Cuando cumplí 18 años

Hetero, Jóvenes y Cachondas. De como me inicié en el sexo con el padre de una amiga. Yo tenía 18 y él, 55.

Hola hoy tengo 52 años, soy de Venezuela, pero quiero contarle como me inicié en el sexo, cumplía 18 años y teníamos planeados ir a comer helados digo teníamos porque era una amiga que cumplía el mismo día.

Ese día me levanto mi madre muy temprano a cantar el cumpleaños feliz, y le dije voy con Carmen a comer helados en la tarde y me dijo, me parece magnifico.

Pase por mi amiga a la 1 de la tarde como habíamos acordado,  toqué, me abrió su padre, que con los 55 años que tenía me erizaba la piel cada vez que lo veía, canoso, no muy alto pero tenías unas manos gruesas y ásperas porque trabajaba la construcción.

Cuando él abrió la puerta pregunte por María, y me dijo pasa, lo hicé y sentí mi cuerpo helado, y su respiración cerca de mi cuello, me dijo

– Ella salió con su mama y hermanas y me dijo que la esperaras, le dije

– Bueno vengo más tarde entonces, y él me abordó y me dijo:

  • Estas de cumpleaños. Y temblando le dije si. Me dijo
  • ¿Me permites darte un beso?

Solo atiné abrir mi boca y cerrar los ojos, cuando sentí su lengua dentro de mi boca, y su brazo por mi cintura, apretada hacia él, y sentí como algo entre sus piernas crecía y latía, fue tan largo y divino el beso que quede sin aliento.

Me cargó en sus brazos, y me dijo al oído te voy hacer mi mujer, y solo atine a decir que si con la cabeza, y me llevo a su cuarto de herramientas. Allí había una cama muy bien arreglada, y me acostó, y me volvió a besar profundo. Tenía una lengua gruesa y muy carnosa, luego bajó mis pantaletas (ya que tenia una faldita muy corta), y me dijo quieta mami, y empezó a chupar mi clítoris, y meter su gruesa lengua. Me hacía temblar, sudar y gritar de goze, sentir que me estallaba el mundo y me decía déjate ir, acaba en mi boca, y exploté y fue grandioso.

Luego me tomo nuevamente mi boca y me decía: quieres ser mi amante, mujer, y le dije si, y cuando se bajo los pantalones no tenía interior y vi una enorme pija de mas de 20 cms, y le dije eso me lo vas a meter y me dijo todo, todo te lo voy a meter.

Empezó con su cabeza del pene, a frotar mi clítoris, y me besaba por el cuelo y mi senitos, hasta que llego el momento que le dije no aguanto más cógeme, y así fue una envestida fuerte, dolorosa pero placentera, y me bombeó suave y luego muy fuerte por lo menos 10 minutos y en esos diez minutos yo tuve como 6 orgasmos y me dijo huy, que rico, eres multiorgasmica, y me acabó tan fuerte que pude sentir su leche caliente en mis entrañas, quedamos tendido en la cama, y luego me llevo al baño y me lavó y me dijo

  • De esto, a nadie le cuente…

luego seguiré como fueron mis siguientes encuentro y todo lo que hicimos por durante 10 años

Me gusta / No me gusta

Mi historia empezó con 18

Hola mi nombre es Daniela soy de Chile y tengo 20 años descubrí esta página de relatos y me decidí a contar algunas cosas que me han pasado estas historia son reales y las escribo por que descubrí que me excitan mucho. Les pido disculpas por la forma de escribir ya que es la primera vez que lo hago, ojalá les guste.

Primero voy a describirme para que se hagan una idea de cómo soy: Soy de tez blanca pelo castaño liso ojos cafés mido 168 aproximadamente 60 kilos. Y mi cuerpo está bien formado tengo senos pequeños, pero duritos, pero un potito paradito redondo y de un porte que los hombres siempre me piropean o recibo alguna caricia ya sea en la micro o en el metro, cuando van llenos tengo que reconocer que desde joven me gustaba ser tocada en la micro o se ponían detrás de mi y me ponían algún miembro justo en la rayita de mi potito, sentía cosas ricas en mi cuerpo lo que me llevaba a masturbarme en mi pieza,  me gustaba mucho el sexo, siempre pensaba en penes hombres y como sería hacerlo, tenía una amiga que eran igual que yo y comentábamos de todo esto y nos excitábamos, así transcurría mi vida cuando conocí a Rubén, un tipo mayor que yo que me enseñó todo acerca de sexo yo tenía 18 años y él 28 a mi me pareció lindo cuando lo conocí, fue un día en la micro cuando iba a clases que me hablo.

– Hola, me dijo

– Hola, bien y tú?

– Cómo te llamas? Daniela ¿y tú?

– Rubén. Así nos fuimos conversando todo el camino

Era moreno de 170 aproximadamente, cuerpo formadito pelo corto un mino rico como se dice acá. Mis padres trabajaban todo el día así que estaba sola casi todo el tiempo. Con Rubén nos hicimos buenos amigos, él iba para mi casa escuchábamos música, nos reíamos, lo pasábamos bien, un día estábamos en mi pieza o dormitorio y comenzó a hacerme cariño por la espalda, mientras conversábamos me preguntó si había estado con un hombre antes yo le dije que solo me habían tocado y besado, nunca me habían penetrado  que sientes cuando te tocan, se siente rico le dije yo, ¿dónde te han tocado?, me dijo lo más que me han tocado es el poto y me reí, es que lo tienes muy rico, te gusta le dije, si amor me dijo, como quisiera tocártelo, le tomé la mano y me recorrí mi poto con su mano, que rico me dijo.

Se acercó a mi y me besó mientras me tocaba las nalgas sus besos eran apasionados y me seguía tocando ahora bajo mi faldita, sobre mi calzón que delicia era, estaba caliente me preguntó si quería ver su pene, nunca he visto uno de verdad, se bajó el buzo y me mostró su verga era grande gorda con la cabeza roja me hizo tocárselo y moverlo me sentía como una putita, rogué, por favor métemelo, quiero sentirlo.

Me la puso en la entrada de mi chorito y me la empezó a meter, me dolía mucho, pero no me importaba entraba despacio, sentía su pedazo de carne dentro de mi era como que me quemaba, pero sentía placer, después de un mete saca me puso en 4 patas y me la metió desde atrás ahora lo sentía mejor yo lo miraba y me embestía despacio, pero profundo, yo le ofrecía mi potito para que me hiciera mujer.

Luego me empezó a culear fuerte podía sentir sus bolas en mi poto, yo gemía como loca sabía que ahora no iba a parar de tener sexo, en eso apuró sus culeadas y me tiró toda su leche en mi espalda, sentí un líquido caliente, nunca había visto tanto semen y estaba toda chorreada en mi espalda y me goteaba por mi nalgas. Aaaaaah gemía Rubén, que delicia Dani eres una putita Quiero culearte todos los días Quiero tu pico siempre amor. Se despidió, por que luego llegaba mamá y si nos pillaba hubiera sido terrible.

Le conté a mi amiga Cathy no lo podía creer, quería todos los detalles le conté y quedó caliente, ahí hicimos algo, pero después les cuento. Yo antes del relato era una virgen cachonda, ahora, al final me despido como una mujer que descubrió lo rico que es el sexo y gozarlo sin prohibiciones.

Ojalá les guste, envíenme sus comentarios.

Me gusta / No me gusta

Mi compañera de oficina

Yo seguía dándole verga y sintiendo como se acercaba a terminar, ella empezó a gemir, como si estuviera llorando, apretó sus piernas y sentí como sus jugos estallaban contra mi verga y su vagina se contraía con fuertes espasmos, al igual que su culito, se dejó caer y se le salió mi verga, quedando tirada en el piso, con las piernas abiertas, su tanga estaba súper empapada.

Trabajé durante cinco años en una oficina y Perita, una de mis compañeras, siempre me llamó la atención, sobre todo después de que tuvo a su bebé; ella es morena, llenita, con el cabello negro, largo y quebrado. Cuando volvió a la oficina, sus tetas lucían espectaculares, esto por que amamantaba a su hijo.

