué más te ha dicho?”. “Que me la iba a meter por el coño hasta que me llegara a la garganta”. Te hacía feliz contándotelo. Se te ponía dura. Tan es así que, si nadie me decía “por ahí te pudras”, yo lo inventaba para ponerte a gusto. Y es que es lo menos que puedo hacer por ti. Calentarte motores.

Por fin llegó el momento. “¿Estás seguro de que quieres ver como se me follan?”. Tragaste saliva y afirmaste con la cabeza. “¿Aquí en casa?”. Volviste a asentir.”¿En nuestra misma cama?”. La erección casi te descompone la cremallera de la bragueta. “Será esta tarde ¿sabes? Y no solo te dejaré mirar, sino que además te llamaremos cabrón”. Sí, ya sé, hay muchas mujeres que no se hubieran atrevido a tanto, pero hay que ser generosa, qué caramba. Al fin y al cabo eres un buen marido: Traes dinero a casa y me llevas en palmas. He de corresponderte. ¿Cómo podía negarme a darte gusto?

A Miguel no le dije que estarías en casa. No deseaba espantarlo. Le engañé. Le prometí que estaríamos solos. Se tragó el anzuelo con caña y todo. “¿A las ocho?” “A las ocho”. “Te estaré esperando”. Me ayudaste a arreglarme, maridito guapo. Me ponía el tanga negro y te preguntaba: “¿Crees que a Miguel le gustará? ¿O será mejor el rojo? El rojo es muy sexy”. Estabas tan emocionado que balbuceabas en lugar de hablar. “Sí, el rojo”. “Sujetador a juego, claro. Pero ¿y ligueros? ¿A Miguel le pondrán cachondo los ligueros?”. No lo sabías. “Pues sí que me sirves tú de ayuda…” ¡Ay, marido, nunca te había visto tan caliente! Di otra vuelta de tuerca, de pie frente al espejo. “Pero este sujetador no es fácil de desabrochar ¿Crees que Miguel acertará a la primera? Me voy a poner la blusa y prueba a soltarme los pechos como si fueras él ¿de acuerdo?” Te temblaban los dedos.

“Tranquilízate, cabroncete. Si Miguel fuera como tú, no alcanza ni a lamerme ni un pezón. Y no es eso lo que queremos ¿verdad?” En fin, abreviando: Me puse la blusa blanca desabrochada hasta el tercer botón y una falda muy vuelosa, que a los hombres conviene hacerles ancho y fácil el camino.

Miguel llegó a las ocho en punto. Seguro que había hecho tiempo en el descansillo, frente a la puerta de casa, mirando y remirando su reloj. Le llevé a la salita y le invité a sentarse en el sofá. Le serví una copa y me senté a su lado. Podías vernos perfectamente desde detrás de la puerta entreabierta de la cocina. Ocupabas lo que en el teatro hubiera sido un asiento de primera fila. Miguel, ajeno a tu presencia, no sabía por donde empezar a catarme. “¿Es que no vas a decidirte a besarme?” le sonreí. Mano de santo. Dicho y hecho. Se me abalanzó. Todo él eran manos. Tomé aire, miré a la puerta de la cocina –la primera vez en la historia que se brinda una faena a quien lleva los cuernos- y me desabotoné la blusa.

Ni te cuento, que al fin y al cabo tú estabas mirando. Sabes que lo hice por ti. Miguel me mordía los pechos y yo procuraba que vieras con nitidez la forma en que me clavaba los dientes. Te ofrecía el mejor ángulo para que observaras como disfrutaba sus lametones, como le buscaba con dedos impacientes la bragueta y sacaba del pantalón su verga dura y tiesa. Miguel tiene una hermosa polla. Da gusto verla, y tocarla, y chuparla, y meterla en el coño. Miguel sabe follar. Aprende, maridito. ¿Ves cómo se hace?

Lo llevé al dormitorio y dejé la puerta tal y como habíamos ensayado para que no te perdieras nada. Nos acostamos. Te imaginé saliendo de la cocina y caminando con sigilo para ocupar tu nuevo observatorio. Seguro que te estabas masturbando. Era el día más feliz de tu vida. Más que el de tu primera comunión. Yo, por mi parte, también me sentía feliz, pero porque tú lo eras, amor. Ya sabes: dar dicha gratifica. Debe ser el efecto espejo.

Miguel es un fuera de serie. Si estuviera en le mercado, me lo compraba. Folla de vicio. ¿Cómo puede lamer tanto teniendo solo una lengua? ¿Cómo es posible que toque por tantos sitios a la vez? Y de su verga ni te cuento. La usa de taladro. Serviría para sacar petróleo. Me clavó los dedos en el culo, me abrió las piernas, puso mis pies en sus hombros y empezó a darme caña. A ese hombre no se le acaban las pilas así como así, marido. Le pone una ilusión a eso del metisaca…A cada golpe de riñones parecía que iba a partirme en dos. Fíjate como será que, por un momento, hasta olvidé que todo lo hacía por ti. Solo fue un instante, cielo. ¿Me perdonas? ¿Y cuando se corrió? Porque tardó, pero se corrió, claro que sí. A buenas horas iba yo a dejarle escapar vivo.

Le apreté la polla con los músculos de la vagina y se la ordeñé, que a hembra no hay quien me gane. Fue una explosión, un terremoto, el fin del mundo, el choque de dos galaxias ¡que sé yo lo que fue! Jamás había sentido tanto. Pero cuando ya Miguel y yo habíamos recuperado la calma, quise hacerte un obsequio. “Me gusta ponerle los cuernos a mi marido-le dije- y pensar que es todo un cabrón”. “Mujer, no seas tan dura…” medio protestó él. “Nada de dura. Repite conmigo: Es un cabrón. Pero dilo en voz alta, casi gritando. Es un cabrón.”

Lo dije, lo dijo, lo dije y sé que fue en ese momento justo cuando te llenó el orgasmo, maridito masturbador a quien le gusta meneársela detrás de las puertas, fue entonces cuando supiste el color y la textura de la felicidad y cuando me quisiste más que nunca ¿verdad? Por eso, porque me quieres, te han llamado cabrón también, aparte de Miguel, Mateo y Carlos y David y José y otro Carlos que no es el de antes, y aquel chico que no recuerdo como se llamaba que era más bajito que yo, y la banda de tambores y trompetas del Cuartel de Artillería, y Mario, que no se me olvide Mario, y tantos más.

Lo hago por ti, maridito. Porque te quiero. Porque eres el mejor del mundo.

Y el más cabrón, supongo.

