Me gusta el morbo

Me sorprende a mí mismo que escriba esto, la verdad es que no sé muy bien lo que busco. Quizá solamente que alguien me diga que no es tan rara mi forma de ver las cosas, o que alguien me cuente que realmente son esas sus fantasías y que nunca se ha atrevido a hacerlo como lo he hecho yo.

Bueno, no sé, quizá solo es que hoy ando un poco caliente y aburrido.

Bien, me presentaré. Tengo 34 años, soy moreno con ojos verdes, y para no aburrir a nadie con mis descripciones físicas, sólo diré que me considero más o menos normal y que las chicas que he conocido a lo largo de mi vida, siempre han pensado que no estoy mal.

Esta historia que voy a contar por supuesto es real, me aburre el cybersexo, e intentaré ser lo más fiel posible a los acontecimientos.

Todo comenzó ya hace años, cuando empecé a utilizar internet. Pronto descubrí los chats de sexo y de alguna manera, me he hecho asiduo en ellos. He tenido bastantes veces sexo telefónico, es algo que me excita mucho. Al final el chat es demasiado frío y sobre todo no sabes realmente con quién estás hablando.

El teléfono es otra cosa. Normalmente empezamos contándonos nuestras fantasías, lo que nos gustaría hacer, lo que hacemos o hemos hecho con nuestras parejas, poco a poco la conversación se va calentando y empezamos a masturbarnos. Me gusta saber cuando ella va a llegar al orgasmo, normalmente le pido que me haga una indicación, llegar juntos es el culmen de la conversación. A veces, me gusta dirigir los actos de la chica con la que estoy hablado, le voy indicando lo que quiero que haga y ella me describiendo cómo lo hace y qué es lo que siente. Oír la voz temblorosa de una mujer mientras se excita, sentir sus gemidos, cómo se estremece su cuerpo con cada palabra, sus gritos cuando llega al orgasmo. ummmmm, no puedo evitarlo, siempre que he encontrado a alguna chica dispuesta no he dudado en hacerlo.

Algunas conversaciones han sido memorables. Recuerdo, por ejemplo, la vez que conversé con una pareja. Los dos follaban imaginado un trío, mientras yo, al otro lado del teléfono, me masturbaba. Otra vez lo hice con dos chicas a la vez, mi gran fantasía cumplida, ellas tenían un manos libres y les iba contando cómo me gustaría hacérselo a las dos. Los tres, entre grandes gritos y gemidos, llegamos a la vez, fue un orgasmo que aún recuerdo.

Si bien, como digo, he tenido bastantes experiencias telefónicas, casi nunca he repetido con la misma chica. Tengo miedo a la hora de volver a llamar, siempre pienso que es posible que ella no esté dispuesta y se provoque una situación embarazosa o que, simplemente, el teléfono al que llamé no era el suyo. Sólo con una chica lo hice durante algún tiempo.

Fue ella, tras la primera llamada, la que dijo que quería que la volviese a llamar. Me dio las horas idóneas y me le pidió con tanta insistencia que no pude negarme a ello. Tuvimos bastantes conversaciones, alguna bastante morbosas.

Recuerdo una vez que cuando la llamé estaba en el autobús. Al decirme que no podíamos hacer nada, que esta en el autobús, empezamos a hablar amigablemente. La conversación empezó a subir de tono, aunque ella no podía hablar abiertamente por que la gente de su alrededor la podía oír. Digamos que sus mensajes eran cifrados y que yo los tenía que interpretar. En un momento dado, me dijo que no iba a salir porque tenía mojada la ropa, yo lo comprendí inmediatamente. Le pregunté que si había algún sitio en el autobús donde pudiera estas más o menos separada del resto de los viajeros. Ella me contestó que se iba a sentar al final porque así me podría ver cuando llegase a mi casa. Mediante frases crípticas me siguió indicando cómo se estaba acariciando y cómo se había metido la mano bajo la falda. Cuando ella estaba apunto de llegar, la palabra clave cuando esto ocurría era pronunciar su nombre, no me pude aguantar y empecé a chillar como un loco mientras me corría. Tras el auricular pude oír una especie de gemidos entrecortados que sin duda correspondían a su orgasmo.

Cuando volví a llamarla al día siguiente, me contó que mis gritos fueron tan fuertes que habían alentado a algunos viajeros que había cerca de ella y que, en ese momento, tuvo que agachar la cabeza para esconderla tras el asiento delantero porque ella también empezó a correrse.

Esta experiencia nos excitó tanto que no paramos de masturbarnos pensando en ella durante días. Y poco a poco, nuestras experiencias comenzaron a ser más atrevidas.

Yo solía llamar sobre las 7 de la tarde y al principio casi siempre la pillaba en casa. A partir de aquel día, curiosamente, rara era la vez que esto ocurría. Muchas veces la pillaba en el coche, camino a casa, según decía, y terminaba aparcando, siguiendo mis indicaciones, en alguna calle o aparcamiento y masturbándose como loca mientras hablaba conmigo. Estoy seguro de que era real que esta en estos sitios porque a través del teléfono se oían ruido que así lo mostraban.

Desde aquel momento los juegos empezaron, cada vez, a ser más arriesgados, y aunque la pillase en casa, siempre se nos ocurría algo que hacía que la situación nos aumentase la calentura. Por ejemplo, una vez se nos ocurrió salir a la terraza. Cada uno en su casa, tras un rato de conversación y estar inmensamente calientes, nos sale a la terraza. Los dos nos apoyamos en la barandilla del balcón se podía oír el tráfico a través del teléfono, y empezamos a masturbarnos. Yo me desabroché los pantalones y me saqué la polla, y aunque mi terraza tiene una especie de mamparas que ocultaban parcialmente mi acción desde la calle, desde cualquiera de las otras terrazas se me podía ver perfectamente. A parte de la gente que pasaba por la calle, vivo en un 2º piso, que podía observar mis movimientos y mi cara de satisfacción. Ella, según me contó, salió a la terraza con una falda y sin nada debajo, sabía que el solo imaginar esa situación me excitaba sobremanera, y se masturbaba mientas me contaba lo que ocurría en la calle. Cuando se puso a gritar ¡FÓLLAME JAVI!, ¡FÓLLAME JAVI! .Gritaba de tal manera que estoy seguro de que lo oyeron todos los vecinos, eso la excitaba.

Aunque todas fueron muy morbosas, y podría estar horas contando historias, la que con más excitación recuerdo es al que ella llamó “su regalo de cumpleaños”. Varios días antes habíamos estado hablando y me pidió que ese día, a esa hora, la volviese a llamar. Cuando abrió el móvil, por sus movimientos en la voz, deduje que iba caminando, como así me dijo, y me hizo una detallada descripción de su vestimenta.

– Voy vestida como una verdadera puta- le encantaba hablar así. Su voz era casi un susurro, imaginé que para que nadie la oyese.- Llevo una camiseta que me marca las tetas y se ven mis pezones erectos, ummmmm.

estoy caliente, unos zapatos con un tacón altísimo y una falda muy corta, casi se me ve el culo y..!adivina qué llevo debajo!

– NADA.

– Exactamente, NADA.- sabía que era una de mis fantasías, una chica por la calle sin nada debajo.