A inicios de este año, durante semana y media, estuvimos solos en la oficina, así que comíamos juntos y una tarde, nos quedamos charlando sobre cualquier tema pero no podía despegar mi mirada de sus hermosas tetas. Ella traía una blusa blanca bastante escotada y se le asomaba un bello sostén de encaje del mismo color, además se le marcaban los pezones de una forma por demás excitante.

Ella se dio cuenta y trató de cubrirse pero al mover uno de sus brazos, tiró un vaso de agua fresca sobre sí misma, inmediatamente trató de limpiarse pero estaba totalmente empapada, así que corrí por un trapo para ayudarla. Cuando llegué con ella, el espectáculo era supremo, sus tetas se le notaban al cien y sus pezones estaban totalmente erectos, por lo frío del agua y por más que quería retirar mi mirada de ella, no podía.

Enseguida, ella tomó el trapo junto con mi mano y se los llevó a sus pechos, diciéndome “Ernesto, ayúdame a limpiarme, no te me quedes viendo” y no tardo, empecé a pasarle el trapo por ambas tetas y acercándose a mí, me dijo “¿crees que no he notado cómo me miras?, anda, aprovéchate ahora, no creas que no me he puesto cachonda con la forma en que me miras”. Empecé a darme un gusto bárbaro, pues le retiré su blusa y empecé a besarla y al abrazarla, mis manos soltaron su sostén, que quedó adherido a su piel húmeda.

Suavemente, yo se lo retiré y quedé impresionado por el tamaño de sus pezones y el ancho de las aureolas negras, negras, enseguida me agaché a mamarle ese par de tetas tan hermosas; cuando le mamaba sus senos, le daba arrimones con mi verga y ella abría sus piernas, inmediatamente sentí lo caliente de su panochita. Luego, me acomodé detrás de ella para besarle el cuello y con mis manos, acariciarle las tetas; luego, mis manos fueron bajando poco a poco por su cuerpo hasta llegar a su pubis, el que sentí abultado y muy caliente.

Al momento, le empecé a sobar su panochita sobre su pantalón, que ya se encontraba bastante húmedo, luego le aflojé el pantalón y fui bajándoselo poco a poco, esto, sin dejar de besarle el cuello y sus oídos. Ella está que estallaba, respiraba rápido y entrecortado, enseguida la volteé para besarla y nuestras lenguas se buscaron febrilmente mientras que le tallaba su conchita súper mojada con una pierna.

Perita me sobaba muy rico mi verga totalmente dura hasta que le dije que nos fuéramos a una de las oficinas, ya que están alfombradas; ahí, inmediatamente nos acostamos en el piso y empezamos a fajar muy rico. Para entonces, ella estaba solo con su tanga y yo había terminado de quitarme el pantalón, el bóxer y los zapatos, solo traía mi camisa, estábamos súper calientes y nos besábamos y nos toqueteábamos.

Yo empecé a bajar por su cuerpo hasta tener su pubis a la altura de mi cara, enseguida le acerqué mi boca y sobre la tela, le empecé a chupar su panochita mientras ella se arqueaba, bufaba y decía “ya, cogeme, no aguanto, quiero que me la metas toda”. Rápidamente, la volteé poniéndola de “a perrito”, ahora sus hermosas nalgas estaban a toda su anchura, era bello ver ese culo comiéndose el hilo de su tanga.

Al instante, me acerqué, le hice el hilo a un lado y apunté la cabeza de mi verga en la entrada de su vagina, ¡uta!, el calor y la humedad en su cosita era fenomenal, entonces mi verga resbaló hasta el fondo y Perita lanzó una especie de gruñido. Así, empecé el chaca, chaca lento, aunque ella me pedía que se lo hiciera más fuerte, enseguida estiré una de mis manos para acariciarle sus tetas y lo dura y erecto de sus pezones, eso me puso como loco, me encantan las tetas de pezones grandes y Perita los tenía muy, pero muy grandes.

Ya mi ritmo estaba al cien y su vagina se empezaba a contraer, anticipando su orgasmo, entonces bajé la vista para ver como me la estaba cogiendo y vi que su ano se abría y se cerraba también de una manera fenomenal. Al momento, le dejé caer algo de saliva y acerqué uno de mis dedos a él, ella respingó inmediatamente, echándolo hacia atrás, tratando de que mi dedo se incrustara ahí, enseguida se lo empecé a meter y vaya, le entró con suma facilidad.

Yo seguía dándole verga y sintiendo como se acercaba a terminar cuando empecé a meterle dos dedos, enseguida ella empezó a gemir, como si estuviera llorando; de repente, apretó sus piernas y sentí como sus jugos estallaban contra mi verga y su vagina se contraía con fuertes espasmos, al igual que su culito. Acto seguido, ella se dejó caer y se le salió mi verga, totalmente mojada y dura, dura, quedando tirada en el piso, un tanto de lado y con las piernas abiertas, su tanga estaba súper empapada.

Pasados unos instantes, me acerqué a ella, le retiré su tanga y me puse a mamarle su culito, entonces ella se separó sus abundantes nalgas con sus manos y dejó expuesto un hermoso ano negro, que se abría pidiendo ser penetrado. Así, le pasé mi lengua repetidas veces para lubricárselo bien, ya mis dedos entraban como en mantequilla, de hecho, le metía tres de ellos y le dije “Perita, te voy a coger por tu culito”, ella solo soltó una leve risita.

Cuando le acerqué mi verga, ¡guau, qué calor se sentía!, enseguida ella empezó a sobarse el clítoris y a llevarse una de sus tetas a su boca, estaba súper excitada y empecé un mete y saca, ella contraía su ano de tal forma que cuando se la sacaba, ella lo apretaba súper rico. Así estuve por cerca de diez minutos mientras ella se mamaba sus tetas y se seguía sobando su tripita hasta que sentí nuevamente que se acercaba su orgasmo y aceleré el ritmo para terminar en su interior.

De repente, ella lanzó un gran chorro de líquido por su panocha y luego, otro más, la alfombra estaba empapada y la oficina olía a sexo, entonces yo agarré sus nalgas y se las separé tratando de terminar en lo más profundo de su ser; hacía mucho tiempo que no tenía una venida tan abundante y finalicé recostado sobre ella. Luego, nos besábamos muy rico, yo le acariciaba sus hermosas tetas, las que habían causado tanta calentura en mí.

Luego de un momento, entramos al sanitario a lavarnos, yo la veía y mi leche le escurría por su culito, fue muy rico pasar esa tarde con ella. Más adelante, les contaré las otras dos ocasiones en que nos dimos tremendas cogidas, chau

Autor: Ernesto

Me gusta / No me gusta

Confesión y penitencia

De pronto, la mano se apartó, y mi coño empezó a temblar, vacío y palpitante. Una polla dura y enorme ocupó el lugar de la mano, embistiendo con fuerza una y otra vez, hasta que llenó mi coño completamente. Mientras las manos tironeaban de mis maltratadas tetas, alternando con pellizcos y azotes en mis enrojecidas cachas.

No necesito una excusa para contarte mis andanzas en el pueblo. Con esta manía de las fotos, pensé en hacer algunas desde lo alto de la torre de la iglesia. Mis hijas me dijeron que no habría problema, pero de todas formas, pensé que tenía que pedir permiso al cura, así que entré en la iglesia, estaba vacía, pero él estaba en una garita de esas de confesarse. Hace tanto que no las uso. Me acerqué, y antes de que me diera tiempo a decir nada, me preguntó de qué me acusaba.

¡Vaya con el cura! Que cotillo. Me quedé cortada un momento, pero luego pensé en las ganas que tenía de contarle a alguien nuestra historia. Y recordé que los curas, si se lo cuentas allí no se lo pueden decir a nadie. Así que me arrodillé y le solté de golpe: ¡De lujuria, padre!  Eso pareció interesarle. Creo que hasta pegó un salto. No podía verle la cara, estaba muy oscuro. Se puso más tieso y acercó la oreja.  ¿De lujuria, hija?  Me preguntó.