Autora: trazada30

Me gusta / No me gusta

Mis amigas I

Ella no se había quitado la ropa, y pude comprobar no llevaba ropa interior. Sin poder resistir la tentación decidí tomar iniciativa, me levanté y se la clavé directo al ano.  La cabeza entró absorbida por ese agujero y el resto fue entrando mediante los chillidos de ella. Al final, una vez dentro, empecé un mete saca hasta que el ano quedó no solo dilatado sino abierto completamente.

Mi nombre es Javi y tengo 19 años. Desde hace algún tiempo he tenido algunos encuentros sexuales con bastantes amigas mías. Todas las conocí por Internet y acabaré contando las historias por esta misma vía.

Soy moreno, mido 1’72 y peso aproximadamente 68 kilos. Según las chicas con las que he hablado, mi aspecto físico no queda totalmente a la vista hasta que no me saco la camiseta. A todas las chicas les chifla que me la saque.

Gina era una chica de unos 18 años, morena, de tez oscura y con los ojos marrones. No sé qué medidas tiene exactamente, pero se que su cuerpo es especial. Tiene unos pechos redonditos y una cadera digna de ver. Está delgada, pero aún así conserva un culo delicioso.

La conocí un día entrando a un chat sobre bares de Barcelona, y la encontré con el apodo Gen. No se porqué me atrajo su forma de escribir o su propio sobrenombre, pero acabé charlando con ella. Hablamos durante dos horas seguidas y prometimos continuar hablando la madrugada siguiente. Cuando nos encontramos de nuevo estuvimos conociéndonos mejor a través del chat, y entonces supe que vivía a tan sólo a dos calles de la mía. Eso fue el paso que me llevó a quedar con ella un día caluroso de verano.

Quedamos en un establecimiento al lado de nuestros pisos y cuando la vi me enamoré de su cuerpo. Al verla le levanté la mano, ya que me dijo que llevaría una falda muy corta negra y un top también muy corto del mismo color. Al ver quién era se dirigió hacia mí y nos dimos un beso en los labios. Ella ya me avisó que solía saludar así a sus verdaderos amigos, y aunque acabábamos de conocernos y yo la tenía como conocida simplemente, ya me fue bien que me besara.

Empezó a contarme todas sus relaciones con chicos y que no había recibido lo que ella quería. No vino a cuento, pero parecía que quería contármelo así que le seguí el rollo. Llegó un momento en que no aguantábamos el calor de verano y me dijo que se estaba ahogando que si tenía aire acondicionado en mi casa. Le dije que sí, y que si quería podíamos subir, que estaba solo y no esperaba a nadie. Ella accedió encantada así que subimos y activé el aire. Pero fue activar el aire y ella apagarlo. Recordaré toda la vida lo que me dijo:

– ¿Puedes hacerme un favor? – Claro, lo que quieras…- dije yo. – ¿Podrías darme un beso? La besé como nos habíamos besado anteriormente, pero al separarnos me dijo: – Un beso de verdad.

Ahí yo, perplejo, cogí y la besé. Durante el beso noté que su mano se posaba en mi espalda y empezaba a acariciármela por encima de la camiseta. Yo ya no podía más, mi cuerpo me pedía guerra y ella la necesitaba, así que la tiré en el sofá y me saqué la camiseta.

Ella me miró y sonrió pícaramente, así que me tiré encima suyo y empecé a acariciarle su precioso culo por encima de la pequeña falda. Su mano ahora se dirigía hacia mi culo y empezó a acariciármelo por encima de los tejanos.

– Quítate la ropa. –me dijo de golpe.

Yo, excitado como estaba, obedecí sus órdenes, me quité la ropa y quedé en calzoncillos. Ella se enderezó y sacó mi pene, erecto, de 18 centímetros de largo. Pocas veces lo había visto tan duro, la situación de hacerlo con una semi desconocida me excitaba todavía más. Ella, dejándome de pie, empezó a lamer la punta de mi pene y fue bajando, como si de un caramelo se tratara.

A partir de entonces empezó a chupármela lentamente, de una forma sensual mientras jugaba con sus dedos en mis huevos. Cuando ya no pude más le pedí que parara, la retiré y ella se puso de espaldas.

– Ahora deberás darme placer tú a mí, ponte detrás de mi culo y lámeme el coño y el ano.

Al decirme esto no tuve otro remedio que seguir su consejo y ponerme detrás de ella y mientras estaba tirada en el sofá, boca abajo, yo le iba lamiendo su ano, empecé a meter un dedo y le acariciaba el coño con los otros dedos. A todo esto ella no se había quitado la ropa, y como pude comprobar no llevaba ropa interior. Sin poder resistir la tentación decidí tomar iniciativa, me levanté y se la clavé directo al ano.

La cabeza entró absorbida por ese agujero y el resto fue entrando mediante los chillidos de ella. Al final, una vez dentro, empecé un mete saca hasta que el ano quedó no solo dilatado sino abierto completamente. Entonces utilicé mi técnica, después del dolor siempre llega el placer, y le pregunté para que me dijera que continuara…

– ¿Quieres que pare? ¿Te duele mucho? – ¡Sigue maldito cabrón! ¡Sigue!

Así que seguí y seguí hasta que no pude más. Acabé dentro de ella, y caí exhausto al suelo.

– Ahora tendrás que limpiar lo que has hecho, ¿no? Venga cabrón, después de lo que me has hecho pasar tendrás tu castigo.

Se sentó encima de mi cabeza, y de su ano empezó a brotar todo el semen que yo había metido en el, junto con el sudor y sus propios líquidos vaginales acabó siendo una mezcla que recuerdo, era deliciosa.

Tras ese polvo anal tuvimos varias experiencias más, aunque ya las contaré más adelante si queréis que os las cuente. Si os ha gustado y queréis que continúe enviadme comentarios.

Autor: Iattez

Me gusta / No me gusta

Venida relatada

Mamar verga oprimida por la vagina de su vieja, de que se deje llevar y que mediante valores entendidos, provoque que mi cartera se amplíe y no me importe, de que mis uñas rasquen y opriman sus nalgas para que me entre más a mi boca, encuentro entre mi saliva y su dulce líquido uretral. Incólume aparato presente en mis sueños verdaderos, creciendo y endureciéndose por mi labor bucal.

Sonrisa remarcada en amplios dientes, directos sobre labios carnosos, salidos, rojizos, invitantes.

Lo conozco desde antes de cumplir la edad obligatoria para entrar a una cantina, cuando una cantina era el remanso varonil y no admisión a damas, niños y uniformados. Lo conozco en mis tardes calenturientas cuando mi imaginación me conducía a formarme una imagen mental más allá de la ropa, de la gravedad, de lo horizontal y lo vertical.

