Natalia, mi compañera de curso

La giré para hacer la cucharita y se la metí nuevamente, desde esa perspectiva, viendo su precioso culo mientras se la meto, además de que ya estaba a punto, hizo que no durara más de 8 o 10 embestidas para terminar nuevamente dentro de ella, mientras le apretaba las tetas. Mientras terminaba ella y yo nos movíamos en círculos así que prolongamos el placer un momento más.

Hola a todos, hace tiempo que no escribo algo, pero las ocupaciones a veces son tantas que no te dejan. Lo que les voy a contar ocurrió hace más de 3 meses y en este tiempo que no he publicado ningún relato (más de 2 años) es definitivamente lo más digno de contar.

Obviamente cambiaré los nombres, pues es una historia real y no quiero dejar en evidencia a nadie. Mi nombre es Rodrigo y tengo 25 años, trabajo en mi profesión y se podría decir que vivo tranquilamente con eso. Vivo solo en un departamento de Lima y estoy llevando cursos de maestría en estos momentos.

En mi clase de la maestría somos pocos, apenas 22 personas (15 hombres y 7 mujeres), todos entre los 24 y 30 años. Una chica sobresale de entre todas, se llama Natalia, tiene 24 años (probablemente la más joven del grupo); no es muy alta, debe medir 1.6m, muy buen (créanme, muuuuy buen) busto y una colita que invita a los pensamientos más sublimes, de cara es muy linda y lo mejor de todo es que es una chica súper alegre, siempre sonriente, agradable y sencilla.

Fue justamente para uno de esos cursos de maestría que nos tocó hacer un proyecto grupal y por cosas del destino me tocó estar en el grupo de Natalia junto con 2 chicas más (el grupo era de personas así que era el único hombre), Leslie y Paola. Con ellas tendría algo después (hace 1 mes), pero es otra historia.

Tuvimos que reunirnos varias veces, la mayoría en mi casa, para poder avanzar con el trabajo; en cada reunión todo fue normal, eso sí, mucho humor, porque el ambiente era muy agradable, y todos nos bromeábamos con casi cualquier tema, siempre para pasarla bien. Una semana antes de la presentación, la profesora envió un correo con las personas encargadas de realizar las exposiciones (2 personas por cada grupo), así fue la suerte que Natalia y yo fuimos los escogidos (selección que le gustó a todos lo del grupo, pues ambos éramos quienes más dominábamos el tema y mejor pasta de expositores teníamos).

Como ya habíamos terminado el informe y la presentación entre todos, sólo había que reunirse para practicar la presentación final. La reunión la hicimos esta vez en su casa (ella vivía en un departamento compartido con otra chica que yo no conocía) para que ella estuviese más cómoda. El departamento es más pequeño que el mío pero mucho mejor decorado y más cálido y acogedor. Llegué a su departamento cerca de las 8 de la noche, para darme tiempo de irme a bañarme y vestirme después del trabajo. Empezamos a preparar nuestras notas para la presentación, haciendo resúmenes y agregando ejemplos y casos de aplicación, todo muy normal y muy profesional. Cuando llegó el momento de practicar la locución (cada uno debía hablar por no más de 10 minutos y no debíamos sobrepasar el tiempo), nos pusimos de pie para que uno observe al otro cuando hablaba (tratar de eliminar tics y muletillas, ya saben). La primera fue ella y cuando se puso de pie se sacó el ligero saquito que tenía (ligero de tela, pero la tapaba toda).

Yo me quedé de piedra, tenía un polo de tiras a los hombros de color negro que contrastaba con su piel bastante blanca y que hacían lo posible para contener el par de tetas que querían salir de la prisión, con el cambio de temperatura (al sacarse el saco) los pezones se le marcaron por un segundo y luego volvieron a ocultarse debajo de la ropa (yo claro, no perdí detalle). Ella aparentemente no se dio cuenta de mi mirada directa a su busto y empezó a hablar. Ella siempre ha sido muy expresiva y con cada ejemplo marcaba el énfasis en algo y agitaba el par de tetas, era un espectáculo que me tenía ya en pie de guerra, así que sentado trataba de disimularlo.