Me explicó que ese día iba a ser todo muy diferente, y que iba hacia un pub en el que había quedado con su novio, era su cumpleaños, y tenía un regalo muy especial para él y para mí.

Me dijo que había llegado al pub y se había sentado en un taburete alto, junto a una mesa, me fue contando cómo algunos chicos observaban sus piernas cruzadas y me describía sus miradas de deseo. Yo estaba excitadísimo, le dije que iba a empezar a masturbarme ante que su novio llegase, pero me dijo que esperara.

Empecé a jugar con ella:

– Quiero que te abras de piernas y que se pueda ver tu coño, no hace falta que haya nadie delante, elige una posición y ábrete de piernas durante al menos dos minutos. Yo te digo cuando las debes cerrar.

Seguimos con juegos parecidos hasta que me dijo que veía a su novio entrar en el pub. Le dije que colgaba, que ya me contaría, pero ella me contó de forma rápida su plan. Iba a poner el manos libres y guardaría el teléfono en su bolso, tenía agujeros y se escucharía la conversación. Yo lo único que tenía que hacer era oír y no hacer ningún ruido.

Aunque en el pub había música y se escuchaba un cierto ruido de fondo, pude más o menos seguir la conversación. La oía sobre todo a ella, había colocado, según me contó después

, su bolso cerca y se encargaba de repetir todo lo que estaba haciendo.

– Te gustas cómo vengo vestida?.Te voy a hacer un regalo muy especial. Méteme la mano entre las piernas. Espera, yo te beso, me acerco a ti y me tocas.

– Me ha encantado la cara de sorpresa que has puesto. mmmm. Me estoy poniendo caliente. ¡Vamos a aquellos sillones!.- En ese momento debió aprovechar para colocar su bolso entre los dos.

– Ahhh. ¿A que estoy empapada?, me estoy poniendo a 10000. y tú tampoco vas mal, te estoy tocando la polla por encima del pantalón y la tienes durísima..

La verdad es que a su novio le debía resultar un poco extraña su forma de hablar, normalmente, cuando estás con alguien en la intimidad no te dedicas a repetir todo lo que haces o te están haciendo. Él, lo debió considerar un juego porque enseguida empezó, de la misma manera, a relatar lo que estaba haciendo.

– Bájame la cremallera y méteme la mano dentro..

– No, no me lo puedes decir al oído, todo lo que me digas tiene que ser en voz alta. Que se pueda oír bien.

– ¡Nos van a escuchar! . Hay gente en la barra.

– Eso es lo bueno. En voz alta o no seguimos..

– Quiero que me la chupes.

– ¿Qué?, no te he oído bien..

– Estás loca. ¡Quiero que me la chupes!

– Vale. Ponte un poco de espaldas a la barra, te voy a sacar la polla y me la voy a meter en la boca, te voy a lamer de arriba a bajo y luego me la voy a meter hasta el fondo de mi garganta.

– Ahhhhh. Se están mosqueando. Hay un tío en la barra que nos está mirando.

– Méteme un dedito.

– . Me estas volviendo loco.

– ¿Quieres que lo hagamos en el servicio?

– ¿Aquí?, ¿estás loca?

– Sé que es una de tus fantasías, ese es mi regalo de cumpleaños. Nos vamos al servicio de tías, yo entro sola. Cuando no halla nadie salgo a por ti. Nos metemos en un de los báteres y me follas hasta que te hartes.

La conversación se interrumpió, oí una especie de movimientos, puertas que se abrían y cerraban, voces de chicas en el fondo y por fin:

– Vamos al tercero, es el que está mejor..

Ahora la música de fondo apenas se oía y la conversación era mucho más nítida.

– Me voy a sentar en el water y te la chupo. ummmm. la tienes durísima.

– Ummmmmmm. Me gusta cuando me tiras contra la pared como un salvaje, así, así,.. Tócame las tetas mientas me das con la polla en el culo..

– Quiero que me chupes tú a mí, me siento en la cisterna y me lo comes.. Cómeme las tetas, sabes que me encanta..

La verdad es que aquello parecía un partido la retransmisión de un partido de fútbol, pero los gemidos y el imaginarme la situación me habían puesto tan excitado que ya iba por mi segunda paja.

– Quiero que me folles!, ¡FÓLLAME!.

– ¡No chilles, nos van a oír!, hay gente fuera.- de vez en cuando se oía una puerta abrirse y las voces de algunas chicas en el fondo.

– ¿Cómo quieres hacerlo?, por detrás, ¿verdad?.. Me apoyo en la cisterna, me abro de piernas y la clavas mientras me sobas las tetas.

– ¡Habla más bajo!, nos van a oír..

– – AAAAHHHHHHHHH.. ¡vamos, fóllame!, ¡fóllame!, así, así,.ahhhhhh, sigue, sigue. Espera, n o te corras. quiero que terminemos yo encima de ti. Siéntate en el water y yo me monto encima de ti, quiero verte la cara cuando te corras..

Seguí oyendo gemidos y todo terminó con un gran grito de ella que se cortó bruscamente. Al día siguiente me contó que su novio le tapó la boca justo al llegar al orgasmo por que estaba gritando de tal manera que estaba alertando a toda la gente del pub.

– ¿Te ha gustado mi regalo?

– Ufffff.. Me ha encantado. Me he corrido como un salvaje. Te quiero.

En ese momento decidí, exhausto tras mi segunda corrida, cortar la conversación.

No sé si alguien habrá sido capaz de seguir el relato hasta aquí, siempre he pensado que esto no lo lee nadie, pero si es así habrá una pregunta que todo el mundo se haga:

¿Nos llegamos a conocer alguna vez?

Bueno, eso ya es otra historia que si la gente me anima, algún día me decidiré a contar.

UMMMMMMMMMM….. cuéntame, ¿he conseguido por lo menos excitarte?

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Laura, mi profesora de lengua

Empezó a masturbarme a un ritmo frenético, yo notaba algo de dolor, ya que del mismo movimiento del sube y baja, me golpeaba los huevos, entonces, me dirigí hacia su boca, saqué la lengua y empecé a besarla, metiéndole la lengua hasta la campanilla, ella empezó a aumentar más si cabe el ritmo de la paja que me estaba haciendo mientras seguía besándome y yo le tocaba uno de sus pechos.

Todo empezó hace 2 años, cuando yo tenía 18, en aquella época yo estaba estudiando en un instituto de la ciudad, donde no había mucha gente, no por ser malo, sino porque no era demasiado conocido. En ese colegio había clases de apoyo, a las cuales yo debía ir, ya que no era muy buen estudiante, tenía clases de “técnicas de estudio” (estamos hablando del mes de enero-febrero) éstas me las daba la profesora de lenguaje, a la cual llamaremos “Laura” voy a describirla:

Laura tenía 35 años, era de estatura media, un poco bajita, tenía unos buenos pechos muy bonitos, y unos ojos verdes azulados, realmente preciosos, era tremendamente coqueta y siempre vestía con ropa de marca, todos los días traía un conjunto completamente distinto al del día anterior, y cada dos semanas aproximadamente, un nuevo peinado. Bueno, después de la explicación de cómo es ella, seguiré con el relato.