Amplia sonrisa, ahora lentes, mirada buscadora y cachondez o calentura agradable. Más allá de mis dedos para ordenar una copa, mesero cachondo, nalgón, me imagino vergón y que en el momento de ordenar, en vez de hacerlo a prudente distancia, mi mano me impulsa a tocar su brazo y arañarlo, levemente, fundir mis dedos mientras pido el ron blanco, con refresco de coca light y limones para, dicen, quemarlo y tomarlo a gusto.

Más de 20 años de conocerle, de que conozca mis gustos por la bebida y que desconozca mis deleites prohibidos y coquetos de tenerlo cerca y admirar su piel.

Cantina llena y plena de lujuria, esa no reconocida lujuria de sentirnos machos y bien dotados. De observar parejas siempre de no más de dos, de pláticas insalubres, compartiendo alientos cercanos y de besos no admitidos.

De deleitarme con la bebida y jugar dominó. De sentirlo cerca y desear más.

Viernes de junio, soberbia de tener dinero en la cartera y querer más.

Mesa plana, cuadrada con niveles para las copas.

Como comenzó, no se. Mano cálida en mi espalda y escapada al mingitorio y ahí está él. Miedos redimidos en varias copas de ron blanco y cola light. De observarlo y que la calentura regrese y se apodere de mí.

Mamar verga oprimida por la vagina de su vieja, de que se deje llevar y que mediante valores entendidos, provoque que mi cartera se amplíe y no me importe, de que mis uñas, antes tímidas, rasquen y opriman sus nalgas para que me entre más a mi boca.

Fálico sabor, encuentro entre mi saliva y su dulce líquido uretral.

Incólume aparato presente en mis sueños verdaderos, creciendo y endureciéndose por mi labor bucal.

Formaldehido formado por mi alta concentración de alcohol en mi cerebro, que me empuja a querer traspasar su piel y adherirme perennemente a su verga, a sus dedos que me empujan y que yo venzo entre mis labios, bigote y su falo.

No importa que te vengas, sino que te excites. Que reconozcas mi hambre fálica, que sin químicos en ti, se torne sorprendentemente dura, inagotable.

Baño de cantina con multitud de prohibiciones, de valerte madres que te vean y que sonrías a mi lengua, uñas que te arañan y que tu glande comience a tocar mi faringe. Supremo estertor, preludio de vómito que me provocas.

Ternura demostrada en tus manos acariciando mi pelo y mis oídos. Que pretenden llevar un ritmo que yo comando.

Años de que mi mano izquierda adorada, atrofie mi pene, durante los largos caminos excitantes de mi imaginación contigo, cabrón, contigo.

Nunca los sabrás, cabrón, que un viernes de junio cumplí con mi promesa de mamártela, promesa hecha en mi solitaria reciedumbre de sentirte cerca, de conocer tu olor, de que tus pelos se pierdan en mis dientes, de que mis labios choquen contra tu pared púbica.

Yo hincado y tú de pie, en un baño sucio, oloroso. Mi lengua advierte tu pleno manejo de los líquidos, de mi deseo de que goces, que valores mi estilo y que, falazmente piense me elijas, entre la variedad de comensales.

Movimientos horizontales y verticales de mi cabeza, logran el inmejorable placer de que colmes mi laringe, que estampes tu oro blanco.

Boca y paladar amaestrados en deleites, sienten la velocidad de tu venida, miel salobre que advierto frugal, complacida, venidera.

Explosión inigualable de saberse privilegiado, aún cuando gane tu caviar, invierto en mi capaz sentimiento de agradecimiento y de que me permitas dicha liberación transeminal.

Algunos lo relatarán como que “te viniste en mi boca, cinco palabras”, yo, lo desgloso, porqué gocé que un cabrón pseudo hetero y siempre deseado, se viniera en mí.

Autor: Ruperto.

Me gusta / No me gusta

Viendo películas porno

Me la metí en la boca y vaya que si me gustó. Tener ese pedazo de carne en la boca y con ese sabor tan rico me volvió loco, empecé un sube y baja con la boca y las manos, de vez en cuando me la sacaba y jugaba con mi lengua sobre su capullo. Entonces ocurrió, justo una de las veces que me la metía en la boca, se corrió sin decirme nada, si avisarme, el muy cabrón.

Bueno, antes de nada os diré que me llamo “súper” soy un chico de 21 años, mido 1,69 y peso 70 Kilos, estoy cachitas por que todos los días me pego una paliza en el gimnasio de una hora por lo menos. En cuanto a mi orientación sexual os diré que soy completamente heterosexual, o eso creía yo. Me encantan las mujeres, pero hace un tiempo que empecé a tener alguna relación con tíos y la verdad es que me gusta. O sea que actualmente soy bisexual, aunque realmente no le hago ascos a nada. Pero bueno, vamos a la historia que os quiero contar hoy.

Todo empezó un día que me encontraba con mi primo (de mi misma edad) en mi casa. Como casi siempre que nos encontrábamos solos poníamos una película porno y nos hacíamos unas pajas, nada mas. Ese día cuando estábamos viendo la película, me contó que unos amigos suyos le habían contado que se masturbaban mutuamente, eso de tú me la haces a mí y yo a ti. A mí la idea me resultó graciosa, y en un principio flipé un poco.

Al cabo de un rato y cuando ya estábamos los dos bien cachondos, se me pasó por la cabeza la idea de que mi primo me la pajeara. Eso estaría genial, me dije, pero para ello tendré que hacérselo yo a él también. Nunca imaginé que sólo de pensar que tenía que coger una polla que no era mía y pajearla como yo me lo hacía, me fuera a excitar tanto. Así que cuando estaba bien cachondo le dije: “¿por qué no hacemos lo que hacen tus amigos a ver que pasa?”. La idea no pareció disgustarle. De antemano acordamos que esto no se lo contaríamos a nadie y nos pusimos manos a la obra.

Yo tomé la iniciativa, estábamos sentados en el sillón completamente desnudos y con una película porno en el video. Dejé de lado mi polla y me centré en la suya, la cogí con mi mano derecha y empecé un sube y baja suave, como a mí me gustaba. Fue increíble, me puse a 100, sentir como su polla palpitaba en mis manos me puso súper caliente. Comencé un ritmo más acelerado, yo estaba cada vez más cachondo, entonces él me cogió mi polla y me dijo: “buena polla”, a lo que yo contesté: “la tuya tampoco está mal”.

Comenzó un sube y baja delicioso, que se aceleraba por momentos. El hecho de estar masturbando a mi primo y que él me lo estuviera haciendo a mí me volvía loco. Sentía un placer indescriptible. Entonces después de un rato de continuo sube y baja y tocadas de huevos, me dijo:

– Me corro…  – Vamos hazlo, le dije – Y soltó un chorro de leche sobre su pecho y mi mano.