Ella notó mi poca concentración en su discurso y dijo: “ey!… me estás prestando atención?…” – “Estaba, sorry, pero es que con el polito que tienes puesto, es difícil concentrarse en palabras”- lo dije en ese tono burlón que solíamos usar. Ella me miró y dijo: “mira… si lo que te distrae es mi polo, pues me lo saco, ¿te parece?” -siempre usando el tono burlón, pero ya con un aire de jueguito malévolo. Yo no me corté y le seguí: “Pero si te sacas el polo muy probablemente tenga el mismo problema con tu brasiere”.

Ella sólo dudó un segundo y dijo: “mira, si me voy a terminar quitando el brasiere, entonces, mejor hacemos el famoso método de estar los dos desnudos para que no haya incomodidad”. Me pareció un poco atrevido, pero no me corté y dije: “me parece buena idea”, ella: “ok, entonces empieza, si quieres que te deje de incomodar mi polito” dijo aún con más malicia y un tono sarcástico casi hiriente.

Me lanzó una miradita retadora, así que pensé “es ahora o nunca” y no empecé por arriba, sino por abajo, me saqué las zapatillas y medias (ella seguía con la risita pensando que estaba jugando, vaya sorpresa que se llevaría) desabroché mis jeans y de un solo tirón (para no arrepentirme) me lo quité junto con mis bóxers, quedando mi verga casi al máximo a vista de mi linda compañerita.

Definitivamente le sorprendió mi osadía, hasta reaccionó con un “pero, ¡¿que haces?!” y llevó sus manos a la cara como impidiéndose ver, pero miraba muy atentamente, como yo a sus tetas más temprano. Le dije: “pero, ¿no estamos quedando en eso?… no me digas que eres pura boca”, eso le dolió, ella es muy orgullosa, así que sin más empezó a desabrocharse el brasiere y para tratar de causar el mismo efecto que yo, se quitó polo y brasiere en un solo (rápido y sorprendente) movimiento.

Quedé reducido a un montón de carne, estupidizado por ese par de tetas que tenía al frente, grandes, firmes, muy blancas y con los pezones rosados, se le veía casi virginal, si no fuese claro por la cara de viciosa que ya tenía mientras me miraba el pene. Me quité el polo y ella se quedo en bragas, aunque al ver mi mirada que decía: “¡vamos!”, no le quedó otra que sacárselas también y pude ver su vulva depilada casi totalmente, apenas un pequeño triangulito adornaba el inicio de sus labios mayores que ya estaban algo brillosos.

Me fui acercando para ver mejor y pude notar un tatuaje junto al pequeño triángulo de vellos, era muy pequeño, una sola letra: “Y” no quise entrar en detalles, levanté la cabeza y la vi medio nerviosa, medio retadora, me acerqué y la abracé. Pude sentir sus tetas en mi pecho y cómo los pezones se iban endureciendo contra mi piel, que deliciosa sensación. Era una mujer espectacular y si me aceptaba íbamos a tirar muy rico.

La miré y me agaché un poco para besarla, ella prácticamente se colgó de mi cuello y me brindó su lengua de forma muy rápida y apasionada, soltaba suspiros y dijo: “Me has puesto súper caliente carajo… ahora tú haces que se me pase”. Me empezó a acariciar el pene, corriendo la piel para adelante y para atrás, con cuidado pero sujetándolo fuerte, yo me entretenía tocando sus riquísimas nalgas y haciendo esfuerzos para empezar a tocar sus orificios.

Se agachó y de rodillas empezó a chupármela con paciencia, pero firmemente, muy probablemente la mejor mamada que me hayan dado, con una mano jugaba con mis testículos mientras que con la otra me tocaba el pecho y el abdomen (por eso me gusta tenerlo marcado), se la metía toda a la boca y succionaba un poco, luego la sacaba mientras la rodeaba completamente con los labios, que rica sensación. Yo no quería terminar todo ahí, por lo que la puse de pie, la besé y luego la levanté para colocarla sobre la alfombra, ella entendió y abrió las piernas.

Empecé a conocer más a fondo su intimidad, lamía su vulva a lo largo y abría un poco los labios, lo suficiente como para que sobresalga un poco su clítoris y darle muy ligeros toques, un rato después subí a chuparle las tetas (no había forma de que desaproveche esa oportunidad de chupar unas tetas tan buenas como esas); luego de unos 5 minutos volví  a su vulva, pero ahora la abrí completamente y empecé a introducirle mi lengua, un dedo, dos dedos e intercalándolos en su vagina, ella casi gritaba a esas alturas, decía lo mucho que le gustaba que siguiera así, hasta que llegó a su orgasmo.