Yo empecé a contarle mis andanzas. Diciéndole cuanto me gusta follar contigo por los rincones. Y como voy a trabajar sin bragas esperando que me toques el coño y me metas los dedos dentro, como una perra en celo. Que le he puesto los cuernos a mi marido en mi propia cama, como chillo y me retuerzo cuando me comes el coño. Que me la has metido por el culo, y también he disfrutado como loca. Él parecía escandalizarse, pero yo creo que se estaba poniendo cachondo.  ¿También has disfrutado con eso? ¡Claro!

Disfruté cuando mi culo se abrió para él. Fue como si me desvirgara. Como si nos desvirgáramos mutuamente. Porque para él también fue la primera vez. Disfruté oyéndole decir una y otra vez que le avisara si me hacía daño. Y sintiendo sus manos por mi cuerpo agarrándome con cuidado. Y cuando se corrió dentro de mi culo después de pedirme permiso… De repente me interrumpió, silenciosamente, abrió la rejilla y, sacando la mano, empezó a sobarme las tetas. Empecé a jadear, conteniéndome. Intentando mantener la compostura. Pero la verdad, es que yo también estaba cachonda de recordar todo lo que habíamos hecho.

Él continuaba tocando y manoseando por encima de mi camiseta. Empezó a tirar de ella hacia arriba, hasta que consiguió meter la mano dentro, haciendo que se contrajeran mis pezones. Me preguntaba detalles. Y yo se los daba cada vez más satisfecha. Y más orgullosa. Cada vez que callaba, él me pellizcaba un pezón y yo gemía. Entonces, volvía a pellizcármelo con más fuerza para que continuara. Continuaba hablando, como si no estuviera manoseándome. Hablaba de los pecados y de la penitencia. Me amenazaba con el infierno, como si hubiera peor infierno que no estar contigo. Así que seguí contándole como te follo de pie, sentado y tirados por el suelo encima de un cartón como indigentes. Y como disfruto cuando te corres para mí. O dentro de mí. O cuando te la meneas delante de mi cara.

Pero… ¿hay algo que no hayas hecho? ¡Sí!. Le dije.  No le he follado por el culo. Tengo ganas de meterle algo por allí. Y ver como su polla crece y crece, antes de meneársela y comérmela hasta que reviente. El tío pesado seguía diciendo: ¡Serás castigada te castigará!  ¡Me sonríe cada vez que él me toca!  Le contesté, y eso parece que le puso de mala leche. Así que cuando llegó el momento de la penitencia me dijo que no iba a ser algo habitual, que yo merecía otra cosa y me dijo que volviera a la iglesia y que me arrodillara delante del altar, pero desnuda.

Me desnudé como me lo había indicado. Y estuve así, desnuda, sintiendo cómo aumentaba mi humedad y resbalaba por mis muslos, a pesar del frío que hacía. Pensando en ti. Preguntándome si te gustaría verme allí, arrodillada en pelotas en una iglesia, temblando de frío, con las tetas de punta. Durante una eternidad no sé porqué, me acordé de la última vez que estuvimos en uno de nuestros escondites. De que también hacía mucho frío. Y de que te enfadaste. De que quería pedirte que me besaras y no me salían las palabras. Y de cómo a pesar de los problemas luego seguimos igual o mejor. De pronto, cuando empezaban a dolerme las rodillas, alguien se acercó y empezó a sobar mi culo.

Empecé a temblar. Unas manos elevaron mis caderas, obligándome a apoyarme sobre los pies, mientras permanecía inclinada, de forma que mi coño estaba abierto y accesible. Imagino que brillaría sonrosado bajo las cachas, entre mis piernas abiertas. Empecé a recibir azotes que estallaban en una extraña mezcla de dolor y placer. Que poco original. Yo esperaba algo mejor de un cura. Pero me gustaba recordar cuanto te gusta que me peguen y las ganas que tengo que lo hagas tú. Así que empecé a mover el culo, gimiendo bajo los azotes. Como tantas veces he soñado hacerlo para ti.

Bien, había sido azotada y estaba excitada, con el culo rojo, igual que las tetas. Unas manos acariciaron mis nalgas enrojecidas provocándome un gemido. Después sentí como me manoseaban el coño, tirando de mis labios mojados y retorciéndoselos, yendo adelante y atrás. Abriendo mi raja y volviéndola a dejar. Yo perdía el control de mi cuerpo y balanceaba las caderas, sin querer, buscando el contacto, igual que cuando me tocas tú. Unos dedos hurgaron dentro de mi coño, donde se movieron con fuerza. Sentí un vacío y la necesidad de juntar las piernas, apretar esa mano y liberar mis ansias de correrme, pero la mano que me controlaba se endureció, sin permitírmelo.

Ahora otra mano tocaba mis tetas con fuerza, casi me dolía, pero estaba demasiado cachonda para ello. De pronto, la mano se apartó, y mi coño empezó a temblar, vacío y palpitante. Una polla dura y enorme ocupó el lugar de la mano, embistiendo con fuerza una y otra vez, hasta que llenó mi coño completamente. Mientras las manos tironeaban de mis maltratadas tetas, alternando con pellizcos y azotes en mis enrojecidas cachas.  ¿Así te folla él, zorra? Me preguntaba con voz muy ronca, mientras empujaba más y más, aplastando sus huevos contra mi coño.  ¡No! Él me follaría mejor. Sobre todo si estuviera aquí y nos viera. Le respondí mientras seguía moviendo el culo.

Mi respiración era una serie de gemidos, acompasados a los empujones una y otra vez; cada vez más profundos; cada vez más firmes; cada vez más largos y más rápidos. Junté las piernas, apretándolas, deseando correrme, sintiendo con más fuerza la carne en mi interior. Me paralicé un instante, justo antes de reventar sobre la polla que tenía dentro. Mi coño palpitó y mis caderas se balancearon tirando de ella arriba y abajo. Él sintió la explosión en su verga estrujada por mi coño que temblaba en un violento orgasmo. Lo sintió y se dejó llevar, explotando en mi interior, vaciándose completamente.  Ahora, vete y no peques más me dijo y no vuelvas la cabeza o te pesará.

Me incorporé y sin volverme, empecé a vestirme. Aunque la corrida resbalaba por mis piernas. Con las prisas, allí se quedaron mis bragas, aún húmedas. Pues parece que ir al pueblo puede ser hasta divertido. ¿Te gustaría?

Autor: Pecadora

Me gusta / No me gusta

Miedo a los ascensores

Siempre le tuve temor a los ascensores. Cuando me mudé al 7mo. piso del Cervantes Center, me convencía a mi misma con el placer que me daba la excelente vista panorámica de mi departamento y con la cercanía a la empresa donde trabajo. Jamás pensé que la experiencia que iba a vivir cambiaría mi percepción sobre el sentido de viajar en ascensor.
Los primeros días lo usé casi sin pensar ocupada como estaba en armar mi nuevo departamento. Una vez instalada comencé a subir y bajar a la misma hora y  a entrar en contacto con las personas que habitualmente subían y viajaban en el mismo horario. Cada día de mañana bajábamos seis; a mi regreso de la empresa, por la noche subíamos cinco, cuatro hombres y yo. Sola. La primera vez que subí me sentí algo incómoda – sola entre cuatro hombres – subiendo en silencio. Todos con trajes impecables y corbatas que cambiaban cada día. Dos de ellos siempre de anteojos oscuros. Impecable calzado los cuatro. La mayoría de las veces atendiendo sus móviles de última generación. Uno privilegiaba el uso de la tableta. Se ponía en un rincón y parecía subir mirando algún video. Subíamos los cinco en la planta baja y me cedían el primer lugar para entrar, por lo que yo me ubicaba en el fondo del ascensor contra el espejo posterior. El último en subir apretaba con su dedo medio cada piso. Lo hacía con mucha suavidad y firmeza. Fue la primera mano que comencé a mirar con mas atención. Se notaba una piel suave y recia.
A los quince días ya nos saludábamos atentamente. Ellos mostraban conocerse hace mucho tiempo porque conversaban mucho entre si. Todos seguían a pisos superiores al mío. Por lo que bajar significaba pasar en medio de ellos y…sus miradas que me recorrían.
Noté sus miradas especialmente el día que cuando estaba por bajar se me cayó el celular sobre la alfombra del ascensor y al descender a tomarlo los cuatro se agacharon para alcanzármelo, de manera tal que sus cuatro manos y la mía casi llegaron al mismo tiempo al teléfono  Dos de ellos alcanzaron a rozar mi piel. Noté que la vista de los dos que estaban sin anteojos se dirigieron mas a mi blusa escotada que al celular del suelo. Alcé el celular, di las gracias y salí. Los cuatro sonrieron sin decir nada y noté que – mientras se cerraba la puerta del ascensor- comentaban algo entre sonrisas. Uno de ellos se pasaba la lengua por sus labios y otro me despedía con un ademán de su mano y una mueca de seducción. Era el mas alto y rubio de los cuatro.