Que placer, fue sentir el calor de su leche y venirme acto seguido. Fue una corrida inmensa. Una vez que los dos descansamos nos limpiamos y una vez más coincidimos en que no se lo contaríamos a nadie.

Estos encuentros se han seguido repitiendo en múltiples ocasiones, cuando se quedaba en mi casa a dormir o yo en la suya. Recuerdo una vez en verano que cogimos una pistola de agua que tenía yo y con el calor que hacía decidimos mojarnos. Empezamos con la tontería que te disparo aquí, que si allí, hasta que, como estábamos solo en calzoncillos, le disparé en pleno paquete. En ese instante y gracias a la presión con que salía el agua, se le puso la polla bien dura.

Entonces me quitó la pistola e hizo lo mismo sobre mi polla, también me gustó, y decidí quitarme los calzoncillos y quedarme desnudo, entonces le dije hazlo otra vez. Me disparó sobre la polla y me gustó aun mas. Le pedí que se quitara los calzoncillos, que le iba a hacer lo mismo para que viera como molaba.

Lo hizo y al igual que a mi le pareció muy placentero. Después de un rato de dispararnos y cuando ya estábamos muy cachondos, empezamos a tocarnos. Primero los huevos, jugábamos con ellos, los acariciábamos y chupábamos.

Luego pasamos a la polla primero yo y luego él en unos deliciosos sube y baja que nos ponían a 100. Yo estaba súper cachondo, a punto de correrme y le dije que parara, que yo seguiría un buen rato con él. Accedió instantáneamente y se dejó hacer. Estaba muy cerca de su polla, viendo como el sube y baja de mi mano le ponía la polla cada vez más dura. Entonces y sin saber por qué me apeteció saber que sensación produciría chupar una polla, (como ya os he dicho yo le hago a todo).

Me la metí en la boca sin decir nada, y vaya que si me gustó. Tener ese pedazo de carne en la boca y con ese sabor tan rico me volvió loco. Mi primo no se quejó, le encantó la idea por que no dijo nada. Yo empecé un sube y baja con la boca y las manos, de vez en cuando me la sacaba y jugaba con mi lengua sobre su capullo. Entonces ocurrió, justo una de las veces que me la metía en la boca, zasss, se corrió sin decirme nada, si avisarme, el muy cabrón.

Eso me pilló de sorpresa, lanzó varios chorros y alguno de ellos me llegó hasta la garganta, se me llenó la boca de su leche caliente. Me saqué su polla de la boca dejando caer sobre ella los restos de lefa que no me había tragado ya. Le miré y le iba a decir algo, pero en el fondo aquella experiencia me encantó, así que terminé de saborear su leche y le dije que por lo menos acabara de hacerme la paja.

Como ya os he dicho yo hago de todo, pero ya os contaré más cosas en futuros relatos.

Autor: Súper

Me gusta / No me gusta

Cuñada culeadora

Conocía como complacer a un macho calentón, manejaba los labios vaginales a voluntad, sentía como producía con ellos un efecto que semejaba a la boca cuando succiona, movía la pelvis y caderas con tal armonía que necesité de mi poder de concentración para demorar mi orgasmo. No soy para nada precoz, pero ante semejante máquina de coger no era fácil demorarse y gozarla a pleno.

Tener relaciones con la cuñada es un clásico en cualquier conversación, quien no ha pensado o acariciado la intención de tener un “asunto” de cama con la cuñada, quien esté libre de culpa es por que no tiene cuñada.

Yo no soy la excepción, tengo una cuñadita que está para llevarse todos los premios, por belleza, gracia, sex-appeal y porque sí nada más. Desde que la conocí me llenó los ojos de ella, más de una noche teniendo sexo con mi mujer cerraba los ojos y me imaginaba haciendo el amor con Perla, tal es el nombre de la joya familiar, que por cierto hace honor a su nombre.

Desde que mi novia me presentó a Perla, doce años mayor que mi esposa, no tuve un momento de calma, cada vez que asistía en la obligada visita de novios no hacía otra cosa que buscarla, estar atento a sus movimientos, era un karma en mi vida, ocupa y preocupa mis sentidos. En sus treinta y tantos exhibía contundente belleza que me dejó loquito, rápido supo leer la pasión que despertó en mis jóvenes veintiún años, más aún parecía solazarse y disfrutar el efecto seductor que ejercía en mí, los catorce años que me llevaba los había utilizado muy bien, sabía como ponerme cada día más loco.

Diría que no le alcanzaba con jugarla de seductora, sino que con el tiempo fue agregando roces y jueguitos intencionados, como si buscara acercarse con cualquier excusa, disfrutaba tenerme cerca, a juzgar por la forma como apretaba mi brazo cuando nos saludábamos parecía querer algo más, pero tal vez por mi inexperiencia y su temor a producir un problema familiar las cosas no llegaron a mayores. La paz familiar prevalecía sobre el deseo que nos quemaba.

Ella ejercía cierta tutela sobre mi futura esposa, por afecto y por diferencia de edad. Fue madrina de casamiento, en la fiesta, con la excusa de unas copas de más, no economicé elogios para los atributos que se prometían en el generoso escote. Dejé en claro mi admiración, halagada asintió con graciosa aceptación, se mostró más complaciente y afectuosa que en la habitualidad de la relación familiar, hasta me pareció que me estaba dando pie para algo más, pero deseché esa peregrina idea pensando que era todo fruto del momento de excitación por la fiesta, el alcohol y el entorno que modifica la percepción de la realidad.

La fiesta siguió, como se acostumbra, hasta el desayuno, es decir que había mucho tiempo aún para seguir con el viejo truco del alcohol como excusa, no pierdo oportunidad para insinuarme diciendo que me quita el sueño, con más tragos más valor y en un aparte con Perla me arrimé para confiarle que me “enganché” con Luisa, la desposada, para estar cerca de ella. Fue en un momento que la invité a bailar, justamente un tema lento, un almibarado bolero, acusó el golpe, dudó, perdió el control dela situación, la dejé descolocada y sin reacción.

Todo eso o tal vez algo que desconozco motivó que me dijera bien pegada a mi oído: – Al condenado a matrimonio, siempre se le permite una última voluntad. Dime lo que quieras o calla para siempre.

– ¿Si eres Perla, cómo será…? -simulé vergüenza y pudor, corté la frase con poca convicción, por acicatearla. – ¿La ostra? Ibas a decir… ¡La mejor!, ¡Sin duda, la mejor! – Aprieta y suspira, para eludir cualquier duda. – Te creo, aunque… – ¡Para!, con la calentura, después de la fiesta tenés donde esmerarte. –apretó la pierna justo contra el miembro y dijo: -este postre tiene dueño hoy, ya veremos al regreso…

Volvimos a vernos al regreso del “mielerío”, nos invitó a su quinta, un trofeo de guerra después del divorcio, para un fin de semana largo.