La clase de “técnicas de estudio”, era optativa, y suplantaba a la hora de deporte, así que como podréis imaginar había poca gente (concretamente dos personas) mi amiga Marta y yo, ésta estuvo enferma 2 semanas más o menos( durante febrero), gracias a ello yo tenía la oportunidad de mejorar mi relación con Laura e intentar llegar a algo más con ella, los primeros acercamientos sucedieron durante el primer trimestre, muchos días durante el recreo aprovechaba para hablar con ella de distintos temas, y cuando estábamos en la biblioteca porque yo tenía que hacer un trabajo o cualquier otra cosa, aprovechaba para hablar con ella de cualquier cosa, daba igual el motivo, a veces llegábamos a hablar de algunas cosas con una carga erótica importante, sobre como le gustaban los chicos.. (Obviamente había que cimentar la relación antes de atacar, ya que me podía buscar un auténtico problema de dimensiones inimaginables si intentaba algo con ella y no me dejaba).

Yo tenía “técnicas de estudio” dos veces por semana, durante una hora, por esa razón, debía aprovechar el tiempo al máximo posible, y dejar los estudios para mi casa, así que empecé a idear un plan gracias al cual yo iba a mejorar en mis estudios y posiblemente la relación con mi profesora, tenía que organizarme como no lo había hecho en toda mi vida, todos los días al llegar a casa estudiaba, y aprobé dos exámenes inimaginables de aprobar hasta entonces. Laura se dio cuenta del esfuerzo que yo estaba realizando así que empezó a ser más simpática si cabe conmigo, (con el resto de la gente a la que le daba clase tenía una relación muy distante). Un día en la clase de apoyo, ella vino radiante, llevaba una falda larguita, con unas botas de tacón, una camiseta de lycra la cual marcaba sus pechos, y una chaqueta de cuero encima, me encantaba como venía y decidí actuar. Mientras me daba la clase (ella siempre se sentaba en una silla al lado mío, en mi misma mesa para poder enseñarme mejor las cosas), me dijo que tenía la espalda dolorida, que estaba cansada etc., rápidamente pude ver que era mi oportunidad:

-¿Cómo es eso de que te duele la espalda? -Nada que ayer dormiría mal o algo no se. -Si quieres te puedo dar un masaje, no te voy a cobrar nada jaja -No lo dudes, vamos, empieza.

Ella se levantó y yo me puse totalmente pegado a ella, mi verga que estaba totalmente empalmada empezó a rozarla, yo estaba totalmente seguro de que ella se daba cuenta, empecé con el masaje, pasando las manos siempre por el cierre del sujetador, intentándoselo abrir (sin querer claro), hasta que conseguí abrírselo, de repente ella (que estaba con los ojos cerrados y en el séptimo cielo) me dijo:

-¿Pero tú de qué vas? -¿Qué pasa, no te ha gustado? -Me has abierto el sujetador, joder (…) -Bueno no pasa nada, yo te lo pongo de nuevo, no me di cuenta perdona.-Bueno te perdono porque me estabas dando el mejor masaje que me dieron nunca pero. -Ya, ya lo siento, no lo hice con ninguna intención (pudo verme en la cara que lo hice sin querer) -Bueno, no pasa nada, lo siento por el salto que he pegado, anda pónmelo.

En ese mismo instante se subió la camiseta por detrás y pude verle el sujetador negro, el cual tenía que volver a abrochar, lo hice y acto seguido le dije que tenía una espalda muy bonita y que lo sentía, ella me dijo que gracias y que no pasaba nada, acto seguido me dice: madre mía chico, que le ha pasado a tu cosita, no había acabado cuando yo miré hacia mi verga, vi que estaba completamente empalmada y que se notaba a kilómetros de distancia, me empecé a poner totalmente rojo, y con una vergüenza enorme, ella se dio cuenta y sonrió, “no pasa nada” me dijo, “no te culpo después de haberme visto el sujetador jaja” yo sonreí, segundos después sonaba la alarma del recreo y le dije que me tenía que ir, sino me quedaría sin bocadillo, ella, entre risas, me dijo:

-Vale ya me abandonas ¿no? -Bueno. -Es broma jaja no pasa nada, ya se que tienes que irte, aunque espero verte la próxima clase y que sigas como hasta ahora, así me podrás mantener jajaja. – Ojalá.-¿Ojalá qué..? – Te pudiese mantener. -Vale Romeo jaja. -Bueno hasta luego.

Ella me acompañó hacia la puerta, y yo, con el estómago dado la vuelta, le di un sonoro beso en la cara. Ella simplemente se dejó besar y cuando yo había acabado se quedó sonriendo. El resto de la semana fue más o menos igual, nos dábamos tímidos masajes de espalda, rozándonos todo lo que podíamos (o al menos yo), y cuando me despedía le daba un beso en la cara, el cual ella nunca rechazaba. Aprovechando que era “San Valentín”, le compré un ramo de rosas rojas espectacular, y le dije al repartidor que lo tenía que entregar el sábado 16 de febrero, ya que el 14 caía en jueves, yo no tenía clase con ella ni ese día, ni el viernes, y no me pillaba bien de ninguna forma.

El mismo día 16 de febrero me acordé que debería haberle añadido una carta al ramo de flores (obviamente) pero yo ni por asomo había caído, así que tuve que correr como no lo he hecho en mi vida, para llegar antes que el repartidor y por debajo de la puerta meterle la tarjeta más bonita que jamás le hubiesen mandado. Ella me había dicho donde vivía hacia bastante tiempo, lo que no me había dicho era el número de su apartamento, pero si su número de teléfono, por si tenía cualquier tipo de duda, así que no tuve ningún problema en encontrar su piso. A las 5:45 de la tarde llegué y le metí la tarjeta por debajo de la puerta, cuando me estaba dando la vuelta, la puerta de su apartamento se abrió bruscamente. Yo me di la vuelta totalmente descompuesto y vi a Laura que iba espectacular, llevaba un pantalón de cuero pegado, con unos botines con tacón y un jersey de cuello alto de color azul oscuro, ella me miró y extrañada me dijo:

-Hola “Romeo” así es como ella me llamaba desde lo que comenté antes, ¿Qué haces aquí?- Hola. Nada…-Y eso que me has puesto por debajo de la puerta.. ¿Que es?

En ese momento miré hacia el suelo y vi la carta, intenté cogerla a una velocidad de vértigo, y me dio tiempo.

-Ei déjame verla. -No, no, es que ha sido una tontería disculpa. -No ha sido ninguna tontería anda, déjame verla y así opino si lo es o no. -No, no lo mejor es que no la veas, tengo que irme.

Justo en ese instante logró hacerse con ella.

-Ei no la abras, dámela.

Ella corrió hasta dentro de su casa y yo la seguí.

-Dámela anda por favor. -Cuando vea que es, y si no me dejas ver que es, ya te puedes ir olvidando de los masajes y de cualquier cosa entre tú y yo.