Me golpeó un poco con las piernas cuando se estremeció por el clímax, pero cuando se relajó, aprovecha y le puse los pies en mis hombros y la cabeza de mi pene en la entrada de su vagina, apenas separando los labios y tocándole las tetas y los pezones. Le dije: “¿estás lista?”, ella: “sí, por favor métemela, cáchame”.

Habíamos esperado suficiente, así que se la fue metiendo poco a poco, su vagina me recibía gustosa y sin dificultad, pero hacía la penetración lenta para sentir cada centímetro al meterlo (y que ella lo sienta también), cuando la tuvo toda dentro… dejó salir un suspiro y me miró como diciendo “dale”.

Empecé el mete y saca mientras le tocaba las tetas, estuve dándole un rato mientras ella cada vez empezaba a hablar más sucio diciendo “métemela toda”, “dame más duro”, “que rico me cachas”, “me encanta tu pinga”, y demás cosas que me estaban calentando así que le empecé a responder y a tratarla más rudamente. En algún momento me dejé llevar y seguí dándole a un ritmo bastante fuerte, hasta que me iba a venir, entonces reaccioné y la miré para preguntarle si podía terminar dentro (no hay cosa más rica) y vi que ella tenía un orgasmo en ese momento, tenía la espalda arqueada y los ojos en blanco, mientras hacía puños con las manos, ese fue el detonante y sin poder contenerme terminé dentro de ella. Las piernas me temblaban y casi no podía mantenerme en pie, así que me acosté a su lado, ella se estaba recuperando también, me miró con una sonrisa inmensa y me dijo: “gracias, nunca había tirado así con alguien”, yo sabía que se refería a haberlo hecho sin ser novios o algo así y que le sorprendió haber disfrutado tanto sin sentimientos.

Me dijo que no había problema con terminar dentro porque tomaba la píldora para controlar su ciclo. Nos empezamos a besar y a acariciar mientras nos recuperábamos y yo aprovechaba para tocarla por todos lados y recorrer cada rinconcito de su piel, que es deliciosa, muy suave y blanca, que buena que está esta mujer.

Cuando ella sintió que me había recuperado (estaba al palo de nuevo), me dijo: “ahora me toca a mí, espero que te guste”. Me empezó a besar cada vez más fogosamente y a pajearme despacio. Me preparó recostándose sobre mí y moviendo la pelvis para rozar nuestros sexos, estuvimos un rato así mientras sentía su monumental par de tetas sobre mi pecho… uf… que cosa más caliente.

Cuando consideró que era suficiente calentamiento, se puso en cuclillas sobre mí y fue apuntando mi pene a su vulva, poco a poco fue bajando hasta que la cabeza apenas entraba por entre sus labios vaginales, yo quería que siga bajando pero paró, la miré, me sonrió con una carita de malicia y calentura y de pronto se dejó caer de golpe hasta que mi pene le entró hasta el fondo, ambos gemimos, que sensación tan buena. Se quedó un instante así y empezó a moverse en círculos, cada vez más rápido, alternaba círculos y adelante y atrás y nuevamente círculos, ¡sí que sabe moverse!

Estábamos súper calientes, me incliné para lamerle las tetas mientras ella seguía con todo el trabajo fuerte, se las chupé un rato, hasta que sentía que me iba a venir de nuevo, me recosté, le agarré una teta mientras se movía con la mano izquierda y con la derecha metí el pulgar para tocar su clítoris y así en menos de un minuto ella llegó a un orgasmo increíblemente fuerte, se tuvo que bajar y recostar a mi lado porque no podía sostenerse más.

A mí me faltaba muy poco, así que estando a mi lado, la giré para hacer la cucharita y se la metí nuevamente, desde esa perspectiva, viendo su precioso culo mientras se la meto, además de que ya estaba a punto, hizo que no durara más de 8 o 10 embestidas para terminar nuevamente dentro de ella, mientras le apretaba las tetas. Mientras terminaba ella y yo nos movíamos en círculos así que prolongamos el placer un momento más.

Nos abrazamos en la alfombra mientras nos besábamos, muy sonrientes ambos, hasta quedarnos dormidos. Nos despertamos cerca de las 2am. Cuando su compañera de departamento llegó a casa y nos encontró en media sala desnudos, durmiendo sobre la alfombra.

Luego conversamos al respecto, pero eso lo contaré después.

Espero que les haya gustado.

Autor: Rodrigo

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