En la primera ocasión a solas le recordé la promesa pendiente, atracción mutua, miradas que podían derretir el hierro de la verja. Durante la estancia no faltaron los roces osados, en la primera ocasión que la tuve sentada frente a mí comenzó el derroche de lujuria, separó bien las piernas para que pudiera apreciar la trasparencia de la tanga, en cada cruce de piernas no faltaba la pimienta de exhibir cada vez más lento y más explícito el juego de precalentamiento.

En este juego de alto contenido erótico Perla gozaba ver como hacía para disimular el efecto de su exhibición. La noche pasó calenturienta, no hubo forma de poder tener un momento a solas, me tuve que conformar con el desahogo habitual, para colmo Luisa es una mujer de poco fuego, lo hace como a desgano y por cumplir con el precepto del débito conyugal.

Me levanté temprano, preparé café, esperando… Llegó, me encontró mirando por la ventana, apoyó su cuerpo contra mi espalda, dos tetas, el perfume dice que es ella, sin voltear extiendo la mano hacia atrás, busco su entrepierna, bajo la bata, llego fácil a la entrepierna, no hay bombacha, acaricié el suave vello, juego en la espesura, llego a la cueva, me empapo en la espesa humedad, caliente. Suspira, gime, vuelve a suspirar profundo, intenso, como quien se desprende de una pesada carga.

– ¡Ah, ah! ¡Siente que tiene ostra Perla!  mientras me da un beso bien húmedo en el cuello.- ¡Vamos fuera! ¡Nos puede ver! – sin dar tiempo al arrepentimiento, ¡cómo si lo fuera a intentar!

Nos metimos en un galponcito, trancamos la puerta, desnudo total, exhibe orgullosa las tetas, carne firme, vigorosos pezones. Tomo algo de distancia para una visión integral, mejor perspectiva como la del artista que estudia su modelo, admiración sería el término preciso para decir la impresión que producía esa tremenda mujer, tantas veces imaginada y ahora toda desnuda ante mí, ofreciéndome todos sus encantos para mi placer.

Tanta hermosura y lujuria toda para mí, era más de lo que podía ambicionar, tomada de la cintura la senté sobre una rústica mesa de campo, que al colocar tamaña belleza se engalanaba, la fina porcelana cincelada por la pródiga naturaleza se ofrecía como agua para sofocar el fogoso deseo que me consume. Los labios afiebrados por la pasión buscaron la abertura húmeda. Lamer, mamar sin solución de continuidad, saciar la calentura atroz que nos invade por igual, mientras escudriño la profundidad de la cueva ella prorrumpe en una retahíla de palabrotas obscenas y soeces que son las únicas capaces de expresar su estado calenturiento. Las manos son tenazas que me conminan a quedarme dentro de ella hasta el fin del mundo.

Mientras mis labios y lengua le prodigaban maravillosas sensaciones en el clítoris, pretender acallar los gemidos, en realidad más parecidos a los aullidos de una loba, era como querer tapar el sol con un dedo. El orgasmo alcanzaba su cúspide cuando el dedo mayor de mi mano hizo su entrada triunfal en el “chiquitín”. La profusión de jugos fue tal que parecía que el volcán Krakatoa había entrado en erupción.

Las piernas y sus manos eran la gloriosa cárcel que me tenía secuestrado en su goce supremo. Sentirla como se debatía en las contracciones de un orgasmo jamás presenciado, era una maravilla verla y sentirla, era el fruto de esfuerzo ganado con el sudor de mi boca.

Los labios conservan el brillo del jugo, prolijo vello púbico realza la jugosa ostra, los dedos de Perla abren y exponer el interior rosado, la sonrisa vertical que pide atenciones nuevamente, no fue suficiente quería más, una máquina de gozar, insaciable, pero esta vez tenía otro destino. Entre sus piernas, accioné nuevamente el botón, la perla clitoriana, liberó la desmesurada lascivia, profuso, intenso y fogoso orgasmo, con el pulgar juego en la conchita y el dúo de índice y mayor en el ano.

Despatarrada sobre la mesa, las piernas colgando, inermes, abiertas, el vello brillante de humedad. Volví entre sus piernas, las elevo hasta colocarlas sobre mis hombros, me aproximo a la ostra, con el miembro enhiesto y duro como el acero, apunto, amenazo a la abertura con él. Recaliente apoyé la cabeza entre los labios y en un solo envión entró la mitad, el resto lo hizo ella traccionando con los talones en mi espalda. Se sentía ajustado, profundo, intenso movimiento de mete y saca, volvía a excitarse con renovado entusiasmo. Goza y devuelve placer apretando los músculos vaginales en torno del miembro que pistonea con afiebrado deseo.

Era más que obvio que conocía como complacer a un macho calentón, manejaba los labios vaginales a voluntad, sentía como producía con ellos un efecto que semejaba a la boca cuando succiona, produciendo en el nacimiento del glande un efecto tan placentero jamás sentido, movía la pelvis y caderas con tal armonía y sincronismo que necesité de todo mi poder de concentración para demorar mi orgasmo. No soy para nada precoz, todo lo contrario, pero ante semejante máquina de coger no era fácil demorarse y gozarla a pleno.

Ahora soy yo el que le dice le dice todas las procacidades para acrecentar el grado de excitación, contestó con su propio vocabulario, fue el espacio necesario para dejarme disfrutar un poco más de la penetración por demás gozosa. Una estocada a fondo y sostenida le hizo perder la compostura y apurar el proceso, estaba llegando el momento triunfal, forzada respiración, como pez fuera del agua, el corazón latiendo a mil y las contracciones musculares eran síntomas inequívocos de que el orgasmo está llamando a su puerta.

– ¡Dale, cabrón! ¡Dame tu leche, dame tu leche! ¡Da…me…! -Paró de vociferar para poder respirar. – ¡Por favor, ven conmigo, estoy llegando! ¡Quiero juntos, vamos dámela!

No fue solo la súplica de Perla sino que ya no podía aguantar más, apuré los últimos movimientos coitales para ponerme a ritmo y consonancia con su excitación y llegar juntos a la cima del mundo. Me moví, nos movimos, un final a toda orquesta, me lancé dentro de ella como para atravesarla, profundicé los enviones cuanto pude, fueron menos sacudidas que las deseadas por mí. En medio de un descomunal orgasmo de Perla volqué toda mi calentura, nos confundimos en un solo grito, un solo estertor postrero que selló nuestra comunión de almas.