Viendo su contundencia, me senté en el sillón, ella impacientemente, abrió la carta procurando que no se estropeara lo más mínimo y empezó a leerla atentamente. La carta decía algo así: “Hola guapa, soy tu Romeo je-je bueno ya sé que a lo mejor estoy haciendo una estupidez, pero en el día de San Valentín, me gustaría decirte que me gustas mucho, se que es muy probable que no quieras nada conmigo, pero en este poema verás lo que siento por ti…” (no recuerdo que poema era) Ella totalmente sorprendida por las “forma de entrega” y por las palabras que en la carta yo decía se sentó en el sillón y con la carta en la mano, la puso sobre su corazón.

-Es la carta más bonita que he me han escrito en mi vida, en la vida pude imaginar que tú me ibas a mandar esta carta y mucho menos que alguien tan jovencito pudiese escribir palabras tan bellas. -No se que decirte, es lo que siento por ti, y no creo que valla a cambiar, verdaderamente me gustas desde que empezamos a hablar en los recreos. -Ya, noté lo que sentías por mi, pero no se, nunca lo quise aceptar supongo. -Lo imaginaba.

En ese momento, levantándome para irme, ella me cogió la mano y me preguntó a donde iba, yo con cara triste, le dije que a mi casa, que sólo vine para que supiese lo que sentía por ella, en ese momento sonó el timbre, yo ni me acordaba de las flores ni de nada. Laura se acercó y abrió la puerta, una chica le entregaba el ramo de flores más grande de la tienda y os aseguro que el más caro, entre las flores apenas se veía la cara de la persona que las entregaba. Ella me miró y me dijo si había sido yo, le dije que sí. Recibió el ramo de flores, la chica se fue y Laura las depositó encima de una mesa, vino hacia mi y me dijo que era lo mejor que le había sucedido en la vida, y me abrazó, yo también le pasé las manos por la espalda y en ese momento me dijo que esta vez si le podía quitar el sujetador, yo sin pensarlo dos veces como pude se lo quité, y ella se deshizo de el, después se quitó el jersey y la camiseta al mismo tiempo y me dejó ver aquellos preciosos pechos, blanquitos, y con una enorme areola, yo me quedé mirándolas en ese momento ella me cogió una mano y me la puso sobre una de ellas, “son tuyas”, yo empecé a amasárselas y a besarlas, ella se sentó en el sillón y empecé a comérselas literalmente, con sus manos me acariciaba el pelo, a los diez minutos más o menos, me aparté, vi que estaban empapadas de saliva y me dijo:

-¿Ya te has hartado? -Bueno, no, no se. -Era una broma (me dijo sonriendo), estás muy tenso.

Dirigió su mirada hacia mi pantalón, mi verga estaba más empalmada que nunca, acto seguido me dijo que me bajase el pantalón, yo lo hice en el momento y ella acercó una de sus manos, pude fijarme que tenía hecha la manicura francesa, cosa que me pone enormemente cachondo.

-Me gustan tus manos. -Más te van a gustar ahora.

Empezó a masturbarme a un ritmo frenético, yo notaba algo de dolor, ya que del mismo movimiento del sube y baja, me golpeaba los huevos, entonces, me dirigí hacia su boca. “¿A que esperas para besarme..?, acerqué más mi boca a la suya, saqué la lengua y empecé a besarla, metiéndole la lengua hasta la campanilla, ella empezó a aumentar más si cabe el ritmo de la paja que me estaba haciendo mientras seguía besándome y yo le tocaba uno de sus pechos, minutos después.

-Ya me voy, Aahh, ahhhhhh, ella, sin parar de besarme, cogió unas servilletas y con eso pudo contener todo lo que aquel día solté, descansamos un poco y me preguntó si me había gustado, se echó sobre mi, y así estuvimos el resto de la tarde, después cené en su casa, la ayudé a recoger los platos y cogiéndola por la espalda, le di un beso de alrededor de quince minutos, después de eso, me dio el número de su celular y me dijo que no olvidase llamarla al día siguiente.

Espero que les haya gustado este relato, es el primero que escribo, pero si veo aceptación por su parte, seguiré contando todo lo que he hecho con “Laura”, mi actual pareja.

Por último aclarar que todo lo que he contado en este relato es cien por cien verídico.

Autor: Eco chr chero

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La primera y la unica vez

Mi amigo que aún no había descargado le puso la polla en la boca y ella comenzó una buena mamada mientras yo le metía mi polla hasta el fondo de un solo golpe que con sus jugos chorreándole entraba sin ningún problema, me agarré a su cintura y comencé a bombear a un ritmo lento para disfrutar lo más posible de ese momento. Le daba cachetadas en el culo y eso parecía que le hacía disfrutar más.

Hola, me llamo Carlos, soy un chico de Madrid de 31 años al que le gustan mucho los relatos de esta página. Hace tiempo que los voy leyendo y he animado a mi novia a leerlos la cual se ha hecho una ferviente seguidora de lo que aquí se escribe. Animado por ella voy a contaros la primera y única vez que hice un trío.

Yo tenía un amigo que trabajaba en el hospital de Madrid que muchas veces me hablaba de las enfermeras y demás chicas que allí trabajaban aunque nunca me contaba nada concreto. Un día me dice que si le voy a buscar al hospital, le digo que si aunque a mí ir a los hospitales no me hace demasiada gracia, me comentó que no me arrepentiría y que luego nos iríamos a tomar unas cañas juntos, yo a esa frase en concreto no le di mucha importancia. Quedamos en la cafetería del hospital, estaba sentado en una de las mesas acompañado por una enfermera… ella estaba de espaldas a mí por lo que no me vio llegar. “Hola Carlos. Mira, te voy a presentar a una compañera de trabajo, se llama Lucía”. Lucía se dio la vuelta, se puso en pie y nos dimos dos besos.

Era una chica de unos treinta y pocos años, pelo rizado en media melena, unos enormes ojos verdes preciosos que fue lo que a primera vista más me llamó la atención. Tenía una figura muy bonita, no era demasiado alta, pero sí tenía un par de tetas muy bien puestas. Llevaba una bata blanca que le ceñía todo el cuerpo y que le hacía un culo de lo más apetecible. Me senté justo enfrente de ella y comenzamos a hablar un poco de todo, hasta que ella comenzó a preguntarme directamente temas personales.

“Y dime Carlos, un chico tan guapo como tú habrá tenido muchas novias”. “No que va, solamente una, que tuve antes de irme a la mili, pero allí me dejó”. “Y con esa chica… ¿Cuánto tiempo estuviste?”  “Casi tres años, pero no me fue demasiado bien, no me dejó tocarla ni una sola vez”. Nos pusimos a reír a carcajadas y mi amigo comenzó a hacer bromas acerca de eso. “¿Entonces eres virgen?” Enseguida me puse colorado, yo por entonces tenía apenas 20 años y aún las mujeres me ponían muy nervioso. “No, que va, perdí la virginidad estando en la mili”. Lucía me guiñó un ojo, pidió otro café y seguimos charlando.