Después de tres meses la situación seguía de la misma manera. Hasta que llegó aquel viernes en el que que volví del trabajo, llamé el ascensor desde la planta baja y al abrirse la puerta estaban ellos cuatro, solo que cuando yo subí, ninguno bajó. Ingresé y mientras el dedo aquel apretaba el piso cuarenta y dos, me vi rodeada por los cuatro que comenzaron a girar en torno mío. Algo atemorizada quedé enmudecida y tieza, pero uno de ellos me ofreció un ramo de rosas. Mientras el segundo destapaba un perfume atrapante, el tercero tomaba su tableta y comenzaba a filmarme el rostro, con primeros planos de mis labios y comenzando a recorrer con su cámara mi cuerpo con movimientos envolventes. El cuarto se arrodilló ante mi y sólo dijo:

– Hasta donde tu desees…- mientras sus manos tomaron mis tobillos y comenzaron a abrir suavemente y con firmeza mis piernas.

Ya los dos restantes dejaron de girar a mi alrededor y tomaron mis manos. entre los tres me pusieron contra el espejo. El cuarto continuaba filmando. Intente decir algo pero un dedo con un perfume embriagante se posó sobre mis labios, mientras comenzó a dibujar toda la extensión de mi boca. La otra mano acarició mi rostro y deslizó dos dedos por detrás de mi oreja, y se entretuvo en mi lóbulo. Al mismo tiempo comencé a sentir que las manos que habían tomado mis tobillos comenzaban a deslizarse hacia arriba recorriendo convencidas el interior y exterior de mis piernas, que querían temblar. La presión del dedo anular en el interior de mi pierna hizo que yo levantara mi cuerpo sobre la punta de los dedos de mis pies, con una mezcla de temor y deseo que esa mano llegara hasta las orillas de mis bragas de seda. La cámara seguía registrando cada rincón, y el cuarto hombre apoyaba mis brazos contra el espejo con fuerza.

A las manos que subían comenzaron a sumarse otras manos que se deslizaban desde el cuello para abajo y ya no alcanzaba a notar cuantos manos me acariciaban. En ningún momento me violentaban. Cada centímetro recorrido iba a compañado de las mas dulces expresiones que uno u otro deslizaba susurrando en mis oídos. Uno se puso a un lado, otro a otro lado, y el que seguía de rodillas ante mi ahora sumaba su rostro que se acercaba hacia mi vientre y su boca bajaba sobre mi falda hasta encontrar el camino mas caliente y zigzagueante hasta mis labios inferiores que ya quedaban a la altura justa de su boca.

¿Cuáles eran las manos que comenzaron a rodear mis senos? Ya no podía distinguirlas, pero tensaban mi piel hasta hacer endurecer mis pezones que comenzaron a desear salirse. Alguien comenzó a desprender mi camisa y otra boca descendió desde el cuello hasta uno de mis pezones que comenzó a rodear, primero con su lengua y dedos y luego succionó con dulzura, firmeza y un ritmo enloquecedor. Otras manos dejaban al aire el otro seno mientras otra mano tomaba mi propia mano y la deslizaba por un miembro que endurecido quería deslizarse fuera de un pantalón. Quise retirar mi mano pero la sostuvieron con firmeza contra aquel miembro erecto. MI otra mano fue deslizada dentro de un pantalon y sentí el calor y suavidad de la piel de uno de ellos.

En un momento dado tenía un miembro en cada mano; mis senos eran succionados con pasión por dos bocas; a la que se sumaba una tercera sobre mis bragas dibujando con su lengua entradas y salidas de pasión que hicieron que yo me mojara y corriera apasionada. El ritmo de mis manos corriendo la piel de aquellos endurecidas vergas, comenzó a sacar expresiones de placer. El ascensor seguía subiendo.

No me preguntes en que piso fue el momento en que me encontré con mi cara frente al espejo mi camisa , totalmente deprendida y labios que mordían mis muslos, mientras dos manos abrían mis piernas desde los tobillos. Mis bragas fueron corridas a un lado y mi culo comenzó a sentir caricias peneanas que subían  y bajaban buscando mi orificio anal. Sentí que unas manos se untaban en lubricante de aroma embriagador y cada aspereza de mi piel cedió a un camino de placer por el que comenzaron a entrar y salir, tres vergas en forma alternativa, cada una llegando a tocar diversos rincones de mis deseos.

No sé cuantas veces me corrí. Mi coño sentía a la vez dedos que entraban y salían y mi clítoris explotaba de placer. Cuando todos acabamos, estábamos parados en el piso siete. Yo me acomodé la ropa y comencé a bajar. Cuando crucé el umbral del ascensor una voz volvió a decir:

– Hasta donde tu desees…-

Otra agregó: – Hasta mañana –

Y los cuatro sonrieron. Yo bajé con mis rosas, mi perfume y mis deseos…

Me gusta / No me gusta

Diana mi putita caliente III

A Diana le encantaba jugar, sentirse bien cachonda todo el día y coger rico a cualquier hora del día siempre que tuviéramos tiempo. A mí me encantaba que fuera así…pasaba con la verga dura casi todo el tiempo…ella no me dejaba descansar, le encantaba tomar leche y que me corriera sobre sus tetas…la verdad era una de esas mujeres que ni en sueños.

Le gustaban los jueguitos…hicimos varios que tal vez algún día les cuente muchos, pero el que recuerdo ahorita y es el que me trae con ganas desde hace rato es de una vez que la mandé al gimnasio con bolas chinas en su conchita. Fue algo que le encantó…me dijo que con sólo caminar del auto al gimnasio ya sentía rico y que cuando se puso a hacer bicicleta tenía muchas ganas de meterse algo…y más o menos lo hizo…me dijo que acomodó el sillín de la bicicleta para cachondearse más y contaba que el movimiento cuando pedaleaba casi la hace gemir como puta cachonda en medio del salón. Sentía que se humedecía y disimuladamente se tocaba las tetas al buscar la botella de agua…me cuenta que tenía muchísimas ganas de mover la cadera como follando la bicicleta pero hizo lo posible por aguantar.

Luego de la bicicleta fue al baño y vio en el espejo que los pezones se le marcaban y le encantaba estar así de caliente y que se le viera la cara de puta. Entró al vestidor y se revisó la conchita, metió las manos dentro de las braguitas y vio que sí estaba bien húmeda, llevó sus dedos a la boca para probar sus jugos y jugó con su clítoris un poco porque se sentía caliente…como si lo que más quisiera en el mundo en ese momento fuera verga pero tuvo que resistirse para no acabar por dos razones: la primera que escuchó gente afuera y la segunda que no le di permiso de correrse en el gimnasio y ella es una perra obediente.

Aún con las bolas chinas dentro se puso a hacer ejercicios con máquinas. Ella sentía como todos los hombres la veían, seguro se notaba que su conchita estaba mojada, que sus pezones estaban duros o que de vez en cuando intentaba disimular pequeños gemidos, pero el asunto es que con cada movimiento se sentía más cachonda y más observada. Para ella fue un alivio terminar su sesión de ejercicios para volver a casa…tenía ganas de coger rico. Aún así decidió cachondearse un poco más y pasó por una carretera en mal estado, mientras conducía sentía las bolas chinas vibrar con los movimientos del carro dentro de ella, dice que lo costó mantenerse agarrada del volante, pero que fue la única manera de detenerse a meterse dedo hasta acabar como puta en medio de la carretera.