El sonido a dúo de gozo fue el arrullo de la emisión de semen, brotó incontenible, con fuerza y cantidad imposible de mensurar. Quedamos enchufados, soldados, sin poder ni querer salirme de ella, permanecer así eternamente. Al levantarme contemplé como el riego espermático se escurría por el muslo de una mujer agradecida.

Antes de concluir el fin de semana hubo otras escaramuzas a la apurada. Lo mejor vino en los encuentros de sexo que se sucedieron, pero no por habituales dejaron de tener la espontaneidad y fogosidad de esta primera vez, con el tiempo fuimos incorporando nuevos incentivos a nuestro juego de sexo.

Esto será para otro relato.

Autor: Arthur

arthurk1986 (arroba) yahoo.com.ar

Me gusta / No me gusta

Un consejo, fóllense a su madre

Mi primera reacción fue tirarme delante de ella, y comenzar a chupar aquel rico bollo, mmm, me corrían sus jugos, y yo lamiendo como ternero, mamando con locura. Sin pensarlo más, clavé lento, pero con seguridad, la pinga en su rica chocha y moví mis caderas al ritmo de su cintura, disfrutando cada pulgada que podía penetrarle, por último, me vine, y un grito salió de su garganta.

Hace aproximadamente, 20 o más años que tengo relación con mi madre, pero vamos a lo importante, eran, aproximadamente las 2am, hacía calor, mi madre esperaba, que mi padre se marchara a trabajar, era lechero, en mi país se reparte, puerta a puerta, mi madre le preparaba el desayuno, pero ya no se acostaba, sólo esperaba que se marchara, para que el padrino de mi hermano, entrara a singar con ella, yo dormía con la puerta de mi cuarto abierta, y noche por noche, casi diario, mi madre dormía con ese señor, que llamaremos, Paco.

Así pasaron los meses y yo sólo a base de pajas, viendo a mi mami, con aquella grande, peluda y jugosa chocha, gozando de otro hombre, sucedió algo inesperado, Paco enfermó y murió rápido, sólo convaleció, dos semanas, el corazón le falló, mi madre no estaba enamorada, pero si le hacía falta la manera en que Paco se la gozaba, pues mi padre estaba casi impotente ya, según me dijo ella misma, nunca, me dijo nada de Paco, pero ella sabía muy bien que yo la veía, un sábado, mi padre trabajó doble, y quedamos sólo ella y yo.

Aproximadamente sobre las 9am, se levantó, yo no tenía escuela, entró a mi cuarto y preguntó: ¿quieres desayuno? Si, ya me levanto. Ok, dale, que quiero lavar temprano, no tengo ni un blumer, limpio y no me gusta estar sin ropa interior. No te sientes más fresca la… ¿La que? Nada, nada… Dilo, la chocha. Si se siente más fresca, pero no me gusta me miren así…

De donde yo saqué valor no se, pero le contesté: por mí no lo hagas, yo la he visto muchas veces ya. Ella se quedó en silencio unos segundos, y… me dijo: ¿Has visto que? Lo mismo que veía Paco, que en paz descanse.

Mi madre abrió los ojotes, y me dijo: que fresco eres. Si, pero gracias a mi silencio, nadie se enteró nunca, de las singadas, que Paco te daba, y… bastante veces que te vi. Cuantas pajas te sacaste mirando, seguro, ¿verdad? Yo sabía, era la hora de seguir mi chantaje, pues nunca más se me daría la oportunidad, y menos creo tendría valor. Inmediatamente contesté: las que me saqué, no… las que me saco…  ¿crees que soy de piedra?

Ella me contestó, pues me alegro que no eres de piedra, así entiendes porqué lo hacía con Paco, yo tampoco lo soy… Rápidamente pregunté, pero ahora que no está Paco, ¿qué remedio das a tu problema mami? Ay hijo, lo que puedo, a veces, me duermo por no pensar en eso. Que pena, y yo con tanto deseo, me quedo despierto, no se me borra de la mente, las posiciones en que Paco de ponía, desde mi cuarto, tú sabes se ve todo, y yo me hacía el dormido, para poder verte, cuando él te clavaba y tú pedias, Más… Más… Más.

¿Recuerdas? Ella en silencio me miraba y, fue cuando, cambié el tono, y le pregunté: mami, ¿y tú nunca te rasuras? Porque tienes un bosque, negrito y espeso. ¿Te fijaste bien aahh? En lo que me gusta me fijo bien, no soporto la mujer rasurada, me gustan bien peludas las chochas. Ya la conversación era prácticamente un descaro, ya no tenía miedo ni pudor, estaba decidido a dejarle saber que me gustaba, y sobre todo, que la deseaba, como perro en celos. Para mi sorpresa ella contestó: Pues que casualidad, a mí no me gusta rasurarme, me da picazón, además se ve más sexy bien peludo un bollo cubano. Pero tú no estás conmigo. Sería bueno, si fueras mi mujer o amante.

Ella caminó hacia la cocina, para mi sorpresa, jaló una silla y se sentó. Me acabas de decir, que te has sacado y te sacas pajas a mi nombre, ¿cierto? Si, ¿y qué? ¿Es malo lo que hago? Al cabo, si no te lo digo, tú no te enteras. Cierto, pero no es malo, lo malo es que se desperdicie tu juventud, y nadie la disfrute. Mami, no te enojas si te hago una pregunta íntima. Dime, hablemos claro, ya tienes 18. ¿Dime, qué? Papá no te satisface, Paco no está… ¿Cómo te quitas las ganas? Con el dedo hijo, a veces dos.

Cuando lo hacías con Paco yo disfruté verte… Pero ahora lo haces calladita… ¿Por qué no me dejas ver? La diferencia es que Paco no está. ¿De veras quieres ver? Pues mira, se abrió de piernas y comenzó a tocarse aquella hermosa y peluda chocha, y me dijo: ¿no te pajeabas mirándome? Pues sácatela y bótate una paja… ya no te escondas, ya no está Paco.

Inmediatamente me saqué la pinga, yo estaba a mil, y comencé a tocarme… cuando estuvo parada, su voz me detuvo. Ven, no te hagas más de rogar y ven, que estás loquito por singarme, y a la verdad, yo no aguanto más las ganas.

Ven hijo de puta, clávamela y hazme gozar que tengo la chocha súper mojada, cabrón, verás el gusto que me doy con esa pinga, y lo mejor es que no tengo que buscarla fuera, la tengo aquí a mi disposición, clávame cabrón, que no aguanto más.

No hice caso, y mi primera reacción fue tirarme delante de ella, y comenzar a chupar aquel rico bollo, mmm, me corrían sus jugos, y yo lamiendo como ternero, mamando con locura. Cuando ella empuja mi cabeza y me dice: Clávame ya hijo, estoy desesperada porque me llenes de lecheee…

Sin pensarlo más, clavé lento, pero con seguridad, la pinga en su rica chocha y moví mis caderas al ritmo de su cintura, disfrutando cada pulgada que podía penetrarle, por último, me vine, y un grito salió de su garganta.