Yo me fijaba mucho en su escote. Como he dicho llevaba una bata blanca abotonada por delante, y se le transparentaba toda la ropa interior. Entre los huecos de los botones podía verle perfectamente el sujetador, era blanco bastante discreto aunque a mí me pareció un poco pequeño para el tamaño de sus tetas. Cruzaba las piernas con bastante maestría y yo intentaba verle las bragas a cada cruce suyo, lo cual conseguí más de una vez poniéndome tremendamente cachondo, y tenía una erección bastante grande que se ocultaba porque llevaba un pantalón vaquero bastante holgado…

Lucía no dejaba de mirarme, incluso creo que me pilló mirándole las piernas, pero se hizo la desentendida. Después de haber tomado los cafés, Lucía dijo que tenía que coger unas cosas del despacho de su jefe y que luego se cambiaba y nos íbamos por ahí. “Ah pues entonces vamos contigo”. Dijo mi amigo. La seguimos hasta la cuarta planta y en el ascensor no podía dejar de mirarle el escote por encima del hombro… ya estaba deseando llegar a casa para hacerme una paja pensando en Lucía. Llegamos al despacho y me dijo que me sentara en la silla de los pacientes… ella se puso a mirar en un fichero y mi amigo se sentó en la silla del médico.

Comenzó a abrir los cajones del archivador por la parte de arriba y, poco a poco, comenzó a bajar doblándose por la cintura y dejando que viese ese estupendo culo que tenía con esos muslos tan bien puestos… Yo estaba a punto de estallar, por un momento estuve a punto de decirles que me iba al baño, necesitaba hacerme una paja cuando de pronto se giró y me pilló mirándola. Me puse colorado como un tomate. “Míralo que pillín, mirándome las braguitas ¿eh?”. Al decir esto se acercó a mí y se sentó encima de mis piernas poniéndome las tetas a la altura de mi cara.

“¿Te ha gustado lo que veías? ¿Eh? Eres un chico muy malo y vamos a tener que hacerte una revisión”. Diciendo esto, puso su mano sobre mi polla por encima del pantalón. “Huy, esto parece más grave de lo que pensaba, habrá que intervenir de inmediato”. Yo, que aunque lo parecía, no soy tonto, enseguida supe de que iba todo… le desabroché la parte de arriba de la bata y comencé a sobarle las tetas por encima del sujetador… Ella comenzó a comerme la boca, metiéndome su lengua… nos dimos un buen y largo beso.

Se desabrochó el sujetador y se lo sacó por la manga con esa habilidad especial que tienen las mujeres para hacer eso. “Cómeme las tetas cabrón”. El oír eso me puso a cien, y comencé a chuparle los pezones y las tetas, pasando mi lengua por la aureola y pegándole mordiscos en los pezones… Ella se ponía como loca. “Sí cabrón. Sigue chupándome, estoy muy caliente y necesito dos buenas pollas que me sacien”. Mi amigo estaba haciéndose una paja, no vi cuando se desabrochaba el pantalón, pero estaba sentado meneándose la polla.

Lucía se agachó delante de mí y me quitó los pantalones y los calzoncillos obligándome a permanecer sentado, abrí mis piernas y se puso a comerme la polla como jamás me la habían comido hasta entonces. Pasaba la lengua por mi capullo y recorría toda mi polla con ella hasta llegar a los huevos, se los metía en la boca mientras me masturbaba con una mano, luego se metió mi polla entera en su boca y la sacaba muy despacio, a mí eso me volvía loco… Estaba en el paraíso y no podía creer lo que me estaba pasando.

“Joder que bien la chupas puta, me voy a correr”. Pero ella no paraba… gemía y seguía comiéndome la polla cada vez con más ganas, hasta que ya no pude aguantar más y comencé a correrme de una manera increíble para mí… Ella tragaba y tragaba como una auténtica experta come pollas, parecía una actriz porno profesional o quizá mejor. Me dejó limpio sin una sola gota, se incorporó y me dio un beso en la boca, que a mí no me dio asco sino un morbo impresionante de probar el gusto de mi propio semen. Luego se puso de pie y se fue hacia la mesa, se desnudó y se tumbó encima.  “¿Que pasa machote, vas a dejar de machacártela como un mono y vas a venir a comerme el coño o qué?” Le dijo a mi amigo.

Este se levantó con los pantalones por los tobillos, se los quitó y se arrodilló entre sus piernas y comenzó a comerle el coño, con unas ganas enormes, ella no paraba de gemir, y de agarrar a mi amigo por la cabeza para marcarle el ritmo. “Así cabrón, cómeme el coño que estoy cachonda”. “Carlos, ven y cómeme las tetas como hiciste antes”. Yo me puse a la altura de sus tetas y empecé a comérselas de nuevo. Ella que tenía mi polla a su altura comenzó a meneármela y pronto volvió a estar dura. Al poco tiempo, empezó a decir que se iba a correr y que no parase de comerle el coño.

Yo tenía la polla durísima otra vez, entonces ella se puso a cuatro patas encima del escritorio. “Cariño, quiero que me la metas por detrás, tengo muchas ganas de una buena polla en mi coño y la tuya me gusta mucho”. Mi amigo que aún no había “descargado” le puso la polla en la boca y ella comenzó una buena mamada mientras yo le metía mi polla hasta el fondo de un solo golpe que con sus jugos chorreándole entraba sin ningún problema, me agarré a su cintura y comencé a bombear a un ritmo lento para disfrutar lo más posible de ese momento. Le daba cachetadas en el culo y eso parecía que le hacía disfrutar más.

Giró la cabeza y me dijo: “Mira cabrón como se me mueven las tetas… ¿A qué no habías visto una puta como yo? ¿Eh?”. Desde mi posición podía ver como sus tetas se movían rítmicamente a cada embestida mía. Yo las quería coger, así que me doblé encima de ella y se las comencé a estrujar mientras ella no dejaba de comerle la polla a mi amigo. Aumenté el ritmo de mis embestidas porque estaba deseando correrme dentro de ese coño tan caliente y al notarlo ella comenzó a chupar más rápidamente la polla de mi amigo. “Agggg, joder me voy a correr”. “Córrete dentro de mi cariño, lléname con tu leche”. “Y tú cabrón, córrete en mi cara”. Al decir esto, la volví a agarrar por la cintura y comencé a correrme, esta vez incluso más que cuando ella me la comía.

Mi amigo también se corrió echándole todo el semen encima de su cara, ella sacaba la lengua para intentar atrapar algo. Después se fue a limpiar un poco y volvió diciendo que aún tenía una polla que no había probado su coño… era la de mi amigo… se sentó en la silla y ella se puso encima de él dándole la espalda, yo estaba sentado en la otra silla mirando y esperando mi turno viendo como la polla de mi amigo entraba y salía del coño de la enfermera y esta no paraba de mirarme con cara de viciosa, mi amigo no tardó mucho en correrse, pero ella no tenía bastante, así que vino hacia mí, agarró mi polla y se la metió de un golpe… yo le agarraba de las tetas y de la cintura y ella no paraba de cabalgar encima de mí una y otra vez, cada vez más deprisa… parecía insaciable… yo le comía las tetas como podía hasta que me volví a correr creo que por tercera vez ya.

Así terminamos… ella se fue a los vestuarios a ducharse y nosotros nos marchamos a casa… yo aún estaba totalmente alucinado. Esta historia es real, aunque hasta el momento no he tenido oportunidad de repetirla. Mi novia tiene ganas de probar algún trío e igual nos animamos, aunque no sé si con chico o chica, eso sí, os prometo contároslo. Agradeceríamos cualquier comentario o sugerencia.