Cuando llegó a casa estaba como cura en prostíbulo, muriendo de ganas por coger. Yo lo sabía así que me demoré un poco, la desnudé y le dejé las bolas chinas dentro, me comí sus pezones ricos, la besé y jugué con su cola también…ella me pedía que se la metiera de una buena vez, que ya no quería aguantar más, que llevaba mucho tiempo con ganas de una verga y que quería correrse, que la tortura era mucha. Pero yo soy cruel y la hago esperar un poco más. Empecé a darle pequeños lametazos en la conchita, a morder un poco, a frotar y soplar suavemente y ella me seguía pidiendo verga, pidiendo que la partiera en dos. Saqué lentamente las bolas chinas de su cuerpo y gemía con cada movimiento sutil, antes de terminar de sacarlas le di a chupar mi verga para que la mojara un poco y luego dejé libre su agujero para que entrara mi verga. La puse en cuatro y sin esperar mucho empecé a penetrarla con fuerza…no tardó en sentir que contraía rico sus músculos y que gemía como poseída corriéndose y me dijo que no me detuviera que la siguiera bombeando.

Aproveché lo cachonda que estaba y le empecé a meter un dedo en la cola y me dijo “qué haces? Deja mi cola en paz” y yo le dije que si quería que la dejara en paz dejaba de cogerla. Ella contestó que no me atrevería y entonces me detuve, saqué mi verga de su conchita y empecé a frotarla sin penetrarla. Ella seguía gimiendo rico y me pedía que se la metiera. No lo hice hasta que me dijo “está bien está bien sigue jugando con mi culo pero métela ya por favor”. Así que la volví a penetrar duro y seguí jugando con su culo, le metí un par de dedos que había mojado en lubricante para dilatarlo y luego le empecé a meter las bolas chinas que anduvo todo el día. Le encantó…me pedía que siguiera, que se iba a volver a correr y así lo hizo…sentí como su conchita apretaba más fuerte mi verga y no pude aguantar más y acabé dentro de ella. Intenté sacar mi verga para que chupara y un chorro le cayó en la espalda…ella se dio vuelta y me limpió rico la verga. Metió sus dedos en la conchita y sacó leche para llevarla a su boquita. Seguía con las bolas chinas dentro y comenzó a sacarlas lentamente…gimió con cada una de ellas y me prometió que algún día me iba a dejar romperle la cola.

Me gusta / No me gusta

Un desayuno muy placentero

Apuntó su pene en mi dilatada vagina, que recibió todo ese pedazo de carne de una vez, mientras los dos movíamos las caderas para tratar de satisfacernos el uno al otro, le pedí que acariciara mis senos, sentíamos un gran placer, a mi me gusta en esos casos sentirme un poco dominada, y que más posición que esa, es una de las que más me gusta.

Saludos a todos los lectores y visitantes de esta página, primeramente a mí me gusta mucho leer este tipo de cosas, pero creo que sería mejor si fueran reales, y debido a que he tenido contacto con algunos escritores (as) me decidí a redactar una de mis historias.

Todo desde que comencé con los juegos eróticos con mi novio cuando teníamos como 16 años (ahora tenemos 20), bueno lo que les quiero contar ocurrió aproximadamente hace 2 meses. Como estoy estudiando ya en la Universidad mi horario de clases es generalmente por las tardes, y el de mi novio es muy variable debido a que algunas veces asiste en la mañana y otros días por la tarde. Un día su casa estaba solo por la mañana debido a que su padre trabaja y su madre había tendido que salir de la ciudad con urgencia, me invitó a tomar el desayuno en su casa, para nosotros no es raro el contacto sexual, pero la verdad se me hizo raro que me invitara, imaginé que algo estaba planeando y no me haya querido decir, pero tengo que reconocer que soy algo cachonda (por no decir bastantito) que enseguida acepté.

Él salió de sus clases a las 9:00 de la mañana y pasó a mi casa, nos fuimos en su coche, mientras estábamos en el camino todo aconteció de manera normal, yo espera su plan, pero no le decía nada. Llegamos como 20 minutos después, como me invitó a tomar el “desayuno” pues se me ofreció algo, no recuerdo muy bien que. Total que terminamos de desayunar cuando me dijo que no había nadie en casa y que podíamos hacer muchas “cositas”, al lo que yo le respondí haciéndome la inocente, ¿que como que se le ocurría?, entonces me miró fijamente y me dio un beso en la boca que parecía que quería sacarme lo que acababa de desayunar, creo que eso fue lo que prendió la bomba, pues yo le respondí con un otro de igual magnitud, a lo que él respondió besándome el cuello.

Lentamente me fue tocando los senos y mis pezones (debo confesar que eso me vuelve loca), claro que yo no me iba a quedar con las manos sin hacer nada, enseguida respondieron en sus nalgas (prefiero llamarlas así) que no es porque sea mi novio pero la verdad es que están de rechupete, me lo han dicho algunas amigas también, mis manos se fueron deslizando al frente por debajo de sus jeans y de su ropa interior hasta llegar a su pene, que para entonces lo tenía erecto, y lo comencé a masajear. Él al sentir esto encaminó sus manos hacia mi vulva, la cual ya estaba húmeda, y sin habernos quitado ninguna prenda nos complacíamos mutuamente mientras nos besamos.

Así estuvimos por un tiempo hasta que me mi novio me desabrochó un poco blusa y me desacomodaba el brassier y senos quedaron al aire y me empezó a lamer los pezones como solo él sabe hacerlo, pasando con su lengua de aquí para allá, de vez en cuando una pequeña mordida, mmmmm, (a todos los chicos, recomiendo que pongan esto en práctica), mientras todo esto pasaba, yo ya había desnudado su pecho y enseguida lo comencé a lamerle sus pezoncitos, eso lo prende.
Debido a que el calor era mucho decidimos ir a su cuarto, en cuanto entramos, lo tomé por la cintura desabroché su cinturón y sus jeans quedando sólo con ropa interior, mmmmm, que hermosa imagen, me deshice de su ropa interior y como me había agachado para quitársela cuando levanté la cara, no era ninguna coincidencia, yo lo había hecho con toda la intención para que su pene me quedara justo en la boca a la altura de la boca, (esto lo hice por mi alta temperatura y la lujuria que tenía en ese momento y como antes había leído en algunos relatos que a los hombres les fascina lo que le iba a hacer enseguida) ya había tocado su pene con mis labios, pero nunca le había hecho una mamada como se le hice esa vez, mi novio tiempo después me dijo que se sorprendió ante tal acto pero le gustó muchísimo, su pene estaba a en su máxima erección, no sé si por mi calentura pero nunca lo había visto así, con lo que yo estaba encantada al tener ese pedazo de carne húmeda en la boca, se la dejé muy roja por que se la estuve mamando por un buen tiempo.

Después al sentir que eyaculaba en la boca (nunca he tenido semen en mi boca pero la verdad no me gustaría) reaccionó rápidamente y se apartó de mi, como yo todavía tenia la ropa puesta desabrochó totalmente mi blusa y mi falda y me las quitó en un dos por tres, me quedé en ropa interior, a mi novio le encanta observarme así, sin perder más tiempo me sacó el brassier y me bajó la tanga que esta por demás decir que estaba súper mojada.

Muy lentamente me depositó sobre la cama y de igual forma me abrió las piernas, yo casi no lo había dejado hacerme esto mas que un par de ocasiones, pero esta lo amerizaba, así que lo dejé continuar.

Primeramente fue hacia mi abdomen, haciéndome cosquillas en el ombligo, fue bajando hasta llegar hasta mí ya muy húmeda vagina, solo de acordarme me vuelvo a mojar, muy despacio se fue abriendo camino a través de mis labios vaginales hasta que hizo el contacto mágico con el clítoris, en ese momento recuerdo muy bien que me retorcí del gusto que tenía, el noto esto y sus movimientos con la lengua fueron más rápidos, yo estaba que no podía más y el tuvo la magnífica idea de introducir el dedo medio en mi vagina, placer hasta entonces era impresionantemente morboso; no pude más y tuve mi primer orgasmo de la mañana. Quedé como muerta, porque había tenido orgasmos pero ninguno se le comparaba a este y yo no sabía lo que me esperaba.