Que ricoooo, me hacía falta esta singada, espero se repita y bien seguido. Si mami, cuando quieras y donde quieras, pero ahora, sólo pegarás cuernos conmigo, ok. Desde ese día, mi madre es mi amante, hoy, soy casado, tengo 38, ella 62 y todavía lo hacemos, una vez por semana, y a veces hasta dos, pues vive lejos de mí, a dos horas de camino.

Mi esposa no sabe y espero no se entere. Les doy un consejo, si desean gozar con su mami, háganlo, les aseguro es lo más sabroso que hay, sobre todo, si la tiene bien peluda y es tan puta como mi madre, chao.

Autor: juan

Me gusta / No me gusta

Un pedazo de culo alucinante

Uno de ellos empezó a meterle los dedos en el culo, hasta que se sacó la polla, la enchufó en el ano y se la metió, el ano se lo había lubricado yo antes cuando se la había metido, primero solo la punta, pero como debía ver que entraba fácilmente, se la metió hasta las huevos. La zorra de mi novia pegaba unos gemidos de placer que hasta a mi me daban apuro que nos oyeran en todo el camping.

Os voy a contar una relación que tuve hace unos años:

Salía con una novia que se llamaba Yoli, era bastante alta un 1,73 y pesaba unos 59kg, morena y guapeta. Tenía unos pechos bastante pequeñitos, pero no estaban mal, lo que era sorprendente de su cuerpo era un pedazo culo alucinante, para mi era un 10, para mi y para muchos que no paraban de piropear “¡vaya culo!”…

Era una chica que le gustaba ir ajustada y siempre me llevaba tejanos apretados y Zoila ir con tops. Yo la verdad es que llevaba bastante tiempo follándomela y ya me aburría de hacer siempre lo mismo, darle por culo era uno de mis predilectos platos claro está.

Un día nos fuimos de camping, ella me la estaba comiendo dentro de la tienda en pelotas, le acababa de dar por culo y tenía la polla un poco sucia la verdad, pero parecía que no le importaba.

Como era muy morbosa, le dije que si se atrevía a tumbarse en una colchoneta de aire que teníamos dejando el culo fuera de la tienda y la cabeza dentro de la tienda. Al principio puso cara de alucine, pero luego dijo “vale”. Era un camping que no había mucha gente ya que estábamos fuera de temporada pero cerca había un grupo de chicos… La Yoli estuvo por lo menos una hora con el culo fuera esperando quien se atrevería alguien a tocárselo, lógicamente mientras ella me la estaba chupando para llevarle el ritmo le comía los pezones y se los estiraba o subía según quería que chupara más o menos rápido.

Al final por fin, cuando empezó a oscurecer, se oyeron unas voces cerca de la tienda que decían:”vaya culo””¿has visto eso?””¿Quien se atreve a tocárselo?”Yo los veía más o menos, aunque teníamos la puerta medio abierta no había mucha luz, pero me lo contó luego mi novia con detalle.

Al final uno de ellos se acercó y se lo tocó un poco, pero se largó corriendo. Nosotros ni nos inmutamos. Como vieron que no pasaba nada otro se acercó y este se estuvo más tiempo, le pegó una buena sobada. Yo y ella estábamos muy excitados. Después de unos minutos también se piro corriendo, riendo y haciendo comentarios en plan eufórico: “¡vaya chollo!” “esa tía se deja sobar y no está dormida” Ya era de noche, serían las 20h.

Y se volvieron a acercar, esta vez eran dos, empezaron a tocar cada uno una nalga y luego siguieron por la vagina uno de ellos le metió los dedos en el coño y empezó a rozar el clítoris, Yoli empezaba a hacer ruiditos, cosa que cuando ellos los oyeron empezaron a darle al tema más caña.

Uno de ellos empezó a meterle los dedos en el culo, hasta que se sacó la polla, la enchufó en el ano y se la metió (el ano se lo había lubricado yo antes cuando se la había metido), primero solo la punta, pero como debía ver que entraba fácilmente, se la metió hasta las huevos. La zorra de mi novia pegaba unos gemidos de placer que hasta a mi me daban apuro que nos oyeran en todo el camping. Menos mal que mi polla amortiguaba un poco sus gemidos. El cabrón se corrió enseguida, y luego siguió el otro…

Esto duró prácticamente 1 hora, al final se fueron turnando cuatro chavales pero alguno debía repetir porque se la follaron por el culo 6 veces. Mi novia ponía cara de dolor, pero tenía una cara de zorra gozando, que seguí con la polla en su boca sin decir nada.

Los cabrones cogieron cámaras y empezaron a filmar el evento. Al final le dejaron una botella de coca cola vacía medio metida en el culo. La verdad es que tuvo gracia, aunque a mi novia no se la se la hiciera.

Yo me lo pasé de puta madre porque me excitó mucho y por lo menos me corrí cuatro veces. Luego le dije que se metería en la tienda y por supuesto, aunque ella me suplicó que no se la metiera por el culo porque lo tenía dolorido, le dije que no podía aguantar más y se la metí por el ano una vez más, el ano estaba súper dilatado era alucinante lo que consiguen 6 metidas por un culo. La verdad es que tardé bastante en correrme ya que me había corrido 4 veces y estaba seco, pero pensando que mi zorra había dado placer que cuatro chavales, me hizo correrme una vez más en ese culo dilatado. Le dije que me la limpiara con la boca y nos pusimos a dormir…

Al día siguiente los cuatro nos miraban como diciendo, esa zorra lleva en su culo nuestro semen y queremos metérsela más veces…

Autor: Aurelio Pelotas

Me gusta / No me gusta

Cornudo en el crucero

Llegué al segundo orgasmo y sacó la polla de mi coño, se quitó el condón y me llenó las tetas de su leche, y me dijo, bueno putilla, para ser el primer dia creo que tu marido ya luce unos buenos cuernos, espero ir aumentándoselos, puedes estar seguro, le dije, pero me gustaría que la próxima vez el cornudo de mi marido estuviera presente para que vea como hay que follar a una golfa como yo.

Hola cachondos, me imagino que estaréis con una mano en el ratón y con la otra en la polla a punto de reventar de tanto porno como estáis viendo.

Me llamo Teo,  tengo 48 años y como dice mi mujer tengo un buen cuerpo para mi edad pero poca polla para una zorra como ella, mi mujer se llama cris, tiene 37 años y de siempre a sido muy golfilla y más desde que se puso tetas de siliconas, una 120 de talla nada menos, si ya antes tenía fama de golfilla (en el instituto se folló a medio instituto,) ella es rubia, mide 168cm y  60kg de puro vicio, de hecho a mí me la presentaron dos amigos que por entonces se la cepillaban, luego nos enamoramos y demás.