Autor: Elnene30_01

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Me gusta mi prima

Me corrí en los pantalones. Ella lo advirtió y dio unos golpes finales a mi bulto con cada una de sus tetas. Antes de separarse de mí, pasó un dedo por mi corrida en mis pantalones y se acercó ese dedo a los labios untándoselos como si fuese protector labial.

Me gusta mi prima. Siempre me ha puesto muy cachondo… que cada vez que estoy cerca de ella estoy deseando retirarme a desahogarme. Muestra una sensualidad natural que al parecer soy el único que nota o al menos soy al que más le cuesta disimular.

Ella tiene la piel de un tono dorado que invita a acariciar. Un cuello más suave que una leve brisa de campo. Y cielo santo, esos hermosos senos, perfectamente esféricos en los que se adivinan unos pezones tiernos y sabrosos… Su rostro es silvestre como el de las ninfas de los bosques. Te puedes perder en sus ojos color marrón profundo. Su pequeña nariz y rasgados labios complementan unas mejillas levemente pronunciadas. Tiene unas caderitas anchas y un ostentoso trasero que bien recuerda al de las nativas brasileñas.

Viene a verme de vez en cuando a mi casa porque intercambiamos libros, películas y series de televisión. Me resulta difícil esconder mi excitación cuando estamos los dos solos en mi habitación enfrente del ordenador. Y para incentivar mi situación, cuando navegamos por Internet saltan ventanas emergentes de contenido pornográfico. Cuando eso sucede yo hago algún comentario picantón, tal como: mira esos qué bien se lo pasan. O también: vaya boca más grande tiene esa muchacha. Ella me dedica una media sonrisa o me mira con el morro fruncido agitando levemente su cabeza.

La última vez que vino, era domingo por la mañana. Yo estaba a punto de hacerme una gayola porque tenía el calentón mañanero. Y bueno, tuve que contenerme por su presencia. La hice entrar a mi habitación y la dejé copiar unas pelis a su memoria usb mientras yo ordenaba mi habitación. Ella estaba centrada en la pantalla escarbando entre mis carpetas y archivos. Llevaba una camiseta blanca que apenas le llegaba a la cintura y unos shorts rosas de los que suele llevar por casa. No pude evitar mirarla de arriba abajo, allí inclinada en la silla enseñando una delgada línea de sus bragas. Mostrando la curva natural de la mujer que nos vuelve locos a todos acabada en ese generoso trasero que a falta de unas palmaditas generaría unas olas que se transmitirían a lo largo y ancho.

Yo llevaba puesto el pijama y la erección aún no me había bajado. Ella se encontraba de espaldas y no me veía. No podía dejar de pensar en su cuerpo. Me deslicé la mano por debajo del pijama y empecé a sobármela. Se me puso aún más dura. Cegado por el deseo me saqué la verga y empecé a pajearme detrás de ella. Fueron unos pocos segundos hasta que entré en razón y me la volví a guardar. Esto no es una fantasía, me dije, esto es la realidad, aquí no va a pasar lo que estás deseando que pase. En ese momento mi madre que estaba limpiando el salón me dijo que tenía que salir a hacer un recado, así que me quedé solo en toda la casa y con mi primita en mi habitación.

Me senté a su lado. Me dijo lo que quería copiarse a su memoria usb. Yo con las manos en mi regazo para que no notara el bulto, le pedí su pen-drive y lo conecté en la parte de abajo de la torre. Mientras se copiaba navegamos por Internet buscando novedades, curiosidades y demás. Yo aproveché y tomé el ratón por debajo de su brazo y así rozar uno de sus pechos con el brazo. Le enseñé un video gracioso que tenía por ahí. Echamos unas risas y al acabar el vídeo se terminaron de copiar los archivos. Ella se agachó a recoger su pen-drive posando sus senos sobre mis piernas. En ese momento pensé que iba a reventar de la excitación. Una de sus grandes tetas me estaba acariciando la punta del cipote. Mi verga quería salirse del pijama, no aguantaba más.

La oscilación de su seno colgando en el aire, pero apoyado ligeramente en mi miembro erecto me masajeaba la punta. Ella tenía que notar ese contacto sin más remedio. Me dejé llevar por la excitación y apoyé una de mis manos en su espalda. Empecé a acariciar suavemente su espalda. Le frotaba hacia arriba para que se le levantara un poco más la camiseta. Mientras tanto ella luchaba por sacar el pen-drive de la ranura usb. Pasé a acariciarle la espalda con las dos manos. Mis manos recorrían toda la superficie de su espalda, sus hombros, su cuello… Ella metía pequeños tirones al pen-drive, con lo que conseguía que sus senos se agitaran más y se restregaran más con mi verga.

Mis manos llegaban a sus caderas, incluso al inicio de su trasero. Metía las manos por debajo de la camiseta, acaricié su costado. En ese momento se estremeció. Lanzó un suspiro. Me susurró que le estaba haciendo cosquillas. Sabía perfectamente que esas caricias no eran inocentes. Tenían intención. Me dí cuenta que ya había renunciado a extraer su memoria usb de la ranura. Sin embargo, seguía zarandeando sus melones y restregándolos por mi verga. Ya no era un discreto roce con una de sus tetas, ahora mi verga estaba entre sus dos senos.

Mi miembro aún dentro del pijama se hundía entre esas montañas. Del placer que me proporcionaban yo me sentía en la gloria. Mi excitación llegaba a las puntas de mis dedos que posados sobre su costado agarraban la carne amasándola. Se inclinó un poco más, y tomó sus pechos entre sus manos, apretándolos sobre el bulto de mis pantalones de pijama. Bajé mis manos hasta sus glúteos, ahora accesibles por la nueva postura que había adquirido. Apreté sus glúteos mientras ella ahogaba mi verga entre sus pechos y me los restregaba enérgicamente.

No podía aguantar más, cada vez iba más rápida en su movimiento. Me corrí en los pantalones. Ella lo advirtió y dio unos golpes finales a mi bulto con cada una de sus tetas. Me surgió una considerable mancha en la entrepierna. Antes de separarse de mí, pasó un dedo por mi corrida en mis pantalones y se acercó ese dedo a los labios untándoselos como si fuese protector labial.

Justo en ese momento se escucha mi madre entrando a mi casa. Mi prima tomó su pen-drive, me dio un dulce beso en la mejilla y se marchó. Desde ese momento sabía que mi relación con ella iba a ser más íntima. O al menos eso es lo que yo deseaba.

Autor: Pascual

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De fiel casada a…. (Capitulo III)

(Capitulo III: Nuevas perspectivas laborales)

A la mañana siguiente cuando me desperté, Pedro me había preparado el desayuno y el baño e incluso me había elegido la ropa para ir a trabajar.

Al ir a vestirme vi que no había ropa interior, por lo que le pregunte el porque, me contesto que mis pechos merecían estar libres y que si me encontraba incómoda en el trabajo, por cierto luego hablaré de el, que al día siguiente me elegiría un sujetador, y que respecto a las bragas, con los picores era mejor no llevarlas durante unos días.