Nosotros no cuidamos mucho con eso del embarazo, pero debido a que mi regla acaba de terminar y a lo caliente de la situación decidimos hacerlo sin preservativo, como él me acaba de dar una excelente mamada yo estaba boca arriba, tenía las piernas abiertas y mi vagina muy pero muy húmeda, lo cual no facilitó la primera penetración, sus testículos tocaron mi cuerpo sin ninguna dificultad, de esta forma estuvimos haciendo el amor hasta que terminé yo primero y él al oír mis gemidos que eran casi gritos le provocó una sensación poder y me sacó el pene y como ya lo habíamos hecho antes, lo masturbé hasta que terminó con una gran eyaculación que me embarró todo el abdomen y casi mis senos, nos abrazamos muy fuerte, no besamos, no decíamos cuanto nos queríamos. Cuanto terminamos nuestro primer numerito eran casi las once de la mañana.

Al descansar un momento, mi hombre me dijo que deseaba verme bailando como si fuese una bailarina nudista (en palabras elegantes, yo se muy bien que él se refería como si yo fuera un puta de burdel), yo accedí, recogí mi ropa, fui fuera de la habitación a vestirme yo no se para que si me iba a desnudar nuevamente) mientras que él ponía un música adecuada para el acontecimiento que estaba por venir, cuando estaba todo listo entré y comencé a mover las caderas como si de verdad fuera una ramera, y observé inmediatamente la reacción en su pene, poco a poco fui deshaciéndome de las prendas hasta quedar otra vez como el día que nací.

Yo estaba deseosa de más y no podía dejar ir tal oportunidad, así es que aproximé mi boca a su pene para que volviera a ponerse totalmente como un soldado listo para entrar en acción, cuando esto ocurrió, me puse en cuatro dejándole ver mi hermoso trasero, lo que no pudo desaprovechar tampoco él. Apuntó su pene en mi dilatada vagina, que otra vez recibió todo ese pedazo de carne en un impulso de una vez, mientras los dos movíamos las caderas para tratar de satisfacernos el uno al otro, le pedí que acariciara mis senos, que me pellizcara los pezones que de por sí estaban ya muy duros y rojos, sentíamos un gran placer al estarlo haciendo en esa posición, a mi me gusta en esos casos sentirme un poco dominada, y que más posición que esa, es una de las que más me gusta.

Sin que él todavía terminara yo fui la que comenzó a gritar fuertemente de placer al sentir otro orgasmo, nunca había tenido tantos orgasmos en una solo sesión de sexo. Al terminar yo le pedí que la sacara porque me estaba lastimando un poco el continuo y exagerado roce. Él de muy buena gana aceptó, cuando me la sacó yo me tumbé boca arriba, él como estaba deseoso de terminar se acomodó para que hiciéramos un fabuloso 69. El aroma en la habitación era una mezcla del olor de mis líquidos vaginales y el de los suyos, ¿es inconfundible no creen? 

Sin dejar que se me escapara ni un solo centímetro de pene, lo lamía como si fuera una rica paleta de hielo, y él hacía lo mismo con mi vagina, me introducía un poco la lengua al mismo tiempo que rozaba mi clítoris. En ese momento él me gritó que estaba a un punto de venirse (o correrse), nos volteamos, él quedó boca arriba y con mi mano le seguí dando un masaje que según él me decía era fenomenal y que no quería que dejara de hacerlo, hasta que explotó, otro gran chorro de semen saltó de su pene y para nuestra mala suerte, llenó toda la sábana de su cama.

Para relajarnos un poco, y como ustedes recordaran las caricias en los senos me encantan, mi novio lo sabe por supuesto, fue a la alacena en la cocina por un poco de mermelada de fresa y me untó un poco en cada pezón, así me quitaba la mermelada con la lengua a la vez que hacía sentir deseos de ser penetrada nuevamente, este ejercicio de untarme y limpiarme los pezones me lo hizo como cinco veces (chicos, les recomiendo esto también), a esto yo respondía con gemidos que hacían que mi hombre se excitara, lo noté porque el pene se lo ponía duro y grande otra vez.

El último acto que tuvimos esa mañana que ya se había convertido en tarde, fue cuando un poco desesperada por mis ganas de pene lo aventé de espaldas a la cama, él quedó con el pene como una asta de bandera, me le monté como si fuese una moto, me acomodé su órgano en el mío, aquello se convirtió en una carrera loca de un caballo, movía mis caderas con ganas de que me destrozara toda la vagina, útero y demás, en momentos hacia círculos sobre su pene, en otros era un movimiento de va y ven, como siempre los primeros movimientos son lentos, después van tomando un ritmo más acelerado conforme el momento del orgasmo se acerca, los gemidos de placer se iban tornando en gritos de una sensación que solo el placer sexual proporciona, como él ya había tenido dos eyaculaciones bastante fuertes tardó un poco más que de costumbre la siguiente así es que con mis movimientos frenéticos terminé mojando todo su pene con mis líquidos que eran tal cantidad que las gotas escurrían por encima de sus testículos que debido a tanta acción se encontraban muy inflamados.

Como esta vez él estaba boca arriba, me decidí a darle la mejor mamada que jamás pudiera recibir en su vida, así lo hice, me acomodé de tal forma que él pudiera observar mi vulva toda húmeda y roja, pero le hice saber que no quería que me tocara, solo que me observara, y no porque no quisiera, quería que se concentrara en recibir el mayor placer posible, le permití que tocara mis pezones por que se que eso también le gusta, de solo pensar en la posición que teníamos me dan ganas de tener un pene entero en la boca, mmmmm.

Él sabe que no me gustaría que me eyaculara en la boca, así es que cuando estaba a punto de venirse por última vez, me lo hizo saber y continué la tarea con mis manos, con una le hacía, como dicen por ahí, una formidable chaqueta, y con la otra le sostenía los testículos, al estar en dicha posición, observaba muy detenidamente como su piel cubría y al siguiente instante dejaba al aire el glande, y me preguntaba como era posible que el pene puede cambiar de tamaño en tan poco tiempo, estaba tan pensativa que no me di cuenta que mi tarea estaba surtiendo efectos y mi hombre eyaculaba, pero esta vez lo hacía sobre mi cara, me sentí un poco sucia, ahora si como una puta de las películas pornográficas y al momento me fui a lavar la cara al baño.

Mi novio entendió lo sucedido y me siguió al baño y me dijo que le permitiera que fuera él que me limpiara la cara, pero debido a que la temperatura seguía en un alto nivel y que estábamos solos en casa, decidimos tomar un baño los dos juntos. Esto en verdad era nuevo para nosotros, y la idea de estar los dos mojados en un espacio tan reducido hacía que la piel se me pusiera como la de una gallina. Fue la ducha más placentera de mi vida, porque fui bañada por el hombre que amo de todo a todo, desde el cabello hasta la punta de los pies, claro hubo una mayor atención en mis senos y mi vulva. Yo claro en cada centímetro de su pene.

Al salir de tomar la ducha, yo lo vestí, aprovechando cada ocasión para tocarlo, y lo mismo él. Por último nos dimos un beso muy tierno y prometimos que esto se tenía que repetir no sólo una vez, si no que muchas más.

Bueno espero que le haya gustado y excitado este relato. Me gustaría mucho recibir comentarios.

Autora: Lucy

¿Pareja, sexo el fin de semana? No pierdas más tiempo entra: http://www.yunu.com/

Me gusta / No me gusta

Algunas experiencias de mi mujer

Empezó a comerle el coño y el culo, Ana se corrió enseguida pues es muy caliente y después de que el negro se dio cuenta que estaba a punto de llegar al segundo orgasmo, la bajó de la barra, la puso de espaldas y se la metió por el culo, mi mujer dice que empezó a gritar y que casi se desmaya, pero al poco tiempo le empezó a subir un calor increíble y que tuvo dos orgasmos seguidos.

Hola me llamo Diego soy de Sevilla y os quiero contar algunas experiencias mías y de mi mujer aunque hoy empezaré por ella.

Los que hayan venido por Sevilla sabréis que la gente aquí es muy religiosa y el sexo es una cosa tabú de la que no se suele ni hablar por eso os cuento esta experiencia en público y porque me pone caliente contarlo. Ana que así se llama mi mujer es morena, mide 1,62 y tiene un par de tetas muy bien puestas, pero lo mejor es su culo, cada vez que salimos a pasear todos los hombres se lo miran y como lo sabe va siempre con tanga, pantalones muy finos, súper apretados y unos escotes de infarto para que se le vea mejor.