Este verano hicimos un crucero e íbamos con ganas de que fuera super caliente, nada más llegar al barco la tiré encima de la cama y le metí la polla de un golpe… Uhh cabrón, que caliente estás, uhhh joder me estás poniendo a mil. uhh. Toma zorra que estoy supercaliente, uhh, que buena estás hijaputa toma polla en todo el coño. Uhh que gusto uhh. Aghhhh no aguanto más toma leche puta. Serás maricón si te has corrido ya y yo ni había empezado a disfrutar, vamos polla enana límpiame el coño de leche con tu lengua.

Si putilla lo que tú me mandes. Serás cabrón con lo caliente que me estabas poniendo y te corres. Lo siento cariño, le dije…  Calla y sigue comiéndome el coño que eso lo haces de puta madre, uhhh,  agggaa…No creas que con esta comida de coño tengo bastante yo creo que en este barco te van a crecer los cuernos…

Nos dimos una ducha y mientras ella se terminaba de preparar, que le cuesta horas, en fin ya sabes lo típico, más en una mujer como ella que le gusta ir super provocativa.  Estaba yo tomando un gin tonic en la barra cuando la veo que llega, estaba espectacular, como la miraban todos los tíos y todas las mujeres también, llevaba a un  vestido super cortito con un escote exagerado que le marcaban sus tetazas con los pezones supertiesos y la espalda descubierta casi hasta su duro trasero.

Hola cariño, ¿como crees que me queda este conjuntito?  Uhh sensacional, ya ves como babean todos viéndote y le di un morreo, al sentarse en el taburete su vestido dejaba entrever su tanguita amarillo.

Cielo me estás poniendo a mil. Calla cabrón que después de la mierda de polvo que me has echado no creerás que te voy a dejar meterte la polla hoy. Ahhh, pues yo creí que te quedaste con ganas…  Claro que me quedé con  ganas, pero no de una pollita (y es que la mía mide solo 12 y la de su ex medía 21 casi lo mismo pero al revés jeje), he visto un camarero que creo que le voy a entrar a ver que tal.

Después de cenar estuvimos bailando, a ella le encanta bailar salsa y con su vestido era un espectáculo super caliente, al rato vino el chico, que se llama Gonzalo, y que ya había terminado de trabajar, mi mujer ni se lo pensó y fue directa a por él a sacarlo a bailar mientras yo les contemplaba desde la barra, el tío no perdía el tiempo y aprovechando el baile se restregaba por su cuerpo y le metía mano todo lo que podía. Yo veía como la golfa de mi mujer se ponía calentorra, se le nota en la cara de golfa que tiene, al rato vienen los dos donde estaba yo y él me dice…

Hola, he de decirte que tienes una esposa muy atractiva, le digo la verdad es que si, ella dice muy atractiva y muy caliente, el cabrón de mi marido me dejó mal follada esta tarde así que estoy super salida mira como estoy… Y cogiéndole la mano se la mete en los muslos.

Joder cris si que estás caliente dice él, te noto todo el tanguita supermojado. Le digo yo pues quítatelo no cojas frio jajá. Ella ni corta ni perezosa sentada como estaba se lo quitó disimuladamente me lo dio diciéndome: Huélelo, ¿a que huele? A zorra caliente.

El tío alucinaba, vaya veo que sois una pareja muy abierta. Si sobre todo yo de piernas jajaja dijo Cris y le dio un morreo mientras le sobaba por encima del pantalón.  Uhh vaya parece que estás bien servido de polla uhh,  con lo necesitada que estoy yo de un buen rabo en mi coño. Bueno no se tu marido a lo mejor no opina igual. Bueno si mi putilla quiere. Tu cornudo a callar que en mi coño mando yo…

Ya sabes que lo que tú quieras, que a mi me encanta ver como te miran todos deseándote follar. Anda ve a comprar los condones, cornudo, mientras nos metemos mano en este rincón del pub.

Yo obediente los dejé, cuando volví ellos ya no estaban, di varias vueltas por el pub y no los vi, en eso me llamó al teléfono mi mujer…

Cornudito, ¿a que no sabes donde estoy? Dímelo cacho zorra que me tienes con la polla dura de lo caliente que me has dejado. Cuando te fuiste me dijo que no había problemas por el condón, que él tenía, así que con lo caliente que estábamos nos fuimos a nuestro camarote y estamos follando así que cuando acabe te llamo para contarte…

Uhhh, joder cacho puta, que zorra eres, sigue follando y que te deje relajadita…

Al cabo de hora y media me dijo que ya se había ido y cuando llegué al camarote estaba desnuda y con las tetas pringadas de leche.

Mira que eres golfa como estás, anda cuéntame… Entonces me dijo: Nada más cerrar la puerta  del camarote lo desnudé besándole el cuello y bajando a su polla, ¡que polla más gorda! uhhh, me la metí en la boca con dificultad de lo gorda que era, entonces me dijo: Venga putilla deja de chuparme la polla que te voy a meter la polla hasta el fondo de tu jodido coño…

Me cogió por los pelos y me dio la vuelta poniéndome a  cuatro patas de cara al espejo, toma guarra, toma polla en tu coño, verme en el espejo  con la cara de golfa que tengo, mis tetas botando y él abofeteándome el culo, ahhhh, como me ponía de perra el muy cabrón y yo diciéndole…

Uhh, hijoputa, que dura la noto en mi coñito uhh…  Zas, zas,  me abofeteaba el culo mientras yo no paraba de gritar y llegaba al orgasmo uhhh… Te corriste ya he guarrilla, pues prepárate que aun tengo la polla para seguir dándote caña… Uhhh, joder que bien, hacía tiempo que no disfrutaba tanto uhh. Seguro cacho puta que tu marido te deja a medias, yo se como tratar a las putillas como tú.

Entonces llegaba ya al segundo orgasmo y sacó la polla de mi coño, se quitó el condón y me llenó las tetas de su leche, Aaaahhhh  y entonces me dijo, bueno putilla, para ser el primer día en el barco  creo que tu marido ya luce unos buenos cuernos, y espero ir aumentándoselos estos días…

Puedes estar seguro, le dije, dándole un morreo mientras lo despedía en la puerta, pero me gustaría que la próxima vez el hijoputa del cornudo de mi marido estuviera presente para que vea como hay que follar a una golfilla como yo Jejeje.  Sin problema por mí, contestó…

Y así sucedió pero eso será otro día cuando os lo cuente.

Autor: dukebueno

Me gusta / No me gusta