El caso es que me convenció, así que allí estaba yo con mi falda hueso, mi blusa amarilla de seda y mi chaqueta color crema…¡y sin ropa interior! A punto de ir a trabajar en mi primer día de mujer compartida.

Mientras iba en el coche, me dijo Pedro que mi marido había llamado el domingo por la tarde desde Amsterdam y que no me despertaron pues el dijo que no lo hicieran, pero que volvería a llamar por la tarde ese día.

Prometí hablar de mi trabajo: pues bien soy ejecutiva de cuentas de una empresa publicitaria por lo cual me paso el día de reuniones y visitando clientes.

Esto viene al caso porque cuando llegue a la agencia, note como algo extraño en los compañeros del trabajo: los veía como mas hombres, mas machos y mas apetecibles, y algo les debía yo irradiar, pues algunos que eran amables conmigo pero nada mas, notaba que me desnudaban con la mirada…¡ y la verdad es que poco tenían que quitarme de ropa aquel día!.

La mañana paso entre miradas mas o menos lascivas y alguna que otra insinuación, sobre lo guapa que estaba y el conjunto que llevaba, puesto que debido al calor hube de quitarme la chaqueta en el trabajo, con lo cual mis pechos bailaron según les vino en gana para deleite de mis compañeros, a alguno de los cuales sorprendí asomándose a mi escote mientras veíamos unas pruebas de un anuncio y yo me inclinaba sobre la mesa de dibujo.

Lo que me mal traía era el picor de mi coño, y buscaba cualquier momento para darme una rascadita disimulada.

Mi primer día de mujer fatal en el trabajo me gusto y al final de la mañana tenía una cita con un importante directivo de una empresa que quería encargarnos una campaña para televisión.

Le recibí en mi despacho y le ofrecí algo de beber.

Desde el principio note que no perdía ojo a mis pechos y sobre todo a mis piernas."¡si supieras que no llevo bragas!", pensaba yo para mis adentros.

Hablamos de temas de trabajo y ya a punto de despedirnos se me quedo mirando y me dijo:"¿sabes que hoy estas muy atractiva?, si quieres te invito a comer", yo sonreí y le dije que no que tenía otros planes, pero según me volvía hacia mi mesa para coger unos papeles, me fije como se perdían sus ojos hacia mi culo, que con la fina tela de mi falda y sin bragas se mostraba sin duda apetecible.

Me volví de pronto y le sorprendí aceptando su invitación.

Llame a Pedro para decirle que no viniera a buscarme que tenía trabajo y después me llevarían a casa, que avisara a Javier.

Me recordó que debía estar en forma pues me esperaba una tarde noche de orgía, a lo cual, estando en mi despacho josé Carlos, el susodicho ejecutivo, me resulto doblemente excitante, por lo cual le dije que no se preocupara, "quedaréis ampliamente satisfechos", fueron mis ultimas palabras ante una extraña mirada de josé Carlos, mientras colgaba el teléfono.

"Cuando quieras nos vamos", le dije ofreciéndole el brazo,

Sonrió y tomándome del mismo salimos de mi despacho, ante la sorpresa de los presentes, puesto que nadie había logrado hacer el negocio con josé Carlos, pero como bien sabéis… "pueden mas dos tetas, y en este caso ademas de un culo, que cien carretas".

Hace unos días apenas 72 horas, hubiera sido incapaz de salir del trabajo del brazo de un cliente y orgullosa de mis atributos femeninos, como lo hacia en ese momento.

Fuimos a un caro restaurante y durante toda la comida no paro de hablarme de lo guapa que estaba, que no se había dado cuenta hasta ese día de mi atractivo, que debía estar ciego, etc.

Cuando llegamos al postre tras una comida que le iba a costar un riñón, me lanzo el ataque:

&

quot;Ana",me dijo,"veras, resulta que tu eres toda una hembra, ya se que estas casada y no quiero que esto que te voy a decir pueda romper nuestras amistad o nuestra relación laboral que pese a todo creo que va a ser duradera", carraspeo "yo quisiera decirte lo hermosisima que estas, lo atractiva, y me gustaría conocerte mas profundamente, sin que te lo tomes a mal," hizo una pausa y me miro intensamente a los ojos.

Yo trate de mantenerle la mirada mientras continuaba hablando:

"Quisiera charlar contigo de tus gustos, de tus hobbys, que nos conociéramos mas a fondo, si quieres puedes decir que no, que no pasara absolutamente nada y todo seguirá como antes", se detuvo,"¿quieres venir a mi casa a tomar una copa?"

Le mire como sorprendida y al tiempo recatada, pero desde la segunda palabra sabia que me quería llevar a la cama, lógicamente la formula era la invitación a su casa a tomar la copa "nada mas", en fin que se estaba poniendo cachondo y ya no eran los millones del contrato, sino que simplemente a mi me apetecía probar otra mas, pues miguel me había montado dos meses de orgía controlada y yo quería hacer algún ejercicio fuera del curso, para al final sacar nota.

"Bueno…", hice como que dudaba,"..pero solo una copa nada mas, eh", y me hice la cortita.

Se le iluminaron los ojos como satisfecho de haberme llevado al huerto, pero aunque yo sabia que iba a terminar en su cama y con su polla dentro, el no lo sabia, o al menos no estaba seguro de ello, así que se lo iba a poner un poquito difícil.

Salimos del restaurante y el aparca coches nos había traído su Bmw a la puerta.

Me abrió solicito la puerta, mientras sus ojos se recreaban en mi escote, y después subió por el otro lado, yo me senté como distraída por lo cual la falda se me subió lo suficiente como para que el intuyera, pero no viera nada, salvo mis apretados y hermosos muslos.

En el trayecto hacia su apartamento hablamos de temas banales como el calor, o como estaba el mercado de la publicidad, o los gastos de una campaña importante, mezclamos temas, pero sus manos se morían por tocarme y sus ojos trataban de adivinar que había bajo aquella falda.

Llegamos a su casa y ventajosamente se accedía a su apartamento desde el garaje, por lo cual no había control, así que pensé la cantidad de chavalas que josé Carlos se habría cepillado en su casa.

En el estrecho ascensor trato de no acercarse mucho a mi, pero yo empecé el juego rozandole el brazo con mis pechos, e inclinándome con el pretexto de no se que, de forma que pudiera verlos a través de mi escote, lo cual le puso mucho mas cachondo.

Rápidamente hice un gesto de cerrarme la blusa, y el se sonrojo como un crío pillado en falta.

Salimos del ascensor y el paso delante para abrirme la puerta de su casa.

Un pequeño y coqueto apartamento, con un salón, un dormitorio, una cocina y un cuarto de baño.

Era confortable.

Me miro y me dijo que, que quería tomar. Se quedo sorprendido cuando le dije que un zumo de algo.

"Eh",me dijo,"ese no era el trato, yo te he invitado a tomar una copa".

"Bueno",respondí,"pues ponme un poco de coñac".

Se fue al mueble bar y me trajo mi coñac mientras el se ponía el sempiterno whisky que parece hecho para estos casos.

Se sentó junto a mi en el sillón y empezó a hablarme de sus gustos de sus hobbys.