Es una mujer muy caliente tenemos relaciones con otras personas y cuando volvemos a casa nos las contamos para ponernos cachondos y follar como locos, pero hasta la fecha nunca me ha dejado follármela por el culo por eso os envió esta carta para que cuando la leáis me digáis que os parece. Hace unos meses se fue de despedida de soltera de una amiga que se prepara las oposiciones con ella y cuando volvió me despertó chupándome la polla y cuando me la puso dura me dijo que me la follase mientras me contaba lo que había pasado, nunca la había visto tan cachonda. Me contó que habían cenado y después se fueron al Pub de una amiga a tomar unas copas. Estaba cerrado y sólo para ellas, un hombre era un camarero y todos los demás tías.

Se pusieron a bailar y a beber y a eso de las 3 que ya estaban todas pasadas de copas, por no decir demasiado, llegó el stripper, ella me dijo que no sabía que habían alquilado un boy, pero cuando vio al pedazo de negro bailando se mojó todas las bragas y empezó a gritarle burradas. Una chavala que estaba a su lado le dijo pues si te gusta como baila espera a verlo en pelotas que te se van a salir los ojos, mi mujer le preguntó que si lo conocía y esta le dijo que ella y sus amigas eran las que lo habían contratado, que hicieron su despedida con él y me encantó, solo me faltó follármelo, pero como hoy se me ponga a tiro me lo follo.

Continuó él bailando y desnudándose y cuando sólo le quedaban los pantalones hizo que la novia se sentase en una silla en el centro del Pub y todas las amigas se pusieron alrededor, le vendó los ojos e hizo que le desabrochase los pantalones primero, luego el calzoncillo y se quedó con un tanga, cogió las manos de la novia y las puso en su culo mientras le acercaba aquel enorme bulto a la cara, la chavala que estaba al lado de mi mujer le dijo eso a mí me lo hizo y yo me corté, pero si me lo hace ahora se la como toda.

Cuando se volvió a mirar, otra vez la novia le estaba bajando el tanga con la boca y al hacerlo la polla del negro salió disparada y mi mujer se quedó asustada dice que le mediría más de 20 cm y eso que no la tenía aún dura y cuando el negro se quitó el tanga se la empezó a pasar por la cara, la novia le dio dos o tres besos en la polla y algún lametón, pero se cortó, él le cogió la mano y se la puso en la polla para que lo masturbase hasta que se le puso dura, le subió la falda y empezó a darle puntas con la polla en el coño, pero por encima del tanga y cuando él vio que ella se ponía a gemir y estaba ya muy mojada se levantó, se puso a bailar en pelotas y a refregarse contra todas las tías que pillaba.

Cuando le tocó a mi mujer dice que se empezó a refregar contra su coño y empezó a bajar las manos por su espalda y le cogió el culo, después le dio la vuelta y se puso a su espalda y le susurró al oído tienes el culo más bonito que he visto nunca, me encantaría follármelo, yo solo bailo, pero a ti te haría de todo, se giró y se puso a bailar con la chavala que ya lo conocía esta le cogió enseguida la polla y empezó a masturbarlo, este hizo ademán de pararla, pero mi mujer se acercó le cogió una mano y la llevó a su culo, el negro se quedó mirando y mientras la otra chavala se la empezó a chupar Ana empezó a morreárselo y el negro enseguida se puso todo cachondo y empezó a sobarle el culo.

El resto de mujeres les hicieron un corro y en cuanto el negro estuvo todo empalmado empezó a desnudar a Ana, la dejó en pelotas, la cogió en brazos y la tumbó sobre la barra, empezó a comerle el coño y el culo, Ana se corrió enseguida pues ya os he dicho que es muy caliente y después de que el negro se dio cuenta que estaba a punto de llegar al segundo orgasmo, la bajó de la barra, la puso de espaldas y se la metió por el culo, mi mujer dice que empezó a gritar y que casi se desmaya, pero al poco tiempo le empezó a subir un calor increíble y que tuvo dos orgasmos seguidos, pero no como los de siempre sino mucho más fuertes. El negro se corrió y cuando se la sacó se encontró con la boca de la otra chavala que enseguida empezó a chupársela.

Ana se levantó se vistió y se quedó presenciando el espectáculo algunas de las chavalas se estaban acercando y sobando al boy mientras que otras se reían sentadas en las mesas, como mi mujer sólo conocía a la novia y a dos compañeras a parte de su amiga la dueña del Pub, se acercó a ellas y les pidió que no contaran nada que estaba muy borracha y que había perdido el control, estas le dijeron que bien, pero que ella lo mismo, pues una se levantó en ese momento y se fue por el negro, quitó a la que se la estaba chupando, se subió la minifalda y le dijo fóllame o me muero, el negro la levantó, la tumbó en el suelo y se la clavó toda, empezó a follarla dando unas sacudidas muy fuertes y gritando os follaré a todas, desnudaros y tumbaros en el suelo, las que quisieron se desnudaron y se pusieron al lado, el boy empezó a salir de un coño y a entrar en otro, alguna se puso de culo y también se la metía, algunas chavalas empezaron a masturbarse y otras se corrían con sólo notar ese pedazo de polla que las follaba.

Ana se puso otra vez caliente y decidió ir a refrescarse ya que con tanta chavala pensó que no le llegaría el turno o que el boy caería rendido, cuando entró en el baño y se estaba echando agua en la cara vio en el espejo que detrás estaba el camarero se volvió y este le dijo desde que te conozco siempre he querido follarme ese culo así que quítate esos pantalones que no aguanto más y sacando su polla se acerca a ella y empezó a meterle mano. Mi mujer le dijo que nunca hasta ese día lo había hecho por ahí y que estaba dolorida a lo que este le contestó pues empieza a chupar, ella se la empezó a mamar y cuando el camarero estuvo preparado le dio la vuelta y se la clavó por el culo por segunda vez en una noche.

Después de que este se corriese le dijo: sigo caliente así que me la vas a chupar otra vez que ahora me voy a follar ese coñito. Ana se puso en cuclillas y empezó a pasar su lengua despacio por la polla del camarero y luego la fue introduciendo en su garganta mientras notaba como se hinchaba, es toda una experta y no tardó nada en ver como el camarero estaba listo otra vez, este la metió en el wáter y sentándose la hizo ponerse encima y se la empezó a meter mientras le mordía las tetas, Ana no tardó en correrse y tras varios orgasmos él también, terminaron y salieron.

En el Pub seguía la juerga, pero mi mujer prefirió venirse a casa y terminarla conmigo, aunque no me dejó follármela por el culo y de hecho aún no he podido pues después de esta experiencia tuvo que ir al médico, ya que el negro la tenía tan grande que le hizo un desgarro y ahora tiene miedo y yo estoy loco por follármela por el culo. Eso sí, esa mañana cuando llegó follamos como locos.

Espero que os guste tanto como a mí ese día y si queréis darme vuestra opinión para convencerla de que me deje ese agujerito o lo que os parezca gracias.

Autor: Diego

Goza con un buen video, clica aquí. http://www.videosmarqueze.com/ y lo guardas en tu PC.

Me gusta / No me gusta

Desvirgando el ano de mi amiga

Lamí toda su raja, comiéndome el coño entero, pronto empezó a tener espasmos de gusto. Mamaba su coño cuando me pidió con voz de auténtica puta que le metiera un dedo en el culo, continué comiéndole el coño salvajemente, a la vez le metí mi dedo por su ano, que entró con facilidad debido a los jugos que resbalaban de su vagina, lo metí, lo saqué, lo giré, ella gemía y se retorcía de gusto.

Este relato ocurrió cuando yo estaba en el instituto, no conocía nadie allí, al haber estado en un colegio lejos de ese instituto. Con el tiempo me fui haciendo amiga de una chica de la clase, llegando a ser esta amistad muy íntima, cogimos mucha confianza, ella se llamaba Paloma, nunca nos habíamos liado, pero nos llevábamos muy bien, nos contábamos nuestras intimidades, nuestras relaciones con otras personas. Paloma era morena, 1´65, rellenita, con un buen cuerpo, con grandes tetas y un culo algo gordito, estaba bastante bien, el peso era ideal, ni gorda ni delgada, lo justo para tener unas grandes curvas.