En un momento determinado cruce distraída las piernas y sin duda el debió ver mi sonrosada y pelada rajita, pues dio un pequeño respingo y se quedo fijo en mi entrepierna.

"…y sexualmente que te gusta", me pregunto de pronto.

Yo le mire fijamente y le dije sonriendo con cierta complicidad, mientras balanceaba mis entreabiertas piernas, y trataba de poner una voz sugerente:

"Por supuesto mi marido", le conteste.

"Me imagino",dijo,"pero de no ser tu marido quien te gustaría que te jodiera"

"Bueno…",empecé yo, descruzando las piernas de forma que el pudiera ver mi coño sonrosado, ya algo húmedo, y totalmente rasurado,"…pues hay muchos, todo el mundo tiene sus fantasías sexuales alguna vez, y a ti…¿con quien te gustaría follar en este momento?"

Me miro indeciso, y algo inquieto, como temiendo que al decirme lo que iba a decirme yo saliera de estampida de allí

, así que lo dijo como un susurro:

"Por supuesto…¡contigo!"

"¿como has dicho?", pregunte yo como si no le hubiera oído.

"Si, follar contigo", volvió a decir un poco mas alto.

Yo le mire sonriendo, y comencé a desabrocharme la blusa, aunque ya pocos botones me quedaban por abrir.

Se quedo como petrificado, entonces sin acabar de desabrocharme, empecé a aflojarle el nudo de la corbata.

Me miro como anonadado, y nerviosamente se fue quitando la chaqueta, mientras yo me quitaba del todo la blusa y me ponía de pie ante el.

Me miro de abajo arriba exclamando "¡caray, vaya pechos Anita!", y se levanto empezando a magrearmelos.

Aproveche para ir quitándole la chaqueta y le desabroche el cinturón del pantalón, entonces el me desabrocho la falda y se quedo perplejo.

"¿no llevas bragas?…y ademas tienes el coño afeitado!", me dijo mientras metía una de sus manos entre mis piernas,"que sensación mas ideal, nunca he follado con una tía con el chocho pelado", exclamo como un niño que encuentra un juguete nuevo.

Fue entonces cuando me di cuenta que se le habían caído los pantalones y que de sus calzoncillos, trataba de liberarse un aparato que no era nada del otro jueves, pero me podía dar un poco de placer.

Me agache y ante su sorpresa comencé a mamarsela de forma salvaje.

Se dejo caer sobre el sillón mientras gemía y me sujetaba la cabeza entre sus piernas.

"Aaasiii, mas, chupamela mas, aassiii", gemía.

Estuvimos durante un rato en esa posición hasta que yo note una dureza suficiente, momento en el que me separe.

"¿que haces?",me dijo,"¡sigue!"

"No tío, yo he venido aquí a que me folles, no a mamartela"

Se quedo alucinado, mientras yo me levantaba y me dirigía al dormitorio.

Se levanto como un rayo y me pillo a mitad de camino empujándome boca abajo al suelo, y sentándose a caballo sobre mi culo, mientras sujetaba mis brazos contra el suelo.

"¿así que quieres guerra?…¡pues vas a tenerla!", sentí como metía sus manos bajo mis pechos y me hacia rodar sobre el de forma que quede encima de el pero de espaldas, entonces me semiincorporò, y abriéndome las piernas me endoso su corta pero dura estaca entre las nalgas, haciendome sentar sobre ella.

¡por que siempre empiezan por el culo!, pensaba yo mientras josé me iba metiendo y sacando su polla con una energía de desesperado.

Me hizo correrme dos o tres veces en esa posición y el llego de forma delirante dejándome una carga de cálido fluido explorando mi recto, mientras me decía que estaba satisfecho de encularme, pues ese había sido su objetivo desde que me conoció en la agencia y que se había apostado con un directivo de su empresa, que me acabaría llevando a la cama.

¡pobre infeliz!, pensé yo, si supiera que la que le había seducido había sido yo…

Me dijo que tenía el culo mas apetecible del mundo y que pasaba de follarme por delante, pues lo que a el le enloquecía era mi culo.

Cuando termino, se derrumbo sobre mi y me beso en el cuello, yo tras unos momentos me levante y me fui al baño donde tras ducharme me vestí.

Al salir el estaba sentado en el sillón con el whisky famoso.

"Ha sido fantástico", me dijo.

"No ha estado mal", conteste yo sentándome frente a el en el sillón con las piernas entre abiertas.

"¿como que no ha estado mal?", me contesto un poco molesto.

"Bueno…, la verdad es que ha estado bien, pero me falta catarte por el coño…",hizo ademán de levantarse y sujetarme,"…pero hoy no tengo tiempo, tengo dos mas en la cola esta tarde, mañana nos veremos", y levantándome salí del apartamento, viendo de reojo como se quedaba totalmente planchado.

Baje a la calle y me metí en una cafetería desde donde llame a Pedro para que fuera a buscarme.

Me dijo que estaban muy enfadados conmigo y que cuando llegara a casa me iba a enterar pues tenía visita y miguel había llamado dos veces.

Me intrigo lo de la visita, y le dije a Pedro que me adelantara algo, pero no quiso hacerlo y me dijo que en 20 minutos estaba allí.

Estaba tan ensimismada con mi café pensando en aquella visita, que no me percate que al

cruzar las piernas, un chaval de unos 20 años se estaba poniendo ciego a ver mis muslos y mis nalgas, me gusto la sensación de sentirme semidesnuda frente a aquel chaval en una mesa de un bar, le guiñe un ojo y me gire, descruzando las piernas, de forma que por un momento vio mi coño pelado al aire.

Al pobre muchacho se le abrieron los ojos como platos, momento que aproveche para volver a cruzar las piernas ahora con mas recato y bajarme un poco la falda.

El chaval se quedo un poco cortado, y yo pensé que después de tanto tiempo un tío de veintitantos no me vendría tampoco mal, hice ademán de levantarme e ir hacia donde el chaval estaba, pero en ese momento oí que me llamaban.

Fue una lastima, pero aun quedaban muchos días de aquellos dos intensos meses.

Pedro llego antes de lo previsto, y la verdad es que no parecía muy contento.

"¿donde estabas?", me pregunto,"hemos llamado a tu agencia y nos dijeron que habías salido con un ejecutivo a comer",hizo una pausa y añadió,"…habías salido o…te habías salido?", me miro mientras me levantaba de la mesa, e insistió, "¿solo…a comer?…"

"¡a ti que te importa!", le dije muy enfadada mientras salía de la cafetería.

"No si a mi me da igual, yo te voy a dar por culo y a follar cuando quiera, pero tu marido llamo varias veces, y sobre todo el que esta cabreado es "don Jaime", me dijo.

"¿quien?", pregunte yo.

"Ya lo veras", me dijo mientras nos poníamos en marcha.

No me hablo durante todo el recorrido lo cual me dejo perpleja.

Aquello empezaba a ser raro, no sabia quien era el tal "don Jaime", y ademas me molestaba que Pedro se enfadara conmigo y que mi marido, que me había metido en esto, también se mosqueara."¿y Javier?", le pregunte.

"Dice que cuando llegaras hablaríais".

Datos del autor/a:

Nombre: Aligator

dirección de e-mail: aligator (arroba) idecnet.com

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