Muchas veces salíamos juntos, con o sin amigos, bebíamos y hablábamos. Uno de esos días que estábamos tomando unas copas en mi casa, salió un tema interesante, hablando de las fantasías sexuales, le comenté a Paloma que la mía era tener sexo anal, darle por culo a una tía, ella respondió rápidamente que eso solo lo hacían las tías de las películas porno, yo le dije que no, ella me respondió que debía doler una barbaridad, le respondí que a algunas chicas le dolía mucho, a otras poco, y muchas sentía placer, ella respondió que no debía de sentir nada las chicas, pues el punto g lo tienen delante y que detrás solo lo poseen los chicos.

Tras un rato hablando de esto, me dijo que solo conocía a una chica que lo hacía y que le gustaba, Nuria, que estaba en el último curso, yo me quedé helado con la frase, pues conocía de vista a esa chica y estaba muy bien, era morena, ojos negros, alta, delgada y con dos pechos preciosos, incluso había posado para algunos catálogos de moda. Yo la conocía de vista, pero Paloma la conocía de algo, pues coincidía con ella en clases de música, incluso habían salido juntas algunas veces. Le rogué que quedara con ella para salir juntos e intentar liarme con ella, y después de mucho rogarle accedió, pero con la condición de que me llevase a mi amigo César, por el que Paloma estaba coladita. El fin de semana lo logramos y quedamos con ellos y más gente, todo parecía ir bien, le tiraba los tejos a Nuria, Paloma intentaba ligar con César.

La noche iba perfecta, hasta que salimos un momento del bar y al entrar vimos como se liaban César y Nuria, se estaban enrollando. Paloma y yo nos llevamos una gran decepción, así que al rato nos fuimos, decidimos ir a su apartamento, pues como ella era de Nerva, tenía un apartamento alquilado aquí. Por el camino, con alguna copa tomada, nos fuimos acordando de las familias de César y Nuria. Cuando llegamos a su casa nos pusimos a beber Martini, que no era muy fuerte, pero algo hacía para ahogar las penas, cada vez estábamos más lanzados, hasta que entre risas me dio por decirle a Paloma que vaya pena, que llevaba varios días sin masturbarme reservándome para la ocasión, que encima había estado toda la noche con un gran empalme y que al final nada, que cuando llegara a mi casa iba a tener que masturbarme para relajarme.

Ella se rió y respondió que ella iba a tener que matarse a hacerse dedos, nos reímos un gran rato. Al momento, Paloma se sentó a mi lado, llevaba unos pantalones negros ajustados, en su entrepierna se marcaba todos los de su coñito, hasta que envuelto en mi excitación planté mi mano en su coño, sobándoselo por encima del pantalón, ella no dijo nada, entonces le dije que si quería que los dedos se los hacía yo, Paloma llevó la mano a mi pene, agarrándome la polla por encima del pantalón y me dijo que entonces las pajas me las haría ella.

Comenzamos a besarnos, metiéndonos las lenguas hasta el fondo, jugando con las lenguas fuera de la boca, escapándosenos varios gemidos de gusto, los suyos aumentaron cuando me dirigí al cuello, sabía que era su punto débil, y con mi lengua y mis labios empecé a saborearla, se retorcía de gusto. Después llevé mi mano a sus pechos y comencé a estrujarlos, después por su escote se las sobé por debajo del sujetador. Su camisa y su sujetador no duraron mucho, y sus hermosos pechos quedaron a la vista, con los pezones pequeños y oscuros, me puse a lamerlos, mordiendo sus pezones, succionándolos. Bajé mi mano a su coñito, por encima del pantalón, gemía como una perra, mientras que decía que la había puesto muy cachonda, mientras le desabrochaba el pantalón, le quité el pantalón y las bragas, la tenía completamente desnuda tumbada en el sofá. Yo me desnudé delante de ella, mientras Paloma me miraba acariciándose el coño.

Me puse encima de ella, besándonos, colocado entre sus piernas, rozando nuestros miembros. Después ascendí por su cuerpo hasta que mi pene quedó a la altura de su cara, hice movimientos circulares frotándoselo por la cara, ella me puso las manos en el culo y me bajó hacia su boca, la abrió y mi pene entró en su boquita húmeda, metí la punta, y a continuación ella presionó mi culo y casi se la metió hasta la mitad, movía su lengua dentro de la boca, haciéndome gemir de gusto, que bien la chupaba, después se la metió entera, y tras un rato así paré, porque veía que me corría.

Seguidamente me deslicé hacia abajo, separé sus piernas y observe su coño, depiladito con solo pelos en su monte. Acerqué mi cara, y lamí toda su raja, al rato me lancé al clítoris, comiéndome el coño entero, jugando con mi lengua. Pronto empezó a tener espasmos de gusto, sobre todo cuando un dedo entró en su vagina. Mamaba su coño cuando me pidió con voz de auténtica puta que le metiera un dedo en el culo, continué comiéndole el coño salvajemente, a la vez le metí mi dedo por su ano, que entró con facilidad debido a los jugos que resbalaban de su vagina, lo metí, lo saqué, lo giré, ella gemía y se retorcía de gusto.

Minutos después, me pidió que le metiera otro dedo, le estaba gustando, obedecí y se lo metí, entró también sin mucha dificultad, los giré en su ano, metiéndoselos y sacándoselos, al principio despacio y después más fuerte, cuanto más hacía bestia con los dedos en su culo y con la mamada del coño, más gemía ella. Aparté mi cara de su coño y añadí un tercer dedo sin que me lo pidiera, quería ver su culo recibiendo tres dedos, pero esto le dolió, se quejó, moví los dedos lentamente, pronto empezó a gemir de nuevo.

Estaba lanzado, le pregunté si quería que se la metiese por el culo, ella sin demora me dijo que sí, que se la metiese pero con cuidado. Saqué los dedos y le metí dos en el coño, mojándolos bien, le lamí un poco el ano, después le levanté las piernas, colocándole las rodillas a la altura de su cabeza, y dirigí mi pene a su agujero, ella se separó las nalgas con las manos, me miró con cara de viciosa y me dijo que se la metiera, que hiciera lo que le iba hacer a Nuria, agarré mi pene y apreté contra su agujero, poco a poco empezó a deslizarse para dentro.

Paloma se quedó sin respiración, inmóvil, con los ojos abiertos, cuando el glande entró en su culo se relajó, lanzando un suspiro y soltando el aire de la respiración contenida, el ano estaba muy cerrado, estaba seco a pesar de la lubricación, así que llené de saliva mi pene para facilitar las cosas. Lentamente empecé a moverme, despacio, con empujones mínimos, metiendo un poco más de pene cuando su culo iba acostumbrándose. Paloma tenía los ojos cerrados, lanzaba leves quejidos, aunque no decía nada, tras un rato entró entera y se lo dije, ella con su mano comprobó que era cierto, eso la relajó, empecé a moverme un poco más seguido, y ella empezó a gemir de gusto. Pasado un tiempo, y con su culo ya acostumbrado, empecé a decirle que tenía un culo hermoso, ideal para partirlo, ella empezó a decirme que me follara su culo, que no parase, aumenté el ritmo y ella aumentó sus gemidos.

Pronto noté que no iba a aguantar mucho, le grité a Paloma que me iba a correr acelerando el ritmo, me la follaba como si se tratara de su coño, ella no se quejaba. Cuando comencé a correrme sentí como ella se arqueaba y empezaba a lanzar gemidos alocados, suspiros entrecortados, gritando que ella también se corría. Lancé mis chorros dentro de su culo, metiéndole todo mi polla, cuando acabé la miré y vi que ella tenía la mano en su coño, se había masturbado mientras me la follaba, estaba muy mojada.

Saqué mi polla y mi semen se salía de su culo, su ano se le quedó abierto unos instantes, luego se cerró con un par de espasmos. Nos abrazamos, nos besamos, y horas después ya me marché hacia mi casa.

Autor: Fary

pabloeresmas@hotmail.com

Me gusta / No me gusta